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martes, 29 de marzo de 2011

UD 23. Del Neolítico a las sociedades urbanas del Próximo Oriente. Fuentes arqueológicas.

UD 23. DEL NEOLÍTICO A LAS SOCIEDADES URBANAS DEL PRÓXIMO ORIENTE. FUENTES ARQUEOLÓGICAS.

INTRODUCCIÓN.

1. EL NEOLÍTICO.
CONCEPTO.
Las características.
Los conceptos.
ORIGEN Y DIFUSIÓN.
El origen en el Próximo Oriente.
La tesis evolucionista y la difusionista.
Las teorías del Sahara y del Mar Negro.
ORÍGENES DE LA AGRICULTURA.
Domesticación vegetal.
Domesticación animal.
CONSECUENCIAS DE LA REVOLUCIÓN NEOLÍTICA Y DE LA SEDENTA­RIZACIÓN.
Las primeras aldeas sedentarias.
El aumento del tamaño y la organización social de las co­munidades.
Un aumento explosivo de la población.
Un mayor desarro­llo técnico.           
Una inicial división del trabajo.
El desarrollo del comercio.
El desarrollo de la religión, la cultura y el arte.

2. DESARROLLO Y EXTENSIÓN DE LA ALDEA SEDENTARIA.
2.1. POBLAMIENTO DE ANATOLIA: CATAL HUYUK.
2.2. POBLAMIENTO DE SIRIA-PALESTINA.      
2.3. POBLAMIENTO DE MESOPOTAMIA.
HASSUNA (6000-5500 aC).
SAMARRA (6000-5500 aC.).
HALAF (5500 aC).
EL OBEID (5500-4000 aC).


2.4. POBLAMIENTO DE EGIPTO.
BADARIENSE (6500-4000 aC).
AMRATIENSE (4000-3950 aC).

3. LAS PRIMERAS SOCIEDADES URBANAS.
LA EXPLICACION MULTICAUSAL DE LA URBANIZACIÓN.
3.1. MESOPOTAMIA.
Las ciudades mesopotámicas.
Invención de la escritura.
Desarrollo social.
Los periodos.
URUK (3750-3150 aC).
JEMDET NASR (3150-2900 aC).
3.2. EGIPTO.
Las ciudades egipcias.
Los periodos.
GERZENSE (3950-3000 aC).

FUENTES ARQUEOLÓGICAS.
La arqueología.
Historia de la arqueología.
Técnicas de la ar­queología.
ARQUEOLOGÍA.
Historia.
Nuevas tendencias y grandes descubrimientos.
La nueva arqueología.
Métodos y técnicas.
Obtención de datos.
Descripción y análisis preliminares.
Establecimiento de la cronología.
Establecimiento de los contextos culturales.
Interpretación.
  
INTRODUCCIÓN.
En esta UD se estudia la revolución neolítica en el Próximo Oriente, desde la aparición de las primeras comunidades con agricultura hasta la aparición de las primeras civilizacio­nes (estas se caracterizan por sus núcleos ur­banos; el término proviene del la­tín civitas, ciudad) hacia el 3000 aC, en el que ponemos el fin cronológico del tema.
Nos ba­sa­mos fundamental­mente en las fuentes arqueo­ló­gi­cas para se­guir el proceso. He de preci­sar que el enun­ciado de fuentes ar­queoló­gicas no se refie­re al concepto gene­ral de ar­queología, como se podría pen­sar­, pues esta su­pera en mucho al ám­bito de este tema.
Además, es preciso señalar que la revolución neolítica se produjo de modo independiente en otros lugares del mundo entre el 7000 y 6000: en el valle del Indo en la India, el valle del Huang-Ho en Chi­na, en México, en Nueva Guinea. Incluso la pri­mera cerá­mica apareció en Japón hacia 10500. Si en el temario se destaca la revolución neolítica del Próxi­mo Oriente es por­que fue la primera, la mejor estudiada, y porque su in­fluencia fue determinante en la his­toria de la ci­vi­li­za­ción occidental.

1. EL NEOLÍTICO.
CONCEPTO.
El concepto de Neolítico es muy complejo. El pe­riodo 8000-2900 aC corresponde a la revolución neo­lítica, en la que se origi­naron la agricultura y la vida urba­na, la domes­ticación de ani­ma­les y plantas, las mejoras técni­cas en la pro­ducción de uten­si­lios, el desarrollo de la organi­zación social, los prime­ros Estados. Las fuentes arqueológicas son las más importan­tes para investigar la revolución neolítica.
Las características.

Sus características prin­cipales son las propias de las primeras civiliza­ciones:
- Una re­volución económica: con una cli­ma­to­logía seme­jante a la actual, el hombre dejó de ser depreda­dor (caza, pes­ca y reco­lección) para convertirse en productor (a­gricultura y gana­de­ría) con la explotación siste­mática de los recursos natura­les.

- Una revolución técnica: los avances téc­ni­cos en la pie­dra, cerá­mi­ca, metalurgia, teji­do y construcción. Destaquemos que al inicio fue una innova­ción de la técni­ca lítica (evo­lu­ción de la pie­dra tallada a la pie­dra pu­limen­tada, neo lit­hos). Pero las otras novedades fue­ron también fundamentales: p.e. la cerá­mica supuso una revolu­ción en la alimentación porque permi­tía cocer los alimentos y calentar los líquidos.

- Una revolución social: la orga­nización social del traba­jo para realizar las grandes obras de re­gadío y la acumu­lación de reservas, con castas espe­ciali­zadas (campe­sina, sacerdotal, gue­rrera, artesa­nal, artís­tica) y las primeras formas estata­les (ciudades-estado).
- Una revolución cultural: la mayor com­ple­ji­dad de la re­li­gión y la cul­tura, el descubri­miento de la es­cri­tura, el de­sa­rrollo del ar­te (arquitectura y escultura).
Los conceptos.
El historiador neomarxista Gordon Childe introdujo en 1936 el concepto de “Revolu­ción Neolítica”, que según él habría sido uniforme en muchas par­tes, con los mismos rasgos básicos. Se habría produ­cido por un gran cambio climático, con una desecación de las llanuras del Próximo Oriente, lo que obligó a los pueblos reco­lectores a dedicarse a la agricultura y la ganadería, en un proceso cuyo éxito realimentó su intensidad.
Pero los descu­brimientos posteriores demuestran que no fue inmediata ni uniforme, así como que la agricultura no era una condición ne­cesaria. Por ello han surgido términos nuevos que se aplican en la periodi­zación del Neolí­ti­co:
Neolítico precerámico o acerámico, es la fase inicial del Neolítico en el Próximo Oriente, con agricultura y ganadería, pero sin cerámica.
Protoneolítico, de las sociedades en vías de neolitiza­ción, que pasan de una economía destructiva a una productiva.
Subneolítico, de las sociedades que en condiciones ambien­ta­les poco favorables mantienen modos de vida mesolíticos aun­que con algunos aspectos neolíticos.
ORIGEN Y DIFUSIÓN.
El origen en el Próximo Oriente.
La amplia zona de origen de los hallazgos agrícolas y ga­naderos es el Próximo Oriente, entre las mesetas de Irán y de Anatolia, entre el Mar Caspio y Palestina. En esta zona hubo en el Pleistoceno amplias praderas de gramíneas para la recolec­ción y una caza organizada de varias especies, entre el 8000 y 7000 aC. Un cambio climático iniciado en el Mesolítico, con la desecación de amplios territorios entre el Sahara y el Asia Central llevó a los habitantes a concentrarse en los valles fluviales y en las regiones con humedad.
Pero repitamos que la revolución neo­lítica se pro­dujo de modo indepen­diente en otros lugares del mundo: el valle del Indo en la In­dia, el valle del Huang-Ho en China, en la región maya en América Central (en este caso con mucho re­traso).
La tesis evolucionista y la difusionista.



Hay dos tesis sobre la difusión neolítica:
- La evolucionista del desarrollo independiente en cada lu­gar. Se habría producido casi a la vez en muchos lugares en el Próximo Oriente. Se apoya en la evi­dencia de que los núcleos de la India y China son independien­tes. Es una te­sis re­batida, aunque sin duda hay rasgos neo­lí­ticos que son de ori­gen loca­l.
- La difusionista de la difu­sión des­de unos núcleos ori­gi­narios (es la te­sis científica mejor demos­tra­da). Según ella, las vías de difusión (sobre el 6000 aC) son:
a) Terrestre:
- Hacia Oriente, con la colonización de Me­sopotamia.
- Hacia Occidente, con la vía de los Balcanes y el Danu­bio, seguida por una ex­pansión por Italia y por Ucrania.
b) Marítima: Egipto recibe influencias de Asia Menor. Cre­ta y Chipre reciben primero la influencia, que se expande luego (6000 aC) por el Egeo, Grecia, Adriático, Italia, hasta todo el O del Mediterráneo (5000 aC).
Las teorías del Sahara y del Mar Negro.
La teoría “sahariana” (Muzzolini) complementa la tesis del origen en Oriente Medio (sólo extiende su ámbito espacial desde el Irán hasta el Sahara). Según esta teoría, hacia el 8000 aC hubo una nueva época de humedad en el Sahara y Norte de África, aumentando la población y la sedentarización. Hacia 7500-7000 aC aparece la cerámica en estos grupos, entre 1000 y 1500 años antes que en Oriente Me­dio. Hacia el 4000 aC de­sarrollan el cultivo de plantas y la domesticación de los ani­males, en la cuenca del Nilo, debido a la progresiva intensificación de la densidad humana en sus ri­beras a conse­cuencia del creciente deterioro de las condiciones cli­máticas en el Sahara y la con­siguiente emigración. Así, el Sa­hara y el Nilo serían dos focos sucesivos del Neolítico, en dirección al Oriente Medio, que se convertiría en foco autó­nomo y desde don­de recibirían más tarde nuevas influencias.


En los años 90, las investigaciones histórico-filológicas (Jorge Alonso), antropológicas (Christopher Meiklojohn) y genéticas (Antonio Arnáiz, Alicia Sánchez-Mazas) han complementado los datos anteriores, exponiendo la similitud genética entre las poblaciones saharianas, bereber, ibero-tartésica, vascuence, etrusca, minoica, etc., hasta caucásicas. Según esto, hacia el 7000-5000  aC las poblaciones saharianas emigrarían hacia el Norte, llevando consigo la civilización neolítica al Sur de Europa, por lo que el origen del Neolítico europeo sería sahariano y no asiático. P.e. el origen de los vascos sería no paleolítico europeo remoto sino uno sahariano reciente, aunque cabe la posibilidad de que un grupo europeo prestase su lengua a la población vasca (genéticamente es sahariana). P.e. el español “yo” se escribe “ni” en ibérico-tartésico, etrusco, minoico y vascuence; “quemado” es “erre, ere, ere y erre”, respectivamente. Todos estos pueblos compartían una “religión de la Puerta”: en las tumbas aparecen unas puertas, normalmente pintadas de rojo, como símbolo del infierno o del acceso al más allá, análogas a las “falsas puertas” de las tumbas egipcias.
Mapa del Mar Negro antes de la catástrofe. Los puntos en amarillo son las localizaciones submarinas de poblados. Abajo, restos de cerámicas de un casa a 100 metros de profundidad.

La teoría del Mar Negro sugerida en 1993 por los geólogos William Ryan y Walter Pitman y ampliada  en su libro Noash=s Flood (1997, La inundación de Noé), ha sido confirmada en 1999-2000 por el oceanógrafo Robert Ballard. Se considera que h. 7.500 aC era un mar cerra­do y menos extenso, en cuyas ori­llas se desa­rrollaba una cultura agrícola, hasta que la catastrófica ruptu­ra de los Dar­danelos lo inundó (originando el mito del “Diluvio Uni­versal”), emigrando la pobla­ción hacia Europa y Meso­potamia, lo que ayudó a la difusión de la agri­cultura. El impacto fue mayor en la parte norte, que en la sur, donde hubo menos avances. El mar habría penetrado más de 1,5 km tierra adentro por día durante meses.  Ballard anunció en 2000 el hallazgo de una población sumergida a 100 metros de profundidad, frente a la ciudad turca de Sínope, con restos de una construcción (12 x 4 m) de madera y útiles de piedra, bien conservados por la escasez de oxígeno.
ORÍGENES DE LA AGRICULTURA.
Los factores de que se localice y se dé este proceso en el Próximo Oriente son cambios climáticos, hábitats naturales pro­picios, crecimiento de la población, desequilibrios demográfi­cos. La agricultura (como el pastoreo) se introdujo gradualmen­te, primero en coe­xistencia con la caza y la recolección. Los pobladores cono­cían muy bien su entorno, su flora y fauna y aceptaron la agri­cultura porque demostró su ven­taja competiti­va sobre otras for­mas de economía, hasta que se convirtieron en agricultores sedenta­rios. Los sistemas más usuales de cultivo fueron el barbecho de dos hojas y el sistema itinerante.
Domesticación vegetal.
Al recolectar plantas de una misma especie y nacer nuevas plantas donde arrojaban sus desechos, pronto comprobaron la ven­taja de sembrar directamente y de seleccionar las mejores variedades de las plantas, es­cogiendo entre las de cosecha anual (que fueron las más pro­duc­tivas) y las de cosecha conti­nua, así como esco­ger una espe­cia­lización en ciertos cultivos o una variedad de ellos. Descu­bierto el principio de la selección de las semillas, lo aplica­ron a otras plantas y al ganado, cada vez con mejores resulta­dos. Se consiguieron así los primeros cerea­les (trigo, cebada, cen­teno en Próximo Oriente, como el arroz y el mijo en Extremo Oriente y el maíz en Amé­rica), hor­talizas (patata, calabaza, tomate y judías en América) y plan­tas industriales (li­no), y, más tar­de, los árboles frutales (higuera, olivo, palme­ra datilera...). Fueron los cereales los cultivos más importan­tes, pues propor­cionaron los alimentos necesarios para la con­secuen­te explosión demográfica y las pri­meras culturas urbanas.
Domesticación animal.
Los animales eran una fuente de proteínas, fácilmente transportable, capaz de almacenar excedentes de alimento que se consumían cuando no había cosechas u otras fuentes de alimenta­ción (caza, recolección, pesca). Además de la carne daban le­che, lana, pieles, cuero, estiércol. Los rasgos de esta domes­ticación fueron: la docilidad ante el hombre, los cambios en la conducta (migraciones, tamaño del rebaño), el control de la crianza (sacrificio y apareamiento selectivo, castración).
Las etapas de la domesticación fueron:
1) Etapa de control del ga­nado tras la captura y aman­sa­miento de animales jóvenes, dándoles protección de los depredadores y ali­mentos durante las es­taciones más difíciles.
2) Etapa de crianza selec­tiva, con control de la calidad y can­tidad de la alimenta­ción, con un cuidado indi­vidual del ga­nado, buscando la repro­ducción de los animales mutantes más dóciles y de apareamiento precoz, mientras los otros eran sa­crificados y sus genes desa­parecían.
En este proceso se domes­ticaron primero el uro salvaje (buey), el cerdo, la oveja y la cabra, y bastante más tarde el caballo y el burro.
Junto a la ganadería intensiva en los lugares agrícolas se desarrolló el pastoreo, o sea la ganadería extensiva. Los pas­tores nómadas dominaron las zonas nada o menos adecuadas para la agri­cultura y así extendieron la Humanidad a sus límites actuales. Agricultores y pastores constituyeron los dos grandes grupos humanos desde el Neolítico, a menudo en pugna entre ellos, en una pulsión de conquistas (generalmente de los nóma­das guerreros sobre los agricultores pacíficos), como ya señaló el histo­riador musulmán Ibn Haldún.
CONSECUENCIAS DE LA REVOLUCIÓN NEOLÍTICA Y DE LA SEDENTA­RIZACIÓN.
Las consecuencias de la revolución neolítica se confunden con sus causas. Es evidente que fue un proceso circular: una consecuencia se convertía en factor de otra consecuencia y así sucesivamente, apoyándose unas a otras. Fundamentalmente hay una doble relación: revolución económica y sedentarización.
Las primeras aldeas sedentarias.
El desarrollo de la agricultura y la ganadería, de la téc­nica y la cultura, tuvo su reflejo en una organización social más compleja, que a su vez reforzó aquellos factores. El desa­rrollo de la aldea sedentaria se basó en su éxito para asegurar la supervivencia y multiplicación de sus grupos huma­nos, gra­cias a que la vida y el trabajo en comunidad permitió un aumen­to del tamaño y la organi­za­ción social de las comunidades, de la pobla­ción, un mejor desa­rrollo técnico, de la división del traba­jo, del comercio, de las prácticas religiosas y artísti­cas. Esto es, la comunidad sedentaria consolidó los demás fac­tores/consecuencias de la revolu­ción neolí­tica, al difundirlos a través de los gru­pos humanos y asegu­rar su mejor reproducción cul­tural entre las generaciones.
El aumento del tamaño y la organización social de las co­munida­des.
El aumento del tamaño y organización de las comunida­des fue un proceso paralelo. La población de las comunidades cre­ció en número. Las viviendas se hicieron más complejas, reflejando el cambio en la organización del trabajo y la vida social. En las co­munidades pre-agrícolas las casas eran aisladas, circula­res, semi­subte­rrá­neas, de una sola cámara, con cimientos de piedras irregula­res y supe­restructuras de ma­dera y pieles. En cambio, en las prime­ras aldeas se­den­ta­rias, las viviendas se apoyaban unas sobre las otras, en es­tructuras rec­ti­lí­neas, con edifi­cios de varias habita­ciones, especializa­das para la vida, la comida, el descanso, el almace­namiento y los anima­les, con cimientos de piedra y supe­restruc­turas de adobe.           
La organiza­ción social se basaba en la tribu que provenía de una fami­lia ancestral que se mul­tiplicaría en varias genera­ciones gra­cias a la mejora de la alimentación. En la sociedad neolíti­ca hay un inicio de apropiación de los bienes: las tie­rras se­rían todavía de la comunidad pero las viviendas y los objetos pertenecerían a las familias que las habitaban y los poseían.
Al mismo tiempo, cambiaba la estructura familiar: la he­rencia en la sociedad paleolítica parece que era ma­triarcal (como la herencia), pero la neolítica es patriarcal.
El trabajo en los campos y su defensa exigía que las fami­lias cooperasen entre sí. Seguramente el trabajo en casi todos los lugares fue comunal, así como el reparto de los productos.
Los problemas del reparto del trabajo comunal (el cultivo, el cuidado de los sistemas de irrigación, la defensa, etc.) y de los productos de la tierra originaron la aparición de las jefa­turas y la progresiva diversificación y jerarquización so­cial. Los je­fes aunaron el poder político, religioso y militar, en una sola persona o en varias.
Un aumento explosivo de la población.       
Se produjo un aumento explosivo de la población ya que los fac­tores ante­riores se conjugaron en un aumento sin precedentes de la pobla­ción, al superar el estadio de economía predadora del Paleolí­tico por un estadio de economía productiva.
Se cal­cula que la población mundial hacia 25000 aC era de algo más de 3 millones de habitantes y hacia el 10000 había aumentado sólo a unos 5 millones. En cam­bio, ha­cia el 6000, gracias a la revolución neolítica había alcanzado los 86 millones: se había multiplicado por 17 en 4.000 años. En los milenios siguientes la población, al faltar un estímulo seme­jante, se estancó. Seis milenios después, hacia el año 0 de nuestra era la población mundial ni siquiera se había doblado, pues rondaba los 133 millones. Pero este aumento posterior no se debió tanto a una mayor producti­vidad como a la expansión neo­lítica hacia nuevos territorios.
Un mayor desarrollo técnico.
Hubo en las aldeas sedentarias un mayor desarrollo técni­co: en las herramientas de tra­bajo de la producción alimen­ta­ria, como azada, hoz y arado; en los me­dios de conserva­ción, como la ces­te­ría y la cerámica (primero a mano, después a tor­no); en los sistemas de transpor­te, con la rueda y el barco de vela; en las cons­truccio­nes (la­drillo y sillar), con los edi­fi­cios co­munales; en la artesa­nía, con el teji­do y carpintería; en la metalurgia (primero el co­bre, después el plomo); en las armas, con las puntas de fle­cha de metal.
Una inicial división del trabajo.
Una inicial división del trabajo: se diferencian el tra­bajo agrícola-ganadero de los especializados de ceramistas, alfareros, metalúrgicos... Esto también supuso una mejora de los recur­sos alimenta­rios, al permitir una especialización en la producción y el intercambio. Además, hubo una nueva división del trabajo entre hombres y mujeres, al surgir nuevos trabajos más duros que estas no podían desarrollar con igual eficiencia.
El desarrollo del comercio.
La aparición y desarrollo del comercio, al aumentar mu­cho la variedad de producciones, aumentar la demanda y, a la vez, reducir­ la autarquía de las comunidades. Había una red comer­cial en el Próximo Oriente que exportaba obsidiana desde Anato­lia, conchas desde el Mar Rojo y el Golfo Pérsico, y otros pro­ductos, gracias a unos reducidos grupos de mercaderes o nó­ma­das. Esto implicó un intercambio de ideas y una alteración ge­nética de los cereales de distintos lugares así como la difu­sión del ganado y las téc­nicas.
El desarrollo de la religión, la cultura y el arte.
El desarrollo de las prácticas religiosas, culturales y artísticas. Las tres estaban directamente relacionadas. Pro­ba­blemente la religión se basaba en el culto a los astros, aso­ciados a los ciclos productivos. También se con­solida el culto a los muer­tos (ente­rramien­tos rituales), sobre todo de las mi­no­rías rectoras; a menudo los muertos se ente­rraban con los crá­neos se­pa­rados y recubier­tos de enlu­cido (Monte Carmelo en Is­rael) y la mayoría de las casas se deco­raban de ro­jo, lo que induce a creer en un sistema reli­gio­so amplia­mente difundi­do y homogé­neo. El arte, general­mente con un sen­tido religioso, se desa­rrolla y di­funde entre las comunida­des: figu­ras de personas y anima­les, or­na­men­tos y bajo­rre­lie­ves.

2. DESARROLLO Y EXTENSIÓN DE LA ALDEA SEDENTARIA.
2.1. POBLAMIENTO DE ANATOLIA: CATAL HUYUK.
Anatolia fue uno de los primeros centros de la vida urba­na. Un excelente ejemplo es la aldea de Catal Huyuk (colina: “hüyük” en turco, “tell” en árabe), ex­ca­vada en 1961-1965). Fundada en 7000 aC, creció du­ran­te el meso­lítico y neo­lítico, en los dos milenios siguientes, una comu­nidad agrí­co­la y gana­dera, cuya es­tructura social era com­pleja, aun­que sin una clase sa­cerdo­tal.
Su economía se basaba en la agricultura de secano del tri­go, cebada, guisantes, lentejas, reco­lección de frutas y frutos secos, la ganadería bovina, la caza, la mi­nería de la obsidia­na, el co­mercio lejano de la ob­sidiana, conchas, peder­nal, ga­nado, la artesanía espe­cializada con la fundición de cobre (la primera metalurgia conocida del Próximo Oriente, pues su técni­ca es más sencilla que la del hierro, que necesita tempe­raturas mucho más elevadas), la cerámica, tejido, estatui­llas, flechas y cuchillos, mazas, etc.
El poblado estaba formado por peque­ñas casas, ado­sa­das, sin calles, a las que se accedía por el techo mediante esca­le­ras de madera, con una planta de sala central y habita­ciones secunda­rias. Había algunos pequeños santuarios, recin­tos sagra­dos adorna­dos con pintu­ras mura­les de esce­nas de cacería, re­lie­ves en yeso de la diosa madre y ca­bezas de ani­ma­les.
Los muertos estaban ente­rrados colectivamen­te bajo las plata­formas para sentarse y dor­mir de la sala cen­tral, des­pués de un perio­do de descarna­ción por las aves. Los jefes eran en­terrados con un lujoso ajuar. La religión se basa­ba en el culto a diosas de fertili­dad, con el tótem del leopar­do, carne­ros y toros, en el acto de dar a luz o en gravidez. Los dioses tienen forma de to­ros con relieves de yeso con cuer­nos reales. Había posiblemente un culto a los muertos, con la simbiosis de la vida y la muerte, mediante representaciones de buitres ata­cando ca­dáveres humanos sin cabeza y pechos femeni­nos moldeados en las paredes de los recintos sagrados y conte­niendo huesos de espe­cies carroñeras.
2.2. POBLAMIENTO DE SIRIA-PALESTINA.
Los descubrimientos en Siria y Palestina son de par­ticular im­portancia para el estudio de los inicios de la vida sedenta­ria. De la cultura natufiense (c. 10800-8500 aC) se han encon­trado cuevas mesolíticas y yacimientos en te­rrazas en Monte Carmelo, excavados por la arqueóloga británica Dorothy Garrod entre los años 1929 y 1934, en el de­sierto de Judea, en el valle del Alto Jor­dán (restos de casas) y en Jericó (estructuras).
Durante la transición del mesolítico al neolítico surgie­ron varias comunidades agrícolas, como la de Mureybat en el Éufra­tes medio, y la de Jericó (8000-6000) donde hay casas de barro.
Hacia el 6000, en algunos yaci­mien­tos neolíticos (Monte Carmelo) donde no se fabricaba aún cerá­mica utilita­ria, se en­terraron bajo el suelo de las casas mas­carillas de barro, mode­ladas con delica­deza sobre los crá­neos de los difun­tos.
Una vez que el uso de la cerámica se ex­tendió en el neolí­tico (c. 6000-4000 aC), llegaron una se­rie de es­tímulos cul­tu­rales procedentes del nor­te, situación que continuó en los ini­cios del calcolítico, re­presentado en Palestina por los ya­ci­mientos de Gasul en el va­lle del Jordán y otros próximos a Beers­heba.
2.3. POBLAMIENTO DE MESOPOTAMIA.
Hacia el 7000 hay en las mesetas que rodean Mesopotamia, entre el Tigris y los montes Za­gros, por el norte y el este, los primeros núcleos se­dentarios cono­ci­dos, como la aldea de Jarmo (tuvo apenas unos 150 habitantes), con un nivel cul­tural muy semejante al de la Catal Hu­yuk y en la que se en­cuen­tran ya la mayoría de las plantas y anima­les domesticados en la región, con una agricul­tura todavía de secano.
De estas zonas elevadas los campesinos baja­ron a los va­lles flu­viales después del 7000 aC, cuando surgie­ron numerosos pueblos agrí­colas en las llanuras aluviales de Mesopotamia, en los cur­sos de los ríos Eufrates y Tigris, y desarrollaron sis­te­mas de regadío. Son las prime­ras “socie­dades hidráulicas” (concepto desarrollado por Wit­fo­gel), en espacios de enorme potencial cultivable, pero con escasos recursos de madera y piedra para la construcción, por lo que debían extender el co­mercio y su influencia sobre zonas muy amplias (las tierras altas de las que provenían). Fue entonces cuando se desarrolló la metalurgia del cobre, en un lento proceso entre el 7000 y el 5000, a partir de la técnica cerámica; las fuentes de cobre fueron las minas de malaquita, un mineral decorativo, cuya pu­rificación llevó al cobre puro, y luego a sus aleaciones (pri­mero el cobre arsenical, luego el bronce con cobre y estaño).
Hay una se­cuen­cia de cul­tu­ras caracterizadas por su cerá­mica, de las que destacaremos una sucesión de cuatro:
HASSUNA (6000-5500 aC).
En el norte de Mesopotamia. Se cul­tivan cereales, y se explota el ga­nado ovi­no, bovino y porcino, junto a la ca­za. Las casas de barro seco evo­lucionan hasta tener habita­ciones es­pe­ciali­za­das y patios interiores. La cerámica pintada aparece ahora, así como el hor­no de cerámica de dos cámaras. Se inicia la fun­di­ción del co­bre y plomo. Hay sellos de coralina y tur­quesa y por primera vez sellos de impresión (prueba de la pro­piedad priva­da).
SAMARRA (6000-5500 aC).
La de Samarra, parcialmente contemporánea de la de Hassu­na, se localiza en la región cen­tral del Tigris, con la primera técni­ca cono­cida de regadío. La cerámica se pinta con mucha­chas y animales. Hay estatui­llas femeninas con pintu­ras facia­les, ta­tuajes y peina­dos muy sofisticados.
HALAF (5500 aC).
Aparece en el N de Mesopotamia, tal vez por la llegada de un nuevo grupo, sin continuidad con gru­pos anteriores, con ar­quitectura diferente (casa redonda, abo­vedada de barro seco) y dos ritos funerarios: a) enterramiento en pozos para la mayo­ría, b) in­ci­nera­ción de cadáveres con des­trucción ritual del ajuar y en­te­rra­miento de las cenizas en vasijas bajo el suelo de la casa; tal vez esta dualidad prueba la coexistencia de dos grupos sociales o étni­cos. La cerámica es muy evoluciona­da y se extendió desde Irán hasta el Mediterráneo. Los sellos (para determinar la propiedad) eran de molde (más tarde, ya en las ciudades, se emplearon cilindros-sellos).
EL OBEID (5500-4000 aC).
Aparecen los primeros asenta­mientos en las llanuras meri­diona­les, en los regadíos del Eu­frates, con un aumento de la producción que activó la población y el comercio. Había ya cuentas para la contabilidad. El primer templo “Ubaid” en Eridu es un modesto santuario de planta úni­ca, con el tipo posterior: fa­chada decorada, hornacina-altar y mesa ofertorio. La cerámica era verdosa, con dibujos negros.
2.4. POBLAMIENTO DE EGIPTO.
La progresión de las culturas se conoce mejor en el Alto Egipto por la menor colmatación de los restos arqueológicos. La investigación en el sur del país, desde la década de 1960, ha localizado yacimientos donde las poblaciones del pa­leolítico superior cultivaron cebada, fueron los primeros in­tentos de aprovechar los ricos suelos de la cuenca del río Ni­lo. Más tar­de, las culturas neolíticas iniciaron la auténtica agricultura, la producción de cerámica y de tejidos, que culmi­nó en la cul­tura tasiense, que en su fase final se mezcla con el inicio de la metalurgia de la cultura badariense, momento en que se uti­lizó por primera vez el cobre. 
Hubo tres fases predinásticas, pero la tercera, la ger­zen­se, es ya urbana, por lo que se estudia en otro apartado.
BADARIENSE (6500-4000 aC).
El yacimiento de El Ba­dari muestra a una población de agricul­tores y recolectores que vi­vían en cabañas de barro. Su cerámica era de color rojo bru­ñida con bordes ennegrecidos. Los enterramientos eran usuales en pequeñas tumbas de madera en las que se depositaban alimen­tos y utensilios. Se batía el cobre y se producían cuentas de esmalte vitrificado y paletas de es­quisto para los cosméticos.
El desarrollo cultural era notable. La construcción astro­nómica más antigua que se conoce data de 4500-4000 a.C. según Malville (1998). Es un conjunto de grandes bloques de piedra pla­nos, elevados verti­calmente y dispuestos en un círculo de losas y cinco líneas, en el yaci­miento de Nabta (sur de Egipto, al O del Ni­lo), un mile­nio más antiguo que el de Stonehenge. Está orienta­do E-O.
AMRATIENSE (4000-3950 aC).
Muy breve, se conoce sólo por el yacimiento de El Amra, en continuidad con la cultu­ra badariense, con la misma cerámica roja bruñida con los bordes en­negre­ci­dos, pero con nuevos tipos de cerámica (vasijas monócro­mas y bícromas). Aparecen ahora las primeras cerámicas decora­das, con diseños geométricos o figuras naturalistas de color blanco so­bre fondo rojo-marrón. El sílex era más utilizado que el cobre. El arma más común era la maza de cono truncado.

3. LAS PRIMERAS SOCIEDADES URBANAS.
El siguiente paso fue la aparición de la ciudad, un ele­mento decisivo en la consolidación de la civilización (el mismo término proviene de civitas, ciudad), que per­mi­tió una organi­za­ción y jerarquización en clases sociales, con especialización del traba­jo y una gran diversifi­ca­ción de los servicios y bie­nes produci­dos, lo que favorece un inter­cam­bio de estos servi­cios y bienes con las materias pri­mas, ali­mentos y la fuerza de traba­jo de las áreas vecinas.

La civilización del Indo influyó en la mesopotámica y, a través de esta, en la egipcia.

Hay una gran variedad de culturas, muchas veces coetáneas, en Mesopotamia, Egipto, Siria-Palestina, Irán oriental, etc. Es imposible estudiarlas todas, por lo que haremos una selección y nos centraremos en las dos principales civilizaciones urbanas de la región: Mesopotamia y Egipto.

LA EXPLICACION MULTICAUSAL DE LA URBANIZACIÓN.
Los factores de urbanización son la producción de exceden­tes de alimentos, su almacenamiento, distribución y comercio por los miembros de los templso (que tenían un poder coercitivo sobre los productores), lo que a su vez incrementó la pobla­ción y reforzó la organización social, por lo que era aun más nece­sa­rio incrementar la producción, en un circuito de retroalimen­ta­ción de causa-efecto-causa.
Al mismo tiempo, los propietarios más cercanos a los ríos producían más y alcan­zaron un estatus social superior, acapa­rando las mejores tie­rras y ocupando la cima de la jerar­quía social, acumulando la riqueza, el poder religioso y polí­tico. Esto favoreció que acumulasen más tierras y nuevamente más po­der, etc.
De este modo, la sociedad basada en el parentesco se transformó hacia otra basada en las clases sociales con una especialización pro­ducti­va.
La última transformación fue la transferencia del po­der admi­nistrativo del templo al Estado, debido a las ne­cesi­dades del militarismo derivado de la competencia entre las comu­nida­des por acaparar las mejores tierras y recur­sos.

3.1. MESOPOTAMIA.
Las ciudades mesopotámicas.
Los sumerios desarrollaron los primeros grandes centros urbanos de Mesopota­mia, que crecieron sin planifi­cación a medi­da que crecía la pobla­ción, en barrios irregulares que se iban aña­diendo al núcleo originario, con una gran densi­dad.
Hubo tres fases en la evolución urbana: ciudades-templo, ciuda­des-estado, estados nacionales. En cam­bio, en las tierras altas de Próximo Oriente sólo se for­maron entonces po­blados y aldeas, debido a que les faltaba una estructura productiva de irrigación de am­plios territorios.
Invención de la escritura.
Es la invención mesopotámica más importante, con un lento desarrollo, desde el primer concepto de los signos escritos como marcas de propie­dad, registros, pesos... Hacia el 3500 nació la escritura en Uruk, con tablillas de arcillas con mar­cas incisas. Los signos eran representaciones de objetos coti­dianos, fácilmente reconocibles. Su técnica se fue simplifican­do con el tiempo para hacerla más práctica, aunque fue un mono­polio por la clase sacerdotal o castas especiales (es­cri­bas). Era una escritura logográfica (cada signo o grupo de sig­nos era una palabra). Una gran mejora fue el “principio del acer­tijo”, al asociar otras imágenes a la idea que se quería repre­sentar, lo que redujo la cantidad de signos distintos y aumen­tó la ca­pacidad de emitir mensajes más complejos. En los periodos de Uruk y Jemdet Nasr su finalidad era registrar la contabilidad del tem­plo.                                   
Desarrollo social.
Los ritos y las creencias religiosas mantenían el orden social existente en los primeros poblados. Las fuerzas natura­les y la fertilidad eran explicadas “míticamente” por una reli­gión que consi­deraba dioses a las representaciones de aquellas fuerzas y daba a los sacerdo­tes el monopolio (por concesión divina) de su apa­ciguamiento con rituales y sacrifi­cios.
El templo era el centro de la vida religiosa, social, cul­tural, económica y política, con el reparto de los tributos en especies y su almacenamiento, distribución y venta, las cargas de trabajo para mantener los canales de regadío, las murallas y templos, el trabajo artesanal y el comercio interior y exte­rior. Por todo ello de­vino también en sede del poder polí­tico.
Los periodos.
En Mesopotamia se ha dividido esta época en dos periodos: de Uruk (3750-3150 aC) y de Jem­det Nasr (3150-2900 aC). El pe­riodo de Uruk está unido directamente a la cultura anterior de El Obeid y en rea­li­dad se prolonga hasta el 2900, siendo el periodo de Jemdet Nasr simplemente su culmen. No son avances debidos a nuevos grupos humanos, sino productos de una larga evolución, aunque parece evidente que ya en el periodo de Uruk los sume­rios for­jaron una compleja civilización.
URUK (3750-3150 aC).
La cultura de Uruk se extendió desde el sur de Mesopotamia hasta Siria.
La arquitectura se desarrolla de un modo extraordinario, como los edificios monumentales de la ciudad de Uruk (Warka), primero sobre unas 8 ha y después hasta sobre 60-100 ha, con 10.000-24.000 habitantes con enormes murallas (los textos informan que había 900 torres, pero parece exagerado). Los tem­plos han sido ex­ca­va­dos, no así las casas pri­va­das, que en otros yaci­mientos mues­tran una es­tructu­ra regular aunque la mayoría de los ha­llazgos apun­tan a un cre­ci­miento urbano de carácter orgá­nico.
El primer templo, en Eridu, era un cuadrado de sólo 3 metros de la­do, con ladrillos secados al sol.
El Templo Blanco del dios Anu (el cielo) se alzaba sobre una terraza o plataforma rectangular, de 12 metros de alto, con ac­ce­so por rampas y escaleras, que estaba coronada por un edi­fi­cio de planta tri­par­tita con sala central alar­gada con ali­nea­mientos de sali­tas a los lados y un altar de ofren­das. La clase sacerdotal que levantó este templo dominaba toda la vida de la ciudad, con grandes recursos económicos y artesa­nos cua­lifica­dos.
Otros templos se hallaban en el recinto de Eanna (diosa de la Luna), primero con el Templo de Caliza, re­cubierto de mosai­co (conos incrustados en los ladrillos) para embellecer el edi­fi­cio de planta tripartita en forma de T. Los siguientes tem­plos, C y D, son de planta más complicada.
La cerámica, sin decoración, pulida y brillante, tiene engobe gris o rojo, reem­plazando a las pintadas de El Obeid.
Los vasos de piedra sustituyen en el culto a la cerámica. Un vaso de piedra con peana en Uruk está decorado con regis­tros de la vida religiosa (rituales de ofrendas) y cotidiana.
La cabeza de mármol blanco de Uruk, con incrustaciones, es la primera obra conocida de la escultura monumental de bul­to redon­do.
La glíptica se desarrolla con la sustitución del sello-impronta por el cilindro-sello, que imprime en serie mensajes o escenas al rodar sobre la arcilla.
JEMDET NASR (3150-2900 AC).
Se con­solidan la cultura y la sociedad jerarquizada en el templo. La cerámica en se­rie es policromada, la decoración a veces es in­crustada. Se reconstruyen los templos de Uruk y au­menta la glíptica con cua­tro clases de cilin­dros-sellos. Sobre todo se mejora la es­cri­tura.
3.2. EGIPTO.
Las ciudades egipcias.
En Egipto las ciudades eran de tamaño pequeño o medio, con  esca­sa población pero con im­por­tan­tes respon­sabili­dades admi­nistra­tivas y reli­giosas, y su pro­greso poste­rior fue mucho más rápido que en Mesopota­mia, pues se saltó directamente de la ciudad-templo al estado nacio­nal unificado.
Los periodos.
Se distinguen dos periodos, gerzense (3900-3000) y dinás­tico (c. 3100-300), pero el segundo ya no corresponde a este tema sino al de la civilización egipcia, por lo que no lo tra­taremos aquí.
GERZENSE (3900-3000).
El periodo gerzense (o predinástico) se extiende entre 3900-3000 aC, en el Egipto predinástico, con el inicio de for­mación de un Esta­do. El yacimiento mejor conocido es el de Ger­za. Los utensilios, tumbas y poblados son nuevos, con formas de cerámica de color con motivos naturalistas. Los hallazgos de oro y piedras pre­ciosas demuestran su vinculación con las re­des comerciales de Oriente Próximo, con una desarrollada economía agrícola y una clase terrateniente que tal vez fue embrión de la clase sacer­dotal que dominaría la vida religiosa del país.
El hallazgo de 3.000 tumbas en Nagada (1894-1895) realiza­do por Petrie permi­tió conocer el periodo inmediatamente ante­rior al inicio de la etapa histórica egipcia (c. 3400 aC); es­tudios posteriores han diferenciado la cultu­ra del sur de Egip­to de la del norte, donde las influen­cias asiáticas occi­denta­les fomentaron el pro­greso de la cerámica (pintada con repre­sentaciones de figuras humanas y de barcas) y de la meta­lurgia.

FUENTES ARQUEOLÓGICAS.
La arqueología.
La arqueología es la ciencia del estudio de las civiliza­ciones antiguas a través de monumentos y objetos que han perdu­rado (no necesariamente son obras de arte).
Historia de la arqueología.
Los estímulos de la arqueología fueron la búsqueda utópica de la Grecia antigua y la pasión por el coleccionismo, junto con la búsqueda de la emoción estética (Miguel Ángel se extasió con el hallazgo del grupo del Laocoonte). Después de las exca­vaciones de Herculano (1738) y Pompeya (1748), que despertaron un gran interés científico, la arqueología asentó sus primeras bases técnicas gracias a Caylus y Winckelmann.
En el siglo XIX se descubrieron grandes yacimientos en Orien­te Próximo (Korsabad, Nimrud, Nínive, Troya, Creta...) y los via­jeros escribieron apasionantes libros de sus estancias en Nu­bia, Angkor, la selva maya... La diversidad de los descubri­mien­tos conllevó una gradual especialización: la egiptología se desarrolló desde la publicación de Descripción de Egipto (1809) y el desciframiento de los jeroglíficos por Champollion (1822); la arqueología oriental, con la lectura del bajorrelieve de Behis­tún); la asiriología (desciframiento de la escritura cu­neiforme); la arqueología grecorromana, con los grandes Insti­tutos de investigación (Escuela Francesa de Atenas en 1846, Instituto Alemán de Arqueología en 1871); etc. A finales del siglo XX nace en España el Instituto Interuniversitario del Próximo Oriente Antiguo (IPOA), integrado por las universidades de Barcelona, Autónoma de Barcelona, Salamanca y Murcia (exca­vaciones en 1996 en Tell Jamis y Tell Qara Quzaq en Mesopota­mia).
En el siglo XX la arqueología se convirtió en una verdadera ciencia auxiliar de la Historia, con métodos y técnicas muy desarrollados. Se diferencian la arqueología terrestre y la sub­marina.
La arqueología terrestre se basa en la detección, prospec­ción y excavación contro­lada de los yacimientos. Se usa el mé­todo estratigráfico, con una anotación minuciosa de todos los hallazgos, que permita reconstruirlo todo en su posición, para poder datar y relacionar todos los objetos.
La arqueología submarina se desarrolló desde 1950, gracias a la inven­ción de la escafandra Cousteau-Gagnan, que permitió una mayor autonomía a los buceadores. Reinach ha calificado al Mediterrá­neo de «el museo de antigüedades más rico del mundo». Los ha­llazgos en las costas de Alejandría, Chipre, Grecia, Ita­lia y España han sido extraordinarios.
Técnicas de la ar­queología.
Se usan técnicas muy avanzadas: fotografía aérea y por satélite, estudio de anomalías topográficas, arqueomagnetismo, sonda fotográfica, datación por carbono 14 y otros medios, den­dronología, palinología, etc.
 ARQUEOLOGÍA.
 Arqueología (del griego archaios, ‘viejo’ o ‘antiguo, y lo­gos ‘ciencia’), literalmente estudio de viejas o antiguas culturas humanas. La mayoría de los arqueólo­gos del pasado, que retro­trajeron el origen de su disciplina a los estudios de los anti­cua­rios, definieron la arqueología como el “estudio siste­mático de los restos materiales de la vida humana ya desapare­cida”; otros arqueólogos enfatizaron los aspectos conductistas y definieron la arqueología como “la reconstruc­ción de la vida de los pueblos antiguos”. En algunos países, especialmente en Estados Unidos, la arqueología ha estado considerada siempre como una subdisciplina de la antropología; mientras que ésta se centraba en el estudio de las culturas humanas, la arqueología se dedicaba al estudio de las manifestaciones materiales de dichas culturas. De este modo, en tanto que las antiguas gene­raciones de arqueólogos estudiaban un antiguo útil de cerámica como un elemento cronológico que ayudaría a datar la cultura que era objeto de estudio, o simplemente como un objeto con un cierto valor estético, los antropólogos verían el mismo objeto como un instrumento que les serviría para comprender el pensa­miento, los valores y la cultura de quien lo fabricó.
 La in­ves­tiga­ción arqueológica ha estado vinculada funda­mental­mente a la Edad de Piedra y a la antigüedad; sin embargo, durante las últimas décadas la metodología arqueológica se ha aplicado a etapas más recientes, como la Edad Media o el perio­do indus­trial iniciado a finales del siglo XVIII y principios del XIX. En la actualidad, los arqueólogos dedican ocasional­mente su atención a materiales actuales, investigan residuos y vertederos urbanos, con lo que está naciendo la denominada ar­queología industrial.
 La moderna arqueología se interrelaciona con otras disci­plinas cientí­ficas; así, los arqueólogos, para establecer la cronología, suelen utilizar métodos de datación desarrollados por otras ciencias: el sistema del carbono 14 (radiocarbono) fue desarrollado por los físicos nucleares, las técnicas de da­tación geológica se deben a los geólogos y las técnicas de es­tu­dio de los restos de fauna son obra de los paleontólogos. Ade­más, para reconstruir antiguas formas de vida, los arqueólo­gos se sirven de procedi­mientos utilizados por la sociología, la demografía, la geografía, la economía o las ciencias políti­cas.
 Historia.
 La historia de la arqueología puede dividirse en seis grandes periodos. Durante el primero, que se inicia en el Rena­cimiento y acaba en el siglo XVIII, los anticuarios colec­ciona­ban obras de arte y otros objetos, y se establecían postulados poco científicos sobre su significado, aunque se asumió que los antiguos útiles de piedra eran obra del hombre. Tres hechos acaecidos en torno a 1800 marcaron el inicio de una nueva eta­pa: John Frere descubrió una serie de hachas paleolíticas (per­tenecientes al periodo achelense) en una cantera de Sufolk, en un depósito intacto que contenía huesos pertenecientes a anima­les de gran tamaño ya extinguidos, lo que le permitió atribuir a esos útiles una cronología muy antigua. En 1807 se fundó el Museo Nacional de Dinamarca y sus piezas fueron clasificadas por Christian Thomsen que estableció la clásica división de la prehistoria en tres periodos: Edad de Piedra. Edad de Bronce y Edad del Hierro. Más tarde, el erudito francés Jacques Boucher de Crèvecoeur de Perthes halló entre las décadas de 1840 y 1850 útiles antiguos de piedra, asociados con total certeza a restos de animales extinguidos, en los depósitos de grava del valle francés del Somme; su investigación condujo finalmente a la aceptación de la existencia de las culturas primitivas.
 Todos estos estudios estaban basados en el trabajo de geó­logos de finales del siglo XVIII y principios del XIX, como Charles Lyell, que había liberado a los estudios geológicos de los límites de una cronología bíblica que confinaba a la histo­ria en un periodo de 6.000 años, iniciado con la creación divi­na en el 4004 aC. Casi de forma simultánea, el desciframiento de la inscripción jeroglífica en la piedra de Rosetta, logrado por el egiptólogo francés Jean François Champollion, y de la escritura cuneiforme persa en la trilingüe inscri­pión de Behis­tún por el profesor británico Henry C. Rawlinson, posibilitaron el estudio de las culturas bíblicas y las situaron sobre una base histórica sólida.
  Hacia 1859 comenzó una nueva fase, cuando Charles Darwin y Alfred R. Wallace publicaron sus teorías sobre la evolución or­gánica, con sus obvias implica­ciones para la evolución cultu­ral. Con el paso del tiempo, los estudios iniciados en Francia desembocarían en la clasificación del paleolítico efectuada por el investigador Gabriel Mortillet. Al mismo tiempo se llevaron a cabo excavaciones en el Oriente Próximo y en las regiones características del mundo clásico; la más famosa de éstas fue la excavación de Heinrich Schliemann en Troya, descubrimiento tras el que los arqueólogos estadounidenses iniciaron investi­gaciones en la Grecia continental, los franceses en Delfos y los británicos en Creta y Egipto. Como resultado de las inves­tigaciones en Europa —trabajos en el norte de Italia y Suiza sobre asentamientos lacustres, excavaciones y análisis daneses en la zona del Báltico y los realizados por Augustus Pitt-Ri­vers de túmulos, poblados y fortalezas en Gran Bretaña— se de­sarrollaron importantes técnicas y métodos arqueoló­gicos. Los arqueólogos comenzaron a trabajar en América, intentando unos determinar el origen de los constructores de túmulos, mientras que otros buscaban testimonios del paleolítico en el Nuevo Mun­do.
  Nuevas tendencias y grandes descubrimientos.
 Los primeros años del siglo XX vieron el nacimiento y el desarrollo de meticulosos estudios estratigrá­ficos, además de métodos adecuados de excavación y trabajo de campo, los pione­ros fueron Flinders Petrie en Egipto, Robert Koldewey en Babi­lonia y Pitt-Rivers en Gran Bretaña. Estas técnicas se llevaron al Nuevo Mundo desde Europa, en particular por el arqueólogo de origen alemán Max Uhle, que llevó a cabo excavaciones estrati­gráficas en yacimientos de grupos concheros californianos y en Perú, donde estable­ció la primera cronología regional.
 Durante el periodo de entreguerras (1919-1939), se reali­zaron grandes proyectos en el Mediterráneo orien­tal y en el Oriente Próximo. Sir Leonard Woolley realizó excavaciones en Ur, sir Arthur Evans en Cnoso, James Breasted en Megido, Howard Carter en Egipto y Claude Schaeffer en Ugarit; algunas de estas excavaciones sacaron a la luz impre­sionan­tes restos. Por lo que respecta a la arqueología en el mundo clásico (Grecia y Roma), la primera actuación destacada quizá sea la excavación del ágo­ra de Atenas, realizada por un equipo estadounidense. Al mismo tiempo se produjeron desarrollos cruciales en la metodología para recuperar información sobre el pasado; así, se generalizó el uso de la fotografía aérea para descubrir y estudiar yaci­mientos, o la palinología para establecer la vegetación de la antigüedad.
   Por último, poco después de acabada la II Guerra Mundial, la aparición del método de datación del radio­carbono (o carbono 14), desarrollado por el químico estadounidense Willard Libby supuso una autén­tica revolución en el mundo de la arqueología puesto que, gracias al mismo, fue posible obtener fechas abso­lu­tas a partir de materias orgánicas y de este modo se pudo establecer un cuadro cronológico firme de la prehistoria.
  La nueva arqueología.
  La obra Estudio de la Arqueología (escrita en la década de 1940) del arqueólogo estadounidense Walter Taylor originó otra revolución, pero en este caso de diferente carácter; su autor expresaba el descon­tento que los antropólogos mostraban por la forma en que se desarrollaba la arqueología estadounidense, y proponía que la arqueología debería ir más allá de la mera cla­sificación y análisis de los objetos encontrados, para intentar conocer a la gente que los hizo; esta opinión arraigó en muchos jóvenes arqueólogos que intentaron investigar cómo y por qué se produjeron los cambios culturales, en vez de limitarse a des­cribirlos y datarlos; éstos consideraban que la finalidad de la arqueología debía ser la formulación de las leyes del cambio cultural, lo que la convertiría además en una disciplina cien­tífica. En su opinión, la comprensión de los procesos de cambio cultural en una zona objeto de estudio arqueoló­gico, proporcio­naría unos principios básicos que podrían hacerse extensivos a otras áreas. El líder de este nuevo movimiento, Lewis R. Bin­ford, trató este tema hacia 1960, dando inicio a la llamada “nueva arqueología”.
  Sus características básicas son el uso ex­plícito de la teoría evolucio­nista, la utilización de sofisti­cados conceptos culturales y ecológicos que en ocasiones requieren una aproxi­mación interdisciplinar en el trabajo de campo y precisan de la informática para el análisis de los datos, y el uso de la teo­ría de sistemas. A pesar de que en las décadas de 1970 y 1980 ya se hizo evidente que la nueva arqueología había fracasado en su pretensión de convertir la arqueología en una ciencia gene­radora de leyes, no deben minimizarse las aportaciones que la década de los años sesenta hizo a esta disciplina, facilitan­do, en gran parte, la estructura de la arqueología actual.
 En la década de 1970, arqueólogos europeos reconocie­ron que la cronología de la prehistoria establecida a partir del carbono 14 era incorrecta, debido a las imperfecciones del mé­todo. Se han propuesto otros sistemas cronológicos que han dado como resultado no sólo la datación de monumentos concretos sino además (según palabras del arqueólogo británico Colin Renfrew), “un nuevo enfoque del desarrollo cultu­ral a lo largo de la pre­historia”. Anteriormente se consideraba que ciertos logros cul­turales, como el inicio de la metalurgia, habían sido irradia­dos desde un único punto de origen localizado en Oriente Próxi­mo; en la actualidad se defiende la existencia de numerosos focos de irradiación cultural, dando lugar a la idea de que el hombre es mucho más innovador de lo que se creía en un princi­pio.
Durante la década de 1980 y comienzos de la de 1990, los arqueólogos estadounidenses, australianos y neozelandeses han sido requeridos, de forma incesante, para que adapten sus es­trategias de investigación a los deseos e intereses de los pue­blos indígenas, que no sólo exigen la devolución de ciertos objetos y de restos humanos para volver a ser inhumados, sino también el respeto de sus valores culturales en las excavacio­nes que realizan. La adecuación de las estrategias científicas de investigación a la sensibilidad de las culturas tradiciona­les señala una nueva dirección en la actividad arqueológica y supone un desarrollo que apenas se contemplaba hace unas déca­das, cuando se consideraba que la rígida objetividad científica dominaría en breve plazo la arqueología.
Métodos y técnicas.
El trabajo del arqueólogo puede dividir­se en sucesivas fases: obtención de datos, descripción de los mismos, análisis preli­minar e interpretación.
Obtención de datos.
El trabajo de campo está precedido por una exhaustiva re­visión de la literatura científica existente; antes de ini­ciar la excavación se consultan textos antiguos, artículos modernos y estudios geológicos y medioambientales; luego se realiza un prospección arqueológica con el fin de localizar los yacimien­tos que van a proporcionar los datos, procedimiento que tradi­cionalmente se ha basado en los hallazgos casuales y en la in­vestigación histórica. La fotografía aérea es, desde mediados del siglo XX, un método de reconocimiento adicional muy impor­tante. A partir de la década de 1970 se han sumado un número notable de nuevas y sofisticadas técnicas, como el uso del ra­dar para estudiar el subsuelo, de sensores de rayos infrarro­jos, resistencias eléctricas, magnetómetros de protones y sen­sores remotos por satéli­tes. Por lo que respecta a la arqueolo­gía submarina, la introducción de un nuevo sonar y de equipos sensores eléctricos ha permitido mejorar la detección de los restos de barcos hundidos. En el campo de la arqueología terrestre, el objetivo es localizar yacimientos intactos, con depósitos estratificados y sus correspondientes materiales. Desde un punto de vista ideal, la aparición de los materiales en un contexto estratigráfico claro permite establecer una cro­nología precisa y reconstruir (teniendo la suficiente informa­ción contextual), todo el sistema cultural en los distintos niveles históricos; cuanto mejor sea la investigación inicial, más fácil será la excavación y en general todo el trabajo de campo.
Esta labor preliminar conduce directamente a una intensa reco­gida de datos, llevada a cabo principalmen­te mediante una excavación realizada de forma sistemática. El objetivo de una excavación es doble: establecer una cronología y observar el contexto. El viejo y fiable sistema para establecer la cronolo­gía consistía en la excavación de yacimientos con estra­tigrafía clara, estableciendo los distintos niveles de ocupación que se hallan superpuestos. En la actualidad, se han desarrollado otros muchos sistemas para obtener una cronología relativa o absoluta. Gracias a técnicas interdisciplinares es posible con­seguir tales datos en cualquier yacimiento, estratificado o no. La obtención del contexto de los distintos niveles de ocupación requiere unas cuidadosas técnicas de excavación, prestando par­ticular atención a la localización de cada artefacto y ecofacto (restos de antiguos materiales orgánicos); toda esta actividad debe ser complementada con datos medioambientales obtenidos mediante el uso de técnicas interdisciplinares, a partir de estudios zoológicos, botánicos, geológicos, edafológicos y cli­máticos, con el objetivo de definir el ecosistema y el medio ambiente donde se va a realizar la excavación.
 Descripción y análisis preliminares.
Los análisis de labo­ratorio y la descripción constituyen normalmente el paso siguiente a la recopilación de datos, aun­que la realización simultánea de todos estos trabajos puede mejorar en gran medida la excavación. Los análisis preliminares durante la recopilación de datos pueden revelar huecos en la cronología y en el contexto e indicar dónde se deberían recoger más datos para completar las lagunas de información. No obstan­te, los análisis más importantes tienen lugar más tarde. Al igual que durante el proceso de recopilación de datos, su fina­lidad es doble: cronológica (por la que se establece las fechas absolutas o relativas) y contextual (por la que los datos son situados en su contexto cultural).
 Establecimiento de la cronología.
 Aunque el uso de técnicas interdisciplinares pueda deter­minar un marco cronométrico ajustado, la crono­logía debe estar determinada fundamentalmente por la secuencia de los objetos procedentes de los distin­tos niveles estratigráficos excavados. No obstante, la estratigrafía no es el único medio para deter­mi­nar la cronología relativa. La datación de los objetos según la fecha de su estrato geológico, según su asociación a restos fósiles de animales o de polen, o por su relación con otros objetos datables, constituyen otros sistemas para establecer la cronología relativa. Desde luego, en ciertas ocasiones es posi­ble obtener una cronología absoluta gracias al uso del carbono 14, de la dendrocronología (sistema de datación basado en las capas de los troncos de los árboles), la termoluminiscencia, o del arqueomag­netismo. En la actualidad se utilizan el espectró­metro de masas, el acelerador de partículas y otros métodos ra­diométricos para datar los objetos encontrados.
 Establecimiento de los contextos culturales.
 Una vez fijada la cronología se procede al estudio analí­tico del contexto cultural y medioambiental, un proceso más compli­cado, cuya finalidad es reconstruir los sistemas cultura­les y ecológicos. Cada arte­facto es considerado, desde este punto de vista, no como un elemento cronológico sino más bien como resultado de la actividad humana en el tiempo en que fue fabricado. La ubicación física de un artefacto puede ser deter­minada por medios relativamente simples, como una excavación cuidadosa, pero determinar con exactitud qué actividad lo pro­dujo y como esa actividad encaja en la antigua cultura de su hacedor es a veces problemático. La obtención de datos inter­disciplinares puede revelar dónde y en qué parte del ecosiste­ma se localizaron las materias primas del artefacto y, lo que es más importante, pueden establecer una relación entre la cul­tura y el medio ambiente. Restos de desechos (por ejemplo hue­sos y restos de plantas) proporcionan información sobre la for­ma de vida de quien los tiró, sobre los elemen­tos del ecosiste­ma, sobre la estacionalidad de los patrones de asentamiento o sobre las relaciones comerciales. Las formas de enterramiento y los ajuares de las tumbas aportan mucha información sobre el pasado, particularmente en aspectos como la concepción de la realeza, la jerarquía, el rango social o las prácticas religio­sas; cada objeto refleja las actividades realizadas en el pe­riodo en que los hombres ocuparon el yacimiento.
 Interpretación.
 Con toda esta información, el arqueólogo intenta sinteti­zar las crono­logías regionales en una secuencia de culturas y ecosistemas de áreas más amplias o de regiones interrela­ciona­das. Esto conlleva idealmente la descripción dinámica de los procesos que pueden ser analizados para determinar las causas del cambio cultural, es decir, no sólo cómo suceden los cambios, sino también por qué se producen.
 El registro arqueológico.
A continuación se presentan algunas de las conclusiones a que han llegado los arqueólogos al estudiar el pasado del hom­bre y se describen algunos de los yacimientos y objetos más importantes descubiertos en los dos últimos siglos.

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Wikipedia.
Enciclopedia Encarta. La parte de fuentes arqueológicas es una amplia paráfrasis de esta referencia, muy divulgativa.

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Roux, Georges. Mesopotamia. Historia política, económica y cultural. Akal. Madrid. 1987. 495 pp.
Service, Elman R. Los orígenes del Estado y de la civili­zación. Alianza. Madrid. 1984 (1975). 386 pp.
Soden, Wolfram von. Introducción al orientalismo antiguo. Ausa. Barcelona. 1987. 321 pp.

Artículos. Orden cronológico.
Malville, J. McKim; Werndorf, Fred; Mazhar, Ali A.; Schild, Romauld. Megaliths and Neolithic astronomy in southern Egypt. “Nature” (IV-1998)  393 y 488-492. 
Gore, Rick. Una historia forjada por el desastre. “National Geographic”, v. 7, nº 1 (VII-2000) 32-71. La teoría del Mar Negro en 71.
Piquer, Isabel. Descubren en el Mar Negro los restos de una ciudad del 5.000 antes de Cristo. “El País” (14-IX-2000) 38. Ballard descubre para “National Geographic” restos submarinos.
AA.VV. Dossier El Neolític. La primera revolució al Mediterrani. “L’Avenç”, 274 (XI-2002) 27-58.
Francescutti, Pablo. Arqueólogos ‘high-tech’. “El País” Semanal 1.851 (18-III-2012) 68-72. Una revolución se está efectuando gracias a la aplicación de nuevas técnicas de radar, google Earth, GPS, informática, etc.
Rodríguez, Jesús. Erbil, la ciudad donde todo empezó. “El País” Semanal 1.856 (22-IV-2012) 34-44.

PROGRAMACIÓN.
DEL NEOLÍTICO A LAS SOCIEDADES URBANAS DEL PRÓXIMO ORIENTE. FUENTES ARQUEOLÓGICAS.
UBICACIÓN Y SECUENCIACIÓN.
ESO, 2º ciclo.
Eje 2. Sociedades históricas y cambio en el tiempo.
Bloque 4. Sociedades his­tóricas.
Núcleo 2. Socie­dades prehistóri­cas, primeras civilizacio­nes y Anti­güedad clá­sica.
En el apartado: - Las sociedades prehistó­ricas cazadoras y re­co­lectoras. La Revo­lución Neolíti­ca. Las primeras civiliza­cio­nes.
RELACIÓN CON TEMAS TRANSVERSALES.
Temas de Educación Cívica y Moral, Educación para la Paz, de Educación Ambiental y Educación para la igualdad de ambos sexos.
TEMPORALIZACIÓN.
Cuatro sesiones.
1ª Documental. Diálogo con los alumnos, para evalua­ción previa. Exposición del profesor.
2ª Exposición del profesor. Diálogo.
3ª Exposición del profesor. Esquemas, mapas.
4ª Exposición del profesor de repaso y refuerzo. Es­quemas, mapas, cuestiones, comentarios de textos.
OBJETIVOS.
Conocer el Neolítico.
Comprender su origen y difu­sión, el origen de la agricul­tura y la evolución a la aldea sedentaria y las sociedades ur­banas del Próximo Orien­te.
Desarrollar capacidad de deducción y análisis.
Aumentar la curiosidad científica e interés por la conser­vación del patri­monio arqueológico.
CONTENIDOS.
A) CONCEPTUALES.
- Concepto de Neolítico.
- Origen y difusión.
- Origen de la agricultura.
- Paso a la aldea sedentaria. Catal Huyuk.
- Primeras sociedades urbanas del Próximo Oriente.
B) PROCEDIMENTALES.
Tratamiento de la información: Análisis, interpretación y síntesis de información a par­tir de mapas, diapositivas y cua­dros cronológicos, para formar conceptos abstractos. Clasifi­cación y registro con fichas y esquemas.
Explicación multicausal: Comprensión de conceptos de tiem­po largo y lento, de cau­salidad múltiple.
Indagación e investigación: Iniciación a la interpreta­ción histórica y artística de las manifestaciones culturales.
C) ACTITUDINALES.
Comprensión de la economía, sociedad, arte y cultura prehistóricas.
Visión crítica de las visiones de la Historia.          
Valoración y conservación del patrimonio arqueológico.
METODOLOGÍA.
Expositiva y participativa. Motivación de los alumnos me­diante una exposición, abun­dante material gráfico, debate crí­tico, trabajos, etc.
MOTIVACIÓN.
Documental. Diálogo, que además sirva de evaluación previa.
ACTIVIDADES.
A) CON EL GRAN GRUPO.
Exposición del profesor. Esquema conceptual mediante presentación digital. Énfa­sis en la importancia de la ma­yor oferta de ali­mentos en el desarrollo de la Humanidad. Par­ticipación oral. Elabora­ción de cuadros cronológicos para re­saltar la importan­cia de este pe­riodo com­parado con nuestra breve época. Evitar una po­sición eurocéntri­ca. Relacionar al hombre con su medio.
Se hará hinca­pié en las causas del desa­rrollo del Neolíti­co, en los rasgos comu­nes entre los procesos del Oriente Medio, en las cau­sas y con­secuencias del desa­rrollo del sedentarismo y la urbanización. Nos centraremos en los casos de Catal Huyuk (una aldea sedentaria) y Uruk (una ciudad), a fin de conseguir un conocimiento profundo de unos ejem­plos atrac­tivos y bien inves­tigados por la arqueología. En cam­bio, daremos poca impor­tancia a memori­zar la precisa suce­sión de cultu­ras sedenta­rias y urba­nas en Mesopo­ta­mia y Egipto esta memoriza­ción sería un objeti­vo poco útil a largo pla­zo, aunque sí va­lo­raremos la comprensión de que fue un proceso de desarrollo cultural y tam­bién la capaci­dad de buscar información al respecto, pues sí es rele­vante la ad­quisi­ción del procedimiento de inda­gación.
Lectura de un fragmento de Gordon Childe, Los orígenes de la civi­lización.
B) EN EQUIPOS DE TRABAJO.
Realización de esquemas sobre los apartados y un gráfico so­bre el aumento de la población en el Neolítico.
Realizar una línea de tiempo.
Debate sobre la tesis evolu­cionista y difusionista, sacan­do conclusiones.
Realizar un mapa sobre la difusión del neolítico en el Pró­ximo Oriente, situando los princi­pa­les lugares.
Comentarios de textos.
C) INDIVIDUALES
Realización de apuntes esquemáticos sobre la UD.
Participación en las actividades grupales.
Búsqueda individual de datos en la bibliografía, en debe­res fuera de clase.
Contestar cuestiones en cuaderno de trabajo, con diálogo previo en grupo.
RECURSOS.
Presentación digital.
Libros de texto, manuales.
Fotocopias de textos para comentarios.
Cuadernos de apuntes, esquemas...
Documental y película.
Documentales: Atlas Culturales del Mundo. Ediciones del Pra­do. Barraclough, Geoffrey (coord.). v. 1. De los orígenes del hombre a la re­volución agríco­la. 50' (30' para el tema). v. 2. El nacimiento de la civiliza­ción. 50' (5' para el tema). Tienen el problema de estar muy desperdigados los temas regionales (p.e. decenas de referencias a Mesopotamia, pero en distintos momen­tos).
EVALUACIÓN.
Continua, tanto de los grupos como de los indi­viduos, va­lorando todos los contenidos.
Una prueba escrita junto a otras UD que valore los conoci­mien­tos de conceptos y la capacidad de sín­tesis y relación. Se harán pregun­tas de tipo test, un comentario de texto y una pre­gunta un poco más larga, dentro de las posibilidades reales de tiempo. Nos centra­remos en la explicación de las causas y la difusión del Neolí­tico, y en los casos más representativos de Catal Hu­yuk (una aldea seden­taria) y Uruk (una ciu­dad).
RECUPERACIÓN.
Entrevista con los alumnos con inadecuado progreso.
Realización de actividades de refuerzo: esquemas, comenta­rio de textos...
Examen de recuperación (junto a las otras UD).

APÉNDICES (para comentarios alternativos en clase)
AGENCIAS  -  Jerusalén. Descubierto en Israel el cultivo más antiguo del mundo  Se trata de un higo de 11.400 años de antigüedad hallado en el Valle del Jordán. “El País” (1-VI-2006).
Investigadores israelíes han descubierto evidencias en el Valle del Jordán que demuestran que el ser humano comenzó a cultivar árboles y plantas hace 11.400 años. Así lo informa el diario The Jerusalem Post, que da cuenta de una investigación llevada a cabo por científicos de la Universidad Bar Ilán de Tel Aviv y que publica esta semana la revista científica Science.
En el artículo, el profesor Mordejai Kislev, la investigadora Anat Hartman y su colega Ofer Bar-Yosef dan a conocer el descubrimiento, entre los restos arqueológicos de una vivienda en la localidad de Gilgal, situada en el Valle del río Jordán, de lo que se cree que es la planta doméstica más antigua del mundo: un higo. El higo, que no tiene semillas fértiles, ha sido presentado como la evidencia más antigua de una planta cultivada por el hombre. Los frutos son una variedad de higos en los que la fruta se constituye y madura sin polinización. Estas frutas permanecen en el árbol en vez de desprenderse y los higos se vuelven suaves, dulces y comestibles.
Los expertos de la universidad de Bar Ilán, con los que colaboraron investigadores arqueológicos de Harvard, concluyen que los higos fósiles encontrados en Gilgal carecen de semillas porque sufrieron una mutación, que raramente se produce en higueras salvajes y que no podría haberse dado sin la ayuda humana. La investigación también pone de relieve detalles para entender lo que supuso la revolución agrícola, y destaca que los seres humanos aparentemente sabían cómo plantar árboles delicados como la higuera al inicio del neolítico (que concluyó hace 7.500 años), y de esta manera eran capaces de incrementar sus cosechas.
Ni lentejas ni garbanzos ni cebada
“A medida que se fue perfeccionando el cultivo de los higos, los esquejes de la planta fueron aparentemente transportados a zonas distantes y plantados, a fin de obtener nuevas cosechas en el futuro, tras varios años”, refiere el artículo. El cultivo de este fruto se desarrolló de forma paralela a la siembra de semillas rústicas de avena del monte Tabor y de cebada salvaje, añade. El cultivo del higo, según escriben los investigadores israelíes, parece haber formado parte de una fase separada de los comienzos de la agricultura, entre el segundo período (siembra de cereales salvajes), y la tercera fase (siembra de cereales domesticados). “Fue muy fácil conseguir el higo. Se planta y las cosechas se obtienen pocos años después”, destacan.
Hasta ahora, los expertos pensaban que la revolución agrícola -la esencial transición del período de caza y nomadismo hacia la agricultura- ocurrió hace 11.500 en el Creciente Fértil. Sin embargo, los científicos no se ponían de acuerdo sobre si fueron las lentejas y garbanzos los primeros cultivos, conforme mostraron fósiles encontrados en el sur de Turquía, o si la primera cosecha humana fue de cebada, en el actual Israel.
Los descubrimientos exigen “una nueva concepción sobre dónde comenzó la agricultura y cuál fue la planta pionera, porque los hallazgos de cereal y legumbre que fueron descubiertos en el sur de Turquía e Israel no son tan antiguos y la cosecha de higos en Israel podría haber precedido a la agricultura en Turquía”.

Sampedro, Javier. Hallado en el valle del Jordán el vestigio más antiguo de agricultura. Los arqueólogos descubren una plantación de higueras de hace 11.400 años. “El País (2-VI-2006) 42.
El origen de la agricultura se ha buscado siempre en los cereales, cuyos primeros cultivos se dieron hace 10.500 años en Oriente Próximo. Pero un grupo de arqueobotánicos israelíes acaba de descubrir nueve higos de una variedad claramente domesticada, almacenados hace 11.400 años en una despensa del primitivo asentamiento neolítico de Gilgal I, en el valle del Jordán. La domesticación del higo vino facilitada por una mutación espontánea que lo hace comestible pero estéril: el primer agricultor sólo tuvo que coger aquella rama y plantarla en el suelo.
“Hace 11.000 años hubo un giro crucial en la mente humana, de explotar la Tierra como es a modificarla activamente para satisfacer sus necesidades”, afirma el principal autor del trabajo que se presenta hoy en la revista Science, Ofer Bar-Yosef, de la Universidad de Harvard. “Este giro a un estilo de vida sedentario y basado en el cultivo rompió con más de dos millones de años de historia como recolectores y cazadores”.
Gilgal I es uno de los yacimientos más antiguos del Neolítico, situado 12 kilómetros al norte de Jericó, en el valle del Jordán. La casa de la despensa fue excavada en los años setenta, pero la muerte del arqueólogo israelí que dirigió aquella operación condenó al olvido a los materiales que había rescatado de allí, que llevaban 30 años archivados en un armario del Museo Israel de Jerusalén. El año pasado, el museo invitó a Bar-Yosef a examinar aquellos viejos hallazgos, y aparecieron los nueve higos junto a más de 300 gránulos sueltos de la misma fruta.
Bar-Yosef y sus colegas de la Universidad Bar-Ilan de Israel apreciaron de inmediato que los higos -sus restos están carbonizados, pero en un extraordinario estado de conservación- eran de una variedad comestible, y que parecían haber sido desecados y almacenados para consumirlos en invierno. La parte difícil de su trabajo ha sido reunir las pruebas de que, en efecto, los nueve frutos sólo pueden pertenecer a una variedad domesticada de higo, puesto que carecen de semillas, y sólo podrían haberse reproducido por esquejes.
Una mutación proverbial.
Su conclusión es que los primeros higos domesticados -tal vez el origen de la agricultura y, por tanto, de la civilización- fueron producto de una mutación espontánea, propagada después por los humanos mediante esquejes sucesivos. Las mutaciones de este tipo son conocidas en las higueras silvestres: producen una variedad llamada “partenocárpica”, en que la fruta madura sin necesidad de polinización y se queda pegada al árbol, ganando en suavidad y dulzura en lugar de pudrirse en el suelo.
Los mutantes partenocárpicos se dan ocasionalmente en la naturaleza, pero son estériles porque sus higos no tienen semillas. “Una vez que ocurrió la mutación partenocárpica”, conjetura Bar-Yosef, “los humanos debieron de darse cuenta de que aquellos higos no eran capaces de producir nuevos árboles, y el cultivo de la higuera se convirtió en una práctica común. En este acto intencional de plantar una variante específica de higuera podemos ver los orígenes de la agricultura. El higo comestible no habría sobrevivido de no ser por la intervención humana”.
La mutación partenocárpica fue un verdadero regalo de la naturaleza, pero no bastó por sí misma para producir la variedad hallada en Gilgal I. Según otro de los autores, el arqueobotánico Mordechai Kislev, los primeros pobladores neolíticos de Oriente Próximo debían haber estado “varios siglos” cultivando las higueras mutantes y seleccionando sus características. Bruce Smith, del Museo Nacional de Historia Natural de Washington, señala en Science que el origen de la agricultura “fue un proceso lento que tuvo lugar a pequeña escala en distintas zonas, a base de prueba y error con distintas plantas”.
Pero las mutaciones naturales y la facilidad de cultivo hicieron que la domesticación de la higuera ganara por más de mil años a la de los primeros cereales, y por más de 5.000 al resto de los árboles frutales. “Los higos de Gilgal, que estaban almacenados junto a bellotas y variedades silvestres de cebada y centeno, indican que la estrategia de subsistencia de los primeros agricultores neolíticos fue la explotación mixta de plantas silvestres y la domesticación inicial del higo”, afirma Bar-Yosef.
Esa mezcla de plantaciones de higos y cultivos de cereales silvestres “se practicó ampliamente hace casi 12.000 años en todo el ala occidental de Oriente Próximo”.
Un invento caído de los árboles.
Algunas mutaciones, como las que agrandan y compactan las espigas de los cereales, tuvieron más importancia que otras durante la domesticación de las plantas de cultivo que encendió la revolución neolítica y creó las condiciones para el desarrollo de la civilización. Pero la mutación partenocárpica de la higuera, que inventa de pronto un higo carnoso, dulce, suave y que no se cae al suelo, encaja más en una parábola bíblica que en un texto de genética.
La razón de que el higo comestible parezca diseñado para satisfacer a una criatura terrestre es que lo está. La criatura se llama blastófago (Blastophaga psenes), y es la avispa simbiótica que se ocupa desde hace millones de años de polinizar a la higuera silvestre.
Las higueras silvestres tienen dos sexos (uno femenino y uno hermafrodita, al que llamaremos macho para abreviar). Las flores del macho tienen un estilo más corto (dos milímetros) que las de la hembra (tres milímetros). La avispa pone sus huevos a través de un tubo (ovipositor) que mide casi exactamente dos milímetros.
Si la avispa llega a una flor hembra, lo único que puede hacer es polinizarla. No porque no intente también poner un huevo dentro de su ovario, sino porque no puede consumar el acto: le falta un milímetro para superar el peaje del estilo femenino.
Así que el blastófago sólo puede poner sus huevos en la flor macho. Y la higuera premia a su larva con un higo: un argumento de peso para renovar el contrato de simbiosis. La mutación partenocárpica viene a ser un argumento al que nadie escucha.

1 comentario:

Diego dijo...

Enhorabuena por su blog, António. Me ayuda mucho a preparar las oposiciones de secundaria!!! Gracias.