Blogs de Antonio Boix

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jueves, 31 de octubre de 2013

El fascismo italiano.

TD 02. FASCISMO ITALIANO.
Los problemas de la posguerra.
Italia había sido uno de los cuatro grandes vencedores. Sin embargo, al finalizar la guerra, su situación era muy difícil. Las pérdidas humanas y económicas habían sido muy grandes (700.000 muertos, toda la región del Véneto destrozada, enormes deudas contraídas con otros países).
Además, en los tratados de París de 1919 no se concedían grandes anexiones territoriales a Italia (apenas el Trentino y Trieste, pero sin Istria y otras zonas en Dalmacia y sin un aumento del imperio colonial), por lo que gran parte de la población sintió que no se había resarcido a Italia de sus pérdidas humanas sino que había salido debilitada como nación pese a su victoria. En este contexto los nacionalistas estaban exaltados, a punto de explotar.
La miseria y el paro de la posguerra provocaron una grave crisis en 1919 entre los obreros y campesinos del Norte de Italia (en especial Lombardía y Piamonte) que llegaron a ocupar fábricas y campos, y crearon consejos según el modelo comunista de los soviets. Se temió una revolución comunista que aprovechara la crisis social, que en estos años 1919-1922 los gobiernos liberales no supieron resolver. Los propietarios perdieron su confianza en el sistema liberal, que no garantizaba el orden.
Aparición del fascismo.
En estas condiciones surgió el fascismo. Mussolini (1883-1945) era un maestro de escuela, antiguo socialista, y director de su diario “Avanti”, que se había separado del partido socialista por el neutralismo de este en la Guerra Mundial. Fundó un nuevo diario, “Il Popolo de Italia” y aglutinó a los socialistas escindidos y a otros grupos caracterizados por el ultranacionalismo, en su mayoría arditi (veteranos de la guerra). En esta etapa su ideología era aun moderada, pero al final de la guerra, su política se radicalizó y su programa reunió puntos izquierdistas, como el voto para la mujer y la participación de los trabajadores en la gestión de las empresas, con otros conservadores, como la defensa de la propiedad privada, al tiempo que pregonaba la toma del poder por la violencia.
Con soldados y oficiales desmovilizados, salidos de los nacionalistas frustrados, pequeño-burgueses arruinados y obreros desempleados, Mussolini reorganizó sus fuerzas en los Fascio di combatimento (de los fasci, los ‘haces’, un símbolo de la justicia romana), también llamados camise nere (camisas negras), grupos paramilitares con los que atacó desde 1921 al movimiento revolucionario-obrero. Obreros, sindicalistas y políticos de izquierda fueron golpeados, amedrentados por la violencia o incluso eliminados físicamente.
Ocupación del poder.
Mussolini. Foto oficial como reciente primer ministro.

Mussolini se presentó entonces como el defensor del orden, por lo que contó con el apoyo inmediato de las fuerzas conservadoras (terratenientes, capitalistas, burguesía industrial, ejército, Iglesia). Cuando en 1921 consiguió 30 diputados en el Parlamento, exigió del rey Víctor Manuel III que le nombrara jefe de gobierno. Demostró su fuerza aplastando violentamente, con sus 300.000 camisas negras, una huelga general en 1922 y amenazó con una “Marcha sobre Roma”, que llegó a realizar simbólicamente en octubre del mismo año, ocupando numerosas instituciones, con el apoyo tácito del ejército, la policía y muchos políticos burgueses. El gobierno liberal quiso declarar el estado de excepción, pero el rey se negó a firmar el decreto para evitar una guerra civil y, en cambio, Mussolini fue nombrado (28-X-1922) presidente del Consejo de Ministros por el rey (que pagaría esta debilidad en 1945, al ser sustituido por una República), y gobernó autoritariamente, obteniendo del parla­mento plenos poderes en noviembre e inició un proceso lento pero imparable de toma del poder, primero con respeto a las formas constitucionales.
Al tiempo que en 1923 lanza una campaña terrorista contra la oposición, aprueba una ley electoral que asegura al partido más votado la mayoría parlamentaria. Se coaliga con la derecha y arrasa en las elecciones de abril de 1924 (65% de los escaños), con una campaña de extrema violencia. Entonces elimina sistemáticamente a los partidos de la oposición, especialmente a los socialistas (cuyo secretario parlamentario, Matteotti, que había denunciado los abusos, fue asesinado) y los comunistas (cuyo líder, Antonio Gramsci, fue encarcelado), que en protesta abandonan el parlamento. Mussolini aprovecha la oportunidad y establece una dictadura (I-1925), disolviendo el parlamento e instaurando el régimen de partido único, con el Duce (caudillo), como jefe.
La política del gobierno fascista.
El gobierno fascista resucitó en lo ideológico el mito de la Roma Imperial en su esté­tica e ideología. Firmó con la Santa Sede el Concordato de Letrán (1929), que resolvió el vie­jo problema de la soberanía del Vaticano y le granjeó el apoyo de la Iglesia, que recibió el control de la educación, mientras la enseñanza de la religión católica se declaró obligatoria en las escuelas.
En la economía se abogó por la autarquía económica, con una moneda fuerte, pero que resultó demasiado cara para mantener la competitividad de las exportaciones). El país prosperó en los años 1924-1929, contando con la ola mundial de prosperidad y un gran pro­grama de obras públicas, pero se hundió en los años 30 y el nivel de vida de los trabajadores padeció, en beneficio de los empresarios. En la agricultura se sanearon algunas zonas (lagu­nas Pontinas), pero el dirigismo público sobre los cultivos y los precios, aunque consiguió aumentar la producción de trigo, fue poco rentable.
En lo social se propugnó la integración de las clases sociales en corporaciones económicas (empresarios y obreros en armonía), pero en realidad al servicio de las clases altas. Con todo, la legislación social atemperó la crisis con mejoras en las pensiones y la regulación del despido, y a cambio se prohibieron el derecho de huelga y los sindicatos obreros.


La expansión del imperio de Italia.

El régimen pretendió lograr una Italia imperial, un nuevo Imperio Romano, para lo que atacó y ocupó Etiopía (1936) y Albania (1939), contando con la pasividad de las po­tencias occidentales. Pero esta expansión le aisló internacionalmente desde 1936. Tras un tiempo de distanciamiento del nazismo, por su desacuerdo con el propósito de Hitler de ane­xionar Austria a Alemania, se creó el Eje Berlín-Roma que apoyó a los nacionales en la guerra civil española y condujo a Italia a la II Guerra Mundial, en la que se demostró la escasa pasión de la población por el militarismo así como la gran debilidad militar italiana. Tras varias derrotas, el régimen fascista se hundió en 1943 cuando los aliados desembarcaron en el sur. El rey obligó a Mussolini a dimitir y se nombró un gobierno que firmó el armisticio con los aliados. Pero los alemanes ocuparon el país y restablecieron a Mussolini, en la llamada República de Saló en el norte. El régimen fascista fue definitivamente destruido, al final de la guerra en 1945, cuando Mussolini fue fusilado por los partisanos.
En la posguerra los fascistas fueron al principio duramente reprimidos, aunque lograron sobrevivir como partido reconvertido en el MSI (Movimiento Soziale Italiano).