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jueves, 31 de octubre de 2013

La historia de la Unión Europea.

LA HISTORIA DE LA UNIÓN EUROPEA.

INTRODUCCIÓN.
Un resumen.
1. EL PROCESO DE CONSTRUCCIÓN.
1.1. ANTECEDENTES.
1.2. LAS PRIMERAS INSTITUCIONES.
1.3. LOS TRATA­DOS DE PARÍS DE 1957.
1.4. LAS AMPLIACIONES.
1.5. LA INSTITUCIONALIZACIÓN (1972-1996).
INSTITUCIONALIZACIÓN HASTA 1986.
ACTA ÚNICA EUROPEA (1985).
TRATADO DE LA UNIÓN EUROPEA. MAASTRICHT (1992).
1) Polí­tica interior:
Más democracia.
Más eficacia.
Más solidaridad.
2) Política exterior.
TRATADO DE ÁMSTERDAM (1997).
TRATADO DE NIZA (2000).
LA CONVENCIÓN EUROPEA.
LA ACTUALIDAD.
1.6. LOS RETOS DE LA UNIÓN EUROPEA.
LA DEMO­CRATI­ZA­CIÓN.
LA COHESIÓN SOCIAL Y ECONÓMICA.
La política económica de la integración.
EL EURO.
La Unión Económica y Monetaria: el euro.
LA POLÍTI­CA EXTE­RIOR.
La política de defensa y seguridad.
LA AM­PLIACIÓN HA­CIA EL ESTE.
La ampliación.


INTRODUCCIÓN.


El estudio del proceso de construcción de la Unión Europea (UE), siempre inacabado, es útil porque es un fenómeno histórico de ex­traordinaria importancia, no sólo para nosotros, que formamos parte de ella, sino también para los pueblos de Europa y del mundo, por­que es el modelo más exito­so de la historia contemporánea de pro­gresi­va in­tegración entre Esta­dos distintos. El historiador Hugh Thomas la considera la “auténtica obra maestra de la política del siglo XX”.
Un resumen.
La UE tiene en 2011 una superficie de 4.324.782 km² y una po­blación de 511 millones de ha­bitantes, con una alta den­sidad de 114 hab./km². Realiza el 40% del co­mercio mun­dial y es el mayor mercado capi­talista y, junto a EE UU y Japón, uno de los tres grandes pila­res del mundo desa­rrollado.
Los Estados miembros más los candidatos en azul oscuro.

La UE es una organización europea regional, con volun­tad fede­ralista, pese a las reticencias de algunos países miem­bros. Las di­ficultades de la integración europea son evi­dentes, in­cluso contando con el em­puje del Tratado de Maas­tricht, como se mani­fiesta en la formación en el seno de la UE de un núcleo duro (Alemania, Francia, el Benelux) y de un anillo periféri­co de países, los pro­blemas de aplica­ción del tra­tado de Schengen (libre movimiento por las fronte­ras interio­res), las crisis mo­netarias, las críti­cas por la falta de democra­cia inter­na de las institu­ciones, las dificulta­des para abrirse a los países del Este, las resis­tencias del Reino Unido a la Eu­ropa Social, la falta de una verdadera Polí­tica Exterior y de Segu­ridad Co­mún (la ineficacia europea fren­te al conflicto yu­gosla­vo es la te­rrible prueba), las oleadas alternativas de euroes­cepti­cismo y de eu­roeuforia...
Pero aun así, puede considerarse un éxito en los cuatro úl­ti­mos dece­nios, con cua­tro amplia­cio­nes y unas mayo­res compe­tencias de las ins­titucio­nes comunes. Hoy continúa la fascina­ción por la UE, con nuevas integraciones, y la mayoría de los países del Este han soli­citado la adhesión jun­to a varios paí­ses mediterrá­neos. La causa, es que la UE ha con­tri­bui­do a que el últi­mo medio siglo haya sido el más lar­go pe­riodo de paz, democracia y progreso de la his­toria de Euro­pa y aparece como una garantía para el futuro.

1. EL PROCESO DE CONSTRUCCIÓN.
1.1. ANTECEDENTES.
La Historia de Europa registra numerosos intentos de unión: el Imperio Romano Germánico durante la Edad Media y has­ta Carlos V, Napoleón y su Imperio, junto con el desarrollo de teorías sobre unas instituciones comunes que garantizaran la estabilidad de las fronteras y la paz. Victor Hugo escribía en 1849 que un día todas las naciones del continente *se fundirán en una unidad europea, construyendo la fraternidad europea+.
En el s. XIX hubo antecedentes monetarios. Una unión mone­taria, basada en la paridad de las monedas de oro respectivas, fue la Unión Monetaria Latina, formada por Francia y Bélgica en 1830, a la que se unieron Suiza (1848), Italia (1861), Grecia y Bulgaria (1867), y, de hecho, Reino Unido y Alemania. La Prime­ra Guerra Mundial acabó con la UML. La Unión Monetaria Escandi­nava (Suecia, Dinamarca, Noruega) existió entre 1870 y 1924. Bélgica y Luxemburgo mantienen una unión monetaria desde 1921.
La Sociedad de las Na­ciones y la experiencia de la I Gue­rra Mun­dial y, sobre todo, la de la II Guerra Mundial, alenta­ron las ideas europeístas.
1.2. LAS PRIMERAS INSTITUCIONES.
Los procesos de unión del Benelux (1948, con Holanda, Bél­gica y Luxemburgo) y de los países escandi­navos, tras la II Guerra Mundial, crearon precedentes institu­cionales y un núcleo de teóricos y políticos favorables a los procesos unitarios.
El Plan Marshall (del secretario de Estado norteamerica­no), anunciado en junio de 1947, fue un vasto plan de ayuda económi­ca por los EE UU a la Eu­ropa Occidental, que le permitió supe­rar la tre­menda crisis de la posguerra. Europa (salvo Espa­ña y Finlandia, además de los países socialistas) recibió 14.000 millones de dólares y se salvó de la amenaza comunista. Se creó entonces la Organización Europea de Cooperación Eco­nó­mica (OE­CE), encar­gada de distribuir la ayuda entre los 16 paí­ses euro­peos inscritos en el Plan, y que marcó el comienzo de la coopera­ción europea.
Pronto creció entre la opinión pública y los políticos la necesidad de que en Europa se produ­jera la integra­ción económi­ca en un mercado único y una mayor colaboración políti­ca, a fin de evitar la repetición de las guerras, desarrollar la economía y la sociedad, y que una Europa unida compitiera mejor entre las superpotencias de EE UU y la URSS.
Pronto comenzaron los primeros pasos.
El Consejo de Europa se creó en Londres (5-V-1949), con la participación de Gran Bretaña, Italia, Francia y Bélgica. Era una institución de diálogo y cooperación política, que a lo  largo de los años ha reunido a todas las democracias del conti­nente y ha constituido un eficaz foro.
La Co­munidad Europea para el Carbón y el Ace­ro (CE­CA) fue funda­da en el Tratado de Pa­rís (18-IV-1951), con los seis paí­ses (Francia, Alemania, Italia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo) que lanzarían el Mercado Común más tarde, auspiciada por los “pa­dres de Europa” (Monnet, Schu­mann, De Gasperi, Ade­nauer, Spaak...). La idea surgió el 9-V-1950, cuando el ministro fran­cés de Asun­tos Exte­riores, Robert Schuman, pronunció un discur­so, inspira­do por el alto funciona­rio Jean Monnet, proponiendo un plan de unión de los re­cursos de carbón y acero de Francia y Ale­ma­nia, en una organi­zación abierta a otros países europeos. Kon­rad Ade­nauer (1876-1967), canciller alemán (de la RFA) tras la II Gue­rra Mun­dial, promo­vió la idea con entusiasmo, en parte por­que le permitía romper el aislamiento de la derrotada Alema­nia. La CECA fue el máximo impulsor de la in­tegración eco­nómi­ca, política y militar de la Europa destruida tras la gue­rra. Los resultados económicos fueron tan excelentes que se potenció el siguiente gran paso hacia una unión más estrecha.
Pero antes se sufrieron va­rios varapalos, siempre por cau­sa del nacionalismo. Por ejem­plo, la Asamblea francesa rechazó (30-VIII-1954) el pro­yec­to de la Comuni­dad Europea de Defen­sa (CED), y Gran Bretaña se abstuvo de entrar en la anunciada CEE.
Se comenzó a negociar hacia 1955, cuando los ministros de Exte­riores de los Seis acordaron en Mesina (1-VI-1955) encargar un informe para crear una unión económica y nuclear.
1.3. LOS TRATA­DOS DE PARÍS DE 1957.
La unión europea fue im­pulsa­da decisiva­mente por los Tra­ta­dos de Roma (25-III-1957), que es­table­cían la vo­lun­tad de seis Es­tados (Ale­mania Fe­deral, Fran­cia, Italia, Holanda, Bél­gica y Luxemburgo) para crear entre ellos la Comunidad Econó­mica Eu­ropea (CEE) y la Comunidad Europea de Energía Ató­mica (EURATOM). Su fin era la integración europea para evitar nuevas guerras y desarrollar la economía. Los Tratados de Roma entra­ron en vigor el 5-I-1958. Sus efectos fueron espectaculares: el comercio intracomunitario se multiplicó por seis entre 1958 y 1970, mientras que lo hacía por tres al resto del mundo; el PIB aumentó un 70%, en una era de prosperidad indudablemente aso­ciada a la CEE y que concitó el interés de organizaciones de otros continentes por imitar el modelo, y de varios de los paí­ses de la EFTA por entrar en la CEE.
La CEE era un Mercado Co­mún, un espa­cio euro­peo sin fron­te­ras inte­rio­res, en el que pudieran circu­lar li­bremen­te las per­so­nas, las mercan­cías, los servicios y los ca­pitales, y que negociara con los otros paí­ses. Era un sistema original: ni federación ni simple cooperación entre Estados. Se creaban unas instituciones comunes: Parlamento Europeo, Consejo, Comisión y Tribunal de Justicia. Se coordinaban unas políticas comunes: Agricultura (PAC), Unión Aduanera, Política comercial, Trans­porte y Libre competencia. Para financiar lo anterior se desa­rrolló un Presupuesto Común y para regularlo se promulgó un Derecho propio.
La EURATOM creó un mercado común de la energía atómica: los materiales, las tecno­logías...
El Reino Unido, aunque participó en las primeras negocia­ciones, se había negado a entrar en la CEE debido a sus reti­cencias a una futura Europa federal. Para no quedarse aislada promovió la creación (4-I-1960) de la Asociación Europea del Libre Comercio (EFTA), in­tegrada por Reino Unido, Suecia, No­ruega, Dinamarca, Suiza, Austria y Portugal. Era un acuerdo limitado al libre comercio, sin políticas comunes, sin una vo­luntad política de integración, por lo que fracasó a la larga.
1.4. LAS AMPLIACIONES.
A par­tir de esos inicios, la extensión de la Europa unida no ha cesado de aumentar, con la incorporación de nuevos miem­bros, en cinco ampliaciones: 1973, 1981, 1986, 1990 y 1995. Las condiciones eran dos: ser países europeos, ser democracias.
1973: Dina­mar­ca, Irlanda y Reino Unido entraron el 1-I. Fue la más de­cisiva, porque superaba la rígida estrucrura ini­cial y abría el camino hacia otras ampliaciones. La ampliación se ha­bía atrasa­do por el veto de De Gaulle (27-XI-1967) a la en­trada del Reino Uni­do, aunque Pompidou lo levantó (La Haya1 a 2-XII-1969). Noruega rechazó en un referéndum (1972) la en­trada.
1981: Gre­cia.
1986: España y Portugal (firmaron el Tratado de adhe­sión el 12-VI-1985, que fue efectivo el 1-1-1986).
1990: la RDA se integró en Alemania (una adhesión encu­bierta a través de un Estado miembro), tras la caída del Muro de Berlín en 1989.
1995: la ampliación con Aus­tria, Fin­landia y Sue­cia, tras los re­feréndums (1994) en estos países, aunque Noruega lo rechazó en el último momento, por segunda vez. Suiza lo había rechazado en otro referéndum en 1992. En este momento integran la organización: Alemania, Fran­cia, Ita­lia,­ Paí­ses Bajos, Bél­gica, Lu­xem­burgo, Dina­mar­ca, Ir­landa, Reino Unido, Gre­cia, España, Portu­gal, Aus­tria, Fin­landia y Sue­cia.
2005: Polonia, Chequia, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Lituania, Letonia, Estonia, Chipre y Malta.
2007: Rumanía y Bulga­ria. Turquía aparece como candidato a largo plazo.
2013: Croacia.
Hay un acuerdo de libre comercio con el Espacio Económico Europeo (1992), integrado por algunos países que quedaban de la EFTA (No­ruega, Islandia, Liechtenstein), salvo Suiza, que votó en contra. De hecho es una antesala de integración o un varade­ro para países que no tienen consenso interior para entrar en la UE.
1.5. LA INSTITUCIONALIZACIÓN (1972-1996).
INSTITUCIONALIZACIÓN HASTA 1986.
Durante los primeros tres decenios, se impulsa­ron las ins­titu­cio­nes comunita­rias y con la am­pliación de sus compe­ten­cias y políti­cas comu­nes (a­graria, co­mercial, so­cial, regional, pro­gramas estructurales de solidaridad, re­laciones internacio­na­les, etc.). Se armoni­zaron le­gisla­cio­nes, se reco­nocieron mu­tua­mente normas, títu­los y sistemas de con­trol, se supri­mieron muchos aranceles y contin­gentes interio­res, en una enor­me tarea polí­tica y legis­lativa.
No fue un proceso rectilíneo: el nacionalismo, los intere­ses encontrados, la ausencia de mecanismos para superar por mayoría los desacuerdos, etc., explican algunas crisis, la ma­yor de las cuales fue la de las “sillas vacías”: Francia se retiró (1-VII-1965) del Consejo de Ministros por un desacuerdo sobre la PAC, hasta que se aceptó en el Compromiso de Luxembur­go (28 a 30-I-1966) el principio de unanimidad para *los inte­reses muy importantes+.
Otras ve­ces los Estados han amena­zado con el poder de veto para alcan­zar sus pretensiones. Pero, en defi­nitiva, siempre se han en­con­trado fórmulas de compromi­so, por­que los intereses comunes eran muy superiores a las dis­crepan­cias.
Entre los avances institucionales destaquemos:
En 1963 comienza el papel internacional de la CEE, al fir­mar en Yaundé (Camerún) (20-VII-1963) un tratado de comercio y cooperación con las antiguas colonias europeas.
En 1967 entró en vigor un tratado que fusionaba los ejecu­tivos de las tres Comunidades (CECA, CEE y EURATOM), con un Consejo y una Comisión únicas, lo que abrió el camino a la Co­munidad Europea (CE).
En 1968 se aprobaba la Unión Aduanera (1-VII-1968): se su­primían los últimos aranceles interiores y se aprobaba un Aran­cel Común (AC) para el comercio exterior fuera de los Seis.
En 1972 se crea la Unión Monetaria (24-IV-1972), llamada “serpiente monetaria”: se limitan a un 2,25% los márgenes de fluctuación de sus monedas frente al dólar. Hubo que reformarla varias veces, por las crisis financieras de los años 70.
En 1974 se crea el Consejo Europeo (9 a 10-XII-1974). Los nueve jefes de Estado y de gobierno deciden reunirse dos veces al año y proponen elegir un Parlamento Europeo por sufragio universal. A partir del 1-I-1975 cada Estado miembro ejercerá la presidencia por rotación.
En 1975 se crea la Conferencia sobre Cooperación y Seguri­dad Europea (CSCE), en el acuerdo de Helsinki (1-VIII-1975), que regula un foro de diálogo sobre la paz y los derechos huma­nos entre los países europeos (in­clui­dos los de la CEE), más la URSS, EE UU y Canadá.
En 1979 se creaba el Sistema Monetario Europeo (13-III-1979), que refor­maba la Unión Monetaria y sustituía la “ser­pien­te”: no entraban todos los países de la CEE, porque el Rei­no Unido se negaba (más tarde entró y salió, como otros paí­ses). Se creó una mone­da de cuenta europea, el ecu, a partir de un “ces­to” de las mone­das europeas. El nuevo sistema demostró ser más fle­xi­ble y efi­caz, y estabilizó las paridades de las coti­zacio­nes, salvo en al­gu­nas grandes crisis internacionales en que se rea­justa­ron.
En 1979 se elegía el pri­mer Par­lamento Europeo por sufra­gio universal (elecciones 7 y 10-VI-1979). Antes, cada parla­mento nacional enviaba sus representantes al europeo.
Los dos grandes pasos pos­teriores en la institucionaliza­ción han sido el Acta Única Euro­pea de 1986 y el Tratado de la Unión Europea de Maas­tricht de 1992. El primero fue una reforma sobre todo comercial (el mercado interior para 1993) y el se­gundo sobre todo política y económica (ciudadanía europea, unión económica y monetaria para 1999).     
Estos avances fueron favo­recidos por el lide­razgo del di­rigente europeo más conocido de los últimos años: el francés Jacques Delors, cuyos dos man­datos como presi­dente de la Comi­sión dura­ron desde 7-I-1985 hasta 1995, cuando fue sustituido por el luxemburgués Jacques Santer. Otros destacados euro­peís­tas en los años 80 y 90 han sido el canciller alemán Helmut Kohl (que ansiaba integrar a Alema­nia en un gran proyec­to euro­peo y dejar atrás el recuerdo de pangermanismo), el presidente francés François Mitterrand (con un proyecto federal de Europa) y el presidente del gobierno es­pa­ñol Felipe Gon­zález (que veía en el proyecto europeo la pa­lanca para la mo­dernización españo­la). En cam­bio, se de­bió su­frir la oposi­ción de la prime­ra mi­nistra britá­nica Mar­ga­ret Thatcher, cuyo nacionalismo fre­nó importantes refor­mas económicas y so­ciales.
ACTA ÚNICA EUROPEA (1985).
El Acta Única fue la revisión del Tratado fundacional de Roma. Se acordó por el Consejo Europeo (28 a 29-VI-1985) y des­de su vigencia (1-VII-1987) supuso un avance cua­lita­tivo sobre las ante­riores polí­ticas, abriendo la vía a la unión política, económi­ca y moneta­ria, al desa­rro­llar importan­tes medi­das polí­ti­cas, econó­micas y socia­les:
Mercado interior sin fronteras para 1-I-1993. Fue la reforma fundamental, y las otras fueron instrumentales para que esta se lograra.
- Más voto por mayoría, lo que agilizó la toma de deci­sio­nes por el Consejo.
- Más poderes para el Parlamento Europeo.
- Más políticas comunitarias (Medio Ambiente, I+D).
- Más política monetaria común.
- Más recursos económicos (se duplicaron) procedentes de los fondos estructurales para las regiones menos desarrolladas.
- Más política exte­rior coordinada.
TRATADO DE LA UNIÓN EUROPEA. MAASTRICHT (1992).
El Tratado de Unión Europea, de Maastricht (aprobado 10-XII-1991, firmado 7-II-1992, vigente 1-XI-1993) fue un paso político trascen­dental, al transformar la Comunidad Europea en la Unión Europea, con gran­des avan­ces fe­de­ralistas (ciudada­nía europea, Banco Central europeo, moneda única, con­vergencia eco­nómica), que hacen pre­ver unos verdade­ros Estados Uni­dos de Europa en un razonable plazo. El Tratado de Maastricht suponía una transfe­rencia par­cial de so­be­ra­nía, que levantaba recelos y, así, Di­na­marca lo re­chazó en referéndum (2-VI-1992), por lo que el Consejo Europeo hizo varias enmiendas de flexibilidad, que sí fueron acepta­das en otro referéndum danés (18-V-1993).
Se avan­zaba ha­cia una Unión Europea en dos ámbi­tos: Unión Polí­tica (UP), Unión Eco­nómica y Monetaria (UEM). Los fines que per­sigue el Trata­do son: más demo­cracia, más efi­cacia y más soli­daridad. Se estableció que en 1996 habría una nueva con­fe­rencia intergu­berna­mental (Ámsterdam) para aña­dir nuevas com­petencias comuni­tarias y reforzar los poderes del Parlamento Europeo.
En 1993 el gran mercado interno ya funciona­ba completamen­te, con la libertad de movimiento de mercancías, servicios y ca­pi­ta­les. En 1994 se creó el Instituto Monetario Europeo, fu­turo Banco Central Europeo (1999).
1) Polí­tica interior:
Más democracia.
Se refuerza la Unión Política mediante:
- Principio de ciudadanía de la Unión Europea: con derecho de libre resi­den­cia en toda la UE, de voto y ele­gibili­dad a nivel mu­nici­pal y europeo, protección diplomática, derecho de petición, creación de un Defensor del Pueblo de la UE.
- Aumento del control democrático con un mayor poder para el Parla­mento Euro­peo: po­testad de sus­pen­sión de di­rectivas, dis­posi­ciones y re­glamentos del Con­sejo Europeo.
Principio de subsi­diariedad, por el cual la Unión Eu­ro­pea sólo interviene en aquellas tareas que puede realizar con mayor eficacia que los Esta­dos miembros por se­para­do.
- Creación del Comité de las Regiones, con carácter con­sultivo. En él se tienen en cuenta los intereses de las distin­tas regiones y entidades locales de la UE.
Más eficacia.
- El Consejo de la Unión Europea decide por mayoría, re­servando la unanimidad en materias especialmente sensibles.
La Unión Europea se carga de valor político con nuevas compe­tencias en ámbitos no exclusivamente económicos: educa­ción, sanidad, cultura, pro­tec­ción de los con­sumidores, lucha contra la droga y el terrorismo, cooperación al desarrollo, ju­ventud, turis­mo, ener­gía, protec­ción ci­vil, forma­ción pro­fesio­nal, las redes transeuropeas de transpor­tes, comuni­cacio­nes y ener­gía, Cohesión Económi­ca y So­cial, refuerzo de fondos es­tructu­rales, creación del Fondo de Cohesión.
- Hacia una Unión Económica y Monetaria (UEM): Estableci­miento de una moneda única (antes ecu, ahora euro) y un Ban­co Cen­tral Europeo, sin li­mita­cio­nes a los intercam­bios fi­nan­cie­ros entre los bancos pri­va­dos. Este proceso de unión económica y moneta­ria se secuen­cia en tres fases: 1992, 1997 y 1999 (que fue el año final­men­te elegido para la moneda única). Se esta­ble­cen pasos ha­cia una Bolsa Euro­pea. El 1 de ene­ro de 1993 se aplicó fi­nal­mente el Mercado Único y de­sa­parecie­ron las aduanas inte­rio­res. Se establece el principio de que la Unión Económica y Moneta­ria fomentará una economía más próspera a través de un mayor creci­miento sostenido, que permitirá una mayor creación de empleo.
De este modo se establece una Comunidad Económica Europea (CEE) basada en: - Unión Aduanera. - Mercado Único: libre cir­culación de personas, mercancías, servicios y capitales. - Po­líticas comunitarias: Política Agrícola Común (PAC), Política Comercial, Libre Competencia, Transportes, Medio Ambiente, In­vestigación y Desarrollo (I+D).
- En la política de Justicia e Interior: - Normas comunes para el tránsito de personas por las fronteras exteriores. - Política de inmigración. - Lucha contra las toxicomanías. - Cooperación judicial en materia civil. - Cooperación judicial en materia penal. - Cooperación aduanera. - Lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. - Se crea la Oficina Europea de Policía (EUROPOL).
Más solidaridad.
- Incorpora una clara dimensión social. Mayor protec­ción social y mayores derechos para sus trabajadores.
- Refuerza la cohesión económica y social entre las regio­nes y los Estados miembros. Crea un Fondo de Cohesión para Es­paña, Portugal, Irlanda y Grecia.
2) Política exterior.
- Crea una política exterior y de se­gu­ri­dad común: una sola voz para Europa en el mundo. Europa refuerza su seguridad y camina progresivamente hacia una Defensa común en el futuro, a partir de la Unión Europea Occidental (UEO). Los objetivos son: Defensa de los valores comunes e independencia de la UE, Mantenimiento de la paz y la seguridad, Fortalecimiento e la seguridad de la UE, Fomento de la cooperación internacional, Consolidación de la democracia. Los medios son acciones comu­nes y el refuerzo institucional (Comisión, trío de ministros de Asun­tos Exteriores, unidades militares mixtas europeas...).
- Fortalece su política de cooperación al desarrollo (la UE es el mayor colaborador del mundo, con un 54% de la ayuda internacional, seguido de EE UU con el 32% en 1996).
TRATADO DE ÁMSTERDAM (1997).
El Tra­tado de Ámsterdam (15-VI-1997, la prime­ra Con­feren­cia Insti­tucional), consistió en una tibia pro­pues­ta de ins­ti­tu­cio­nali­zación de la UE, remarcando la subsidiariedad.
En el Tratado de Unión Europea, de Maastricht (7-II-1992) estableció que en 1996 habría una nueva con­fe­rencia intergu­berna­mental, con sede en Ámsterdam, para aña­dir nuevas com­petencias comuni­tarias y reforzar los poderes del Parlamento Europeo.
En realidad, el proceso negociador fue un relativo fracaso, de modo que el Tra­tado de Ámsterdam (aprobado el 16 y 17-VI-1997 en la prime­ra Con­feren­cia Insti­tucional y firmado en octubre de 1997, en vigor desde el 1 de mayo de 1999 tras la lenta ratificación de los Estados miembros­), sexto desde la constitución de la unión europea en 1956,  consistió en una pequeña reforma del Tratado de Maastricht, en el sentido de una tibia pro­pues­ta de ins­ti­tu­cio­nali­zación de la UE, remarcando el principio de subsidiariedad, que establecía a grosso modo que las instituciones comunitarias no debían ser competentes en lo que pudieran hacer con más eficacia las instituciones nacionales, regionales y locales; se hizo un capítulo sobre el empleo, se reguló la ciudadanía europea y se reguló más estrictamente el derecho de asilo.
En realidad era un compromiso urdido por Alemania y Francia entre las posiciones más europeístas (España, Portugal, Italia, Grecia, Irlanda) y las más euroescépticas (Gran Bretaña, Dinamarca, Suecia), de modo que los países menos federalistas pudieran rechazar la entrega de competencias a la Comisión Europea y las demás instituciones paneuropeas. Así, no hubo acuerdo ni sobre la reforma de las instituciones, que era la finalidad esencial del proceso negociador de Ámsterdam, y se postergó el acuerdo sobre la ampliación al Este.
En el terreno de los principios se aprobó que los grandes retos de la UE son: conseguir una mayor esta­bilidad y democracia política, alcanzar una mayor prosperi­dad y cohesión econó­mica y so­cial, asentar su política de defensa y seguridad exterior, lograr la ampliación ha­cia los confi­nes euro­peos.
En lo jurídico se replantearon las competencias de la Comisión Europea, del Consejo Europeo y del Consejo de Ministros. Se transfirieron competencias más bien simbólicas de control al Parlamento Europeo, de modo que se redujera mínimamente el llamado déficit democrático de la UE; entre aquéllas destaca que el Parlamento podía votar decisoriamente la elección del presidente de la Comisión. Lo único destacable sectorialmente fueron los tímidos avances en la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC­), que consistió fundamentalmente en la posibilidad de utilización de mayoría cualificada para determinadas decisiones. Apuntemos cinco aspectos:
1) El proceso de decisión que exigía votaciones por unanimidad será ahora algo menos  vinculante. En lo sucesivo las abstenciones no impedirán la aprobación de decisiones (sistema de abstención constructiva: lo Estados que se abstienen no están obligados a aplicar la decisión, pero no harán nada para impedirlo) si el número de votos favorables es suficiente (representando una población suficiente los 2/3 de los Estados). Las “acciones comunes” serán decididas por el Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores por mayoría cualificada. Sin embargo, cada Estado  miembro seguirá disponiendo del derecho de veto por razones que deberá exponer. Las decisiones que impliquen acciones militares exigirán siempre la aprobación por unanimidad.
2) La presidencia semestral representará a la UE en el exterior, aunque el secretario general del Consejo ejercerá las funciones de alto representante para la PESC. Podrán nombrarse “representantes especiales” para tareas específicas (el diplomático español Moratinos fue nombrado de este modo representante de la UE para Palestina).
3) Se creará la “unidad de planificación de la política y de alerta rápida”, bajo la responsabilidad del secretario general del Consejo, con la tarea de analizar cualquier cuestión de la PESC y presentar las opciones de decisiones a tomar.
4) “Las misiones humanitarias y de evacuación, las misiones de mantenimiento de paz, y las misiones de las fuerzas de combate para la gestión de las crisis, incluidas las misiones de restablecimiento de la paz” se inscriben en las competencias de la PESC.
5) Se recoge casi exactamente la formulación del Tratado de Maastricht sobre la defensa, que establece que “la PESC incluye el conjunto de cuestiones relativas a la seguridad de la Unión, incluyendo la definición progresiva de una política común de defensa (...) que podría llevar finalmente a una defensa común...”, a lo que el Tratado de Ámsterdam añade: “(...) si es que el Consejo Europeo así lo decide.” Esto implica que no será necesaria una revisión del Tratado para crear una defensa común, bastando para ello una simple decisión de los Jefes de Estado y de Gobierno.
Asimismo, en Ámsterdam se firmó el 15-VI-1997 el Pacto de Estabilidad y Crecimiento,  que suponía de facto la parte económica del Tratado, como una separata, estableciéndose duras multas a los países miembros del euro que se salten el tope máximo de déficit público a partir de 1999. A cambio, los Quince se comprometieron a luchar contra el paro, aunque España sólo aceptó unos laxos objetivos. Además, se perfiló el marco jurídico de utilización del euro, el principio de  continuidad de los contratos y se aprobaron las futuras monedas acuñadas en euros.
TRATADO DE NIZA (2000).
El 11 de diciembre de 2000 se aprobó en una cumbre el Tratado de Niza.
A Se establece un nuevo reparto de poder en las instituciones, teniendo en cuenta la previsible ampliación al Este en 2004-2006, al pasar de 15 a 27 Estados:
- Se amplían los votos en el Consejo de Ministros, hasta un total de 345, manteniéndose la igualdad entre los grandes, con un reparto de 29 (antes 10) votos para Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia; 27 para España y Polonia; 14 para Rumanía; etc., hasta 3 Malta. El resultado favorece a los países más poblados, que padecen un menor desequilibrio que antes. España pasa de 8 a 27, con lo que es el país más beneficiado en este apartado.
A Se establecen, aparte del anterior, de mayoría de votos del Consejo de Ministros, dos nuevos quórums de bloqueo: primero, una mayoría simple de estados;  y segundo, la “cláusula de verificación demográfica”, una minoría del 38% de la población, lo que favorece a Alemania, el país más poblado (17,05% de la población de la UE), aunque ésta no consiguió más votos que los otros grandes, como proponía en primer término.
- Se aumenta el número de eurodiputados en el Parlamento Europeo, de 700 antes a 732 ahora, con 99 para Alemania, 72 Gran Bretaña, Francia e Italia, 50 España y Polonia, 33 Rumanía, etc., hasta los 5 de Malta.
A Se reduce el número de temas que pueden ser vetados por un Estado, hasta unos 20. Se establecen así mayorías cualificadas en temas como la elección del presidente de la Comisión y el míster PESC, en cohesión, comercio exterior, justicia e interior, materia social, etc.
A Se establecen “cooperaciones reforzadas”, para garantizar que varios países puedan avanzar en determinados temas, aunque otros bloqueen o veten las propuestas. Es la Europa de “varias velocidades”, como ya ocurrió con el euro o el espacio Schengen de eliminación de fronteras.
A Queda pendiente una reforma profunda de la Comisión Europea, habiéndose aprobado que cada país tenga un comisario nacional, hasta un máximo de 27, aunque los países “grandes” se reservan las carteras más importantes. Por ello, se convocó en el 2004 una nueva cumbre, para reformar las instituciones, y establecer las respectivas competencias de la UE, los países y las regiones.
A Se aprueba la Carta de Derechos, aunque no se incluye en el Tratado, por lo que no se valora como parte de una futura Constitución.
LA CONVENCIÓN EUROPEA (2003).
En 2003 la Convención Europea, después de años de trabajos, aprobó una propuesta de Constitución de Europa para un posterior consenso entre los Estados, para adaptar la UE a la ampliación a 25 Estados que se produjo en 2005. Los puntos fundamentales serían:
A Presidente del Consejo Europeo.
A Ministro europeo de Asuntos Exteriores.
A Fronteras inviolables.
A Cláusula de solidaridad.
A Núcleo de Defensa, con un grupo aparte de países.
A Cláusula de salida, después de negociación.
A Fórmula de voto: mayoría del 60% de la población.
A Recorte al veto: aumentan de 34 a 70 el número de temas sin veto. Persiste el veto en política exterior, fiscalidad y seguridad social.
A Comisión restringida: 14 comisarios, con rotación igualitaria entre todos los Estados.
LA ACTUALIDAD.
En 2012 hay 27 Estados en la UE y en julio de 2013 se integrará Croacia.
Debido a la presión de la crisis económica desencadenada en 2008, el 9-XII-2011 se aprobó, sin Gran Bretaña, una reforma fundamental para reforzar el euro y la política económica común, con un control presupuestario para evitar los déficits excesivos, que implicarían sanciones automáticas.

1.6. LOS RETOS DE LA UNIÓN EUROPEA.
Los grandes retos de la UE son: conseguir una mayor esta­bilidad y democracia política, alcanzar una mayor prosperi­dad y cohesión econó­mica y so­cial, asentar su política de defensa y seguridad exterior, lograr la ampliación ha­cia los confi­nes euro­peos.  
LA DEMO­CRATI­ZA­CIÓN.
Conseguir una mayor estabilidad y democracia política es com­plicado por las diferencias en­tre los Esta­dos miembros y la compleja expansión hacia el Este y el Medite­rrá­neo.
Un gran pro­blema de futuro de la UE es el déficit democrá­tico: los órganos de gobierno comunitario no gozan de una sufi­ciente par­ticipación directa de los ciudadanos europeos. Es una demo­cracia excesivamente indirecta y distante.
Una prueba de que el control democrático se abre paso en la UE fue la dimisión en bloque de la Comisión Europea, presidida por Jacques Santer, el 16 de marzo de 1999, por las acusaciones de corrupción, negligencia, nepotismo, etc., sobre varios de los comisarios.
LA COHESIÓN SOCIAL Y ECONÓMICA.
Alcanzar una mayor prosperi­dad econó­mica y so­cial es difí­cil en un mundo en vertigi­noso cam­bio eco­nómi­co, con una redis­tri­bución de la di­visión de tra­bajo inter­na­cional, con un paro estructural muy elevado. La UE dobló su desempleo entre 1980 y 1996, desde el 5% al 10%, y en la crisis iniciada en 2008 ha vuelto a doblar el paro hasta alcanzar el 12%.
La política económica de la integración.
Los países que se integran en la UE o, ya dentro de ella, en el euro, se caracterizan por desarrollar una política econó­mica ortodo­xa:
- Privatización de las empresas públicas y liberalización de los mercados protegidos.
- Control de la inflación.
- Recorte del gasto público.
EL EURO.
La Unión Económica y Monetaria: el euro.
La Unión Monetaria su­frió las turbulencias financieras de los años 90 y se ha rela­jado, dentro del duro proceso de con­vergen­cia a la moneda úni­ca en 1999.
La Unión Económica y Monetaria (UEM), en principio suscri­ta por 11 países, logró que en enero del 2002 hubiera una mo­neda úni­ca, el euro. Los países participantes tuvieron que man­tener una política eco­nómica de sostenibilidad de los criterios de con­vergencia en inflación, tipos de interés, déficit públi­co, deu­da pública y tipo de cambio. En 1999 los países fijaron su pa­ridad respecto al euro y en el 2002 se sustituyeron sus monedas. Por contra, Gran Bretaña, Dinamarca y Suecia no se han integrado en el euro.
En la “cumbre del euro”, celebrada en Bruselas el 1 a 3-V-1998, se aprobaron oficialmente la lista de socios, la com­posición de las ins­tituciones, el Co­mité Ejecutivo del Sistema Europeo de Bancos Centrales (SBCE) y el Banco Central Europeo (BCE) y la paridad de las monedas con el euro.
El calendario fue:
1 junio 1998: constitución en Frankfort del Banco Central Europeo (BCE), que gestionará la política monetaria europea desde el 1 enero 1999.
31 diciembre 1998: se acuerda la paridad de cambio del euro respecto a las monedas nacionales.
1 enero 1999: el euro se convierte en la moneda única de 11 países de la primera ronda de la UEM. Los ciudadanos podrán abrir cuentas y hacer pagos y cobros en euros, pero de facto seguirán utilizando las monedas nacionales.
1 enero 2002: la moneda del euro comienza a ser utilizada materialmente, en combinación con las nacionales, que serán reti­radas de circulación.
1 julio 2002: el euro es la única moneda legal.
El euro introduce problemas: la diversidad de las estruc­turas económicas, socia­les y jurídicas de los países de la UE supone res­puestas diver­sas a las cíclicas crisis económicas, mientras que los ajustes ya no podrán hacerse mediante devalua­ciones competitivas, sino con ajustes en el empleo, los sala­rios, el gasto social... Por ejemplo, Portugal depende en un 70% del petróleo y la media europea es sólo del 40%, con lo que una crisis petro­lífera recaería más sobre ese país. )La solución? Una mayor integración de la polí­tica institucional y económica, un verda­dero gobierno federal europeo, que redistribuya los recursos y que tenga poder político y económico para redistri­buir la riqueza (como en EE UU) en caso de crisis local. Es el choque entre dos ideas económicas liberales: el laissez-faire del neoli­beralismo y el intervencionismo keynesiano.
LA POLÍTI­CA EXTE­RIOR.
La política de defensa y seguridad.
Se apuesta por una Eu­ropa unida que realce el poder del conjun­to en un mundo globa­lizado en el que se está superando el marco estatal para llegar a los marcos supraesta­tales como for­ma de competir en todos los ámbitos. Destaca la necesidad de una in­dependencia en la política exterior y de defensa.
- En la defensa, cabe mante­ner la OTAN pero ha­brá que re­forzar la Unión Europa Occi­dental, que ha sido ine­ficaz en las guerras del Gol­fo y de la antigua Yugosla­via, para ac­tuar den­tro o fuera de Europa.
LA AM­PLIACIÓN HA­CIA EL ESTE.
La ampliación.         
Hay que ampliar la UE hasta los límites de Europa, inte­grando pue­blos de distintas lenguas, religiones, costum­bres... Hay que afron­tar el reto de la futura ampliación ha­cia el Este, hasta llegar en el horizonte del 2013 a los 28­ Estados miem­bros, lo que exige con mayor urgencia una verdadera revolu­ción institu­cional, yendo hacia el federalis­mo.
La ampliación es difícil, pues casi todos los países can­di­datos pre­sentan graves problemas políti­cos, econó­micos y so­cia­les.
En la cumbre de Copenhague de 13-XII-2002 se aprobó la propuesta de entrada el 1-V-2004 de diez candidatos: Po­lo­nia, República Che­ca, Eslo­vaquia, Hungría, Eslovenia, Lituania, Letonia y Estonia; más los mediterráneos Chipre y Malta. El 1-V-2004 se celebraron euroelecciones en los 25 Estados y el 1-XI-2004 entró en funciones el Consejo Europeo de 25 miembros. En 2007 entraron Bulgaria y Ruma­nía. Croacia se integrará el 1-VII-2013. Además de Turquía otros países con los que se negocia son Albania, Macedonia y la confederación de Serbia y Montenegro, más tres de la antigua URSS, en concreto Moldavia, Ucrania y Bielorrusia. Por otra parte hay acuerdos de asociación, no de adhe­sión, con Suiza, Noruega e Islandia.


La mayoría cree que el nuevo reto de esta ampliación es bene­fi­cioso para Europa como lo fueron las ante­riores amplia­ciones, que en todos los casos comenzaron como un aumento cuan­titativo y ter­minaron con un paso adelante cua­lita­tivo al tener que res­ponder las insti­tuciones comunitarias a nuevos proble­mas.

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