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viernes, 27 de diciembre de 2013

Los Premios Nobel de Economía (2013): Shiller, Fama y Hansen.

Los Premios Nobel de Economía (2013).
La concesión del Premio Nobel de Economía en 2013 a tres prestigiosos profesores estadounidenses es un signo del creciente interés de los académicos por el problema de la fijación de precios de los activos, en este caso especialmente los financieros e inmobiliarios, en medio todavía de la peor crisis económica que ha sufrido Occidente desde la II Guerra Mundial, a consecuencia justamente de la pésima valoración por el sistema financiero de los citados activos.
Eugene Fama, Lars Hansen y Robert Shiller comparten este área de estudio, pero tienen poco en común en sus metodologías. Fama, el mayor de edad de los premiados, es un partidario de la eficiencia general del mercado, aunque ha estudiado minuciosamente sus evidentes excepciones. Shiller, por contra, ha hecho hincapié en los problemas de ineficacia del mercado a corto plazo aunque sí concuerda con Fama en que el mercado valora correctamente a largo plazo los activos. Hansen, por su parte, se ha concentrado en la elaboración de métodos matemáticos para valorar los activos financieros, o sea, los instrumentos que usan en sus investigaciones los partidarios de las citadas dos teorías.

Comajuncosa [¿Cuánto cuesta una burbuja? “El País” (15-X-2013)] considera que ‹‹Fama, Hansen y Shiller han recibido el Premio Nobel de Economía por su contribución al desarrollo de modelos que determinan el precio de los activos, ya sean acciones en la Bolsa, bonos de empresas, títulos de deuda pública u otros. Pero también por su contribución a la mejor comprensión del funcionamiento de esos mercados. Y poder así juzgar si un determinado mercado funciona correctamente o si se cometen errores al determinar los precios. Estos errores pueden ser la causa de crisis financieras o de la aparición de burbujas.
El buen funcionamiento de un mercado financiero se puede ver por su predictibilidad. Aunque parezca paradójico, un mercado funciona correctamente si la evolución de los precios no es en absoluto predictible. Si lo fuera, los inversores podrían predecir que un determinado activo va a aumentar su valor en el futuro y lo comprarían en grandes cantidades. Pero esta compra misma haría subir, en el presente, el precio de este activo hasta un nivel que ya no haría atractiva su adquisición. Por tanto, un mercado funciona correctamente solo cuando los precios se mueven debido a la llegada de nueva información sobre las características de cada activo.
Ya en los años sesenta, Fama mostró que la evolución del precio en los días anteriores no es una buena fuente de información sobre la rentabilidad en el futuro de un determinado activo. Quedó claro que, a corto plazo, no hay predictibilidad, y que, por tanto, los mercados son eficientes en ese contexto.
En cambio, a largo plazo los resultados son distintos. En los años ochenta, Shiller mostró que el precio de las acciones es mucho más volátil de lo que cabría esperar por la evolución de los dividendos que pagan estas. Como consecuencia de este exceso de volatilidad, después de un año en que los precios se hayan situado por encima de lo esperado, es más probable que en el siguiente se sitúen por debajo. Pero si es así, ¿por qué los inversores no invierten en la dirección deseable y corrigen el error del mercado tal como sucede a corto plazo?
La respuesta a esta pregunta ha dado pie a un importante volumen de investigación, que ha utilizado entre otras técnicas estadísticas la desarrollada por Hansen, conocida como Método generalizado de los momentos. Una posible explicación sería que el comportamiento frente al riesgo sea más cambiante de lo que se pensaba. O que los inversores tengan patrones de comportamiento que los alejen de lo que se consideraría una racionalidad perfecta, y que, por ejemplo, se dejen llevar por ráfagas de optimismo. O también se puede explicar por la existencia de una arquitectura institucional imperfecta.
Aún no se ha llegado a una respuesta definitiva, pero resulta evidente la importancia de poder saber cuándo un mercado está determinando de forma errónea el precio de un activo. Y saber, además, qué hacer para corregirlo. Esto permitiría, por ejemplo, saber si se está generando una burbuja en un determinado mercado, ya sea la Bolsa o el de la construcción. Y disponer de recetas para corregirla.
Aunque desde la teoría aún resulte difícil precisar en qué momento empieza a generarse una burbuja, lo que sí está claro es el efecto nefasto que estas tienen. No solo para los mercados financieros, sino también para el buen funcionamiento de toda la economía.››

Berges y Ontiveros [Equilibrio eficiente. “El País” (15-X-2013)] resumen que ‹‹El comité sueco ha hecho una elección eficiente y equilibrada en la concesión del Nobel de Economía. Se trata en esta ocasión de tres economistas que representan enfoques diferentes, y a veces antagónicos, sobre la formación de los precios de los activos financieros, y la eficiencia de los mercados en que dichos precios se determinan. Con el galardón concedido a los profesores Fama, Shiller y Hansen, el comité ha sabido mantener un equilibrio entre teoría (Fama), acercamiento a la realidad (Shiller), y herramientas metodológicas para el nexo de unión entre una y otra.››

Fuentes.
Bolaños, Alejandro. El Nobel integra teorías diversas sobre cómo funcionan los mercados. “El País” (15-X-2013) 22. Premio a Shiller, Fama y Hansen por analizar la fijación de precios de activos.
Carbó, Santiago. Premio de riesgo diversificado. “El País” (15-X-2013) 22.
Berges, Ángel; Ontiveros, Emilio. Equilibrio eficiente. “El País” (15-X-2013) 23.
Comajuncosa, Josep Maria. ¿Cuánto cuesta una burbuja? “El País” (15-X-2013) 23.
González, Alicia. Nobel sin verdades absolutas. “El País” Negocios 1.460 (27-X-2013) 25. Entrevistas a destacados economistas sobre los premiados en 2013.

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