Blogs de Antonio Boix

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jueves, 2 de enero de 2014

Comentarios de actualidad política.

       Comentarios de actualidad política. 
*Las entradas recogidas en esta entrada) recogen mis comentarios personales como ciudadano sobre diversos temas de actualidad política, desde una perspectiva progresista, y se dirigen al público en general. No tienen por lo tanto intención didáctica hacia mis alumnos, a los que nunca he aconsejado su lectura, porque debe haber una clara barrera entre mis opiniones personales como ciudadano político y las posiciones neutrales que se deben exigir a un profesor ante su alumnado, respetando y aceptando las demás opiniones que se sitúen en el marco constitucional de la convivencia en un Estado de derecho.

ÍNDICE.
La pugna por encabezar el PSOE. (25-I-2015).
Una respuesta al artículo de Joan Huguet: 'Rajoy, de gobernante a hombre de Estado'. (15-V-2013).
Merkel contra Rajoy, o cómo el Partido Popular Europeo se devora a sí mismo. (3-VIII-2012).

Las culpas repartidas de la crisis económica: PP y PSOE. (27-VII-2012).


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La pugna por encabezar el PSOE (25-I-2015).
En los últimos días ha surgido una desagradable polémica dentro del PSOE y en los medios de comunicación por las noticias sobre las ambiciones de la presidenta andaluza, Susana Díaz, de ser la candidata a la presidencia del Gobierno del país.
Cuando Pedro Sánchez alcanzó recientemente la secretaría general contó con la imprescindible ayuda del PSOE andaluz, pero ahora parece como si este hubiera solo jugado una táctica para evitar que Eduardo Madina ganara la competición y tener en el puesto a un Sánchez controlado y al final apartado en beneficio de Díaz, una candidata con personalidad fuerte, sí, pero de escaso currículo académico y cuya única experiencia profesional se ha labrado durante su ascenso en el aparato del partido y en los cargos institucionales que este le ha procurado, hasta llegar a la cúspide en Andalucía. Y con apenas un año y meses como gobernante de su región algunos, como Rodríguez Zapatero, parecen creer que ya ha cumplido lo que les prometió a los andaluces. En mi opinión, debe demostrar mucho más para convencernos de que es una candidata adecuada para España.
En la situación actual este juego de ambiciones es un grueso error, porque se transmite a los militantes y a los ciudadanos una penosa impresión de la política interna del partido, cuando ya muchos están hartos de esta politiquería y la castigan con el alejamiento en las encuestas y en las sucesivas elecciones de estos años, en beneficio de otras alternativas, tal vez sin larga historia, pero por ello mismo no carentes de atractivo.
Rodríguez Zapatero debería reflexionar más sobre sus pasados desaciertos y esa querencia suya por acciones poco meditadas, en las que parece que no piensa en las consecuencias más allá del plazo inmediato; a veces semeja que quiera arrastrar al partido a su autodestrucción. Si Díaz quiere presentarse a la presidencia de España, que lo haga ya, pero que no juegue con medias palabras. Si Sánchez quiere convencernos de que es el candidato más adecuado, que lo haga de una vez con propuestas más convincentes que algunas que nos ha trasmitido en los medios de comunicación durante estos meses.
Pues lo que debe hacer el PSOE es centrarse en debatir y acordar propuestas progresistas creíbles, esto es realizables, a los graves males del país, y enfrentar las medidas reaccionarias del PP en cuestiones políticas, económicas y sociales. Sánchez es el elegido por el partido para hacerlo. Pues que él lo haga y el resto le apoye.


Antonio Boix Pons, Palma de Mallorca, 25-I-2015.

Una respuesta al artículo de Joan Huguet: 'Rajoy, de gobernante a hombre de Estado'. (15-V-2013).
Antonio Boix Pons, Palma de Mallorca (15-V-2013). Este texto es una respuesta, publicada en la web del diario, al artículo de Joan Huguet, Rajoy, de gobernante a hombre de Estado. “Diario de Mallorca” (15-V-2013) 27.

Señor Huguet, he leído con atención su escrito y me ha preocupado enormemente por las enormes y clamorosas contradicciones en las que incurre, hasta derivar en un folleto de propaganda electoral del PP, o peor, de usted mismo como posible candidato a quién sabe qué.
En lo positivo, en el segundo párrafo, que inicia con la frase "Se trata de valentía y responsabilidad...", expone unas ideas que puede compartir la gran mayoría de los ciudadanos de este país que sean bienintencionados a la vez que críticos con los males tan bien conocidos por todos.
Pero usted embute esas ideas en medio de unas frases iniciales y finales que son completamente contradictorias con el anterior mensaje, hasta desvirtuarlo por entero.
Y voy al grano, paso a paso.
Considera usted a Rajoy el presidente español mejor preparado desde finales del siglo XIX. Esto es desconocer la Historia o peor, un intento vano de desmerecer a varias decenas de presidentes del siglo XX que han gozado de una preparación muy superior a la suya, que han demostrado ser más responsables y capaces, y además, y no es mérito escaso, incomparablemente más veraces y confiables, sin que nadie, obviamente, pretenda que hayan sido perfectos.
Apunta usted que Rajoy tiene una amplia experiencia en la Administración local y autonómica, pero olvida que su acción ha sido invariablemente penosa en la práctica y lamentable en resultados, por lo que él mismo ha procurado pasar por el tema de puntillas en cuantas ocasiones ha salido a la luz. No creo que Rajoy le agradezca que usted lo saque a relucir.
Se añade usted a la nutrida lista de comentaristas políticos que alerta de que la sociedad percibe que gran parte de la clase política solo busca obtener privilegios y utilizar a sus votantes, pero añade que usted no comparte esa valoración. Pocos le seguirán en ello, porque el millar largo de casos judiciales de corrupción política, en los que su partido tiene presencia destacadísima por encima de los demás partidos y esto es más evidente aun en Baleares, demuestra día sí y día también que esa lacra es un gravísimo problema nacional, el segundo en las encuestas, solo por detrás de la crisis económica y el desempleo. Y le aseguro que la inmensa mayoría piensa que el problema no se soluciona poniendo paños calientes y dando sobresueldos e indemnizaciones a los implicados, ni proclamando en público de tales personajes que “eres un modelo para todos nosotros” o “yo siempre estaré a tu lado o detrás tuyo”.
Dice usted que la culpa de todo es de la “herencia socialista”. Y sin duda la gente hace bien, como apuntan las elecciones y las encuestas, en achacar su parte de la responsabilidad al Gobierno de Zapatero y al PSOE, pero olvida usted, como señala con acierto Joaquín Estefanía en Herencias recibidas [“El País” (12-V-2013], que la principalísima y originaria culpa es de la Ley del Suelo que aprobó en 1998 el Gobierno del PP que presidía Aznar, la que dio el pistoletazo de salida a la ola de especulación urbanística e inmobiliaria, y su consecuente corrupción política, más grave de la historia de España. No cuela pretender ignorar este hecho. En este país existe ya muy poca gente que no sepa cuán culpable de esta atrocidad es su partido, el PP, como indican las encuestas, y por mucho que usted lo ame, el mejor servicio que podría prestarle no es ocultar la verdad, a beneficio de la tranquilidad moral de los militantes, sino asumir su parte de culpa y acto seguido cambiar. ¿O acaso cree, como Rajoy y su Gobierno, que la salida de la crisis es volver a la especulación urbanística, como evidencia la reciente Ley de Costas? Seis millones de parados, sí, pero aun se pueden sumar varios millones si no cambian de una vez su nefasta política económica.
Prosigue usted pidiéndole a Rajoy que encabece un gran acuerdo nacional. Lo pide usted al político que se negó sistemáticamente, durante sus ocho años de oposición, a decenas de acuerdos políticos, económicos o sociales de toda índole. Lo aconseja usted a quien boicoteó una y otra vez la elección de los cargos de las principales instituciones de este país, incluso si afectaba al Tribunal Constitucional, poniéndolas así a los pies de los caballos. Lo sugiere usted al presidente que hace tan solo unos pocos días dijo en público que rechazaba totalmente la posibilidad de un gran acuerdo. Coincido con usted empero en que es una pena, porque casi todos pensamos que ese acuerdo sería fundamental para sacar al país de esta crisis, como demuestra el ejemplo de los Pactos de la Moncloa de 1977. Pero al parecer Rajoy está en otras cosas más importantes para él y su partido.
Y acaba usted con una frase estupefaciente e incomprensible para la mayoría de los ciudadanos, pues desea que “Rajoy pase de ser un buen gobernante a un hombre de Estado”. Y aquí me deja usted sin palabras.

Merkel contra Rajoy, o cómo el Partido Popular Europeo se devora a sí mismo
Antonio Boix Pons (3-VIII-2012).


Mario Draghi, durante su intervención del 2 de julio de 2012.

El jueves 2 de julio, Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), echó una enorme paletada de tierra sobre la tumba política del presidente español, al destrozar las inusitadas esperanzas que se había hecho el Gobierno español de una inminente y decisiva intervención del BCE para comprar bonos de España e Italia, o al menos de bajar los tipos de interés por debajo del 0,75% u otra medida de apoyo que sirviera para relajar la terrible presión de los mercados sobre la prima de riesgo y la Bolsa española e italiana. Vanas esperanzas, como se ha demostrado. Si queréis dinero, vino a decir Draghi, tenéis que ser buenos y austeros, pedir humildemente nuestra ayuda y hacer todo lo que os pidamos aunque eso os mate a penurias y os deje inválidos durante un par de generaciones.
Ya en los días anteriores las autoridades alemanas, tanto el Gobierno de Angela Merkel y su ministro de Hacienda, Wolfgang Schäuble, como el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, todos ellos acérrimos neoliberales partidarios de una inflación baja y del menor intervencionismo posible (salvo si conviene a Alemania), se habían lanzado a un ataque despiadado contra todas las opciones eficaces que tenía Draghi en su almacén de medidas económicas, acusándolo poco menos que de socialista neokeynesiano y manirroto si daba su brazo a torcer.
Y Draghi se ha rendido al primer embate, demostrando que la vara alta en la política económica europea está en manos alemanas. Fráncfort aparece como sede de un nuevo Vaticano, mientras el Bundesbank y su correvéidile del BCE actúan de Inquisición al mando de una religión capitalista que defiende que a los pecadores ajenos hay que castigarlos con el infierno de los intereses abusivos, mientras que a los propios ya se verá cómo los perdonamos, como se hizo hace pocos años dando a Alemania el mismo trato que ahora esta se niega a dar a los países del sur.
En este lance los conservadores nórdicos se están almorzando a los conservadores sureños, antes a los griegos y portugueses, hoy a los españoles, sin reparar en que su austera política económica está escarmentando a los ciudadanos y laminando por mucho tiempo las expectativas electorales de sus hermanos ideológicos. Debieran haber pensado hace tiempo esos creyentes neoliberales que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones, y ya han tenido tiempo sobrado para ver en las estadísticas que ese es el rumbo que han emprendido.
Estamos mal pues, y todo apunta a que dentro de poco sollozaremos e incluso  añoraremos estos mismos días aciagos como un tiempo de cierta bonanza dentro de la zozobra. Una batería inenarrable de castigos está a punto para escarmentar al pecador: subidas del IVA, menos pensiones, menos salarios, menos empleos… Si un hado imprevisto no lo remedia, días vendrán en que el abismo aparecerá abierto bajo nuestros pies y sentiremos el viento de la caída.
Un momento. Vale, es seguro que hay cataclismo a la vista. Pero, ¿tenemos líderes para afrontarlo? Tomemos dos ejemplos pertinentes y cercanos. Si nos fijamos en el primer ministro italiano y el español asombra y escuece la distinta imagen que dan.
Mario Monti parece imbuido de una tranquilidad inmutable, como el capitán que conoce la salida de la tempestad y no teme encarar las olas, que transmite confianza y seguridad, tal vez más de la que convenga al fin y al cabo. Italia tiene un líder que no se engaña ni miente y eso se agradece, aunque sus políticas sean dolorosísimas. Pidamos pues para que la maquiavélica política italiana no se zampe a este hombre honesto.
Mariano Rajoy, en cambio, parece sumido en una depresión invencible, está huidizo con los informadores y los ciudadanos, aparentemente incapaz de afrontar una realidad que se parece a la que él soñaba como un huevo a una castaña. Da la imagen de un corredor desasosegado que vaga sin rumbo creyendo que algún día llegará al azar a un refugio y se salvará, pero sin advertir los precipicios que le rodean. Con esta conducción errática es lógico que el miedo se apodere de los pasajeros.
¿Qué hacer entretanto en este país? Es la pregunta del billón, porque los números se quedan cortos para la vastedad de esta tragedia.
Lo primero es confesar un mea culpa juicioso y sincero, pues los españoles hemos errado nuestro rumbo al caer en un endeudamiento abrumador y sin tino para elevar torres babilónicas sin usuarios, pero otros muchos en Europa comparten la culpa porque nos dieron el dinero sin más garantías que los sueños del cuento de la lechera.
Lo segundo es comprometernos a la inmediata enmienda. Por ejemplo, para ir directos al meollo de la cuestión: ¿para cuándo la propuesta de un cambio en la Ley del Suelo de 1999 que dio el pistoletazo de salida para la especulación urbanística y desencadenó este monumental estropicio? El PP mira a otro lado como diciendo ‘no fui yo, fue ese’, pero si quiere convencer de su propósito de cambio debe comenzar por asumir que fue él precisamente el autor del desaguisado y que debe corregirlo. Él hizo entonces el entuerto y en su mano esta corregirlo ahora que tiene la mayoría absoluta, y no demorarse mucho, porque los mercados sospechan que el PP acaricia el sueño de volver a las andadas y sacarnos de la crisis inmobiliaria precisamente con otro falso ‘boom’ inmobiliario, como ya mismo se ve en proyectos tan espeluznantes como la fantasiosa Eurovegas o la urbanización de la playa virgen del Trenc en Mallorca. Como si la solución fuera que ‘para salir de este abismo abramos otro incluso más hondo para el futuro’.
Lo tercero es más difícil, incluso heroico, pues supone hacer frente a los talibanes de Fráncfort, pues ¿están preparados España, Italia y quién sabe qué otros países, para lanzar un órdago a los de la Europa del norte, y decirles que el euro está para servir a los ciudadanos y no estos al euro, y que si el destino que nos deparan es el infierno nos negaremos a aceptarlo? Hablando en plata, ¿estamos preparados psicológicamente para suspender los pagos de la deuda aunque sea temporalmente? O, si creemos que no es necesario llegar a tanto, ¿nos atreveremos a dotar de los instrumentos legales pertinentes al Banco de España, al Instituto de Crédito Oficial y a otros organismos para que solucionen ahora mismo la enorme ‘trampa de liquidez’ que nos ahoga, dando créditos a bajo interés a las Comunidades Autónomas, los Ayuntamientos y las empresas públicas para que paguen a sus acreedores y corten así el actual marasmo financiero de ‘no te pago porque la Administración no me paga’, y además se promueva el plan masivo de empleo que necesitamos como agua de mayo?
Medidas radicales como estas despertarían las inmediatas quejas del Banco Central Europeo y de la Comisión Europea, pero son estas soluciones justamente las que la teoría y la historia económica aconsejan, pues han pasado la prueba de un sinnúmero de crisis anteriores. Fue el neoliberalismo desregulador de los años 20 el que metió a EE UU y luego al mundo en la Gran Depresión de los años 30, y fue el keynesianismo el que lo arrancó de las mismas fauces del abismo. Pero para eso hicieron falta un Roosevelt y los ideales del New Deal. Vayamos ahora con lámparas y busquemos los líderes y las ideas de este tiempo.


Las culpas repartidas de la crisis económica: PP y PSOE.
 Antonio Boix Pons (27-VII-2012).

 


Un símbolo de la locura urbanística: la 'torre de la burbuja' o Torre de la Rosaleda, en Ponferrada, con 27 pisos y 107 metros de altura, casi vacíos de gente. [Núñez Jaime, Víctor. La torre de la burbuja. “El País” Domingo (25-VII-2012) 5.]


Los días 24-26 de julio han declarado, en la Comisión del Congreso sobre el caso Bankia, algunos de los principales políticos y banqueros destacados en los últimos años, desde la exvicepresidenta de Economía, Ana Salgado, a Rodrigo Rato, expresidente de Bankia por el exgobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, el expresidente de Caixa Catalunya, Narcís Serra, o el ínclito expresidente de Novagalicia, Julio Fernández Gayoso. Sin embargo, faltan muchísimos, tan o más partícipes que ellos de la gestión político-económica de la crisis. Y en todos late una pulsión semejante:  rehuir la culpa propia y, en todo caso, echarla hacia los otros o a una crisis sin padres conocidos.
Tal vez la participación más paradigmática ha sido la de José Manuel Campa, exsecretario de Estado de Economía desde mayo de 2009 hasta diciembre de 2011 [Barrón, Íñigo de. Campa dice que se cometieron ‘excesos y errores’ en la crisis pero evita la autocrítica. “El País” (25-VII-2012) 18-19.]. Le tengo un gran respeto como economista, pero su intervención me ha decepcionado porque no ha afrontado con rigor la autocrítica que hoy es exigible a los responsables de la política y la economía en los últimos años.
El Banco de España y los últimos Gobiernos, tanto del PSOE desde 2010 como del PP ahora, a quienes los ciudadanos les achacan la responsabilidad casi por entero, no son los principales responsables de la debacle actual, aunque han cometido graves errores, casi incomprensibles. Hay otros mucho más concernidos por ello.
Los principales culpables son los dos Gobiernos del PP, sobre todo el primero de 1996-2000, que originó la monstruosa burbuja inmobiliaria con la reforma de la Ley del Suelo de 1999, pero también el de 2000-2004, que la hinchó hasta el delirio. Aznar, Rato, Montoro, Rajoy y otros políticos tienen en esos ocho años su pecado original. Pudieron fomentar una economía productiva, empresa sin duda más ardua y con menos resultados visibles a corto plazo, pero prefirieron fomentar una economía especulativa, basada en la desregulación financiera y del suelo, que derivó en corruptelas a mansalva, un consumismo desbocado y una inmigración descontrolada con cinco millones de recién llegados para alimentar el falso ‘boom’ inmobiliario.
Pero también su parte de culpa, aunque se diga menor, tiene el Gobierno del PSOE en la primera legislatura de 2004-2008, puesto que ya Rodríguez Zapatero y sus compañeros sabían de antes el peligro que acechaba y podían haber 'pinchado' al llegar al poder aquel monstruo inmobiliario. Hubieran reducido (alerta, no impedido del todo) la hecatombe posterior, pero se abstuvieron de hacerlo por gusto al dinero fácil en forma de impuestos sobre la construcción y las ventas de inmuebles, y sobre todo por apego al poder, porque el PSOE siempre fue minoritario en el Parlamento y temía (con razón) que los otros partidos le pusieran de inmediato una moción de censura y que después se movilizaran en las urnas contra el partido los millones de interesados en continuar la burbuja, desde el modesto albañil o pintor de paredes, hasta el gran promotor y los banqueros, incluyendo a los millones de ciudadanos que veían como se multiplicaban milagrosamente los panes y los peces en forma de aumento de los precios de sus viviendas y de sus solares.
Pero hay más culpables: los Gobiernos autonómicos y Ayuntamientos de todos los partidos que se beneficiaron de los enormes ingresos para contentar a sus clientelas partidarias y sus electorados; los agentes económicos, desde las cajas y bancos hasta los grandes promotores inmobiliarios, que hincharon sus beneficios durante años a base de créditos dudosos; la patronal y los sindicatos, que no protestaron entonces como era su deber porque también se beneficiaban; y el Banco de España, que no ejerció un control estricto sobre el riesgo financiero.
Y también somos responsables todos los ciudadanos, militantes o no de partidos, que pudimos haber luchado antes en la calle y los medios de la opinión pública para impedir lo que muchos ya vislumbrábamos, pero entonces seguimos votando mansamente a esos mismos políticos que nos llevaban al desastre y no les exigimos cambiar el rumbo. En aquellos años de ficticio esplendor preferimos concentrarnos en nuestro pequeño entorno privado, descansar en las playas o consumir en los centros comerciales, y dimitimos como ciudadanos comprometidos, delegamos el poder sobre nuestro destino a nuestros políticos, sin controlarlos y exigirles como es el deber de los verdaderos ciudadanos-políticos.  Dura enseñanza: los ciudadanos no podemos renunciar a ser activos en la política pese a que la critiquemos con acidez, porque nuestro desinterés abona los grandes desastres de la Historia.
Hoy es el momento de reconocer la verdad, de que cada uno asuma sus errores, sin centrar en unos pocos la culpa de todos los males puesto que hay demasiados culpables, de castigar a los que delinquieron y exigirles que devuelvan lo impropiamente ganado, y sobre todo es la hora de acordar juntos y consensuar los sacrificios ineludibles al encarar este gran reto de la crisis, probablemente el más grande desde la Transición democrática, en el que decidimos nuestro presente y futuro, y probablemente el de la siguiente generación.