Blogs de Antonio Boix

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viernes, 3 de enero de 2014

El crecimiento económico de los países emergentes. El debate teórico sobre el desarrollo.

EL CRECIMIENTO ECONÓMICO DE LOS PAÍSES EMERGENTES.

Índíce.
El auge de los países emergentes.
El ascenso de los países emergentes. Los BRICS.
DOSIER: EL DEBATE TEÓRICO SOBRE EL DESARROLLO.
La cuestión teórica del desarrollo y del subdesarrollo.
El desarrollo sostenible y las teorías de Rajan y Zingales.
Las teorías de Le Goff, Wallerstein y Braudel sobre la globalización a lo largo de la Historia y su relación con el desarrollo.
La teoría de Samuelson sobre la globalización y el desarrollo.
La teoría de Stiglitz sobre la globalización y el desarrollo.
El debate sobre el subdesarrollo entre las teorías del determinismo  geográfico de Diamond y el determinismo político de Acemoglu y Robinson.
FUENTES.

El auge de los países emergentes.


Mapa mundial de los países emergentes más destacados.


Mapa mundial de las fortunas de los multimillonarios, por Forbes. [http://www.adslnet.es/2013/03/24/forbes-situa-en-el-mapa-a-los-mayores-multimillonarios-del-mundo/]

Lluís Bassets, en La gloria de los pobres [“El País” Domingo (9-VI-2013)] comenta sobre la reciente y positiva emergencia de muchos países subdesarrollados:
‹‹África, al fin, va como un cohete. Si es cierta, constituye la noticia del siglo. No es una información esquemática, al contrario, obliga a matizar y mirar bien los números del crecimiento, no fuera caso que sirvan para esconder problemas en vez de resolverlos. Lo más notable es que el continente olvidado atrae ahora inversiones de todo el mundo y espolea la rivalidad entre chinos y japoneses.
Veámosla al lado de otra buena noticia, esta de orden prospectivo: dentro de 17 años el mundo estará a punto de eliminar la pobreza extrema, la que sufren quienes tienen apenas un euro al día para espabilar. En las dos últimas décadas Naciones Unidas ha contabilizado que mil millones de personas han salido del umbral de la extrema miseria y quiere conseguir para 2030 que hagan lo mismo los mil millones más de seres humanos que hay en el pozo del hambre y de la indigencia. Entonces quedarán todavía cien millones de pobres de solemnidad, aunque será en África donde se acumularán estas últimas bolsas de pobreza extrema.
Desde 1990, cuando Naciones Unidas fijó la erradicación de la pobreza y el hambre para 2015 entre los llamados Objetivos del Milenio, el mundo ha sumado a la multitudinaria familia humana mil millones de seres más, justo la cantidad de miserables que aún nos quedan. No quiere decir eso que la lucha contra la pobreza sea una carrera de nunca acabar, siempre con más bocas que alimentos disponibles, tal como sostienen las tesis maltusianas. Así lo ve al menos la ONU, que ha fijado como alcanzable el nuevo objetivo, de reducir el actual 16% de pobres que tiene el mundo en desarrollo a un escaso 1,5%.
En toda esta historia un solo país juega de protagonista. China ha pasado del 84% de pobres al 10%. Ha sacado de la miseria a 680 millones. Y hay un antagonista, el mundo occidental, donde las cosas suceden al revés: regresa la pobreza, al igual que sucede con las clases medias, depauperadas en el Viejo Continente y, en cambio, convertidas en nuevas protagonistas en la educación y el consumo en África, Asia y América Latina. Con una salvedad fundamental para entender la aritmética del hambre: el umbral de la pobreza que fija Naciones Unidas no llega al euro diario, mientras que es de 48 euros en Estados Unidos y de 21,3 en España.
Al final, estamos hablando únicamente de un pequeño ajuste en la desproporcionada distribución de la riqueza que sigue favoreciendo a los países ricos de siempre. Y que tiene un corolario político: quienes pierden algo de riqueza suelen ser pesimistas y caer en el abatimiento, mientras que quienes consiguen comer y vivir dignamente por primera vez cultivan un ánimo eufórico y una voluntad de superación constante. Esa será al final su mayor riqueza, que les hará ricos de verdad un día no muy lejano. Deng Xiaoping lo dijo muy bien: enriquecerse es glorioso. No lo es ser rico de toda la vida.››

Gráfico de la distribución nacional de las 100 mayores multinacionales de los países emergentes.
Los países más dependientes de los flujos financieros exteriores se preparan para sufrir los efectos adversos de la retirada de estímulos a la economía estadounidense, que se ha anticipado con una brusca caída de los flujos a aquellos en el tercer trimestre de 2013. Los casos más preocupantes son Brasil, Rusia, India, Indonesia, Turquía y Sudáfrica, lo llamados BRIITS por sus elevados déficits por cuenta corriente.
Joaquín Estefanía [El precio de la austeridad. “El País” (28-X-2013)] informa:
‹‹El mundo se está dotando de una nueva estratificación social, caracterizada por dos tendencias principales. En primer lugar, el poder y la riqueza tienden a concentrarse en cada vez menos manos; los ricos se vuelven cada vez más ricos, y el dinero y el poder se refuerzan mutuamente y generan barreras prácticamente imposibles de superar para los demás. La segunda tendencia es la expansión de una “clase media mundial”. Esta última es estudiada con detalle por el analista Moisés Naím en su último y polémico libro (El fin del poder, editorial Debate). Según el mismo, el tamaño de la clase media mundial se duplicó en alrededor de 1.000 millones de ciudadanos (de 1.000 a 2.000 millones) en 20 años (entre la década de los ochenta y el cambio de siglo), y sigue creciendo exponencialmente, pudiendo alcanzar los 3.000 millones de personas, más del 40% de la población mundial, en la próxima década. El Banco Mundial calcula que desde 2006, periodo inmediatamente anterior a la crisis económica, 28 antiguos países de rentas bajas se han pasado a las filas de los de rentas medias.
Estas nuevas clases medias pueden no ser todavía tan prósperas como lo fueron sus homólogas de los países desarrollados, pero sus miembros disfrutan hoy de un nivel de vida sin precedentes en las zonas en las que han crecido, como muestra, por ejemplo, el estudio del Banco Mundial La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina, editado hace unos meses por el Banco Mundial. La clase media es la categoría demográfica que más aumenta en el mundo. Pero ello no es un fenómeno uniforme, sino que en Europa y en EE UU está sucediendo lo que denunciaba el presidente de Carrefour: una clase media que tiene decenios de crecimiento y prosperidad está perdiendo sus cimientos económicos y sociales por mor de la Gran Recesión y de la desigualdad estructural, y contrayéndose como consecuencia del paro estructural y de la reducción continua de la renta disponible.
La existencia y multiplicación de las clases medias en el mundo es lo que explica en buena parte algunos de los fenómenos políticos de los últimos tiempos. Hace ya medio siglo que Samuel Huntington explicó cómo las expectativas de la población crecen a más velocidad que la capacidad de los Gobiernos para satisfacerlas. Así se da la “revolución de las expectativas crecientes”: la nueva clase media, vasta y en rápido crecimiento, es consciente (por la globalización y las tecnologías de la información y la comunicación, que Naím denomina “tecnologías de la liberación”) de que otros disfrutan de mucha más prosperidad, libertad o satisfacción personal que ella, y esa información nutre su esperanza de que no es imposible alcanzar algún día los niveles de bienestar de otros. Así se genera la brecha entre lo que la gente espera y lo que los Gobiernos pueden darles en términos de más oportunidades o mejores servicios (Chile, Brasil…).
Tanto la expansión de la clase media en los países en desarrollo, como la contracción de la misma en Europa y EE UU generan agitación política. Las clases medias, acosadas, salen a la calle y luchan por proteger o aumentar su nivel de vida, y demandan el objetivo de igualdad (de oportunidades y en parte, de resultados) de manera más explícita en las políticas públicas. Esa igualdad es su condición necesaria para sentir que viven en sociedades donde esforzarse merece la pena y los méritos son recompensados, en lugar de una sociedad que tienden a favorecer de modo permanente a los grupos privilegiados.››

El ascenso de los países emergentes BRIC.
Lafont, Isabel. Brasil, Rusia, China y la India pueden superar al G-7. “El País” Negocios (28-V-2006) 3. El autor afirmaba erróneamente que la economía española se beneficiaría del tirón de la economía mundial a pesar de que se ralentizase el mercado inmobiliario.
‹‹Jim O’Neill es uno de los economistas más seguidos por la comunidad financiera. Economista jefe de Goldman Sachs desde septiembre de 2001, se labró justa fama de gurú de los mercados de divisas al predecir la apreciación del yen a mediados de los noventa y la caída del dólar a partir de 2004.
Su último mantra es que el futuro está en manos de los BRIC, término que ha acuñado para referirse a las cuatro economías en desarrollo más potentes: Brasil, Rusia, la India y China. “En los próximos 35 años esas economías podrían superar al G7 [Estados Unidos, Japón, el Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y Canadá]”, asegura.
Pregunta. ¿Es sostenible el crecimiento de los BRIC?
Respuesta. Sí. China y la India tienen un potencial mayor que Brasil y Rusia por el tamaño de sus poblaciones. En segundo lugar, esos países se benefician de una globalización que no existía en el pasado. Es el caso de la India y los servicios mundiales. En tercer lugar, Brasil es un país muy rico en algo que China necesita: materias primas.
P. ¿Se está desarrollando una clase media en ellos?
R. En los próximos 20 años, el número de personas con un PIB per cápita de más de 15.000 dólares, que es lo que yo defino como clase media, será superior a la población de Japón. Así que, sí, en algunos BRIC ya está pasando. En Rusia, el desarrollo de la clase media es ya muy sólido.
P. ¿Hasta qué punto puede Europa defenderse de la globalización?
R. No puede. La única forma de defenderse es eliminar la globalización, algo que podría suceder si los líderes europeos se sienten presionados. Pero pondré dos ejemplos. Yo soy británico y hace 25 años no hubiéramos soñado con un cambio como el que se ha dado en la industria automovilística. En las décadas de los ochenta y los noventa se temía que, si se permitía la competencia, desaparecería el sector. Sucedió lo contrario. Hoy los datos demuestran que la producción automovilística más eficiente del mundo está en el norte de Inglaterra y es propiedad de una empresa japonesa. Alemania está asumiendo estos cambios y las empresas están llevando a cabo acuerdos salariales empresa por empresa y no a través de los sindicatos. España ha hecho un gran trabajo, pero Francia e Italia tienen que cambiar mucho.
P. ¿Hay todavía lugar para Europa como centro de producción en el mundo?
R. Sí, por ejemplo, en la industria automovilística se presumía que si se permitía la competencia desaparecería. Y eso no es cierto. En el sector textil, si las empresas se centran en productos de valor añadido no tendrán problemas. Pero cualquier industria que sea fácilmente replicable no podrá competir en precio. No tiene sentido.
P. ¿Puede China convertirse en un peligro?
R. Sí. Por tres vías. Su demanda de materias primas es tan grande que por eso el precio del crudo está subiendo. En segundo lugar, China es más tolerante con países que a Washington no le gustan. Por ejemplo, Irán, porque necesita su energía. El tercer gran problema es que a medida que la economía china crezca podría aumentar el malestar entre los propios chinos si ven que su vecino es más rico que ellos. Uno de los grandes retos de China es equilibrar la población rural con la urbana. En cuanto al yuan, creo que veremos una mayor apreciación, que debería ser gradual para que no haya un ajuste brusco.
P. ¿Qué se puede esperar de economías como la española, basadas principalmente en el sector inmobiliario y el consumo?
R. Es como un pequeño Estados Unidos. A una economía como la de España, a menos que algo vaya realmente mal, no le va a suceder nada malo. Si el mercado inmobiliario interno se ralentiza, el resto de la economía mundial ayudará y el comercio exterior español se beneficiará. Si México y Brasil siguen siendo estables, dados los lazos de España con Latinoamérica, será positivo para España. Sospecho que el mercado inmobiliario en España perderá fuerza a medida que el Banco Central Europeo.››

DOSIER: EL DEBATE TEÓRICO SOBRE EL DESARROLLO.
La cuestión teórica del desarrollo y del subdesarrollo.
La superación de la división entre países desarrollados (Primer Mundo) y subdesarrollados (Tercer Mundo) es uno de los grandes retos de la Humanidad en el siglo XXI. Durante los últimos  decenios el acelerado desarrollo económico de China, India y muchos países en vías de desarrollo, y la el logro del pleno desarrollo de países como Singapur, Taiwan o Corea del Sur ha llenado de optimismo a muchos economistas y sociólogos sobre la oportunidad que se abre al mundo de lograr un desarrollo sostenible y bien repartido a nivel mundial


El desarrollo sostenible y las teorías de Rajan y Zingales.
Josep M. Colomer es profesor de Economía Política en la Universidad Pompeu Fabra (CSIC) y en un reciente artículo [Colomer. Subdesarrollo sostenible. “El País” (2-V-2006) 11.] reflexiona sobre la cuestión teórica de cómo lograr un desarrollo sostenible a nivel mundial, centrándose en las teorías de los estadounidenses Rajan y Zingales:
‹‹La emigración de latinoamericanos y africanos hacia Estados Unidos y Europa es masiva y cada vez mayor. Hace más de veinte años que empezaron a establecerse regímenes democráticos en casi todos los países de América Latina, así como en algunos de África. Pero en la mayor parte de estos países la democracia no ha comportado más crecimiento y desarrollo económicos, sino, acaso, más libertad para protestar y para emigrar.
Algo sabemos sobre los factores del desarrollo. Muchos economistas y politólogos han corrido miles de regresiones estadísticas y han llegado a identificar las variables más significativas, sobre todo la educación y las instituciones económicas. Estas últimas, es decir, los derechos de propiedad, la competencia en los mercados, las monedas fiables, las garantías de los contratos, han sido también asociadas a algunas instituciones políticas democráticas, aunque, a medida que pasa el tiempo, el efecto de estas últimas parece indirecto y menor. En esencia, pues, si hay educación y mercados, habrá desarrollo. Pero lo que nadie ha explicado muy bien hasta ahora es por qué la carencia de educación y de mercados, y por ende el subdesarrollo, es tan persistente en ciertas áreas del mundo.
Dos economistas americanos pueden haber dado recientemente con el enfoque socio- político adecuado (R. Rajan y L. Zingales, The persistence of underdevelopment, www.nebr.org, marzo 2006). Los puntos clave de su análisis son dos. Primero, las personas con escolarización y estudios profesionales, si son relativamente pocas y gozan, por tanto, de ventaja relativa, rechazan la difusión de la educación porque les comportaría pérdidas de posición. Como muchos sabemos, cuando los estudios se generalizan, tener un título académico sirve para competir a un nivel más alto, pero no garantiza una salida profesional mejor que los demás. Segundo, las personas sin escolarizar rechazan la introducción de mercados porque carecen de habilidades y recursos para competir en ellos. Estos dos supuestos son crudos, casi crueles, pero probablemente no mucho más que la realidad misma, de modo que pueden generar una gran capacidad explicativa.
Si una sociedad puede comprenderse de un modo simplificado a partir de la existencia y la interacción de tres grupos básicos -los digamos oligarcas, la clase media educada y los pobres sin educación-, siempre podrá haber una coalición capaz de bloquear los cambios que conducirían al desarrollo. Por un lado, los oligarcas y la clase media educada bloquearán la difusión de la educación porque con ella perderían su ventaja relativa. Se formará así una coalición conservadora, capaz de paralizar un país durante varias generaciones. Por otro lado, los oligarcas y los pobres analfabetos bloquearán las reformas favorables a la competencia mercantil porque con ella perderían posiciones, dadas su ineficiencia y su baja productividad. Ésta es la que podríamos llamar coalición populista, tan tradicional como actual en algunas antiguas colonias, que suele cubrirse con ropajes nacionalistas y, más recientemente, de antiglobalización.
Hay, pues, tras la persistencia del subdesarrollo, un juego político decisivo. Pero también parece que hay continuidades históricas, especialmente desde la época colonial. Cuando los colonos procedentes de Europa se establecieron en tierras poco pobladas y fueron la inmensa mayoría de la comunidad -como en América del Norte-, se partió de condiciones muy igualitarias que favorecieron la difusión de la propiedad, la competencia y la educación. Cuando, por el contrario, los colonos europeos se enfrentaron a una numerosa población indígena o donde la migración de pobres analfabetos desde Europa dejó a las clases educadas en minoría, éstas recurrieron al autoritarismo y la exclusión social para mantener su dominio y sus privilegios. Resulta, pues, relevante el legado colonial, pero no tanto con respecto a las instituciones, como otros autores han enfatizado, ya que en muchos países las instituciones tradicionales han sido sustituidas por nuevas fórmulas democráticas, sino sobre todo por la continuidad de los apoyos sociales a los mecanismos de aislamiento, bloqueo y exclusión.
Esta explicación del subdesarrollo persistente también puede ser utilizada para tratar de entender, por contraste, las historias de éxito en otros lugares. Según Rajan y Zingales, la difusión de la educación en algunos países puede haber sido un resultado de motivaciones no económicas, incluidas las de ciertos líderes religiosos con interés en que los fieles puedan leer directamente los textos sagrados, gobernantes belicosos necesitados de una soldadesca numerosa y preparada o algunos ideólogos mesiánicos con pretensión de redimir a la población. Este tipo de factores, así como los choques externos, podrían iluminar el arranque del desarrollo económico en la Europa central y nórdica en periodos ya remotos o, más recientemente, el de algunos países que se libraron de las dictaduras comunistas.
Revisando con esta perspectiva el caso de España, parece que está bien aclarado que, en la segunda mitad del siglo XX, algunas instituciones de mercado se impusieron por agotamiento del moldeo autárquico y el choque de los capitales, las rentas y los turistas europeos. Pero no está tan claro, al menos para el autor de este artículo, por qué se difundió la escolarización; es decir (por plantearlo en los términos del modelo a que nos estamos refiriendo), qué indujo a las tradicionales clases educadas a aceptar la llamada masificación de las escuelas y las universidades si el resultado previsible era, como ha sido, una mayor igualación social.
¿Fueron la nueva competencia de mercado y las consiguientes expectativas laborales y profesionales, a partir de los años sesenta, las que generaron en España una masiva demanda popular de educación? ¿Cabría, pues, inferir que la reforma a favor del mercado es prioritaria porque ella puede generar las condiciones para la reforma a favor de la educación? Si es así, ¿por qué, entonces, no se genera una demanda de educación parecida en muchos países subdesarrollados cuando sus economías se abren por un choque exterior? ¿Es precisamente porque los que podrían generar esa demanda, es decir, los relativamente más despiertos, inconformistas y ambiciosos, optan por emigrar?››

Las teorías de Le Goff, Wallerstein y Braudel sobre la globalización a lo largo de la Historia y su relación con el desarrollo.
El gran medievalista Jacques Le Goff comenta, en el Foro de la Academia Universal de las Culturas celebrado en París (13 y 14-XI-2001) [Le Goff, Jacques. Suerte y desgracia de las mundializaciones. “El País” (24-XI-2001) 17-18. Publicado en “Le Monde” / www.academie-universelle.org], las teorías de los historiadores Immanuel Wallerstein y Fernand Braudel sobre el camino hacia la mundialización o economía-mundo actual, en la que prima lo económico sobre lo político, y repasa las mundializaciones en tres momentos: la Roma antigua, el siglo XVI y la actual, y alerta de que ocasionaron cambios demográficos nocivos a corto plazo, pero también aportaron avances económicos y culturales a largo plazo.
‹‹El conocimiento de las formas anteriores de mundialización es necesario para comprender las que vivimos y para adoptar las posiciones que conviene tomar frente a este fenómeno. Dos obras escritas en los años setenta atañen a una noción que creo que es capital para el problema de la mundialización, y en particular de la actual: la de la economía-mundo. Estos dos libros son el del sociólogo norteamericano Immanuel Wallerstein The Modern World System (1974) y el del historiador francés Fernand Braudel en el tercer volumen de Le Temps du monde de su Civilisation materielle. Économie et capitalisme, Xème-XVIIIème siècle (1979). (...)
El fenómeno que se produce hoy día es que en el fenómeno de la mundialización hay una primacía de lo económico. Es una primacía relativamente reciente que surge en Occidente con el capitalismo de los siglos XVI y XVII, y que Sismondi definió muy bien a principios del siglo XIX en sus Nouveaux principes d’économie politique (1819): ‘El género humano, o toda esta parte del género humano que comercia junta y que de alguna forma no constituye más que un solo mercado’. Como la principal señal de la mundialización son los precios, conviene reflexionar sobre el hecho de que el dinero (y los precios) es un fenómeno esencial en el corazón de la mundialización. Pero Fernand Braudel insiste con fuerza en el hecho de que pensar sólo en la economía sería no sólo un error, sino un peligro. ‘La historia económica del mundo’, escribe, ‘es la historia entera del mundo, pero vista desde un solo observatorio: el observatorio económico. Elegir este observatorio es privilegiar de antemano una forma de explicación unilateral y peligrosa’.
Este autor subraya que en toda mundialización hay cuatro aspectos esenciales, que, según él, constituyen también órdenes: un aspecto económico, un aspecto social, un aspecto cultural y un aspecto político. Insiste también en el hecho de que estos órdenes, aunque son útiles para analizar el fenómeno, no funcionan y no deben considerarse por separado, sino que forman en cierto sentido un sistema y no se puede aislar la economía de los otros aspectos (es muy importante hoy día y las lecciones del pasado deben iluminarnos). (...) Las mundializaciones históricas señaladas por Braudel son: la antigua Fenicia, Cartago, Roma, la Europa cristiana, el Islam, Moscovia, China e India. Estas mundializaciones, que también adquieren forma de imperios -y esto plantea un problema si se quieren analizar históricamente-, se han presentado primero como construcciones esencialmente políticas: es el caso de Roma, de China y de la guirnalda de países dependientes de que se ha rodeado, de India.
El caso de Roma me parece especialmente interesante, porque los romanos tenían la impresión de que extendían su dominación sobre el conjunto del mundo habitado y proyectaban hacerlo. Por lo tanto, ahí había una verdadera intención mundializadora. Habían retomado el término griego para designar ese mundo habitado -la ecúmene- y el Imperio Romano se presentaba como el gobierno de la ecúmene.
Por otra parte, se podrían encontrar mundializaciones parciales; por ejemplo, la Hansa, que reagrupaba en la Edad Media a toda una serie de ciudades y corporaciones en Europa del norte. Aquí aparece otra noción importante cuando se habla de la mundialización: la noción de red. El fenómeno de la mundialización tiende a constituir redes y a apoyarse sobre estas redes. (...) La mundialización implica que hay un desarrollo. Es un término que significa una evolución, y la mundialización es un fenómeno que conquista espacios y sociedades. Hay una respiración de la historia entre los periodos de globalización / mundialización (hay que distinguir periodos de expansión de los imperios a pesar de los lazos entre los dos movimientos) y periodos de fragmentación. Pero hay un hilo conductor, más o menos continuo, de perseverancia de la mundialización como futuro de la historia. Esta tendencia está estimulada por los avances de la técnica y de los instrumentos de comunicación. (...) Fernand Braudel subrayaba que la mundialización capitalista moldeaba el espacio político-geográfico. Alrededor de un centro, de una ciudad, sede de un organismo de impulso, la Bolsa, funcionaban ‘brillantes segundos’ más o menos alejados, y la relación centro-periferia dominaba este sistema jerarquizado espacialmente. Fueron, sucesivamente, Amberes, Amsterdam, Londres, Nueva York. Yo creo más en la importancia de ciertos espacios y Estados económico-políticos. En la Antigüedad fue la Roma mediterránea; de la Edad Media al siglo XV, Europa; hoy día, Estados Unidos. El dominio de la mundialización exige una resistencia razonable y razonada a estas hegemonías. (...) En el fenómeno de la mundialización hay una idea de éxito, de conseguir algo; pero si hay progreso, al mismo tiempo, correlativamente, están las desgracias ligadas a las mundializaciones históricas y que ponen de relieve los peligros de la mundialización actual. ¿Qué aportó Roma a esta ecúmene que ella dominó durante siglos? Le aportó la paz; la pax romana es un elemento ligado a la mundialización. Por consiguiente, el espacio de la mundialización puede y debe considerarse un espacio pacífico. Evidentemente, hay que saber lo que significa esta pacificación, cómo se ha obtenido -desgraciadamente, a menudo se ha conseguido con la guerra- y qué representa la dominación, aunque sea pacífica, que ha aportado.
La mundialización romana aportó a los habitantes, o en todo caso a la capa superior de los habitantes de este espacio mundial, la sensación de una ciudadanía universal: ciudadanos del mundo. El ejemplo más conocido es Pablo de Tarso, San Pablo, ese judío que devino cristiano, que afirmaba con fuerza: ‘Cives romanus sum’ (‘Soy ciudadano romano’).
Por otra parte, la mundialización romana llevó a la formación de un espacio jurídico; por lo tanto, hay nociones y prácticas de derecho ligadas a esta pacificación y que deben acompañarla.
Por último (¿accesoriamente?), hay un problema que dura hasta hoy: el de la lengua, la unificación lingüística.
¿Qué hay que poner en la cuenta de esta mundialización? Al final de un periodo muy largo -varios siglos-, la mundialización romana se mostró incapaz de integrar o asimilar a los nuevos ciudadanos, a los que había llamado ‘bárbaros’, y que, al no poder integrarse en el espacio y el sistema romanos, se sublevaron contra él. En general, la mundialización llama, a largo o corto plazo, a la revuelta de aquellos para los que no supone un beneficio, sino una explotación e incluso una expulsión.
La colonización ligada a la expansión de Europa, y que acabó bajo las formas del capitalismo, comenzó en los siglos XV y XVI, y afectó sobre todo a África y América. Entre lo que se puede llamar progreso hay que decir que puso fin -me choca que se hable tan poco de ello- a la crueldad de las dominaciones y de las culturas precolombinas en América. Los Estados aztecas, incas e incluso mayas eran Estados de una gran crueldad interna, cuyo caso más llamativo eran los sacrificios humanos.
Un problema muy importante en lo que respecta a la mundialización es lo que ocurre desde el punto de vista de la salud, del estado biológico de las poblaciones. Ahí, el balance también es desigual. En América, el resultado fue un resultado globalmente catastrófico. Los colonizadores aportaron involuntariamente, excepto quizá indirectamente por la difusión del alcohol, sus enfermedades, sus microbios, sus bacilos, y perturbaron profundamente, o destruyeron, el equilibrio biológico de los pueblos mundializados. Pero también hay que ver cómo esta colonización aportó los avances de la higiene y de la medicina (más recientemente, esto es especialmente cierto en África).
Además, no creo ceder al mito de los colonizadores franceses, en particular del siglo XIX y la III República, si digo que la mundialización debe aportar, y aporta a menudo, la difusión de la escuela, del saber, del uso de la escritura y de la lectura.
Desde luego, en el otro platillo de la balanza, me aparecen dos grandes desgracias: lo que llamaría violación de las culturas anteriores de los pueblos con una auténtica destrucción de esas culturas. Aquí tiene que entrar en juego un componente importante de la mundialización: la religión. (...) Me gustaría hablar (...) de lo que podríamos llamar, aun a riesgo de resultar chocante, los peligros del monoteísmo. La mundialización ha adquirido un carácter universal con las religiones -dejando aparte el judaísmo, que sólo se dirige a una sociedad particular-, y el cristianismo o el islam, con el monoteísmo, han aportado una idea que se desliza fácilmente -la historia lo ha demostrado- hacia la intolerancia e incluso la persecución.
Por otra parte, (...) nos damos cuenta de que, sobre todo desde que el aspecto económico se ha vuelto primordial, la mundialización desarrolla, crea o en todo caso exacerba la oposición entre pobres y ricos o dominantes. El empobrecimiento es un mal hasta ahora casi inevitable de las mundializaciones. (...). Las mundializaciones no sólo han violado las culturas, sino también la historia. ‘Pueblos sin historia’: esta expresión, inventada a menudo por los colonizadores, ha herido a poblaciones que de hecho tenían una historia, a menudo oral, una historia particular, y que fueron realmente destruidas. La destrucción de la memoria, de la historia del pasado, es algo terrible para una sociedad.››

La teoría de Samuelson sobre la globalización y el desarrollo.
Samuelson [Samuelson, Paul. Cómo la globalización fomenta y mitiga a la vez la desigualdad. “El País” Negocios (22-IX-2002) 21. ] cita la ley de Kuznets que reza que las sociedades pobres que se desarrollan empero crecen en desigualdad, hasta que llegan a cierto nivel en el cual la desigualdad se reduce. Considera que las democracias deben equilibrar la economía entre mecanismos de mercado y políticas de regulación. [www.esi2.us.es/~mbilbao/pdffiles/samuelson.pdf] © 2002, Los Angeles Times Syndicate International, una división de Media Tribune Services.
‹‹El estimado premio Nobel de Economía de Harvard, el fallecido Simon Kuznets, enunció una famosa ley, la ley de Kuznets: 1) Las sociedades pobres y atrasadas tienden a sufrir gran desigualdad. 2) Sin embargo, cuando salen de la pobreza y empiezan a desarrollarse, la desigualdad se vuelve todavía peor al principio. 3) Pero cuando esa sociedad alcanza niveles avanzados modernos, se produce un cierto retorno sistemático hacia una mayor igualdad.
De ser cierto, éste sería un hallazgo importante. Para Europa Occidental y Estados Unidos predeciría un futuro -durante 2005 y 2025- en el que los ricos no se volverían más ricos, y los pobres, más pobres. Desgraciadamente, la economía no es, ni puede ser, una ciencia exacta como la física o las matemáticas. La Ley de Kuznets, antes y después de que este gran estadístico muriera, empezó a ser rechazada por los hechos desnudos de la historia económica.
Después de que la popularidad del New Deal y de la política del Partido Socialdemócrata empezase a menguar, las economías avanzadas de Norteamérica, Europa Occidental y la Cuenca del Pacífico han visto en las últimas décadas fuertes vientos que soplan hacia una mayor desigualdad en la mayoría de las economías de mercado. Esto queda ilustrado por un dramático hecho. Hace 50 años, un jefe ejecutivo de una gran empresa estadounidense tenía un salario medio 40 veces superior al de un empleado de mediana categoría. Ahora esa cifra se ha multiplicado por diez y es casi 400. Las estadísticas de Gini revelan una tendencia bastante parecida en la Unión Europea e incluso en los países escandinavos.
Sin embargo, al mismo tiempo es cierto que el bienestar de los pobres en las regiones de alta productividad ha aumentado y sigue superando las rentas reales de los pobres en sociedades menos acaudaladas. Por consiguiente, ‘los ricos se vuelven más ricos, y los pobres, más pobres’, es un resumen inapropiado de las tendencias globales modernas.
Si la India de 1950, o, ya puestos, la Corea del Sur de 1950, hubieran estado en aquel entonces rodeadas de otras naciones todas tan pobres como ellas, ¿su crecimiento entre 1950 y 2002 habría sido más rápido o más lento? Todas las pruebas aportan una respuesta inequívoca a esta pregunta. Podemos dar la misma respuesta para las economías de Europa del Este que han dejado atrás el colectivismo al estilo soviético.
Una vez que una sociedad pobre empieza a desarrollarse, se beneficia enormemente de la presencia a su alrededor de regiones de productividad más elevada. No sólo puede aspirar a importar parte de su tecnología avanzada, sino que también las leyes de la ventaja comparativa aplicadas al comercio internacional dictan que la contratación externa del mundo avanzado estimulará un crecimiento impulsado por las exportaciones y tenderá a proporcionar una tendencia ascendente de salarios reales equilibrados en la sociedad incipiente. Desde Japón hasta Hong Kong, pasando por Singapur y Corea, el crecimiento impulsado por las exportaciones ha sido el patrón común. ¿Por qué iban a ser Rusia y Hungría diferentes entre ahora y 2010?
Un importante informe reciente de la Agencia Nacional de Investigación Económica realizado por el economista de la Universidad de Columbia Xavier Sala-Martín apoya esta hipótesis más alegre. Cito unas cuantas líneas de su extenso estudio de 2002.
En los últimos 20 años, ‘las tasas de pobreza han disminuido considerablemente’. El número global de personas en la categoría de renta real inferior a un dólar al día ‘ha disminuido en 235 millones... El número por debajo de dos dólares al día disminuyó en 450 millones... Asia constituye un gran éxito, sobre todo después de 1980. Latinoamérica redujo la pobreza considerablemente en la década de los setenta, pero el progreso se detuvo en los años ochenta y noventa. Los peores resultados se dieron en África, donde las tasas de pobreza han aumentado considerablemente... Calculamos nueve índices de desigualdad implicados por nuestra distribución de la renta mundial. Todos ellos muestran una reducción considerable de la desigualdad global entre la década de los ochenta y la de los noventa’.
¿Cómo es posible esta última frase? Simplemente recuerden que más de 2.000 millones de los 6.000 millones de habitantes del mundo viven en China e India. Recuerden también que después de que estas naciones gigantescas hicieran las paces con la nueva economía global, las rentas reales allí dieron un salto adelante, de forma muy parecida a lo que había sucedido anteriormente en la Cuenca del Pacífico.
Permítanme informarles brevemente de los cálculos más recientes realizados por expertos sobre la historia económica global, que aparecen en el nuevo libro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) titulado The World Economy: A Millennial Perspective, de Angus Maddison. El catedrático calcula lo siguiente:
En el año 1000 la renta real per cápita en África superaba a la de Europa por un escaso porcentaje. Eso se debía a que el producto interior bruto (PIB) de Europa cayó un 10% entre los años de Roma 0 y 1000 después de Cristo. Hacia el año 1500 Europa empezó a utilizar el conocimiento científico para crecer más deprisa que las otras regiones: lo que empezó en la católica Italia pronto fue superado por la Holanda protestante, que fue número uno durante tres siglos, hasta que en 1836 Gran Bretaña se hizo con la primera posición. Hacia 1904, EE UU a su vez superó a Gran Bretaña y continúa en el puesto más alto de la lista.
Las medidas de Maddison refutan claramente los cálculos anteriores, según los cuales China iba por delante de Occidente en 1800, seguida de cerca por Japón. Maddison calcula que hacia la época de Mao China había caído hasta alcanzar apenas el 10% del nivel de Europa Occidental.
Según el testimonio a largo plazo de la historia económica, la ciencia más el uso del mecanismo de mercado competitivo parecen haber sido los únicos ejemplos de crecimiento sostenido de la productividad. El PIB per cápita del Puerto Rico ‘colonial’ es el más alto de Latinoamérica. Aunque el régimen de cuatro décadas de Castro en Cuba extendió la educación y la atención sanitaria a los pobres urbanos y rurales, la renta real per cápita en general disminuyó en un 36%. La historia es similar a la de la China de Mao.
Recuerden también que la Europa del Este y la Alemania del Este de Stalin contrastaban malamente en productividad y crecimiento con las economías mixtas orientadas al mercado de Europa Occidental. Observamos un contraste todavía más claro si comparamos las estadísticas de Corea del Norte y del Sur.
Uno puede entender por qué los pobres de África y Oriente Próximo están resentidos con el mundo en vías de desarrollo y el mundo desarrollado. Y es natural que los estudiantes idealistas de las culturas occidentales acaudaladas se manifiesten en la calle en contra de la globalización. Les sorprende que los niños tengan que trabajar en fábricas en las que se les explota y en entornos contaminados. Pero no tienen en cuenta lo que les pasaría a las rentas reales medianas en esas regiones pobres si las medidas proteccionistas volvieran a llevarse esos puestos de trabajo a las sociedades más opulentas. Intenten pensar seriamente en lo que eso supondría para la desigualdad en el mundo.
¿Que si creo que todo está bien globalmente? No. Las naciones democráticas deben aprender a equilibrar la economía moderna mixta entre mecanismos de mercado casi laissez faire y políticas públicas encaminadas a la regulación y a la mejora de las peores injusticias que serían inevitables con unos mercados libres libertarios.
Ésta es la opinión de una persona tras una larga carrera como economista académico. Y más arriba he presentado algunas de las pruebas en que se funda.››


La teoría de Stiglitz sobre la globalización y el desarrollo.
El economista estadounidense Stiglitz [Stiglitz, Joseph E. Para que funcione la globalización. “El País”, Domingo (17-IX-2006) 9.] reflexiona sobre la globalización y sus efectos sobre el desarrollo y el subdesarrollo, proponiendo una vía democrática para un crecimiento sostenible que difunda la prosperidad a nivel mundial:
‹‹Comprender el fenómeno ayuda a formular remedios y tratar las causas subyacentes. La necesidad de organizaciones como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio nunca ha sido tan grande, y la confianza en ellas rara vez ha sido tan escasa.
La teoría económica no dice que todo el mundo vaya a beneficiarse de la globalización, sólo que los beneficios netos serán positivos.
Controlar el proceso brinda la posibilidad de rehacer la globalización y conseguir un nivel de vida más alto para todo el mundo.
He escrito repetidamente sobre los problemas de la globalización: un régimen de comercio global injusto que impide el desarrollo, un sistema económico global inestable que provoca crisis recurrentes en las que los países pobres se ven lastrados una y otra vez por una deuda insostenible, y un régimen global de la propiedad intelectual que niega el acceso a medicamentos asequibles que salvan vidas, incluso cuando el sida hace estragos en el mundo en desarrollo.
También he escrito sobre las anomalías de la globalización: el dinero debería fluir de los países ricos a los pobres, pero en los últimos años ha ido en el sentido contrario. Aunque los ricos tienen más capacidad para soportar los riesgos de las fluctuaciones de las divisas y los tipos de interés, son los pobres los que soportan la mayor parte de esta volatilidad. De hecho, he protestado tan fuerte y ruidosamente por los problemas de la globalización que muchos han llegado a la conclusión errónea de que pertenezco al movimiento antiglobalización. Pero yo creo que la globalización tiene un potencial enorme, siempre que se gestione adecuadamente.
Hace unos setenta años, durante la Gran Depresión, John Maynard Keynes formuló su teoría del desempleo, que analizaba cómo la acción del Gobierno podía reinstaurar el pleno empleo. Aunque los conservadores le vilipendiaron, Keynes en realidad hizo más por salvar al sistema capitalista que todos los financieros promercado juntos. Si se hubiera seguido a los conservadores, la Gran Depresión habría sido todavía peor y la exigencia de una alternativa al capitalismo habría sido más fuerte. Asimismo, a menos que reconozcamos y abordemos los problemas de la globalización, será difícil mantenerla. La globalización no es inevitable: ya ha habido reveses en el pasado, y pueden volver a producirse.
Los partidarios de la globalización tienen razón al decir que posee potencial para mejorar el nivel de vida de todo el mundo. Pero no lo ha hecho. Ya no se pueden pasar por alto las preguntas formuladas por los jóvenes trabajadores franceses que dudan sobre cómo va a mejorar su situación la globalización si implica aceptar unos salarios más bajos y una protección laboral más endeble.
Tampoco se puede responder a esas preguntas con la nostálgica esperanza de que algún día todo el mundo se beneficiará. Como señalaba Keynes, a largo plazo, todos estamos muertos. La creciente desigualdad en los países industrializados avanzados fue una consecuencia de la globalización prevista desde hace mucho, pero rara vez anunciada. La plena integración económica supone la equiparación de los trabajos no especializados en todo el mundo y, aunque estamos muy lejos de alcanzar esta meta, la presión descendente que recae sobre los que están más abajo es evidente.
En la medida en que los cambios tecnológicos han contribuido a lo que prácticamente es un estancamiento de los salarios reales para los trabajadores poco especializados en Estados Unidos y otros lugares durante las últimas tres décadas, los ciudadanos poco pueden hacer. Pero pueden hacer algo respecto a la globalización. La teoría económica no dice que todo el mundo vaya a beneficiarse de la globalización; sólo que los beneficios netos serán positivos y que, por tanto, los vencedores podrán compensar a los perdedores y, aun así, salir ganando. Pero los conservadores afirman que para seguir siendo competitivos en un mundo globalizado deben recortarse los impuestos y reducir el Estado de bienestar. Esto se ha hecho en EE UU, donde los impuestos se han vuelto menos progresistas y las subvenciones fiscales se han otorgado a los ganadores (aquellos que se benefician de la globalización y los cambios tecnológicos). En consecuencia, Estados Unidos y otros que siguen su ejemplo se están convirtiendo en países ricos con gente pobre.
La vía escandinava.
Pero los países escandinavos han demostrado que existe otra vía. Por supuesto, el Gobierno, al igual que el sector privado, debe esforzarse por ser eficaz. Pero las inversiones en educación e investigación, junto con una sólida red de seguridad social, pueden llevar a una economía más productiva y competitiva, con más seguridad y un nivel de vida más alto para todo el mundo. Una red de seguridad fuerte y una economía próxima al pleno empleo ofrecen un entorno propicio para que todos los interesados -trabajadores, inversores y empresarios- sean partícipes de los riesgos que requieren las nuevas inversiones y empresas. El problema es que la globalización económica ha dejado atrás a la globalización de la política y las mentalidades. Dependemos más de los demás, lo cual aumenta la necesidad de actuar juntos, pero no disponemos de marcos institucionales para hacerlo de manera eficaz y democrática.
La necesidad de organizaciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio nunca ha sido tan grande, y la confianza en estas instituciones rara vez ha sido tan escasa. La única superpotencia del mundo, Estados Unidos, ha demostrado su desdén por las instituciones supranacionales y ha trabajado asiduamente para socavarlas. El amenazador fracaso de la ronda de desarrollo de conversaciones sobre comercio y la larga demora de la exigencia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de un alto el fuego en Líbano no son más que los últimos ejemplos del menosprecio de Estados Unidos por las iniciativas multilaterales.
El mejorar nuestra comprensión de los problemas de la globalización nos ayudará a formular remedios -algunos, pequeños; otros, grandes- orientados a ofrecer un alivio sintomático y abordar las causas subyacentes. Hay una amplia gama de medidas que pueden beneficiar a la gente de los países desarrollados y en vías de desarrollo, lo cual otorgaría a la globalización la legitimidad popular de la que actualmente carece. En otras palabras, se puede transformar la globalización; de hecho, está claro que será transformada. La cuestión es si ese cambio nos vendrá impuesto por una crisis o como resultado de una deliberación y un debate cuidadoso y democrático. Los cambios impulsados por crisis entrañan el riesgo de provocar una reacción contra la globalización, o una remodelación fortuita de la misma, que simplemente allanaría el terreno para más problemas en el futuro. Por el contrario, el hacerse con el control del proceso brinda la posibilidad de rehacer la globalización, de modo que por fin esté a la altura de su potencial y sus promesas: un nivel de vida más alto para todo el mundo.››

El debate sobre el subdesarrollo entre las teorías del determinismo  geográfico de Diamond y el determinismo político de Acemoglu y Robinson.
Tortella, Gabriel. ¿Se equivocó Montesquieu? “El País” (30-X-2012) 31-32. La polémica reciente en la revista “The New Yorker” entre dos tendencias sobre el desarrollo de las naciones, el determinismo geográfico de Diamond, y la tendencia contraria de Acemoglu y Robinson. Tortella vindica el determinismo, y rememora las teorías de Montesquieu sobre la decisiva influencia de la Geografía en la Historia.
‹‹Charles de Secondat, barón de Montesquieu es uno de los grandes filósofos políticos del todos los tiempos, cuyo gran tratado, El espíritu de las leyes (1748), introdujo dos nuevas ideas sobre la sociedad humana que aún hoy se citan y discuten con intensidad. La primera de ellas es que la libertad política depende de la separación de los poderes. La idea estaba ya en John Locke (otro gigante de la ciencia política), pero Montesquieu la expresó mejor e identificó más claramente cuáles eran esos tres poderes: el legislativo, el ejecutivo, y el judicial. La doctrina de la separación de poderes, inspirada en el parlamentarismo inglés, fue más tarde adoptada por todos los sistemas electivos, aunque algunos políticos practicones actuales hayan sostenido que es una traba para la democracia. Resumiendo, podemos decir que la primera gran aportación de Montesquieu es subrayar la relevancia que tienen las instituciones políticas para la libertad y el buen desarrollo de las sociedades.
Su segunda gran aportación fue el advertir la importancia que tiene el medio físico para ese mismo desarrollo, y señalar que el clima es determinante en la organización de los pueblos y comunidades. Como él mismo escribió, “el carácter del espíritu y las pasiones del corazón son extremamente diferentes en los diversos climas”, y las leyes debían adaptarse a esas diferencias. Ambas novedades filosóficas escandalizaron a la sociedad de su tiempo, hasta el punto que la Iglesia puso El espíritu de las leyes en el Índice de libros prohibidos.
Para Diamond las diferencias ambientales explican el grado de desarrollo.
La doctrina de la importancia del medio físico o geográfico ha sido objeto de aún mayor controversia que la de la separación de poderes. Hoy se da más importancia a los factores geográficos en cuanto determinan la capacidad productiva (aridez, pluviosidad, condiciones de transporte, riqueza mineral, etc.) que en cuanto modifican la conducta. La doctrina ha sido bautizada, especialmente por sus detractores, como “determinismo geográfico”, aunque muy pocos, y, desde luego, no el propio Montesquieu, han pensado que el marco geográfico sea el único determinante del devenir de los pueblos.
La vigencia de las doctrinas de Montesquieu queda en evidencia en una polémica muy reciente entre tres científicos norteamericanos. De un lado está Jared Diamond, de la Universidad de California (Los Angeles), autor de Armas, gérmenes, y acero, libro ampliamente difundido y premiado, que argumenta en favor de la significación de la geografía para explicar el desarrollo a muy largo plazo de las sociedades humanas. Del otro lado están Daron Acemoglu (MIT) y James Robinson (Harvard), autores del reciente How Nations Fail, aún no traducido al español. Sugiero al traductor que lo titule El fracaso de las naciones. La tesis de este libro es, sintéticamente, que lo único que explica el desarrollo económico es la política. En la jerga de estos autores, las naciones con organización política “inclusiva”, es decir, democrática, triunfan; las que tienen organización “extractiva”, es decir, explotadora, fracasan. El campo de batalla entre ambos bandos ha sido la New York Review of Books,donde Diamond reseñó el libro de Acemoglu y Robinson (junio 2012) y donde estos contraatacaron con una larga carta, a la que Diamond respondió (agosto 2012).
Para Diamond, las diferencias en los desarrollos de los varios continentes se deben a “diferencias en los medios naturales de cada continente, no a la biología”. Es decir, no son las diferencias raciales, sino las ambientales, las que explican las diferencias en los niveles de desarrollo. Por supuesto, a medida que la tecnología cambia, los efectos de las condiciones ambientales se modifican: lo que durante muchos años fue un desierto, por ejemplo, puede convertirse en un vergel con las modernas técnicas de irrigación. Desde la prehistoria las condiciones agrarias han moldeado las sociedades, hasta que la industria vino a aminorar la tiranía de la agricultura. Ahora bien, la industria nació precisamente en aquellas sociedades donde la agricultura estaba más desarrollada: Europa occidental y, en particular, Inglaterra. La riqueza tiende a ser acumulativa. Por eso, aun hoy, un mapa mundial mostrando la renta por habitante pone en evidencia que los países ricos están situados en la zona templada, tanto en el hemisferio Norte como en el Sur.
Según Acemoglu y Robinson lo único que explica el desarrollo económico es la política.  Hay excepciones, por supuesto, y a ellas apelan Acemoglu y Robinson para afirmar rotundamente que la doctrina geográfica, cuya paternidad atribuyen correctamente a Montesquieu, “no funciona”. Los enormes contrastes entre las Coreas del norte y del sur, o entre las poblaciones al norte y al sur de la frontera entre Estados Unidos y México, para ellos demuestran que la geografía no tiene ningún peso. Recurren al viejo truco de simplificar exageradamente la tesis contraria para demostrar su error, como les reprocha Diamond. Pero, tratando de mostrar la superioridad de su teoría, se encierran en un laberinto lógico, porque, si las condiciones geográficas no son el dato inicial de la historia humana, ¿cómo se explica que haya tales diferencias en los niveles de desarrollo? O volvemos al racismo, o recurrimos al azar. Unos países acertaron en darse las buenas instituciones y otros fallaron al adoptar las malas. Acemoglu y Robinson afirman tener una teoría para explicar estas divergencias, pero en realidad no la tienen. Todo lo basan en que unas pequeñas diferencias en la estructura política existentes en un momento dado, como las que existían entre España e Inglaterra en el siglo XVI, se convierten en caminos divergentes al llegar una “coyuntura crítica” como el descubrimiento de América o la aparición del protestantismo y dan lugar a grandes diferencias como las que había a finales del XVII entre las estructuras políticas de ambos países. Lo que Acemoglu y Robinson no explican es cómo aparecen esas pequeñas diferencias iniciales, y sin explicar esto la teoría no explica nada. Tampoco plantean, por ejemplo, cómo Arabia Saudí y Libia tienen niveles de renta muy altos mientras sus vecinos los tienen muy bajos. ¿Son Arabia y Libia modelos de sociedad “inclusiva” y sus vecinos de sociedad “extractiva”? Estos casos contradicen la teoría institucional; son tan demoledores para esta teoría como puedan serlo Corea y la frontera USA-México para la geográfica; por tanto, Acemoglu y Robinson no los mencionan. Su problema es que intentan ser tan excluyentes en su defensa de la teoría institucional que, en realidad, la debilitan. Es evidente que, como muestra el caso de Arabia y Libia, la dotación de factores naturales (como la posesión de grandes yacimientos de petróleo) puede ser más importante que la democracia a la hora de explicar los niveles de renta. Y también que, como prueban tanto la España franquista como la China actual, una sociedad “extractiva” puede producir altas tasas de desarrollo. Por desgracia, las cosas no son tan simples como piensan Acemoglu y Robinson.
En último término, Montesquieu, que alumbró ambas teorías, la institucional y la geográfica, resulta vindicado. Las sociedades humanas son complejas y su éxito o su fracaso no pueden explicarse apelando a un solo factor. Es muy tentador para un científico social el vendernos la fórmula mágica del éxito; pero, por desgracia, no está el mundo para crecepelos milagrosos. Y además, estas pócimas sociales entrañan un gran peligro. Fue un simplismo parecido al de Acemoglu y Robinson el que indujo a George W. Bush a invadir Irak, proclamando que, introduciendo allí la democracia a la americana, el país se iba a enderezar y el Oriente Próximo a estabilizarse. Ya hemos visto los resultados.››

FUENTES
Internet.
[http://es.wikipedia.org/wiki/Pais_en_vias_de_desarrollo]
[http://es.wikipedia.org/wiki/BRICS]
[http://elpais.com/tag/paises_emergentes/a/]


Documentales.
El precio de la ayuda. Dirección: Jihan El Tahri. Documental sobre la ayuda internacional a Zambia, que revela que los países ricos se acaban beneficiando de la ayuda a los pobres.

Informes.
AA.VV. Informes del PNUD de cada año: 2012 y siguientes.

Libros.
Manero, F. Subdesarrollo y países subdesarrollados. Salvat. Barcelona. 1987.
Prashad, Vijay. Las naciones oscuras. Una historia del Tercer Mundo. Península. Barcelona. 2012. 509 pp. Reseña de Gómez García, Luz. “El País” Babelia 1.075 (30-VI-2012) 8.

Romero González, J.; Pérez Esparcia, J. Pobreza y desigualdad en los países en desarrollo. Síntesis. Madrid. 1992. 151 pp.
Todaro, Michael P. El desarrollo económico del Tercer Mundo. Alianza. Madrid. 1988 (1985 inglés). 725 pp.

Artículos. En orden cronológico.
Lafont, Isabel. Brasil, Rusia, China y la India pueden superar al G-7. “El País” Negocios (28-V-2006) 3. 
Velásquez-Gaztelu, J. P. Los emergentes son la salvación. “El País” Negocios 1319 (13-II-2011) 22.
Oregui, Piedad. El riesgo de invertir con el retrovisor. “El País” Negocios 1321 (27-II-2011) 31. La inversión en emergentes se reduce.
Naïm, Moisés. El colesterol y la desigualdad. “El País” (22-I-2012) 8. Opina que 2012 será un año marcado por los problemas de desigualdad social, en el seno de los países y a escala global por las diferencias Norte-Sur.
González, Alicia. Daños colaterales de la crisis europea. “El País” Negocios 1.369 (29-I-2012) 22. Los efectos en las economías emergentes.
Naïm, Moisés. Davos, ‘hybris’ y BRICS. “El País” (29-I-2012) 7. El analista advierte sobre el peligro de soberbia que afrontan los países emergentes, poniendo ejemplos de grandes triunfadores que presumieron en Davos justo antes de sus debacles.
Estefanía, Joaquín. El empleo, el bien más escaso. “El País” (30-I-2012) 22.
Redacción. Emergentes, tiempos de reforma. “El País” Negocios 1.375 (11-III-2012) 27. Los países emergentes reducen su crecimiento en 2012, afectados por la crisis europea.
Bassets, Lluís. La gloria de los pobres. “El País” Domingo (9-VI-2013) 12. El vigoroso crecimiento de los países emergentes altera el tradicional equilibrio mundial.
Editorial. Agotamiento emergente. “El País” Negocios 1.452 (1-IX-2013) 3.
Rebossio, Alejandro. Los emergentes pierden atractivo. “El País” Negocios 1.452 (1-IX-2013) 4-6.
Sachs, Jeffrey D. Los nuevos objetivos del desarrollo global. “El País” Negocios 1.452 (1-IX-2013) 12. La reunión prevista el 25 de septiembre en la ONU sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), los primeros centrados en reducir la pobreza y los segundos en que sea de modo ambientalmente sostenible. Sachs urge a concentrar los esfuerzos en el África Negra, en el subcontinente más pobre del mundo.
Vivanco, Felip. Fortunas emergentes. “Magazine” (1-IX-2013) 34-41. Surgen muchos multimillonarios en los países emergentes, en México, Colombia, Brasil, Sudáfrica, China o India.
Rebossio, Alejandro. El capitalismo de Estado ya no es tabú. “El País” Negocios 1.453 (8-IX-2013) 16. El capital público en las empresas se estabiliza o aumenta en los países emergentes: Brasil, México, China, Rusia... Un 19% de las empresas más grandes del mundo son estatales, a menudo ligadas al sector de materias primas y energía, y su modelo es más redistributivo.
Rogoff, Kenneth. ¿Están sumergiéndose los mercados emergentes? “El País” Negocios 1.455 (22-IX-2013) 18.
Santiso, Javier. ¿Adiós a los mercados emergentes? “El País” Negocios 1.455 (22-IX-2013) 21.
González, Alicia. Los emergentes se preparan. “El País” Negocios 1.458 (13-X-2013) 7.
Pérez de Pablos, Susana. La innovación, motor contra la pobreza. “El País” (23-X-2013) 30-31. Multinacionales y pequeñas empresas impulsan la transformación tecnológica de las zonas más pobres del mundo: la telefonía móvil, educación, energía...
Ortiz Vidal-Abarca, Álvaro. Emergentes: dilemas, pecado y refugios. “El País” Negocios 1.461 (3-XI-2013) 25. Los emergentes están en mejores condiciones que en las anteriores crisis, gracias a que han conseguido una política monetaria independiente, porque ahora regulan los flujos de capitales.
Naím, Moisés. ¿Pagaremos menos por la comida? “El País” (10-XI-2013) 8. La demanda china y de los países emergentes provoca un aumento de los precios mundiales de los alimentos.
González, Alicia. Daños colaterales de la crisis europea. “El País” Negocios 1.369 (29-I-2012) 22. Los efectos en las economías emergentes.
Mars, Amanda. Los mercados emergentes contraatacan. “El País” (29-I-2014) 18-19. Los bancos centrales de Turquía, India, Brasil y otros toman medidas para afrontar la crisis desencadenada por la retirada de los estímulos de la Fed.
Baliña, Sara; Lamas, Matías. La crisis de los emergentes va por barrios. “El País” Negocios 1.476 (16-II-2014) 21. Distingue cinco grupos de países emergentes ante el difícil 2014.
González, Alicia. Emergentes, cuestión acotada. “El País” Negocios 1.477 (23-II-2014) 23. Comentarios (generalmente optimistas) de varios economistas españoles sobre la situación de los países emergentes en 2014.
Mars, Amanda. Los BRIC ya no son estrellas de rock. “El País” Negocios 1.484 (13-IV-2014) 4-6.
Ortiz Vidal-Abarca, Álvaro. Los ‘Eagles’ liderarán a los emergentes. “El País” Negocios 1.494 (22-VI-2014) 23. El auge de China, India, Indonesia, México, Brasil, Turquía y Rusia.
González, Alicia. Los BRICS se rebelan contra el FMI. “El País” (14-VII-2014) 2-3. Pretenden crear un Banco de Desarrollo, con un capital de 36.000 millones de euros.
Jiménez Barca, Antonio. Los países emergentes aprueban su banco y un fondo de reserva. “El País” (16-VII-2014) 6.
Editorial. Los BRICS alzan la voz. “El País” (17-VII-2014) 34.
Boudeguer, Rose Marie. Claves de la renta fija emergente. “El País” Negocios 1.535 (5-IV-2015) 19.
Jones, Eric. Crecimiento recurrente. El cambio económico en la historia mundial. Trad. de Esther Rabasco y Luis Toharia. Alianza. Madrid. 1998. Un repaso de la historia del crecimiento económico de las civilizaciones de Europa, China, Japón...
Fariza, I. La crisis cambiaria china se extiende por los países emergentes. “El País” (21-VIII-2015) 29.
Emmott, Bill. La burbuja de los emergentes. “El País” (22-VIII-2015) 12.
Bonet, Pilar. La inestabilidad económica une a los países emergentes. “El País” (10-VII-2015) 6. Cumbre de los BRICS en Ufá. 
Bolaños, A. El FMI avisa del frenazo en países exportadores de materias primas. “El País” (29-IX-2015) 38.
González, A. Los emergentes sufren la primera salida de capitales desde los años 80. “El País” (2-X-2015) 39.
González, A. El FMI alerta sobre la deuda de las empresas de los países emergentes. “El País” (8-X-2015) 37.

Gualtieri, Thomas. El tirón de los emergentes se desinfla. “El País” (21-VIII-2016). Parón de cuatro de los cinco países miembros de BRICS; solo se salva India.

FUENTES. EL DEBATE TEÓRICO SOBRE EL DESARROLLO.
Internet.
Acemoglu, Daron; Robinson, James A. Economics versus Politics: Pitfalls of Policy Advice[http://economics.mit.edu/files/8741] Estudia la relación entre malas políticas y subdesarrollo o entre políticas adecuadas y prosperidad, y que los gobernantes no deben aplicar medidas económicas sin evaluar primero las consecuencias políticas y sociales, si quieren tener éxito.


Libros.
Acemoglu, Daron; Robinson, James A. Why Nations Fail? Trad. Por qué fracasan los países. Deusto. Bilbao. 2012. 334 pp. Los profesores Daron Acemoglu (del MIT) y James Robinson (de Harvard), enfatizan la importancia de la política y de las instituciones “inclusivas”, es decir, aquellas que preparan el terreno para la prosperidad de las naciones a partir de complicidades socioeconómicas y la idea nítida de gobernanza, provocan incentivos y promueven, en definitiva, el crecimiento. Son las instituciones políticas, señalan, las que determinan las instituciones económicas; y su acción diferenciada, según los países, justifica la disparidad en la riqueza y su distribución. El marco institucional y la cooperación son, pues, claves. Las economías, pues, prosperan por las políticas económicas de sus gobernantes e instituciones, y no por sus recursos materiales, y los autores critican a las “élites extractivas”, que controlan el poder político para asegurarse unas rentas. Reseña de Fernández Galiano, Luis. Luz que agoniza: las élites extractivas. “El País” (6-II-2013) 27.
Sharma, Ruchir. Países emergentes. En busca del milagro económico. Aguilar. Madrid. 2013. 326 pp.

Artículos.
Tortella, Gabriel. Los nuevos caminos de la historia económica. “Claves de razón práctica”, 84 (julio-agosto 1998) 2-7. El capital humano, 6.
AA.VV. La cooperación al desarrollo. “Sistema”, nº 127-128 (IX-1995) 218 pp.
Le Goff, Jacques. Suerte y desgracia de las mundializaciones. “El País” (24-XI-2001) 17-18. Publicado anteriormente en “Le Monde”.
Samuelson, Paul. Cómo la globalización fomenta y mitiga a la vez la desigualdad. “El País” Negocios (22-IX-2002) 21.
Stiglitz, Joseph E. Para que funcione la globalización. “El País”, Domingo (17-IX-2006) 9.
Velásquez-Gaztelu, J. P. Los emergentes son la salvación. “El País” Negocios 1319 (13-II-2011) 22.
Oregui, Piedad. El riesgo de invertir con el retrovisor. “El País” Negocios 1321 (27-II-2011) 31. La inversión en emergentes se reduce.
Morán, Carmen. La pobreza lleva a la discapacidad y la discapacidad a la pobreza. “El País” (13-I-2012) 32.
Redacción. Severa desigualdad. “El País” (16-I-2012) 32. El aumento de las disparidades sociales se está convirtiendo en un riesgo global grave, según el último informe del Foro Económico Mundial.
Naïm, Moisés. Davos, ‘hybris’ y BRICS. “El País” (29-I-2012) 7. El analista advierte sobre el peligro de soberbia que afrontan los países emergentes, poniendo ejemplos de grandes triunfadores que presumieron en Davos justo antes de sus debacles.
González, Alicia. Entrevista. Ester Duflo / Abhijit Banerjee. 'Europa tiene muchos menos problemas que los países pobres'. "El País" Negocios 1.374 (4-III-2012) 20.
Naím, Moisés. Buenas noticias. “El País” (11-III-2012) 10. Se reduce la pobreza en el mundo.
Redacción. Emergentes, tiempos de reforma. “El País” Negocios 1.375 (11-III-2012) 27. Los países emergentes reducen su crecimiento en 2012, afectados por la crisis europea.
Tortella, Gabriel. ¿Se equivocó Montesquieu? “El País” (30-X-2012) 31-32. La polémica reciente en la revista “The New Yorker” entre dos tendencias sobre el desarrollo de las naciones, el determinismo geográfico de Diamond, y tendencia contraria de Acemoglu y Robinson. Tortella vindica el determinismo, y rememora las teorías de Montesquieu sobre la decisiva influencia de la Geografía en la Historia.
Reinoso, José. Los emergentes exigen su cuota de poder. “El País” (27-III-2013) 2. Los BRICS, o sea Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, se reúnen en la ciudad sudafricana de Durban. Los cinco países reúnen el 43% de la población y el 21% del PIB mundial.
Editorial. BRICS: final con sordina. “El País” (30-III-2013) 26. Acaba la cumbre de Durban sin acuerdo.
Bassets, Lluís. La gloria de los pobres. “El País” Domingo (9-VI-2013) 12.
De la Puerta, Javier. No se fíe de las tendencias. “El País” (7-I-2014) 27-28. Razones para desconfiar de las previsiones de una decadencia de Occidente ante los países emergentes.
García Vega, Miguel Ángel. El capital busca nuevas vetas en países frontera. “El País” (9-I-2014) 34-35. Excelente informe sobre los “países frontera” que destacan entre los emergentes (no BRIC), como Nigeria, Vietnam o Myanmar.
Beas, Diego. El mito de la incompetencia del Estado. “El País” (10-I-2014) 27. Critica la teoría neoconservadora o neoliberal sobre el desarrollo, basada en laissez faire, laissez passer. Sostiene que la mayor parte de los éxitos tecnológicos se deben a la acción gubernamental “sistemas de innovación”, y no al capital riesgo, como prueban, entre otros ejemplos, el decisivo impulso del Gobierno estadounidense a los comienzos de internet.
Caldera, Jesús. ¿Afecta la desigualdad al crecimiento económico? “El País” (11-I-2014) 27. El político socialista propugna mejorar las políticas sociales por justicia y solidaridad y también porque la desigualdad reduce el crecimiento de la riqueza.
Naïm, Moisés. La emergencia de los emergentes. “El País” (2-II-2014) 6. Pese a la crisis iniciada en enero de 2014 la mayoría de los países emergentes tienen sólidax expectativas. Los peores casos son Ucrania, Argentina y Venezuela.
Gualteri, Thomas. La nueva plaga del mundo emergente. “El País” (2-II-2014) 12. Los accidentes de circulación se han disparado en los países emergentes, debido al aumento de parque de vehículos, pero sin buenas carreteras ni educación vial. Se prevé que en 2030 habrá dos millones de muertes en estos países.
Ferrer, Thiago. El populismo de las zonas francas. “El País” Negocios 1.537 (19-IV-2015) 20. Críticas al modelo de desarrollo mediante zonas francas.
Jiménez, M. Ricardo Hausmann / Profesor de Harvard. ‘Los resultados económicos de la educación son decepcionantes’. “El País” (29-VI-2015) 33. Aboga por una educación en la empresa, más eficaz.
Garicano, Luis. Valores y desarrollo económico. “El País” Negocios 1.549 (12-VII-2015) 15.
Watkins, Kevin. Conocimiento para el progreso. “El País” Negocios 1.550 (19-VII-2015) 12. La importancia de la educación para el desarrollo.
Carretero, Nacho; Llaneras, Kiko. Las paradojas del progreso: razones para el optimismo. “El País” Ideas (31-XII-2016). El extraordinario desarrollo económico y social de los últimos decenios, pese a la actitud pesimista de muchos.
Hermoso, Borja. Michel Serres: la humanidad progresa adecuadamente. “El País” Ideas (31-XII-2016).

Mars, Amanda. La trampa estadística del desarrollo. “El País” (22-III-2017). La ONU advierte contra la cuantificación de los indicadores,     que no informan de la calidad del desarrollo. Por ejemplo: millones de mujeres escolarizadas siguen siendo analfabetas.

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