Blogs de Antonio Boix

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viernes, 17 de enero de 2014

La extrema derecha española.

La extrema derecha española: neofascismo, neonazismo, neofranquismo, populismo, la nueva derecha, el partido Vox...



Manifestación neonazi en España.
Definición.
La extrema derecha o ultraderecha española es un conglomerado de grupos organizados y corrientes no organizadas, que se sitúan políticamente en el extremo derecho de la escala ideológica conservadora. 
Clasificación.
Su clasificación es muy compleja, porque los límites son muy confusos, las ideas a menudo compartidas e intercambiables, con una pasarela constante de los individuos de un lado a otro. Por ello se presenta bajo múltiples formas, desde las más radicales  a otras claramente más moderadas. 
Los politólogos utilizan generalmente el término "neofascismo" para los más radicales y el término "populismo" para los más moderados. 
Neofascistas son el neonazismo (el más radical y violento) y el falangismo (próximo pero no idéntico al neofranquismo). Comparten con los movimientos neofascistas europeos la exaltación del líder, el desprecio por la democracia, la xenofobia y el odio a la izquierda.
Populistas son el neofranquismo, la nueva derecha, el partido Vox... Comparten la exaltación del nacionalismo español centralista y el odio a los nacionalismos periféricos del País Vasco y Cataluña, que asocian a separatismo y terrorismo (Sortu=ETA), el desprecio a la izquierda (traidora a España, siempre derrochadora y corrupta), un populismo fiscal caracterizado por el rechazo a los impuestos y a las políticas sociales redistributivas, y la nostalgia del franquismo (el ideal de la mano dura militar como encarnación de la verdadera alma patria). Los populistas españoles, salvo individuos concretos, no comparten la xenofobia generalizada en los movimientos populistas europeos.
La base social y los factores de estímulo o reducción.
Las encuestas reflejan que el 2% del electorado español se define regularmente de extrema derecha: son unas 700.000 personas. Apenas un escalón más abajo hay otro 2%, que se puede definir como tal en determinados momentos, como crisis económicas o políticas. Otros 700.000 votos. 
Hay muchos factores que estimulan o reducen la adscripción.
Los principales factores de crecimiento son la actual crisis económica y el desempleo, la ineficacia de la enseñanza democrática en el sistema educativo, la elevada inmigración desde finales de los años 90 y su corolario de xenofobia, la corrupción política, el deterioro reciente de la imagen de la Monarquía, la pervivencia del franquismo sociológico, los desajustes del Estado de las autonomías, y el secesionismo en Cataluña y País Vasco.
Los principales factores negativos son la despolitización de gran parte de la juventud, lo que disminuye de su cantera de militantes, y la potencia electoral del Partido Popular, que encuadra en su interior a la inmensa mayoría de los ultraderechistas (según Metroscopia de los 700.000 ultraderechistas hasta medio millón vota al PP).

¿Aparece una derecha a la derecha del PP?
Como han avisado muchos analistas, con un presidente del PP como José María Aznar no había espacio libre para que surgiera un caudillo fascista o un partido ultraderechista mínimamente viable.
Pero su sustitución por Mariano Rajoy, un dirigente casi siempre ensimismado, "antipopular" (en febrero de 2014 confiaban en él menos del 10% de los españoles) y conocido por su incumplimiento sistemático de las promesas (la mayoría le tilda de mentiroso compulsivo), ha abierto una brecha por la que está colando un reciente partido, Vox, integrado por algunos exmilitantes del PP, unidos por un batiburrillo de ideas: unos han sido apartados del poder (Vidal-Cuadras), otros se sienten menospreciados o traicionados (Ortega Lara). La gran mayoría añora a Aznar y pide mano dura contra los independentistas vascos y catalanes. Pero falta un líder potente, que encarne un proyecto creíble y atractivo para el magma ultraderechista. Y es dudoso que Aznar desee destruir uno de sus mayores legados, la unión de la derecha.
No obstante, muchos ultraderechistas permanecen en el PP, que no ignora la importancia de no perder su ala derecha. Por consiguiente, muchos han medrado hasta cargos importantes, y así Xavier García Albiol, alcalde de Badalona (Barcelona), ha emprendido desde el poder una campaña contra los inmigrantes, los musulmanes y los gitanos, con la connivencia de su partido y la inacción de la oposición de centro e izquierda, que parece inerme ante esta deriva antidemocrática.


García Albiol en un acto de propaganda política en Badalona, en el que fustigó a los inmigrantes.


Propaganda del PP en Badalona.

Los grupos neofascistas.

Cartel de una manifestación neofascista en Madrid.

Destacan por su número de afiliados la FE-La Falange, Alianza Nacional, Democracia Nacional y Nudo Patriota Español.
Se encuadran generalmente en grupúsculos neonazis, con dirigentes ancianos en muchos casos provenientes del franquismo, y otros mucho más jóvenes, en gran medida descendientes de grupos como los White Boys o los Ultrasur, a menudo ligados al amparo de la afición futbolística. 
Se financian mediante la venta de material neonazi (a menudo en actos públicos al amparo del PP, en el que muchos tienen una doble militancia), de propaganda en libros y revistas, donaciones de empresarios ultraderechistas, conciertos de rock, protección de los clubes de fútbol y las discotecas e incluso el robo, el narcotráfico al menudeo y la coerción a pequeñas empresas.

Puesto de venta de propaganda en un acto patrocinado por el gobierno municipal del PP en el polideportivo de Quijorna (Madrid). La alcaldesa no vio que esto fuera una exaltación de la ideología franquista.

Agresión de un neofascista a una inmigrante en el Metro de Madrid.

Sus acciones van desde las manifestaciones que convocan regularmente contra la democracia, o la participación en las manifestaciones de las víctimas del terrorismo de ETA y de las católicas contra las reformas socialistas en las que enarbolan sus banderas y gritan sus consignas, hasta la presencia con sus signos externos en los actos públicos del PP y, lo peor, los violentos ataques xenófobos contra los inmigrantes ilegales. 

Opiniones.
Joaquín Gil en Sin amanecer dorado en España [“El País” Domingo (27-X-2013)] aborda la cuestión de la todavía escasa presencia electoral de la ultraderecha española:
‹‹Pedro Pablo Peña rechaza la etiqueta de ultra. Se declara nazi y devoto de Adolf Hitler. Defendió en 1996 como abogado a Otto Remer, exjefe de Seguridad del Führer. Y hace un mes asistió a 5 de los 12 extremistas que reventaron el acto de la Diada en Madrid. “Esto no fue nada…”, desafía este exfalangista que pasó más de tres años en prisión por manipular explosivos. Pese a sus rugidos, la neofascista Alianza Nacional (AN), que preside Peña, pasa inadvertida. Reúne a 200 militantes y 3.000 votos. Su fama reposa en excandidatos como Pedro Cuevas, asesino del antifascista Guillem Agulló. O en el primer paso recorrido por la Fiscalía del Supremo para su ilegalización.
La tormenta perfecta que nutre el extremismo en la Europa espoleada por la crisis no arrecia en España. Cuatro formaciones ultras rasparon en las últimas generales 74.000 votos, un 0,3%. Menos que el Partido Animalista. Sin embargo, hay más ultraderechistas declarados. El 3% de la población, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). “Pero la extrema derecha se siente cómoda en el PP”, explica Belén Barreiro, expresidenta del organismo demoscópico, que estima que 9 de cada 10 radicales les vota.
Huérfana de líder, atenazada por la violencia, fragmentada por ojerizas, el radicalismo de derechas se desfonda desde la Transición, cuando tocó techo con el escaño de Blas Piñar. Pero eso fue en 1979.
Hoy, un revoltijo de una quincena de grupos se debate como alma en pena entre el populismo, la nostalgia o la fe nazi. Sus tentativas de unión saltan por los aires. La última fue la plataforma La España en Marcha. Sus cinco formaciones planean entre la tradición y el neofascismo. Nació en julio como embrión de un futuro partido. Y ya amenaza ruptura. Las tensiones entre dos de sus miembros, Alianza Nacional y Democracia Nacional, podrían resquebrajar un proyecto concebido para tumbar el muro que exige un 0,1% de avales para presentar una candidatura al Congreso. “La división, las barreras electorales y el voto útil al PP son nuestros enemigos”, dice José Luis Corral, del Movimiento Católico Español, con 200 seguidores.
Más de 2.000 sitios nazis y racistas infectan la red, el nuevo megáfono del extremismo. El diario digital InfoLibre encajó esta semana cuatro ataques firmados por ultras que tumbaron el portal. “Han impedido la pluralidad”, comenta el director, Jesús Maraña.
Pero nada apunta a un amanecer dorado. El historiador Xavier Casals desplaza el centro de gravedad de la ultraderecha de Madrid a Valencia y Cataluña. Plataforma per Catalunya (67 concejales) y la valenciana España 2000 (5) proclaman en voz alta los murmullos de taberna de un país estrangulado por la crisis: “Sobran inmigrantes y mezquitas”. “Ayudas solo para españoles”. El fundador de España 2000, el abogado José Luis Roberto, olfatea el éxito. “Subiremos en los barrios obreros”, sentencia. Su legión de 4.000 militantes todavía aguarda el día de la victoria.››
El sociólogo José Pablo Ferrandiz en ¿Hay espacio más allá? [“El País” (6-II-2014)] analiza la dificultad de que surja una alternativa electoral en la extrema derecha, al socaire de la aparición de Vox:
‹‹Un 2% del electorado español se define de extrema derecha, esto es, se autoposiciona en la escala ideológica de 0 a 10 —en la que el 0 equivale a la extrema izquierda y el 10 a la extrema derecha— en las posiciones 9 y 10. En números absolutos este porcentaje supone alrededor de 700.000 personas. En general, la mayoría de ellos han venido apoyando electoralmente al PP, incluso en los momentos en los que este partido ha escenificado con mayor claridad un acercamiento al centro político. Según los datos de Metroscopia, en torno a medio millón de estos electores votaron al PP en las últimas elecciones generales celebradas en 2011. Es probable que este apoyo se deba, en alguna medida, a la ausencia de una alternativa política real ideológicamente más escorada a la derecha de lo que los votantes perciben al PP. Esto no significa, en todo caso, que una escisión política por la derecha del PP, con la creación de un nuevo partido, fuera capaz de reunir el apoyo de la mayoría de este electorado de extrema derecha: es probable que la mayor parte de ellos siguiera fiel al PP, otra optara por la abstención y otra acabara votando a otros partidos. Pero aunque todos votaran a la nueva opción política —para conseguirlo probablemente el partido debería encontrar a un líder con el carisma suficiente para reunir en torno a él a este electorado y crear un espacio político que ahora, si existe, está muy fragmentado y ocupado por pequeños partidos marginales— su relevancia política sería escasa. En unas elecciones al Parlamento Europeo como las que se van a celebrar el próximo mayo (donde la circunscripción electoral es una única nacional) se necesita, en promedio, alrededor de 300.000 votos para conseguir un diputado. Y en unas elecciones generales donde la ley electoral no favorece la entrada de partidos pequeños lo más probable es que no obtuvieran representación en el Congreso. Su cuota de poder institucional podría llegar a través de las elecciones municipales y, en algún caso, de algunas autonómicas, como ya ocurre ahora con, por ejemplo, la Plataforma per Cataluya que consiguió 67 concejales en 2011.

La gran paradoja es que un partido de extrema derecha en España, si quiere crecer electoralmente y ocupar cierta cuota de poder, tiene la obligación de moderarse porque en las posiciones menos extremas de la escala ideológica están los grandes caladeros de votos: un 8% de la población española se sitúa en el 7 y en el 8 y un 10% en el 6. Y ahí ya no estaría solo. Tendría que competir, entre otros, con el PP.››

Fuentes.
Internet.
Artículos.
Gil, Joaquín. Sin amanecer dorado en España. “El País” Domingo (27-X-2013) 5. El neofascismo es todavía muy débil en España.
Duva, Jesús. La policía detuvo a 300 ultras en Madrid en tres años. “El País” (3-XI-2013) 24.
Sánchez Mellado, Luz. El peligroso juego del ‘aguilucho’. “El País” (6-X-2013) 14. Aumenta la exhibición de signos nazis y franquistas ante la pasividad del Gobierno.
Prieto, Joaquín. Una derecha a la derecha de la derecha. “El País” (6-II-2014) 34-35.
Ferrandiz, José Pablo. ¿Hay espacio más allá? “El País” (6-II-2014) 34.
Carbajosa, Ana. Garbanzos solo para españoles. “El País” (29-IX-2014) 21. La ultraderecha española intenta acercarse a la gente con repartos de comida y otros actos sociales, pero marcados por el racismo.
Vidal-Folch, X. El lepenismo español. “El País” (19-V-2015) 2. La extrema derecha xenófoba aparece en el PP pero también en partidos nacionalistas como CiU o ERC.

García, Jesús. Ganar la calle, perder el poder. “El País” Cataluña (6-VI-2015) 1. Xavier García Albiol (PP) pierde la alcaldía por el pacto de la izquierda, unida contra su política xenófoba. [Meses después, García Albiol fue promovido a líder del PP en Cataluña]

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