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lunes, 6 de enero de 2014

El psicólogo estadounidense William James (1842-1910) y sus consejos para la vida.

El psicólogo estadounidense William James (1842-1910) y sus consejos para la vida.


William James (Nueva York, 1842-Chocorua, 1910) fue hijo del teólogo H. James y hermano del célebre escritor Henry James. Fue doctor en Medicina por la Universidad de Harvard (1869), en donde fue primero profesor de Medicina y luego de Filosofía, teniendo de compañeros a Royce, Peirce y Santayana. Viajó por Europa y fue amigo de Spencer, Wundt, Renouvier y Bergson.
Realizó sus primeros estudios en psicología fisiológica, en la “frontera vaga” entre lo corporal y lo psíquico. Escribió Principios de psicología (1890), donde difundió su tesis de la “corriente de consciencia”, la conciencia como proceso de experiencias no siempre conscientes y diferenciadas, que influyó decisivamente en Freud y en la literatura contemporánea (Viginia Woolf, Proust, Joyce o los surrealistas). La teoría de Lange-James para explicar las emociones es que en el complejo psicosomático de la emoción lo primero es la alteración física: “sentimos pena porque lloramos”.
El resto de su pensamiento evolucionó a la filosofía de la vida, con una prosa clara y consejos de sentido común basados en su experiencia personal.
James escribió sobre la capacidad de obtener los objetivos en la vida:
«En casi todo lo que emprenda, sólo su entusiasmo le conducirá al éxito. Si usted se preocupa por alcanzar un objetivo, triunfará, sin lugar a dudas. Si quiere ser bueno, será bueno. Si quiere ser rico, será rico. Si quiere aprender, aprenderá. Sólo que usted debe desear realmente estas cosas, y desearlas exclusivamente, sin desear al mismo tiempo otras cien cosas incompatibles.»
James reflexionaba sobre la acción:
«La acción parece ser una consecuencia del sentimiento, pero en realidad, acción y sentimiento son inseparables; al regular la acción, que se halla más directamente bajo el control de la voluntad, podemos regular indirectamente el sentimiento, que no lo está.
Por ello, el soberano camino a la felicidad, si hemos perdido nuestra dicha, es tomar actitudes felices, actuar y expresarnos como si la felicidad fuera ya nuestra. Si esta conducta no trae consigo un sentimiento de dicha, ninguna otra cosa puede lograrlo.
Así, para sentirnos valerosos, debemos actuar como si lo fuéramos, emplear toda nuestra voluntad para ese fin, y un sentimiento de valor reemplazará muy probablemente nuestro sentimiento de miedo.»
James pensaba sobre el éxito, un objetivo que debía estimarse dentro de las razonables capacidades del individuo concreto:
«Que ningún joven sienta ansiedad alguna sobre el éxito final de sus esfuerzos, cualquiera sea el camino elegido. Si aprovecha completamente cada hora de trabajo diario, puede dejar de preocuparse sobre el resultado final. Puede tener la plena certidumbre de despertarse alguna hermosa mañana y encontrarse convertido en uno de los individuos más competentes de su generación, cualquiera que sea el propósito que haya perseguido.»

Fuentes.
Internet.

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