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viernes, 17 de enero de 2014

España: la igualdad legal y laboral de la mujer.

España: la igualdad legal y laboral de la mujer.



En España se han fomentado en los últimos años, sobre todo gracias al Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero en 2004-2011, la presencia de la mujer en los cargos directivos de las empresas, su promoción laboral y la mejora de los servicios que favorezcan su inserción laboral y social, pero el gran problema sigue siendo la continuidad de las prácticas machistas de la sociedad.

Durante el mandato del PP iniciado a finales de 2011 el empuje reformista se ha interrumpido, aunque cabe destacar la importante presencia femenina en muchos de los principales cargos del Partido Popular, desde la vicepresidencia del Gobierno a las alcaldías de Madrid y Valencia, pasando por las presidencias autonómicas de Aragón y Castilla-La Mancha, y hasta finales de 2012, de Madrid con Esperanza Aguirre.

Desde que comenzó la crisis en 2007 la tasa de actividad femenina ha subido cuatro puntos y la masculina ha bajado dos, mientras que la brecha salarial se mantiene en el 22%, y las féminas han creado tres de cada diez microempresas desde 2008.

Nogueira, en el excelente artículo La crisis se ceba con las mujeres, “El País” (7-III-2012), resume la situación actual:
‹‹Un reguero de desempleo cada vez más caudaloso, dificultades para hacer compatible el trabajo y la vida familiar —cuyas responsabilidades recaen en ellas en mayor medida— y recortes al Estado de Bienestar. En femenino, la crisis se conjuga con agravantes, según las expertas. Y el panorama pinta negro: algunos de los cambios que vienen, como la flexibilidad de jornada que la reforma laboral acaba de consagrar para los empresarios y el apoyo al trabajo a tiempo parcial, ahondarán las diferencias. Frente a ese panorama, algún “brote verde”, de la mano del autoempleo.
“La crisis tiene consecuencias distintas para hombres y mujeres. El aspecto más letal para ellas es el recorte del gasto público”, afirma Lina Gálvez, profesora de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad Pablo de Olavide. Y lo explica así: esa rebaja se deja sentir en el empleo público, “hasta ahora el mejor empleador de las mujeres”, cuyas plazas “se han congelado y donde van a caer interinos”. Además, esa medida provoca el recorte de los servicios sociales, y esto afecta a las mujeres por partida doble: emplean mano de obra femenina en gran medida y favorecen sobre todo a las ciudadanas, porque las alivian de las tareas de cuidado que protagonizan. “Quizá lo más nefasto es que estos recortes van a afectar incluso a la empleabilidad de las mujeres”, añade esta experta.
Recortar lo que ya es corto. Antes de la crisis económica, la bonanza había atenuado la falta de equidad en el ámbito laboral —la autonomía económica es fundamental para la igualdad—, pero sin acabar con ella. “Se olvida que no estábamos en el mejor de los mundos”, dice Almudena Fontecha, responsable de Igualdad de UGT. Cuando el bienestar tocaba techo, en el segundo trimestre de 2007, el desempleo masculino era prácticamente estructural: el 6,1%. Pero el femenino era el 10,5% y cerca de un millón de mujeres buscaba trabajo, según la Encuesta de Población Activa (EPA). Cuatro años después y tras el drástico aumento del desempleo masculino, la tormenta económica deja la tasa de paro casi igualada entre las personas de más de 16 años, pero las mujeres siguen en cabeza: 23,3% para ellas y 22,4% para ellos. Al derrumbe de la construcción —que se cebó con la mano de obra masculina— ha seguido el de los servicios, muy feminizados. “Aunque el desempleo de los hombres ha crecido mucho más, no ha superado la tasa que padecen las mujeres”, recalca Carmen Bravo Sueskun, secretaria de la Mujer del sindicato CCOO. “A ellas les cuesta más que a los hombres conseguir un empleo. Por eso son más pesimistas. Creen en mayor medida que lo pueden perder, y que no volverán a tener otro”, explica María Ángeles Durán, profesora de investigación del CSIC.
Una vez en el paro, “ellas acceden menos al subsidio, porque trabajan en condiciones más precarias”, plantea Fontecha. Ahora están desempleadas 2,4 millones de mujeres y 2,8 millones de hombres. “Ellas afrontan mejor el hecho de quedarse sin empleo si tienen un flotador económico en la pareja. En cambio, los varones llevan peor esa misma situación, porque la cultura imperante les hace sentirse fracasados”, tercia Durán.
Otra de las diferencias entre unas y otros es que la crisis no ha frenado las expectativas de las ciudadanas, cuya tasa de actividad ha subido cuatro puntos desde 2007 —ahora es del 52,9% entre las mayores de 16 años—, mientras que la de los hombres ha caído dos puntos —67,3%—. “En épocas de crisis suele aumentar la actividad femenina, porque las mujeres buscan aumentar la renta familiar”, explica Laura Nuño, directora de la cátedra de Género de la Universidad Rey Juan Carlos. También ellas son quienes “mantienen las redes familiares, que son el soporte de la crisis”, añade Durán.
Ahora tienen empleo 9,8 millones de varones y ocho millones de mujeres —en 2007 eran 12 y 8,3 millones, respectivamente—. Una vez en el tajo, persiste una notable segregación por sexos en el empleo, de forma que cualquier recorte en servicios como la sanidad, la educación o los cuidados, por ejemplo, se ceba más con el empleo femenino. Es “fundamental” tomar medidas para atajar el paro en el sector servicios, “que es donde se concentra un importante porcentaje del empleo femenino”, asegura por escrito la directora general para la Igualdad de Oportunidades, Carmen Plaza. Son más del 80% en esa área.
 Al mercado laboral segregado se añade la brecha salarial, una de las grandes diferencias entre mujeres y hombres. Se sitúa en el 22%, según el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, que un programa de medidas contra esta divergencia. La desigualdad es mayor en los trabajos a tiempo parcial, donde el sueldo por hora femenino supone el 76% del masculino, según el INE. La titular del departamento, Ana Mato, defiende a capa y espada que “la mejor política de igualdad es la que crea empleo”. Pero de momento, solo se destruye.
Las reformas en marcha del mercado de trabajo contienen amenazas específicas para la situación laboral de las mujeres, según los sindicatos. Advierten, por ejemplo, del riesgo de que las empresas, al descolgarse de los convenios, lo hagan también de los planes y medidas de igualdad —para equiparar la situación de trabajadoras y trabajadores— que contienen muchos de ellos. El Ministerio de Trabajo precisa que no está previsto el descuelgue en esta materia. Admite, en cambio, que la reforma limita el margen para la jornada reducida por guarda de un menor, que toman las madres casi en exclusiva. A partir de ahora, la rebaja del tiempo de trabajo deberá ser diaria, a no ser que se pacte lo contrario. Otro efecto temido es que la posibilidad de que los empresarios cambien los horarios por su cuenta dificulte aún más la conciliación a las mujeres, apunta, entre otras, la responsable de Igualdad del PSOE, Purificación Causapié. En un informe difundido ayer, el sindicato UGT augura más paro y mayor precarización del empleo femenino en paralelo con mayores dificultades para conciliar, entre otras cosas porque los trabajadores a tiempo parcial podrán hacer horas extra a partir de ahora.
Y el tiempo parcial es, sobre todo, femenino. “Esta modalidad, que se incentivará como fórmula de conciliación, supone menores ingresos, difícil carrera profesional y menor jubilación”, plantea Gálvez. Casi la mitad de las empleadas que tienen este tipo de contrato preferirían disponer de otro a tiempo completo (48,4%, según el Instituto Nacional de Estadística). El segundo motivo para esta situación es el cuidado de niños o adultos (16,1%). Es una factura de la dificultad para aunar el trabajo remunerado y las obligaciones familiares, donde la corresponsabilidad entre los miembros de la pareja sigue siendo una asignatura pendiente.
“Además, la crisis provoca un cierto miedo a ejercer derechos como la conciliación”, asegura Fontecha. “En estos tiempos, no podemos jugar a que alguien nos vea menos comprometidos con la empresa, y eso tira para atrás de las fórmulas de trabajo flexible”, añade Nuria Chinchilla, experta en conciliación del IESE de la Universidad de Navarra. La presencia física cuenta más que los objetivos, lamenta. Las dificultades para conciliar son una de las razones para que las mujeres solo ocupen el 10% de los cargos de alta dirección, según la encuesta de la consultora PwC.
 “La crisis afecta a todo el mundo, no estoy segura de que ellas estén más tocadas que ellos, pero sí puede estar afectando a la conciliación, porque parece que tenemos que trabajar más para conseguir lo mismo”, prosigue Chinchilla. Y hablar de conciliación es hablar de mujeres, que “son cada vez más el ganapán”, por el desplome, también, del empleo masculino. “Eso no se ve compensado por el tiempo que dedican los hombres a construir el hogar”, continúa la experta. Las mujeres dedican de media cuatro horas y media al día al hogar y la familia y los hombres, dos y media, según la Encuesta de Usos del Tiempo del INE.
Más desempleo, trabajo remunerado más precario, con menor sueldo y más obligaciones en casa. Por eso, las mujeres son más sensibles a los recortes del Estado del bienestar, de los servicios públicos. “Les afectan más a ellas, porque se benefician en mayor medida”, explica la socióloga Durán. El frenazo a la Ley de Dependencia es doblemente pernicioso para las mujeres, porque muchas abandonan sus trabajos para cuidar de sus mayores y porque esta ley ha supuesto una buena cantera de empleo femenino. Entre 2009 y 2010, los últimos datos presentados por el Gobierno, se crearon gracias a esta ley 165.000 trabajos directos; la inmensa mayoría, dicen los expertos, fueron para mujeres.
Así las cosas, el autoempleo es una opción en alza. La visión optimista la pone el profesor Joan Torrent, de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), uno de cuyos estudios señala el salto que han dado las mujeres justo en época de crisis: si antes de 2008 ellas eran las responsables del 20% de las microempresas que se creaban, desde esa fecha hasta 2011 los son en un 31%. “Ellas han sabido ver más oportunidad en la crisis que los hombres”, afirma sin dudas. La cara B de este asunto es la motivación de las mujeres para formar una empresa de estas características: les proporciona el empleo que no encuentran por ningún otro sitio y una flexibilidad laboral que deja hueco para otras tareas, véanse la casa, los hijos, los mayores… “Ya antes de la crisis las mujeres han manifestado en otros estudios internacionales su deseo de crear una empresa propia, pero no es la oportunidad de negocio lo que las anima, sino la necesidad”, constata Maria Àngels Valls, profesora del ESADE. “No es de extrañar”, dice, “que el cierre del mercado de trabajo con la crisis haya acentuado esa necesidad de crear empresa propia”. “Pero también es verdad que muchos de esos deseos no se cumplen porque las mujeres encuentran dificultades con la financiación”, añade.
Efectivamente, el estudio del profesor Torrent no habla tanto de oportunidad de negocio como de necesidades añadidas: conciliación, autoempleo, discriminación salarial. Y de algunas ventajas que favorecen este despegue femenino en la creación de microempresas: la formación universitaria que tienen y las nuevas tecnologías que las sitúan en un contexto global y flexible para este tipo de iniciativas. “Con estos negocios, de alguna manera compran su libertad y ordenan su vida por cuenta propia”, afirma Torrent.
Este experto cree que estas microempresas —una gota en el océano del empleo— son los verdaderos brotes verdes, porque están surgiendo con fortaleza en tiempos de recesión, adaptadas ya al mundo laboral global y tecnologizado. Antes de la crisis el 40% moría en el primer año de vida, ahora no llega al 30%. “Las ayudas públicas deben repartirse entre estas empresas, en España la costumbre era darle a las grandes, pero estas tienen fortaleza para aguantar la crisis”, dice.
Con el panorama actual, las expertas pintan un panorama de tintes sombríos. “Con el empeoramiento de las condiciones laborales y los recortes de las políticas sociales, existe un riesgo cierto de que las mujeres tiren la toalla en el terreno laboral”, advierte la socióloga Constanza Tobío, experta en conciliación de la Universidad Carlos III.  “Si el acceso a los servicios de cuidado se encarece o dificulta y el salario de las mujeres baja, se incentiva que las mujeres se puedan quedar en casa o vayan a trabajar a tiempo parcial”, plantea Gálvez. “En todas las crisis que se han analizado según el efecto en hombres y en mujeres se ha visto que provocan retrocesos en los avances generales en igualdad e intensifican el trabajo de las mujeres, sobre todo el no remunerado”, concluye. El dianóstico definitivo llegará cuando pase la tormenta.››

El editorial Hacia la igualdad real [“El País” Negocios 1.586 (27-III-2016)] preconiza un mayor esfuerzo legal y social:
‹‹La lucha por la igualdad laboral entre hombre y mujer (incluyendo por supuesto los cargos directivos en las empresas) se parece mucho a la pelea contra el fraude fiscal: todos los agentes sociales se pronuncian en contra de la desigualdad, igual que contra la evasión fiscal; todos se rasgan las vestiduras y piden o prometen acciones radicales para corregir ambas anomalías, pero nadie las toma y cuando se escriben en normas, decretos o recomendaciones, su eficacia se dispersa en multitud de nudos de decisión. La diferencia es que el fraude fiscal es ilegal y la discriminación por sexo, pocas veces admitida como tal, pertenece a un confuso universo situado entre la alegalidad y las recomendaciones bienpensantes que nada resuelven, pero a muchos tranquilizan. Los resultados, para la desigualdad y para el fraude, son la mediocridad que cabría esperar: escasos avances, retórica huera y promesas de mitin.
Resulta difícil explicar las causas de la desigualdad entre hombres y mujeres en las empresas, particularmente en lo que se refiere a la ausencia femenina en los puestos de alta dirección, salvo que se recurra al término machismo, que parece decirlo todo y no explica nada. La incorporación de la mujer a las tareas profesionales progresa a buen ritmo (bien que relativamente y de forma desigual) mientras se mueve en estratos salariales bajos o medios; pero sufre un colapso progresivo cuando empieza a aproximarse a los altos niveles de dirección. Las hipótesis para explicar este oscurecimiento apuntan a la presión familiar, los horarios inconvenientes o la ausencia de políticas de conciliación en España. En favor de esta hipótesis está el que países como Suecia hayan conseguido cotas muy elevadas de igualdad intensificando las políticas de conciliación. Pero, claro, la condición de eficacia es que el mensaje sea nítido y contundente; no valen correcciones menores de la legislación, de esas que suelen saludarse como “un paso adelante” a falta de expectativas mejores; las medidas que se exigen son radicales y, desde luego, tienen un coste para el Estado y para las empresas que, si se quiere ir más allá da la chatarra verbal, hay que asumir.
La desigualdad parte de una actitud dañina para los intereses de los asalariados de una compañía, de sus directivos y de la propia empresa: la de relegar el mérito a la última consideración cuando se trata de contratar o ascender a una persona. Esta disfunción en origen es notable, porque quien decide prefiere considerar antes y sobre todo características manifiestamente mediocres (fidelidad, baja conflictividad, mímesis con el entorno, simpatía, incluso el banal “¡es un gran chico!”) a la capacidad técnica, la creatividad o la pericia para encauzar el trabajo de un equipo. En este humus se fabrica, como un destilado primordial, la desigualdad del sexo en las posiciones directivas de la empresa. Porque el órgano de decisión sobre los equipos directivos forma sus ideas (el más fiel, el más simpático, el amigo) en entornos extraprofesionales, donde, como se repite con frecuencia, las mujeres no suelen estar.

Es pura negligencia sostener que la igualdad de la mujer en las empresas, a cualquier nivel, debe ser entendida como “una larga paciencia”. Quizá el camino sea largo, pero no puede emplearse ese eslogan tipo coartada mientras no se hayan tomado todas las decisiones político/administrativo/corporativas imprescindibles para conseguir el objetivo propuesto. Hay modelos sociales que imitar -es el punto de partida- y, desde luego, modelos societarios que mejorar. Es difícil entender que la elección de consejeros y directivos en las empresas tenga más que ver con el nepotismo o la proximidad que con un proceso abierto, transparente y neutral de selección. (…)››

Fuentes.
Internet.
[http://www.ugt.es/Mujer/empleomujeres.htmLa situación en 2003 en España del mercado de trabajo por sexos. 

Artículos.
Rivera, Alicia. Un experimento prueba la eficacia de la discriminación positiva de la mujer. “El País” (5-II-2012) 35.
Nogueira, Charo. La crisis se ceba con las mujeres. “El País” (7-III-2012) 30-31.
Nogueira, Charo. La discriminación indirecta también daña. “El País” (3-XII-2012) 28-29. Una sentencia de la UE obliga a replantear en España las pensiones de los trabajos a tiempo parcial, que están ocupados en un 74% por mujeres, con grandes dificultades para acceder a pensiones y que, si las consiguen, son muy bajas.
Sahuquillo, María R. El PP rechaza que la UE imponga cuotas femeninas. “El País” (28-XII-2012) 39.
Redacción (editorial). La igualdad se resiste. “El País” Negocios 1.437 (12-V-2013) 3.
Sánchez-Silva, Carmen; Fernández, David. Testosterona SA. “El País” Negocios 1.437 (12-V-2013) 4-6. Las mujeres siguen preteridas en las empresas.
Fernández, David. Malabares para tapar la desigualdad. “El País” Negocios 1.437 (12-V-2013) 7. Las razones de las empresas para excusar la desigualdad.
Abellán, Lucía. Europa avanza hacia la cuota. “El País” Negocios 1.437 (12-V-2013) 8.
Sahuquillo, María R. Ana Mato: ‘La falta de varón no es un problema médico’. “El País” (24-VII-2013) 30-31. El Gobierno del PP deniega la inseminación artificial a las lesbianas y mujeres sin pareja.
Cañas, Gabriela. Entre costuras y recortes. “El País” (18-XI-2013) 37. La desigualdad entre hombres y mujeres en salarios se refleja en las pensiones medias: ellos 1.069 euros, ellas solo 660.
Gosálvez, Patricia. Más mujeres, señores consejeros. “El País” (8-VI-2014) 40-41.
París, Inés. Africanas en España. “El País” S Moda 166 (22-XI-2014) 32-37. Entrevistas a destacadas mujeres africanas establecidas en España.
Vidales, Raquel. Sanidad exigirá a familias africanas que renuncien a practicar la ablación. “El País” (13-I-2015) 32-33.

Mouzo, J.; Gómez-Robledo, M. Cirugía contra la tradición. “El País” (13-I-2015) 32-33. Se puede reconstruir el clítoris extirpado, un avance que pocas mujeres usan.
Blázquez, Susana. Rompiendo moldes. “El País” Negocios 1.538 Extra Empleo (26-IV-2015) 6. La incorporación de la mujer al mundo laboral.
Editorial. Hacia la igualdad real. “El País” Negocios 1.586 (27-III-2016) 5.

González, J. S. Las mujeres cobran de media un 20% menos que los hombres. “El País” (25-X-2016).