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lunes, 6 de enero de 2014

Pedagogía: La dislexia.

Pedagogía: La dislexia.
La dislexia es un trastorno del aprendizaje de la lectoescritura, de carácter persistente y específico, que se da en niños que no presentan ningún impedimento físico, psíquico ni sociocultural, y es la causa más común de las dificultades de leer, escribir y deletrear.
Unos 700 millones de personas, el 10% de la población, son disléxicas. La dislexia afecta el triple a los hombres que a las mujeres, y tiene un fuerte componente hereditario, por lo que los padres disléxicos frecuentemente pasan el problema a sus hijos.
Idiomas como el español, con una fonética más regular, dificultan la detección de la dislexia. En inglés, por ejemplo, donde a una letra le corresponden varios sonidos, el diagnóstico es más precoz.
Uno de cada cinco estudiantes tiene dificultades para el aprendizaje, debidas a la dislexia y otras anomalías, pero menos de un tercio de los niños con problemas de lectura reciben tratamiento específico en las escuelas.
Los disléxicos ven afectada su coordinación motora, el cálculo mental, la concentración y la organización personal. Es habitual que también presenten hiperactividad, dispraxia o déficit de atención asociados al trastorno.
Un estudio de 2012 apuntaba a que los nacidos en otoño (hasta final de año) que comienzan el colegio a una menor edad presentan un mayor índice de afectación, por lo que parece una respuesta a un entorno de individuos más maduros.
Una investigación de la Universidad de Lovaina, dirigida por el neurocientífico Bart Boets y publicada en "Science" en diciembre de 2013, demuestra que los afectados por el trastorno tienen menos conectados los módulos lingüísticos de la mente. Boets informa que “las dificultades para leer y escribir no solo afectan a la educación y el desarrollo cognitivo, sino que también tienen un gran impacto en el bienestar socio-emocional, las oportunidades de trabajo y otros aspectos” y añade que, en la mayoría de las lenguas, el sistema de escritura es alfabético, o una correspondencia entre las unidades básicas del habla (los fonemas) y los símbolos visuales (letras o grafemas). La mayoría de los niños pueden así aprender a leer y escribir estudiando las reglas de correspondencia entre fonemas y grafemas. Y concluye: “Pero este proceso requiere cierto entendimiento de la estructura sonora, o fonológica, del lenguaje, y aquí es donde reside la dificultad de los disléxicos”.

Fuentes.
Internet.

Artículos.
Casals, David. Aunar esfuerzos para diagnosticar la dislexia. “El País” (29-I-2007) 42.
Ruiz del Árbol, Maruxa. ¿Tal vez tu hijo es disléxico y nadie lo sabe? “El País” (13-III-2008) 36-37.
Sampedro, Javier. En el cerebro de un disléxico. “El País” (6-XII-2013) 38-39. Una investigación demuestra que los afectados por el trastorno tienen menos conectados los módulos lingüísticos de la mente.
Sosa Troya, María. Luz Rello. ‘La detección de la dislexia es crucial: se puede resolver. “El País” (14-XII-2013) 68. Lingüista, superó su dislexia y ha creado un juego para que los disléxicos mejoren la escritura, Dyswebxia.
Tejedor, Esther. Un diagnóstico difícil. “El País” (6-XII-2013) 38-39.