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lunes, 3 de febrero de 2014

La Filosofía de la Edad Contemporánea.

          Índice:
           LA FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA.
1: Caracteres generales del siglo XIX: los sistemas (1800-1850).
2: El movimiento tradicionalista.
3: Joseph Maistre.
4: Louis de Bonald.
5: Benjamin Constant.
6: Lamennais.
7: La ideología.
8: Destutt de Tracy.
9: Cabanis.
10: La influencia de la ideología.
11: La filosofía de Maine de Biran y la decadencia de la ideología.
12: Bichat.
13: Maine de Biran: el hombre.
14: La formación de la doctrina: el hábito.
15: La doctrina del yo: el hecho primitivo.
16: La última filosofía de Maine de Biran.
17: Ampère.
18: La difusión del kantismo en Francia.
19: El espiritualismo ecléctico en Francia.
20: Laromiguière.
21: Royer-Collard.
22: Jouffroy.
23: Victor Cousin.
LA ESCUELA “ESCOCESA” Y EL UTILITARISMO INGLÉS ENTRE 1800 Y 1850.
1: Douglas Stewart.
2: Thomas Brown.
3: William Hamilton.
4: Jeremy Bentham.
5: Malthus y Ricardo.
6: John Stuart Mill.
7: La relación romántica: Coleridge y Carlyle.
LA FILOSOFÍA IDEALISTA ALEMANA.
1: Fichte.
2: La libertad en Fichte.
3: Los tres principios de la teoría de la ciencia.
4: Schelling y los románticos.
5: Hegel.
6: Descomposición del hegelianismo.
7: Al margen de los postkantianos. de Goethe a Schopenhauer.
8: Goethe.
9: Schopenhauer.
10: El historicismo.
11: La teoría historicista.

12: Marx y Engels.
13: El método histórico de Marx y Engels.
LA FILOSOFÍA RELIGIOSA ENTRE 1815 Y 1850.
LA FILOSOFÍA EN FRANCIA.
1: Los socialistas utópicos.
2: Fourier.
3: Saint-Simon y los sansimonianos.
4: Proudhon.
EL POSITIVISMO.
1: Comte.
2: Renan.
EL IDEALISMO ITALIANO.
LA FILOSOFÍA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XIX.
1: Balmes.
EL PERIODO 1850-1890: CARACTERÍSTICAS GENERALES.
1: John Stuart Mill.
2: Transformacionismo, evolucionismo y positivismo.
3: La filosofía religiosa.
4: El movimiento criticista.
5: La metafísica.
6: Friedrich Nietzsche.

DESARROLLO DEL PERIODO 1890-1930.
1: Características generales.
2: El despertar de la filosofía hacia 1890.
3: El espiritualismo de Henri Bergson.
4: La doctrina bergsoniana.
5: Las filosofías de la vida y de la acción.
EL PRAGMATISMO.
1: Léon Olle-Laprune y Maurice Blondel.
EL IDEALISMO.
1: El idealismo anglosajón: Bradley, Bosanquet y Royce.
2: El idealismo italiano.
3: Hamelin.
4: El idealismo alemán.
5: El idealismo de Jules de Gaultier.
LA CRÍTICA DE LAS CIENCIAS.
1: Poincaré, Duhem y Milhaud.
2: La crítica de las ciencias y el criticismo.
3: La crítica de las ciencias y el desarrollo científico moderno.
4: Epistemología y positivismo.
LA CRÍTICA FILOSÓFICA.
1: El neokantismo.
2:  El neokantismo de la Escuela de Marburgo.
3: El neokantismo de la Escuela de Baden.
4: Max Weber.
5: El relativismo de Simmel y de Volkelt.
6: El neokantismo italiano.
7: El relativismo de Höffding.
8: El espiritualismo en Francia.
9: Léon Brunschwig.
10: André Lalanche y el racionalismo.
11: Frédéric Rauh.
EL REALISMO.
1: El realismo anglosajón.
2: El realismo en Alemania: Husserl y Rehmke.
3: El realismo neotomista.

EPISTEMOLOGÍA Y POSITIVISMO.

1: Popper.

EL EXISTENCIALISMO.
Heidegger.
EL MARXISMO HETERODOXO: BENJAMIN, BLOCH...

1: Walter Benjamin.
EL POSITIVISMO LÓGICO.
1: Carnap.
SOCIOLOGÍA Y FILOSOFÍA EN FRANCIA.
1: Psicología y filosofía.
2: La filosofía después de 1930.
3: Las dos tendencias de la filosofía contemporánea.
4: La tendencia a lo concreto.
5: Las tendencias subjetivistas y sus críticos.
6: El estructuralismo.

 LA FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA.
1: Caracteres generales del siglo XIX: los sistemas (1800-1850).
2: El movimiento tradicionalista.
El pensamiento conservador y el tradicionalismo (o legitimismo) constituyen un conjunto de doctrinas legitimadoras del Antiguo Régimen, de la religión y de la Restauración de los gobiernos absolutos que triunfó en la Europa continental en 1815, con el Congreso de Viena que fijó el nuevo mapa postnapoleónico. Se opone a la ideología racionalista y liberal de la Revolución Francesa.
El pensamiento conservador se desarrolla sobre todo en Alemania (en especial Prusia y Austria), con las teorías políticas de los románticos (los alemanes Gentz, Novalis, Muller, Haller, Stahl; el francés Chateaubriand; el británico Burke), que sostienen una visión conservadora del Estado, que debe ser autoritario, jerárquico, estamental, tradicional, católico (o luterano en Prusia), sin partidos políticos (Stahl los considera enemigos de la unidad nacional).
El tradicionalismo, en cambio, es una doctrina a la vez filosófica y política. Básicamente se la puede considerar una corriente francesa, pues a principios del siglo XIX, sus principales representantes fueron los franceses Joseph de Maistre y Louis de Bonald, que legitiman la Restauración y atacan a la Revolución. En España inspiraron al absolutismo de Fernando VII, al carlismo, y al pensador Juan Donoso Cortés. 
El pensamiento filosófico-teológico del tradicionalismo sostuvo que tanto el conocimiento de la verdad como la realización del bien y de la justicia son inasequibles al hombre sin una especial asistencia divina. Esta asistencia se entiende como una revelación primitiva que se ha transmitido históricamente a través de la Iglesia y de la institución monárquica.


3: Joseph Maistre.
4: Louis de Bonald.
5: Benjamin Constant.
6: Lamennais.
La Iglesia católica se consideró garante de las tradiciones religiosas, históricas y culturales de los pueblos. Muchos pensadores (como los tradicionalistas católicos De Bonald y De Maistre) y políticos creyeron que la defensa de la Iglesia era lo mismo que la defensa de la esencia de sus naciones. Esto explica que en Inglaterra menudearan las conversiones en los medios anglicanos y aristocráticos.
Un católico liberal, Lamennais (1872-1854), desde el diario “L'Avenir” (junto a Lacordaire y Montalembert) intentó conciliar el catolicismo con el liberalismo, mediante la defensa del principio de la “libertad de la Iglesia frente al Estado”. Pero el papa Gregorio XVI condenó este intento como “indiferentismo” (laicismo), por lo que Lamennais rompió con la Iglesia.
La Iglesia se opuso al liberalismo en cuanto este defendía un Estado laico: el papa Pío IX lo condenó en la encíclica Quanta cura (1864), que se publicó acompañada del Syllabus Errorum, sumario de los «principales errores de nuestro tiempo»: liberalismo, democracia, sindicalismo, socialismo, anarquismo, modernismo, escep­ticismo científico.

Pero su sucesor León XIII, en su Rerum Novarum (1891) llegó a aceptar un catolicismo liberal, para poder pactar con los gobiernos burgueses.
7: La ideología.
8: Destutt de Tracy.

Antoine-Louis-Claude Destutt de Tracy (1754-1836) representa junto a Condorcet el grupo de los historiadores “ideólogos”, con Elementos de ideología (1803-1815). Destutt es un noble ilustrado revolucionario, antecesor de Comte. Propone una “ciencia de las ideas”, una historia científica, debe servir de pedagogía para que los hombres hagan las reformas racionales en beneficio del interés común.
9: Cabanis.
10: La influencia de la ideología.
11: La filosofía de Maine de Biran y la decadencia de la ideología.
12: Bichat.
13: Maine de Biran: el hombre.
14: La formación de la doctrina: el hábito.
15: La doctrina del yo: el hecho primitivo.
16: La última filosofía de Maine de Biran.
17: Ampère.
18: La difusión del kantismo en Francia.
19: El espiritualismo ecléctico en Francia.
20: Laromiguière.
21: Royer-Collard.
22: Jouffroy.
23: Victor Cousin.

LA ESCUELA “ESCOCESA” Y EL UTILITARISMO INGLÉS ENTRE 1800 Y 1850.
1: Douglas Stewart.
2: Thomas Brown.
3: William Hamilton.
4: Jeremy Bentham.
El utilitarista Jeremy Bentham (1748-1832) afirma en Introducción a los principios de la moral y la legislación, que el fin de las leyes es «asegurar la máxima felicidad al mayor número de personas».


5: Malthus y Ricardo.
6: John Stuart Mill.
John Stuart Mil (1806-1873), economista e hijo de James Mill (1773-1836, otro destacado teórico político liberal), defiende en Sobre la libertad el libre albedrío del ciudadano y el principio de libre concurrencia a las elecciones (para votar y ser elegido).

Herbert Spencer (1820-1903) escribe Primeros principios y El hombre contra el Estado, donde desarrolla una concepción sociológica liberal basada en el evolucionismo de Darwin. El bienestar social es la supervivencia de los más aptos.
7: La relación romántica: Coleridge y Carlyle.

LA FILOSOFÍA IDEALISTA ALEMANA.
1: Fichte.
Johann Gotlieb Fichte (Rammenau, Sajonia, 1762-Berlín, 1814). Filósofo alemán. Recibió la influencia de Lessing y Kant, se dio a conocer pronto, al publicar la Crítica de toda revelación (1792). En 1794 consiguió la cátedra de filosofía en la universidad de Jena, que tuvo que abandonar en 1799, al ser acusado de ateísmo. Fue profesor en la universidad de Erlangen (1805) y en la de Königsberg. Huyó al extranjero durante la invasión napoleónica y en 1807 regresó a Berlín, donde pronunció su Discurso a la nación alemana (1807-1808), primer manifiesto del nacionalismo alemán, y se convirtió en el máximo pensador de los círculos nacionalistas alemanes. En 1811 fue nombrado rector de la universidad de Berlín. Fichte escribe en los Discursos a la nación alemana: «Todos los que hablan un mismo idioma hállanse unidos entre sí desde el principio por un cúmulo de lazos invisibles, porque pueden comprenderse unos a otros y se comprenderán cada vez con mayor claridad formando, naturalmente, un todo homogéneo».
Fichte quiere armonizar la teoría con la práctica y exponerla en un amplio «sistema de la ciencia», que reúne bajo un principio supremo la teoría del conocimiento, la filosofía práctica y la filosofía del derecho y de la moral.
La filosofía de Fichte, que por su forma parece un sistema deductivo, en el fondo es una explicación de la conciencia común, una comprensión inteligible de nuestro ser y de nuestro destino. La influencia de la filosofía sobre el mundo real debe realizarse, según él, por medio de la educación y el progreso de la cultura.

Otras obras de Fichte son: La teoría de la ciencia (1794), Los fundamentos del derecho natural según los principios de la teoría de la ciencia (1796), Introducciones (1797), El destino del hombre (1800), El Estado comercial cerrado (1800), Introducción a la vida feliz (1806).
2: La libertad en Fichte.
3: Los tres principios de la teoría de la ciencia.
4: Schelling y los románticos.
5: Hegel.
Hegel es el pensador más importante de su época, el más representativo del llamado “idealismo alemán”.
Hegel considera que el fundamento último de la realidad es la “idea” (no el “absoluto” de Schelling ni el “yo” de Fichte). La idea se desarrolla según una necesidad, en un proceso dialéctico de tesis, antítesis y síntesis. Así, toda realidad primero se “pone”, después se niega a sí misma, y supera y elimina esta contradicción en un tercer momento, en un proceso permanente, en el que la realidad evoluciona formando una y otra vez nuevos contraste que encuentran su solución, la que da, a su vez, origen a nuevos contrastes y nuevas soluciones.
La idea lógica, el principio, se convierte en su contrario, la naturaleza y ésta en espíritu, que es la síntesis de idea y de naturaleza: la idea “para sí”. Estos estadios se corresponden a la lógica, la filosofía natural y la filosofía del espíritu.
El espíritu se despliega en subjetivo, objetivo y absoluto. El espíritu subjetivo es el de cada individuo, el espíritu objetivo es la manifestación de la idea en la historia, y el espíritu absoluto es el Estado, que realiza la razón universal humana, que se conoce a sí misma en el arte, la religión y la filosofía. Así, el espíritu llega a comprenderse como tal únicamente en el hombre, ya que existe «unidad e identidad de la naturaleza divina y de la naturaleza humana».
Hegel defiende un idealismo “objetivo”, a partir de una crítica al idealismo “subjetivo” de Kant, Fichte y Schelling. Asume que «todo lo real es racional y todo lo racional es real».
Su teoría política se basa en su filosofía. Hegel tiene una idea básica: la realización del hombre mediante el ascenso de la Razón y la Libertad, de la Idea absoluta, en un proceso dialéctico histórico (tesis, antítesis, síntesis).
Cada acontecimiento y agente histórico (persona, nación, época) tiene un momento asignado dentro del proceso. Sus protagonistas creen actuar siguiendo intereses personales; sin embargo, son instrumentos inconscientes de la “astucia de la razón”. El fin del proceso, de la historia universal, se alcanza en el Estado supranacional, el grado máximo de perfección, en el que la libertad se realiza al tomar conciencia de sí misma.
Pero es un reino de la libertad objetiva, que exige la sumisión de la libertad subjetiva individual (contingente). Así, el Estado ideal es el monárquico de derecho, en el que la voluntad estatal objetiva se encarna en la figura subjetiva del monarca. Aunque al final de su vida considera al Estado prusiano absolutista como encarnación de la perfección, Hegel defiende siempre la Revolución, porque la Revolución es la llegada de la Razón a la política.
Hegel supera la visión de Kant, Fichet y Schelling sobre la Historia e influirá decisivamente sobre todas las corrientes historiográficas posteriores, sea para aceptar o negar parte de sus tesis.
Según Hegel, la filosofía de la historia no es pura y arbitraria abstracción, sino una generalización teórica del proceso histórico real. La historia es un proceso único y regido por leyes, siendo cada época, en lo que tiene de irrepetible, un momento necesario en el desarrollo histórico de la Humanidad. Este proceso no es ciego e irracional, sino un progresivo ascenso en la conciencia de libertad, un desarrollo infinito de la razón, de la idea. Pero es una libertad que se realiza no directamente, sino a través de la actividad real de los hombres, constreñidos a la satisfacción de una serie de necesidades. Son sus intereses inmediatos los que empujan a los hombres a la acción, pero por medio de ella obtienen unos resultados que no son los que procuraban; logran lo que buscaban pero también algo más lejano, que no conocían. Por ello, Hegel no valora especialmente el papel de las personalidades en la historia, pues su papel depende de la medida en que su actividad esté de acuerdo con la auténtica necesidad objetiva: el desarrollo del espíritu según determinadas leyes.
Pero las concepciones de los idealistas alemanes eran estériles para la historiografía. Aportaban ideas, hipótesis, pero no un conocimiento riguroso.
Hegel tiene una idea básica: la realización del hombre mediante el ascenso a la Razón, siendo el Estado la perfección de ese proceso. Al final de su vida defiende el Estado prusiano absolutista como encarnación de la perfección.
Hegel defiende siempre de la Revolución, incluso en sus últimos años en Berlín, porque la Revolución es la llegada de la Razón a la política.
Hegel considera que el fundamento último de la realidad es la “idea” (no el “absoluto” de Schelling ni el “yo” de Fichte). La idea se desarrolla según una necesidad, en un proceso dialéctico de tesis, antítesis y síntesis. Así, toda realidad primero se “pone”, después se niega a sí misma, y supera y elimina esta contradicción en un tercer momento, en un proceso permanente, en el que la realidad evoluciona formando una y otra vez nuevos contraste que encuentran su solución, la que da, a su vez, origen a nuevos contrastes y nuevas soluciones.
La idea lógica, el principio, se convierte en su contrario, la naturaleza y ésta en espíritu, que es la síntesis de idea y de naturaleza: la idea “para sí”. Estos estadios se corresponden a la lógica, la filosofía natural y la filosofía del espíritu.

El espíritu se despliega en subjetivo, objetivo y absoluto. El espíritu subjetivo es el de cada individuo, el espíritu objetivo es la manifestación de la idea en la historia, y el espíritu absoluto es el Estado, que realiza la razón universal humana, que se conoce a sí misma en el arte, la religión y la filosofía. Así, el espíritu llega a comprenderse como tal únicamente en el hombre, ya que existe «unidad e identidad de la naturaleza divina y de la naturaleza humana».
6: Descomposición del hegelianismo.
Los hegelianos se dividieron pronto en dos tendencias:
- Hegelianos de izquierda, que son radicales y ateos, favorables a los movimientos democráticos. Esta tendencia enlaza con Marx, que toma casi íntegramente la dialéctica de Hegel. Otros pensadores de izquierda son Stirner, Bauer, Feuerbach.
- Hegelianos conservadores, que defienden el Estado absolutista y teocrático, con el pueblo/nación como principal sujeto histórico.

Ludwig Feuerbach (Landshut, 1804-Rechenberg, cerca de Nuremberg, 1872). Filósofo alemán, Discípulo de Hegel, evolucionó hacia una concepción antropológica de la filosofía en Crítica de la filosofía hegeliana (1839), en la que hace una interpretación materialista. En Esencia del cristianismo (1841) trata de demostrar que el único objeto de la religión es el hombre, y que Dios es sólo el ideal de un pueblo. Otras obras son: Tesis preliminares para la reforma de la filosofía (1842), Principios de la filosofía del futuro (1843), Teogonía (1857).
7: Al margen de los postkantianos. de Goethe a Schopenhauer.
8: Goethe.
Goethe escribió que entre el hombre y la verdad hay siempre una separación, un hiato, como base de una filosofía plural, sin verdades monolíticas.
8: Goethe.

9: Schopenhauer.

10: El historicismo.
El historicismo ha sido definido de muchas y contradictorias maneras. Coetáneo del romanticismo y del positivismo, para unos ha sido competidor de estos, mientras que para otros autores (Fontana, Pagès) los une, para expresarlos de un modo historiográfico, tomando del romanticismo el tema de la nación y la política (un precursor romántico como Niebuhr incluso será integrado como historicista), y del positivismo la atención a los hechos (hasta el punto de que la escuela historicista también ha sido llamada “escuela erudita” y Ranke aclamado como el mayor positivista).
El historicismo engloba una serie de concep­ciones acerca de la historia y de su relación con el conocimiento y la ética, por lo que es casi indistinguible el historicismo como corriente historiográfica y como filosófica. Pero sus autores no tienen una completa unidad de pensamiento, sino que mantienen profundas diferencias.
Algunos elementos del historicismo se encuentran en la obra de Vico, Hegel, Comte, Marx y, posteriormente, Dilthey.
El historicismo tuvo su mayor auge a principios del siglo XX, aunque comenzó a destacar con Ranke en Alemania desde mediados del siglo XIX, como una oposición al idealismo clásico alemán y al positivismo, siendo sus temas favoritos la política y las instituciones jurídicas. En el historicismo alemán destacan: Ranke, Droysen, Mommsen, Kurth, Windelband y Treitshcke. En el siglo XX, ya en los años 20, sus representantes más destacados serán los historiadores Troeltsch y Mannheim.
Políticamente el historicismo es una corriente nacionalista y conservadora, que identifica Estado con Pueblo y Nación a través de su confusión con el espíritu y la historia.

11: La teoría historicista.
Son comunes a las corrientes historicistas las concepciones del hombre, del mundo y de la ciencia, y una metodología.
La concepción del hombre es historicista, pues coinciden en subrayar el papel desempeñado por el carácter histórico del hombre: la naturaleza humana es ante todo historia, porque el espíritu humano no conoce más realidad que la historia, ya que la hace.
La concepción del mundo es dualista: se distingue el mundo natural y el mundo del espíritu. Por consiguiente, también la concepción de la ciencia es dualista: ciencias naturales (nomotéticas) y ciencias del espíritu (idiográficas).
La metodología consiste en estudiar los hechos y las realizaciones humanas sólo en relación con su contexto histórico. Con ello se cuestiona tanto el idealismo clásico alemán (que juzga el pasado) como al positivismo (que emite leyes explicativas de ese pasado).
El historicismo rechaza la posibilidad de que el historiador proponga leyes históricas que permitan la predicción, sino que sólo debe recoger datos y presentarlos, sin hacer juicios, dejando que “hablen por sí mismos”, en busca de la pura objetividad. Ranke dice que se ha de escribir la historia «tal y como había sucedido», pero su rigor ante los hechos se convirtió entre sus discípulos en un “fetichismo de los hechos” (Carr). Pero estos autores no contaban con que la masa de documentos que puede ser estudiada es enorme, por lo que el historiador quedaría ahogado por tanta información. Esto explica su aprecio por la Edad Media, cuyas fuentes eran relativamente limitadas entonces, mientras que el historicismo es inaplicable para los estudios sobre periodos posteriores a 1500 pues la base de información es inabarcable -entre otros factores, por la difusión de la imprenta y de la estadística oficial-.

12: Marx y Engels.
Karl Marx (1818-1883) y, en menor medida, Friedrich Engels (1820-1895), desarrollan después de 1845 las tesis del materialismo histórico, en una época de crisis social y política, de conflictos entre las clase burguesa y el proletariado, en la que el pensamiento marxista critica el sistema capitalista.
El materialismo histórico se define como una teoría de la evolución de las sociedades humanas según la transformación de los medios de producción, con una estrecha relación entre las estructuras económicas de una sociedad, su organización jurídico-política y las ideologías dominantes.
Para Marx el estudio de la Historia tiene la finalidad de conocer la realidad para poder transformarla. Desde la crítica al idealismo de Hegel, pasa a la formulación de sus ideas en Tesis sobre Feuerbach y sobre todo Ideología alemana (publicada en 1932, muy influyente en los Annales), con unos estadios históricos unidos a unas relaciones de producción: «toda la presunta historia del mundo no es más que la producción del hombre por medio del trabajo humano». «La historia de toda sociedad hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases».

A partir de unas relaciones materiales (infraestructura económica) se determinan unas relaciones sociales (estructura), que conllevan unas relaciones del pensar y el actuar (superestructura política, social, jurídica, cultural, religiosa), que no está plenamente determinada. Hay seis modos de producción: comunista primitivo, esclavismo antiguo, asiático, feudalismo, capitalismo burgués, socialismo. Cada uno está asociado a una etapa de la evolución de las sociedades. El final de la Historia sería el advenimiento de la dictadura del proletariado, que realizará el último modo de producción, el socialista.
13: El método histórico de Marx y Engels.
Apoyándose en el concepto de ley natural esbozado por sus antecesores, Marx considera que las leyes del desarrollo social, lo mismo que las leyes naturales, son objetivas, con existencia independiente respecto a la voluntad y la conciencia de los hombres. Tanto las leyes naturales como las sociales se basan en unas relaciones necesarias, que se repiten siempre que se den ciertas condiciones; si cambian estas, igualmente cambiará la ley; en consecuencia, cuanto más estables sean las condiciones, cuanto mayor sea la lentitud con que cambian, más constantes serán las leyes.
Pero las ciencias naturales y sociales se manifiestan de forma distinta: las primeras a través de las fuerzas de la naturaleza y las segundas mediante la actividad humana. Por ello, cada campo de estudio requiere una metodología distinta.
Marx afronta el problema de la relación entre lo particular y lo global: el desarrollo social es un proceso irreducible a la simple suma de las acciones humanas individuales, por lo que hace falta descubrir las leyes causales según las cuales fluye el proceso, pero sin olvidar que lo general se da sólo a través de lo particular. Así, es evidente la influencia de la dialéctica histórica de Hegel, que trasluce tras las palabras de Engels: «Los fines que se persiguen con los actos son obra de la voluntad, pero lo resultados que en realidad se derivan de ellos no lo son, y aun cuando parezcan ajustarse de momento al fin perseguido, a la postre encierran consecuencias muy distintas de las apetecidas. Por eso los acontecimientos históricos parecen estar presididos por el azar.»
La historia supera así a la sociología, a la que aporta un cuadro concreto del desarrollo histórico. Marx, de este modo, propone como ley causal del desarrollo social la influencia de la infraestructura económica (reflejada en el nivel alcanzado por las fuerzas económicas). Pero la económica no es una causalidad absoluta: Marx acepta que las ideas (la superestructura ideológica: derecho, filosofía, moral, ciencia, arte...) tienen una cierta influencia, sólo que no acepta que se las pueda considerar independientemente del contexto material en que nacen. Más aun, Marx opina que «somos nosotros [los hombres] los que hacemos la historia», al tomar conciencia como grupo -desarrollar una ideología- a favor del cambio social que favorezca a toda la sociedad en su conjunto y no a los intereses individuales o de una clase social.
La influencia del materialismo histórico tardó bastante en surtir efectos, porque era una ruptura demasiado radical con el pensamiento idealista tradicional de entonces.

LA FILOSOFÍA RELIGIOSA ENTRE 1815 Y 1850.

LA FILOSOFÍA EN FRANCIA.
1: Los socialistas utópicos.
Los primeros socialistas utópicos tuvieron una gran importancia en la primera mitad del siglo XIX, pues teorizaron sobre los inicios de la Primera Revolución Industrial y de los medios que tenían los obreros para mejorar su condición de vida. Los socialistas utópicos intentan conducir mediante sus escritos la revolución o la reforma de la sociedad en un futuro cercano. 
Saint-Simon, cercano al cristianismo social y al positivismo, considera la historia como una física social; 
; Fourier, 
Saint-Simon creía en una sociedad de hombres iguales, con una organización social basada en las clases productivas, en la que no habría clases y que sería igualitaria, con auténtica igual­dad de oportunidades para todos. Para conseguirlo había que aumentar el progreso social mediante la industrialización y una nueva moral laica.
Fourier propugnó el falansterio, una pequeña comunidad en la que la propiedad es colectiva, con trabajo libre, amor libre, sin matrimonio ni familia.
Cabet defendió la distribución de la riqueza según las necesidades de cada uno.
Proudhon es un antecedente del anarquismo, al proponer la abolición, por medios pacíficos, de cualquir orden coercitivo (Estado, legislación).
Louis Blanc (1811-1882), es un radical que promovió los Talleres Nacionales, fábricas de autogestión obrera (los trabajadores se quedan el producto integral de su trabajo), en la revolución de 1848. 
Antoine Blanqui, influido por el positivismo, estudia la evolución humana desde el individuo hasta la comunidad
Adolphe Blanqui une la historia y la economía y defiende la dictadura del proletariado.

El británico Robert Owen, un rico industrial, sostuvo que el medio social conforma el carácter humano, y propugnó unas comunidades ideales (New Lamark), que fracasaron en la práctica. Fomentó una política social a favor de los obreros, con mejores salarios y condiciones de trabajo, vivienda, educación y sanidad.
2: Fourier.
Fourier, casi un ecologista para su tiempo, propugnó el falansterio, una pequeña comunidad en la que la propiedad es colectiva, con trabajo libre, amor libre, sin matrimonio ni familia. Fue el maestro en filosofía de Considérant
3: Saint-Simon y los sansimonianos.
Saint-Simon creía en una sociedad de hombres iguales, con una organización social basada en las clases productivas, en la que no habría clases y que sería igualitaria, con auténtica igual­dad de oportunidades para todos. Para conseguirlo había que aumentar el progreso social mediante la industrialización y una nueva moral laica.
4: Proudhon.
Proudhon es un antecedente del anarquismo, al proponer la abolición, por medios pacíficos, de cualquir orden coercitivo (Estado, legislación).

EL POSITIVISMO.
El positivismo supuso una excelente renovación metodológica, al superar la especulación abstracta del idealismo alemán y del idealismo romántico. El positivismo hacía hincapié en una concepción realista del mundo. Tiene una concepción monista del mundo: naturaleza y hombre son lo mismo (no hay dualidad de mundo físico y del espíritu), por lo que se elimina toda subjetividad, para limitarse a establecer los hechos históricos, que supuestamente “hablarían por sí mismos”. Se niega a admitir otra realidad que no sean los hechos y a investigar otra cosa que no sean las relaciones entre los hechos. Se interesa por “el cómo”, y no se preocupa por “el qué”, “el por qué” o “el para qué”. Su estudio de los hechos sirve para elaborar leyes predictivas. Sus temas preferidos son económicos y sociales.

Pero el positivismo, pese a su combate contra la “metafísica” y su superación de la “historia de las personalidades”, continuaba siendo un movimiento idealista, al reducir el proceso histórico a una historia de la conciencia colectiva, de las modificaciones de una naturaleza humana abstracta, sometida a los imperativos de necesidades permanentes. Aquí hay una grave contradicción: si la naturaleza humana es variable la sociología debería encontrar las causas que provocan las variaciones, y si es inmutable no puede servir para explicar el desarrollo histórico. Como respuesta a este problema, el positivismo desarrolló la teoría de los factores: abstraer las distintas formas de la actividad humana y convertirlas en fuerzas autónomas, de cuya interacción procedería el desarrollo histórico.
1: Comte.
El sociólogo e historiador Auguste Comte (1798-1837) en su Curso de Filosofía Positiva considera la Historia como una ciencia rigurosa, con un método científico y sus leyes. Toma de Saint-Simon el concepto de ley natural, para edificar una física social, una ciencia de la sociedad o sociología que explique la totalidad mediante las leyes sociales. Las disciplinas históricas deben limitarse a recopilar materiales no elaborados y a aplicarlos en el cuadro previamente elaborado por la sociología.
Comte cree en una progresión continua y autónoma del espíritu humano, con la ley de los tres estadios: 1) Estadio teológico (lo sobrenatural). 2) Estadio filosófico (lo abstracto). 3) Estadio positivo (las leyes). Como sólo le interesan las leyes, rechaza la subjetividad: «La dinámica social (que nos enseñaría las leyes de la continuidad) debe ser una historia abstracta de las relaciones sociales, una historia sin nombres de personas e incluso sin nombres de pueblos.»
2: Renan.

Ernest Renan (1823-1892), fundador de la rama de la Historia de las Religiones, aplica el positivismo a Historia de los orígenes del cristianismo (1866-1881) donde se esfuerza en hallar una explicación racional de los milagros transmitidos por la tradición cristiana, con una hipótesis muy atrevidas.
EL IDEALISMO ITALIANO.

LA FILOSOFÍA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XIX.
1: Balmes.
Jaime Balmes escribe dos grandes obras, Filosofía fundamental (1846), y Filosofía elemental, en las que elabora un pensamiento sistemático, bajo la influencia de Descartes y Kant. Es un intento de renovación tomista en la filosofía del siglo XIX.
EL PERIODO 1850-1890: CARACTERÍSTICAS GENERALES.
1: John Stuart Mill.
2: Transformacionismo, evolucionismo y positivismo.
3: La filosofía religiosa.
4: El movimiento criticista.
5: La metafísica.
6: Friedrich Nietzsche.
LA FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA EN EL SIGLO XX.
1: La filosofía alemana.
2: Neokantismo.
3: El existencialismo: Heidegger.
4: El marxismo heterodoxo: Walter Benjamin, Ernst Bloch...
5: La filosofía española.
6: La filosofía francesa.
7: La filosofía italiana.

DESARROLLO DEL PERIODO 1890-1930.
1: Características generales.
2: El despertar de la filosofía hacia 1890.
3: El espiritualismo de Henri Bergson.
4: La doctrina bergsoniana.
5: Las filosofías de la vida y de la acción.
EL PRAGMATISMO.
1: Léon Olle-Laprune y Maurice Blondel.
EL IDEALISMO.
1: El idealismo anglosajón: Bradley, Bosanquet y Royce.
2: El idealismo italiano.
3: Hamelin.
4: El idealismo alemán.
5: El idealismo de Jules de Gaultier.
LA CRÍTICA DE LAS CIENCIAS.
1: Poincaré, Duhem y Milhaud.
2: La crítica de las ciencias y el criticismo.
3: La crítica de las ciencias y el desarrollo científico moderno.
4: Epistemología y positivismo.
LA CRÍTICA FILOSÓFICA.
1: El neokantismo.
Se desarrolló en Alemania desde mediados del siglo XIX hasta principios del siglo XX, una tendencia filosófica neokantiana, de “retorno a Kant”, representada por dos escuelas, en Baden (Windelband, Rickert) y Marburgo (Cohen, Natorp, Cassirer), y por numerosos grupos e individuos aislados.
Algunos teóricos de la Historia, como Josep Fontana, describen confusamente el neokantismo: su error más común es confundir a los neokantianos con la escuela de Marburgo, que es sólo una de sus corrientes.
Destacan Rickert y Dilthey por su aportación metodológica a la Historia, abriendo paso a una “historia del acontecimiento”, que influyó en muchos metodólogos, aunque haya sido estéril y de escasa influencia en los estudios propiamente históricos.

Dilthey (1833-1911), más que neokantiano es un neocriticista influido por Kant y un filósofo de la vida. Reflexiona sobre las ciencias del espíritu (entre ellas la historia) en varias obras, destacando Introducción a las ciencias del espíritu. Intento de fundamentación del estudio de la sociedad y de la historia (1883). Distingue entre ciencias del espíritu y ciencias naturales. Si las primeras son idiográficas y describen los hechos, para “comprenderlos” (mediante la empatía psicológica), las segundas son nomotéticas y proponen leyes sobre los hechos, para “explicarlos”. Dilthey ha forjado así la distinción científica entre comprensión y explicación: «En las ciencias naturales explicamos, en las ciencias humanas comprendemos». La legitimación de la historia es que, mediante la descripción de los hechos de la evolución social, que ha producido la realidad social actual, tiene un poder comprensivo de esta. Es, pues, una visión historicista, aunque pretenda superarla. Hace hincapié no en lo individual, sino en las vivencias. La historia es «experiencia vivida».
2:  El neokantismo de la Escuela de Marburgo.
3: El neokantismo de la Escuela de Baden.
Heinrich Rickert (1863-1936) considera que sólo corresponde a la historia, como ciencia de la cultura, el análisis de lo individual, ya que es imposible llegar a generalizaciones o leyes como las que son propias de las ciencias de la naturaleza. No es posible una objetividad completa dado que el conocimiento global de los hechos humanos es inabarcable, por lo que hay que estudiar sólo lo particular, unos determinados acontecimientos que el historiador entienda como más relevantes
4: Max Weber.
El historiador y sociólogo Max Weber (1864-1920) compatibiliza los principios neokantianos con la necesidad de alcanzar cierta interpretación generalista de los acontecimientos históricos. Para ello utiliza el método de los “tipos ideales” (que son generalizaciones desvinculadas de la realidad, construcciones artificiales que ayuden al historiador). Un ejemplo es La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1904-1905), en el que estudia los nexos entre el protestantismo (sobre todo en su versión calvinista) y la génesis del capitalismo nórdico. Weber considera, empero, que el desarrollo histórico obedece a una pluralidad de causas y que para interpretar el cambio social se exige conocer la vida cultural.
5: El relativismo de Simmel y de Volkelt.
6: El neokantismo italiano.
7: El relativismo de Höffding.
8: El espiritualismo en Francia.
9: Léon Brunschwig.
10: André Lalanche y el racionalismo.

11: Frédéric Rauh.

2: El neokantismo de la Escuela de Baden.
3: El relativismo de Simmel y de Volkelt.
4: El neokantismo italiano.
5: El relativismo de Höffding.
6: El espiritualismo en Francia.
7: Léon Brunschwig.
8: André Lalanche y el racionalismo.
9: Frédéric Rauh.

EL REALISMO.
1: El realismo anglosajón.
2: El realismo en Alemania: Husserl y Rehmke.
3: El realismo neotomista.



EPISTEMOLOGÍA Y POSITIVISMO.
1: Popper.
Karl Popper en Miseria del historicismo sigue una línea subjetivista y rechaza que haya leyes históricas para predecir el futuro humano. Como ha demostrado Popper en varios de sus estudios, no se pueden establecer leyes socio-históricas generales, pues en historia no se puede predecir. En efectos, esas leyes, de ser posibles, versarían sobre las regularidades en la conducta de los grupos humanos. Ahora bien, uno de los factores fundamentales que modifican la conducta de los grupos humanos es el aumento de información. Formular una ley sobre la conducta de esos grupos es un aumento de información para los mismos, que modificará, por tanto, su conducta, que la ley trata de predecir. De ello se desprende que no pueden hacerse predicciones a gran escala partiendo de los hechos sociales pasados: el estudio de la historia no permite formular leyes predictivas sobre el desarrollo de los acontecimientos futuros, porque, caso de ser formuladas, se modificaría automáticamente el curso de la historia que se trata de predecir.
Hempel, Gardiner, Danto y Nagel han intentado fundamentar filosóficamente la investigación histórica.
EL EXISTENCIALISMO.
Heidegger.
Vida.
Heidegger, Martin (1889-1976), filósofo alemán que desarrolló la fenomenología existencial y considerado como el filósofo más original del siglo XX. Nacido en Messkirch, Baden, el 22 de septiembre de 1889, estudió teología católica y después filosofía occidental en la Universidad de Friburgo, donde fue alumno de Edmund Husserl, el fundador de la fenomenología. Heidegger comenzó a enseñar en Friburgo en 1915. Después de impartir clases durante cinco años en Marburgo, llegó a ser profesor de filosofía en Friburgo en 1928. Murió en Messkirch el 26 de mayo de 1976.
Ser y tiempo.
Como Husserl, Heidegger estuvo influenciado sobre todo por los presocráticos de la filosofía griega, por el filósofo danés Sören Kierkegaard, y por el filósofo alemán Friedrich Nietzsche. En su obra más importante e influyente, Ser y tiempo (1927), Heidegger se preocupó de lo que consideraba la cuestión filosófica (y humana) esencial: ¿Qué es ser? Esto le llevaba a la pregunta, qué clase de ser (Sein) tienen los seres humanos. Éstos, decía, son arrojados a un mundo que no han creado pero que consiste en asuntos útiles en potencia, incluyendo tanto la cultura como los objetos naturales. Puesto que esos objetos y artefactos resultantes llegan a la humanidad desde el pasado o se utilizan en el presente para alcanzar metas futuras, en su interpretación Heidegger propuso una relación fundamental entre el modo de ser de los objetos y de la humanidad, y de la estructura del tiempo.
El individuo está, sin embargo, siempre en peligro de ser sumergido en el mundo de los objetos, la rutina diaria, y en el convencional y superficial comportamiento de la multitud. El sentimiento de temor (angustia, Angst) lleva al individuo a una confrontación con la muerte y el último sin sentido de la vida, pero sólo por este enfrentamiento puede adquirirse un auténtico sentido del ser y de la libertad.
Obra posterior.
Después de 1930, Heidegger volvió, en trabajos como Introducción a la Metafísica (1953), a la particular interpretación de las concepciones occidentales del ser. Sentía que, en contraste con la reverente concepción del ser dominante en la Grecia clásica, la sociedad tecnológica moderna ha favorecido una actitud elemental y manipuladora que ha privado de sentido al ser y a la vida humana, un estado que llamaba “nihilismo”. La humanidad ha olvidado su verdadera vocación, que es recuperar la más profunda comprensión de la existencia lograda por los primeros griegos y perdida por filósofos posteriores.
Influencia.
El original tratamiento de Heidegger de temas como la finitud humana, la muerte, la nada y la autenticidad llevaron a muchos observadores a asociarle con el existencialismo, y su trabajo tuvo una influencia crucial sobre el existencialista francés Jean-Paul Sartre. Heidegger, sin embargo, repudió con el tiempo la interpretación existencialista de su trabajo, en beneficio de una dimensión más vital y poética, ya apreciada en otro tiempo por pensadores españoles de la categoría de Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset. Desde la década de 1960 su influencia se ha extendido más allá de la Europa continental y ha tenido un impacto creciente en la filosofía de los países de habla inglesa.
Estudios sobre Heidegger.
Hugo Ott ha estudiado la confrontación de Heidegger con el catolicismo y su relación con el nazismo.
Franco Rella considera que la filosofía idealista alemana no ha estado a la altura de la circunstancia histórica. El ejemplo más característico de este desfase es un Heidegger incapaz de criticar el Holocausto. ¿Por qué esta incapacidad?

EL MARXISMO HETERODOXO: BENJAMIN, BLOCH...
1: Walter Benjamin.
Franco Rella afronta el problema de la crisis de la socialdemocracia, inspirándose en Walter Benjamin. La socialdemocracia, decía Benjamin, tiene un único mito también: el de la necesidad ineluctable del advenimiento del proletariado al poder, con lo que el proceso histórico ha degenerado en algo inevitable, centrándose la lucha en remover los obstáculos internos a ese proceso más que en luchar contra la burguesía. Así es como Marx lucha contra el lumpenproletariado, el leninismo contra Rosa Luxemburg, Trotski o la socialdemocracia (descalificada como socialfascista). La historia de la izquierda denota sí una especie de horror a la existencia del otro en el seno propio. Era aceptable que hubiera un enemigo externo, la burguesía, pero era insoportable que hubiera uno en el interior. Así se mata al comunista bueno y humanitario por­que al sentir piedad por los miserables pone en peligro la unidad del partido y esto, la unidad y la cohesión interna, se convierte en más importante que la solidaridad con los miserables. Es el gran pecado de los partidos comunistas.
Benjamin plantea una concepción del tiempo con fracturas (interrupciones), un tiempo que no es una flecha continua moviéndose hacia su objetivo, una fluctuación inaprensible, sin definición. Y es que el tiempo es el principal misterio de nuestra existencia, al fusionarse lo real y lo imaginario, lo que existió con lo que existirá, el deseo de un hecho con su realidad tanto en el pasado como en el futuro.
Esto provoca una ansiedad que puede ser religiosa (esperanza en un Paraíso) o política (una revolución universal de libertad y solidaridad), una ansiedad permanente, una tensión existencial que desconoce sus límites y que entronca con las demandas que el hombre no puede evitar, con sus sueños.
EL POSITIVISMO LÓGICO.
1: Carnap.
Rudolf Carnap (1891-1970). Uno de los creadores del Círculo de Viena, que promovió el positivismo lógico. Tuvo una formación de científico, en Alemania. Se exilió en EE UU.
Mantuvo que el patrón ideal de significado y verdad lo representan las proposiciones de las matemáticas y las ciencias. Hay dos tipos de verdades: la verdad empírica por observación y la verdad lógica de las proposiciones de la lógica y las matemáticas. Las proposiciones de la metafísica, la teología y la ética no pueden verificarse y, por lo tanto, carecen de significado.

SOCIOLOGÍA Y FILOSOFÍA EN FRANCIA.
1: Psicología y filosofía.
2: La filosofía después de 1930.
3: Las dos tendencias de la filosofía contemporánea.
4: La tendencia a lo concreto.
5: Las tendencias subjetivistas y sus críticos.
6: El estructuralismo.
El estructuralismo es una corriente cultural que se caracteriza por concebir cualquir objeto de estudio como un todo, cuyos miembros se interrelacionan entre sí y con el todo, de tal manera que la modificación de uno de ellos modifica los restantes, y que se vale de un método que rechaza a la vez el análisis (descomposición) y la síntesis (recomposición).

BIBLIOGRAFÍA.
Libros.
Lechte, John. 50 pensadores contemporáneos esenciales. Cátedra. Madrid. 2010 (5ª ed.). 315 pp.
Nájera, Elena; Pérez Herranz, F. H.(eds.). La filosofía y la identidad europea. Pre-Textos. Valencia. 2011. 383 pp. Reseña de Muñoz, Jacobo. “El Cultural” (29-IV-2011) 22. Muñoz destaca las aportaciones de Julián Marrades y Luciano Malusa sobre el papel del cristianismo y el laicismo de la Ilustración en la formación de la identidad europea.
Novalis. Estudios sobre Fichte y otros escritos. Akal. Madrid. 2007. 270 pp. Reseña de Catelli, Nora. El inicio de la modernidad. “El País”, Babelia 812 (16-VI-2007) 12.
Quesada Castro, Fernando. Actualidad de la filosofía política (Pensar la política hoy). “Boletín Informativo”, Fundación Juan March, 268 (III-1997) 3-14.
Sánchez-Meca, Diego. Historia de la Filosofía Moderna y Contemporánea. Dykinson. Madrid. 2010. 694 pp.
Schopenhauer, Arthur. Parerga y Paralipómena I. Trotta. Madrid. 2006. 510 pp. Reseña de Moreno Claros, Luis Fernando. Filosofía popular de un genio. “El País”, Babelia 786 (16-XII-2006) 18.
Thiebaut, Carlos. La ética continental. “Boletín Informativo”, Fundación Juan March, 267 (II-1997) 3-10.
Villacañas Berlanga, José Luis. La metafísica, crisis y reconstrucciones. “Boletín Informativo”, Fundación Juan March, 272 (agosto-septiembre 1997) 3-18. Husserl, Heidegger, Gadamer, Levinas.
Wheen, Frances. Karl Marx. Debate. Madrid. 2000. 366 pp. Biografía apologista.

Artículos.
Gómez Caffarena, José. Filosofía de la religión. “Boletín Informativo”, Fundación Juan March, 270 (V-1997) 3-12.
Henric, Jacques. Retour à Oswald Spengler? “Art Press”, 234 (IV-1998) 58-62. Un resumen del pensamiento de Spengler.
Pancorbo, Luis. Cita con el yo en Berggrasse, 19. “El País” El Viajero 468 (13-X-2007) 5. El museo en la casa de Freud en Viena.
Arroyo, Francesc. Ansia de saber y comprender. “El País” Babelia 1.206 (3-I-2015) 2-4. El éxito de Byung-Chul Han, Giorgio Agamben… se explica porque el ensayo resiste mejor que la narrativa la crisis de la venta de libros porque los lectores buscan las claves (con claridad y brevedad) para orientarse en la incertidumbre del presente.