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miércoles, 16 de julio de 2014

El debate monarquía-república en España.

El debate monarquía-república en España.



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El editorial Un rey necesario [“El País” (2-VI-2014)] resume un punto de vista promonárquico para España:
‹‹Los más de 38 años de servicio del rey don Juan Carlos en el trono de España, del que abdicó hoy, se confunden con los de la democracia, finalmente recobrada tras una larga y negra dictadura.
Suya fue la primera gran decisión de renunciar a los poderes absolutos heredados del dictador, lo cual permitió organizar la democracia y elaborar la Constitución, en la que las funciones del Rey quedaron ajustadas a las usuales en otras monarquías parlamentarias. Suya fue también la determinación de intervenir contra los golpistas del 23-F, salvando una situación de gravísimo peligro para la continuidad de la democracia. Y suya ha sido la decisión de abdicar, lo cual deposita la responsabilidad de la Jefatura del Estado en la persona constitucionalmente designada para ello, don Felipe de Borbón.
Nadie puede negar a don Juan Carlos la utilidad de sus servicios a los españoles ni la iniciativa demostrada en los momentos más importantes. Cada una de esas tres grandes decisiones marca un proceso de extraordinario valor, incluida la sorpresa de su abdicación. Porque no se trata solo de proceder protocolariamente al relevo en la Jefatura del Estado, sino que este paso, meditado por el Monarca desde hace meses, facilitará la necesaria modernización y renovación de un sistema institucional necesitado de enfrentarse a los desafíos del futuro, como el propio don Juan Carlos supo hacerlo respecto a los del pasado.
Entre las grandes decisiones de su reinado y la renuncia comunicada este lunes han transcurrido periodos diferentes en la vida del Rey. Lo más importante ha sido su neutralidad respecto a las contiendas partidistas y el escrupuloso respeto a los procedimientos constitucionales, visibles en cada relevo en el Gobierno del Estado. Las cualidades demostradas por don Juan Carlos han contribuido decisivamente a la utilidad de la Monarquía porque, sin participar de ninguna de las opciones en conflicto, también ha atendido la labor moderadora y arbitral asignada al Rey por la Constitución.
Es cierto que don Juan Carlos ha tenido periodos de mayor y menor brillantez en el desempeño de sus funciones, y es forzoso reconocer que ello ha coincidido con las etapas de los diferentes presidentes del Gobierno. Adolfo Suárez y Felipe González —con el interregno de Leopoldo Calvo-Sotelo— supieron sacar partido al Rey, acentuando así los periodos de mayor incardinación con las necesidades y expectativas de los españoles. No fue así en la etapa de José María Aznar, un tanto celoso de la popularidad y del prestigio de don Juan Carlos, ni en la de José Luis Rodríguez Zapatero.
Han llegado después sus problemas físicos y un error personal por el que el propio Monarca supo pedir excusas a los españoles. En plena recuperación de las intervenciones quirúrgicas sufridas, el Rey ha hecho esfuerzos para recobrar la confianza de la ciudadanía y ha meditado el momento más oportuno para proceder a su propia sustitución. Es ley de vida que sea así: nadie le ha presionado ni obligado a ello.
(…) Que el cambio se efectúe en plena normalidad no significa que don Felipe de Borbón herede una situación plenamente estable y tranquila, ni que la institución monárquica goce ahora de general reconocimiento. Al contrario, España atraviesa por múltiples problemas, desde la desafección de una parte de la ciudadanía hacia los resultados del sistema institucional existente, hasta la amenaza secesionista en Cataluña. Pero el heredero de la Corona ha dado sobradas muestras de saber estar y de saber hacerlo.
La nación es la verdadera fuente de legitimidad de la Monarquía. Don Felipe tendrá que ganarse ahora la confianza de los españoles, profundizando en las cualidades demostradas por su padre y facilitando la modernización que España necesita con urgencia. No solo hereda un reinado de paz, progreso y entendimiento, sino problemas de muy diversa índole en los que se espera al futuro Rey.››

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Víctor Lapuente Giné, en Larga vida a la monarquía [“El País” (22-XI-2016)] defiende la conveniencia del régimen monárquico para España:
‹‹Cuando el estudioso Edward Banfield preguntó a un campesino italiano de posguerra cuál era su forma ideal del gobierno, éste respondió que la monarquía porque el rey es del dueño del país. Como el dueño de una casa cuando se rompe una tubería, el rey tiene más interés en arreglar los problemas del país que el inquilino de turno.
La reflexión del campesino era parcial. Y no tenía en mente la monarquía constitucional que daneses, británicos y españoles compartimos en el siglo XXI. Pero toca un aspecto esencial en cualquier debate sobre la forma de gobierno: ¿qué incentivos tiene el jefe del Estado para pensar en el largo plazo de la nación y no dejarse arrastrar por las luchas políticas del momento?
Ahí parten con ventaja las monarquías hereditarias. En particular, las que siguen el principio de primogenitura. Las monarquías con otros mecanismos de sucesión, como algunos países árabes hoy o las monarquías electivas del medievo, tienen lo peor de los dos mundos: ni legitimidad democrática ni estabilidad.
Si hace 40 años los españoles hubiéramos tomado el camino republicano en lugar del monárquico, ¿estaríamos mejor? La respuesta no puede ser concluyente, porque es difícil aislar el efecto que la forma de Estado tiene realmente en una sociedad. Pero es innegable que los ránquines de países mejor gobernados del mundo están encabezados por monarquías constitucionales, de las antípodas a Canadá, pasando por los países nórdicos.
Las repúblicas entrañan más riesgos. Los jefes de Estado elegidos en las urnas pueden caer en la tentación de extralimitarse en sus funciones para avanzar una agenda partidista. Ha sido la rutina en los presidencialismos americanos, con la excepción de Estados Unidos. Hasta Trump. Con lo que ahora leemos a partidarios de una monarquía constitucional para Norteamérica hasta en “The New York Times”. Pero, en un sistema parlamentario, ¿no podría España funcionar tan bien como la república alemana? Sí, pero también podríamos haber seguido a las menos ejemplares repúblicas de Italia o Grecia.

En democracia, la legitimidad de los reyes para gobernar ha muerto. Larga vida a la monarquía pues.›› 

Romero, José Manuel; Gutiérrez Calvo, Vera. Monárquicos de ‘aquí y ahora’. “El País” (4-XII-2013) 16-17.
Redacción. El Rey abdica. “El País” (2-VI-2014) 1.
Editorial. Un rey necesario. “El País” (2-VI-2014) 26.
Junquera, N.; Cué, C. E. El Rey abdica para revitalizar la Monarquía con Felipe VI. “El País” (3-VI-2014) 10-11.
Garea, Fernando. La Monarquía obtiene su nota más baja en las encuestas. “El País” (3-VI-2014) 17.
Cué, C. E. Rajoy sugiere a quien quiera República que intente cambiar la Constitución. “El País” (4-VI-2014) 12.
Díez, Anabel. El PSOE frena el debate republicano. “El País” (5-VI-2014) 12-13.
Blanchar, Clara; Geli, Carles. Colau quita a una plaza el nombre de Juan Carlos I. “El País” (15-IV-2016). La alcaldesa de Barcelona anuncia nuevos gestos republicanos.
Redaccion. La bandera republicana asoma en Valencia y Cádiz. “El País” (15-IV-2016). El 85º aniversario de la II República.

OPINIONES. Orden alfabético.
José Álvarez Junco.
Álvarez Junco, José. Monarquismo o juancarlismo. “El País” (3-VI-2014) 27.

Juan Luis Cebrián.
Cebrián, Juan Luis. ¿Monarquía o República? Democracia. “El País” (8-VI-2014) 37.

Juan Pablo Fusi.
Fusi, Juan Pablo. De la democracia en España. “El País” (11-VI-2014) 29. El historiador considera que el debate sobre la monarquía es un error innecesario.

Luis Garicano.
Garicano, Luis. La Monarquía no es el problema. “El País” (5-VI-2014) 41.


Enrique Gil Calvo.
Gil Calvo, Enrique. Sobreactuación republicana. “El País” (25-VI-2014) 29-30. La cuestión monarquía-república no es urgente cuando hay tantos problemas más importantes.

Santos Juliá.
Juliá, Santos. Una tradición inventada. “El País” (19-VI-2014) 41. El politólogo advierte que el republicanismo no es esencial en la tradición de la izquierda.

Emilio Lamo de Espinosa.
Lamo de Espinosa, Emilio. La legitimidad de la Monarquía. “El País” (16-VII-2014) 31-32. El catedrático de Sociología defiende que la monarquía española es viable y legítima, al igual que en muchos países democráticos ejemplares en modernidad y presperidad, pues tienen monarquías parlamentarias los que encabezan el ranking de democracia, desarrollo humano o menor corrupción: Noruega, Suecia, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Reino Unido, Japón… Entre los 175 países de un estudio de la Universidad de Gotemburgo, 40 son monarquías y 135 repúblicas, y resulta que las primeras, el 22% del total, son el 50% de los países con mayor calidad institucional. El 60% de las monarquías son democracias, pero solo el 39% de las repúblicas. En suma, tener una monarquía no perjudica, sino que ayuda. Y en el caso español no se olvide que los dos intentos republicanos acabaron en sendos fracasos.

Víctor Lapuente.
Lapuente, Víctor. Larga vida a la monarquía. “El País” (22-XI-2016).

David Lizoain e Ignacio Urquizu.
Lizoain, David; Urquizu, Ignacio. La España que queremos. “El País” (8-VII-2014) 29. Un economista y un profesor de sociología proponen reformas a los cinco grandes problemas del país: el debate territorial, la jefatura del Estado, la modernización de las Administraciones públicas, la desigualdad y la relación con Europa.

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