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jueves, 3 de julio de 2014

HMC UD 28. La democracia y las ideologías en el mundo. Dosier. El feminismo.

EL FEMINISMO.


CONCEPTO.
HISTORIA DEL MOVIMIENTO FEMINISTA.
Dos grandes periodos: 1789-1914, 1914-hoy.
Antecedentes.
Francia.
EE UU.
Reino Unido.
España.
Otros países.
La actualidad.
CONCLUSIONES.

EL. FEMINISMO.
CONCEPTO.
El feminismo es un movimiento social que aboga por la igualdad de derechos de las mujeres respecto a los hombres.
HISTORIA DEL MOVIMIENTO FEMINISTA.
Dos grandes periodos: 1789-1914, 1914-hoy.
Hay dos grandes periodos en la historia del movimiento:
1) De 1789 a 1914. Fue un periodo de elaboración teórica, organización y comienzo de la lucha. Un momento esencial fue 1888, con la creación del Consejo Internacional de Mujeres (ICW), que ayudó a coordinar esfuerzos y fue una plataforma teórica y reivindi­cativa, generalmente con peticiones sociales (derecho de divorcio, control de natalidad, administración de los bienes propios, trabajo de la mujer, denuncia de la explotación laboral...).
2) A partir de 1914, con una intensificación después de 1945. Fue un periodo de grandes victorias legislativas y cotidianas, sobre todo con el derecho de voto, gracias a los efectos sociales liberalizadores de las dos guerras mundiales y la difusión de los ideales democráticos entre la población europea, americana y de los países descolonizados.
Antecedentes.
Desde los oscuros tiempos del matriarcado, en que se supone regía un sistema democrático y no autoritario, la mujer ha ocupado en la mayoría de los pueblos y civilizacio­nes una situación de dependencia y sometimiento respecto del hombre, en muchos órdenes de la existencia: jurídico, político, económico, educacional, etc. La mujer era explotada en el campo y en las casas, donde, junto al trabajo doméstico, trabajaba a menudo en tareas artesanales.
Ya en la Edad Media y el Renacimiento algunas escritoras abogaron por sus derechos, como Christine de Pisan (El libro de la ciudad de las mujeres, 1405).
Desde el siglo XVIII, el feminismo apareció como idea y se apoyó en las corrientes ilustrada, racionalista, liberal, utópica y romántica. El objetivo era obtener el derecho de las mujeres a ser libres e iguales a los hombres, basándose en que las mujeres eran tan racionales como los hombres.
Francia.
Las primeras mujeres que levantaron sus protestas fueron las francesas, en la época de la Revolución. Olympe de Gouges redactó un proyecto de los Derechos de la Mujer, en con­sonancia con la Declaración de Derechos del Hombre aprobada por el Parlamento, e inspirada por el pensamiento de Condorcet.
En la misma época revolucionaria se crearon numerosos clubes femeninos en Francia, aunque de un activismo más político que feminista. En 1792, Etta Palm acaudilló una delega­ción de clubes femeninos ante la Asamblea Legislativa, con la petición de obtener una reserva de puestos femeninos en los escalafones civiles y militares. Su petición fue rechazada y, durante el Terror, los clubes femeninos fueron cerrados por orden de Robespierre, además de ser desestimada su propuesta de igualdad política de ambos sexos. La revolución, sin embargo, dio un impulso decisivo a la lucha que se prolongaría a lo largo de la época contem­poránea.
El movimiento resurgió hacia 1836 con la fundación del periódico la “Gazzete des Femmes”, editada por Mme. Herbinot de Mauchamps, en la que se volvían a reclamar los derechos políticos y jurídicos de las mujeres. En 1838 se pidió el sufragio para las mujeres, lo que repitió, en 1848, Emile Dechanel.
Durante la revolución de 1848 surgieron de nuevo los clubes femeninos, aunque más tarde, otra vez, fueron prohibidos. Varios grupos reclamaron la igualdad política, social y civil, y además exigieron la igualdad salarial y laboral.
Con la masiva industrialización y la urbanización, a mediados del siglo XIX, las mu­jeres comenzaron a abandonar su exclusiva dedicación al hogar y al campo para entrar como asalariadas en las fábricas, haciendo una ruinosa competencia a los hombres, por sus salarios más bajos, con las consiguientes protestas antifeministas de muchos trabajadores masculinos.
Con todo, la explotación laboral a que se vio sometida la mujer dio lugar a dos fenómenos liberadores:
- Se demostró que la mujer no era un mero objeto de adorno y que podía trabajar du­ramente, por lo que concitó una imagen de dignidad.
- Las mujeres trabajadoras relacionaron sus reivindicaciones laborales con las feministas, y desde esta época se mantiene una estrecha relación entre el feminismo y los movimientos obreros y de izquierda.
En 1868 resurgió el movimiento feminista en Francia. Marie Deraismes y León Richer iniciaron una campaña legal por los derechos femeninos, desde su periódico “Le Droit des Femmes”. Se llegó incluso a la formación de una asociación para la agitación legal y la propaganda activa en favor de sus ideales. Después de unos años de vida difícil el movimiento reapareció gracias a Richer, que organizó el I Congreso Feminista Internacional. Por su parte, Hubertine Auclert fundó la sociedad Le Suffrage des Femmes, relacionado con el movimiento socialista, que había hecho suyas las reivindicaciones feministas. En 1882 se unieron varias asociaciones feministas para organizar el II Congreso Feminista, siendo apo­yadas por muchos intelectuales franceses como Víctor Hugo y Alexandre Dumas.


A lo largo de la primera mitad del siglo XX se sucedieron las luchas feministas en Francia, que culminaron en la concesión del voto en 1946, en la ola de libertad tras la ocupación nazi. Simone de Beauvoir influyó en el movimiento feminista de estos años, con su libro El segundo sexo (1949), donde denunció que la desigualdad de la mujer no se debía a la naturaleza sino a las costumbres y las leyes tradicionales.
EE UU.
El segundo país en plantear las reivindicaciones feministas fue EE UU. Ya en 1837 se inauguró la primera universidad femenina de Mount Holyoke, y se celebró en Nueva York la primera Convención nacional femenina contra la esclavitud, siendo el abolicionismo un factor clave en la aparición y consolidación del feminismo norteamericano: la reivindicación de la igualdad para los negros se hermanó con la misma reivindicación a favor de las mujeres.
En 1841 apareció el libro de Catherine Beecher Treatise of Domestic Economy, en el que la autora abogaba por un hogar más confortable para la mujer. Desde entonces comenzó una evolución en el equipamiento del hogar, que llegará a la revolución de los electrodomésticos en el siglo XX, sin la cual la emancipación de la mujer de las labores domésticas hubiera sido casi imposible.
En 1848 una nueva Convención, exclusivamente femenina, se organizó en Seneca Falls. Sus dos principales animadoras, Elizabeth Candy Stanton y Lucretia Mott, presentaron un proyecto de enmienda constitucional que, de haber sido aprobado por el Congreso, hubiera equiparado jurídicamente a ambos sexos.
En 1850 se organizó el I Congreso Nacional para los Derechos de la Mujer, en Worcester, que se repitió anualmente hasta 1860, al tiempo que había numerosas reuniones feministas en todo el país. Después de la guerra civil el movimiento se dividió entre las sufragistas y las que sólo reclamaban algunos derechos civiles.
En 1869 funcionaban dos asociaciones feministas, la Asociación Nacional del Sufragio Femenino dirigida por Harriet Stanton y Susan B. Anthony, y la Asociación Estadounidense del Sufragio Femenino dirigida por Lucy Stone, y a partir de 1870 se reforzó la lucha con manifestaciones a menudo violentas.
Fruto de todo ello fue la concesión del derecho de voto por el estado de Wyoming (1869), seguido por Colorado (1893) y luego Utah e Idaho. Las dos facciones, sufragista y de los derechos civiles, se unieron ante los nuevos acontecimientos bajo la dirección de la veterana luchadora Elizabeth Stanton. Su hija, Harriet Stanton, regresó de Gran Bretaña más tarde y fundó la Liga de Mujeres Independientes, que organizó la nueva forma de lucha a base de marchas femeninas y protestas callejeras de gran impacto público.
En 1920 una reforma de la Constitución admitió por fin la igualdad del voto para hombres y mujeres.

Reino Unido.
Las mujeres comenzaron a luchar por su libertad, primero de una manera individual, abogando por una reforma igualitaria de la educación y por sus derechos políticos y naturales. Así, Mary Wollstonecraft publicó en 1792 su A Vindication of the Rights of Women (Rei­vindicación de los derechos de las mujeres), que supuso el inicio del movimiento teórico a favor de las mujeres, con su petición de igualdad educativa, laboral y política.
El feminismo alcanzó verdadera fuerza a mediados del siglo XIX, con Barbara Leigh Smith, quien consiguió el apoyo del filósofo J. Stuart Mill, quien llegó a escribir un libro sobre la esclavitud femenina (The subjection of Women, 1869). Se creó un Comité del Sufragio Femenino (1866), que defendió con la acción las aspiraciones feministas y presentó al Parlamento unas peticiones igualitarias que fueron rechazadas.


En 1870, con el apoyo del diputado J. Bright, se consiguió el derecho de voto en los consejos escolares del reino. Siguieron varias victorias secundarias, hasta que, ante la impo­sibilidad de lograr el voto político, el movimiento se lanzó a la acción directa, por medio de la Women's Social and Political Union (WSPU, 1893), liderada en Gran Bretaña y EE UU por Emmeline Pankhurst, que organizó el movimiento como un ejército, con sus banderas, escarapelas, chapas, lemas, vestido blanco, periódicos, folletos...



Siguieron en 1906-1914 acciones polémicas y en ocasiones violentas, en favor de sus derechos y contra otros males sociales que afectaban a las mujeres, como el alcoholismo y la violencia conyugal. Aquellos años, hasta la I Guerra Mundial, fueron los más agitados de la historia del feminismo, que sufrió miles de encarcelamientos (el sistema opresor desarrolló la imagen de una sufragista agresiva con aspecto de solterona). El 8 de noviembre de 1910 una manifestación pacífica de 300 sufragistas fue reprimida violentamente por la policía, lo que enconó la lucha, sobre todo a partir de 1911: en pocos meses fueron incendiados seis edi­ficios, atacadas dos estaciones ferroviarias, rotos buzones y escaparates, una huelga de hambre de 1913, etc., siempre dirigidos por E. Pankhurst, que fue detenida en 1913 tras la prohibición de la WSPU en Gran Bretaña, aunque consiguió escapar y llegar a EE UU, invitada por el presidente Wilson. A su regreso fue encarcelada otra vez, provocando nuevas protestas (como el acuchillamiento del cuadro de Velázquez La Venus del espejo).
La dirección del movimiento pasó a su hija, Christabel Pankhurst, desde su refugio en Francia. La inmensa aportación de las mujeres en la industria y los servicios durante la I Guerra Mundial llevó a darles el voto en 1919, sólo para las mayores de 30 años. Finalmente, en 1928 se obtuvo la plena igualdad del sufragio y elección.

España.
En España se retardó el movimiento feminista varios decenios. Sí existieron individualidades, como Concepción Arenal que defendieron ya en el siglo XIX la instrucción de la mujer y la protección del trabajo femenino. El movimiento feminista se limitó a las publicaciones periódicas escritas por mujeres, que se multiplicaron desde la revolución de 1868, pero sin organizarse como grupos.
En el siglo XX surgieron las primeras asociaciones: en 1920 La Mujer del Porvenir y la Progresiva Femenina, en Barcelona, y la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, en Madrid. Más tarde aparecieron en Madrid la Liga Española para el Progreso de la Mujer y la Sociedad Concepción Arenal, que se extendieron a toda España. Con la dictadura de Primo de Rivera algunas mujeres alcanzaron puestos en la Asamblea Nacional. En 1926 se creó en Madrid el Lyceum Club, de carácter feminista muy moderado (se le llamó el “club de las maridas”).
Con el advenimiento de la República, en 1931, se aprobaron el voto femenino y otras medidas favorables. Destacaron las feministas Victoria Kent y Margarita Nelken.
Después de la Guerra Civil el feminismo sufrió un retroceso, aunque sus conquistas legislativas no fueron puestas en entredicho. Sólo destacaron algunas mujeres aisladas: la condesa de Campo de Alange, María Aurelia Capmany, Lidia Falcón, etc. En la actualidad, tras la Transición a la democracia, habiendo alcanzado casi todos sus objetivos legales, apenas hay un movimiento feminista, subsumido dentro de otras organizaciones más amplias.
Otros países.
En Alemania el movimiento feminista fue tardío y poco activo. En 1865 se creó la Asociación General de Mujeres Alemanas y los socialistas reclamaron la igualdad de los sexos. Tras otras acciones en la segunda mitad del siglo XIX obtuvieron el derecho de voto al terminar la I Guerra Mundial.
En Italia el movimiento comenzó en las mismas fechas, con nombres como Anna Maria Mozzoni, Anna Kuliscioff, Argentina Altobelli. Se consiguió el sufragio en 1923 con Mussolini, aunque sólo era nominal por la falta de libertad política, y no fue efectivo hasta 1945.
En Latinoamérica surgieron organizaciones feministas en el siglo XX, como la Sociedad Protectora de la Mujer, en México (1904), que alcanzaron triunfos legislativos ya en los años 20.
Se consiguió el voto femenino en Nueva Zelanda en 1893 y en Finlandia en 1906 (aunque estaba bajo la férula rusa, aprobó no obstante el voto para la mujer, una excepción entonces en Europa). Los años 1920 vieron como el sufragio femenino se extendía a muchos países, en un proceso que se incrementó tras 1945, llegando en 1950 a más de cien países y destacaron por su importancia la URSS (1917), Turquía (1934), Japón (1945), India (1949), China (1949).
La actualidad.
En la actualidad la lucha femenina por la igualdad total del hombre y la mujer ha adquirido nuevo impulso en EE UU, Canadá, Reino Unido y Países Bajos, con el Movimiento de Liberación de la Mujer, que en 1970 contaba con más de medio millón de afiliadas. Destacan las líderes estadounidenses Betty Friedan, Leslye Russell, Ti-Grace Atkinson, Roxane Dumbar y Jo Freeman. Entre sus reivindicaciones se cuentan el aborto libre, la semana laboral de 20 horas, guarderías para los hijos e igualdad plena en todos los terrenos.
La ONU declaró 1975 como año internacional de la mujer y se logró celebrar un gran Congreso de la Mujer en México, en el que se aprobó un plan de acción para promover el ascenso social y personal de la mujer en todas las naciones del mundo. Le siguió otro Congreso de la Mujer en Pekín en 1996, en el que se aprobaron nuevas medidas.
En Escandinavia, en especial, los logros han sido importantes, con la práctica paridad en puestos políticos, igualdad de los hombres en los cuidados domésticos y de los hijos y en otras tareas tradicionalmente femeninas.
En España la democracia, desde 1975, ha roto los últimos obstáculos legales y los avances en la integración social y laboral han sido muy evidentes. Hay pocas asociaciones importantes, entre las que se puede mencionar Mujeres para la Democracia. Hay una Coor­dinadora de Organizaciones Feministas del Estado Español (pertenece a ella una Assemblea de Dones de Ciutat de Palma). Han aparecido instituciones públicas como el Instituto de la Mujer (con distintos nombres tras sendos cambios legislativos) con sus Planes para la Igualdad de Oportunidades de las Mujeres y sus tareas de estudio, investigación, asesoramiento, documentación, coordinación y cooperación a nivel internacional, nacional, autonómico y local, diálogo social, denuncia, impulso de servicios sociales y programas experimentales. Muchas instituciones como Comunidades Autónomas y Ayuntamientos tienen organismos específicos que promueven la integración femenina.
En el mundo actual, conseguidos los derechos básicos, se lucha por derechos más sutiles y contra injusticias menos patentes pero humillantes. A veces se cae en el “sexismo”, por exigir el poder para la mujer. En todo caso, la enorme pluralidad de propuestas y fines, de planteamientos ideológicos y de situaciones reales impide una unidad total del feminismo. El objetivo de la plena igualdad de la mujer, nunca alcanzado, ha sido cumplido de manera muy desigual en los diversos países del mundo.
Entre los obstáculos a los que se enfrenta, los de índole cultural poseen una especial significación. Por ejemplo, la pervivencia de esquemas de organización tribal en gran parte del continente africano o las particularidades culturales del mundo islámico o indio provocan grandes dificultades e incluso retrocesos, como se comprobó en 1997 en el Afganistán de los talibanes, donde se prohibió a las mujeres ejercer derechos como la educación universitaria y el trabajo fuera de casa. Destacaba la trágica situación de la mujer en Argelia, donde el movi­miento fundamentalista islámico más radical declaró la guerra a las mujeres que se habían liberado de las ataduras ancestrales y que ejercían profesiones; las víctimas de esta violencia fueron miles, y muchas tuvieron que exiliarse ante las amenazas de muerte.
CONCLUSIONES.
El siglo XX ha sido sin duda el de la revolución política de la mujer y, en consecuencia, el de la transformación de la familia. El fenómeno comenzó con los movimientos sufragistas en EE UU y Europa y ha derivado hacia un mundo en el que existen ya algunas mujeres al frente de Estados y gobiernos (Margaret Thatcher, Benazir Butho, Bro H. Bruntland, Indira Gandhi). El ingreso de la mujer en el mundo del trabajo fue progresivo desde la I Guerra Mundial y se aceleró con la Segunda Guerra Mundial. Este proceso, unido a la aparición de la píldora anticonceptiva, provocó grandes transformaciones sociales que implicaron una vida sexual más abierta y una mayor independencia de la mujer. Esto ha hecho que también el concepto de familia haya sufrido modificaciones. Hoy en día existen diversas formas de interpretar el término familia aunque todavía prevalece el concepto más tradicional. La mayor independencia económica lograda por la mujer ha permitido, a su vez, una mayor dependencia familiar. Pero la igualdad laboral entre hombres y mujeres no ha sido sin embargo fácil, debido a las diferencias salariales que aún persisten y a formas sutiles de discriminación que la mujer ha debido afrontar en su masiva incorporación al mundo laboral. Sin embargo, hoy en día la presencia de la mujer crece y se afianza en todas las profesiones. Muchos partidos políticos, incluso, han debido ceder cuotas de poder a la mujer para ganar apoyo electoral. Pese a estos avances, persisten los problemas para la plena equiparación de la mujer en muchos países poco desarrollados, con costumbres ancestrales.

BIBLIOGRAFÍA.
Internet.
[http://es.wikipedia.org/wiki/Feminismo]

Películas.
Sufragistas (2015), de Sarah Gavron, con Meryl Streep. La lucha por el sufragio femenino en el Reino Unido antes de 1914.

Documentales.
Historia crítica del feminismo español. 1ª parte. Las pioneras. UNED. 29 minutos.

Scandalous Women. Documental BBC. 49 minutos. Inglés. Las vidas de tres mujeres que desafiaron las convenciones morales de la Inglaterra victoriana. Caroline Norton (1808-1877), separada de su marido, defendió su potestad de madre sobre los hijos y el derecho sobre su propio patrimonio y ganancias. Harriet Mordaunt (1848-1906), envuelta en un escándalo de adulterio de la alta sociedad y que fue internada el resto de su vida en un asilo psiquiátrico. Josephine Butler (1828-1906), famosa cristiana reformadora, defensora de los derechos de las prostitutas.

Libros.

AA. VV. Mujeres de cine. Ecos de Hollywood en España, 1914-1936. Agencia Española de Cooperación Internacional. Madrid. 2016. Bilingüe. Reseña de Belinchón, Gregorio. Cuando Hollywood ayudó a liberar a la mujer española. “El País” (20-III-2016).
Camps, Victoria. El siglo de las mujeres. Cátedra. Madrid. 1998. 139 pp. Temas de ética y sociología sobre la condición actual y futura de la mujer.
Michel, Andrée. El feminismo. Col. 'Breviarios” nº 279. FCE. México. 1983. 152 pp.
Offen, Karen. Feminismos europeos, 1700-1950. Una historia política. Trad. de Pedro Piedras. Akal. Madrid. 2015. 556 pp. Reseña de Tamayo, J. J. Largo viaje por el feminismo europeo. “El País” Babelia 1.250 (7-XI-2015) 8.

Artículos. Orden cronológico.
Preciado, Beatriz. Mujeres en los márgenes. Especial ‘Después del feminismo’. “El País”, Babelia 790 (13-I-2007) 2-3.
Constenla, T. Más creadoras que musas. “El País” (25-V-2015) 36. Tres mujeres creadoras que fueron eclipsadas por sus parejas: Clara Wieck, Camille Claudel y Silvia Plath. Otras sí realizaron sus capacidades, como Harriet Taylor Mill o Sonia Delaunay.
Vicente, Álex. Élisabeth Badinter. ‘La mujer no arreglará lo que ha hecho mal el hombre’. “El País” Ideas (16-VIII-2015) 8-9.
Sahuquillo, María R. Generaciones. Feminismos de ayer y hoy. “El País” Semanal Mujeres (29-XI-2015) 52-54.

Doncel, Luis. Alice Schwarzer / Periodista y feminista. ‘La izquierda es culpable del auge del populismo’. “El País” Ideas (14-II-2016) 10-11. Critica la complacencia con los islamistas que agreden a las mujeres en Europa.