Blogs de Antonio Boix

Mis blogs son Altamira (Historia del Arte, Cine, Televisión, Fotografía y Cómic), Heródoto (Ciencias Sociales y Pensamiento) y Mirador (Joan Miró, Arte y Cultura Contemporáneos).

martes, 7 de abril de 2015

HE UD 13. La crisis del Estado liberal en España (1868-1875).

HE UD 13. LA CRISIS DEL ESTADO LIBERAL EN ESPAÑA (1868-1875).

Resumen.
1. EL SEXENIO REVOLUCIONARIO (1868-1874) Y LA RESTAURACIÓN.
1.1. LA REVOLUCIÓN DE SEPTIEMBRE.
Las causas.
El estallido revolucionario.
Los partidos del gobierno.
Los partidos de la oposición.
Los problemas políticos y sociales.
1.2. LA CONSTITUCIÓN DE 1869.
1.3. EL REINADO DE AMADEO DE SABOYA (1871-1873).
El problema de las candidaturas.
El reinado constitucional.
El inicio de la tercera guerra carlista.
1.4. LA PRIMERA REPÚBLICA (1873-1874).
La república federal.
La república unitaria presidencialista.

Resumen.
La Revolución de 1868 fue una ocasión excepcional, que se perdió cuando había inicialmente un gran consenso en los partidos de centro (moderados, progresistas, unionistas y demócratas reconvertidos todos en dos: constitucionales y radicales) para completar la revolución liberal. En apenas dos años las favorables expectativas se desvanecieron, por las disputas internas y por la oposición de carlistas, alfonsinos y republicanos, además de que en Cuba estalló una primera y cruel guerra de independencia. Prim fue asesinado en diciembre de 1870. Desde 1872 la guerra civil carlista asoló amplias zonas del país. En 1873 la monarquía constitucional de Amadeo terminaba y se proclamaba la República, pronto desbordada por las divisiones internas de los republicanos, la falta de apoyo popular, las guerras carlista y de Cuba y por la rebelión cantonalista. Un golpe militar liquidó la situación en 1874 y, tras un año de interinidad, en 1875 otro golpe militar restauró la monarquía en la persona de Alfonso XII, el hijo de Isabel II.

1. EL SEXENIO REVOLUCIONARIO (1868-1874) Y LA RESTAURACIÓN.
1.1. LA REVOLUCIÓN DE SEPTIEMBRE.
Las causas.
Las causas de la “revolución de septiembre” son diversas:
- La crisis política: la causa principal fue el deterioro político del régimen, abandonado por todos los partidos excepto el moderado, que no había solucionado los más graves problemas del país. La causa inmediata fue que la reina estaba desprestigiada por su vida personal (varios amantes) y su injerencia conservadora en la política. Hasta el carlismo resurge, con un nuevo pretendiente, el carismático Carlos VII. Desde los fallecimientos de O’Donnell (XI-1867 en el exilio de Biarritz a los 58 años) y Narváez (IV-1868) la reina carece de apoyo en el ejército y sólo cuenta con los moderados.
- La crisis económica (1866-1868). Es una crisis agraria (1868 es un año de hambre), industrial (la textil padece la escasez del algodón americano) y financiera: los ferrocarriles, en cuyos consejos de administración se encuentran los generales y políticos de la revolución, tienen pérdidas; por ello la banca y la Bolsa se hunden.

El estallido revolucionario.
El almirante Topete se alza el 17 de septiembre de 1868 en Cádiz y se le unen un grupo de generales, encabezados por Serrano y Prim. En las ciudades se forman Juntas Revolucionarias. Se juntan intereses diversos: los generales sólo quieren cambiar la Constitución y el monarca, las Juntas más radicales quieren una revolución burguesa, algunos sectores campesinos y obreros piden incluso una revolución social.
El levantamiento triunfa en Andalucía y se extiende por el país tras la batalla de Alcolea (26-28 IX) en la que vence Serrano), en Barcelona, Valencia... Isabel II se exilia (30-IX) y se forma un gobierno provisional (8-X) presidido por Serrano, con participación de progresistas y unionistas, y con apoyo exterior de los demócratas. Los tres se reparten el poder en las juntas provinciales y municipales.

Exilio de la reina.

Los partidos del gobierno.
Los partidos vencedores por el momento son:
Los unionistas, dirigidos por Serrano, presidente del gobierno.
Los progresistas, dirigidos por Prim, ministro de la Guerra.
Los demócratas, que aceptan poco después la propuesta monárquica de los anteriores, por lo que se escinden en la derecha demócrata y los republicanos, que pasan a la oposición.
Estos tres partidos, durante el reinado de Amadeo se reorganizarán en dos: el constitucional (centrista, liderado por Sagasta) y el radical (izquierdista, liderado por Ruiz Zorrilla), que no tendrán un real apoyo popular.

Los partidos de la oposición.
Los republicanos, que reúnen a los centralistas (Castelar) y los federalistas (Pi i Margall). Este partido recibe el apoyo de las clases populares urbanas (pequeños comerciantes y artesanos, obreros catalanes) y campesinos andaluces.
Los moderados (alfonsinos), que se organizan con Cánovas en el partido conservador, reuniendo a las clases dirigentes monárquicas (aristocracia, clero, alta burguesía), en favor de la restauración del príncipe Alfonso de Borbón.
Los carlistas, que resurgen con el pretendiente Carlos VII (nieto del infante don Carlos). El carlismo se transforma en un partido parlamentario de amplia base popular, con muchos monárquicos que piensan que Carlos es un pretendiente mejor que Alfonso, y con los neocatólicos (Nocedal) cuando la Constitución de 1869 establece la libertad de cultos, lo que lleva a muchos católicos y al clero a enfrentarse al régimen. Pero si los nuevos carlistas apoyan una restauración carlista pacífica, en cambio los viejos carlistas del País Vasco, Navarra y Cataluña preparan un levantamiento armado.
Los socialistas y anarquistas, que organizan el movimiento obrero en las zonas industriales (Cataluña, Madrid, Alcoy, Cartagena...) y el campesino (Andalucía). En Madrid domina el socialismo de ideología marxista y en Barcelona y Andalucía el anarquismo quue sigue las ideas de Bakunin. Ambas fuerzas se separan en el Congreso obrero de Zaragoza (1872), formándose en poco tiempo el PSOE y la UGT alrededor del socialista Pablo Iglesias, mientras que los anarquistas están divididos en múltiples organizaciones.

Los problemas políticos y sociales.
Los principales problemas que debe afrontar el nuevo régimen son: el carlismo y el alfonsismo, el republicanismo, el federalismo, el cantonalismo, la crisis económica, las revueltas obreras, el independentismo de las colonias... Tantos problemas juntos desbordarán la capacidad política de los dirigentes e imposibilitarán un consenso que estabilice la situación política. Se perderá una ocasión excepcional, cuando había inicialmente un gran consenso en los partidos de centro para completar la revolución liberal y había un clima de esperanza, de *renovación total+. Se podría establecer un paralelismo histórico con la III República francesa (desde 1870), que sí triunfó y asentó las bases de la Francia actual. Pero la revolución española de 1868 fracasó. En apenas dos años las expectativas se desvanecieron y la revolución naufragaba entre el desencanto general. En Cuba estalló una cruel guerra de independencia. Prim fue asesinado en diciembre de 1870. Desde 1872 la guerra civil carlista asoló amplias zonas del país. En 1873 la monarquía constitucional de Amadeo terminaba y se proclamaba la República, pronto desbordada por dos guerras, la tercera carlista y la de Cuba, y por la rebelión cantonalista. Un golpe militar liquidó la situación en 1874 y, tras un año de interinidad, otro golpe militar restauró la monarquía en la persona de Alfonso XII, el hijo de Isabel II

1.2. LA CONSTITUCIÓN DE 1869.

Caricatura sobre los equilibrios entre los partidos constitucionales.

Las Cortes constituyentes recién elegidas son dominadas por los tres partidos del pacto de Ostende: los progresistas (160 escaños), Unión liberal (80), demócratas (40). Los restantes se dividen en bandos enfrentados: republicanos (80), carlitas (36) y otras formaciones. Es un parlamento de dominio liberal y monárquico.
Se aprueba una Constitución en 1869, en la que España se define como una monarquía constitucional, con soberanía nacional (que reside en las Cortes, bicamerales), sufragio universal (masculino, de mayores de 25 años), libertades de prensa, reunión y asociación, de enseñanza y de cultos. Era un texto democrática y técnicamente muy superior a los anteriores, incluida la mítica Constitución de 1812.
Se aprobaron (sobre todo en 1870 numerosas medidas legislativas liberales, que construían un auténtico Estado de derecho: Ley de Orden Público, Ley Electoral, Leyes Provincial y Municipal, Código Penal, Ley del Poder Judicial, Ley de Enjuiciamiento Criminal. Se abolió la esclavitud en Puerto Rico, y se dio representación en Cortes a las colonias. Se reformó la moneda (la peseta, desde 19-X-1868), el Banco de España, se hizo una política librecambista y de fomento de la inversión extranjera, se adoptó el sistema métrico decimal, se fomentó la cultura y la educación, etc.
En lo político, el general Serrano fue nombrado Regente, mientras que Prim debía buscar un rey constitucional. Este tema fue esencial en el comienzo del fracaso: no había consenso sobre la fórmula institucional del nuevo régimen. Los republicanos federales, escindidos de los demócratas, comenzaron a atacar al nuevo régimen. Una insurrección federal, con un programa social utópico, se extendió por Levante y Andalucía en el otoño de 1869 hasta que fue reprimida. Peor aún fue la elección de Amadeo, impuesta por Prim, sin contar con sólidos apoyos políticos, que al ser un Saboya (la dinastía había acabado con el poder temporal del Papa) le concitó la enemistad de los católicos, mientras que por ser rey ya tenía la enemistad de los republicanos y las fuerzas antisistema.

1.3. EL REINADO DE AMADEO DE SABOYA (1871-1873).
El problema de las candidaturas.
Las candidaturas al trono español eran numerosas y unas fueron rechazadas por las Cortes (el duque de Montpensier), otras por los propios interesados (Espartero) y otras por la política internacional (Fernando de Coburgo o la del príncipe alemán Leopoldo de Hohenzollern, que fue vetada por Napoleón III, lo que originará la guerra franco-prusiana). Gracias al apoyo de Prim triunfó en noviembre de 1870 la candidatura de Amadeo de Saboya, sobrino del monarca italiano Víctor Manuel II (un liberal que había unificado Italia).

Amadeo de Saboya.

El reinado constitucional.
El joven rey era verdaderamente constitucional, pero cuando se hace cargo del trono en 1871 ya ha sido asesinado (30-XII-1870) su el general Prim, por lo que quedará privado de su más sólido apoyo. Amadeo debe afrontar muy aislado los problemas de la división interna del bloque progresista-unionista-demócrata en constitucionales y radicales, la oposición parlamentaria (republicanos, alfonsinos, carlistas) y las guerras carlista y de Cuba. Ante la imposibilidad de estabilizar la vida política del país, con los sucesivos gobiernos de Serrano, Ruiz Zorrilla y Malcampo, el rey abdica a los dos años (11-II-1873), al estallar el levantamiento federalista de El Ferrol y por resistirse a firmar el decreto de disolución del Arma de Artillería (que se había amotinado).

El inicio de la tercera guerra carlista.

Mapa de la tercera guerra carlista.

En el bando carlista vencen los partidarios del levantamiento armado y la guerra carlista comienza el 21-IV-1872, dirigida por Carlos VII en el País Vasco y Navarra, y por su hermano Alfonso Carlos en Cataluña. También hay partidas carlistas en Aragón y Valencia. Pero aunque Carlos prometió restaurar las antiguas libertades no contó con el apoyo de la burguesía y el proletariado. Una derrota completa en Navarra (Oroquieta, V-1873) y el convenio de Amorebieta (la paz entre Serrano y la Junta de Vizcaya) parecieron liquidar su opción, aunque aún había partidas carlistas en activo, pero el hundimiento de la monarquía de Amadeo le infundirá nueva vida.

1.4. LA PRIMERA REPÚBLICA (1873-1874).


La república federal.
Ante la abdicación de Amadeo la única salida que se vio entonces fue la República. En vez de convocar Cortes, el mismo día (11-II-1873) se reunieron el Congreso y el Senado y se votó proclamar la República, por 258 votos contra 32. Lo hacían sin un mandato constitucional, por lo que les faltaba la legitimidad legal y además era un régimen republicano en un país que mayoritariamente no lo era (en las elecciones de mayo de 1873 la abstención llegó al 61%), por lo que la I República, que sólo duró once meses, se caracterizó por una gran inestabilidad política: cuatro presidentes de gobierno (de hecho, por la laguna legal, coincidían la jefatura del Gobierno y del Estado).

Caricatura sobre los problemas de la Primera República.

A su fracaso contribuyeron varias causas: la ilegitimidad legal, la falta de apoyo popular, la división entre los republicanos (federales de Pi y Margall, unitarios moderados de Salmerón y de Castelar), la agitación social, el movimiento cantonal y la guerras carlista y de Cuba. Los propios partidos constitucional y radical (este tenía la mayoría en el Parlamento) que la habían votado estaban en la oposición y eran renuentes y a lo más aceptaban una república unitaria y moderada, nunca federal. Sin un consenso ni siquiera entre los republicanos, el régimen desembocó en una quiebra casi total de la autoridad del Estado.
El primer presidente fue Figueras (11-II), que fue sustituido por el federalista Pi i Margall (11-VI) cuando las Cortes constituyentes, reunidas en junio de 1873, proclamaron la República federal. Las Cortes elaboraron una nueva Constitución (que no llegó a ser aprobada) en la que España quedaría dividida en 15 Estados federales, además de Cuba y Puerto Rico. Parecía que había una oportunidad de asentar el régimen.
Pero el 12 de julio de 1873 estalló el movimiento cantonal, con levantamientos en numerosas ciudades (Andalucía, Levante, incluso Badajoz y Salamanca) para establecer un régimen federal que concediese autonomía a las regiones, provincias y municipios (los cantones, según el modelo suizo). Era un movimiento de inspiración federalista anarquizante, que alcanzó gran violencia en Alcoy. Pi y Margall dimitió (18-VII) y el ejército dominó la sublevación (excepto en Cartagena, donde el general Contreras apoyó a los cantonalistas con las tropas y la escuadra).
Los federalistas quedaron desprestigiados por el cantonalismo. El siguiente presidente, el unitario Salmerón dimitió (7-IX, por estar en contra de la pena de muerte para los sublevados) y el presidente unitario Castelar declaró ilegal el federalismo. La división de los republicanos estalló entonces y Castelar se quedó con sólo el apoyo de los unitarios y los conservadores. Suspendió las Cortes por tres meses y reforzó al ejército, en lucha entonces contra los carlistas, el cantón de Cartagena y en Cuba. Desde la terrible experiencia del sexenio el ejército nunca volvió a ser revolucionario.
La guerra carlista fue el otro gran problema: los carlistas se extienden por Cataluña (Berga, Ripoll), Carlos VII entra en Navarra y establece su Corte en Estella, dominando Guipúzcoa y parte de Vizcaya. Surgen partidas carlistas en casi toda la Península (Aragón, Murcia, Valencia, Extremadura, las dos Castillas) y durante un tiempo parece que su victoria está cercana, con la victoria de Montejurra (9-XI-1873) y el sitio de Bilbao (XII-1873 a V-1874), aunque vuelven a fracasar en este ataque. Los monárquicos parece que van a aceptar al pretendiente carlista.

La república unitaria presidencialista.
La reapertura de las Cortes el 2 de enero de 1874 planteó un grave problema: si Castelar no obtenía la mayoría el gobierno volvía a los federales y si obtenía la mayoría se acentuaría la tendencia conservadora. La burguesía conservadora (tanto la republicana como la monárquica) preparó un golpe de Estado con el general Pavía (capitán general de Madrid) por si ocurría lo primero. Así fue. Pavía ocupó el Congreso y liquidó la República, pero Castelar se negó a continuar en el poder mediante un golpe de Estado y dimitió (3-I-1874).
El vacío de poder se cubrió con un gobierno provisional, encabezado por el general Serrano, que implantó una dictadura de hecho. Serrano disolvió las Cortes y se apoyó en el ejército (gobierno del general Zavala), los liberales (gobierno Sagasta) y, finalmente, en el partido alfonsino. El cantón de Cartagena fue dominado (11-I-1874), y se reprimieron los movimientos obreros (prohibición de asociaciones obreras). Los esfuerzos del gobierno se concentraron en la guerra carlista: los carlistas extendieron la guerra con ataques a Cuenca y Teruel, y la conquista de Olot, Urgel, pero fracasaron en tomar Irún y durante la segunda mitad de 1874 mostraron su agotamiento. Pero, después de seis años de inestabilidad, bastantes políticos y casi todos los generales creían que la mejor solución era el regreso de los Borbones.

BIBLIOGRAFÍA.
Documentales.
Serie Memoria de España. RTVE. [www.rtve.es/alacarta/videos/memoria-de-espana/]: Por la senda liberal. El liberalismo a partir de 1833. 

Exposiciones.

Libros.
Carr, Raymond. España 1808-1975. Ariel. Barcelona. 1982. 826 pp.
Cuenca Toribio, José Manuel. El caciquismo en España. Cuadernos Historia 16. 1985. nº 188. 33 pp.
Moreno Fraginals, Manuel. Cuba/España. España/Cuba. Una historia común. Crítica. Madrid. 1996. La Guerra de Cuba y la independencia.
Ringrose, David. España. 1700-1990: el mito del fracaso. Alianza. Madrid. 1996. 561 pp.
Sánchez Agesta, Luis. Historia del Constitucionalismo Español. Instituto de Estudios Políticos. Madrid. 1974. 532 pp.
Solé-Tura, J.; Aja, E. Constituciones y periodos constituyentes en España (1808-1936). Siglo XXI. Madrid. 1977.
Tortella Casares, Gabriel; Martí, Casimiro; Jover Zamora, José Mª; García Delgado, José Luis; Ruiz, David. Revolución burguesa. Oligarquía y constitucionalismo (1834-1923). 1981. 574 pp. Tortella Casares, Gabriel. La economía española, 1830-1900 (9-167). Martí, Casimiro. Afianzamiento y despliegue del sistema liberal (169-268). Jover Zamora, José Mª. La época de la Restauración: panorama político-social, 1875-1902 (271-320). García Delgado, José Luis. La economía española entre 1900 y 1923 (409-460). Ruiz, David. España 1902-1923: vida política, social y cultural (461-527). v. VIII. en Tuñón de Lara, Manuel (dir.). Historia de España Labor. Labor. Barcelona. 1980.

Artículos. Orden cronológico.
AA.VV. Les guerres carlines. “Sapiens”, Barcelona, nº 110 (XI-2011) 26-47. Andreu Carranza, Arnau Cònsul, Silvia Marimón, Jordi Mata, Robert Vellverdú.