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martes, 10 de noviembre de 2015

El economista español Antón Costas (1949).

El economista español Antón Costas (1949).

 

Antón Costas Comesaña (Matamá, Vigo, 1949), catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona. Partidario de las doctrinas económicas neokeynesianas, es uno de los más acerbos críticos de las políticas de austeridad, que juzga que están llevando a España y Europa a una crisis perdurable y trágica. Sus análisis han ganado en claridad, vigor y urgencia a medida que el malestar social crece. 


[https://www.youtube.comEl exministro de Trabajo Manuel Pimentel y el profesor Antón Costas advierten contra la insostenible pobreza de muchos trabajadores en España. Fragmento del programa ‘Salvados’ de Jordi Évole. 5 minutos.

Muy cercano, en una comparación internacional, a Krugman en sus diagnósticos, avisa en La ceguera de nuestras élites [“El País” Negocios 1.405 (7-X-2012)] de que el euro desencanta a los ciudadanos, que ven el cruel fracaso de las políticas de austeridad promovidas por los neoliberales, neocons y demás grupos interesados:
‹‹La primera es que las políticas de austeridad no funcionan como vía para salir de la crisis, ni tampoco para el objetivo de reducción del déficit público. Al contrario, empeoran ambas cosas. Todos los países del euro que se han visto obligados a tomar dosis fuertes de austeridad están peor que al principio. Y aquellos otros que han tomado dosis más suaves tampoco están mejor. Este resultado es coherente con lo que nos dice el mejor conocimiento económico existente sobre los efectos de la austeridad practicada a lo largo del siglo pasado.
La segunda es que la austeridad empeora la salud social y política de los pacientes, generando fracturas de la cohesión social y quebrantos políticos. Portugal es un buen espejo. Su experiencia con la austeridad muestra que da lo mismo ser mal que buen alumno: los resultados son siempre malos. (…)
Ustedes me dirán: si esto es tan evidente, ¿por qué las élites políticas, empresariales y altos funcionarios que nos gobiernan no lo ven? Por ceguera. Aunque les sorprenda, no son capaces de captar lo que está ocurriendo, no logran advertir las consecuencias sociales y políticas.
La ceguera de las élites europeas para ver que las políticas económicas tienen límites sociales y políticos no es algo nuevo. Ya ocurrió dos veces a lo largo del siglo pasado, con el resultado de dos conflictos dramáticos.
Las causas de la actual ceguera de nuestras élites no son las mismas para todos los grupos que la forman. Es posible identificar cuatro grupos.
En el primero, formado por la élite política económica europea, la causa de su ceguera es de tipo ideológico. El ejemplo de David Cameron es ilustrativo. Reino Unido no necesitaba austeridad, y al no estar en el euro tampoco se le podía obligar. La austeridad fue una elección política. Lo mismo ha ocurrido con otros Gobiernos. Algunos, como los nuestros, decidieron suprimir impuestos como el de patrimonio, aun cuando eso iba a empeorar las cuentas públicas. La defensa de la opción de la austeridad por esta élite viene favorecida al no verse afectados en su vida cotidiana por sus consecuencias.
Hay un segundo grupo cuya ceguera tiene causa en la pereza burocrática y en la falta de coraje intelectual para pensar por su cuenta. En este grupo están muchos expertos y los altos funcionarios de Bruselas, del BCE y del FMI, que forman la troika que vigila el cumplimento de la austeridad. (…)
Un tercer grupo está formado por empresarios sometidos a la competencia internacional. Lógicamente viven obsesionados por la competitividad. Pero algunos solo ven su mejora en la reducción de los costes laborales y sociales, olvidando que el verdadero camino hacia la competitividad sostenible son las mejoras de productividad.
Finalmente, existe un cuarto grupo formado especialmente por las élites financieras y de las grandes corporaciones. Su ceguera es debida a intereses de grupo y a falta de empatía con el resto de ciudadanos. Se ven como ciudadanos de un mundo globalizado que han roto toda relación emocional con las clases medias y trabajadoras nacionales. Son las que más ansiedad muestran por la renuencia del presidente Mariano Rajoy a pedir el rescate. Posiblemente porque tienen la seguridad de que ellos no pagarán las condiciones.
Todas estas élites han roto los lazos emocionales con las clases medias y trabajadoras, y ya no se ven compartiendo un futuro común. Esta ruptura psicológica provoca ceguera respecto a las consecuencias de unas políticas que derrumban la esperanza de la mayoría de la gente en el futuro. Adam Smith, el padre fundador de la ciencia económica, habló de la importancia del “principio de simpatía”. Se refería a la necesidad de que cada uno incorporemos en nuestro comportamiento económico la felicidad o bienestar de los demás. Esta “simpatía” con los otros es el cemento que cohesiona a una sociedad de mercado.
Pero nuestras élites no practican ese principio de simpatía. Los otros le son absolutamente ajenos. Por eso no tienen ningún escrúpulo moral en defender la austeridad. Y eso es lo que hace también que poco a poco el euro esté dejando de ser un proyecto de esperanza en un mundo mejor para la mayoría de la población europea, para convertirse en un objetivo que solo interesa a esas élites políticas, económicas y financieras. Hoy por hoy, no hay un interés general europeo digno de tal nombre. Y la ceguera de las élites europeas impide que emerja.››

En el artículo La ecuación de la corrupción [“El País” Negocios 1.447 (28-VII-2013)] brinda una perspectiva sobre el fenómeno en España:
‹‹Los casos de corrupción están a la orden del día y producen gran alarma social. Pero ¿podemos decir que España es un país corrupto?
Veamos, ¿cuándo un país es corrupto? Cuando existe lo que los anglosajones llaman petty corruption. Es decir, corrupción generalizada a pequeña escala, consistente en tener que pagar gratificaciones para el desarrollo de las actividades cotidianas, como hacer un trámite administrativo, acceder a un servicio público, como elegir escuela o ser atendido por los servicios de salud.
En este sentido, España no es un país corrupto. No sale mal parada en los rankings que miden este tipo de corrupción. Más bien se acerca a los países nórdicos.
¿No tenemos, entonces, que preocuparnos por la corrupción? Sí, porque aunque no haya una “cultura de corrupción”, como a veces se dice, que afecte al conjunto de la sociedad, si existe una grand corruption que se ha enquistado en algunas actividades públicas. Las causas de la corrupción tienen mucho que ver con el funcionamiento de esas actividades. Si las identificamos, seremos más capaces de erradicar la corrupción.
Son de tres tipos. La primera tiene que ver con el urbanismo y afecta especialmente a alcaldes y responsables de planes urbanísticos. La segunda se relaciona con la licitación de obra pública y las concesiones para la gestión privada de servicios públicos. La tercera, con el uso de subvenciones y ayudas públicas a ciertas actividades, como los expedientes de regulación de empleo (ERE) o las “primas” a las energías renovables.
¿Qué es lo que ha permitido conocer esa corrupción sistémica? No ha sido la actividad preventiva de los organismos encargados de auditar y controlar esos procesos. Esto ha fallado. Han sido, por un lado, los medios de comunicación; y, por otro, la actividad investigadora de los tribunales de justicia y otras instituciones como la Agencia Tributaria.
El conocimiento de las actividades que generan esa grand corruption y de las instituciones más efectivas en identificarlas, nos permite formular lo que podríamos llamar la ecuación de la corrupción española: C = DA + S + Cc - (T + D).
En primer lugar, la ecuación nos dice que cuanta más discrecionalidad administrativa (DA) en la aprobación de planes y licencias urbanísticas, mayor será la corrupción.
En segundo lugar, cuanto mayor sea el volumen de subvenciones públicas a actividades privadas (S), mayor será la corrupción. La “prima” es una garantía pública de rentabilidad privada que pesa durante años y años sobre el presupuesto público. Además, incentiva actividades que están más próximas al negocio financiero que al proyecto industrial. En el caso de los ERE, la subvención da lugar a la aparición de buscadores de rentas, y a que las empresas destruyan empleo en lugar de desarrollar fórmulas para conservarlo.
El tercer factor es la licitación de obra pública y las concesiones para la gestión privada de servicios públicos. Lo podemos llamar capitalismo concesional (Cc). Si analizamos los nombres de las grandes donaciones a los partidos veremos que están relacionados con estas actividades. La corrupción en este caso no solo consiste en donaciones o pago de comisiones, sino en contratos que hacen que el beneficio vaya al operador privado, mientras que el riesgo de pérdidas se lo queda el sector público. Los ejemplos son numerosos.
La primera conclusión de nuestra ecuación podría formularse diciendo que en España se ha desarrollado un tipo de capitalismo concesional y subvencionado que es proclive a la corrupción. Si queremos disminuir la corrupción hay que acabar con este tipo de capitalismo rentista y depredador.
La segunda conclusión surge del análisis de los dos factores de la ecuación que disminuyen la corrupción. El primero es la transparencia (T), entendida como el derecho ciudadano a conocer, y la obligación de las Administraciones a responder, con responsabilidad penal si no lo hacen. Este es un elemento poderoso de higiene pública. El segundo es la democracia (D).
Hay tres elementos de la democracia que son esenciales para erradicar la corrupción. El primero es que en las elecciones los ciudadanos penalicen a los políticos y partidos corruptos. El segundo es una prensa libre, capaz de denunciar la corrupción. El tercero, unas instituciones judiciales independientes que investiguen y penalicen la corrupción. Nos podemos sentir relativamente satisfechos, porque esos tres elementos están funcionando.
Pero no hay que bajar la guardia en los dos focos principales de la corrupción: el planeamiento urbanístico y el capitalismo concesional y subvencionado.
La ausencia de incompatibilidad entre ser alcalde o concejal de urbanismo y la dedicación a estas actividades es como poner al zorro al cuidado de las gallinas. Sorprende que un ministro tenga que salir del Consejo de Ministros cuando se tratan cuestiones que le implican a él o a sus familiares y no haya nada similar en los Ayuntamientos. Alguna restricción hay que introducir en este terreno.
El capitalismo concesional y subvencionado ha operado hasta ahora en la obra pública, los servicios domiciliarios y algunas actividades como las renovables. Pero está comenzando a penetrar en un nuevo campo: la sanidad. Hay que ir con cuidado, porque es susceptible de generar la misma corrupción.
No trato de demonizar la colaboración público-privada en la gestión de servicios de la sanidad pública. Pero las empresas que quieran operar en esas actividades han de funcionar con el mismo criterio de transparencia, riesgo y ventura con el que lo hacen los empresarios que arriesgan su patrimonio en las actividades de mercado. Ese es el buen capitalismo.››

Costas, en Alternativa al cosmopolitismo y al populismo [“El País” Negocios 1.618 (27-XI-2016)] se decanta por una alternativa progresista de librecambismo, frente a la neoliberal librecambista y a las dos populistas, de derechas e izquierdas, de proteccionismo:
‹‹Se acabó el desconcierto. Después del Brexit y del triunfo de Trump, el consenso ahora es general: detrás de las convulsiones políticas que están sufriendo las sociedades desarrolladas está la ira social provocada por la creciente desigualdad.
Una desigualdad que no es el resultado perverso de la crisis financiera y económica de 2008, sino el fruto amargo de dos décadas de una globalización financiera y comercial sin matices ni control. Una globalización que dejó abandonados en la cuneta del desempleo, de la pérdida de ingresos y de la desesperanza a la mitad de las sociedades desarrolladas. Y que vino acompañada de una ideología cosmopolita que vendió como un dogma que los frutos de la globalización acabarían llegando a todos.
Aunque esa “teoría del rebose” de los beneficios de la globalización no cumplió sus promesas, los gobiernos y las élites dieron por hecho que los perdedores se resignarían a su suerte. Olvidaron las lecciones de la historia. Las explosiones de ira social no se producen en el momento más agudo de las crisis económicas. Ocurren cuando la economía comienza a funcionar pero los que se han quedado varados ven como unos pocos circulan a gran velocidad mientras ellos siguen parados en un carril sin salida.
Los gobiernos de las sociedades desarrolladas y los organismos internacionales hicieron muy poco durante los años de euforia para repartir los beneficios de la globalización y compensar a sus perdedores (de la globalización). Se rompió así el vínculo entre crecimiento económico y progreso social. Un vínculo que fue fundamental en las décadas posteriores a la segunda guerra mundial, para reconciliar capitalismo inclusivo, igualdad y democracia.
Ahora esos gobiernos e instituciones internacionales y europeas se muestran preocupados por las potenciales consecuencias políticas de la ira social contra la desigualdad. El apoyo electoral a los populismos hace temer a los partidarios del cosmopolitismo dogmático por la continuidad de la globalización comercial y financiera y por el orden político liberal vigente desde la posguerra.
Pero, si están tan preocupados, ¿por qué no hacen algo para evitarlo?
La cuestión fundamental es si hay alternativa al cosmopolitismo dogmático y al populismo. La hay. Para verla, imaginen o, mejor, dibujen en un papel una cruz de brazos iguales. Esos dos brazos significan las dos grandes líneas de tensión a las que están sometidas nuestras sociedades. El eje vertical representa las opciones de política económica: en el extremo superior ponemos la opción por una economía abierta; en el inferior el proteccionismo y el nacionalismo económico. En el eje horizontal ubicamos las opciones para la organización de la sociedad. En el extremo izquierdo ponemos la opción por una sociedad individualista; en el otro extremo, la opción por una sociedad solidaria con mecanismos sociales de cobertura de riesgo e igualdad de oportunidades. Así dibujada la cruz, nos aparecen cuatro celdillas que representan las cuatro opciones para hacer frente a la actual situación.
La celdilla superior izquierda combina el mantenimiento de la libertad total de capitales y de comercio de la actual globalización con una sociedad de tipo individualista. Es la opción del cosmopolitismo dogmático que siguen ofreciendo las élites. Y, en el caso europeo, la Comisión y los gobiernos de la zona euro. Sus resultados saltan a la vista. Rompen las sociedades y fomentan el populismo político.
La celdilla inferior izquierda combina el retorno al proteccionismo y al nacionalismo económico con una visión individualista y racista de la sociedad. Es la opción que ofrecen los populismos de extrema derecha, tipo Trump en EE.UU. El resultado será la polarización y la fragmentación social interna y la quiebra del orden económico liberal internacional vigente desde la postguerra.
La celdilla inferior derecha combina también el proteccionismo y nacionalismo económico pero con una visión colectivista de la sociedad. Es la que ofrecen los populismos nacionalistas de izquierda y los independentistas. Es un retorno a fórmulas que han fracasado en el pasado.
La cuarta la de la celda superior derecha, combina una revisión razonable de la globalización con un nuevo contrato social que compense a los perdedores y reparta mejor los beneficios del crecimiento. Esta es la alternativa al cosmopolitismo dogmático y a los populismos. El problema es que, hoy por hoy, este espacio carece de opciones políticas.
Sin embargo, el conocimiento económico producido en los últimos años está ofreciendo propuestas para elaborar esta alternativa. Junto con mi colega Xosé Carlos Arias acabamos de publicar un ensayo escrito a cuatro manos que busca contribuir a este esfuerzo por encontrar una alternativa viable al cosmopolitismo dogmático y a los populismos (La nueva piel del capitalismo, Galaxia Gutemberg).
Pero el conocimiento económico no es poder político. Las nuevas ideas económicas para reducir la desigualdad y para fomentar un crecimiento económico y un capitalismo inclusivo necesitan impregnar a los progresistas de izquierda y de derecha. Y lograr la reconstrucción del centro político que en las tres décadas centrales del siglo pasado logró reconciliar capitalismo, igualdad y democracia. Ese vuelve a ser el principal reto del siglo XXI.››

Fuentes.
Internet.

Libros.
Arias, Xosé Carlos; Costas, Antón. La torre de la ignorancia. Políticas y mercados después de la tormenta. Ariel. Barcelona. 2011. 384 pp. Reseña de Vidal-Folch, Xavier. Por una política económica de inspiración gallega. “El País” Babelia 1.060 (27-III-2012) 14.
Costas, Antón. El final del desconcierto. Un nuevo contrato social para que España funcione. Península. 2017. 352 pp. Reseña de Errejón, Íñigo. Por un contrato (social) indefinido. “El País” Babelia 1.356 (18-XI-2017).


Artículos.
Costas, A. La bendición de Matusalén. “El País” Cataluña (6-XI-2007) 4. Las ventajas del envejecimiento de la población.
Costas, A. La medicina de Merkel es engañosa. “El País” Negocios 1319 (13-II-2011) 19.
Costas, Antón; Arias, Xosé Carlos. El regreso del conservadurismo económico. “El País” (24-XI-2011) 33. Los autores defienden un nuevo ‘keynesianismo’.
Costas, A. Confundir cura con primeros auxilios. “El País” Negocios 1.363 (18-XII-2011) 19. Critica la política económica rácana de Alemania, que puede hundir Europa.
Costas, A. Pensar lo impensable. “El País” Negocios 1.368 (31-XII-2011) 40.  Critica la actual política de austeridad, que profundiza la crisis y amenaza destruir el euro.
Costas, A. ¿Hay vida inteligente en los gobiernos? “El País” Negocios 1.366 (8-I-2012) 19. Critica la nefasta política de austeridad de los gobiernos europeos.
Costas, A. ¿Qué más se puede hacer? “El País” Negocios 1.381 (22-IV-2012) 19. Las enseñanzas de otros países pueden ofrecer soluciones a la crisis española.
Costas, A. El precio de la sobredosis de austeridad. “El País” Negocios 1.383 (6-V-2012) 17.
Costas, A. Amistades peligrosas. “El País” Negocios 1.387 (3-VI-2012) 17. Critica la connivencia de políticos y banqueros, que causó la crisis bancaria actual.
Costas, A. El juego de los conductores suicidas. “El País” Negocios 1.390 (24-VI-2012) 15. Rajoy choca con las autoridades europeas.
Costas, A. Las ‘Spanish financial practices’ y la crisis. “El País” Negocios 1.393 (15-VII-2012) 13. Reivindica la salud de la economía real y achaca la crisis a las malas prácticas bancarias, lo que exige una radical reforma bancaria que permite aflorar el crédito a las empresas, que son muy competitivas pese a su fama contraria.
Costas, Antón, Ni contigo ni sin ti... “El País” Negocios 1.396 (5-VIII-2012) 13. Urge plantarse contra los partidarios de la austeridad.
Costas, A. No ser ‘conejo de indias’ del euro. “El País” Negocios 1.399 (26-VIII-2012) 11. Critica la impericia de las autoridades europeas ante el inminente rescate de la banca española, tan preocupadas por el euro y tan poco por las consecuencias sociales de la crisis.
Costas, A. Fatiga de austeridad y quebrantos políticos. “El País” Negocios 1.402 (16-IX-2012) 15.
Costas, A. La ceguera de nuestras élites. “El País” Negocios 1.405 (7-X-2012) 23.
Costas, A. Esto no tiene ni pies ni cabeza. “El País” Negocios 1.408 (28-X-2012) 17. Crítica la austeridad excesiva porque es injusta en lo social e ineficaz económicamente.
Costas, A. Una jaula de masoquistas. “El País” Negocios 1.411 (18-XI-2012) 23.
Costas, A. Los recortes no son las reformas que necesitamos. “El País” Negocios 1.414 (9-XII-2012) 19.
Costas, A. A lo único que debemos temer es al miedo. “El País” Negocios 1.417 (30-XII-2012) 17. Implacable crítica a las políticas neoconservadoras de austeridad.
Costas, A. Raquitismo empresarial español. “El País” Negocios 1.420 (20-I-2013) 19.
Costas, A. Ceguera autoinducida y secretismo. “El País” Negocios 1.422 (10-II-2013) 21. Contra la opacidad en las instituciones.
Costas, A. Una fusión explosiva. “El País” Negocios 1.426 (3-III-2013) 19. Crítica a la fusión de los organismos españoles de la competencia.
Costas, A. Rajoy y los grilletes del euro. “El País” Negocios 1.432 (14-IV-2013) 25.
Costas, A. Alemania es parte del problema, no la solución. “El País” Negocios 1.436 (5-V-2013) 17.
Costas, A. Un ‘New Deal’ europeo para el siglo XXI. “El País” Negocios 1.438 (26-V-2013) 25.
Costas, A. En tiempos de tribulación, no hacer mudanza. “El País” Negocios 1.441 (16-VI-2013) 29. Pide no hacer la reforma de las pensiones en medio de esta crisis.
Costas, A. ¿En qué momento se jodió la Unión Europea? “El País” Negocios 1.444 (7-VII-2013) 17. Aviso: hay que sustituir en el penúltimo párrafo, en la referencia a Hamilton, el término “Guerra Civil” (1861-1864) por el de “Guerra de Independencia” (1776-1783).
Costas, A. La ecuación de la corrupción. “El País” Negocios 1.447 (28-VII-2013) 13.
Costas, A. Efectos no deseados de políticas bienintencionadas. “El País” Negocios 1.450 (18-VIII-2013) 13. Aconseja unir las soluciones monetaristas de Friedman con las fiscalistas de Keynes.
Costas, A. La renuncia de las élites a liderar la modernización. “El País” Negocios 1.453 (8-IX-2013) 13.
Costas, A. Que no nos digas que fue un sueño. “El País” Negocios 1.456 (29-IX-2013) 25. El aumento de la desigualdad es la mayor amenaza para el capitalismo y la democracia.
Costas, A. La desigualdad asesina el consenso social. “El País” Negocios 1.459 (20-X-2013) 21. La reforma de las pensiones debería hacerse por consenso social, porque modifica las reglas básicas del sistema económico y social.
Costas, A. Una sorpresa positiva e inesperada. “El País” Negocios 1.462 (10-XI-2013) 23. Alerta de que la salida de la crisis puede no ser definitiva.
Costas, A. El vaso no rebosa. “El País” Negocios 1.464 (24-XI-2013) 6. Una recuperación mal resuelta puede causar una crisis social y política.
Costas, A. España necesita un nuevo contrato social. “El País” Negocios 1.465 (1-XII-2013) 19.
Costas, A. La desigualdad mata la recuperación. “El País” Negocios 1.468 (22-XII-2013) 15.
Costas, A. La UE como factor de riesgo político. “El País” Negocios 1.471 (12-I-2014) 19.
Costas, A. El riesgo, ahora, es la crisis social. “El País” Negocios 1.474 (2-II-2014) 17.
Costas, A. Exceso de capitalismo concesional y rentista. “El País” Negocios 1.477 (23-II-2014) 17.
Costas, A. Algo va mal con la Unión Europea. “El País” Negocios 1.480 (16-III-2014) 17. Las similitudes en los errores de la política económica de los años 30 y la actualidad.
Costas, A. La industria nos salvará. “El País” Negocios 1.483 (6-IV-2014) 17.
Costas, A. ¿Recuperación con deflación? No es probable. “El País” Negocios 1.486 (27-IV-2014) 17.
Costas, A. Las tres D que ensombrecen Europa. “El País” Negocios 1.489 (18-V-2014) 19. Desempleo, deflación y desigualdad.
Costas, A. Entonces ¿cuál era la pregunta? “El País” Negocios 1.492 (8-VI-2014) 21. Los partidos deben responder al malestar popular.
Costas, A. Cierre en falso de la crisis europea. “El País” Negocios 1.495 (29-VI-2014) 27.
Costas, A. Capitalismo, desigualdad y democracia. “El País” Negocios 1.498 (20-VII-2014) 15.
Costas, A. El retorno de la historia. “El País” Negocios 1.501 (10-VIII-2014) 15. Resurgen las amenazas de un conflicto mundial.
Costas, A. Falso amigo. “El País” Negocios 1.504 (31-VIII-2014) 15. Critica a Draghi.
Costas, A. Cóctel con Friedman, Keynes y Hayek. “El País” Negocios 1.507 (21-IX-2014) 15. Draghi intenta combinar medidas de distintas corrientes de pensamiento económico.
Costas, A. Gobernados por ideas equivocadas. “El País” Negocios 1.510 (12-X-2014) 18.
Costas, A. La desigualdad asesina la democracia. “El País” Negocios 1.513 (2-XI-2014) 19. Comete un error en el autor de Las uvas de la ira (Steinbeck, no Scott Fitzgerald).
Costas, A. Remar contra el viento. “El País” Negocios 1.516 (23-XI-2014) 21. Propuestas para crecer: aumentar el tamaño de las empresas, abrir los mercados a la competencia para bajar los precios, incentivar la colaboración entre empresas y sector público para la internacionalización, reciclar e insertar laboralmente a los parados de larga duración.
Costas, A. Reformistas miopes. “El País” Negocios 1.519 (14-XII-2014) 17. Aumenta la desigualdad en España.
Costas, A. España 2015, test para la zona euro. “El País” Negocios 1.522 (4-I-2015) 15.
Costas, A. El juego del gallina. “El País” Negocios 1.526 (1-II-2015) 18. Grecia y Alemania se amenazan con llevar el reto a la destrucción mutua.
Costas, A. El nuevo impulso populista. “El País” Negocios 1.530 (1-III-2015) 19.
Costas, A. El fatalismo de la desigualdad inevitable. “El País” Negocios 1.534 (29-III-2015) 19.
Costas, A. Ha llegado el momento del viraje. “El País” Negocios 1.538 (26-IV-2015) 18.
Costas, A. Bajar los impuestos o reducir la pobreza. “El País” Negocios 1.542 (24-V-2015).
Costas, A. La primavera política española. “El País” Negocios 1.546 (21-VI-2015) 18.
Costas, A. No es justo ni equitativo. ¿Será eficaz? “El País” Negocios 1.550 (19-VII-2015) 13.
Costas, A. Lo que no va bien con la recuperación. “El País” Negocios 1.554 (16-VIII-2015) 15.
Costas, A. Efectos terapéuticos del abismo. “El País” Negocios 1.558 (13-IX-2015) 18.
Costas, A. Un nuevo progresismo. “El País” Negocios 1.562 (11-X-2015) 18.
Costas, A. La eurozona como máquina de destrucción masiva. “El País” Negocios 1.564 (25-X-2015) 52.
Costas, A. El final de la arrogancia. “El País” Negocios 1.566 (8-XI-2015) 18.
Costas, A. La Comisión Europea entra en campaña. “El País” Negocios 1.570 (13-XII-2015) 16. La CE condiciona la política económica española.
Costas, A. Por qué el consenso es posible. “El País” Negocios 1.575 (17-I-2016) 15. Confía en un acuerdo de gobierno para la nueva legislatura española.
Costas, A. Síndrome europeo del alcohólico reformado. “El País” Negocios 1.583 (6-III-2016) 18.
Costas, A. Corrupción de los sentimientos morados y populismo. “El País” Negocios 1.587 (3-IV-2016). Hay que proteger a los débiles para mantener adecuadamente al capitalismo.
Costas, A. Arde Europa. “El País” Negocios 1.592 (22-V-2016).
Costas, A. El capitalismo y sus descontentos. “El País” Negocios 1.595 (12-VI-2016).
Costas, A. El populismo: el reverso del cosmopolitismo. “El País” Negocios 1.599 (10-VII-2016).
Costas, A. Lo que los reformistas pueden aprender de los cirujanos. “El País” Negocios 1.603 (7-VIII-2016). Los gobernantes deberían compensar a los ciudadanos a los que sus medidas causan perjuicios y dolor.
Costas, A. La salud moral del capitalismo español. “El País” Negocios 1.608 (11-IX-2016).
Costas, A. Si éramos tan malos ¿cómo crecemos tanto? “El País” Negocios 1.610 (2-X-2016). Una mirada optimista sobre las empresas españolas.
Costas, A. El fetichismo hipócrita del déficit. “El País” Negocios 1.614 (30-X-2016).
Costas, A. Alternativa al cosmopolitismo y al populismo. “El País” Negocios 1.618 (27-XI-2016). Se decanta por una alternativa progresista de librecambismo, frente a la neoliberal librecambista y a las dos populistas, de derechas e izquierdas, de proteccionismo.
Costas, A. Economía sin alma. “El País” Negocios 1.622 (24-XII-2016). Una alabanza y resumen de las principales ideas de Keynes.
Costas, A. ¡A las trincheras, progresistas! “El País” Negocios 1.632 (5-III-2017).
Costas, A. No fue una fiesta de alcohol y mujeres. “El País” Negocios 1.636 (2-IV-2017).
Costas, A. La tijera de la pobreza. “El País” Negocios 1.643 (21-V-2017). El alto precio de la vivienda en España es un factor fundamental de la pobreza y urgen medidas de promoción de vivienda barata en alquiler y hay que resolver la cuestión de los desahucios de alquileres por pobreza.
Costas, A. El retorno de la política industrial. “El País” Negocios 1.646 (11-VI-2017).
Costas, A. El ritual iniciático de la reforma laboral. “El País” Negocios 1.650 (9-VII-2017).
Costas, A. Desconcierto con las reformas. “El País” Negocios 1.654 (6-VIII-2017). Las reformas injustas avivan el populismo.
Costas, A. Tiempo de salarios. “El País” Negocios 1.662 (10-IX-2017).
Costas, A. El fracaso de la modernidad tecnocrática. “El País” Negocios 1.665 (1-X-2017). Los errores neoliberales de desregular las finanzas, los mercados de trabajo y el equilibrio prespuestario.
Costas, A. España, un país sin contrato social. “El País” Negocios 1.668 (22-X-2017).

Costas, A. La competencia como política social. “El País” Negocios 1.673 (26-XI-2017).

Entrevistas.

Pellicer, Lluís. Antón Costas. ‘L’economista ha parlat al poder, quan hauria de dirigir-se a la societat’. “El País” Quadern 1.672 (16-III-2017).
De Barrón, Í. Antón Costas. ‘Hay márgenes empresariales elevados para subir salarios e invertir en tecnología’. “El País” (21-X-2017). ‘La baja productividad se debe a los malos sueldos, no al revés’.
Otros.
Pellicer, Lluís. Costas pide que se construya un nuevo ‘contrato social’. “El País” Cataluña (26-XI-2013) 3. Es el nuevo presidente del Círculo de Economía.

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