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domingo, 7 de febrero de 2016

Dosier: Ciencia e Investigación en España.

DOSIER: CIENCIA E INVESTIGACIÓN EN ESPAÑA.


Introducción.
España partía de una situación pésima en los años 1970 en Ciencia, con una inversión bajísima en Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i), siendo casi nula la pública y muy escasa la privada. La democracia trajo un cambio paulatino pero profundo y en el primer decenio del siglo XXI España había alcanzado una posición excelente en el ránking mundial de producción científica, aunque quedaba todavía por lograr un mayor reflejo tecnológico en la economía. Hay consenso entre los expertos en que solo los países que inviertan mucho y de modo sostenido en I+D+i podrán competir con éxito en la globalización.
Pero la crisis económica iniciada en 2007 trajo dramáticas consecuencias para el todavía adolescente sector científico español. Primero, el Gobierno socialista de Zapatero, que en su primer mandato de 2004-2008 había aumentado el presupuesto científico en casi un 50%, estabilizó la inversión e incluso redujo los salarios a los investigadores públicos. Mucho más allá ha ido el Gobierno de Rajoy, que pese a haber prometido en la campaña electoral que apoyaría al sector, en realidad ha aplicado una política de recortes draconianos, de un 45% en apenas dos años, con lo que ha empujado a muchos científicos a abandonar el país. El presupuesto público de 4.276 millones de euros en 2009 ha bajado en 2013 a 2.267 millones y se prevé que siga bajando.

El debate sobre la investigación en España.
Se ha dicho infinidad de veces que en España investigar es llorar.
En el mundo actual la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación, lo englobado en I+D+i, es una prioridad para el crecimiento de los países y la prosperidad de las sociedades. Los países más desarrollados pugnan por mantenerse en lo alto invirtiendo más, mientras los países emergentes han saltado muchos escalones de golpe en pocos años, con casos destacadísimos como Corea del Sur o China.
En cambio, en España estamos de vuelta, asombrosamente sobrados. El poder político y económico parece haber decidido que aquí no hace falta investigar, así que se reducen los presupuestos, se despide a los jóvenes investigadores sin contrato fijo, se ahogan financieramente incluso los proyectos más interesantes. Un recorte aquí y otro recorte allá, y cortando y recortando se quitan de encima a los mejores investigadores. Parecen decirnos ¡pues peor para ellos, que no se hubiesen metido donde nadie les llamaba!
Las lacras del sistema investigador español vienen de hace tiempo. La muy baja participación de las empresas españoles en la I+D+i en comparación con sus homólogas en la UE. La escasa relación universidad-empresa que dificulta el traslado de los avances científicos a propuestas industriales. El obcecado interés de los investigadores en publicar en revistas de alto impacto académico antes que en resolver problemas tecnológicos. La burocratización enfermiza del control de los proyectos de investigación, de modo que los mejores investigadores acaban siendo administradores al menos a tiempo parcial porque carecen de apoyo institucional para resolver esas cuestiones legalistas y de lo contrario perderían los apoyos financieros.
Caben soluciones empero, puesto que pese a tantos males España goza todavía de unas generaciones de investigadores de excepcionales formación y ambición. Pero sin apoyo del Estado y las empresas su labor será casi imposible y abocada a la esterilidad. Habrá que cambiar o romper este muro.
El editorial Marcha atrás en I+D [“El País” (17-XI-2013)] advierte de las graves consecuencias de reducir la inversión en ciencia e investigación:
‹‹La inversión en I+D cayó en 2012 respecto al año anterior un 5,6%, con lo que el gasto total, entre sector público y privado, ascendió a 13.391 millones de euros, una cifra similar a la de 2007. Tras cinco años de recortes, España está perdiendo lo que ganó entre 2000 y 2008 en un esfuerzo sin precedentes por acortar la distancia que nos separaba de los países de nuestro entorno. Esta distancia está volviendo a crecer de forma preocupante. Mientras el I+D en España ha caído un 40% desde el inicio de la crisis, hasta el 1,3% del PIB (había llegado al 1,4%), la media europea es del 2,03% y la alemana roza el 3%. Los ajustes afectan en mayor proporción al sector público que al privado, hasta el punto de que se ha equiparado el esfuerzo inversor entre ambos, cuando tradicionalmente la investigación descansaba principalmente sobre el sector público. Esa anomalía respecto de los países más avanzados, donde la inversión privada era mayor, se está corrigiendo ahora, no porque las empresas inviertan más, sino porque el sector público invierte menos.
El debilitamiento del sector público tendrá malas consecuencias sobre la estructura científica de nuestro país; no solo se han reducido los presupuestos, sino también las plantillas, con lo que disminuye la capacidad de atraer fondos de los programas europeos y de competir en la escena internacional. España ha perdido la novena posición en publicaciones científicas, desplazada por India. Mientras nos alejamos de los países más avanzados, los emergentes acortan distancias, siguiendo la estela de países como Corea del Sur, que con una inversión en I+D del 4,03% del PIB ha construido una economía muy competitiva.
Perder posiciones en I+D hará también más difícil la recuperación económica. El Gobierno no ha sabido dar suficiente prioridad a este sector de valor estratégico. El necesario incremento de la productividad no debe confiarse solo a las rebajas salariales, pues siempre habrá países más competitivos en este terreno. España puede y debe ganar posiciones en los otros dos grandes factores de competitividad: las medidas organizativas destinadas a mejorar la eficiencia, tanto en el sector público como en el privado, y la innovación tecnológica. Estos son los factores que marcan la diferencia para lograr el cambio de modelo productivo que tanto se predica.››

OPINIONES.
Marc Noy.
El catedrático Marc Noy en Un panorama desolador para los investigadores [“El País” (25-VI-2013)] comenta:
‹‹Hace poco la prensa recogía la noticia de un joven investigador español que, al mismo tiempo que recibía un importante premio de la Sociedad Europea de Física por sus “contribuciones excepcionales a la física experimental de partículas”, era rechazado por el Programa Ramón y Cajal de nuestro país. Este programa fue creado hace una década para captar investigadores de calidad, especialmente investigadores españoles en el extranjero que deseaban volver. Actualmente es casi la única posibilidad en España para iniciar una carrera investigadora con perspectivas de continuidad.
El año pasado se convocaron 175 plazas entre todas las especialidades científicas. Las características de la convocatoria llamaban la atención. A los solicitantes se les pedía únicamente un currículum vitae (CV), en el que debían señalar las aportaciones a su juicio más relevantes. Ni proyecto de investigación, ni cartas de referencia, ni siquiera una relación de los centros en los que esperaban desarrollar su proyecto. Solo un CV y, además, totalmente pautado. En la jerga ministerial esto se llama un CV Normalizado (CVN). El CVN es una anomalía genuinamente española, que no existe en otros países: para que se hagan una idea, si al redactar el CVN uno ha recibido un premio Nobel, debe consignarlo en “otros méritos”. En España se ha instalado la idea de que la investigación debe evaluarse con medios “objetivos”, mediante una contabilidad de publicaciones y citas en revistas científicas, y además asépticos, sin contacto con los evaluados. Es una idea profundamente equivocada que lleva a tomar decisiones erróneas con frecuencia.
Una convocatoria de estas características es difícil de imaginar en países más avanzados de nuestro entorno. A modo de comparación, tomemos un ejemplo reciente que conozco con detalle por haber participado en el proceso de selección: la convocatoria de una plaza de profesor en una universidad alemana de prestigio. Es una plaza de la escala W1, la más baja, para tres años, prorrogable a otros tres si hay evaluación positiva. Al final de los seis años se extingue la plaza y quien la ocupa debe buscar otro destino.
Se anuncia profusamente (en inglés) en redes y boletines internacionales. Los candidatos envían una carta de motivación, un proyecto de investigación y un CV detallado (sin formato fijo, desde luego). Después de analizar la documentación, se preseleccionan unos seis candidatos. Se cita a los seleccionados para unas pruebas en la universidad en cuestión, que consisten en: 1. Una clase de 30 minutos sobre un tema comunicado previamente al candidato; además de profesores, hay estudiantes presentes, que al final de la clase evalúan al candidato por escrito. 2. Una exposición científica de 30 minutos de un tema de investigación del candidato; además de investigadores, hay estudiantes de doctorado, que también evalúan la presentación. 3. Una entrevista de 30 minutos con: un especialista del área de investigación del candidato, un especialista en temas docentes, el director de la comisión, que es de otra especialidad, y dos estudiantes de doctorado. Se le pregunta al candidato, entre otras cosas, por su motivación al concurrir a la plaza, su experiencia docente e investigadora, y si conoce las responsabilidades asociadas.
Una vez acabado este proceso, se envía el dossier de los candidatos preseleccionados a expertos externos para su evaluación. Algunos expertos son contactados telefónicamente para oír de viva voz su opinión sobre un candidato. Al cabo de pocas semanas se toma una decisión y se comunica a los candidatos, en febrero o marzo, para que el seleccionado pueda incorporarse a principio de curso. Y todo esto para una plaza de profesor ayudante no permanente. Pueden imaginar que el proceso de selección para una plaza de catedrático se trata como un asunto de Estado, y así es, en efecto, un asunto de importancia capital que involucra directamente a las máximas autoridades académicas de la universidad.
Este es solo un ejemplo, pero hay muchos más. En los últimos años la convocatoria de becas predoctorales, pieza básica del sistema de investigación de un país, ha sufrido, además de los recortes, todo tipo de retrasos e incidencias, que perjudican muy gravemente a los jóvenes que quieren investigar. El panorama de la investigación en España es realmente desolador: se recortan las partidas drásticamente, se retrasan arbitrariamente las convocatorias de becas y proyectos, se cambian las normas a mitad de una convocatoria. A este ritmo España va a perder definitivamente el tren de la investigación. Lo estamos viendo con nuestros jóvenes investigadores, la mejor generación que ha tenido nunca este país: se van y difícilmente volverán. Los que se quedan encuentran un panorama deprimente, sin apenas oportunidades. El precio que pagaremos por ello será altísimo, no les quepa ninguna duda.››

José María Maravall.
José María Maravall, profesor y sociólogo, ex ministro socialista de Educación en 1982-1988, en Recetas ideológicas rancias [“El País” (21-X-2013)] reclama una política educativa más progresista y el apoyo a la I+D+i como mejor vía para el desarrollo del país:
‹‹La crisis económica no ha producido ideas nuevas. Se promueven recetas como si experiencias anteriores no las hubiesen cuestionado, como si dispusieran de un indiscutido respaldo intelectual y como si tuviesen validez universal. Sabemos que la receta habitual de devaluaciones internas basadas en reducciones salariales y en recortes del gasto público, con políticas monetarias muy restrictivas, puede ser necesaria para evitar el colapso, pero no es suficiente para promover el crecimiento. Sabemos también que sus efectos distributivos pueden variar: en España, la desigualdad entre el 20% más rico y el 20% más pobre se ha incrementado en un 27,8% desde 2008, frente a un 4,2% como media para los países del euro (Eurostat 2013).
Políticas de reducción del Estado se basan en una vulgarización extrema de la tesis de que el peso de lo público “expulsa” recursos disponibles para el sector privado. Según esto, el necesario equilibrio de las cuentas públicas se ha de basar en drásticos recortes del gasto, no en subidas de los ingresos públicos. Pero la recaudación tributaria varía mucho en Europa. En España supone un 31,4% del PIB; en Francia, un 43,9% (Eurostat 2013). Simples recortes pueden conducir a un Estado inerme, incapaz de prevenir situaciones de necesidad y de asegurar expectativas racionales de movilidad, es decir, igualdad de oportunidades. Incapaz también de promover la competitividad de su economía. El equilibrio macroeconómico no puede tener como ejemplo al Portugal de Antonio Oliveira Salazar, sí a la socialdemocracia nórdica.
Es cierto que Europa ha perdido competitividad. Aun así entre 2012 y 2013 las economías más competitivas del mundo eran Finlandia, Suecia, Noruega, Alemania, Dinamarca, Holanda, Austria y Reino Unido, además de Suiza, Estados Unidos y Canadá. Solo Singapur y Hong Kong entran en ese grupo. La economía francesa, situada en la posición 21, es más competitiva que la del país emergente más cercano (Malasia, que ocupa la posición 25). China se halla en el puesto 29, Brasil en el 48, México en el 53. España o Italia, situadas respectivamente en las posiciones 36 y 42, tienen otros modelos a los que atender distintos del oriental. El tamaño del Estado no conduce necesariamente a una competitividad global baja; depende de lo que ese Estado haga.
Muchos empresarios y medios de la derecha se han vuelto prochinos. Un ejemplo lo constituye el propietario de un gran supermercado, Mercadona. A su juicio, la crisis económica se resolvería si los trabajadores españoles fuesen como los chinos. Pero los chinos y sus dirigentes no sueñan con un modelo de mano de obra barata y explotada. Su inversión en I+D representa una proporción del PIB superior a la española y aumenta a un ritmo muy fuerte: en un 21,7% en 2010, por ejemplo.
Atendamos a otro caso más interesante: Corea del Sur. Entre 2008 y 2012, su PIB per capita creció desde 19.026 dólares hasta 22.590 dólares. Compañías como Samsung o Hyundai son ejemplos del aumento de la competitividad coreana. En España, por el contrario, el PIB per capita cayó en ese periodo desde 34.977 dólares hasta 29.195 dólares. Existe una diferencia clave entre ambos países: Corea dedica a la I+D un 3,74% de su PIB; España, tan solo un 1,39% (Banco Mundial, 2013). El crecimiento económico y la competitividad coreana no se basan en mano de obra barata.
En España la inversión en I+D se ha reducido en un 40% entre 2009 y 2013. La edad media de nuestros investigadores en los organismos públicos de investigación, incluyendo el CSIC, es de 55 años. Investigadores jóvenes muy brillantes están siendo expulsados de España en una sangría incesante. Es una pena que no se sigan muchos ejemplos situados siempre fuera de España: por poner uno, David Sainsbury, propietario también de una cadena de supermercados, que financia centros de excelencia en ciencia, ingeniería, neurociencia, artes, políticas públicas, el University College de Londres, la Universidad de Cambridge. Pero, por lo general, nuestros empresarios, en aras de la competitividad, reclaman sueldos miserables, no apoyan una investigación digna. La participación del sector privado en el gasto en I+D es la menor de la Unión Europea, con la excepción de Polonia: un 43% del total, frente a un 69% en Alemania (Informe COTEC 2012).
Una receta de orientación parecida ha sido efectuada por el gobernador del Banco de España. A su juicio, si se introdujeran minisueldos en España aumentaría la competitividad de la economía y se reduciría la tasa de desempleo. Una mano de obra barata podría ser empleada a un menor coste y en mayor número: muchos empresarios apoyan entusiasmados esta propuesta. Su ejemplo es la Agenda 2010 alemana, por la que 4,4 millones de personas perciben minisueldos y no figuran como desempleados. Pero la competitividad alemana no se basa en salarios bajos, sino en formación e I+D; además, sus políticas activas de empleo evitan que los minisueldos se conviertan en trampas de pobreza. Por el contrario, en España estas políticas se hallan a la cola de Europa: suponen una proporción del PIB nueve veces inferior a Holanda, siete veces inferior a Dinamarca. Es más, en 2012 sus recursos se redujeron en un 21%.
Una sólida educación de base, de carácter más polivalente, podría servir como alternativa. La presente política educativa sigue la dirección contraria: discrimina en contra de los estudiantes de menor renta, presumiblemente aquellos que en mayor proporción percibirían los minisueldos. Mientras que en Dinamarca el gasto público en educación alcanza un 7,8% del PIB y en Suecia un 7,0%, en España se sitúa en un 4,7% y la reforma en curso prevé que se reducirá a un 3,9% en 2015.
Los resultados de la enseñanza no universitaria en España son parecidos a los de Italia, Estados Unidos o Francia. Con problemas importantes, sin duda. Uno muy específico de España: las distintas tasas de escolarización de padres e hijos. Solo un 18% de los españoles entre 55 y 65 años cursó la enseñanza secundaria superior, frente a un 41% de media en la OCDE (OCDE Skills Outlook 2013). Ese es el legado del pasado: con la democracia las cosas empezaron a cambiar. En 2010 la esperanza de vida escolar pasó a ser de 17,2 años, superando las de Francia, Italia o Reino Unido. Y un 94% de los jóvenes de 16 años estaba escolarizado (datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, 2011). El desfase educativo entre generaciones es muy superior al de cualquier otro país de la OCDE.
Las pruebas de competencia educativa que realiza la OCDE reflejan esa diferencia y muestran la inmensa influencia de la escolarización de los padres sobre el rendimiento escolar de los hijos. Un 69% de los estudiantes proceden de familias en las que ninguno de los padres tiene enseñanza secundaria superior; cuando sí la tienen, los resultados son mejores que en Estados Unidos, Austria, Italia o Francia. Por tanto, luchar contra el fracaso escolar requiere dedicar más recursos a estudiantes procedentes de familias desfavorecidas y con bajo nivel educativo. Por el contrario, se están reduciendo recursos y segregando a los estudiantes más necesitados de atención.
Con la crisis económica, estamos embarcados en un camino de creciente desigualdad, ingentes tasas de paro, un gran número de personas en situación de pobreza y con escasas posibilidades de salir de ella a lo largo del ciclo vital. Cabe prever que un “nuevo modelo productivo” no pasará por la educación y por la investigación. Pero no hay razón para resignarse: despreciar la política conduce solo a sufrirla.››
   
Fuentes.
Libros.
Gamundí, Antoni; Ferrús, Alberto (coords.); Timoner, Gabriel; et alSantiago Ramón y Cajal. Cien años después. Pirámide / Universitat de les Illes Balears. Madrid. 2006. 337 pp.

Artículos. Orden cronológico.
Aznárez, Malén. Juan Modolell. “El País” Semanal 1.592 (1-IV-2007) 10-15. Biólogo, experto en la mosca del vinagre.
Barbería, José Luis. Borrando el I+D. “El País” Domingo (11-III-2012) 8-9. Opciones ante los recortes en investigación científica en España.
Rivera, Alicia. Los contratos de ciencia se reducen este año un 43%. “El País” (5-IV-2012) 30. La crisis económica afecta a la ciencia española.
Puigdomènech, Pere. Ciencia para después de un rescate. “El País” (25-VII-2012) 29. El futuro de la ciencia española y la crisis.
Rivera, Alicia. Cerebros que hacen las maletas. “El País” (10-XII-2012) 30-31. Muchos científicos españoles emigran.
Rivera, Alicia. La ciencia dice basta. “El País” (20-XII-2012) 36. Miles de científicos se manifiestan contra los recortes en España.
Aunión, J. A. España expulsa al talento. “El País” (17-V-2013) 36-37.
Noy, Marc. Un panorama desolador para los investigadores. “El País” (25-VI-2013) 27.
Silió, Elisa. José Manuel Fernández / Investigador. ‘El tejido industrial no puede cubrir la inversión en ciencia’. “El País” (23-VII-2013) 33.
Molinas, César. El ‘caso CSIC’ o la banalidad del mal. “El País” (17-VII-2013) 33. El politólogo alerta de que la preterición en España de la ciencia es un gravísimo error económico y un síntoma de la degradación intelectual y ética de los políticos gobernantes.
Rivera, Alicia. El Gobierno adelantará pagos para salvar al CSIC del colapso. “El País” (2-VIII-2013) 34.
Mulet Meliá, Juan. Innovación: adiós a la convergencia con Europa. “El País” Negocios 1.449 (11-VIII-2013) 15. Mulet es director general de la Fundación Cotec para la innovación tecnológica, ofrece numerosos datos económicos sobre la evolución del sector en los últimos años, y critica los recortes injustificados que arruinan un sector crucial para el desarrollo económico actual y futuro. Entre 1995 y 2010 la inversión pública y privada en I+D+i creció del 0,74% al 1,39% del PIB, con un monto de 14.600 millones de euros, pero se ha desplomado en apenas dos años, hasta la mitad del nivel alemán.
Rivera, Alicia. Los científicos forman un frente para salvar la I+D del colapso. “El País” (19-IX-2013) 32-33.
Andradas, Carlos. Señor ministro, no nos defraude otra vez. “El País” (19-IX-2013) 33. El representante de los científicos españoles alerta de la urgencia de salvar los presupuestos de la Ciencia.
Rivera, Alicia. Carlos Andradas / Presidente de las Sociedades Científicas. ‘La ciencia en España está en una situación de total desconcierto’. “El País” (20-IX-2013) 39.
Rivera, Alicia. Emilio Lora-Tamayo / Presidente del CSIC. ‘No habrá contratos del CSIC hasta que haya financiación específica’. “El País” (22-X-2013) 32.
Rivera, Alicia. La I+D sufre el mayor desplome de la década en gasto y en investigadores. “El País” (15-XI-2013) 44.
Sanz Menéndez, Luis. Lo peor está por venir. “El País” (15-XI-2013) 44.
Editorial. Marcha atrás en I+D. “El País” (17-XI-2013) 28.
Maravall, José María. Recetas ideológicas rancias. “El País” (21-X-2013) 33.
Sampedro, Javier. Izpisúa y el destino. “El País” (19-I-2014) 42. La vida y obra del científico Juan Carlos Izpisúa (Hellín, Albacete, 1960), investigador de medicina regenerativa, tras su polémica sustitución como director del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona (CMRB).
Editorial. Evaluar la ciencia. “El País” (20-I-2014) 24. La crisis del CMRB resalta la importancia de asegurar los retornos económicos en la inversión en investigación. El centro no logró financiación en concursos internacionales competitivos. 
Rivera, Alicia. La caída de personal y financiación hace regresar al CSIC 10 años atrás. “El País” (25-II-2014) 32-33. Ha perdido 2.200 empleados y no hará contratos ni dará becas en dos años.
De Rújula, Álvaro. La revolución de los quarks. “El País” (16-IV-2014) 37.
De Benito, Emilio. Los genes dan la cara. “El País” (29-IV-2014) 30-31. Desarrollados los primeros programas que deducen el rostro a partir del ADN, l oque beneficiará a la antropología o a la ciencia forense.
Granados, Óscar. Más ciencia supone más riqueza. “El País” (16-VI-2014) 30-31. Empresarios e investigadores piden más recursos.
Vicent, Mauricio. La burocracia y la falta de medios descapitalizan el CSIC. “El País” (5-XII-2014) 43. La fuga de cerebros aumenta.
Editorial. Hacer los deberes. “El País” (26-I-2015) 30. Urge una política científica eficaz.
De Azcárraga, José Adolfo. La I+D, otra vez. “El País” (7-III-2015) 35. La crisis de la investigación española lastra el futuro del país.
Domínguez, N. El Gobierno crea la Agencia Estatal de Investigación. “El País” (28-XI-2015) 28. Financiará el I+D+i.
Editorial. Una agencia para el I+D+i. “El País” (28-XI-2015) 12.
Domínguez, Nuño. Por un acuerdo para salvar la ciencia. “El País” (11-II-2016) 28. Las sociedades científicas denuncian que la inversión en I+D hah caído un 34% desde 2009.
Fernández de Lis, Patricia. Un país de espaldas a la ciencia. “El País” (21-VI-2016). Con gráficos sobre la investigación y la tecnología en España.
Barbería, José Luis. María Blasco. ‘La ciencia no debe renunciar a la rentabilidad’. “El País” Semanal 2.089 (9-X-2016). Blasco dirige el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), el principal centro de investigación española contra el cáncer.
Maqueda, Antonio. España da la espalda al gasto en I+D a pesar de la recuperación. “El País” (25-XI-2016).
Gutiérrez, Hugo. Las autonomías que apuestan por la innovación crecen más. “El País” (29-XI-2016). Madrid, Navarra y País Vasco ganan, mientras que Canarias, Castilla-La Mancha y Extremadura pierden, al ser las que menos invierten en I+D+i.

López, Cayetano. La ciencia española, maniatada. “El País” (24-I-2017). El recorte de presupuestos y el disparatado proceso administrativo dificultan la competitividad.