Blogs de Antonio Boix

Mis blogs son Altamira (Historia del Arte, Cine, Televisión, Fotografía y Cómic), Heródoto (Ciencias Sociales y Pensamiento) y Mirador (Joan Miró, Arte y Cultura Contemporáneos).

domingo, 13 de noviembre de 2016

Dosier: El populismo, amenaza a la democracia.

EL POPULISMO.

Índice.
El concepto de populismo.
El debate teórico sobre el populismo.
El populismo estadounidense.





Discurso de Chaves en Caracas.

El concepto de populismo.
No hay un consenso sobre el significado del concepto populismo. La definición semántica más simple de populismo es la de la RAE: ‹‹tendencia política que pretende atraerse a las clases populares››, pero es demasiado amplia. Para muchos intelectuales su caldo de cultivo es la crisis del sistema político democrático, largo tiempo larvada. Félix de Azúa apunta en Ya llega [“El País” (14-XI-2016)]: ‹‹Es ingenuo creer que el bombardeo de estupidez televisiva, irracionalidad social, estafa educativa, publicidad mendaz, corrupción y pornografía informativa no iban a tener como consecuencia esta enorme bolsa de ciudadanos sin capacidad crítica. Ahora hay que pensar cómo se vuelven a llenar con valores civilizados las conciencias barbarizadas, las cabezas huecas.›› 
En resumen, hay tres acepciones fundamentales.
1) El populismo como afirmación de la autoridad. Se pretende antielitista pero propone mantener la riqueza en manos de los grupos dominantes y preservar el tradicional status quo social contra la presión de las mujeres, los jóvenes, los negros o los inmigrantes, y se proclama portador de valores esenciales y de la verdad absoluta sobre lo que conviene al pueblo-nación, lo que sitúa a esta acepción como la más ligada a la extrema derecha. Antonio Gramsci escribió: ‹‹ El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.›› El politólogo alemán y profesor en Princeton, Jan Werner Muller (1970), señala como sus exponentes más recientes a Marine Le Pen o Donald Trump.
2) El populismo como engaño. Uno de los primeros en abordar el tema, el ensayista estadounidense Henry L. Mencken (1880-1956), escribió: ‹‹El demagogo es quien predica doctrinas que sabe que son falsas a personas que sabe que son idiotas››. El politólogo francés Pierre-André Taguieff (1946) precisa que el populismo como demagogia es hacer promesas que se saben de imposible cumplimento. Su objetivo es tomar y retener el poder, al precio que sea. Hay incontables ejemplos en los políticos que presentan programas electorales que saben de antemano que no realizarán o incluso que harán lo contrario, de lo que ha acusado recientemente a Rajoy en España.
3) El populismo como alternativa nueva frente a un sistema caduco, que sería la propuesta del peronismo argentino, el chavismo venezolano o del Podemos español. Su pensador más conocido, el politólogo argentino Ernesto Laclau (1935-2014), proponía al populismo la misión de construir un nuevo sujeto del cambio, yendo más allá de la clásica división en clases sociales, para agrupar a "la gente" o "el pueblo contra las élites (tanto conservadoras como socialdemócratas) que han monopolizado el poder en los últimos siglos y han mantenido un orden injusto. Se ha acusado a esta propuesta de querer cambiar una élite por otra, aprovechando el malestar de las masas, pero sin mejorar realmente la situación de estas, sino perpetuando su penuria porque de lo contrario se quedaría sin base social.

El debate teórico sobre el populismo

Resultado de imagen de blogspot, Joan Subirats

Joan Subirats, catedrático de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Barcelona, resume la ideología populista en ¿Populismo democrático? [“El País” (16-XI-2014)]
‹‹Durkheim dijo una vez que el socialismo era el grito de dolor de la sociedad moderna. El populismo es el grito de dolor de las actuales democracias representativas”. Así decía en un artículo el profesor de ciencia política de Chicago John McCormick. El populismo resultaría así inevitable en aquellos regímenes políticos que si bien se inscriben en los principios democráticos, en la práctica excluyen al pueblo del gobierno efectivo y legitiman su creciente desigualdad. Sabemos que crece de manera astronómica la distancia entre los más ricos y los más pobres. Y por tanto, el sustrato de igualdad política y de justicia en que se basaba la democracia, la igual capacidad para influir en el gobierno, se hace irrelevante por la evidente marginación de los intereses de la gran mayoría en las decisiones que se toman, y la gran capacidad de influencia en las mismas de la oligarquía económica. Jeffrey Winters en Oligarchy, el mejor libro del 2012 de la American Political Science Association, demuestra que vivimos en esquemas de dominación política que, más allá de la tramoya democrática, sancionan que una minoría de personas, las de más riqueza material, decidan de hecho por encima de la colectividad.
Hablamos de populismo para referirnos de manera genérica a fenómenos que poco tienen que ver entre sí. En “The New Yorker” se hacía referencia a la estrella emergente de la izquierda del Partido Demócrata Elizabeth Warren, y al alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, como expresión del “nuevo populismo”. Por otro lado, hablamos de populismo de derechas para referirnos a los movimientos xenófobos que operan en diversos países europeos. Pero también usamos el término para caracterizar a 5 Stelle o para catalogar a Podemos o Guanyem. Nos referimos más a una reacción de rechazo ante el poder instituido y sus complicidades con la oligarquía, que a una corriente política específica. La combinación de crisis económica y la gran alteración estructural de muchos puntos de anclaje de la gente (trabajo estable, familia sólida, ciclos de vida previsibles, garantías de mínimos vitales…), junto con la evidencia de que ha habido unos pocos que se han aprovechado de manera descarada de ese escenario, ha generado una reacción simple pero sólida: que paguen más los que más tienen, que los poderes públicos aseguren lo básico, que se atempere la desigualdad galopante y que se sea mucho más duro con un capitalismo financiero desatado. Si eso es populismo, lo cierto es que cada día hay más populistas.
El problema de fondo es que las democracias representativas no logran hacer realidad sus bases legitimadoras. La mezcla de grandes recursos económicos en manos de poquísimos (oligarquía); la capacidad que tienen de condicionar enormemente las decisiones de los electos y de las instituciones sin tener que rendir cuenta de ello; y la falta de mecanismos adecuados de poder ejercer control popular, excepto en esa forma de supervisión jadeante y sincopada que son las elecciones, están convirtiendo a las democracias representativas en espectros sin vida. Los muy pocos (globalizados y financiarizados) no se presentan a las elecciones, pero consiguen condicionar procesos y decisiones, aumentando poder y privilegios. La capacidad de los muy muchos, que es enorme si hacemos caso al principio de mayoría y de igualdad política, se torna en nada una vez realizado el trámite representativo y cuando los márgenes de decisión quedan absolutamente cercenados en la jaula de hierro de las políticas de austeridad, el pago de la deuda o el control del BCE sobre la política monetaria. En la democracia antigua, había menos demos (menos gente que decidía) pero más kratos (más poder efectivo en lo que les concernía). Hoy la asimetría entre las instituciones representativas y el poder real de los muy muy ricos es extrema. Quedan lejos los años de las políticas de bienestar de aquella Europa de posguerra cuando, de manera excepcional (como certifica Piketty), se consiguió equilibrar igualdad política e igualdad económica. Hoy los representantes políticos, liberados tras ser electos de mandato alguno, deben actuar, como dijo Merkel en el 2011, “en conformidad con los mercados” (marktconform).
En ese contexto, unos defienden reactivamente a los “de casa” frente a quienes hacen peligrar “nuestro modelo de vida”. Otros postulan más sintonía entre mercado y poder político, reduciendo la política a simple instrumento legitimador. Pero también los hay que postulamos más democracia, más capacidad para construir instituciones menos susceptibles de ser capturadas por los intereses oligárquicos, y que sabemos que ello exige formatos nuevos de elección, de control y de decisión colectiva. Cuidado con cerrar el debate sobre el futuro de nuestras democracias estigmatizando con el calificativo de populistas a los que tratan de responder con más democracia a la jaula de hierro en la que nos han metido.››

Resultado de imagen de blogspot, Raffaele Simone

El filósofo italiano Raffaele Simone analiza el populismo (radical o de izquierdas, como el Cinco Estrellas italiano o el Podemos español), que bautiza como “movimentismo”, en el que advierte facetas positivas pero también otras criticables:
‹‹Tengo más simpatía por Podemos, porque ha tenido la voluntad de proclamarse un partido. Cinco Estrellas no tiene ni estatutos, van fijando las reglas arbitrariamente. Los movimientos cristalizan los deseos del pueblo de participar y en este sentido son importantes. Pero su punto débil es que son genéricos: no tienen programa ni reivindicaciones precisas. No son más que agregados de personas que protestan. Tienen energía pero no dirección. Podemos sí ha elegido ser un partido de izquierda, pero intransigente, no se pone de acuerdo con nadie. Y la democracia exige el compromiso como elemento fundamental, que todos renuncien a algo por el interés general. Pero es un fenómeno interesante. La política necesita un reinicio, una tarea para políticos con imaginación.
[Duda que esa respuesta pueda venir de los partidos tradicionales] No me parece posible. En los acontecimientos humanos hay momentos en que las cosas recomienzan desde el origen. Este es uno de ellos. Lo que estamos viviendo ya no es democracia. Los partidos tradicionales han agotado su papel histórico.›› [Hermida, Xosé. Raffaele Simone / Filósofo. ‘Somos totalitarios por instinto’. “El País” Ideas (3-VII-2016).]

Resultado de imagen de blogspot, Loris Zanatta

Loris Zanatta es un historiador italiano especializado en América Latina, que en El populismo (2015) apunta que este se dirige contra la élite política vista como enemigo interior y el nacionalismo se enfrenta al enemigo exterior, pero en lo esencial comparten las mismas características, como señaló Isaiah Berlin, en su oposición a la democracia liberal. Así, el fascismo o el neofascismo, el peronismo o el chavismo, son variantes del populismo. La reseña de Enrique Gil Calvo, La comunidad del pueblo [“El País” Babelia 1.250 (7-XI-2015)] explica:
‹‹¿En qué se parecen el nacionalismo y el populismo, los dos fenómenos que han hecho entrar en crisis al sistema democrático español y europeo? Respuesta de Zanatta (historiador italiano especializado en América Latina y sobre todo en Argentina): en todo, como las dos especies de un mismo género. Pero con una sola diferencia, en absoluto menor: si ambos buscan la unidad popular contra el enemigo del pueblo, el populismo se dirige contra la élite política como enemigo interior, mientras que el nacionalismo se esgrime contra fuerzas extranjeras como enemigo exterior. Pero las demás características son comunes, tal como fueron identificadas por Isaiah Berlin, en quien se inspira Zanatta, pudiendo resumirse su núcleo duro en seis notas. 1) Evoca la idea de una comunidad indivisa: el pueblo. 2) Es más antipolítico que apolítico. 3) Condena la degradación sufrida por el pueblo. 4) Pretende regenerar la armonía originaria. 5) Apela a la movilización mayoritaria de la soberanía popular. Y 6) se activa cuando la sociedad atraviesa crisis conflictivas y disgregadoras, sean debidas a la recesión o al crecimiento, que anuncian el momento populista.
A partir de aquí se deducen ciertas propiedades como las más relevantes, que Zanatta ilustra con ejemplos italianos (Mussolini, Berlusconi, Beppe Grillo), españoles (Falange, Franco, el nacionalismo catalán o vasco) y latinoamericanos (Perón, Chávez, los Kirchner). Aunque traten de recrear la supuesta comunidad originaria, son ideologías solo surgidas en la modernidad tras la revolución burguesa (1775, 1789), puesto que se basan en la soberanía popular. Pero a pesar de ello se oponen diametralmente a la democracia liberal de matriz ilustrada e individualista basada en el imperio de la ley. Antes al contrario, exaltan la comunidad popular a la que deben someterse leyes, individuos e instituciones. Y en esta misma línea procuran la desintermediación, es decir, la superación, y a veces la supresión de todas aquellas instancias intermedias (como las élites ilustradas o los partidos políticos) que amenacen con impedir la relación directa entre el pueblo y los ciudadanos. Aquí es donde aparece la figura del liderazgo representado por aquel outsider, ajeno a la clase política convencional, que sea capaz de encarnar al pueblo identificado con su propia persona singular. En cambio, las élites institucionales del establishment y, sobre todo, los políticos partidistas profesionales representan el antipueblo, es decir, la casta usurpadora a la que expulsar del templo.
Excuso subrayar el claro paralelismo con el momento populistas que vive nuestro país, tanto en Cataluña como en el resto de España, cuando se denigra a los representantes de los maldecidos partidos políticos mientras se ensalza a los héroes civiles como Colau o Carmena, capaces de catalizar la confluencia de la sacralizada unidad popular. Pues si bien nacionalistas y populistas son beligerantes frente a la clase política, contra la cual intentan despertar el antagonismo de la gente, también pretenden reconstruir una imaginaria unidad popular en cuyo interior no caben los conflictos, las fracturas ni las divisiones internas (ambición que se corresponde mal con su propia tendencia al fraccionalismo fragmentador).Y para recrear imaginariamente esa mítica unidad sagrada de la sociedad civil, no dudan en celebrar toda una serie de ceremonias espectaculares (como las diadas del Onze de Setembre) que les caracterizan como una religión política. Pues si la democracia representativa o liberal se articula mediante procedimientos formales, la democracia populista o participativa lo hace mediante acontecimientos rituales (en el sentido de Badiou), que actúan a modo de sacramentos destinados a concitar la comunión del pueblo.››

Resultado de imagen de blogspot, Josep Ramoneda

Josep Ramoneda en El espantajo populista [“El País” (5-XI-2016)] desarrolla una visión positiva de la ideología populista:
‹‹Dicen que vivimos tiempos de populismo pero, ¿qué es el populismo? Desde que esta palabra se empleó por primera vez en el siglo XIX para referirse a los populistas rusos, siempre ha sido una categoría imprecisa. Hoy más que nunca.
En la vorágine mediática y en la dialéctica política el uso más generalizado del término populismo es el descalificador. Dando por supuesto que la palabra contiene una connotación negativa, vinculada a la demagogia y a los desafíos al orden establecido, se usa para etiquetar a aquellos movimientos que pretenden penetrar en el limitado espacio roturado por los partidos políticos que vienen repartiéndose el poder en las democracias occidentales en los últimos años: conservadores, liberales y socialdemócratas.
En vez de indagar en las causas del descontento con la política institucional e intentar combatirlas, se señala a los que intentan capitalizar este malestar como adversarios del sistema democrático. Todo lo que se mueve fuera de control de los que mandan es populista, venga de donde venga y pretenda lo que pretenda. Con lo cual la palabra no describe nada, sino que es simplemente un instrumento de guerra política. Primero, se les señala como populistas y después se les excluye como potenciales actores de las mayorías parlamentarias y de las alianzas de gobierno.
Este uso del populismo carece de valor explicativo: es pura descalificación. Expresa una idea muy estrecha de la democracia, reduciendo el espacio de lo posible hasta límites ridículos, en torno a este lugar pospolítico llamado centro. Y pone de manifiesto la impotencia y la sumisión de una política que, incapaz de devolver a la ciudadanía la palabra que se le ha ido quitando, condena de antemano cualquier intento de dar voz al malestar. Y así se va empequeñeciendo el juego, hasta excluir a personajes aseados y sin atributos precisos como Pedro Sánchez por flirtear con el populismo. Y se crea una amalgama que va de la extrema derecha a la izquierda social pasando por los soberanismos. Todos en el mismo saco de populistas peligrosos para el sistema, aunque tengan poco que ver los unos con los otros, salvo que son expresión de la crisis de un modelo que viene derivando discretamente hacia la judicialización y el autoritarismo.
En realidad, hay tres acepciones generalmente aceptadas de la palabra populismo. Populismo como demagogia: hacer promesas a sabiendas de que es imposible de que sean cumplidas, para decirlo al modo de Taguieff. Y en este sentido en España hay un ejemplo insuperable que es la campaña electoral de Rajoy en 2011, que en pleno infierno prometió el cielo y al llegar al poder hizo exactamente lo contrario de lo dicho. Populismo como proyecto de construcción de un nuevo sujeto del cambio (al modo de Laclau) entendiendo que la nueva fractura social va más allá del conflicto de clases clásico. La oposición elites/pueblo es la nueva línea de confrontación. Desde estas posiciones algunos partidos, como Podemos, reivindican la etiqueta populista con los que se les quiere rechazar.
Y, finalmente, el populismo autoritario, que según la descripción de Jan Werner Muller, suma a la dimensión antielitista, la apuesta antipluralista, porque se autoafirma como portador del monopolio de la representación del pueblo, que es lo que vemos en el discurso de extrema derecha, de Trump a Marine Le Pen, "al no reconocer otro interés general que el de la nación auténtica". La paradoja es que la pretensión de este populismo —"quién no se alinea con los populistas se excluye del pueblo"— es simétrica a la pretensión de los que pretenden excluir del juego democrático a aquellos a los que han etiquetado previamente como populistas.
Dice el periodista ruso Peter Pomerantsev: “Si el pecado de los intelectuales en el pasado fue proponer visiones utópicas, en el siglo XXI es negar toda posibilidad de cambio”. Por lo visto, aquí y en Moscú ocurre lo mismo: los críticos impenitentes de antaño han descubierto el mejor de los mundos posibles. Y lo defienden de todo lo que se mueve, descalificándolo con la etiqueta “populismo”. Meter a todos los discrepantes bajo una sola e imprecisa categoría impide distinguir unos movimientos de otros y reconocerles como interlocutores. La democracia se marchita cuando se recurre al espantajo populista para excluir a algunos partidos de las opciones de gobierno o para transferir la última palabra —la soberanía— de los ciudadanos a los expertos.››


El populismo estadounidense.
El populismo es un término político ambiguo, con connotaciones positivas y negativas, estas más frecuentes en Europa y América, que en EE UU, donde en cambio, apenas ha recibido críticas de los politólogos e historiadores, porque en la tradición norteamericana ha significado la defensa del pueblo frente a las élites. 
El historiador Michael Kazin considera al populismo de EE UU más una retórica que un programa y se caracteriza por no ser antisistema sino apelar al credo fundacional del país, que nunca ha tenido movimientos importantes de ideología fascista, socialista o comunista. El populismo tiene raíces profundas en su propia Declaración de Independencia de 1776, que se proclama en nombre del “buen pueblo de estas Colonias”.
El populismo tuvo su momento dorado a finales del siglo XIX cuando el Partido del Pueblo congregó a agricultores ahogados por las deudas, obreros industriales o partidarios de la prohibición del alcohol. Después recibió gente tanto de la derecha, tales como los partidarios de la “caza de brujas” de McCarthy en los años 1950 o los que ahora son tentados por el Tea Party, como de la izquierda, sobre todo los trabajadores y profesionales desencantados con el cierre de empresas no competitivas ante las importaciones que impone la globalización.
El candidato demócrata en 2016, el senador Bernie Sanders, de ideas socialdemócratas y radicales, sería un  notable representante de esta corriente. En el mismo sentido, Hickey opina que el populismo económico de la senadora Warren (por Massachusetts) defiende al “norteamericano de pie” frente a los bancos y las corporaciones y se nutre de las clases trabajadoras y medias blancas de la América interior.

Resultado de imagen de heródoto, donald trump
Donald Trump.

En 2016 el ascenso de Donald Trump hasta la presidencia ha abierto un debate sobre si es un populista y la mayoría de los expertos se decantan porque su acción política y algunas de sus ideas conectan con la ideología populista, en la línea de lo ya conocido del Tea Party, pero que en gran parte es un fenómeno nuevo, producto de una crisis política, social y económica del sistema capitalista, confluyendo elementos tanto de izquierda como de derecha, en un enfrentamiento con las élites, con el establishment.

FUENTES.
Internet.

Exposiciones.
*<Politischer Populismus (Populismo político)>. Viena. Kuntshalle Wien (2015-2016). Obras de 23 artistas (Minouk Lim, Maurizio Cattelan, Goshka Macuga, Lawrence Abuu Hamdan…) sobre el uso por los partidos políticos de las herramientas de la cultura popular y las estrategias estéticas contemporáneas. Comisario: Nicolaus Schafhausen. Reseña de Hontoria, Javier. Populismo global. “El Cultural” (11-XII-2015) 38-39.

Libros.
Brennan, Jason. Against Democracy. Princeton / Oxford. Princeton University Press. 2016. 296 pp. Ensayo sobre los crecientes peligros que corre la democracia en EE UU desde hace decenios, debido a la ignorancia histórica de gran parte de la ciudadanía y al auge del populismo, que se retroalimentan.
Zanatta, Loris. El populismo. Trad. de Federico Villegas. Katz. Madrid. 2015. 285 pp. Reseña de Gil Calvo, E. La comunidad del pueblo. “El País” Babelia 1.250 (7-XI-2015) 8.

Artículos. Orden cronológico.
Álvarez Junco, José. Virtudes y peligros del populismo. “El País” (11-XI-2014) 35. Los partidos populistas que invocan la voluntad del pueblo y eliminan las garantías democráticas ponen en peligro la democracia.
Abellán, Lucía; Pérez, Claudi. El populismo arraiga en Europa. “El País” (15-XI-2014) 4-5.
Rizzi, Andrea. Los perdedores del tiempo moderno. “El País” (15-XI-2014) 4.
Subirats, Joan. ¿Populismo democrático? “El País” Cataluña (16-XI-2014) 2.
Barbieri, Pierpaolo. La sinrazón populista. “El País” (12-II-2015) 37.
Costas, Antón. El nuevo impulso populista. “El País” Negocios 1.530 (1-III-2015) 19. “El País” Negocios 1.530 (1-III-2015) .
Gil Calvo, Enrique. Populismos de la plebe y de la élite. “El País” (16-III-2015) 23. Un análisis del fenómeno a partir del ejemplo de Esperanza Aguirre.
García Tojar, Luis. El nuevo populismo. “El País” (27-III-2015) 31-32. La televisión y las audiencias determinan el programa de los nuevos populismos.
De Carreras, Francisco. Populismo contra democracia. “El País” (9-IV-2015) 33.
Manetto, F. Chantal Mouffe / Filósofa belga, referente de los fundadores de Podemos. ‘En democracia es necesaria una dimensión populista’. “El País” Domingo (19-IV-2015) 8. Chantal Mouffe (Charleroi, 1949), esposa del filósofo argentino Ernesto Laclau (1935-2014); ambos influyentes pensadores del populismo actual.
Sotelo, Ignacio. Populismos. “El País” (14-V-2015) 11. Los populismos de derecha e izquierda.
Krauze, Enrique. Arqueología del populismo. “El País” (21-V-2015) 11. Crítica del populismo iberoamericano y de su emersión en España.
Naím, Moisés. ¿Qué es la necrofilia ideológica? “El País” (7-II-2016) 12. El amor por doctrinas manifiestamente periclitadas o falsas, como el maoísmo, el peronismo o el chavismo, o el populismo republicano de Trump o Cruz.
Torreblanca, José Ignacio. El gen populista. “El País” Ideas (21-II-2016) 2-3.
Lapuente, Víctor. Historias de buenos y malos. “El País” Ideas (21-II-2016) 2-3.
Amón, Rubén. Los candidatos ‘antiestablishment’. “El País” Ideas (21-II-2016) 4.
Baggini, Julian. Lecciones del auge de Trump y Sanders. “El País” Ideas (21-II-2016) 4-5.
Carbajosa, Ana. El miedo al populismo marca el rumbo de la UE. “El País” (22-III-2016). Los partidos nacionalistas exigen frenar a los inmigrantes.
Jarding, Steve. El populismo ha llegado a EE UU. “El País” (5-IV-2016).
Hermida, Xosé. Raffaele Simone / Filósofo. ‘Somos totalitarios por instinto’. “El País” Ideas (3-VII-2016).
Benavides, Jorge Eduardo. Populismo: La nueva rebelión de los tártaros. “El País” Ideas (10-VII-2016). Una crítica del populismo, inspirada en el relato (basado solo remotamente en hechos verídicos) de Thomas de Quincey La rebelión de los tártaros (1837), que narra el irracional éxodo de los mongoles calmucos en 1771, engañados por un príncipe demagogo, Zerek Dorchi, que, en un momento de zozobra, les prometió un futuro mejor en China si huían de los rusos. Les esperaba un final trágico.
Costas, A. El populismo: el reverso del cosmopolitismo. “El País” Negocios 1.599 (10-VII-2016). Costas aboga por una política económica que reduzca la desigualdad, el principal alimento del populismo.
Denison, Susi; Pardus, Dina. Los partidos insurgentes europeos bajo la lupa. “El País” Ideas (17-VII-2016). Radiografia del ideario político de los partidos populistas y antisistema de la UE, desde la extrema derecha a la extrema izquierda. Su radicalidad pone en peligro la unidad europea, pero la experiencia muestra que estar en el Gobierno los modera.
Cercas, Javier. El populismo bueno. “El País” Semanal 2.083 (28-VIII-2016). Critica el populismo pretendidamente bueno de Laclau, Mouffe y sus seguidores de Podemos, que toma rasgos del fascismo y los pone al aparente servicio de la izquierda, cuando en realidad está muy cerca del ‘otro’ populismo de Trump o Le Pen. Cercas concluye que todo populismo es malo porque apela a la frustración y a la rabia, al pueblo (un ente abstracto) y no a los ciudadanos, al caudillo y no a los individuos.
Galindo, Jorge. Nacional-egoísmo. “El País” (7-X-2016). La mayoría de los autollamados ‘perdedores’ damnificados por la globalización, a la que se oponen, son en realidad de grupos sociales que tienen un buen nivel de bienestar pero se resisten a que los más pobres (en especial los inmigrantes) asciendan socialmente.
Stille, Alexander. Antes de Donald estaba Silvio. “El País” Ideas (23-X-2016). Donald Trump y Silvio Berlusconi son maestros de la manipulación mediática, una característica del populismo. No tienen un programa claro, salvo venderse a sí mismos.
Rizzi, Andrea. La lepenización de Occidente. “El País” (2-XI-2016). Avanza el populismo retrógrado en Europa y EE UU.
Ramoneda, Josep. El espantajo populista. “El País” (5-XI-2016). Una visión positiva de la ideología populista.
Applebaum, Anne. Trump y la Internacional Populista“El País” (9-XI-2016). Los proyectos revolucionarios de los nuevos populismos suelen incluir la expulsión de los inmigrantes, la vuelta al proteccionismo, el desdén por los derechos de las mujeres y las minorías y el fin del multilaterialismo, sustituido por un nacionalismo egoísta.
Mazower, Mark. La bestia del fascismo“El País” (9-XI-2016). El catedrático de Historia de la Universidad de Columbia afirma que la actual crisis de las instituciones democráticas, con el ascenso del neofascismo y el populismo, ofrece un importante paralelismo con la de los años 30, afinidades palpables como el racismo y la xenofobia.
Sahuquillo, María R. El triunfo del magnate da alas a las formaciones radicales europeas“El País” (10-XI-2016).
Torreblanca, José Ignacio. Celebración populista“El País” (10-XI-2016). La victoria de Trump favorece a los populistas nacionalistas (Le Pen, Farage, Wilders) y radicales (Syriza, Podemos), hermanados en su rechazo a la globalización, a la democracia y al orden político de los últimos decenios.
Manetto, F.; García de Blas, E. Iglesias defiende un populismo de izquierdas frente a Trump“El País” (11-XI-2016). El líder de Podemos acepta que ambos son populistas, pero Trump estaría del lado “fascista”.
Morente, Francisco. Tragedia y farsa“El País” (13-XI-2016). El ascenso del populismo en EE UU y Europa se basa en la crisis ecológica, las migraciones, el auge del fundamentalismo y la revolución tecnológica.
Amón, Rubén. La audiencia es el poder. “El País” Ideas (13-XI-2016).
Bassets, Lluís. Geopolítica del trumpismo. “El País” Ideas (13-XI-2016).
Garton Ash, Timothy. Ante la ola de populismo nacionalista. “El País” Ideas (13-XI-2016).
Savater, Fernando. ¡Peligro: democracia! “El País” Ideas (13-XI-2016).
Pérez, Claudi. La peste. “El País” (14-XI-2016). El populismo se extiende por EE UU y Europa como una epidemia política, y urge una política más democrática para superarla.
Llaneras, K.; Pérez Colomer, J. De Trump a Podemos: qué es el populismo. “El País” (15-XI-2016). Un resumen de los diversos conceptos y variantes del populismo.
Culla, Joan B. El comodín populista. “El País” (18-XI-2016). Protesta contra quienes achacan la etiqueta peyorativa de “populista” a todas las ideas que no les gustan.
Bot, Olivier. Para acabar con el populismo. “El País” (21-XI-2016).
Casquete, Jesús. Pueblo, calle, Podemos. “El País” (23-XI-2016). El profesor denuncia que los populismos ignoran que las sociedades son plurales.
Arias Maldonado, Manuel. El espectro populista. “El País” (30-XI-2016). Lo definen la idea del pueblo contra la élite, y un líder carismático.
Elorza, Antonio. Presión ‘totalista’. “El País” (24-XII-2016).
Lévy, Bernard-Henri. ¿Qué es el populismo? “El País” (30-XII-2016). Una enfermedad senil de las democracias.
Lapuente, Víctor. 20.000 lenguas. “El País” (24-I-2017). Para combatir al populismo hay que usar algunas de sus tretas, como la repetición de los mensajes.
Caño, Antonio. Amenazas a la libertad de prensa. “El País” (28-I-2017). La eliminación de toda crítica bien fundamentada es un objetivo prioritario del nuevo populismo en su propósito último de liquidar nuestro sistema de valores y sustituir la democracia liberal por su ideología de revancha y odio.

Dosier: El populismo estadounidense.

Baggini, Julian. Lecciones del auge de Trump y Sanders. “El País” Ideas (21-II-2016) 4-5.

Jarding, Steve. El populismo ha llegado a EE UU. “El País” (5-IV-2016).
Gallego-Díaz, Soledad. Nostalgia y nacionalismo blanco. “El País” Ideas (27-XI-2016). La derecha alternativa (o alt right) es un movimiento emergente en EE UU, nacido como una alternativa al conservadurismo clásico y se caracteriza por el racismo y la xenofobia. Proclaman la supremacía blanca como principal identidad nacional de EE UU y ven la presidencia de Trump como una ocasión excelente para aplicar su programa. Su principal líder es Richard Spencer, de 38 años.

Krugman, P. La perplejidad ante el populismo. “El País” Negocios 1.618 (27-XI-2016). Porqué los trabajadores blancos han votado a Trump, en contra de sus intereses.