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martes, 3 de enero de 2017

Geografía de China. Economía.

III. GEOGRAFÍA ECONÓMICA.
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INTRODUCCIÓN. LAS TEORÍAS DEL SUBDESARROLLO CHINO.
China es una economía de planificación centralizada, con pujante desarrollo agrario e industrial, que se está abriendo rápidamente a la economía de libre mercado. El comunismo ha casi desaparecido en lo económico, subsistiendo sólo en lo político. Los propios cuadros del partido comunista y del ejército son los más conscientes de la necesidad del libre mercado, así que este es irreversible y el único debate es sobre la rapidez a seguir en el desarrollo. Su renta per cápita, de menos de 300 dólares en 1984 y 324 en 1988, era ya 350 en 1989 y de 425 en 1994, pero la estimación en capacidad de compra hecha por el Banco Mundial la sitúa en 3.500 dólares en 1994 (oficialmente 2.920 en 1996), lo que aunque la coloca aún entre los 35 países más pobres del mundo, representa una mejora sustancial en nivel de vida.
Nos podemos preguntar: ¿De dónde sale este espíritu emprendedor? Ha habido muchos debates historiográficos sobre si el capitalismo chino ha sido una fuerza siempre presente en la sociedad china, un dragón que estuviera esperando salir con las actuales reformas, por debajo de la capa del comunismo. La mejor prueba sería el éxito económico de los emigrantes chinos en el extranjero, lo que sugiere que si su cultura es la apropiada para el capitalismo el obstáculo sería la estructura social interna, que quedaría sin efecto en el interior.
Pero, entonces, ¿por qué no se hizo antes la reforma capitalista en China? Para algunos autores el problema no es la estructura social, sino el mismo éxito de la sociedad china, con tan inmensa población que habría ahogado en el pasado los momentos mejores para el desarrollo. Para otros, es un problema histórico: la China del siglo XIX hubiera hecho la Revolución Industrial como lo hizo Japón, si la presión extranjera hubiera sido menor. Lin [1995] retrotrae este retraso a la Edad Media, por las particularidades de la mentalidad china, cerrada a la reforma o la evolución, lo que explica el porqué no hubo una revolución industrial en China hacia 1400, cuando todo parecía favorable a ello en el terreno material.
Para otros autores la mentalidad conservadora también explicaría el fallo histórico a lo largo y sobre todo a finales del siglo XIX, con la conocida contrarreforma de la emperatriz Tzu Hsi, que aplastó en sangre la posibilidad de una reforma como la japonesa, hecha desde el poder imperial.
Algunos autores interpretan que hacia 1934 sólo la crisis mundial y la invasión japonesa (dos fenómenos directamente relacionados) impidieron que China tomara el mismo rumbo que Japón en el siglo XIX. Así la diferencia entre ambos países sería que Japón se adelantó medio siglo en su desarrollo y así ganó una posición dominante que asfixió las posibilidades de crecimiento de China.
Coble [1983] explica de acuerdo a esta tesis la formación de una burguesía china en Shanghái en los años treinta y su relación con el gobierno chino de KMT. Coble critica la teoría de Marion Levy de que el retraso chino en el siglo XX y la caída en el comunismo se debió a la falta de una burguesía poderosa, en contraste con la fuerte burguesía japonesa. Coble sostiene que, al contrario, la tradición burguesa era mucho más antigua y arraigada y que el fracaso se debió a la suma de varios factores: la fuerza de las clases conservadoras de los terratenientes y de la burocracia, a la presión neocolonial de las potencias extranjeras y finalmente al desastre de la invasión japonesa en los años treinta. En todo caso hubo una oportunidad única en los años 1927-1937, cuando se hubiera podido pactar la realización de una verdadera política modernizadora con el gobierno del Kuomintang (KMT), pero fue un proceso muy lento y que llegó demasiado tarde. Los “Señores de la Guerra” se preocuparon más de conseguir entradas fiscales para pagar sus ejércitos que de impulsar una base social para un Estado en un país propiamente capitalista. En este último punto, en nuestra opinión, su estudio, sin embargo, desconoce algunos hechos históricos, pues algunos de los “Señores de la Guerra” (como el jefe de Gansu o el de Jiangxi) sí que reformaron profundamente sus territorios, pero eran experimentos demasiado provinciales y aislados para tener éxito: se necesitaba un esfuerzo nacional, en un mercado único, con una masa crítica de “explosión”. Y ello fue imposible en los angustiosos años 30.
Friedman en un artículo [1992] muestra la ya extraordinaria dependencia de la economía internacional que tenía la economía china hace sesenta años, en el decenio de años 30. Cuando EE UU comenzó a comprar a finales de 1933 la plata en los mercados internacionales a fin de atesorarla y consolidar su recuperación económica la economía china (la economía más platerizada del mundo) sufrió una terrible deflación, que hundió la estabilidad política y económico-social y, según Friedman, debilitando al país ante la invasión japonesa y la postre facilitando la llegada de los comunistas al poder.

0. LA POLÍTICA ECONÓMICA:
0.1. 1950-1979: HACIA EL COMUNISMO.
Para este apartado me remito para una exposición más amplia a los apartados de agricultura e industria, donde su evolución queda ampliamente reflejada.
Podemos resumir sus rasgos generales en dos etapas:
1) Inicial, de 1940 a 1958, con una relativa dependencia de la URSS y un gran crecimiento de la industria pesada. La agricultura era privada, tras una reforma agraria ineficaz.
2) Autarquía, de 1959 a 1978, con una voluntad radical de independencia frente al exterior, un predominio absoluto del Estado en la vida económica y social, con la colectivización casi total de la producción en todos los ámbitos, pero con una política de industrialización rural que hundió tanto la producción agraria como la industrial. Lo único positivo es que se crearon empresas chinas en casi todos los sectores y subsectores productivos, que luego servirían de base al desarrollo posterior, pese a todas sus ineficiencias.

0.2. 1979-2005: HACIA EL CAPITALISMO.
Fue esencial en el cambio el hartazgo de la población ante los excesos de la Revolución Cultural, que pese a reducirse paulatinamente desde 1969, seguían vigentes en muchos puntos. Pero estos hechos evidenciaron que había que cambiar bajo pena de chocar con una revolución mucho más poderosa. Había que hacerla desde el Partido Comunista o se haría contra este. Esto fue lo que posibilitó el nuevo ascenso al poder de Deng Xiaoping, que obtuvo en 1975 el cargo de viceprimer ministro (tercero en la cúpula, tras Mao y Zhu Enlai), y no una mera batalla por el poder en la cima del Partido. Tras la muerte de Chu, su principal valedor, el 8 de enero de 1976, La Historia no la determinan los individuos sino que estos encarnan las grandes tendencias de la Historia.
Primero, a partir de la primavera de 1978 llegó un cambio ideológico, con la aparición de consignas de pragmatismo, como «se ha de buscar la verdad en los hechos», sacadas de la obra del propio Mao, pero para arrumbar en la realidad el pensamiento del último Mao.
Poco antes, en noviembre de 1977, se había anunciado el cambio de rumbo. Se escribía en el diario Guangming Ribao: «El igualitarismo es todavía el mayor problema de China». El cambio político reflejaba pues las inquietudes de la China profunda. Hubo un duro pero poco conocido debate en la cima del partido: unos querían aumentar la producción aumentando el control y la coerción (su líder era Hua Guofeng), mientras que otros propugnaban la liberalización. Ambos grupos eran reformistas, comprendían que había que cambiar, pero diferían en el modo. Ganó el grupo de Deng Xiaoping, apoyado por altos cargos (Hu Yaobang), los generales más jóvenes y por los economistas reformistas (Ma Hong, Dong Dalin, Zhang Pang y otros). Para ver los entresijos de esta disputa ideológica podemos leer a Bettelheim [1978: 33], sólo circunstancialmente de acuerdo con Deng, pues Bettelheim era favorable a la Banda de los Cuatro (dirigida por la viuda de Mao, Chiang Ching, que en la lucha por el poder quería volver a la Revolución Cultural como excusa para suprimir a los rivales). Hubo una mayor transparencia informativa para mostrar a los chinos la dura realidad de su subdesarrollo (en comparación al desarrollo espectacular de Occidente), para destruir las falsas ilusiones maoístas, para motivarles al cambio.
Si la China de 1960 tenía un PNB similar al de Japón, en 1980 era sólo 1/4 de este y la distancia con EE UU en vez de bajar (como repetía la propaganda) se había quintuplicado. La lucha política como finalidad llevaba a la derrota total al final del camino. Incluso el ejército lo percibía: no había ordenadores ni satélites para controlar los cohetes o los aviones, de modo que el casi desmilitarizado Japón era ya más poderoso militarmente y la pequeña flota norteamericana en Taiwán tenía más poder de fuego que toda la flota y la aviación chinas. Un inmenso ejército, tan anacrónico e inútil que sufrió una humillante paliza sin paliativos en una breve guerra fronteriza a reducida escala cuando invadió al pobre y relativamente minúsculo Vietnam en 1979. Las soflamas no podían esconder la verdad, como tampoco lo habían hecho en la Guerra del Opio en el siglo XIX, que era un referente obligado para la minoría dirigente. La disyuntiva era afrontar una profunda reforma o asistir a la desaparición del régimen comunista en unos pocos años. El primer ministro Zhu En-lai ya lo había percibido en los años sesenta, pero su posición reformista (muy moderada, casi oculta) había sido dominada por Mao y Lin Piao (respaldados por un grupo de prohombres de la Revolución como Chen Po-ta). La liquidación de Lin Piao y su grupo en septiembre de 1971 cuando se aprestaba a destituir a Mao, al tiempo que alargó el dominio de este, sin embargo le privó de sus principales apoyos en la Revolución Cultural y de su enlace con el Ejército revolucionario. Zhu En-lai entonces rehabilitó a sus principales colaboradores reformistas y finalmente a su mano derecha de siempre, a Deng Xiaoping (mayo de 1975) y con la vuelta de este así quedaron asentadas las bases para las futuras reformas.
El cambio en la política informativa fue un tremendo golpe ideológico a la mayoría de los miembros o simpatizantes de la llamada “banda de los cuatro”, encabezada por la viuda de Mao. Pero este grupo antirreformista fue arrestado en octubre de 1976, poco después de la muerte de Mao y sus partidarios depurados. Su condena en juicio en 1977 fue la confirmación de la seriedad con la que los nuevos dirigentes emprendían la reforma. En Occidente no pasó inadvertido el cambio y el historiador maoísta Charles Bettelheim dimitía el 11 de mayo de 1977 de la presidencia de la Asociación de Relaciones Franco-Chinas debido a que intuía que la nueva política sería “burguesa” y no “proletaria” [1978: 10], y sin duda tenía razón en su análisis: una época izquierdista había terminado y los últimos sueños del comunismo se esfumaban a finales de 1976 con la muerte de Mao y la subida a la cúspide de Deng Xiaoping y su equipo reformista.
Preparado el camino de las ideas, en diciembre de 1978 llegó el cambio económico, con la decisión de que había que concentrar su acción sobre la economía y no sobre la pureza ideológica: había que crecer en capacidad productiva y mejorar el nivel de vida de los chinos. Se abandonó la filosofía de la lucha para pasar a la filosofía del desarrollo, con las consecuencias de desequilibrios que podían esperarse. Deng: «hay que permitir que una parte de la población se enriquezca antes que las otras». Había que suprimir reglamentaciones, prohibiciones, pero poco a poco, de modo gradual, dominando el proceso para que no acabase con el poder del Partido y no desembocase en una desintegración del país. Este gradualismo, manteniendo el papel director del Partido, fue legitimado a los ojos de muchos chinos, ante la comparación con la debacle de la URSS al no ser gradualista. Del centro a la periferia, de la administración a las empresas, de la colectividad a los individuos.
En 1980 el sector Primario tenía aún el 69% de la población activa, mientras que el sector Secundario tenía el 19% y el Terciario el 12% [Informe sobre el Desarrollo Mundial. 1986. Banco Mundial]. Eran unos porcentajes que situaban a China en la cola del pelotón del desarrollo.
En 2004 el crecimiento del PIB fue del 9,5%, hasta alcanzar los 13,65 billones de yuanes (1,26 billones de euros), con una media del 9,4% anual desde el inicio de las reformas por Deng Xiaoping en 1978. Sin embargo, había un peligro de sobrecalentamiento económico, pues la inflación, en el 1,2% en 2003 había subido al 3,9% en 2004. Esto llevó al gobierno chino a subir el precio del dinero 0,27 puntos, hasta el 5,58% para controlar las tensiones inflacionistas.

LA REFORMA ECONÓMICA
Knight [1995], en un artículo sobre el debate de dónde viene el capital para la industrialización de China expone que para la mayoría de los autores viene del capital formado en la agricultura, como lo hizo en la industrialización soviética de los años treinta y como lo sugiere que la primera reforma aplicada en China fuera la agraria, pues los dirigentes chinos pensaron que esta primera etapa crearía un mercado para la industria y permitiría que parte de la población rural pasara a las ciudades para trabajar en los sectores secundario y terciario. Entre 1952 y 1978 el crecimiento del PIB fue de un 3,9% per cápita, con un aumento del peso del sector secundario desde el 20% al 47% Entre 1978 y 1990 este crecimiento ha sido mucho mayor, no inferior al 6,8% anual y una importante razón de este desarrollo fue la alta proporción del PIB dedicado a la formación de capital, que mientras era del 26% en el primer periodo llega al 30% en el segundo.
¿Cómo pudo China desde sus condiciones de extrema pobreza, con una renta per cápita que aún era de 350 dólares en 1989, acumular capital e industrializarse tan rápidamente? Parece que el Estado impuso desde el principio de la Revolución una estructura de precios en la que los precios agrícolas crecían por debajo de los industriales, con lo que hubo desde los años 50 una masiva transferencia de capital hacia la industria (el modelo soviético de crecimiento, según las teorías de Preobrazenski). Asimismo los bajos precios de los alimentos permitieron salarios más bajos, aumentando los beneficios industriales [129] y permitiendo un mínimo nivel de bienestar para los trabajadores urbanos, una base esencial para la estabilidad del sistema político.
Pero en los años ochenta esta política tuvo que cambiar porque la autonomía y el estímulo a la producción agrícola requerían una cierta libertad de precios. Los precios agrícolas de 1952 tomados como índice 100 pasaron a 154 en 1968, 178 en 1978 y 316 en 1988, un formidable aumento en los últimos diez años [132]. Así, los precios de los productos de primera necesidad no han podido ser fijados obligatoriamente por el Estado sino que han debido ser subvencionados directamente, hasta el punto de que en 1990, un año después de la revuelta de Tiananmen, el 11% del presupuesto estatal debe dedicarse a subvencionar los precios de consumo de cereales, textiles, carne de cerdo y aceite vegetal [131]. Estas subvenciones son una causa estructural del déficit público chino pero son imprescindibles en la actualidad para un régimen atemorizado ante la perspectiva de una nueva revuelta popular de las masas soliviantadas por la inflación en los productos de consumo. Los estudios señalan que hoy la agricultura ha dejado de ser la principal fuente de financiación de la industrialización, y que esta depende crecientemente de las inversiones extranjeras y de las divisas provenientes de la exportación. Es una economía crecientemente abierta, con unas importaciones que eran el 2,4% del PIB antes de 1978 y subieron al 5,2% (10% en 1996) con una clara tendencia a aumentar. Comparando los índices de crecimiento de los sectores primario y secundario, observamos que antes de 1978 el sector primario creció a un 3,2% y después a un 6,1%, mientras que el sector secundario crecían antes a un 11,3% y después a un 12% No ha sido pues un aumento espectacular el del sector industrial, sino que el agrícola ha reducido su diferencia respecto a este de un modo notable.
Nolan y Paine [1987] insisten sobre la importancia de que las instituciones chinas hayan sido radicalmente reformadas desde 1978. En el campo ha habido una descolectivización, de la que se han beneficiado los más de 800 millones de habitantes de las zonas rurales, con un éxito productivo ha sido notable. Para los autores es difícil describir la política oficial porque está en permanente cambio para adaptarse a los nuevos problemas que aparecen cada año, pero puede resumirse en una privatización de facto de la producción, casi completamente liberalizada, propugnándose la libre competitividad, con asignación de beneficios a los productores. Es el “bao gan dao hu” (“contratar el trabajo con la casa familiar”). Las estadísticas oficiales son incompletas por no decir que son sólo estimativas, a veces hinchadas para conseguir mayor prestigio, a veces escondidas para evitar el pago de impuestos, por lo que los autores deciden estudiar sólo el crecimiento de la productividad y las difíciles relaciones ciudad-campo. Parece evidente que en la base de las primeras reformas estuvo el terrible impacto de la crisis de 1977-1978, cuando una serie de desastres naturales provocaron una verdadera hambruna en China [89]. Resultó indispensable afrontar la reforma en profundidad para que no se repitiera. Los resultados fueron prodigiosos e inmediatos en el aumento de la producción y de las calorías producidas por habitante [91].
Se comenzó por la reforma agraria. Según Coccia [24], las comunas populares se disolvieron en 1982 [no fue tan radical entonces la medida, pero ilustra la percepción radical de la reforma procapitalista que tienen muchos expertos norteamericanos. Su supresión o, mejor dicho, sustitución, por los distritos, mucho más laxos, se decretó en diciembre de 1984], convirtiendo a 600 millones de campesinos chinos (si se suman sus familiares) en productores autónomos, vinculados a la colectividad sólo por relaciones contractuales libres. Las familias campesinas recibieron tierras en arrendamiento a cambio del compromiso de vender parte del producto al Estado a precios fijados, mientras que el resto era de libre comercialización. Hubo, por consiguiente, un boom de la producción agrícola.
Al mismo tiempo se hizo una progresiva apertura al exterior: becas para estudiantes chinos en el extranjero, más información sobre la vida real en Occidente y más real, comercio exterior, cooperación económica, inversiones extranjeras, intercambios financieros.
En el Congreso del PCCH de 1978 se aprobó el establecimiento de cuatro zonas económicas especiales, con numerosos atractivos para la inversión extranjera, situadas en Guangdong, cerca de Hong Kong (Zhuai, Shenzhen y Shanthou) y en la provincia de Fujian, frente a Taiwán (Xiamen). Su éxito animó a su extensión al resto del territorio, con otras 14 ciudades en 1984 (entre ellas las mayores ciudades del país). El 7º Plan Quinquenal (1986-1990) delimitó el país en tres grandes áreas económicas: Este, Centro y Oeste, potenciando la industrialización en el Centro para descongestionar el Este y acercar el desarrollo al despoblado Oeste. Pero fracasó pues las inversiones extranjeras y el propio capital chino siguió prefiriendo las zonas costeras.
Según Molinero no ha habido tal fracaso industrial, sino todo lo contrario [450], con una reconversión de las empresas comunales creadas en los años 50 y 60, que se han convertido en empresas colectivas: «derivadas a menudo de antiguos talleres comunales, que han recibido aportes de capital de los propios paisanos, convertidos en auténticos empresarios en busca de nuevos mercados. En pocos años, este tipo de empresas ha logrado crear varias decenas de millones de empleos no agrarios, rebajando considerablemente el nivel de población activa en este sector (el agrario), consiguiendo en torno al 15% de la producción industrial de China, el cual, además, no estaba controlado por el Plan. Junto a estas empresas colectivas se han creado también otras privadas, muy dinámicas, merced a su estatuto fiscal privilegiado y a la falta de control colectivo, que se han orientado principalmente hacia los servicios (reparación, restauración...) y hacia la construcción de viviendas..., logrando crear varios millones de empleos en la ciudad y en el campo. Una enmienda a la Constitución, de agosto de 1988, reconoce a este tipo de empresas privadas como componente indispensable de la economía socialista.
Frente a las empresas colectivas y privadas, las públicas, que estaban sujetas a la burocracia y a la fijación de precios y salarios administrativos, sin relación con los costos reales, comenzaron el proceso de reforma en diciembre de 1984, mediante la introducción del principio de responsabilidad de gestión, que permite a los directores de fábrica escoger a sus proveedores, a sus clientes, a sus obreros, etc., fijándose contractualmente las obligaciones que tiene la empresa con el Estado, entre las cuales figura entregar un 55% de los beneficios. Esta autonomía teórica de la empresa pública se ve también condicionada por la tendencia de las autoridades políticas y de la burocracia local a inmiscuirse en los negocios empresariales, exigiendo en torno a un 30% de los beneficios como impuesto local, con lo que las empresas deben financiarse fundamentalmente con los fondos de amortización. En cualquier caso, las empresas públicas continúan aportando el 70% de la producción industrial china» [Molinero, 451].
Hay que matizar este discurso de Molinero. En primer lugar muchas empresas colectivas han dejado de existir y tanto jurídica como de hecho son empresas privadas societarias, cuyo capital pertenece a varios socios (antiguos obreros comunales en su mayor parte) y que sólo alquilan las naves y el utillaje de las anteriores empresas comunales. Constituyen el llamado “sector de la industria rural”, el que tiene el más elevado crecimiento y que está sirviendo de colchón de seguridad para el excedente de mano de obra campesina, estimado en 200 millones de trabajadores. En segundo lugar, las empresas privadas, de las que se colegía, según Molinero, que proporcionaban el 15% de la producción industrial, realmente, hacia 1993 ya llegaban al 50% y, en 1995, dan más del 70% de la producción industrial, mientras que las empresas públicas, a las que Molinero otorga ese 70%, proporcionan menos del 30% de media en 1995. En todo caso, los datos citados por Molinero cambian con rapidez debido a la fluidez de la realidad en China.
Hay una situación sumamente favorable a las empresas privadas que tiende a incrementarse, porque todas las inversiones extranjeras son privadas y porque las empresas públicas son casi todas deficitarias y el Estado, incapaz de financiar su gigantesco déficit, está procediendo a su privatización o su cierre ordenado, con 100 millones de parados en perspectiva para los próximos años. Las empresas públicas que eran verdaderamente productivas ya se han privatizado, aunque continúen siendo consideradas públicas en algunas estadísticas porque las provincias y los distritos se han reservado significativos paquetes de acciones en la privatización, junto a los trabajadores, de los cuales ostentan la representación societaria (es un caso muy similar al de la Volkswagen alemana, con un 25% de su capital en manos del estado de Renania-Palatinado). El gobierno chino no capitaliza y sanea las empresas antes de su privatización, sino que sugiere a los directores que se busquen inversores extranjeros, conseguido lo cual pueden acceder a grandes ventajas: régimen preferencial para el suministro de materias primas, créditos, libre manejo de divisas, exencions tributarias y mejoras salariales. Gracias a ello se ha reducido el número de empresas estatales con pérdidas del 60% en 1993 al 40% en 1994. La única limitación a la privatización en manos extranjeras serán los sectores estratégicos de defensa y de las telecomunicaciones.
Otro punto en que Molinero interpreta erróneamente las estadísticas oficiales es en su percepción de que se está creando un reequilibrio de la dualidad campo-ciudad a favor de la industria rural. Molinero opina que la situación industrial es todavía favorable a la ciudad, con por un lado las grandes empresas modernas y tecnificadas, con alta intensidad de capital, localizadas en las grandes ciudades, frente a las pequeñas industrias rurales, con alta intensidad de trabajo e históricamente ineficientes, pero que estarían cambiando con la competencia. Según las estadísticas oficiales de 1987-1988 que Molinero, Ochoa y otros han aceptado, serían las empresas rurales las que estarían creciendo más, a un ritmo doble de las primeras y se estaría produciendo un desarrollo industrial en el campo muy superior al de las ciudades [452], de un 11,6 en Shanghái mientras que sería de un 23,9% en toda China (lo que en nuestra opinión es una exageración por un cambio de conceptualización estadística, derivado del importante cambio de límites administrativos que sufrieron las ciudades en 1986 y que sacó de sus límites muchos barrios industriales periurbanos). Además es un error contextualizar como generales a todo el país las estadísticas de sólo un bienio (1987-88) cuando la realidad a largo plazo es que el proceso de industrialización es el contrario: las ciudades acaparan casi la totalidad del crecimiento industrial, a excepción de los pueblos y comunas que están en su ámbito de influencia y que también se benefician enormemente de la relocalización industrial. Las empresas rurales en este ámbito, enorme por otra parte, son las que sí crecen por encima de la media. Por contra, las empresas rurales del resto del país, sobre todo del Oeste y del Centro, con la inmensa mayor parte de las comunas, se está desindustrializando relativamente al emigrar los mejores obreros cualificados a las ciudades en expansión y cerrar muchas empresas poco competitivas. El mismo autor no parece tener claras las cosas, cuando señala después [454], que «la industrialización, que ha sido el motor de la urbanización, se ha localizado principalmente en las ciudades».
En todo caso los resultados de la reforma son espectaculares: una constante y poderosa inversión extranjera (sólo brevemente interrumpida por la conmoción de la Revolución fracasada de 1989) y un formidable aumento de la industria de consumo (volcada en gran parte a la exportación). Tricart [1985], expuso con ditirambos los primeros y extraordinarios resultados de la reforma económica, aunque hoy sus datos resultan anticuados.
Groves, Hong, McMillan y Naughton [1994], han estudiado la creciente autonomía y los incentivos que se concedieron a las empresas chinas después de 1978, con el permiso a las empresas de decidir qué clase de productos y cuánto se debe producir, así como el precio de mercado, además de permitirles retener una parte mayor de sus beneficios, tanto para invertirlos en la modernización de la empresa como para repartirlos entre los ejecutivos y los trabajadores como incentivo a la productividad, de modo que actualmente los salarios dependen más de las primas por productividad que de los salarios base fijados en los contratos (que son fijos y que no dependen de la productividad). En el aspecto negativo hay que registrar la tendencia imparable de las empresas a reducir al mínimo las transferencias de impuestos al Estado. Esta mayor apuesta por los incentivos fue la lógica respuesta al fracaso de la motivación ideológica, lo que había abocado a China a tener una de las más bajas tasas de productividad industrial del mundo: una tonelada de acero chino necesitaba 30 veces más mano de obra que una japonesa. Los resultados en aumento de la productividad fueron notables: mientras en el periodo 1957-1978 la productividad industrial creció al 0,4% anual, en el periodo 1978-1985 creció al 4,8% anual, un aumento del índice de doce veces [185]. Para Lippit [1988], en un estudio sobre la China de antes y después de la reforma, se confirma el éxito de la segunda etapa, de 1978 hasta hoy, para el desarrollo económico, para lo cual la reforma en las áreas rurales de las “danwei” (unidades de trabajo), transformadas para permitir el libre trabajo individual, fue un factor fundamental, como cambio sociológico, en el modo de pensar de la población.

EN LA ACTUALIDAD [*Se refiere a 1995-1996]

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Hoy China se ha situado en la senda del desarrollo de los demás países del área. Hay un extraordinario ritmo de la construcción, del consumismo de lujo, la publicidad, las telecomunicaciones, el espíritu capitalista. Desaparecen los signos externos y mentales del maoísmo. Se reformaron desde 1979 las improductivas comunas rurales, se desarrolló la iniciativa privada, con un “boom” económico.
Pero hay también apuntes oscuros, como la alta inflación (27% en 1994, que ha sido sin embargo casi nula en el último trimestre de 1995, después de una restricción del crédito), del gasto público desbocado, del déficit público, con la pérdida de poder adquisitivo de decenas de millones de funcionarios, con 12 millones de pobres urbanos y 80 millones de pobres campesinos, mientras que todavía 800 millones de personas dependen del sector primario. El turismo está concentrado sólo en las grandes ciudades y puntos históricos, para evitar el contagio ideológico y el totalitarismo se manifiesta en anécdotas como la supresión de los perros y gatos (con impuestos elevadísimos), y en excesos como la represión sangrienta de Tiananmen.
El partido comunista tiene en 1995 más de 50 millones de militantes y entre ellos la unanimidad en continuar la política de desarrollo económico basado en la libertad de empresa. La política del PCCh es edificar un “socialismo chino”, basado en el crecimiento económico, la consideración del mercado como políticamente neutral, la compatibilidad del mercado y del autoritarismo político, el cambio político gradual controlado por el Partido, la utilización del nacionalismo como igual o superior al marxismo. En octubre de 1992 el XIV Congreso del PCCh decidía implantar la economía de mercado en todos los ámbitos, con el adjetivo de “socialista”, que es simplemente un eufemismo para conservar las formas. Son reformas desde el punto de vista de su moderada, progresiva y pacífica implantación [Byrd, 1995], pero son medidas revolucionarias por sus contenidos y efectos, al cambiar radicalmente la situación, de modo antagónico al anterior sistema comunista, con su estricta planificación central de la economía, con la propiedad colectiva de todos los bienes de producción. La política de Deng de las “Cuatro Modernizaciones”, en agricultura, industria, defensa y tecnología, ha arrumbado al baúl de los recuerdos el viejo sistema comunista. Hoy los catedráticos universitarios más apoyados con becas no son los de marxismo-leninismo sino los de matemáticas, en la mejor línea de EE UU y Japón.
Lee [1993] explica que la crisis de Tiananmen en 1989 supuso un parón en el proceso de reformas en China. La menor confianza en las finanzas chinas paró las entradas de capital y así hubo un reajuste presupuestario, una reducción de los activos líquidos en manos del público, incluyendo una parcial recentralización de las decisiones macroeconómicas. Junto a ello se produjo una necesaria persecución de los peores casos de abusos y corrupción de las autoridades comunistas y se institucionalizaron mecanismos de control burocrático [que con el tiempo han fracasado]. Las empresas habían recibido permiso para retener gran parte de sus beneficios después de pagar los impuestos, con el objetivo de facilitar la reinversión de los beneficios en el aparato productivo [180], pero se estaban empleando para aumentar los ingresos vía salarios, así que el gobierno impuso el envío de los excedentes de capital a la administración central. Las protestas pronto restablecieron la situación anterior. Otra reforma paralizada durante muy poco tiempo fue la liberalización de los fondos de inversión y de pensiones, así como los ahorros en bonos del Gobierno. Últimamente se ha abierto el sistema del accionariado privado de los trabajadores, que están capitalizando los fondos empresariales, en unas condiciones muy similares a las de la privatización de las empresas checas, mediante bonos de participación que luego pueden negociarse libremente en la Bolsa.
Otro punto importante de la actualidad es el debate sobre el “stop and go”, o sea la necesidad de moderar el crecimiento económico para controlar la inflación. Peebles [1992] ha abordado en un estudio la inaplicabilidad de la teoría keynesiana del dinero a la vida económica china desde la Revolución, algo muy lógico teniendo en cuenta que se trataba de una economía socialista, con precios controlados [25]. Tenemos series estadísticas desde 1950 respecto a las variables monetarias de precios, beneficios, renta, etc., pero aunque estas estadísticas son de muy dudosa fiabilidad, es evidente que la inflación se ha disparado de modo galopante y descontrolado en los años ochenta y es preciso conocer las causas de este descontrol, que para muchos economistas sólo cabe atajar enfriando la economía, con los durísimos costos sociales y políticos que sobrevendrían, incluyendo una posible contrarrevolución. Una suposición lógica es que la apertura al exterior ha tenido un efecto deflacionista, al permitir la entrada de productos a mejor precio y calidad [30], pero ello puede ser rebatido si tenemos en cuenta que los precios son tan elevados que los productores chinos tienden a subir los precios de su propia producción a fin de obtener beneficios y poder comprar los productos extranjeros. Los factores inflacionistas son el gran aumento de la población, con una presión creciente sobre la demanda, junto a una mayor demanda de bienes per cápita, que juntos suponen un crecimiento de la demanda mayor que el crecimiento relativo de la producción, con la consiguiente presión al alza sobre los precios. La única solución es aumentar mucho más la producción y los autores concluyen que la teoría keynesiana de que la inflación depende de la cantidad de dinero en circulación (y que por lo tanto basta restringirla para frenar la inflación) no es aplicable a China, debido a que incumple las tres razones previas de Keynes: 1) el índice de precios es dominado por los mercados y no por el dinero en circulación, 2) no hay posibilidades reales de que el Estado facilite más dinero en un breve tiempo para bajar o subir los precios, 3) el índice de salarios nominales es otro precio más, determinado por el suministro de dinero. Para los autores la inflación en China depende del poder de compra de la población (purchasing power) [37], de modo que el Estado debe cambiar la política productiva y acrecentar la oferta de modo que la población pueda cubrir sus necesidades. En suma, el control monetario de la inflación, la famosa ortodoxia financiera de los gobiernos occidentales, es inaplicable en China, porque la causa de la inflación es la competencia de los compradores por obtener unos bienes escasos.

1. LAS ACTIVIDADES AGRARIAS:
1.1. AGRICULTURA.
Con un 7% de la superficie arable del mundo tiene que alimentar a un quinto de la población mundial. Ello requiere una agricultura intensiva, como es ejemplo la provincia de Guangdong, con tres cultivos al año, dos de arroz y uno de legumbres, en la que los cultivos inundados son aprovechados para la cría de pesca y los diques son plantados con caña de azúcar y moreras (para la cría de los gusanos de seda). La agricultura aún tiene el 60% de la población activa y produce el 34% del PNB hacia 1990. La reforma de 1979 permitió a los campesinos tener granjas individuales, contratar hasta siete trabajadores y vender sus producciones excedentes.
China es una gran potencia agraria mundial, con un enorme mercado interno, beneficiado de las profundas transformaciones realizadas en los medios rurales.
Las estructuras agrarias anteriores de la revolución y la reforma de 1950 recibieron progresivamente el impacto de la colectivización y el desarrollo agrario:
A) el impulso colectivizador y el nacimiento de la comuna.
B) el desarrollo agrario bajo el socialismo chino.
C) la comuna: su organización y diversidad.
D) la crisis y decadencia de la comuna durante los años ochenta.

REFORMA AGRARIA.
Había un desigual reparto de la propiedad antes de la Revolución de 1949, pues el 4% de los propietarios poseían el 50% de la superficie agraria, mientras que el 70% de los propietarios tenían sólo el 17% del suelo, como precisa Chao [1982], en un estudio cuantitativo sobre la historia de la estructura de la propiedad agraria antes de la Revolución. Las masas campesinas vivían en una extrema pobreza, en régimen de aparcería, con una dura usura para los frecuentes préstamos que debían pedir para comprar alimentos en épocas de crisis. La producción era escasa, a menudo insuficiente en alimentos. Las comunicaciones eran tan malas que no había interdependencia entre las regiones [Cole, 1987: 201] y la gente podía morirse de hambre a pocos cientos de kilómetros de regiones opulentas en grano. A ello se unía la terrible situación creada por la guerra contra los japoneses y la guerra civil, con la destrucción de diques y cosechas, el éxodo de los campesinos lejos de los frentes de guerra, los impuestos excesivos, las requisas de alimentos, etc.
Los intentos capitalistas de cambiar la situación habían fallado todos, como explica Huang [1995], en su estudio sobre la formación de un campesinado terrateniente en el Norte de China, que no pudo superar la crisis política y económica de los años 30 y 40 y cuyo fracaso propició la subida de los comunistas al poder.
La reforma comunista, con la Ley Agraria de junio de 1950, fue muy eficaz en resolver estos problemas sociales, con una amplia expropiación (46 millones de has, la mitad de la superficie cultivada) de los latifundios y de las tierras que pertenecían a propietarios con otras fuentes de ingresos (con más del 75% del total), que fueron repartidos antes de 1952 entre los 300 millones de campesinos, en propiedades de una media de 10 áreas cultivables por persona, con 1 mu (unidad de superficie de 667 m2) en el Sur i Este, 2-3 mu en Central y 16 en el Norte.
Al mismo tiempo los campesinos eran liberados por completo de las deudas (fueron declaradas prescritas). Al principio la miseria descendió, pero sin embargo la producción bajó, estancándose en niveles muy bajos de productividad por unidad de explotación debido a la falta de inversiones y medios técnicos a invertir en aquellas pequeñísimas propiedades. Ya el Gobierno había previsto que una propiedad de menos de una ha por familia iba a convencer a los campesinos, por reducción al absurdo, de la necesidad de agruparse en comunidades más amplias. Y así fue.

COLECTIVIZACIÓN.
Para superar este descenso de la producción se planteó la gradual colectivización de la propiedad. Esta estuvo favorecida por el recuerdo histórico de que la propiedad de la tierra había sido estatal con usufructo para los campesinos, hasta el siglo X, mientras que la propiedad privada posterior se asociaba a la injusticia social. Por esto, algunos autores sostienen que el campesinado conocía y deseaba la propiedad colectiva [Molinero, 435].
Primero, desde 1951, el Gobierno impulsó la formación de los grupos de ayuda mutua (danwei), de duración limitada, con una tendencia a hacerse permanentes. En estos grupos persistía la propiedad individual de la tierra, los aperos y el ganado. Los miembros del grupo realizaban las tareas agrícolas en los campos de todos los pertenecientes al mismo, correspondiendo la cosecha de cada parcela al propietario de ella. El resultado de esta cooperación fue un aumento de la producción, sobre todo de cereales y algodón, pero las malas cosechas de 1953 frustraron las esperanzas de abastecer al país.
Finalmente se promovieron las cooperativas, que en 1955 sólo eran el 14% de las explotaciones agrícolas, cuando el I Plan Quinquenal (1953-1957) indicaba que en 1957 la mitad de la población rural debía estar colectivizada y en 1960 la totalidad. Se promulgó la colectivización forzosa, pues la agricultura corría el peligro de no ir al mismo ritmo que la industria y además la política oficial de “caminar sobre las dos piernas”, la pequeña industria rural y la gran industria urbana, requería una colectivización agraria más estricta para liberar más mano de obra. Así los campos fueron puestos bajo la propiedad colectiva y los campesinos se quedaron únicamente con sus viviendas y los bienes de consumo particular. Los campesinos fueron movilizados en masa para la construcción de obras de regadío (cientos de miles perecieron por el esfuerzo y las enfermedades), la roturación de nuevas tierras y la mejora de las vías de comunicación. Ello permitió una positiva renovación de la infraestructura agrícola y los primeros resultados fueron óptimos, con buenas cosechas en 1957 y 1958. Al mismo tiempo las comunas debían ser autosuficientes en electricidad, cemento, acero, maquinaria y muchos otros productos industriales. Aquí el fracaso fue muy grave, sobre todo en los hornos de acero, el cemento y los fertilizantes (unas producciones demasiado costosas en energía) y en la maquinaria (de ínfima calidad).
En el II Plan Quinquenal (1957-1961) se fomentó aun más esta línea. En 1958, coincidiendo con la política del “gran salto adelante”, las cooperativas se transformaron en comunas, que en septiembre ya eran 26.425, como institución territorial y económica, con total abolición de la propiedad privada y remuneración del trabajo, con unión de actividades de agricultura e industria. La estructura organizativa de la comuna la colocaba en la cúspide de las brigadas de producción (media de 1.000 personas) y de los equipos de producción (danwei, con una media de 150 personas). Las mujeres dejaban a sus hijos en las guarderías comunales y todos comían en los comedores colectivos, lo que liberó a las campesinas de los trabajos domésticos y aumentó la mano de obra femenina. Todos cobraban de modo igualitario, no por su trabajo, sino por persona. Los periodos de trabajo no agrícola se dedicaban a tareas industriales con poca tecnología, con pequeños altos hornos alimentados con leña, estiércol, muebles, mientras que los enseres domésticos eran fundidos. La consigna es que las comunas fueran autosuficientes en todo lo indispensable.
El resultado fue mediocre: cosechas deficitarias en 1959, 1960 y 1961, que provocaron hambrunas, mientras que la producción artesanal era muy deficiente. Pero la lógica del sistema colectivista continuó imperturbable en estos años: llegó a prohibirse en muchas comunas la vida familiar (separando a las mujeres y los hombres en dormitorios unisexuales, dejando a los niños en espacios especiales), se requisaron todos los objetos de metal, el absentismo y la desidia laboral creció de año en año cuando los campesinos vieron que ganaban lo mismo por trabajar que por no hacerlo.
En 1962 la política cambió, sin que se aplicara un nuevo Plan Quinquenal aquel año. Se abandonó en gran parte la política de industrialización rural y los peores excesos contra las familias fueron corregidos. Ello posibilitó un leve crecimiento de la producción agrícola, aún insuficiente para compensar el alto crecimiento demográfico. La lacra de la desidia en los trabajos agrícolas no fue corregida. Los aumentos de producción se consiguieron sobre todo por las grandes roturaciones y la ampliación del regadío (entre 50 y 80 millones de campesinos movilizados obligatoriamente cada año, aunque el máximo se consiguió en 1973-74 con 110 millones), la aplicación de maquinaria, nuevas semillas de calidad y abonos. Estos logros de la colectivización fueron innegables, pero sólo requerían unos trabajos comunes y no la apropiación de toda la producción, y así fue que la pequeña liberalización en el campo conllevó tales beneficios que en el III Plan Quinquenal (1966-1971) se preveía (no se cumplió del todo) la desaparición de las comunas como unidades de trabajo. En esta situación se produjo la gran cosecha de 1967, la mayor en cereales de toda la historia china hasta entonces.
Pero la Revolución Cultural, a partir de 1966, comenzó a medio plazo a hacer sufrir sus efectos, con la recuperación de las comunas y la transferencia obligada de millones de habitantes de las ciudades al campo para realizar trabajos agrícolas, lo que si de un lado aumentó la mano de obra, por el otro tuvo dos graves consecuencias: la disminución del mercado urbano y la reducción de la producción industrial de maquinaria y abonos. Las estadísticas oficiales fueron sistemáticamente falseadas en todos los niveles, en medio de una euforia propagandística sin precedentes. Todas las comunas inflaron sus cuentas de producción y en aquellos años de hambre y carestía resultó que las estadísticas decían que los cereales podían incluso exportarse, con aumentos anuales de hasta un 10% sobre el papel.
Mao y Zhu Enlai tomaron conciencia de la gravedad de la situación y en contra de Lin Piao y su grupo impusieron una moderación en la política económica. El IV Plan Quinquenal (1971-1975) volvió la situación a una gradual liberalización de facto del trabajo campesino, con la vuelta de los castigados a las ciudades, la descentralización de las decisiones en las comunas, etc., lo que posibilitó un inmediato crecimiento de la producción en los años siguientes y la desaparición definitiva del espectro del hambre.
Putterman [1988] explica como uno de los mayores aspectos del “igualitarismo” en la China de los años 60 y 70 fue la distribución de raciones de grano independientemente de la contribución laboral a la producción. Aunque un grado de tal beneficio ha podido ser compatible con los incentivos del trabajo, el autor concluye que este sistema ha debilitado la eficacia del sistema económico, facilitando el absentismo y la baja productividad laboral. Pero Putterman no estudia las reformas posteriores a 1978, que desmantelaron la mayor parte de este sistema redistributivo, bajo la consigna de Xiaoping de que «el igualitarismo es imposible”, por lo que hay que «liberar las fuerzas productivas».
Hacia 1980 era evidente que este sistema era ineficaz: absentismo laboral, despilfarro, ineficacia, baja producción y baja calidad. Burkett y Putterman [1993] estudiaron los índices de producción en una comuna de la provincia de Hebei en 1979, antes de la aplicación de las reformas. Su tesis es que la producción no era más alta porque los individuos no preveían que iban a recibir más pagos con una mayor dedicación laboral. Sacaron tres conclusiones sobre el trabajo comunal: 1) era discrecional en su mayor parte y no obligatorio, 2) pero otra significativa porción sí era coercitivo (para poder cumplir con unos objetivos mínimos de producción), 3) que los pagos marginales obedecían más al valor medio de este trabajo marginal que a la productividad marginal alcanzada (los trabajadores cobraban por su trabajo estimado, no por su productividad real).
En el mismo sentido, Griffin y Renwei [1995] sostienen que la distribución en el sistema comunista era igualitaria, pero que pese a las mejoras sociales había (y todavía hay) una “pobreza masiva” en China, sobre todo en las zonas rurales.

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Agricultura moderna.


LA REFORMA.
Hussain y Stern [1991], prestigiosos profesores de la London School of Economics, hacen un trazo muy positivo de la situación desde 1978, presentando primero una excelente introducción al proceso de reformas en China y concluyendo que en los años 80 ha cambiado la situación radicalmente, con la libre competitividad de las comunas, que de hecho se han repartido individualmente entre sus cooperativistas, con una total libertad de elección de cultivos, producción, consumo y comercio. La productividad agraria y la renta rural han aumentado espectacularmente y ello ha permitido un éxodo de 200 millones de campesinos a las ciudades y un gran y creciente mercado para la industria. Pero la consecuencia ha sido también una fuerte desigualdad de bienestar entre las zonas más fértiles y cercanas a los mercados urbanos y las zonas menos aptas y más lejanas.
Perkins y Shahid [1984] describen en su libro la estrategia socialista china de desarrollo rural, incidiendo en la determinación de las reformas y en la inmediatez de los resultados productivos, que fue el mejor acicate para continuar la misma política.
Wen [1993] sigue la misma línea de investigación, en un completo estudio sobre la productividad agraria en China desde la Revolución, que muestra cómo las reformas que privatizaban la producción estimulaban está muy por encima de la economía socialista.
Dong y Dow [1993] observan un gran aumento de la productividad agraria en la agricultura china desde la reforma que ha cambiado la organización colectiva agraria hacia un individualismo creciente, con granjas familiares. En su estudio (un estudio cuantitativo, en la mejor línea de la Escuela de Chicago) sobre un danwei (grupo de trabajo colectivo), encontraron que la labor de supervisión absorbía sobre el 10-20% del total de tiempo laboral, en el periodo 1970-1976. En cambio, el trabajo individual o familiar posterior a la reforma ha disminuido los costos en un porcentaje similar. En el mismo sentido opina Lippit [1988], que considera esencial la reforma liberalizadora de los danwei.
Para Ling y Zhongyi [1993] la pérdida de los principios colectivistas no ha supuesto una destrucción total de las comunas chinas, sino su reforma hacia un nuevo tipo: la comunidad rural, dirigida hacia el desarrollo, con una serie de elementos de propiedad colectiva, aunque la mayoría de la producción (y los beneficios) sea privada. La comunidad rural provee a la población de una asistencia social, de un “estado mínimo del bienestar”.
Lin [1992] ha estudiado el aumento de la producción agraria por provincias desde que se aplicaron las reformas, estableciendo que el impacto de estas contribuyó al menos con la mitad del extraordinario aumento de producción en el periodo 1978-1984, en gran parte por la liberalización de precios, que permitió un fuerte aumento de la renta y un incentivo notable a la producción, de modo que los precios tendieron a estabilizarse por debajo de los precios industriales. Sin embargo los datos apuntan que ha habido una fuerte crisis en el periodo 1984-1987, por efecto de la transferencia de capitales y la mejor mano de obra desde la agricultura a la industria. Los índices de crecimiento agrario se ralentizaron y en el caso de los cereales y el algodón incluso retrocedieron. Mientras que en el periodo 1952-1978 el aumento de la producción del sector primario había sido de un 2,9% anual y en el periodo 1978-1984 había aumentado hasta un 7,7% anual, en cambio en el periodo 1984-1987 se ralentizó a un 4,1% anual.

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El consumismo chino parece no tener límites.

PRODUCCIÓN AGRARIA.
La producción de alimentos es hoy suficiente para mantener a toda la población china, sin necesidad de importaciones. Asimismo China es autosuficiente en gran medida respecto a las materias primas agrícolas. Las causas de este gran avance son la mecanización, la extensión del regadío (50 millones de hectáreas en 1984, mientras que sólo había 34,6 millones en 1957 y la mayoría con técnicas tradicionales), el uso masivo de fertilizantes y mejores semillas, las mejores técnicas de stocks y comercialización, etc.
La superficie agrícola muestra una evolución descendente, como señala Molinero [437] (aunque sus estadísticas están equivocadas en parte), pues de 97,8 millones de hectáreaas arables en 1949, se llegó a un tope de 112 millones en 1965, a 99,5 en 1979 y a 97 millones en 1987. Parece que esta disminución obedece a tres factores: 1) a que en 1965 se sobrevaloró para realzar el triunfo del progreso revolucionario, 2) a la puesta en cultivo de terrenos marginales, que hubo luego que abandonar, 3) a la expansión de las áreas de residencia, industria e infraestructuras, especialmente en las regiones más desarrolladas (que son también las más agrícolas). Añadimos una cuarta, la gran repoblación forestal de los años 80, que dedicó muchas laderas y tierras marginales a la silvicultura.
El abonado ha crecido hasta llegar en 1982 a las 25 tm de estiércol por hectárea, con un contenido en nutrientes de 250 kg, sobre todo gracias a los purines del ganado porcino, mientras que los fertilizantes químicos llegan a los 176,2 kg/ha. Hay un abuso de los nitrogenados (con la consecuencia de la contaminación de las aguas por los nitratos), mientras que los fosfatados y potásicos son insuficientes.
El uso de maquinaria se ha extendido enormemente en el Norte, mientras que en el Sur es todavía insuficiente. En 1970 había 145.000 tractores (o unidades equivalentes en cosechadoras y trilladoras), y en 1980 eran ya 1.213.000, calculándose que en 1993 eran más de 3 millones. Los tractores y motocultores se están difundiendo entre los pequeños cultivadores, que comienzan a sustituir el trabajo manual por la maquinaria, tras muchos años en que sólo utilizaban esta como medio de transporte desde la aldea hasta los campos.
Las comunas son ahora unas 54.000, con una estructura organizativa muy laxa, que se fue legislando a lo largo de los años 80, con una creciente liberalización. Hoy la comuna paga a los campesinos el trabajo efectivamente realizado en las labores comunes de acuerdo a unos contratos, tiene unos medios técnicos en común a fin de alquilarlos a los campesinos y asegura una comercialización adecuada (almacenamiento, refrigeración, semitransformación, transporte, negociación con los distribuidores, etc.). Pero estos servicios son sólo voluntarios, de modo que los campesinos pueden separarse de la comuna, poseer su propia maquinaria o comercializar libremente sus productos, del mismo modo que los cooperativistas europeos. Las comunas, en definitiva, son hoy organizaciones voluntarias que facilitan servicios a los campesinos, con libertad de mercado e incluso en competencia con otras comunas cercanas. Un elemento fundamental de la reforma fue el aumento constante de la extensión de las parcelas familiares, de un mínimo 5%, al 15% y finalmente al 100% aunque la propiedad jurídicamente es todavía de las comunas. En las comunas ahora se montan compañías industriales y de servicios (las denominadas “empresas rurales” que tanto están contribuyendo al desarrollo industrial), urbanizan parcelas, contratan trabajadores foráneos, se confunden con las sociedades anónimas e incluso salen a la Bolsa en forma de acciones, repartiendo dividendos. Los aspectos negativos (pérdida de la solidaridad, abandono de muchas infraestructuras de regadíos, rururbanización del espacio, aumento de los precios de los productos agrarios con la consiguiente inflación), son muchos menos que los positivos de la competitividad.
Por todo esto el cultivo puede hacerse en mejores condiciones a menos coste, aumentando el rendimiento laboral al eliminarse el absentismo. Ello se combinó con la libre comercialización de los productos, suprimiendo incluso la entrega de parte de la producción al Estado, para conseguir un «aumento insospechado de las producciones agrarias desde 1977» [Molinero, 439].
El rendimiento por ha es superior incluso a la de las agriculturas más desarrolladas de Occidente, con 4 tm/ha en cereales, aunque ello es más fácil debido a la gran superficie en el Sur dedicada al arroz de dos cosechas anuales. La cosecha de cereales de 1990 fue la mayor de la historia, con 430 millones de tm, en gran parte por la favorable climatología, pero sobre todo por el decidido éxito de la reforma agraria.
China es la primera o una de las grandes potencias en producción de: trigo, arroz, maíz, mijo, kaoliang (una variedad de sorgo), patatas, manzanas, naranjas, tabaco, algodón, soja, plátanos, yute, té. China es el primer exportador de cebada y de aceites vegetales y aumenta anualmente su exportación de maíz para alimento y forrajes.
El arroz se produce en el Sur de China, sobre todo en las ricas llanuras aluviales del Yangtsé y el Sikiang. Es el cultivo más productivo, con una media de dos cosechas al año. La mecanización aún no ha llegado a este cultivo, muy intensivo en mano de obra y que configura el típico paisaje agrario chino. Los mayores avances técnicos se han logrado en el aumento de la superficie regada, la difusión de las variedades híbridas que han sustituido a las variedades enanas que los campesinos se resistían a abandonar, la fumigación controlada de los campos y los mejores métodos de recolección y almacenamiento, que han disminuido las grandes pérdidas de granos. La producción de arroz es de media un 1/3 de la mundial, con 171 millones de tm en 1988 (35,3% del mundo en este año), 179 en 1989, 180,4 en 1992, 190 millones tm (1996), el 33% del mundial. Se exportan los excedentes, año tras año, desde los años ochenta.
El trigo se produce sobre todo en el Norte de China, en las zonas del bajo Huang-Ho y de Manchuria. Se ha conseguido un alto nivel de mecanización. Es un cultivo de verano, que en las zonas irrigadas se sigue en invierno con el cultivo de mijo. Es el primer productor mundial, con 87,5 millones de tm (17,2%) en 1988 y 90,5 en 1992.
El mijo (un cultivo de invierno) y, en menor medida, el sorgo (en su variedad de kaoliang) se cultivan en la misma región, aprovechando su adaptación al secano, aunque su zona de cultivo se extiende más al Sur, pero ambos cereales están en franco descenso de superficie cultivable (cada vez más en tierras marginales) y de producción.
La cebada está aumentando su producción, siendo el primer exportador mundial y crece su uso industrial para la fabricación de cerveza (y whisky) mientras que el centeno está en decadencia. Ambos se cultivan en el Norte y en las tierras marginales del interior.
El maíz se extiende por las zonas irrigadas de todo el país y ha crecido en gran parte por la demanda avícola. La producción en 1992 era de 85,62 millones de tm. (11% del total mundial), siendo el segundo productor mundial, tras EE UU. Es el tercer exportador mundial, tras EE UU y Argentina.
Los cultivos industriales más importantes son la soja y el algodón, que han reducido su extensión cultivada, pero han aumentado mucho su rendimiento. La soja se produce en todo el Oeste, desde Guangzhou hasta Beijing. El aceite de tung es una fuente muy importante de grasas en la alimentación y de él se exporta una gran cantidad a los mercados asiáticos. El aceite de cacahuetes se ha difundido asimismo, con una producción centrada en el valle del Yangtsé.
El algodón se concentra en los valles del Huanh-Ho y el Yangtsé, así como en la amplia zona que los une. Es un ejemplo paradigmático del fuerte aumento de la producción agrícola en los últimos años podemos comparar la producción de algodón, que fue de 2,7 en 1976, 4,2 en 1988 y 5,1 en 1991. En 1988 era el 23,5% del total mundial, siendo el primer productor mundial. En 15 años casi se ha duplicado, como consecuencia de la mayor demanda de la industria textil. Muy importante es la producción de semillas de algodón (para extraer su aceite) con 13 millones de tm en 1992.
El yute se cultiva sobre todo en el centro de China, con una producción de 750.000 tm en 1992.
Respecto al caucho, Chapman [1991], ha escrito un excelente artículo sobre la expansión del cultivo del árbol del caucho en la provincia sureña de Yunnan en los años 80, con un dualismo entre las comunas y las explotaciones familiares, mucho más productivas. La producción de 1987 fue de 41.000 tm y se calcula que puede ascender hasta 80.000 o 90.000 tm en los años 90. Es un competidor muy peligroso para Malasia e Indonesia.  
El té se cultiva sobre todo al Sur del río Yangtsé y el Norte del Sikiang. La producción ha aumentado constantemente: 60.000 tm en 1949, 178.000 en 1961, 203.000 en 1972, 400.000 en 1992. Se destina a abastecer el mercado interno y exporta las variedades de té verde y negro, muy apreciadas en Occidente.
Los cultivos hortícolas, con cebollas, tomates, verduras en general y el tabaco, se concentran en los valles fluviales y en la costa. Es el primer productor mundial de tabaco con 2,3 millones de tm en 1988 (35% del total mundial) y 2,37 en 1992.
La caña de azúcar y otros cultivos tropicales (piña, jengibre, café, cacao y la goma) se dan en la zona sureña del valle del Sikiang y en la isla de Hainan.
La batata (patata dulce) es un cultivo tradicional, en todo el Este. La producción en 1992 era de 112,2 millones de tm.
La patata se ha difundido en el siglo XX, sobre todo en el Norte, en los valles irrigados de Manchuria. La producción en 1988 era de 29,5 millones de tm (11,1% del total mundial) y en 1992 era de 32,1, siendo el tercer productor mundial.
Los cultivos frutícolas, sobre todo de agrios, manzanos y la morera, se extienden por todo el Sur, en las terrazas de las laderas de los valles. Es el tercer productor mundial de naranjas, con 3,5 millones de tm (7,5%) en 1988 y el segundo productor mundial de manzanas, con 5 millones de tm (12,2%) en 1988.

PROBLEMÁTICA PRESENTE.
Crece la proporción de grano dedicado a la alimentación de animales (porcino sobre todo, pero últimamente también vacuno y avícola), desde un 7% en 1978 a un 20% en 1990. Numerosas tierras de cultivo se están reconvirtiendo para el uso urbano e industrial. La productividad agraria se ha estabilizado en una media de 4 tm de arroz por hectárea (la del trigo también se ha estancado). Asusta pensar en la presión sobre el mercado mundial de granos de una población de 1.200 millones de habitantes, con ansias consumistas de carne, leche, huevos, etc.: escasez, aumento de precios, hambre en los países más desfavorecidos, presión sobre las tierras menos productivas, aridez, desertización y salinización, etc. Un círculo infernal, estimulado por un déficit que podría alcanzar los 400 millones de tm de grano hacia el año 2030.
La población rural ha visto crecer en los años 90 su renta por debajo del gran incremento de la renta urbana, por lo que el éxodo rural es masivo y casi incontrolado. Hay un verdadero malestar en los campesinos, que el gobierno intenta paliar con medidas ideológicas a falta de medios materiales para corregir la situación.

1.2. EXPLOTACIÓN FORESTAL.
Las continuas talas de los agricultores a fin de aumentar la superficie cultivada han despoblado la mayoría de los antiguos bosques de China, reduciendo su extensión a un 8% de la superficie total, unos 78 millones de hectáreas. Ello provocó un terrible aumento de las inundaciones y de la erosión, muy patente en la segunda mitad del siglo XIX, después de las grandes roturaciones del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX.
Con el cambio de régimen político se ha hecho un gran esfuerzo de repoblación forestal, que ha invertido la tendencia anterior, para proteger las llanuras de loes y los valles fluviales de la erosión eólica y fluvial. Se han levantado “grandes murallas” de bosques de coníferas y de eucaliptos resistentes a la aridez en el Norte, como el de la línea del ferrocarril Lanchou-Yumen, de 1.600 km de longitud y 1,5 km de ancho, o el de Manchuria (en 1967), de 1.100 km de frente y 300 millones de ancho, para defender el suelo de los fuertes vientos polares del Norte. Según Molinero [432] el índice de supervivencia de estas plantaciones de árboles en el Norte ha sido muy bajo, debido a las frecuentes sequías. En los valles fluviales se han sembrado miles de millones de árboles cada año, sobre todo de cipreses y frutales. En el Sur la repoblación se ha hecho con eucaliptos australianos y álamos, por su extraordinario desarrollo.
El objetivo de conseguir la autosuficiencia en pasta de papel y madera, se ha logrado hace relativamente poco, pero el gran aumento de la demanda plantea que las importaciones volverán dentro de poco. La producción de madera alcanza en 1992 los 276 millones de metros cúbicos y su producción aumentará en los próximos años al explotarse las zonas recién repobladas.
La mayoría de las reservas madereras se concentra en el Norte, con 63 millones de hectáreas., sobre todo de coníferas. Los árboles de las zonas occidentales y del Norte son el alerce, pino plateado, pino rojo, álamo, abeto, abedul y pino roble. En los bosques subtropicales del Sur hay maderas duras, como la teca, el tung y el árbol del bárniz.

1.3. GANADERÍA.
La ganadería china se diferencia en dos sectores: el privado y el colectivo. El privado domina totalmente en el Oeste, con rebaños de bovinos y ovinos pertenecientes a los individuos o a las tribus, mientras que en las granjas familiares del Este se ha multiplicado los pequeños negocios ganaderos con cerdos y aves de corral. La ganadería bovina sigue en su mayoría en manos de las comunas, pero está cambiando su estructura de propiedad, con la propiedad individual del ganado aunque siga pastando en los terrenos colectivos de la comuna y se comercialice por esta su producción.
La cría de ganado se beneficia de la gran extensión de los pastizales, que ocupan unos 300 millones de hectáreas, de la política fitosanitaria del régimen, del aumento de la demanda urbana, de la mayor disponibilidad de piensos gracias al aumento de la producción agrícola de forrajes.
Por todo ello la ganadería china se ha desarrollado de modo extraordinario en los últimos 15 años, de modo que si en los años 50 y 60 la mayoría del ganado se dedicaba a labores agrícolas y de tiro, hoy apenas se usa para tales tareas. China es uno de los grandes productores mundiales de lana, huevos, leche, carne.
El ganado vacuno, con 75,9 millones de cabezas en 1992, crece de un modo continuo, gracias al aumento de la demanda de carne y leche (aunque la producción total de leche china sea aun semejante a la de España, sobre todo por los problemas de distribución). Se extiende sobre todo por las verdes llanuras costeras pero también abundan los rebaños en las regiones del Oeste.
Los búfalos (y la variedad de los yak) son un ganado esencial por su aporte de carne, trabajo y estiércol en los cultivos de arroz del Sur. En 1992 había 18,65 millones de cabezas. La cabaña de búfalos está siendo reconvertida a la producción de leche (la tercera parte de la producción total de leche en China) y de carne.
El ganado ovino se ha estancado en los últimos años después de un fuerte aumento en los años 80. En 1992 había 112,355 millones de cabezas. En 1988 era el cuarto productor mundial de lana, con 130.000 tm (el mundo 1.893.000 tm). Mantiene una importancia esencial en las regiones del Oeste.
El ganado caprino está estancado desde hace años, con 77,6 millones de cabezas en 1992. Se concentra sobre todo en Yunnan y en el Oeste. El Gobierno desaconseja su aumento, por sus negativos efectos en la silvicultura.
El ganado equino (caballos, asnos y mulos) ha aumentado en número, desde los 10 millones de cabezas de 1962, a los 20 millones de 1972, los 22 de 1982 y los 28 millones de 1992, aunque se pierde su función de fuerza de trabajo. Su importancia es enorme en Sinkiang y Yunnan. Los camellos está disminuyendo, por el desuso como medio de transporte en el Oeste, desde un millón en 1970 a apenas medio millón en 1990.
El ganado porcino es, con mucho, el más importante, tanto por su número, con 350,8 millones de cabezas, como por su importancia para la alimentación. Se extiende por todas las regiones del Este. Es muy grave el problema de la contaminación con purines (excrementos y desechos de los cerdos), en lagos y ríos.
La avicultura ha aumentado de modo gigantesco su importancia en los años 80, hasta competir con el ganado porcino como fuente de proteínas animales, en carne y huevos (160.000 millones de huevos en 1992). Su cabaña es asombrosamente numerosa tanto en números globales, con 1.987 millones de aves de corral, como en variedad, con pollos, patos de decenas de razas (la mayoría descendientes de los ánades reales), gansos y pavos.

1.4. PESCA.
La pesca interior en lagos y ríos (sobre todo en las provincias de Kiangsu, Hunan y Kiangsi) ha sido siempre una actividad fundamental, produciendo la mitad del total de la pesca. Es muy importante para la dieta campesina la costumbre de engordar carpas en los campos inundados tras la siembra del arroz. Los juncos a vela y las pequeñas embarcaciones a remo siguen siendo los más empleados para la pesca fluvial, pero se están introduciendo barcas a motor. La especie más pescada es la carpa (muy por encima de las otras). La explotación es casi toda privada, tras la liberalización de 1979, salvo la que se hace en los campos inundados de algunas comunas.
La pesca marítima en el rico Mar de la China es otra importante fuente de proteínas. La flota se ha modernizado en los últimos años, con buques construidos en astilleros surcoreanos y japoneses, quedando obsoletos los juncos a vela. Destacan de Norte a Sur los puertos de Luda, Yantai, Qingdao, Zhoushan, Dinghai, Puto, Yinxian, Sanmen, Yuhuan, Sanduao, Haitan, Xinghua Wan, Jinjiang, Xiamen, Nanao, Jieshi, Chuhoi, Luitung, Hepu, Yamshsien y Beihai. Las especies marinas más pescadas son el salmón y el atún. Es muy importante la pesca de moluscos y crustáceos. Se explotan muchos tipos de algas. La explotación en el mar es privada en su mayor parte, en manos de pequeñas cooperativas de propietarios.
La producción pesquera ha aumentado desde 6 millones de tm en 1972 a los 10,45 millones de tm de 1992, la mitad marítima. Es el mayor productor mundial, superando a Perú y Japón.

2. LAS ACTIVIDADES INDUSTRIALES:
Desde 1949 la industria china ha conocido un desarrollo espectacular, propulsada como objetivo prioritario por el gobierno, en parte para aumentar la base social revolucionaria. Molinero describe así las cuentas de este crecimiento: «Entre 1949 y 1952, el producto industrial bruto (PIB) creció a un ritmo de casi un 35% anual, bajando a un 18% entre 1952 y 1957, a un 10% entre 1957 y 1979 y a un 8% entre 1979 y 1980. Pero este último año supuso una fase de transición rápidamente superada, pues entre 1980 y 1986 creció a un ritmo global de un 12,5% anual. Han sido estos espectaculares crecimientos de la producción industrial los que han permitido elevar la participación del sector en el PNB hasta el 46%, cuando tan solo emplea a un 21% de la población activa».
Sus características fundamentales desde 1949 hasta los años 70 han sido:
1. En las bases de partida: escasez de infraestructuras, pero abundancia de mano de obra y de materias primas.
2. En la política industrial: fomento de grandes complejos industriales y de pequeñas fábricas, lo que ha originado una estructura industrial dual, bajo propiedad social.

PROCESO DE INDUSTRIALIZACIÓN:
1) PRIMERA ETAPA. INICIOS: 1949-1958. Hay una industrialización con el apoyo técnico soviético, basada en la industria pesada: siderurgia, militar.
2) SEGUNDA ETAPA. AUTARQUÍA: 1958-1979. Se cierra la economía a la inversión y el comercio extranjeros, con la ruptura con la URSS. La ineficiencia productiva era terrible, con un agudo despilfarro al intentar que el campo produjera la mayor parte de los bienes industriales, en pequeñas fábricas ineficientes que consumían mucha energía y mano de obra mientras que la producción era de ínfima calidad.
3) TERCERA ETAPA. APERTURISTA: 1979-1990. Reconocido el fracaso del régimen colectivista se ha producido una liberalización, de creciente intensidad.
Se ha fomentado el crecimiento de la industria de consumo, mientras que se ha reducido el peso relativo de la industria pesada, que sin embargo se ha visto favorecida por el auge de la primera, en un proceso circular.
Espectacular ha sido el aumento de la inversión extranjera, centrado en los sectores más avanzados tecnológicamente.

2.1. MINERÍA.
China es un país productor clave a nivel mundial de muchos minerales. El primero en la barita (para pintura, medicina), tungsteno, antimonio (1/3 de la producción mundial). El segundo productor de hierro y el tercero de hierro siderúrgico. Es también un gran productor de cobre y estaño, bauxita y amianto.
Muchos yacimientos están inexplotados por la falta de una tecnología adecuada. Su localización la hemos tratado en el apartado de regiones. Últimamente se ha abierto la minería a la inversión de las compañías occidentales, que aportan capital y una tecnología más moderna.
En 1992 la producción de hierro era de 73,755 millones de tm., con grandes reservas en Jiangxi y Henan, la de cobre 560.000 tm de cinc 395.000 tm de plomo 185.000 tm de sal 22 millones de tm de antimonio 7.000 tm de tungsteno 19.000 tm de níquel 22.000 tm de oro 80 tm de plata 100 tm. Es el primer país productor de las llamadas “tierras raras”.

2.2. ENERGÍA.
Es el mayor productor mundial de carbón, con un continuo aumento, desde los 743 millones de tm de 1983, a los 950 de 1988, aunque se ha estancado en los últimos años. Destacan las variedades de hulla y lignito (este para la producción de energía térmica en las plantas eléctricas). Un 76% de la producción energética china proviene del carbón. Los mayores campos carboníferos están en el arco interior formado por las provincias de Sichuan, Shaanxi y Shanxi (la última cuenta con la mitad de las reservas, en el gran yacimiento de Datong), pero la distribución es muy amplia, poseyendo criaderos 1.300 de los 2.000 departamentos, con más de 1 billón de tm, que garantizan el suministro para unos mil años.
El petróleo, con 137 millones de tm en 1992, abastece totalmente las necesidades interiores. La distribución de los campos petrolíferos es mucho más equilibrada que la anterior, en casi todas las zonas del país salvo en el Tíbet, siendo los mayores los de Daqinq (Manchuria), Shengli (Shandong) y Renqiu (sur de Beijing). Según la mayoría de los estudios geológicos las reservas conocidas de petróleo y gas natural (el 60% en la poco explotada región autónoma de Xinjiang) permiten asegurar el abastecimiento hasta dentro de un siglo aproximadamente, pero hay convencimiento de que las reservas por explorar son muy superiores y se están negociando desde 1984 acuerdos con empresas occidentales para la explotación conjunta de los recursos. Es esencial la modernización de la tecnología para evitar el despilfarro y la destrucción de los yacimientos por una inadecuada explotación, lo que facilitará la naciente exportación.
Tras muchos años de unas exportaciones escasas, han aumentado las exportaciones de carbón (pasando desde 10 a 100 millones de tm en 1995) y de petróleo (desde 1990, con unas 10 millones de tm de media), que son cruciales para la balanza de pagos, pero la escasa tecnología dificulta la exploración y explotación así que el régimen ha decidido abrirse completamente a la inversión extranjera en estos dos campos.
El aprovechamiento de la energía hidroeléctrica ha sido una hazaña del actual régimen político y una de las causas fundamentales de su éxito en la reforma del sector primario e industrial. Tanto los grandes como los pequeños ríos han sido domesticados a lo largo de sus cursos, con más de 100.000 embalses [Molinero, 433], que al mismo tiempo que triplicaban la extensión del regadío (50 millones de has), han asegurado con las centrales eléctricas anejas el suministro de energía a las comunidades rurales, aunque la industria ha debido recurrir sobre todo a la energía termoeléctrica.
La producción de energía eléctrica en 1992 era de 580.100 millones de kw/h. Ha aumentado la proporción de energía hidroeléctrica desde un poco más de un 10% en 1979 hasta un 20% en 1992 y se están haciendo grandes inversiones para aumentar su producción y evitar un embudo que corte la expansión industrial.
La inversión más destacada es la famosa [“El País” (13-XI-1995)] presa de Gezhouba (las Tres Gargantas), sobre el curso medio del Yangtsé, que se acabará en el 2011 y costará 3,6 billones de pesetas. Sus efectos positivos serán que domesticará puede que definitivamente las terribles inundaciones del Yangtsé, regará millones de hectáreas, producirá 18.200 MW (el 10% de la energía eléctrica que consume hoy China), reducirá la contaminación ambiental (al sustituir a 40 millones de tm de carbón, la mayor fuente contaminante en China). Entre sus efectos negativos, que han provocado grandes críticas de las organizaciones ecologistas, están que anegará decenas de miles de has muy fértiles, desalojará a un millón de campesinos (de difícil reubicación en la superpoblada provincia de Sichuan), destruirá un paisaje de extraordinaria belleza y valor arqueológico y que interrumpirá el curso natural de los sedimentos del río.

2.3. INDUSTRIA.
DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE LA INDUSTRIA.
La industria está muy concentrada geográficamente en el Este. Así, el primer centro industrial, Shanghái, tiene el 13 del Producto Industrial Bruto (PIB). El resto se sitúa sobre todo en las costas y las desembocaduras de los grandes ríos, en o alrededor de las zonas de libre comercio.
Las tres principales zonas industriales son:
1) La región costera desde Harbin (Manchuria) hasta el Sur de Shanghái, con Beijing y Tianjin como grandes núcleos industriales intermedios.
2) La región central con las provincias de Hubei y Hunan. Está especializada en la industria textil.
3) La región sureña, centrada en Guangzhou y muy influenciada por el gran núcleo de Hong-Kong, muy expansivo por sus industrias exportadoras.
En contraste, la región del Oeste y en general el interior está muy desindustrializado.
En el campo siguen subsistiendo muchas de las pequeñas fábricas de maquinaria, cemento y fertilizantes que se crearon en el Gran Salto Adelante, pero con una tecnología atrasada y una gran despilfarro de energía (eléctrica y de carbón), lo que es flagrante en las 3.400 fábricas rurales de fertilizantes, responsables de gran parte de la contaminación rural.

IMPORTANCIA ECONÓMICA DE LA INDUSTRIA.
China se ha convertido con extraordinaria celeridad en una gran potencia industrial. La energía es abundante: petróleo, carbón, energía hidráulica. Las materias primas son igualmente numerosas, tanto las agrarias como las minerales (hierro). Un crecimiento del 12% de media en los años 80 y la mayor autonomía de las empresas ha permitido una proliferación de las empresas medianas y pequeñas. Un 80% de las empresas tienen menos de 75 empleados, estimulando la empresa privada a la vez la inflación y un consumo sin precedentes. Peor es su situación en cuanto al desarrollo de grandes empresas pues no cuenta con ninguna situada entre las 1.000 principales empresas del mundo. Jefferson y Xu [1994], en su estudio cuantitativo, han abordado el problema de las ganancias en la industria y sus variables, llegando a conclusiones espectaculares: las empresas chinas son de las más rentables del mundo. Ciertamente, deben serlo, pues están beneficiadas de un aumento acumulativo del consumo de un 8% anual, en un mercado de 1.200 millones de consumidores, mientras que los costos laborales son mínimos.

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La industrialización comenzó con la industria textil, siendo hoy China el primer productor en tejidos de lana, centrada en Shanghái y Tianjin. El algodón se labora en Shanghái, Chengchou, Xianyang, Hsian y Beijing. La seda se trabaja en Guangzhou y Tsingtao. Las industrias alimentarias se localizan en multitud de ciudades del Este. Para el resto de la localización industrial nos remitimos al apartado de regiones del presente trabajo.
Otras pujantes industrias de bienes de equipo son las de cemento, acero, química, electrónica, armamento. En 1992 era el cuarto productor mundial de acero, con 51,2 millones de tm y en 2003 produjo 220,1 millones tm —23% de la producción mundial, mientras que el consumo llega al 30% del mundo, con grandes aumentos anuales de la producción y consumo— . La producción de cemento era de 203 millones de tm, de productos petrolíferos 70,614 millones de tm, de abonos químicos 18,570 millones de tm, de ácido sulfúrico 11,65 millones de tm, de pasta de madera 1,75 millones de tm. Muchas de estas industrias nacieron en los años cincuenta y sesenta, con tecnología anticuada.

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La industria de consumo ha registrado un galopante crecimiento. La entrada de multinacionales como Philips, Benetton, etc., ha beneficiado a todos los sectores de la industria ligera, que como muestra, produjo en 1992 24,85 millones de televisores en color, 41,2 millones de bicicletas y 17,86 millones de electrodomésticos de gama alta. Entre 1978 y 1987 la fabricación de bicicletas y relojes de pulsera se multiplicó por cinco, la de televisores por 38, mientras que en contraste la de acero se duplicó y la de cemento se triplicó (ambos, en todo caso, son también aumentos enormes por el alto nivel previo). Ocupa un puesto destacado, con tendencia a ser la primera del mundo en la fabricación de ordenadores de gama alta y portátiles, máquinas fotográficas, muebles, objetos de decoración, equipos deportivos, juguetes, cerámica y porcelana, etc. La unión con Hong Kong aumentará más esta tendencia.
Como ejemplo de cómo funciona una industria emergente, tomamos la industria juguetera, que según el artículo de Steven Mufson en el “Washington Post·(24-XII-1995), es el mayor fabricante mundial, con 300.000 trabajadores, en condiciones miserables, casi todos en la región de Shenzhen. La mayoría son mujeres solteras de 15 a 25 años, amontonadas en barracones, con suelos ínfimos. Un juguete medio cuesta 1,60 dólares y se vende en EE UU a 10, dejando a la mano de obra china sólo entre 15 y 40 centavos. Una sola compañía, del empresario hongkonés Dennis H.S. Ting, gana 100 millones de dólares al año y ha fabricado 80 millones de personajes de La guerra de las galaxias, 30 millones de Power-Rangers y 10 millones de muñecas repollo. [“El País” (30-XII-1995).]
La fabricación de automóviles crece continuamente. Las ventas anuales, de 450.000 vehículos, se nutren con 250.000 nacionales, fabricados en pequeñas plantas por marcas extranjeras, Peugeot, Citroën, Volkswagen, Suzuki, Mazda y Daihatsu, a cambio del derecho a importar el resto. La mayor empresa nacional es la Shanghái Automotive, que acaba de firmar en 1995 un acuerdo con la General Motors para la fabricación de coches de tamaño medio. Mientras, la norteamericana Ford y la alemana Mercedes Benz compiten para el contrato del llamado “coche chino del futuro”, con millones de unidades anuales. Audi y su matriz Volkswagen han acordado a finales de 1995 con la empresa china FAW (First Automobile Works) una inversión de 458 millones de dólares para la construcción de un nuevo modelo de choche basado en el Audi 100. [“El País”, Negocios (14-I-1996).]

2.4. CONSTRUCCIÓN.

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La construcción ha vivido un enorme crecimiento, en toda la costa y en especial alrededor de las grandes ciudades en expansión. Viviendas, oficinas, fábricas, almacenes, infraestructuras de comunicaciones, presas, diques, etc., crecen como hongos por todas partes. Las ciudades parecen inmensas zonas que acaban de soportar una guerra y que se estén reconstruyendo.
Los inversores extranjeros acuden a estas muy rentables empresas, abriendo oficinas y creando empresas mixtas, como los zaibatzu japoneses, el grupo francés Bouygues o las españolas Dragados y Construcciones, Ferrovial o Fomento de Obras, esperando recibir parte de la enorme demanda de construcciones, que el Banco Mundial ha previsto en su Informe de 1995 que en el periodo 1995-2004, será de 744.000 millones de dólares en proyectos públicos de infraestructuras, mientras que la economía privada demandará más del triple en obras menores. Se están creando asimismo grandes empresas nacionales, de capital privado nacional y extranjero, para afrontar este mercado.
La falta de mano de obra preparada se suple con la continua llegada de millones de campesinos de baja formación profesional que comienzan su vida laboral en las ciudades empleándose en la construcción.

3. LAS ACTIVIDADES DE SERVICIOS:
Hay un escaso desarrollo del sector terciario, con transportes insuficientes y de baja calidad, mientras que el comercio y las actividades de servicios se están desarrollando aceleradamente, con una nueva clase social de empresarios.

3.1. COMERCIO INTERIOR. RESTAURANTES. TURISMO. REPARACIONES.

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La situación de partida antes de las reformas de 1979 era muy pobre, con un muy bajo consumo interno debido a la miseria generalizada: sencillamente no había poder de compra en una población que sólo tenía para alimentarse. El comercio interior al por mayor y por menor estaba monopolizado por las instituciones y empresas estatales, con una ineficacia asombrosa, resultado del constante absentismo laboral y de la burocracia eterna en sus trámites. Las colas para conseguir algunos productos básicos: ropa, calzado, una bicicleta, etc., eran escandalosas. Como ejemplo, conseguir una bicicleta suponía una espera de dos años salvo que se tuviesen influencias, en muchos barrios de las ciudades no había distribución de leche y huevos, mientras que la carne era casi desconocida en muchas ciudades del Norte, los zapatos se cambiaban cada dos años y medio porque no se podían comprar otros, etc.

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Las cooperativas de comerciantes actuaban como gremios que, como no podían aumentar los precios oficiales, al menos procuraban distribuir los pocos productos disponibles entre sus miembros. Así, otro ejemplo, los intelectuales, para poder comprar libros (salvo los de Mao), no tenían otra opción que buscar influencia para inscribir a un miembro de la familia como librero y obtener un cupo de libros, con el que luego comerciar y hacer trueque.
La reforma comenzó en 1979 con unos experimentos exitosos de liberalización de la iniciativa empresarial en las cuatro primeras zonas especiales. Su éxito animó a su extensión al resto del territorio, aunque con muchas resistencias por parte de las autoridades del Partido, que tenían en el control de las licencias de comercio uno de sus más sólidos resortes del poder local. Las cooperativas se deshicieron en su mayor parte y las que sobrevivieron promovieron centros y calles comerciales en las ciudades. Las colas desaparecieron a principios de los años 80 y la distribución mejoró tanto que el consumo pasó a ser sólo un problema de dinero y no de ausencia de productos. Se han abierto millones de comercios, la mayoría de nivel familiar, con pocos trabajadores, con una feroz competencia de precios y calidad, que, sin embargo, no ha impedido que los comerciantes hayan acumulado grandes beneficios y hayan pasado en muchos casos a las inversiones industriales.
Hodder [1993], en su estudio respecto a la expansión del comercio privado en China, ha mostrado la proliferación de mercados abiertos en las ciudades, sobre todo de las zonas costeras en auge, en contraste con la paralización del comercio estatal. Todos los chinos sueñan en algún momento con abrir un negocio y enriquecerse, y las tiendas son el negocio que menos inversión de capital requiere en un principio.
Según Davies [1994] el sector de distribución comercial en China vive un masivo esfuerzo inversor por parte de capitales extranjeros, desde la liberalización de 1978. Ello provocó un despegue y modernización del sector. Dos grandes compañías se han situado en primera línea: la Yaohan Department Store of Japan y la Chinese state-run Shanghái nº 1 Department Store, ambas participadas por la administración local y capitales extranjeros. Davies describe este sector y discute los problemas de estimación de la demanda potencial, de la inflación en los bienes de consumo, del tipo de cambio, del contrabando y falsificación, de las empresas de importación-exportación, etc. Entre 1990 y 1994 las peticiones extranjeras de permisos de inversiones en el comercio interior se han multiplicado por cinco y la publicidad para conquistarlos se ha incrementado espectacularmente. Si en 1978 había en China 1 millón de tiendas, en 1992 había ya 10 millones, de las cuales hay 8,5 millones con licencias individuales y el resto de sociedades. Davies apunta a que habrá un nuevo boom, aun mayor que el actual, con la incorporación de Hong-Kong en 1997.

TURISMO.
El turismo interior y exterior ha gozado un auge notable desde 1979. Antes prácticamente inexistente, hoy decenas de millones de chinos toman sus vacaciones en el interior del país y los más ricos comienzan a tomarlas en el exterior.
Hay tres agencias estatales de viajes, varias decenas de agencias nacionales y más de 1.000 a nivel provincial y local.
Los turistas extranjeros llegan a millones (10 en 1994), en viajes de grupos la mayor parte. Su número crece año tras año, sobre todo desde 1992, atraídos por las bellezas naturales y culturales: la Gran Muralla y la ciudad de Beijing son los grandes atractivos. Hay una gran estacionalidad, debido al rigor del clima, demasiado frío en invierno y demasiado caluroso en verano, por lo que la actividad se concentra en los meses de mayo-junio y, sobre todo, septiembre-octubre. Hay 542 ciudades abiertas libremente al turista extranjero, y al resto se puede ir con un permiso especial. Hay en toda China (1995) 3.000 hoteles, con un millón de plazas, de las cuales 737.700 corresponden a la categoría de cuatro estrellas y 185.000 a la de tres estrellas. A corto plazo se estima que se alcanzará la cantidad de 1.400.000 plazas, dentro de un crecimiento casi exponencial, que fue del 50% en 1995, con 629 millones de viajes turísticos.
En Jiangsu, la provincia más desarrollada del país, hay 180 hoteles, en las 34 zonas turísticas (cuatro son parques naturales), con 11 ciudades abiertas. En la provincia hay 50.000 trabajadores en el turismo y recibieron a 800.000 turistas extranjeros y 2 millones de chinos. A finales de 1995 se desarrollaban 34 nuevos proyectos turísticos (hoteles, campos de golf), con una política de fomento provincial, pues son las autoridades provinciales las que buscan inversiones y promociones.

RESTAURACIÓN.
La hostelería y la restauración están en manos de la empresa privada, que se ha multiplicado hasta hacerse inconmensurable. Miles de restaurantes, establecimientos de bebidas, discotecas, etc., pueblan calles antes sólo dedicadas a la vivienda. El Partido y el Ejército son dos de los principales inversores en estas actividades muy rentables.
Los servicios de reparaciones, tanto de mecánica, como de electrodomésticos, fontanería, electricidad, etc., se han privatizado por completo y hay millones de empresarios-trabajadores en este sector.

3.2. TRANSPORTES Y COMUNICACIONES.
Había en 1949, tras las grandes destrucciones de las guerras contra los japoneses y la civil, una gran necesidad de infraestructuras para permitir la evolución industrial y progresivamente este vacío se ha llenado.
El Banco Mundial ha previsto en su Informe de 1995 que en los siguientes 10 años China invertirá 744.000 millones de dólares en proyectos de infraestructura, un bocado muy apetitoso para las grandes multinacionales.

CARRETERAS.
Las carreteras dejan mucho de desear. Las carreteras tienen una longitud de 1.014.342 km (un 85% asfaltadas). El parque automovilístico es muy escaso, con los ciudadanos empleando masivamente la bicicleta. Hay tan solo 1.464.297 turismos y 3,4 millones de vehículos comerciales. Pero la política del Gobierno es aumentar espectacularmente el parque automovilístico en los próximos años, como un medio de estimular la competitividad y la industria nacional del automóvil.
Una actividad poco estudiada es el transporte de viajeros en autobús y taxi, que son actividades en evidente alza en las ciudades, mediante el sistema de licencias de líneas para los autobuses y las licencias individuales para los taxis. Las empresas extranjeras están optando a las primeras y los cargos menores del Partido a las segundas.

FERROCARRIL.
En 1949 los ferrocarriles pertenecían a empresas extranjeras y a las “grandes familias” de la aristocracia de los negocios de Shanghái. La red territorial estaba muy mal repartida, de modo que Manchuria, Biejing-Tianjin y la zona de Jiangsu tenían el 90% de la red nacional y entre el Sur y el Norte había una leve conexión de sólo 800. La nacionalización de 1950 fue seguida de un gran esfuerzo inversor para extender la red a todo el territorio. Se ha pasado de 22.000 km de ferrocarril en 1949 a 52.100 km en 1985, 53.000 en 1990 y 66.918 km en 1992 (un aumento repentino debido al doblamiento y a la reapertura masiva de líneas antiguas que estaban en proceso de electrificación o modernización), siendo China el mayor constructor de ferrocarriles del siglo XX. Unos 6.000 km de vías férreas están previstas en los próximos años y la mayoría de las líneas han sido electrificadas o están en proceso de hacerlas, en un proceso que en 1979 sólo tenía 1.000 km y en 1985 4.200. De la vital importancia del ferrocarril para la economía china es testimonio la circulación en 1992 de 320.000 millones de viajeros/km y el movimiento de 1.059.000 millones de tm/km. Para conocer el desarrollo de la red viaria china y su estado actual podemos ver un reportaje de Theroux, China pasage by Rail (1988), en el que el escritor norteamericano viaja a través de China, en sus trenes, desde los modernos a los anticuados y aprovecha para conocer el país y sus gentes, e incluye un mapa del trazado viario principal y de su expansión después de 1949. La electrificación ha progresado mucho en los últimos años.

TRÁFICO MARÍTIMO Y FLUVIAL.

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Los puertos fluviales y marítimos han sido reformados y ampliados en los últimos años.Los principales puertos marítimos son los de Shanghái, Tianjin y Guangzhou. La extraordinaria longitud de las vías fluviales navegables, con 136.000 km (45.000 en la cuenca del Yangtsé), no debe esconder que la mayor parte es inhábil para el transporte en barcos de gran calado, pero sin duda es un medio esencial para el transporte regional desde el interior hasta la costa. Los barcos de hasta 10.000 tm pueden llegar en el Yangtsé hasta la ciudad de Wuhan, a 1.130 km en el interior.
El transporte marítimo se ha privatizado en su mayor parte, quedando en manos de empresarios de Hong Kong los servicios más rentables. En 1995 China tiene la marina mercante más expansiva del mundo e incluso muchos de los nuevos barcos son inscritos bajo banderas de conveniencia. En 1992 la flota mercante tiene 1.948 buques, con un arqueo bruto de 20.749.954 tm.

AVIACIÓN.
Por el contrario, los aeropuertos son aún de escaso tráfico, con 21.800 millones de pasajeros y 800 millones de tm. Los principales aeropuertos son los de Beijing y Shanghái. La empresa nacional (Chungkuo), domina en régimen de monopolio todo el tráfico interior, pero apenas se ha extendido en sus líneas fuera del país, quedando la mayoría de los vuelos internacionales servidos por compañías extranjeras.
Pero esto va a cambiar en los próximos años, pues la compañía aérea internacional, la China Eastern, ha hecho recientemente un enorme pedido de aviones a la Boeing, por valor de 10.000 millones de dólares, con el propósito declarado de convertirse antes del 2000 en la segunda línea aérea internacional de Asia, tras Japan Airlines.

3.3. ADMINISTRACIÓN.
Se incluyen aquí los subsectores de defensa (3 millones de militares), sanidad, enseñanza, burocracia de gestión administrativa, cargos públicos elegidos por el Partido, etc. Su situación ha mejorado notablemente desde 1979, por las mejoras de los sueldos. Estos colectivos, especialmente el militar, han sido muy cuidados por el régimen.
El presupuesto estatal es una mínima parte del presupuesto público, porque son completamente independientes los presupuestos de los distintos niveles de la administración. En 1992 tenía una partida de ingresos de 77.191 millones dólares y unos gastos de 79.210 millones dólares, expresados en la moneda oficial, el renminbi (yuan), a un cambio oficial de 5,38 renminbis por dólar. En enero de 1996 un yuan equivalía a 15 pesetas.

3.4. FINANZAS, SEGUROS, SERVICIOS A LAS EMPRESAS.
Según los datos que reflejan Zhang y Yu [1994] el índice de ahorro de la economía china está siendo del 40% anual, uno de los más elevados del mundo y el mercado bursátil está surgiendo con tremenda potencia. Los autores predicen que este mercado experimentará una expansión galopante en el próximo siglo, hasta convertirse en uno de los más prometedores del mundo.

LA BANCA.
El Bank of China es el banco central, y ocupa el 36 del mundo por sus activos (1990), por debajo de muchos bancos de países medios o pequeños de Occidente, con el agravante de que concentra la mayoría de los recursos del sistema financiero, mientras que en otros países de su entorno los bancos son mucho más numerosos.
De acuerdo al estudio de Wolken [1990] las reformas económicas de Den introdujeron un profundo cambio en el sistema bancario chino. Los mayores bancos nacionales han visto como aumentaba su importancia, mientras los bancos extranjeros tenían limitada su acción. Tras los sucesos de Tiananmen los bancos siguen financiando la industrialización. Wolken estudia el sistema bancario anterior a 1979, muy centralizado, y el proceso de 1979-1989, en el que los bancos aumentaron su libertad de intermediar en la financiación e incrementaron espectacularmente sus depósitos (la capacidad de ahorro de la familia china es extraordinaria, sobre el 40% de la renta).
Se beneficiaron de una descentralización, que permitió a los bancos de las provincias actuar con autonomía en la concesión de créditos, pero ello provocó tensiones inflacionistas, corrupción, concentración de las inversiones en las grandes ciudades costeras, etc. Desequilibrios que se ha intentado corregir en los años 1992 y siguientes con un renovado control legal. Los bancos provinciales y locales están demasiado subordinados al banco central, sobre todo después de los escándalos financieros por corrupción que estallaron en los años 1994 y 1995.

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Las Bolsas de Shanghái y Shenzhen fueron autorizadas en 1990 y comenzaron a funcionar en 1991, aunque aún de modo experimental, pero pese a ello la Bolsa de Shanghái es una de las más activas del mundo. El director general de la Bolsa de Shangai, Wei Wenyuan, fue cesado en octubre de 1995 por una orden de Beijing. Wei había desarrollado el mercado hasta una capitalización de 30.000 millones de dólares, pero había dejado crecer varios escándalos e corrupción y tráfico de información confidencial que resultaron inaceptables. Fue reemplazado por un economista más conservador, Yang Xianghai, que ha puesto mayor énfasis en el control y en la transparencia del mercado, mientras se planea la apertura de un mercado para moneda extranjera. Se han previsto otras tres Bolsas en un futuro cercano, en Beijing, Guangzhou y Xiamen. Prime [1994] ha estudiado la pronta posibilidad de un mercado de futuros en China, que aproveche su condición de ser uno de los grandes productores mundiales en muchos bienes.
En el campo de las finanzas internacionales también ha mejorado notablemente la situación, hasta situar las reservas de divisas por encima de los 70.000 millones de dólares, sólo superada China ¡por Taiwán! Si ambos países se unieran hoy sus reservas de divisas darían a su Banco Central una posición hegemónica a nivel mundial. La deuda exterior, situada en 1988 en 35.000 millones de dólares, en 1992 era de 52.550 y sigue creciendo, sin problemas para recabar nuevos préstamos porque, a pesar de los acontecimientos políticos, la evaluación de la deuda china es una de las más seguras del mundo para las agencias financieras internacionales.
Ford y Huang [1994] explican la evolución de este sector institucional-financiero. Muestran como desde los primeros tiempos de la Revolución las autoridades chinas han seguido una política muy conservadora, procurando conservar un alto nivel de reservas de divisas internacionales, a fin de hacer frente a los pagos de la deuda y del comercio exteriores. Otra conclusión es que la planificación monetaria ha tenido efectos de escasez en las reservas, pero muy cortos en el tiempo.

3.5. LA INFORMACIÓN Y LAS TELECOMUNICACIONES. PRENSA, RADIO, TELEVISIÓN.
Los servicios de información y telecomunicaciones están creciendo de un modo impresionante en los últimos 15 años.
PRENSA.
La prensa tiene una larga historia en China (el primer periódico apareció en China ocho siglos antes que en Europa). Ha ganado cotas de libertad crítica impensables antes de 1976, con una multiplicación de las cabeceras provinciales y locales, hasta llegar a 6.000 periódicos y revistas, algunos con tiradas multimillonarias. Las restricciones de papel han desaparecido y de hecho no hay censura previa, sino que funciona una moderada autocensura en los temas políticos. Han aparecido cientos de revistas especializadas, en manos de empresarios privados.
La agencia de noticias Xinhua (Nueva China) se extiende por el Asia Suroccidental, y desde enero de 1996 cuenta con un estricto monopolio (suprimido en 1979) de las informaciones económicas al extranjero y desde el extranjero (la circular motiva el monopolio en la seguridad nacional), suplantando el puesto de Reuters a nivel internacional, lo que repercutiría sobre una menor competitividad de las empresas financieras chinas en los mercados internacionales, al retrasarse la llegada de noticias.
El diario más importante es el “Renmin Biao” (Diario del Pueblo), que es el órgano de prensa oficial, seguido por el “Kao Xiao Xi” (Noticias de Referencia, antiguo Bandera Roja), mientras que el “China Daily” se publica en inglés. La prensa extranjera circula libremente por China.
Una forma de comunicación muy relacionada con la prensa son los dazibao (carteles), comenzados a utilizar en la campaña de las Cien Flores de 1956 y masivamente usados en la Revolución Cultural y en los grandes acontecimientos posteriores.

RADIO.
La centralización oficial fue completa tras 1949. Radio Beijing informa a todo el país, con emisoras provinciales y locales para los asuntos no nacionales, pero en los últimos años la libertad ha llegado con la aparición de cadenas especializadas y la multiplicación de licencias. Si en 1973 había 10 millones de aparatos, en 1992 eran ya 121,2 millones. Se puede concluir que todo el país está conectado a la radio y que China es el país del mundo con mayor número de radiooyentes.

TELEVISIÓN.

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Televisión Central de China (2008), de Pekín. Un edificio de Rem Koolhas.

Según demuestra el artículo de Schmuch [1987], China, el mayor mercado consumidor del mundo está rápidamente desarrollando su televisión, incluyendo una producción propia para el consumo interno y exterior. Aunque China tiene aún un largo trayecto antes de convertirse en el sueño de un publicista, recientes desarrollos de la audiencia, de la sindicación de programas y de las regulaciones gubernamentales sobre publicidad confirman la tremenda promesa del mercado chino de televisión. Las dos grandes prioridades son la educación y el entretenimiento.
La libertad no ha llegado a la televisión, con un control directo muy estrecho. Se ha prohibido, desde 1989, la recepción de canales extranjeros por satélite. La programación incluye la mayoría de las películas y series occidentales, con documentales, programas de entretenimiento, concursos, publicidad (esta es una de las atracciones más de moda, al contrario que en Occidente, e incluso se venden videos sólo de spots publicitarios). La privatización se reduce a los servicios secundarios, de lo que es un ejemplo el que el grupo español Sofres haya sido encargado en enero de 1996 de desarrollar y comercializar la medición de audiencias de la televisión china, mediante un acuerdo firmado con CVSC, filial privatizada de la televisión nacional china.
Mientras que en 1973 había sólo 200.000 televisores, en 1992 había ya 126 millones de aparatos (hay que señalar que la producción de aparatos se exporta en gran parte), con una difusión que llegaba ya al 35% de la población, sobre todo en las zonas urbanas más prósperas, con hasta un 90% de cobertura, mientras que en las zonas rurales llegaba sólo hasta un 15%. Hacia 1995 el porcentaje de población conectada se calcula que ya ha superado el 80% y antes del 2000 llegará hasta el 90% de media.

4. LAS RELACIONES ECONÓMICAS CON EL EXTERIOR:
4.1. INVERSIÓN EXTRANJERA.
En 1979 China creó las primeras cuatro Zonas Económicas Especiales (SEZ), con bajos impuestos, suelo barato en arrendamiento por 30-50 años a los inversores y mano de obra abundante a precios ínfimos, con libertad para atraer capitales extranjeros en empresas mixtas. Su éxito favoreció la ampliación del modelo, primero en 1984, a otras 14 ciudades y en febrero de 1985 a casi todo el Este del país.
En 1989 había 22.000 empresas mixtas. Su número en 1995 ha superado las 50.000 y hay varias decenas de miles de filiales de estas, que no se contabilizan.
Larson [1988], explica la situación comercial y legal para las inversiones extranjeras, con las medidas administrativas de fomento de la inversión, que han permitido este despegue. Aboga por una simplificación de los trámites burocráticos, pero considera poco probable que ocurra, porque los distintos niveles de la administración, estatal, provincial y local, pugnan por mantener un grado propio de control sobre los negocios.
Pomfret [1994] estudia las conclusiones de un trabajo del investigador Kamath, respecto a la problemática de la inversión extranjera en China, concordando en que es un proceso esencial para la modernización económica en un mercado de dimensiones planetarias.
Schroath y Yu [1993] investigan los “efectos del país de origen” de las inversiones extranjeras en China. La teoría ecléctica de la producción internacional sostiene que el patrón de las inversiones extranjeras variaría de un país a otro, según la mayor o menor especialización de su economía (y en concreto de sus empresas multinacionales) en la apertura exterior. Si generalmente es difícil de medir esto debido a la escasa cantidad de inversiones en el extranjero, en China podemos estudiarlo gracias al elevado número de inversiones, con 1.665 empresas mixtas entre 1979 y 1985. La tesis de los autores es que los “efectos del país de origen” se producen en las inversiones en China. Esto significa que los países con más y mayores multinacionales son los que mejor están entrando en el mercado chino.
Stewart y Keown [1990] en un estudio sobre 50 entrevistas a empresarios en China, dan consejos para conseguir el éxito en las negociaciones con los empresarios y dirigentes chinos, desalentadoramente largas para los patrones occidentales. Un tercio del tiempo se pasa negociando sobre las especificaciones técnicas y otro tercio sobre el precio. Aunque se tiende a desarrollar una estrategia de cooperación los chinos acostumbran a hacer demandas de repente para poner a los occidentales en una posición desventajosa.

4.2. COMERCIO EXTERIOR.
Al principio la China comunista dependió por completo para su comercio de la URSS y del resto del bloque comunista, al que exportaba materias primas e importaba maquinaria y productos de alta tecnología pero en 1958 se abrió en parte el bloqueo occidental que castigaba a China desde los años de la guerra de Corea y su importancia creció cuando se rompieron en 1960 las privilegiadas relaciones con la URSS. En 1972 ya el 80% del comercio exterior se realizaba con los países no comunistas, aunque se mantenía la estructura de exportaciones de materias primas e importaciones de maquinaria, con un déficit crónico.
En los años 1975-1980, los anteriores a las reformas industriales, comenzaron las exportaciones de carbón y de productos artesanales, y aumentaron mucho las exportaciones de materias primas, y estos capítulos aun lo hicieron mucho más en los primeros años ochenta, sobre todo del petróleo cuando subió de precio en 1979 (hasta ser el primer renglón de las exportaciones durante varios años). El Gobierno ya no se preocupó de la vieja tesis comunista de que exportar materias primas e importar productos manufacturados era una forma de dependencia colonial. Ahora sólo contaba conseguir las preciosas divisas que permitirían comprar la maquinaria necesaria para la modernización. Pero últimamente el desarrollo de la industria de consumo y la mundialización de la economía está cambiando vertiginosamente la estructura del comercio exterior: sobre todo los textiles, electrónica de consumo, preparados alimenticios y otros productos de mayor valor añadido está relegando en valor relativo al petróleo.
En la actualidad, China tiene el 3% del comercio exterior mundial y su porcentaje crece a un ritmo vertiginoso: en 1994 las exportaciones crecieron un 19% y las importaciones un 21% de media. En 1995 se estima que las primeras alcanzaran los 155.000 millones de dólares y las importaciones los 135.000 millones de dólares, con un superávit de 20.000 millones de dólares, uno de los mayores del mundo. Actualmente el nivel tanto de exportaciones como de importaciones alcanza el 15% del PNB, aun alejado de los baremos occidentales (un 30 a 40% de media) pero muy superior al mínimo 1% de los años sesenta.
El destino de las exportaciones históricamente ha sido Hong Kong (casi un 40% de media, aunque gran parte se reexportaba a otros países), Japón, seguido por EE UU, Rusia, Alemania y Singapur. Las importaciones procedían sobre todo de Hong Kong y Japón. Pero actualmente la estructura por países está cambiando y EE UU y la UE han sustituido como principales clientes y proveedores a Hong Kong y Japón.
China pertenece al Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que el 17 de noviembre de 1995 acordó la liberalización del comercio en su zona para el 2020 de modo “voluntario y flexible”. China presionó para conseguir excepciones en algunos sectores conflictivos, pero accedió finalmente a abrirse completamente al comercio internacional libre. El APEC será ya en el año 2000 el mayor mercado del mundo, sobrepasando a EE UU y la UE y su progreso en el siglo XXI parece imparable, alterando completamente el equilibrio geopolítico y económico.

4.3. LAS RELACIONES ECONÓMICAS CON HONG-KONG, TAIWÁN, JAPÓN, EE UU, ASEAN, ESPAÑA. INVERSIONES Y COMERCIO EXTERIOR.
HONG KONG.
Sung [1994] explica en un libro la gran importancia que tiene para la economía de Hong-Kong ser la entrada a China.
Renard [1988] ha comprobado la estrecha relación económica entre las ciudades de Hong-Kong y Shenzen, a solo 40 minutos de distancia, atravesando la frontera. El fuerte desarrollo de la segunda ha creado un espacio unificado en la realidad humana.
Miles de empresas de capital de Hong Kong se han instalado en la zona china, al tiempo que muchas chinas se han procurado en Hong Kong un lugar más libre para sus operaciones internacionales. El comercio exterior se ha multiplicado hasta el punto de que hasta un 40% del total chino pasa por empresas de Hong Kong y puede concluirse que a caballo de la frontera ha aparecido una burguesía conjunta, muy próspera e interesada en la unificación.

TAIWÁN.
Las inversiones de Taiwán en China ascienden a 20.000 millones de dólares, la mayoría con pequeñas sumas, pues hay 25.000 empresas censadas. La mayoría han aportado un pequeño capital inicial y se han beneficiado de la rapidísima amortización de la inversión, con una media de menos de 3 años. Se concentran casi por entero en las cuatro primeras zonas económicas especiales, muy cercanas a la isla, donde se han instalado numerosas empresas mixtas de comercio, componentes de informática, electrónica, electrodomésticos, textiles, juguetes, etc.
Se ha producido desde 1990 una intensa relocalización industrial, favorecida por los salarios más bajos y la mayor permisividad china para las industrias contaminantes, mientras que el régimen taiwanés intenta de este modo asegurarse un entendimiento pacífico con el de Beijing y este crear tantos vínculos económicos que al final el empresariado taiwanés se plantee la conveniencia de unirse a China para acceder más fácilmente a su enorme mercado de consumo y de mano de obra.
El comercio exterior entre ambos países se ha multiplicado exponencialmente, hasta los 15.000 millones de dólares en 1994, con una previsión de más de 20.000 en 1995, con un equilibrio bastante acusado entre importaciones y exportaciones, con leves variaciones anuales. Hoy Taiwán depende en gran parte de las materias primas, fuentes de energía y productos industriales semielaborados de China, a la que suministra bienes de equipo y maquinaria, con un alto superávit comercial a favor de Taiwán.

JAPÓN.
Las inversiones japonesas se concentran en el Norte y Centro de China. Había ya una larga tradición de inversiones en Manchuria, Tianjín, Shandong y Shanghái, que se ha reanudado en los últimos años.
El comercio exterior con Japón se está doblando cada seis años, siendo este el mayor incremento con diferencia. Así, en las exportaciones se pasó de 9.858 millones de dólares en 1988 a 20.437 en 1993, y en importaciones de 9.474 en 1988 a 17.157 en 1993, pero destaca el vigoroso crecimiento entre 1992 y 1993, pues en 1992 las importaciones eran sólo de 11.948 millones de dólares. Es evidente que la economía importadora china ha cogido una velocidad de crucero, con una mayor demanda de bienes de consumo y de equipamiento industrial. China exporta a Japón productos alimenticios, con 3.165 millones de dólares, mientras que prácticamente no los importa (28 millones de dólares), petróleo, con una exportación de 1.847 millones de dólares, productos químicos con 672 millones de dólares, mientras que importa por 2.649 millones de dólares, y en general productos manufacturados, que cubren casi todo el resto del comercio, pero mientras que China tiene una alta cuota de exportaciones de materias primas, Japón le exporta a China productos de alto valor añadido y tecnología.

EE UU.
La normalización de las relaciones entre EE UU y China comenzó con el viaje de Nixon a Beijing en 1973 y se formalizó en 1979 con el establecimiento de relaciones diplomáticas (que conllevaba la ruptura diplomática con Taiwán).
Eiteman [1990] apunta las grandes dificultades que los empresarios norteamericanos encontraron durante la negociación de sus inversiones, pero que pese a ello entre 1979 y 1986 se realizaron 272 empresas mixtas entre EE UU y China, con una inversión de 1.598 millones de dólares en China. Un dato más actual, de 1989, indica que ya eran 952 las empresas y se calcula que en 1995 son ya más de 3.000. Las inversiones de EE UU en China fueron de 2.200 millones dólares en 1994, con un incremento del 620% desde 1990, cuando se pararon por la crisis de Tiananmen. Un reciente éxito norteamericano, en octubre de 1995, ha sido el contrato de 1.000 millones de dólares para fabricar automóviles familiares junto a la compañía estatal china Shanghái Automotive. Un acuerdo también importante es la inversión de Motorola de 1.000 millones de dólares para la fabricación de semiconductores y teléfonos portátiles. Las productoras y distribuidoras cinematográficas se han abalanzado sobre su inmenso mercado del cine (un tercio del mundial).
Las importaciones chinas han pasado de 4.928 millones de dólares en 1988 a 8.603 millones de dólares en 1993, mientras que las exportaciones han subido de forma vertiginosa, pasando de 9.268 millones de dólares en 1988 a 33.673 millones de dólares en 1993. Se estima que las exportaciones chinas a EE UU llegarán a los 47.000 millones de dólares en 1995, más de un tercio del total de sus exportaciones. De resultas hay un enorme superávit comercial a favor de China, que ha provocado grandes tensiones comerciales entre ambos países y una creciente dependencia china de las presiones estadounidenses sobre los derechos humanos, ciertamente eficaces a medio plazo, como se ha observado muchas veces, ya que si EE UU compra el 30% de las exportaciones chinas y le proporciona tecnología e inversiones, China debe atender parte de sus peticiones. Por contra, la UE ha firmado un acuerdo para crear un centro de enseñanza profesional y servicios en Beijing y las compañías europeas llegan en tropel a comerciar, sin consideraciones políticas de derechos humanos.
La estructura del comercio chino-norteamericano es básicamente de exportaciones chinas de productos alimenticios, materias primas, manufacturas de bajo valor añadido, mientras que importa manufacturas de alto valor añadido, como automóviles, aviones (China es el principal cliente de Boeing), informática, maquinaria agrícola, productos químicos.
Rondinelli [1993] explica la pugna comercial entre EE UU y China, una potencia emergente, cuyo desarrollo económico se debe en gran medida a la exportación, cuyo crecimiento es una prioridad para el gobierno chino, junto a la inversión extranjera, el desarrollo tecnológico y la preparación empresarial que son esenciales para modernizar la industria, agricultura, ciencia y tecnología. Sobre las tensiones políticas y económicas entre los dos países cree que es prioritario resolver estos conflictos para aprovechar las grandes oportunidades de los años noventa.
En la prensa estadounidense de los últimos años, especialmente en “IBW”, dentro de este determinante contexto económico, se pueden seguir cuáles son los asuntos que más preocupan a la opinión pública norteamericana y a sus dirigentes. Como ejemplo tenemos la vuelta de una China pacificada al concierto internacional, con un vigoroso crecimiento económico en la costa, en el artículo China's quiet comeback [“IBW” (24-XII-1990) 14-19.].Pronto aparecen regularmente artículos sobre los derechos humanos, como el de Prison Labor [“IBW” (22-IV-1991) 14-15] sobre el trabajo de los prisioneros en fábricas de productos de exportación, pronto sustituidos por artículos más “interesantes y prácticos”, como Piracy [“IBW” (22-IV-1991) 16], respecto a la piratería de marcas extranjeras sin pagar derechos y su influjo en las tensiones diplomáticas de Occidente con China (IBW, 20-5-1991. p. 24-26). Este es el tema estrella en sucesivos artículos, pues continuaba la piratería en discos de música, después de seis meses desde el pacto antipiratería [“IBW” (18-IX-1995). 68).
Siguen las tensiones diplomáticas de EE UU con China, sobre la renovación del tratado de nación más favorecida y el respeto a los derechos humanos, Taiwán (cuya soberanía es un punto innegociable para los militares y por ello para los dirigentes chinos), mientras los empresarios norteamericanos, muy perjudicados, presionan para que no se moleste a los dirigentes chinos [“IBW” (24-VII-1995) 30-33].

ASEAN.
La ASEAN, Asociación de Naciones del Sureste Asiático, está formada por siete países: Tailandia, Malasia, Indonesia, Filipinas, Singapur, Brunei y Vietnam. Es la región mundial de mayor desarrollo económico en los años 90. Las relaciones de China con este bloque están fundamentadas en gran parte en las grandes colonias chinas en estos países, que estudiamos en el apartado de Población de los “Chinos en el extranjero”. Nos faltan datos actualizados del comercio pero la prensa económica se refiere a que si bien el flujo de inversiones es mínimo por ahora, pues todos estos países son grandes demandadores de capital, el comercio exterior está aumentando de modo exponencial, con índices de más del 10% anual.

ESPAÑA.
Las inversiones españolas han crecido de modo extraordinario desde los primeros años 80. En 1995 se calcula que hay 215 empresas españolas en China, con un capital de 390 millones de dólares, del que se ha usado sólo 35, siendo España el 16º inversor en China.
Destacan los inversores en los sectores alimentario y textil, seguidos de las telecomunicaciones, la maquinaria de fabricación de materiales de construcción, la metalurgia y la energía térmica.
En el sector alimentario las empresas españolas han tenido un éxito extraordinario, con Agrolimen y Nutrexpa. La primera, a través de su filial Cafosa Gum, tiene la mayor fábrica de chicle en China, y Nutrexpa ha posicionado su producto Cola Cao, que desde 1990 se ha convertido en un producto estrella en la alimentación infantil y juvenil. Asimismo Chupa Chups instaló una fábrica en China en 1994, con el propósito de asegurarse la primacía en el mercado asiático, un objetivo que ya ha logrado en Japón y Corea del Sur; esta fábrica, recientemente, ha sido remodelada y ampliada [“El País” Negocios (22-X-1995)].
Los empresarios textiles catalanes han montado empresas con maquinaria textil española y exportan su producción a España y la UE, con grandes márgenes de beneficio.
Como muestra de las oportunidades de negocio, Alsa, una mediana compañía española de transporte de viajeros, instaló una filial en el sur de China en 1984, para el transporte en autobús y en estos años ha creado 60 empresas filiales de transporte, con una facturación de 23.500 millones de pesetas en 1995, 1.500 empleados y 1.000 autocares, diversificando su actividad en 1995 con una fábrica de peluches en Shenyang y empresas de comercio y turismo.
Una empresa mallorquina, Ambulancias Insulares, propiedad de García Ruiz, tiene una filial en Shanghái, y muchas empresas hoteleras planean extenderse en China.
China exportó a España 1.407 millones dólares en 1993, desde los 384 millones dólares de 1988, mientras que importó 649 millones dólares en 1993, desde los 216 de 1988 y apenas 240 de 1992. Con España las relaciones comerciales han aumentado sobre todo desde 1992, llegando a unas exportaciones de 2.000 millones de dólares en 1994 y unas importaciones de 800 millones de dólares, con un superávit a favor de China de 1.200 millones de dólares. De resultas de ello el superávit comercial chino se ha incrementado. Es notable que un alto porcentaje de la exportación china sea por empresas de capital mixto español, que han deslocalizado parte o toda su producción industrial.
Tuvo un gran éxito la exposición EXPOTECNIA de 1994, en Beijing, una muestra mutisectorial de empresas españolas de bienes de equipo y alta tecnología, apoyada por el ICEX español. En sólo seis días se consiguieron 253,7 millones dólares de contratos en grandes proyectos (216) y venta de equipos (37,7), 436 millones en precontratos, protocolos y cartas de intención, y 10,5 millones en empresas mixtas. En suma, más de 700 millones dólares, tanto como todas las exportaciones a China en 1993.
China es el país que más de beneficia de la ayuda oficial española al desarrollo, con 90.633 millones de pesetas concedidas e créditos FAD entre 1977 y 1994, un 12,8% del total de ayudas (Fuente Ministerio de Comercio), sobre todo a partir de 1989. Asia recibía el 23,5% y toda América Latina el 44% (sólo tres veces y media más) lo que demuestra la gran importancia relativa que España concede a China. La mayoría de esta ayuda oficial se concede a cambio de formalizar contratos de importación.

4.4. LA INTERNACIONALIZACIÓN DE LA ECONOMÍA.
El 1 de enero de 1996 las importaciones de maquinaria de las empresas mixtas y las que se pagaban con créditos especiales dejaran de pagar impuestos (pagaban un 50%). Cientos de empresas mixtas se han dedicado a comprar maquinaria para luego revenderla, como muestra de las inmensas oportunidades de negocio especulativo que brinda el desarrollo chino.
A fin de conseguir la entrada en la Organización Mundial de Comercio (OMC), que sustituyó el 1 de enero de 1995 al GATT, China ha anunciado un gran reforma económica en la Asamblea del APEC de 17 de noviembre de 1995, cuyos elementos no estaban aún completamente definidos, pero que apuntaban a que en 1996 se decretaría:
1) La reducción de los aranceles en un 35% para 4.000 de los 6.000 productos que importa. Esta medida supondrá que este recargo bajará de una media del 35,9% actual a un 23% de media. Esta medida se confirmó oficialmente el 28 de diciembre de 1995.
2) Eliminación de las cuotas que se aplican a 170 productos importados.
3) Reducir el número de productos sujetos a las inspecciones de aduana.
4) Reforzar la protección de los derechos de la propiedad intelectual.
5) Permitir más facilidades para el acceso al mercado interior en sectores actualmente protegidos (telecomunicaciones, transporte aéreo, etc.) de empresas mixtas, así como a los bancos de capital extranjero.
6) La paulatina libre convertibilidad cambiaria del yuan, la moneda nacional, denominada renminbi, para realizarla por completo antes del año 2000.