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miércoles, 4 de enero de 2017

Geografía Urbana.

GEOGRAFÍA URBANA.

INTRODUCCIÓN.
1. CIUDAD Y TERRITORIO: IDEAS BÁSICAS.
1.1. LAS CIUDADES Y EL TERRITORIO.
1.2. EL CONCEPTO DE SISTEMA: APLICACIÓN A LAS CIUDADES DEL TERRITORIO.
1.3. LA URBANIZACIÓN DEL TERRITORIO.

2. TEORÍAS DE ASENTAMIENTOS.
2.1. LA TEORÍA DE LOS LUGARES CENTRALES.
2.2. LA TEORÍA DE BASE ECONÓMICA.
2.3. LA TEORÍA DE LOS CENTROS DE CRECIMIENTO.
2.4. LA TEORÍA CENTRO/PERIFERIA.

3. CIUDAD Y TERRITORIO: LUGARES CENTRALES Y ÁREAS DE INFLUENCIA.
3.1. EL GRADO DE CENTRALIDAD DE LOS ASENTAMIENTOS.
3.2. LA DELIMITACIÓN DE LAS ÁREAS DE INFLUENCIA.

4. LA MORFOLOGÍA DE LAS REDES URBANAS.
4.1. MORFOLOGÍAS TEORÉTICAS.
4.2. MORFOLOGÍAS DESCRIPTIVAS.

5. LAS RELACIONES EN LOS SISTEMAS URBANOS.
5.1. LA DISTRIBUCIÓN DE TAMAÑOS.
5.2. TAMAÑO Y FUNCIÓN.
5.3. CLASIFICACIÓN FUNCIONAL.
5.4. LAS RELACIONES DINÁMICAS: LOS FLUJOS INTERURBANOS.

6. ¿UNA NUEVA SOCIEDAD URBANA?


1. CIUDAD Y TERRITORIO: IDEAS BÁSICAS.
1.1. LAS CIUDADES Y EL TERRITORIO.
Estudiamos aquí la ciudad en su relación con su territorio, a través de la red urbana interrelacionada que define el territorio en el que influye.

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Córdoba y su territorio.

Hay una relación diacrónica entre ciudad y territorio, primero como oposición (desde la Antigüedad) y dominación de la primera sobre el segundo, que perdura hasta la misma actualidad, en la que el territorio asume unas funciones crecientemente urbanas, pues el modo de vida urbano se ha extendido a casi toda la sociedad -hay actualmente en los países desarrollados un proceso de descentralización masiva-. La distinción entre ciudad y territorio es ahora morfológica, más que funcional o cultural.
La relación ciudad-territorio es un tema esencial. Así, para Northam (1975) los temas básicos de estudio de la Geografía Urbana se determinan por la interrelación lugar-población, y son: 1) relaciones entre la ciudad y su población (distribución de la población), 2) relación entre diferentes ciudades (disposición geométrica de las ciudades en su territorio), 3) relaciones entre las poblaciones de diferentes ciudades (comparación de las características de varias poblaciones), 4) relaciones en la ciudad o en su población (usos del suelo).
Según P. George (1969), para que exista una red urbana es preciso que tengan lugar un cierto número de interrelaciones y que estas generen a su vez lazos funcionales permanentes entre los diversos asentamientos urbanos y entre estos y el medio rural. Sin el criterio de funcionalidad no hay sistema urbano.

1.2. EL CONCEPTO DE SISTEMA: APLICACIÓN A LAS CIUDADES DEL TERRITORIO.
Un sistema se define por la relación integral entre todos sus elementos. Se entiende el sistema urbano como un conjunto de elementos (ciudades) dotados de propiedades, atributos o valores (características urbanas) diferentes u homogéneos, en mutua relación. En el mismo sentido, Estébanez (1983) considera la ciudad como un "sistema intraurbano" que constituye un elemento del "sistema interurbano" (red o conjunto de ciudades que se relacionan entre sí). El sistema urbano es siempre diacrónico: varía en el tiempo y el espacio.
P. Gould (1969) considera al «sistema urbano como protagonista del desarrollo», al configurarse como ciudad-región (Dickinson, 1961). En todo caso, en el Primer Mundo la red urbana desarrollada (con nodos estructurados y equilibrados alrededor de la ciudad central) conlleva un territorio desarrollado, en el cual hay múltiples relaciones urbanas: demografía, comercio, mano de obra, tecnología, capital, información, cultura...

1.3. LA URBANIZACIÓN DEL TERRITORIO.
Los factores de la urbanización.
Los factores de la urbanización son muy variados: demográficos, económicos, políticos, físicos, de dimensión del territorio, infraestructuras, etc.
1) Demográficos. El crecimiento urbano se debe, en parte, al aumento de la población urbana provocado por la suma del crecimiento natural y de la inmigración.
2. Económicos. Actúan decisivamente la industrialización y la terciarización, favorecidas por el desarrollo del transporte. En este sentido es evidente que hay una estrecha relación entre mayor desarrollo económico y mayor urbanización en el territorio. Por otra parte, no hemos de olvidar que en los países subdesarrollados las megaurbes (capitales) viven una enorme expansión, pero que esta no es una urbanización estructurada y equilibrada del territorio.
3. Políticos. La organización y la decisión político-administrativa permiten crear ex novo nuevas ciudades y la colonización del territorio virgen, con una planificación jerárquica de la ocupación espacial y de los flujos humanos. Pueden distinguirse históricamente dos tipos de políticas: centralistas (que fomentan las ciudades centrales) y descentralizadoras (que fomentan un equilibrio entre las ciudades, y en especial las relaciones entre ciudades de segundo nivel). En los recientes países descolonizados del Tercer Mundo las ciudades, según la tesis de Sjoberg, se dividen en indígenas, coloniales y nuevas ciudades, y en los dos últimos casos se trata de creaciones políticas.
4. Físicos. El relieve, clima, suelo, hidrología, vegetación, etc, determinan en parte la estructura urbana: p.e. las zonas climáticas agradables, los ríos navegables y las llanuras con buenos suelos la fomentan e integran, mientras que las montañas la interrumpen y dividen.
5. La dimensión del territorio. Es usual que a menor espacio haya más concentración en pocos núcleos jerárquicamente organizados, mientras que espacios muy grandes permiten una mayor variedad de tipos de ciudades, en distintos niveles, aunque los otros factores pueden alterar esta tendencia.
6. Las infraestructuras. Las infraestructuras de comunicaciones son indispensables para organizar el territorio, de modo que hay una estrecha relación entre su densidad y la urbanización. Generalmente las ciudades se concentran en los puntos de ruptura de carga (puertos, nudos de ferrocarriles, etc.).
Para Johnson (1974) hay cuatro factores de localización de las ciudades: 1) que sean accesibles para su entorno, 2) que, si su función es comunicar la región con el exterior, se sitúen cerca de las grandes vías de comunicación, 3) que tengan recursos físicos, 4) cualquier factor de azar o decisión humana.

Urbanización.

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La tendencia de la urbanización es un aumento sostenido de la población urbana. En los países desarrollados la curva de crecimiento toma la forma de una suave S ascendente. P.e. en EE UU en 1800 la población urbana era el 5%, en 1970 el 70% y en el 2000 lo será más del 80% del total. No ha sido este un aumento constante, sino con altibajos en la curva de urbanización: un ligero aumento en la primera mitad del siglo XIX y un fuerte aumento en la segunda mitad del siglo XIX gracias, sobre todo, al éxodo rural (el crecimiento natural era secundario, debido a la baja natalidad y la alta mortalidad causadas por las malas condiciones de vida), para volver a un lento aminoramiento de la intensidad a lo largo del siglo XX (pero siempre con crecimiento absoluto).
En los países subdesarrollados, en cambio, el gran crecimiento se ha atrasado hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando se juntaron la migración campo-ciudad y, sobre todo, el crecimiento natural. Este crecimiento natural (por unas mejores condiciones de vida) es un signo distintivo de estos países, respecto al grupo anterior.

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¿Por qué crecen las ciudades actuales?

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Peter Haggett.

Los factores son múltiples, aparte del crecimiento natural de la población urbana. Peter Haggett (1983) considera una clasificación en factores de presión y de atracción.

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Factores de presión son los que causan el abandono del campo:
1) La tierra es un recurso fijo que está sujeto a rendimientos decrecientes a más mano de obra (el círculo vicioso rural de alta natalidad, masificación, minifundio, pobreza). Es el factor más importante en los países subdesarrollados.
2) La tecnología, en una etapa más reciente, ha incrementado la productividad, permitiendo la migración del excedente de mano de obra.
3) La gente tiene más exigencias de calidad de vida, según un modo de vida urbano, por lo que vivir en la ciudad tiene más prestigio social.
4) Los precios relativamente bajos e inestables de los productos agrícolas, con una excesiva elasticidad a la baja de los precios y reducción relativa dentro de la bolsa de compra familiar del consumo de productos agrícolas, de forma que los ingresos anuales son más aleatorios que en los empleos urbanos. Estos precios agrícolas desequilibrados respecto a los industriales explican la gravosa política de subvenciones de los países desarrollados a su agricultura. Por ello, este es el factor más importante del éxodo rural en estos países desarrollados.
Factores de atracción son los que atraen a la ciudad:
1) Economías de aglomeración, debido a las economías de escala conseguidas con la concentración de redes de comunicación, mano de obra, mercados de consumo, capital, tecnología, información, especialización, etc. Pero hay problemas de sobredimensión de las ciudades, de costos excesivos por transporte, contaminación, servicios sociales...
2) Multiplicadores urbanos: básicos y no básicos. Es el llamado fenómeno de la base exportadora de la ciudad, ya que esta produce más bienes de los que consume, para un mercado exterior a ella. De hecho, las ciudades tienen una invisible balanza de importación/exportación de bienes y servicios. Se distingue entre actividades básicas y no básicas. Las primeras son las que se producen para la venta al exterior (p.e. los aviones Boeing, en Seatle), las segundas son las que se dedican al mercado interior de la ciudad (p.e. el pan). La proporción de la base económica urbana describe la proporción de población urbana total que se dedica a actividades de exportación (básicas). Así, un coeficiente de 1:6 significa que en una ciudad de 60.000 habitantes hay 10.000 empleos en el sector de exportación. Simplificando, un aumento de 1 empleo básico supone un aumento residencial de 4 residentes (la familia), y 10 nuevos residentes crean 1 empleo terciario, por lo que se puede crear un proceso continuo de crecimiento. Según el modelo de efecto "dominó" de Lowry, 100 puestos de trabajo en el sector secundario conllevan un aumento de 67 puestos de trabajo en el sector terciario así como de 667 residentes. Haggett resume: «La tasa de puestos de trabajo en los sectores de exportación de una ciudad con respecto a su población total es la proporción de la base económica urbana. Un aumento del empleo en el sector de exportación conlleva un consiguiente crecimiento en los sectores de servicios y residencial».

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2. TEORÍAS DE ASENTAMIENTOS.
2.1. LA TEORÍA DE LOS LUGARES CENTRALES.
Christaller y, más tarde, Lösch, lanzaron sus teorías explicativas de los lugares centrales, unas leyes que permitirían, en principio, prever la distribución de los asentamientos urbanos en el espacio, así como su número y su tamaño.

La teoría de Christaller.

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El geógrafo alemán Walter Christaller (Berneck, Baden-Wurtemberg, 1893 - Königstein, Baviera, 1969) incorporó a la geografía las investigaciones del economista Von Thünen sobre la localización agraria, de Alfred Weber sobre la localización industrial, y su compendio por Engländer. Estudió las leyes que rigen la distribución de las ciudades meridionales de Alemania en su primera obra, Die zentralen Orte in Süddeutschland (Los lugares centrales en el sur de Alemania, 1933) y abrió una nueva línea de investigación: la localización, número y tamaño de las ciudades podían deducirse a partir de las funciones urbanas. Sus ideas no tuvieron repercusión hasta que fueron traducidas al inglés en EE UU. Escribió también Das Grundgerüst der räumlichen Ordnung in Europa: Die Systeme der europäischen zentralen Orte (La estructura básica de la ordenación del espacio en Europa: el sistema de lugares centrales europeos, 1950) y Some considerations of Tourism Location in Europe (1964).


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Su teoría supuso una innovación esencial en la Geografía moderna, como precedente de la Nueva Geografía cuantitativista. Su mayor aportación fue metodológica, al seguir el método deductivo, pues partía a priori de una hipótesis y luego observaba si los hechos se correspondían o no con la teoría establecida, rompiendo así con el método tradicional seguido en Geografía, inductivo, que partía primero del análisis de los hechos para a posteriori elaborar leyes.
Elabora una teoría neopositivista (analiza y descubre regularidades en el territorio, crea modelos teóricos explicativos de la realidad), racionalista (la explicación es puramente teórica), economicista (la causalidad es económica), terciarista (el factor fundamental es el mercado), una Física Social (pues emplea leyes de la física para las Ciencias Sociales). Christaller no creó de inmediato una escuela (de hecho nunca fue profesor universitario) hasta que en los años 40 (Ullman aplicó sus teorías en EE UU en 1941, A theory of location for cities) y sobre todo en los 50 la Geografía cuantitativa empleó métodos matemáticos para estudiar las ciudades anteriores y posteriores de la posguerra, y, sobre todo, desde que fue traducido por Baskin al inglés (Central Places in Southern Germany, 1966). Su influencia fue eminente en Lösch, Beckmann y, sobre todo, en Berry y Garrison (1958).
En su libro la gran cuestión es: ¿existen leyes que puedan determinar el número, el tamaño y la distribución de las ciudades? O más específicamente aun: ¿por qué las ciudades se localizan en unos puntos y no en otros?
Como respuesta, otorga a los factores económicos la máxima importancia. Fundamenta su modelo en la causalidad económica: la relación de la distancia con el encarecimiento de los productos. Esto exige que el espacio urbano sea un espacio isotrópico, homogéneo en relieve, recursos naturales, densidad y distribución de la población y red de transportes. La ciudad (el lugar central) tiene la función de suministrar bienes y servicios; en ella a mayor tamaño del núcleo hay más especialización funcional, así como a menor distancia entre los núcleos también hay más especialización funcional.

Los fundamentos y antecedentes teóricos de Christaller.
El modelo de Christaller se relaciona con la teoría descriptiva de Johann Von Thünen (El Estado aislado, 1826). También sigue la tesis de localización industrial de Alfred Weber (1909), profesor de Christaller. Ambas son teorías económicas más que geográficas y Engländer les dio un marco común, analizando la relación entre la distancia y los precios, aunque fue Christaller el que les dio aplicación geográfica. Otras influencias son las de los locacionalistas alemanes Kohl, Gradman y Bobeck (1928).
Las anteriores teorías son empírico-racionalistas estrictas, que consideran que la realidad está determinada por factores materiales, no humanos. El primer modelo teórico lo presentó el economista Von Thunen (1826), que estudió la distribución espacial de los usos agrícolas según su distancia al mercado, para explicar el paisaje agrario alemán, determinado por los precios, que a su vez lo son por la localización de la actividad, su productividad, el transporte y el mercado.
El economista Alfred Weber (1909) excluyó los factores sociales y culturales, la historia y el hombre. Aisló los elementos de localización industrial, para poder medir su importancia relativa y mutuas dependencias. Los factores de localización industrial eran: costo de mano de obra, distancias, peso de las materias primas y de los productos finales. El cuantitavista A. Predohl acentuó aun más que Weber el método de sustitución, con resultados más matemáticos y precisos.
Se critica a las teorías economicistas porque no existen los espacios isotrópicos sobre los que efectúan sus análisis teóricos, ni el hombre es puramente un homo oeconomicus, ni la información ni la competencia son perfectas, ni el transporte es uniforme, etc. Es por ello que no se realizan en la práctica sus teorías de que los sujetos (las familias, comercios o industrias) luchen mediante los precios por ocupar el centro de la ciudad (el lugar más accesible y rentable en estas teorías). Una teoría empírico-racionalista más moderada (McKenzie y Park) sostiene que también influyen los factores sociales y culturales. Engländer opinaba que estos factores participan en la localización a través del sistema de cambios, la organización de la producción y la estructura de la población.

La teoría y los conceptos básicos de Christaller.
Hay unos conceptos básicos en la teoría de Christaller: centralidad, lugar central, isotropía, área de mercado, área de influencia, distribución espacial de los núcleos, etc. Los conceptos de alcance y umbral han sido elaborados más en profundidad por otros autores, como Berry.

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En la teoría de Christaller la ciudad se define esencialmente por su función y la función específica de la ciudad es ser un "lugar central", un centro abastecedor de bienes y servicios a la población existente en el núcleo y en la región por él organizada.
La centralidad es el grado en que una ciudad sirve a su área circundante, y puede ser medida a través de los bienes y servicios ofrecidos. De una ponderación cuantitativa y cualitativa de esa centralidad surgirá la jerarquización de los núcleos urbanos.
La ciudad es un lugar central y no son los factores geográficos los que originan las ciudades, sino la existencia de una población a la que hay que abastecer de bienes y servicios. Se utiliza el término de "lugar central" ya que, para llevar a cabo este cometido eficientemente, la ciudad debe localizarse en el centro de su área de influencia. La centralidad de una ciudad determina el grado o categoría de la misma considerada como centro proveedor de bienes y servicios.
Los lugares centrales son los núcleos de población que ofrecen bienes y servicios especializados en un área mucho más amplia que la propia de la ciudad, creando un espacio isomórfico, con una red urbana jerárquica y geométricamente regular, con un entramado geométrico de hexágonos en serie (a cada ciudad central le corresponden seis núcleos menores y así sucesivamente).
Existe una jerarquía de lugares centrales, en la que los centros más grandes son los que ofrecen bienes y servicios más especializados. Hay una gradación de especialización funcional pues los lugares centrales se ordenan jerárquicamente en el espacio, de acuerdo a su especialización funcional, de menos a más especialización. El máximo escalón tiene todas sus funciones propias para su uso interno más las que corresponden al escalón inferior en jerarquía. Las ciudades de tamaño y nivel de especialización similar se distribuyen uniformemente dominando cada una su espacio hexagonal.
La jerarquía de lugares centrales presenta un conjunto de categorías: no existe una gradación progresiva entre unos centros y otros, sino que aparecen «escalones» que separan categorías distintas. Los lugares centrales de una misma categoría ofrecen igual número de bienes y servicios, tienen las mismas funciones centrales.       
La población de cada centro es proporcional al número de funciones centrales que éste posee. Es lo que más tarde se llamará la regla rango-tamaño. Como las funciones aparecen de forma discontinua, también existen «escalones» entre la población de unos centros y de otros de distinta categoría.
Por lo tanto, un lugar central de grado superior posee todos los bienes y servicios de los centros de categoría inferior, más otros que le son propios a su categoría. Por lo tanto, los lugares centrales de mayor rango ofrecen más productos, disponen de más establecimientos comerciales y servicios, tienen censos de población mayores y áreas de influencia más extensas (en términos de superficie o población) y son menos abundantes en número que los lugares centrales de rango inferior (p.e. la capital regional poseería todas los servicios educativos de grado inferior ‑escuela, instituto‑ más otros propio de su categoría ‑la universidad‑).

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Los lugares centrales son, pues, mercados que reciben los productos de la región rural circundante y sirven a la población de bienes y servicios. Los bienes y servicios se denominan "centrales" porque exigen una concentración en un lugar. En general, los bienes y servicios de uso diario están próximos al lugar de residencia del consumidor, mientras que los de uso menos frecuente se encuentran más alejados. Por lo tanto, podemos decir que hay diferentes tipos de bienes y servicios centrales y que cuanto más necesario sea su uso, estos se darán con mayor ubicuidad. La razón de esto es que los bienes y servicios de uso frecuente suelen ser poco costosos y requieren pocos consumidores (porque son muy regulares en sus compras) para su mantenimiento, mientras que los de uso menos frecuente suelen ser más costosos y exigen un número mayor de consumidores (ya que son ocasionales en sus compras).
Los bienes y servicios más especializados son los que tienen un área de influencia mayor, de manera que se produce una superposición de áreas de influencia de distinta extensión. Ello se debe precisamente a que ese tipo de bienes y servicios son los que aparecen en menos centros, por lo que la población se ve obligada a recorrer mayores distancias para abastecerse de ellos. Cuanto mayor es la especializacion de un bien o servicio, más escasos son los lugares donde éste aparece ofertada. Así, la universidad podría sólo aparecer en la capital regional, mientras que el instituto de enseñanza media se localizaría tanto en la cabecera de comarca (CC) como en la propia capital regional (CR).
Existe, por lo tanto, un número muy pequeño de lugares centrales de categoría superior (los que ofrecen bienes y servicios muy especializados) y una gran cantidad de centros de categoría inferior (con funciones menos especializadas).
El número de bienes y servicios centrales está determinado por dos fenómenos contradictorios: por una parte, los consumidores desean obtener un bien o un servicio lo más cerca posible de su residencia y con el mínimo esfuerzo. Pero por otra parte, los comercios o centros de servicios buscan obtener el máximo beneficio y el mayor número de clientes. Se trata, pues, de intereses encontrados y en la realidad se dan soluciones intermedias.
El alcance máximo (la distancia máxima en la que se produce un intercambio) es un límite en el que la demanda de bienes y servicios de un lugar central se hace nula, pasando ese espacio a depender de otro lugar central, y así se conforman hasta siete categorías distintas de lugares centrales, de mayor a menor. La explicación es que en un espacio isotrópico la única variable considerada e independiente es la distancia de transporte: a mayor distancia menor demanda, porque, para el consumidor, el costo de un bien o servicio resulta del precio del mismo, que es igual en todos los lugares centrales, más los gastos de desplazamiento. Los precios aumentan con la distancia de un modo uniforme, y conforme aumenta el precio disminuye la demanda, hasta tal punto que al superar un cierto umbral de distancia el precio aumenta tanto que hace imposible adquirir el bien o servicio en ese lugar central; la distancia es tan grande que la demanda es nula porque la totalidad de la renta se destina a recorrer la distancia. Este punto donde la demanda se hace nula se conoce como alcance máximo, y define el límite externo de ventas para cualquier tipo de bien o servicio central. Los servicios más especializados, en todo caso, tendrán un alcance máximo mayor.
El umbral es el número mínimo necesario de demandantes para permitir cubrir los costos básicos de la oferta de un bien o servicio concreto; de este modo garantiza cubrir los costos permanentes y necesarios para mantener la actividad. Cada empresario debe vender suficientes bienes o servicios para cubrir los gastos de funcionamiento de su comercio y obtener un cierto beneficio, porque sin un cierto volumen de ventas los gastos superan los beneficios y el comercio fracasa. El umbral ha de ser menor o igual al alcance máximo y los beneficios serán mayores cuanta mayor diferencia haya entre el umbral y el alcance. El umbral se representa gráficamente con un círculo alrededor del lugar central, cercano a este, mientras que el círculo del alcance máximo está más alejado.
Este umbral (el threshold de Berry, 1967), el número mínimo de consumidores necesario para sostener la actividad, es variable para cada bien o servicio. Cuanto más indispensables sean los bienes requeridos, menor será el número necesario mínimo de consumidores. Por ello los bienes y servicios centrales de uso frecuente no toleran transportes largos y costosos: son bienes de corto alcance (range en la terminología de Berry), p.e. los alimentos de consumo diario. Otros bienes o servicios centrales son menos necesarios y por ello los consumidores los requieren menos frecuentemente, son bienes de gran alcance y sólo se dan en centros de mayor importancia.
El área de mercado es el círculo conformado por los radios de los alcances máximos, y se obtiene aplicando los alcances con una representación bidimensional en un plano. Las áreas de mercado son diferentes para los distintos bienes y servicios, pues necesitan distintas clientelas. El área es distinta además para el mismo bien o servicio en lugares centrales de jerarquía distinta, pues los de mayor rango tienen una mayor variedad y mayor surtido de bienes y servicios, y, por tanto, los consumidores pueden realizar desplazamientos a ellos con múltiples propósitos: no sería rentable ir a ellos para adquirir un solo bien pero sí un conjunto mayor o más variado de bienes.
El área de mercado se equipara al concepto de área de influencia, que deriva de los lazos funcionales que se producen entre los asentamientos de población y su entorno territorial, y del carácter de dominación que tienen muchas de estas relaciones como consecuencia de la jerarquización de las actividades y, a través de ellas, de los núcleos. Las áreas de influencia son ámbitos territoriales que coinciden con los campos gravitatorios delimitados por los flujos.
¿Cómo se distribuyen los bienes o servicios sobre una región? Christaller parte del concepto de isotropía en un sentido muy amplio: una región llana, de fertilidad uniforme, de recursos naturales uniformemente repartidos, con una población distribuida por igual y del mismo poder adquisitivo, con una red de transporte semejante en todas las direcciones. Evidentemente, las áreas de mercado son circulares.
La distribución espacial de los núcleos en un espacio isotrópico, empero, no se desarrolla gráficamente en círculos, pues estos dejan intersticios sin relaciones, y no es óptima la yuxtaposición de las áreas, pues se forman zonas con múltiples disputas. La solución de Christaller es, gráficamente, trazar una bisectriz en esa zona de disputa, formando figuras (con líneas rectas) hexagonales (la forma más eficiente). Estos lugares centrales se disponen según una retícula triangular (si fuera cuadrada sus áreas comerciales circulares dejarían espacios sin abastecer o solaparían sus áreas de influencia).
Un lugar central de mayor tamaño incrementa el área de mercado (su hexágono es mayor) y un bien muy especializado también incrementa su área de mercado. Se configura así un hexágono enorme para la metrópoli, que incluirá en su seno hexágonos más pequeños para las ciudades de menor rango y así sucesivamente, en diversas escalas.

La relación entre los lugares de niveles distintos.
La relación entre el lugar central de nivel superior con los centros del nivel inmediatamente inferior se rige, según Christaller, por tres criterios o principios de organización: k=3, k=4, k=7, que se corresponden, respectivamente, al mercado, al transporte y a la administración.
La distribución espacial de centros de orden inferior presenta un patrón según la respectiva constante k (número proporcional de conexiones con lugares centrales superiores).
El principio de mercado. k=3. Este principio del mercado es el más común y el que más ha sido aceptado por los estudios posteriores. El individuo busca el menor desplazamiento posible a un centro superior. Este individuo se sitúa en un vértice, donde tiene tres centros superiores que le suministran (Christaller entiende que es el principio del mercado porque tiene más centros accesibles que los otros principios, lo que facilita las compras). Cada lugar central tiene seis centros inferiores, sumando 6 x 1/3 = 6/3 = 2. Al sumarse la población del propio lugar central (+ 1) resulta la K=3. Cada lugar central atiende, pues, al doble de la población de un lugar central inferior (un tercio de la población de los seis lugares de orden inferior que le rodean), más la suya propia. La relación es de lugares menores a superiores, 1, 3, 9, 27, 81, 243... Es decir tres pueblos para cada centro comarcal, tres centros comarcales para cada centro provincial, etc. Según la teoría, al pasar de un orden de servicios inferior a uno inmediatamente superior, se triplica la superficie del área comercial. P.e. si el bien central de menor categoría requiere un área comercial de 4 km2, el bien central de orden inmediato superior requerirá 12 km2 (La distancia mínima de 4 km se debe a que Christaller considera que se debe estar a lo más a una hora a pie del lugar central pequeño más próximo).
El número de lugares centrales sigue la misma proporción de k=3, y p.e. si hay 7 ciudades, habrá 14 villas y 42 pueblos.
Ciudades Villas Pueblos Total.
1º Orden: 7 Ciudades, Total 7.
2º Orden: 7 Ciudades, 14 Villas, Total 21.
3º Orden: 7 Ciudades, 14 Villas, 42 Pueblos, Total 63.
La distancia entre los lugares centrales está en función del tamaño: las ciudades están lejos entre sí, las villas más cerca y los pueblos mucho más cerca. La proporción que rige la distancia entre un lugar central y otros de orden inmediato superior es 1,733 (la raíz cuadrada de 3). P.e. si los pueblos están a 10 km de distancia, las villas lo estarán a 17,33 km (10 x 1,733) y las ciudades a 17.33 x 1,733.
El principio del transporte. k=4. La ruta de transporte pasa por la mediatriz. Los lugares se colocan en el centro de cada lado del hexágono, con comunicación con sólo dos lugares centrales. Así el lugar central se relaciona con 6 x 1/2 = 6/2 = 3, con lo que al sumar la propia, da k=4. Así son 4, 16, 64, 216... Este principio se aplica en los casos de las redes urbanas en los que los costos de transporte sean importantes.
El principio político-administrativo. k=7. Los lugares centrales se relacionan con siete lugares: él mismo y los seis lugares de orden inferior, interiores en el hexágono. 6 x 1/1 = 6/1 = 6, con lo que al sumar la propia, k=7. Así son 7, 49, 343... Naturalmente, los lugares secundarios están situados dentro del hexágono y no en su periferia, pues dependen necesariamente sólo del lugar central, sin poder acceder a otros centros, excepto al superior jerárquico de su propio lugar central.

La teoría de Lösch.

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El economista alemán August Lösch (1906-1945), de ideas socialistas, fue autor de Die raumliche Ordnung der Wirtschaft, 1940 (trad. inglés 1954; Teoría económica espacial, trad. español 1957), en el que explica una teoría similar a la anterior, pero con claras variaciones.
La teoría de Lösch no se basa en la de Christaller (Claval, 1963; Bailly, 1978), pues no la conocía, pese a que muchos autores relatan que es sólo una modificación de esta, pero está estrechamente relacionada en su metodología, aunque desde una posición filosófica distinta, ya que al ser socialista intenta desarrollar un modelo de distribución de asentamientos que beneficie al máximo a los consumidores. Su modelo no describe la distribución real de los lugares centrales sino que describe un espacio ideal. De hecho, comienza con un estudio de la localización de las empresas. Los principios (o factores) fundamentales de la localización son: la distancia de transporte de los productos, la producción a gran escala y la competencia.

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Así, desarrolla la tesis del lugar central ideal denominado metrópoli del espacio económico, en el que estarían asentadas todas las actividades centrales (todos los bienes y servicios centrales).
Mientras que Christaller suponía que los empresarios podían aumentar sus beneficios simplemente variando su localización respecto a los lugares centrales, Lösch supone que en ese espacio ideal los desplazamientos de los consumidores para adquirir bienes y servicios serían mínimos y los empresarios tendrían mayores beneficios sólo en cuanto mayor fuese su inversión.
Todo el territorio se organiza alrededor de los núcleos metropolitanos. Hay una desigual distribución de núcleos y de población. La regla es que cuantos más núcleos haya también habrá más población y, por tanto, en las zonas más densas en población el entramado de áreas de mercado será más denso (con más actividades y más especializadas). Las mejores y más densas vías de comunicación conllevan un aumento de densidad de conexiones y de núcleos, con áreas de mercado más densas y pequeñas. Por contra, los espacios menos densos necesitarán áreas de mercado más grandes para conseguir el tamaño necesario de demanda (para alcanzar el umbral).
Las diferencias espaciales entre espacios más y menos densos surgen al actuar las fuerzas de concentración y especialización, con lo que se forma una red de áreas de mercado hexagonales, de tamaño creciente, que configuran la trama urbana, no según la cerrada jerarquía de Christaller, sino según una superposición (a menudo aparentemente irregular), en forma de continuum, de las diversas tramas que obedecen a cada principio de orden. Lösch varia incluso la disposición de las tramas (lo que consigue con unos simples giros de los planos), a fin de que coincida el mayor número posible de funciones en los lugares centrales. Lösch, en su método, analiza primero los centros de menor orden, estudiando la distribución triangular que adoptan en el espacio, así como las áreas de mercado a que dan lugar, desde las de menor tamaño a las mayores. No existe en el modelo una progresión jerárquica de lugares centrales, sino más bien un equilibrio de localizaciones que son resultado a nivel microeconómico de los agentes de decisión. De este modo, los asentamientos del mismo tamaño no necesitan poseer la misma función y los lugares más importantes no necesitan realizar todas las funciones de los lugares centrales menores.
Desarrolla una secuencia matemática que incluye varios sistemas de tipo k (k = 3, 4, 7, 9, 12, 13, 16, 19, 21, 25, etc.) y supone que cada bien o servicio central tiene un alcance interno que se aproxima a uno de los k-sistemas. Todas las redes de mercado hexagonales de los diferentes k-sistemas coinciden en la metrópoli (lo que supone una malla más densa y aparentemente confusa) mientras que los demás centros poseen menos bienes y servicios. El bien central de menor alcance tiene una distribución de k=3, el bien de orden jerárquico superior tiene un k=4 y así sucesivamente.
En suma, propone que la distribución de los núcleos se debe a la vez a varios o a todos los principios, actuando como un conjunto. De ello resulta una superposición de zonas, con una distribución que será irregular. Por lo tanto, varía la localización respecto a la opción de un solo principio. De este modo, un lugar central puede asumir funciones no semejantes a los de su mismo nivel, al integrarse en otros conjuntos, lo que hará más compleja su estructura. Unas zonas tendrán más densidad de lugares y conexiones (y especializadas) que otras zonas.
El esquema básico propuesto por Lösch consiste en una serie de hexágonos, con 18 asentamientos en cada hexágono, y un lugar central en donde se ubica una mercancía o servicio central determinado. Si cada servicio o bien central de orden superior ha de situarse en un lugar central, Lösch considera que cuando el umbral del área comercial oscila entre una y tres veces el área hexagonal básica (mínima), estos lugares centrales se distribuirán según el principio de k=3; si el umbral de los bienes y servicios exige áreas de tres a cuatro veces mayores que la del área comercial básica, el principio es k=4; los que tengan un umbral entre cuatro y siete se regirán por el principio k=7, y así sucesivamente.
El punto central es la metrópoli y a su alrededor se van disponiendo hexágonos de tamaño creciente. Pero no es una disposición geométrica uniforme pues los hexágonos varían en su posición, hay superposiciones, a fin de que en los centros se concentren las actividades. El círculo que rodea a cada lugar central se puede interpretar como dividido en seis sectores de 60º cada uno (6 x 60º = 360º), en el que se dan todas las actividades. Lösch estima que cada sector puede subdividirse en dos subsectores, uno de intensa especialización (rico) y otro de escasa especialización (pobre, por su escasa actividad). El resultado sería un espacio económico organizado por la metrópoli y estructurado en doce sectores (cada uno de 15º): seis de intensa actividad y seis de poca actividad.
En los años 40, Lösch aplicó este modelo a un círculo de 100 km de radio con centro en Toledo (Ohio, EE UU).

Comparación de las características de las tesis de Christaller y Lösch respecto a la jerarquía.
La jerarquía, según Christaller (A) y Lösch (B):
1. A) Jerarquía de bienes y servicios (comercio al por menor). B) Jerarquía en el sector de producción.
2. A) Hay jerarquía de funciones. B) Las funciones son independientes.
3. A) Se pueden obtener beneficios excesivos en el suministro de determinados bienes y servicios. B) Los productores no pueden obtener beneficios excesivos.
4. A) El análisis parte de los centros principales. B) El análisis arranca de los centros menos importantes.
5. A) Se minimizan los desplazamientos individuales. B) Las áreas de mercado son de dimensión mínima.
6. A) El sistema hexagonal es bastante simple. B) La red hexagonal es bastante compleja y es analizada con precisión.

Críticas a la teoría de los lugares centrales.
Las críticas a las teorías de Christaller y Lösch se refieren a que:
1) Ambos consideran el espacio como isotrópico, un espacio perfectamente homogéneo, en el que la superficie es uniforme y plana, con una distribución homogénea de la población (así como es igual su nivel adquisitivo), lo que no ocurre en la realidad, pues el espacio es anisotrópico. En el caso de Baviera en los años 30 parecía así porque todavía no había comenzado la masiva industrialización.
2) No tienen en cuenta los factores administrativos, culturales e históricos, así como el éxodo rural o las novedades técnicas en los servicios que alteran la relación entre los núcleos comerciales. P.e. una autopista introduce deformaciones en la red de lugares centrales, al cambiar los flujos de relaciones; Internet ha introducido un nuevo cambio, de consecuencias aún desconocidas.
3) Explican el espacio sin comprender su evolución temporal, que puede registrar muchos hechos o acontecimientos.
4) Focalizan demasiado la organización del territorio en las funciones terciarias de los núcleos proveedores de servicios, es decir, en los principios de mercado, transporte y administración, sin tomar en cuenta otras actividades no terciarias, como la extractiva y la industrial.
5) La crítica menos fundamentada es que es una teoría ideal, muy abstracta y poco realista. Esta crítica olvida que toda teoría es siempre una abstracción y que la teoría de los lugares centrales explica las condiciones de ocupación de un territorio general, pero que los propios autores reconocían que en cada caso particular y concreto habrá diferencias, a veces pequeñas, otras grandes.
En suma, lo cierto es que los distintos sistemas de ciudades, como las áreas metropolitanas, las conurbaciones, las megalópolis, las regiones urbanas, el campo urbano y la ciudad dispersa, se rigen por factores no isotrópicos. Berry y Garrison (1958) eliminaron en su modificación de la teoría de Christaller la isotropía, pero sí aceptan otras de sus tesis y desarrollaron en especial los conceptos de umbral y alcance (esbozados por Christaller), destacando que hay una estructura espacial jerarquizada de las funciones comerciales y de los servicios, tanto dentro de la ciudad como entre los núcleos de la red urbana.
En cuanto a la teoría de Lösch, se acepta (Johnson, 1974; Bailly, 1978) que es más cercana a la realidad, pero al ser más confusa se la ha preterido en la práctica ante la más sencilla y geométricamente regular de Christaller.

2.2. LA TEORÍA DE BASE ECONÓMICA.
Sus principales teóricos son Sombart, Aurousseau, Hoyt, Mathilda, Thompson, Lowry y Dziewonski. La teoría de base económica pretende explicar y cuantificar la economía de la ciudad. Su tesis principal es la distinción entre las poblaciones urbanas que trabajan para el servicio de la propia ciudad y las poblaciones urbanas que trabajan para el exterior de la ciudad.
Sólo a fines de los años 30 se utilizó por primera vez el empleo para distinguir entre las actividades básicas y las no básicas, es decir las de exportación y las de servicio interno. En resumen, los partidarios de la teoría económica concuerdan en la actualidad en que el crecimiento urbano se produce por las economías externas, por medio de las actividades de exportación (básicas), no sólo las de bienes y servicios (como señala la teoría de lugares centrales), a diferencia de las actividades de servicio a la población propia de la ciudad (no básicas), que no producen un crecimiento urbano.
Sin duda, una parte de la población activa urbana se dedica a la producción de bienes y servicios destinados a la exportación y constituye lo nuclear de la economía urbana. Pero no hay un consenso sobre los métodos y técnicas de medición. En especial, existe el problema del deslinde del verdadero espacio urbano (Bailly, 1978).
Su primer teorizador, a principios del siglo XX, fue Werner Sombart (Der Moderne Kapitalismus, 1902). En su modelo las ciudades del sistema capitalista actúan como agentes importadores de materias primas y exportadores de productos industriales y servicios.
El geógrafo inglés Aurousseau  establece una diferencia entre población primaria y secundaria de las ciudades. La primaria trabajaba en actividades destinadas afuera de la ciudad. La secundaria era la de actividades de soporte de la primaria.

Hoyt: activades básicas y no básicas. El coeficiente de localización.

Resultado de imagen de ciudad, Hoyt: actividades básicas y no básicas.

Hoyt (1939) plantea la teoría definitiva de que en el espacio las ciudades se disponen en función de realizar actividades básicas y no básicas. Básicas en el sentido de destinadas a la exportación fuera de la ciudad (una fábrica de automóviles). No básicas son las que se destinan a la demanda local (una panadería). Algunas actividades son a la vez básicas y no básicas (p.e. un gran almacén como El Corte Inglés), y su distinción es difícil, por lo que se propone diferenciar entre población activa básica y no básica. Se mide con el coeficiente de localización de actividades, por la fórmula:
Q = (Oi / Ot) / (OI / OT)
El coeficiente de localización es igual a la división de dos números; el primero es la división del número de ocupados en una industria por el de ocupados de la ciudad, el segundo es la división del número de ocupados en una industria en el territorio (a nivel superior) por el de ocupados del territorio (el nivel superior: isla, región, país). P.e. un coeficiente de 1:6 de comercio significa que en una ciudad de 60.000 habitantes hay 10.000 empleos en el sector de comercio. Pero, hay problemas censales tales cómo descubrir dónde trabajan o que una industria pueda dedicarse sólo a la exportación aunque su proporción respecto a la media regional sea baja; una universidad privada en una gran metrópoli o en una pequeña ciudad puede tener estudiantes casi todos ellos extranjeros, pese a ser pequeña y parecer superficialmente que es una actividad no básica.

Mathilda y Thompson.
Mathilda y Thompson desarrollan su propio índice, el Mathilda-Thompson. Estos autores procuran medir el superávit de ocupación en el conjunto de actividades.
S = E [ei - (et/ET x EI)].
El superávit es igual al sumatorio de empleados de la industria, menos los empleados de la ciudad divididos por los empleados totales (esta división se multiplica por los empleados totales de la industria).

Modificaciones de la teoría de base económica: Lowry y Dziewonski.
Lowry presenta la teoría del multiplicador económico: al haber una determinada proporción entre actividad básica y no básica, la básica actúa como impulsora de nuevas actividades y atracción de más población activa.
El geógrafo polaco Dziewonski (1966, 1972) expone una teoría que supera la distinción entre básica y no básica; propone una diferenciación en ciudades comunes y especializadas. La especialización es independiente del tamaño de la ciudad y se basa en el tamaño del área de mercado, mientras que las actividades comunes tienen un área de mercado sólo local. Las ciudades viven continuos cambios, por lo que su especialización varía (lo que afecta también a su tamaño y su rango).

Tesis y críticas de la teoría de base económica.
En la teoría económica se establece que hay una relación entre el tamaño de la ciudad y el carácter básico o no básico de las actividades. Se considera que a mayor tamaño hay más basicidad, pero en el gran Madrid, la Universidad Complutense es no básica, mientras que en la pequeña Albacete sí es básica (necesita muchos estudiantes de fuera). ¿Cuál es la basicidad del anillo de influencia de la ciudad? ¿Madrid o Madrid más los núcleos que la rodean? Es un grave problema determinar si son actividades básicas o no básicas. ¿Cómo afecta a la basicidad la conexión con vías de comunicación densas? Cuánto menos dotado sea el núcleo, más cerrado será al exterior.
La localización de industrias y servicios es variable en el tiempo y actualmente las actividades terciarias dominan las sociedades postindustriales, de modo que aquéllas pueden ser tanto básicas como no básicas. Hay una relación difusa. Las actividades terciarias básicas (sector cuaternario: administración, finanzas, información) dominan a las demás y se concentran en unos pocos lugares: las capitales administrativas y financieras.
Unas críticas muy razonables a la distinción entre básica y no básica son: 1) Hay ciudades muy prósperas que no tienen actividades básicas (p.e. las ciudades-dormitorio), mientras que hay ciudades muy especializadas, con una gran proporción de actividades básicas, que, si embargo, sufren una crisis permanente. 2) Hay una gran proporción de la población activa que realiza al mismo tiempo actividades básicas y no básicas (p.e. los empleados de las empresas de energía suministran servicios a la población interna pero también a las empresas básicas).

2.3. LA TEORÍA DE LOS CENTROS DE CRECIMIENTO.
Después de 1945 aparece esta teoría, ante los problemas de planificación de la reconstrucción europea. Intenta armonizar las dos teorías anteriores, de los lugares centrales y de la base económica.

El dominio.
El primer antecedente conceptual es el de dominio (Bogue, 1950), procedente de la Escuela de Sociología de Chicago, según la cual las relaciones humanas se hallan reguladas por la competencia, lo cual resulta en un efecto de dominación. Las grandes ciudades ejercen un gran dominio espacial, y hay otros niveles inferiores de dominación. Surge de este modo una clasificación de ciudades según una jerarquía de dominio: dominantes, subdominantes, influyentes, subinfluyentes.

Los polos de crecimiento: Perroux, Boudeville, Friedman.
A partir de la noción de dominio del territorio, surge la teoría de los centros o polos de crecimiento. Sus teóricos son Perroux (1955), Boudeville (1968), Friedman (1972). Esta teoría pretende explicar los mecanismos del crecimiento en el espacio económico y geográfico, de acuerdo con la composición de los sectores económicos y el efecto de la actuación de los agentes económicos.
La tesis fundamental es que cada ciudad invierte en su crecimiento y el de su territorio, siendo un motor de desarrollo de sí misma y de su entorno. Las ciudades son polos de desarrollo de sí mismas y de su territorio.
Los efectos de dominación y de desarrollo se ligan a las actividades básicas de los lugares centrales. Estas se generan de dos modos:
1) Actividades desencadenantes de nuevas actividades externas en el territorio. P.e. una siderurgia en la ciudad central, que promueve industrias transformadoras en los núcleos dependientes.
2) Actividades dependientes de previas actividades externas, que concentran y transforman los productos de actividades anteriores realizadas en los otros lugares del territorio. P.e. una industria conservera en la ciudad central que depende de (y estimula) la producción de vegetales en el territorio.
Hay una mutua relación de ambos modos de fomento del desarrollo. El crecimiento es jerárquico, creciendo primero los núcleos más altos y difundiendo su crecimiento en los núcleos de niveles inferiores.

Un modelo evolutivo: Myrdal y Hirchman.
Algunos autores intentan interpretar el proceso de urbanización en los países industrializados según un modelo evolutivo. Myrdal (1957) y Hirchman (1958) asientan el marco teórico: la fase inicial aparece en torno a unos focos, los polos de desarrollo, que atraen grandes concentraciones de actividades, servicios, población, creando economías de aglomeración.
1) Una primera fase de concentración, con un efecto de polarización en la ciudad central.
2) Sigue una fase de crecientes deseconomías de escala, por los excesivos costes de la concentración (tráfico, contaminación, incomodidad, elevado precio del suelo...), en contraste con el atractivo de zonas menos desarrolladas.
3) Fase de descentralización, primero con crecimiento de la periferia y finalmente con emigración de la ciudad central a los nuevos polos de desarrollo.
Esta descentralización es propia de los países más desarrollados y es de una gran eficacia funcional y social. Satisface mejor las necesidades de espacio, interacción social, nuevas actividades económicas, etc.
Hirchman (1958) establece una distinción entre dos tipos de actividades verticales. 1) "Hacia delante" (forward linkages) pues sus outputs sirven de inputs a otras industrias. P.e. la siderurgia que conlleva industrias transformadoras como una fábrica de automóviles. 2) "hacia atrás", (backward linkages), que implican la creación de empresas que les proveen de inputs necesarios para su producción. P.e. la industria conservera que estimula la producción de vegetales. Su tesis se fundamenta en el método de input/output de Leontief (1953).

2.4. LA TEORÍA CENTRO/PERIFERIA.
Esta teoría surge en los años 50, con una ambición mayor que las tres anteriores respecto a la explicación total del fenómeno de la localización urbana, pero resulta mucho más endeble en su fundamentación teórica. Está estrechamente ligada a la teoría de los centros de crecimiento.

El modelo pretende explicar las diferencias existentes entre los países desarrollados y los subdesarrollados. Se ha extendido al estudio de las diferencias internas en los países desarrollados, entre regiones desarrolladas y subdesarrolladas. Hay una distinción entre centro y periferia, tanto conceptual como de escala.
En cuanto a los conceptos, el centro es el núcleo dominante y la periferia el territorio (y núcleos) dominado. En cuanto a la escala, hay que distinguir entre relaciones externas entre países o regiones, con un dominio de los desarrollados sobre los subdesarrollados, y relaciones internas entre un núcleo central dominante y una periferia perteneciente a su propia región a la que domina y organiza.
Myrdal (1957) establece el principio de causación acumulativa, según el cual las diferencias entre ambos grupos son crecientes, pues los países (y regiones) ricos acumulan su crecimiento a costa del subdesarrollo de los pobres.

Resultado de imagen de ciudad, teoria Myrdal

Hirchman (1958) insiste en la polarización del crecimiento en los países desarrollados, pero acepta que puede haber una difusión vertical, de modo que haya un desarrollo de los países pobres.
En contra de estas visiones pesimistas, para Reitsma y Kleipenning (1985) la experiencia reciente del creciente desarrollo de muchos países antaño del Tercer Mundo (los Cuatro Dragones Asiáticos, Chile, etc.) ha evidenciado la obsolescencia de las tesis del círculo vicioso de pobreza, el cambio desigual, el crecimiento sin desarrollo, las economías de enclave.
La tesis fundamental que sí se mantiene hoy es que las relaciones son desiguales entre el centro y la periferia. P.e. en la UE, los países del Sur como España, Portugal y Grecia constituirían una periferia respecto al centro constituido por la Europa Central.
Para Bailly (1988) la periferia existe en función de su escasa accesibilidad al centro de decisión, lo que se mide por indicadores como: baja renta per cápita, elevado desempleo, actividades agrarias e industriales de bajo nivel, especialización en actividades en declive, etc.
Para Drabakis-Smith (1990) muchos países han abandonado el estado periférico para acceder a un grado intermedio entre centro y periferia: India, Brasil, Corea del Sur, etc.
En las regiones urbanas (una escala inferior, limitada al seno de los sistemas urbanos), se advierte la pervivencia e incluso el agravamiento de las diferencias entre el centro y la periferia, debido a la creciente urbanización. P.e. Cataluña tendría su centro en Barcelona y una periferia en los Pirineos.
El centro no necesariamente ha de estar en el centro geográfico del territorio. Los centros pueden serlo en sentido único o múltiple: puede haber monocentrismo si hay un solo núcleo central y, por contra, policentrismo cuando hay diversos núcleos centrales equiparables en funciones (hay un cierto "periferismo" en esta trama más equilibrada).

Reynaud y la evolución de la relación centro-periferia.
Alain Reynaud (Espacio y justicia socio-espacial), presenta una evolución de la relación centro-periferia en etapas:
a1) Centro dominante-periferia dominada. El centro concentra las funciones más importantes de justicia, administración, la población, comercio, industria, etc, en detrimento de la periferia, pero es un dominio moderado pues se mantiene un cierto equilibrio en las relaciones entre el centro y la periferia.
a2) Centro hipertrofiado-periferia deshecha. Es un proceso temporal corto e intenso, en el que los flujos periferia-centro son mucho menos equilibrados. Esta desigualdad es acelerada en el tiempo debido a que las distancias son escasas. Hay una hipertrofia del centro, por lo que se producen unas deseconomías de aglomeración (contaminación, tráfico, falta de vivienda...). Es el caso de México capital.
b1) Centro dominante-periferia integrada y explotada.
b2) Hipercentro-periferia integrada y explotada.
c1) Centro declinante-periferia creciente.
c2) Centro y periferia autónomos.
d) Periferia y centro cambian sus papeles: la periferia se convierte en centro y periferia. P.e. Madrid era periferia de Toledo en la Edad Media, para convertirse en su centro en la Edad Moderna.
Las periferias aisladas son las que mantienen relaciones muy débiles con otros territorios (no hay apenas relaciones de dependencia porque realmente casi no hay relaciones externas, como ocurre en los territorios más remotos, de casi imposible vivencia, p.e. los valles montañosos y cerrados de los Andes).
Las periferias de "ángulos muertos" son las que son rechazadas, sin relaciones, sin población (p.e. la Antártida, el centro de Australia y del Sahara).
En los países desarrollados hay un proceso de metropolitanización (rururbanización) del espacio rural, por el que las diferencias entre las zonas urbanas y rurales se difuminan. Mientras que los post-industriales (EE UU, Europa Occidental) se tiende a una descentralización masiva, en los países de Europa del Este se tiende todavía a una concentración en las ciudades centrales.
En un estudio de Berg en 1982 sobre un modelo evolutivo de desarrollo urbano en Europa, para la región urbana funcional (RUF) se consideran cuatro fases, cada una con un proceso interno, de modo que se comienza y se acaba en una centralización absoluta, con unos gráficos de curvas crecientes y decrecientes, con cumbres alternantes.
1) Urbanización. De centralización absoluta a relativa. La ciudad central crece mucho y rápido, y la periferia disminuye o se estanca.
2) Suburbanización. De descentralización relativa a absoluta. Disminuye el crecimiento de la ciudad central y aumenta la periferia (con ciudades satélites).
3) Desurbanización. De descentralización absoluta a relativa. El descenso de la ciudad central es tan fuerte que baja el del área metropolitana. Es el estadio actual en los países más desarrollados.
4) Reurbanización. De centralización relativa a absoluta. Se produciría sólo si en el futuro triunfasen las políticas urbanas de renovación (rehabilitación de la ciudad central).

3. CIUDAD Y TERRITORIO: LUGARES CENTRALES Y ÁREAS DE INFLUENCIA.
3.1. EL GRADO DE CENTRALIDAD DE LOS ASENTAMIENTOS.
Los asentamientos se organizan en una cierta jerarquía, dada por el número y tipología de los bienes y servicios. En los lugares centrales las funciones son la educación, el comercio, etc. El grado de centralidad de cada asentamiento depende del número y la intensidad del carácter de las funciones. Habrá más grado de centralidad cuantas más funciones haya.

Christaller: el método de los teléfonos; el catálogo de establecimientos centrales.
Para determinar el grado de centralidad de los lugares, en la primera versión de la teoría de Christaller se proponía una forma indirecta, con un indicador: el número de teléfonos de cada núcleo, porque en los años 30 los teléfonos se concentraban en empresas, comercios y de las clases medias y altas.
C= Tj - Pj (Tj / Pj).
Centralidad: Teléfonos en el núcleo - Número de población (proporción de teléfonos por población).
Un ejemplo. C= 4.000 -(25.000 / 750.000)= 2.500
Más tarde, Christaller, ante el desarrollo social y el aumento del número de teléfonos, planteó otro medio para medir la centralidad: establecer un catálogo de establecimientos centrales, representando las funciones en las abscisas y los órdenes de centralidad en las ordenadas, de modo que a más funciones correspondía un mayor grado de centralidad. Había ocho funciones económicas (agraria, comercial, industrial, transporte, servicios financieros, educación, sanidad, administración). Se establecía una gradación de cinco tipos: p.e. un grado 1 correspondía a un médico generalista, un grado 5 a un médico especialista.    
Bracey (1958) y Smailes (1944), proponen otros catálogos de funciones y grados de centralidad, variando sólo el número de las funciones. Bracey sólo tres (comercio elemental, mediano, superior). Smailes, para Inglaterra y Gales, sólo cinco (de servicios financieros y administración, pero descartando los productivos no terciarios y de transporte). Son catálogos cualitativos, sin estimar la importancia cuantitativa de la respectiva función.

Davies y el coeficiente de especialización.
Para conocer la centralidad el índice de Davies (1966) estima cuantitativamente las funciones, mediante el coeficiente de especialización. Cada actividad en un sistema urbano tiene un coeficiente C= 100/T
(C: coeficiente de especialización de la función, T: número de establecimientos de la función).
Cada actividad será más especializada cuanto mayor sea el coeficiente. Si hay 20 establecimientos resultará un coeficiente 5 y si hay 50 establecimientos un coeficiente 2. Cuanto más bajo sea el valor de T más alto será el de C.
La centralidad de una función en un lugar central y se determina multiplicando el número de establecimientos de ese lugar central por el coeficiente de esa función en todo el sistema:
Si = Ti x Ci
La centralidad de cada núcleo en todas sus funciones se obtiene con el sumatorio de los productos del número de establecimientos de cada función por los coeficientes de especialización de cada función.
Total Si = E(Ti x Ci)
Cada ciudad adquiere mayor grado de centralidad respecto a las otras, en relación al número de establecimientos de sus funciones. Hay una relación entre población y grado de centralidad, pues se prevé que serán directamente proporcionales. Se expresa gráficamente, con ejes de coordenadas. Esto permite valorar si unos núcleos tienen más o menos centralidad respecto a su población.

3.2. LA DELIMITACIÓN DE LAS ÁREAS DE INFLUENCIA.
Las áreas (campos, esferas o regiones) de influencia de los lugares centrales son los espacios en los que ejercen una influencia mediante el ejercicio de las funciones. Además, junto al área de cada núcleo, cada función de ese núcleo puede tener una específica área de influencia. El área de influencia de cada núcleo será el conjunto espacial de áreas de influencia de sus funciones.
La influencia puede ser directa y en este caso los núcleos tributarios dependen de la ciudad y en ella se abastecen de bienes y servicios. También la influencia puede ser indirecta, a través de una ciudad satélite, que organiza su propio territorio y de la que depende una serie de núcleos.
Hay dos posturas ante este fenómeno, según el hincapié que se haga en la importancia de ambos elementos: 1) La ciudad. 2) El área de influencia. 1) Si se toma la ciudad como protagonista integradora del espacio, se considera que su capacidad de influencia será directamente proporcional a su población, diversidad funcional, etc. 2) Si se toma el área de influencia como protagonista del espacio, su capacidad de influencia se define por el movimiento de demanda en su interior hacia la ciudad; se busca cuál es el último punto, el más alejado, que se relaciona con la ciudad; la ciudad menor gravita dentro de la órbita de la ciudad principal.
Así pues, podemos definir el área de influencia urbana como el territorio en que las relaciones entre los centros incluidos en su perímetro son más fuertes que las relaciones que mantienen con otros centros al traspasar el citado perímetro. Uno de los problemas más graves es el de la delimitación del área de influencia de las diversas funciones que proyecta la ciudad en su umland, pues no coinciden en su extensión. Así, el área de movimientos pendulares de los trabajadores no coincide en sus límites con el área comercial, ni esta con el área de influencia cultural o de determinados servicios especializados.
Los métodos empleados para la delimitación del área de influencia pueden clasificarse en dos grandes categorías: analíticos y sintéticos.

Los métodos analíticos: encuesta, indicadores.
Los métodos analíticos consisten en determinarla, mediante encuesta directa o por correo, preguntando a los habitantes donde acuden usualmente a abastecerse de determinados bienes o servicios (alimentos, ropa, calzado, muebles, consulta de un médico especialista, lugar de estudios, etc.). La encuesta entre consumidores parece ser la más objetiva, según Ferrer. Ejemplos de este tipo de estudios fueron los de Pau Vila (1932) para la Generalitat y de Casas Torres (1972) y sus colaboradores sobre las áreas de mercado de las ciudades españolas. Otros geógrafos emplearon en la delimitación de áreas de influencia indicadores como el área de difusión de la prensa concretado en suscripciones (Park en EE UU; Haughton en Irlanda, 1950), el tráfico telefónico, las líneas regulares de pasajeros de autobuses (Green en Gran Bretaña, años 40), los flujos financieros, etc.

Los métodos sintéticos: gravedad, grafos de flujos.
Los métodos sintéticos son teorético-deductivos.
Destaca el modelo de gravedad, creado por Reilly (1929), que fue el primero en establecer la semejanza entre el área de influencia de una ciudad y el campo gravitatorio. Su fórmula es la misma que la de la famosa ley de gravitación universal de Newton que dice: todo cuerpo atrae a otro cuerpo con una fuerza que es directamente proporcional al producto de sus masas e inversa al cuadrado de la distancia que los separa. Aplicado a las ciudades dice: dos centros atraen el comercio de un lugar intermedio en proporción directa al tamaño de aquéllos y en proporción inversa al cuadrado de la distancia que los separa del lugar intermedio.
F = g x [(Mj x Mi)/ d2]
El mismo modelo gravitatorio siguen Stewart (1958) y Zipf (1963, 1969), que llegaron a conclusiones muy semejantes en sus estudios sobre la regla rango-tamaño. Su tesis es que el flujo de personas, bienes, servicios e información entre dos ciudades depende del tamaño de las mismas y de la distancia que las separa, siendo directamente proporcional a la distancia que media entre ellas.
La fórmula de Stewart y Zipf establece que la interrelación entre dos núcleos es igual a una constante K, multiplicada por el resultado de la división del producto de sus dos poblaciones por su distancia elevada a una constante Q (que depende de la necesidad de la función). K y Q son unas constantes de valores fijos y son las aportaciones de ambos autores a la ley de Reilly.
Ixy = K * [(Px * Py) / (Dxy) elevado a Q]
No es necesario medir siempre la masa de las ciudades ni la distancia, por sus censos de población o en kms, ya que pueden utilizarse otras medidas que sean más acordes con el trabajo de investigación (puestos de trabajo, número de comercios, costos de desplazamiento, tiempo invertido, etc.).
Un ejemplo, con tres núcleos, ABC, con K=1, Q=2:
B (10.000 habitantes) 10 km A 20 km C (5.000)
AB= 10.000 / (10)2 = 10.000 / 100 = 100
AC= 5.000 / (20)2 = 5.000 / 400 = 12,5
Ixy= 100 / 12,5 = 8
Se estudian las relaciones de A con B y C. En este caso la atracción de A a B es mayor que la de A a C. Se puede medir así la atracción de un núcleo.
Converse (1938) modifica la ley de Reilly y establece un planteamiento que permite conocer los límites de las áreas de influencia. El punto de ruptura de las áreas de influencia de dos ciudades se puede calcular por la fórmula:
Dj = Dij / [1 + raíz (Pi/Pj)]
Dj es el punto de ruptura entre la ciudad i (contado en kms a partir de la ciudad j). Dij es la distancia entre las ciudades i y j. Pi es la población de la ciudad mayor i. Pj es la población de la ciudad menor j.
Un ejemplo es el siguiente:
Ciudad i / Dij: 18 kms / Ciudad j
Población i (Pi): 40.000 habitantes. Población j (Pj): 5.000.
El punto de ruptura entre las ciudades i y j:
Dj= 18 / 1 + raíz (40.000/5.000)= 4,9 km
El método gravitatorio, a pesar de los buenos resultados que ha obtenido, debe tomarse con precaución, ya que es una simplificación de una realidad muy compleja. Por ello sirve sólo como aproximación y medio de delimitar áreas de influencia de algunas funciones urbanas, especialmente las comerciales.
Otro planteamiento es el de grafos de flujos, para medir los flujos entre núcleos. Caben dos tipos de estudios de flujos: 1) Análisis primario de relaciones (Dacey, Nystuen, 1961). 2) Análisis múltiple de relaciones (Haggett).
1) Dacey, Nyestuen: análisis primario de relaciones. Emplean diversos indicadores como viajeros de transporte público, número de habitantes que se emplean en otros núcleos, llamadas telefónicas, etc. Se anotan en la matriz los datos de los diversos núcleos y los flujos en dirección a los otros núcleos. En las columnas los flujos recibidos y en las filas los flujos emitidos. Se marca así el mayor flujo emitido, en dirección a un núcleo de superior orden jerárquico (se conoce por la comparación de flujos recibidos y emitidos, pues es de mayor rango el que recibe más llamadas). Con los resultados se deben establecer los grafos entre núcleos. Es primario porque establece sólo el orden de jerarquía.
2) Haggett: análisis múltiple de relaciones. Comienza de modo idéntico, con un cuadro estadístico de los flujos de relaciones entre los núcleos. Compara una propuesta observada con una propuesta teórica. Así construye otra matriz, esta hipotética, en cantidad decreciente en cada columna: 1 flujo de 100, 2 de 50, 3 de 33, 4 de 25, 5 de 20, etc. Se calcula un coeficiente de distribución, comparando la real con la hipotética.

4. LA MORFOLOGÍA DE LAS REDES URBANAS.
4.1. MORFOLOGÍAS TEORÉTICAS.
Isotropía y anisotropía.
La malla teórica hexagonal propuesta por Christaller para las redes de ciudades es hipotética y sólo sirve como modelo explicativo de las relaciones jerárquicas y espaciales. Se critica que es un modelo isotrópico, mientras que la realidad es anisotrópica. Se entiende que en realidad la red urbana se extiende de un modo más irregular en el espacio, cuanto más irregular sea la distribución de los elementos constitutivos.
En la realidad espacial se produce una anisotropía, que puede dividirse en tipos de anisotropía o distorsión:
1) Anisotropía (o distorsión) medioambiental: por la distribución no uniforme de los recursos (los humanamente percibidos como tales recursos explotables, no los recursos naturales no explotables). Hay una desigual distribución de recursos naturales y de agua.
2) Anisotropía (o distorsión) social: por la distribución no uniforme de la población, tecnología, capital... (los factores sociales). Pueden ser distorsiones: A) de actividad económica -economías de aglomeración-, B) de crecimiento de un núcleo principal, con dos formas: a) crecimiento policéntrico (aglomeración policéntrica), con una variante a’) de crecimiento conurbano (si hay continuum urbano entre el núcleo principal y alguno o algunos secundarios), b) crecimiento monocéntrico, del centro casi en monopolio, quedando muy reducidos los centros secundarios, con una variante b’) de máxima concentración, desapareciendo casi los centros secundarios.
3) Anisotropía (o distorsión) histórica (o temporal): una tercera variable anisotrópica es el tiempo, que influye sobre las otras dos, al evolucionar la sociedad urbana debido a factores históricos, técnicos, etc.

La relación entre la regla rango-tamaño y la teoría de los lugares centrales.
Gutiérrez (1984) expone que hay una directa relación, pese a que Christaller dijese de la primera que era una mera elucubración matemática. Bunge afirma asimismo que la regla es la confirmación de la teoría de Christaller.
Las distorsiones que se comprueban al comparar sus resultados se deben a que la población urbana de los lugares centrales no es sólo proporcional a sus funciones centrales, sino también a sus funciones industriales y extractivas. Y también a las anisotropías ya estudiadas, como la localización de recursos, la aglomeración, la evolución histórica, etc.

Procedimientos para evaluar la morfología urbana:
1) Índice de Clark-Evans. Asume los mismos valores que el siguiente método.
Rn= d / 0,5 (N/S)
d: distancia media al vecino más próximo.
2) Índice de vecino más próximo (Rn). Es el método más común para conocer la distribución espacial de los asentamientos, con tres modelos para los tres principales valores Rn: 0 (máxima concentración), 1 (máxima aleatoriedad), 2,15 (distribución regular). Los valores intermedios informan de la tendencia del sistema.          
Rn= 2 x d x raíz N/S
(Rn: índice de vecino más próximo. d: distancia mínima media entre los puntos. N: número de puntos. S: superficie)

4.2. MORFOLOGÍAS DESCRIPTIVAS.
Las formas descriptivas de las redes urbanas son geométricas. Según L. Racionero (1978) pueden distinguirse:
1) Regular: la más eficaz por su armonía, pero la más escasa. P.e. Bélgica.
2) Concentrada: un gran centro principal y un conjunto vacío. P.e. Chile.
3) Aglomerada: con un sistema de nubes de núcleos distribuidos por todo el territorio, en grupos amplios. Corresponde a espacios europeos, salvo excepciones. P.e. Colombia. La variante radioconcéntrica une los rasgos de la aglomerada y la concentrada: los núcleos se distribuyen respecto a un núcleo principal que vertebra el conjunto de las nubes urbanas. P.e. Francia, Inglaterra.
4) Aleatoria: dispersa, sin un orden regular, completamente al azar. P.e. Méjico.
5) Lineal: a lo largo de una vía de comunicación o un eje natural o político; es propia de grandes espacios abiertos. P.e. Egipto, Japón.
6) Anular: en forma de medio anillo o línea curva. P.e. Dinamarca. Es una variante de la lineal.
7) Dentrítica: en forma de espina de pez, con una línea de ciudades en la costa y ejes perpendiculares a esta hacia el interior. Es propio de los países colonizados. P.e. Brasil. Es una variante de la lineal.

5. LAS RELACIONES EN LOS SISTEMAS URBANOS.
5.1. LA DISTRIBUCIÓN DE TAMAÑOS.
En 1913 el alemán F. Auerbach constató que existía una relación entre el orden y el tamaño de la población de las ciudades en algunas regiones. Generalmente, la población de la segunda ciudad en tamaño de una región tenía la mitad de la población de la ciudad de mayor tamaño, la tercera un tercio y así sucesivamente.
Empíricamente se demuestra que la sucesión se va atenuando significativamente, pasando de una relación aritmética a una logarítmica. Esta distribución sigue la regla rango-tamaño (u orden-tamaño): una relación inversa entre la población y el rango que ocupa la ciudad. Se expresa gráficamente con un gráfico, con doble escala logarítmica, cruzado (según esta regla) por una recta diagonal. Para Bunge es la confirmación empírica de la teoría de Christaller, pues se demuestra la existencia de una jerarquía urbana.
Hay muchos ejemplos de la relación entre el tamaño del núcleo y el orden de rango del núcleo por sus funciones. A mayor número de funciones corresponde un mayor tamaño del núcleo, y viceversa. En los núcleos en un espacio concreto hay una distribución de tamaños, que puede ser casual o determinada por unos principios organizativos.
Stewart y Zipf constataron empíricamente esta regularidad, diseñando un gráfico de coordenadas y con una fórmula similar a la de Auerbach:
Pn= P1/Rn
(Pn: población de rango n. P1: población de ciudad de mayor tamaño. Rn: rango que ocupa la ciudad de rango n)
A: 1 millón de habitantes (rango 1). B: 0,5 millón (rango 2). C: 0,33 millón (rango 3). Según este modelo, hay una jerarquía numérica según el orden del rango, de manera que existiría una relación directa entre población y rango. Su aplicación obedece a una escala logarítmica, por lo que los primeros rangos son casi aritméticos (con una fuerte pendiente) y los siguientes logarítmicos (casi una recta, con poca diferencia entre los núcleos).
En general se observan muchas irregularidades en la aplicación práctica de este modelo, pero también se advierte que es bastante común en muchos países desarrollados, mientras que, en cambio, no es aplicable en casi todos los países subdesarrollados y en los hay una gran distancia entre la ciudad primacial y la que le sigue en rango (Chile, Argentina, Austria, Portugal). La regla rango-tamaño es una generalización deductiva, por lo que no se ajusta exactamente a la realidad, como vemos en el ejemplo de España, pero sí lo hace en algunos de los rangos de ciudades españolas (la cuarta ciudad, Valencia, casi lo cumple) y es un modelo muy aproximado a la realidad del sistema urbano de EE UU hacia 1930.
El grado de desviación se calcula por la proporción entre el valor teórico y el real, en %, lo que supone una división entre el valor real y el estimado. Cuando el cociente es cercano a 1 entonces la regla rango-tamaño es bastante fidedigna.
C= Pr / Pe
Esta desviación o distorsión se debe a las ya conocidas causas de recursos, sociales y tiempo. Algunos núcleos pueden ser desproporcionadamente grandes (macrocefalia) o pequeños (microcefalia). Los sistemas son así: macrocefálicos, bicefálicos, tricefálicos, microcefálicos...
El índice de primacía permite medir el grado de macrocefalia, dividiendo la población de la primera por la población de las cuatro primeras. A resultado más alto, mayor macrocefalia.
Ip = (P1 / E P4i) x 100
(Índice de primacía = población de la primera ciudad dividida por el sumatorio de la población de las 4 primeras ciudades, multiplicado por 100 para obtener el %)
La medición de la distribución varía según la escala del fenómeno o ámbito espacial (municipio o área urbana, región, Estado, continente...).
Según el número considerado de núcleos la distribución semejará diferente. Si se prescinde del primer núcleo, puede darse que el resto de la red urbana sea muy equilibrado, como en Valencia (o no, como ocurre en Mallorca). Los valores (en %) del índice de primacía varían entre 25 y 100, siendo 25% el de cuatro ciudades en equilibrio y 100 el caso imposible de que existiera una sola ciudad.
En los cálculos de la relación rango-tamaño, el coeficiente de determinación permite considerar otros aspectos:
R = [K * (x-x)*(y-y) /n] / (dx * dy)
(El coeficiente de determinación es igual a la división de dos números, el primero el resultado del producto del sumatorio por x menos la media de x, por y menos la media de y, dividido por el número de ciudades, todo ello dividido por la desviación de x multiplicada por la desviación de y)         

5.2. TAMAÑO Y FUNCIÓN.
Se refiere a la relación del tamaño con la función (tipo de actividad que desarrolla este núcleo en el territorio). La función dominante es equivalente a la ocupación que predomina. P.e. en Salamanca o Cambridge domina la función docente.
Se distinguen los núcleos urbanos y rurales, según cuáles sean las actividades dominantes, urbanas o rurales. La morfología del núcleo será un rasgo poco importante en este sentido. Según la teoría de los lugares centrales, las actividades urbanas son generalmente comerciales o terciarias.
No hay una correlación exacta entre los aumento de tamaño y de funciones, pero sin duda existe una relación.
Gráficamente sigue un trazado convexo, pues a un pequeño aumento de tamaño hay un gran aumento de funciones, pero el aumento de estas es decreciente respecto a los nuevos aumentos de tamaño. La mayoría de las funciones se instalan con una población X no necesariamente muy elevada.
En la teoría organicista, de Friedrich Ratzel, se considera que la ciudad tiene funciones como un cuerpo biológico.
La sociología influye en la teoría funcionalista, con Talcott Parsons, que cree que todo sistema social asegura su existencia con ciertas actividades entre los individuos. Los núcleos habían de mantener ciertas relaciones.

5.3. CLASIFICACIÓN FUNCIONAL.
Clasificaciones tipológicas por funciones urbanas.
Las teorías morfológicas establecen la tipología de la ciudad, de acuerdo a descripciones que se basan en las funciones urbanas.
Talbot (1905) identificó cinco tipos de ciudades en EE UU: 1. Comercial, 2. Industrial, 3. Política, 4. Balneario, 5. De recreo.
Aurousseau (1921) distinguía seis tipos de ciudad (y las respectivas funciones): 1. Administrativa, 2. Defensiva, 3. Cultural, 4. Productiva, 5. Comunicación, 6. Ocio. Se observaba por la presencia de rasgos (como bases militares, etc.). Había categorías en ellas: ciudad fortaleza o de reclutamiento, minera o industrial, etc.
Chabot distinguía seis tipos (nombres diferentes, pero las funciones similares): 1. Administrativa, 2. Defensa, 3. Intelectual-religiosa, 4. Productiva, 5. Comunicación, 6. Ocio.
Sorre simplifica en cuatro funciones (no había lugar para la producción rural, una función no urbana): 1. Industrial, 2. Intercambio, 3. Social, 4. Ocio.
En suma, las ciudades se clasifican a menudo por sus funciones, aunque la mayoría de ellas tienen múltiples funciones:
Ciudad política. Alberga los servicios político-administrativos, siendo un carácter fundamental en las ciudades más grandes, las capitales macrocéfalas: Madrid, Lisboa, Atenas, París, Londres, Viena... son ejemplos, pero el fenómeno es aun mayor en los países subdesarrollados. La ciudad capital es la ciudad que es el centro de la Administración y de la gestión privada, para un ámbito estatal, como mínimo. Puede que, por su importancia económica o por la división de funciones estatales, haya en un país varias ciudades capitales: Italia (Roma, Milán), Holanda (Ámsterdam, La Haya), Alemania (Bonn, Frankfurt, Berlín), EE UU (Washington, Nueva York)...
Ciudad militar. Muchas ciudades se crearon por su función militar en alturas, puntos de paso de ríos o en zonas pobladas: Toledo, Colonia, Núremberg, Edimburgo...
Ciudad comercial. Se dedica al intercambio de productos y servicios. Todas las ciudades tienen esta función y algunas deben su origen a esta: Ostia, Medina del Campo... Las ciudades comerciales importantes extienden su influencia en su entorno rural e incluso sobre otras ciudades, en círculos que se interseccionan unos con otros.
Ciudad industrial. La actividad industrial se concentra en las ciudades con mejores condiciones de localización.
Ciudad universitaria. Tiene una función de residencia de estudiantes de enseñanza superior: Oxford, Cambridge, Salamanca, Alcalá de Henares, Heidelberg, Upsala...
Ciudad cultural. Conserva su forma a lo largo del tiempo. Salzburgo, Roma, Frankfurt, Venecia, Toledo...
Ciudad religiosa. Es un centro religioso, que atrae multitud de peregrinos y funciones religiosas: Roma, Lourdes, La Meca, Medina, Jerusalén, Benarés... Muchas ciudades han permanecido en la Edad Media gracias a albergar un obispado.
Ciudad de ocio. Se dedica a actividades de turismo, ocio, juego: Mónaco, Marbella, Las Vegas... Tiene problemas de desequilibrio entre las estaciones turísticas y el resto del año.

Clasificaciones numéricas.
Las clasificaciones numéricas se deben a Olsson y Harris.
Olsson (1964) estudia las principales ciudades de Suecia, clasificándolas por su aportación al PIB en los distintos sectores.
Harris (1943) propone que se determine la función por la composición en población activa, en relación a la media urbana de todas las ciudades de determinada escala en EE UU, 605 ciudades de más de 10.000 habitantes.
La función, para ser significativa, debe estudiarse junto a la especialización funcional (comparación relativa respecto a otros núcleos). Se debe calcular el grado normal de la actividad, mediante procedimientos empíricos, arbitrarios o estadísticos. Harris calcula la normalidad con métodos empíricos, de las ciudades norteamericanas, con nueve tipos de especialización o funciones urbanas, en los que el porcentaje de población activa era variable según el tipo de actividad. P.e. una ciudad era universitaria si más del 25% trabajaba en la universidad; comercial al por menor, si más del 50%; etc.

Los criterios arbitrarios.
Los criterios arbitrarios los aplicaron geógrafos suecos, Enquist y Lenguen, en un diagrama triangular. Pero eran discutibles, al tener muchas zonas ambiguas.

El criterio de centralidad de Nelson.
Los criterios estadísticos, desde los años 50, determinan mucho mejor la especialización y permiten una clasificación funcional más precisa.
Según Nelson (1955), que desarrolla el criterio de centralidad, hay dos tipos de sistemas: asentamientos (no ciudades) y ciudades (conjuntos de urbes dominantes a causa de sus funciones). Establece dos estructuras: 1) una estructura morfológica (representada por un mapa de puntos/círculos, de grueso creciente) según el tamaño de la población, 2) una estructura funcional que señala las funciones económicas (se comprueba que las ciudades más grandes son las más diversificadas).
El criterio de centralidad se relaciona directamente con la especialización funcional. Nelson lo calcula a partir de la identificación de las ciudades de EE UU con más de 10.000 habitantes y el cálculo de la proporción "normal" de empleo en cada una de las nueve ramas básicas de empleo, y de la desviación.
La proporción "normal" se obtiene a partir de la comparación de la población de una rama con la población activa total en cada ciudad. P.e. si en una ciudad hay 10.000 trabajadores en total y el sector I (agrario) tiene 2.000, la proporción de la rama I será 20.
La desviación típica se calcula con una fórmula:
S= raíz [(E x2 - N^x2) / N]
S= raíz [(sumatorio de x al cuadrado, menos número de elementos multiplicado por la media de x al cuadrado, todo dividido por el número de elementos]
De este modo el grado de dispersión (pues el número de desviaciones permite establecer un rango) es el que sirve para clasificar las ciudades especializadas en los diversos sectores económicos.
Se determina el índice de especialización con una fórmula:
Nij = (aij - mj) / Tj
[Nij, número de desviaciones tipo por cada rama de actividad (esto es, el índice de especialización). aij, porcentaje de empleo de la ciudad i en la rama j. mj, porcentaje medio de empleo en la rama j. Tj, desviación típica de la rama j]
Este criterio de Nelson le permite distinguir ciudades con cierta especialización funcional, especializadas, muy especializadas, y altamente especializadas. Las 1) de cierta especialización funcional son las que simplemente poseen un porcentaje superior a la media; las 2) especializadas son las que tienen un valor comprendido entre la media y una desviación típica; las 3) muy especializadas son las que tienen un porcentaje igual a la media más dos desviaciones típicas; y las 4) altamente especializadas son las que tienen la media más tres desviaciones típicas.
En suma, el método de Nelson determinaba la ocupación media (normal) de cada tipo de actividad y la comparaba con la de la ciudad particular, y calculaba la desviación estándar. El método permite que una ciudad pueda estar clasificada en dos o más grupos, p.e. el 1) y el 2), con valores distintos para cada actividad.
El método de Nelson, con todo, es arbitrario y cuando la distribución no es normal el área que ocupa una desviación típica por encima de la media no es uniforme. Hay dos cuestiones: ¿Cómo denominar los núcleos de superiores grados de especialización en muchas actividades? Serían ciudades plurifuncionales. Hay muchas ciudades que, según su método, varían de un grupo a otro de acuerdo a la función seleccionada. ¿Y si el grado de especialización es variable en función a las distintas escalas usadas, del territorio en el que se sitúa? P.e. Manacor es de distinta especialización en su comarca, Mallorca, las Baleares, España.
El método de Nelson fue utilizado por Capel (1969) para clasificar las ciudades españolas, calculando la media y la desviación típica de los cinco grupos de actividades seleccionadas (minería, industrias fabriles, comercio, transporte y servicios). Racionero (1981) también lo usó en una clasificación de las ciudades españolas, con ocho ramas de actividad.
Smith (1965), por su parte, utiliza una clasificación multivariable muy sencilla. Consiste en confeccionar un gráfico de coordenadas cartesianas, incluyendo en cada eje los valores de dos variables: porcentaje de empleo en comercio (ordenadas) y en industria (abscisas). Sobre cada eje se traza una perpendicular correspondiente al empleo medio determinado de cada actividad, apareciendo cuatro tipos de categorías de empleo. Cada tipo define ciudades que tienen valores de empleo por encima o por debajo de las dos variables, valores medios en las citadas actividades. El inconveniente es que usa sólo dos variables y las divisiones son, por consiguiente, muy artificiales. Con el avance de la informática se pueden incluir muchas más variables, como hicieron Moser y Scott (1965), que usaron 57 variables para clasificar las ciudades británicas.

El criterio de dos tasas.
Otro criterio estadístico es el método de dos tasas, de los franceses Carrière y Pinchemel (1963). Pretende conocer si el desarrollo de cada rama de actividad urbana es mayor o no a las necesidades propias de la ciudad. Para ello se comparan las tasas de población activa de cada ciudad en su relación con la población urbana del país o la región, así como las tasas de población activa de cada rama de actividad en relación con la población activa urbana de cada uno de los sectores en todo el país o región, unas y otras en tanto por mil. La población básica será el excedente del segundo sobre el primero, en caso de que lo haya.
En la primera tasa se calcula la población activa urbana de una ciudad (x1) y se divide por la población activa urbana del sistema y lo mismo en la segunda, pero dividiendo la PAU del sector de x1 y la PAU del sistema. Al compararlas se conoce la desviación de la especialización. Con este método se conoce si está especializada (lo que se sabía con Nelson) y además si es significativa dentro del sistema.
1ª tasa PAU x1 / PAU sistema
2ª tasa PAU sector x1 / PAU sector sistema

El criterio de Capel.
Capel diseñó un índice funcional, restando las tasas y multiplicando el resultado por el % de la población activa total, dividido por 100.
IF = [tasa 1ª - tasa 2ª) x %PA total] / 100

Críticas.
Hay algunos aspectos críticos a considerar. Para la clasificación funcional hay que distinguir si se calculan los datos sobre toda la población activa o sobre la población activa sólo urbana. En algunos núcleos con actividades pesqueras o mineras, su carácter urbano es más importante que el rural, pese a dedicarse a la producción de materias primas.

El índice IUPA (Índice Urbano de Población Activa).
El índice IUPA (Índice Urbano de Población Activa) explica en qué medida los núcleos son efectivamente urbanos (con actividades urbanas).
IUPA: 1 - (PAag / PAT)
Ya que el poblamiento urbano es concentrado, se puede representar un gráfico, con una directa proporcionalidad entre IUPA y la concentración urbana. Hay varios grados, como p.e.:
Los umbrales desde los cuáles se consideran rurales los núcleos es de -20% de Pconc (concentrada) y un IUPA < 0,2.
Son villas (ciudades rurales) urbanas cuando la Pconc está sobre 50% aunque el IUPA sigue siendo de 0,2 a 0,3.
Los municipios urbanos en actividad pero de hábitat disperso, tienen un IUPA alto (> 0,5), pero con débil concentración, con un 20% o 30% (son las barriadas residenciales del tipo disperso, de chalets).
Cuando la Pconc es importante (> 50%) pero la IUPA < 0,5 de media, se da el caso contrario al anterior.
Pconc y IUPA altos.
Pconc y IUPA máximos.

5.4. LAS RELACIONES DINÁMICAS: LOS FLUJOS INTERURBANOS.
Hay tres categorías de relaciones (flujos): demográficas, económicas y culturales.
Estas relaciones se dan respecto a las funciones urbanas. Las relaciones entre dos ciudades son referentes a su jerarquía respectiva; pueden ser verticales u horizontales en la jerarquía. El flujo es un indicador de la función urbana y de la jerarquía de la ciudad. Los flujos son dinámicos: cambian en el tiempo. Cambian según la categoría a que se refiere y porque pueden cambiar los sujetos (en diversas escalas o en relaciones distintas).
Las relaciones más estudiadas son las comerciales, y en concreto la de oferta y demanda de servicios, que es muy sensible al grado de especialización de la función: cuanto más elemental sea la actividad comercial los flujos serán más cercanos, cuanto más compleja más distancia será admisible. Algunos servicios sólo tienen demanda en unos pocos núcleos (como la ingeniería industrial, sólo demandada en núcleos industriales). Las relaciones entre ciudades definen ámbitos diversos, que tienen una integración distinta según la función.
Estas relaciones entre ciudades y sus ámbitos también cambian a igualdad de actividad, por la diferencia de dotaciones de servicios (sanidad, educación), de manera que el centro mejor dotado atraerá más relaciones. Se pueden planificar los servicios para reequilibrar el territorio.
Otro factor de las relaciones es la accesibilidad de los núcleos. A más accesibilidad habrá más relaciones. Las infraestructuras de transportes y comunicaciones influyen en las relaciones, según su desarrollo o atraso. La red de comunicaciones entre los núcleos establece que los núcleos con más conectividad tienen más relaciones. Pero esta red debe usarse por una demanda para ser eficaz.
Estas relaciones también dependen del carácter monocéntrico o multipolar de los núcleos. Los primeros absorben verticalmente en la jerarquía las relaciones. Los segundos las establecen más en un sentido horizontal.

6. ¿UNA NUEVA SOCIEDAD URBANA?
Surgen nuevos modelos y teorías respecto al desarrollo del proceso de urbanización y el impacto de las nuevas tecnologías en la estructura y funciones de las ciudades en los países desarrollados y en la UE.
Hay una contradicción entre los sistemas urbanos en crisis y los que están en auge.
En los sistemas urbanos hay una contradicción en el desarrollo de algunos sistemas o ciudades, entre, por un lado, las ciudades que han quedado desplazadas a perder peso e influencia debido a que son ciudades con industrias básicas en crisis, y, por otro lado, las ciudades que gozan de una recuperación o transformación económica, gracias a una creciente terciarización y a nuevas actividades industriales con tecnología más avanzada.
Los sistemas urbanos son de creciente extensión, por la mejora de las comunicaciones y la globalización económica, informativa y cultural. Son sistemas trasnacionales, superando las fronteras políticas. El eje Londres-Rin-Milán, y el eje mediterráneo crecen en importancia. Las áreas metropolitanas se han revitalizado, uniéndose a los ejes, como son ejemplos Barcelona, Sevilla, etc.
Hay una creciente descentralización institucional. La dinámica de los sistemas urbanos trasnacionales hace que las instituciones con competencias de ordenación del territorio, infraestructuras, y económicas, se diversifican en diversos niveles (más autonomía regional y local).
El impacto de las nuevas tecnologías, difícilmente medible, en los sistemas productivos y la localización y sentido de la residencia (el teletrabajo a domicilio). Podría haber un futuro con ciudades en que la información a distancia es predominante sobre el transporte en automóvil. Una ciudad informatizada antes que del automóvil. Gran parte de la problemática actual de la ciudad se podría solucionar con esta diversificación y descentralización. Las ciudades intermedias, de nivel jerárquico medio, se revalorizarían, lo que mejoraría la regularidad del sistema urbano.

Ciudad post-industrial.
Esta es una civilización de masas urbanas: en Gran Bretaña el 80% de la población es urbana. Las metrópolis se extienden por inmensos territorios, integrando espacios urbanos y naturales discontinuos, gracias al progreso del transporte y de las telecomunicaciones, con una dispersión de la población alrededor de los núcleos principales, en ciudades de tipología diversa: dormitorio, jardín, región, radiante, satélite...
Las ciudades ofrecen bienestar, cultura, trabajo, seguridad, confort, diversidad de opciones... Estas ventajas se reducen con el anonimato y el olvido de la dimensión individual del hombre. El problema es cómo equilibrar comunidad e individuo, de modo que se respete a la naturaleza y se garantice el futuro de la Humanidad.
Las principales preocupaciones del urbanismo son la proporción entre la superficie edificada y la zona de solares (índice de superficie construida), entre volumen de construcción y superficie para tráfico.
La densidad de población aconsejable es de 500 habitantes y de 150 viviendas por hectárea (las grandes urbes europeas doblan este promedio). Otro problema es la distribución social, pues el ideal sería que las diferentes clases sociales estuvieran representadas en forma vertical en los diferentes barrios y grupos de viviendas, mientras que en la realidad están separadas horizontalmente, con unas zonas de alta calidad y otras de baja calidad urbanística.
El desarrollo de las megaurbes obliga, asimismo, a crear varios centros urbanos y ciudades satélites, con ejemplos conocidos en Europa: Gran Bretaña, países escandinavos y Alemania.
Chueca acierta en su crítica del proceso de especulación en las nuevas ciudades industriales. El aumento del valor del suelo dejó éste en manos de un pequeño grupo social de constructores y urbanizadores, que buscaron el interés privado y no el público. En España la Ley del Suelo de 1956 fue un intento desafortunado en la práctica de ordenar el urbanismo en todo el país (art. 1), abandonando el laisez faire, como contraproducente para los intereses del conjunto del sistema económico.
En España el problema del urbanismo incluso ha exigido un tratamiento constitucional, pues la Constitución de 1978 dice (art 47): «Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias (...) regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación».

Ciudad socialista.
En la URSS, China y los restantes países de régimen socialista la urbanización ha sido controlada por el Estado, con un moderado éxodo rural hacia las ciudades, planificación de nuevas ciudades, ordenación en serie de los edificios... Pero no se han conseguido los ambiciosos objetivos impuestos, persistiendo la desigualdad de condiciones de vida entre la ciudad y el campo (con malos servicios) y se enfrentan ahora a un creciente éxodo rural descontrolado.

Ciudad del Tercer Mundo.
Es un proceso explosivo, lleno de problemas de masificación y descontrol. Sus características son:
Elevado indice de crecimiento. Ejemplo es la Ciudad de México, que ha pasado de 5 millones de habitantes en 1960 a 25 millones en la actualidad y sigue creciendo. En el año 2000 habrá 15 ciudades de países subdesarrollados entre las 20 mayores del mundo.
Sistema urbano desequilibrado. Las capitales políticas y económicas absorben la inmensa mayoría de la población urbana, a veces la mitad de la población del país: casos de Montevideo y Buenos Aires. Hacen falta enormes cantidades de viviendas y servicios. Los problemas son descomunales: sólo en América Latina hay un déficit de 35 millones de viviendas, lo que afecta a 170 millones de personas; y en África el problema es mucho mayor.
Segregación espacial y marginalidad. Hay barrios lujosos y miserables separados por una corta distancia.

La distribución mundial de la población urbana.
En los países desarrollados. Se concentra en Europa occidental (con la más diversificada y equilibrada concentración urbana), las capitales de la Europa del Este y Mediterránea, la región noreste de EE UU (la megalópolis -concepto de J. Gottman- "Boswash" de Boston-Washington, a lo largo de 600 km) y su parte vecina en Canadá, el sureste de Australia, la costa sureste de Japón. Destacan las grandes ciudades de Nueva York, Chicago, Los Ángeles, Filadelfia, Detroit, San Francisco, Londres, París, Moscú, Madrid, Berlín, Tokio... En el mundo desarrollado la población urbana es más del 60% y en Gran Bretaña más del 80% como ejemplo del futuro que viene.
En los países subdesarrollados. Las capitales de los Estados tienen una macrocefalia gigantesca y creciente, en América del Centro y del Sur, en África y Asia. México es la ciudad más populosa del mundo, con 25 millones de habitantes, seguida de Buenos Aires, Sao Paulo, Rio de Janeiro en América, Calcuta, Bombay, Delhi, Karachi, Bangkok, Yakarta, Seúl, Teherán, Beijing, Shanghái, Tianjin en Asia, El Cairo (la segunda del mundo) y Lagos en África. En estas ciudades es terrible el desempleo, la escasez de viviendas y servicios sociales, la marginación social...

Revisión de modelos teóricos sobre la génesis y evolución de los espacios metropolitanos.
Gutiérrez Puebla (1993) explica que las teorías de las etapas del desarrollo urbano más aceptadas actualmente se basan en el estudio de las interrelaciones funcionales en las áreas metropolitanas. Se plantean tres modelos teóricos: 1) la evolución de las interrelaciones funcionales (Herbert y Thomas), 2) la evolución de la economía de los centros suburbanos (Erikson), 3) la evolución de la distribución espacial de la accesibilidad (Chapman).
1) La evolución de las interrelaciones funcionales (Herbert y Thomas, 1982). Hay tres estadios históricos de evolución: pre-industrial, industrial, post-industrial.
A. Pre-industrial: el núcleo urbano. Las ciudades son pequeñas y compactas. Relaciones limitadas a un área muy próxima (un día de viaje), debido a los medios de transporte tradicionales.
B. Industrial: el área urbanizada. Las ciudades son más grandes, a lo largo de los ejes de transporte, como unos tentáculos. Relaciones más amplias en el espacio, gracias a los nuevos medios de transporte (tranvías, metros, ferrocarriles).
C. Post-industrial, con ciudades periféricas muy grandes, comunicadas con automóviles y otros sistemas de transporte muy eficientes. Se desarrollan ciudades satélites. Tiene dos subestadios: I. La región urbana (los núcleos periféricos dependen totalmente de la gran ciudad central, en una disposición radial). II. El complejo metropolitano (se desarrollan las relaciones entre las ciudades de la periferia, en una disposición policéntrica). Los autores no abordan las causas de este cambio de radial a policéntrico.
2) La evolución de la economía de los centros suburbanos (Erikson, 1983). Erikson estudia la evolución entre la región urbana (I) y el complejo metropolitano (II), y lo explica por la economía, con tres fases.
A. Derrame y especialización. Surgen los primeros núcleos suburbanos, muy cercanos a la ciudad principal y con rápido crecimiento inducido por la ciudad principal. Empleo especializado.
B. Dispersión y diversificación. Área metropolitana que crece en extensión, con núcleos cada vez más periféricos. Empleo especializado. Los núcleos suburbanos preexistentes tienden a madurar, diversificando su actividad y algunos se convierten en subcentros metropolitanos.
C. Colmatación y polinuclearización. El espacio metropolitano se colmata con nuevos núcleos suburbanos. Los núcleos anteriores maduran, resultando un conjunto de subcentros metropolitanos, formándose un sistema policéntrico.
3) La evolución de la distribución espacial de la accesibilidad (Chapman, 1979).  El modelo diferencia cuatro estadios, según la accesibilidad (tiempo de distancia desde el centro). Se ve en la evolución de Palma, desde la ciudad peatonal y la ciudad del carril, a la ciudad del coche y de la autopista.
a) Ciudad peatonal. De forma compacta. Se emplea el paso.
b) Ciudad del carril. De forma tentacular, con ejes radiales del transporte público (tranvía y ferrocarril).
c) Ciudad del automóvil. De forma compacta. Hay más accesibilidad en la periferia (anillo de circunvalación) que en el centro (congestionado).
d) Ciudad de la autopista. Se amplía el área metropolitana, con núcleos bien comunicados en la periferia gracias a las autopistas, mientras los demás núcleos y el centro están peor comunicados.
Gutiérrez Puebla critica a Chapman en dos puntos: a) Sólo considera la accesibilidad según el modo de transporte dominante, ignorando que en la actualidad (en Europa) hay dos sistemas de transporte, privado y público, y que el centro tiene generalmente un buen transporte público radial. b) En áreas metropolitanas maduras es frecuente encontrar sistemas radioconcéntricos, con vías radiales que se completan con anillos de circunvalación, con puntos de intersección entre ambos que se reflejan en su desarrollo como nodos suburbanos tanto residenciales como industriales.

Una interpretación sintética de la dinámica metropolitana.
Gutiérrez Puebla propone una síntesis, integrando los modelos anteriores en uno, con dos etapas:
A. El sistema metropolitano centralizado. Hay un dualismo entre un centro dominante y una periferia dependiente de este. La ciudad central, desproporcionada, se rodea de un espacio metropolitano inmaduro. La población de los núcleos suburbanos crece rápido pero el empleo es especializado. Las interrelaciones son radiales, con un transporte radial, con un acusado gradiente de accesibilidad desde el centro hasta la periferia.
B. El sistema metropolitano policéntrico. Hay un reequilibrio funcional del territorio, con presencia de subcentros metropolitanos. Algunos de los núcleos suburbanos se convierten en auténticos subcentros metropolitanos, con un empleo numeroso y diversificado. La red de interrelaciones es diversificada, con un transporte diverso, con ejes radiales y anillos concéntricos, unidos en puntos de conexión con un alto nivel de accesibilidad. Las grandes vías de comunicación son barreras (bordes) y conllevan un gran impacto ambiental.

El tránsito del sistema centralizado al policéntrico.
1. No hay que interpretar lo anterior de una forma determinista. Los sistemas metropolitanos maduros son más policéntricos, pero las políticas de la Administración pueden variar el proceso, al primar más las infraestructuras concéntricas o las radiales.
2. No hay un sistema mejor que el otro. Thomson (1977) considera mejor el sistema centralizado para las ciudades de tamaño moderado -por la economía de aglomeración-, pero cuando el tamaño es excesivo entonces es más útil el sistema policéntrico -que reduce las tensiones espaciales del centro-.
3. Las tendencias descentralizadoras crecen en Europa Occidental. La periferia crece, en detrimento del centro, debido a las deseconomías de aglomeración y a las nuevas infraestructuras en la periferia. Klaassen (1991) resalta como factores de deslocalización, hacia la periferia, el deterioro de la accesibilidad del centro y la necesidad empresarial de espacio. Las empresas industriales y de servicios acuden a la periferia (polígonos industriales, hipermercados y centros comerciales).
4. La migración del empleo hacia la periferia produce cambios en las pautas de movilidad metropolitana. Se acercan la vivienda y el empleo, para reducir el tiempo de transporte. Los nuevos centros deben ser casi autosuficientes y tener una buena comunicación entre sí. Los centros suburbanos pueden sufrir problemas nuevos de congestión. En los sistemas centralizados el transporte radial es un gran problema porque el transporte es unidireccional y en los mismos horarios, mientras que en los sistemas policéntricos el transporte radial es bidireccional. El transporte público es predominante en el sistema centralizado y en los ejes radiales (la congestión encarece y dificulta el privado), mientras el privado domina en el sistema policéntrico y en los ejes de circunvalación (al no haber congestión).
5. La pérdida de empleos y población en la ciudad central plantea nuevos problemas y oportunidades. Primero pierde población y después pierde actividades, con lo que los ingresos disminuyen y la degradación puede alcanzar graves niveles. Pero surge la oportunidad de que la descongestión debida a ese mismo abandono permita una renovación del centro: rehabilitación de edificios, peatonalización, hasta llegar a la mejora de la calidad de vida y la atenuación de la emigración del centro a la periferia.