Blogs de Antonio Boix

Mis blogs son Altamira (Historia del Arte, Cine, Televisión, Fotografía y Cómic), Heródoto (Ciencias Sociales y Pensamiento) y Mirador (Joan Miró, Arte y Cultura Contemporáneos).

domingo, 26 de marzo de 2017

Dosier: La trama Rusia-Trump.

Dosier: La trama Rusia-Trump.




Moisés Naín, en Dictaduras, 1 – Democracias, 0 [“El País” (29-I-2017) http://internacional.elpais] resume la intervención de Rusia en las elecciones de EE UU.
‹‹(…) El gran elector de estas últimas elecciones no fue el jefe del FBI. Fue Vladímir Putin. (…) Hoy sabemos que mientras Comey y sus colegas estaban dedicando “todos los recursos” a los correos de Hillary Clinton, Vladímir Putin estaba llevando a cabo una masiva campaña destinada a impedir su victoria en las elecciones. El director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos acaba de hacer público un informe preparado por la CIA, el FBI y la Agencia Nacional de Seguridad. Su título es Evaluando las actividades e intenciones de Rusia en las recientes elecciones de Estados Unidos. (…) algunas de sus alarmantes conclusiones:
“En 2016 Vladímir Putin ordenó una campaña dirigida a influir en la elección presidencial de EE UU. Sus objetivos eran socavar la confianza del público en el proceso democrático, denigrar a Hillary Clinton y dañar su elegibilidad y potencial presidencia. También concluimos que Putin y el Gobierno ruso desarrollaron una clara preferencia por Donald Trump. Tenemos una alta confianza en estas evaluaciones”.
“La campaña de influencia de Moscú siguió una estrategia que combina operaciones secretas de inteligencia —como actividades cibernéticas— con abiertos esfuerzos por parte de agencias gubernamentales rusas, medios financiados por el Estado, terceras partes e intermediarios, así como activistas de medios sociales pagados o trolls”.
“Evaluamos con gran confianza que el GRU (inteligencia militar rusa) transmitió a WikiLeaks el material que obtuvo del DNC (Comité Nacional del Partido Demócrata) y de altos funcionarios demócratas”.
“Rusia también recaudó información de algunos objetivos afiliados a los republicanos, pero no llevó a cabo una campaña de divulgación comparable”.
En 2012, León Panetta, entonces secretario de Defensa de Estados Unidos, alertó de que su país corría el riesgo de ser víctima de un “Pearl Harbor Cibernético”. Así como Japón causó estragos cuando en 1941 atacó por sorpresa la base naval de Estados Unidos en Pearl Harbor, los actuales agresores pueden hacer algo parecido utilizando Internet. Según Panetta, en su versión contemporánea, un ataque cibernético por parte de un agresor extranjero podría inutilizar la red eléctrica del país, bloquear el sistema de transporte, hacer colapsar el sistema financiero, paralizar el Gobierno y así causar daños aún mayores a los que hubo en Pearl Harbor. Aunque este tipo de ataque cibernético masivo y simultáneo que preocupaba a Panetta aún no ha ocurrido, Estados Unidos ha venido siendo blanco creciente de ataques cibernéticos parciales con graves consecuencias. Organismos gubernamentales como todo tipo de empresas privadas han sido víctimas de estos ataques.
Pero este más reciente ataque de Rusia es diferente. Su propósito no fue dañar máquinas, armamentos y edificios sino las instituciones democráticas del país. El informe publicado por las agencias de inteligencia muestra claramente que Estados Unidos fue víctima de un Ciber-Pearl Harbor pero político. El ataque fue un intento de sesgar los resultados de las elecciones estadounidenses a favor de los intereses de una potencia rival: Rusia. (…)››

Resultado de imagen de Michael Flynn y Putin
Michael Flynn y Putin en una comida en 2016.

Lluís Bassets, en Agentes de Moscú [“El País” Ideas 93 (19-II-2017)] incide en el estruendoso caso de la dimisión del consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn (asesor de empresas rusas dependientes del Gobierno de Putin), uno más del amplio círculo trumpiano envuelto con los rusos:
‹‹La bomba ha tardado 24 días en estallar. Michael Flynn, general retirado de tres estrellas, veterano de la guerra global contra el terror y especialista en inteligencia militar (…). Entró en la Casa Blanca con Trump el 20 de enero, gracias a que su cargo no necesita la aprobación del Senado, y ha salido a trompicones el pasado lunes con una carta de dimisión en la que reconoce que informó al vicepresidente y a otras personas de forma incompleta respecto a las conversaciones telefónicas con el embajador ruso; un fallo que adorna con malas excusas como la inexistencia de mala voluntad y “la rapidez de los acontecimientos”.
(…) Flynn tiene un excelente historial militar y un mediocre y controvertido currículo como gestor. (…) Su nominación puede interpretarse al menos en dos claves: primera, la persistente dificultad que tiene Trump para encontrar personalidades destacadas para los puestos más sensibles de su Administración que no hubieran tomado distancias con su campaña y con sus declaraciones y comportamientos incorrectos; segunda, la buena sintonía entre las ideas políticas extravagantes y conspiranoicas de Flynn y las explicaciones infantiloides que demanda el nuevo presidente. (…) lo más sorprendente es que Flynn se ha acomodado al proyecto trumpista hasta actuar como un auténtico agente de Moscú en la Casa Blanca.
Flynn no ha sido destituido por proporcionar “inadvertidamente una información incompleta” al vicepresidente, sino por una ristra de fallos que salpican al presidente y pueden comportar incluso acusaciones penales. El primero es el mero contacto con el representante de un Gobierno extranjero antes del relevo presidencial sin contar con mandato alguno. El segundo es el contenido del contacto: la conversación entre Flynn y el embajador de Moscú versó sobre el levantamiento de las sanciones impuestas por Barack Obama en represalia al espionaje ruso a la campaña electoral demócrata. Y el tercero son las mentiras al vicepresidente y, lo que es más grave, al FBI en el momento en que se interesó por los contactos. Según el Departamento de Justicia, las conversaciones podrían ser utilizadas por Rusia para chantajear a Flynn en su cargo como consejero de Seguridad.
Por parte de Trump se produce un error de juicio en el nombramiento, que solo puede explicar un error todavía mayor como sería que el presidente estuviera informado y fuera cómplice de sus equivocaciones. Si se tiene en cuenta que otros tres asesores electorales —Paul Manafort, Carter Page y Roger Stone— se han visto obligados a esfumarse debido a su intimidad con los servicios rusos, se entenderá la desazón que produce la mera hipótesis de una complicidad de Moscú en la campaña y, lo que es peor, en las iniciativas de Trump una vez instalado en la Casa Blanca.
La reacción del presidente no hace más que alimentar las sospechas, puesto que sitúa los focos sobre los medios de comunicación que han difundido las informaciones y las agencias de espionaje que las han filtrado. El anuncio de una auditoría, previa a una purga de responsables de inteligencia, no hace más que acrecentar los temores ya no entre los demócratas, sino incluso entre los republicanos más responsables.
Flynn se retrata a sí mismo en su libro como un tipo fanfarrón, truculento e intelectualmente pretencioso, que exhibe un complejo de superioridad muy propio de los militares que han arriesgado y cosechado éxitos en la acción. Su forma de describir el mundo responde a un esquema bipolar, que calca el de la Guerra Fría, y busca una forma de victoria definitiva y reconocida en la que se ve a sí mismo como el máximo protagonista. Con un presidente que desconoce todo de la materia y que no ha hecho ni siquiera el servicio militar, es probable que soñara en convertirse en el héroe americano que venció al terrorismo islamista. Su carácter y su sentido del riesgo también explican su implicación con los rusos, hasta el punto de que pudo traicionar a su país creyendo servirlo.››

FUENTES.
Ximénez de Sandoval, P. La campaña de Clinton acusa a Rusia de favorecer a su rival republicano“El País” (13-X-2016). Wikileaks y el Gobierno ruso estarían detrás de la filtración de mensajes de la campaña demócrata.
Carlin, John. Desde Rusia sin amor. “El País” (13-I-2017). El escándalo del espionaje ruso a Trump.
Naín. Moisés. Dictaduras, 1 – Democracias, 0. “El País” (29-I-2017). La intervención de Rusia en las elecciones de EE UU.
Mars, A. La oscura relación con Rusia sacude de lleno a la Administración de Trump. “El País” (15-II-2017). El asesor de seguridad nacional, Michael Flynn, dimite por sus contactos ilegales con el embajador ruso en diciembre.
Mars, A.; Ahrens, J. M.; Pérez, C. Trump acusa a su espionaje de fabricar la conexión rusa. “El País” (16-II-2017).
Bassets, Lluís. Agentes de Moscú. “El País” Ideas 93 (19-II-2017). El escándalo de la implicación Trump-Putin.
Martínez Ahrens, J. Sessions se inhibe de investigar la conexión rusa tras la protesta masiva del Congreso. “El País” (3-III-2017). El escándalo del espionaje ruso vuelve a acechar a Trump.
Pereda, C. F. La compleja red de contactos entre el presidente y el Gobierno ruso. “El País” (5-III-2017).
Martínez Ahrens, Jan. Trump y el juego de espías de Putin. “El País” (26-III-2017).
Pereda, C. F. Trump ve una caza de brujas en la investigación sobre Rusia. “El País” (1-IV-2017).
Irujo, José María; Carlin, John. El círculo ruso de Trump: la conexión española. “El País” (2-IV-2017). La relación entre Trump y su círculo con Alexander Torshin, un hombre de confianza de Putin investigado en España por blanqueo de dinero y asociación mafiosa.
Irujo, José María. Las pruebas que vinculan al aliado ruso de Trump con un clan mafioso. “El País” (3-IV-2017). Las llamadas entre Alexander Torshin y Alaxander Romanov revelan su nexo con una mafia que blanquea dinero y asesina por encargo.

Pereda, C. F. El jefe del comité de inteligencia se inhibe en la investigación del espionaje ruso. “El País” (7-IV-2017). El congresista republicano Devin Nunes había perdido la confianza bipartidista por sus relaciones con la Casa Blanca.

No hay comentarios: