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domingo, 20 de agosto de 2017

La filósofa húngara Agnes Heller (1929).

La filósofa húngara Agnes Heller (1929).

Resultado de imagen de blogspot, Agnes Heller.

La filósofa y socióloga Agnes Heller (Budapest, 1929), de origen judío  y superviviente del Holocausto, alumna de Lukács, activista en la rebelión de 1956  y luego exiliada, profesora de universidad en Melbourne y Nueva York, actualmente reside en Budapest aunque impartes conferencias en muchos países, analiza los males históricos de la Humanidad, trascendiendo lo inmediato. Escéptica sobre el triunfo de la razón en el mundo actual, sigue creyendo en la bondad y el compromiso ciudadano inherentes a muchas personas como instrumentos para que el bien triunfe, y la filosofía tiene la obligación de enseñar el camino de la libertad, como hicieron Spinoza o Kant. Muy crítica con el régimen húngaro de Orban, es escéptica sobre que su país siga siendo una democracia plena.

Asombra que sus análisis de 1993 sobre la violencia y el totalitarismo sean plenamente vigentes en 2017: ‹‹P. Usted dice que la violencia es omnipresente. ¿Sin salidas?
R. La sociedad moderna es muy violenta en muchos sentidos. Hay una violencia de mercado, una competencia extrema, grupos de presión que luchan ferozmente. Y hay una violencia cuerpo a cuerpo, sangrienta, que la sociedad moderna debe eliminar o al menos intentarlo. Con esa violencia soterrada y competitiva la sociedad puede funcionar, pero no con la sangrienta. Cuando el conflicto latente entre los grupos étnicos se hace combate, ya es imposible la convivencia en el mismo territorio y dichos grupos se pueden llegar a herir tanto que podrían seguir luchando hasta el fin de los tiempos. Esta clase de guerras no pueden terminar con un tratado, cuando una raza ya sólo quiere exterminar a la otra y no llegar a un compromiso.
P. Es pues un diálogo imposible entre fanáticos.
R. Sí, y el fanatismo es siempre una forma de maldad, porque nunca surge de un estallido de insatisfacción, aunque sí puede manipularlo, Sólo las ideas convierten a la gente en fanática, no el descontento social o el sufrimiento. Sólo las ideologías vuelven a las masas fanáticas. El fanatismo sabe combinar muy bien todos los elementos violentos.
P. ¿Son las nuevas generaciones más violentas que antes?
R. No. Simplemente, hemos refinado más las formas de violencia. No podemos considerar los estallidos de violencia, las revueltas, como paradigma o representación del mal, pues son simplemente formas extremas de insatisfacción. Los que organizan la revuelta deben ser castigados, sí, pero también deben ser solucionados los problemas que han conducido a la gente a la revuelta. No podemos asociar maldad con pasión, sino con la razón. El mal surge cuando la razón actúa sobre la pasión. Un principio del mal es cuando desde una raza o un sistema político se dice: "Debemos exterminar a otra raza". o "Debemos eliminar o marginar a un grupo social". Una revuelta puede matar cientos de personas, pero el mal institucionalizado puede matar millones. La justificación del mal no es la pasión, sino el odio, el resentimiento y la crueldad. El problema es que quienes fomentan el mal siempre encuentran una justificación.
P. Y la pena de muerte, ¿puede estar justificada?
R. Hay criminales brutales y tortuosos que no sólo matan en un arranque de pasión, sino que están sustentados por principios malignos y no sienten remordimientos. La cuestión es si ciertas clases de salvajismo justificarían la pena de muerte. La teoría disuasoria es que nada justifica la pena de muerte, porque nada impide repetir el delito. Yo suscribo la teoría la del justo castigo. Si hubiera pena de muerte sólo para castigar a las personas realmente perversas, en el asesinato común tendría mis dudas: el criminal suele delinquir en secreto y es difícil probar las circunstancias. Es diferente con criminales políticos. Son visibles, cometen sus crímenes abiertamente y están orgullosos. Ahí creo que la pena estaría justificada.
P. ¿Habrá nuevos totalitarismos?
R. Nada está excluido en el futuro. Tampoco podemos saber si las democracias liberales sobrevivirán; también hay en ellas elementos de insatisfacción, pero es que la democracia es algo vivo, transformable. Hay un resurgimiento de los pequeños nacionalismos. Los grupos étnicos se autodefinen como separados. Hay un nuevo concepto de raza, que hoy significa ideología, y existe un gran énfasis en la diferencia. La diversidad enriquece la democracia. La cuestión es un acuerdo entre todas las diferencias y opciones, y no fomentar el aislamiento y la hostilidad de los grupos.
P. ¿Y cuál es hoy el papel del filósofo?
R. La filosofía en sí misma no es útil, es algo que el pensador hace por su propio disfrute, pero así desarrolla habilidades que pueden ser útiles para que otros interpreten. Como ciudadano, el filósofo no es más inteligente y no tiene por qué pesar más que los demás. Hay que plantear el papel del filósofo como el de un buen ciudadano que contribuye a la comunidad política.›› [Rivas. Agnes Heller. ‘Sólo las ideas hacen a la gente fanática’. “El País” (14-II-1993).]

Fuentes.
Internet.
[https://elpais.com/autor/agnes_heller/a] Artículos publicados en el diario entre 1983 y 1995.
[https://www.youtube.com/watch?v=uQAzPR7iz5k] Entrevista en inglés con Heller en Guadalajara (2013). 28 minutos.

Artículos.
Heller, Agnes. El Holocausto como cultura. “El País” (28-I-1995). Un análisis del libro de ensayos de Imre Kertész sobre el Holocausto le sirve para meditar sobre la esencia del horror de Auschwitz y a su través la pervivencia del racismo y el totalitarismo. Fue su último artículo en el diario.

Entrevistas.
Rivas, Rosa. Agnes Heller. ‘Sólo las ideas hacen a la gente fanática’. “El País” (14-II-1993).
Altares, Guillermo. Agnes Heller. ‘Solo la razón puede matar a millones de personas’. “El País” Semanal 2.134 (20-VIII-2017).

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