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martes, 1 de mayo de 2012

UD 52. La descolonización de Asia y África: Los problemas del Tercer Mundo.

UD 52. LA DESCOLONIZACIÓN DE ASIA Y ÁFRICA: LOS PROBLEMAS DEL TERCER MUNDO.

INTRODUCCIÓN.

1. FACTORES FAVORABLES A LA DESCOLONIZACIÓN.
LA LUCHA CONTRA EL FASCISMO (RACISMO, OPRESIÓN).
LAS POSICIONES ANTICOLONIALISTAS DE LA URSS Y EE UU.
LA ONU, TRIBUNA CONTRA EL COLONIALISMO.
LA ACTITUD DE LAS IGLESIAS.

2. EL DESARROLLO DE LOS MOVIMIENTOS NACIONALISTAS.
LA OPOSICIÓN AL ORDEN COLONIAL EN EL SIGLO XX. BANDUNG.
El surgimiento de los movimientos de liberación (1905-1945).
El afroasiatismo y la Conferencia de Bandung (1955).
LAS REIVINDICACIONES DE LOS PUEBLOS ASIÁTICOS.
LOS MOVIMIENTOS NACIONALISTAS AFRICANOS.
LA OPOSICIÓN DE LAS METRÓPOLIS A LA INDEPENDENCIA.

3. EL DESARROLLO DEL PROCESO DE DESCOLONIZACIÓN.
ASIA.
PAÍSES ISLÁMICOS.
ÁFRICA NEGRA.
AMÉRICA.
OCEANÍA.

4. LOS PROBLEMAS DEL TERCER MUNDO.
LAS CONSECUENCIAS DE LA DESCOLONIZACIÓN. EL NEOCOLONIALISMO.
LA DIMENSIÓN POLÍTICA DEL TERCER MUNDO.
LOS PROBLEMAS ECONÓMICOS DEL TERCER MUNDO.

INTRODUCCIÓN.
El título de la Unidad Didáctica (UD) es ambiguo, porque no considera que la descolonización es un proceso que se extiende también a los otros continentes: América, Oceanía e incluso Europa (caso de Gibral­tar). Incluso la última frase parece contradictoria: el Tercer Mundo se extiende sobre cuatro continentes al menos: Asia, África, América y Oceanía.
La opción es estudiar el proceso de descolo­nización a lo largo del siglo XX, especialmente el posterior a 1945, y referido sobre todo a Asia y África por cuanto en estos dos continentes el colonialismo con­temporáneo fue mayor.
Un resumen.
La descolonización marca el fin de los imperios coloniales de los Estados europeos e implica un gran paso hacia la libera­ción psicológica, cultural y económica de los países del Ter­cer Mundo que estuvieron sometidos a la tutela exte­rior. Quizá la mayor importancia histórica del fenómeno desco­loniza­dor ra­dica en que el Occidente ha dejado de ser el motor y el centro de la Histo­ria.
La descolonización efectiva como un fenómeno histórico general fue una consecuencia directa de la II Guerra Mundial. Entre 1945 y 1963 se produjo un hecho que in­fluiría decisiva­mente en la his­toria mundial de la segun­da mi­tad del siglo: casi todos los países de Asia, África y América que ha­bían sido colonias europeas obtuvieron su inde­pendencia, porque cuando esta se reclamó ninguna de las metrópolis europeas estaba en condi­ciones de mantener su dominio colonial. El esfuerzo militar, económico y social que esto hubiera exigido no esta­ba al alcance de unos Estados arruinados por la guerra, como demostró la realidad cuando se intentó el esfuerzo, con costos tan grandes y resultados tan pobres que pronto se desis­tió, pese a los problemas comerciales o humanos que la pérdida de los imperios provocaba.

1. LOS FACTORES FAVORABLES A LA DESCOLONIZACIÓN.
LA LUCHA CONTRA EL FASCISMO (RACISMO, OPRESIÓN).
La descolonización se fundamenta ideológicamente en un principio, el derecho de los pueblos a la autodeterminación, sostenido por la corriente de pensamien­to liberal-nacional a partir de la independencia de EE UU y la Revolución Francesa.

Pero su plasmación práctica fue consecuencia de los cambios de la mentalidad social causados por la II Guerra Mundial: se ha­bía luchado contra el fascismo por la cau­sa de la libertad, y la mayoría de la población de Occidente ahora creía que también debía llegar a sus propias colonias, porque no era moral criticar el ra­cismo y la opresión de los re­gí­menes fascistas y luego realizar la mis­ma política racista y opresora en las colonias.
LAS POSICIONES ANTICOLONIALISTAS DE LA URSS Y EE UU.
La gue­rra había otorgado la hegemonía mundial a dos grandes potencias, EE UU y URSS, con­tra­rias al colonialismo por varias razones.
Los EE UU querían defender altruistamente la libertad de los pueblos para deci­dir su propio destino (el mismo ideal al que de­bían su inde­penden­cia) y, más interesadamente, conseguir mercados para el comer­cio y asegurar su hegemonía militar en el mundo en medio de la Guerra Fría.
La URSS compartía el principio del derecho a la indepen­dencia de las colo­nias respecto a los paí­ses imperialis­tas y además confiaba en atraer a los nuevos países a la causa del socialismo, en el marco de su confrontación a largo plazo con el sistema capi­talista.
LA ONU, TRIBUNA CONTRA EL COLONIALISMO.
La ONU fue una tribuna para todas las críticas contra el colonialismo. Su fuerza como órgano decisorio fue esencial, pues cuando se adoptaban las decisiones en el Consejo de Segu­ridad y en la Asamblea General a favor de la independencia muy pocas potencias coloniales podían resistir la presión de sus propias opiniones públicas sin perder su prestigio.
La Carta fundacional de San Francisco (1945), al afirmar solemnemente el principio de autodeterminación, aceleró el pro­ceso. Se estableció un sistema de tutela (cap. 12) y se redactó una declaración sobre las obligaciones básicas que debían cum­plir las potencias que tenían a su cargo territorios no autóno­mos. El deber de informar al secretario general sobre los pro­gresos alcanzados en el proceso de autonomía sirvió para esta­blecer un control internacional, más exigente a medida que nue­vos países descolonizados accedían a la ONU.
La Asamblea Gene­ral adoptó en 1960 una resolución en la que se declaraba que la sujeción de los pueblos a la dominación extranjera era contra­ria a la Carta y un impedimento a la paz mundial; en consecuen­cia debían darse los pasos necesarios para la plena independen­cia de todos los territorios no autónomos.
En 1961 se creó el Comité especial de descolonización, que planteaba a la Asamblea los problemas pendientes. Sudáfri­ca, Rhodesia y Portugal fueron reiteradamente condenados por mante­ner regímenes o colonias que eran contrarias a la Carta, pero las potencias occidentales impidieron una intervención mi­litar, lo que permitió que muchos perdu­raran hasta los años 70 y en el caso de Sudáfrica hasta 1994.
LA ACTITUD DE LAS IGLESIAS.
La Iglesia católica y las protestantes de­mostraron una gran sensibilidad a la causa na­cionalista, puesto que ha­bían logrado una gran implantación social en las colonias y los sa­cerdotes de estas pedían defender los derechos de sus feli­gre­ses. Lo favoreció además el espíritu del II Concilio Vaticano y el ecumenismo creciente del catolicismo.
La actitud del isla­mismo es ambigua en este sentido, pues si el integrismo fue un acicate ideológico para la independen­cia, por otra parte el islamismo más integrista considera acep­table luchar por la dominación mundial y que hay pueblos inferiores (lo que explica que los más radicales defiendan la esclavitud de los no musulmanes).

2. EL DESARROLLO DE LOS MOVIMIENTOS NACIONALISTAS.
LA OPOSICIÓN AL ORDEN COLONIAL EN EL SIGLO XX. BANDUNG.
El surgimiento de los movimientos de liberación (1905-1945).
La victoria japonesa sobre los rusos en la guerra de 1904-1905 fue un impor­tante estímulo para los revolucionarios chinos y los movi­mien­tos de emancipa­ción de la India e Indochina frente a los colo­nizadores britá­nicos y franceses. Tras la I Guerra Mundial, que simbolizó el comienzo de la decadencia europea, ocurrie­ron la expan­sión de la democracia y los discursos del presidente Wilson fa­vora­bles a la autodeterminación de los pueblos y el triunfo de los nacionalismos, al dislocarse los imperios ruso, aus­trohúngaro y oto­mano. Esto favoreció la toma de conciencia por parte de al­gunas élites indígenas educadas en las universidades europeas. Particularmente fuerte fue este proceso entre los árabes (panarabismo) y los indios (Gandhi).
Aunque el Pacto de la Sociedad de Naciones no se atrevió a recoger el principio del derecho de los pueblos a disponer de sí mismos, la propaganda comunista hizo circular entre los pue­blos colonizados una consigna de emancipación, precisamente cuando los triunfos de la Revolución Rusa demos­traban que las insurrecciones populares podían vencer.
El panafricanista Du Bois reunió en París (1919) el I Con­greso “por el progreso de los pueblos oprimidos”. En la Con­fe­rencia de paz de Bierville (1926), los nacionalistas de Asia y África, con el apoyo de numerosas personalidades europeas, de­nunciaron el co­lonialismo como una causa permanente de guerra. Alemania, que había perdido sus colonias, y la URSS alentaron los movimientos de emancipación y favorecieron la celebración en Bruselas (1927) de un nuevo Congreso de los pueblos oprimi­dos, financia­do por China y México, con apoyo de varios países iberoamerica­nos impacientes por sacudirse el dominio de EE UU, al final del cual se creó una Liga antiimperialista con parti­cipación de personalidades como Einstein, Landsbury, Romain Rolland, la señora Sun Yatsen (esposa del dirigente chino) o Nehru. Algunos dirigen­tes aso­ciaron ya el nacionalismo con el socialismo.
La crisis de 1929 debilitó a las potencias occidentales y provocó el hundimiento de muchas economías coloniales basadas en la exportación de materias primas. La agresión de Italia a Etiopía (1935-1936) y el imperialismo japonés en China suscitaron una general repulsa, crearon un grave conflicto en la Sociedad de Naciones y demostraron el progreso de las ideas anticolonia­listas en la opinión pública de Occidente.
El afroasiatismo y la Conferencia de Bandung (1955).
Después de la II Guerra Mundial, los Países No Alinea­dos fueron los representantes del Tercer Mun­do en una vía intermedia en la política internacional entre los dos bloques.
Al respecto hay un problema conceptual: )cómo llamamos al movimiento ideológico de descolonización en los países del Ter­cer Mundo? La propuesta más aceptable parece ser la de afroa­siatismo (un término de origen anglosajón). El afroasiatismo se inició en la Conferencia in­ternacional de la paz (Bierville, 1926) y en el Congreso de los pueblos oprimidos (Bruselas, 1927), pero su mejor momento fue cuando fue el movimiento de solidaridad que de 1949 a 1965 unió los antiguos países colo­nizados de África y de Asia, con el objetivo de definir una actitud común de estos respecto de sus anti­guas metrópolis. A partir de 1965, una vez obtenida la independencia la mayoría, aparecen las disensiones, y el afroasiatismo se diluye en el bloque de los países no alineados.
En 1947 Nehru convocó la Conferen­cia de relaciones asiáti­cas, en Nueva Delhi, primera manifesta­ción de solidaridad de los pueblos en busca de inde­pendencia, que sólo reunió a dele­gados asiáticos. En la segunda conferen­cia de Nueva Delhi (1949), comenzó la participación africana (Etiopía, Egipto). Se constituyó en la ONU un grupo arabeasiá­tico, después llamado afroasiático, al principio de 12 miem­bros, que practicó una política anticolonialista y de no com­promiso en la pugna Este-Oeste.
El grupo aumentó a 24 Estados, pero se dividió por las disputas en la OTASE (1954), la reunión de países asiáticos en Colombo (1954) para lo­grar una solución a la guerra de Indochi­na, y el Pacto de Bagdad (1955), por lo que se estimó que era necesario un impulso.
Este fue la conferencia celebrada en Bandung (Indonesia, a­bril 1955), con 29 países, que marcó el apogeo del afroasiatismo pero también el inicio de su ocaso, dada la pro­fundidad de las diferencias ideológicas entre comunistas y no co­munistas. Des­tacaron Nehru de la India, Nasser de Egipto, Tito de Yugos­la­via y Sukarno de Indonesia. Se pretendió estimu­lar a la indepen­dencia a todos los países some­tidos a un régi­men colonial. Se proclamaron dos principios:
- El colonialis­mo, en todas sus formas, es un azote que es preci­so eliminar lo antes posible.
- La sumisión de los pue­blos a una dominación o explota­ción extranjera constituye una negación de los derechos del hombre, es contraria a la Carta de la ONU y se convierte en un obstáculo para el desarrollo de la paz.
Bandung significó la irrupción en la Historia de los anti­guos pueblos colonizados, un foro anticolonialista en el que se afirmó la doctrina de la coexistencia pacífica y de la neutra­lidad entre los dos grandes bloques.
La crisis del canal de Suez (1956) fue la mejor demostra­ción del cambio de la situación mundial. La nacionalización del canal por Nasser provocó la intervención militar en Egipto de Gran Breta­ña y Francia junto con Israel y chocó con la oposi­ción de EE UU y la URSS, que expresaron su intención de acabar con los imperios coloniales clásicos y les forzaron a la retirada. Egipto retuvo el canal y Nasser se convirtió en líder del anticolonialismo, lo que junto a la guerra de Argelia tuvo un gran efecto sobre la descolonización africana.
La masiva independencia de las colonias europeas en África (1956-1964), desplazó el peso del grupo a este continen­te, donde se celebraron las nuevas conferencias en El Cairo (1957), Conakry (1960), Moshi (Tanzania, 1969) y Winneba (Ghana, 1965). La pugna de EE UU, las potencias europeas, URSS y China por ayudarles y dirigir su desarrollo provocaron disensiones, que estallaron en 1965 con el aplazamiento de la con­ferencia de Argel. La conferencia de La Habana (1966) intentó ampliar el grupo a América. El movimiento terminó confluyendo con el movimiento de países no alineados, surgido paralelamente en la conferencia de Belgrado (1961), y se subsumió en él por completo ya en la con­ferencia de Argel (1973).
LAS REIVINDICACIONES DE LOS PUEBLOS ASIÁTICOS.
India. El partido del Congreso reunió a hindúes y musulma­nes bajo el liderazgo de Gandhi, Nehru y otros dirigentes. Sus métodos de continua presión pacífica debilitaron la resistencia británica, de modo que ya antes de la II Guerra Mundial la independencia pareció inevitable.
Indochina. El partido comunista, contando con el apoyo de la mayoría de la población campesina, lideró la resistencia a los franceses, que a su vez contaron con el apoyo de la minoría china y los católicos.
Indonesia. Las élites intelectuales, terratenientes y co­merciales del archipiélago comenzaron en los años 30 su lucha independista contra Holanda y durante la ocupación japonesa se formó una administración autónoma que continuó su acción hasta el regreso de los holandeses en 1945 y el estallido de la gue­rra colonial.
LOS MOVIMIENTOS NACIONALISTAS AFRICANOS.
Hasta la II Guerra Mundial el África Negra evolucionó si­guiendo caminos diferentes en función del medio natural y los recursos, la precariedad de los medios de comunicación, la es­casa densidad de población y la ínfima urbanización. Sólo algu­nas zonas recibieron poblamiento blanco (Sudáfrica, Rhodesia, Kenia, colonias portuguesas). En todas partes la masa campesina (hasta un 90% del total) sufrió el impacto de la penetración colonial. Sin embargo, la lenta urbanización de África y la forma­ción de élites en la escuela llevaron a iniciar una conciencia de iden­tidad africana, con el panafricanismo. La II Guerra Mundial provocó una disminución del prestigio y del poder blanco en el continente y se incrementó la propaganda panafricanista. En una primera fase la evolución fue pacífica, salvo las rebe­liones en Madagascar (1947), Kenia (1952-1956) y Camerún (1955-1958).
El proceso de descolonización se inició en la Conferen­cia de Brazzaville (1944). En Sene­gal y Costa de Marfil los inte­lectuales y los fun­cionarios africanos de la Administración colonial comenzaron una moderada lucha, constituyendo asocia­ciones independistas o autonomistas, que fueron incrementando su apoyo social. En Ke­nia hubo duras luchas en 1952. En las colonias francesas se concedió el sufra­gio universal en 1956, como primer paso a la autonomía interna. El panafricanismo fue emergiendo, con la toma de conciencia de los grupos ilustrados, que demandaron la independencia de todas las colonias. El pro­ceso se ace­leró después de 1960, cuando nume­rosos países Africanos acce­dieron a la independencia. La Orga­nización de la Uni­dad Africana (OUA) se creó en 1963 y presionó con éxito desde enton­ces para el desmantelamiento de los últimos ves­tigios co­lonia­les.
Era una inde­pen­dencia lastrada por graves problemas políti­cos, administra­tivos, eco­nómicos y sociales. La división del conti­nente en más de 50 Es­tados deli­mitados generalmente de modo arbitrario pro­vocó futuros enfrentamientos.
Además, África se convirtió en campo de batalla entre los dos bloques, Este y Oeste, mediante la implantación de regímenes de inspiración marxista, intervencio­nes de Cuba en Etiopía y Ango­la, de Francia en la República Centroafricana y Chad, y de Bélgica en Zaire (Congo).
El colonia­lismo pervivió hasta los años 70 en las colonias por­tuguesas de Gui­nea, Angola y Mozambique, mien­tras que una forma neocolonia­lis­ta subsistía con el régimen blanco de Rhode­sia y el apart­heid de Sudáfrica.
La conflictividad en el continente menguó con el desmoro­namiento de la URSS y el final de la Guerra Fría, con un par­cial retorno del multiparti­dismo en muchos países, pero al mis­mo tiempo con nuevas tensio­nes étnicas, como muestran las guerras civiles en la región de los Grandes Lagos y la cuenca del río Congo.
LA OPOSICIÓN DE LAS METRÓPOLIS A LA INDEPENDENCIA.
Las metrópolis se resistieron en el periodo de 1919-1939 a conceder la independencia total a sus colonias, pero sí estuvieron dis­puestas a otorgarles una mayor autonomía siempre que se conservara el control militar y económico, y en el caso del Próximo Oriente incluso se devolvió la soberanía: Egipto, Jordania o Iraq accedieron a la independencia aunque todavía bajo la tutela británica.

3. EL DESARROLLO DEL PROCESO DE DESCOLONIZACIÓN.
Mapa de descolonización. Tomado de Kalipedia.

ASIA.
El proceso de descolonización empezó en Asia después de 1945.

Mapa de la partición del Indostán (India británica).

Gran Bretaña se vio obligada a abandonar sus grandes co­lonias: India y Pakistán (1947), en una partición muy doloro­sa y cruenta por motivos étnico-religio­sos; Birmania (1948), Sri Lanka (1948) y Malasia (1957), aquí después de una dura lucha con las guerri­llas comunistas.
Ho­landa tras un largo proceso bé­lico tuvo que con­ceder la in­depen­dencia a sus colonias de la Insulindia, bajo el nombre de Indone­sia (1950), debido a la oposición de la ONU y el ais­la­miento internacional.
Los EE UU descolo­ni­za­ron en 1949 las Fili­pinas, de modo pacífi­co.
Francia se negó en un pri­mer momento al proceso de inde­penden­cia de Indo­china. La hubie­ra concedido pronto la de los reinos de Camboya y Laos, que eran protectorados, pero no deseaba hacerlo a Vietnam, más interesan­te económi­ca­mente como colonia, lo que derivó en un conflicto largo y cruento en­tre el ejército colonial francés y las gue­rrillas comunistas y nacio­nalistas dirigidas por Ho Chi Minh y el gene­ral Giap, que triunfaron sobre los franceses en la bata­lla de Dien-Bien-Fu (1954), precipitando la inde­pen­dencia de cuatro paí­ses: Laos, Camboya y un Vietnam dividido en dos partes, comunista al Norte y capitalista al Sur, lo que fue el origen de una larga guerra neocolonial al defender EE UU la zona del sur, al igual que antes lo había hecho con Corea del Sur.
LOS PAÍSES ISLÁMICOS.
En el Próximo Oriente se produjo la independencia de todos los Estados que estaban bajo el control de Gran Bretaña como protectorados desde el final de la I Guerra Mun­dial o antes. Fue un proceso rápido y fácil, iniciado en los años 20 y 30 en Egipto, Jordania e Iraq, y reanudado después de 1945 en los países costeros de Arabia hasta llegar a los Emira­tos Ára­bes Uni­dos en 1971. La excepción fue la conflictiva independen­cia de Palesti­na, di­vidida entre judíos (Is­rael) y palestinos.
Francia tuvo que actuar del mismo modo que Gran Bre­taña en sus protectorados el Próximo Oriente, concediendo la indepen­den­cia a Si­ria y Líbano. Los países del Magreb estaban con­tro­lados por Fran­cia, que aceptó la independencia de Marruecos y Tunicia (1956), pero era muy distinto el caso de Argelia, que no era un pro­tec­torado sino una colonia de poblamiento, con la presencia de dos millones de colonos franceses y la idea ex­tendida entre estos y en la misma metrópoli de que Arge­lia for­maba par­te de Francia (a semejanza de Canarias para España). Esto provocó una larga (1954-1962) y cruel gue­rra co­lonial hasta que De Gaulle concedió la independencia en los acuer­dos de Evian (VII-1962), tras la cual salieron del país los colonos franceses.
            ÁFRICA NEGRA.

Mapa de descolonización de África.

Los países africanos se independizaron a partir de 1945, comenzando por las colonias de la vencida Italia. Primero en 1945 con Etiopía y pronto siguieron las de Libia (1950) y Somalia (1960), esta sumando los te­rritorios italiano y británico.
Gran Bretaña integró en los años 1955-1964 la mayoría de sus colonias de modo voluntario en la Commonwealth, dándoles una independencia progresiva y en general poco conflictiva. El primer país fue Costa de Oro (Ghana), cuyo presidente, Nkru­mah, se con­vitió en el primer líder de la independencia africana. Su ejemplo fa­voreció las siguientes independencias. Nigeria fue un ejemplo poco afortunado de unión impuesta de múltiples etnias lo que explica los conflictos civiles posteriores. Los peo­res pro­ble­mas ocu­rrieron en Rho­de­sia y Sudá­fri­ca, por la resis­ten­cia de la minoría de co­lonos blancos a ceder el poder a las mayo­rías negras, por lo que implantaron regímenes racis­tas y poli­cíacos a pesar de las condenas de la ONU.
Francia concedió la independencia a sus países africanos hacia 1960, integrándolos en la Comunidad francesa, una asocia­ción comercial y militar que le permitió mantener un status postcolonial dominante, aunque con graves problemas de inestabilidad interna. Solo So­malia (Yibu­ti) se in­dependizó mucho más tarde.
Bélgica concedió la independencia al Congo (Zaire) en 1960, que entró pronto en una terrible guerra civil, prueba de los problemas de la descolonización conjunta de pue­blos poco integrados entre sí dentro de unas fronteras impuestas.
España concedió la independencia a Guinea Ecuatorial en 1968, y reintegró Ifni (1968) y más tarde el Sahara Ocidental (1975) a Marruecos, la última de un modo irregular, desoyendo las pe­ticio­nes nacionalistas de los saharauís, lo que originó una larga guerra en el desierto. España todavía conserva dos plazas de soberanía, Ceuta y Melilla, reivindica­das por Marrue­cos.
Portugal mantuvo más tiempo sus colonias, sufriendo una lucha de guerrillas hasta la revolución de 1975, cuando les dio la inde­penden­cia a Angola, Mozambique, Guinea-Bissau y los países is­leños de Cabo Verde, y de Santo Tomé y Príncipe.
AMÉRICA.
Los EE UU ya en 1940 habían convertido a Puerto Rico en "Es­tado libre asociado". El movimiento independista ha perdido los referéndums sobre la soberanía y parece probable que la mayoría vote en el futuro la incorporación a los EE UU por lo que no cabe ha­blar de una situación colonial strictu sensu.

Mapa del Caribe con las colonias actuales.

Gran Bretaña intentó que las islas del Caribe se inde­pen­dizaran a través de una Federación de las Islas Occidenta­les, pero fraca­só y cada una de las grandes islas o de los ar­chipié­lagos se in­dependizó por su cuenta a lo largo de los años 70 y 80. En el con­tinente concedió la in­depen­dencia a la Guayana y a Belice. Conserva todavía las islas Bermudas en el Norte y las Malvinas en el Sur, y por las últimas ha mantenido el último conflicto colonial, en 1982, con Argentina, que había ocupado las islas por la fuerza.
Holanda ha concedido la independencia a Guyana y ha man­tenido su dominio sobre las islas de Aruba, Curaçao y Bonai­re, pero con el consenso de la población, que no desea la inde­pen­dencia por motivos culturales y para protegerse de la vecindad de Venezue­la.
Francia ha concedido la autonomía a las islas de Martinica y Guadalupe, que nunca han pretendido la independen­cia puesto que forman parte cultural y jurídicamente de Francia y obtienen grandes ventajas de su asociación comercial a la UE.
OCEANÍA.
Mapa político de las islas del Pacífico.
EE UU, Gran Bretaña, Australia, Nueva Zelanda y, en menor grado, Francia, han concedido la independencia a casi todas sus colonias. El proceso se ha prolongado mucho más que en los otros continentes debido a que han faltado movimientos inde­pendentistas, la pequeña dimensión de los nue­vos Estados y su de­bilidad demográfica, económica y militar. La mayor parte de los procesos han sido muy tranquilos, de mutuo consenso y las anti­guas potencias conservan grandes lazos con sus ex-colonias.
Francia, como caso excepcional, conserva las islas de Tahití, Marque­sas (donde ha hecho sus experimentos atómicos), Tuamutu y Nueva Caledonia (donde hay un movimiento independentista creciente pero aun muy débil).

4. LOS PROBLEMAS DEL TERCER MUNDO.
LAS CONSECUENCIAS DE LA DESCOLONIZACIÓN. NEOCOLONIALISMO.
Los países del Tercer Mundo han alcanzado la independen­cia pero en muchos casos no han logrado superar todavía las consecuencias del colonialismo, heredando malas condiciones políticas, económicas, sociales y cul­turales, porque las potencias europeas destruyeron los sistemas sociales y políticos del continente salvo en contados países. El historiador Robert Heillbroner ha escrito: “la penetración económica llegó sin nada de la preparación histórica que acompañó su desarrollo en Europa. El imperialismo impuso a sus colonias el viraje radical hacia el capitalismo”, “nunca vio a los nativos como a iguales y los trató siempre como a infe­riores”, creando una situación de graves desequilibrios sociales entre la minoría diri­gente y las masas populares, y una aculturación generalizada, con profundos cambios en la forma de vida y costumbres, más la pérdida del idioma pro­pio en beneficio del de la antigua me­tró­poli.
África, el último continente en acceder a la des­coloniza­ción, es el que más sufrido la situación del neocolo­nialismo. Guerras civiles y étnicas, miseria y corrupción des­garran el continente. Desde 1955 África ha sufrido 35 grandes conflictos, con decenas de millones de muertos y refu­gia­dos. En los años 90 había conflictos civiles en Etiopía, Angola, Mozambique, Liberia, Soma­lia y Chad, Uganda, Mali, Mauritania, Senegal, Sahara Occidental, Sudán, Burundi y Ruan­da, Sudáfrica (aquí terminó en 1994 con el fin del apartheid y la llegada al poder de Mandela). En 2012 perduran conflictos en Malí, Senegal, Congo, Uganda, Somalia, Sudán y Sudán del Sur (separado en 2011 de su vecino musulmán del Norte).
LA DIMENSIÓN POLÍTICA DEL TERCER MUNDO.
El Tercer Mundo ha aumentado en el siglo XXI su independencia política del Primer Mundo, las antiguas metrópolis, tras unos decenios en que parecía incapaz de desligarse. Aunque la democracia se ha asentado en muchos países, todavía hay demasiados lastrados por el autoritarismo y la dictadura, el nepotismo y la corrupción. El neocolo­nialismo subsiste como un do­minio más económico que mili­tar. Las fron­te­ras siguen definidas se­gún criterios occidenta­les, ignorando las fronteras históri­cas y étnicas, lo que ha enquis­tado los problemas por­que cambiarlas su­pone guerras, tras las que se han logrado cambios en los casos de Etiopía-Eritrea y Sudán-Sudán del Sur. Un ejem­plo de las dificultades es que en África, con  54 Esta­dos y más de 700 millones de ha­bitantes, hay unas mil et­nias.
LOS PROBLEMAS ECONÓMICOS DEL TERCER MUNDO.
El subdesarrollo es el principal problema, agravado por el excesivo crecimiento demográfico y el alto desempleo. La agri­cultura no satisface las necesidades alimentarias. Las ciuda­des-capitales crecen vertiginosamente, con terribles problemas de servicios. El creci­miento de los países emergentes del Su­deste de Asia y el mode­rado desarrollo de Latinoamérica con­trastan con el es­tancamien­to de África (todo el continente jun­to tiene un PIB inferior al de España). El neoco­lonialis­mo sub­sis­te como un domi­nio indus­trial y mine­ro, comercial y finan­cie­ro.
Para remediarlo hay que incrementar la solidaridad, por ejemplo con la campa­ña de dar el 0,7% del PIB para la ayuda al Tercer Mundo, y mejorar la edu­cación, que es al final la mejor solución a los problemas labo­rales y demográficos.

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Morán, Fernando. Revolución y tradición en África Negra. Alianza. Madrid. 1971. 220 pp.
Myrdal, Gunnar. Teoría económica y regiones subdesarrolladas. FCE. México. 1974 (1959 1ª español). 188 pp.
Ruiz García, E. Subdesarrollo y Liberación. Alianza. Madrid. 1973. 365 pp.
Smith, Tony. Los modelos de imperia­lismo. Estados Uni­dos, Gran Bretaña y el mundo tardíamente in­dustrializado desde 1815. FCE. México. 1984 (1981 inglés). 283 pp.
Sylos Labini, Paolo. Subdesarrollo y economía contemporánea. Crítica-Grijalbo. Barcelona. 1984. 531 pp.
Tamames, Ramón. Un nuevo orden mundial. Espasa-Calpe. Madrid. 1991. 316 pp.
Von Grunebaun, G. E. El Islam. Vol. 2. Desde la caída de Constantinopla hasta nuestros días. Siglo XXI. Madrid. 1971. 463 pp.
Worsley, Peter. El Tercer Mundo. Una nueva fuerza vital en los asuntos internacionales. Siglo XXI. Madrid. 1980. 389 pp.

PROGRAMACIÓN.
LA DESCOLONIZACIÓN DE ASIA Y ÁFRICA: LOS PROBLE­MAS DEL TER­CER MUNDO.
UBICACIÓN Y SECUENCIACIÓN.
Bachillerato, 1r curso. Historia del mundo contemporáneo. Aparta­do 4. El mun­do desde 1945. Los procesos de descolonización en Asia y África: los ca­sos de India y Argelia. Los nuevos Estados afroasiáticos en la política internacional. La si­tuación de Iberoamérica: sus rela­ciones con EE UU.
RELACIÓN CON TEMAS TRANSVERSALES.
Relación con los temas de la Educación para la Paz, de Edu­cación Moral y Cívica y Educación Ambiental.
TEMPORALIZACIÓN.
Cuatro sesiones de una hora.
1ª Documental. Diálogo. Exposición del profesor.
2ª Exposición del profesor. Diálogo con cuestiones.
3ª Exposición del profesor, de refuerzo y repaso; esquemas y comenta­rios de tex­tos.
4ª Comentarios de textos; debate y síntesis.
OBJETIVOS.
Conocer las corrientes de pensamiento favorables y contra­rias a la des­co­lonización.
Comparar los procesos de descolonización pacíficos y vio­lentos.
Resumir el proceso histórico de la descolonización.
Comprender la relación entre colonialismo, neocolonialismo y subdesarrollo del Tercer Mundo.
CONTENIDOS.
A) CONCEPTUALES.
1. Factores favorables a la descolonización. La lucha con­tra el fascismo (racismo, opresión). Posiciones anticolonia­lis­tas de la URSS y EE UU. La ONU, tribuna contra el colonialis­mo.  Actitud de las Iglesias.
2. Desarrollo de los movimientos nacionalistas. Oposición al orden colonial en el siglo XX. Bandung. Reivindicaciones de los pueblos asiáticos. Movimientos nacionalistas Africanos. Opo­sición de las metrópolis a la independencia.
3. Desarrollo del proceso de descolonización. Asia. Países islámicos. África Negra. América. Oceanía.
4. Problemas del Tercer Mundo. Consecuencias de la desco­lo­nización. Neocolonialismo. Dimensión política del Tercer Mun­do. Problemas económicos del Tercer Mundo.
B) PROCEDIMENTALES.
Tratamiento de la información: realización de esquemas y mapas del tema.
Explicación multicau­sal de los hechos históricos: en co­mentario de textos.
Indagación e investigación: recogida y análisis de da­tos en enciclopedias, manuales, monografías, artículos...
C) ACTITUDINALES.
Rigor crítico y curiosidad científica.
Tolerancia y solidaridad.
Interés por otras culturas.
METODOLOGÍA.
Metodología expositiva y participativa activa.
MOTIVACIÓN.
Documental sobre la descolonización de la India, con diá­logo que sirva de evaluación previa.
ACTIVIDADES.
A) CON EL GRAN GRUPO.
Exposición por el profesor del tema.
B) EN EQUIPOS DE TRABAJO.
Realización de una línea de tiempo sobre el proceso de descolonización.
Realización de un mapa mundial sobre el proceso.
Realización de esquemas sobre los apartados.
Comentarios de textos sobre el pensamiento de Gandhi, la partición de la India, la Conferencia de Bandung, la indepen­dencia de Guinea Ecuatorial...
C) INDIVIDUALES.
Realización de apuntes esquemáticos sobre la UD.
Participación en las actividades grupales.
Búsqueda individual de datos en la bibliografía, en debe­res fuera de clase.
Contestar cuestiones en cuaderno de trabajo, con diálogo previo en grupo.
RECURSOS.
Presentación digital (o transparencias, diapositivas, mapas).
Libros de texto, manuales.
Fotocopias de textos para comentarios.
Cuadernos de apuntes, esquemas...
Documental.
EVALUACIÓN.
Evaluación continua. Se hará especial hincapié en que se com­prenda la relación entre los procesos de España y europeo.
Exa­men incluido en el de otras UD, con breves cues­tiones y un comentario de texto.
RECUPERACIÓN.
Entrevista con los alumnos con inadecuado progreso.
Realización de actividades de refuerzo: esquemas, comenta­rio de textos...
Examen de recuperación (junto a las otras UD).

1 comentario:

Anónimo dijo...

muchísimas gracias me ayudaste enserio es muy bueno tu trabajo enserio no tengo palabras para decir el cuan agradecido estoy.