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miércoles, 13 de abril de 2011

UD 43. Pensamiento político y económico en el siglo XIX.

UD 43. 
PENSAMIENTO POLÍTICO Y ECONÓMICO EN EL SIGLO XIX.
INTRODUCCIÓN.

1. EL PENSAMIENTO POLÍTICO EN EL SIGLO XIX.
HEGEL Y EL HEGELIANISMO ALEMÁN.
Hegel.
Los hegelianos.
EL PENSAMIENTO CONSERVADOR Y EL TRADICIONALISMO.
EL LIBERALISMO.
Un antecedente: Mandeville y la doctrina económica liberal.
El liberalismo británico.
Bentham.
Mill.
Spencer.
El liberalismo francés.
EL NACIONALISMO.
EL PENSAMIENTO CATÓLICO.
EL IMPERIALISMO.
El imperialismo liberal.
El imperialismo socialista.
El imperialismo nacionalista-racial.
EL SOCIALISMO UTÓPICO.
Los socialistas utópicos.
El cartismo y el movimiento obrero.
EL SOCIALISMO CIENTÍFICO.
Marx y Engels: el materialismo dialéctico.
Las consecuencias del marxismo.
EL ANARQUISMO.
Bakunin.
Kropotkin.
Los continuadores.

2. EL PENSAMIENTO ECONÓMICO EN EL SIGLO XIX.
2.1. EL LIBERALISMO ECONÓMICO.
LA FISIOCRACIA.
LA ESCUELA CLÁSICA.
Adam Smith.
Malthus.
Ricardo.
Mill.
Say.
2.2. EL SOCIALISMO.
EL SOCIALISMO UTÓPICO.
EL SOCIALISMO CIENTÍFICO: MARX.
2.3. LA TEORÍA ECONÓMICA DESDE 1870.
LA ESCUELA MARGINALISTA-NEOCLÁSICA.
El marginalismo.
La economía neoclásica: Marshall y Walras.
LA ESCUELA HISTÓRICA ALEMANA.
La escuela histórica alemana.
Institucionalismo norteamericano.

INTRODUCCIÓN.
En este tema nos centraremos en el desarrollo de las teorías políticas y económicas durante el siglo XIX, lo que nos permitirá descargar de los contenidos ideológicos más complejos las UD dedicadas a las revoluciones liberales, los movimientos nacionalistas y el movimiento obrero. Aunque algunos manuales incluyen en esta UD el movimiento obrero, creemos más razonable incluirlo en la UD del desarrollo económico-social del siglo XIX.

Resumen.
El siglo XIX estuvo dominado por los movimientos culturales del romanticismo y el positivismo, y en él se consolidaron las doctrinas políticas y económicas que se habían desarrollado en los siglos anteriores, y que son fundamentalmente las mismas del siglo XX y de la actualidad. Fundamentalmente, las doctrinas políticas son tres: liberalismo, nacionalismo y socialismo; y las doctrinas económicas son consecuentes con aquellas: economía de propiedad privada con libre mercado (liberal) o con intervencionismo del Estado (nacionalista), y economía de propiedad estatal (socialismo). Pero no hay una separación tajante entre ellas. Por ejemplo, el nacionalismo es compartido por muchos autores del liberalismo y del socialismo; y las doctrinas económicas se gradúan en múltiples matices. En realidad no hay una oposición absoluta entre liberalismo y socialismo. El socialismo es una continuidad con el liberalismo: toma de este parte de sus doctrinas sobre los derechos humanos, su aspiración al progreso, y lo que hace es criticar la injusticia del reparto de la riqueza. No se puede entender a Marx sin sus antecedentes liberales (Smith, Malthus...).

Pensamiento político.
La ideología liberal pretendía establecer monarquías parlamentarias, en las que se ejercería la soberanía nacional mediante una Constitución y se limitaría el poder real a través de la división de poderes. Se le oponen las ideologías conservadoras (sea la tradicionalista o la católica), el socialismo y el anarquismo.

Pensamiento económico.
A mediados del siglo XVIII ya aparece el liberalismo, como una doctrina dividida en varias corrientes, y que se convertirá en dominante en el siglo XIX. Los precursores del liberalismo son Petty, Boisgilbert, Cantillon y Hume, que critican la doctrina del mercantilismo dominante en Francia y Gran Bretaña en el siglo XVII. Durante la segunda mitad del siglo XVIII aparecen las corrientes liberales de la fisiocracia y la escuela clásica, que se interesan respectivamente por los fenómenos contemporáneos de la revolución agrícola y la revolución industrial.
La fisiocracia (Quesnay) cree en un sistema absolutamente liberal (laissez-faire) y circular, en el que sólo la agricultura es capaz de producir un excedente apropiado para los propietarios, que son los que han de tributar. El resto de la economía es considerada “estéril”, porque no origina el “producto neto”.
La escuela clásica es iniciada por Adam Smith, que sigue el carácter liberal de la fisiocracia, pero reconoce a la industria la capacidad de obtener un “producto neto”. Examina los requisitos del crecimiento económico: acumulación previa de capital y extensión del mercado. Ricardo es el autor “clásico” por excelencia, el profeta de la burguesía industrial. Considera una renta neta, formada por las rentas de los propietarios, los beneficios capitalistas y los salarios de los trabajadores, en la que las rentas de la tierra presionan y reducen las otras dos. Completa la tesis de Smith con un esquema del crecimiento y la estagnación del capitalismo. De Ricardo salen dos líneas: la primera (John Stuart Mill) distingue entre las leyes de la producción —intocables— y las de la distribución —reformables—; la segunda, más radical, pasa por los socialistas ricardianos y acaba en Marx.
El socialismo utópico apareció en Francia fundamentalmente, y se caracteriza por un rápido análisis de la realidad actual y pasada y una pormenorizada previsión del futuro. Saint-Simon cree en el papel transformador de las obras públicas y de las asociaciones de productores que permitirán la abolición del derecho de herencia, la eliminación del Estado y el logro de que cada uno consiga ganar según sus necesidades. Fourier, menos realista que Owen, prevé un mundo donde reinará la armonía. Proudhon es más distributivo que socialista, preocupado por la libertad y la igualdad individuales y por un crédito barato.
El socialismo científico es iniciado por Marx, que da un lugar central en su pensamiento al concepto de plusvalía, en un doble sentido: por un lado, significa el trabajo hecho por los proletarios y apropiado por los capitalistas, y, por el otro, el excedente total del sistema. Respecto a la teoría del valor trabajo (primer sentido), Marx intentaba salvar el problema de la existencia de sectores con capitales fijos distintos, lo cual hace que no haya correspondencia entre las cantidades de trabajo y los precios. De la plusvalía (segundo sentido) depende la acumulación de capital, y de esta la demanda de fuerza de trabajo y la aplicación de técnicas que ahorran trabajo para mantener la tasa de plusvalía. Explica los procesos de crecimiento y de crisis por las contradicciones entre la creciente capacidad productiva y el más reducido crecimiento del consumo proletario o entre los que poseen bienes de producción y los que no los poseen.
La escuela marginalista-neoclásica (a partir de 1870), cree que se está en un estado de equilibrio donde los precios del trabajo y del capital son establecidos por la cantidad de nuevo producto que aportan las últimas unidades aplicadas de trabajo y capital. Así, la productividad marginal del trabajo será el salario, y la del capital será el beneficio. Este equilibrio automático ocupará totalmente los recursos existentes y supondrá que se puede establecer una curva de producción para la cual son posibles cualesquiera combinaciones de trabajo y capital. Sus principales autores serán Marshall y Walras. Esta será la doctrina económica predominante, “académica”, entre finales del siglo XIX y los años 1930.
La escuela histórica alemana (también a partir de 1870), se aleja mucho de la abstracción anterior y cree en la relatividad histórica de las leyes económicas. Influyó en una rama de la escuela histórica, el institucionalismo (Veblen en EE UU).

1. EL PENSAMIENTO POLÍTICO EN EL SIGLO XIX.
EL IDEALISMO ALEMÁN.
Hegel.

Hegel es el pensador más importante de su época, el más representativo del llamado “idealismo alemán”.
Hegel considera que el fundamento último de la realidad es la “idea” (no el “absoluto” de Schelling ni el “yo” de Fichte). La idea se desarrolla según una necesidad, en un proceso dialéctico de tesis, antitesis y síntesis. Así, toda realidad primero se “pone”, después se niega a sí misma, y supera y elimina esta contradicción en un tercer momento, en un proceso permanente, en el que la realidad evoluciona formando una y otra vez nuevos contraste que encuentran su solución, la que da, a su vez, origen a nuevos contrastes y nuevas soluciones.
La idea lógica, el principio, se convierte en su contrario, la naturaleza y ésta en espíritu, que es la síntesis de idea y de naturaleza: la idea “para sí”. Estos estadios se corresponden a la lógica, la filosofía natural y la filosofía del espíritu.
El espíritu se despliega en subjetivo, objetivo y absoluto. El espíritu subjetivo es el de cada individuo, el espíritu objetivo es la manifestación de la idea en la historia, y el espíritu absoluto es el Estado, que realiza la razón universal humana, que se conoce a sí misma en el arte, la religión y la filosofía. Así, el espíritu llega a comprenderse como tal únicamente en el hombre, ya que existe “unidad e identidad de la naturaleza divina y de la naturaleza humana”.

Hegel defiende un idealismo “objetivo”, a partir de una crítica al idealismo “subjetivo” de Kant, Fichte y Schelling. Asume que “todo lo real es racional y todo lo racional es real”.
Su teoría política se enraiza en su filosofía. Hegel tiene una idea básica: la realización del hombre mediante el ascenso de la Razón y la Libertad, de la Idea absoluta, en un proceso dialéctico histórico (tesis, antítesis, síntesis).
Cada acontecimiento y agente histórico (persona, nación, época) tiene un momento asignado dentro del proceso. Sus protagonistas creen actuar siguiendo intereses personales; sin embargo, son instrumentos inconscientes de la “astucia de la razón”. El fin del proceso, de la historia universal, se alcanza en el Estado supranacional, el grado máximo de perfección, en el que la libertad se realiza al tomar conciencia de sí misma.
Pero es un reino de la libertad objetiva, que exige la sumisión de la libertad subjetiva individual (contingente). Así, el Estado ideal es el monárquico de derecho, en el que la voluntad estatal objetiva se encarna en la figura subjetiva del monarca. Aunque al final de su vida considera al Estado prusiano absolutista como encarnación de la perfección, Hegel defiende siempre la Revolución, porque la Revolución es la llegada de la Razón a la política.

Los hegelianos.
Sus seguidores se dividieron pronto en dos tendencias:
-Hegelianos de izquierda, que son radicales y ateos, favorables a los movimientos democráticos. Esta tendencia enlaza con Marx, que toma casi íntegramente la dialéctica de Hegel. Otros pensadores de izquierda son Stirner, Bauer, Feuerbach.
-Hegelianos conservadores, que defienden el Estado absolutista y teocrático, con el pueblo/nación como principal sujeto histórico.

EL PENSAMIENTO CONSERVADOR Y EL TRADICIONALISMO.
El pensamiento conservador y el tradicionalismo (o legitimismo) constituyen un conjunto de doctrinas legitimadoras del Antiguo Régimen, de la religión y de la Restauración de los gobiernos absolutos que triunfó en la Europa continental en 1815, con el Congreso de Viena que fijó el nuevo mapa postnapoleónico. Se opone a la ideología racionalista y liberal de la Revolución Francesa.
El pensamiento conservador se desarrolla sobre todo en Alemania (en especial Prusia y Austria), con las teorías políticas de los románticos (los alemanes Gentz, Novalis, Muller, Haller, Stahl; el francés Chateaubriand; el británico Burke), que sostienen una visión conservadora del Estado, que debe ser autoritario, jerárquico, estamental, tradicional, católico (o luterano en Prusia), sin partidos políticos (Stahl los considera enemigos de la unidad nacional).
El tradicionalismo, en cambio, es una doctrina a la vez filosófica y política.
El pensamiento filosófico-teológico del tradicionalismo sostuvo que tanto el conocimiento de la verdad como la realización del bien y de la justicia son inasequibles al hombre sin una especial asistencia divina. Esta asistencia se entiende como una revelación primitiva que se ha transmitido históricamente a través de la Iglesia y de la institución monárquica.
El tradicionalismo es básicamente una corriente francesa, pues a principios del siglo XIX, sus principales representantes fueron los franceses Joseph de Maistre y Louis de Bonald, que legitiman la Restauración y atacan a la Revolución. En España inspiraron al absolutismo de Fernando VII, al carlismo, y al pensador Juan Donoso Cortés.

EL LIBERALISMO.
Los orígenes del liberalismo están en las ideas de la Ilustración (el iusnaturalismo y utilitarismo) y la Enciclopedia (Locke, Montesquieu, Voltaire, Diderot, Rousseau), y el ejemplo del parlamentarismo inglés y de la Revolución Francesa.
El liberalismo cree en los ideales del progreso, de la razón y de la libertad. Es un movimiento político y económico. Sus tesis políticas son:
-La libertad individual: se respetan los derechos del hombre en cuanto a religión, pensamiento, imprenta, igualdad jurídica (no económica ni cultural).
-El Estado constitucional: monarquías parlamentarias, en las que se ejercería la soberanía nacional mediante una Constitución y se limitaría el poder real a través de la división de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial).
-La participación del ciudadano en la vida política, con el derecho de voto y de ser elegido.

Un antecedente: Mandeville y la doctrina económica liberal.
Bernard Mandeville (1670-1733), un médico holandés, escribió La fábula de las abejas, subtitulado Los vicios privados hacen la prosperidad pública (FCE. Barcelona. 1997. Trad. José Ferrater Mora). Es uno de los libros fundacionales de la teoría capitalista del neoliberalismo actual. Mandeville defiende una ética que defiende el lujo, la envidia, el orgullo, y que justifica el egoísmo. Sus tesis económicas, entre otras, son: los asuntos comerciales son más afortunados cuanto menos regulados están por el Gobierno; las cosas tienden a encontrar por sí mismas el equilibrio que mejor les conviene; el egoísmo sin trabas de cada individuo intervendrá en la sociedad de manera tan recíproca que ésta se ajustará por sí misma y redundará en beneficio de la comunidad. En cambio, una intervención del Estado tendería a trastocar la delicada armonía de la sociedad.

El liberalismo británico: Bentham, Mill, Spencer.
El pensamiento liberal británico está directamente relacionado con Locke.

Bentham.
El utilitarista Jeremy Bentham (1748-1832) afirma en Introducción a los principios de la moral y la legislación, que el fin de las leyes es “asegurar la máxima felicidad al mayor número de personas”.

Mill.
John Stuart Mill (1806-1873), también economista e hijo de James Mill (1773-1836, otro destacado teórico político liberal), defiende en Sobre la libertad el libre albedrío del ciudadano y el principio de libre concurrencia a las elecciones (para votar y ser elegido).

Spencer.
Herbert Spencer (1820-1903) escribe Primeros principios y El hombre contra el Estado, donde desarrolla una concepción sociológica liberal basada en el evolucionismo de Darwin. El bienestar social es la supervivencia de los más aptos.

El liberalismo francés.
Como reacción ante el absolutismo de los legitimistas y de la Restauración, aparecen los liberales franceses, que defienden los logros políticos y económicos de la Revolución francesa. Benjamin Constant (1787-1830) se inspira en el modelo constitucional británico. Alexis de Tocqueville (1805-1859) aboga también por este modelo democrático, aunque también admira el modelo norteamericano.

EL NACIONALISMO.
Al mismo tiempo que el liberalismo —y relacionándose con él en muchas ocasiones-, se extiende por Europa el nacionalismo. Esta ideología había sido formulada en Alemania en la época napoleónica, bajo la doble presión de las ideas revolucionarias y del Romanticismo cultural, que exaltaba la libertad.
De las obras de los autores alemanes (Fichte, Schegel) de principios del siglo XIX puede deducirse que el nacionalismo (en su versión de entonces) es un sentimiento cultural y político que considera que cada nación, o entidad histórica, debe constituir un Estado independiente. Según estos escritores la nación está compuesta por grupos humanos con unos vínculos comunes: la lengua, la cultura, la raza, los lazos históricos. Fichte proclama (Discursos a la nación alemana, 1807): “Todos los que hablan un mismo idioma hállanse unidos entre sí desde el principio por un cúmulo de lazos invisibles, porque pueden comprenderse unos a otros y se comprenderán cada vez con mayor claridad formando, naturalmente, un todo homogéneo”.
Al principio el nacionalismo estaba inscrito en el liberalismo y el progresismo, pero hacia mediados del siglo XIX se convirtió en legitimador del conservadurismo.

EL PENSAMIENTO CATÓLICO.
La Iglesia católica se consideró garante de las tradiciones religiosas, históricas y culturales de los pueblos. Muchos pensadores (como los tradicionalistas católicos De Bonald y De Maistre) y políticos creyeron que la defensa de la Iglesia era lo mismo que la defensa de la esencia de sus naciones. Esto explica que en Inglaterra menudearan las conversiones en los medios anglicanos y aristocráticos.
Un católico liberal, Lamennais (1872-1854), desde el diario “L'Avenir” (junto a Lacordaire y Montalembert) intentó conciliar el catolicismo con el liberalismo, mediante la defensa del principio de la “libertad de la Iglesia frente al Estado”. Pero el papa Gregorio XVI condenó este intento como “indiferentismo” (laicismo), por lo que Lamennais rompió con la Iglesia.
La Iglesia se opuso al liberalismo en cuanto este defendía un Estado laico: el papa Pío IX lo condenó en la encíclica Quanta cura (1864), que se publicó acompañada del Syllabus Errorum, sumario de los “principales errores de nuestro tiempo”: liberalismo, democracia, sindicalismo, socialismo, anarquismo, modernismo, escepticismo científico.
Pero su sucesor León XIII, en su Rerum Novarum (1891) llegó a aceptar un catolicismo liberal, para poder pactar con los gobiernos burgueses.

EL IMPERIALISMO.
A finales del siglo XIX, entre 1890 y 1900 aproximadamente, el imperialismo, como ideología, fue aceptado masivamente, incluso por los liberales que antes se le habían opuesto y muchos socialistas, pero sobre todo por la derecha nacionalista. Las doctrinas de legitimación son muchas, pero se pueden reunir en tres: liberal, socialista y nacionalista-racial.

El imperialismo liberal.
El imperialismo liberal es humanitario y filantrópico. Afirma el derecho de conquista como último medio de lucha contra el esclavismo, contra los abusos y para establecer el “buen gobierno”.
En Gran Bretaña es defendido por los radicales, los masones y muchos pensadores y políticos: Rhodes, Cromer, Livingstone, Milner, Curzon, Salisbury, Chamberlain, Kipling. Carlyle sostiene que Gran Bretaña es la “nación predestinada”, con una misión universal. Dilke (1868) sostiene la idea de la Greater Britain, en “un mundo cada día más inglés”. Seeley (1883) sistematica la Expansión of England. Kipling argumentará que el imperio es un obligatorio “deber del hombre blanco” y que hay una misión británica. Joseph Chamberlain explica que la raza británica es la más apta para la gobernación.
Algunos liberales sostendrán que el imperialismo aporta beneficios no sólo a las colonias sino que también regeneran a los países colonizadores. Partidarios de esta tesis son los británicos Carlyle y Froude y los franceses Lyautey y Onésime Reclus (el hermano del gran geógrafo).
En Francia se defendía o justificaba el imperialismo por la supremacía de la civilización occidental, entre cuyos derechos y deberes figuraba civilizar a los pueblos atrasados. Esta “misión hacia las razas inferiores” (Jules Ferry) se combinó en la tradición francesa surgida de la Ilustración, con la noción de Derecho natural y de solidaridad de la especie humana.

El imperialismo socialista.
Muchos socialistas defendieron que el imperialismo era útil para los obreros de Occidente e incluso para los pueblos sometidos, así liberados del despotismo e introducidos en la senda del progreso. Tuvo partidarios socialistas en Gran Bretaña (Manifiesto Fabiano, 1900), Francia y, sobre todo, Alemania, donde Renner escribe: “la expansión del sistema económico europeo a través del mundo es históricamente necesaria, inevitable y culturalmente prometedora”.

El imperialismo nacionalista-racial.
El imperialismo nacionalista tenía una argumentación racial, étnica, religiosa, cultural... Es el “pueblo superior” quien debe dominar. Se inspira en un darvinismo social, extendido a las relaciones entre los grupos humanos, que considera que el imperialismo, fuerza de la naturaleza, manifestación esencial de vida, es el triunfo benéfico del más fuerte y del mejor. Este etnocentrismo conduce a menospreciar las otras razas y civilizaciones, especialmente la del Islam. Se defienden los mitos de la “nación imperial”, la “grandeza romana”, la “misión sagrada”. Houston S. Chamberlain, británico pro-alemán, llegará a preconizar la superioridad germánica y su derecho a dominar el mundo.
Estas ideas se complementan a continuación con la necesidad de conseguir un espacio vital (Lebensraum) para los pueblos jóvenes de creciente expansión demográfica. Es la tesis legitimadora para los imperialismos alemán, italiano y japonés en el periodo de entreguerras, dentro del ascenso del fascismo.

EL SOCIALISMO UTÓPICO.
La mayoría de los socialistas utópicos son franceses. Pero hay la excepción del inglés Owen, tal vez el más exitoso de todos. El comunismo tuvo un antecedente en el revolucionario francés Babeuf (1750-1797), autor del Manifiesto de los iguales, propugna una reforma fiscal y una ley agraria comunista.
 Son socialistas utópicos, porque lo que intentaban parecía imposible de realizar. Los socialismos utópicos partían del principio de que el hombre es bueno por naturaleza y que si se le ofrece una auténtica igualdad de oportunidades, sin injusticias ni egoísmos, dejará de haber pobres y ricos, todos los hombres serán realmente iguales. Para ello consideraban que era preciso suprimir la propiedad privada de los medios de producción (campos, fábricas, máquinas), los cuales debían pasar a ser de propiedad colectiva.

Los socialistas utópicos.
Saint-Simon creía en una sociedad de hombres iguales, con una organización social basada en las clases productivas, en la que no habría clases y que sería igualitaria, con auténtica igualdad de oportunidades para todos. Para conseguirlo había que aumentar el progreso social mediante la industrialización y una nueva moral laica.
Fourier (que será el maestro de Considérant) propugnó el falansterio, una pequeña comunidad en la que la propiedad es colectiva, con trabajo libre, amor libre, sin matrimonio ni familia.
Cabet propugnaba la distribución de la riqueza según las necesidades de cada uno.
Proudhon es un antecedente del anarquismo, al proponer la abolición, por medios pacíficos, de cualquir orden coercitivo (Estado, legislación).
Louis Blanc lanzó los Talleres Nacionales, fábricas de autogestión obrera (los trabajadores se quedan el producto integral de su trabajo), en la revolución de 1848.
Blanqui defiende la dictadura del proletariado.
El británico Owen, un rico industrial, defiende que el medio social conforma el carácter humano, y propugnó unas comunidades ideales (New Lamark), que fracasaron en la práctica. Fomentó una política social a favor de los obreros, con mejores salarios y condiciones de trabajo, vivienda, educación, sanidad, etc.

El cartismo y el movimiento obrero.
Owen y otros socialistas utópicos participaron en el “cartismo”, un movimiento reformista inglés, relacionado con el movimiento obrero, el liberalismo y el pensamiento cristiano. Las asociaciones obreras de Gran Bretaña pidieron en la Carta del Pueblo (1838) los derechos políticos del sufragio universal, como medio de conseguir mejores condiciones sociales, y obtuvieron la jornada de diez horas (1847), pero se disolvieron. Poco después se crearon las primeras Trade Unions, sindicatos obreros estructurados por federaciones de oficios, que consiguieron importantes reformas, ya en el periodo 1850-1870.

EL SOCIALISMO CIENTÍFICO.
Marx y Engels: el materialismo dialéctico.



Marx.

En 1848, poco antes de estallar la revolución, dos alemanes emigrados en París, Marx y Engels, publicaron un folleto titulado Manifiesto Comunista, en el que exponían los principios de una nueva teoría socialista:
-La lucha de clases es el motor de la Historia.
-El proletariado debe organizarse para acabar con la burguesía.
En contraposición a los socialismos utópicos, al marxismo se le llamará socialismo científico, porque parte de una realidad económica y social concreta para establecer después unas leyes y unas reglas de conducta y acción.
Para Marx la economía es el fundamento de la Historia y la sociedad se articula en función de las relaciones de producción (materialismo histórico).
Marx considera que la acumulación de capital permite la reproducción del sistema de producción capitalista, de resultas de la plusvalía producida por los trabajadores y apropiada y no consumida por los capitalistas. La “acumulación originaria” inicia la destrucción de las relaciones sociales del modo de producción feudal y precede y asegura el paso al capitalismo.
Los hombres no viven ni actúan aislados, sino formando grupos sociales diferentes, que siempre se han enfrentado y han luchas entre sí (lucha de clases). De la lucha entre proletariado y burguesía debe salir la destrucción del sistema capitalista y la conquista del Estado por parte del proletariado. El capitalismo quedará desmontado cuando desaparezca la propiedad privada de los medios de producción. Entonces desaparecerán las clases sociales, todos los hombres serán iguales y ya no habrá más lucha de clases. Esto se conseguirá mediante una etapa previa de dictadura del proletariado y cuando esto esté conseguido, el Estado podrá desaparecer.

Las consecuencias del marxismo.
El marxismo alcanzó gran difusión entre el proletariado europeo y llegó por primera vez al poder en Rusia, mediante la revolución de 1917. La I Asociación Internacional de Trabajadores fue la organización que lo difundió.
Por otro lado, la vertiente reformista del movimiento obrero, reuniendo las tesis de los socialistas utópicos (sobre todo los cartistas) y del marxismo, y con la acción de los partidos obreros (laborista en Gran Bretaña, socialdemócrata en Alemania y Austria) y del sindicalismo, consiguió importantes mejoras, sobre todo desde que la amenaza revolucionaria convenció a los burgueses de que había que hacer concesiones. Mejoraron los salarios, los seguros sociales, disminuyeron las horas de trabajo, etc.

EL ANARQUISMO.
Ya un pensador inglés, Godwin, defendió en 1793 la desaparición del Estado, la propiedad privada y el matrimonio. Hacia 1848, algunos socialistas utópicos como Proudhon derivaron hacia el anarquismo, teoría social y política que pretende la supresión del Estado, otorgando una ilimitada libertad al individuo. Proudhon escribió que “La propiedad es un robo” y fue el socialista utópico que más influyó en el anarquismo.

Bakunin.

Su principal pensador es Bakunin (1814-1876), un aristócrata ruso que había huido de Siberia, donde estaba desterrado, y vivió en Francia, Italia e Inglaterra. Sus ideas básicas eran: ateísmo, exaltación de la libertad del individuo, eliminación del Estado (y del ejército), rechazo de toda autoridad, necesidad de la revolución campesina, hecha por las masas de una manera espontánea, y de la huelga general revolucionaria por los proletarios. La sociedad se organizaría a base comunas (grupos de hombres y mujeres) autónomas, en régimen de autogestión, mediante sufragio universal (tanto masculino como femenino), con propiedad colectiva del capital y de la tierra, pero no de la producción. Las distintas comunas podían federarse o separarse libremente. Como los anarquistas querían suprimir el Estado, su enfrentamiento se haría mediante la abstención absoluta de la vida política, la huelga y la revuelta individual.
La I Internacional se dividió en dos corrientes: la socialista y la anarquista, que fue expulsada (1872). El anarquismo se extendió sobre todo por tres países europeos: Rusia, Italia y España, con una fuerte base agraria.

Kropotkin.
Kropotkin (1842-1921), otro aristócrata ruso, residió en Gran Bretaña, Suiza y Francia. Es el teórico del anarco-comunismo. Su anarquismo es más moderado en la acción política, más atento a la protección de la naturaleza.

Los continuadores.
Otros influyentes pensadores anarquistas de finales del siglo XIX fueron Tolstoi, Réclus y Grave.
Algunos grupos anarquistas propugnaron la “propaganda por el hecho”: el terrorismo, el atentado contra personalidades políticas (Cánovas y Canalejas fueron asesinados por anarquistas) o clases determinadas (la bomba del Liceo de Barcelona en 1893).
Ya en el siglo XX se calmó la oleada terrorista y los anarquistas apoyaron a los sindicatos obreros de tendencia revolucionaria (anarcosindicalismo). Desapareció como fuerza importante en la I Guerra Mundial, salvo en España donde la CNT subsistió hasta 1939. Después de 1968 hubo un renacer de conceptos anarquistas como autogestión, antimilitarismo, denuncia de la arrogancia del poder, rechazo del consumismo, que fueron recogidos por distintos movimientos contraculturales y de acción ciudadana para cuestionar el orden imperante.

2. EL PENSAMIENTO ECONÓMICO EN EL SIGLO XIX.
El pensamiento económico decimonónico se divide en dos corrientes principales: el liberalismo, subdividido en la fisiocracia (los seguidores de François Quesnay) y en la escuela clásica británica (con los pensadores Smith, Malthus y Ricardo), a la que siguen dos corrientes a partir de 1870, el marginalismo-economía neoclásica y la escuela histórica alemana; el socialismo, subdividido a su vez en utópico (Saint-Simon, Prodhon) y científico (Marx y Engels, los socialistas posteriores).
Estas corrientes (salvo el socialismo utópico) poseen unos caracteres comunes:
-Una actitud científica frente al desarrollo del capitalismo, que se traduce en la formulación de leyes y teorías para explicar la realidad.
-La noción de “excedente”, que se obtiene a partir de la utilización del trabajo, y el que dicho excedente se realiza en un mercado.
-La teoría del “valor trabajo”, que permite explicar tanto la formación de este excedente como la formación del valor.
A pesar de estos rasgos comunes, existieron considerables diferencias entre estas tres escuelas, producto tanto del análisis de la realidad económica, como de las distintas posiciones ideológicas en tal análisis.

2.1. EL LIBERALISMO.
A mediados del siglo XVIII ya aparece el liberalismo, que cree en los ideales del progreso, de la razón y de la libertad. Es un movimiento político y económico. En lo económico es una doctrina dividida en varias corrientes, y que se convertirá en dominante en el siglo XIX. Los precursores del liberalismo son Petty, Boisgilbert, Cantillon y Hume, que critican la doctrina del mercantilismo dominante en Francia y Gran Bretaña en el siglo XVII. Durante la segunda mitad del siglo XVIII aparecen las corrientes liberales de la fisiocracia y la escuela clásica, que se interesan respectivamente por los fenómenos contemporáneos de la revolución agrícola y la revolución industrial.

LA FISIOCRACIA.
El pensamiento fisiocrático apareció en Francia a mediados del siglo XVIII y perduró hasta 1820, aunque más tarde siguió influyendo en muchos terratenientes, políticos y economistas. Su máximo téorico es Quesnay, autor de Le Tableau Economique (1758), mientras que su discípulo Turgot, ministro de Luis XVI introdujo el liberalismo en Francia, con su lema “Laisser faire, laisser passer, le monde va de lui même”.
La fisiocracia cree en un sistema absolutamente liberal (laissez-faire) y circular, en el que sólo la agricultura es capaz de producir un excedente apropiado para los propietarios, que son los que han de tributar. El resto de la economía es considerada “estéril”, porque no origina el “producto neto”.
La fisiocracia es una reacción al mercantilismo que fundaba la riqueza en la concentración de metales preciosos, el superávit de la balanza de pagos, el proteccionismo comercial e industrial. Los fisiócratas franceses analizaron la gran revolución agraria que se estaba produciendo en Gran Bretaña. Los rasgos principales de su pensamiento son:
-La sociedad se divide en tres clases: productora, estéril y disponible. La productora estaría integrada por la agricultura, la ganadería y la industria extractiva; la estéril por los industriales, artesanos y comerciantes; la disponible por la nobleza y los funcionarios. Es la clase productora la que mantiene a las otras dos, la estéril porque le compra la mayor parte de sus productos y la disponible porque paga los impuestos de los que vive.
-Valoran sobre todo la agricultura, como principal fuente de riqueza, ya que es la actividad económica que mejor puede “aumentar” la cantidad de productos netos. De ella parte un “movimiento circulatorio”, a través del que se difunde la riqueza por el resto de la sociedad. El gran factor productivo es la tierra.
-Limitan el papel de la industria a una mera función transformadora, improductiva desde el punto de vista de la multiplicación de las riquezas.
-El comercio sólo es apto para transportar e intercambiar los productos, no para crearlos.
-La economía debe regirse por las leyes naturales, por lo que rechazan la intervención del Estado en la economía y defienden la iniciativa privada.
La agricultura que defienden sigue el modelo desarrollado en la Gran Bretaña capitalista:
-Grandes propiedades en manos de un único propietario, dueño absoluto de toda la tierra.
-Cultivo intensivo, con reinversión en la mejora de la tierra de parte de los excedentes de capital.
-El propietario debe pagar al Estado una parte proporcional de su riqueza (contribución única).
-El Estado no debe intervenir en la comercialización de la producción agraria. Es la doctrina del laissez faire: libertad de circulación y precio de los productos, cuya cantidad y precio se irán acomodando a las necesidades del mercado.
-Un mercado nacional e internacional cada vez más amplio, sin barreras arancelarias.

LA ESCUELA CLÁSICA.
La escuela de economía clásica (también llamada “escuela liberal” porque fue más seguida que la fisiocracia) defiende el liberalismo económico, con una teoría paralela a la del liberalismo político. Es una economía política, que considera que no hay un determinismo absoluto de lo económico: el hombre puede modificar con su acción la economía, para asegurar el bienestar. Pero la lectura neoliberal ha olvidado este cariz humanista de la escuela clásica y se la presenta como radicalmente antiestatalista, aunque Mill, p.e., defendía el papel subsidiario del Estado para defender el bien común.
Aparece en Gran Bretaña h. 1770 con Adam Smith y continúa con Malthus, Ricardo, Mill y Say hasta mediados del siglo XIX, divulgándose rápidamente por Occidente.
Hacen una revisión crítica de las ideas fisiócratas, de acuerdo a la experiencia de la naciente Revolución Industrial británica.
Su doctrina se centra en la trilogía ganancia, ahorro, capital. Sus tesis básicas son:
-El trabajo productivo es todo trabajo que origina un excedente.
-No se limita la economía productiva a la agricultura y al excedente obtenido de la tierra (la tesis fisiocrática).
-Las leyes del mercado son la mano invisible que rige el mundo económico, regulando la producción y el consumo.
-La principal ley del mercado es la de la oferta y la demanda.
-El mercado se regula por la libre competencia.
-El trabajador elige libremente su trabajo.
-La mano de obra se desplaza libremente.
-El contrato de trabajo es un acuerdo libre entre patronos y obreros.
-El Estado sólo defiende la libertad económica, sin intervenir en la actividad económica, aunque asegurando la defensa, la justicia y otros aspectos necesarios para el bien común.
-Hay que aumentar el comercio internacional, suprimiendo las barreras proteccionistas.

Adam Smith.
Adam Smith (1723-1790), profesor de la universidad de Glasgow, es el padre del liberalismo económico por su obra La riqueza de las naciones (1776), en la que estudia cómo enriquecer al Estado y concluye que para ello primero se han de enriquecer los individuos. Es un pensador optimista, muy influido por la fisiocracia, pero que la supera al reconocer que los industriales y comerciantes son igualmente productores, ya que la riqueza es consecuencia del trabajo humano. Considera que “la opulencia tiene su origen en la división del trabajo” y relaciona el aumento de la producción con la división del trabajo. Los productos deben circular con libertad, con la mínima intervención del Estado. Diferencia “valor de uso” de un producto (utilidad de un bien en general) y “valor de cambio” (capacidad de un bien para adquirir otros). El valor de las mercancías depende de la cantidad de trabajo que contengan, pero distingue entre precio natural (el del trabajo necesario para producir el producto) y precio de mercado (determinado por la oferta y la demanda).
En la Teoría de los sentimientos morales (1790) teoriza la nueva moral individualista del capitalismo moderno: la suma de las satisfacciones individuales asegura la felicidad general. De ello colige que el Estado debe intervenir lo mínimo posible en la sociedad y sólo garantizar la defensa exterior, la seguridad y la justicia interior, en suma, lo que la iniciativa privada no realice.
Smith continúa el liberalismo de la fisiocracia, pero reconoce a la industria la capacidad de obtener un “producto neto”. Examina los requisitos del crecimiento económico: acumulación previa de capital y extensión del mercado. Sus ideas económicas son:
-El interés individual y el social coinciden siempre. El mejor medio de obtener una riqueza general es que los individuos obtengan su riqueza particular: “Cuando uno trabaja para sí mismo sirve a la sociedad con más eficacia que si trabaja para el interés social.”
-El progreso económico es la acumulación de riqueza, cuantificada en bienes. Es una idea muy criticada en el siglo XX. Defiende el trabajo especializado (división social del trabajo).
-El valor de cambio de un producto en el mercado depende de la cantidad de trabajo necesario para producirlo.
-Distingue entre “valor de uso” y “valor de cambio”:
“Las cosas que tienen valor de uso tienen, a menudo, muy poco o ningún valor de cambio; por el contrario, las cosas que tienen mayor valor de cambio tienen con frecuencia poco valor de uso. Nada es más útil que el agua; pero no se puede comprar casi nada con ella. Por el contrario, un diamante no tiene valor de uso, pero sirve para cambiarlo por una gran cantidad de bienes.”
-El capital invertido es el factor básico en el desarrollo del proceso productivo porque permite aumentar la productividad del trabajo humano. “La industriosidad de la sociedad sólo puede aumentar en proporción al aumento de su capital”.
-El consumo es improductivo.
-El capital procede del ahorro de las rentas acumuladas sin consumir por los ricos e invertidas en mejorar el proceso productivo.
-En el precio de un producto se incluyen: el salario del trabajador (que debe ser lo menor posible) y el beneficio del empresario (que debe maximizarse para compensar su riesgo).
-La vida económica se rige por un orden natural, que regula la cantidad y el precio de los productos, según la ley de la oferta y la demanda.
-Para que funcione el orden natural, el Estado no debe intervenir en la actividad económica y debe crearse un mercado extenso, tanto nacional como internacional (el librecambio).

Malthus.
Thomas R. Malthus (1766-1834) es un economista pesimista. Autor de Ensayo sobre el Principio de la Población (1798), considera que la población aumenta en proporción geométrica y la producción agrícola sólo en proporción aritmética, por lo que el nivel de vida bajará a largo plazo, al escasear los alimentos y competir los hombres por la supervivencia. Los únicos frenos al aumento de la población son: “positivos” (hambre, plagas y enfermedades) y “preventivos” (disminución de la natalidad).
La felicidad general no sería posible “si el principio motor de la conducta fuera la benevolencia”, por lo que condena la asistencia a los desvalidos, que sería perjudicial para la sociedad, ya que los pobres, al estar mejor alimentados concebirían más hijos, agravando el problema de la oferta de empleo y de los recursos alimenticios.
Considera las crisis como consecuencia del desajuste entre ahorro y consumo. Cuando el ahorro es excesivo hay una depresión económica.

Ricardo.
David Ricardo (1772-1823) escribe Principios de economía política (1817). Es el autor “clásico” por excelencia, el profeta de la burguesía industrial. De Ricardo salen dos líneas, una radical y socialista, de los socialistas ricardianos, que acaba en Marx; la otra, en Mill.
Sintetiza las ideas de Smith y Malthus. Defiende el liberalismo, pero critica la idea pesimista de Malthus y la identificación valor-coste de producción que hace Smith. Según Ricardo, el valor de los bienes está determinado por su coste de producción y el capital ha de considerarse como trabajo acumulado.
Completa la tesis de Smith con un esquema del crecimiento y la estagnación (estancamiento) del capitalismo, pero se separa en bastantes puntos de Smith. Considera una renta neta, formada por las rentas de los propietarios, los beneficios capitalistas y los salarios de los trabajadores, en la que las rentas de la tierra presionan y reducen las otras dos. Hay una ley de rendimientos decrecientes en la agricultura y la industria, hasta que se abandonan las tierras marginales, bajan los salarios y se despide a los obreros. Sólo la innovación tecnológica es capaz de renovar el crecimiento.
Estudia la renta de la tierra y concluye que es necesaria la libre circulación de los productos agrícolas entre los países, por lo que abogó por la abolición de las Corn Laws.
Su ley de bronce del salario (que influyó en Marx) es:
Hay dos tipos de salario: el natural (necesario para el mantenimiento de una familia obrera) y el de mercado (condicionado por la ley de la oferta y la demanda). El salario se mantendrá siempre en un nivel mínimo de subsistencia, lo más cercano posible al natural, porque si por la ley de la oferta y la demanda se aumentase, la clase obrera tendría un mayor crecimiento y los salarios bajarían al ofertarse más mano de obra. Es, pues, pesimista ya que piensa que el mundo obrero está condenado a niveles de vida bajos: “El trabajo, como todas las demás cosas que se compran y se venden, y cuya cantidad puede ser aumentada o disminuida, tiene su precio natural y su precio de mercado.”
Las mercancías aumentan su cantidad por el trabajo: “Hay mercancías cuyo valor sólo depende de la escasez. Ningún trabajo puede aumentar su cantidad... De todas maneras, estas mercancías forman una pequeña porción de la masa de mercancías que cada día se intercambian en el mercado... Así pues, al hablar de mercancías, de su valor en cambio y de las leyes que regulan sus precios relativos, nos referimos sólo a aquellas que puedan ser aumentadas en cantidad por el trabajo humano y en cuya producción opera la competencia sin restricción”.

Say.
Juan Bautista Say (1767-1832) publica Tratado de economía política (1803), la mejor obra de la economía clásica francesa. Defiende la “ley de los mercados”: la economía tiende al equilibrio con pleno empleo, mediante una autorregulación de los precios que evita la sobreproducción (desajuste entre oferta y demanda).

Mill.
John Stuart Mill (1806-1873) es considerado como el último clásico. Say y Mill constituyen lo que Marx llamó despectivamente “economistas vulgares” (porque eran los más leídos). En realidad, Mill fue quien mejor formuló la teoría liberal, al sintetizar las corrientes optimista de Smith y la pesimista de Malthus y Ricardo. En su obra Principios de Economía Política (1848) acepta la ley del trabajo de Smith, la tesis de la renta de la tierra de Ricardo, la tesis de la población de Malthus y las ideas del librecambismo. Pero considera que hay que superar el pesimismo respecto al bienestar de las clases populares y propone soluciones: limitar el derecho de herencia, gravar con impuestos la tierra y fomentar cooperativas de producción. El Estado debe mejorar la sociedad, pero no lo debe hacer en la economía ya que es un mal empresario frente a los particulares.
Mill no considera justo dejar que el sistema se autorregule, por lo que distingue entre las leyes de la producción, que son inmutables, porque dependen de la naturaleza; y las de la distribución, que son reformables, porque son humanas. Es una distinción muy importante en la política económica contemporánea, porque así el Estado puede intervenir en la distribución del producto social (la redistribución de la renta, uno de los rasgos del Estado del bienestar moderno). En este sentido sería un reformista social de enorme influencia posterior.
Mill inicia la ruptura con la teoría del valor trabajo, pues considera que el valor de un bien depende de varios factores y no sólo del trabajo.

2.2. EL SOCIALISMO.
EL SOCIALISMO UTÓPICO.
El socialismo utópico apareció en Francia fundamentalmente, y se caracteriza por un rápido análisis de la realidad actual y pasada y una pormenorizada previsión del futuro. No analizan la realidad, sino que proponen modelos perfectos, utópicos, de cómo debería ser la realidad.
Saint-Simon cree en el papel transformador de las obras públicas y de las asociaciones de productores que permitirán la abolición del derecho de herencia, la eliminación del Estado y el logro de que cada uno consiga ganar según sus necesidades. Fourier, menos realista que Owen, prevé un mundo donde reinará la armonía. Proudhon es más distributivo que socialista, preocupado por la libertad y la igualdad individuales y por un crédito barato.
El mejor economista de la corriente es Sismondi (1773-1842), que inicia la crítica de la escuela clásica, en Nuevos principios de economía política (1819). Reprocha sobre todo:
-A Ricardo que puede ocurrir que no coincidan la riqueza individual y colectiva, que la riqueza esté mal distribuida.
-A Smith que su régimen de libertad de derecho no implica la libertad de hecho, puesto que al concertarse un trabajo las dos partes no están en la misma situación.

EL SOCIALISMO CIENTÍFICO: MARX.
El socialismo científico es iniciado por Marx (quien es auxiliado por Engels), que explica la evolución del capitalismo en base a las propias fuerzas internas del sistema. Abre camino a una serie de economistas socialistas posteriores (en especial la escuela austramarxista), que seguirán las ideas marxistas y desarrollarán una teoría económica sobre el imperialismo, pero esto ya es a principios del siglo XX, con Hobson, Hilferding, Lenin, Bujarin, Luxemburgo.
Marx distingue dos categorías de valor-trabajo:
-Valor de uso: definido por su utilidad.
-Valor de cambio: definido por el tiempo necesario socialmente para producirlo.
Hay una sola mercancía cuyo valor de uso es superior al de cambio: el trabajo. Esto es porque el empresario se queda con la diferencia entre el valor de uso y de cambio: la plusvalía.
Marx da un lugar central en su pensamiento al concepto de plusvalía, en un doble sentido: por un lado, significa el trabajo hecho por los proletarios y apropiado por los capitalistas, y, por el otro, el excedente total del sistema. Es, pues, la categoría fundamental del modo de producción capitalista, al ser el origen de la acumulación de capital.
Respecto a la teoría de la plusvalía como valor trabajo (primer sentido), Marx intentaba salvar el problema de la existencia de sectores con capitales fijos distintos, lo cual hace que no haya correspondencia entre las cantidades de trabajo y los precios.
De la plusvalía (segundo sentido) depende la acumulación de capital, y de esta la demanda de fuerza de trabajo y la aplicación de técnicas que ahorran trabajo para mantener la tasa de plusvalía.
Explica los procesos de crecimiento y de crisis por las contradicciones entre la creciente capacidad productiva y el más reducido crecimiento del consumo proletario o entre los que poseen bienes de producción y los que no los poseen.

2.3. LA TEORÍA ECONÓMICA DESDE 1870.
La crítica de la teoría clásica será emprendida por los pensadores socialistas (que hemos visto) y por dos escuelas, la marginalista-neoclásica y la histórica alemana (con su rama de la institucional norteamericana). La principal aportación de estas críticas a la teoría del trabajo-valor, es que es el producto lo que confiere valor a los factores de su fabricación. El bien-valor es el que valoriza al trabajo, y no al revés.
A partir de entonces, los economistas prestan especial atención al análisis del funcionamiento del mercado en la formación de los precios, pues es el mercado quien asigna el valor económico a los productos.

LA ESCUELA MARGINALISTA-NEOCLÁSICA.
La escuela marginalista-neoclásica (a partir de 1870), cuyos principales autores son Marshall y Walras.
Considera un modelo de estado de equilibrio perfecto, donde los precios del trabajo y del capital son establecidos por la cantidad de nuevo producto que aportan las últimas unidades aplicadas de trabajo y capital. Así, la productividad marginal del trabajo será el salario, y la del capital será el beneficio. Este equilibrio automático ocupará totalmente los recursos existentes y supondrá que se puede establecer una curva de producción para la cual son posibles cualesquiera combinaciones de trabajo y capital.
Los marginalistas aceptan la mayoría de los principios de la escuela clásica (sobre todo en la versión de Mill), pero entienden que la competencia no es perfecta, aunque como hipótesis sea válida para establecer modelos. La política económica debe intervenir para corregir los errores del mercado. Esta será la doctrina económica predominante, “académica”, entre finales del siglo XIX y los años 1930, apoyada en avances estadísticos y metodológicos, hasta que la crisis de 1929 ponga en duda sus principios y Keynes demuestre en su General Theory que puede haber una situación de equilibrio estable con inutilización de recursos (p.e. de trabajo).

El marginalismo.
Las cuatro escuelas del marginalismo son: inglesa (Edgeworth, Sidgwick, Wicksteed) con la Escuela de Cambridge neoclásica (Marshall), austríaca (Wieser, Böhm-Bawerk), de Lausanne (Walras, Pareto, Pantaleoni).
Gossen, Cournot y Dupuit, que sentaron las bases para el desarrollo posterior del pensamiento marginalista, fueron los primeros en considerar la utilidad como la fuente del valor y en formular el concepto de utilidad marginal de los bienes.
Walras (1834-1910) se centra en la teoría de la determinación de los precios en un régimen hipotético de libre y perfecta competencia. Expresa su modelo en fórmulas matemáticas.
El marginalismo llevó a cabo su análisis desde un punto de vista subjetivo e individual y sustituyó la teoría del valor-trabajo por la del valor-utilidad, negó la formación de un excedente al término del proceso productivo y centró su interés en el modo como el sistema se sitúa en un equilibrio, gracias al cual todos los participantes en el mercado alcanzan su máxima satisfacción y quedan absorbidas todas las mercancías. La utilidad es la justificación formal del laissez-faire, ya que cada individuo debía ser libre para gastar sus ingresos y obtener de este modo el mayor beneficio de acuerdo con su utilidad marginal. El bienestar de la sociedad vendría dado por la consecución de los óptimos individuales.

La economía neoclásica: Marshall.
La gran escuela neoclásica es la Escuela de Cambridge, que puede considerarse una rama del marginalismo. Su máximo representante es Alfred Marshall (1842-1924), que intentó compaginar la economía clásica con el marginalismo. Utilizó el modelo del equilibrio parcial, que consideraba más cercano a la realidad y más operativo. Coincide con el marginalismo y otras escuelas posteriores a 1870 en el desarrollo de unos instrumentos conceptuales y matemáticos surgidos con el estudio del equilibrio económico.
La economía debe descubrir la verdad sobre las relaciones económicas concretas. Considera que son esenciales para la prosperidad la libertad de empresa, y el libre juego de la oferta y la demanda. Estudia la competencia, con dos extremos: la perfecta y los monopolios. Sus teorías, de gran éxito, serán utilizadas para criticar a los monopolios y explican las leyes anti-trust de EE UU y muchos países desde principios del siglo XX.

LA ESCUELA HISTÓRICA ALEMANA.
La escuela histórica alemana.
La escuela histórica alemana (también a partir de 1870), se aleja mucho de la abstracción anterior y cree en la relatividad histórica de las leyes económicas, por lo que niega a la ciencia económica la posibilidad de formular leyes económicas.

Institucionalismo norteamericano.
La escuela anterior influyó en una rama de la escuela histórica, el institucionalismo (Veblen en EE UU), que reacciona frente al neoclasicismo marginalista y el inicio del estudio de la evolución y cambio de la técnica y las instituciones en la nueva fase del desarrollo capitalista.

BIBLIOGRAFÍA.
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Sombart, Werner. El apogeo del capitalismo. FCE. México. 1946 (1902 alemán). 2 vs. 546 y 513 pp.
Touchard, Jean. Historia de las ideas políticas. Tecnos. Madrid. 1975. 658 pp.

PROGRAMACIÓN.
PENSAMIENTO POLÍTICO Y ECONÓMICO EN EL SIGLO XIX.
UBICACIÓN Y SECUENCIACIÓN.
Bachillerato, 1º curso. Historia del mundo contemporáneo. Apartado
2. Balance del siglo XIX hasta 1914.
La revolución industrial. Transformaciones económicas, sociales y culturales en el siglo XIX. Las aportaciones del periodo 1870-1914.
El origen de los Estados contemporáneos. Revoluciones burguesas, liberalismo y nacionalismo. La evolución de EE UU y Japón.
Se relaciona en ESO, 2º ciclo. Eje 2. Sociedades históricas y Cambio en el Tiempo. Bloque 5. Cambio en el tiempo. Núcleo 3. Cambio social y revolución en la época contemporánea.
-Revolución industrial, desarrollo capitalista e imperialismo.
Está directamente relacionado con la UD de nacionalismo y liberalismo en la Europa del siglo XIX.
RELACIÓN CON TEMAS TRANSVERSALES.
Relación con el tema de la Educación para la Paz y de Educación Moral y Cívica.
TEMPORALIZACIÓN.
Cuatro sesiones de una hora.
1ª Exposición del profesor sobre doctrinas políticas. Diálogo en minutos finales.
2ª Exposición del profesor sobre doctrinas económicas. Diálogo en minutos finales.
3ª Exposición del profesor, de refuerzo y repaso; esquemas, análisis y comentarios de textos.
4ª Comentarios de textos; debate de grupo y síntesis.
OBJETIVOS.
Conocer las principales doctrinas políticas y económicas del siglo XIX.
Analizar las relaciones entre ambos grupos de doctrinas.
Comprender las relaciones entre las doctrinas y los cambios históricos.
Interesarse por las doctrinas de gran abstracción.
Desarrollar la capacidad de indagación e investigación.
CONTENIDOS.
A) CONCEPTUALES.
Las principales doctrinas políticas del siglo XIX: liberalismo, tradicionalismo, nacionalismo, imperialismo, socialismo.
Las principales doctrinas económicas del siglo XIX: liberalismo (fisiocracia, escuela clásica), socialismo utópico y científico (Marx), marginalismo-neoclásico, escuela histórica alemana.
B) PROCEDIMENTALES.
Tratamiento de la información: uso de manuales y selecciones de textos, realización de esquemas del tema.
Explicación multicausal de los hechos históricos: en comentario de textos.
Indagación e investigación: recogida y análisis de datos en enciclopedias, manuales, monografías, artículos...
C) ACTITUDINALES.
Rigor crítico y curiosidad científica.
Tolerancia y solidaridad.
METODOLOGÍA.
Metodología expositiva y participativa activa. Se basará sobre todo en el fomento de la capacidad de indagación e investigación del alumno, individual y en equipos de trabajo.
MOTIVACIÓN.
Presentación de cómo se debe proceder a una investigación de grupo.
ACTIVIDADES.
A) CON EL GRAN GRUPO.
Exposición por el profesor del tema.
B) EN EQUIPOS DE TRABAJO.
Realización de una línea de tiempo sobre el proceso de cambio de las doctrinas y los principales cambios políticos y económicos, comparando y analizando su relación.
Realización de un esquema de las principales doctrinas.
Analizar las diferencias entre las principales doctrinas.
Comentarios de textos sobre las principales doctrinas políticas y económicas y realización de un breve trabajo de investigación sobre el liberalismo político y económico (que es escogido por ser el de más éxito histórico en el presente).
C) INDIVIDUALES.
Realización de apuntes esquemáticos sobre la UD.
Participación en las actividades grupales.
Búsqueda individual de datos en la bibliografía, en deberes fuera de clase.
Contestar cuestiones en cuaderno de trabajo, con diálogo previo en grupo.
RECURSOS.
Presentación digital y mapas.
Libros de texto, manuales.
Fotocopias de textos para comentarios.
Cuadernos de apuntes, esquemas...
EVALUACIÓN.
Evaluación continua. Se hará especial hincapié en que se comprenda la relación entre el pensamiento político y el económico, sobre los conceptos, sobre las similitudes y diferencias entre las doctrinas.
Examen incluido en el de otras UD, con breves cuestiones y un comentario de texto sobre el liberalismo.
RECUPERACIÓN.
Entrevista con los alumnos con inadecuado progreso.
Realización de actividades de refuerzo: esquemas, comentario de textos...
Examen de recuperación (junto a las otras UD).

1 comentario:

monserrat nuñez esteban dijo...

Muy buena información, me ha servido para seguir estudiando para la universidad :)