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jueves, 26 de julio de 2012

UD 34. Conquista, colonización y administración de la América Hispánica en los siglos XVI al XVIII.


UD 34. CONQUISTA, COLONIZACIÓN Y ADMINISTRACIÓN DE LA AMÉRICA HISPÁNICA EN LOS SIGLOS XVI A XVIII.

INTRODUCCIÓN.

1. EL DESCUBRIMIENTO.
1.1. FACTORES DEL DESCUBRIMIENTO Y CONQUISTA.
SOCIOECONÓMICOS.
POLÍTICOS E IDEOLÓGICOS.
MILITARES.
RELIGIOSOS.
CIENTÍFICOS Y TÉCNICOS.
1.2. ANTECEDENTES.
Los descubrimientos y conquistas en el Atlántico.
1.3. COLÓN Y EL DESCUBRIMIENTO.
Colón.
Los viajes de Colón.

2. LA CONQUISTA.
2.1. CONQUISTA DEL CARIBE.
La primera colonización.
Las expediciones del Caribe.
La vuelta al mundo.
2.2. CONQUISTA DE MÉXICO Y PERÚ.
México.
Perú.
2.3. ÚLTIMAS CONQUISTAS.
Ecuador y Colombia.
Venezuela.
Chile.
Río de la Plata.
Consolidación.
La expansión del siglo XVIII.

3. COLONIZACIÓN.
3.1. DERECHO.
Los acuerdos de España y Portu­gal.          
El monopolio de Castilla.
Las leyes protectoras de los indios.
La forma legal de la conquista.
3.2. ADMINISTRACIÓN.
La estructura administrativa desde el siglo XVI.   
La crisis administrativa del siglo XVII.
Las reformas administrativas del siglo XVIII.      
INSTITUCIONES SOCIO-ECONÓMI­CAS.
3.3. SOCIEDAD.
La demografía.
La urbanización.
La división racial-social.
3.4. ECONOMÍA.
La agricultura y la ganadería.
La minería.
El comercio del siglo XVI.
)La crisis ameri­cana del siglo XVII?
El crecimiento del siglo XVIII.
La libertad de comercio.
3.5. LA IGLESIA, LA CULTURA Y EL ARTE.

4. CONSECUENCIAS DE LA CONQUISTA Y COLONIZACIÓN DE AMÉRICA.
EN ESPAÑA.
EN EUROPA.
EN AMÉRICA.

INTRODUCCIÓN.
La UD estudia el descubrimiento, conquista y colonización de la América española en la Edad Moderna. Apenas se tratan algunos puntos interesantes, como la cultura y el arte hispanoamericano, por la limitación del enun­ciado de la UD.
Un resumen.
El descubrimiento y colonización de la América hispana fue un proceso histórico funda­mental en la Historia de España y la misma América. Fue el proceso colonizador más rápido y vasto de la Historia de la Humanidad, que en apenas unos decenios abarcó la mayor parte de un continente. El conjunto de los problemas políticos, huma­nos, econó­micos, sociales, culturales... que supuso este proce­so, es uno de los campos de estudio más inte­resantes de la ciencia histó­rica.

1. EL DESCUBRIMIENTO.
1.1. FACTORES DEL DESCUBRIMIENTO Y CONQUISTA.
SOCIOECONÓMICOS.
- El hambre de riqueza, sobre todo de oro, madera y escla­vos.
- La necesidad de abrir nuevas vías para el tráfico de las espe­cias.
- La situación social de miseria de algunos grupos socia­les: hi­dalgos segundones, campe­sinos, soldados vete­ranos.
- Los indios, por su parte, no pudieron re­sistir la nove­dad espi­ri­tual de la llegada de los “dioses blancos”, y además es­taban debi­litados, diezmados y desmoralizados por las nuevas enferme­dades que estos llevaban, además de que sus estructuras políti­cas eran relativamente débiles.
POLÍTICOS E IDEOLÓGICOS.
- La necesidad de proseguir la Reconquista más allá de la Pe­nínsula Ibérica.
- La competencia entre España y Portugal.
- Un afán aventurero, de hombres formados en el espí­ritu caballeres­co que creían poder alcanzar la gloria y la ri­queza con el va­lor y la fuerza.
MILITARES.
- La superioridad militar de los españoles: do­mi­nio marí­ti­mo, armas de fue­go (arcabuces, escope­tas, caño­nes), caba­llos, armaduras, mejo­res armas de ace­ro, mejor estrategia y táctica militares. La mayoría de los conquistado­res habían lu­chado con éxito en la conquista de Gra­nada y las guerras de Berbería e Italia. Había una confianza absoluta en la supe­rio­ridad mi­li­tar y además se sabía que una derrota sig­nificaba la muerte.
RELIGIOSOS.
- El espíritu religioso de cruzada, que movía a los con­quis­tadores y a los misioneros. La Iglesia dio a los monarcas espa­ñoles y lusos el monopolio de las tierras recién descubier­tas a cambio de que las evangelizaran.
CIENTÍFICOS Y TÉCNICOS.
- Había una voluntad de descubrir lo desconocido, de lle­gar a los límites de la Tierra.
- Además hubo grandes innova­ciones en la cartografía (por­tu­lanos) y en mejo­res utensi­lios científicos (astrolabio, brú­jula) para la navegación marina.
- La cons­truc­ción de las nuevas naves y en especial las carabe­las para la navega­ción atlántica, con velas latinas y el timón cen­tral fijado al codaste, en sus­titu­ción de las galeras movidas a remo más apropiadas para el Mediterráneo.
1.2. ANTECEDENTES.
Los descubrimientos y conquistas en el Atlántico.
Los descubrimientos comenzaron a principios del siglo XV, con la llegada y posterior colonización de las islas Canarias por los españoles.
Mapa de los descubrimientos portugueses.

Los portugue­ses, a su vez, descubrieron y colonizaron las islas Azo­res, Madeira y Cabo Verde, prosiguieron su exploración de las costas africanas hasta controlar el comercio de esclavos, oro y marfil del Golfo de Guinea y después continuaron la circunnavega­ción de Áfri­ca, con dos hitos, la expedición de Bartolomé Díaz al Cabo de Buena Esperanza en 1488; el gran objetivo de llegar a la India, con la expedición de Vasco de Gama en 1497-1499, lo que facilitó la posterior participación portuguesa en el provechoso comercio de especias y sedas de Oriente; y, finalmente, el descubrimiento por Cabral en 1500 de parte del Brasil, un evento de extraordinario futuro.
2.2. COLÓN Y EL DESCUBRIMIENTO.
Colón.
Cristóbal Colón (1451-1506) era un navegante genovés, que hizo realidad su sueño de navegar a Oriente a través del Atlán­tico. Fue un proceso muy laborioso, pues tuvo que vencer la resistencia de los científicos dogmáticos de la época, que no admitían que la Tierra fuera redon­da. Tras infructuosos inten­tos de convencer a las autoridades de Portugal, pasó en 1485 a España. Los Reyes Católicos se negaron en principio a ayudarle porque estaban comprometidos con la conquis­ta de Granada, pero los franciscanos le apoyaron frente a los científicos y en 1492, los Reyes, esti­mulados por la competen­cia con Por­tugal, se decidieron finalmente a ayu­darle, con la participación de financieros genoveses.
Los viajes de Colón.
Tres naves, las carabe­las Pin­ta y Niña, y la nao Santa María, con noventa mari­nos, par­tieron hacia la gran aventura: fueron al sur, pasando por Canarias y aprovecharon los vientos de esa latitud para un viaje que fue relativamente fácil.
El 12 de octubre de 1492 descu­brieron la isla de San Salvador (hoy Guanahaní, en las Bahamas), después llegaron a la isla de La Española y recogieron indios y productos tropicales. Al volver a España la noticia del descubrimiento conmovió a Euro­pa y de repente el mundo se hizo más grande.
Los otros tres viajes de Colón se produjeron en 1493-96, 1498 y 1502-1504 y en ellos descubrió las grandes islas del Caribe, más la costa venezo­la­na y de Centroamérica. Parece que nunca sospechó que había descubierto otro continente, sino que cre­yó haber llegado a la India y por eso llamó a las nuevas tierras las Indias y a sus habitantes los denominó indios.

2. LA CONQUISTA.
2.1. CONQUISTA DEL CARIBE.
La primera colonización.
Al princi­pio sólo se pre­tendió comer­ciar con las Indias, pero pronto se vio que no había pueblos lo bastante ricos como para vivir del co­mercio y se pasó a la explotación minera y, más tarde, a los asentamien­tos agríco­las y gana­deros.
La colonización de La Española aportó un poco de oro, ex­traído mediante la explota­ción del tra­bajo minero forzado de los indios. La consecuente guerra con los in­dios desembocó en la vertiginosa reducción de su número debido a la guerra, la enfermedad, el agotamiento físico y el deterioro psicológico, y eso desencadenó la consiguiente cri­sis económica para los colonizadores.
Las expediciones del Caribe.
Al agotarse la riqueza minera de la primera colonia, co­mienzan las expe­diciones en busca de comercio y esclavos por el resto del Caribe, a cam­bio de “rescates” (1/5 de los benefi­cios comercia­les); pero pron­to se conver­tieron en empresas de conquista.
Alonso de Ojeda encabeza en 1499-1510 expediciones a Tierra Fir­me, en la zona costera de Colombia y Venezuela.
Ovando co­mien­za en 1502 la con­quista interior de La Española y en los años siguien­tes (1508-1511) se con­quistan las otras Gran­des An­ti­llas: Cuba, Jamaica y Puer­to Ri­co. En cambio, en las Peque­ñas Antillas los caribes caníbales resistieron en algunas islas incluso hasta 1625-1630.
Núñez de Bal­boa descubre el océano Pacífico (1513) y crea una colonia en la actual Panamá.
Empero, el oro y la población indígena de las costa del Caribe se agotaban cuando en 1517 lle­garon noti­cias de la existencia de dos grandes im­perios in­dios: los azte­cas y los in­cas.
La primera vuelta al mundo.
Al mismo tiempo, el descubrimiento del océano Pacífico en 1513 forzó a bus­car una vía directa hasta Asia pasando por América. Carlos I concedió el mando de la expedición al portugués Fernando de Magallanes, que comenzó el peligroso viaje de la vuelta al mundo (1519-1521) y a su muerte la terminó Elcano. Se emprendió por la ruta del sur de América, atravesando el Pacífico y llegando a las Fili­pinas, para volver por el Indico y bordeando Africa, hasta España llevando datos y grandes riquezas en especias.
La constatación de que la Tierra es redonda fue un avance geo­gráfico y cultural extraor­dinario: el mundo era un lugar limi­tado, cuyos límites el hombre podía abarcar en una sola vida. Se podía soñar con dominar el mundo, con la ciencia, el saber, la exploración o la conquistam y había continentes y océanos abiertos a los conquistadores.
2.2. CONQUISTA DE MÉXICO Y PERÚ.
La gran fase de la expansión colonial se realizó en los años 1520-1550, con la conquista de los imperios azteca e inca, cuya enorme extensión, suficiente población, variedad de riquezas y organización social posibilitaron el futuro desarro­llo de las co­lonias de “poblamien­to”, superando de­finitivamente la etapa de las colo­nias “comer­cia­les”.
México.
El imperio azte­ca se extendía por el centro de México. Su capital era Tenochtitlán (la actual capital) y contaba con más de 10 millones de habitantes (algu­nos histo­riado­res incluso opi­nan que incluso 25 millones, pero parece exa­gera­do). Era un imperio en forma de confederación de tribus, sometidas a la hegemonía militar de los aztecas, a los que debían pagar tributos en especies y víc­timas para los masivos sacrificios humanos (estos, según el antropólogo Harris, eran un complemento de la dieta alimenti­cia). Varias tribus, como los tabasqueños y tlaxcaltecas, se les oponían, y esta situación favoreció la conquista española.
Tras dos exploraciones realizadas en 1517 y 1518, el goberna­dor de Cuba, Veláz­quez, en­vió en 1519 una nueva expedición de explora­ción al conti­nente. Escogió como lugarte­niente a su pa­riente Her­nán Cor­tés, el verdadero jefe de la conquista, que, comenzó con sólo 600 hombres. Una vez en el con­ti­nen­te, Cor­tés se libe­ró de la obediencia al gobernador y de­cidió con­quistar direc­ta­mente el te­rrito­rio para sí y sus hom­bres.
La conquista fue favorecida por la división de los indios y por una astuta di­plomacia que dio a Cortérs la alianza con Tabasco y Tlaxcala (po­tencias enemigas de los aztecas), y porque el empe­rador azteca Moctezuma consideró que podían ser los enviados del mítico dios Quetzalcoatl (un dios blanco, con barba, que se había dirigido al Este por mar...).
La conquista comenzó con la fundación de la ciudad portuaria de Vera­cruz. La marcha hacia el interior llevó a la ocupa­ción militar de Cholu­la, mientras Cortés vencía algunas resistencias iniciales, como la de la Tlaxcala, y pactaba con esta ciudad y otros  enemigos de los aztecas. La llega­da a la capital, de acuerdo inicialmente con el propio Moc­tezu­ma, pareció consoli­dar la presencia de los españoles, que se apoderaron de inme­diato del emperador y un enorme tesoro.
Mientras tanto, Velázquez envió una nueva ex­pedi­ción, al mando de Narváez, para some­ter a Cor­tés, pero este le venció casi sin lucha e incorporó a sus hom­bres. Al mismo tiempo, en Tenochtitlán estallaba una rebe­lión azte­ca, dirigida por Cuah­te­moc. La vuelta de Cortés a la ciudad no apaciguó los ánimos, como demostró la muerte violenta de Moctezuma, y cuando Cortés ordenó la re­tirada, esta se convirtió en un sangrien­to desastre: la llamada “No­che Triste”.
En la inmediata bata­lla de Otumba (1520) Cortés consiguió salvar su ejército, gracias al arrojo de sus jinetes y en los meses siguientes lo reorganizó y reforzó con más españoles y muchos indios aaliados, para con­quistar de­fi­ni­tivamente Te­nochtitlán en 1521, a lo que siguió la sumi­sión de los restantes pue­blos vasa­llos de los aztecas.
A continuación desde México se procedió a la conquista del istmo cen­troamericano, el largo terri­torio comprendido entre Pa­namá (ya dominado con anterioridad por Balboa) y Guatemala, habitado por los mayas y los pilpil, mediante expediciones encabezadas por los capita­nes Olid (1523) y Alvara­do (1524-1525). Entonces el poder de Cortés era tan grande que la Corona temió que quisiese fundar un reino propio y deci­dió susti­tuirle y nom­brar la primera Audiencia (1527).
Hacia el norte del Golfo de México la expansión continuó en busca de oro y plata con sucesivas expediciones de Ulloa, Beltrán, Cabeza de Va­ca, Co­rona­do y Soto en los años 1520-1540, pero todas con re­sul­tados ne­gativos, lo que explica que España no conquis­tara apenas el territo­rio de los ac­tuales EE UU, salvo algunas colonias en Florida. En el siglo XVII se avan­zó hasta Nuevo Mé­xico (funda­ción de Santa Fe) y en el siglo XVIII hacia California, creando numerosas misiones (San Diego, San Francisco, Sacramento…). En el sur, en Guatemala, la última resistencia maya, en la ciudad oculta de Tayasal (actual Flores), no fue sometida hasta 1697.
Perú.
Los protagonistas españoles de la conquista fueron Pizarro y Almagro, que pactaron con un financiero (Luque)) un contrato de explora­ción y con­quista. Pizarro comenzó sus tres viajes hacia el sur des­de Pana­má a par­tir de 1524 y recogió noti­cias del oro y la plata del “Bi­rú” (en realidad una aldea de la costa), hasta que consiguió lle­gar a Tum­bes en 1526 y se in­formó de primera mano de la existencia del impe­rio in­ca, con sus auténticas riquezas.
El imperio inca, que se extendía por la zona andina desde Ecuador hasta el centro de Chile, era el mayor Estado del con­tinente. Su organi­zación política y social era muy compleja y seguramente hubiera resistido con éxito mucho tiempo la conquista si no hu­biera estado debilita­do y dividido en la época de la llegada de los españoles.
El último gran em­perador inca, Huayna Capac, murió en 1530 del tifus lle­gado por la cos­ta antes que los propios españoles y la posterior gue­rra civil en­tre sus hijos Atahualpa y Huascar debilitó el reino justo en el peor momento. Atahual­pa acababa de vencer y apresar a Huas­car, lo que fue aprovechado por los españo­les para lo­grar el apoyo de los partidarios del se­gundo contra el primero.
Pizarro, de regreso a España, firmó unas Capitula­ciones en 1529 con Carlos I y emprendió su expedición final en 1531, con sólo 180 hombres. Se adentraron en el imperio y en un golpe de audacia consiguieron capturar al Inca Atahualpa en Ca­jamarca (noviembre 1532), imitando así a Cortés. El res­ca­te pagado en vano por el Inca y la toma de la capital, Cuzco, les dieron inmen­sas riquezas en me­ta­les preciosos. Siguió la ejecu­ción de Atahualpa (1533) y la funda­ción de Lima (1535), mientras que la gran su­ble­vación in­ca, dirigida por un nuevo Inca, Manco Ca­pac, en los An­des, fue reprimida con muchas dificul­tades, pues hasta 1572 no se acabó con los rebeldes mediante la ejecución del últi­mo Inca, Tupac Ama­ru.
Pero ha­cia 1540 el do­minio espa­ñol estaba ya conso­lida­do. Enton­ces co­menzaron las disputas in­ter­nas entre los españoles, con dos gue­rras civi­les entre los partida­rios de Pizarro y Alma­gro (ambos morirán violentamente) hasta que en 1543 el enviado real acabó con los insurrectos.
2.3. ÚLTIMAS CONQUISTAS.
Perú sirvió de base para las siguientes conquistas y y ex­ploracio­nes, la más famosa de las cuales fue la que llevó a Orellana a recorrer el Amazo­nas (1541) en busca del mítico Eldorado, un país de oro.
Ecuador y Colombia.
Un lugarteniende de Pizarro, Belalcázar, conquistó Ecuador (1533), que era parte del imperio Inca, tras la toma de Qui­to (1534) y la fundación de Gua­yaquil (1535).
Co­lombia, dominada en su mayor parte por los chibchas, fue conquistada, destacando la fun­da­ción de Cartagena (1533) y la toma por Quesada de Bogotá (1537), quedando pacificada en 1538.
Venezuela.
La conquista la había comenzado Ojeda antes de 1510 y prosiguió con expedi­ciones comerciales y la fundación de Nueva Córdoba (1523). La feroz re­sistencia del jefe caribe Guai­caipuro (1560-1569) fue vencida en Caracas (1569), pero la con­quista no se completó hasta el siglo XVII.
Chile.
Almagro había ocupado (1535) el norte del país, ya domina­do por los incas, pero su pobreza y la resistencia de los arau­canos le habían obligado a abando­narlo. Más tarde, Pedro de Valdivia conquis­tará el norte y el centro de Chile desde 1540, en dura lucha con­tra los arau­canos del sur. Se fun­daron Santiago (1541), La Serena (1544), Concepción (1550) y Val­divia (1552, varias veces des­trui­da). En 1554, en la batalla de Tucapel, los mapuches araucanos del jefe Lautaro aniquilaron a una hueste de Valdivia, que fue ejecu­tado. Pero en abril de 1557, cerca de Santiago, los indios, ya de antes mermados por las enfermedades y el hambre, fueron aniquilados por el ejército español de Francisco de Vi­llagra. La resistencia se redujo al sur del río Biobío, demasiado inhóspi­to para interesar a los es­pañoles, y prosiguió hasta el siglo XIX, cuando Chile ya era independiente.
Río de la Plata.
La exploración del Río de la Pla­ta, región de las actuales Argentina, Paraguay y Uruguay, comenzó con Díaz de Solís en 1516. La con­quista fue tar­día y se reanudó con la fundación de las ciudades de Buenos Ai­res (1533) y Asunción (1537), y con expediciones desde el Pe­rú, como al de Irala en 1547, y desde Buenos Aires.
Consolidación.
Ha­cia 1550 la mayor parte de la Amé­rica colo­nial española había sido conquistada y en el reina­do de Felipe II se decidió conso­lidar la conquista, mediante una mejor organización del terri­to­rio y su poblamiento metódi­co. Hacia 1580 había ya 460.000 es­pañoles, asen­tados en rela­tiva paz, en ciudades según el mo­delo español o en sus posesio­nes, fueran hacien­das o encomiendas si eran propietarios ricos, y peonías si eran pobres. 
Colonias europeas en América siglos XVI-XVII
Mapa de América hacia 1700.

La expansión se frenó durante el siglo XVII, en gran parte por la insuficiencia de efectivos demográficos.
La expansión del siglo XVIII.

            Mapa de América hacia 1800.


En el siglo XVIII los territorios se expandieron de un modo natural: des­de México se avanzó hacia Texas, Nuevo México y Ca­li­fornia; desde los Andes se ocuparon las zonas selváti­cas ad­ya­cen­tes, y des­de Bue­nos Aires se ocupó la zona del actual Uru­guay.

3. COLONIZACIÓN.
3.1. DERECHO.
Los acuerdos de España y Portugal.          
Una bula del papa Ale­jandro VI (1493) esta­ble­cía una línea divisoria entre los dominios de Castilla y Portu­gal. El Tratado de Tor­desillas (1494), entre ambos paí­ses, reformó la diviso­ria, llevándola más al Oeste, lo que de­jaría el Brasil en manos de Portugal.
El monopolio de Castilla.
El fundamento legal de la conquista fue el derecho de conquista que dio el monopolio a la Corona de Castilla, lo que establece la prohibición de emigrar a América de los súbdi­tos de otros reinos, aunque no se cum­plió totalmen­te, porque se podían alegar excepciones y obtener permisos individuales.
Las leyes protectoras de los indios.
Para regular los abusos de los encomenderos se promulgaron las Leyes de Burgos (1512): se estipularon las obligacio­nes de pagar sala­rio, proporcionar vivienda y hamaca para dor­mir, edu­cación española y cristiana y de evitar malos tra­tos. Pero hubo un ge­nerali­zado incumpli­miento en las Anti­llas, en donde el despo­blamiento fue imparable.
Ante la evidencia de que el sistema no funcionaba, la reforma de 1532 abolió la encomien­da de “servi­cios” (con obligación de trabajo de los indígenas) y la susti­tuyó por la encomienda de “tributos” (los indígenas paga­ban tributos), que el rey, único con derecho a cobrarlos, cedía a los conquistadores. Este nuevo sistema funcionó en el con­tinente, pero los encomenderos quisieron hacerlo here­ditario, y perduró en bastantes regiones hasta el siglo XVII, aun­que el rey había impuesto en las Nuevas Leyes de Indias (1542) que la encomienda sólo durara una generación.
Finalmente, los indígenas se fueron convirtiendo en mano de obra asalariada, sometidos al dominio de los hacendados.
La forma legal de la conquista.
La conquista se realizó mediante un sistema “empresarial”. La expedición de conquista se contrataba con el rey, mediante una “capitulación” del capitán y sus soldados. El objetivo fun­damental era la búsqueda del botín (oro, plata), que se repar­tía según lo estipulado: 1/5 para el rey, 1/7 para el capitán, el resto para la tropa según sus aportaciones personales. Pero el botín no satisfacía toda la ambición social del conquista­dor, que aspiraba a convertirse en noble en América y reclamaba al rey tierras, indios, cargos y privilegios, mientras que el rey no quería conceder cargos públicos hereditarios y sólo con­cedió tierras e indios, en las encomiendas.
Se impuso paulatinamente a los indios la civilización española (lengua, religión, leyes, costumbres...). Incluso los humanistas más progresistas creían que la misión de los conquistado­res era extender su civilización. El humanista Ginés de Sepúlveda escribía: ‹‹A estos bárbaros, violadores de la naturaleza, blasfemos, idólatras, sostengo que no sólo se los puede invitar, sino también compeler para que, recibiendo el imperio de los cristianos, oigan a los apóstoles que les anuncian el evangelio.››
3.2. ADMINISTRACIÓN.
El rey, a través de la administración real a su servicio, controló estrechamente en el siglo XVI la administración colonial, sin permitir que surgieran poderes autónomos como la nobleza que tanto reducía su poder en España, lo que explica en buena medida su oposición a la exten­sión de las encomiendas. Además, se trataba de crear una administración sólida, que dominara la riqueza y la llevara a España.
En sus inicios, la América española fue organizada según un sistema dual: el poder político, militar y judicial recayó en el gobernador, en tanto que la hacienda se encargó a tres funcionarios reales. La conquista de los imperios indígenas forzó a variar la organización admi­nistrativa mediante virrei­natos y provincias.
La estructura administrativa desde el siglo XVI.   
La administración española comienza su implantación en el reinado de los Reyes Católi­cos, pero no tomaron su forma perma­nente hasta Carlos I y Felipe II.
La Casa de Contratación (1503), que tuvo el monopolio del comercio americano prime­ro en Sevilla, y luego en Cádiz (1711), hasta la li­bertad de comercio en 1779. Vigilaba las relaciones marítimas y comerciales entre las Indias y la metrópoli y ase­guraba la organización y protección de la flota (que transpor­taba la riqueza) y, en los primeros años, era también una corte de Justicia. Las Flotas de Indias (desde 1543), que conta­ban con fuerte pro­tec­ción na­val, concentra­ban el trá­fico atlán­tico de los ga­leo­nes, tanto para protegerlo de los piratas como para el con­trol fis­cal. La Coro­na recibía 1/5 de los meta­les precio­sos aunque a veces se apro­piaba del total a cam­bio de deu­da.
Consejo de Indias: órgano consultivo y legislativo para el go­bierno (1524). Controlaba los nombramientos, la administra­ción y proponía las leyes.
Los virreyes eran el vértice de la pirámide del poder, como representantes personales del propio monarca. La autoridad del virrey abarcaba: poder mi­litar (capitanes generales), judi­cial (presidentes de las Au­diencias), legisla­tivo (promul­gan instrucciones y le­yes), civil, económico y fiscal. Los primeros que se establecieron fueron los de Nueva Es­paña (México) en 1535 y Nueva Castilla o Pe­rú (Lima) en 1544. Pos­te­rior­mente (en el siglo XVIII) los de Nueva Granada (Bo­gotá) en 1717 (suprimido poco después y restablecido en 1740), y Río de la Plata (Bue­nos Ai­res) en 1776.
Los gobernadores. Nombrados por la Corona, tenían poder mili­tar, administrativo y judi­cial. Había h. 1700 gobernadores en 37 provin­cias.
Los adelantados. Eran cargos de los primeros conquistado­res, para controlar pequeños territorios.
Las Capitanías Generales. Eran también cargos de los pri­meros conquistado­res, pero para territorios más extensos. Después tuvieron el poder militar y ad­ministrativo en varios lugares dependientes de los Virreinatos, de los que asumieron sus com­petencias: Guate­mala (1544), Chile (1565), Vene­zuela (1777) y Cuba (1777).
Las Audiencias. Eran organismo que tenían poder judicial (tribunal de justicia) y administrativo (control de los funcionarios). Hubo un total de 14: Santo Do­mingo (1511), Mé­xico (1527), Guadalajara, Gua­tema­la, Panamá (1535), Caracas, Bogotá, Qui­to, Lima (1542), Cuzco, Char­cas, Santiago y Buenos Aires.
Los Ayuntamientos (posteriormente llamados cabildos). Se organizaron según el modelo español, con un consejo con alcalde mayor y regidores. El poder local estaba bajo el control superior de las instituciones anteriormente citadas.
Las Intendencias. Encargadas de la administración económica, se impusie­ron por Carlos III. Su cen­tralismo explica la oposición de los criollos, que desembocó, junto a otros motivos instituciona­les, como la concentración de los poderes civil y judicial en las mismas manos, y el monopolio de cargos por los peninsulares, en varias revueltas criollas en el siglo XVIII y finalmente en el inde­pen­dentismo.
Las Universidades. Fue­ron los grandes centros culturales de hispanización y se crearon según el modelo salmatino. La primera fue la de Santo Tomás de Aquino en Santo Domingo (1538), seguida por Lima (1551) y México (1553).
La crisis administrativa del siglo XVII.
En el siglo XVII, coincidiendo con el aumento del número de criollos y su ascenso creciente al poder social y económico en detrimento de los peninsulares, la Corona perdió gran parte del control del gobierno local y regional, debido a la crisis pe­ninsular y la imposibilidad de pagar directamente los sueldos, por lo que la administración dependió de las clases pudientes, sobre todo hacendados y comercian­tes, en un pacto tácito de recibir impuestos a cambio de cederles el con­trol sobre la masa indígena y el comercio.
En este contexto político muchos criollos consolidaron su dominio de las mejores tierras cultivables y crearon grandes latifundios.
Las reformas administrativas del siglo XVIII.
Los gobiernos ilustrados españoles, sobre todo desde me­diados del siglo XVIII, concibieron una política de recuperación del control político y económico de América.
- Creación de una administración territorial y local efi­ciente, en manos de funcionarios españoles, de origen peninsular, pa­gados directamente por la Corona, y así no dependiesen de los criollos. Por ejemplo, en 1750 se suprimió definitivamente la venta de oficios públicos en las Indias, lo que redujo la venalidad. El acceso de los criollos a la administración se abrió un poco, pero no lo sufi­ciente como para calmar sus ánimos.
- Aumento de la presión fiscal, con impuestos administra­dos por el Gobierno, en buena parte gastados en España y sus guerras.
- Creación de un ejército eficaz, integrado en gran parte por criollos y mulatos.
- Reorganización del comercio, restableciendo el monopo­lio español y reprimiendo el contrabando.
- Crecimiento territorial hacia los confines del Imperio, en zonas montañosas y selváticas antes incontroladas. En el siglo XVIII la exten­sión del Imperio español alcanzó su máximo. Por ejemplo, se ocupó la colonia portuguesa de Sacramento, en el actual Uruguay.
INSTITUCIONES SOCIO-ECONÓMICAS.
La colonización desarrolló una serie de instituciones so­ciales y económicas para contro­lar a la población indígena y lograr que trabajara para los conquistadores. Las más importan­tes fueron la encomienda y la mita.
La encomienda: reparto de los indios en grandes explota­ciones agrarias propiedad de los españoles, con trabajo obliga­torio. Se cometieron graves abusos, por lo que la monarquía procuró anular­los. Desa­parecieron en su mayoría en el siglo XVII.
La mita: trabajo obligatorio de los indios a fa­vor de los españoles, sobre todo en el sector minero, pero también en el agrí­cola, ganadero, transporte y comercial. Se tomó por mode­lo la mita incaica y fue el sistema de explotación de las minas de plata de Potosí.
El obraje: trabajo artesanal o industrial obli­gato­rio de los indios a favor de los españoles, en talleres sobre todo textiles, pero también metalúrgicos y de otras industrias.
La naboría: trabajo doméstico obligatorio de los indios a favor de los españoles.           
La peonía: una distribución de tierras en propiedad a los españoles, pero sin indios que la trabajasen. El tamaño era apropiado para alimentar a una familia.
3.3. SOCIEDAD.
La demografía.
La conquista conllevó una inmediata catástrofe demográfica. La población bajó considerablemente en el siglo XVI debido al impacto negativo de las nuevas epidemias, las guerras de con­quista, la opresión econó­mica, el choque cultu­ral y la deses­truc­tu­ración social. El momento peor fue h. 1600 y durante el siglo XVII se estancó, aunque a finales del si­glo comenzó a subir, para crecer con fuerza creciente en el siglo XVIII, hasta alcanzar los 15 millones en 1800: 7 en el virreinato de Nueva España, 3 en Nue­va Granada, más de 2 en Nueva Castilla (Perú) y 2,35 en Río de la Plata.
La urbanización.
La urbanización fue un elemento fundamental en la nueva sociedad: las clases dominan­tes se concentraron en las ciuda­des, algunas antiguas (México sobre la antigua capital azteca de Tenochtitlán, Cuzco) y la mayoría de nuevo cuño, con un ur­banismo de planta regular. El po­blamiento español y mestizo se concentró en los centros urbanos, mientras que los indios y otros grupos lo hacían en la periferia, en barrios miserables.
La división racial-social.
Los rasgos fundamentales de la sociedad colonial fueron la división racial y la pirá­mide social, directamente relaciona­das entre sí. En realidad no se pertenecía a una raza sino que se vivía al modo de una raza: había indios (los descen­dientes de las clases dominantes indígenas) que se consideraban “blancos” porque vi­vían como tales y pertene­cían a la élite gobernante, y en casi todos los casos se integraron biológica­mente mediante un activo mestizaje.
Blancos peninsulares: en número reducido (solo 300.000 en 1800), pero con el mo­nopolio de los cargos más importantes. Muchos regresaban a Es­paña des­pués de amasar una riqueza y se les llamaba los “indianos”.
Criollos: de creciente número (3 millones en 1800) y gran poder social, económico y político pues ocupaban los cargos intermedios, pero estaban aparta­dos de los cargos públicos más impor­tantes. Desarro­llaron una conciencia autonomista, hasta nutrir el movimiento indepen­dentista a finales del siglo XVIII. La cúspi­de la ocupaban los hacendados, propietarios de grandes explota­cio­nes agrarias, segui­dos de los comerciantes instala­dos en los puertos, y de los dedicados a oficios libera­les, artesa­nos, misioneros...
Mestizos: era una etnia expansiva numérica­mente (4 millones en 1800), gracias a la unión sexual, la mayoría en concubinato y pocas veces en ma­trimonio le­gal, de los blancos con las indias, y a viceversa excepcionalmente. Desarrolla­ban los traba­jos más du­ros en agricul­tura y ganadería, aun­que mu­chos conser­vaban pe­queñas propieda­des. Vivieron un fuerte pro­ceso de acul­turación, formando la mayoría de la sociedad.
Indios: Eran el grupo más numeroso (10 millones en 1800). Estaban reduci­dos a la periferia de las co­lonias y a la explotación más dura en la agricultura y las minas. Ocupaban el último escalón so­cial. La mayoría sufría el control de la enco­mienda y muchos se agru­paron desde 1550 en los parti­dos o “po­blados de indios”, domi­nados por un cacique, llamado corregi­dor de in­dios; eran pro­tegidos por la Coro­na para evitar los abu­sos t disfrutaban de un lote de tierras para su explota­ción comuni­taria, con la obliga­ción de en­tregar un tri­bu­to y tra­bajos gratui­tos. De este modo se pre­ser­varon impor­tantes nú­cleos de razas indíge­nas que han durado has­ta el pre­sente. La gran mayoría se convir­tieron al cristia­nismo muy pronto, pero a me­nudo con­ser­varon creencias, costum­bres y ritos paga­nos.
Escla­vos negros (0,8 millones en 1800), importados de África des­de principios del siglo XVI has­ta el siglo XIX, para el trabajo agrí­cola en las plantacio­nes del Ca­ribe y la costa, y el ser­vi­cio do­més­tico. Muchos fue­ron libe­ra­dos en el conti­nente.
Mulatos, provenientes de uniones de blan­cos y ne­gros, eran libres en su mayoría.
Zambos, provenientes de uniones de negros e indios, también eran libres en su mayoría.
3.4. ECONOMÍA.
La política económica de la metrópoli fue muy dañina para América Latina porque la puso al servicio de la economía euro­pea y lastró su progreso. Se fomentó una especialización de cada región ameri­cana en unos pocos productos para la exportación a Europa, y esta mono­producción causó un subdesarrollo que ha pervivido en gran par­te hasta la actualidad. Fue, pues, una explotación predatoria de los recursos naturales americanos (metales preciosos, pro­ductos tropicales), en beneficio de la deficitaria economía castellana, que tampoco se benefició mucho por ello, pues la gran beneficiaria fue el resto de Europa occidental.
La minería y el comercio fueron las principales activida­des coloniales en el siglo XVI, pero después se desarrollaron la agricultura y la ganadería para autoabastecer las colonias.
La agricultura y la ganadería.
La explotación agraria indígena siguió siendo de propiedad comunal, y en estos casos los españoles se limitaron a apro­piar­se de los exce­dentes mediante tributos, en lugar de la an­tigua aristocra­cia indí­gena. Pero en muchos territorios las mejores tierras fueron apropiadas por los españoles, que las cultivaron con trabajado­res indios y negros, para cultivos co­merciales para la exporta­ción, como un prece­dente de la plan­tación.
La agricultura americana siguió estando centrada alrededor del cultivo del maíz y en los Andes de la patata, al igual que en las civilizaciones precolom­bi­nas o como hoy mismo, y se aprovecharon cultivos tradicionales como el cacao. La dependencia de estos productos perma­neció invariable en la agricultura de subsistencia de la que vivieron la población indígena y los nuevos grupos étnicos pro­venientes de la Conquista. Los nuevos cultivos (trigo, vid, olivo) fueron muy minoritarios y dedicados exclusivamente a la minoría espa­ñola, y fue muy lenta la introducción o difusión de nuevos culti­vos comerciales como la caña de azúcar, algodón, café, tabaco, especias, arroz..., y de nuevas téc­ni­cas de arado o regadío. El éxito de la agricultura comercial debió esperar al siglo XVIII.
En cuanto a la ganadería el éxito de adaptación fue más rápido y el ganado vacuno, ovino, porcino y equino se di­fun­dió por todo el conti­nen­te y fue un factor esencial de la eco­nomía indiana, proporcionando fuerza de trabajo, carne, leche, lana, cueros y pieles.
La minería.
Al principio el botín en oro y plata de la conquista bastó para enriquecer a los conquista­dores y la Coro­na, pero luego las explotaciones en las arenas de los ríos del Ca­ribe y, después sobre todo, en las minas del continente, fue­ron las mayores riquezas mineras.
Desde 1540 las minas de pla­ta de Potosí en Perú, y de Za­catecas y Guanaja­to en México abas­tecían los cami­nos de la pla­ta hasta Panamá y Veracruz, desde donde se embar­caban las Flo­tas de ga­leo­nes. Las minas eran monopolio de la Corona, que concedía su explotación a cambio de 1/5 del metal extraído.
El descenso de la producción en el siglo XVII se mantuvo hasta un nuevo ciclo de alza en el siglo XVIII, con el descubrimiento de grandes yacimientos de plata en México.
El comercio del siglo XVI.
El comercio colonial evolucionó en cuatro etapas:
1) 1492-1503: monopolio de Colón y la Corona.
2) 1503-1510: monopolio de la Corona.
3) Desde 1510: autorización de libre comercio a todos los súbditos de la Corona. En 1529 había 9 puertos autorizados, aunque al regreso debían pasar por la Aduana de Sevilla.
4) Desde h. 1573: monopolio del puerto de Sevilla y sus comerciantes.
Las causas de la centralización en Sevilla fue­ron: geográ­ficas (la costa andaluza era ventajosa para navegar a América Central), políticas (un mejor control por la Corona del quinto de los metales preciosos), socio-económicas (los comerciantes sevi­llanos, organizados en la Universidad de Cargadores de In­dias, eran un formidable grupo de presión), de seguridad (los ataques piráticos motivaron que se organizaran los convoyes o Flotas de Indias, fuertemente armados).
)La crisis ameri­cana del siglo XVII?
Hay al respecto una contro­versia de los auto­res, con Chau­nu que sostiene que hubo un des­cen­so con­tinua­do, y Mo­rineau, que planrea una recuperación al final del siglo.
Los elementos de la crisis son evidentes y repercuten en la administración del territorio, pero parece que el hundimiento no fue tan fuer­te ni generalizado y que unos sectores la sufrieron y otros incluso se be­neficia­ron:
- La disminución de la población in­dí­gena era evidente a finales del siglo XVI, pero se mantuvo estable durante el XVII.
- Pero, en cambio, la población blan­ca y mestiza crecía cons­tante­mente.
- Los es­clavos negros llega­ron en mayor cantidad en este siglo, co­men­zando las prime­ras explota­ciones agrarias capita­listas.
- El descenso del tráfi­co atlántico era pa­tente a mediados del siglo XVII, con la reduc­ción de los envíos de oro y plata de  las Flo­tas hacia España, pero era debido en gran parte a la decadencia española, a que la autosufiencia productiva de las colonias aumen­taba y a que crecía el contrabando con las otras po­ten­cias coloniales (Gran Bretaña, Holanda, Francia). A fina­les de siglo, desde 1680, se estaba recuperando con fuerza.
El crecimiento del siglo XVIII.
El mayor desa­rro­llo demográfico y económi­co lle­gó en el siglo XVIII, junto con el au­mento de la pobla­ción; los cul­ti­vos tro­picales en el Cari­be (trabajadas por negros esclavos); la mejora de la agricultura, ganadería, minería (plata de México) e industria (para el consumo interno) en todo el territorio; y la li­bertad de comercio con América. Fue un crecimiento más equi­librado, ex­tendido por muchos secto­res, aunque el industrial no acabó de despegar.
La libertad de comercio.
Mapa del comercio colonial americano en el siglo XVIII.


En el siglo XVIII el monopolio comercial pasó a Cádiz y para­lelamente se fomentaron las compañías comerciales privilegia­das: Guipuzcoana de Caracas (1728), de la Habana (1740), de Barcelona (1755), que se concentraron en el Caribe.
En 1765-1778, progresivamente, se eli­minó el mono­polio gaditano y los prin­cipales puer­tos pe­ninsula­res pudieron comer­ciar libremente con los de América, con lo que el tráfico se multiplicó (hasta la crisis bélica de 1796), pero en 1790 Cádiz todavía concentraba el 50% de las exportaciones es­pañolas y el 85% de las extranjeras a América.
La política económica orientada a que cada región comer­ciase directamente con España había favorecido que a través de esta los productos europeos inundasen el continente y hundió a mu­chas industrias americanas nacidas en los siglo XVII y la prime­ra mitad del siglo XVIII. Las protestas de los criollos consiguie­ron que en 1774 se permitiera el comercio entre México y Cen­troamérica, y entre Nueva Granada y Perú, en 1776 entre Chile, Buenos Aires y Perú, y, por fin, en 1795, de­ma­siado poco antes de la Inde­pen­den­cia, todos los comer­cian­tes ame­rica­nos alcanza­ron el de­recho de li­bre comer­cio entre sí y con las colonias extranjeras en América, con lo que se creó un in­menso mercado único, pero no hubo tiem­po de crear los la­zos económi­cos inte­ramericanos que hubie­ran facili­tado un futuro unido de la Amé­ri­ca espa­ñola.
Los criollos, en general, prosperaron, consolidando su do­minio de las tierras cultivables y las empresas industriales y comerciales; creció su opo­sición a los pe­ninsu­lares, que mono­polizaban los cargos pú­bli­cos y el comer­cio con España.
La apari­ción de los movimientos indepen­den­tistas, como la rebe­lión inca de 1780, fue el resultado de las tensiones entre una Amé­rica más de­sarrolla­da y una Espa­ña que no podía satisfa­cer las preten­sio­nes de esta.
3.5. LA IGLESIA, LA CULTURA Y EL ARTE.
La Iglesia completó la conquista militar. Si esta conquis­ta fue rápida y violenta, la evangelización de los indios fue igual­mente rápida (la velocidad sorprendió al Papado) pero sin crueldad: poblaciones enteras se “convirtie­ron” en sumarios bautismos colectivos y en menos de una genera­ción se integraron efectivamente en la Iglesia, aunque subsis­tiesen costumbres paga­nas. Los colegios de los misioneros (en 1536 se fundó el Colegio de la Santa Cruz en México) cristiani­zaron a la nobleza local indígena, de la cual pro­venían los sacerdotes de los cul­tos paganos, con lo que los sacerdotes paganos pa­sa­ron directa­mente de vene­rar a los dioses a venerar al Dios cristia­no y así man­tuvie­ron su mismo poder social de antes.
El impacto de la Iglesia católica en el mundo indígena amerindio fue ambivalente: por un lado protegió a los indios contra los peores abusos de la opresión de los conquistadores, pero por el otro contribuyó decisivamente a su aculturación y desestructuración social, lo que dañó tanto la cultura, con la quema de idolos y libros paganos, y la pérdida de costumbres ancestrales, como perjudicó a la población con el aumento de la mortalidad.
La Igle­sia fue el gran mecenas del arte barroco ameri­cano, que destacó en la ar­quitectura de conventos e igle­sias, y se exten­dió a los edifi­cios civiles, como audiencias y pala­cios (aún hoy muchas de las sedes de los Gobiernos independientes están en los monumentales palacios de los virreyes y capitanes generales). Igualmente de sus filas salieron los mejores intelec­tua­les, como la monja mexicana Inés de la Cruz.
La cristianización de los indios fue bastante fácil, por el prestigio de los conquistadores, que se habían mostrado tan superiores militarmente a los indios. La lengua española y la religión católica fueron adoptadas muy pronto por las clases indígenas dirigentes, y más tarde por las masas. Los más acti­vos difusores fueron los frailes misioneros (franciscanos, do­minicos, agusti­nos), en competencia con jesuitas y el clero secular.
La estructura re­ligiosa fue doble:
Las Diócesis: división en arzopispados, obispados y parro­quias según el modelo español,  en el que la Corona nombraba los altos cargos, para las tierras sólidamen­te cristiani­zadas. Prolife­raron los conventos en las ciudades.
Las Misiones. Fundaciones religiosas entre los indios, para su conversión y civilización, en tierras de “conversión”. Las misiones o reducciones jesuíticas en Paraguay civiliza­ron a los pueblos indígenas según un mo­delo utópi­co (trabajo y bie­nes comunitarios, comunidades au­to­sufi­cientes) y llegaron a formar un verdadero Estado teocrático con 200.000 habitantes, hasta su casi de­sa­pari­ción a mediados del siglo XVIII, en la guerra guaraní (1754-1756), debido a la expulsión de los je­suitas y la presión de los es­clavistas ‘bandeirantes’ por­tugueses. Les sucedieron los franciscanos, con un éxito mucho menor.
La protección de los indios: De las Casas y otros sacerdo­tes lucharon contra los abusos de los españoles sobre los indios.
Las lenguas recuperadas: los sacerdotes estudiaron y conser­varon muchos de los idiomas indígenas para favorecer su conversión, aunque también destruyeron muchas de sus fuentes escritas.

4. CONSECUENCIAS DE LA CONQUISTA Y COLONIZACIÓN DE AMÉRICA.
Las repercusiones en España, Europa y América del descu­brimiento y coloni­za­ción de América, fueron ambiguas, una mes­colanza de aspectos positivos y negativos.
ESPAÑA.
- Prosperidad de Se­villa (capi­tal económica del mundo du­ran­te unos decenios).
- Pér­dida demográfica de los emigrantes americanos en un mo­mento de de­bi­lidad demo­gráfica en España.
- Llegada masiva de metales pre­ciosos que al principio esti­mu­la­ron la eco­no­mía y permi­tieron pagar las gue­rras euro­peas, pero pro­vo­caron pronto una “Revolu­ción de los Precios” que arruinó las activi­dades productivas.
- En España hasta 1570 produjo una expansión económica por el aumento de la demanda americana de te­jidos de lana en Casti­lla, armas en Toledo, barcos en el Can­tábrico, trigo, vino y aceite en An­dalucía, trigo en la Me­se­ta.
- Sigue una grave cri­sis y ya en el siglo XVII una deca­dencia económica (hasta 1680), debido a que el país gastaba casi todo el dinero en las guerras europeas y se endeudaba, que el siste­ma productivo (in­dustrial y agríco­la) era poco competi­tivo en precio y calidad respecto a los euro­peos, y que el co­mercio colonial estaba so­bre todo en manos extranjeras (genove­ses, alemanes...).
- En el siglo XVIII una gran mejora de la situación (so­bre todo en la indus­tria textil de Cataluña) gra­cias a la aper­tura de más puertos al comer­cio colonial.
EUROPA.
- Se crearon los primeros grandes imperios coloniales eu­ro­peos de España y Portugal y los restantes países se vieron compelidos a hacer lo mismo para competir (América del norte, costas de África y Asia...).
- Se impulsó la economía capitalista con el ­comercio colo­nial de especias y metales preciosos, la de­manda colonial de manufactu­ras europeas, el desarrollo de la banca y las compa­ñías comercia­les, las nue­vas formas de seguro y pago en letras. Se introdujeron nuevas plantas: patata, man­dioca, maíz, ju­días, pi­mientos rojos, taba­co, cacao. Sobre todo fue la “Revolución de los precios”: fue inmenso el impacto en la economía europea de la ma­siva lle­gada de oro y plata. Se produjo sobre una eco­nomía que ya esta­ba recuperándo­se de la crisis de la Baja Edad Media, sobre todo en Italia y Países Bajos, y esta recuperación se aceleró con la mayor disponibilidad de moneda y la progresi­va apertura de los mer­cados de América, África e India. El co­mer­cio y el crédito financiero se incrementaron, en un circuito planetario: Europa exportaba productos a América a cambio de oro y plata, y enviaba una parte a Asia a cambio de especias. A cambio, hubo un incremento de la demanda de bienes que no pudo satisfacer el sistema productivo y un sobrante de moneda, con lo empezó una subida espectacular de precios, que avanzó desde España a toda Europa.
- Cambió la sociedad: el consi­guiente desa­rro­llo de la burguesía; la merma del poder relativo de la noble­za, con ren­tas decrecientes por la inflación y por la aparición de nuevas fuentes de rique­za, distintas a la tierra, con largas conse­cuen­cias para la Historia eu­ro­pea; el cam­pe­sinado sufrió los efec­tos de la revo­lución de los pre­cios, per­diendo poder adqui­siti­vo.
- Aparecieron nuevas ideas sobre la ciencia y el espacio extraeu­ro­peo en la Geografía y la Cartografía, el desarrollo de la nave­gación, los nuevos instrumentos técnicos, la confianza del hom­bre europeo en que la razón podía dominar el mundo, la nueva visión del mun­do y del hombre. Fueron hitos que marca­ron de­fi­nitivamente a la Humani­dad.
- En lo negativo hay que destacar las enfermeda­des: sífi­lis, fiebre ama­rilla.
AMÉRICA.
- La inclusión en la civi­lización europea, más desa­rrolla­da, con un aporte de etnias (blanca, negra), idiomas, religio­nes, cultura, ciencia...
- Las nuevas plantas: trigo y otros cerea­les, vid, olivo, naranjos y frutales, algo­dón, caña­mo, lino, café, caña de azú­car; los nuevos anima­les: gana­do vacu­no, ovi­no, por­cino, ca­ba­llar; los nuevos productos y técni­cas agríco­las e industriales, como la rueda para el transporte.
- La peor consecuencia negativa fue la de­sestructu­ra­ción de las sociedades indígenas.
- Las enfermedades diezmaron la población indígena, des­protegida por su novedad: vi­rue­la, sa­ram­pión, gripe, tifus, pes­te…

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Duverger, Christian. La Fleur letale. Économie du sacrifice aztèque. Le Seuil. Partís. 2001. 256 pp.
Duverger, Christian. La Méso-Amérique, Art et anthropologie. Flammarion. París. 2001.  480 pp.
Moreno, Adolfo (ed.). México: Museo Nacional de antropolo­gía. Argos. Bar­celona. 1973. 171 pp. Ilustraciones de arte precolombino.
Pijoan, José. Arte precolombino, mexicano y maya. Serie “Summa Artis”, vol. X. Espasa-Calpe. Madrid. 1981. 610 pp.
Artículos. Orden cronológico.
Tzara, Tristan. A propos de l’exposition d’art précolombien. “LIntransigeant”, París (14-V-1928) 5. Reprod. “Cahiers dArt”, v. 3, nº 4 (1928) 170-172.
Hervé, Roger. Sacrifices humains du Centre-Amérique. “Documents” 4 (1930) 205-213. Especialmente las imágenes de los dos sanguinarios dioses de la p. 211.
Adam, L. Le portrait dans l’art de l’ancienne Amérique. “Cahiers d’Art”, nº 10 (1930) 519-524.
Kjellberg, Pierre. Entrevista a Alberto Ruz-Lhuillier. Les Mayas. “CdA”, 267 (V-1974) 80-87.
Calvino, Italo. El sabor de los saberes. “FMR”, ed. espa­ño­la, v. 3, nº 18 (1993) 46-68. El códice azteca de fray Ber­nardino de Saha­gún.
Corsi, Pietro. Relatos mexicanos. “FMR”, ed. españo­la, v. 3, nº 18 (1993) 37-45. El códice azteca de fray Bernardino de Sahagún.
Lanoël d’Aussenac, Alejandro. El arte precolombino y su influencia en la expresión cultural contemporánea. Fundación Miguel Ángel Asturias. Palma de Mallorca. 1998. 4 f. Separata de “Cuadernos de Cultura”, Palma, v. 9, nº 140.
AA.VV. Masques dAlaske. “Beaux Arts” (XII-2002). 52 pp. Hors-série sobre la col. Pinart.

PROGRAMACIÓN.  
CONQUISTA, COLONIZACIÓN Y ADMINISTRACIÓN DE LA AMÉRICA HISPÁNICA EN LOS SIGLOS XVI AL XVIII.
UBICACIÓN.
ESO, 2º ciclo.
Eje 3. Sociedades históricas y cambio en el tiempo. Bloque 1. Sociedades históricas. Núcleo 4. Las socie­dades de la épo­ca moder­na.
- Hegemonía y decadencia de la monarquía hispánica: la colonización de América y el impacto recíproco.
RELACIÓN CON TEMAS TRANSVERSALES.
Relación con temas de la Educación para la Paz y de Edu­ca­ción Moral y Cívica.
TEMPORALIZACIÓN.
Cuatro sesiones de una hora.
1ª Documental; diálogo. Exposición del profe­sor. Cuestiones.
2ª Exposición del profesor. Cuestiones.
3ª Exposición del profesor, de refuerzo y repaso; esquemas, mapas, gráficos y comenta­rios de tex­tos.
4ª Exposición del profesor, de refuerzo y repaso. Co­mentarios de textos; debate y síntesis.
OBJETIVOS.
Conocer las causas del Descubrimiento.
Sintetizar la conquista y la colonización.
Analizar la sociedad y la economía indianas.
Interesarse por las civilizaciones exóticas.
Desarrollar una actitud crítica ante los fenómenos de aculturación y colonialismo.
CONTENIDOS.
A) CONCEPTUALES.
El Descubrimiento.
La conquista y la colonización.
La sociedad y la economía indianas.
B) PROCEDIMENTALES.
Tratamiento de la información: realización de esquemas del tema.
Explicación multicau­sal de los hechos históricos: en co­mentario de textos.
Indagación e investigación: recogida y análisis de da­tos en enciclopedias, manuales, monografías, artículos...
C) ACTITUDINALES.
Rigor crítico y curiosidad científica.
Tolerancia y solidaridad.
Interesarse por las civilizaciones antiguas y lejanas.
METODOLOGÍA.
Metodología expositiva y participativa activa.
MOTIVACIÓN..
Un documental sobre el Descubrimiento, con diálogo poste­rior.
ACTIVIDADES.
A) CON EL GRAN GRUPO.
Exposición por el profesor del tema.
B) EN EQUIPOS DE TRABAJO.
Realización de una línea de tiempo sobre el proceso.
Realización de esquemas sobre la UD.
Comentarios de textos sobre el Descubrimiento, la conquis­ta, la colonización...
Debate y síntesis sobre las consecuencias del Descubri­mien­to y colonización, con postu­ras propias de cada alumno.
C) INDIVIDUALES.
Realización de apuntes esquemáticos sobre la UD.
Participación en las actividades grupales.
Búsqueda individual de datos en la bibliografía, en debe­res fuera de clase.
Contestar cuestiones en cuaderno de trabajo, con diálogo previo en grupo.
RECURSOS.
Presentación digital (o transparencias, diapositivas, mapas).
Libros de texto, manuales.
Fotocopias de textos para comentarios.
Cuadernos de apuntes, esquemas...
Documental. Atlas Culturales del Mundo. Histo­ria visual de las civili­zaciones. Edicio­nes del Pra­do. 50'. v. 7. África y Amé­rica antes de los euro­peos (África, 25', aunando geografía e historia; América, 25', des­de zapotecas, mayas, in­cas, aztecas y con la con­quista his­pana de los aztecas y los incas; excelen­tes, aunque con al­gunos errores de eru­di­ción).
EVALUACIÓN.
Evaluación continua. Se hará especial hincapié en que se com­prenda la relación entre la sociedad en España y la nueva sociedad americana y en las mutuas influencias de este proceso sobre la histo­ria de Latinoamérica, España y Europa.
Exa­men incluido en el de otras UD, con breves cues­tiones y un comentario de texto.
RECUPERACIÓN.
Entrevista con los alumnos con inadecuado progreso.
Realización de actividades de refuerzo: esquemas, comenta­rio de textos...
Examen de recuperación, junto al de las otras UD.