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jueves, 26 de julio de 2012

UD 35. El pensamiento político moderno: del Humanismo a la Ilustración.


UD 35. EL PENSAMIENTO POLÍTICO MODERNO: DEL HUMANISMO A LA ILUSTRACIÓN.

INTRODUCCIÓN.

1. EL SIGLO XVI.
El contexto histórico: el absolutismo y los conflictos político-religiosos.
Las ideologías: Humanismo, Reforma y Contra­rreforma.
1.1. EL HUMANISMO.
El concepto de Humanismo.
Dos corrientes del Humanismo político: laico y cristiano.
LOS TEÓRICOS FLORENTINOS.
Maquiavelo y la razón de Estado.
Guic­ciardini.
LOS TEÓRICOS VENECIANOS.
Contarini.
Paru­ta.
EL HUMANISMO NÓRDICO.
Erasmo y la paz cristiana.
Moro y la utopía.
1.2. LA REFORMA.  
EL LUTERANISMO.
Lutero.
Melanchton.
EL ANABAPTISMO.
La herejía de Münzer: el comunismo.
EL CALVINISMO.
Zwinglio.
Calvino.
LOS MONARCÓMACOS HUGONOTES.
Hotman.
Bèze.
Plessis-Mornay.
1.3. LA CONTRARREFORMA.      
LOS TEÓRICOS ESPAÑOLES.
Los libros de consejos.
Los dominicos:
Vito­ria.
Los jesuitas
Mariana y el tiranicidio.
Suárez.
CAMPANELLA.
Campanella y la utopía.
1.4. LA TEORÍA DEL ESTADO ENTRE EL XVI Y EL XVII.
Bodin y la soberanía.           
Bacon y La Nueva Atlántida.
Altusio y el federalismo.
Grocio y el derecho natural y de gentes.

2. EL SIGLO XVII.
El contexto histórico: el auge del absolutismo y el naci­mien­to del libera­lismo.
­Las dos Revoluciones Inglesas y la Fron­da.
2.1. EL ABSOLUTISMO.
Hobbes y el pacto social.
Bossuet.
2.2. EL LIBERALISMO.
El parlamentarismo.
Locke y el contrato social.

3. EL SIGLO XVIII.
El contexto histórico: la revolución del Siglo de las Lu­ces.
La Ilustra­ción.
Las corrientes de la Ilustra­ción.
3.1. EL DESPOTISMO ILUSTRADO.
Los obje­tivos.
Los medios.
Los derechos de los ciudadanos.
LAS TEORÍAS REFORMISTAS.
Montesquieu y el espíritu de las leyes.
Voltaire y la libertad civil.
Diderot y la Enciclopedia.
3.2. EL LIBERALISMO REVOLUCIONARIO.
Rousseau: el contrato social y la voluntad general.
3.3. EL LIBERALISMO BRITÁNICO.
Hume.

INTRODUCCIÓN.
Esta UD selecciona solo los autores más significativos por su in­fluencia posterior.
Enlaza con las UD 32, dedicada a la cultura renacentista y los enfrentamientos político-religiosos del siglo XVI, y a la UD 43, dedicada al pensamiento po­lí­tico y económico de la Edad Contemporá­nea, el estu­dio de va­rios au­to­res im­portantes que vivieron sobre todo a finales del siglo XVIII pero cuya re­fle­xión polí­ti­ca es coetánea o poste­rior a la Re­volución Fran­cesa, como Condorcet, Kant, Burke y Paine; y asi­mismo los eco­no­mis­tas mer­can­ti­lis­tas, fisió­cra­tas (Ques­nay) y libe­rales clá­si­cos (A­dam Smith), cuyas ideas in­flu­yen deci­si­va­mente en la teo­ría políti­ca, pero cuya teoría eco­nó­mica es aje­na al título de esta UD.
Un resumen.
En la Edad Moderna los Estados requieren una legitima­ción racional, no ya mítica como en la Edad Media. Los hombres deben ser convencidos con razones para que acepten la soberanía del Estado y las opciones absolutista o democrática del poder. Por ello, la importancia de estas teo­rías es notable en la vida polí­tica.
Las ideas políticas evolucionan nota­blemen­te, entre dos po­los: el absolutismo que defiende la so­ciedad esta­men­tal del Antiguo Régimen, y el libera­lis­mo ilustrado que pro­mue­ve la nueva sociedad capita­lista.

1. EL SI­GLO XVI.
El contexto histórico: el absolutis­mo y los conflictos políti­co-religiosos.
Para ex­plicar los cambios ideológicos es deci­sivo compren­der el con­texto histórico del siglo XVI, marcado en el aspecto político sobre todo por el triunfo del absolutismo sobre el feudalismo y por los conflictos político-religiosos.
- La conso­li­da­ción de los Esta­dos sobe­ranos, na­cio­na­les y autori­ta­rios, luchando en dos fren­tes, con­tra la fragmentación feudal y contra la tutela impe­rial y pon­tifi­cia.
- La ideo­logía po­lítica medie­val, pac­tis­ta, ba­sada en la multi­plicidad de poderes (emperador, papa, rey, no­ble, ciuda­des), deja paso al absolutismo, basado en la idea del predo­mi­nio del mo­narca, pleno soberano en su Estado (una idea tomada del derecho romano).
- Las lu­chas re­li­gio­sas en­tre pro­testan­tes y ca­tóli­cos, que se reflejan en el pensamiento político de la Reforma y la Contrarre­forma.
- La expan­sión de los Esta­dos por ultramar (América, Áfri­ca, Asia), domi­nan­do nuevos pue­blos y cultu­ras.
- La ex­pan­sión de la economía capi­ta­lista.
- La masiva difu­sión del saber mediante la imprenta y las universidades.
Las ideologías: Humanismo, Reforma y Contrarreforma.
Las ideas cambiarán como res­puesta al veloz cam­bio polí­tico, eco­nómi­co, social, religioso, cul­tu­ral, científi­co. El siglo XVI es marcado ideológicamente prime­ro por el triunfo del Humanismo renacentista (en sus formas laica y cris­tiana) y des­pués por la oposición de dos mo­vi­mientos reli­gio­sos, la Re­forma pro­tes­tante y la Con­tra­rre­for­ma católica, que aspi­ran a volver a la “autén­tica” espiri­tua­li­dad.
1.1. EL HUMANISMO.
El concepto de Humanismo.
El Humanismo aparece en la Italia renacentista, con sus podero­sas e independientes ciudades-repúblicas, ducados y el reino de Nápoles, que desde 1494 su­frían la presión conquis­ta­dora de los reinos abso­lutistas de Francia y Espa­ña, mientras que en los propios Estados italianos aumentaban los príncipes despóticos, lo que concitó un debate entre los teóricos de la “libertad republicana” y de la “tiranía”.
El Humanismo renacentista supone la fe en el hombre indi­vidual, en el triunfo del hombre mo­derno, que abarca la totali­dad del mundo y del saber. Admira el mundo clá­si­co gre­co­rromano y en la filosofía reúne todas la corrientes anti­guas (platonis­mo, aristotelismo, estoicismo, epicureísmo, es­cepticismo, neo­platonismo) y en religión es paganizante, aunque un humanismo cristiano (Petrarca, Pico della Mirandola, Marsilio Ficino, Erasmo, Moro, Vives) afirma la continui­dad entre el mundo clá­sico y el cristiano.
Dos corrientes del Humanismo político: laico y cristiano.
Se puede distinguir un humanismo laico y uno cristiano.
El humanismo laico está atento sobre todo al estudio de la naturaleza humana. Sus principa­les autores son los florenti­nos Maquiavelo y Guicciar­dini, más un grupo de venecianos (Con­tari­ni, Paruta), que in­fluirán sobre los autores más raciona­listas de los siglo XVII y XVIII.
El huma­nis­mo cris­tiano renueva el ideario polí­ti­co de la Edad Me­dia (Tomás de Aquino y Wycliff), buscando la natu­ra­leza de la polí­tica en el estudio de la naturaleza del hombre en su relación con Dios. Sus auto­res más conocidos son Erasmo y Moro, que influirán en los autores de la Contra­rrefor­ma; para una di­vi­sión más clara lo clasificaremos como humanismo nórdico.
LOS TEÓRICOS FLORENTINOS.
Destacan los teóricos formados en la ciudad de Florencia, con una larga tradición de reflexión sobre la moral, sociedad y política, que se remonta a los siglos XIV y XV con Dante, Bruni, Barbaro, Latini, Pog­gio, Vergerio, Alberti, Manetti, Valla, Della Miran­dola... Los dos principales autores del siglo XVI son Maquiavelo y Guicciardini.
Maquiavelo y la razón de Estado.
El florentino Nicolás Maquiavelo (1469-1527) escribe tres obras (publi­cadas póstumamente) sobre la polí­tica italiana (no la general). La prin­cipal es El Prín­cipe (1513), que instruye sobre el modo de fundar un Esta­do. En Los Dis­cur­sos sobre la primera década de Tito Livio (1519) tra­ta sobre cómo go­ber­nar­lo; en El Arte de la Gue­rra, sobre cómo ha­cer­lo podero­so (al Es­tado y al go­ber­nan­te) mediante la fuerza militar.
Se ha considerado (Croce) a Maquiavelo como el creador de la cien­cia políti­ca mo­derna, al fundamentar la “au­tonomía de la política”, rompiendo su de­penden­cia de la teolo­gía y de la mo­ral cris­tiana, y al anali­zar la so­ciedad bus­cando “la ver­dad objetiva de las cosas”. Sin duda esta interpretación fue la más seguida en la Edad Moderna, por ejemplo en Giovanni Botero (1540-1617), y su obra La razón de Estado, cuando su pensa­miento dio lugar al “maquiavelismo”, según el cual los princi­pios mo­rales deben someterse a las exi­gen­cias del fin último de la razón de Es­ta­do, jus­tificación suprema de la acti­vidad políti­ca y legiti­ma­ción teórica de las monarquías autori­ta­rias nacio­na­les que sur­gían en Europa. Prueba la importancia práctica del El prínci­pe el que, entre otros, lo comentaran minuciosamente Fede­rico II de Prusia y Napoleón, que aprendieron en él mucho del arte de gobernar sin prejuicios, aunque insistieran en una “lectura” ética, rechazándolo por inmoral, aunque en la práctica siguieron sus máximas de separación de la política y la moral.
Pero una lectura atenta, como la que hace Skinner, muestra que su pensa­mien­to no predica una ruptura total con la moral. Maquiavelo une el nuevo pensa­miento ra­cio­nal con la tradición humanista: cono­cía muy bien la polí­tica italiana de su tiempo, como alto fun­ciona­rio florenti­no (sus mode­los de gobernante son César Borgia, el papa Julio II y Fernando el Cató­lico), y cono­cía los clásicos de la Anti­güe­dad, como hu­manis­ta. Por lo tan­to, su pensamiento nace del cho­que entre dos teorías: la antihumanista del príncipe militar y egoísta y la huma­nista del príncipe sa­bio y vir­tuoso. Maquiavelo re­suel­ve la contradicción distin­guiendo entre la “vir­tud” (moral) del prín­cipe y la del ciu­da­da­no, y en la del primero entre la posible y la necesaria. La vir­tud del príncipe debe ser su activi­dad y ha­bilidad para im­po­ner su go­bier­no, por lo que debe ser cristiana si es posi­ble y en cambio puede ser incluso cruel si es nece­sa­rio. La virtud del ciu­dada­no es la pasividad para com­partir o acep­tar el go­bierno de otros y siem­pre debe ser una moral cris­tiana.
La mayoría de los autores coincide en tres aspectos de Maquiavelo:
- Un nuevo método político: la política como cien­cia empí­rica, basada en el estudio de la historia.
- Una visión ambivalente de la moral: esta es deseable pero prescindible si es necesario.
- Un republicanismo político: el gobernante individual es necesario para fundar y reformar el Estado, pero la república es mejor para mantenerlo.
El pen­samiento político de Maquiavelo se resume en:
- Su tesis funda­men­tal es la noción del Estado como poder de do­mina­ción.
- El Estado ideal es la república, gobernada por ciudada­nos libres.
- Pero en situaciones de corrupción y lucha (como la Ita­lia de su tiempo) el Estado debe ser puesto en manos de un in­dividuo virtuoso y despótico.
- El príncipe virtuoso (el déspota) sólo tiene un princi­pio políti­co (la razón de Estado): conse­guir primero el predo­minio y luego el engrande­ci­miento y seguridad de su poder y el del Es­tado que di­ri­ge, sin obedecer a consideracio­nes morales: “Vale más ser temido que ser amado”. El prín­cipe italiano ideal es un go­ber­nan­te despó­ti­co, que prac­ti­que su virtud y busque la glo­ria, que unifique Italia en una monarquía fuerte y la li­bere de los bár­ba­ros, esto es los es­pa­ñoles y fran­ce­ses.
- Los medios para conseguir y aumentar el poder deben ser la astucia y la fuerza milita­r.
- El ejército debe ser nacional, sin recurrir a mercena­rios extranjeros, que juzga sin eficacia ni fidelidad.
Guic­ciardini.
Francesco Guic­ciardini (1483-1540) fue un aristócrata hu­ma­nista, histo­riador y diplomá­tico al servicio de Florencia y el papa, que estudió ra­cio­nalmente los sistemas políticos de Ita­lia y España. Sus obras prin­cipales son El discurso de Lo­groño, escrito en su embajada en España (1512), el Diálogo so­bre el gobierno floren­tino, las Máximas y re­flexiones y la gran His­toria de Italia. Defiende una Italia dividida en pequeños Esta­dos y le repugna la democracia popular. Sus ideas son:
- El Estado ideal es la República gobernada por los mejo­res (su modelo es la república veneciana), pero puede conver­tirse en una monarquía dominada por un príncipe, cuyo poder, una vez establecido, es ilimitado.
- Los gobernantes deben tener un poder abso­lu­to y uti­li­zar­lo para el bien del Esta­do y del pueblo.
- Defiende la libertad política de los ciudadanos (los notables), pero con preven­ciones hacia los excesos.
LOS TEÓRICOS VENECIANOS:
La ­república de Venecia destacó en su tiempo por ser el más es­table de los Estados italianos, con su constitución de equi­li­brio entre la soberanía principesca (el dux), el gobierno de la nobleza (el Consejo) y la autoridad popular (el Senado de los notables). Una serie de tratadistas venecianos ana­lizan este modelo, destacando Contarini y Paru­ta.    
Contarini.
Gasparo Contarini (1483-1542) en La república y el go­bierno de Vene­cia (1543) explica el éxito político de Ve­necia en su equilibrio de poderes.
Paru­ta.          
Paolo Paruta (1554-1598) en los Dis­cursos políticos (1599) com­para las repúblicas de la an­tigua Roma y la moderna Venecia, de la que destaca la unión de gran­deza y libertad, en un equi­librio de poderes.
EL HUMANISMO NÓRDICO.
El humanismo nórdico se caracteriza por ser más raciona­lista y crítico, más reformista respecto a la Iglesia, y plan­tearse más profundamente la relación Estado-Iglesia.
Erasmo y la paz cristiana.
Erasmo de Rotterdam (1464-1536) fue un gran humanista, que via­jó por toda Europa, fue protegido por el emperador Carlos V y admirado por príncipes y humanistas. Fue un re­formista reli­gio­so, aunque fiel a la Iglesia católica. Católicos y protes­tantes se dispu­taron su apoyo, e influyó en el pensamiento de muchos gobernantes y pensadores po­líticos, como Tomás Mo­ro.
Su obra más famosa será El elo­gio de la locura sólo en París se ven­dieron 25.000 copias, en la que hace una pro­fun­da reflexión crítica sobre la sociedad de su época, sin rehuir la problemática de la Iglesia, esto es el lujo y la escandalosa vida de la je­rar­quía eclesiástica.
Sus obras políticas más destacadas son la Educación de un prín­cipe cristia­no (1516) y La queja de la Paz (1517).
En la Educación de un príncipe cristia­no (1516), de­di­cada a la edu­cación del emperador Carlos V, expone su ideario de un Impe­rio pacífico, que lidere una Eu­ro­pa unida según un modelo fe­deral, y católica. El eras­mismo será la doc­trina del círcu­lo polí­tico del empe­ra­dor, hasta los años 1540.
En La queja de la Paz (1517) condena la guerra (justa o injusta) y aboga por un acuerdo para la “abolición de la guerra y el establecimiento de la paz perpetua y universal”, dialogan­do para resolver pacífica­men­te los con­flictos, un precedente teórico de la Unión Euro­pea. Influirá en el español Juan Luis Vives (1493-1540), que tam­bién condenará todas las guerras.
Su doc­trina política es opuesta a la de Maquiavelo, aunque la desco­no­cía, porque legitima la soberanía por su ejercicio moral y cristiano. Sus ideas bá­sicas son:
- El príncipe debe gobernar de acuerdo a la ley y la mo­ral, defender la reforma católica de la Igle­sia, la unión de los rei­nos cris­tianos para alcanzar la paz y la acción política de los reyes para conseguir la fe­licidad de los súbdi­tos.
- El príncipe debe impedir los abusos del poder y las gue­rras civiles e internacionales.
- La reli­gión debe facilitar al ser humano un itinerario que le permita llevar a cabo una vida llena de virtud, por lo que Erasmo valora una buena forma­ción personal y el esfuerzo reali­zado por el cris­tiano a fin de alcanzar una vida virtuosa y la educación.
Moro y la utopía.
Tomás Moro (Thomas More, 1478-1535), alto funcionario in­glés que llegó a ser gran canciller (1529-1532) de En­ri­que VIII. Ami­go perso­nal de Eras­mo, acepta la necesi­dad de re­for­mas en la Iglesia, aun­que ­siempre se mantuvo fiel al catolicismo ortodo­xo, por lo que fue eje­cu­tado por ne­garse a reconocer el divor­cio del rey y la supre­ma­cía religiosa de este sobre la Iglesia.
En Utopía (1516), un viajero, Ra­fael Hitlodeo, a su vuelta de la isla de Utopía, hace una crí­tica de la sociedad in­glesa y propone una so­ciedad ideal comunista, en una isla en la que no existan los con­flictos y egoís­mos.
La ideas básicas de Moro son:
- El Esta­do debe regirse por la razón natural. Su Utopía no es religiosa, sino que se basa en el derecho natural.
- La política exterior se basa en una liga repu­bli­cana de ciudades-es­tado, para evitar la guerra (que Moro condena, salvo si es justa, lo que le distingue de Erasmo y Vives).
- Rechaza la sociedad jerárquica, en el poder o la ri­que­za, porque la jerarquía social (el “grado”) es enemiga de la virtud, por lo que Moro defiende a los pobres contra la opre­sión de los ricos, mediante la abolición del dinero y la pro­piedad privada, re­par­tida entre todos los ciudadanos, en una ideal comunidad de bienes.
- Establece una divi­sión en castas socia­les, basadas en la fa­mi­lia patriar­cal.
- Preconiza una cultura humanista: educa­ción clásica, to­le­rancia, tiempo li­bre para culti­var el espíri­tu.

1.2. LA REFORMA.
La Reforma supuso un cambio político, religioso e ideoló­gico fundamental. La libertad de conciencia y la rebelión con­tra los poderes más emblemáticos del pasado (el Imperio y el Papa­do), subvirtieron el pensamiento político, planteando las cuest­iones de la naturaleza del poder, los límites de este y el derecho de resistencia al poder injusto.
La Reforma al principio es antihuma­nista y, por lo tanto, anticlási­ca. Lute­ro y Calvino quieren volver al espíritu del primer cris­tianismo, desconfían de la razón y la filoso­fía (to­mis­ta) y rechazan el derecho de resistencia al gobernan­te, cuyo poder es absoluto. Melanchton y Zwinglio, mucho más inclinados hacia el humanismo (ellos mismos eran excelentes humanistas) intentarán supe­rar esta enemis­tad, se inspirarán en los autores clásicos y aceptarán el derecho de re­sistencia, aunque muy li­mita­do. Por su parte, el anabaptista Münzer predica el comu­nis­mo radical.
EL LUTERANISMO.
En el protestantismo luterano destacan los teólogos Lutero y, en menor grado, Melanch­ton.
Lutero.
Martín Lutero (1483-1546) era un monje agustino, profe­sor de teo­logía en la universidad de Wittenberg, que asentó las bases doctrinales del protestantismo religioso e inició la Re­forma con sus 95 Tesis de Wittenberg (1517), en las que condena los abusos de la Iglesia. Su tesis básica es la “interioriza­ción” de la religión, por lo que desaparece la organización eclesiástica (todos los fie­les son sacerdotes) y, por lo tanto, el Estado, encarnado en los príncipes, asume su papel y tiene el derecho de resistencia al papa. En suma:
- El carácter divino de toda autoridad establecida.
- La separación radical entre le Fe y la Ley.
En política apoyó a los prínci­pes (Felipe de Hesse, Mauri­cio de Sa­jo­nia) y no­bles alemanes en su doble lucha con­tra el campesi­nado rebelde y la tutela del Empera­dor y la Iglesia. Con su legiti­mación teó­rica los prínci­pes alemanes y ­los re­yes de Di­namarca y Sue­cia secula­riza­ron los bienes de la Igle­sia cató­lica y se vie­ron implica­dos defi­niti­vamente en la causa protes­tante, im­poniendo su doc­trina a sus súbditos.
Sus ideas políticas las explica en De la autoridad tempo­ral (1526) y muchas otras obras de un pensamiento abso­lu­tis­ta:
- El prín­cipe tiene un poder absoluto, por ser un poder de origen divino (es Dios quien le concede el poder). Sólo respon­de de ese poder ante su conciencia: el castigo del príncipe es reservado a Dios.
- El poder político (la “superioridad”) sólo es querido por Dios para reprimir la maldad humana. Por su filosofía agus­ti­nia­na Lutero es pesimista y quietista (pa­sividad del indi­vi­duo ante el príncipe) ante el poder político, que debe ser usa­do para reprimir a los pecadores y no es váli­do para defender a los débiles contra los poderosos.
- Los súbditos deben su obedien­cia pasiva al prínci­pe.
- El príncipe no puede imponer a sus súb­ditos la re­ligión, pues el alma es po­testad de cada indivi­duo. Pero en la práctica los príncipes luteranos sí impusieron la religión a sus subdi­tos, en la Paz de Augsburgo (1555).
- No hay de­recho pleno de resis­ten­cia del in­divi­duo a las deci­siones del príncipe (lo que expli­ca su horror a la re­belión de los campe­sinos alemanes con­tra sus señores), por lo que la resistencia del subdito sólo puede ejer­cerse en su conciencia íntima.
- Pero había una grave contradicción en su teoría. )Cómo opo­nerse legítimamente al poder del emperador, soberano natural del Imperio y partidario del Papado? Lutero era reacio al prin­ci­pio a aceptar la rebelión contra el emperador quería pactar y tal vez convencerle, pero finalmente, bajo la in­fluencia de Melanchton y de los príncipes alemanes, lo resuelve con la te­sis de que los prínci­pes tie­nen el dere­cho de resis­tencia ante el empera­dor y el papa, ya que es­tos incumplen la consti­tu­ción de Alemania y no siguen los sa­grados de­sig­nios de Dios.
- Socialmente es conservador: la sociedad estamental de la Edad Media tiene un carácter sagrado e inmutable. Es contrario al comercio y la usura.
Melanchton.
Felipe Melanchton (1497-1560) es el teólogo protestante de mejor formación humanista y filosófica. Intenta una síntesis entre Humanismo y Reforma. Muy influyente, será quien organice la Iglesia luterana y mejor legitime el derecho de resistencia con­tra el emperador.
- Acepta el principio del poder absoluto del príncipe.
- Niega el dere­cho de re­sistencia, pero com­prende que la doctrina luterana puede conducir al abuso de po­der.
- Limita (moralmente) el poder con una organización ecle­siás­tica (o­bis­pos y pasto­res lu­teranos) que, junto a los magis­tra­dos y prín­cipes, ins­taure una convivencia moral. Pero en los descuerdos predomina el poder político.
EL ANABAPTISMO.
La herejía de Münzer: el comunismo.
Thomas Münzer (1490-1525) es el gran predicador alemán del anabap­tismo, la ma­yor disidencia revolucionaria de la Reforma. Inspi­ró la “guerra de los campesinos”, por lo que fue ejecu­tado­, como sus seguidores violentos. Sus ideas son radicales y prefi­guran el comunismo:
- La abolición del Estado y la Iglesia.
- La comunidad evangélica de bienes y mujeres.
EL CALVINISMO.
Será el calvinismo el movimiento que fundamentará el dere­cho de resistencia, pese a que Calvino era contrario a este. Lo hace a travé­s del pensamiento de John Knox en Escocia y los monarcómacos hugonotes en Fran­cia, ya que debían luchar contra unos gober­nantes cató­licos que no iban a convertirse. Destacan Zwinglio y sobre todo Calvino.
Zwinglio.
Ulrico Zwinglio (1484-1531) sintetiza Huma­nismo y Refor­ma, como Melanchton. Impuso su doctrina en la ciudad de Zúrich, y perdió su vida en una batalla contra los católicos. Sus ideas básicas son:
- El poder político se subordina a la Iglesia refor­ma­da.
- El poder político sirve tanto para casti­gar a los peca­dores (Lutero) como para defender a los débiles con­tra los abu­sos de los poderosos.
- El modelo político es la ciudad-estado (Iglesia-Ciudad), gobernada por la Iglesia reformada, identificando co­munidad religiosa y comu­nidad civil.
- Hay derecho de resistencia contra el gobernante injusto, si este incumple la ley de Dios, que es superior a la ley de los hombres.
Calvino.
Juan Calvino (1509-1565), teólogo protestante francés, seguidor de Zwin­glio, afirma la doctrina calvinista (la predestinación absoluta, el activismo político y social basado en una ética de acción, la búsqueda del éxi­to econó­mico como prueba de ser buen cris­tiano). Aplica su modelo en la ciudad suiza de Gi­nebra, que adop­tó la Refor­ma cal­vinis­ta en 1533 y una Consti­tu­ción teo­crá­tica en 1541, en una alianza antidemo­crática del clero calvi­nista y la burguesía.
Calvino es­cribe Ins­titutio chris­tianae re­ligionis (1536), en la que sos­tiene que:
- La auto­ridad reside en la co­munidad po­líti­ca, que nombra a sus repre­sentan­tes para ejer­cer el po­der.
- Los gobernantes deben seguir los mandatos de Dios y son elegidos entre los fie­les “escogi­dos por Dios”, una elección mani­festada en pruebas de piedad y éxito econó­mico.             
- La ciudad-estado se organiza como dic­tadura reli­gio­sa, en la que el gobierno eclesiástico domina al ci­vil, pero sin mezclar ambos (lo que le diferencia de Zwinglio).
LOS MONARCÓMA­COS HUGONOTES.
Los monarcómacos sos­tie­nen la tesis del dere­cho de resis­tencia de los súbditos, en base al principio de que el rey debe cumplir el derecho natural y que en caso de incumplirlo cabe desobedecerle o atacarle. Habrá monarcómacos católicos (Maria­na) y protestantes, entre los que destacan los hugonotes (­cal­vi­nistas fran­ce­ses) Hot­man, De Bèze y, sobre todo, Ples­sis-Mor­nay, cuyas ideas derivan de su lucha ­con­tra la monarquía cató­lica francesa en los terri­bles años de las Gue­rras de Reli­gión (1562-1598), sobre todo desde la trágica Noche de San Bartolomé (1572), en de­fensa de un po­der mode­ra­do, cuyo fin sea la fe­li­cidad de los súbdi­tos, que tie­nen el dere­cho de deponer a sus autori­da­des si es­tas incum­plen su de­ber.
Hotman.
François Hotman (1524-1590), en La Franco-Gallia (1573), condena el absolutismo: de­fiende la tesis de que los reyes fran­ceses al principio fueron ele­gidos y limitados por las asam­bleas (los Estados generales), por lo que la francesa nunca fue una monarquía ab­soluta. Pero era una afir­mación falsa his­tóricamen­te y no tuvo influencia.
Bèze.
Théo­dore de Bêze (1519-1605), su­cesor de Calvino en Gine­bra, en Du Droit des magis­trats sur leurs sujets (1574) ex­po­ne:
- La teoría del con­trato: la idea medie­val de que *los ma­gis­trados han sido crea­dos para el pueblo, y no el pueblo para los magistrados+.
- La teoría del consentimiento popular: el gober­nan­te debe servir a la co­mu­nidad.
- La teoría de la resistencia a la tiranía: en caso de ti­ranía los magistrados (no el pueblo) tienen el dere­cho de re­sis­tencia contra el gobernante.
Plessis-Mornay.
Philippe du Plessis-Mornay (1549-1623) es el mas conoci­do, por su Vindi­ciae contra tyrannos (La conde­na de los tiranos, 1579). Ideólo­go del pac­tismo, influirá sobre el pensa­miento político y en todos los movimientos revo­lucio­narios que pre­ten­dan un pacto entre el pueblo y la Coro­na, y defiendan el dere­cho de resistencia contra el tirano.
- La comunidad política se crea a partir de un doble pac­to: el pacto de Dios con el pueblo y el rey, y el pacto del pueblo con el rey.
- El primer pacto, religioso, establece la Iglesia y es prioritario sobre el político.
- El segundo pacto, político, establece el Estado y regula las condi­ciones de la obediencia de los súbditos al rey.
- Es el pueblo quien esta­blece los reyes y el derecho.
- El gobernante no tie­ne un poder abso­luto.
- El pueblo tiene derecho a la resistencia religiosa y civil en el caso de que el gobernante actúe con­tra el pue­blo. Pero sólo puede resistir a través de los magistrados inferio­res. Es más una democracia aristocrática que popular.
1.3. LA CONTRARREFORMA.
La Contrarrefor­ma, nacida sobre la construcción de la Com­pañía de Je­sús (1534-1540) y la celebración del Concilio de Trento (1545-1563), es una exitosa Reforma católica que plantea la re­no­vación de la Iglesia y la “vuelta a Santo Tomás. Los jesuitas Mariana y Suárez serán sus principales teóricos, aun­que también haya dominicos (Vitoria), o au­tores utópicos como el sacerdote Campanella.
LOS TEÓRICOS ESPAÑOLES.
Los teóricos españoles de los ss. XVI-XVII se caracteri­zan generalmente por ser sacerdotes (dominicos o je­suitas) o uni­versitarios, seguir el pensamiento escolástico (Tomás de Aqui­no), ser militantes de la Contrarreforma y escri­bir contra los abu­sos a los indios de América.
Los libros de consejos.
La literatura política española de los universitarios lai­cos adoptó gene­ralmente el género de los libros de consejos a los príncipes. Destaque­mos a Antonio de Guevara, con Reloj de príncipes (1529) el libro más leído en el siglo XVI aparte de la Biblia; Jerónimo Osorio, con La educación y prepa­ración de un rey (años 1540); Pedro de Ri­bade­neyra, con el an­timaquiavélico Tra­tado de la religión y de las virtudes que debe tener el prínci­pe cris­tiano (1595).
Los dominicos:
Los dominicos siguen la doctrina escolásti­ca de Vito­ria. Hay que des­tacar a la Escuela de Salamanca, con los domini­cos Domingo de Soto (1494-1560), con su teoría del dere­cho como poder y su repulsa de la guerra y de la coloniza­ción, y Barto­lomé de las Casas (1474-1566), que defiende la soberanía del rey sobre las Indias, pero basada en el consentimiento (una forma de protectorado, no de conquista), y con­siguió que el em­pe­rador Car­los V re­gulase la ex­plo­tación de los indios según normas mora­les en las Nuevas Leyes de Indias (1542).
Vito­ria
Francisco de Vitoria (nacido entre 1480 y 1492-1546), pa­dre domini­co, profesor en Salamanca. En las Relec­ciones teoló­gicas (1557), inspirada en la esco­lástica de Aqui­no, expone:
- La comunidad política es una institución de dere­cho na­tural.
- El poder reside en la comunidad y lo delega en el gober­nante, que debe regirse por el derecho divino y natural (inva­riables), así como por el derecho positivo (variable).
- La mejor forma de gobierno es la monarquía hereditaria.
- Hay una comunidad de pueblos de toda la tierra, por lo que niega la jurisdicción universal del emperador y defiende el respeto a los derechos de los pueblos indígenas cuya tutela (colonización o protectorado) sólo debe ser temporal.
- La guerra es justa si defiende el derecho natural.
Los jesuitas:
A fines del siglo XVI los autores más influyentes son los jesui­tas, generalmente teó­logos y juris­tas, destacando Luis de Molina (1535-1600), Gabriel Vázquez (1549-1604), Mariana y, so­bre todo, Suá­rez, que sos­tie­nen la teoría del po­pu­lismo (el ita­liano Belarmi­no será su primer autor), una doctrina críti­ca del poder absolu­to del mo­narca lo que les acerca a los monar­cómacos, que defiende una Iglesia univer­sal, hegemó­nica so­bre el poder temporal de los reyes.
Mariana y el tiranicidio.      
El padre Juan de Mariana (1536-1642) escribe el tratado De Rege (Del rey y la institu­ción real, 1599), en el que legitima el poder absoluto del rey en el consentimiento de los súbditos y jus­tifica el regici­dio, en los casos en que el monarca incu­rra en tiranía y ene­mis­tad hacia el cato­licismo (su obra influ­yó en Ravaillac, el ase­sino católico de Enrique IV de Francia).
Suárez.
Francisco Suárez en De legibus (Tratado de las leyes y de Dios legislador, 1612) desarrolla sus ideas del poder indirec­to, que han sido utilizadas para atacar el absolutismo:
- Reconoce la dualidad de autoridad reli­giosa y la civil.
- La autoridad está subordi­nada al orden divino eterno.
- La sobe­ranía dimana de Dios pero reside en la comunidad, que la otorga al rey mediante un pacto declarativo (de sentido declarativo de aceptación de la sujeción, no en el sentido con­tractualista de las teorías posteriores).
- El fin del Estado es obtener la felicidad: la con­secu­ción del bien co­mún, la perfec­ción in­di­vi­dual, la sal­va­ción ultra­terre­na.
- El Estado no puede ser despó­tico.
- El derecho del pue­blo a la rebeldía y al tirani­cidio.
CAMPANELLA.
Campanella y la utopía.
Tomasso Campanella (1568-1639), sacerdote napolitano, de­sarrolla el pensamiento utópico de Moro, en contra de Maquiave­lo. Opuesto al dominio español en Italia, fue encarcelado (1599-1626). En La mo­narquía española (1620) analiza el modelo hispá­nico de monarquía autoritaria y supranacional, de ambición “u­niversal” (y por lo tanto peligrosa para las otras naciones). En La Ciu­dad del Sol (1623) imagi­na una so­ciedad utópi­ca, que vive en una ciudad organizada en círculos concéntricos.
- El go­bierno corresponde a príncipes-sacerdotes.
- Se rige por la ley de Dios.
- Es una sociedad comunista, con co­munidad de bienes y mu­jeres (lo que le distingue de Mo­ro).
- Los ciudadanos se dedican al conocimiento y la re­li­gión.
1.4. LA TEORÍA DEL ESTADO ENTRE EL XVI Y EL XVII.
Entre la segunda mitad del siglo XVI y la primera mitad del siglo XVII aparece un grupo de pensadores que pro­curan una refle­xión “pu­ra” (no religiosa) sobre la teoría del derecho natural, el Estado, la sobe­ranía y la Ley. La importan­cia de la revisión laica del derecho natural (separado del di­vino) es inmensa, pues este será en los siglo XVII y XVIII la for­ma científi­camente váli­da de la teoría política, sobre todo con Grocio y Locke. Desta­que­mos a cuatro: Bodin, Bacon, Altusio y Grocio. En la política el más influyente será el primero, mien­tras que en el Derecho influyen extraordinariamente Altusio y Grocio.
Bodin y la soberanía.      
Jean Bodin (1530-1596), jurista francés, miembro del grupo de “Les Politiques”, que durante las “guerras de religión” francesas fue partidario de la convivencia de varias religiones en el Estado y de situar al rey por encima de todos los sectores. En Seis Li­bros de la Repú­bli­ca (1576) sos­tiene:
- La sociedad nace de la familia y el derecho a la propie­dad privada.
- El derecho evoluciona hacia el ideal de justicia.
- El Estado nace de la asociación de familias, gobernadas por un poder supremo y la justicia.
- La so­be­ra­nía, indivisible, es un atributo ju­rí­dico-po­lítico del Esta­do, por lo que es el imprescin­dible lazo de unión de la comu­nidad política, un bien jurídico que supone la potes­tad sobre los indivi­duos que componen el Estado.
- Sólo los Estados son sujetos de las relacio­nes públi­cas inter­nacionales.
- La monarquía absoluta es la mejor forma de gobierno.
- El príncipe no re­cibe su poder abso­luto directamen­te de Dios (superando así la doctrina medieval), sino de un orden racional (justicia), que es conforme con la voluntad divina.
- El príncipe debe ejer­cer el poder respe­tando el derecho divino y el derecho natu­ra­l (la libertad y propiedad de los súbditos), pero no está sometido a las leyes, sino a su libre volun­tad.
- El príncipe tiene todos los poderes soberanos: legisla­tivo (es la fuente del Derecho), de gue­rra y paz, de nom­brar los administradores, de jus­ticia y perdón, de acuñar moneda, de recaudar impuestos.
- El gobierno debe favorecer a los mejores: no­bles, vir­tuo­sos y ri­cos, pero, para vencer la anarquía, debe situarse por encima de las luchas políticas y religio­sas.
Bacon y La Nueva Atlántida.
Francis Bacon (1561-1626), filósofo y político que fue canciller de Inglaterra en 1616-1621, se muestra en los Ensayos (1597-1625) parti­dario del poder absoluto del monarca aunque debe acordar las leyes con el Parla­mento. En la utopía La Nueva Atlántida (1627), el Estado es gobernado por la ciencia natural y experimental.
Altusio y el federalismo.
Johannes Altusio (1557-1638), un calvinista alemán, profe­sor de Derecho y gobernante religioso-civil de la ciudad de Emden, en Po­lítica ordenada metódicamente (1603) propugna un sistema antimonárquico, fundado en el aristotelismo y el calvi­nismo:
- El hombre es un ser político.
- La política se basa en el “contrato” entre gober­nantes y gobernados, y la sociedad en el contrato de individuos/gru­pos.
- La sociedad se estructura en asociaciones voluntarias: familia, corporación vo­luntaria (collegium), comunidad local, provincia, Esta­do.
- El Estado es soberano y se basa en un sistema fe­de­ra­lis­ta a partir de la “comunidad orgánica”.
- La soberanía reside en el pueblo, que lo delega en los gobernantes elegidos.
- El gobernante tiene todo el poder, pero debe cumplir las leyes, y lo pierde si las incumple.
- El derecho de resistencia sólo lo tienen unos funciona­rios especiales (los “éforos”), designados para mantener los derechos de la comunidad.
Grocio y el derecho natural y de gentes.
Hugo Grocio (1583-1645), jurista, teólogo e historiador holandés, es el primero en teori­zar cientí­ficamente so­bre el ‘derecho natural y de gentes’.
- Mare liberum (1601) defiende el principio de li­bertad de los mares como uno de los derechos fundamentales de los pueblos y una eficaz garantía de paz.
- Del dere­cho de paz y de gue­rra (1621) es la base del moderno Derecho internacional: las relaciones entre los Estados deben regirse por el derecho natural, general a todas las na­ciones.

2. EL SIGLO XVII.
El contexto histórico: el auge del absolutismo y el naci­mien­to del libera­lismo.
En el siglo XVII las ideologías políti­cas justi­ficaron doctrinalmente el absolu­tismo, el poder abso­luto del monarca, derivado directa­mente de Dios, sin interven­ción del pueblo, aunque en el plan divino estuviera que el po­der se ejerciera en beneficio del pueblo.
Pero el siglo XVII fue un “siglo de hierro” (Stanley Ka­men) en lo político-religioso. Los conflictos políticos y reli­giosos impli­caron una crítica de estos principios absolutistas por parte de am­plios grupos na­cionales o sociales: los ho­lande­ses, catalanes y portugueses rebeldes contra la monar­quía espa­ñola; los hugo­no­tes fran­ceses, los protestan­tes y ca­tólicos alemanes, que su­frían la opresión de sus prín­cipes de religión contraria; los revolucio­narios ingleses que se oponían al poder absoluto del rey, etc.
­Las dos Revoluciones Inglesas y la Fron­da.
Los tres grandes conflictos que provocaron las mayores aportaciones al pensamiento político absolutista y, por oposi­ción, al liberal, fueron las dos Revoluciones in­glesas (que forman en conjunto un proceso revolucionario que co­menzó con la de 1640 y acabó con la de 1688), que acabaron por imponer un modelo constitucional pactista en Inglaterra, que in­fluyó pri­me­ro en un ab­solutis­ta, Hobbes, y un li­beral, Loc­ke, y más tar­de en los pen­sadores ilus­tra­dos fran­ce­ses; y la revuelta de la Fronda (1651-1652) en Francia, cuyo fracaso asentó el poder absoluto de los Borbones y sirvió para teorizar el ab­solu­tis­mo, como hizo Bossuet.
La Revolución in­glesa de 1640 fue una lucha de la burgue­sía de Londres y de las ciuda­des, con el apoyo de muchos terra­tenien­tes, contra el absolutismo monárquico de Carlos I. Parla­mento y Corona se enfrentaron en una guerra civil (1640-48), que acabó con la derrota y ejecución de Carlos I y la instaura­ción de una república presidida por Oliver Cromwell (1649-1660), cuya doctrina fue el pactismo inspirado en las obras de Wycliff y Du Plessys-Mornay, que se plasmó en el Acuer­do del Pueblo (1647), suscrito por los puritanos ingleses. Esta revo­lución inspirará el pensamiento de muchos autores, en especial Hobbes.
La Restaura­ción de Carlos II en 1660 fue ya mucho más mo­de­rada, pero el intento de Jacobo II de reins­taurar el abso­lu­tis­mo y el catoli­cismo precipitó un nuevo conflicto.
La Revo­lución de 1688 puso en el tro­no a Maria y Gui­llermo, e implantó el parlamenta­rismo. Desde enton­ces la vía inglesa fue el reformis­mo, sin más cona­tos re­volu­cionarios, en oposición al modelo revolucionario francés. Locke será quien mejor reflexione sobre este acontecimiento.
La Fronda (1651-52) fue un movimiento nobilia­rio, bur­gués y popular que se levantó contra la política fiscal y cen­trali­za­dora de Mazarino. Los gastos de la gue­rra contra España y la unificación administrativa mediante los intendentes chocó con los intereses de los Parlamentos provinciales y en especial el de París. La división entre los frondistas, encabezados por el partido militar de Condé, derivó en la vuelta de Mazarino a París y la victoria del absolutismo de Luis XIV, que se incre­mentaría en su reinado desde 1661, al atraer a la Corte a la nobleza y rodearse de burgueses en la Administración. Los teó­ricos parlamentarios más conocidos son Joly y Retz, y el ab­so­lutista es Bos­suet.
2.1. EL ABSOLUTISMO.
Las monarquías absolutas.
El absolutismo fue la forma de gobierno de la mayoría de las monarquías de Europa Occidental en los siglos XVII y XVIII. El rey hacía las leyes, administraba justicia, los impuestos se recaudaban en su nombre, mantenía un ejército permanente y nom­braba a los funcionarios. La monarquía absoluta representó un progreso histórico porque desa­rrolló la centralización y con­tribuyó a la unificación territo­rial.
En teoría la monarquía absoluta estaba sólo “subordinada a la ley divina, a la justicia y a las reglas fundamentales del Es­tado”; pero en la práctica estaba limitada por el pequeño número de los funcionarios reales y por las dificultades de comunicación.
Hobbes y el pacto social.
Thomas Hobbes (1588-1679) vivió la caída de Carlos I, la Primera República de Cromwell y la Restauración, con sus revo­luciones y guerras civiles. Sus obras principales son Los ele­mentos del Derecho Natural y Político (1650) y, sobre todo, El Leviatán (1651), en la que sostiene la tesis de que el Estado es una creación artificial omnipo­tente, garante de la seguridad de los súbditos. Su doctrina absolutista tenía, pero, elementos liberales (la teoría del pacto, la libertad individual) que serían un germen del libe­ralismo de Locke y de otros.
- El hom­bre es un lobo para el hom­bre, siguiendo la máxima de la “ley del más fuerte”, en lucha de todos contra todos, siempre en con­flicto pues tiende a abu­sar de su liber­tad.
- Los hombres controlan la violencia al ceder al sobera­no una parte de su libertad a cam­bio de una mayor segu­ri­dad, me­diante un “pacto so­cial” (un so­lo pacto inicial, entre los in­divi­duos, no de estos con el gobernante).
- El gobierno debe ser absolu­tista, ilimitado, con todo el po­der le­gislativo y ejecutivo.
- No hay derecho natural, sino sólo el positivo, emanado del Esta­do. Lo religioso se subordina a lo político.
- Identifica sociedad-Estado-gobierno, pero el ab­solutismo es mi­ti­gado por el indivi­dualis­mo: el fin del Esta­do no es el poder sino el bien de los individuos que lo consti­tuyen. Garan­tizada la paz y la seguridad el Estado no debe intervenir.
- El rey es legítimo sólo si tiene el poder, por lo que Hobbes incurre en una contradicción: niega el derecho de resis­tencia pues el gobernante es absoluto, pero de hecho lo acepta si no sirve a los súbdi­tos y pierde el poder, pues entonces sus súbditos pueden buscar un nuevo gobernante que les dé seguri­dad. Los autores posteriores deducirán que es legítimo todo gobierno (in­cluido el democráti­co) que asegure la paz y el or­den. ­Por este punto Hobbes fue rechazado por los absolutistas.
Bossuet.
Jacques Bossuet (1627-1704) vive en el reinado de Luis XIV, el “Rey Sol” que proclamaba que “El Estado soy yo”. En La política según las Sagra­das Es­cri­turas (1709), basa­da en la Biblia, el De­recho Roma­no y Hobbes, legitima el abso­lutismo mo­nárquico de dere­cho di­vino. “El trono regio no es el trono de un hombre, sino el del mismo Dios”.
Es un autor menor, de escasa influencia incluso entonces, pero su doc­trina sirve como resumen del pensamiento de Luis XIV y de la mayoría de los re­yes absolu­tos de su tiempo. El fracaso del abso­lu­tismo de Luis XIV al final de su reinado (guerras, ham­bre, mi­seria, de­caden­cia) supuso que su modelo fuera criti­cado y re­chazado, lo que explicará en gran parte el auge del despotismo ilus­trado y del libe­ralis­mo.
- La mo­nar­quía es sagra­da y paternal, y su autoridad real es la más justa.
- El rey re­ci­be su poder de Dios, del que es transmi­sor de sus órdenes, y sólo es responsable ante Dios por sus actos y dis­posi­cio­nes.
- Los minis­tros son los lu­garte­nien­tes de Dios en la Tie­rra, como corresponde a quienes son esco­gidos por un monarca de ori­gen divino.
- Los súbdi­tos deben obe­dien­cia absolu­ta.
2.2. EL LIBERALISMO.
El liberalismo (o parla­mentaris­mo) inglés comienza con la Re­volución In­glesa de 1688 y Locke escri­bió a finales del siglo XVII, pero am­bos tam­bién pueden incluirse en el siglo XVIII. Es el prece­dente necesario de la Ilus­tra­ción po­líti­ca.
Rasgos del pensamiento liberal son:
- El laicismo.
- El racionalismo.
- El optimismo sobre la natu­raleza del hombre.
El parlamentarismo.
El parlamentarismo es la forma política que asume el libe­ralismo en Gran Bretaña desde la Revolución In­glesa de 1688, cuando el Parlamento inglés y los nuevos reyes, María y su esposo Gui­ller­mo III, aceptaron compartir el poder político.
- El rey ostenta el poder ejecutivo y judicial, pero lo delega parcialmente (más y más en lo sucesivo) en los ministros y los jueces, y se compromete a cumplir las leyes.
- El Parlamento ostenta el poder legislativo: ha­ce las leyes, vota los impues­tos, y comparte el poder ejecutivo, al exi­gir al rey que nombre sus minis­tros dentro del par­tido que ha­ya obtenido la mayoría en la Cá­mara de los Comunes.
- El sis­tema se completa con la acep­tación por el rey de una Declaración de Dere­chos, que ga­ranti­za tanto los dere­chos del Parlamen­to como de los ciuda­danos.
Los teóri­cos del libera­lismo estudiaron este modelo pac­tis­ta, co­men­zando por Locke.
Locke y el contrato social.
John Locke (1632-1704), miembro del partido whig (libe­ral), publicó el Tratado sobre el gobierno civil (1690), ins­pi­rado por el pactismo de Wycliff y Du Plessys-Mornay, contra el absolutismo de Hobbes y en defensa de la Revolución de 1688, que explica por la ruptura de sus obligaciones por el rey Jaco­bo II. Pero también se opone a las extralimitaciones del Parla­mento (años 1640).
Su fi­lo­sofía empirista se basa en el ius­natura­lis­mo (leyes natu­ra­les con ori­gen divi­no) y el uti­lita­rismo del sentido co­mún (la ra­cio­na­li­dad del hom­bre que actúa en su pro­pio interés).
La doctrina de Locke fue muy popular, inicia la Ilustra­ción inglesa (Enlighten­ment) e in­fluyó decisi­va­men­te tanto so­bre el parla­mentaris­mo bri­táni­co como sobre los pensado­res europeos, pues su pensamiento es conservador y del siglo XVII para Gran Bre­taña, y revolucionario y del siglo XVIII para Francia.
Sus ideas fundamen­ta­les son:
- En su “estado natural” los hombres no luchan entre sí sino que cooperan, todos son iguales y poseen unos dere­chos naturales: vida, libertad y pro­pie­dad.
- El hombre defiende sus derechos con la violencia.
- El hombre, mediante el pacto original, renuncia a la violen­cia, así como a juzgar y castigar, en favor de Estado, a fin de po­der vivir en sociedad.
- Pero no renuncia a los derechos naturales (lo que le distingue de la tesis de Hob­bes).
- El Estado ejerce los derechos de legislar, juzgar y cas­tigar, en nombre de los individuos.
- La finalidad básica del Estado es proteger los derechos básicos del individuo y no puede atacarlos.
- La acumulación de poder puede conducir al abuso de po­der, por lo que rechaza la monar­quía ab­solu­ta. 
- El poder debe repartirse entre las instituciones, con funciones distintas, que se vigilen y se con­tro­len entre sí.
- Hay dos funciones básicas: hacer las leyes (cuerpo le­gislativo) y hacerlas cumplir (gobierno). El legislativo es un colec­tivo elegi­do por los ciu­dadanos (el modelo parlamentario).
- El derecho de resistencia asiste al pueblo si se vulne­ran sus derechos naturales.

3. EL SIGLO XVIII.
El contexto histórico: la revolución del Siglo de las Lu­ces.
Los acontecimientos políticos de este siglo en el conti­nente europeo y América son claramente revoluciona­rios por cuanto repre­sentan la crisis y comienzo de la caída del Antiguo Régi­men: Despo­tismo Ilus­tra­do, Revo­lución Francesa y Guerra de In­dependencia de EE UU, difusión de las ideas me­diante Acade­mias, Universi­dades, Enci­clopedia, pre­ponderan­cia intelec­tual de Fran­cia, etc. En cambio, en Gran Bre­taña el par­lamenta­rismo re­formista será un modelo exitoso y se evita­rán las revolu­cio­nes continentales.
Las Revoluciones políticas de finales del siglo XVIII de­rriba­ron el ab­solutismo en favor de nuevas formas de gobierno basa­das en la libertad individual, la igual­dad ante la ley, la vo­luntad de la mayoría, un derecho natural racionalis­ta, pero el nuevo sistema político defendía a los propieta­rios en contra de los no propietarios, a los burgueses en con­tra de los prole­tarios; sus derechos se ligaban a la ri­queza y no a la natura­leza humana, pese a las ideas escritas.
La Ilustra­ción.
La Ilustra­ción fue la ideología do­mi­nante del siglo XVIII. Es un movimiento in­te­lectual, no orga­niza­do, que dominó la vida cultural de la mayor parte de Europa, y que se extendió por las colo­nias euro­peas, con­tri­buyendo deci­siva­mente a los movimien­tos independentis­tas ameri­ca­nos. La fuerza de su doctri­na tra ns­formó las ideas y la reali­dad de Europa, asen­tando ideológica­mente los princi­pios más favorables para el ascenso político y social de la burguesía.          
El pensamiento filosófico de los ilustrados se caracteriza por tres principios: el criticismo racional, el utilitarismo y el mito del progreso. Estos principios se apoyan en la filoso­fía de Descartes (pensamiento lógico y crítica de los princi­pios tradicionales, “es verdad lo que es lógico”) y el método científico de Newton (ob­servación empírica de la reali­dad para deducir leyes), que son dos mé­todos racio­nales de aná­lisis de la rea­li­dad que se apli­carán a la socie­dad, la po­líti­ca, la economía, la religión...
- El criticismo racional somete a una crítica im­placable todos los conceptos y valores tradicionales. La “auto­ridad de la tradi­ción” (tan im­portante en la Edad Media) ya no es acep­tada y todas las ideo­logías sociales y políticas son considera­das científicamente y rechazadas si no resultan “lógi­cas”.
- El utilitarismo preconiza un nuevo concepto del hom­bre: el hombre, guiado por la razón, busca su felicidad, que consis­te en el bienestar mate­rial, y puede ser medida por la cantidad de rique­za que posee (propiedad).
- El mito del progreso se funda en lo anterior, pues la sociedad humana puede entrar en un camino de progreso indefini­do si logra potenciar en el hombre el uso correcto de la razón (mediante la educación) y aumentar la riqueza (mediante las reformas que posibiliten una actividad económica adecuada). Sus mejores teóricos son Turgot y Condorcet.
Las corrientes políticas de la Ilustra­ción.
Debemos distinguir tres corrientes en la Ilustración:
- El Despo­tismo Ilustrado continental era reformista, pero limitado a las re­for­mas sociales y econó­micas, mientras que las políticas reforzaban el absolutismo y este in­movilismo políti­co desembo­có al final en revolu­cio­nes violen­tas. Sus teóricos son Mon­tes­quieu (el más relevante para la posteridad) y los enci­clopedistas Vol­tai­re, Diderot...
- El libera­lismo revo­lucio­nario continental es la exa­cer­bación de la ante­rior, al ver los pensadores que los es­tamentos privi­legia­dos se re­sis­tían con éxito a los cam­bios que suponían per­der su posi­ción hegemónica. Integra las ideas polí­ticas de Loc­ke, Mon­tes­quieu, Diderot, Voltaire, a las que in­terpreta en un sentido radical. Su gran autor es, sobre todo, Rousseau. Su influjo fue enorme so­bre los teóricos y políticos de la Revolu­ción France­sa.
- El liberalismo británico (o parlamentarismo in­glés) se ini­ció con una revolución pero se con­vir­tió luego en el modelo refor­mista por antonoma­sia, que evolu­cionó con lentas, mode­ra­das y pacífi­cas re­for­mas tanto políticas como sociales y econó­micas, para adaptarse a los cambios históri­cos. La mayoría de políticos, historiado­res, escritores y filósofos británicos del XVIII es­cribieron reflexiones políticas con un cariz libe­ral.       En este siglo destaca el filósofo e historiador Hume, que enla­zó el pensa­mien­to de Hobbes, Locke y Montesquieu con el de los auto­res siguien­tes como Adam Smith, Bentham, Mill...
3.1. EL DESPOTISMO ILUSTRADO.
El Despotismo Ilustrado domina la mayor parte del siglo y y se extiende hasta su final. Sus téoricos pre­tendían el apoyo de los monarcas para aplicar sus progra­mas de reforma polí­ti­ca, social y económica y, bajo su influen­cia, los monarcas ilus­tra­dos realizaron una política reformista, basada en la razón, en lo que des­tacaron José II de Austria, Federi­co II de Prusia, Cata­lina II de Ru­sia, Gusta­vo III de Suecia, José I de Portu­gal, Carlos III de Espa­ña, Leo­poldo du­que de Toscana.     
 Los obje­tivos.
- La racionalización de la vida política, mediante una administración centralizada y uniforme que acabara con los par­ticularismos feudales.
- Una política fiscal moderna, mediante la “contribución única”, un impuesto que gravase la riqueza, sin reconocer pri­vilegios a los estamentos.
- Una política cultural racional, mediante el fomento de la educación pública, la investigación y las ciencias natura­les.
- Una política eclesiástica regalista, mediante el control de la Iglesia y el clero.
Los medios.
La transformación social que pro­pugnaban los ilustrados debía hacerse mediante:
- La pro­paganda: los li­bros, folle­tos, perio­di­cos, asocia­cio­nes culturales... Uno de los instru­mentos de di­fusión fue La Enciclopedia, publi­cada en Francia desde 1751 hasta 1772, una suma de los saberes de la época, en la que se ataca­ban to­das las ideas no basadas en la razón.
- La educa­ción, para inculcar sus ideas a los jóve­nes los ilus­trados pre­tendie­ron controlar los sistemas educati­vos (lo que explica en parte la supresión de los jesuitas).
- La acción po­lí­tica, que tiene un pa­pel preponderante, in­flu­yen­do en los poderes públi­cos, los re­yes en especial. Creían necesario que los reyes retuviesen el poder absoluto -lo que explica el apoyo de tantos reyes a esta ideología- y que el pueblo -la gente pobre e inculta- no participase en la vida política.
Los derechos de los ciudadanos.
El gran logro ideológico del Despotismo Ilustrado fue la teoría de los derechos de los ciudada­nos. Según las ideas ilus­tra­das, el rey no debe usar su poder absoluto para oprimir a sus súbditos, sino para hacerlos felices. Para proporcionar la “fe­licidad” a la gente, el gobierno ilustrado debía garantizar a los ciudadanos el disfrute de ciertos derechos:
- La libertad económica. Todos pueden fabricar, comprar y vender sin controles ni trabas del gobierno.
- La libertad de expresión. Debe haber una tolerancia to­tal para la difusión de toda clase de ideas y opiniones, incluidas las religiosas.
- La igualdad ante la ley. Debe haber una sola ley para todos los ciudadanos y nadie debe reclamar privilegios, como los que tenían en aquella época la nobleza y el clero.
- La propiedad. Es un derecho “sagrado e inviolable” y nadie puede atacarlo ni suprimirlo.
- La justicia. Debe ser aplicada con equidad y con huma­nidad, suprimiendo la tortura y, según algunos (Beccaria), la pena de muerte.
- La educación. Todos tienen derecho a un cierto grado de educación que será garantizado por el gobierno. Había que aca­bar con el analfabetismo, que impedía el progreso.
LAS TEORÍAS REFORMISTAS.
Montesquieu y el espíritu de las leyes.
Montesquieu (1689-1755) publicó dos obras fundamen­tales: Las Cartas Persas (1721), una sátira social donde estudia la sociedad y critica el ab­solu­tis­mo francés de Luis XIV; y El Espíritu de las Leyes (1748), donde estudia el ori­gen de las constituciones, y las leyes e instituciones más vá­li­das, cuyo modelo político ideal es el par­lamentario británico. Su gran influencia es sólo comparable a la de Rousseau, pues su princi­pio de la se­pa­ración y equi­li­brio de los pode­res políticos (li­bro XI de El Espí­ritu de las Leyes, el más cohe­rente e impor­tante) es el dogma del constitucionalismo liberal moderno.
- Defiende una monarquía moderada por el principio de se­pa­ración y equi­li­brio de los pode­res políticos: legislativo, eje­cutivo y judi­cial.
- El Estado debe re­gir se­gún principios de libertad y to­le­rancia.
- Se opone al racismo, la opresión y la guerra.
- El poder debe equilibrarse entre el rey, la no­ble­za y el Par­lamento.
- El poder ejecutivo debe residir en el rey y la no­ble­za (gobierno y burocracia).
- El po­der legis­lativo debe re­si­dir en el pueblo (cámara baja) y la no­bleza (cámara alta).
- El poder judicial es el menos importante: sólo interpre­ta las leyes ante los hechos.
Voltaire y la libertad civil.
Voltaire (1694-1778) es un utilitarista moderado, prote­gido por Catali­na II de Rusia y Fede­rico II de Prusia). Su me­jor obra política es Cartas filosóficas (1734), en las que se muestra conservador, pesi­mista sobre la naturaleza huma­na: con­si­dera que los hom­bres son de­si­gua­les, crue­les, es­tú­pi­dos y vio­len­tos. Incluso rechaza la educación para el pueblo. Pero sos­tie­ne la polí­tica del sentido co­mún y defiende la li­bertad y la tole­ran­cia, y sus iro­nías críti­cas contra los excesos del Estado y de la Iglesia de­bili­tarán al absolu­tismo que de­fendía en teoría.
- Defiende los de­rechos civiles (vida, propie­dad, liber­tad de expre­sión y pensamiento), pero no los derechos po­lí­ti­cos (la represen­ta­ción y par­ticipación en el gobierno).
- Proclama el poder absoluto del monarca.
- Niega el poder legislativo a los Parlamentos.
Diderot y la Enciclopedia.
Jacques Diderot (1713-1784) es un utilitarista moderado, famoso por ser el director de la Enciclopedia. Polemizó duramente con Rousseau. En su artículo del Contrato social y en sus Colabora­ciones polí­ticas expone sus ideas:
- El hombre es racional.
- El criterio para juzgar la moral y el gobierno es la voluntad general de la especie, encarnada en el derecho y las prácticas de los pueblos civilizados.
- La subordi­nación utilitarista de la política a la eco­nomía: el bien mayor es la riqueza.
- El Estado ideal es la monar­quía mo­de­ra­da, que se rige por la ra­zón y tiene como fines la estabilidad y la seguridad.
- La crítica al sistema colonial, porque no promueve la razón sino que oprime a los pueblos dominados.
3.2. EL LIBERALISMO REVOLUCIONARIO.
Rousseau: el contrato social y la voluntad general.
Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), escritor suizo (nacido en Gine­bra) en len­gua francesa y colaborador de la Enciclopedia, era de religión calvi­nista pero se convirtió tempo­ralmente al catoli­cismo. El contraste entre su polémica vida (tan inmo­ral en los hechos) y sus radicales ideas (llenas de una estricta moral) le en­frentó con casi todos los pensadores de su tiem­po (en espe­cial con Dide­rot) y explica gran parte de su obra, en la que cri­tica las monar­quías del Antiguo Régimen, pre­pa­ran­do ideo­ló­gica­mente la próxi­ma Re­volu­ción Francesa, que le re­ven­ciará como un mito.
Su pensamiento filosófico es esencial para comprender sus ideas políticas:
- Defiende un deísmo na­tural, una reli­gión ci­vil que sus­ti­tuya al cristianismo, que rechaze ideas no demos­tradas (dog­mas, miste­rios...), sin organización ecle­siástica.
- Defiende el predominio de la moral sobre la razón, una moral vita­lista y libre, hedo­nista, rupturista de los códigos mo­rales reli­gio­sos.
- Cri­tica la sociedad contempo­rá­nea, por su depravación mo­ral (bur­guesa).
Ex­puso sus teo­rías políticas en el Emi­lio y, sobre todo, en el Con­tra­to So­cial (1762), que funda­menta la democra­cia de los ciudadanos basada en un “contrato social” y la “voluntad general”:
- Cree en la bondad natural del hombre, pero la socie­dad tiene una influencia corruptora.
- Los males provienen de la oposición entre la sociedad y la naturaleza humana.
- La educación natural es el medio de devolver la perfec­ción al hombre: su libertad, para lo que debe volver a la natu­raleza y la vida senci­lla.
- La sociedad y el Estado debe ser fruto de un “contrato so­cial” entre los hom­bres, que se reúnen y pactan para mejor de­fender sus dere­chos (vida, liber­tad y propiedad).
- Todos los miembros de la socie­dad (los ciuda­danos) deben tener los mismos derechos y deberes: la igualdad.
- No hay división de poderes, sino un único poder sobera­no: el del pueblo, que debe ejercer su poder político absoluto de acuer­do a la “vo­luntad general”, contrapuesta a la “volun­tad par­ti­cu­lar” (los intereses egoístas de cada hombre), a la que some­te.
- La ley es la suprema ma­ni­fes­tación de la voluntad po­pu­lar, expresada en el voto por ma­yoría.
- El poder soberano del pueblo tiene el poder legis­lativo, pero delega en poderes ejecutivo y judicial unas fun­ciones su­bordi­nadas a aquél, siendo revocables en cada momento.
- La repú­blica es la única forma legí­tima de Estado, y su modelo perfecto es la pequeña república o ciudad-estado.
- Los hombres tienen el derecho de resistencia contra el Estado que no garantiza sus derechos.
3.3. EL LIBERALISMO BRITÁNICO.
Hume.
David Hume (1711-1776), filósofo empirista y economista británico (escocés). Explica la política mediante razones his­tóri­cas empíricas, sobre todo de economía, en el Tratado de la naturaleza humana (1739-1740) y, especialmente, en sus Discur­sos po­líticos (1752). Su pensamiento fue muy in­flu­yente en su país pues enlazó el pensa­mien­to de Hobbes, Locke y Montesquieu con el de los auto­res siguien­tes como Adam Smith, Bentham, Mill... Su gran innovación es la crítica del derecho natural (ya comen­zada por Hobbes), pues basa el poder en la uti­lidad so­cial.
Sus ideas bási­cas son:
- La sociedad y el Estado se originan en la familia, y se desarrollan progresivamente por acuerdos de los hombres para evitar la gue­rra y “ad­ministrar justi­cia”. El Estado será más complejo cuanto mayor sea el ámbito de la sociedad.
- El Estado no se basa en un con­trato social o acuerdo ini­cial sino en la lealtad de cada generación al sistema en que vive, que crea un hábito de obediencia, conveniente para man­tener la sociedad.
- La tendencia de la constitución a la libertad marca la perfección de la sociedad civil.
- Pero debe haber una tensión permanente entre libertad y autoridad, pues sin esta es imposible el gobierno. La libertad es preferible en una situación normal, pero la autoridad lo es en caso de guerra.
- El derecho de resistencia se basa en la utilidad (p.e. opre­sión o excesiva presión fiscal), no en el incumplimiento de un pacto inicial.

35. BIBLIOGRAFÍA.
Abendroth, Wolfgang; Lenk, Kurt. Introducción a la ciencia po­lítica. Anagrama. Barcelona. 373 pp.
Anderson, Perry. El Estado absolutista. Siglo XXI. Madrid. 1979 (1974 inglés). 592 pp.
Barudio, Günter. La época del Absolutismo y la Ilustra­ción, 1648-1779. Col. Historia Universal, nº 25. Siglo XXI. 1983 (1981). 468 pp.
Díez del Corral, Luis. El pensamiento político europeo y la Monarquía de España. De Maquiavelo a Humboldt. Alianza. Ma­drid. 1983 (1975). 562 pp.
Dülmen, R. van. Los inicios de la Europa Moderna, 1550-1648. Col. Historia Universal. Siglo XXI. vol. 24. Madrid. 1984. 335 pp.
García Cotarelo, Ramón (comp.). Introducción a la teoría del Estado. Teide. Barcelona. 1983 (1981). 250 pp.
Hazard, Paul. La crisis de la conciencia europea 1680-1715. Pegaso. Madrid. 1975. 420 pp.
Kristeller, Paul Oscar. El pensamiento renacentista y sus fuen­tes. FCE. México. 1982. 336 pp.
Maquiavelo, Nicolás. El Príncipe. Folio. Barcelona. 2007. 121 pp.
Meinecke, Friedrich. La idea de la razón de Estado en la Edad Moderna. Centro de Estudios Constitucionales. Madrid. 1983. 465 pp.
Menéndez Pelayo, Marcelino. Historia de los Heterodo­xos españoles. BAC. Madrid. 1987 (1ª ed. 1880-1882). vol. II. 1064 pp.
Miller, David (dir.). Enciclopedia del pensamiento políti­co. Alianza. Madrid. 1989 (1987 inglés). 704 pp.
Rawls, John; Nozick, Robert; Buchanan, James. Nuevas Teorías del Contrato Social. Alianza. Madrid. 1985. 226 pp.
Sabine, George. Historia de la teoría política. FCE. Ma­drid. 1976 (1937 inglés). 677 pp.
Skinner, Quentin. Los fundamentos del pensamiento político mo­derno. vol. I. El Renacimiento. FCE. México. 1985 (1978). 334 pp.
Touchard, Jean. Historia de las Ideas Políticas. Tecnos. Ma­drid. 1987 (1961). 657 pp.
Truyol y Serra, Antonio. Historia de la Filosofía del De­recho y del Estado. Alianza. Madrid. 1970. 2 vols. I. De los orí­genes a la baja Edad Media. 429 pp. II. Del Renacimiento a Kant. 357 pp.

Dosier: Nicolás Maquiavelo.
Artículos.
Benner, Erica. Contra las malas artes en política. “El País” Ideas 128 (22-X-2017). Benner es investigadora de la Universidad de Yale y autora de ‘Be Like the Fox: Machiavelli’s Lifelong Quest for Freedom’ (2016) y aconseja conocer sus reflexiones sobre la desigualdad y el abuso del poder, plenas de vigencia hoy.
Bassets, Marc. ‘Maquiavelos’ y maquiavelos. “El País” Ideas 128 (22-X-2017). Algunos políticos actuales, conscientemente o no, explotan las ideas del ‘Príncipe’, unos su lado oscuro como Trump, y otros su fino análisis de la realidad como Obama, Merkel o un Macron que escribió su tesis de licenciatura sobre él

PROGRAMACIÓN.  
35. EL PENSAMIENTO POLÍTICO MODERNO: DEL HUMANISMO A LA ILUSTRACIÓN.        
UBICACIÓN Y SECUENCIACIÓN.
ESO, 2º ciclo.
Eje 3. Sociedades históricas y cambio en el tiempo. Bloque 1. Sociedades históricas. Núcleo 4. Las socie­dades de la épo­ca moder­na.
- Las sociedades del Antiguo Régimen en Europa; cri­sis político-religiosas; arte Renacentista y Barroco, el Racio­na­lismo y la Ilustración.
RELACIÓN CON TEMAS TRANSVERSALES.
Relación los temas de la Educación para la Paz y de Edu­ca­ción Moral y Cívica.
TEMPORALIZACIÓN.
Cuatro sesiones de una hora.
1ª Lectura de motivación. Diálogo con evaluación pre­via. Exposición del profesor. Cuestiones.
2ª Exposición del profesor. Cuestiones.
3ª Exposición del profesor, de refuerzo y repaso; esquemas y comenta­rios de tex­tos.
4ª Exposición del profesor, de refuerzo y repaso; Co­mentarios de textos; debate y síntesis.
OBJETIVOS.
Sintetizar la evolución del pensamiento político en la Edad Moderna, desde el Huma­nismo a la Ilustración.
Comprender las principales teorías políticas del Humanis­mo, el Absolutismo y la Ilustración.
CONTENIDOS.
A) CONCEPTUALES.
El pensamiento político en la Edad Moderna, desde el Huma­nismo a la Ilustración.
B) PROCEDIMENTALES.
Tratamiento de la información: realización de esquemas del tema.
Explicación multicau­sal de los hechos históricos: en co­mentario de textos.
Indagación e investigación: recogida y análisis de da­tos en enciclopedias, manuales, monografías, artículos...
C) ACTITUDINALES.
Rigor crítico y curiosidad científica.
Tolerancia y solidaridad.
METODOLOGÍA.
Metodología expositiva y participativa activa.
MOTIVACIÓN.
Una lectura de un texto sobre la democracia de Montesquieu.
ACTIVIDADES.
A) CON EL GRAN GRUPO.
Exposición por el profesor del tema.
B) EN EQUIPOS DE TRABAJO.
Realización de una línea de tiempo sobre el proceso.
Realización de esquemas sobre la UD.
Comentarios de textos sobre los principales pensadores y sobre las Constituciones de EE UU, Francia y la española de 1812 para conocer la influencia del pensamiento político en estas.
C) INDIVIDUALES.
Realización de apuntes esquemáticos sobre la UD.
Participación en las actividades grupales.
Búsqueda individual de datos en la bibliografía, en debe­res fuera de clase.
Debatir y contestar cuestiones. Las respuestas se redacta­rán individualmente.
RECURSOS.
Presentación digital (o transparencias y diapositivas).
Libros de texto, manuales.
Fotocopias de textos para comentarios.
Cuadernos de apuntes, esquemas...
EVALUACIÓN.
Evaluación continua. Se hará especial hincapié en que se sinteticen y comprendan las doctrinas más que en su memoriza­ción exhaustiva.
Exa­men incluido en el de otras UD, con breves cues­tiones y un comentario de texto.
RECUPERACIÓN.
Entrevista con los alumnos con inadecuado progreso.
Realización de actividades de refuerzo: esquemas, comenta­rio de textos...
Examen de recuperación (junto a las otras UD).

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