Blogs de Antonio Boix

Mis blogs son Altamira (Historia del Arte, Cine, Televisión, Fotografía y Cómic), Heródoto (Ciencias Sociales y Pensamiento) y Mirador (Joan Miró, Arte y Cultura Contemporáneos).

martes, 3 de enero de 2017

Geografía de China. Humana.

II. GEOGRAFÍA HUMANA DE CHINA:

Resultado de imagen de China, Herodoto,

Resultado de imagen de china population
Gráfico histórico de evolución de población.

1. LA POBLACION: 1.200 MILLONES DE HABITANTES.
Es el país más poblado del planeta, con aproximadamente 1.200 millones de personas en 1994. El excelente censo de 1 de enero de 1990, el mejor nunca hecho en China, ha dado unos resultados muy creíbles, con 1.133.682.501 habitantes y una estimación muy fidedigna de aumento anual de 12 millones de habitantes, por lo que en seis años (a 1 de enero de 1996) se han debido añadir unos 72 millones más, lo que hace 1.205 millones y seguramente hay algunos más (¿tal vez 5 millones más?) por la mayor natalidad del segmento de la población entre 25 y 35 años. Se les debe añadir el margen de error a más de todas las estadísticas chinas, cifrado en un 2% de media, o sea otros 30 millones más. Según Peng Peiyun, ministra de Población y Planificación Familiar, en octubre de 1995 nació (y se celebró) en Beijing el niño que hacía oficialmente el 1.200 millones, aunque muchos demógrafos chinos y extranjeros coinciden en que ya en esta fecha el número ronda los 1.240 millones, por dicho margen de error en las estadísticas oficiales. La población transeúnte es un grupo con grandes dificultades de censo y asimismo de planificación familiar, pues dos tercios de los nacimientos no deseados se producen entre las familias transeúntes.
La población que mantiene esta evolución demográfica es la etnia dominante (China tiene una gran homogeneidad étnica), el 90% que compone la etnia Han. La densidad es de 130 habitantes por km²., con una evolución histórica que muestra un progresivo aumento a cada milenio, superando las frecuentes crisis demográficas, bien conocidas desde los primeros censos conocidos en el mundo, los cuales fueron realizados en China (-1200), aunque el primero científicamente fiable es el de 1953.
La inmensa población actúa a la vez como freno y motor del desarrollo económico-social. Tiene el gran inconveniente de su desequilibrada distribución territorial, con una China interior casi despoblada, mientras que la población se concentra cada año más en el litoral, las cuencas de los grandes ríos, el sur y alrededor de las grandes ciudades (sobre todo en la zona de Shanghái, en el Jiangsu).

Resultado de imagen de china population
Concentración en una celebración en Pekín. 
LOS CHINOS EN EL EXTRANJERO.
En el siglo XIX el Estado favoreció una política de emigración para aliviar la tensión demográfica en el país. De resultas de ello hubo una amplia emigración, con destino a EE UU y sobre todo a Asia Oriental, desde Birmania a Indonesia, llegando algunos grupos a África y América Latina (Brasil). Entre 1850 y 1950 se calcula que emigraron unos 30 millones de chinos, y que unos 20 millones siguen viviendo en el SE asiático, unos 5 en Tailandia, 4,5 en Malasia (donde son el 40% de la población), 2 en Singapur (un 80%), un millón en Vietnam, otro tanto en Indonesia, con otros grupos importantes en Filipinas, Birmania, Australia, etc. Son minorías muy activas y prósperas, sobre todo en el comercio y la industria, poco integradas por su especial caracterización en etnia, lengua y religión. Tienen fuertes vínculos familiares y tribales y después de varias generaciones todavía remiten capitales a sus familias lejanas y buscan enlaces matrimoniales en el interior de China, sobre todo en las provincias de Guangdong y Fujian, en el Sur, de donde proceden el 90% de los emigrantes chinos.

1.1. LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA. LAS POLÍTICAS DEMOGRÁFICAS. LAS ESTRUCTURAS DEMOGRÁFICAS.
LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA.
Se calcula por Gentelle [1977] (con bastantes dudas sobre la adecuación científica de los datos) que la población china era de 59,6 millones de habitantes en el año 2 d.C., de 150 millones en 1700, de 313 millones en 1794, con un fuerte crecimiento en el siglo XVIII, sin duda un siglo de gran prosperidad, para alcanzar los 430 millones en 1850. Hubo un relativo estancamiento en la crítica segunda mitad del siglo XIX y una formidable expansión en el siglo XX, por las mejoras higiénicas, sobre todo después de 1949. El censo de 1953 dio un resultado sorprendente: 582,6 millones de habitantes, con unas expectativas de crecimiento muy fuerte porque el 41,4% de la población era menor de 18 años (compárese con el 33% que tenía EE UU).
Los dos rasgos principales de la evolución demográfica desde la Revolución son: 1) la progresiva reducción de la natalidad, 2) la oscilación de los valores de natalidad desde 1953 hasta 1968, de acuerdo a distintas políticas demográficas (pronatalistas o antinatalistas), pues la sociedad china responde muy rápidamente a las políticas demográficas del Gobierno.
La política demográfica china bajo el socialismo sin duda ha supuesto un cambio radical en la moral y el comportamiento demográfico, con una poderosa incidencia de la política demográfica sobre el progreso económico y social. Ha sido un fenómeno favorecido por el rígido y extendido control social del Partido Comunista y por el modo de vida oriental, que casi siempre ha aceptado mansamente las imposiciones del Gobierno.

LAS POLÍTICAS DEMOGRÁFICAS.
Estas políticas marcan varias etapas:
1) 1949-1953. Expansión demográfica. China tenía una población de unos 560 millones en 1949, tras varios decenios de guerras, epidemias y hambrunas, que habían controlado el crecimiento demográfico al sostener muy alta la tasa de mortalidad. Uno de los mayores éxitos del nuevo régimen fue el satisfactorio (comparado con el pasado inmediato) sistema sanitario, que se extendió desde las ciudades a las últimas aldeas, a donde iban los “médicos descalzos” (enfermeros con sólo tres meses de instrucción teórica y otros tres meses de experiencia práctica) [Snow, 1975: 75].
El régimen maoísta promocionó en estos años el aumento de población, para vencer al enemigo capitalista con la fuerza del número, sobre todo desde que comenzó la Guerra de Corea en 1950 y Mao creyó que podía ser atacado por los EE UU con armas nucleares. Mao pensó que si la población era muy grande siempre sobrevivirían los suficientes chinos como para vencer al final, aparte de que siempre serían una mano de obra barata. En sus propias palabras: «cada nuevo nacido representa una boca más que alimentar, pero también dos brazo más para trabajar». El límite no existía porque el objetivo final de crecimiento para Mao era la extensión del pueblo chino por toda la Tierra (con la consiguiente supresión de los pueblos “enemigos”).
El resultado demográfico fue que aumentó notablemente la natalidad, desde un aproximado 30%. en 1945 a un 36%. en 1950, pero no fue sólo una respuesta política, sino que influyó en gran parte la paz interior tras la guerra civil, que había seguido a la guerra contra los japoneses. Muchos militares volvieron tras ella a su casas, con sus esposas o se casaron, y recuperaron los nacimientos demorados durante más de un decenio. Fue un fenómeno paralelo al del Baby Boom en Occidente tras la II Guerra Mundial.
De hecho sólo se había recuperado el mismo índice de natalidad de los años 30, cuando estaba en una media del 37%. con una mortalidad del 18%. y un crecimiento demográfico del 1,9% anual. Había vuelto el comportamiento demográfico asociado a la moral tradicional, que favorecía la familia patriarcal, con tres generaciones bajo el mismo techo, en la que los hijos (sobre todo los varones) representaban la fuerza de trabajo rural y artesanal y el único seguro para la vejez. Las hijas eran vistas con desprecio al nacer porque suponían un gasto inútil ya que al casarse iban a la familia del cónyuge para la cual trabajaba. En consecuencia el infanticidio de las niñas era habitual. La familia no era un acto de amor sino de supervivencia material, un seguro de jubilación y enfermedad.
2) 1954-1958. Control natalista. El censo de 1953, el primero de gran calidad científico-estadística, dio un resultado inesperado: 583 millones de habitantes, cuando el Gobierno había esperado un poco menos de 500 M. En cuatro años se habían producido más de 60 millones de nacimientos. La inminente amenaza de que no hubiera medios económicos suficientes para mantener tanta población y que el aumento de esta fuera mayor que el económico movió al Gobierno a adoptar una férrea política de control, con una reducción inmediata de los nacimientos a la mitad, reflejada en las pirámides de población, como los demás cambios. Mao, además había visto la derrota de sus ejércitos en Corea y sus sueños de conquista en Asia se habían difuminado un tanto.
La medida más eficaz fue el retraso de la edad del matrimonio, que antes estaba en los 15-16 años para las mujeres. El mismo Mao hizo propaganda para recomendar el matrimonio a los 23 años para las mujeres y a los 26 para los varones. Esta nueva costumbre matrimonial se ha consolidado totalmente en el presente. Así, en 1980, en las ciudades ya se rondaba el 90% de matrimonios tardíos y en las provincias costeras el porcentaje se acercaba. Era un cambio radical respecto al pasado.
Otra medida fue recomendar que se tuviera un número menor de hijos, dos en las ciudades y en el campo como máximo tres, y que se espaciaran, de modo que se tuviera el primero a los tres años de la boda y el segundo cinco años después del primero, con razones de salud, educación y profesión de la madre.
3) 1959-1962. Expansión demográfica. El II Plan Quinquenal y el objetivo del “Gran Salto Adelante” exigió un nuevo impulso de la natalidad, pues el régimen volvió a decantarse hacia la ortodoxia de la pugna con el bloque capitalista, como en la primera etapa.
4) 1962-1964. Control natalista. Las vicisitudes políticas de una vuelta de la moderación y la constatación de que no había alimentos suficientes (hubo hambres en estos años) obligaron a un nuevo control, en el que se insistió sobre todo en volver a acrecentar la edad del matrimonio de los jóvenes, para reducir su ciclo fecundativo.
5) 1966-1968. Expansión demográfica. La etapa inicial de la Revolución Cultural, con su radicalismo eufórico, estuvo marcada por una confianza irreal en las posibilidades de desarrollo económico. Se creía que la voluntad de las masas y el magisterio político-económico de Mao solucionarían los problemas sociales de una población que debía crecer hasta los 2.000 millones de personas, para consolidar el dominio mundial de China. El primer ministro Tan Chenlin (un hombre de Mao en medio del gobierno moderado) indicó a finales de 1964 que se podían cultivar 2.000 millones de “mu” (la unidad de cultivo necesaria para alimentar a una persona), equivalentes a unas 133 millones de ha.
Una estimación más realista es la de Terjung et al. [1985], que hacen una previsión sobre las posibilidades de aumento de la producción arrocera mediante una ampliación y mejora del regadío en China y Corea. La estimación es que las cosechas de arroz podrían abastecer un número variable de habitantes, entre 560 y un máximo de 860 millones, dependiendo de la irrigación, las estrategias para conseguir múltiples cosechas y las dietas alimenticias.
Se creía que, además, esta población tendría hacia el año 2.000 el mismo nivel de vida que la población de los EE UU. Se hacían declaraciones fantasiosas de que China progresaba en un año más que EE UU  en diez años. Sin duda era cierto, pero se callaba que el avance no era en la economía sino en la demografía, con un crecimiento en 1968 del 2,9% mientras que la producción incluso bajaba. Con tal optimismo irracional se podía permitir un aumento de la natalidad, sin control alguno. Los jóvenes Guardias Rojos recibieron incluso premios de natalidad: el objetivo declarado en los carteles de propaganda era procrear un hijo por año y que fuese un leal seguidor de Mao, el Gran Timonel.
6) 1969-hasta hoy. Medidas restrictivas de la natalidad. No tardaron en verse los devastadores efectos sobre la capacidad alimentaria del país y sobre el sistema sanitario. La Revolución Cultural había hundido la producción de alimentos y había “reeducado” a la mayoría de los médicos, enviándolos a hacer trabajos manuales al campo. Aparecieron fenómenos incompatibles con el ideal del “comunismo feliz”: hambrunas en el campo, requisas policiales de alimentos para abastecer a las ciudades, proliferación de enfermedades infecciosas por desnutrición, un aumento brutal de la mortalidad infantil y de las parturientas (una escena de la película “Vivir” de Zhang Yimou es un fiel reflejo de la situación de la sanidad). El mismo Mao comprendió ya en 1968 que el país podía explotarle entre las manos y tuvo que olvidar su dogmatismo pronatalista, aunque los efectos de la nueva restricción tardaron en llegar hasta bien entrados los años 70. La misma Revolución Cultural declinó desde 1969, sin uan declaración oficial de su final, hasta desaparecer por consunción en 1976. El nuevo equipo gubernamental, formado por los viejos dirigentes depurados en 1966, con Deng Xiaoping que comenzó en 1975 su nueva reescalada al poder, volvió a la política de estricto control natalista.

1.2. LA POLÍTICA Y LA SITUACIÓN DEMOGRÁFICA ACTUAL.
A la muerte de Mao en 1976 la mortalidad infantil había descendido tanto que la población alcanzaba ya los 1.000 millones y se predecía que se alcanzarían los 2.000 millones a principios del siglo XXI, con sus enormes demandas alimentarias, de vivienda, educación, sanidad, transporte, etc. Ante la imposibilidad de soportar tal masa humana, sobre un país de recursos grandes pero necesariamente limitados, se tenía que escoger entre dos opciones: aumentar la mortalidad o disminuir la fecundidad. Como volver a la situación sanitaria anterior era inhumano sólo quedaba el restringir el número de recién nacidos, con carácter urgente, como señalaban tanto los informes del Banco Mundial como de la Unesco. Las medidas fueron durísimas: limitación de la descendencia de cada mujer a un hijo (voluntaria, pero con disuasorios impuestos crecientes para los hijos sucesivos) y aborto casi obligatorio si se superaba tal límite, con una presión muy dura sobre la pareja reproductora que incumpliera las órdenes (impuestos mayores, problemas de vivienda y trabajo, traslado de residencia). Tal severidad fue entendida como necesaria porque la amenaza era terrible e inmediata. Si se hubiera actuado antes la severidad hubiera sido menor, y ello ilustra la necesidad de actuar en base a previsiones a largo plazo y de no dejarse llevar por la dinámica del momento sin considerar el futuro. En 1979, justo al principio de las reformas económicas los objetivos principales e inmediatos de la política antinatalista ya se habían conseguido, con una natalidad de 18% y una mortalidad bajísima de sólo un 6% anual, favorecida por la gran juventud de la población. Esto daba entonces un crecimiento del 1,2% anual, que con leves altibajos se ha mantenido hasta hoy. Los progresos fueron mucho más rápidos en las áreas urbanas que en las rurales, pues en aquéllas las tasas de natalidad y mortalidad eran de 1,39% y 0,51%, respectivamente, mientras que en estas alcanzaban 1,85% y 0,64% en 1979.
La política demográfica ha experimentado pues varios cambios totales y la política actual es antinatalista, como remarca P. George [1982] sobre el nuevo endurecimiento de la política demográfica desde 1979, con el objetivo de un solo hijo por familia, restringiendo los nacimientos con la aplicación de mayores impuestos y menores beneficios sociales al tercer hijo para la población rural y al segundo hijo para la población urbana, lo que disuade a muchas familias, con el riesgo de provocar un rápido envejecimiento de la población, pero es una necesidad perentoria si se quiere evitar que en el próximo siglo haya 2.000 millones de chinos. Parece (como insisten la mayoría de los demógrafos) que el desarrollo económico y educativo será en el futuro la principal baza para alcanzar el modelo maduro de transición demográfica, con un deseable (imprescindible) estancamiento demográfico. Y el mejor control de la natalidad es la mejora educativa y social de la mujer, que ahora desea un mejor nivel de vida y no ser sólo una esclava del hogar y del marido como en el pasado. Las autoridades lo han comprendido y el control se ha relajado un tanto, permitiéndose de hecho en algunas provincias un segundo hijo en las ciudades mientras que se presiona encarecidamente para evitar el nacimiento de un tercer o cuarto hijo [Luther, Feeney, Zhang, 1990, en Méndez: 424].
El aborto está muy extendido y ya en 1979 había 20 abortos por cada 100 nacidos vivos, que creció hasta 29 en 1983 [fuente Banco Mundial], pero el índice actual ha bajado sensiblemente debido a la mejor difusión de los métodos anticonceptivos: píldora, DIU, etc., que hace innecesario el aborto en tantos casos como en el pasado. En cambio aumenta el aborto “selectivo”: las ecografías informan del sexo del feto y los padres pueden escoger su temprana eliminación (si es femenino). El 74% de las mujeres casadas en edad fértil usan métodos anticonceptivos (1990) y el porcentaje aumenta cada año. Pero es el cambio sociológico el mejor anticonceptivo: hoy imperan la televisión, el vídeo, la publicidad, las modas y costumbres occidentales, desde las discotecas con rock and roll al karaoke, desde los concursos de belleza a los gimnasios, la hamburguesa y la pizza. En Shanghái la gente opta libremente por la no procreación o por su moderación, de modo que la tasa de crecimiento es igual a cero. La civilización comunista está siendo sustituida rápidamente por la civilización del consumo, con su correspondiente modelo demográfico, el de transición.
Los indicadores demográficos muestran esta rápida aproximación de China a un modelo de transición. La natalidad ha pasado de un 3,78% en 1965, a todavía 1,8% en 1979 y un 1,75% en 1984 y sigue disminuyendo. Según Pressat [1982], la tasa bruta de natalidad en China ha descendido de un modo extraordinario, sin equivalente en el resto del mundo, desde 1960, cuando era de un 4,0% hasta el 1,7% en 1980. A pesar de ello sigue aumentando mucho la población, porque la población joven es mayoritaria y con una alta tasa de fecundidad, sobre todo en el campo: 24 millones de niños nacían cada año a finales de los años 80. Por ello, Banister [1987], en un estudio sobre la China de antes del éxito definitivo de las reformas, esbozaba las muchas contradicciones entre la política demográfica y la real evolución de la población, en la que el crecimiento continúa más allá de los objetivos de la planificación. La mortalidad infantil ha disminuido progresivamente, desde el 25-30% de 1949 hasta el 4,4% de 1988, y todo indica que llegará pronto a situarse por debajo del 3,0%. Si no lo ha conseguido ya se debe al abandono de las niñas y a las aun insuficientes condiciones sanitarias de las regiones más alejadas del interior.
La esperanza de vida ha pasado desde los 32 años de 1949 a los 68 años en 1990. Se prevee que hacia el 2000 habrá 127 millones de viejos (10% de la población), que pesarán crecientemente sobre la economía al disminuir proporcionalmente las nuevas generaciones. La gerontocracia es omnipresente en el poder político (Deng Xiaoping tiene ya 90 años) y la renovación parece lejana.
Hsu [1985], de cuyos estudios estadísticos y gráficos sobre población tanto partido hemos sacado en el anexo del presente trabajo, da una visión completamente nueva de la evolución de la población y la política demográfica hasta 1985, mostrando los contrastes entre los datos de la demografía en el mundo rural y en el urbano.
A partir de 1961 el índice de fertilidad se dispara, desde el 3,0% hasta el 7,8% desmintiendo la mayoría de los datos que se habían publicado hasta hace poco [1985: 247]. Pero mientras la fertilidad en las zonas rurales se mantuvo relativamente estable por encima del 6,2% hasta 1972 para bajar luego de modo decidido hasta 1980 con un 2,4%. y luego repuntar ligeramente, en las zonas urbanas el descenso fue mucho más acusado y temprano: desde un índice de 6,0% en 1963 bajo a 2,9% en 1967, para repuntar un poco hasta 3,8% con la Revolución Cultural y volver a bajar hasta un 1,1% en 1980 para experimentar un ligero repunte entonces. Parece pues que los datos que se manejaban hasta hace poco por los demógrafos europeos podían basarse sólo en estadísticas oficiales referidas a la población urbana.
En definitiva el ejemplo de éxito más claro de una política restrictiva de la natalidad es China, pese a que aún haya muchas dudas sobre cuál será el límite y a que el precio humano sea terrible. Finalmente, por su claridad, reproducimos aquí un texto del demógrafo francés Jacquard [1993]:
«El caso de China (...) es totalmente atípico, a la vez por la rapidez con que ese país ha realizado la primera fase de la transición demográfica, y por los medios empleados para entrar en la segunda fase: la disminución de la fecundidad se ha obtenido allí por medios de coerción que pocos pueblos habrían podido soportar y que pocos gobiernos serían capaces de imponer.
Cuando Mao tomó el poder en 1949, la mortalidad estaba en un nivel medieval; la esperanza de vida era inferior a 40 años; actualmente es superior a 65 años. Para obtener una mejora comparable, Francia necesitó 120 años, de 1830 a 1950.
Estos progresos en la lucha contra la muerte supusieron un aumento de la población tan rápido que ya en 1956 las autoridades chinas tuvieron conciencia del peligro y empezaron a implantar un programa de limitación de nacimientos, basado esencialmente en el aumento de la edad mínima para acceder al matrimonio. Sin embargo, el propio Mao era poco partidario de este programa; en efecto, veía en una población numerosa un arma decisiva en la lucha contra el capitalismo: en caso de un conflicto nuclear que provocara dramáticas destrucciones de vidas humanas en toda la Tierra, siempre quedarían los suficientes chinos para proseguir su obra. La Revolución Cultural, lanzada en 1966, puso término a la política de restricción de los nacimientos. A la muerte de Mao en 1976, la tasa de crecimiento era del 2,6%, ritmo que suponía una duplicación en 27 años; ahora bien, el efectivo se acercaba a los 1.000 millones; ¿podía prepararse China para soportar una población de 2.000 millones a principios del siglo próximo?
Se tomaron entonces unas medidas drásticas para limitar la fecundidad a un hijo por mujer. Desde luego ese objetivo no se ha alcanzado, pero la evolución ha sido rápida a pesar de que se superó los 1.000 millones en 1982 y siguió la progresión. La tasa anual de crecimiento ya no es en 1990 más que del 1,4% y sigue disminuyendo: la esperanza declarada es no llegar a superar los 1.200 millones de chinos. Sin duda la progresión sólo se detendrá al alcanzar los 1.400 millones. La estabilidad de ese nivel se alcanzará a principios del siglo que viene según la mayoría de los demógrafos. China habrá terminado entonces su transición demográfica; sólo habrá necesitado medio siglo».

LA ESTRUCTURA DEMOGRÁFICA: EL PREDOMINIO DE LAS EDADES JÓVENES.

Resultado de imagen de china population

Resultado de imagen de china population

Molinero ha expuesto esta estructura demográfica de enorme potencial de crecimiento económico y demográfico para el futuro, en unas páginas que transcribimos:
«La distribución por edades de la población china revela una estructura joven, en la que se observa que la transición demográfica está prácticamente terminada, aunque la aceleración del proceso histórico de comportamiento demográfico ha dejado rasgos que todavía pertenecen al pasado, como el de un fuerte crecimiento vegetativo y el peso de las edades jóvenes. Cualquier país tercermundista, y China no es una excepción, mantiene una elevada proporción de las edades jóvenes, aunque inferior a la proporción de adultos, y un bajo porcentaje de ancianos. Sin embargo, esta estructura por edades está modificándose a consecuencia del comportamiento demográfico reciente, que está haciendo disminuir la tasa de dependencia, aunque incrementando la esperanza de vida».
«El estado civil de una población adquiere importancia desde el momento en que el celibato puede contribuir a aminorar la presión demográfica, mientras el matrimonio, sobre todo si es precoz, contribuye a aumentar el número de hijos, principalmente en las sociedades tradicionales, donde apenas se utilizan los métodos anticonceptivos. A pesar del retraso de la edad del matrimonio, este constituye un atributo de la feminidad, de modo que el 99% de las jóvenes chinas están ya casadas a la edad de 29 años; los hombres, en función de la sex ratio, en la que alcanzan una mayor proporción los varones, llegan a tasas de hasta un 3% de solteros para la edad de 50 años. Evidentemente, esta situación favorece un comportamiento pronatalista y la acumulación de efectivos humanos sobre el territorio».
«El voluminoso contingente de la población china, con su correspondiente estructura por edad y sexo, se basa, por otro lado, en el aumento de la esperanza de vida, que ha permitido una fuerte acumulación de efectivos humanos en el vértice de la pirámide, es decir, en las edades más altas. De este modo, se estima que entre 1950 y 1970 se produjo un incremento de veinte años en la esperanza de vida al nacer. El demógrafo norteamericano W. Brass la evalúa en unos 40 años hacia 1950, 54 en 1965 y 65 en 1980, cifras que difieren acusadamente de las estimaciones oficiales, pero que, en todo caso, reflejan el espectacular incremento de la esperanza de vida. Esta se habría estancado en la actualidad en torno a los 66 años (la media de España es de 76 años), aunque es evidente que las mejoras económicas y sanitarias han de provocar un aumento, aumento que se observa ya, aunque no muy definido, en la edad media, la cual, obviamente, se incrementa también por el menor peso de los niños en el conjunto total, como bien se advierte en la pirámide de 1982».
«Los datos del cuadro reflejan perfectamente la estructura por edades: como se ve aminorando la proporción de los menores de 5 años, que pasan de más del 15% del total en el censo de 1953 a menos del 10% en el de 1982 y que después han continuado perdiendo peso relativo, al tiempo que lo han ido ganando los ancianos y los adultos maduros. China cuenta, por lo tanto, con una estructura por edades propia de un país a punto de terminar la transición demográfica, que recorta los efectivos por la base, de manera que las nuevas generaciones son menos numerosas que las precedentes, debido precisamente al control de la natalidad. Los vaivenes de la política demográfica se reflejan en el estrangulamiento o crecimiento de las barras de las pirámides».
«Así, la pirámide de 1953 es la propia de un país con acelerado crecimiento, en el que las nuevas generaciones adquieren una elevada proporción, con una edad media de 26,5 años y en las que uno de cada dos habitantes no llega a los 23 años. Los huecos que se observan en las barras de los años 1937 a 1949 corresponden al déficit de nacimientos provocado por la Guerra Chino-Japonesa y por la Guerra Civil. En la pirámide de 1964 llaman la atención los profundos entrantes de la etapa del Gran Salto Adelante, con todas sus calamidades y, sobre todo, con los años negros de 1960 y 1961, en los que se unieron los acontecimientos políticos y las catástrofes naturales, que provocaron una ola de hambre y un acusado déficit de nacimientos, en parte recuperados en el año 1963. Estos acontecimientos, junto con los resultados de la política restrictiva de los años siguientes, así como las contracciones correspondientes a la Revolución Cultural, se observan nítidamente en la pirámide de edades de 1982, que recoge la reciente historia de la población china con toda claridad y en la que, aunque aún no han sido publicados los datos desglosados del censo de 1990, que serían más expresivos si cabe, los entrantes de la base reflejan nítidamente los resultados del control de la natalidad decidido y sostenido desde los años inmediatos al inicio de la Revolución Cultural».
«Con esta estructura, la tasa de dependencia, es decir, el índice que resulta de dividir el número de inactivos (menores de 15 años más mayores de 65) por el de activos (población de entre 15 y 65 años) [aquí Molinero comete un comprensible error, pues en China la edad de jubilación es de 60 años para los hombres y 55 para las mujeres, aunque el autoempleo privado en la agricultura y los servicios dura muchos años más], habría disminuido sensiblemente, pasando de 0,68 en 1953 a 0,62 (es decir un 62%) en 1982, si bien en el censo de 1964, debido a la mayor juventud de la población, se elevaba hasta 0,77. En China hay, pues, una gran masa de población dependiente, que, además, debe trabajar forzosamente en el campo y con baja productividad, debido a la carencia de medios técnicos y capitales».
«Estas estructuras demográficas pesan enormemente sobre el desarrollo económico y social, favoreciendo la acumulación en el campo de una ingente población activa, que se ve indefectiblemente abocada a permanecer en él, tanto más cuanto la política gubernamental ejerce un severo control sobre los movimientos de población para impedir la proliferación de barrios marginales urbanos. Por otro lado, la incorporación masiva de la mujer al trabajo, en contra de lo que sucede en otros países del Tercer Mundo, obliga a realizar un esfuerzo mayor para dar, no sólo educación, sino también empleo, al contingente femenino, que, aunque no llega a la mitad de la población total (la sex ratio en el censo de 1990 era de 51,6% de varones frente al 48% de mujeres), representa un abultado contingente de población activa. Estas implicaciones de la estructura de la población no se ven modificadas por el hecho de que en la actualidad la tasa de dependencia se haya aproximado a la de los países desarrollados, pues, con un 0,54 en 1988, la de China es igual que la de la Europa oriental en ese mismo año y se acerca a la de Europa occidental (0,47% en 1988), pero continúa manteniendo una ingente población activa empleada en la agricultura, equivalente a más de los dos tercios de la población activa total, lo que no admite parangón con los países desarrollados» [Molinero, 1693-1696].
Estos datos los completamos con otros más actualizados de la ONU para 1995 que muestran que la tendencia china a una menor población femenina sigue creciendo. En 1983 un censo muy científico daba a las mujeres un 48,37% de la población, y los hombres un 51,63% de media. Mientras en 1970 había 93 mujeres por cada 100 hombres, en 1995 la proporción es sólo de 88 por cada 100, la misma que Corea del Sur, siendo los dos países con menor proporción femenina (en comparación Europa tiene en 1995 una media de 105 mujeres por cada 100 varones y la media mundial es de 98,6 mujeres por cada 100 varones). Esto se puede observar en las variaciones de las pirámides de población [nº 16]. La causa inmediata de este aumento tan impresionante es la facilidad de las ecografías: los padres están ejerciendo el aborto selectivo de los fetos de sexo femenino. Para explicarlo [Dolors Folch. “El País” (15-I-1996)] hay que conocer que los chinos prefieren los niños varones (como ocurre en casi todo el Tercer Mundo), en atención a la tradición china de que una vejez sin un hijo varón significa la pobreza y la soledad más absoluta (pues la hija pasa a la familia del marido para siempre), mientras que los varones se hacen cargo del hogar familiar, del patrimonio y aceptan la responsabilidad del cuidado de los padres, además de ser más productivos en el campo. Los niños siempre han sido la “gran felicidad” y, en cambio, las niñas sólo la “pequeña felicidad”. De hecho, mientras los hijos varones son considerados “familia”, las hijas son consideradas “parientes”, que sólo temporalmente residen en el hogar, para marchar pronto a otro definitivo. Además, la desaparición de las comunas populares desde 1984 ha aumentado el temor de los padres a convertirse en ancianos abandonados, sin nadie que les cuide, pues en el campo el sistema de seguridad social no funciona con la relativa eficacia de las ciudades.
No hay que creer que son sólo los maridos los que imponen esta terrible costumbre del aborto selectivo sino que las esposas también la siguen, por lo motivos reseñados y, en parte, para evitar el divorcio (un tercio de los divorcios chinos se justifican alegando que la esposa ha dado a luz una hija). Con ello, cada año nacen en China medio millón de varones más que de mujeres, con un desequilibrio creciente.
Pero el hecho del nacimiento tampoco es una salvaguarda de las vidas femeninas. Las niñas nacidas padecen una sobremortalidad por negligencia en los cuidados y a menudo por infanticidio directo. Además se practica el abandono de las niñas en orfanatos (un 90% de los abandonos son femeninos), que por su tremendo impacto social en la opinión pública occidental estudiaremos en un capítulo especial más adelante. Muchas niñas, finalmente, son entregadas en falsa adopción a familias amigas, según una práctica milenaria que garantizaba de este modo novias baratas a la familia receptora. La política oficial de un niño por pareja ha incrementado todas estas prácticas, especialmente en las zonas rurales. Esto significa que, dado que la esperanza media de vida es de 68 años, se han producido más de 50 millones de infanticidios femeninos, una inmensa carnicería ejercida sobre el censo femenino de la población actual, al ritmo de unos 700.000 cada año, una media que si disminuye en cifras relativas con el desarrollo, en cambio aumenta en cifras absolutas debido al constante crecimiento demográfico.
El Gobierno chino ha fallado en solucionar el problema: ha prohibido el infanticidio bajo pena de muerte (y la ha aplicado en varios cientos de estos casos) e incluso ha prohibido tajantemente la predicción prenatal del sexo del feto. Pero la corrupción y la difusión de aparatos de ultrasonido portátiles dificultan un control mínimamente eficaz.
¿Cuál es la solución a este problema? Seguramente la fuerza de la realidad en el futuro, pues en el año 2000 habrá setenta a ochenta millones de varones que serán necesariamente solteros sin posibilidad de casarse, que tenderán a desarrollar la homosexualidad para cubrir sus necesidades (una costumbre horrible para los chinos). Entonces tal vez cambie la consideración de la mujer como una persona de segundo nivel.
Pero en último término el problema continuará mientras no haya un eficiente y permanente sistema de seguridad social con pensiones suficientes para los futuros ancianos del inmenso mundo rural chino (800 millones de personas en 1995), que imponen un desequilibrio hombre-mujer como sistema alternativo de pensiones y atención sanitaria. Y el costo económico de tal política de gasto social es tan grande que sólo podemos ser medianamente optimistas sobre el resultado final de una política que corrija este terrible problema.

1.3. EL DESEQUILIBRIO REGIONAL.

Resultado de imagen de china population

Resultado de imagen de china population

Resultado de imagen de china population
Mapas de densidad de población.

La densidad de China triplica la mundial, con 130 personas por km². La mayor ciudad, Shanghái, tiene 34.025 hab/km². Sólo 12 ciudades en la Tierra son más densamente pobladas por km², incluyendo las chinas Shenyang, Tianjin y Chengdu.
Más de 500 millones de personas viven a lo largo de las costas y su número crece al doble de ritmo que el resto del país, por la mayor atracción migratoria. La península de Shandong y la Gran Llanura del norte de China forman un triángulo más pequeño que Texas, pero más poblado que EE UU. El valle de Sichuan, en el centro del país, del tamaño de España, tiene 120 millones de habitantes. Unos 150 millones viven en el valle del río Yagtze (Chang Jiang). Son densidades altísimas. La provincia de Jiangsu (con Shanghái) tiene más de 700 hab/km², Shandong y Henan más de 500, Shejiang y Anhui más de 400 y algunas más se están aproximando en el último decenio.
Mientras, más de la mitad de China, en el seco Oeste continental (Nei Mongolia, Ningxia, Qinghai, Xinjiang y Tibet) con un 44% de la superficie (4,2 millones de km²) hay sólo unos 46 millones de habitantes, el 6% de la población, con una densidad de apenas 11 hab/km².
Este desequilibrio espacial tiene nefastas consecuencias económicas y de integración territorial, que el Gobierno intentó corregir en los años 50 y 60 incentivando el desarrollo y la migración interior hacia el Oeste (con un paralelo fin político de “chinizar” los territorios poblados por minorías). Las razones de este desequilibrio son históricos y físico-climáticos, pues el clima es mucho más seco y extremado en el interior, lo que dificulta la agricultura de la que dependía el sustento humano. Sin duda que la meseta del Tíbet, con su clima de alta montaña, y los desiertos de Gobi y Ordós no son los espacios más favorables de China. Sólo en los últimos siglos los chinos han ocupado de modo permanente estos territorios (lo que también hace su dominio poco sólido desde el punto de vista del derecho histórico).
Esta inmensa población y su desigual distribución marcan positiva y negativamente el desarrollo, siendo al mismo tiempo un motor y un freno al desarrollo. La numerosa mano de obra disponible, con 634 millones en 1980, 707 millones en 1988, cerca de 750 millones en la actualidad, con un aumento en la década de los noventa de unos 80 millones, ha permitido un crecimiento económico basado en el capital humano, en el trabajo manual, lo que ha permitido en el pasado un desarrollo endógeno e independiente de la tecnología extranjera, fabricando productos con menores costos que otros países con mejor tecnología pero con salarios más altos.
Aunque la estadística oficial reduce el número de trabajadores en 1992 a sólo 588,5 millones, se trata de una interpretación restrictiva de lo que es un trabajador, eliminando cientos de profesiones, sobre todo a las mujeres campesinas a tiempo parcial. Las cifras por sectores del mismo año son aún más restrictivas y contradictorias con el balance global, ya que indican que en en el sector primario hay 350,17 millones de trabajadores, en el sector secundario 99,49 millones y en el sector terciario 40,18 millones, con un total de 489,84 millones de trabajadores, 100 millones menos que las estadísticas de la misma fuente. Y no son errores matemáticos, sino simplemente fallos estadísticos conceptuales, debidos a que los dobles empleos anulan por completo a las personas (un agricultor que trabaje temporalmente en una tienda o en la construcción no pertenece a un sector económico concreto).
Además el vasto mercado que suponen más de 1.200 millones de personas permite producciones de escala incomparable en Occidente.
En cambio, tiene dos aspectos negativos: 1) la necesidad de crear cada año entre 8 y 10 millones de puestos de trabajo, algo inimaginable sin un continuo desarrollo industrial pues el campo no puede crear más empleos sino que los destruye con la mecanización. 2) La imperiosa necesidad de inversiones sociales: educación, sanidad, viviendas... Estas alcanzaban hacia 1990 cerca del 5% del PNB de China, detrayendo una fuerte proporción de las posibles inversiones productivas.

LAS REGIONES:

Resultado de imagen de China, Herodoto,

He dividido el país en siete regiones: Noreste, Norte, Noroeste, Este, Centro, Suroeste y Sur para realizar un análisis regional que una los trazos geográficos, humanos y económicos, interrelacionándolos a fin de dar una visión a escala más precisa de la realidad china. He seleccionado los datos más relevantes, los de extensión y habitantes, en los censos de 1982, 1986 y 1990, más una estimación probable de la población en 1995. Más subjetivismo, esperamos que disculpable, es el realce de la información sobre las regiones autónomas, las que más se escapan a la información general. He añadido un apartado especial para las tres mayores ciudades (Beijing, Shanghái y Tianjin), por su importancia en el conjunto del país.
En el Nordeste (Manchuria): las provincias de Heilungkiang, Kirin y Liaoning.
En el Norte: las provincias de Hebei y Shanxi, y la región autónoma de Nei Mongolia.
En el Noroeste: las provincias de Gansu, Shaanxi y Qinghai, y la región autónoma de Xinjiang y Ningxia.
En el Este: las provincias de Shandong, Anhui, Jiangsu, Zhejiang y Fujian.
En el Centro: las provincias de Henan, Hubei, Hunan y Jiangxi.
En el Suroeste: las provincias de Sichuan, Yunnan, Guizhou y la región autónoma de Xizang (Tibet).
En el Sur: la provincia de Guangdong y la región autónoma de Guanxi.

1) EL NORDESTE:
En el Noreste (Manchuria) están las provincias de Heliongjiang, Jilin y Liaoning. Estas tres provincias conforman la Manchuria histórica. Situada en el NE de China. La agricultura está determinada por la escasa pluviosidad. Se cultivan principalmente productos de secano: trigo, mijo, soja y, en las zonas más húmedas, arroz, maíz, algodón y patatas. Destaca por su riqueza en carbón y petróleo, así como por ser la más importante región industrial, superando a Kiangsu, con la siderurgia, metalurgia, química, cemento, material eléctrico y maquinaria. La favorece una excelente red de ferrocarril (que en 1967 ya era de 11.500 km, y hoy llega a los 15.000, la mayoría electrificados).

HELIONGJIANG (Heilungkiang)
Una extensión de 463.600 km². Una población de 32.700.000 habitantes en 1982, 33.110.000 en 1986 y 33.320.000 en 1990. Se estima que son 35 millones en 1995. Destacan la capital Harbin, Jiamusi, Taching, Qiqihar y Chihsi.

JILIN (Kirin)
Una extensión de 187.000 km². Una población de 22.600.000 habitantes en 1982, 22.980.000 en 1986 y 23.150.000 en 1990. Se estima que son 24 millones en 1995. Destacan la capital Changchung, Sipin, Liaoyuang, Jilin y Baichang.

LIAONING
Una extensión de 151.000 km². Una población de 35.700.000 habitantes en 1982, 36.860.000 en 1986 y 37.260.000 en 1990. Se estima que son 39 millones en 1995. Destacan la capital Shenyang, Dandong, Fushun, Fuxin, Luda, Jinchou, Yinshou y Anshan.

2) EL NORTE:
En el Norte están las provincias de Hebei y Shanxi, y la región autónoma de Nei Mongolia. El clima es seco, con inviernos fríos, por lo que los cultivos son también de secano (mijo, sorgo y trigo). En Nei Mongolia abunda la ganadería bovina y ovina y en la parte nordeste los grandes bosques utilizables para la explotación forestal. Los yacimientos de carbón de Shanxi y los de hierro de Nei Mongolia han permitido crear grandes complejos siderúrgicos, más fábricas de automoción y maquinaria agrícola.


HEBEI (Hopeh).
Una extensión de 202.700 km². Una población de 50.000.000 habitantes en 1982, 55.480.000 en 1986 y 56.170.000 en 1990. Se estima que son 60 millones en 1995. Alberga los importantes municipios autónomos de Beijing y Tianjin, cuyos territorios y poblaciones no se contabilizan. Su capital es Shijazhuang, ciudades muy importantes son Tangshan (el terremoto de 1976 la destruyó matando a 240.000 personas, pero fue reconstruida) y Baoding, y se está desarrollando una importante ciudad portuaria en Qinhuangdao. Tiene importantes yacimientos de carbón y petróleo.

SHANXI (Shansi).
Una extensión de 157.100 km². Una población de 25.300.000 habitantes en 1982, 26.270.000 en 1986 y 26.550.000 en 1990. Se estima que son 28 millones en 1995. Destaca la capital Taiyuan, con la cercana Yuci.

NEI MONGOLIA (la llamada Mongolia Interior).
Una región autónoma con una extensión de 1.117.500 km². Una población de 19.300.000 habitantes en 1982, 20.070.000 en 1986 y 20.290.000 en 1990. Se estima que son 21 millones en 1995. La capital es Hohhot. El más importante centro industrial es Baotou, seguido de Hailar. La Mongolia Interior la colocamos en la región del Norte de China, aunque su posición fronteriza con Mongolia, su relieve y clima desérticos (desierto de Gobi), su población no china, de la etnia mongola, su economía rural y otros rasgos la relacionan con el Oeste.

3) EL NOROESTE.
En el Noroeste están las provincias de Gansu, Shaanxi y Qinghai, y las regiones autónomas de Xinjiang y Ningxia. Se cría ganado en las grandes zonas de prados y bosques de Xinjiang y Qinghai. En las otras provincias predomina el cultivo de mijo en invierno y el trigo en verano. Han mejorado mucho las comunicaciones en los últimos 20 años, sobre todo en ferrocarriles. La riqueza en petróleo, gas natural y carbón ha permitido el desarrollo de la industria siderúrgica, química y textil.

GANSU (Kansu).
Una extensión de 366.500 km². Una población de 23.500.000 habitantes en 1982, 20.410.000 en 1986 y 20.710.000 en 1990. Se estima que son 21 millones en 1995. Ha sufrido una fuerte emigración al Este en los últimos años. Destaca la capital Lanchou. Otras ciudades son Wuwoi, Zhangye y Jiuquan. Yacimientos de petróleo en Yumen.

SHAANXI (Shensi).
Una extensión de 195.800 km². Una población de 28.900.000 habitantes en 1982, 30.020.000 en 1986 y 30.430.000 en 1990. Se estima que son 32 millones en 1995. Destaca la capital Hsian, con la cercana Xianyang.

QINGHAI (Tsinghai).
Una extensión de 721.000 km². Una población de 3.900.000 habitantes en 1982, 4.070.000 en 1986 y 4.120.000 en 1990. Se estima que son 4,2 millones en 1995. Destacan la capital, Xinning, y Yushu y Golmud. Tiene importantes yacimientos petrolíferos en Mang-Yai y Leng-hui. El Oeste es muy árido y poco poblado.

NINGXIA (Ningsia).
Una región autónoma de 66.400 km². Una población de sólo 3.000.000 habitantes en 1982, 4.150.000 en 1986 y 4.240.000 en 1990. Se estima que son 5 millones en 1995, con fuerte crecimiento por la emigración desde las regiones del Oeste. Está atravesada por el valle del Huangho, con cultivos de cereales y hortalizas. Destaca la capital, Yinchuan (Ningsia), de acelerado desarrollo en los últimos decenios.

XINJIANG UYGUR (SINKIANG).

Resultado de imagen de boix pons, pekin

Una región autónoma de 1.646.900 km². Una población de sólo 13.100.000 habitantes en 1982, 13.610.000 en 1986 y 13.840.000 en 1990. Se estima que son 14 millones en 1995. Situada al Noroeste de China, frontera con Mongolia, antigua URSS, Pakistán e India. Destaca la capital, Ürumqi. La población es musulmana en gran parte, de la etnia uigur. Se concentra en pequeñas poblaciones en los oasis a lo largo de las vías de comunicación al sur y el norte de la provincia, con grandes espacios vacíos en los desiertos. Tiene una rica cabaña de camellos, caballos, ovinos. También hay importantes yacimientos petrolíferos en Ko-la-mai y Wu-su. Por su lejanía a los centros habitados del Este ha sido escogida como sede para el desarrollo del programa de energía nuclear chino. Hay un problema fronterizo con India: zona de Aksai Chin ocupada a la India en la guerra de 1962.

4) EL ESTE:
En el Este están las provincias de Shandong, Anhui, Jiangsu, Zhejiang y Fujian. Es un gran productor de trigo, maíz, arroz, algodón, té, gusanos de seda, hortalizas, etc., debido a la excelente calidad de las tierras, las abundantes lluvias, los templados inviernos y las excelentes comunicaciones fluviales. En las provincias marítimas abunda la pesca. Shanghái y Nankín son los más importantes centros industriales, tanto de la industria siderúrgica, como de la textil (algodón, seda).

SHANDONG (Shantung).
Una extensión de 153.300 km². Una población de 74.400.000 habitantes en 1982, 76.950.000 en 1986 y 77.760.000 en 1990. Se estima que son 79 millones en 1995. Destacan la capital Jinan, el centro urbano, portuario e industrial de Qhingdao (Tsing-tao) y las ciudades de Zibo y Boshan, de reciente expansión.

ANHUI (Anhwei).
Una extensión de 139.900 km². Una población de 49.700.000 habitantes en 1982, 51.560.000 en 1986 y 52.170.000 en 1990. Se estima que son 54 millones en 1995. Destacan la capital Hefei, Bengbu y Huainan.

JIANGSU (Kiangsu).
Una extensión de 102.600 km². Una población de 52.400.000 habitantes en 1982, 62.130.000 en 1986 (un aumento explicado por un cambio de límites con Shanghái) y 62.700.000 en 1990. Se estima que son 64 millones en 1995. Los grandes centros económicos son Shanghái y Nankín, la cual tiene grandes yacimientos petrolíferos. Otras ciudades son Wuxi (entre las dos anteriores), Suchou y Xuzhon, con las nuevas ciudades portuarias de Nantong y Lianyuanyang. Esta región del Yagtsé produce 1/4 de la cosecha de arroz china.

ZHEJIANG (Chekiang).
Una extensión de 101.800 km². Una población de 38.900.000 habitantes en 1982, 40.300.000 en 1986 y 40.700.000 en 1990. Se estima que son 42 millones en 1995. La capital es Hangzhou. La ciudad portuaria de Wenzhou ha crecido enormemente, hasta tener más de 5 millones de habitantes en su área metropolitana, mientras que la otra ciudad portuaria, Nigbo, crece más moderadamente. La ciudad industrial más importante del interior es Hsian-Chiang.

FUJIAN (Fukien).
Una extensión de 123.100 km². Una población de 25.900.000 habitantes en 1982, 27.130.000 en 1986 y 27.490.000 en 1990. Se estima que son 29,5 millones en 1995. Destacan la capital Fuzhou (se ha creado una nueva ciudad portuaria) y sobre todo Xiamen (la antigua Amoy), con una zona económica especial. Es un importante foco de emigración exterior y recibe grandes remesas de divisas.

5) EL CENTRO.
En el Centro están las provincias de Henan, Hubei, Hunan y Jiangxi. Se cultiva arroz, trigo, algodón y té. Es la región más fértil de China (sobre todo Hunan), con hasta tres cosechas de media). Las actividades industriales se han diversificado, desde la alimentación a la industria textil, química y maquinaria. Su desarrollo se ha ralentizado en comparación con las provincias costeras. Tiene grandes reservas de antimonio y tungsteno, en Hunan y Jiangxi.

HENAN.
Una extensión de 167.000 km². Una población de 74.400.000 habitantes en 1982, 77.130.000 en 1986 y 78.080.000 en 1990. Se estima que son 80 millones en 1995. La capital es Zhenzhou y las ciudades y centros industriales de Loyang y Kaifeng son de tamaño mediano pero gran importancia histórica, como antiguas capitales chinas. Es una región agrícola muy densamente poblada (un gran foco de emigración a Shanghái), pero poco desarrollada industrialmente.

HUBEI (Hupeh).
Una extensión de 187.500 km². Una población de 47.800.000 habitantes en 1982, 49.310.000 en 1986 y 49.890.000 en 1990. Se estima que son 51 millones en 1995. La capital y el centro industrial más importante es Wuhan, seguido a distancia por Huangshi, Sashi, Yichang y Xiangfan. Importantes yacimientos petrolíferos y centrales hidroeléctricas.

HUNAN.
Una extensión de 210.500 km². Una población de 54.000.000 habitantes en 1982, 56.220.000 en 1986 y 56.960.000 en 1990. Se estima que son 58 millones en 1995. Las ciudades más importantes son la capital Changsha y Hengyang.

JIANGXI (Kiangsi).
Una extensión de 164.800 km². Una población de 33.200.000 habitantes en 1982, 34.600.000 en 1986 y 35.090.000 en 1990. Se estima que son 36 millones en 1995. Sus ciudades principales son la capital Nanchang y Yichum. Cuenta con la cuenca carbonífera de Pingxiang.

6) EL SUROESTE.
En el Suroeste están las provincias de Sichuan, Yunnan, Guizhou y la región autónoma de Xizang (Tibet). Produce trigo, arroz y maíz en Sichuan, arroz y té en Yunnan y Guizhou. Después de un largo aislamiento que la atrasó industrialmente, hoy se ha beneficiado del desarrollo industrial de Guizhou. Hay ricos recursos hidroeléctricos y minerales (cobre, plomo, cinc, antimonio, estaño).

SICHUAN (Sechuán).
Una extensión de 164.800 km². Una población de 99.700.000 habitantes en 1982, 101.880.000 en 1986 y 103.200.000 en 1990. Se estima que son entre 105 y 120 millones en 1995, debido a problemas estadísticos y a un desarrollo económico galopante en los últimos años, que ha atraído una fuerte emigración de carácter transeúnte de las provincias más cercanas. Las ciudades más importantes, tanto en población como en industria, son la capital histórica, Chengdu y Chongqing (la antigua Chukín), ambas sobre los 3 millones de habitantes, pero Chongqing tiene un área metropolitana con hasta 15 millones, con terribles problemas de hacinamiento. Otras ciudades importantes son Luzhou, Niejiang, Zigong, Wutungliao y Nanchong.
Hay un enorme proyecto hidroeléctrico en el valle del Yangtsé, la presa de las Tres Gargantas. La región interior de Sichuan es un fértil valle, con una larga primavera y un suave y húmedo clima, siendo una de las regiones agrícolas más ricas de China, en arroz, trigo, maíz, caña de azúcar, soja, seda.

YUNNAN.
Una extensión de 436.200 km². Una población de 32.600.000 habitantes en 1982, 34.060.000 en 1986 y 34.560.000 en 1990. Se estima que son 36 millones en 1995. La ciudad más importante es la capital Kumming, centro de una nueva zona industrial, beneficiada por grandes yacimientos carboníferos al Norte y minas de estaño y cobre.

GUIZHOU (Kueichou).
Una extensión de 174.000 km². Una población de 28.600.000 habitantes en 1982, 29.680.000 en 1986 y 30.080.000 en 1990. Se estima que son 31 millones en 1995. Destaca la capital Guiyang, seguida de Zunyi. Padece un escaso desarrollo industrial, por su aislamiento geográfico y la cercanía de la provincia de Sichuan.

XIZANG (TÍBET).

Resultado de imagen de boix pons, pekin
Lhasa, la capital tibetana.

Resultado de imagen de boix pons, pekin

Una superficie de 1.221.600 Km². Una población de 1.900.000 habitantes en 1982, 1.990,000 en 1986 y 2.030.000 en 1990, tras la fuerte emigración china que varió la situación, desde los 1,2 millones de 1967. Según los propios budistas tibetanos, hay seis millones de tibetanos, de religión budista tibetana, más unos cientos de miles de chinos, y así lo reflejan muchas obras occidentales pero ello es una comprensible pero falsa manifestación de propaganda política. La capital es Lhasa. La población se concentra en la zona meridional, la de clima más suave y llanuras de sedimentos más amplios, regada por el río Brahmaputra.
Destaca el cultivo de la cebada. Los otros cultivos son muy pequeños, pero se están aclimatando nuevas plantas. La riqueza forestal es notable, con 30 especies aprovechables, pero su tala provoca problemas de erosión. La ganadería es de yaks, caballos y caprinos. Hay ricos yacimientos de carbón y hierro.
Schaller [1993], resalta en un artículo sobre la vida salvaje en el paisaje tibetano norteño (zona de Chang Tang), su belleza extraordinaria, con un clima mucho más moderado que la zona del Himalaya. Es un gran atractivo turístico por explotar. Hay una reserva natural inmensa (la segunda más extensa del mundo después del parque de Groenlandia), de 115.500 millas cuadradas, mayor que el Estado de Arizona, muy bien cuidada por el Gobierno. La periodista S. Wilby [1987] publicó su excursión por la frontera tibetana de China, hasta Lhasa, conociendo la vida ancestral de los tibetanos, sus costumbres, relaciones familiares y sociales, como uno de los últimos grandes pueblos asiáticos que han mantenido sus tradiciones.
Este idílico panorama se ve ensombrecido por la difícil situación política. Han ocurrido graves problemas desde el 4 de octubre de 1987, cuando hubo una gran revuelta popular en protesta por unas críticas del gobierno chino contra su líder religioso, el Dalai Lama, exiliado en la India desde 1959. La autoridad religiosa más destacada en el interior, el Panchem Lama, ha estado vacía desde la muerte en 1989 de su último lama (un colaboracionista para muchos, pese a que fue encarcelado en 1964-1966), y el nombramiento de un sucesor en 1995 fue rechazado por el gobierno chino (molesto por no haber sido consultado) que presionó hasta imponer finalmente su propio candidato, Gyacain Norbu, un niño de seis años, el que ha sido a su vez rechazado por el Dalai Lama, lo que amenaza provocar un cisma religioso.

7) EL SUR.
En el Sur están la provincia de Guangdong y la región autónoma de Guanxi. El clima es subtropical, con abundantes lluvias. El principal cultivo es el arroz, con hasta tres cosechas anuales. En todo el litoral se cultivan productos tropicales: piña, jengibre y caña de azúcar. Besancennot [1990] hizo un magnífico trabajo sobre la determinante influencia del clima en la agricultura del Sur, con la progresiva especialización en cultivos tropicales. Hay una rica pesca marina. Las industrias principales son la textil (algodón, seda), alimentaria, electrónica, de construcción, química, papel.

GUANGDONG (Kuangtung).
La provincia tiene una superficie de 231.400 km². Una población de 59.300.000 habitantes en 1982, 62.530.000 en 1986 y 63.460.000 en 1990. En 1995 se estima que hay unos 65 millones. Guangzhou, con cuatro millones de habitantes es la capital y su gran centro industrial, un gran puerto fluvial sobre el río Xijiang, dominando una gran área metropolitana hasta la cercana ciudad de Foshan y con una vertiginosa extensión hasta la frontera con Hong Kong, en la gran zona urbana e industrial de Shenzhen, zona económica especial, como lo es el otro puerto y núcleo industrial importante de Zhuhai y la menos desarrollada Shantou. Otras ciudades en expansión son Shaoguan y Zhanjiang.
Guangdong es junto a Shanghái la zona más occidentalizada y desarrollada del país y su importancia crecerá enormemente en el 1997, con la recuperación de Hong Kong. Tanto Guangdong como Hainan son un importante foco de emigración exterior (con Fujian aportaron el 90% de la emigración china) y reciben grandes remesas de divisas.
Incluyo aquí la gran isla de Hainan, que sólo en 1989 consiguió el estatuto de nueva provincia, que se ha beneficiado de su consideración como Zona Económica Especial, con mayores ventajas que las otras. Tiene su capital en el la ciudad portuaria de Haiku. Sus estadísticas se confunden con los de la provincia a la que ha pertenecido históricamente y faltan datos segregados por lo que no podemos hacer un estudio separado.

GUANGXI (Kuangsi).
La región autonóma tiene una superficie de 220.400 km². Una población de 36.400.000 habitantes en 1982, 38.730.000 en 1986 y 39.460.000 en 1990. En 1995 se estima que hay unos 41 millones. Poco desarrollo industrial. Su capital es Nanning. El nuevo puerto de Beihai está prosperando con rapidez.

LAS CIUDADES AUTÓNOMAS:
SHANGHÁI.

Resultado de imagen de boix pons, pekin

La ciudad más importante de China cuenta con una historia urbana muy corta, pues su desarrollo desde ser un humilde puerto pesquero sólo comenzó a partir de mediados del siglo XIX. Cuenta con una superficie de 6.200 km². Su población ha evolucionado rápidamente, superando el desastre de la ocupación japonesa y los años de la guerra civil, cuando cientos de miles de sus habitantes tuvieron que emigrar al campo para poder sobrevivir. En 1910 tenía 1,2 millones de habitantes y cuatro en 1949. Recibió casi un millón de emigrantes en los años cincuenta y alcanzó los 5,5 millones en 1962, más otros cinco que vivían en el área periurbana (a partir de 1984 estos se contaron como habitantes urbanos, como en las demás ciudades chinas). Tras unos largos años de estancamiento en los sesenta, su gran expansión recomenzó en los años setenta y sobre todo en los ochenta, con 12.170.000 habitantes en 1986, 12.320.000 en 1990 y 13.140.000 en 1992 (área metropolitana). Se desarrolla junto al río Huangpu, que conecta con el Yangtsé y el mar. En su zona de influencia viven 30 millones de habitantes, en el gran delta del río Yangtsé, con un suelo fértil en el que se produce un tercio de la cosecha china de arroz y con una concentración industrial sin competencia en China.
Su puerto fluvial, de 56 km de largo, es el mayor de China y uno de los diez mayores del mundo, con un movimiento anual de 130 millones de tm de mercancías. Antes de 1949 movía 2/3 del comercio exterior chino. Hoy aún mueve la mitad, con trazas de ir bajando lentamente su posición relativa, mientras que aumentan las cifras absolutas. Su industria es predominantemente química y petroquímica, siderúrgica y metalúrgica, de automoción, maquinaria, naval, electrónica, papel y textil. En Shanghái hay 3.300 empresas mixtas o coparticipadas por extranjeros, la mayor concentración en China.
Ellis, W. [1994], en un magnífico artículo, nos muestra la vida en Shanghái, la ciudad más desarrollada de China, su verdadera capital económica, como lo es Nueva York en EE UU. Cuando la ciudad se mueve para ir al trabajo millones de bicicletas surcan sus calles. Aquí se concentran los “empresarios rojos” y los profesionales más abiertos a Occidente, que extienden su modo de vida y sus gustos culturales a toda el área costera y las ciudades chinas. Shanghái siempre ha sido una gran puerta a Occidente, desde el tiempo de las concesiones europeas del siglo XIX. El 1% de la población es católica, unas 140.000 personas, resultado de la labor de los jesuitas franceses antes de 1949. La catedral fue cerrada y el obispo obligado a fabricar paraguas, pero hoy se han abierto 60 templos católicos y los nuevos empresarios tienen a gala ser considerados católicos, en parte porque eso les da una barniz occidental. Los restaurantes florecen a miles y sus propietarios se enriquecen, invirtiendo sus ganancias en nuevos negocios y en la Bolsa, que es una de las de mayor revalorización de los últimos años.
Shanghái es un ejemplo ilustrativo de los problemas urbanos de China, con la contaminación atmosférica (por la industria y las plantas de energía termoeléctrica sin controles legales de las emisiones contaminantes y desde hace poco por el creciente tráfico público y privado, aunque está muy por debajo de la situación que sufre Beijing), la falta de viviendas adecuadas, que sólo pueden sufragar los miembros de la clase media, que salen a los barrios que rodean el masificado e insoportable centro. La mayoría de las casas son alquiladas a los habitantes por el Ayuntamiento, que consigue de este modo la mayor parte de su presupuesto. Desde 1994 al 2000 se contruirán 1,2 millones de nuevas casas, que serán ofrecidas por la iniciativa privada.
Los precios del suelo han crecido enormemente, sobre todo en la antigua zona comercial y hoy Shaghai, según el Informe Main streets across the world. 1995 de Healey & Baker, tiene la tercera calle comercial más cara del mundo, la Nanjing, un bulevar de varios km, con un precio de 654.000 ptas. de alquiler anual por metro cuadrado, tras la Causeway Bay de Hong Kong y la Quinta Avenida de Nueva York. Crecen los barrios de rascacielos modernos, sobre todo en el área de Pudong (el mayor polígono industrial de China), a la izquierda del río Huangpu.
Las escuelas y hospitales han mejorado notablemente su calidad, con excelente tecnología moderna. Las universidades técnicas y humanísticas son de alto nivel y los profesores y estudiantes gozan de una libertad académica muy superior a la que tienen en Beijing. Los ancianos tienen pensiones de vejez, hospicios con jardines y grandes medios, excursiones a la playa, etc., como resultado de la política social y de la alta consideración china por los ancianos. Los deportes están en constante auge desde hace más de un decenio, con muchas y enormes instalaciones, diseminadas por los alrededores de la ciudad, que aporta muchos de los mejores atletas y nadadores mundiales de los últimos años.
La criminalidad se asocia con la búsqueda fácil de la riqueza: fraudes, apropiaciones, corrupción, prostitución, tráfico de drogas, etc. La corrupción y la delincuencia económica en general ha crecido enormemente, como lo demuestra el mayor caso conocido en China desde 1949, cuando dos mujeres que dirigían una sociedad de fondos de inversión se apropiaron de 45.000 millones de pesetas; fueron ejecutadas el 29 de noviembre de 1995.
El grupo de dirigentes de Shanghái lidera la facción reformista en el PCCh, con miembros tan representativos como Jiang Zemin y Zhu Rongji (ex-alcalde de la ciudad).

BEIJING (Pekín).

Resultado de imagen de boix pons, pekin

Es la capital del país. Una superficie de 16.800 km². Una población de un millón en 1920, 2.300.000 en 1949, 9.600.000 habitantes en 1986 (tras la inclusión administrativa en 1984 de la población periurbana), 9.750.000 en 1990 y 10.819.000 en 1992 (área metropolitana). En 1970 tenía 7 millones de habitantes. Cuenta con un importante puerto fluvial en el Pei-ho. Está situada a sólo 100 km de Tianjin. Es el gran centro político y cultural. Esá unida por ferrocarril, carretera y líneas aéreas con los principales centros urbanos del país y por vía fluvial con el río Yangtsé, a través del Gran Canal.
Se distinguen dos partes: la ciudad del Norte (Pei-king significa capital del Norte), también llamada interior o tártara, y la ciudad del Sur, exterior o china. Se trata de una simple yuxtaposición de dos grandes conjuntos urbanos, cuadrado el primero, rectangular el segundo. En la del Norte está la Ciudad Prohibida (aún amurallada), que antes fue la sede del Gobierno Imperial y hoy es la sede del Gobierno comunista, de museos y organismos culturales y un gran atractivo turístico, teniendo su entrada en la puerta de Tiananmen, cuya plaza es la mayor del mundo. En la ciudad del Sur está la zona comercial. Fuera de las murallas se extienden los barrios universitarios e industriales, con grandes complejos residenciales, mucho más modernos, en una zona de gran belleza por sus árboles y jardines.
Muchos de sus habitantes siguen practicando la agricultura a tiempo parcial: hay más de 100.000 hectáreas de cultivos en el área metropolitana. Combinan esta actividad con la realización de trabajos artesanales, la albañilería, el comercio y el transporte privado. Una actividad creciente es la burocracia en la administración central, a medida que crece el Estado chino. Pero la mayor parte de la población se emplea en la industria. Destacan las industrias siderúrgica, metalúrgica, de maquinaria, electrónica, textil, química. Es el segundo centro financiero del país, después de Shanghái. Tiene diez universidades (sólo tenía dos en 1967) y la mayoría de las instituciones culturales y artísticas del país: museos, bibliotecas, ópera, escuelas de danza y música, zoo (con los famosos osos panda), etc.
El cambio urbanístico en los últimos años ha sido impresionante. Desde 1992 hasta hoy el centro de Beijing ha sido prácticamente derruido para levantar grandes bloques de viviendas, oficinas y centros comerciales. Todo ha sido destruido menos el local de McDonald's, cuyo solar está a punto de venderse a un millonario hongkonés que quiere construir un gigantesco centro comercial, contraviniendo las normativas urbanísticas. La tradición y la antigüedad de los edificios no son obstáculos para la ansia generalizada de ganancias.
El tráfico automovilístico (más el de taxis y autobuses, siempre atestados de gente, de modo que es casi imposible encontrar una plaza libre) ha crecido en exceso en los últimos años, pero las bicicletas, a millones, siguen dominando las calles y son el mejor medio de moverse en las distancias medias en la ciudad, así como en general todas las ciudades chinas. La contaminación atmosférica es terrible, por las emisiones de las centrales termoeléctricas y el tráfico, pero es aun peor la contaminación del agua potable (es un decir, pues debe hervirse siempre antes de ser bebida o usada para lavar los dientes). De hecho Beijing es la tercera capital más contaminada del mundo detrás de México y Nueva Delhi.
Dentro de esta búsqueda del dinero fácil de la especulación inmobiliaria, la corrupción ha aparecido en la ciudad, dominando su vida en los últimos años, siendo las guangxi (conexiones) el mejor modo de hacer los trámites burocráticos, el encontrar la hou men (puerta trasera). Casi todos los funcionarios mantienen sus puestos, no por sus modestos ingresos, sino sólo para poder obtener “oportunidades”, en especial las lucrativas licencias de restaurantes y taxis. Pero hay también una corrupción de mayores vuelos. El vicealcalde, Wang Baosen, la máxima autoridad ejecutiva, se suicidó en abril de 1995, al ser descubierta su corrupción. El secretario del PCCh en Beijing, Chen Xitong, un importante partidario de Xiaoping, fue expulsado del politburó y del comité central del Partido, acusado de proteger a Baosen, tras lo cual fue detenido, junto con treinta funcionarios de la municipalidad, acusados todos de masiva corrupción, por un importe de 40 millones de dólares, en la que habría participado el propio hijo de Xiaoping, Deng Zhifang. Parece que los procesos judiciales son continuos.

TIANJIN (Tientsin).

Resultado de imagen de tianjin china

Resultado de imagen de tianjin china

Es la capital económica y política de la provincia de Hebei, aunque depende de la administración central. Una superficie de 11.300 km². Una población de 8.080.000 habitantes en 1986, 8.190.000 en 1990 y de 8.785.000 en 1992 (área metropolitana). Tenía sólo 4 millones de habitantes de 1968. Padeció graves daños en el terremoto de 1976. Está casi en la orilla del Mar Amarillo, en el golfo de Pechili. Cuenta con un aeropuerto y un importante puerto fluvial en la confluencia del río Haihe, y se comunica con el interior mediante varios brazos navegables, siendo el antepuerto de Beijing, a la que se está uniendo en una enorme conurbación. A su vez tiene un antepuerto, a la misma orilla del mar, en Tangtsu, que de hecho es el barrio portuario marítimo de Tianjin.
Su emplazamiento en un cruce de caminos terrestres sobre el río y la construcción de un ferrocarril hasta Beijing y otros hacia el Norte y el Sur acrecentó su importancia como centro distribuidor de las importaciones para todo el Norte de China. Los antiguos barrios de Hsiku, Wangchuang y Palitai (significa “ciudad del acero”) todavía concentran la mayoría de la población, la industria y el comercio, pero la ciudad se está extendiendo a los nuevos barrios industriales del NE y de la carretera a la cercana Beijing.
Tiene grandes establecimientos fabriles de metalurgia, textil, maquinaria agrícola, química, papel y alimentaria. Tiene tres universidades (Tianjin, Hebei y Nankai) y numerosas instituciones educativas especializadas en tecnología.

1.4. CLASES SOCIALES: EL CAMPESINADO, LA CLASE OBRERA, LA BUROCRACIA, LOS PROFESIONALES, EL EMPRESARIADO.
Una fiable estimación cuantitativa de estos grupos es imposible, debido a la insuficiencia de las estadísticas oficiales, como apuntábamos más arriba. Nos remitimos a los datos ya indicados y aquí haremos una estimación de los cambios sociológicos en el presente y el futuro.

EL CAMPESINADO
El campesinado, con cerca de 800 millones de personas, ha mejorado notablemente su situación, especialmente en los primeros años 80, cuando los beneficios de las reformas se concentraron primero en el campo, donde se habían iniciado estas. Pero en las zonas rurales se ha producido finalmente un progresivo estancamiento social, debido al desvío de las inversiones productivas a la industria y el comercio, en detrimento de las inversiones en tecnología, maquinaria, regadíos, comercialización en frío, etc. Las comunas invierten en la Bolsa de Shanghái y en los fondos de inversión, que les aseguran unos rendimientos que superan a los de la inversión en la producción agrícola y los servicios sociales en la comuna. Las condiciones de trabajo, vivienda, ocio, etc., de las provincias interiores, apenas han mejorado desde 1985, mientras que la televisión muestra una sociedad consumista en las ciudades, de un indecible atractivo para las masas. El éxodo rural es masivo, con decenas de millones de personas que emigran a las ciudades anualmente, en busca de un mejor nivel de vida y trabajo (casi 50 millones están ilegalmente en las ciudades en 1995).
Como prueba de lo anterior, a finales de noviembre 1995 el Diario del Pueblo publicaba en portada dos artículos del presidente Jian Zemin y del primier ministro Li Peng, en los que hacían un llamamiento al PCCh para que retomara el control del campo chino y criticaban los graves problemas con los que se encontraba este en el último año: 800 millones de habitantes con un nivel de vida muy inferior al de las ciudades, estancamiento de la producción agrícola, utilización ilegal de la tierra cultivable para fines industriales y residenciales y el masivo éxodo rural. Su crítica era un aldabonazo contra la idea de que el desarrollo de las zonas rurales había sido aceptable en los años 90. Jiang escribe: «El orden público y el ambiente en general no son buenos en ciertas regiones rurales». «Las supersticiones, el feudalismo y el patriarcado están en pleno recrudecimiento». Hizo una defensa de la importancia de la educación política e ideológica en el medio rural, el único en el que el Partido quiere seguir imponiendo un control estricto, consciente de que una Revolución anticomunista sólo puede triunfar en China si cuenta con el apoyo de las masas rurales.

LA CLASE OBRERA.
Las condiciones de trabajo son bastante malas en las nuevas regiones en desarrollo. Diversas organizaciones internacionales denunciaron a finales de 1995 «las penosas condiciones laborales en que se desarrolla el trabajo en numerosas plantas chinas que fabrican juguetes y otros productos navideños para el mercado internacional», sobre todo en la zona de Shenzhen, donde, como muestra de ello, el 2 de enero de 1996 murieron en un incendio 19 personas y otras 37 resultaron heridas.
Pero las condiciones sociales son significativamente mejores que en el pasado. La seguridad social es aceptable, con pensiones suficientes para sobrevivir con modestia, con la jubilación a los 60 años para los hombres y a los 55 años para las mujeres. Las mujeres gozan hoy de 59 días de permiso por maternidad. Hay guarderías y colegios en las fábricas y las mayores incluso tienen hospitales propios. Pero no hay ambulancias y se lleva a los heridos al hospital en la parte trasera de un triciclo.
No hay vacaciones pagadas, sólo hay siete fiestas anuales y un día de descanso semanal.
Hay numerosas categorías de sueldos: ocho categorías para los obreros, con una relación de 3 a 1 entre la más alta y la más baja, mientras que hay 16 categorías para los técnicos y 26 para los funcionarios. Gran parte de los salarios son concedidos por primas de rendimiento.
Miljus y Moore [1987] se lamentan de que en las cuestiones laborales el reformismo chino no ha producido los resultados esperados del desarrollo de la economía y en especial de la industria. En concreto la reforma ha privilegiado el poder de la clase empresarial, mientras que los trabajadores han perdido poder de decisión e influencia. Hay problemas de desempleo, subempleo y pluriempleo. Defienden que deben hacerse cambios urgentes en el mercado laboral, incluyendo una mayor movilidad, procedimientos de queja y una reforma sindical.

LA BUROCRACIA.
Cabe distinguir dos grandes grupos: 1) el de los funcionarios en los servicios públicos de educación, sanidad, justicia, administración estatal de bajo nivel, 2) el de los funcionarios de los poderes de gestión local y provincial, y las fuerzas armadas.
El primer grupo, el más numeroso, vive en condiciones de vida paupérrimas, con un alto absentismo laboral e ingresos muy bajos, debido a que el Estado ha procurado fomentar el abandono del servicio de estos funcionarios, para que pasasen al sector privado y así reducir el déficit público. El aumento en los presupuestos públicos no parece que vaya a equilibrar a largo plazo esta situación y todo apunta a una privatización global de los servicios públicos, lo que no deja de chocar dentro de un Estado comunista.
El segundo grupo es menos numeroso, pero vive una situación comparativamente excelente, con altos ingresos, fácil acceso a las oportunidades que brinda la apertura al exterior en forma de empleos como ejecutivos en las empresas mixtas y, no en menor grado, la corrupción, una auténtica lacra de la burrocracia china. Muchos de los funcionarios más emprendedores han abandonado finalmente la Administración para convertirse en empresarios.
De hecho, las Fuerzas Armadas son uno de los mayores empresarios del país y las unidades militares tienen plena autonomía para realizar negocios (en Shanghái, por ejemplo, algunos regimientos cuentan dentro de sus instalaciones con discotecas, burdeles, restaurantes, fábricas de cigarrillos y ropa infantil, servicios de reparación de mecánica y electricidad, etc., y los soldados realizan la mayor parte de su servicio militar laborando en los centros de trabajo, mientras los oficiales administran los beneficios).

LOS PROFESIONALES.
Los profesionales libres: médicos, ingenieros, juristas libres, investigadores, etc., están formando un elemento básico de la burguesía, concentrada en las ciudades del Este. Aumentan continuamente en número, ingresos, consumo e importancia dentro de la sociedad, siendo uno de los factores más influyentes en el apoyo a las reformas liberales de Xiaoping. Se beneficiarán mucho más con la creciente privatización de los servicios públicos. No tienen aún conciencia de grupo, como se vio en su abstención en los acontecimientos de junio de 1989 y su prioridad es el desarrollo económico. Como el grupo anterior, muchos profesionales se convierten en empresarios.

EL EMPRESARIADO.
Es la clase social emergente, la que constituye el segmento superior de la burguesía. Dedicado a la industria, el comercio interior y exterior, la banca y los seguros, la restauración y el ocio, es un grupo que crece exponencialmente, alimentado por la cultura empresarial china, que nunca desapareció y que ahora aflora de modo extraordinario, recibiendo aportes de nuevos empresarios de todos los demás sectores.
Los límites para su crecimiento son nulos, porque el Estado no pone limitación legal a la acumulación de riqueza, salvo los impuestos. Prueba de ello es que los principales millonarios de China son los propios dirigentes del Partido. La Asamblea Nacional y el Comité Central del Partido cuentan con decenas de millonarios (algunos con más de cien millones de dólares) y cientos de ricos empresarios. El propio Gobierno reúne en su seno a muchos de ellos. A los burgueses chinos surgidos en los últimos años se les llama “da kuan” (gatos gordos), y proliferan por doquier. En 1996 hay ya más de cuatro millones de personas que ganan más de 100.000 dólares al año, aunque se quejan de que su patrimonio está en el aire por la amenaza de un decreto de expropiación en cualquier momento. En Shanghái cientos de miles de empresarios dominan totalmente la vida de la ciudad en lo político y económico, como avance de lo que será una sociedad en la que el partido y la burguesía se penetran mutuamente de modo indistinguible.
Están tomando conciencia de sus intereses de grupo, pero la prioridad para ellos es el crecimiento económico y la mayoría se plantea el desarrollo político y la modernización como un posible obstáculo para la creación de riqueza, porque temen la inseguridad política y la desmembración territorial. De hecho, los principales enemigos de la democratización de Hong Kong no son los dirigentes chinos sino los altos empresarios de Hong Kong y China, que han abrazado el modelo de Xiaoping.
Groves, Hong, McMillan y Naughton [1995] estudian la reciente creación con las reformas post 1979 de un mercado laboral de empresarios y ejecutivos que obtienen incentivos económicos antes impensables. Estudian las modalidades de contratación, la selección, la formación, etc., y llegan a la conclusión de que la formación de esta nueva clase empresarial está siendo vital en el desarrollo económico chino, por su capacidad de innovación, su búsqueda del beneficio con las máximas ventas y por su emulación.

1.5. CALIDAD DE VIDA: ALIMENTACIÓN, SANIDAD, CONTAMINACIÓN, EDUCACIÓN, CULTURA...
Hay fuertes gastos sociales: alimentación, educación, sanidad, vivienda, transporte. La mano de obra es abundante y barata, atrayendo las inversiones industriales extranjeras. Pero la economía china parece que ha conseguido desde los años 60 sostener en un nivel aceptable la calidad de vida.
Para Lester Brown (experto del Worldwatch Institute) China está perdiendo la capacidad de alimentar a su población debido precisamente a su extraordinario desarrollo económico, con la copia de las pautas occidentales de bienestar basado en el consumo y exponía que en 1992 tenía una población de 1.165 millones de habitantes, que se preveía serían 1.420 millones en el 2010, y 1.1591 millones en el 2025, con un tiempo de duplicación de población de 53 años. Otros indicadores que exponía en su informe eran una tasa de fecundidad (hijos por mujer) de 2,2, mientras que el índice de utilización de anticonceptivos está en el 71 %, el PNB per cápita era de 370 dólares (seguramente infravolarado en renta real) y los habitantes sin agua potable eran el 27% del total.
Pan Sui Ming, profesor de sociología en la U.P. de Beijing, habla de una verdadera “revolución sexual”, después de un periodo desastroso con la Revolución Cultural (1965-1976), cuando se uniformó todo, incluso el sexo. Los mismos vestidos para hombres y mujeres, la trivialización del matrimonio, la crítica del amor (incluso desapareció el lenguaje del amor y el sexo). Pero los avances de la última década están haciendo resurgir el sexo, el placer y el amor como necesidades humanas. Aún están prohibidas las relaciones fuera del matrimonio (multa de seis meses de sueldo) y se sigue deseando como ideal la virginidad hasta el momento del matrimonio pero sin duda la libertad es mayor para las relaciones pre y extramatrimoniales (el adulterio está aceptándose ya como algo natural). Incluso se desmitifican la masturbación (86% de los estudiantes y 50% de las estudiantes la practican) y las nuevas posturas sexuales para buscar el placer. El método anticonceptivo más usual es el DIU (que se implanta a las mujeres tras nacer su primer hijo, debido a la política de control de la natalidad). Un peligro es la falta de preservativos (menos del 10% lo utiliza), con graves riesgos de hepatitis B (se estima que hay 100 millones de casos) y SIDA (aunque los casos de este son pocos aún). Pero estos aspectos negativos no pueden ocultar el enorme avance respecto a la condición de la mujer china en los años treinta y en general antes de la revolución comunista, que Johnson y Parish [1987] explican en un estudio espeluznante: los pies lisiados, la esclavitud en el hogar, la carencia de derechos legales, las agotadoras jornadas de trabajo, el infanticidio femenino, etc. La libertad femenina se abrió paso con dificultad desde la ley de 1950, pero ha llegado definitivamente.

ALIMENTACIÓN.
La mortalidad por hambrunas, un mal generalizado en la China premaoísta, desapareció ya en los primeros años de la Revolución, pero su fantasma reapareció durante la Revolución Cultural al bajar las cosechas. La reforma económica ha alejado parece que definitivamente este peligro y hoy China es un exportador nato de alimentos y ha conseguido superar el consumo mínimo de calorías que aconseja la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que es un éxito notable y muy prestigioso para el régimen. En 1986 había una disponibilidad media de 2.628 calorías por persona y día, superior en un 3% a las necesidades. En proteínas la disponibilidad media es de 62,6 gramos diarios, muy por encima (63%) del requerido, lo que denota aún una mala dieta alimentaria, poco equilibrada, con avitaminosis y deficiencias en sales minerales.
La alimentación popular ha variado mucho en los últimos años. El plato típico en todo el país es el arroz, más en el Sur que en el Norte, donde el pan de trigo es más difundido. La carne de cerdo y pollo es la más común y su consumo se ha acrecentado mucho en los últimos dos decenios. En el Norte un plato muy popular es el pato con salsa agridulce, y la col, que comienza a llegar a los mercados en el mes de noviembre. Se calcula que en la capital, Beijing, con 13 millones de habitantes se consumen entre 200.000 y 300.000 toneladas de coles, con tendencia a descender, debido a la sustitución de la anterior dieta “maoísta”, de patatas, col y nabos, por una más variada con berenjenas o tomates procedentes de los invernaderos que han proliferado en los últimos años. Antes se almacenaban en los patios de los hutotes (tradicionales casas con techos de teja), pero ahora la mejor organización comercial evita la necesidad de almacenamiento, salvo en las casas de las familias más pobres (guardan unos 30 kg por persona). El precio es relativamente bajo, de unas dos pesetas el “jin” (medio kilo), aunque la col media pesa un kilo. Los especialistas en nutrición la consideran un alimento excelente, rico en vitaminas, de buen sabor. Los platos favoritos, sobre todo en la cena, son el Cu Liu Bai Cai (col salteada con vinagre) y el Kai Shui Bai (consomé de pollo con corazones de col de primavera).
En Sichuan la comida es picante, con ajo, chile y jengibre. La cocina cantonesa es conocida por su marisco y pescado. En Shanghái destacan el budín cocido al vapor y la sopa de nido de ave, hecho con los vencejos del sureste.
Las dos bebidas más populares son el té y el vino de arroz, seguidos de los licores de frutas.

SANIDAD
Se ha hecho un enorme esfuerzo por dotar a la población de servicios y formación sanitaria. Desde 1949 los “médicos de pies descalzos”, que eran sólo enfermeros, con una breve formación médica teórica (3 meses) y práctica (6 meses) difundieron los cuidados básicos entre la población rural con un éxito fulgurante. Su número llegó a los 1,8 millones en 1990, con una proporción de uno por cada 620 habitantes.
En la reforma administrativa y agraria de 1958 se estableció la siguiente estructura, que en lo esencial ha permanecido hasta hoy, pero con una mejora constante de la calidad:
En el campo los distritos tienen un hospital general completamente equipado y con médicos especialistas. Las comunas tienen un centro de salud, con médicos de un nivel medio de cualificación, del tipo de médicos de asistencia general (“de cabecera”), con formación en la medicina occidental y china y con suficiente personal auxiliar. Las brigadas cuentan con un centro médico atendido por dos “médicos de los pies descalzos”, con responsabilidad sobre higiene, inmunización, vacunación, planificación familiar, cuidados materno-infantiles y curas elementales, con capacidad de decidir sobre el envío de los enfermos al centro de salud de la comuna. Por último, cada equipo de producción tiene uno o dos auxiliares sanitarios, de una formación mínima, para los primeros auxilios.
En las ciudades la estructura sanitaria fue mucho más occidental, con una estructura de centros de salud de barrio con “médicos de los pies descalzos” y médicos generalistas y hospitales generales con médicos especialistas.
Últimamente la reforma ha llegado hasta el sector sanitario. Muchos médicos se forman en el extranjero, las técnicas y la tecnología más avanzadas han llegado hasta las grandes ciudades, la medicina tradicional china se ha convertido en una ciencia muy perfeccionada (acupuntura, homeopatía, medicina natural, etc.) y se están abriendo clínicas privadas en las zonas más desarrolladas. Hay una clara dicotomía entre la medicina privada que se ofrece por un lado a los extranjeros, los empresarios chinos y los altos cargos, que no desmerece de la que recibirían en Europa y la medicina estatal que se ofrece a la población china en general, que es de un segundo nivel, aún lejano al anterior.
En 1992 había 1.763.000 médicos (1 por cada 652 habitantes), 2.624.000 camas hospitalarias (1 por cada 438 habitantes). La esperanza de vida era 68 años para los varones y de 71 para las mujeres, con una mortalidad infantil del 32% de media.
Según el Ministerio de Sanidad, más de 400 millones de personas sufren deficiencia de yodo; de éstas, 200.000 padecen cretinismo endémico y más de 10 millones sufren retraso mental. Para el año 2000 se prevé yodar el 100% de la sal para consumo humano.

CONTAMINACIÓN
Los bosques y ríos de China están siendo duramente castigados por el desarrollo industrial, especialmente por la lluvia ácida y la contaminación de las aguas. La lluvia ácida amenaza al 40% del país.
La mayor fuente contaminante es el uso del carbón (el chino es de baja calidad) como principal fuente energética, en las numerosas centrales térmicas de muy deficiente tecnología, con sus grandes emisiones de óxidos de azufre y CO2. En el informe de la OMS de 1988 sobre polución industrial se concluyó que 60 ciudades tienen el aire contaminado gravemente por humo y hollín (Beijing tuvo 272 días por encima de lo estándar recomendado por la OMS). Hay nueve ciudades chinas entre las 10 más contaminadas del mundo y tres millones de personas han muerto de bronquitis en el periodo 1996-1998.

Resultado de imagen de boix pons, pekin

Resultado de imagen de boix pons, pekin
Contaminación en Pekín.

Los desechos urbanos e industriales son arrojados a los ríos y lagos, por millones de toneladas. La normativa es dura, pero ha sido ampliamente sorteada por la práctica de los consejos regionales y municipales de no aplicarla para así poder atraer más inversiones y para no pagar los altos costes de la depuración de las aguas y los humos. Cerca del 80% de la población se abastece de agua no potable. Menos del 10% recibe tratamiento y el 50% de las aguas subterráneas urbanas están contaminadas. Al menos 300 ciudades sufren escasez de agua.
Por ello, Xie Zhenhua, director de la Agencia de Protección Ambiental, ha preparado en 1995 una durísima ley que establece penas de muerte y prisión para quienes cometan graves delitos medioambientales, como la contaminación nuclear y de ríos. También se establecen penas para el exceso de ruido.
China basa el 76% de su energía en la utilización del carbón y por ese motivo es, tras EE UU y Rusia, el mayor emisor de dióxido carbónico, determinante en el calentamiento del planeta. Es asimismo el mayor productor mundial de propelentes de flúor, el principal agente destructor de la capa de ozono.
Como un ejemplo muy bien estudiado de los problemas de la contaminación tenemos el artículo de Kung [1991], que estudia el impacto de la contaminación en un lago cercano a Shanghái, en el Oeste, en medio de la provincia de Jiangsu. La eutrofización con fósforo y otros productos minerales está matando la vida en el lago mayor de la zona, el Dianshan. Además esto eliminará el lago como fuente de agua potable y de alimentos para la población humana.

EDUCACIÓN
La alfabetización ha mejorado mucho, desde el elevadísimo índice de analfabetismo de 1949, que entonces alcanzaba un 80% de media, alimentado por varios factores: pobreza rural, desigualdad social, no presencia de mujeres en la escuela, falta de maestros y, no en último lugar, la dificultad de la escritura china, con 50.000 signos, aunque una persona de cultura media usa unos 6.000.
Inmediatamente después de 1949 se enviaron cientos de miles de estudiantes al campo como maestros temporales para una intensa campaña de alfabetización, con un éxito inmediato. Ya en 1959 había 90 millones de alumnos en la enseñanza primaria y 10 millones en la secundaria, mientras que en la universitaria había 820.000 en 1962. La enseñanza básica cubría en 1979 un 93% de la población en esa edad, la enseñanza media un 51% del total. En 1992 las estadísticas revelaban una notable mejora: 146 millones de estudiantes en la enseñanza primaria, 54 en la secundaria y profesional, 2 millones en la universitaria. La enseñanza permanente (sobre todo profesional) para adultos está progresando también, con varios millones de alumnos, pero no hay una cuantificación exacta.
Las mujeres, gracias a la igualdad de oportunidades para los sexos desde la ley de 1 de mayo de 1950, han aumentado su presencia en el sistema educativo. En 1979 representaban en 45% de los estudiantes de enseñanza básica, el 41% de la enseñanza media y el 24% de la enseñanza superior, en la que últimamente su porcentaje ya está rondando el 40% (1995).
La campaña de alfabetización de adultos persiste. De un índice del 34% en 1979 se pasó a un 20,6% en 1987, de los cuales 154 millones eran mujeres y 70 millones hombres, la mayoría de ellos en las zonas rurales y con edades altas, que componen en la actualidad el principal grupo de analfabetos irrecuperables, cifrado en un 10% aproximadamente en 1995. En 1992 el índice de analfabetismo ya era de un 17% de media, siendo prácticamente nulo el analfabetismo entre la juventud, incluso en las regiones más apartadas.
El sistema educativo se divide en cuatro niveles: 1) Guarderías, para niños de semanas a seis años. Están muy difundidas, universalizadas mejor, debido a la necesidad de trabajar de las madres. 2) La escuela primaria, desde los seis años a los 12. La universalización es completa y gratuita. La disciplina es muy estricta. 3) La escuela secundaria, de los 12 a los 18 años. Está también universalizada, pero la enseñanza en las ciudades es mucho mejor que en el campo. La instrucción política es muy intensa y el régimen de disciplina es inflexible. Muchos niños abandonan los estudios para ponerse a trabajar a los 14 años, la edad en que deja de ser obligatoria la educación. 4) La universidad, que puede ser también la enseñanza profesional en institutos especializados, que gozan del mismo prestigio social que la universidad.
Las necesidades educativas son enormes: China tiene todavía 180 millones de analfabetos (el 90% en el campo) y hay unos 420 millones de niños de menos de 15 años que son escolarizados. Por todo ello las inversiones en educación son una de las principales partidas del presupuesto.
En 1993 la educación recibía el 2,5% del PNB, aun muy distante del 5,7% que se le destina en los países asiáticos más adelantados, pero se tiene previsto llegar al 4% en el año 2000. Byron [1989] hizo un estudio sobre el “retorno” de la inversión en educación, según el método cuantitativo, en China; demostraba que la inversión educativa redundaba en un aumento mucho mayor de la producción, una visión en la que coinciden las autoridades chinas.
La escasez de profesores y de aulas se suple con una masiva presencia en clase y la presencia de varios turnos, lo que redunda en una escasa eficiencia escolar. La situación de los profesores de enseñanza primaria y secundaria es preocupante en 1995, pues en el campo deben ser pagados por las familias y en las ciudades los que pueden pagar tienden a enviar a sus hijos a las escuelas privadas que están apareciendo.
En la actualidad se permite la enseñanza privada y se da libertad a los centros para establecer su propio programa de estudios, en el que ocupa un lugar privilegiado el estudio del inglés, de la informática y de las ciencias en general. Bettelheim se quejaba amargamente, al principio de las reformas, de la vuelta a una “educación elitista” [1978: 42-45], basada en los “conocimientos académicos y librescos”, en los que se basaba la reforma de 1977, que luego se ha profundizado extraordinariamente.

Resultado de imagen de china population
Examen de grado de Secundaria.

UNIVERSIDAD.
El sistema universitario es gratuito, con becas para los estudiantes que superan los difíciles exámenes de ingreso. Son corrientes en China las noticias de que estudiantes se suiciden por no superar estas pruebas o no seguir el durísimo ritmo de estudio. Dura entre tres y seis años, con intensísimos programas. La cantidad de horas lectivas es aproximadamente entre el doble y el triple que en España y los resultados académicos, como consecuencia, son extraordinarios, como lo demuestra el avance en investigación y tecnología que ha hecho China en los últimos decenios.
Se distinguen las universidades generales (que han extendido desde 1979 sus currículos a todas las materias, tanto humanísticas como científicas), las universidades técnicas (especializadas en facultades científicas), los institutos de tecnología, los institutos de Pedagogía Superior, agricultura, geología, geografía, Derecho, economía, ciencias políticas, filología e idiomas, medicina, técnica, más las escuelas de arte y música. Todas las ciudades grandes y la mayoría de las ciudades medianas tienen sus establecimientos universitarios.
Si en 1949 ya había más de 200 centros, en 1968 apenas había aumentado su número pero sí el número de universidades “populares”, llamadas también de “tiempo libre” o de “trabajo-estudio”, de un nivel muy inferior, fundadas desde 1958 en las ciudades y en las comunas, con millones de trabajadores-estudiantes, mientras que los estudiantes stricto sensu eran 820.000 en 1962. Después de las reformas de 1979 y a lo largo de estos años últimos, el número de universidades ha crecido y sigue haciéndolo.
La universidad se ha masificado enormemente en los últimos años, con millones de estudiantes, multiplicándose el número de establecimientos universitarios, sobre todo los científicos, mientras que la matrícula en las universidades de Humanidades es muy escasa hoy. Los problemas de congestión son notables en las universidades de las grandes ciudades, sobre todo en Beijing, que cuenta con diez universidades y casi un centenar de establecimientos. Los estudiantes (salvo los residentes en la misma ciudad) acostumbran a residir en grandes residencias comunales, que el régimen ha fragmentado y controlado estrechamente desde las revueltas de 1989 porque fueron el foco de la rebelión estudiantil. Los nuevos alumnos universitarios (a partir de 1994) en Beijing deben pagar una matrícula de entre 1.000 y 1.500 yuanes, según las materias humanísticas o técnicas, siendo insuficiente la beca de 100 yuanes mensuales que recibían en 1993.
Las becas en el extranjero han beneficiado a un millón y medio de estudiantes, que en su mayoría han vuelto a China después de estudiar en Europa y EE UU.

CULTURA
La afición por el arte, la música, la ópera, la poesía y el teatro del pueblo chino es proverbial. Hay numerosas obras de divulgación sobre el tema y todas coinciden en que la presencia de las actividades culturales en la vida cotidiana es muy superior a la que goza el hombre occidental. En casi todos los pueblos, incluso los más pequeños, hay artistas, poetas, conjuntos teatrales y musicales, etc. La forma de participación más frecuente es la fiesta popular, en la que las actividades culturales en su sentido más extenso son el ingrediente básico. Como ejemplo de la inmensa masa de la producción artística, se calcula que hay 250.000 pintores, que producen unos 4 millones de cuadros, con una total libertad creativa, aunque no hay facilidades para la exposición de sus obras, por la falta de espacios dedicados a ello [una exposición de pintura china actual, en el Kunstmuseum de Bonn, del 29 de febrero al 16 de junio de 1996. “La Vanguardia” (29-II-1996) 60]
El auge del cine contrasta con la relativa decadencia de la ópera, un reflejo de los importantes cambios sociales, de las costumbres, de la economía, así como del ascenso de China en el concierto internacional como pujante potencia cultural, que trasciende de este modo el limitado conocimiento que tenía Occidente acerca del Lejano Oriente.
El cine chino está surgiendo como una fuerza cultural fundamental, con la llamada Quinta Generación de la Escuela de Beijing. En 1995 se vendieron en las 3.100 salas (tantas como en EE UU) de China 5.000 millones de entradas (cuatro veces más que en EE UU), lo que le da un tercio del consumo mundial. Los 16 principales estudios de cine han visto restringidos por el Gobierno los créditos y subvenciones, por lo que han tenido que abrirse al capital occidental, con extraordinarios resultados económicos. Las películas extranjeras se difunden con entera libertad comercial, aunque los impuestos son tan elevados que sus beneficios son mínimos.
El conocimiento occidental sobre China se ha incrementado desde que las obras más recientes están llegando a nuestras pantallas. Directores como Zhang Yimou y Chen Kaige, actrices carismáticas como Gong Li... Las películas más famosas, que han logrado prestigiosos premios en Cannes y Venecia, son las de Zhang Yimou: Sorgo Rojo (1987), Ju Dou (1989, Semilla de Crisantemo), La linterna roja (1991), Una campesina china (1992), ¡Vivir! (1994), Shanghái Trial (1995). De Chen Kaige tenemos la extraordinaria Adiós a mi concubina (1993). La problemática de la libertad creativa en el cine chino es notoria: la mayor libertad de los creadores está en constante pugna con los límites de la censura y de hecho estos filmes son más celebrados fuera que dentro del país, donde en los medios oficiales se acusa a estos directores y a sus equipos de ser políticos disidentes pero no se les priva de medios económicos pues estos ya provienen de inversores privados y de poderosas compañías productoras independientes que arrostran los riesgos. Gong Li se ha convertido de hecho en un símbolo de libertad, una actriz que encarna el mito del éxito femenino y de la modernidad. Ella dice de Yimou: «Le acusan de subversivo peligroso e intentan impedir que sus películas se vean en China. Pero no es un político, sino un creador. Sólo quiere contar bellas historias y no pierde los nervios cuando le atacan: él sonríe siempre y sigue haciendo lo que ama. No tiene miedo a nada». Es una manera de definirse a sí misma a través de otro [Gong Li, Primera Dama del cine chino. “El País Semanal” (19-XI-1995) 69].
En contraste, la ópera china, representada por la Ópera de Beijing, está sumida en una fuerte crisis desde el decenio de los 80, cuando comenzó a perder audiencia rápidamente. La mayoría de los jóvenes piensa que el ritmo de la ópera es demasiado lento y que sus historias han perdido contacto con la realidad. Los jóvenes intérpretes se dedican a la canción pop y al baile en los conjuntos que actúan en los hoteles y en las salas de fiesta, donde pueden multiplicar sus ingresos. Ello contrasta con el aumento del interés internacional por la Ópera de Biejing, uno de los cuatro símbolos tradicionales de la cultura china, junto con la Gran Muralla, el Palacio de Verano y la Ciudad Prohibida. Mientras que China se occidentaliza, el mundo se “chinifica”.

Resultado de imagen de boix pons, pekin
La Televisión Central de Cina (2008), en Pekín.

LA TRAGEDIA DE LOS NIÑOS HUÉRFANOS.
La sociedad china sufre un problema histórico en la situación de los huérfanos, que obedece a dos causas: fallecimiento de los padres sin conocerse otros familiares (esta causa en China es casi imposible, por las fuertes relaciones familiares) y el abandono, que es la causa casi universal. Ya nos henos referido a las causas de la preferencia china por los varones. La consecuencia es abrumadora: el 90% de los abandonos son de sexo femenino.
Como resultado, en 1996 había 100.000 niños abandonados en China, según el Ministerio de Población. La ONG Human Rights Watch ha localizado a 17.000 en orfanatos urbanos y a 37.000 en centros rurales, desconociéndose la localización de otros 46.000 [Muerte por negligencia. “El Mundo” (11-I-1996)]. Según esta ONG, como quedó reflejado en testimonios y en documentales del canal británico Channel 4, las autoridades chinas (en concreto las de Shanghái) dejan morir, maltratan o “desaparecen” a las niñas en general y a los niños con deficiencias psíquicas y físicas. En algunas provincias es común la muerte de todos los huérfanos, como lo prueba que, según las estadísticas oficiales, en 1989 ingresaron en los orfanatos de la provincia de Fujian 109 niños y todos ellos murieron antes de un año.
En general, en los orfanatos de las grandes ciudades, es aceptable la situación del resto de los niños, llamados siempre al nacer “Gou Xing” (Sin Apellido) y “Mei Ming” (Sin Nombre), aunque se cuenta con sólo una cuidadora para cada 100 niños, según algunas fuentes. La mortalidad general está en el 50% al cabo de la infancia. El Gobierno ha aumentado los fondos presupuestarios para mejorar sus condiciones y ha favorecido la solución de la adopción por extranjeros, cumpliendo lo acordado en el Convenio de derechos infantiles de la ONU, que firmó en 1991. La adopción de niños chinos en España es todavía difícil por la falta de un acuerdo entre ambos países que ordene el modo jurídico de realizarla. Las vicisitudes de la adopción de niños pueden llegar a ser muy arduas [“El Mundo” (27-X-1995) 30], pero no imposibles, aunque en 1994 sólo se habían conseguido en dos casos.
Un editorial de El País, El horror de los orfelinatos chinos (29-X-1995) exponía de modo apasionado la situación de los huérfanos y la polémica por un video de la BBC sobre el tema:
«Todo el mundo sabe que China, hoy y cuando era un imperio más poderoso, hace cuatro milenios, ha sido un país violento, en el que no ha primado precisamente el respeto al individuo. Las grandes ideas y los objetivos magníficos, la sacralidad del emperador en su día o de las ideas de Mao Zedong más tarde, siempre ha sido causa grandiosa y más que sobrada para la liquidación física o la esclavitud de millones de seres humanos.
El valor de la vida humana allí nada tiene que ver con el que se le otorga hoy en Occidente, que también ha conocido largos siglos de crueldad. La compasión o el dolor ajeno sólo se movilizan cuando afectan a algún familiar, a un ser querido del entorno inmediato.
Hoy en día, la República Popular tiene más de 1.200 millones de habitantes. Sus líderes están convencidos de que con una tasa de natalidad similar a la de otros países tercermundistas como la India se sumirían en el caos de la lucha por la supervivencia. Así jamás alcanzarán la modernidad ni ocuparán el puesto de gran potencia económica, política y militar que -están convencidos- les corresponde en el siglo XXI. Este objetivo, el de recuperar la categoría de potencia mundial y la hegemonía incontestada en Asia, es hoy, con la reunificación con Taiwán, el máximo objetivo estratégico de Beijing.
Y cada chino debe hacer su aportación, que, entre otras cosas, exige actualmente adherirse de forma incondicional a la política de contención y limitación demográfica. Esto es, que cada familia se limite a tener un hijo como máximo. Pero China no es Beijing ni Shanghái, ciudades desarrolladas a las que llega la información y en las que, pese a todos los lastres tradicionales, las parejas podrían contentarse con una hija que fuera a la Universidad e hiciera algo provechoso en la vida, quizás regalarles un nieto.
Cientos de millones de chinos viven en terrenos agrestes, en montañas secas que exigen un esfuerzo titánico para ganarles unas verduras o hierbas para el paupérrimo ganado. De ahí que los padres quieran a toda costa hijos varones con fuerzas para trabajar el campo. Muchas familias esconden durante años a sus hijas para poder engendrar después oficialmente un hijo. Pero muchos son delatados por vecinos o funcionarios y el castigo es implacable: pueden quedarse con uno de los hijos. Pocos se quedan con las niñas. Estas no son ejecutadas como delincuentes menores o disidentes. Son ingresadas en unos barracones cuyo único fin es albergarlas hasta que mueran de forma natural, por hambre o cualquier enfermedad menor. Abandonadas y atadas a sus pequeños lechos o barrotes para que no molesten más allá de sus gritos.

Televisión Española y TV-3 han mostrado recientemente un gran y terrible reportaje sobre lo que, sin duda, es una de las grandes aberraciones de nuestro tiempo. Es bueno que la gente se aterrorice antes estas imágenes porque la compasión dignifica. Los niños, cubiertos de llagas, al borde la muerte por inanición, gritando o gimiendo en la total incomprensión de su suerte, son la más terrible prueba de que este mundo aún alberga horrores que en nuestra latitud se tienden a olvidar. Todo régimen, como el chino, que subordina la suerte- la vida y la muerte- de sus ciudadanos a la realización de grandes planes para mayor grandeza de esa abstracción que finalmente es el propio Estado, se condena al crimen.
Todo Estado que esté dispuesto a entrar por esta senda de liquidar a sus hijos debe saber que tendrá enfrente, con firmeza, a un inmenso colectivo de seres humanos de un sinfín de Estados democráticos, que denunciarán sus crímenes y no permitirán que, una vez conocidos, queden impunes. La densidad demográfica es un problema mundial, no sólo chino, y son muchas las organizaciones internacionales que buscan soluciones y alicientes para que las parejas hagan una planificación real de la familia. Pero el crimen institucionalizado no es sistema ni programa, y el Gobierno chino debe saberlo con toda claridad.»

1.6. LAS RELIGIONES.

Resultado de imagen de boix pons, pekin
Templo confuciano.

Los chinos profesan el confucianismo (30%), budismo (23%), taoísmo (4,3%) y el islamismo (3%). Unas estadísticas más restrictivas reducen estas proporciones a confucianismo (20%), budismo (6%), taoísmo (2%) e islamismo (2%), más un pequeño porcentaje de cristianos, siendo el resto ateos (se calcula que lo son un 59%). Una elevada proporción no manifiesta ideas religiosas, y en algunos censos el número de practicantes se ha reducido hasta un mínimo 10% pero la religión impregna toda la vida social y casi toda la población e incluso los mismos altos dirigentes chinos acostumbran celebrar las bodas y ritos de iniciación, de acuerdo a las religiones ancestrales de sus familias. Las fiestas religiosas, prohibidas durante la Revolución Cultural, han resurgido como grandes fenómenos de masas, con una amplia participación. De hecho, la mayoría de la población acepta un difuso sincretismo religioso, basado en la suma de las creencias del confucianismo, budismo y taoísmo.
Los musulmanes chinos se estiman en 25 millones, concentrados sobre todo en el Noroeste. Un tercio son Hui (chinos Han cuyos antepasados se convirtieron al Islam). Ha sido una minoría que ha sufrido una larga represión cultural y religiosa.
Los cristianos se estiman en unos 6 millones, divididos en católicos (4 a 5 millones), protestantes (1 millón) y ortodoxos. Su distribución es muy amplia, porque son muchas las zonas antiguamente influidas por las misiones, sobre todo en las ciudades costeras en expansión, donde el cristianismo tiene un elevado prestigio social y se ha convertido incluso en una moda entre la nueva burguesía de los negocios, la más prooccidental. Los católicos se han beneficiado del acercamiento entre Beijing y el Vaticano en 1994.
La política oficial es permitir la libertad de cultos, pero prohibir el proselitismo religioso e impedir su injerencia en la vida civil y política, lo que ha supuesto un enfrentamiento con el budismo tibetano, que constituía en el Tíbet un verdadero Estado monástico. Todas las propiedades de las religiones han sido estatalizadas, pero los templos están concedidos en usufructo a las distintas confesiones.

1.7. LAS ETNIAS.
El 92% de la población es de la etnia Han, que tiene unas características raciales muy semejantes a las de las minorías nacionales que la rodean. Pertenece a la raza mongólida, pero las variantes son numerosas dentro de la homogeneidad, de modo que nos encontramos desde habitantes que apenas pueden diferenciarse de los europeos, a los dos tipos más extremados, los habitantes de China del Norte y los de la China del Sur. Los septentrionales son altos, de nariz aplastada y cóncava, piel parduzca, cabellos rígidos, gruesos y oscuros, cuerpo casi privado de vello, barba rala y ojos menos mongólidos que los del resto del país. Los meridionales (y orientales en general) son de estatura baja, nariz más aplastada, piel más clara, ojos muy mongólidos.

Resultado de imagen de china languages map

MINORÍAS.
China tenía en 1990 unos 91 millones de personas pertenecientes a 55 minorías, la mayoría en las fronteras internacionales, por lo que su descontento puede ocasionar graves problemas. Un problema añadido es que su índice de crecimiento demográfico es de media el triple que el de la mayoría Han, por lo que su proporción crece de año en año. Las minorías han pasado del 6% al 8% en los últimos 20 años y se calcula que llegarán al 15% hacia el 2025. Una prueba de ello es que pasaron de 35 millones en 1953 a 91 millones en 1990.
Sufren un subdesarrollo comparativo, debido a su permanencia en las áreas rurales, con muy poco desarraigo en la emigración a las ciudades que sí aceptan los Han. Las principales minorías son los mongoles, tibetanos, manchúes, zhuang, uigures, hui, miao. Tienen plena igualdad de derechos con los han, porque la política oficial es la valorización de las minorías, a cambio de su participación en la vida nacional.
La libertad religiosa y lingüística de estas minorías es casi total, con la sola limitación de que no constituyan un gran poder político, pues pueden aprender su lengua materna, conservar sus tradiciones y administrarse a sí mismas. Si ha habido limitaciones a la etnia tibetana es porque esta aspiró en 1959 a la independencia. Las lenguas que no tenían escritura han recibido una escritura “oficial”, emparentada con el chino y la suya propia, para cubrir esta laguna. La enseñanza en chino es sólo voluntaria, pero en las universidades es la única existente, lo que supone una seria limitación para el futuro. Como ejemplo de la mejora de sus condiciones sociales, ya en el decenio de los 50, se puede apuntar que la minoría miao de Hunan pasó de tener 47 escuelas en 1949 a 1.700 en 1962.
Se pueden distinguir dos grandes grupos minoritarios, el septentrional y el meridional. El septentrional, que es el más conocido en Occidente por su relevancia histórica, lo forman los mongoles, manchúes, uigures, hui y otros. El meridional lo forman los zhuang, tibetanos, miao, etc.
Los mongoles viven en Nei Mongolia, parte del Xinjiang y Qinghai. Han perdido la mayor parte de sus características culturales, pero siguen fundamentando su economía en el pastoreo.
Los manchúes, que dominaron China hasta 1912, hoy son una minoría de estimación muy difícil, de unos 3 a 6 millones, muy repartida por el territorio nacional, habiéndose fundido casi por completo en la mayoría Han. Desde la liberalización de 1981 han reanudado sus costumbres, pero su lengua está a punto de perderse en la práctica.
Los uigures (los antiguos turanios), son una minoría de estirpe turca, de religión musulmana y alfabeto árabe. Viven en su mayoría en la región autónoma de Xinjiang.
Los hui son una minoría religiosa, formada por los Han de religión musulmana. Están asentados sobre todo en el valle del Huangho, en las provincias de Ningxia, Xinjiang y Gansu, y más al Sur en Yunnan. En 1928 casi consiguieron la independencia en Ningxia y Gansu, pero fueron brutalmente reprimidos. Minorías más pequeñas, de origen étnico no Han, todas turcas, pero consolidadas con los hui debido a su religión musulmana, son los tártaros, kirguises, uzbekos y kazakhos.
Las minorías meridionales, más numerosas, están mucho más fragmentadas y entre ellas la mejor conocida es la tibetana.
Los tibetanos son apenas 1,5 millones, asentados sobre todo en Xizang (Tibet), pero también se han desperdigado en parte por las provincias y regiones colindantes. Dominados por completo sólo en 1950, se rebelaron en 1959 contra el dominio chino, pero fueron aplastados y el Gobierno procedió a reprimir la cultura tibetana y a enviar cientos de miles de colonos chino, para “chinizar” el país. A principios de los años 80 se volvieron a abrir los templos budistas de los lamas y se procuró abrir una vía de diálogo, pero las revueltas separatistas de 1989 fueron reprimidas con la ley marcial y hoy es el principal problema de las minorías nacionales en China.
El resto de las minorías meridionales residen en las provincias fronterizas del Sur, cerca de las fronteras con Vietnam, Laos, Thailandia y Myanmar (Birmania). La minoría zhuang (también llamada kuan) tiene una población muy mezclada matrimonialmente con los chinos, por lo que las estimaciones de su población varían entre los 8 y los 15 millones de habitantes, concentrados en Guangxi. Los miao residen en Hunan y Guizhou, manteniendo sus costumbres matrimoniales ancestrales y son unos tres millones. Los yao viven en las mismas regiones y son también unos tres millones. Otro grupo que convive en la misma amplia zona es el de los yi (también llamados lolo), muy desperdigados. Los thai residen en Guangxi. Las provincias de Yunnan, Guizhou y Guangxi cuentan también con pequeñísimas minorías muy aisladas en las montañas y dentro de ellas destaquemos la muy pequeña minoría Lhoba, que sólo tiene 2.300 personas.

1.8. LOS IDIOMAS.

Resultado de imagen de china languages map

Resultado de imagen de china languages map

Resultado de imagen de china languages map

Resultado de imagen de china languages map

El chino es el idioma con mayor número de parlantes del mundo, seguido del inglés (aunque este es mucho más influyente) y ha sido la lengua más extendida en Asia Oriental y de hecho todos los idiomas de la zona desde Japón a Vietnam se basan en su escritura y gramática.
El idioma oficial de China es el chino mandarín, hablado por el 99% de la población, aunque es la lengua materna de un 92% en 1995. La división lingüística se corresponde casi exactamente con la división étnica. Los idiomas minoritarios son el uigur en Sinkiang, el tibetano en Tíbet, el mongol el Mongolia Interior.
El chino mandarín es una invención relativamente reciente, una “lengua común” impuesta en el siglo XX, a base del mandarín septentrional que se hablaba en la zona de Beijing.
La escritura jeroglífica china tiene un infinito número de palabras [Tang-Loaec; Colombel, 1995] y a ello se une la inexistencia de una normativa definitiva sobre la pronunciación y la morfosintaxis, la abundancia de dialectos (destacan el wen-li, el wu y el min), para crear una situación muy grave y compleja que ha dificultado la comunicación entre los habitantes de distintas regiones. Para superar las grandes dificultades de la escritura tradicional china (con 50.000 signos), se ha empleado desde 1958 un sistema alfabético latino, conocido como alfabeto fonético chino, con una transcripción pinyin. La difusión de la prensa, la radio y la televisión están haciendo mucho más por la unificación lingüística del país que tres milenios de unión política.

1.9. LA FORMA DE GOBIERNO. LA ADMINISTRACIÓN.
La Constitución de 1954, reformada en 1975, sigue vigente pese a que en la práctica sus supuestos y su aplicación han variado notablemente, gracias a una interpretación laxa.
La República Popular de China es un Estado socialista de dictadura del proletariado, dirigido por la clase obrera, y basado en la alianza de los obreros y los campesinos.
El poder legislativo está confiado a una Cámara única, la Asamblea Popular Nacional (Congreso Nacional del Pueblo Chino), órgano supremo del poder del Estado, compuesta por diputados elegidos por provincias, regiones autónomas, municipalidades directamente subordinadas a la autoridad central, fuerzas del ejército y chinos residentes en el extranjero (art. 23). Elegida cada 5 años, se reúne una vez al año.
Las funciones de Jefe de Estado son ejercidas por el Presidente de la República, que preside el Comité Permanente de la Asamblea Permanente de la Asamblea Popular Nacional.
El Consejo de Ministros, presidido por un Primer Ministro, tiene una función no política, sino administrativa y técnica.

Resultado de imagen de china languages map

El país está dividido en 21 provincias, 5 regiones autónomas y tres municipalidades urbanas dependientes del gobierno central. Su autonomía es notable en todos los campos, desde la economía a la educación, salvo en lo relacionado con asuntos de todo el Estado, como la política, la defensa, el comercio exterior y algunos campos que el Estado se ha reservado.
Las provincias son: Qinghai, Gansu, Hebei, Henan, Shandong, Shanxi, Shaanxi, Anhui, Fujian, Guangdong, Guizhou, Hainan, Henan, Hubei, Hunan, Jiangxi, Sichuan, Yunnan y Zhejiang.
Las regiones autónomas son: Xinjiang (Sinkiang), Xizang (Tibet), Nigxia, Nei Mongolia (Mongolia Exterior) y Guanxi. Son regiones fronterizas, pobladas por minorías no Han.
Las municipalidades son: Beijing (Beijing), Tianjin y Shanghái. Son las ciudades más importantes del país, con un influjo que se extiende por varias provincias y ocupan un territorio muy superior al estrictamente urbano.
Las provincias están divididas en prefecturas y estas en distritos (100 de media por provincia), con un total de 2.137 distritos, que tienen una extensión media de 4.500 km². A su vez muchos de los distritos están divididos en cantones (equiparables a las mancomunidades de España). Finalmente están los municipios, con una notable autonomía. A cada nivel de esta compleja jerarquía hay asambleas populares locales deliberativas que ejecutan las leyes y los decretos, elaboran los planes para el desarrollo económico y cultural local, los presupuestos locales y aseguran el mantenimiento del orden. Su órgano ejecutivo es el Comité Popular Local.
La Justicia cuenta con un Tribunal Supremo, responsable ante la Asamblea, una Audiencia Popular Suprema y una jerarquía de Audiencias y Tribunales populares en los distintos niveles, desde la provincia al municipio.
Aunque hay otros ocho pequeños partidos legales, unidos todos en el “Frente Unido”, el Partido Comunista Chino (PCCh) detenta el poder real en el Gobierno y en todos los sectores, pero su control se ha difuminado progresivamente desde las reformas de 1979. Los sindicatos están completamente dominados por el Partido y son simplemente las estructuras jerárquicas de sus células en las empresas y el campo, con una organización paralela firmemente imbricada con el Partido.
Actualmente han surgido poderes paralelos en las Fuerzas Armadas (el complejo político-militar chino es una clara realidad, mucho más que en EE UU) y en las instituciones provinciales y locales, dominadas por las nuevas clases sociales emergentes (empresarios, técnicos, burocracia), a menudo amparadas por una adscripción “oficial” al Partido pero que en la práctica hacen su propia política sin trabas.
Los Congresos del PCCh, trianuales, no han conseguido dominar esta tendencia, que puede desembocar a largo plazo en tensiones autonomistas, muy preocupantes para el régimen, siempre alerta contra el separatismo regional, que históricamente ha sido la principal debilidad china y la fuente de sus grandes crisis históricas. Un problema añadido es la crisis de poder que está latente hasta la cercana desaparición de Deng Xiaoping, con una pugna entre los “conservadores” y los “liberales”, que son los dos amplios grupos que representan respectivamente a los partidarios de una fuerte centralización del poder (en manos del Partido) y de su descentralización (en manos de la sociedad), aunque son básicamente coincidentes en la política exterior y económica a largo plazo.

2. LOS FENÓMENOS RURAL Y URBANO: EL TRANSVASE DE POBLACIÓN DEL CAMPO A LA CIUDAD. LOS PROBLEMAS URBANOS.


Para Lyons [1987] ha sido un logro del régimen comunista la integración de las regiones rurales chinas en la economía nacional, mediante el desarrollo de los transportes, la unificación político-económica, etc. Un estudio posterior, del mismo Lyons [1993], remarcaba sobre el mismo tema de la integración de las regiones chinas en la economía nacional, en este caso sobre el comercio de granos, mediante el desarrollo de los transportes y la unificación político-económica.
El régimen chino no favoreció al principio el éxodo rural a las ciudades, porque deseaba mantener el equilibrio entre la agricultura y la industria, además de que la Revolución China se había fraguado en el campo, contrariamente al modelo occidental de revolución urbana. Pero los servicios sanitarios, educativos y de vivienda eran mejores en la ciudad que en el campo y ello supuso una continua y perceptible fuente de atracción a las masas campesinas, cuyos hijos más emprendedores ansiaban mejorar su condición. A ello se le unió la política oficial de desarrollar la industria y la minería, con la explotación de nuevos recursos, por lo que se revalorizaron antiguas poblaciones muy pequeñas o se crearon nuevas ciudades al lado de los recursos minerales o energéticos.
Así surgieron (o crecieron exponencialmente) ciudades importantes como Harbin (en Heilongjiang), Anshan (en Liaoning), Changchun (en Jilin), Lanchou (en Gansu), Wuhan (en Hubei), Baotow (en Nei Mongolia). Eran la mayoría pequeñas poblaciones agrícolas, que ahora acogen grandes complejos siderúrgicos, numerosas fábricas modernas, eficientes transportes y comunicaciones, barrios de modernos edificios residenciales. El problema en estas nuevas ciudades es la falta de equipamiento social, de parques públicos, y, sobre todo, la terrible contaminación atmosférica y del agua. Baotow es calificada como la “Birmingham del Gobi”, una ciudad erigida de la nada, que comenzó cuando los ingenieros descubrieron en 1950 grandes cotos de hierro y una gran reserva de carbón.
Curiosamente para los patrones occidentales, en 1955-1964 hubo un éxodo de las ciudades al campo, por la política estatal de fomento del campo, y este fenómeno se repitió en los años 1966-69, durante la Revolución Cultural, pero en la actualidad el éxodo rural es masivo. Hubo en 1958-1964 una descentralización productiva en las áreas rurales, con un freno del crecimiento urbano, pero terminó con el fin de la izquierdista Revolución Cultural.
Knight y Song [1993], estudian las profundas desigualdades económico-sociales entre las regiones rurales chinas, acrecentadas de modo dramático tras la reforma de 1978. Mientras unas regiones acrecientan su riqueza de modo extraordinario, con una apertura industrial y vendiendo productos a las zonas urbanas en expansión, otras zonas están siendo marginadas de este desarrollo y se han convertido en fuentes de emigración rural a las ciudades, para escapar de la creciente pobreza. Además estas zonas subdesarrolladas son las que mayor índice de natalidad sufren.
Lo [1989] ha estudiado el impacto de la reforma rural liberalizadora de 1979 en la estructura espacial, con la gran industrialización en las áreas cercanas a las zonas económicas especiales. El detraimiento de suelo agrícola para dedicarlo a las industrias es uno de los grandes peligros del campo chino en las áreas más pobladas, pues coinciden con las más fértiles. Las casas y las fábricas se están comiendo los campos que deberían alimentar la población.
En el mismo sentido Veek et al. [1989] presentan un estudio profundo de los tres tipos de explotación rural: tradicional, mixta e industrializada (la más cercana a las ciudades, con trabajos de subcontrata) y llegan a la conclusión de que se está produciendo una creciente interpenetración del campo y de la ciudad, con la creación de fábricas y barrios obreros en las zonas rurales, conviviendo con las formas tradicionales de producción agraria.

EL FENÓMENO URBANO.
Reproducimos parte del texto de Molinero sobre la estructura urbana china:
«La ciudad china tradicional tenía un emplazamiento en la llanura, con un carácter de mercado para el sector agrícola que controlaba (el umland), no apareciendo el carácter defensivo, salvo por lo que se refiere a las murallas. Su trazado era totalmente ortogonal, como correspondía a la cosmogonía china. Hoy se conserva ese trazado en algunas grandes ciudades históricas, de las que son ejemplos típicos Pekín, Xián [Hsian), Tianjín o, aunque con anomalías, Chengdu. La situación suele ser interior, no costera, ya que el imperio chino fue siempre continental.
Estas bases cambiaron radicalmente desde finales del siglo pasado, con el auge de los imperialismo, la apertura de China al mercado internacional y la conquista de Manchuria por los japoneses (ocupada desde la guerra ruso-japonesa, que acabó con el tratado de Portsmouth) [un error de Molinero, pues fue retornada a China en 1906, para ser reocupada por Japón desde 1931 hasta 1945]. Surgieron así tres grandes ejes urbanos: un primer eje costero, con ciudades-puerto, que se dedicaron al comercio de exportación, principalmente Shanghái, Cantón, Hong Kong, Macao... Otro que seguía los grandes ríos, con ciudades comerciales y mineras, especialmente en el valle del Yangtsé: Nankín, Wuhan, Chongqing... y, finalmente, el eje de las ciudades manchúes: Anshan, Fushun, Benxi, Shenyang (antigua Mukden), Chanhchung y el puerto de Luda (antigua Dairén).
El desarrollo de estas ciudades se acompañó de de un marchamo claramente occidental: grandes centros mineros, industriales o comerciales, en los que se mezclaban fábricas, chimeneas y barrios obreros con una ausencia flagrante de urbanismo. En Shanghái, por ejemplo, en 1949, un 20% de la población vivía en slums; 200.000 personas se hacinaban en los barrios bajos de Nankín, y los slums de Changsa ocupaban el 77% de la ciudad.
En todas estas ciudades se apoyó el gobierno comunista para llevar a cabo su estrategia de industrialización durante el I y II Plan Quinquenal. De ahí que la primera alineación de ciudades industriales se localice en un eje costero o próximo a la costa: Harbin, Shenyang, Tianjín, Shanghái, Cantón, a las cuales sucede otra más al interior: Shijiazhuan (capital de Hebei), Zhengzhou (capital de Henan), Wuhan y Hengyang (capital de Hunan) y, finalmente, un más occidental: Baotou, Xian y Chongqing, doblada al oeste por Lanzhou y Chengdu, a las que se puede añadir Urumchi.
Con esto se trata de llevar a efecto una política consciente para un desarrollo organizado de todo el territorio nacional, constituyéndose así grandes regiones económicas, que se considera deben ser autárquicas y para ello se les dota de grandes centros -las ciudades-, las cuales deben comportarse como directores de ese desarrollo económico».

Dicho esto, la realidad ha sido muy distinta de aquellos primeros planes, debido a los continuos cambios de la política china. Sólo en el decenio de los 80, se ha vuelto a los planes originarios, al comprobar el fracaso de los sucesivos cambios en los objetivos.
Tras la Revolución las ciudades vivieron un proceso demográfico de altibajos, con una clara división en tres etapas: una primera etapa de expansión urbana y una segunda etapa de éxodo urbano, seguida de una tercera etapa (la actual) de una nueva expansión urbana [nº 18-20].
Antier [1985], en un estudio sobre la evolución del urbanismo en China desde la Antigüedad al presente, con el ejemplo de Beijing y Shanghái, hace una adecuada mención de los cambios del maoísmo y de los problemas de congestión urbana que ha originado la industrialización, el éxodo rural y el aumento natural de la población. Muestra una extraordinaria continuidad del modelo ortogonal, en contraste con el trazado regular de tantas ciudades de Asia Oriental. Este trazado tan regular de las ciudades chinas se entiende porque son el reflejo de un mundo celeste ordenado, con una estricta jerarquía geométrica.
La primera abarca el periodo del I Plan Quinquenal (1953-1957), basado en la expansión industrial. El régimen favoreció la creación de un proletariado urbano que debía consolidar el comunismo. De los oficialmente 77 millones de ciudadanos de 1953 se pasó a 92 millones en 1957 y a los 130 millones de 1960, con graves problemas sociales de congestión urbana, falta de viviendas y servicios, suburbios del tipo “bidonville”, con decenas de millones de personas que no encontraron medios de vida en la ciudad al desintegrarse las estructuras capitalistas. La preocupación por estas consecuencias fue otro factor para el cambio en la política económica en 1958.
2) Entonces, a partir de 1958 y hasta 1964, surge un fenómeno sorprendente en el Tercer Mundo: la “vuelta al campo” o “éxodo urbano”, que había tenido un corto precedente en 1955 (cuando se forzó a retornar al campo a muchos emigrantes). Entre 40 y 60 millones de personas en aquellos años debieron buscar oportunidades de empleo en el campo y además este proceso se incrementó con la ideología de la Revolución Cultural, de 1966 a 1972, cuando la “reeducación” de los intelectuales pasaba por una etapa de trabajo manual en el sector primario. Las ciudades crecieron de modo muy lento, por motivos naturales, sin inmigración. Además las grandes ciudades perdieron población mientras que las medianas crecían de un modo relativamente estable.
3) En la tercera etapa, después de 1972 y sobre todo desde 1979 el proceso se invirtió, gracias a la creciente atracción de las ciudades sobre la población rural. La emigración a las ciudades está estabilizando en los últimos años el crecimiento demográfico de las áreas rurales, excepto en las zonas más atrasadas económicamente, en las que la natalidad sigue siendo alta debido al mantenimiento de las costumbres y de las actividades tradicionales. En el último decenio más de 150 millones de chinos han abandonado el campo para trasladarse a las ciudades, en una sangría a la vez humana y económica porque la mayoría son personas jóvenes y emprendedoras, quedando en el campo los menos adecuados para el desarrollo económico y social.
La política oficial que procuraba un desarrollo organizado y equilibrado de todo el país, ha fracasado, pues la mayoría de los centros comarcales de nueva creación no han conseguido prosperar.
Troillet [1982: 39] cita al diario “Beijing Information” (17-III-1980): «una pequeña aglomeración no puede pretender jugar el mismo papel que una ciudad. Y los esfuerzos de nuestro país orientados desde hace tantos años hacia el desarrollo de los centros comarcales han conducido a más fracasos que a éxitos. En una palabra, es el desarrollo de las grandes ciudades el que proporcionará los medios de sostener las pequeñas». Hay, pues, un reconocimiento del fracaso de la política que pretendía eliminar las diferencias entre el campo y la ciudad, así como se reconoce la práctica imposibilidad de industrializar los medios rurales. «De ahí que las nuevas tendencias en la ordenación territorial del país se apoyen en una jerarquización de las grandes ciudades o metrópolis regionales como motores del desarrollo regional, sin olvidar a las pequeñas ciudades» [Molinero: 457].
El resultado es un campo en crisis y unas ciudades en auge, sobre todo las grandes, que reciben millones de inmigrantes en búsqueda de una vida mejor.
Las estimaciones sobre la proporción de población urbana y rural son muy dudosas. Molinero [454] ha expuesto claramente esta dificultad: «los datos se prestan a serias confusiones en virtud de los cambios administrativos de la propia estructura de las ciudades chinas. En éstas se encuadra un conjunto de comarcas periurbanas, con población dedicada a las actividades agrarias, que puede representar entre un 30% y un 40% de la población urbana oficial. De ahí la gran importancia que tiene la definición que se adopte. Por otro lado, la Administración china redefinió y redelimitó lo urbano en 1984, con lo que las estadísticas son muy confusas, ya que consideran urbana a la población que se encuentra en los límites del perímetro oficial urbano, y que daban unas cifras de 19,4% en 1980 y de 46,6% en 1987 (Pannel, C.W., 1990: 220). Por otro lado, si se descuenta toda la población agraria que habita en el perímetro urbano oficial, las cifras acen enormemente. Así, Ma y Cui dan tan sólo un 15,7% de población urbana para 1984 (Ma, L.y C., y Cui, G., 1987). Por otro lado, parte de la población periurbana trabaja a tiempo parcial en la ciudad, complicando aún más los hechos [...]. Realmente, si de descontara la población agraria que vive en los perímetros urbanos oficiales, las tasas urbanas se reducirían aproximadamente a la mitad».
Estimamos, de acuerdo a la comparación de muchas fuentes, que sólo un 25% de la población vive en ciudades en sentido estricto, porque las estimaciones de que llega a un 45% se basan en asignar al apartado urbano a los habitantes de los municipios que no viven en los núcleos urbanos sino en los núcleos rurales que los rodean (los municipios chinos acostumbran a ocupar cientos e incluso miles de km²). Por ejemplo, el 30% de los habitantes de Shanghái son población rural en realidad y en Beijing llegan al 40% en total. China cuenta con 192 municipios urbanos de más de 150.000 habitantes, pero hay que tener en cuenta que todas las ciudades y capitales de distrito tienen una amplia faja periurbana o rururbana en la que se interpenetran las actividades industriales, artesanales y agrarias, al modo tradicional y que luego se acrecentó con la política autárquica a partir de 1958.
En todo caso, sean 300 o 540 millones de habitantes urbanos, nos encontramos ante el país del mundo con mayor número de habitantes urbanos, con unas expectativas enormes de crecimiento en este grupo.
Podría ser mucho peor pues la política oficial ha penado la migración a las ciudades, pero la urbanización parece inevitable porque la mecanización agraria empuja a millones de personas a ganarse la vida en las ciudades. En 1984 ya había 20 ciudades con más de un millón de habitantes (sólo eran 6 en 1947), 30 con más de medio millón y menos de uno (sólo eran 10 en 1947). Shanghái es la mayor ciudad china (sexta del mundo) y tiene 15 millones en 1995 con una previsión de 23,4 millones en 2015. Beijing es la segunda (octava del mundo) y tiene 12,4 millones de habitantes con una previsión de 19,4 millones en 2015. Tianjín, la tercera, tiene 11 millones con una previsión de 18 en 2015, todas ellas según el informe del Centro de la ONU para los Asentamientos Humanos (Habitat). Las estadísticas oficiales del Estado tienden a reducir drásticamente estas cifras pero son mucho más fiables las de las propias instituciones.
Las capitales de las provincias y regiones autónomas coinciden, salvo excepciones, con las principales ciudades del país, como muestra la estadística adjunta.
Los inmuebles eran construidos hasta hace poco por el Estado y los municipios, sobre un suelo de propiedad social que por lo tanto sólo tenía los costos de la urbanización. Luego eran asignados a las empresas para que los distribuyesen entre los trabajadores con módicos alquileres (el 10% del salario de un jefe de familia, incluidos los gastos de luz y agua). Las viviendas oficiales son pequeñas: entre 5 y 18 m2 por persona. Gavinelli y Gibelli [1979: 244] confirman estas miserables condiciones de las viviendas, con tres niveles, según las provincias y las ciudades, que oscilan entre los 18 m2 por personas a sólo 5 m2, con una media que según Troillet [1982: 37] está sobre los 5 m2 en 1980. Listengurt [1974: 135], explica como las viviendas estatales, les cuestan a los obreros entre el 3 y el 5% de su salario mensual, más los gastos de mantenimiento, que lo elevan al antes referido 10% de media. Listengurt describe un tipo básico en los nuevos barrios residenciales, como el banlieue de Shanghái, tiene dos o tres habitaciones, con cocina, WC, agua corriente y electricidad, pero este modelo de vivienda estaba entonces limitado a unos pocos privilegiados.
Pero en los años 80 la situación cambió al proliferar miles de empresas privadas de construcción que, después de comprar el usufructo de los terrenos, han construido millones de viviendas. Hoy pueden encontrarse viviendas unifamiliares en apartamentos lujosos y chalets en los alrededores de las ciudades, aunque por precios exorbitantes para los magros salarios de la población común. Sus beneficiarios son los nuevos empresarios chinos, que asimilan los gustos de los ejecutivos y los técnicos extranjeros.
Para conocer las desigualdades sociales en la vivienda, Pudney y Wang [1995] estudian la distribución de las viviendas entre los habitantes de dos provincias chinas, buscando los datos de viviendas familiares. La conclusión es que hay una brutal equivalencia entre el nivel de la renta familiar y la vivienda, con muy escasa redistribución de la vivienda de acuerdo a las necesidades familiares. Un soltero rico tiene asignada una vivienda que puede ser mayor que la de una familia numerosa con menor nivel de renta.
Algunos estudios (tal vez demasiado oficiales o “comprometidos”) apuntan, sin embargo, a que China ha logrado evitar la aparición de suburbios miserables, la especulación urbanistica y los peores problemas de viviendas, infraestructuras y servicios. Ejemplo de ello es el texto del propio Molinero [458]:
«las ciudades chinas no sobresalen por los grandes conjunto arquitectónicos, debido a la pobreza de medios, pero sí por el carácter de su urbanismo, basado en la propiedad social del suelo. De este modo, los complejos residenciales nuevos se localizan en los alrededores de las ciudades, tanto más alejados del centro cuanto más contaminantes sean las industrias que los acompañan. Pero el espacio industrial y el residencial quedan separados por zonas verdes. Los grandes complejos residenciales, que cuentan entre 5.000 y 25.000 habitantes, constituyen el elemento básico de la planificación y crecimiento urbano en las ciudades en expansión. Normalmente responden a planos perfectamente ordenados, en los que sólo se ocupa para la construcción alrededor del 30% de la superficie, dejando un abundantísimo espacio libre para vías, zonas verdes, servicios recreativos... Los edificios suelen tener entre 3 y 6 plantas y desde el momento de su construcción quedan dotados con equipamientos comerciales, culturales y sociales. También se tiende a asentar en ellos las actividades económicas de tipo artesanal o similares, a fin de evitar al máximo los desplazamientos de población, de manera que el complejo residencial junto con las fábricas constituye una unidad cerrada.
Frente al complejo residencial están surgiendo nuevos barrios céntricos, construidos sobre los solares de antiguas casas de planta baja deterioradas. Así, la densificación del tejido urbano, sustituyendo las pequeñas casas degradadas por edificios en altura, ha adquirido carta de naturaleza en todas las ciudades históricas».

Pero esta descripción casi paradisíaca, que se correspondería a una ciudad-jardín inglesa o un modelo de Le Corbusier, apenas se corresponde con la realidad, salvo la remota excepción de algunos polígonos modelo para miembros del Partido.
Para desmentir estas tesis nos referimos al estudio de Kirkby [1986], profesor de la universidad inglesa de Sheffield, que ha dedicado cuatro años al estudio del urbanismo contemporáneo en China, al principio seducido por la idea de que se estaba desarrollando una utopía, con la propiedad social del suelo, sin especulación capitalista, con servicios comunes de guardería y cocinas entre otros, en lo que sería un modelo de urbanismo para el futuro de la Humanidad.
Pero al final quedó completamente desilusionado, por los pavorosos problemas del urbanismo chino, incapaz de solucionar mínimamente las lacras sociales. No se ha erradicado el problema del hacinamiento de los recién llegados a las ciudades en chabolas que se juntan en grandes barrios de “bidonvilles”, mientras que millones de los antiguos habitantes permanecen en los masificados barrios centrales, donde gozan de mejores servicios y oportunidades de empleo, a cambio de viviendas con tres o cuatro metros cuadrados por habitante, que no desean abandonar porque el desplazamiento desde los barrios periféricos sería muy costoso en tiempo debido a los malos transportes y comunicaciones.
En las ciudades el problema de la especulación urbanística ha estallado aproximadamente desde 1990, con un encarecimiento escandaloso del suelo, cuyo máximo ejemplo es Shanghái. El gobierno chino, a pesar de las buenas intenciones, dedicó la mayor parte de las inversiones al desarrollo económico, consideran al sector de vivienda como improductivo, por lo que pronto hubo un estrangulamiento en el sector industrial del cemento y de los materiales de construcción, con lo que la población recién llegada a las ciudades debió hacinarse en condiciones infrahumanas.
Kirkby también destaca la importancia de la fuerte expansión urbana en la primera etapa de industrialización (1953-1957), con un largo parón, hasta la actualidad, cuando hay un nuevo proceso de urbanización, coincidente con el desarrollo industrial.
Beijing, Shanghái, Guangzhou y las ciudades que rodean a Hong Kong se están desarrollando aceleradamente, gracias a la liberalización económica, las fuertes inversiones públicas y extranjeras, y el éxodo rural.
Ha sido este un desarrollo con enormes injusticias sociales, que ha agravado todavía más la situación en los barrios de chabolas, que ha dejado sin resolver las carencias de suministro de agua potable, del alcantarillado, de la recogida de basuras, de los parques y jardines públicos, del transporte colectivo, etc.

3. LA SOCIEDAD EN TRANSFORMACIÓN: EL CAMBIO DE MENTALIDAD DEL COMUNISMO AL CAPITALISMO, DE LO COLECTIVO A LO PRIVADO. LA ADAPTACIÓN DE LA FAMILIA. LA DESINTEGRACIÓN DEL ESTADO.
 R. Terrill [1991] y otros muchos periodistas, exploran las tensiones culturales e ideológicas en la China actual y nos muestra un cambio sociológico acelerado, de tremenda intensidad y velocidad, con la adaptación de los jóvenes chinos a los modos occidentales, como asimismo ocurre en toda Asia. Libros clásicos y extranjeros, películas occidentales, discos de música clásica, la música rock en la discoteca por la noche, fiestas de lujo con orquestas norteamericanas, la mejor moda en el vestir, consumismo a tope, el golf en campos privados (el empresario Chen Chubo ha construido uno de 10 millones de dólares con los beneficios de sus hipódromos), el juego (legalizado, como demuestra el auge de las apuestas hípicas), las playas de TsingTao y Dalien en verano, las mismas drogas incluso. El mundo se está uniformizando culturalmente y China está dando pasos acelerados hacia la aculturación.
Debemos preguntarnos si China conseguirá mantener su cultura tradicional, como sí lo ha conseguido Japón o ésta sólo restará en algunas zonas rurales atrasadas. Las religiones occidentales están resurgiendo como un modo de libertad pero también como una moda que infunde prestigio social, “occidentalismo”. Confucionismo, budismo y taoísmo están también recuperando espacio y libertad para manifestar sus ritos y creencias, pero parece como si ello fuera algo superficial en las ciudades, tan enteramente dedicadas al consumismo, al materialismo.
La juventud formada en las universidades puede considerarse plenamente equiparada en formación e ideales de progreso a la japonesa y muestra una gran agresividad empresarial, una ansía de bienestar económico, siguiendo la máxima de que “El dinero lo es todo”, y no desea emigrar fuera del país sino que considera que puede conseguir las más altas cotas de bienestar en la misma China, gracias a que hay muchas oportunidades y falta personal preparado. Muy distinta es la situación de la mano de obra poco formada profesionalmente y que ha fracasado en sus primeros intentos en la ciudad, que en parte procura emigrar al extranjero, buscando nuevas oportunidades.

LA FAMILIA.
Continúa el apego chino por la familia, considerada una estructura sagrada, que soluciona los problemas económicos de sus miembros más lejanos y mueve sus hilos para darles o descubrir trabajo para ellos. Los jóvenes siguen casándose sin apenas excepción, en gran parte por salir de casa y escapar de la férrea vigilancia paterna, pero ahora escogen a sus parejas “por el amor”, una palabra que representa un hallazgo prodigioso, desconocido históricamente en China, cuando el matrimonio era un contrato económico y social, aunque ello conlleva un aspecto negativo y es que la valorización del matrimonio por amor choca con la dificultad de encontrarlo y mantenerlo así que las parejas se divorcian en mucha mayor medida que antes, yendo a la búsqueda de la nueva pareja “por amor”.

DROGAS Y DELINCUENCIA
Las drogas se extienden como una calamidad. De las miles de ejecuciones cada año en China una de las causas fundamentales es el tráfico de droga, sobre todo en la provincia sureña de Yunnan, cerca de la frontera con Hong-Kong, Macao, Tailandia y Birmania. En las áreas rurales más apartadas el cultivo del opio, su refinado y su tráfico en el mercado interior y exterior es una fuente de riqueza demasiado fácil para un amplio grupo de personas. Las sentencias a muerte siempre aducen esta motivación: son un “grave peligro para la sociedad”. La ejecución es pública, se desea que ejemplarizadora, masiva (a veces con decenas de ejecutados en el mismo momento), portando un letrero con la identificación y el delito, de un tiro en la cabeza por detrás, pagando la familia los gastos de la ejecución y del sepelio. La lectura del diario Yunnan Daily es cada mes una fuente de primera mano sobre el tráfico de drogas y su represión.

LA MORAL SEXUAL
Otro ensayo sobre el tema del cambio sociológico, de Siu [1995], nos informa sobre los efectos de las reformas en los años ochenta y las relaciones entre el Estado y la sociedad desde un punto de vista antropológico, con el impacto de la Revolución y sus vicisitudes entre la población. Hoy el amor o la libre decisión de los jóvenes han sustituido al convenio familiar a la hora de encontrar pareja en el matrimonio. Hay una clara apertura sexual en la juventud, con una liberación sobre todo en la Universidad y en las ciudades. Hay una escasa permisividad sexual en la sociedad china “oficial”, pero en la sociedad “real” esto está cambiando de modo muy rápido. Sin duda sigue estando muy mal visto por el régimen comunista el tener relaciones prematrimoniales o adúlteras (aunque la población le ha perdonado esto a su heroína Gong Li), porque se entiende en general que la familia es una unidad básica del Estado. En consecuencia había también una escasa presencia de prostitución en la sociedad interior (para los parámetros occidentales), pero en los últimos años comienza a romperse este tabú: los cuadros del Partido consideran la prostitución como una “actividad tradicional” y en las tres mayores ciudades hay decenas de miles de muchachas del campo que se prostituyen en público o en los hoteles para los turistas y los nuevos empresarios o altos cargos chinos y muchas después de ahorrar los suficiente vuelven al pueblo o se instalan definitivamente en la ciudad para invertir en un negocio y casarse, pues son muy apetecidas como esposas y la prensa alaba sus hazañas económicas lo que demuestra que en la sociedad tradicional la economía es un factor esencial en las decisiones familiares [“El País” (16-X-1995) 26]. Los karaokes asiáticos se han convertido en burdeles bis, con toda clase de servicios sexuales bajo la cobertura de sus actividades musicales. El mismo Ejército Popular de Liberación, como tal ente jurídico, tiene inmuebles dedicados a burdeles para los extranjeros y la burguesía, como uno de sus más lucrativos negocios, con la ventaja de autoprotegerse el negocio. De hecho, las Fuerzas Armadas son un grupo de poder muy influyente, decidido a mantener sus mejoras de nivel de vida y potencialmente agresivo, decisivo en la lucha por el poder entre bastidores a la muerte de Deng.


No hay comentarios: