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viernes, 6 de julio de 2018

Dosier: Las migraciones y los refugiados en el mundo.

Dosier: Las migraciones y los refugiados en el mundo.

Resultado de imagen de migraciones y refugiados en el mundo

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Gemma Pinyol, directora de políticas migratorias y diversidad en Instrategies e investigadora asociada en GRITIM-UPF, sostiene en Otro paradigma migratorio [“El País” (6-VII-2018)] un enfoque humanista, global y multinivel sobre el fenómeno mundial de las migraciones y los refugiados:
‹‹En muchos países, la securitización de las migraciones —entendiendo así el convertir a las mismas en un fenómeno percibido como amenazador por buena parte de la ciudadanía— ha derivado en una fortificación de sus fronteras, una externalización de su control y un incremento de los espacios de vulneración de derechos de las personas que se mueven. Sin restar importancia a la gestión fronteriza, ha supuesto privarnos de los debates apremiantes que deberíamos estar teniendo sobre las políticas de inmigración y asilo en la UE.
Apremiantes no porque haya una crisis migratoria, sino porque hay una crisis política y de gestión que ha encontrado en las migraciones un catalizador de profundas desafecciones surgidas durante la crisis económica. Esta utilización de la inmigración para alentar miedos difusos no es nueva, pero ahora es especialmente incomprensible, porque se contradice con los datos y estudios disponibles. Esta desconexión entre la opinión construida y la opinión fundamentada explica por qué no se están afrontando los debates que deberían tenerse en materia migratoria.
Se ha construido un imaginario que percibe los flujos migratorios globales como un fenómeno populoso de carácter irregular, que tiene como destino El Dorado de los países más desarrollados. Sin embargo, las cifras nos indican que los 246 millones de migrantes son menos del 4% de la población mundial, una proporción sostenida en las últimas décadas y menor que en otras épocas. También nos muestran que las migraciones tienen carácter regional y que es en el sur donde mayor dinamismo existe.
Se perciben como una amenaza desordenada, sobreestimando en muchas ocasiones la irregularidad, y se ofrecen respuestas discutibles. Se habla de luchar contra sus causas profundas para reducir los flujos, sin atender el carácter complejo de la relación entre migración y desarrollo, y que las investigaciones demuestran que no existe una correlación generalizable entre mayor desarrollo y menor emigración. Y se afirma que las migraciones pueden pararse cerrando las fronteras, o creando espacios fortaleza como el que la UE lleva años intentando construir con cantidades ingentes de recursos. Hacer creer que son posibles las políticas de inmigración cero o la impermeabilidad absoluta de las fronteras tiene enormes costes políticos cuando no se responde a las expectativas.
Desde otras posiciones no-securitarias, se usan igualmente argumentos que presuponen en la inmigración la solución al envejecimiento o a la sostenibilidad de los sistemas de pensiones en los países de destino, lo que tampoco se sostiene con datos generalizables. ¿Qué falta en estos debates? Nada que la opinión estudiada no lleve años apuntando. Para empezar, un cambio de paradigma que supere la mirada securitizada de las migraciones y plantee las mismas como un fenómeno transversal y complejo, que no por ello problemático. Hablamos de un fenómeno que requiere de una mayor corresponsabilidad entre territorios de origen, tránsito y destino, y de una mejor gobernanza multinivel.
Es necesario entender que la promoción de vías de acceso seguro tiene mayor impacto en la reducción de la irregularidad que el gasto fronterizo. Aquí se podría discutir qué instrumentos parecen los más adecuados; Llenar la agenda de cuestiones como visados de búsqueda de empleo, contingentes, remesas, migración en familia en lugar de reagrupación familiar o resolución de conflictos, ya sería un gran paso. Esto debe hacerse a nivel local y a nivel global para responder con una mirada multinivel que asuma un nuevo diálogo migratorio.
Hablar de instrumentos de integración e inclusión, que fomenten una mayor interacción de las diversidades en nuestras sociedades, también es clave. Reconociendo los retos y respondiendo a las dificultades. Y luchando contra la discriminación y los discursos de odio, porque eso significa hablar del modelo de sociedad que queremos ser.
Parece imprescindible, para resolver una crisis que no lo es, que se supere esta polarización entre opinión creada y fundamentada en el debate migratorio está encajado. Es necesario para reforzar una gobernanza que permita desmantelar discursos populistas e indispensable para evitar debates tóxicos e improductivos que sólo alientan la cronificación de malestares, vulneraciones y conflictos en nuestro futuro cercano.››

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Más de 150 países aprueban el Pacto Migratorio mundial de la ONU (11-XII-2018). Agencia EFE.

El editorial Un primer paso [“El País” (27-XII-2018)] urge a la colaboración internacional para humanizar las migraciones, que son inevitables, y el acuerdo de la ONU, aunque no unánime es un gran avance:
‹‹La historia de la humanidad es el relato de una larga migración, un movimiento que se ha ido acelerando conforme lo permitían los medios técnicos. Entre 1820 y 1920, 60 millones de europeos cruzaron el Atlántico en busca de un futuro en América gracias a las mejoras en la navegación. Actualmente, según calcula la ONU, 258 millones de personas viven fuera de su país de nacimiento (el 3,4% de la población mundial), una cifra que, sostiene la organización, crecerá en los próximos años a causa de la desigualdad, el cambio climático, los conflictos, pero también la interconectividad que facilita los desplazamientos de personas. La migración es un fenómeno internacional, que solo logrará racionalizarse y, sobre todo, humanizarse en un marco global. Por eso, es bienvenido el pacto migratorio de la ONU, adoptado en diciembre por 165 países de los 193 que integran la ONU.
El documento representa solo un primer paso, que no instaura ningún derecho a migrar, sino que recalca los derechos humanos de todos los migrantes con independencia de sus papeles. También llama a que no sean detenidos sin motivo o a que los menores gocen de una protección especial, una absoluta necesidad que no está actualmente garantizada. El pacto no es vinculante, no obliga a ningún Estado firmante. Sin embargo, el acuerdo ha provocado protestas violentas, incluso ha llegado a romper el Gobierno de Bélgica y ha sido rechazado por Estados que le reprochaban ideas que ni siquiera incluía. Los principales países gobernados por nacionalistas, o que tienen una importante influencia ultraderechista, lo han denostado, entre ellos Estados Unidos, Australia, Italia, Hungría, Polonia o Austria. Sus argumentos, que tantos réditos electorales les han dado, se basaban casi siempre en informaciones falsas que, por eso mismo, resultaban casi imposibles de rebatir.
La UE se ha mostrado muy dividida en un tema que socava sus consejos y que ha creado una situación caótica en el Mediterráneo, ya que los Estados que deberían recibir a los barcos que han rescatado migrantes se niegan a acogerles, incumpliendo la ley y la lógica. Estados Unidos ni siquiera ha querido participar en las negociaciones, lo que no es de extrañar dado que su presidente, Donald Trump, se ha mostrado directamente cruel con los inmigrantes.
La historia enseña que la inmigración nunca se detiene y que las grandes crisis provocan enormes movimientos: la hambruna de la patata en Irlanda puso a un millón de personas en el mar (sin que hubiera que sufrir los miles de náufragos y ahogados que hoy día, con una tecnología muy superior, nos sobrecogen) y, al igual que la guerra de Siria provocó en 2015 una oleada de millones de personas en huida, la violencia, la pobreza y la sequía han desencadenado a finales de este año una caravana que ha recorrido Centroamérica hasta la frontera con EE UU. Un pacto migratorio mundial puede ayudar a controlar estas mareas humanas que, de todos modos, ya existen.
Esto no significa volver a situación en vigor durante el siglo XIX y una parte del siglo XX, cuando bastaba con no tener una enfermedad contagiosa para instalarse en EE UU o América Latina. Tampoco prevé que los inmigrantes, una vez instalados, puedan saltarse la ley del país en el que residen. Resulta especialmente irritante que un país como Estados Unidos, formado por emigrantes, e Italia, donde la emigración forma parte de su identidad y su cultura, encabecen el rechazo a un acuerdo contra un fenómeno sin el que no existirían.

Solo el trabajo conjunto entre los Estados que producen emigrantes y los que los reciben puede ayudar a racionalizar los flujos migratorios. La cooperación para mejorar las condiciones de vida de los países más pobres ralentizará, pero no detendrá el movimiento. Y es además lo deseable porque los países necesitan inmigrantes. Alemania acaba de anunciar que busca a 1,2 millones de trabajadores cualificados, mientras que la salud de la pirámide demográfica española depende de los que vienen de fuera. Como escribió el dramaturgo suizo Friedrich Dürrenmatt: “Tristes estos tiempos en los que hay que luchar por lo obvio”.››

FUENTES.
Internet.

Noticias. Orden cronológico.
Sosa Troya, María. Las guerras fuerzan el desplazamiento de 42.500 personas al día. “El País” (19-VI-2015) 5. En 2015 había 59,5 millones de refugiados.
Ayuso, Javier. Un éxodo de 60 millones de refugiados. “El País” (13-IX-2015) 6-7. Excelente resumen, con gráficos muy instructivos.
Vicente, Álex. La cultura mundial alza la voz por los refugiados. “El País” (20-III-2016). Artistas e intelectuales como Ai Weiwei, Kapoor, Banksy, Cantet… promueven acciones para denunciar el problema.
Criado, M. Á. Los refugiados dan el doble de lo que reciben. “El País” (20-VI-2016). Por cada euro de ayuda, generan dos para la economía local, según un estudio en tres campos en Ruanda.
Altares, G. Acogerse a sagrado. “El País” Ideas 91 (5-II-2017). Peligra el derecho de asilo con la política egoísta de Trump.
Piscitelli, Giulio. El éxodo eterno. “El País” Semanal 2.107 (12-II-2017). Reportaje fotográfico sobre la aventura de los inmigrantes hasta llegar a Europa.
Galarraga, Naiara; Delle Femmine, Laura. Filippo Grandi / Alto comisionado de Acnur. ‘Respetar la ley de refugiados no implica una catástrofe electoral. Mire a Macron’. “El País” (16-VI-2017).
Delle Femmine, Laura. El número total de refugiados en el mundo macó un récord en 2017 con 25,4 millones. “El País” (19-VI-2018).
Galarraga, N. La batalla política y legal del Mediterráneo. “El País” (21-VI-2018).
Criado, M. Á. Los refugiados generan riqueza, ingresos por impuestos y empleo en los países de acogida. “El País” (21-VI-2018).
Peregil, F. La ONU denuncia la deportación masiva de migrantes por Argelia. “El País” (27-VI-2018). Miles de subsaharianos son abandonados en el desierto cerca de Níger.
Martín, M.; López-Fonseca, Ó. España autoriza al ‘Open Arms’ a desembarcar en Barcelona a 60 rescatados. “El País” (1-VII-2018). Italia y Malta se negaban a acogerlos.
Martín, M. Un grito de súplica: “¡Libia no, Libia no!”. “El País” (2-VII-2018). Los refugiados del ‘Open Arms’ explican su sufrimiento en Libia.
González, Sara. Cómo localizar a parientes extraviados en la guerra. “El País” (16-VII-2018).
Carbajosa, Ana. El pacto migratorio, nuevo campo de batalla populista. “El País” (29-XI-2018). El acuerdo migratorio de la ONU, no vinculante, es rechazado por EE UU, Austria, Hungría, Polonia, Israel o Australia.

Peregil, F.; Blanco, S. El pacto migratorio de la ONU se convierte en blanco del nacionalismo. “El País” (10-XII-2018).

Opiniones. Orden alfabético.
Altares, Guillermo. Menos derechos, menos humanos. “El País” (22-VI-2018). La crisis migratoria muestra el retroceso de los derechos humanos en muchas potencias.


Balibar, Étienne. Por un derecho internacional de acogida. “El País” (21-X-2018). Filósofo y profesor emérito de la Universidad de París-Oeste.

Bassets, Lluís. Catálogo de iniquidades. “El País” (21-VI-2018). Los gobiernos xenófobos de EE UU, Hungría, Italia o Birmania compiten en abusar de los refugiados.

Bauman, Zygmunt. Mensajeros de la globalización. “El País” Ideas (1-XI-2015) 8-9. Reflexión sobre los refugiados e inmigrantes.


Editorial. Un primer paso. “El País” (27-XII-2018). Urge la colaboración internacional para humanizar las migraciones, que son inevitables, y el acuerdo de la ONU, aunque no unánime, es un avance.

Esono, Andrés. Las crisis humanitarias que vienen. “El País” Ideas (13-XII-2015) 11. Las dictaduras africanas colapsarán y millones de refugiados escaparán, ¿dónde?

Galarraga, Naiara. Hipocresías y logros del derecho de asilo. “El País” (18-III-2016).

Galindo, Jorge. Ampliar la democracia. “El País” (28-VI-2018). Los refugiados deben tener protección de sus derechos.


Martín, María. Filippo Grandi / Alto comisionado de Acnur. ‘Cerrar Europa a los refugiados sería abdicar de todos nuestros valores’. “El País” (30-XI-2018). Afirma que “protegernos de los que vienen en vez de protegerlos es una manipulación”.


Montero, Rosa. Fronteras. “El País” Semanal 2.180 (8-VII-2018). La escritora reivindica la solidaridad con los refugiados y se opone a la xenofobia.

Naím, Moisés. Diásporas; algunas salvan, otras matan. “El País” (3-XII-2017). Las diásporas (dispersión o éxodo de pueblos o grupos) son ambivalentes: algunas ayudan en la distancia a sus países a progresar (las remesas), otras alimentan conflictos (financiaron el terrorismo del IRA o los tamiles).

Naïr, Sami. Refugiados. Frente a la catástrofe humanitaria, una solución real. Crítica. Barcelona. 2016.
Naïr, S. La xenofobia banal. “El País” (24-IX-2016).
Naïr, S. Demografía y migraciones futuras. “El País” (23-VI-2018). Los movimientos migratorios, los ‘flujos demográficos’, continuarán.


Panella, Clara. Refugiados climáticos. “El País” (23-X-2018).

Pinyol, Gemma. Otro paradigma migratorio. “El País” (6-VII-2018).

Terrón, Anna. Para reforzar el sistema de asilo. “El País” (20-VI-2017).


Vargas Llosa, Mario. La marcha del hambre. “El País” (11-XI-2018). Solo una mayor democracia acabará con las causas que llevan a las masivas migraciones.

Vidal-Folch, Xavier. Inmigrantes: cómo hacer. “El País” (25-VI-2018). Dos ejemplos positivos de cómo integrar a los inmigrantes: Hamburgo y Saint-Dennis (afueras de París).


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