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martes, 4 de noviembre de 2014

HMC UD 02. La Revolución Francesa.

HMC UD 02. LA REVOLUCIÓN FRANCESA.
Charles Dickens comienza con un párrafo inmortal su famosa novela Historia de dos ciudades: ‹‹Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo.››

1. Liberalismo y nacionalismo en la Francia de fines del siglo XVIII.
2. Los inicios de la Revolución Francesa (1789-1792).
3. La Primera República Francesa (1792-1799).
Dosier: Las mujeres y la Revolución Francesa.
4. El período napoleónico (1799 hasta 1815).

1. Liberalismo y nacionalismo en la Francia de fines del siglo XVIII.
El liberalismo francés, como ideología política y económica, surgió durante el siglo XVIII a partir de las ideas de los pensadores ingleses como Locke y los propios ilustrados franceses Montesquieu, Rousseau, Voltaire y otros.
Defendía que la sociedad debe ser un conjunto de ciudadanos libres, a los que el Estado debe garantizar los derechos y libertades fundamentales.
El sistema político liberal se fundamenta en:
• La nación es el conjunto de ciudadanos, poseedores de la soberanía nacional, que realizan en unas instituciones representativas con su voto (o sufragio), a través de partidos políticos. Esto contraría la idea de la monarquía absoluta de derecho divino.
• La separación de poderes para evitar su concentración en una misma persona. Así hay tres grandes poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. El poder ejecutivo aplica las leyes, y recae en el Gobierno (y al rey al principio del liberalismo). El poder legislativo elabora las leyes, y recae en el Parlamento. El poder judicial garantiza la aplicación de las leyes y sanciona a los infractores, y recae en los tribunales de justicia.
• Una Constitució, a poder ser escrita, como en Estados Unidos de América, que recientemente se había independizado y promulgado un avanzado texto constitucional. elaborado por el Parlamento como representación de la soberanía del pueblo. La Constitución es así la ley suprema, que garantiza los derechos y libertades fundamentales, fija los límites de los poderes y regula las relaciones entre los poderes del Estado, y las de éstos con los ciudadanos.
• Defiende la propiedad y la libertad económica como derechos fundamentales, fundamentando así que el Estado no debe intervenir en los asuntos económicos y debe garantizar el libre mercado, dentro de unos límites fijados por el Parlamento.

1.2. La revolución liberal.
La Revolución Francesa fue una revolución liberal, impulsada por los burgueses que cambiaron la monarquía absoluta del Antiguo Régimen por un régimen liberal, que inicialmente tomó la formas de una monarquía parlamentaria constitucional en 1791 y de una República dos años m´ças tarde.
El nuevo Estado liberal se definía por la división y limitación de los tres poderes, la garantía de los derechos individuales, y la soberanía nacional, realizada en el voto, que podía ser el censatario los más ricos (al principio sólo los burgueses y grandes propietarios de tierras), o el universal, que fue el que se ganó finalmente.

1.3. Los ideales nacionalistas.
Francia a finales del siglo XVIII era probablemente el Estado más poderoso del continente europeo, con un imperio colonial muy reducido tras las derrotas frente al Reino Unido, pero todavía valioso, y la idea la nación francesa se había fortalecido notablemente por entonces, basada en una lengua (aunque subsistían otras lenguas en la periferia y muchos dialectos regionales en las regiones del interior), una religión dominante (la cristiana católica), una larga historia común y un creciente sentimiento de comunidad.
Es preciso señalar que el nacionalismo es una ideología política, que defiende el derecho de las naciones a crear su propio Estado y ejercer la soberanía sobre su territorio. Concluye que toda nación tiene derecho a tener un Estado, coincidiendo así como Estado-nación, que puede ser independiente, o integrado en un Estado federal o confederado.
Hay que definir estos dos términos.
Estado es una organización política y administrativa con soberanía sobre un territorio definido por fronteras y sobre su población.
Nación es un conjunto de individuos, que tienen uno o varios lazos que los unen: religión, lengua, costumbres, economía, historia.., y sobre todo la voluntad de vivir en común.
En suma, Francia cumplía con todos los atributos esenciales de la nación.

2. Los inicios de la Revolución Francesa (1789-1792).
La Revolución Francesa se extiende por un período que, convencionalmente, se considera iniciado con la formación de los Estados Generales el 5 de mayo de 1789 y terminado con el golpe de estado del 18 de Brumario, el 9 de noviembre de 1799. Fue el principio del fin del Antiguo Régimen y significó el ascenso al poder de la burguesía, la clase emergente desde hacía siglos, pero que había sido arrinconada por la monarquía, la aristocracia y el clero del sistema estamental.

2.1. Las causas de la revolución.
Francia tenía unos 25 millones de habitantes. De las dos clases dominantes, la nobleza, dividida en dos grupos (de sangre y de toga) y en varios niveles, sumaba unas 400.000 personas, y el clero unas 100.000. El Tercer Estado lo componían más de 20 millones de campesinos (una minoría de propietarios y una mayoría sin tierras que vivían en la miseria), la burguesía no llegaba al millón y el resto eran proletarios. La principal ciudad era París, que concentraba el poder político y las industrias del lujo y contaba con más de 700.000 habitantes, seguida de las ciudades del comercio marítimo Nantes, Marsella, Burdeos, y de Lyon con su industria textil.
La causa última de la Revolución fue que la economía, aunque era todavía agraria y artesanal, y la sociedad habían avanzado notablemente durante el siglo XVIII, en el que aumentó el poder social de la burguesía y al mismo tiempo la Ilustración había cambiado la ideología de las élites, pero la evolución política había sido casi nula y esta contradicción se había resolverse mediante una reforma a la manera británica, o estallar en una revolución, como fue el caso en Francia.
Entre las causas inmediatas figuran la crisis financiera del Estado, arruinado por la elevada deuda, la guerra de Independencia de los EE UU y el lujo de la Corte, la negativa de las clases privilegiadas, es decir la aristocracia y el clero, a pagar impuestos ya compartir el poder, las malas cosechas de 1788, con un fuerte aumento del precio del pan y la terrible hambruna del invierno, que elevaron la mendicidad a 10 millones de pobres solemnes, de ellos 3 millones de mendigos; el bandidaje que aumentó en el campo y las ciudades; que la aristocracia acaparaba los alimentos y oprimía con su soberbia a los no privilegiados, y el desprestigio del matrimonio real de los débiles e incapaces Luis XVI y María Antonieta de Austria.
Los reformistas veían que la única solución eficaz era que las clases privilegiadas participaran en los impuestos, por lo que era necesaria su aprobación.

2.2. Las fases de la revolución.
La Revolución vivió varias fases. En resumen, los nobles fueron los primeros revolucionarios contra el absolutismo del poder real, aunque no deseaban la igualdad fiscal y legal, por lo que pronto fueron desbordados por la burguesía en 1789 y, más tarde, por las clases populares (1792-1794), hasta que la burguesía logró hacerse definitivamente con el poder en 1794 y luego estabilizar los logros de la Revolución bajo la dictadura de Napoleón en 1799, acaecida en Imperio en 1804.


Primera fase. Son los inicios de la Revolución (1789-1791), con la revuelta de los Privilegiados, revueltas populares en París y el campo, y la Asamblea Constituyente. El Juramento de constitución en Asamblea Nacional, la caída de la Bastilla (14 de julio 1789) y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (26 de agosto 1789) fueron los primeros acontecimientos más importantes. La Declaración reconocía la soberanía de la nación y los derechos de libertad, propiedad, seguridad y resistencia contra la opresión. Los líderes más importantes del período fueron Mirabeau, Sieyès y La Fayette.
Segunda fase. La fase en que manda la Asamblea Legislativa (octubre 1791-agosto 1792), aunque moderada, y está marcada por una guerra contra las potencias absolutas y la caída de la monarquía el 10 de agosto de 1792, sustituida por la República en septiembre. El 20 de septiembre los invasores eran rechazados en Valmy y la Revolución se salvó, pero más radical. Los dirigentes más importantes fueron Danton, Robespierre y Marat.
Tercera fase. La fase exaltada de la Revolución (agosto 1792-julio 1794), con una Convención o Asamblea republicana (dividida en Monte radical, Gironda moderada y Plana centrista). Siguió la ejecución del rey (21 de enero de 1793), lo que provocó una guerra general (contra Inglaterra, España, Prusia, Holanda, Austria, Piamonte), seguido de la revuelta realista de la Vendée a partir de mayo de 1793 por Terror (mayo 1793-julio 1794), un período radicalismo revolucionario, impuesto por el partido de la Montaña jacobina y sus dirigentes Robespierre, Saint-Just y Marat, que dominaban el Comité de Salvación Pública y los sans-culottes del pueblo. Los radicales ganaron los enemigos externos ya las rebeliones en los departamentos de los moderados, y ejecutaron a muchos contrarrevolucionarios, pero pronto empezaron a eliminar a los moderados (Danton) y los radicales extremos (Hébert), con lo que el miedo de todas las previsibles víctimas futuras hace forjar una coalición moderada (en el Termidor) y los líderes jacobinos fueron depuestos y ejecutados (28 de julio).
Cuarta fase. La reacción termidoriana (julio 1794-1799) liquidó a los radicales y fue encarnada por un Directorio que representa el triunfo de la moderación burguesa, que tras el golpe de Estado del 18 de Brumario (9 noviembre 1799), continúa en el periodo Imperio, que comienza con el Consulado tripartito, que dará pronto paso al consulado único de Napoleón y luego a su Imperio (1804-1814). Pero 1799 es el fin de la Revolución. Lo mismo Napoleón dijo entonces: “La Revolución ha concluido”.

2.3. El estallido revolucionario.
Dado que el Estado estaba en práctica quiebra, en 1787 el primer ministro Calonne (el sucesor de Necker) convocó a la Asamblea de Notables, por primera vez en dos siglos, la cual, reunida en febrero de 1788, sin embargo se opuso al rey (por ello se llama la revuelta de los Privilegiados) y se negó a votar impuestos sobre las clases privilegiadas, y pidió la convocatoria de los Estados Generales, la única vía legal para subir los impuestos. De este modo, ya en 1788 las propias clases privilegiadas abrieron el camino a la Revolución que no habían previsto.
Después de un fracasado ministerio de Brienne, el rey nombró primer ministro de nuevo a Necker (mayo 1788-1789), que intentó unas moderadas reformas y se apoyó a la burguesía durante el duro invierno de 1788-1789 mientras desde el 5 de mayo discutían los constituidos Estados Generales sin ponerse de acuerdo. Los privilegiados no aceptaban una mayor representación del no privilegiados, los del Tercer Estado, que también querían un voto personal y no agrupado por estamentos, con la intención de dividir a los estamento privilegiados. Finalmente, los representantes del Tercer Estado y sus partidarios reformistas de los otros dos estamentos abandonaron la reunión, y se reunieron en un pabellón de Versalles, el Jeu de Paume, el 20 de junio, y los 577 diputados votaron una declaración de convertirse en Asamblea Nacional Constituyente, en representación de toda la nación, y prometieron elaborar una constitución.
 
David. El Juramento del Jeu de Paume, en 1791.

La destitución de Necker el 11 de julio de 1789 provocó una grave crisis política y la ira popular, que temía que el rey mandara la detención de los diputados, estallando la revolución parisina con la toma de la Bastilla (14 de julio).
 
Houël. La toma de la Bastilla, el 14 de julio de 1789.
 
El 'Gran Miedo' (le Grand Peur).

La violencia se apoderó de las calles en las ciudades y también de muchos pueblos en el campo, donde se extendió la 'Gran Miedo' (le Grand Peur), una revuelta antiseñorial con asesinatos de privilegiados, asaltos a castillos y mansiones, incendios de archivos donde estaban los documentos de propiedad, etc.
El rey, atemorizado por la violencia revolucionaria, reconoció la legalidad de la Asamblea Nacional, y Necker fue repuesto en su cargo (16 de julio, hasta 1790), pero ya no pudo dominar la avalancha de los acontecimientos.

2.4. La monarquía constitucional (1789-1792).
Esta fase relativamente moderada empezó en julio de 1789 y los inicios fueron marcados por la continuación de las revueltas populares en París y el campo, mientras que la Asamblea Constituyente, con líderes moderados como Mirabeau, Sieyès y La Fayette, intentaba reconducir la situación y pactar con el rey y los privilegiados las grandes transformaciones necesarias para la liquidación del Antiguo Régimen y el establecimiento de una monarquía constitucional y parlamentaria.
El 4 de agosto de 1789 se votó la abolición del feudalismo, con la supresión de los derechos y privilegios señoriales, y el 26 agosto de 1789 se aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que reconocía la soberanía de la nación, los derechos de libertad, propiedad y seguridad, la resistencia contra la opresión, la igualdad ante la ley y en el pago de impuestos.
 
Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (26 agosto 1789).

En 1791 se aprobó una Constitución moderada, según los principios del liberalismo político, con soberanía nacional, división de poderes e igualdad legal. El rey conservaba el poder de veto, y el pueblo tenía derecho del voto indirecto y censatario, de modo que podían votar sólo los ricos inscritos en un censo.
A continuación se formó una Asamblea Legislativa (octubre 1791-agosto 1792), aunque dominada por los moderados, que votó leyes para realizar los grandes cambios: prohibición de la tortura, obligación de la nobleza de pagar impuestos, abolición de los gremios, libertad de empresa, creación de una Guardia Nacional formada por milicias de ciudadanos para defender la revolución, y expropiación (desamortización) de los bienes de la Iglesia para solucionar la crisis financiera, a cambio de una financiación del culto, y aprobación de una constitución civil del clero para separar Iglesia y Estado.
Pero los privilegiados oponían a los cambios, y Luis XVI y la familia real huyeron de París en junio de 1791 con la intención de llegar a la frontera, donde un ejército austríaco estaba preparándose para invadir Francia y restablecerlo en su poder absoluto, pero fue inmediatamente detenido en Varennes y devuelto a la capital.

 
Retorno de Luis XVI en París tras el fracaso de su huida y su detención en Varennes (20-21 de junio de 1791).

Finalmente, el ejército austriaco invadió en abril de 1792 y se acercó a París.

3. La Primera República Francesa (1792-1799).
3.1. La república democrática (desde 1792 hasta 1794).
El pueblo, harto de la oposición real a las reformas, atacó el palacio el 10 de agosto de 1792 y haga prisionera a la familia real. Este fue el final de la monarquía, que fue sustituida por una República en septiembre de 1792.

La Convención girondina.
Comienza una fase progresivamente exaltada de la Revolución (agosto 1792-julio 1794).
 
Batalla de Valmy (1792).

Había que hacer frente a la guerra contra las potencias absolutistas. El 20 de septiembre los invasores eran rechazados en Valmy, lo que salvó la Revolución.
Se creó una Convención Nacional, una asamblea republicana dividida en una mayoritaria Gironda moderada, una Plana centrista y una Montaña radical, y los dirigentes más importantes fueron los radicales Danton, Robespierre y Marat.

Archivo:Hinrichtung Ludwig des XVI.png
La ejecución del rey Luis XVI (21 de enero de 1793).

Tras un juicio siguió la ejecución del rey el 21 de enero de 1793 (la reina María Antonieta fue guillotinada el 16 de octubre de 1793), lo que provocó una guerra general contra una coalición formada por Inglaterra, España, Prusia, Holanda, Austria y Piamonte, con el apoyo en el interior de la revuelta realista de la región de la Vendée, y otras revueltas y conspiraciones contrarrevolucionarias.

La Convención jacobina.
Con la amenaza de tantos enemigos, muchos revolucionarios pensaron que era necesario radicalizarse más. Fue el turno del partido de la Montaña jacobina y sus dirigentes Robespierre, Saint-Just y antes Marat, aliados al principio con moderados como Danton y con el apoyo de los radicales sans-culottes (los pobres ciudadanos).
 
David. Marat asesinado (1793). Fue asesinado pronto, el 12 de julio de 1792.

El Terror (mayo 1793-julio 1794) fue un período de radicalismo revolucionario, impuesto por el Comité de Salvación Pública, dirigido por Robespierre.
Los jacobinos reclutaron un ejército popular (todos los hombres entre 18 y 25 años) que venció en la guerra a los enemigos externos, sofocado con crueldad (el Terror) las rebeliones interiores de los realistas, suspendieron las libertades individuales y ejecutaron a la guillotina a muchos contrarrevolucionarios (Ley de sospechosos).
Para contentar a los sans-culottes, se promulgó una nueva constitución, más radical, con voto universal directo y democracia social, y aprobaron leyes a favor de los pobres como el control de precios y salarios en la Ley de máximo, el reparto de los bienes del contrarrevolucionarios entre los pobres, la educación obligatoria, y se ataca la religión cristiana con la crema o cierre de iglesias, el culto a la diosa Razón y el establecimiento de un nuevo calendario.

La caída de los jacobinos.
Justo en el verano del 1794, cuando las rebeliones internas estaban sofocadas y los ejércitos enemigos vencidos, sin embargo, los jacobinos también comenzaron a eliminar los moderados (Danton) ya los extremistas radicales (Hébert), y perdieron así sus aliados.
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La caída de Robespierre (9 de Termidor o 27 de julio de 1794).

Finalmente, ante la evidencia de que todos podían ser futuras víctimas, se forjó una coalición de proletarios y burgueses moderados, y los líderes jacobinos fueron depuestos y ejecutados el 28 de julio (mes Termidor) de 1794.

La república burguesa (1794-1799).
La reacción termidoriana, que representaba el triunfo de la moderación burguesa, tenía la intención de volver al modelo constitucional de 1791, pero ahora republicano porque la monarquía había desaparecido. Elaboró ​​una nueva constitución aprobada en 1795. El poder ejecutivo residía en un Directorio, y se restablecía el voto censatario para un poder legislativo dividido en dos cámaras, el Consejo de los Quinientos y el Consejo de los Ancianos.
Se prohibió el partido jacobino, se perdonó a los exiliados a causa del Terror, pero con estas medidas hinchó la oposición de los radicales de las clases populares, y tampoco logró el apoyo de la aristocracia que soñaba recuperar el poder. A izquierda y derecha la república burguesa estaba rodeada de enemigos. Los moderados debían hacer frente a la crisis política, social y económica, en medio de una permanente guerra contra los aliados europeos y nuevas insurrecciones internas.
Así, se impuso entre la burguesía la idea de que sólo el ejército podía imponer el orden interior y la paz en el exterior. Se necesitaba un general que contara con el apoyo de los militares y los burgueses, para consolidar la revolución en sus aspectos más moderados.

Dossier: Las mujeres y la Revolución Francesa.
Los alumnos deben recoger y analizar un dossier de documentos sobre la emancipación de las mujeres durante la Revolución Francesa, como la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791), la creación de los clubes femeninos y su represión por los jacobinos, escritos favorables a su igualdad como el de Condorcet (1790) y otros de contrarios como el del diputado André Amar (octubre de 1793), o las diferencias legales entre hombres y mujeres (en contra de ella) en el código civil de Napoleón (1804).
Entre las mujeres más destacadas cabe citar a Olympe de Gouges, Madame Roland o Claire Lacombe.

4. El período napoleónico (1799 hasta 1815).
4.1. Napoleón: los inicios.
Napoleón (Ajaccio, 1769-Santa Helena, 1821) era hijo de un pequeño noble de la isla italiana de Córcega, colaborador de los franceses. Estudió en Francia la carrera militar desde el 1779, y los primeros años sostenía ideas políticas independentistas, pero en 1785 fue designado oficial de artillería y con el tiempo cambió su pensamiento y sus ambiciones, a favor de Francia.
Con la Revolución, fue enviado a Córcega, y en 1793, después de que la isla se rebelase contra Francia, huyó con su familia. Pronto se declaró jacobino y empezó una brillante carrera militar: en el sitio de Tolón (1793) ascendió a general (con sólo 24 años) y destacó en una primera campaña de Italia (1794). Destituido tras la Reacción del Termidor, volvió a ascender cuando en 1795 dirigió la represión de un levantamiento realista en la capital y fue nombrado jefe del ejército del interior. Entonces, por orden del Directorio, cerró los clubes de sus antiguos amigos jacobinos.
Se casó con Josefina Beauharnais, bien relacionada con los círculos burgueses del poder, y fue nombrado jefe del ejército en Italia (1796), donde dirigió una victoriosa campaña, y en el tratado de Campoformio (1797) comenzó a intervenir en la política europea, al suprimir el ducado de Venecia y crear la República Cisalpina en el norte de la península italiana. Luego, ansioso de fama, dirigió una famosa expedición a Egipto, con la intención de cortar la ruta mediterránea de los hacia Oriente. A pesar de las victorias en tierra, quedó aislado por la flota inglesa, y en 1799 volvió sin su ejército en Francia, justo cuando los moderados necesitaban un general prestigioso para encabezar un golpe de Estado que pusiera fin al Directorio, el Gobierno que había dirigido Francia durante los últimos años y que representaba el triunfo de la moderación burguesa, pero que al final estaba desprestigiado.

4.2. Napoleón: de cónsul en emperador.
 Archivo:Jean Auguste Dominique Ingres 016.jpg
Ingres. Napoleón Bonaparte, como Primer Cónsul.

El general Napoleón dirigió un golpe de Estado el 9 de noviembre (18 de Brumario) de 1799 que puso fin al Directorio, y en realidad también a la Revolución. Él mismo dijo entonces: “La Revolución ha concluido”.
Empezó entonces el Consulado tripartito, con el mismo Napoleón, Ducos y Sieyès, una dictadura militar en la que él comandaba y que pronto dio paso al consulado único.
En 1800 la nueva Constitución consolidaba el poder de Napoleón como Primer Cónsul, jefe de gobierno y del ejército, que tenía el poder ejecutivo y la iniciativa en la elaboración de las leyes, designaba los consejeros de Estado, prescindiendo de las asambleas, y con el recurso del plebiscito para pedir la opinión del pueblo. Napoleón reorganizó la administración, la economía y el sistema judicial, consolidando un régimen autoritario, personalista y represivo.
A continuación volvió a la guerra europea. Primero atacó y conquistó el norte de Italia y consiguió (1801) que se reconociera la frontera del Rin, y forzó el Reino Unido a firmar la paz de Amiens (1802), muy breve, pues duró solo un año.
Reforzado su prestigio con estos triunfos militares, se consolidó en el poder ampliando sus apoyos sociales hacia la burguesía conservadora con una represión antijacobina y el retorno de los exiliados que aceptaran el nuevo orden, y hacia la Iglesia con un Concordato (1801) que establecía la paz religiosa.
David. Coronación de Napoleón (1804).

Poco después se convirtió en cónsul vitalicio, con el derecho de elegir su sucesor uno de designar al senado. Y poco tiempo después de volver a la guerra con el Reino Unido, se proclamó emperador ante el papa Pío VII (1804). Entonces creó una Corte imperial con una nueva nobleza, legisló el famoso Código Civil (1804), llamado Código Napoleón, y los de Comercio (1807), Instrucción Criminal (1808) y Penal (1810), reformó la enseñanza (los liceos) y la administración con la división territorial del país en departamentos regidos por prefectos, urbanizó la capital y potenció un arte oficial de estilo neoclásico.
En la economía creó un nuevo sistema de aduanas, protegió la agricultura y la industria, creó el Banco de Francia que emitía billetes bancarios (papel moneda) y favoreció la burguesía con la libertad de empresa. Pero la economía sufría por la autarquía debido al bloqueo inglés, la falta de mano de obra debido a las reclutas del ejército, y los inmensos gastos militares, y vinieron crisis económicas (1805, 1811), de manera que la Estado estaba siempre magro de dinero y el ejército estaba mal abastecido y peor pagado,

4.3. La conquista del Imperio.
El ejército, muy fiel al emperador victorioso, fue el arma para rehacer el mapa de Europa en denominado sistema napoleónico. Napoleón pretendía cercar Francia de un escudo defensivo con una escuadra de Estados copiados del modelo francés, el gobierno de los cuales dio a parientes o personas de su confianza. En Alemania, Holanda, Italia, Polonia, Suiza y otros países bajo influencia francesa se impusieron las reformas revolucionarias, con la supresión de la sociedad estamental y de los derechos señoriales, la libertad religiosa y la igualdad legal, forjando las bases del liberalismo y el nacionalismo del futuro.
 
Napoleón acepta la rendición austriaca en Austerlitz (1805).

Las guerras sucesivas con las grandes potencias del Reino Unido, Austria, Prusia y Rusia, en coalición contra Francia, a pesar de las grandes victorias terrestres, como Austerlitz (1805) o Wagram (1809), no acababan de lograr la paz, pues en el mar la flota inglesa se imponía en Trafalgar (1805) y controlaba las rutas marítimas, mientras que en Europa continental continuaba la resistencia popular, por la indignación ante los abusos de los ocupantes franceses, que vivían de los impuestos y la apropiación de las riquezas.

4.4. La caída de Napoleón.
Napoleón intentó vencer el Reino Unido con un bloqueo continental, y con una alianza con los Habsburgo, casándose con María Luisa de Austria (1810), pero cuando invadió España en 1808 empezó un largo e indeciso conflicto, que se complicó con la invasión de Rusia en 1812. Estos conflictos simultáneos en la Península Ibérica y Rusia debilitaron el ejército y arruinaron más las finanzas del Estado. Derrotado finalmente en la terrible campaña de invierno de 1812 en Rusia, perdió lo mejor del ejército.
Después la alianza de casi todos los países europeos el venció en Leipzig (1813) y el arrinconó en Francia, donde el 31 de marzo de 1814 fue obligado a abdicar. Francia volvía a la dinastía de los Borbones.
Napoleón consiguió en el Tratado de Fontainebleau (1814) ser reconocido con el título de emperador con soberanía sobre la pequeña la isla de Elba. Pero en 1815 volvió por sorpresa a Francia y recuperó el poder (los Cien Días), pero en la inmediata guerra fue vencido en la batalla de Waterloo (1815) y tuvo que volver a abandonar el trono. Partió al exilio definitivo, en la isla de Santa Helena, donde murió en 1821.

UD FUENTES.
Internet.
Películas.
Napoleón (1927). Dirección: Abel Gance. Película muda de extraordinaria calidad.
Austerlitz (1960). Dirección: Abel Gance.

Documentales.
Austerlitz. Documental. Serie: Grandes batallas de la Historia. 49 minutos.
Napoleón. Documental. Serie: Imperios. 55 minutos. Resumen de su vida.
Napoleón. La campaña de Rusia. La batalla del río Berezina. Documental. 50 minutos.
Napoleón. La campaña de Rusia. La batalla del río Moskova. Documental. 50 minutos.
Trafalgar. Documental. 45 minutos. Serie: Grandes batallas de la historia.

Exposiciones.
*<Napoleón y París. Una capital para Europa>. París. Musée Carnavalet (8 abril-30 agosto 2015).
*<Alexander & Napoleon & Josephine>. Ámsterdam. Hermitage (hasta 8 noviembre 2015).

Libros.
AA.VV. La pensée économique pendant la Révolution Française. “Revue Economies et Sociétés, Histoire de la Pensée Economique”. París. 1990. Ed. especial, nº 7, 8, 9, 10. 656 pp.
Andress, David. El terror, los años de la guillotina. Trad. de David León. Edhasa. Barcelona. 2011. 704 pp.
Barbero, Alessandro. Waterloo. La última batalla de Napoleón. Trad. de J. C. Gentile Vitale. Pasado y Presente. Barcelona. 2015. 366 pp. Reseña de Martinez Shaw, C. Waterloo, no tan decisiva. “El País” Babelia 1.237 (8-VIII-2015) 6.
Bouloiseau, Marc. La República Jacobina. Ariel. Barcelona. 1980 (1972 francés). 354 pp.
Fraser, Antonia. María Antonieta, la última reina. Edhasa. Barcelona. 2006. 752 pp. Reseña de ésta y otras biografías de la reina por Silió, Elisa. Indulto para María Antonieta. “El País”, Babelia 790 (13-I-2007) 10.
Godechot, Jacques. Las Revoluciones (1770-90). Nueva Clío 36. Labor. Barcelona. 1974. 375 pp.
Godechot, Jacques. Los orígenes de la Revolución Francesa. Península. Barcelona. 1974 (1965 francés). 376 pp.

Gueniffey, Patrice. La politique de la Terreur. Fayard. París. 2000. 376 pp.
Hampson, Norman. Historia social de la Revolución Francesa. Alianza. Madrid. 1974 (1963). 283 pp.
Jaurès, Jean. Causas de la Revolución francesa. Crítica. Barcelona. 1979. 192 pp.
Lefebvre, Georges. 1789: Revolución francesa. Laia. Barcelona. 1976 (1970). 341 pp.
Mayer, Arno. Las Furias. Violencia y terror en las revoluciones francesa y rusa. Trad. de Víctor Lucea. Prensas de la Universidad de Zaragoza. Zaragoza. 2014. 804 pp.
Paniagua, Javier. La Europa Revolucionaria (1789-1848). Anaya. Madrid. 1988­. 96 pp.
Richet, D.; et al. Estudios sobre la. Revolución Francesa. Akal. Madrid. 1980. 228 pp.
Sánchez, D.; Espinós, J.; et al. Así vivían durante la Revolución Francesa. Anaya. Madrid. 1988. 96 pp.
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Soboul, A. La Revolución Francesa; las clases sociales. Fundamentos. 1971.
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Antón, Jacinto. Apretada victoria de Napoleón. “El País” (16-VIII-2015). La batalla de Wagram (1809) y la muerte del famoso húsar Lasalle.

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