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jueves, 23 de octubre de 2014

CS 2 UD 02. La Europa feudal en los siglos X-XII.

CS 2 UD 02. LA EUROPA FEUDAL EN LOS SIGLOS X-XII.
Introducción.
Nuevas invasiones.
Alta y Baja Edad Media.
Fermento y crecimiento intelectual.
Evolución política.
La aparición del feudalismo.
Dosier: El debate historiográfico sobre el feudalismo.
La economía señorial.
La sociedad feudal.
Dosier: Los vikingos.

Introducción.
La UD estudia el feudalismo en Europa Occidental hacia los siglos X-XIII, sus antecedentes y el debate historiográfico sobre su naturaleza, y además la economía feudal que le está asociada, siendo el feudalismo su aspecto político. Se sustituye el término de economía señorial por el de economía feudal, porque el primero se limita a la economía de los señoríos territoriales y no comprende al conjunto de la economía.

Nuevas invasiones.
Los últimos años del reinado de Carlomagno estuvieron marcados por tensiones políticas que continuaron en los reinados de sus descendientes. Por el sur se produjo la invasión árabe, que en sus inicios contó con el apoyo de los judíos, que en gran número habitaban las tierras del norte de África y la península Ibérica. El año 711 los árabes atravesaron el estrecho de Gibraltar y se extendieron por toda la península, llegando hasta el sur de Francia. A finales del siglo IX y durante el siglo X Europa fue el escenario de una renovada desintegración política y una serie de invasiones desastrosas, esta vez de los vikingos (escandinavos procedentes del norte) y de los magiares que, procedentes de Asia, avanzaban hacia el oeste, a través de las llanuras del Danubio. Las tierras fronterizas dejaron de cultivarse, el comercio se interrumpió y los viajes eran peligrosos incluso en distancias cortas.
Durante este periodo existieron varias tendencias. Por un lado, Europa experimentó otra gran ola de fragmentación política; sin embargo, aunque las fuerzas de centralización política eran débiles, no puede decirse lo mismo del poder de las familias terratenientes locales. También fue una época de dominio de los monasterios benedictinos, grandes propietarios que se mezclaron en la red de alianzas feudales. Finalmente el papado se convirtió por derecho propio en un poder secular que ejerció un control político directo sobre gran parte de Italia central y septentrional. Gradualmente elaboró un aparato de autoridad central sobre las iglesias regionales y los monasterios, y, por medio de su expansión diplomática y de la administración de justicia, también acumuló un notable poder político en toda Europa.

Alta y Baja Edad Media.
En el año 1050 aproximadamente, Europa estaba entrando en un periodo de grandes y rápidas transformaciones. Las condiciones de la vida material que produjeron estos cambios aún no están del todo claras, aunque las siguientes causas se pueden citar con seguridad: el largo periodo de emigraciones germánicas y asiáticas había terminado y Europa disfrutaba de un nivel de población estable y continuado, había comenzado e iba a continuar una expansión de la población de proporciones sorprendentes. La vida urbana, que nunca cesó del todo durante los siglos anteriores, experimentó un notable crecimiento y desarrollo, y por ello rompió la tendencia medieval hacia la autosuficiencia económica. La economía y el comercio, en particular en las tierras mediterráneas de Italia y el sur de Francia y en los Países Bajos, se incrementó en cantidad, regularidad y extensión. En la península Ibérica, los incipientes reinos cristianos del norte iniciaron una larguísima guerra contra las sucesivas invasiones almorávides y almohades, en una reconquista que se prolongó durante siete siglos.

Fermento y crecimiento intelectual.
A la vez que la economía europea se hacía más compleja, las instituciones sociales y políticas también se complicaron. En cada rama de los asuntos públicos —gobierno local, administración de justicia, regulación del comercio y el desarrollo de las instituciones educativas necesarias para proporcionar personal a cada administración de acuerdo a su reglamentación— apareció una estructura similar en complejidad y desarrollo.
Los nuevos imperativos de esta compleja vida social produjeron un fermento intelectual sin precedentes en la historia europea. Este fermento, presente en todas las esferas de las ciencias, ha terminado siendo conocido como el renacimiento del siglo XII. Las leyes eclesiásticas y seculares se sistematizaron, discutieron y cuestionaron como nunca antes. La retórica y la lógica se convirtieron en objeto de examen por derecho propio y dieron lugar a investigaciones de la cultura clásica, olvidada durante mucho tiempo. La doctrina teológica fue explorada y promovió nuevos métodos de crítica. Entre tanto, en Córdoba, capital musulmana, se produjo un notable sincretismo religioso y cultural, ya que en esta ciudad convivieron durante siglos árabes, judíos y cristianos en paz y armonía. A través de Córdoba, Europa conoció la filosofía griega y la literatura clásica, gracias a las traducciones árabes y a la escuela de traductores de Toledo; gracias a ellos la medicina, la astronomía y las ciencias antiguas y modernas penetraron en el continente. Los árabes transmitieron a Europa, las matemáticas, e introdujeron el papel, el arroz y la caña de azúcar.
Por encima de todo, los europeos occidentales comenzaron a pensar en sí mismos de una nueva manera, un cambio que se reflejó en las innovaciones en las artes creativas. En literatura, la lírica amorosa y el romance cortés aparecieron en las lenguas vernáculas emergentes, y tuvo lugar un brillante resurgir de la escritura en latín. La pintura y la escultura dedicaron nueva atención al mundo natural e hicieron un intento sin precedentes de representar extremos emotivos y vitales. La arquitectura floreció con la construcción, a lo largo de rutas de peregrinaje por las que se viajaba frecuentemente, de iglesias en un estilo que combinaba materiales y técnicas romanas con una estética totalmente nueva.
También hubo cambios de gran alcance en la vida espiritual. En el siglo XII se establecieron nuevas órdenes religiosas, como la orden cisterciense (que intentó purificar las tradiciones del monacato benedictino) y las órdenes de los frailes mendicantes, que procuraron ajustar el ideal monástico a la nueva vida urbana. En todas ellas era frecuente un nuevo sentido de piedad individual, basado no en el ritual, sino en la identificación individual con el sufrimiento de Cristo. El desarrollo del culto a la Virgen María, una figura relativamente poco importante en los siglos precedentes, tuvo un espíritu similar.

Evolución política.
Al mismo tiempo, los pueblos se empezaron a identificar a sí mismos como miembros de grupos y comunidades con intereses distintos a los de sus vecinos. Los hechos políticos del periodo tuvieron una relación íntima con estas nuevas identidades.
Uno de los hechos más importantes fue el rápido ascenso hegemónico de los normandos. Descendientes de los vikingos que se establecieron en el norte de Francia durante los siglos IX y X y convertidos en feudatarios del rey de Francia, los normandos entraron en escena en la historia europea en 1066, año en que conquistaron Inglaterra bajo Guillermo I el Conquistador que aseguró su conquista con un programa de reasentamientos intensivos; los normandos, cuya lengua era la misma de los francos, se convirtieron en la clase dirigente de Inglaterra, unida a Guillermo por las concesión de tierras y las obligaciones feudales. Esta feudalización política sistemática y la imposición de otras instituciones normandas llevaron a Inglaterra a la principal corriente del desarrollo político y social del continente. El hecho de que el duque de Normandía (un feudo dependiente del rey de Francia) fuera también rey de Inglaterra, convirtiéndose así en un personaje de igual posición y más poder, ilustra la creciente complejidad del mundo europeo. El conflicto político, y con él la idea del Estado como institución autónoma, fue inevitable.
En los territorios germánicos e italianos del Sacro Imperio Romano Germánico, la nueva actividad del papado como un cuerpo de gobierno real entró en conflicto con el poder del emperador en una maraña de sucesos conocidos colectivamente como la querella de la investidura. Durante el primer periodo del Imperio no se había hecho una separación estricta en teoría o en la realidad entre los campos eclesiástico y político. Desde el momento de la alianza histórica de los carolingios con el papa, el emperador ya no se consideró únicamente una figura secular. De la misma manera, los obispos eran poderes seculares por derecho propio, consejeros o siervos feudales de reyes y emperadores. No se cuestionaba que el poder secular debía tener parte en la elección de obispos y tener una presencia activa en la coronación o investidura episcopal. Precisamente esta práctica provocó la lucha cuando el papa Gregorio VII declaró la primacía de la Iglesia en la elección y consagración de sus propios funcionarios.

El resultado más importante de la controversia fue que cuestionó todas las relaciones entre Iglesia y Estado. Dentro de la teología, el derecho y la teoría política, el Estado, como entidad secular, fue examinado críticamente, al igual que la Iglesia, no sólo como comunidad de devotos cristianos, sino también como una aristocracia administrativa de obispos al servicio del papa. A finales del siglo XII la Iglesia se convirtió en un gran poder político europeo junto a los distintos Estados seculares emergentes.

LA APARICIÓN DEL FEUDALISMO.
ANTECEDENTES PRE-FEUDALES.
El origen de las relaciones vasalláticas lo encontramos en dos modelos: la sociedad tardorromana y la germánica, y también podemos examinar un modelo protofeudal en la España visigoda.
EL BAJO IMPERIO ROMANO.
En la primera mitad del siglo V creció la inseguridad en el Bajo Imperio Romano de Occidente, con las invasiones bárbaras, las usurpaciones imperiales y las guerras civiles, y el aumento de la presión fiscal sobre los colonos. Los prohombres más poderosos de la clase senatorial acapararon la propiedad de la tierra y la administración provincial, mediante las instituciones de la encomendación y del patrocinio.
La encomendación y el patrocinio.
La encomendación era la relación entre el campesino y el poderoso. El poderoso recibía la propiedad de la tierra a cambio de protección fiscal y mantener al campesino en la tierra, quedando ligado a ella.
El patrocinio era la relación entre el poderoso y una clientela armada (comitatus), que le daba servicio militar a cambio de tierras. El poderoso podía así proteger la “villa” del Imperio y de los invasores, así como evitar los impuestos.
Esta relación de patrocinio fue extendiendo en la sociedad una clase de hombres libres en situación de dependencia.
LOS GERMANOS.
El “Gefolge” (vinculación personal).
Por su parte, los pueblos invasores germánicos habían desarrollado unas formas sociales similares, con el “gefolge”, un grupo de guerreros vinculados personalmente a un jefe militar y entre ellos con lazos de fraternidad.
Al formarse en los siglos V y VI los primeros reinos bárbaros se fundieron las instituciones del comitatus y del gefolge, con hombres armados al servicio del rey, que recibían el nombre de vassus (vasallus) o antustriones (según la fórmula de Marculfo).
HISPANIA PROTO-FEUDAL VISIGODA.
La llegada masiva a la Península de los visigodos se produjo en 507, tras la derrota de Vouillé ante los francos de Clodoveo, y no alteró la estructura tardorromana de la villa rural como unidad económica. La villa estaba organizada en tres partes:
- Pequeños cotos o “sortes” explotados por sus propietarios en una relación de patrocinio.
- Pequeños cotos explotados por tenencieros sin propiedad y en encomienda con el señor.
- La reserva explotada por esclavos, unidos a la tierra de por vida, aunque podían poseer bienes.
El señor tenía un ejército privado formado por sus patrocinados, pues el patrocinio incluía la prestación del servicio armado, y además por guerreros profesionales (saiones), algunos de los cuales (bucelarios) se unían por un juramento de fidelidad a cambio de un beneficio. El gefolge había evolucionado mediante el contrato del patrocinio y la fe cristiana (fides), pero se mantenía la estructura militar de la monarquía y la importancia del juramento de fidelidad de los súbditos al rey y viceversa.
Con el rey Sisenando (631) se terminó la evolución de la monarquía militar a una monarquía cristiana, en la que la soberanía es una delegación de Dios, por lo que la nobleza debe hacer un juramento cristianizado de fidelidad al rey y el reino, y se establece una jerarquía vasallática. En esta situación la nobleza religiosa y militar ganó poder y los monarcas tuvieron que reconocer en 636 el carácter patrimonial de los beneficios que habían concedido (lo que el franco Carlos el Calvo hizo en 877). La concentración de los cargos militares y civiles en las mismas personas, promovida por los reyes para consolidar su autoridad, tuvo un efecto contrario al deseado pues la nobleza provincial (duces) aumentó su poder territorial y su autoridad hasta ser virtualmente independiente del rey, lo que explica la debilidad del reino ante la invasión islámica del 711.
El hundimiento del reino visigodo ha sido interpretado como la crisis de un sistema protofeudal carente de una cúspide aceptada por el resto del sistema.


EL PRECEDENTE MEROVINGIO.
El proceso de jerarquización y sumisión se produjo igualmente en la sociedad franca durante la dinastía merovingia y luego en la carolingia. Las instituciones del vasallaje y el beneficio eran conocidas pero al principio eran independientes, pues los reyes merovingios no solían conceder beneficios a los vasallos, con lo que los reyes mantuvieron un fuerte poder territorial que explica su gran poder económico y militar al servicio de la expansión en la época de Carlomagno.
Con sede en Francia, entonces entre el Loira y el Rin, en la que se habían concentrado la mayoría de los germanos francos, el reino merovingio se debilitó por las guerras civiles desde el final del siglo VII.

EL DESARROLLO FEUDAL EN LA DINASTÍA CAROLINGIA.
Los primeros carolingios.
La decadencia franca se frenó con la llegada al poder de los mayordomos de palacio, todavía al servicio de los merovingios, Pipino II y su hijo Carlos Martel (716-741), que, como sus sucesores, ya reyes, Carlomán I y Pipino III (751-768), sometieron las rebeliones y vencieron a los principales enemigos exteriores: los musulmanes, los sajones y los lombardos.
Los primeros carolingios crearon un ejército de vasallos con beneficios vitalicios de tierras para pagar sus equipos militares y manutención. Se formó una clase social de carácter militar y con tierras, vinculada al rey por una relación de dependencia, ahora prestigiosa.
Carlomagno.
Carlomagno (768-814) completó la labor de sus predecesores. Subió al trono en 768 y comenzó de inmediato una vigorosa expansión exterior. Fueron dominados los lombardos (774), alamanes, burgundios, sajones en una larga guerra (772-804), frisones, aquitanos y bávaros. Mientras, eran derrotados los enemigos exteriores bretones, vascos y gascones, ávaros, musulmanes (se creó la Marca Hispánica hasta el Ebro), y se impuso tributo a otros pueblos vecinos (croatas, eslovenos). El Imperio fue proclamado en 800: era la “restauratio” del Imperio Romano, en unos límites más sostenibles.


Mapa del Imperio de Carlomagno.

Vasallaje y beneficio.
Carlomagno estableció una alianza con la aristocracia territorial, mediante el vasallaje y el beneficio. Los servicios militares en la expansión del reino eran recompensados con nue­vos beneficios en un círculo que llegaría a agotarse con los años al no haber más tierras para repartir y pararse las conquistas. Al mismo tiempo los pequeños y medianos propietarios de tierras fueron colocados bajo el vasallaje de los grandes, como un medio eficaz de extender la autoridad real sobre toda la población del reino, lo que sería nefasto a largo plazo.
Las villas rurales se convirtieron en centros de grandes latifundios, divididos en mansos para una familia de una superficie de 10 a 18 hectáreas, que se repartían entre vasallos guerreros de modo que un vasallo con 12 mansos se obligaba a mantener un caballero armado. Los vasallos tenían una media de 30 mansos y podían llegar a tener cien o más mansos. Otros beneficios eran las dignidades eclesiásticas.
La herencia del beneficio en el siglo IX.
Con Luis el Piadoso (814-840) el sistema continuó, pero si Carlomagno había concedido estos beneficios en usufructo, la costumbre hizo que los herederos de los vasallos renovaran sus vínculos y sus beneficios con lo que estos se convirtieron de facto en propiedades, que aumentaban con la presión sobre los propietarios para que se convirtieran en patrocinados a cambio de ceder la propiedad, lo que se reconoció en la Capitular de Mersen (847).
El vasallaje se transformó en un medio de obtener un beneficio y la tierra se fue desligando de la autoridad real, hasta que Carlos el Calvo tuvo que reconocer en la asamblea del reino en Quierzy-sur-Oise (877) el carácter patrimonial y hereditario de los beneficios que se habían concedido. Fue el fin jurídico del poder real y el nacimiento del feudalismo, aunque el sistema tardaría más de un siglo en consolidarse.

EL DESARROLLO DEL FEUDALISMO “CLÁSICO” EN EUROPA.
El desarrollo del feudalismo “clásico” europeo, en los siglos XI-XII, se centra en una zona bastante limitada del norte de Francia y Bélgica, de la que se extiende como modelo bastante diversificado a otros ámbitos del continente.
FRANCIA.
Francia fue el lugar central y el modelo del feudalismo, desde su desarrollo con los monarcas carolingios, con el vasallaje y la concesión de beneficios.
El beneficio (una donación de tierras a los fieles) primero se concedió a cambio de servicios armados, luego se asoció al vasallaje y terminó por ser hereditario, hasta desa­parecer en el siglo XI para dar lugar al feudo.
La pérdida de poder de la autoridad real permitió la independencia de facto de numerosos señores en la periferia del reino, que alcanzaron la herencia directa de sus feudos para sus herederos, promoviendo luchas civiles, lo que junto a las invasiones normandas, húngaras y musulmanas, facilitó la desintegración del poder en favor de los señores que dominaban los castillos, con control sobre la tierra y la población rural, sobre todo en el norte de Francia. En el sur de Francia el feudalismo se desarrolló menos, con más proporción de tierras propiedad de los campesinos.
Desde finales del siglo XI los reyes Capetos, empero, fueron aumentando su poder real, mediante la legitimación de la Corona, sometiendo a cierto control a los grandes nobles.
INGLATERRA.
En Inglaterra, después de la victoria de Guillermo I en 1066 los conquistadores normandos sojuzgaron a la población anglosajona, imponiendo un feudalismo de origen francés, con relaciones vasalláticas de lealtad directa al monarca, donante de toda la tierra y por tanto con un poder inmenso, comparado con el rey francés.
ALEMANIA.
En Alemania el feudalismo fue muy original, en una tierra recién conquistada, sin pervivencia romana, con una sociedad germánica comunal. Los condes dominaban territorios extensos y poco poblados. El campesinado era libre y elegía tribunales locales, mientras la nobleza de clanes no tenía vasallaje.
La amenaza húngara promovió el poder de la dinastía sajona de los Otónidas, que renovaron la estructura política carolingia y se basaron en los feudos eclesiásticos, que eran temporales en contraste con los nobiliarios hereditarios.
El feudalismo sólo llegó realmente en el siglo XII y su auge se hizo esperar hasta los siglos XIII y XIV, con la debilitación del emperador y la expansión hacia el Este.
ITALIA.
En Italia perviven las tradiciones clásicas, con una vida urbana puesto que el poder de la Iglesia mantiene todavía vivas las ciudades. La sociedad rural es heterogénea: feudos al Norte, campesinos libres, terratenientes urbanos, latifundios de esclavos al Sur. En el sur (Ná­poles y Sicilia) los normandos establecieron en los siglos XI y XII un modelo similar al francés.
ESPAÑA.
En España hay un protofeudalismo durante la fase final del reino visigodo de Toledo, pero después de la conquista islámica este precario sistema es destruido.
En España cabe distinguir entre Cataluña, que siguió el modelo francés, y el resto de los reinos hispánicos, en los que el feudalismo adoptó unas modalidades muy distintas.
Con la formación de los reinos cristianos y la Reconquista el feudalismo toma unas características propias, con campesinos libres en las fronteras que se mueven paulatinamente hacia el Sur, con garantías legales registradas en los fueros, así que el feudalismo sólo llegó en los siglos XII-XIII y limitado a la Meseta y Andalucía. Así, en Castilla-León el beneficio no estuvo unido al vasallaje y nunca fue hereditario: se concedía a cambio de unos servicios; en el siglo XIII desapareció, sustituido por la heredad. En Navarra y Aragón se concedía a cambio de servicios armados.
La excepción es Cataluña, que imita el modelo carolingio ya desde el siglo X, con las instituciones del beneficio y del condado, con un campesinado muy explotado por una compleja organización señorial.

Mapa de Europa en el siglo XI.

DOSIER: EL DEBATE HISTORIOGRÁFICO SOBRE EL FEUDALISMO.
Hay consenso en que el feudalismo nació por dos causas: la ruralización de la sociedad europea occidental y la crisis del poder político. Todas las teorías confluyen en que el feudo es la pieza clave en la jerarquía de los derechos sobre la tierra.
En un sentido amplio del término se entiende el feudalismo como el régimen político-social de los países del Occidente europeo en los siglos X al XIII. Pero espacialmente el feudalismo ya se predica de sociedades muy distantes, en distintas épocas de Bizancio, India, Turquía, Rusia y Japón, y cronológicamente se acepta que un protofeudalismo ya existió en el reino visigodo en el siglo VII y en los reinos merovingio y carolingio en los siglos VIII y IX.
Para algunos autores el feudalismo es la negación del Estado como ente público y, en cambio, es una forma política estructurada mediante relaciones de derecho privado. Pero para otros autores es una forma especial del Estado, marcada por una división del poder del rey entre una clase aristocrática que estableció redes de dependencia, mediante el vasallaje, en los territorios  que gobernaba. Estas relaciones de dependencia tuvieron su origen en el mundo tardorromano y en la sociedad germánica.

TEORÍA HISTORICISTA.
Un fenómeno germánico, político, jurídico y espiritual.
La teoría historicista de los historiadores alemanes, sobre todo del siglo XIX, sostuvo que las invasiones germánicas habían provocado una ruptura total en la sociedad tardorromana y que el feudalismo fue una aportación jurídico-política germánica. Sus estudios siguen una orientación historicista: la Edad Media es considerada la época fundacional de los Estados modernos y sus instituciones feudales la más acabada expresión del espíritu del pueblo, del Volkgeist. La economía tiene muy poca importancia en comparación con la política, el derecho, el espíritu y la religión.

TEORÍA DE PIRENNE.
La ruptura medieval en el siglo IX.
Henri Pirenne, en Mahoma y Carlomagno (1927), planteó que la ruptura con la Antigüedad sólo llegó en el siglo VII, cuando la expansión islámica cerró el comercio mediterráneo y, sobre todo, cuando se derrumbó el imperio carolingio a finales del siglo IX, debido a la presión exterior de normandos, húngaros y musulmanes y a los conflictos civiles por la sucesión, todo lo cual conllevó la división del imperio en varios reinos y la paralela desintegración del poder interior, repartido entre múltiples señores que recibieron de los reyes concesiones hereditarias de beneficios de tierras. El feudalismo nació entonces.
Las relaciones vasalláticas implicaban unas obligaciones militares y económicas del vasallo hacia el señor, que a cambio aseguraba la protección militar y económica del vasallo. Esta relación se ritualizaba con una ceremonia de vasallaje y se materializaba en la entrega de un feudo territorial.

TEORÍA DE LOS ANNALES.
La sociedad feudal de Bloch: el siglo X.
La visión sociológica de la ‘Escuela de los Annales’ es que fue un fenómeno sociológico o de psicología colectiva en una sociedad en constante cambio. Marc Bloch sostiene que nació hacia 900, aunque otros miembros del grupo señalan otras fechas, como Georges Duby, que señala hacia el año 1000 y cuya tesis es más aceptada por la historiografía actual.
Calmette y Bloch prefieren el término “sociedad feudal” para explicar la sociedad medieval de los siglos X-XII, lo que les permitía reducir el uso del término “feudalismo” al conjunto de instituciones que crean y rigen obligaciones de obediencia y servicio.

TEORÍA DE GANSHOF.
La interpretación político-jurídica: los siglos X-XII; la limitación a Europa Occidental.
La posición político-jurídica de Ganshof (1957), heredera del historicismo pero más científica, caracteriza el feudalismo como un conjunto de instituciones que jerarquizan a los grupos dominantes mediante el vasallaje, la encomendación y el beneficio. Así se configura una sociedad basada en:
- Unas relaciones de dependencia hombre-hombre.
- Una jerarquía de guerreros especializados.
- La fragmentación extrema del derecho de propiedad sobre la tierra y vinculación de esta a los hombres.
- El debilitamiento del poder central, con una pluralidad de instituciones y poderes autónomos.
Ganshof limita su ámbito espacial a los antiguos territorios del Imperio carolingio en Francia, Alemania, norte de Italia y la Marca Hispánica en el siglo IX, y posteriormente se expandió a Inglaterra y el reino normando en el sur de Italia. El centro de mayor implantación corresponde a la amplia zona entre el Loira y el Rin. La cronología se debería limitar a los siglos X-XII, aunque en Alemania su auge se produjo en los siglos XIII-XIV.
Estas tesis han sido aceptadas ampliamente por la historiografía, aunque se han introducido grandes modificaciones, sobre todo en el aspecto económico.

TEORÍA DEL MARXISMO.
La visión marxista de Marx y Engels a mediados del siglo XIX, y de sus seguidores, plantea el feudalismo como un modo de producción y afronta los problemas terminológicos, la relación tierra-hombre y la relación superestructura político-jurídica e ideológico-religiosa. Es la corriente que más interpretaciones del feudalismo ha aportado, dentro del debate de la evolución de los modos de producción.
Marx: el modo de producción feudal.
Karl Marx en La ideología alemana (1846) plantea el modo de producción feudal como el tercer estadio de los modos de producción, entre el esclavista de la sociedad romana y el capitalista de la Edad Moderna.
Llama modo de producción feudal o feudalismo al sistema de producción medieval constituido por la transferencia de capital conseguida mediante el dominio de los aristócratas sobre los vasallos.
El feudalismo parte de una infraestructura fundamentalmente rural, con el trabajo agrícola y la tierra como el bien capital, que determinaría a su vez a la superestructura, constituida por la ideología y el derecho medieval difundidos por la Iglesia, la distinción entre las tres clases sociales (los tres estamentos u órdenes), la pirámide social del poder monárquico y aristocrático, etc.
El feudalismo es, pues, un sistema rural:
“La tercera forma de propiedad es la feudal o la de los distintos estamentos. Si la Antigüedad surgió de la ciudad y de su pequeño territorio, la Edad Media nació en el campo. (...) Como la propiedad tribal y comunal, la feudal también se apuntala en la comunidad; pero la clase directamente productora con que se enfrenta no son los esclavos de la Antigüedad, sino el pequeño campesinado sometido a la servidumbre. (...) La estructura jerárquica de la propiedad territorial y el señorío militar que le acompañaban dieron a la nobleza un poder absoluto sobre los vasallos.”
En las ciudades, donde reaparece la oposición con el campo, se desarrolla la propiedad gremial, la organización feudal de los oficios, donde la propiedad consiste en el trabajo de cada individuo.
Tanto en el campo como en la ciudad las condiciones de producción eran muy estrechas: el cultivo de la tierra era muy primitivo y la industria era artesanal. A pesar de existir una fuerte división en estamentos, la división social del trabajo era muy rudimentaria, incluso en el momento culminante del feudalismo.
Samir Amin: el modo de producción “tributario”.
El economista egipcio Samir Amin aporta una visión no eurocéntrica sobre el feudalismo. En El desarrollo desigual (1973) lo incluye como una forma evolucionada, gracias a la privatización de la propiedad, dentro de un modo de producción “tributario”, común a sociedades europeas occidentales; asiáticas como China, India, Mesopotamia; africanas en Egipto; y amerindias en los incas y aztecas. Distingue entre formaciones tributarias “centrales”, las más importantes, como China, que por su mismo éxito no evolucionarán, y “periféricas”, con el feudalismo europeo, que por su pobreza evolucionará más rápidamente hacia el sistema capitalista. El “tributarismo”, como el feudalismo, no procedería de la disolu­ción del esclavismo sino de la disolución del modo de producción comunitario.
Para Amin el modo de producción “tributario” y el feudalismo se caracterizarían por:
- La extracción del plusproducto por medios no económicos. Es la explotación señorial basada en la fuerza y no en la propiedad sobre la tierra.
- El predominio del valor de uso sobre el valor de cambio.  La producción se destina al consumo, no al intercambio.
- El predominio de la superestructura sobre la estructura. La ideología (el cristianismo en Occidente) domina sobre la base económica.
- La apariencia de estabilidad histórica. El inmovilismo es consustancial al predominio del valor de uso, pero no es total, pues siguieron realizándose progresos, que prepararon el paso a un nuevo estadio, el capitalista.
En otra obra, Clases y naciones (1979), Amin modifica su posición, y en vez de considerar el feudalismo una forma evolucionada del modo de producción tributario, lo presenta como una forma primitiva derivada de las formas comunitarias de las tribus bár­baras, esto es del modo tributario. Su especificidad sería el “carácter débil y descentralizado del poder político”, añadiendo a las características anteriores dos más:
- La organización de la producción en el marco del dominio, implicando la renta del trabajo.
- El ejercicio por parte del señor de prerrogativas políticas y jurisdiccionales que implican la descentralización política.
Melotti.
Umberto Melotti, en Marx y el Tercer Mundo (1974), presenta otro esquema marxista de la evolución de los modos de producción. Coincide en una evolución desde el modo de producción de la comunidad primitiva y explica el feudalismo europeo como el resultado de la síntesis entre el modo de producción esclavista y las formas bárbaras de producción, sucedida en la época de las invasiones bárbaras.
Anderson.
Perry Anderson, en Transiciones de la Antigüedad al feudalismo (1979), también explica el feudalismo europeo como resultado de la síntesis entre el modo de producción esclavista y de cultura urbana del Imperio romano y las formas bárbaras de producción, en el momento de las invasiones bárbaras. Pero establece que esta síntesis fue desigual, resultando una triple tipología: una región central de síntesis equilibrada, una de dominio romano y otra de dominio bárbaro.
“La región central del feudalismo europeo fue aquella en la que tuvo lugar una “síntesis equilibrada” de elementos romanos y germánicos, esencialmente el norte de Francia y sus zonas limítrofes, esto es, el corazón del imperio carolingio. Al sur de esta zona, en Provenza, Italia y España la disolución y recombinación de los modos de producción de los modos de producción bárbaro y antiguo, tuvo lugar bajo el legado dominante de la Antigüedad. Al norte y al este, en Alemania, Escandinavia e Inglaterra, donde el dominio romano nunca había llegado o sólo había echado pequeñas raíces, se produjo, por el contrario, una lenta transición hacia el feudalismo bajo el predominio indígena de la herencia bárbara.” [Perry Anderson. Transiciones de la Antigüedad al feudalismo. 1979: 156.]
Pero en la Europa oriental, al este del Elba, el feudalismo no se implantó mediante una síntesis, sino que derivó directamente de la disolución de las comunidades primitivas eslavas, mediante el impacto de las sucesivas invasiones nómadas desde los hunos del siglo V a los mongoles del siglo XIII, la diferenciación social y la estratificación política, con una clase terrateniente militar que dominó la sociedad mediante la propiedad o control de la tierra, gracias a la extensión de la servidumbre desde el siglo XII, y el monopolio de las fuerza militar.
Parain.
Charles Parain ha resumido muy bien el estado actual de la cuestión sobre la transición de la Antigüedad al feudalismo, como un doble proceso, de disolución de la esclavitud antigua, ya evidente en la sociedad tardorromana, y de subordinación de unos campesinos libres, propietarios de sus tierras, a unos señores determinados. Este proceso duró cuatro siglos, desde inicios del siglo XI a principios del siglo XIV. [Charles Parain. Evolución del sistema feudal europeo, en AA.VV. El feudalismo. Ayuso. Madrid. 1972: 41. También Eric Hobsbawm. Del feudalismo al capitalismo, en R. Hilton. La transición del feudalismo al capitalismo. Crítica. Barcelona. 1977: 226-227.]
La nobleza surgió mediante un lento proceso de dominio más o menos indirecto sobre la tierra:
“miembros de séquitos armados que se agrupaban en torno a los jefes germánicos, indígenas romanizados que habían proporcionado los cuadros de la administración, favoritos de los reyes bárbaros que recibían de ellos dominios arrancados de las tierras del Estado. Se adivina cuán diferentes combinaciones se llevaron a cabo entre los vínculos personales (de tipo doméstico, militar o religioso) y la propiedad agraria (concedida por el protector a título de “beneficio” u ofrecida por el protegido a título de “bien precario”). Pero todas estas combinaciones convergían hacia una misma estructura final de la propiedad: propiedad honorífica, pero no efectiva, de los personajes más poderosos sobre inmensos dominios, y propiedad más directa pero no absoluta porque estaba condicionada a servicios y juramentos entre las manos de señores pequeños y medios. Esta jerarquía de derechos sobre la tierra iba a imponerse poco a poco hasta la base, es decir, hasta el nivel de los campesinos cultivadores que, a su vez, no gozaban más que de una posesión más o menos precaria del suelo.” [Charles Parain. Evolución del sistema feudal europeo, en AA.VV. El feudalismo. Ayuso. Madrid. 1972: 33.]
El proceso de servidumbre de los campesinos libres siguió también una vía implacable:
“las incesantes guerras guerras intestinas, guerras de conquista— arruinaron con bastante rapidez al nuevo campesinado libre, bien porque sus bienes fueron confiscados o fueron periódicamente devastados y asolados, o bien porque el servicio militar exigido a los hombres libres era excesivamente pesado para permitirles conciliarlo con la explotación de sus campos. Como el poder real era demasiado débil para protegerlos, los campesinos arruinados de este modo se vieron obligados a colocarse bajo la protección o de la nueva nobleza o de la Iglesia, transfiriendo (como habían comenzado ya a hacer los campesinos del Bajo Imperio) la propiedad de sus tierras a sus protectores. El estatuto del campesino libre, incluso aun cuando se continuara diferenciando el derecho de los hombres de origen libre del derecho de los hombres de origen esclavo, tendió de esta forma hacia un estatuto de “servidumbre”, en el que todo campesino (aunque dispusiera de instrumentos de trabajo y del usufructo de una explotación) se hallaba, sin embargo, vinculado a un propietario eminente el “señor” por todo tipo de compromisos personales y tributos.” [Charles Parain. Evolución del sistema feudal europeo, en AA.VV. El feudalismo. Ayuso. Madrid. 1972: 33-34.]
Duby: el señorío. El siglo XI.
Georges Duby, un medievalista formado en la metodología marxista y en el grupo de los “Annales”, data la aparición del feudalismo hacia el año 1000, como consecuencia de la desintegración del Estado carolingio. Prefiere el término de modo de producción señorial (basado en el poder de dominación del señor), para significar que hubo primero un cambio político (superestructural), seguido por un cambio económico (infraestructural).
Antes del año 1000 el sistema de explotación de los trabajadores, de extracción de plustrabajo, se basaba fundamentalmente en unas bases territoriales, la posesión de un capital inmóvil, la gran hacienda: los explotadores eran los grandes propietarios.
Desde el año 1000 aproximadamente este sistema de explotación fue sustituido por un sistema mucho más eficaz, mucho más duro y alienante, basado en el señorío: el poder de un hombre que puede obligar a todos los habitantes (que no sean sacerdotes y guerreros) de un territorio, que puede juzgarles, arrebatarles lo que ganan, lo que ahorran, porque está investido de un poder público, que no emana de la posesión de un bien, sino del ban o poder político de coacción señorial. El señor ocupa el lugar del rey y es considerado una especie de delegado de la autoridad divina. Así pues sucede primero un cambio político que afecta luego a lo económico, pues el señorío es también un organismo económico, que trastoca las relaciones de producción y las poner al servicio de su poder.
En este sentido, Duby interpreta que los grandes Estados monárquicos (Francia en particular) se formaron por la integración de los principados, esto es, los Estados señoriales (Borgoña, Anjou, Normandía, Champaña, Provenza...) nacidos en los siglos X-XII. Los señores regionales (príncipes, duques, condes), que a su vez dominaban a otros señores de ámbito más local (barones, caballeros), habían formado sus Estados señoriales (una suerte de naciones regionales) gracias a su gran fuerza militar durante el periodo de inquietud marcado por las invasiones de normandos, húngaros y musulmanes al tiempo que se deshacía y desmembraba el imperio carolingio. Alcanzaron el poder político, militar, judicial... Pero les faltaba el poder sagrado, la legitimación divina que poseían los reyes ungidos por los obispos. Este poder ideológicamente superior explica que en el siglo XIII la monarquía francesa, como otras europeas de su época, se situó definitivamente en la cima de la pirámide feudal y dominó a los Estados señoriales de la periferia, integrándolos en una monarquía nacional.
Pero también puede interpretarse de modo geopolítico (según las tesis deterministas de Ratzel) que la unión e integración en monarquías nacionales fue provocada por la competencia con otros Estados por el territorio: sólo los más extensos en espacio y población y los más fuertes institucionalmente podían extenderse y sobrevivir a largo plazo, excepto los Estados pequeños en zonas relativamente aisladas (Suiza) o que se aliasen contra los in­vasores (Italia hasta el siglo XVI) o que el equilibrio entre todos se mantuviera estable (Alemania).
Bonnassie: feudalismo y señorío.
Pierre Bonnassie describe el sistema feudal uniendo los conceptos de feudalismo y señorío, superando así su dicotomía:
“un régimen que se funda en la confiscación, frecuentemente brutal, de los beneficios (del sobreproducto) del trabajo campesino, y que asegura por un sistema más o menos complejo de redes de dependencia (vasallaje) y de gratificaciones (feudos), la redistribución en el seno de la clase dominante.” [Bonnassie, Pierre. Les cinquante mots clefs de l'histoire médiévale. Privat. Toulouse. 1981: 86.]
Fontana.
Josep Fontana, un marxista radical, epistemólogo e historiador contemporáneo español, sin ser un especialista medieval, critica a los historiadores burgueses que han con­siderado como carácter esencial del feudalismo la coerción política (extraeconómica) en la obtención del excedente campesino, que contrastaría con la capitalista, en que dicha obtención es contractual y libre. Estos historiadores ignorarían que en la sociedad capitalista también hay una coerción, aunque ideológica. Así, el feudalismo, con su estructura de los tres órdenes sociales, obtendría el excedente por una mezcla de coacción y consentimiento (por ejemplo el diezmo eclesiástico, entregado por el campesino porque cree que a cambio recibe unos servicios espirituales y de asistencia social), con lo que las relaciones señoriales serían en definitiva relaciones económicas más que políticas. [Fontana, Josep. Historia: Análisis del pasado y proyecto social. Crítica. Barcelona. 1982: 256-258.]

ÚLTIMOS ESTUDIOS.
Últimamente los numerosos estudios sobre el tema, con una metodología ecléctica, arqueología medieval, hallazgo de documentos, métodos estadísticos e informática, han con­solidado las tesis de una etapa previa de protofeudalismo en la Alta Edad Media, de que se formó jurídicamente ya en la época carolingia y de que fue un proceso desigual en los di­versos países y épocas, con su cenit en la Europa Occidental de los siglos XI-XII.

 LA ECONOMÍA FEUDAL.
Condiciones generales de la vida económica.
Los siglos VI a X fueron de estancamiento económico. Se modificó el espacio económico al expansionarse hacia el centro de Europa y al aparecer el Islam. La miseria era general debido a la catástrofe de las estructuras políticas y económicas del Imperio (im­puestos, moneda, seguridad, comercio, precios), deviniendo en una “economía natural” de intercambio hasta que el feudalismo asentó unas nuevas bases para el desarrollo.
En el siglo XI comenzó un resurgir económico, con el asentamiento político de las monarquías feudales, el rechazo de las invasiones exteriores, el lento resurgir del comercio y de las ciudades, el aumento de la población, etc. Así, la población de la Europa feudal pasó de 20 millones de habitantes en el año 600 a 70 millones en el 1300.
Actividades económicas en el medio rural.
Era un mundo del bosque, de espacios rurales recuperados por la naturaleza. El clima evolucionó a una mayor aridez. Las costumbres alimentarias de los germanos (caza, pesca, ganado, recolección) se mezclaron con las mediterráneas (pan, vino, aceite). No se perdieron las técnicas agrícolas (rotación de cultivos, herramientas de hierro, molino de agua). Los cereales eran la base de la alimentación; la vid y el olivo se expandieron, como la ganadería.
Un factor esencial para comprender el mundo agrario y la sociedad en la Edad Media es la mejora de la técnica agrícola: la sustitución del arado ligero de ruedas, que sólo abre la capa superficial, por el pesado, con un cuchilla frontal que abría profundamente la tierra y unas orejeras de hierro que la remueven; la tracción de animales de tiro (caballos y mulas más rápidos) mediante colleras; la difusión de nuevos cultivos y de los regadíos, etc. Todas estas mejoras explican el aumento (aunque lento, como su misma difusión) de la producción alimentaria, lo que llevará al aumento demográfico y la vida urbana.
Propiedad, explotación de la tierra y estructura social.
Hay una tendencia a la expansión de la gran propiedad, cada vez más en manos de la aristocracia regional. En cambio, la propiedad real menguó cuando los reyes perdieron su poder poco a poco. También la Iglesia acaparó grandes propiedades rurales lo que provocó que Carlos Martel realizase la primera gran secularización para limitar el fenómeno.
Lo importante era la producción y no la propiedad de la tierra, pues casi no había moneda para pagar los servicios y, para la monarquía, el único instrumento de pagos importantes era la misma tierra. Carlos Martel y Carlomagno pagaron sus guerras de este modo.
Los dominios señoriales.
Los dominios señoriales se dividían en tres partes:
- Terra indominicata (propiedad del señor): trabajadas por esclavos y también por colonos en ciertas épocas, lo que permitía compensar el bajo rendimiento de los esclavos y afrontar las puntas de trabajo durante la siembra y la cosecha.
- Mansos de los colonos arrendatarios libres. Pagaban en especie y en servicios.
- Prados y bosque de aprovechamiento común.
El comercio y las actividades urbanas.
El comercio urbano era muy pequeño, dada la escasa dimensión de su población pero el comercio internacional mantuvo cierto nivel pese a todo, en especial en el Mediterráneo (con Bizancio) y el Mar del Norte. La producción artesanal se ruraliza. La moneda decae, por la falta de poder estatal, subsistiendo sólo la de oro hasta el siglo VII.

LA SOCIEDAD FEUDAL.
La búsqueda de cohesión y seguridad sociales.
El problema era cómo crear un conjunto social coherente, con garantías de seguridad para los habitantes.
- La fusión social. Se fundieron poblaciones heterogéneas, con una profunda aculturación (creciente a mayor número de germanos). Las aristocracias romana y germana se fundieron con facilidad salvo en África, Italia y Bretaña. En el campo fue muy fácil, debido a la ruralización de la sociedad; más difícil fue en la ciudad.
- Familia y clientela. Al decaer la seguridad garantizada por el Estado los individuos la buscaron en la familia en la que el matrimonio será una contraprestación (una familia cede una mujer a cambio de otra), y la clientela como base de los vínculos de poder.
El ordenamiento y la práctica jurídicos.
Al principio hay una oscilación entre los principios jurídicos de nacionalidad (germano) y territorialidad (romano), el derecho de origen colectivo (germano) y el de origen real (romano). Se ponen por escrito las principales fuentes del derecho: Código de Eurico, Breviario de Alarico y el Liber Iudiciorum en Hispania.
En la época feudal aparece ya un derecho común a germanos y romanos, que se han fusionado. La influencia del derecho romano, desde los centros italianos, permite hacer las primeras recopilaciones legislativas, al principio pobres en técnica jurídica. Hasta el siglo XIII no se harán los primeros grandes códigos medievales.
Población, grupos sociales en el medio rural.
El descenso de población en la Alta Edad Media fue general por varias causas: hambre, guerras, enfermedades, peste, inseguridad individual y colectiva, en un círculo vicioso de poca población y poca producción. Por debajo de la aristocracia y la Iglesia terratenientes estaban los propietarios libres, los colonos siervos que cultivaban los mansos de los dominios señoriales y que vivían en la miseria normalmente y la mano de obra esclava para la “terra indominicata”.
Desde mediados del siglo XI la población vuelve a aumentar: en dos siglos se dobla, gracias a la relativa paz, la mejora del clima y de las técnicas agrarias, etc.
Ciudades, población urbana y grupos sociales urbanos.
La decadencia urbana comenzó con la crisis del siglo III y se ahondó en los siglos “bárbaros”. Mantuvieron las ciudades unas funciones político-administrativas, militares, eclesiásticas (sobre todo las sedes episcopales), agrarias y comerciales. El resurgir desde el siglo XI fue muy lento.
La población urbana era escasa: 10.000 habitantes hacían una gran ciudad; París y Roma alcanzaban los 20.000 y destacaban sobremanera sobre las demás. Los grupos sociales estaban jerarquizados como la sociedad feudal: en la cúspide el obispo y los pocos nobles urbanos, en medio los clérigos y caballeros, abajo los artesanos y comerciantes libres, al fondo los siervos y esclavos urbanos.
LA PIRÁMIDE SOCIAL.
La sociedad señorial estaba articulada férreamente en una estructura jerarquizada, como una pirámide, en la cumbre el monarca; en medio la nobleza, la Iglesia, los propietarios libres; abajo los campesinos colonos y esclavos. Fundamentalmente es la división de la sociedad medieval en tres órdenes o estamentos: los guerreros que luchan, los sacerdotes que rezan y los campesinos que producen.

Mapa conceptual de la sociedad feudal. [HistoriaGuadiana.blogspot.com]

El monarca.
El monarca era el máximo señor feudal, en la cúspide de la pirámide social, y dependía de los recursos económicos de sus propios dominios y del servicio militar de los vasallos. No tenía control sobre toda la población porque la jurisdicción era indirecta.
Perry Anderson cree que este modelo puro, de rey sin autoridad, no existió en realidad más que como una entelequia porque hubiera sido tan ineficaz que la nobleza no hubiera podido mantener sus privilegios frente a los enemigos interiores y exteriores. El fracaso del reino visigodo pudo servir de ejemplo disuasivo.
Los nobles.
Un grupo de nobles, constituido por los que estaban situados sólo por debajo del rey hasta el último castellano, acaparaba la propiedad agraria y la riqueza, estratificándose inter­namente por sus riquezas y número de vasallos.
La Iglesia.
La Iglesia aumentó su poder y autonomía, con enormes riquezas territoriales y pecuniarias, con grandes grupos de mansos dependientes directamente de las parroquias, obispados, arzobispados, monasterios y abadías, con sus propias relaciones vasalláticas. Muchos párrocos eran esclavos de señores feudales que así se apropiaban de los ingresos de los mansos. Muchos nobles laicos acumulaban cargos eclesiásticos, en detrimento de la calidad de la vida religiosa.
Los propietarios y hombres libres.
El grupo de propietarios libres, que no eran vasallos de nadie o eran vasallos con un pequeño feudo. Se unían entre sí para financiar caballeros armados. Pero eran continuamente presionados por los poderosos para que aceptaran el patronazgo, con impuestos ilegales, reclutamiento militar y otros abusos. Los numerosos campesinos alodiales (con plena propiedad) vivían en perpetua inseguridad y solicitaban la protección de los poderosos, a cambio de sus tierras o de servicios. También había unos pocos hombres libres en las ciudades, sin propiedades ni vasallos, pero que tenían oficios o cargos importantes en la so­ciedad como artesanos, médicos o funcionarios.
Los grupos campesinos: esclavos y colonos.
En el siglo IX el campesinado occidental estaba ya unido masivamente a la tierra, en una situación jurídica indecisa. Había varios grupos sociales en el campesinado:
- Esclavos, con condición jurídica de “cosa”, que podían ser vendidos y separados de su familia si se vendía la tierra. Pero entre ellos había castas: los que cultivaban la tierra, los que servían en la casa del señor, los “servi casati” que recibían y explotaban un fundo en su propio provecho y practicaban la artesanía. En Francia había pocos esclavos, pero abundaban en Alemania, Italia y Cataluña.
- Colonos, con una libertad jurídica limitada, según el lugar en que vivían, unidos por vida a la tierra, con obligaciones de impuestos y cargas de trabajo en la terra indominicata, artesanía de tejido, servicios domésticos, etc., y derechos restringidos de boda y herencia. Pero tenían obligación militar y por ello podían acceder a los tribunales y limitar sus trabajos. Cultivaban los mansos y aprovechaban la caza y la recolección.

UD FUENTES.
Películas.
El señor de la guerra (1965). Dirección: Franklin J. Schaffner. Intérpretes: Charlton Heston, Richard Boone, Rosemary Forsyth.
Documentales.
[https://www.youtube.com/watch?v=27xdhmswJx4] El origen del feudalismo, por ArteHistoria. 7 minutos.
Serie Memoria de España. RTVE. [www.rtve.es/alacarta/videos/memoria-de-espana/A los reinos bárbaros.
Ciudades bajo tierra. Europa, la guarida de los bárbaros. Documental. 43 minutos. El canal subterráneo romano de Walferdange (Luxemburgo). La ciudad de Maestricht y sus canteras medievales.

La tercera Cruzada. Documental. 48 minutos. Serie: En la línea de fuego. La lucha entre Saladino y los cristianos (Ricardo Corazón de León y otros) a finales del siglo XII.

Libros.
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AA.VV. L'Europe héritière de l'Espagne wisigothique. Madrid. 1992.
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Artículos.
Villanueva, Maite. El vino y la cerveza en la Edad Media. “Historia National Geographic”, nº 38 (2007) 24-27.

FUENTES. Dosier: Los vikingos. [El arte vikingo en el blog Altamira]
Internet.
Películas.
Vikingos (2013). Serie de televisión de History Channel. Realista, aunque con varios errores históricos (por ejemplo, en todo el Mar del Norte se conocía muy bien la existencia de Inglaterra), ha sido creada por Michael Hirst. El vikingo Ragnar Lodbrok lidera la primera expedición a Inglaterra y saquea el monasterio de Lindisfarne (793), iniciando un gran cambio en la historia de los normandos.
Documentales.
Bárbaros. Vikingos. Documental. 43 minutos.

Guerreros. Terror vikingo. Documental. 43 minutos.
Exposiciones.
Libros.
Artículos. Orden cronológico.
Kazanski, Michel. Los ancestros de los vikingos. “Investigación y Ciencia” 367 (IV-2007) 70-76. Los germanos del norte antes de las invasiones vikingas.
De Jorge, Judith. Una mujer americana llegó a Europa cinco siglos antes del viaje de Colón“ABC” (17-XI-2010). Investigadores españoles constatan en familias islandesas el primer contacto genético entre europeos y amerindios; la «madre» original fue traída de América por los vikingos hacia el año 1000.

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