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miércoles, 27 de septiembre de 2017

CS 1 UD 09. EL MEDIO FÍSICO DE LAS ISLAS BALEARES.
Introducción.
El relieve.
El agua.
El clima.
El medio natural; la flora.
El medio natural; la fauna.



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Introducción.
Las Islas Baleares son una comunidad autónoma de España, con capital en Palma de Mallorca (oficialmente Palma). Es un archipiélago de 5.014 kilómetros cuadrados, situado cerca de la costa oriental de la península Ibérica, entre 40º5'48 '' y 38º40'30 '' de latitud N y entre 1º22'47 '' y 4º29 'de longitud E, formado por las islas de Mallorca (con Cabrera desde Conejera, Dragonera, na Redona, Plana y Foradada), Menorca (con Colom y del Aire) y las Pitiusas (Ibiza, Formentera, Tagomago, Santa Eulalia, sa Conillera, s 'Espardell, Espalmador, es Vedrà, es Bosc, Bledes y ses Margalides).

El relieve.
El archipiélago balear descansa sobre un zócalo submarino separado de las costas catalanas peninsulares por un canal de más de 1.000 m de profundidad. En conjunto forma una masa compacta que se eleva desde las profundidades, al este de Menorca, y se prolonga hasta alcanzar la zona litoral valenciana meridional a través de una amplia plataforma costera, la profundidad de la que no rebasa los 500 m.
Las islas tienen su origen en el geosinclinal profundo donde se depositaron los materiales del Secundario y del Terciario, el cual dio también origen a las cordilleras béticas. Las Baleares emergieron en el plegamiento alpino estireno, entre la sedimentación burdigaliana, plegada, y la vindoboniana, transgresiva horizontal.
En Menorca la sedimentación burdigaliana aparece horizontal, lo que hace suponer que la emersión de esta isla es anterior a la de las otras, pues es la única en la que afloran sedimentos paleozoicos, tanto marinos como continentales. Esto demuestra que esta porción del macizo sardocatalà quedó emergida durante una parte de la era primaria.
Los materiales paleozoicos carecen casi por completo a las otras islas, la historia geológica de las que se inició a comienzos de la era secundaria, momento en el que se depositó por encima de los materiales rojos de la base del Triásico la potente serie caliza del Triásico medio, que quedó cubierta por un mar suma durante el fin de este período, y volvió a emerger, aunque por poco tiempo, al empezar el Lies. Después las aguas la volvieron a cubrir depositándose las potentes series del Lies superior y en algunos puntos las del Jurásico y del Cretácico, momento en el que se llegó a la máxima profundidad de este mar, lo que dio lugar a la formación de rocas radiolarítiques.
El inicio de la era terciaria es marcado por frecuentes movimientos transgresivos y regresivos, que hicieron sedimentar, junto con las facies marinas, las facies lignitíferes continentales, los cuales materiales en el Burdigala superior quedaron violentamente replegados por la orogénesis alpina, por cuanto el esqueleto del archipiélago actual cae dentro del arco tectónico de esta orogénesis. A partir de ese momento sólo fueron pequeños movimientos de hundimiento o de levantamiento que afectaron el conjunto de las islas, gracias a los cuales se depositaron, en el área deprimida entre las cordilleras norte y sur de Mallorca y también en las pequeñas Pitiusas (Ibiza y Formentera), los depósitos horizontales del Mioceno, y, de una manera marginal, los cuaternarios correspondientes a los máximos niveles glacioeustàtics.
Fue a finales del Terciario y principios del Cuaternario cuando la fragmentación de la Tirrènida aisló e individualizar cada una de las islas.
Mallorca tiene una sorprendente variedad del paisaje en relación con su reducida superficie, contrastando con la simplicidad que presentan las otras islas.
Menorca es la más oriental de las islas, y su forma es compacta, de contornos bienes definidos. Una línea casi recta, que va desde el puerto de Maó hasta el NE del término de Ciutadella, separa dos zonas geológicas diferentes.
La morfología de Ibiza y de Formentera es parecida a la de Mallorca, aunque en proporciones menores. Emergidas durante el mismo plegamiento estireno, ambas islas tienen tres series tectónicas orientadas análogamente a las de la sierra de Levante de Mallorca, que se suceden de norte a este, y sus pliegues son dispuestos longitudinalmente.

El clima.
Salvo en la escasa alta montaña de Mallorca, las Islas Baleares tienen un clima mediterráneo litoral casi puro, la continentalidad del que aumenta ligeramente de norte a sur. También aumentan la oscilación térmica y las temperaturas máximas; todo ello denota un aumento de la continentalidad bajo la influencia del desierto africano.
El clima de Baleares es templado y regular, y sólo es modificado, de una manera anormal e inconstante, por agentes exteriores, como las invasiones de aire polar o la presencia del siroco procedente de Italia y de Túnez, que a veces lleva un polvillo roja del norte de África y ocasiona altas temperaturas y sequedad.
La humedad relativa es, debido a la insularidad, casi constante y elevada (66,9% en Mallorca), con una oscilación diurna exagerada, principalmente en verano, que se dan mínimas del 25%, cuando sopla el siroco.
Las lluvias tienen una oscilación anual simple, con un máximo en otoño y un mínimo en verano. La sequía estival (en julio, 8,6 mm), que constituye un detalle característico, va seguido de un otoño torrencial con los máximos mensuales (66,9 mm en septiembre y en octubre). En invierno las lluvias adquieren un carácter continuado y tranquilo, y en primavera se convierten en chubascos tormentosas que duran hasta mayo. De octubre a marzo caen más de las tres quintas partes de la precipitación anual, la cual es de unos 550 mm y disminuye de norte a sur (Menorca, 592,0 mm, y Ibiza, 332,8 mm). Mallorca tiene un promedio anual de 481,6 mm. Su región montañosa, con precipitaciones de hasta 1.200 mm, contrasta con las zonas áridas y secas del sur de la isla, donde las precipitaciones son inferiores a 400 mm.
Las nevadas son muy escasas en Baleares, aunque cada año las montañas de Mallorca tienen las cumbres nevadas durante unos pocos días y sin apenas continuidad.

Los vientos influyen notablemente en el clima isleño.
En otoño y en primavera dominan los vientos del N (tramontana) y del SW (suroeste).
 El viento del N se mantiene más de 150 días al año azotando las islas de Menorca y de Formentera, planas y sin las defensas que tienen Mallorca y Ibiza. El viento del SW es caliente y suele llevar lluvias y granizada.
En verano aparece el siroco (SE), que tras recorrer Túnez y el sur de Italia llega a las Islas seco y agobiante, con efectos perniciosos sobre la agricultura.
De mayo a septiembre se establece un régimen de brisas en que las corrientes centrípetos penetran profundamente hasta el centro geográfico de Mallorca y forman cúmulos sin llegar a dar ninguna precipitación.

El agua.
Ningún curso de agua se mantiene constante en Baleares, debido a la escasa dimensión de las islas, el relieve, la naturaleza calcárea del suelo y las condiciones de escasa pluviosidad. Por ello, el carácter torrencial es el principal rasgo de su red hidrográfica, compuesta por lechos secos de torrentes que sólo son inundados por caudales momentáneos o de poca duración debido a las lluvias torrenciales, que se prolongan cuando reciben aportaciones de los manantiales, como ocurre con los torrentes de la región de Sóller y de Lucas, en Mallorca. Menorca e Ibiza tienen cuencas mucho más reducidas y condiciones hidrológicas todavía más secas, excepción hecha del pequeño torrente que se dice río de Santa Eulària, en Ibiza, que solo se seca en breves periodos gracias a los manantiales que lo alimentan.
A la embocadura de algunos torrentes, y situadas en zonas bajas y llanas, hay lagunas o albuferas. La principal es la de Alcúdia, Muro y sa Pobla, seguida de la del prado de San Jorge y de la de salobrar de Campos, las tres en Mallorca. En Menorca hay s'Albufera des Grau.
El agua escasea en las Islas: su estructura cárstica hace que el suelo absorba inmediatamente el agua de lluvia y cree capas freáticas, que son aprovechadas en las zonas poco profundas mediante pozos. Hay pocas fuentes naturales: su emplazamiento produce una fertilidad desacostumbrada de las tierras. Predominan al pie de la sierra de Tramuntana, en Mallorca, donde se extienden las mejores huertas (Sóller, Banyalbufar, Pollença).

El medio natural: la flora.

La flora de Baleares es típicamente mediterránea. Se puede diferenciar fácilmente, sin embargo, la de Mallorca y Menorca, de afinidades tirrénicas, de la de Ibiza y Formentera, fundamentalmente ibérica.
En condiciones climáticas, unas grandes extensiones de encinar ocuparían las zonas más lluviosas de Mallorca y de Menorca, mientras que las menos lluviosas serían ocupadas sobre todo por bosques o màquies de acebuche (Olea europaea variedad silvestris) y lentisco (Pistacia lentiscus) o de algarrobo (Ceratonia siliqua) y olivilla (Cneorum tricoccon); en Ibiza y Formentera la clímax fuera una maquia de carrasca o coscoja (Quercus coccifera) y lentisco. Los caducifolios fueron, y de hecho son, prácticamente inexistentes.
La degradación de las maquias y los bosques climácicos, muy intensa, ha llevado a la instalación de malezas y matorrales, a menudo asociadas a extensas arboledas de pino carrasco (Pinus halepensis). Las calizas de las cimas de las montañas mallorquinas y los roquedales litorales de las costas ventosas de Mallorca y de Menorca presentan una vegetación típica en cojinetes espinosos (socarrells), rica en especies endémicas. Al borde del mar son corrientes las sabinas (Juniperus phoenicia variedad lycia). En general, es constatable una tendencia de la flora balear a diferenciarse en variedades particulares como consecuencia de la insularidad.

El medio natural: la fauna.
La fauna no es muy rica. La agricultura, con su avanzada continua sobre el bosque, la ha ido empobreciendo.
Aparte el erizo (Erinaceus algirus), de origen africano, el resto de los mamíferos son especies europeas: la musaraña (Crocidura balerarica), la gineta (Genetta genetta) y el lirón (Eliomys quercinus), los bosques y los matorrales, y la comadreja o comadreja (Mustela nivalis), varios múridos, el conejo (Oryctolagus cuniculus), la liebre (Lepus granatensis) y varias especies de murciélago en las zonas abiertas. Es notable la ausencia de la ardilla, corriendo el resto de los países mediterráneos.
Los reptiles no son muy abundantes, salvo las lagartijas, corrientes en todas las islas; la fauna de agua dulce es pobre y se reduce a algunas especies de ranas, alguna tortuga y anguilas.
Se ha observado, de otro modo, unas trescientas especies de aves, principalmente europeomediterrànies, con una reducida representación africana. Entre las formas sedentarias son notables el gorrión o tejado (Passer domesticus), el cuervo (Corvus corax), la abubilla (Upupa epops), la perdiz (Alectoris rufa), el mirlo o mèrlera (Turdus merula), el halcón (Falco peregrinus ), el buitre negro (Aegypius monachus) y la lechuza (Tyto alba).
Abundan las especies migratorias, las cuales se presentan en dos ciclos, uno de veraniego y otro de invernal. Este último abarca unas 130 especies, entre las que destacan el estornino (Sturnus vulgaris), el abejaruco (Merops apiaster) y varios tordos (Turdus). El ciclo veraniego, que comprende una docena de especies, comienza tumbado en marzo con la aparición de algunos apòdids (Apus) y de las golondrinas o golondrinas (Hirundo rustica), seguidas, a mediados de abril, por las alondras (Alauda arvensis ) y las codornices o codornices (Coturnix coturnix).


FUENTES.
[http://www.enciclopedia.cat/EC-GEC-0007005.xml] La principal fuente, por su calidad de resumen.

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