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lunes, 14 de febrero de 2011

UD 37. El debate historiográfico sobre la Revolución Francesa.

UD 37. DEBATE HISTORIOGRÁFICO SOBRE LA REVOLUCIÓN FRANCESA.

INTRODUCCIÓN.

1. AUTORES CONTEMPORÁNEOS DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA.
1.1. DETRACTORES: BARRUEL, MAISTRE, BONALD, BURKE.
1.2. DEFENSORES: CONDORCET, BARNAVE, ROEDERER, STAËL, CONSTANT.
2. HISTORIADORES DE LA RESTAURACIÓN: THIERS, THIERRY, GUIZOT, MIGNET, LAPONNERAYE.
3. TENDENCIA ROMÁNTICA LIBERAL: LAMARTINE, MICHELET, CARLYLE.
4. TENDENCIA DE SÍNTESIS: TOCQUEVILLE, QUINET.
5. LA REACCIÓN: DE TAINE A SOREL, GAXOTTE.
6. EL IDEALISMO ALEMÁN: KANT, FICHTE, HEGEL.
7. EL HISTORICISMO ALEMÁN: SYBEL.
8. HISTORIOGRAFÍA PROGRESISTA FRANCESA.
8.1. SIGLO XIX: LOUIS BLANC.
8.2. SIGLO XX. LA ESCUELA ERUDITA: AULARD, SAGNAC, JAURÈS, MATHIEZ, LEFEBVRE.
9. HISTORIOGRAFÍA MARXISTA.
9.1. SIGLO XIX: MARX Y ENGELS.
9.2. SIGLO XX: LABROUSSE, SOBOUL, RUDE Y HOBSBAWM, VOVELLE, GUÉRIN.
10. HISTORIOGRAFÍA DE SÍNTESIS.
10.1. LAS REVOLUCIONES ATLÁNTICAS: PALMER Y GODECHOT.
10.2. LA HISTORIOGRAFÍA RECIENTE.
Una gran variedad de autores.
FURET.
La influencia de Furet y los debates historiográficos.
HIGONNET.
APÉNDICES: UNA BREVE HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA.

INTRODUCCIÓN.
La Revolución francesa ha tenido una extraordinaria transcendencia en la Europa contemporánea y ha motivado una gran diversidad de interpretaciones sobre sus causas, orígenes y evolución en fases, que muestran las influencias externas en la labor de los historiadores. Tony Judt ha considerado con razón su debate historiográfico como el más importante de la historia contemporánea porque sus diferentes interpretaciones han sustentado las más importantes teorías históricas y políticas posteriores, tanto en el centro (Tocqueville), la izquierda (Marx) o la derecha (De Maistre).
La diversidad de interpretaciones es un rasgo resaltado por muchos autores. Soboul vaticinó que la historia de la Revolución nunca será acabada ni completamente escrita: cada generación, a medida que se modifica la metodología histórica, plantea nuevas preguntas y enfoques. Roland Barthes ha escrito que la Revolución Francesa fue un acontecimiento escribible más que legible y su auténtica naturaleza permanece velada para nosotros: todo lo que podemos hacer es interpretar lo que sucedió. En suma, según Higonnet, no hay una lectura única, autorizada, consensuada.
En este tema no he expuesto toda la enorme pléyade de autores que han tratado el tema con extensión y novedad. Faltan multitud de historiadores alemanes, españoles, italianos, británicos, estadounidenses... incluso franceses. He preferido hacer una exposición basada en grupos, en corrientes historiográficas, para evitar una inabarcable dispersión.

Un resumen.
Hay dos grandes líneas interpretativas de la Revolución francesa: el idealismo y el materialismo histórico, cada línea con varias tendencias o corrientes.
Dentro de la línea idealista, hay numerosas tendencias. La ilustrada (Barnave, Madame de Stäel...) valora la Revolución como un acontecimiento bienhechor, la realización de la Razón. La corriente liberal (Guizot, Thiers, Mignet, Taine, Tocqueville...) la valora también positivamente como el necesario triunfo político de la burguesía y un paso en la realización de la razón y el progreso de la Humanidad. La corriente romántica (Michelet) sólo añade a este juicio la dimensión popular y nacional. Estas corrientes prosiguen hasta el siglo XX.
La línea materialista histórica (Marx, Engels, Jaurès, Labrousse, Soboul...) valora las causas económicas y sociales, o sea, las relaciones de producción cuyas contradicciones motivaron la Revolución. A finales del siglo XVIII el régimen de propiedad, la organización de la agricultura y de la industria no correspondían a las fuerzas productivas en pleno desarrollo y constituían obstáculos para la plena producción. Marx y Engels escriben “Era necesario romper esas cadenas”.
En mi opinión, la Revolución francesa fue la culminación de una de las dos vías abiertas para el paso del feudalismo al capitalismo. Una reformista, constituida por la Revolución inglesa y el proceso de reformas de los siglos siguientes. Otra revolucionaria, la francesa, marcada por la ruptura violenta con las instituciones políticas, económicas y sociales del Antiguo Régimen.

1. AUTORES CONTEMPORÁNEOS DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA.
La mayoría de los autores contemporáneos retuvieron del proceso su vertiente tremendista: incendios, terror, guillotina, y nos han transmitido relatos pasionales en los que la indagación de los elementos desencadenantes no van más allá de la teoría del complot.

1.1. DETRACTORES: BARRUEL, MAISTRE, BONALD, BURKE.
BARRUEL.


El abad Augustin Barruel (1741-1820), era una víctima de la Revolución y su tono apasionado influiría en otros historiadores, defensores de los privilegios de la aristocracia. Defiende la tesis conspiratoria, como también lo hizo Rivarol. En sus Mémoires pour servir à l'histoire du Jacobinisme (1803) expone:
- La Revolución es resultado de un complot secreto de la masonería (jacobina), con el apoyo de los ilustrados y del rey de Prusia.
- Aboga por la aniquilación de los jacobinos para evitar la extensión del desastre.

MAISTRE.

Joseph de Maistre (1753-1821), publicó Consideraciones sobre Francia (1796), en la que se muestra como un tradicionalista legitimista, defensor de la Monarquía de derecho divino y partidario de la casa de Saboya.
- La Revolución es una prueba divina para fortalecer la monarquía.
- Su causa es la difusión de libros prohibidos, que infeccionaron las mentes del pueblo.
- Los jacobinos son el “Satán”, porque su obra descristianizadora y terrorista es demoníaca.

BONALD.
Louis de Bonald (1754-1840). Emigrado entre 1791 y 1810, a su vuelta criticó los principios de la Revolución francesa. Es un tradicionalista, defensor de la monarquía autoritaria. Justificó el antisemitismo, la esclavitud y la vuelta a la agricultura. Es el principal teórico de la contrarrevolución junto a De Maistre.
- La causa de la Revolución es la difusión de libros prohibidos, de ideas ilustradas y liberales.

BURKE.


Edmund Burke (1729-1797), parlamentario liberal británico y filósofo político, publica el primer estudio científico sobre la Revolución, en Reflexiones sobre la Revolución en Francia (noviembre de 1790), en las que compara y distingue entre las revoluciones inglesa de 1688 y la francesa de 1789, se muestra como un radical oponente al ideal revolucionario y llega a proponer una cruzada antirrevolucionaria. Su obra giró completamente la opinión pública británica, al principio favorable a la revolución (sobre todo los poetas románticos), e influyó en muchos europeos, sobre todo cuando se confirmó su previsión de una radicalización violenta en el Terror de 1793-1794.
- Admite su importancia histórica: “Consideradas en conjunto las circunstancias, la Revolución francesa es la más asombrosa que haya habido hasta ahora en el mundo.”
- Defiende la monarquía moderada y parlamentaria.
- Ataca las ideas de la Ilustración, el individualismo y la igualdad, y a los dirigentes y las masas de la Revolución.
- Aboga por unas reformas, en un cambio necesario, pero gradual y natural dentro de los límites de la estructura social y política existentes.
- Defiende la propiedad privada de las tierras, por lo que se opone a las confiscaciones de los bienes de la Iglesia, que a su juicio es un primer paso hacia la toma de todos los bienes por los indigentes.
- Pronostica el fin de la Revolución y la vuelta de la monarquía, porque aquella arruina a la aristocracia y destruye la jerarquía de las clases sociales, que es de institución divina.

1.2. DEFENSORES: CONDORCET, BARNAVE, ROEDERER, STAËL, CONSTANT.
CONDORCET.


Nicolas de Caritat, marqués de Condorcet (1743-1794), fue un aristócrata revolucionario; detenido por los jacobinos, se suicidó en la prisión antes de ser ejecutado. Escribió el Esbozo de un cuadro histórico del progreso del espíritu humano (1793-1794). Con Destutt forma el grupo de los historiadores “ideólogos”, los que creen que una ciencia de las ideas puede “prever los progresos de la especie humana, dirigirlos y acelerarlos”. Por ello, es el mejor teórico del mito del progreso del hombre, logrado mediante el desarrollo de la razón.
- Considera que la Revolución Francesa es la etapa de mayor esplendor de las diez que ha vivido la Humanidad.

BARNAVE.


Joseph Barnave (1761-1793), un abogado, fue guillotinado durante el Terror (28 noviembre 1793), por ser un girondino moderado, partidario del pacto con la monarquía y la nobleza. Escribió Introducción a la Revolución Francesa (unas notas de 1792, publicadas con ese título en 1843), que influyó mucho en los estudios posteriores (Tocqueville, Jaurès).
Su pensamiento ilustrado se manifiesta en que cree en la teoría de Smith de los cuatro estadios (sociedades cazadora-recolectora, pastoril, agrícola y mercantil), y como Smith (que rechaza toda revolución) considera que la Revolución política debe ser sólo una reforma que realizará el último estadio económico. En suma, considera como la escuela histórica escocesa que cada sistema de producción tiene un marco institucional y jurídico propio, que debe adaptarse a los cambios económicos o será un obstáculo al progreso por lo que sería derribado por la acción política.
Dado su pensamiento burgués, no se preocupa por los problemas sociales de las clases populares de la ciudad ni por los campesinos. Defiende una monarquía constitucional, pactada entre los tres Estados, y los logros moderados de los primeros años, sin necesidad de “violentas conmociones”.
- Presenta la Revolución como el choque de grupos sociales calificados por su base económica.
- Enmarca la Revolución dentro del espacio europeo y su época.
- Considera una multiplicidad de factores que influyen: las condiciones sociales, el desarrollo económico, la distribución de la riqueza, la debilidad de la monarquía y su apoyo a las clases privilegiadas en perjuicio de la burguesía, el ejemplo de la Revolución norteamericana y la crisis económica y financiera de Francia.
- Observa la relación entre el creciente poder económico de la burguesía (“el pueblo”, el Tercer Estado) gracias a la difusión del comercio y la industriay su aspiración al poder político, frente a la aristocracia terrateniente, que representa el pasado agrícola:
‹‹El reinado de la aristocracia dura mientras el pueblo campesino continúa ignorando o despreciando las artes, y mientras la propiedad de la tierra sigue siendo la única riqueza (...) Desde el momento en que las artes [industriales] y el comercio penetran en el pueblo y crean un nuevo medio de riqueza en beneficio de la clase trabajadora, se prepara una revolución en las leyes políticas; una nueva distribución de la riqueza produce una nueva distribución del poder. Lo mismo que la posesión de las tierras ha elevado a la aristocracia, la propiedad industrial eleva el poder del pueblo.››
Para que se realice definitivamente el nuevo cambio económico debe triunfar primero una revolución (en el sentido de reforma) política que levante los obstáculos jurídicos e institucionales al progreso.

ROEDERER.


Pierre-Louis Roederer (1754-1835), es autor de El espíritu de la revolución de 1789 (escrito en 1815, publicado en 1831). Es un ilustrado, como Barnave, que también explica el carácter de lucha de clases de la revolución.
- El enriquecimiento de la burguesía la convirtió en la clase social dominante, por lo que debía reivindicar su papel legítimo en lo político.
- Considera que la revolución fue necesaria por la negativa de las clases privilegiadas a compartir el poder con los “hombres libres y propietarios”, los burgueses de la ciudad y del campo.

MADAME DE STAËL.

Madame de Staël (1766-1817), hija del ministro Necker, esposa del emnajador sueco Staël, al principio fue partidaria de la Revolución, pero huyó en 1792 y se opuso a Napoleón. En Consideraciones sobre los principales acontecimientos de la Revolución Francesa (1818) expone:
- La revolución se debió al enriquecimiento de la burguesía durante el siglo XVIII y su aspiración a tomar el poder.
- Defiende una República moderada.
- Defiende a las clases populares, oprimidas por los impuestos y las cargas para la aristocracia.
- El absolutismo provocó la degeneración moral y el Terror fue la consecuencia.

CONSTANT.

Benjamin Constant (1767-1830), también conocido como amante de Staël, colaboró primero con Napoleón y luego se apartó de este. En De la force du government actuel de la France... (1796), sigue las ideas republicanas moderadas de Staël:
- Propone construir una república burguesa, con un parlamentarismo de tipo inglés.

2. HISTORIADORES DE LA RESTAURACIÓN: THIERS, THIERRY, GUIZOT, MIGNET, LAPONNERAYE.
Thiers, Thierry, Guizot, Mignet y Laponneraye representan una tendencia liberal-burguesa (continuada por Michelet y Taine) que en el periodo 1820-1839 defiende los logros sociales de la Revolución pero no justifica el radicalismo del Terror. Varios son políticos y periodistas de renombre, cuyas obras históricas alcanzan un gran éxito editorial.

THIERS.


Adolphe Thiers (1797-1877) es autor de la inmensa Histoire de la Révolution Française (1823-1827), en 10 tomos. Políticamente fue un liberal burgués toda su vida: fue un opositor al rey absolutista Carlos X, ministro y primer ministro con Luis Felipe, firme monárquico orleanista durante el II Imperio y republicano en 1870, fue el primer presidente de la III República y aplastó la revolución de la Comuna de París.
- Utiliza el método de basarse en la documentación y en la encuesta oral a los supervivientes.
- Critica con dureza los abusos de la monarquía absolutista y defiende los logros burgueses de la Revolución, pero no justifica el radicalismo del Terror.

THIERRY.


Augustin Thierry (1795-1856), en sus Cartas sobre la historia de Francia (una recopilación de artículos) critica la historia francesa tradicional (de los reyes), escrita al servicio del Antiguo Régimen. Se debe escribir una nueva historia, burguesa, “la historia del pueblo”. Pero no llegó a escribir su historia del Tercer Estado hasta la Revolución.

GUIZOT.


François Guizot (1787-1874) fue un político importante y un historiador menor aunque fue el más famoso del grupo. Fue ministro de Luis XVIII, sosteniendo ideas monárquico-constitucionales y depuesto por los ultras en 1822, fue otra vez ministro (con Thiers) de Luis Felipe, como representante de la alta burguesía. Desde 1812 fue catedrático de Historia en la Sorbona y estudió las revoluciones de Inglaterra y Francia. Entre sus obras destacan Historia de la revolución en Inglaterra (1826-1827) y Histoire générale de la civilisation en Europe (1828).
- Defiende los logros burgueses de la Revolución, pero no justifica el radicalismo del Terror (su padre fue guillotinado durante este).
- Rechaza la República democrática de los girondinos.
- La originalidad de la sociedad francesa, como de la sociedad inglesa, consistía esencialmente en la existencia, entre el pueblo y la aristocracia, de una clase burguesa fuerte, que lentamente había elaborado su ideología y creado los cuadros dirigentes de una sociedad nueva, de la que 1789 había sido su consagración. La misma opinión siguieron Taine y Tocqueville.

MIGNET.
François Mignet (1796-1884) es un historiador liberal en la época de la Restauración. Pide una Carta liberal a Carlos X. Escribe una Historia de la Revolución francesa (1824).
- Es una historia política, centrada en las asambleas y los partidos, con mucha documentación.
- La revolución es una protesta legítima contra las tiranías y las limitaciones del Antiguo Régimen.
- Era un movimiento político desde la cumbre, promovido por las clases “respetables” de la nación para corregir los agravios y reformar las instituciones anticuadas. “Cuando una reforma se hace necesaria y ha llegado el momento de realizarla, nada puede interponerse en su camino y todo favorece su progreso”.

LAPONNERAYE.
Albert Laponneraye es el autor de Historia de la Revolución Francesa desde 1789 hasta 1814 (1838).
- Estudia los orígenes sociales de la Revolución, causada por la opresión de las clases privilegiadas sobre la burguesía y el pueblo.
- La Ilustración es el activador de la conciencia de clase de la burguesía.
- Estudia la crisis financiera y económica como detonante básico.

3. TENDENCIA ROMÁNTICA LIBERAL: LAMARTINE, MICHELET, CARLYLE.
Los historiadores románticos ponen al pueblo (y sus héroes) como sujeto principal de la Historia. Manifiestan un encendido liberalismo. Descuellan Lamartine, Michelet y Carlyle.

LAMARTINE.


Alphonse de Lamartine (1790-1869) es un escritor romántico y un conocido político francés. Liberal moderado, muy popular, estuvo a punto de ser presidente de la República en 1848. En la Historia de los girondinos (1847):
- Coloca al pueblo en primer plano del acontecimiento.

MICHELET.


Jules Michelet (1798-1874), francés, es un romántico liberal y demócrata francés, entusiasta de la revolución de 1848, por lo que fue depurado. En Histoire de la Révolution française (1847-1853), en 17 tomos intentó construir una historia que tuviese en cuenta todos los datos sociales, étnicos, culturales... Pero estaba muy influenciado por el romanticismo lírico de la época y desdeña los datos económicos que aparecen en la documentación, en detrimento del análisis racional y dialéctico de los hechos, por lo que se limita a una visión sentimental: por sus encendidas páginas resuenan gritos de libertad.
- Es partidario de la Revolución y de la República.
- El pueblo es el único héroe. Ensalza el papel de las clases populares (los sans-culottes), sumidas en la miseria tanto en el campo como en la ciudad.
- Las causas son: la difusión de las ideas ilustradas, los problemas financieros, la corrupción...

CARLYLE.


Thomas Carlyle (1795-1881) es un escritor británico, romántico apasionado, muy importante en la historia de las ideas. Estudia las figuras geniales de la Historia, con una admiración que le hizo precursor del fascismo, por su espíritu antidemocrático. Su Historia de la Revolución francesa (1837) es un monumento de la historiografía romántica.
- Destaca las figuras individuales y deja a un lado las fuerzas sociales.
- Admira sobre todo a Napoleón, como el héroe del siglo.
- La Revolución se basó en razones equivocadas: el régimen revolucionario quería acabar con el Antiguo Régimen pero fue tan sangriento e injusto como este, y hubiera sido menos destructor esperar a su reforma paciente, según el modelo inglés.

4. TENDENCIA DE SÍNTESIS: TOCQUEVILLE, QUINET.
TOCQUEVILLE.

Charles Tocqueville (1805-1859), un gran estudioso de la democracia norteamericana. En L'Ancien Régime et la Révolution (1856), aborda el primer estudio realmente explicativo, al formular hipótesis que luego debe confirmar con la consulta de los datos.
- Muestra la confrontación de los grupos sociales: aristocracia, burguesía, proletariado, pero los considera homogéneos, en lo que sigue a Barnave (publicado en 1843), lo que es criticado hoy.
- Tocqueville cree en una tendencia histórica hacia la igualdad.
- El fin de la Revolución fue: “abolir por doquier el resto de las instituciones de la Edad Media”, que eran sinónimo de desigualdad. Critica la opresión del feudalismo: “)Por qué los derechos feudales se habían hecho más odiosos al pueblo de Francia que en cualquier otro sitio?”
- Rechaza la tesis económica como causa principal de la Revolución, que explica como una continuidad histórica del absolutismo, tras la disolución del feudalismo. “Lo que la Revolución no ha sido en modo alguno es un acontecimiento casual. Es cierto que ha cogido al mundo de improviso, y sin embargo era sólo el complemento del más largo trabajo, el final repentino y violento de una obra en la que habían trabajado diez generaciones.
- La Revolución sólo aceleró el inevitable proceso de destrucción del Antiguo Régimen, feudal, en el que había grupos sociales opuestos al inevitable Estado centralizado. Fue una “revolución irresistible que camina después de tantos siglos, a través de todos los obstáculos, y que hoy todavía se ve avanzar en medio de las ruinas que ha producido”.
- Aseguró el triunfo del centralismo, al eliminar los obstáculos a la autoridad del Estado.
- No está de acuerdo con Michelet sobre la extrema miseria rural, sino que afirma que había una próspera clase de propietarios.
- La Revolución la inició ya en 1787, contradictoriamente, la propia aristocracia, que, reacia a pagar impuestos, se resistió a un pacto financiero que salvase a la Hacienda con lo que forzó a Luis XVI a convocar los Estados Generales. Cayó, en fin, por la debilidad de su poder de coacción militar y su aislamiento social, enfrentada a las demás clases sociales:
‹‹Si se piensa, por último, que esta nobleza separada de las clases medias, que había rechazado de su seno, y del pueblo, del que había dejado escapar el corazón, se hallaba totalmente aislada en medio de la nación, en apariencia al frente de un ejército, en realidad un cuerpo de oficiales sin soldados, se comprenderá cómo después de haber estado mil años en pie había podido derrumbarse en el espacio de una noche.››
- La Revolución finalmente la hizo, desde 1789, la burguesía para superar la crisis financiera, con el apoyo del campesinado para no quedarse aislado.
- El Terror fue un error, al sustituir un despotismo real con otro, el popular.
- Habría que distinguir dos fases: una Revolución de la Libertad (los primeros años) y una Revolución del Odio (el Terror).

QUINET.

Edgar Quinet (1803-1875) publicó La Revolución (1854-1865) y fue muy influido por el romanticismo y Tocqueville.
- Reduce la Revolución al establecimiento de la libertad, sin que fuese necesaria para cambiar el orden económico.
- Critica duramente al Terror e ignora la revolución popular.
- La República debía haber sustituido el catolicismo por el protestantismo.

5. LA REACCIÓN: DE TAINE A SOREL, GAXOTTE.
TAINE.


Hippolyte Taine (1828-1893) es un determinista pesimista, cuya concepción es evolucionista (según las ideas de Darwin), siendo los tres factores determinantes el momento, el medio y la raza. Escribe la monumental Les Origines de la France Contemporaine (1876-1893). Fue muy criticado por Jaurès, pero debe destacarse su magnífico trabajo documental, muy superior al de la historiografía francesa anterior, aunque da crédito a fuentes sospechosas y elige arbitrariamente los textos más adecuados para confirmar sus tesis:
- Es contrario a la Revolución a la que juzga como negativa para la evolución política y social posterior.
- La Revolución fue un proceso fatal, inevitable, por los fallos del Antiguo Régimen, aunque el Estado moderno, tanto napoleónico como republicano, sea también deplorable.
- Defiende a la monarquía.
- Ataca a las clases populares, “hordas miserables”, y a los jacobinos, “enloquecidos y obsesionados”, como partidarios del Estado en contra del individuo: Danton es “el bárbaro”, Marat “el loco”, Robespierre “el pedante”.
- La causa principal de la Revolución sería la miseria rural, debido a la excesiva presión fiscal sobre los propietarios rurales y la miseria de los no propietarios.
- No estudia a fondo los orígenes sociales y económicos del ascenso de la burguesía ni las contradicciones sociales, pero sí esboza la lenta ascensión de la burguesía en la escala social, al final de la cual la desigualdad social se le hizo insoportable.

GAXOTTE.
Las teorías de Taine siguieron influyendo en la ultraderecha francesa (sobre todo la Action Française), monárquica, de la que es representativo Pierre Gaxotte (1895-1982), que publicó La Révolution Française (1928), donde sostiene que la Revolución fue una interrupción lamentable de la historia de Francia, porque a los éxitos de la monarquía absoluta se le opuso el sistema estúpido y “comunista” de 1794.

SOREL.


Una influencia de Taine de mayor enjundia e igualmente reaccionaria fue la que tuvo sobre Albert Sorel (1842-1906), autor de la monumental Europa y la Revolución francesa (1885-1903):
- Es favorable a la Revolución francesa (como conquista del poder por la burguesía ascendente), pero hostil a la revolución democrática pues fue esta la que planteó con la guerra el problema de las fronteras naturales de Francia y la lucha con Inglaterra. Esta tesis de la agresividad francesa la tomó del alemán Sybel.

6. EL IDEALISMO ALEMÁN: KANT, FICHTE, HEGEL.
KANT.

Emmanuel Kant (1724-1804), el mayor filósofo idealista alemán, en los primeros años del decenio de 1790 estudió la Revolución francesa.
- Defiende la Revolución por su contenido político reformista, que abre paso a la razón y realiza la libertad.
- Critica su forma violenta, poco tolerante.

FICHTE.
Johann Gottlieb Fichte (1762-1814), otro filósofo idealista alemán, es el primer gran teórico del nacionalismo alemán romántico, evolucionó en sus ideas desde una posición favorable hasta una oposición.
- Al principio critica a los autores contrarios a la Revolución (Burke), porque es una etapa en el camino a la libertad.      
- Al final critica la Revolución por no alcanzar sus objetivos liberales.

HEGEL.


George W. F. Hegel (1770-1831), junto a Kant el mayor filósofo idealista alemán, defiende siempre la Revolución, incluso en sus últimos años en Berlín.
- La Revolución es la llegada de la Razón a la política.
- Es la victoria de los intereses generales sobre los particulares.
- Critica los excesos y la anarquía del Terror.

7. EL HISTORICISMO ALEMÁN: SYBEL.
Heinrich von Sybel (1817-1895), uno de los grandes maestros de la historiografía alemana, publicó Historia de Europa durante la Revolución francesa, en dos partes, de 1789 a 1795 (1853-58) y de 1795 a 1800 (1872-74), basándose en documentos con una erudición extraordinaria, antes y mejor que Taine.
- Achaca la culpa de las guerras europeas a la agresividad francesa, que buscaba alcanzar le hegemonía europea.
- Fue responsable de ello la revolución democrática, encabezada por los girondinos.

8. HISTORIOGRAFÍA PROGRESISTA FRANCESA.
8.1. SIGLO XIX: LOUIS BLANC.
Louis Blanc (1811-1882), un político radical es el autor de Historia de la Revolución Francesa (1844-1862), 10 tomos, e Historia de los diez años.
- Defiende la República y el jacobinismo.
- No defiende el Terror pero lo explica por los vicios del Antiguo Régimen y la reacción absolutista.
- Hubo dos revoluciones: 1) La primera en 1789, con la caída del Antiguo Régimen (nobleza y clero) y la victoria de la burguesía, en un complot (tesis de Barruel). 2) La segunda en 1793, con la victoria temporal del proletariado sobre la burguesía.

8.2. SIGLO XX. LA ESCUELA ERUDITA: AULARD, SAGNAC, JAURÈS, MATHIEZ, LEFEBVRE.
Con ocasión del primer centenario de la Revolución (1889), se publicaron muchas fuentes y se editaron muchos estudios científicos y nacieron la Sociedad de Historia de la Revolución Francesa, y la revista “La Révolution française”, dirigida por Aulard. Otra publicación prestigiosa fue “Annales historiques de la Révolution française”, dirigida por Mathiez y luego por Lefebvre. En la primera mitad del s. XX se multiplicaron los estudios eruditos, con una metodología ecléctica (desde el liberalismo al marxismo). Destacan tres autores, Jaurès, Mathiez y Lefebvre, firmemente partidarios de los revolucionarios más radicales. Tienen entre sus predecesores inmediatos a Aulard y Sagnac y que se inspiran en las obras de Tocqueville y la historiografía alemana.
Otro autor de esta época es Augustin Cochin (1876-1916), quien sigue las tesis sociológicas de Durkheim y estudia el jacobinismo de los ilustrados franceses (especialmente los masones), reinterpretando las tesis conspirativas de Barruel, no ya como una conspiración, pero sí como un pensamiento ilustrado difundido en círculos privados y que se difundió durante el periodo 1789-1794. Su mayor obra es la póstuma L'esprit du jacobinisme. Une interprétation sociologique de la Révolution française (1979).
Daniel Mornet (1878-1954), un especialista del pensamiento ilustrado francés, en Les origines intellectuelles de la Révolution française (1933) sostiene la tesis del origen intelectual de la Revolución, iniciada con Barruel y proseguida con Tocqueville, que ha llegado hasta Mathiez (aunque este sea un pro-jacobino).

AULARD.
Alphonse Aulard (1849-1928), un republicano influido por la visión liberal y romántica, identifica la historia de la Revolución francesa con la elaboración de las ideas democráticas en el s. XIX. Autor de Historia política de la Revolución francesa (1901) y de La Revolución y la propiedad territorial (1959), donde estudia la abolición de los derechos feudales. Es un erudito que se interesa sólo por la historia política, dejando de lado los aspectos económicos y sociales. Pero sus estudios políticos, muy rigurosos científicamente, fueron bastante utilizados por la historiografía posterior, en especial por Jaurès y Lefebvre.

SAGNAC.
Philippe Sagnac (1868-1954), profesor de Historia de la Revolución Francesa en la Sorbona hasta 1935 (cuando le sustituyó Lefebvre), es autor de La legislación civil de la Revolución francesa (1899) y colaborador de La Revolución francesa (1930), con Guyot y Lefebvre. Como Aulard, es un erudito que se centra sobre todo en los aspectos jurídicos y políticos de la abolición de los derechos feudales. Considera que la incapacidad de la nobleza para pactar la llevó al desastre, ante una burguesía que necesitaba construir un nuevo orden institucional y legal.

JAURÈS.


Jean Jaurès (1858-1914) es un socialista heterodoxo y pacifista, influido por Marx, Michelet y Tocqueville. Pacifista, fue asesinado pocos días antes de la Gran Guerra por un nacionalista fanático. Su obra influye en Mathiez y Lefebvre, gracias a su pasión y su análisis, aunque se le haya criticado su esquematismo.
En su primer tomo de Historia socialista de la Revolución francesa (1901-1904) estudia la estructura social y económica de la sociedad francesa durante la Revolución:
- Resalta los aspectos económicos y sociales, sin desdeñar la influencia decisiva que en todo proceso revolucionario tienen las ideas. “Sabemos que las condiciones económicas, la forma de producción y la propiedad son el fondo mismo de la historia”.
- La causa principal de la Revolución fue la potencia económica e intelectual de la burguesía, que ha alcanzado su madurez: el resultado fue consagrar este poder en la ley.
- La contradicción entre las clases sociales sería el detonante inmediato de la Revolución.
- Las causas son una burguesía y un gran campesinado oprimidos, pero con un fuerte poder económico y social y una clara conciencia de clase, que deseaban acceder al poder político.
- Otras causas serían la crisis financiera y económica, el descontento de las clases populares urbanas y las ideas ilustradas.
- Explica el Terror como una autodefensa de la Revolución contra la Reacción.

MATHIEZ.
Albert Mathiez (1874-1932) admira a Robespierre y a los jacobinos, por lo que se le ha denominado “Taine de la izquierda”. Sostiene que el origen de la Revolución fue intelectual, aunque influyeran también otros factores.
- Sigue la tesis del desarrollo económico y social, con las desigualdades sociales como motor revolucionario.
- La burguesía tenía una conciencia de clase y movilizó al proletariado para romper la situación de opresión, mientras que el campesinado era próspero, pero sufrió una crisis en los años 80, que le llevó a la revolución. Mathiez muestra la complejidad del Tercer Estado, que se dividió al poco tiempo en varios grupos sociales con intereses enfrentados.
- Demuestra la importancia de los hechos económicos.
- El pueblo no es el sujeto heroico de Michelet, sino que es la gran fuerza movilizada por los antagonismos, turbada por la cuestión de las existencias: “la vida cara es el Terror”.
 Mathiez es el mejor estudioso de las fases de la Revolución:
- La “sublevación nobiliaria” de 1787-1788 que se opondría a toda reforma que para solventar la crisis financiera la obligase a asumir deberes fiscales y que rechazó compartir la preeminencia con la burguesía, ese acaparamiento de los altos cargos del Estado. Su egoísmo comportó su aniquilación a manos de una burguesía que hubiera preferido una reforma pactada como ocurrió en Inglaterra.
- La revolución rural y urbana (por las pésimas cosechas y la crisis de subsistencia) con la alianza de proletariado y burguesía.
- El Terror como defensa de la Revolución.
- El Termidor como reacción burguesa.

LEFEBVRE.
Georges Lefebvre (1872-1959), un famoso historiador, sigue las tesis de Tocqueville, Jaurès, Mathiez y Sagnac. Socialista, como Jaurès y Mathiez admira a Robespierre. Los nuevos métodos de investigación le permiten elaborar síntesis integradoras de enfoques sociales, económicos y políticos, con una enorme erudición y capacidad de síntesis.
Lefebvre se interesa sobre todo por el campesinado (de los 25 millones de habitantes de Francia en 1789 más de 20 eran campesinos) y demuestra que el movimiento campesino tuvo autonomía respecto a su origen, sus procedimientos, sus crisis y sus tendencias. Pero coincidió básicamente con los fines de la revolución francesa: la destrucción de las relaciones feudales de producción. La Revolución acabó en los campos con el antiguo régimen de propiedad y aceleró la ruina de la organización tradicional de la agricultura.
- Su tesis doctoral sobre Los campesinos del Norte durante la Revolución (1924) desmonta definitivamente la concepción de un proceso urbano (o parisino): sin la revolución en el campo el proceso hubiera sido diferente o se hubiera interrumpido; “para los campesinos fue esencialmente una revolución social”. La obra es el primer gran trabajo de historia social sobre el tema y está llena de estadísticas y datos nuevos.

El Gran Miedo de 1789. Los campesinos destruyen palacios, iglesias y archivos de propiedad.

- Estudia después La Grande Peur de 1789 (1932), el temor al bandido, es decir, el temor a la gran revuelta campesina, iniciada incluso antes que la Revolución. Demuestra que el “miedo”, un factor ideológico, a la violencia de las masas campesinas impactó enormemente sobre el curso revolucionario.
- En las Cuestiones agrarias en tiempos del Terror (1932) explica como el régimen republicano jacobino apoyó la consolidación de una clase social de campesinos propietarios que apoyase a los jacobinos en su lucha contra los reaccionarios. Pero el reparto de los bienes nacionales y la supresión del diezmo y los derechos señoriales sólo beneficiaron a una parte del campesinado, que acabó pactando con la burguesía conservadora.
- En sus estudios posteriores, entre los que destacan Napoléon (1936), Termidorianos (1937), la síntesis de 1789: Revolución francesa (1939), Directorio (1946)... aparecen ensambladas varias revoluciones, en cuanto que cada clase social se define por problemas específicos y, en consecuencia, se mueve por objetivos diferentes.
- Explica el enriquecimiento de Francia en el siglo XVIII, con el ascenso de la burguesía y del campesinado medio, mientras que el proletariado rural y urbano estaba en la miseria.
- Era inevitable un conflicto de clases entre monarquía, nobleza, clero, burguesía, campesinado y proletariado rural y urbano, con juegos de oposición y alianzas que se explican por las mentalidades diversas de estas clases sociales.
- La nobleza, en una “revolución aristocrática” (la primera, ya en 1787) reaccionó ante la pérdida de poder ante la monarquía absoluta, mientras que la burguesía, con una fuerte conciencia de clase, aspiraba a compartirlo.
- La crisis financiera provocó la revuelta nobiliaria a la que siguió la burguesa y luego la del proletariado.
- La Revolución no hubiera sido necesaria si se hubiera llegado al principio a un pacto equilibrado pero las clases dominantes se negaron a ello, por lo que las demandas sociales de la burguesía se radicalizaron de modo imparable.

9. HISTORIOGRAFÍA MARXISTA.
9.1. SIGLO XIX: MARX Y ENGELS.


Marx (derecha) y Engels.

Karl Marx (1818-1883) se inspiró en Hegel aunque llegó a conclusiones distintas. Su pensamiento es inseparable del de Engels.
- La Revolución francesa fue una revolución burguesa, que se emprendió para derrotar a la aristocracia feudal privilegiada y despejar el camino hacia el capitalismo.
- Fue un triunfo político de la burguesía, ya antes triunfante en lo económico.
- Critican la Revolución de la Libertad, de los Derechos Humanos, como una manifestación burguesa, liberal e individualista.
- Los jacobinos fallaron por aspirar a una democracia política sin una revolución económica: fue un ensayo fracasado de una sociedad sin clases.
- La Revolución se repetirá porque las libertades políticas y económicas sólo beneficiaron a la burguesía de profesionales y empresarios.
- Será necesaria la revolución del proletariado para lograr la desaparición de las clases sociales.

9.2. XX: LABROUSSE, SOBOUL, RUDE Y HOBSBAWM, VOVELLE, GUÉRIN.
LABROUSSE.
Ernest Labrousse (1895-1988), heredero de la tradición historiográfica del socialismo francés y discípulo de Jaurès, publica su fundamental Esquisse du mouvement des prix et des revenus en France au XVIII siècle (1933), una historia serial del movimiento de los precios y los ingresos (rentas agrarias y salarios) en la Francia del s. XVIII. Utiliza el método estadístico para determinar las repercusiones de los ciclos económicos (de larga duración, cíclicos y estacionales) en las clases y grupos sociales, y su causalidad en la Revolución francesa. En una obra posterior, La crise de l'économie française à la fin de l'ancien régime et au début de la Révolution (1944), Labrousse concilió las tesis de Michelet y Jaurès, presentando al Revolución como fruto de la miseria (Michelet) y de la riqueza (Jaurès) al mismo tiempo. Es decir, la suma de dos revueltas, la de los pobres y la de los ricos.
Es el gran estudioso de la economía, pues se centra en las causas económicas y sociales.
- Estudia la economía francesa anterior a la Revolución, para conocer la inflación y deflación, la situación financiera y la crisis agrícola. Desde una larga ola de prosperidad, justo antes de 1789, estalló una dura depresión económica (por efecto del tratado comercial con Inglaterra en 1786, la mala cosecha de 1788, y otros motivos). Demuestra que el estallido revolucionario coincide con la cota de máximos precios de las subsistencias. Era un contexto revolucionario, de crisis económica por el desfase entre la gran alza de los precios y el menor de los salarios.
- La crisis económica, financiera y social repercutió en la consiguiente crisis política.

SOBOUL.
Albert Soboul (1914-1986), desde posiciones políticas comunistas, nacionalistas y radicales, defiende el jacobinismo. Está influido por Gramsci, quien considera que el jacobinismo es la esencia misma de la Revolución francesa y se caracteriza por la alianza de la burguesía revolucionaria y de las masas campesinas.
Hace en La revolución francesa una síntesis muy completa, en la que estudia las revoluciones urbanas, como etapa del paso del feudalismo al capitalismo, con la diferenciación social y la aparición del proletariado urbano, con las consiguientes tensiones sociales. Es el gran estudioso de los problemas populares, defendiendo el papel revolucionario de las clases populares (los sans-culottes) y de los jacobinos, pese a que al final triunfasen la burguesía conservadora y los propietarios agrarios.
Expone la evolución del proceso en tres fases:
1) La burguesa (1789-1793).
2) La proletaria del Terror (1793-1794).
3) La burguesa de la reacción del Termidor (desde 1794).

RUDÉ Y HOBSBAWM.
El historiador noruego-británico George Rudé (1910-1993) desarrolla una visión marxista anglosajona. Estudia en The Crowd in the French Revolution (1959) y en Europa en el siglo XVIII. La aristocracia y el desafío burgués (1972) las estructuras mentales y sociales de la sociedad francesa, mostrando como la revolución fue consecuencia de la crisis económica y la alianza de las clases opuestas a la aristocracia y el clero conservadores (distingue grupos liberales en estas clases sociales privilegiadas, movidos por razones ideológicas), mientras que las clases populares sufrían una atroz miseria en 1788-1789.
Con Eric J. Hobsbawm (1917), en Las revoluciones burguesas), utilizó una visión multidisciplinar, con las ciencias de la psicología social, antropología y sociología, para elaborar una Historia de las Mentalidades.

VOVELLE.
Michel Vovelle (1933) construye la visión francesa de la Historia de las Mentalidades, utilizada para estudiar las estructuras demográficas, mentales, religiosas, etc., sobre todo de las clases populares. La considera la Revolución de la Libertad y de la Igualdad, una revolución burguesa con apoyo popular, que suprime las desigualdades del Antiguo Régimen. Vovelle ha dirigido la monumental L'État de la France pendant la Révolution (editada desde 1988), que aborda también la historiografía posterior.

GUÉRIN.
El marxista Daniel Guérin (1904-1988) en La lucha de clases bajo la primera República (1946), sostiene la teoría de que el clímax de 1793 es ya una revolución proletaria en embrión y que los enragés (rabiosos) eran un movimiento proletario de oposición al gobierno burgués de Robespierre.

10. HISTORIOGRAFÍA DE SÍNTESIS.
En los últimos decenios han surgido dos escuelas que intentan una síntesis entre las líneas anteriores.

10.1. LAS REVOLUCIONES ATLÁNTICAS: PALMER Y GODECHOT.
El norteamericano Robert R. Palmer (1909-2002) y el francés Jacques Godechot (1907-1989), juntos en algunos libros y por separado en otros, han defendido desde los años 50 la innovadora tesis de las “Revoluciones Atlánticas”, que sería un proceso general en Occidente, de los ámbitos americano y europeo desde c. 1760, con un inicio en los EEUU y que estaría causado sobre todo por el factor “océanico” (el comercio marítimo y el colonialismo). La tesis “atlántica” ha sido criticada por Lefebvre (ya en 1957) y por Soboul por ignorar los caracteres propios de la Revolución francesa. Otros critican que es una respuesta historiográfica conservadora, por la necesidad de establecer lazos entre ambos lados del Atlántico durante la Guerra Fría (como ocurre con la OTAN y la OCDE).
Palmer, utilizando la metodología marxista, lanza la tesis en La revolución mundial del Oeste (1954). Junto a Godechot ha publicado varias obras en las que desarrollan esta tesis, como Revolución francesa, occidental o atlántica (1960).
Godechot no es marxista. Gran estudioso del Antiguo Régimen, ha publicado numerosas obras, de las que destaca Les institutions de la France sous la Révolution et l'Empire (1953), mostrando el cambio en las estructuras de poder, con el advenimiento de la burguesía a los altos cargos públicos. En La Gran nación. La expansión revolucionaria de Francia en el mundo. 1789-1799 (1956) y en Las revoluciones. 1770-1799 (1963), sigue a Palmer y muestra a la Revolución Francesa como un episodio más de la larga revolución de Occidente entre 1770 y 1850.

10.2. LA HISTORIOGRAFÍA RECIENTE.
Una gran variedad de autores.
La historiografía británica más reciente sigue los enfoques sociales con Hampson, Comminel y Cobban.
Norman Hampson (1922) en Le Siècle des Lumières (1972) estudia la influencia del pensamiento ilustrado en la Revolución.
Hampson ha señalado respecto al problema estamental que, en los siglos XVI y XVII, en Francia había existido una gran movilidad social que permitió ingresar en la nobleza a los miembros más válidos del llamado tercer estado. Mientras tal aspiración pudo ser satisfecha, el sistema mantuvo su equilibrio, pero en la segunda mitad del ss. XVIII tuvo lugar una reacción aristocrática motivada por la necesidad de compensar su menor poder económico relativo, y personajes como Danton, Robespierre y Brissot, que habían cambiado sus nombres por D=Anton, De Robespierre y Brissot de Warville, se encontraron sin posibilidad de ascenso social.
Alfred Cobban (1901-1968), no marxista, desde 1955 y, sobre todo, en Le sens de la Révolution française (1964 inglés, 1984 francés), rehusa llamar “burguesa” a una revolución que jamás ha sido dirigida por los representantes del capitalismo mercantil o industrial, sino por funcionarios y profesionales liberales, es decir, la “burguesía de toga”. Opina que la mayor contradicción no fue entre las clases sociales sino entre las ciudades y el campo. Venció la burguesía rural de terratenientes. Además, la revolución arruinó a Francia durante el decenio de 1790: inflación, crisis financiera, proteccionismo, agrarismo en contra de industrialismo, ruina del comercio exterior... Asimismo, la pobreza aumentó: las clases populares sufrieron incluso más hambre y miseria que en el Antiguo Régimen, al desaparecer la asistencia social que proporcionaba la Iglesia. Fue entonces cuando Francia quedó definitivamente atrasada respecto a la reformista, librecambista y más exitosa Gran Bretaña, en la que venció la burguesía industrial.
Las tesis de Cobban han influido en varios autores, como George Taylor (1967) o Colin Lucas (1973), que consideran que la aristocracia y la burguesía terratenientes eran un mismo grupo socioeconómico y que la revolución fue esencialmente política, y en un marxista, el canadiense George C. Comminel, que en su último ensayo, Rethinking the French Revolution (1987) acepta que la revolución de 1789 no fue burguesa y atribuye este error de Marx a la influencia en este de las obras liberales de Mignet o Guizot.
Richard Cobb (1917-1996) estudia (1959 y 1970) el movimiento radical de los sans-culottes (casi todos artesanos arruinados) y la protesta popular durante la revolución. Explica que fue un movimiento minoritario, incontrolado, que funcionaba por argumentos morales y nacionalistas.
El norteamericano Donald M.G. Sutherland ha escrito France 1789-1815. Revolution and counter-Revolution (1985), un libro muy influyente en la reciente historiografía (Higonnet, Solé). La posición de Sutherland no es opuesta a la Revolución, pero la relativiza, mostrando su complejidad positiva y negativa. Como Cobban, explica que la Revolución la dirigieron los burgueses con oficios profesionales (los jacobinos) más que los capitalistas (más conservadores). Fue menos una revolución burguesa que una larga guerra civil, que transformó tan radical y violentamente la sociedad francesa que la inestabilidad (la ausencia de una constitución estable y de una paz interior y exterior) provocó una vuelta al autoritarismo con Napoleón, gracias al apoyo de numerosos grupos sociales de descontentos en París y las regiones.
La historiografía francesa reciente tiene un enorme elenco de autores, de los que destacamos a dos liberales, Furet e Higonnet y a numerosos marxistas, como Hirsch.

FURET.
François Furet (1927-1997) fue el mejor especialista en el Terror de la Revolución Francesa y de la Revolución Rusa, sobre las que trazó paralelismos. Inicialmente radical, evolucionó a posiciones moderadas, lo que le valió las críticas de Fontana, al difundir las tesis de Cobban y aceptar que la revolución no fue burguesa y degeneró en una guerra civil. Es autor de La Révolution Française (con Denis Richet, 1965), Penser la Révolution Française (1978) y ha compilado con Mona Ouzouf el Dictionnaire critique de la Révolution Française (1988).
- Explica el Terror por causas internas y no por el peligro de invasión extranjera, por lo que pierde su legitimidad (defendida por una larga historiografía que se basaba en esta relación).
- El Termidor fue la venganza de las fuerzas sociales sobre la política (percibida como cruel y sangrienta).
- Relativiza la trascendencia del factor agrario (Lefebvre), al sostener que la crisis económica se yuxtapone a la crisis política.
- Resalta el poder de la Iglesia católica, lo que contrasta con su rápida pérdida de influencia en el país, debido a que se asociaba al Antiguo Régimen.

La influencia de Furet y los debates historiográficos.
Las tesis “políticas” de Furet han suscitado las invectivas de Fontana (quien sostiene que Furet nunca ha investigado realmente la Revolución) y la controversia con Vovelle (quien continúa con su enfoque “optimista” y de “historia de las mentalidades”), Jean-Pierre Hirsch y otros historiadores, que se resisten al regreso a un modelo político de revolución. Hirsch (1989, 1991) insiste en la crisis económica de 1789, evidente en las quiebras de los industriales textiles de Lille y en la necesidad de la burguesía industrial de un nuevo marco institucional y social, y que una vez conseguido se opusieron a la revolución obrera. Serge Chassagne demuestra que los industriales algodoneros se beneficiaron de la Revolución.
Pero las tesis de Furet son aceptadas por muchos de los actuales historiadores anglosajones y franceses (como Patrice Higonnet), cuyas aportaciones se han multiplicado coincidiendo con el segundo centenario de la Revolución (1989) y han repercutido en los estudios sobre la relación que hubo entre la Ilustración y la Revolución: los franceses Venturi, Darnton, Roche, Ferrone, Vartanian, Farge, Viguerie (sobre la descristianización); los alemanes Schleich, Reichardt, Lüsebrink, Kosellek; los británicos Schrader, Jacobs, Baker.
Crouzet, Lévy-Leboyer y Le Roy Ladurie sostienen que el atraso francés respecto de la industrialización británica era culpa de la “catástrofe nacional” de la Revolución y en especial de su política de mantener la propiedad campesina de la tierra. En cambio, Duby y Wallon, en Histoire de la France rurale (1976) demuestran que el periodo 1789-1852 fue de rápido crecimiento agrario.
Emmanuel Le Roy Ladurie (1929, una de las figuras de la escuela de los “Annales”, sostiene un determinismo climático en este caso, y afirma que una causa última de la Revolución francesa fue la variación climática (asolamiento de los granos de trigo durante su maduración y lluvias sobre las simientes en el otoño de 1787, pedrisco en julio de 1788) que provocó la mala cosecha de 1788, que conllevó el alza del precio del trigo, el hambre, las epidemias y el consiguiente malestar social que estalló en 1789.

HIGONNET.
Patrice Higonnet (1938), historiador francés, profesor de Historia Francesa en la universidad de Harvard y ex-director de la Ecole Pratique de Hautes Etudes en Sciences Sociales. Es autor de Class, Ideology and the Rights of Nobles during the French Revolution y Sister Republics: the Origins of French and American Republicanism (1981). Se conoce su pensamiento en España desde sus cuatro conferencias (16 a 23-V-1989). De la utopía al terror en la Revolución Francesa. “Boletín Informativo” Fundación Juan March, Madrid, 194 (XI-1989) 29-35.
Su tesis, muy influida por Cobban y Furet, es que la Revolución Francesa tiene un valor ambivalente: aspectos positivos fueron la destrucción del Antiguo Régimen, la voz ganada por los humildes y las mujeres, los ideales de fraternidad, igualdad y justicia; aspectos negativos fueron sobre todo en 1793-1794, durante el Terror jacobino- la violencia e intolerancia, la crueldad innecesaria, debido a la ruptura del consenso político entre los miembros de la Convención. El jacobinismo fue la esencia ideológica de l'esprit révolutionnaire, pero no la ideología de una clase social. Higonnet opina que no fue la burguesía quien hizo la Revolución, sino esta la que hizo la burguesía, dotándola de organización y conciencia de clase. Los jacobinos, carentes de una ideología asentada, querían ser liberales y buenos, pero acabaron siendo tiránicos y violentos, para poder imponer su idea respecto a la nueva sociedad, a la vez individualista (libertad, propiedad privada) y universalista (igualdad, fraternidad), una dicotomía que rompería finalmente el consenso entre la burguesía (más individualista) y el proletariado (más universalista), al defender cada grupo social una política acorde con sus intereses: los burgueses moderados vencieron finalmente a los radicales (Robespierre, Saint-Just) y a los comunistas (Babeuf).

BIBLIOGRAFÍA.
Libros.
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Andress, David. El terror, los años de la guillotina. Trad. de David León. Edhasa. Barcelona. 2011. 704 pp.
Bergeron, Louis; Furet, François; Koselleck, Reinhart. La época de las revoluciones europeas 1780-1848. Historia Universal. Nº 26. Siglo XXI. Madrid. 1976 (1969). 342 pp.
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Bouloiseau, Marc. La República Jacobina. Ariel. Barcelona. 1980 (1972). 354 pp.
Cornwell, Bernard. Waterloo. La historia de cuatro días, tres ejércitos y tres batallas. Trad. de Tomás Fernández Auz y Beatriz Eguibar. Edhasa. Barcelona. 2015. 480 pp. Reseña de Martinez Shaw, C. Waterloo, no tan decisiva. “El País” Babelia 1.237 (8-VIII-2015) 6.
Curtis Jr., L.P. (ed.). El taller del historiador. FCE. México. 1975 (1970 inglés). 343 pp. Artículos de Palmer y Rudé.
Diaz, Furio. Europa: de la Ilustración a la Revolución. Alianza. Madrid. 1994 (1986). 690 pp.
Fontana, J. Historia. Análisis del pasado y proyecto social. Crítica. Barcelona. 1982. 339 pp.
Furet, F.; Ozouf, M. Diccionario de la Revolución Francesa. Alianza. Madrid. 1989. 918 pp.
Godechot, Jacques. Las Revoluciones (1770-90). Nueva Clío 36. Labor. Barcelona. 1974. 375 pp. La primera es la estadounidense y le sigue la francesa.
Gueniffey, Patrice. La politique de la Terreur. Fayard. París. 2000. 376 pp.
Hampson, Norman. Historia social de la Revolución Francesa. Alianza. Madrid. 1974 (1963). 283 pp.
Hobsbawm, E. J. Las revoluciones burguesas. Labor. Barcelona. 1985. 580 pp.
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Kossok, Manfred; et al. Las revoluciones burguesas. Crítica. Barcelona. 1983 (1974). 246 pp.
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Lefebvre, Georges. 1789: Revolución francesa. Laia. Barcelona. 1976 (1970, 1939 en francés). 341 pp.
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Reiss, Tom. El Conde Negro. Trad. de Daniel Najmías. Anagrama. Barcelona. 2015. 596 pp. Biografía del general mulato Thomas Alexandre Dumas (1763-1806), padre del escritor. Reseña de Manguel, Alberto. El verdadero Montecristo. “El País” Babelia 1.234 (18-VII-2015) 6.
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Sckocpol, Theda. Los Estados y las revoluciones sociales. Una análisis comparativo de Francia, Rusia y China. FCE. México. 1984 (1979 inglés). 500 pp.
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Soboul, A. La historiografía clásica de la Revolución Francesa, pp. 160-189 de, Kossok, Manfred; et al. Las revoluciones burguesas. Crítica. Barcelona. 1983 (1974). 246 pp.
Soboul, A. Comprender la Revolución francesa. Crítica. Barcelona. 1983 (1981). 363 pp.
Solé, Jacques. Historia y mito de la Revolución francesa. Siglo XXI. 1989 (1988). 414 pp. (Introducción historiográfica 13-20).
Tackett, Timothy. El terror en la Revolución Francesa. Pasado & Presente. Barcelona. 2015. 560 pp.
Villaverde, M. J.; et al. Alcance y legado de la revolución francesa. Fundación Pablo Iglesias. Madrid. 1989. 212 pp. Ponencias en un coloquio, especialmente de dos de las principales escuelas actuales, encabezadas por Vovelle y Furet.
Vovelle, Michel. Introducción a la Historia de la Revolución Francesa. Crítica. Barcelona. 200 (1984 1ª en español). 215 pp.
Vovelle, M. Ideologías y Mentalidades. Ariel. Barcelona. 1985. 326 pp.
Vovelle, M. La caída de la Monarquía, 1787-1792. Ariel. Barcelona. 314 pp.

PROGRAMACIÓN.
DEBATE HISTORIOGRÁFICO SOBRE LA REVOLUCIÓN FRANCESA.
UBICACIÓN Y SECUENCIACIÓN.
Bachillerato, 1º curso. Asignatura: Historia del mundo contemporáneo.
Bloque 1. Fuentes y procedimientos para el conocimiento histórico: Análisis y utilización crítica de fuentes y material historiográfico diverso. Contraste de interpretaciones historiográficas y elaboración de síntesis integrando información de distinto tipo.
Está relacionado y podría también programarse en ESO, 2º ciclo.
Eje 3. El mundo actual.
Bloque 4. Sociedades Históricas. Apartado 4.1. Iniciación a los métodos históricos.
Bloque 5. Sociedad y Cambio en el Tiempo. Apartado 5.3. Cambio social y revolución en la época contemporánea.
- La crisis del Antiguo Régimen y las revoluciones liberales burguesas.
Será una ampliación de la UD de Revolución Francesa.
RELACIÓN CON TEMAS TRANSVERSALES.
Relación con Educación para la Paz, mediante el interés por los temas relacionados con la paz, y por el fomento de las actividades de equipo.
TEMPORALIZACIÓN.
1ª Documental con fragmentos de una película. Diálogo, con evaluación previa. Exposición del profesor. Cuestiones.
2ª Exposición del profesor. Cuestiones.
3ª Exposición del profesor, de refuerzo y repaso; esquemas, mapas, gráficos y comentarios de textos.
Los alumnos deben conocer previamente la UD de la historia de la Revolución Francesa (al menos con tres clases previas).
OBJETIVOS.
Conocer la historiografía de la Revolución Francesa.
Conocer las causas de una revolución según las distintas teorías.
Conocer las distintas influencias (políticas, sociales, filosóficas) que reciben los historiadores.
Comprender que gran parte del trabajo del historiador es interpretar la información y que puede ser subjetivo.
Valorar la colaboración interdisciplinar.
CONTENIDOS.
A) CONCEPTUALES.
- Autores contemporáneos de la Revolución Francesa.
- Historiadores de la Restauración: románticos.
- Autores posteriores a 1848: liberales.
- Idealismo clásico alemán: Kant, Fichte, Hegel.
- Historiografía socialista de ss. XIX y XX.
- Historiografía marxista.
- Historiografía de síntesis en Gran Bretaña y Francia: Palmer, Godechot, Sutherland, Furet...
B) PROCEDIMENTALES.
Tratamiento de la información: realización de esquemas del tema.
Explicación multicausal de los hechos históricos: en comentario de textos.
Indagación e investigación: recogida y análisis de datos en enciclopedias, manuales, monografías, artículos...
C) ACTITUDINALES.
Rigor crítico y curiosidad científica.
Tolerancia y solidaridad.
Valorar las distintas teorías.
Comprender que la labor del historiador es interpretar la sociedad, los protagonistas, hechos, causas y consecuencias.
METODOLOGÍA.
Metodología activa y participativa, que promueva el análisis de las teorías por parte del alumno.
MOTIVACIÓN.
La motivación se enlazará con la de la UD de la Revolución francesa, que comenzó con el pase de fragmentos de una película histórica.
ACTIVIDADES.
A) CON EL GRAN GRUPO.
El profesor resume los acontecimientos de 1789-1799.
El profesor expone las teorías de los distintos autores en corrientes. Se presentarán diapositivas, transparencias.
El profesor facilita la bibliografía selecta.
Debate final sobre las tesis más acertadas y motivos del alumno para su elección.
B) EN EQUIPOS DE TRABAJO.
Realización de esquemas sobre los apartados del tema.
Comentarios de textos.
Trabajo en grupo sobre las corrientes más importantes.
C) INDIVIDUALES.
Elaborar propios apuntes en base a explicaciones de profesor, manual y bibliografía.
Realización de apuntes esquemáticos sobre la UD.
Participación en las actividades grupales.
Búsqueda individual de datos en la bibliografía, en deberes fuera de clase.
Contestar cuestiones en cuaderno de trabajo, con diálogo previo en grupo.
Elección de un autor en la corriente y análisis de sus teorías.
RECURSOS.
Apuntes de alumno.
Bibliografía.
Presentaciones digitales (o diapositivas y transparencias) de esquemas sinópticos, gráficos y mapas.
Unos fragmentos de las películas históricas La Marsellesa, La fuga de Varennes y Napoleón (la primera parte del film de Abel Gance).
EVALUACIÓN.
Evaluación continua de todas las actividades, actitud y conocimientos.
Examen en dos partes: comentario de texto de un autor y breves cuestiones sobre los contenidos.
RECUPERACIÓN.
Entrevista y consulta de dudas con el profesor.
Corrección y ampliación de los apuntes.

APÉNDICE: UNA BREVE HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA.
La Revolución francesa.
Se reconoce hoy que la Revolución Francesa de 1789 (un periodo que, convencionalmente, se considera iniciado con la formación de los Estados Generales el 5 de mayo de 1789 y terminado con el golpe de estado del 18 de Brumario, el 9 de noviembre de 1799) fue el principio del fin del Antiguo Régimen y que significó el ascenso al poder de la burguesía, la nueva clase emergente desde hacía siglos, pero que había sido arrinconada por la monarquía, la aristocracia y el clero del sistema estamental.
El país tenía unos 25 millones de habitantes. De las dos clases dominantes, la nobleza, dividida en dos grupos (de sangre y de toga) y en varios niveles, sumaba unas 400.000 personas; el clero llegaba a los 100.000. El Tercer Estado lo componían más de 20 millones de campesinos (una minoría de propietarios y la mayoría sin tierras, en condiciones de miseria), la burguesía no llegaba al millón y el resto eran proletarios. La principal ciudad era París, que concentraba el poder político y las industrias del lujo y contaba con más de 700.000 habitantes, seguida de las ciudades del comercio marítimo Nantes, Marsella, Burdeos, y de Lyon, con su industria textil.
La causa última de la Revolución fue que la economía (aunque era todavía sobre todo agraria y artesanal) y la sociedad habían avanzado notablemente durante el s. XVIII, lo que aumentó el poder social de la burguesía al tiempo que la Ilustración había cambiado la ideología de las élites, pero la evolución política había sido casi nula y esta contradicción debía resolverse mediante una reforma (al modo británico) o estallar en una revolución.
Entre sus causas inmediatas figuran la crisis financiera del Estado (arruinado por la Deuda, la guerra de Independencia de EEUU y el lujo de la Corte); la negativa de las clases privilegiadas (aristocracia y clero) a pagar impuestos y a compartir el poder; las malas cosechas de 1788, con un fuerte aumento del precio del pan y la terrible hambre del invierno, que elevó la mendicidad (tal vez 10 millones de pobres solemnes, de ellos 3 millones de mendigos) y el bandidaje, hasta degenerar en las ciudades en un “Gran Miedo” a los bandidos del campo y a la aristocracia que acaparaba los alimentos y oprimía con su soberbia; el desprestigio del matrimonio real de los débiles e incapaces Luis XVI y María Antonieta de Austria.
Dado que el Estado estaba en práctica bancarrota en 1787 el primer ministro Calonne (sucesor de Necker) convocó a la Asamblea de Notables, por primera vez en dos siglos, la cual, reunida en febrero de 1788 se negó a votar impuestos sobre las clases privilegiadas y forzó la convocatoria de los Estados Generales, para oponerse al rey. De este modo, ya en 1788 las propias clases privilegiadas abrieron el camino a la Revolución, que no habían previsto. Tras un fracasado ministerio de Brienne, el rey nombró primer ministro otra vez a Necker (mayo 1789-90), que intentó unas moderadas reformas y se apoyó en la burguesía durante el duro invierno de 1788-1789 mientras desde el 5 de mayo discutían los constituidos Estados Generales sin ponerse de acuerdo, pero la destitución de Necker el 11 de julio de 1789 provocó una grave crisis y la ira popular, estallando la revolución parisina con la toma de la Bastilla (14 de julio). Necker fue repuesto en su cargo (16 de julio), pero ya no pudo dominar el alud de los acontecimientos.
En suma, los nobles fueron los primeros revolucionarios contra el absolutismo del poder real, pero en realidad no deseaban la igualdad fiscal y legal, por lo que pronto fueron desbordados por la burguesía y, más tarde, por las clases populares, hasta que la burguesía logró hacerse definitivamente con el poder y estabilizar los logros de la Revolución bajo la dictadura, luego devenida Imperio, de Napoleón.


La Revolución vivió varias fases:


El Juramento de constitución en Asamblea Nacional (17 junio 1789).

Revolución francesa
La caída de la Bastilla (14 julio 1789)

Primera. Inicios de la Revolución (1789-1791), con la revuelta de los Privilegiados, revueltas populares en París y el campo, y la Asamblea Constituyente. El Juramento de constitución en Asamblea Nacional (17 junio 1789), la caída de la Bastilla (14 julio 1789) y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (26 agosto 1789) fueron los acontecimientos iniciales más importantes. La Declaración reconocía la soberanía de la nación y los derechos de libertad, propiedad, seguridad y la resistencia contra la opresión. Los líderes más importantes del periodo fueron Mirabeau, Sieyès y La Fayette.

Fracaso de la huida de Luis XVI en Varennes (20-21 de junio 1791).

La ejecu­ción del rey Luis XVI (21 de enero de 1793).

Segunda. Asamblea Legislativa (octubre 1791-agosto 1792), todavía moderada, marcada por una guerra contra las potencias absolutistas y la caída de la monarquía el 10 de agosto de 1792, sustituida por la República en septiembre. El 20 de septiembre los invasores eran rechazados en Valmy y la Revolución se salvó, radicalizándose. Los dirigentes más importantes son Danton, Robespierre y Marat.
        
Tercera. Fase exaltada de la Revolución (agosto 1792-julio 1794), con una Convención o asamblea republicana (dividida en Montaña radical, Gironda moderada y Llanura centrista). Siguió la ejecución del rey (21 de enero de 1793), lo que provocó una guerra general (contra Inglaterra, España, Prusia, Holanda, Austria, Piamonte), seguida de la revuelta realista de la Vendée y a partir de mayo de 1793 por el Terror (mayo 1793-julio 1794), un periodo de radicalismo revolucionario, impuesto por el partido de la Montaña jacobina y sus dirigentes Robespierre, Saint-Just y Marat, que dominaron el Comité de Salud Püblica y a los sans-culottes del pueblo. Los radicales vencieron a los enemigos externos y las rebeliones departamentales de los moderados, y ejecutaron a muchos contrarrevolucionarios, pero pronto comenzaron a eliminar a los radicales moderados (Danton) y los radicales extremistas (Hébert), con lo que el miedo de todas las previsibles víctimas de futuras ejecuciones forjó una coalición moderada (en el Termidor) y los líderes jacobinos fueron depuestos y ejecutados (28 de julio).

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           La caída de Robespierre (9 de Termidor o 27 de julio de 1794).

Cuarta. Reacción Termidoriana (julio 1794-1799), que liquida a los radicales y es dominada por un Directorio que representa el triunfo de la moderación burguesa, que tras el golpe de Estado del 18 de Brumario (9 noviembre 1799), continúa en el periodo del Imperio, que comienza con el Consulado tripártito, que dará pronto paso al consulado único de Napoleón y luego a su Imperio (1804-1814). Pero 1799 es el fin de la Revolución. El mismo Napoleón dijo entonces: “La Revolución ha concluido”.

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Napoleón Bonaparte, como Primer Cónsul. Retrato pintado por Ingres.

El determinismo climático en las revoluciones.
El invierno de 1788-1789 fue el más gélido del siglo XVIII. Del 15 de diciembre de 1788 al 10 de enero de 1789 se sucedieron cuatro semanas de intenso frío, debido a un anticiclón centrado en Escocia que derivó al Mediterráneo el aire frío del norte: nevó en Barcelona dos veces y el Ebro se congeló, en Francia perecieron casi todos los olivos y se perdieron muchos cultivos, con lo que al año siguiente siguió una gran hambruna que coadyuvó al estallido de la Revolución Francesa.
No volvieron a registrarse temperaturas tan bajas hasta el periodo 1820-1830, con el invierno de 1829-1830 como el de frío más intenso, y nuevamente esto favoreció una hambruna que condujo a la Revolución de 1830.

El historiador François Furet.

François Furet (1927-1997), historiador de la Revolución francesa, falleció el 14 de julio de 1997, debido a una caída en una cancha de tenis de su casa de verano. Estaba a punto de dar un curso en Chicago y a entrar en la Academia, para la que fue elegido en marzo de 1997.
De rica familia burguesa, en sus comienzos fue un ortodoxo de la historiografía marxista pero evolucionó a una posición más pluridimensional de los fenómenos históricos, y se convirtió en un disidente del PCF y uno de los grandes revisionistas, junto con Fernand Braudel y Georges Duby.
Era un gran especialista en la Revolución Francesa y del Terror de la Revolución Rusa, sobre las que había trazado paralelismos. Autor de Penser la Révolution Française (1978), en la que situó el terror fuera del peligro de invasión extranjera, por lo que perdía su legitimidad, defendida por una larga historiografía que se basaba en esta relación. Esta crítica la extendería a la falsa justificación del estalinismo por la amenaza nazi, puesto que para Furet su causa era sólo interna.
Fue autor también de Diccionario crítico de la Revolución Francesa y El pasado de una ilusión, en la que hace una lúcida reflexión sobre «la idea comunista en el siglo XX».

Fuentes. Obituarios en “Libération” y “Le Monde” (15-VII-1997).

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Este tema me ha ayudado mucho de cara a un trabajo de la universidad. Asi pues gracias por colgarlo =). Solo tengo una duda sobre que es lo de "tendencia de síntesis" y "reacción". Otra vez gracias, Maite. ;)

Antonio Boix Pons dijo...

Un saludo,
La historiografía usa generalmente el concepto de "tendencia de síntesis" para referirse a cualquier corriente que fusione elementos de otras corrientes, de acuerdo a la triada hegeliana de tesis, antítesis y síntesis. Un ejemplo sería unir la interpretación marxista (centrada en la lucha de clases y el materialismo histórico) junto a la positivista (un análisis fundado esencialmente en los datos estadísticos). En economía actualmente es frecuente unir elementos de neokeynesianismo con los de la Escuela neoliberal de Chicago, aunque no es fácil.
En cuanto a "reacción" se entiende que es tanto un grupo como una ideologia política, caracterizados por la resistencia al cambio histórico, que pretenden mantener (o volver a) un sistema político, económico y social del pasado. Un ejemplo, la Reacción en 1815 sería el conjunto de partidarios, ideas y políticas que preconizaban el regreso al Antiguo Régimen, suprimiendo los avances hacia el liberalismo burgués conseguidos gracias a la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas.
Atentamente, Antonio Boix.