Blogs de Antonio Boix

Mis blogs son Altamira (Historia del Arte, Cine, Televisión, Fotografía y Cómic), Heródoto (Ciencias Sociales y Pensamiento) y Mirador (Joan Miró, Arte y Cultura Contemporáneos).

martes, 31 de diciembre de 2013

El mundo islámico: la situación actual.

El mundo islámico: la situación actual y la 'primavera árabe'.

Los límites del mundo islámico.
El mundo islámico se extiende, de Oeste a Este, desde Marruecos hasta Pakistán y se define por la fundamental unidad religiosa, gracias al Islam, aunque en muchos países haya importantes minorías cristianas. En cambio, los límites del mundo árabe, que se define por la unidad lingüística con el árabe, se sitúan entre Marruecos e Irak, excluyendo Irán, Turquía y los países más lejanos.
Mapas de distribución del Islam.

El panarabismo.
El panarabismo intenta en los últimos años resurgir en los países árabes, con la manifiesta voluntad de crear una amplia unidad política basada en la homogeneidad religiosa, sea una federación o una confederación, pero la Liga Árabe no ha demostrado ser un organismo eficaz para cumplir ese objetivo, huérfano de una clara y atractiva ideología y de unos objetivos comunes en los ámbitos de lo político, lo social y lo económico. Sin embargo, la división política más las trabas al comercio y el movimiento de capital y mano de obra entre los países islámicos, son una rémora al desarrollo que debería ser superada a medio/largo plazo.

Mapa del mundo islámico h. 1914.

Mapa del mundo islámico h. 1939.


Mapa del mundo islámico 2010.

El Asia suroccidental islámica
El Asia suroccidental islámica se extiende por el cinturón árido, desde el Sahara al Gobi, desde el Norte de África hasta el centro de Asia, con una homogeneidad fundamentada en la aridez del medio, la escasa densidad demográfica, los modos de vida tradicionales, el dominio mayoritario del Islam, la agricultura sedentaria de oasis, el nomadismo pastoril, las ciudades comerciales, la artesanía tradicional y la escasa industria, y los grandes yacimientos de petróleo y gas natural. El desarrollo económico provocado por los ingentes ingresos petrolíferos no ha proporcionado suficiente desarrollo social en la mayoría de los países, y perviven costumbres ancestrales en la mentalidad familiar, la natalidad o el urbanismo. Israel es una excepción política, étnica, religiosa, económica y cultural en esta zona.
El Asia Suroccidental islámica ocupa algo más de 7 millones de km², con más de 240 millones de habitantes (2010) y una densidad sobre los 36 hab/km². Engloba a Turquía (casi 80 millones) que se extiende en una pequeña parte por Europa, junto a países sólo asiáticos: Líbano, Siria, Jordania, Irak, Arabia Saudí, Yemen, Kuwait, Omán, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Catar, Bahréin, Irán y Afganistán.
En el Norte de África hay cinco países, de Oeste a Este: Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y Egipto, y más al sur hay numerosos países de mayoría musulmana, desde Mauritania hasta Somalia.
Los Países Exportadores de Petróleo (PEP) son los más ricos. Pertenecen a los ámbitos islámico, africano y asiático y se escapan de los límites del área de Asia Suroc­cidental, pero los más significativos sí están en ella: Arabia Saudí, Kuwait, Omán, Emiratos Árabes Unidos, Qatar... Tienen una casi absoluta dependencia del petróleo y en menor medida del gas natural, y padecen la escasa diversificación productiva. Cuentan con elevadas rentas personales medias pero la desigualdad social es muy fuer­te. En algunos países, y en especial Arabia Saudí, subsisten estructuras político-sociales que pueden tildarse de medievales, con absolutismo monárquico, una sociedad estamental (en Arabia Saudí la aristocracia wahabí controla todo el poder y goza de privilegios propios del Antiguo Régimen europeo y en algunas zonas atrasadas sigue habiendo esclavitud de facto) y una economía, que salvo los recursos energéticos que dependen del Estado, sigue siendo sobre todo agraria de tipo señorial, con, acaparando los gobernantes y sus clanes familiares la mayor parte de los ingresos privilegiados.
En el extremo contrario, los países más atrasados son Afganistán y Yemen, el primero exhausto por las guerras civiles mientras que el segundo aparece en 2012 también como un país convulso por los conflictos internos.
La geografía física.
El territorio tiene tres dominios físicos: 1) desiertos arábigo-iraníes; 2) dominios montañosos de Asia Menor, Irán y Afganistán; 3) fosas de hundimiento y cuencas sedimentarias (Jordán, Tigris-Eufrates).
Los principales relieves montañosos se originaron por el movimiento hacia el Norte de las placas africana, arábiga e india, de modo que las cadenas montañosas están al Norte y el zócalo primario al Sur.
El clima y la vegetación son propios de los medios desértico y mediterráneo, salvo en algunas zonas montañosas. Hay una gran aridez, y amplitud térmica diaria y anual. La vegetación es muy pobre, salvo en el bosque mediterráneo y en las cuencas fluviales y los oasis.
La geografía humana.
Hay un gran desequilibrio territorial en la ocupación humana, con amplias zonas vacías, salvo por los nómadas.
La densidad media es baja, sobre los 36 hab/km², salvo algunos países superpoblados, como Bahréin, Líbano o Israel.
La sociedad está evolucionando rápidamente desde una sociedad mayoritariamente agraria a una sobre todo urbana. Subsiste un nomadismo practicado por el 5% del total de la población, unos beduinos que mantienen su tipo de vida arcaico con tribus y pastoreo extensivo, pero la mayoría de la población es sedentaria, radicada en comunidades rurales de pequeño tamaño en los puntos donde hay agua, y sobre todo en las ciudades, especialmente las capitales, atraídas por las oportunidades de empleo público y las subvenciones estatales.
Conviven una explosión demográfica y el subdesarrollo, como efectos contradictorios de la modernización de los países. Las reformas sanitarias han reducido la mortalidad, pero se mantiene todavía una alta mortalidad infantil, sobre todo en las zonas rurales. Las altas tasas de natalidad, propias de sociedades islámicas conservadoras, empujan el relativamente alto crecimiento demográfico, que se sostiene para toda la región por encima del 2% anual, muy superior al 1% del mundo subdesarrollado. Pese a los grandes espacios aún vacíos, este crecimiento excesivo es problemático debido a la escasez de tierras cultivables y agua, lo que estimula el importante éxodo rural hacia las ciudades.
Las ciudades tradicionales tienen un larguísimo pasado histórico, pues la civilización urbana nació en esta región. Las grandes ciudades mantienen sus estructuras urbanísticas antiguas, pero junto a ellas se han desarrollado barrios modernos de tipo occidental. El éxodo rural y el crecimiento vegetativo ha engrosado enormemente las capitales administrativas, urbes con terribles problemas de desempleo, vivienda (el chabolismo es generalizado), sanidad, educación, etc. Turquía es el país con una estructura urbana más estructurada, con varias ciudades millonarias.
Los sectores económicos.
La población agraria es todavía en 2010 el 30% del conjunto de población activa, pero produce sólo el 3% del PNB.
Los Estados han favorecido la extensión de los regadíos y han implantado tímidas reformas agrarias, de alcance limitado, basadas en la expropiación de latifundios y su reparto entre los cultivadores, la expansión de las cooperativas y la modernización de las explotaciones, sobre todo en Irán, Irak y Siria. Pero nada comparable al exitoso ejemplo de Israel, que cuenta con la agricultura de mayor productividad del mundo, basada en la modélica organización de los kibutzim (cooperativas) y en la inversión privada.
La gran expansión industrial desde los años 1970 ha sido frenada siempre por la pequeñez del mercado interno y la escasez de mano de obra con buena cualificación profesional. La industria es poco diversificada, con una pobre tecnología y concentrada en los núcleos urbanos mayores. En cambio, en Israel y en menor grado en Turquía la industria está bastante diversificada y con un nivel tecnológico más alto. En casi todos los países hay una industria petroquímica moderna, destacando Irán, Arabia Saudí, Irak y Kuwait.
La abundancia de recursos energéticos.
El petróleo y el gas natural son los grandes recursos energéticos de la región, con varios grandes productores: Arabia Saudí, Kuwait, Irak, Irán, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Omán, Catar y, en menor grado, Siria.
Los hidrocarburos se formaron en el seno de los sedimentos orgánicos en el inmenso mar de Tethys, que se fue cerrando con el choque de los continentes de Gondwana y Eurasia en la Era Secundaria. Los movimientos tectónicos los fosilizaron y concentraron en grandes bolsas subterráneas, de las que tanto abundan en el Próximo Oriente, que atesora la mitad de las reservas mundiales. Hay una excepcional concentración de la producción y las reservas en el Golfo Pérsico, quedando muy pocas bolsas en la periferia. Son fáciles las condiciones de extracción, en parte sobre zonas continentales y en parte zonas submarinas de escasa profundidad, y abundan los crudos ligeros, que son los más interesantes para la industria petroquímica.
Arabia Saudí tiene la mayoría de los campos petrolíferos en explotación y de las reservas, sobre todo en el mayor campo mundial (Ghawar), y la siguen Irak, Irán, EAU y Kuwait.
En gas natural la situación no es tan favorable, pero los recursos (cerca del 30% del mundo, e Irán tiene la mitad) son muy superiores a las necesidades de sus mercados internos.
El principal ingreso de estos países son los obtenidos por la explotación y venta directa por sus propias compañías nacionales y los impuestos y derechos percibidos de las compañías occidentales. Pero también este sector emplea a gran parte de la mano de obra (sobre todo la que cuenta con un buen nivel de instrucción) en las instalaciones de extracción (pozos, oleoductos, estaciones de carga marítima) e industriales (refinerías) y las vías de comunicación (puertos, carreteras, ferrocarriles).
El aumento de los precios del petróleo en las crisis de 1973 y 1979 enriqueció a los productores a cambio de sumir en una grave crisis a los países importadores de petróleo, que reaccionaron diversificando los abastecedores y reconvirtiendo los sectores más consumidores de petróleo. Además, desde entonces el dólar se ha devaluado y ha habido una inflación sostenida. La consecuencia final es que los precios del petróleo en 2102, algo por encima de los 100 dólares de media, están en dinero constante a un nivel que solo dobla al que tenían en 1973. Los cambios constantes en el precio del petróleo en los últimos años han dañado la capacidad financiera a largo plazo de los PEP, que incluso se han endeudado, algo inimaginable en los años 1970-1980 cuando estaban en pleno “boom” económico y entraba el dinero a raudales.
Conclusión: riqueza y desequilibrios.
Sus características son propias de países subdesarrollados: dependencia exterior de la exportación del petróleo, baja renta per cápita (salvo en los países PEP), desigualdad social, escaso mercado interior, poca industria, malas vías de comuni­cación, analfabetismo, intolerancia religiosa, desigualdad femenina, escaso nivel de servicios sociales, alta natalidad y alta mortalidad con una reciente explosión demográfica, conflictos bélicos externos (Irán-Irak, palestino-israelí) e internos (Líbano, Afganistán, Siria, Yemen, Bahréin, Arabia Saudí). La única solución viable a largo plazo es la cooperación interregional dentro de la paz, que estimule el comercio y la economía en general, y la esperanza de un acuerdo entre palestinos e israelíes, que en la actualidad no se vislumbra empero.

Una entrevista premonitoria de Javier Valenzuela sobre la ‘revolución árabe’ (2011).
Javier Valenzuela en “El País” (28-I-2011) avanzaba la que pronto sería conocida como 'Primavera árabe', situando la tormenta política en el contexto de las grandes revoluciones de la Historia. Aunque nos falta perspectiva temporal para dar un juicio definitivo, podemos conjeturar que una revolución ha comenzado en Oriente Próximo y el Sur del Mediterráneo, desde Túnez hasta Yemen y quién sabe dónde se parará. La juventud, ansiosa de cambios radicales en política, economía y sociedad, mejor comunicada que nunca gracias a Internet y los medios panislámicos como Al Yazira, lo que permite suplir la falta de organización con una máxima información, está fracturando las estructuras más anquilosadas de los regímenes autoritarios.
Vemos en directo, sobre todo en los documentos del fotoperiodismo, un momento cimero de la Historia del mundo islámico, tal vez tan crucial a largo plazo como lo fue la caída del Muro de Berlín para la Europa del Este, que desbordó todas las previsiones de los dirigentes e intelectuales de Occidente, como vemos hoy también en la indecisión de los políticos europeos ante esta oleada de luchas y manifestaciones.
De las respuestas de Valenzuela selecciono unos fragmentos:
‹‹Las redes sociales están siendo claves en estas revueltas, como instrumentos de información y convocatoria, aunque, luego, las batallas haya que librarlas a la antigua usanza: en las calles y enfrentándose a la policía. Es una combinación de las revoluciones americana, francesa y rusa con el nuevo mundo digital.››
‹‹La cosa irá a más. Lo que está ocurriendo es el equivalente al proceso iniciado en Europa del Este a comienzos de los ochenta del pasado siglo con las revueltas de Solidaridad en Polonia. Algo imparable. Pasarán uno, dos, cinco o diez años, pero, sea cual sea el tiempo, el futuro árabe será diferente.››
‹‹ (…) tuvimos que luchar duro y sufrir enormemente para conseguir un mínimo de libertad, dignidad y justicia. Lamentablemente, no se regalan los derechos humanos.››

‹‹(…) esto es como Polonia al comienzo de los ochenta. Y aquello, sí, terminó con la caída del Muro de Berlín. La revolución democrática ha llegado al mundo árabe... Les costará a los hermanos árabes un montón, sin duda, pero lo conseguirán. Porque no hay nada en (…) el Islam que sea sustancialmente incompatible con la democracia. Como no lo había nada en la condición de latinos y católicos de los españoles y los portugueses.››

La ‘revolución árabe’ en 2010-2016.
Desde finales de 2010 y a lo largo de 2011-2013 se abrió en muchos países árabes una vorágine de cambio político, gracias a la presión de los jóvenes insatisfechos con sus regímenes autoritarios. Llamar a lo que está ocurriendo “revolución árabe” resulta una reducción excesiva, porque puede acabar afectando a países no árabes como Irán, en cuyo caso podríamos hablar de “revolución islámica”.

Mapa de la situación interior de los países, desde Marruecos a Irán, del mundo islámico en 2010.


Mapa de las revueltas en el mundo islámico desde 2010.

La revolución árabe logró sus mayores éxitos en Túnez con la dimisión de Ben Ali, Egipto con la dimisión de Mubarak, Libia con la caída de Gadafi, así como avances importantes en Yemen, Jordania, Marruecos… De este modo, el prejuicio tan extendido de que hay una oposición entre islamismo y democracia, de que el Islam es incompatible con la democracia, decae ante la evidencia de que la revolución defiende un ideal político que aúna ambos conceptos, con el modelo turco como referencia.
La revolución democrática está en marcha y no se conoce pues su final. Pero afecta a tal volumen de personas y territorio, entraña tantos posibles cambios políticos y geoestratégicos, tanto impacto potencial en la economía mundial, tanto desconcierto en las diplomacias, que cuesta imaginar que el inicio del siglo XXI depare muchos acontecimientos de este calado.
También es simplificador explicar la revolución por factores económicos, aunque existan. Las recientes revueltas árabes han sido generalmente interpretadas como protestas económicas contra la corrupción, el desempleo y el alza de los precios de los alimentos. Pero no debe minusvalorarse el ansia de libertad, puesto que las revoluciones se hacen por ideas y sentimientos, y en la de ahora se alza como emblema la lucha por la dignidad humana.
No es casual que el detonante de la revolución fuera un suceso poderosamente metafórico. La historia de Mohamed Buaziz y su carrito de frutas es bien conocida. El carrito de Buaziz, un joven frutero de 26 años residente en Sidi Buzid (Túnez), fue confiscado por la policía. Ya le había ocurrido otras veces y con un pequeño soborno podía resolverlo. Pero cuando fue a quejarse, una funcionaria, Fadia Hamdi, le escupió a la cara. Eso, la humillación, fue lo que no pudo soportar. Ese mismo día, 17 de diciembre de 2010, se prendió fuego y pocos días después falleció en el hospital.
La desgracia y el martirio de Buaziz conmovieron a sus vecinos y provocaron las primeras manifestaciones y la indignación se extendió rápidamente al país entero. Occidente no se lo esperaba, como precisaba el famoso filósofo Zizek en una entrevista, concedida a Lenore, Slavo Zizek: el filósofo de la anarquía, “El País” (1-IV-2011): ‹‹Me han sorprendido las revueltas en el norte de África. Europa nunca ha creído que los árabes fueran capaces de hacer una revolución democrática a gran escala, independiente de valores religiosos.››
Conviene resaltar aquí otro factor esencial e innovador de la ‘revolución árabe’: Internet y las redes sociales. Cuando casi ningún medio informativo internacional había recogido aún la inmolación del joven y las incipientes revueltas tunecinas, muchos jóvenes en un país tan lejano como Jordania habían adoptado ya la foto de Buaziz como avatar. La cadena de televisión catarí Al Yazira recogió el suceso porque uno de sus periodistas se enteró a través de Facebook. Francisco Peregil, en El arma es la red, “El País” (6-II-2011) ha explicado el extraordinario impulso que Internet y sus múltiples medios, como Facebook o Twitter, ha ofrecido a los jóvenes árabes para organizar su revuelta. El escritor y arabista Juan Goytisolo, en De la primavera al otoño árabe, “El País” (22-I-2012), narra el relevante papel de los medios digitales en esta revolución, con el uso del inédito recurso de la ironía: ‹‹Los blogueros egipcios que difundieron la caricatura del anciano monarca saudí al cuidado de varios bebés con las cabezas de Gadafi, Mubarak, Ben Alí y otros déspotas de su especie se adelantaron a los acontecimientos. Uno de los rasgos más sobresalientes de la primavera árabe es su recurso al humor corrosivo como antídoto contra décadas de inmovilismo, pobreza y humillación. (…)››. Y la revolución comenzó.
La sociedad árabe se sentía indigna y humillada. Tras la descolonización, no había conocido otra cosa que derrotas frente a Israel, dictaduras bochornosas, represión, atraso social, miedo. Y mucho desprecio por parte del resto del mundo. Aparentemente, lo único que importaba de los árabes era el petróleo, el gas y la “estabilidad” bajo regímenes tan infames como mimados por Europa y Estados Unidos. Aunque resulte obvio, hay que recordar además que la islamofobia existe. Especialmente tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, los musulmanes quedaron bajo sospecha permanente. Un árabe medio no es más religioso que un estadounidense medio, pero su religión se asocia con el integrismo y el terrorismo. En la ecuación occidental, lo que no era una dictadura “moderada” (eufemismo de sumisión a EE UU), era Al Qaeda o subversión proiraní. El cóctel de humillaciones, internas y externas, contenía todos los ingredientes.
En 2011 el 68% de los árabes tienen menos de 30 años. Esta inmensa generación de muchachos y muchachas no conoció acontecimientos como la descolonización o la ‘Guerra de los Seis Días’ árabe-israelí de 1967, pero gracias a la televisión por satélite siempre estuvo en contacto con la cultura occidental. Vivieron el desastre de las invasiones norteamericanas de Irak en 1991 y 2003 pero, además de sentir una intensa solidaridad con el sufrimiento de los iraquíes, quedaron marcados por una imagen de diciembre de 2003: la detención de Sadam Husein, antaño dictador todopoderoso, en el sótano donde se ocultaba de forma miserable. Ese impacto visual les enseñó lo frágil que puede ser un tirano despreciado por sus súbditos.
Y las victorias posteriores en 2011 les han enseñado que pueden vencer a cualquier tirano, por sangriento que sea, aunque sea un Gadafi.
Hay empero un riesgo cierto a corto plazo, el de caer en una seudodemocracia integrista al estilo de la iraní, como respuesta pendular a unos regímenes laicos pero corruptos. Goytisolo explica en De la primavera al otoño árabe, “El País” (22-I-2012), sobre la creciente influencia islamista en las nuevas democracias árabes: ‹‹El resultado de la convocatoria de las primeras elecciones libres celebradas en Túnez, Egipto y Marruecos a consecuencia de la primavera árabe ha favorecido claramente a los partidos y movimientos islamistas, tal y como ocurrió en Argelia veinte años antes. Para cualquier observador de la sociedad de estos países, dicha victoria no era solo previsible: estaba cantada. La demonización de los Hermanos Musulmanes por Nasser, Sadat y Mubarak en Egipto, por Burguiba y Ben Alí en Túnez, así como por el núcleo duro del Majcén durante el reinado de Hassan II, les confirió una aureola de héroes de cara a una población sujeta a un poder omnímodo tras las duras persecuciones que sufrieron. Forjados en la lucha clandestina, lograron mantener no obstante el contacto con aquélla, harta de la injusticia, corrupción y arrogancia de los detentadores del poder y de su manipulación de los desacreditados partidos políticos. Pero dicho islamismo abarca una gran variedad de corrientes y difiere de un país a otro aunque la disyuntiva actual entre un pragmatismo que toma por modelo el Partido de la Justicia y Desarrollo turco y un salafismo que predica el retorno al califato o el camino al wahabismo saudí sea común a todos ellos. / (…)
¿Asistimos en Túnez, Egipto y Libia —Marruecos sí sería en este caso una excepción— al paso de la Revolución al Termidor según opinan los expertos en el pesimismo histórico y en el “fatalismo consubstancial al islam”? Mientras se ventila la suerte del clan El Asad y el futuro de Siria, conviene recordar la frase de Kant, citada por mi amigo Jean Daniel, en el momento del Terror que precedió a la caída de Robespierre y la reacción termidoriana: “1793 no borrará jamás 1789”.
Los efectos de la primavera árabe se prolongarán a lo largo de la presente década y nada será ya como antes.››
Bassets, en ¿Es Davos incompatible con el Islam? “El País” (28-I-2012), explica los problemas de los nuevos dirigentes islámicos para lograr la aceptación de las élites occidentales: ‹‹Hay una solidaridad entre las élites que supera ideologías, fronteras y religiones. Nada puede inquietar más a quien siente el espíritu de cuerpo de los elegidos que la súbita caída de uno de los suyos. Las élites son hostiles a las revoluciones, con independencia del color político e incluso las simpatías. No es extraño que el camino elitista de Davos sea de difícil tránsito para los nuevos gobernantes árabes, islamistas casi todos ellos, que están sustituyendo a las viejas élites corruptas y dictatoriales. / Las dificultades vienen de todos lados. Les cuesta a los nuevos gobernantes árabes hacer llegar su mensaje. Y a los asistentes al Foro les cuesta atender con el debido entusiasmo la llegada de un nuevo grupo de líderes en el momento en que inician sus transiciones democráticas y la construcción de un nuevo sistema de selección de sus élites. La desconfianza es mutua y tiene profundas raíces: el antioccidentalismo de un lado y del otro una islamofobia suscitada por la malintencionada identificación de una entera religión con la violencia terrorista.››
El analista estadounidense Robert Kaplan opina sobre la crisis en los países islámicos, desde Siria, a Túnez, Libia o Egipto.
‹‹Estamos hablando del antiguo Imperio otomano. El siglo XX y comienzos del XXI no aportaron una solución a su colapso. Cuando el sultán gobernaba desde Estambul, no había disputas sobre quién controlaba qué territorio. Cada grupo era leal al sultán y no hacia su vecino. Tras su colapso, los imperios coloniales crearon líneas artificiales y después surgieron dictadores que gobernaron como Francia y Reino Unido hicieron antes. Por eso la primavera árabe es fruto del colapso gradual de la autoridad de control central. Nada tomó su lugar, porque varios de estos países no son realmente países. Es el caso también de Libia.››

Política y conflictos en el mundo islámico en 2013-2014.
Jesús A. Núñez Villaverde, en 2014: ninguna gran guerra, conflictos sin fin [“El País” (29-XII-2013)] resume la situación internacional y los conflictos que asolan los países del mundo islámico:
‹‹Cuando se cumplen tres años desde el arranque de la mal llamada primavera árabe, solo ha habido cuatro países en los que el dictador ha caído; pero en ninguno de los veintidós se ha producido un verdadero cambio de régimen. Con el macabro protagonismo de Siria —sin esperanza de que Ginebra 2 aporte solución alguna—, nada ha cambiado para mejor en Yemen, mientras se cruzan apuestas sobre si Túnez puede evitar el retroceso violento que viven Libia y Egipto. Aunque con distinto grado de intensidad, las movilizaciones que experimenta el mundo árabe muestra claramente el agotamiento de unos regímenes políticos fracasados. Su suicida resistencia pronostica que la región seguirá sometida a convulsiones recurrentes, de las que ningún país está a salvo, en la medida en que todos ellos comparten un diagnóstico altamente negativo tanto desde la perspectiva del desarrollo (incluso en las petromonarquías del Golfo) como de la seguridad (con la renovada fuerza de la amenaza yihadista por doquier).
Si a eso se añade que ni Afganistán ni Irak, ni mucho menos el que enfrenta a Israel con sus vecinos, son ejemplos exitosos de resolución de conflictos, podemos concluir que en la órbita árabo-musulmana se multiplican los focos de violencia que seguirán ocupando la atención durante 2014. Por el contrario, uno de los soplos de esperanza más significativos de la agenda internacional es la posibilidad de que termine por cuajar el proceso de acercamiento entre Washington y Teherán, por muchas que sean las asignaturas pendientes y los previsibles esfuerzos de Israel y Arabia Saudí por abortarlo.››


Lluís Bassets, en Los fracasos de la plaza de Tahrir [“El País” Ideas (7-II-2016)] resume la negativa evolución de la ‘primavera árabe’.
‹‹La primavera árabe de 2011 contó desde el primer minuto, justo al empezar la revuelta en Túnez, con la desagradable compañía de los profetas del desastre. Primero fue el escepticismo sobre los efectos de las protestas tunecinas, que mal podían derribar un régimen al que todos daban por estable y al que, por cierto, algunos como el Gobierno francés de Nicolas Sarkozy contribuyeron a sostener con el suministro de material antidisturbios hasta su último suspiro. Luego empezaron las frases lapidarias en las que los agoreros se pillaron los dedos: Egipto no era Túnez, decían tras la caída de Ben Ali, y de ahí que no pudiera caer el faraónMubarak, piedra clave del statu quo en Oriente Próximo y de la seguridad de Israel. Cuando cayó, las profecías tomaron otros derroteros: visto que los árabes podían derribar a sus tiranos, seguro que no podrán construir regímenes democráticos. Por la razón fundamental de que la democracia no podía ser compatible con el islam.
De todo esto ahora hace cinco años. Las protestas empezaron el 25 de enero, declarado Día de la Rabia por la oposición egipcia, convocadas en buena parte a través de las redes sociales hasta llegar a la ocupación de la plaza de Tahrir de El Cairo, símbolo y epicentro de las libertades árabes. El 1 de febrero, el presidente Mubarak dio un paso atrás y renunció a presentarse de nuevo a las elecciones; el 4 fue declarado Día de la Partida por los manifestantes, y el 11 cayó el dictador, obligado a renunciar por el Ejército. Ahora la historia parece dar la razón a aquellos agoreros que ya despotricaban entonces. No hay que poner urnas, decían, porque ganarán los islamistas y terminarán dando el poder a los yihadistas. Hay que apoyar a los regímenes policiales porque lo que importa son la estabilidad y la seguridad y no la libertad y la democracia. El “yo ya lo decía” se oye aquí y allí, en las capitales occidentales y en los países del Golfo.
Solo en un país, el más pequeño, se mantiene viva la esperanza. En Túnez se ha producido una transición democrática entera. La Constitución que se ha redactado y aprobado es la más liberal del mundo árabe y una de las más feministas. Cuestión crucial fue su carácter inclusivo y consensual; por cierto, como en la transición española.
Y a pesar de todo, no está claro que vaya a terminar bien. La economía se halla maltrecha. El turismo no se ha recuperado desde 2011, sobre todo por los ataques terroristas —en el Museo del Bardo, en la playa de Susa, contra la guardia presidencial—, que han ahuyentado a los extranjeros. Del Túnez profundo ha salido la mayor aportación de yihadistas al Estado Islámico: al menos 3.000, según algunas evaluaciones. Y el país se halla al borde de la explosión social.
La lista de los fracasos o de las lecciones políticas que se deducen de las revueltas va más allá de las ideas antidemocráticas de los monarcas árabes, y de sus protectores occidentales. Veamos algunas. Las redes sociales pueden servir para la ignición de las revueltas, pero no para organizar las transiciones, e incluso pueden trabajar en sentido contrario. Los jóvenes laicos y prooccidentales que protagonizaron las protestas pronto fueron barridos por la fuerza del islamismo, principalmente de los Hermanos Musulmanes, la poderosa cofradía panislámica que observó primero las revueltas desde la ventana, luego se hizo con la dirección y terminó tomando el poder por las urnas. El fracaso de los Hermanos, con su incapacidad de consenso, su pésima gestión económica y su idea de un islam político sectario e iliberal, es uno de los datos más trascendentes, porque alimenta el argumento que declara incompatibles islamismo y democracia.
No termina aquí el repertorio. Ahí está la maldición del régimen militar egipcio, más represivo ahora incluso que con Mubarak. Como todo golpista, el mariscal Al Sisi, que derrocó al presidente Mohamed Morsi, no ha limitado su represión al islamismo, sino que alcanza a toda expresión de pluralismo. Los militares echaron a Mubarak, tutelaron la transición y mantuvieron bajo vigilancia a los Hermanos Musulmanes en el poder hasta que la impopularidad de Morsi les permitió echarlo a él también con el beneplácito de la oposición laica y progresista. Al Sisi hizo con Morsi, que le nombró, algo similar a lo que Pinochet hizo con Salvador Allende en 1973. Ambos presidentes intentaron casar su doctrina, el marxismo del chileno, el islamismo del egipcio, con la democracia, pero no lo consiguieron y fueron derrocados por los mismos militares a los que ellos habían promocionado.
Tanta razón tenían las casandras como que el dominó que debía convertir, uno detrás de otro, a todos los países árabes en democracias ha terminado en una serie de estados fallidos y en guerras civiles: Libia, Yemen, Siria, que se suman a Irak, Sudán del Sur, Somalia y a las debilidades de Nigeria, Malí, Chad, lugares todos ellos donde acampan las huestes del califato terrorista, el Estado Islámico, último y perverso retoño de unas revueltas que empezaron orientándose hacia Occidente y han terminado dirigidas contra Occidente.
El fracaso en su dimensión geopolítica es occidental, de Estados Unidos y de Europa, que han soltado las palancas que tenían sobre la región y cedido espacio de maniobra a países como Arabia Saudí, Turquía o Irán. Las revueltas empezaron en una insólita atmósfera de posmodernidad tecnológica y prooccidental que suscitó muchas esperanzas, pero el resultado es una desoccidentalización que ha permitido el regreso del presidente ruso, Vladímir Putin, con su intervención en Siria, transformado parte de las revueltas en enfrentamientos sectarios y convertido a la Unión Europea en un sujeto pasivo de la crisis, incapaz de actuar sobre Siria y de gestionar la huida de su población hacia la Europa más rica.
Francis Fukuyama ha comparado la primavera árabe de 2011 con las revoluciones burguesas europeas de 1848, que también fracasaron y desembocaron en reacciones autoritarias (ver su último libro, Orden y decadencia de la política, editorial Deusto, 2016). El pensador, que acuñó la idea del fin de la historia, considera que la democracia solo pudo triunfar en Europa después de pasar un severo sarampión identitario, y más concretamente nacionalista, que en el caso árabe se expresa a través del islamismo. Esta idea le hace pensar que la democracia tardará todavía mucho tiempo en llegar a los países árabes que protagonizaron aquella primavera de 2011.››

Fuentes.
Internet.
Libros.
Aristegui, Gustavo de. Encrucijadas árabes. Medialivo. Madrid. 2011. 350 pp. Reseña de Sahagún, Felipe. “El Cultural” (22-XII-2011) 17. La actualidad política del mundo árabe.
González del Miño, Paloma (ed.). Tres años de revoluciones árabes. Catarata. Madrid. 2014. 269 pp. Ensayos y artículos de varios autores. Reseña de Bastenier, M. Á. Al final de la primavera. “El País” Babelia 1.208 (17-I-2015) 8.
Naïr, Sami. ¿Por qué se rebelan? Trad. de Samia Nassera Zini y Hélène Fabre. Clave Intelectual. Madrid. 2013. 242 pp. Reseña de Bastenier, M. Á. “El País” Babelia 1.128 (6-VII-2013) 8.
Küng, Hans. El Islam. Historia, presente, futuro. Trotta. Madrid. 2006. 847 pp. Reseña de Bedoya, Juan G. La edad de la ignorancia. “El País”, Babelia 763 (8-VII-2006) 13.
Méndez, Ricardo; Molinero, Fernando. Espacios y sociedades. Introducción a la geografía regional del mundo. Ariel. Barcelona. 1994 (1984). 669 pp.Stratton, Allegra. Muhayababes. 451 Editores. Madrid. 2009. 278 pp. Los jóvenes árabes se modernizan.
Valenzuela, Javier. De Tánger al Nilo. Crónica del norte de África. Los Libros de la Catarata. Madrid. 2011. 232 pp. Javier Valenzuela (Granada, 1954), periodista político de España e internacional. [www.javiervalenzuela.es]
Wright, Robin. Rock the Casbah. Simon & Schuster. Nueva York. 2011. 307 pp. Reseña de Bazzi, Mohamad. Rock the Casbah. Ira y rebelión en todo el mundo islámico. “El Cultural” (9-XII-2011) 20-21. La periodista entrevista a personajes que avanzan la revolución democrática en el mundo islámico.

Economía.
Espinosa, Ángeles. Tiempos duros en el Golfo. “El País” Negocios 1.568 (22-XI-2015) 3-6. Las petromonarquías de Arabia y el Golfo Pérsico padecen la caída del precio de los hidrocarburos.
Espinosa, Ángeles. La hucha se reduce. “El País” Negocios 1.568 (22-XI-2015) 4-5. Los fondos soberanos árabes padecen por la crisis.

Editorial. ¿Ajustes en los más ricos? “El País” Negocios 1.568 (22-XI-2015) 6.

Política.
Sartorius, Nicolás. Hartos: más libertad, menos miseria. “El País” (1-II-2011) 27. A favor de la revuelta árabe.
Jiménez Araya, Tomás. La juventud árabe, entre la exclusión y la espera. “El País” (2-II-2011) 25.
Carbajosa, Ana. Sublevación árabe sin vuelta atrás. “El País” (6-II-2011) 5.
Carbajosa, Ana. Luchando por el cambio. “El País” Domingo (6-II-2011) 2-3. La revolución árabe de 2011.
Peregil, Francisco. El arma es la red. “El País” Domingo (6-II-2011) 4. Las redes sociales en la revolución árabe de 2011.
Carbajosa, Ana. Rami Khouri / Experto en el mundo árabe de la Universidad Americana de Beirut. “La desesperación de los jóvenes ha sido el factor clave de las revueltas”. “El País” (7-II-2011) 8.
Colombani, Jean-Marie. Alegrías y cautelas. “El País” (7-II-2011) 11. Un análisis optimista sobre la oleada de cambio en el mundo árabe.
Garton Ash, Timothy. ¿Estamos ente el 1989 de los árabes? “El País” (7-II-2011) 27. Exige a los gobiernos europeos una actitud más comprometida a favor del cambio en el mundo árabe.
Glucksmann, André. El fin de la fatalidad. “El País” (8-II-2011) 27-28. A favor de la revolución árabe.
Vaquer, Jordi. Democracia sin adjetivos. “El País” (8-II-2011) 9. Occidente puede ser un referente para los reformistas árabes.
Torreblanca, José Ignacio. Revoluciones “ni-ni”. “El País” (11-II-2011) 4.
Touraine, Alain. Movimientos de liberación en las naciones árabes. “El País” (11-II-2011) 27-28.
Bassets, Lluís. Desislamización. “El País” (13-II-2011) 5. Surge un nuevo panarabismo, no frente a Israel, sino contra los déspotas.
Stiglitz, Joseph E. El catalizador tunecino. “El País” Negocios 1319 (13-II-2011) 6-7. Reivindica que el desarrollo económico requiere equidad y justicia en una sociedad democrática, y no simples apariencias democráticas.
Vargas Llosa, Mario. ‘La cuarta página’. La libertad y los árabes. “El País” (13-II-2011) 29.
Emmert, Frank. La ‘generación Y’ hace la revolución. “El País” (14-II-2011) 29. Los jóvenes hacen la revolución árabe en busca de libertad.
Bassets, Lluís. La agenda de la libertad. “El País” (17-II-2011) 6.
Basterra, Francisco G. Mientras Europa dormita. “El País” (19-II-2011) 9. La revolución árabe.
Garton Ash, Timothy. Un mensaje de esperanza y advertencia. “El País” (19-II-2011) 27. Critica la diplomacia española y europea ante la revolución árabe.
Valenzuela, Javier. Ciudadanos árabes. “El País” Babelia 1004 (19-II-2011) 2.
Bastenier, M. Á. Conmoción árabe. “El País” (23-II-2011) 9.
Bassets, Lluís. Vencedores y vencidos. “El País” (24-II-2011) 4-5. La revuelta árabe.
Rico, Maite. Las fortunas de la cleptocracia. “El País” (24-II-2011) 8. Las riquezas de los dictadores árabes.
Ridao, José María. Artistas no invitados. “El País” (25-II-2011) 27. La revolución democrática árabe.
Torreblanca, José Ignacio. La Doctrina Zero. “El País” (25-II-2011) 4-5. La UE no tiene política común respecto a la revolución árabe.
Valenzuela, Javier. Un nuevo panarabismo. “El País” (25-II-2011) 6.
Espinosa, Ángeles. Jornada de ira panárabe. “El País” (26-II-2011) 10.
Carbajosa, Ana. Sin trabajo y sin libertades. “El País” Negocios 1321 (27-II-2011) 8. La revuelta árabe.
Macías-Aymar, Iñigo; Soler y Lecha, Eduard. Desarrollo, juventud y revuelta. “El País” Negocios 1321 (27-II-2011) 4-5. La revuelta árabe.
Mars, Amanda. La factura de la rebelión. “El País” Negocios 1321 (27-II-2011) 4-6. La revolución árabe y sus costes.
Diaz-Zalazar, Rafael. El futuro político del mundo árabe y la laicidad. “El País” (3-III-2011) 31-32.
Bastenier, M. Á. A la rifa de revoluciones. “El País” (4-III-2011) 6.
Basterra, Francisco G. Es un cisne negro. “El País” (5-III-2011) 8. La revolución árabe.
Redacción. El clamor por el cambio no da tregua. “El País” (5-III-2011) 8. La revolución árabe.
Carbajosa, Ana. Revolucionarias sí, pero sin poder. “El País” (6-III-2011) 32-33. La situación de las mujeres en el mundo árabe, con gráficos y estadísticas.
González, Enric. Esta revolución es por dignidad. “El País” (6-III-2011) 1-3. También con títulos de El siglo XXI ya tiene su revolución (1) y Los árabes luchan por su dignidad (2-3).
Ruiz Mantilla, Jesús. Aires de revolución. “El País” Semanal 1800 (27-III-2011) 38-51. La revolución árabe según 10 jóvenes árabes residentes en España.
Lenore, Víctor. Entrevista. Slavo Zizek: el filósofo de la anarquía. “El País” EP3 (1-IV-2011) 4.
Gómez García, Luz. Siete claves para el despertar árabe. “El País” (15-IV-2011) 29.
González, Enric. Sangre a las puertas de Europa. “El País” Domingo (28-VIII-2011) 2-5. Las revueltas árabes.
Filiu, Jean-Pierre. El estado de gracia islamista. “El País” (4-XII-2011) 9. El éxito de los islamistas en la elecciones en Egipto, Túnez y Marruecos inquieta a Occidente, pero Filiu, catedrático de Ciencias Políticas en París y autor de Las nueve vidas de Al Qaeda (Icaria), defiende que el ejercicio de poder moderará a los islamistas.
Harling, Peter; Pope, Hugh. Turquía y las revueltas árabes. “El País” (13-XII-2011) 29. Se reivindica el modelo turco, pese a sus carencias, para las nuevas democracias árabes.
Bassets, Lluís. El año del jazmín. “El País” (15-XII-2011) 4. Comentario sobre un año en que los movimientos sociales han salido a la calle, desde Oriente Medio hasta Rusia o EE UU, pasando por España, para protestar contra los errores y las carencias de los sistemas políticos y económicos dominantes. La revista “Time” lleva a su portada este fenómeno del ‘Protester’, sin duda el más importante del año 2011.
González, Enric. Intifada, no primavera. “El País” Domingo (31-XII-2011) 10-11.
Naïr, Sami. 2011 y después. “El País” (31-XII-2011) 6. Las crisis de la revolución árabe y de Europa.
Bastenier, M. Á. 2011: el año de una ‘primavera’. “El País” (4-I-2012) 6. Egipto.
Torreblanca, José Ignacio. Despertares. “El País” (6-I-2012) 4. Las revueltas obligan a la Liga Árabe a comenzar un proceso de cambio de sus funciones, implicándose en los asuntos internos de los países a favor de la democracia.
Gómez García, Luz. Gana el islamismo, siguen las revueltas. “El País” (13-I-2012) 27-28. La autora analiza el ascenso electoral al poder los islamistas moderados en Túnez, Egipto, Marruecos…
Goytisolo, Juan (texto); Cáliz, Alfredo (fotos); Fibla, Carla (comentarios de fotos). De la primavera al otoño árabe. “El País” Semanal 1.843 (22-I-2012) 26-45. Argelia (28), Yemen (28-30), Siria (31-33), Túnez (33 y 38), Egipto (38-39 y 44) y Marruecos (45).
Espinosa, Ángeles. La ‘primavera árabe se estanca’. “El País” (26-I-2012) 2. Los casos en proceso de transición de Libia y Yemen, cerrados en falso de Bahréin y Arabia Saudí, y en marcha de Siria.
Bassets, Lluís. ¿Es Davos incompatible con el Islam? “El País” (28-I-2012) 4.
Espinosa, Ángeles. La rivalidad entre suníes y chiíes atasca las revueltas en Siria y Bahréin. “El País” (31-I-2012) 8.
Bassets, Lluís. El año de la revolución. Taurus. Madrid. 2012. Avance en La caída de los tiranos. “El País” Domingo (19-II-2012) 12-13.
Bassets, Lluís. Geopolítica árabe. “El País” (16-II-2012) 5.
Medina, Miguel Ángel. Para el gay musulmán, el armario tiene siete llaves. “El País” (27-II-2012) 28-29.
Bassets, Lluís. El aprendizaje de la decepción. “El País” (1-III-2012) 4. Se enfrían las expectativas de la ‘revolución árabe’.
Valenzuela, Javier. Desencanto árabe 2.0. “El País” Domingo (4-III-2012) 5-7.
Bassets, Lluís. El año de la revolución. Taurus. Madrid. 2012. Segura, Cristian. Entrevista. Lluís Bassets / Periodista. ‘La revolució àrab prova que l’atractiu del terrorismo s’ha acabat’. “El País” (15-III-2012) 23.
Kissinguer, Henry A. Estados Unidos y la ‘primavera árabe’“El País” (18-IV-2012) 33.
Vaquer, Jordi. Magreb sorprendente. “El País” (10-VII-2012) 6. El norte de África progresa hacia la democracia más que el Oriente Próximo, probablemente por su mayor proximidad social y política a Europa.
Morilla, Pol; Soler i Lecha, Eduard. La Unión Europea y la ‘primavera árabe’. “El País” (18-VII-2012) 29.
Torreblanca, José Ignacio.  Sin noticias de la ‘Calle Árabe’. “El País” (27-VII-2012) 9. La opinión pública árabe no ha presionado para una intervención internacional en Siria. ‹‹Llegados al caso sirio, todo desaconsejaba una intervención: el Ejército sirio, la posibilidad de una desestabilización de Líbano, la posible reacción de Irán y, para colmo, el veto de Rusia o China, decididos a garantizar que la intervención fuera prohibitiva, militar y políticamente. Pero ninguno de esos obstáculos hubiera sido insuperable si millones de árabes y musulmanes hubieran tomado las calles para exigir una intervención que parara esa carnicería.››
Espina, Álvaro. Revolución árabe y etnocentrismo. “Claves de Razón Práctica” 223 (VII/VIII-2012) 54-63.
Naïr, Sami. Un nuevo paradigma. “El País” (25-VIII-2012) 25. El Islam político experimenta en el poder.
Elorza, Antonio. ¿Islamización? “El País” (30-VIII-2012) 27. No es fácil conciliar islamismo y libertad.
Valenzuela, Javier. Cámara, acción… velo. “El País” (8-IX-2012) 30-31. La presión sobre la mujer mediante las normas de vestido.
Bastenier, M. Á. Por qué el islam. “El País” (26-IX-2012) 4.
Jahanbegloo, Ramin. El islam, Occidente y la doble intolerancia. “El País” (15-X-2012) 29. El filósofo iraní discurre sobre la necesidad de conocer la cultura del Islam en las escuelas europeas para deshacer los equívocos y la intolerancia.
Naïr, Sami. Dos años depués. “El País” (15-XII-2012) 10. Repasa la situación actual de la revolución árabe en Túnez y Egipto, y afirma que los islamistas no están triunfando pese a las apariencias.
Bassets, Lluís. Balance de la revolución. “El País” (27-XII-2012) 4. Dos años de la revolución árabe.
Alandete, David. Las promesas rotas de la ‘primavera árabe’. “El País” (14-IV-2013) 38-39. El integrismo y el desgobierno frenan los avances para la mujer.
Youngs, Richard. Una nueva y compleja fase en Oriente Próximo. “El País” (24-VI-2013) 23-26.
Espinosa, Ángeles. La ‘primavera árabe’ cambia de rumbo. “El País” (5-VII-2013) 8. El golpe de Estado en Egipto muestra la debilidad de la nueva democracia.
Bassets, Lluís. La primavera traicionada. “El País” Domingo (14-VII-2013) 12. La crisis egipcia golpea el mito de la “primavera árabe”.
Rengel, Carmen. El sectarismo marchita las ‘primaveras’. “El País” (16-VIII-2013) 6.
Altares, Guillermo. ¿Qué ha fallado? “El País” (16-VIII-2013) 6.
Pozzi, Sandro. Robert Kaplan / Periodista y escritor. ‘No veo cómo puede funcionar una intervención en Siria’. “El País” (16-IX-2013) 6-7.
Espinosa, Ángeles. Los países del Golfo temen que un acercamiento de EE UU refuerce a Irán. “El País” (15-X-2013) 4. La política regional en el Golfo Pérsico puede cambiar en los próximos años si EE UU e Irán normalizan sus relaciones.
Espinosa, Ángeles. La guerra de Siria dispara las luchas entre suníes y chiíes en toda la región. “El País” (17-XI-2013) 10.
Espinosa, Ángeles. El mundo árabe recela del diálogo con Teherán. “El País” (25-XI-2013) 5. Desconfianza hacia el pacto internacional sobre el programa nuclear iraní.
Alandete, David. El diálogo nuclear altera los equilibrios en Oriente Próximo. “El País” (26-XI-2013) 7.
Aguirre, Mariano. Cambios geopolíticos en Oriente Próximo. “El País” (27-XI-2013) 38.
Espinosa, Ángeles. El pacto con Irán hace temblar el Golfo. “El País” (1-XII-2013) 2-3.
Bremmer, Ian. Vuelco estratégico en Oriente Próximo. “El País” (9-XII-2013) .
Núñez Villaverde, Jesús A. 2014: ninguna gran guerra, conflictos sin fin. “El País” (29-XII-2013) 6-7. Excelente resumen de los conflictos que asolan los países del mundo, aunque ninguno sea internacional. En Europa destacan Ucrania y Turquía, en América la violencia en Colombia, en África las numerosas guerras civiles, en el mundo islámico los conflictos del fin de la ‘primavera árabe’ y la guerra civil de Siria, y en Asia-Pacífico la tensión entre China y sus vecinos protegidos por EE UU.
Naïr, Sami. El caos árabe-africano. “El País” (30-XII-2013) 8. Un resumen de la pésima situación de la región, con violencia en Libia, Siria y otros países.
Bassets, Lluís. Siembra revolucionaria. “El País” Domingo (17-XI-2013) 13. La mujer árabe lucha por mejorar su condición.
Leonard, Mark. Las revueltas árabes y los valores occidentales. “El País” (25-I-2014) 27-28. Muchos de los nuevos rebeldes utilizan las libertades para rechazar los principios liberales.
Aristegui, Gustavo de. Encrucijadas árabes. Medialivo. Madrid. 2011. 350 pp. Reseña de Sahagún, Felipe. “El Cultural” (22-XII-2011) 17. La actualidad política del mundo árabe.
Fischer, Joschka. Oriente Próximo y el regreso de la historia. “El País” (6-VII-2014) 39. El agravamiento de los conflictos puede llevar a una guerra más amplia.
Bastenier, M. Á. El nuevo mapa de Asia árabe. “El País” (9-VII-2014) 8. La desintegración de Siria e Irak.
Dazi-Héni, Fatiha. La otra Guerra Fría. “El País” Domingo (27-VII-2014) 4. La pugna entre Arabia Saudí (suní) e Irán (chií).
Bassets, Marc. El difícil equilibrismo de Obama. “El País” Domingo (27-VII-2014) 5. Los adversarios de EE UU en un lugar pueden ser aliados en otro.
Álvarez-Ossorio, Ignacio. Primavera árabe: esperanzas frustradas. “El País” (23-XII-2014) 37.
Espinosa, Á. La Liga Árabe avanza hacia un Ejército conjunto. “El País” (28-III-2015) 6.
Espinosa, Á. Irán mide sus fuerzas con Arabia Saudí. “El País” (29-III-2015) 6-7.
González, R. La Liga Árabe pacta crear una fuerza militar conjunta. “El País” (30-III-2015) 4.
Khanfar, Wadah. Vientos de cambio. “El País” Domingo (17-V-2015) 12. Khanfar preside el Foro Al Sharq (significa Oriente) y fue director general de la cadena Al Jazeera. Propone un nuevo proyecto de reformas políticas y sociales, que haga frente a las amenazas de los yihadistas e Irán.
Espinosa, Á. El acuerdo con Irán perfila un nuevo mapa del poder en Oriente Próximo. “El País” (19-VII-2015) 4.
Carlin, John. Todos los países tienen su edad. “El País” (12-X-2015) 6. Analiza los conflictos en Oriente Próximo.
Basterra, Francisco G. De sapos y demonios. “El País” (24-X-2015) 4. EE UU y la UE deberán pactar con Rusia y otros países para lograr estabilizar Oriente Medio.
Bassets, L. Un nuevo Oriente Próximo. “El País” Ideas (27-XII-2015) 4-5.
Espinosa, Á. La ejecución de un clérigo chií por parte de Arabia Saudí incendia la región. “El País” (3-I-2016) 5. El iman Nimr Baqr al Nimr no era un terrorista sino un reformador y su ejecución, junto a la de otros 46 reos, ha soliviantado a los chiíes.
Falahi, Ali. Arabia Saudí rompe relaciones con Irán tras las protestas por las ejecuciones. “El País” (4-I-2016) 3.
González, R. Un conflicto por el poder vestido de cisma religioso. “El País” (4-I-2016) 4. Las diferencias entre suníes y chiíes.
Espinosa, Á. Tres aliados de Arabia Saudí secundan la ruptura con Irán y extienden la crisis regional. “El País” (5-I-2016) 4.
Solana, Javier. Puentes sobre el Golfo Pérsico. “El País” (3-II-2016) 11. Hay que suavizar las tensiones entre Arabia Saudí e Irán.

Bassets, Lluís. Los fracasos de la plaza de Tahrir. “El País” Ideas (7-II-2016) 11. Un resumen de la negativa evolución de la ‘primavera árabe’.