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lunes, 30 de diciembre de 2013

Los partidos políticos de España y su problemática.

Los partidos políticos de España y su problemática. 









Mapa de las 15 Comunidades Autónomas con sus banderas.

Índice.
Introducción.
El debate teórico sobre los partidos.


Introducción.
Después de la gran victoria electoral del PP en noviembre de 2011 y ante la creciente desazón de gran parte de la opinión pública por el agravamiento de la crisis política, económica y social, y el debilitamiento manifiesto del PP y el PSOE, los partidos históricamente mayoritarios, los partidos comparativamente menores, con Izquierda Unida (IU, que incluye el Partido Comunista), el joven partido Unión  por el Progreso y la Democracia (UPD), las distintas formaciones de los Verdes ecologistas y los  numerosos partidos nacionalistas y regionalistas de la periferia española, se hallan ante un escenario muy fluctuante, en el que mientras unos alcanzan expectativas electorales muy positivas (IU y UPD) o recuperan el poder (PNV), otros retroceden a su peor situación relativa de los últimos años, arrinconados en sus zonas sin tener suficiente poder parlamentaria para influir en el Gobierno de Madrid, al tiempo que la crisis económica y social les deja sin margen de maniobra para realizar políticas de consolidación nacional en la cultura, educación y otras competencias básicas.
Lo denota el ejemplo de Cataluña, donde el Gobierno de la Generalitat, presidido por Artur Mas de la coalición CiU, entre Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) y Unió Democràtica de Catalunya (UDC), cabalga de recorte en recorte espoleado por el Partido Popular de Alicia Sánchez-Camacho, mientras ERC y los otros pequeños partidos nacionalistas catalanes caen y ascienden en un carrusel, siempre cerca tanto de la irrelevancia política como de euforias momentáneas y desmedidas, como ocurrió en el verano de 2012, cuando sucedió el inmenso éxito de la manifestación catalanista de la Diada del 11 de septiembre. El ascenso en las encuestas de ERC y los independentistas en 2013, aunque extraordinario en términos relativos con los últimos decenios, probablemente será solo un brote coyuntural más si mejora pronto la situación económica y social y se realiza una política serena por parte de los Gobiernos español y catalán, pero también cabe todo lo contrario: el presidente Rajoy parece jugar a empeorar la situación con la mira electoral de que la tensión soberanista le puede quitar algunos diputados al PP en Cataluña pero lo puede compensar con creces en otras regiones, mientras que Mas parece haber caído en la tentación del apostante desesperado que pone en la ruleta su último dinero con la esperanza de ganar... o perderlo todo. Esto parece precipitar a CiU a una ruptura imprevista hace pocos años, pues mientras CDC se desliza mayoritariamente hacia el independentismo,  en cambio UDC sigue inclinada hacia el mantenimiento de Cataluña en una España federal.
En el País Vasco los nacionalistas del PNV han vuelto al poder tras las elecciones autonómicas de 2013, pero es improbable que la actual mayoría nacionalista ofrezca una alternativa mayoritaria de gobierno, pues PNV y la coalición 'abertzale' cuentan con bases electorales e idearios muy distintos en puntos esenciales de sus programas, con lo que siempre hay esperanzas para PSOE, PP y IU de componer opciones 'constitucionalistas' de oposición o de pactar con el PNV acuerdos puntuales, como ha ocurrido en el pacto presupuestario de octubre de 2013 entre PNV, PSOE y PP. El PNV, de resultas, está dividido 
Otros problemas se observan en las demás regiones con partidos de ideología nacionalista o regionalista: Andalucia (el Partido Andalucista está al borde de la extinción), Aragón (el PAR casi liquidado), Asturias (la aventura personalista de Álvarez Cascos parece que acabará como el rosario de la aurora), Baleares (desaparecida UM, mientras el PSM y los otros partidos, apiñados en grupúsculos y bautizados en múltiples y cambiantes siglas, apenas aparecen), Canarias (divididos los regionalistas de Coalición Canaria internamente por islas y tendencias, aunque mantienen el poder regional en alianza con el PSOE), Cantabria (el PRC ha perdido casi todo su poder), Comunidad Valenciana (inencontrables los regionalistas ante los casos de flagrante corrupción), Galicia (el BNG está sumido en un largo declive y desmembramiento por episodios), Navarra (UPN vuelve poco a poco al redil del PP).

El debate teórico sobre los partidos.
José Antonio Gómez Yáñez, en Agonía o renovación institucional [“El País” (29-IV-2013)] apunta que en España los partidos se ensimismaron y han sido impotenter para imponer reglas a las élites económicas, y señala que no hace falta una ley de la Corona, sino que basta con que la familia real mantenga la compostura y haga transparentes sus cuentas. Propone un ambicioso programa de reformas institucionales para mejorar la democracia española, en la que destaca una ley que regule la actividad interna de los partidos y contrapese a sus cúpulas para que no puedan invadir la justicia ni multiplicar los cargos públicos a su disposición, porque España no tiene suficiente gente preparada para tanto puesto oficial.
‹‹Lo que va de siglo XXI le está sentando mal a España. El desplome de todos los indicadores económicos y sociales desde 2007 muestra que muchas cosas fallaban desde antes. Podrían diluirse las responsabilidades en el conjunto del país porque en una sociedad compleja ningún colectivo es autónomo, pero tienen más responsabilidad quienes tenían (y tienen) los datos para analizar la situación y los resortes para asignar recursos, y lo hicieron mal. No solo las élites políticas ahora en la picota; también tienen responsabilidades las empresariales, resguardadas de la opinión pública, y las sindicales, sumidas en la indiferencia tras contemplar pasivamente la destrucción de 2,5 millones de empleos en el sector privado.
La atención pública se dirige soliviantada a la política porque le corresponde marcar caminos, asignar los recursos públicos, fijar las reglas de la economía y orientar las inversiones privadas. Pero la política está paralizada. Sus élites piensan que si cambia la economía cambiará la percepción de la gente sobre todo lo demás, el mensaje desvela intención de seguir así y, quizá, menosprecio a los ciudadanos. Si a esto se une que la corrupción alcanza a las cúpulas de los partidos atrapando a sus máximos dirigentes, porque cualquier movimiento produciría reacciones que los desestabilizaría, el panorama es desolador. Los sindicatos y la patronal no están mejor.
Indicadores de esta parálisis aparecen todos los días, mostrando la impotencia para resolver los problemas y la querencia por refugiarse en burladeros. El comportamiento de algunos familiares del Rey se pretende soslayar con una ley de la Corona para guarecerlos en el futuro con algo parecido a la inmunidad parlamentaria. Se quiere ignorar “el problema de que la Corona solo es sostenible si quien la encarna, y su familia, es irreprochable” (J. M. Reverte). Una sucesión de filtraciones trasluce presión a la Audiencia y al juez de Palma. Otro ejemplo: ante la acumulación de políticos imputados de los que los partidos no pueden deshacerse, el ministro de Justicia propone endosar a los jueces la responsabilidad de dictar discrecionalmente su inhabilitación. Pero ¿qué haría cualquier partido si un juez pretendiera inhabilitar a uno de sus alcaldes? La reforma de los ayuntamientos se ha bloqueado por la resistencia de los concejales de todos los partidos.
Es preciso renovar las reglas de la política para hacer otra Política y otras políticas, para transmitir al país un proyecto de futuro. No hacen falta reformas grandilocuentes de la Constitución, sino desliar la maraña en que se ha convertido la política española. La Transición estableció instituciones, pero no reguló las cañerías de la política. Se definió entonces una política rígida (moción de censura constructiva o la imposible reforma de aspectos estructurales de la Constitución), basada en las cúpulas partidarias que atraparon la composición de las listas electorales y de los órganos relevantes (Tribunal Constitucional, de Cuentas, CGPJ, comisiones reguladoras de los mercados) y ahormaron los partidos a su comodidad (una temprana ley de financiación, 1978; congresos cada cuatro años, órganos de control de las ejecutivas masificados e inoperantes, etc.).
Con el tiempo, la política se ha degradado tanto que los partidos ignoran sus propias reglas cuando conviene a sus direcciones. Ejemplos: los estatutos del PP prevén que la junta directiva nacional, que controla a su ejecutiva, se reúna cada cuatro meses; entre sus dos últimas reuniones pasaron nueve. En el PSOE, el secretario general invita a un miembro del partido a asistir a su ejecutiva regularmente.
En los ochenta, la política se desbordó. Sin contrapesos administrativos se crearon 17 administraciones territoriales, miles de empresas y organismos, se desató un tifón legislativo autonómico, la política se ramificó por los resquicios de la sociedad (cajas de ahorro, control de las carreras de los altos funcionarios), se infiltró en la justicia. La política se ensimismó con su desmesura, y sin enterarse ha sido impotente para imponer a las élites económicas las reglas de transparencia, competencia y códigos éticos vigentes en otros países europeos. Ejemplos: las retribuciones de los consejeros del Ibex 35 en estos años, las obscenas retribuciones en empresas públicas y los acuerdos de tres empresas sobre precios en el mercado de carburantes. Lo más grave es que no ha conseguido impulsar a las empresas a invertir en sectores con futuro y en formación, y no por falta de recursos vertidos en ella, deglutidos por patronal y sindicatos.
Hay un amplio acuerdo en que estamos en una crisis institucional. El núcleo del sistema político son los partidos. La clave de cualquier renovación institucional pasa por una ley de partidos que regule su actividad interna, contrapese a sus cúpulas y permita seleccionar a sus dirigentes buscando apoyos en las bases de sus partidos no en las cúpulas. Es decir, todos los cargos internos y los candidatos a cargos representativos deben ser elegidos mediante elecciones internas, entre los afiliados, o primarias abiertas a los ciudadanos que deseen participar, no por cooptación. ¿Qué cambiaría esto? Que los parlamentarios, concejales y cargos internos no dependerían de los dirigentes para ser elegidos, sino de “sus bases”, alterando la lógica de la política española: los políticos elegidos por los afiliados o ciudadanos podrían exigir explicaciones a sus direcciones porque no dependerían de ellas para seguir en sus cargos. Por tanto, pedirían explicaciones sobre los casos de corrupción porque les iría el cargo en ello (no en callarse) y azuzarían a sus partidos a controlar a las élites económicas porque sus votantes, a cuyo voto deben el puesto, ven que su comportamiento es inaceptable. La ley electoral debe recoger que los candidatos sean elegidos por los afiliados o votantes del distrito electoral. La patronal y los sindicatos también deberían someterse a leyes que los democraticen.
La ley de partidos es imprescindible, pero insuficiente. La política tiene que salir de los espacios que ha invadido y autocontrolarse. Salir de la justicia, convirtiendo la carrera de jueces y fiscales en puramente profesional, desligando el CGPJ de los partidos y sometiendo a los funcionarios judiciales a las mismas incompatibilidades con la política que los militares. Debería salir de la carrera de los altos funcionarios, suprimiendo los cargos administrativos de libre designación, profesionalizar la función pública según el modelo de Gran Bretaña, donde la Administración es profesional, desligada de nombramientos de los políticos, hasta el nivel de subsecretario (Secretario Permanente) y hay incompatibilidades entre los funcionarios y la política. Esto paliaría otro problema, la colonización de la política por los funcionarios.
Los partidos deberían dejar de gravitar sobre los Tribunales Constitucional y de Cuentas, y los reguladores de los mercados. Sus miembros deberían ser elegidos por el Congreso y el Senado, pero el procedimiento no puede ser por lotes (como degenera cuando se eligen tres o cuatro) y se debe desincentivar que los partidos aparquen en ellos a políticos sobrantes. El modelo norteamericano, con mandatos vitalicios, o casi (hasta los 80 años), lleva a elecciones individuales en las que se sopesa la profesionalidad de los candidatos, al tiempo que garantizan la independencia de los elegidos. Sería lo único que obligaría a tocar la Constitución (artículo 159.3.) por la “vía rápida” para el Tribunal Constitucional.
Hay que reducir el número de cargos políticos: España no tiene capital humano para abastecer casi 2.000 escaños parlamentarios, 68.000 concejales y miles de puestos de consejeros, asesores, etc. Las retribuciones de los políticos deberían ser transparentes y homogéneas; que algunos las completen con dietas de comisiones a las que asisten por ocupar el cargo es vergonzoso. Pero los políticos deben tener seguridades ante el futuro: regular su desempleo, pensiones, etc., evitando que su intranquilidad les lleve a cometer abusos legales.
No hace falta una ley de la Corona, basta con que sus miembros mantengan la compostura y el Rey se la exija o extraiga consecuencias, y sus cuentas sean transparentes.
Una política con cúpulas más controladas, con contrapesos y más pequeña, reforzaría su liderazgo social. La política no puede despedir “el aroma a cafetines enmohecidos y a oscuros despachos de negocios” que describió el gran Marc Bloch (La extraña derrota) al analizar las causas del desastre francés de 1941. Aquí estamos atravesando el umbral de otro desastre.››

El sociólogo José María Maravall apunta sobre La hostilidad respecto de los partidos [“El País” Domingo (24-II-2013)]: 
‹‹Tal vez la institución democrática vista de forma más crítica por los ciudadanos hayan sido los partidos políticos. (…) [no obstante] los partidos políticos pasaron a ser entendidos como instrumentos imprescindibles para la representación y la competición política. Esta concepción de los partidos tuvo una primera expresión en Burke: “Un partido político es un conjunto de hombres unidos para promover, mediante su trabajo conjunto, el interés nacional sobre la base de algún principio particular acerca del cual todos están de acuerdo”. Es decir, desde esta interpretación, la representación parcial de intereses particulares promovía el interés general, no lo socavaba.
Así se ha organizado la democracia a lo largo de casi dos siglos. No es concebible la democracia representativa sin partidos políticos. La Constitución española de 1978 declaró que “los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y su funcionamiento deberán ser democráticos”. (…) Tras 30 años de experiencia de la democracia, la concepción ingenua de los partidos se había desencantado. En noviembre de 2010, un 78,8% de los ciudadanos seguía compartiendo esa opinión, pero los que estaban “muy de acuerdo” solo representaban un 20%. A la vez, un 55,1% creía que “los partidos políticos solo sirven para dividir a la gente” (CIS, estudio 2.353). Es posible que ello reflejase el cierre organizativo que los partidos políticos practicaron en esos años; sus prácticas burocráticas y clientelistas; sus listas electorales cerradas, bloqueadas y elaboradas lejos de los votantes; sus políticas internas opacas y aparentemente guiadas por intereses de poder; la sustitución de ideas por palabras en sus discursos. El diagnóstico que a comienzos del siglo XX realizó Michels siguió siendo relevante: “En los partidos democráticos de hoy día, los grandes conflictos entre puntos de vista distintos se refieren cada vez menos a las ideas (…) y degeneran cada vez más en luchas personales (…). Los esfuerzos que realizan para encubrir disensiones internas con un velo piadoso son el resultado inevitable de unas organizaciones basadas en principios burocráticos”.
Es muy probable que la evaluación crítica de los partidos políticos fuese una respuesta a políticas, a crisis económicas, demandas sociales insatisfechas, prácticas de nepotismo o experiencias escandalosas de corrupción. Pero cabe también pensar que existió una relación entre esas políticas y la organización de los partidos. Estos dieron la espalda a la sociedad, su militancia decreció considerablemente desde el inicio de la democracia, sus formas de organización en agrupaciones territoriales resultaron poco atractivas para fomentar la afiliación, convirtiéndose en piezas utilizadas en luchas internas por el poder.››

El filósofo italiano Raffaele Simone analiza el populismo (radical o de izquierdas, como el Cinco Estrellas italiano o el Podemos español), que bautiza como “movimentismo”, en el que advierte facetas positivas pero también otras criticables:
‹‹Tengo más simpatía por Podemos, porque ha tenido la voluntad de proclamarse un partido. Cinco Estrellas no tiene ni estatutos, van fijando las reglas arbitrariamente. Los movimientos cristalizan los deseos del pueblo de participar y en este sentido son importantes. Pero su punto débil es que son genéricos: no tienen programa ni reivindicaciones precisas. No son más que agregados de personas que protestan. Tienen energía pero no dirección. Podemos sí ha elegido ser un partido de izquierda, pero intransigente, no se pone de acuerdo con nadie. Y la democracia exige el compromiso como elemento fundamental, que todos renuncien a algo por el interés general. Pero es un fenómeno interesante. La política necesita un reinicio, una tarea para políticos con imaginación.

[Duda que esa respuesta pueda venir de los partidos tradicionales] No me parece posible. En los acontecimientos humanos hay momentos en que las cosas recomienzan desde el origen. Este es uno de ellos. Lo que estamos viviendo ya no es democracia. Los partidos tradicionales han agotado su papel histórico.›› [Hermida, Xosé. Raffaele Simone / Filósofo. ‘Somos totalitarios por instinto’. “El País” Ideas (3-VII-2016).]

Dosier: Los principales casos de corrupción en España.* 
FUENTES.
General.

Artículos.
Gómez Yáñez, José Antonio. Los partidos, ¿el núcleo de todo esto? “El País” (13-VII-2012) 29. Propugna una legislación que democratice los partidos políticos españoles, sumidos en una grave crisis interna, sin suficiente democracia ni competencia.
Rojo, José Andrés. César Molinas / Financiero y ensayista. ‘Nos hace falta una democracia que se pueda tocar más’. “El País” (18-II-2013) 17. Pide una reforma de los partidos, para fomentar la democracia.
Fabra, María. Los expertos ven insuficiente que los políticos muestren su declaración de la renta. “El País” (18-II-2013) 15.

Urdánoz Ganuza, Jorge. Cautivos del bipartidismo. “El País” (20-II-2013) 29. El sistema político español prima demasiado al PP y el PSOE.

Garea, Fernando. José Antonio Gómez Yáñez / Profesor de Sociología. ‘Hay que imponer por ley primarias y democracia en los partidos’. “El País” (22-II-2013) 17.

Maravall, José María. La hostilidad respecto de los partidos. “El País” Domingo (24-II-2013) 9. Extracto de su libro Las promesas políticas. Galaxia Gutenberg. Barcelona. 2013. 224 pp.

Ríos, Pere. El escaño, del diputado; la disciplina, del partido. “El País” (28-II-2013) 34-35. La Constitución española da libertad a los parlamentarios para emitir su voto, pero los díscolos son sancionados, en contraste con lo que sucede en Reino Unido o EE UU.
Morán, Carmen. La militancia languidece. “El País” (1-III-2013) 36-37.
Junquera, Natalia. Vigilados por sí mismos. “El País” (6-III-2013) 42-43. La financiación de los partidos es muy opaca.
Garea, Fernando. A las puertas de un nuevo modelo político. “El País” (19-V-2013) 14-15.
Toharia, J. J.; Ferrándiz, J. Pablo. Si mañana hubiese elecciones. “El País” (19-V-2013) 14.
Ramoneda, Josep. La crisis del bipartidismo. “El País” Domingo (19-V-2013) 13. PP y PSOE se hunden en la crisis por sus graves errores.
Pérez-Lanzac, Carmen. El 15-M pierde visibilidad y gana rabia. “El País” (12-V-2013) 22. El movimiento opositor en la calle se fragmenta y se radicaliza, al tiempo que pierde participación popular en las protestas aunque aumenta el número de indignados y activistas.
Martínez, Guillem. Los cuatro ángulos del movimiento.  “El País” (12-V-2013) 24. Análisis del movimiento 15-M.
Editorial. Hacer política. “El País” (14-V-2013) 26. Urge al movimiento del 15-M a intervenir en la política para reformarla, y no apartarse de ella.
Garea, Fernando. El 15-M mantiene la simpatía ciudadana dos años después. “El País” (19-V-2013) 15.
Molinas, César: De la Nuez, Elisa. ¿Por qué hay que cambiar los partidos? “El País” (27-V-2013) 35. Una dura crítica a los partidos españoles.
Garea, Fernando. Un centenar de intelectuales proponen una reforma radical de la ley de partidos. “El País” (29-V-2013) 16.
Editorial. Democracia interna. “El País” (1-VI-2013) 28.
Garea, Fernando. El 15-M de los intelectuales indignados. “El País” (2-VI-2013) 15.
Toharia, Juan José. No son los partidos, sino estos partidos. “El País” (2-VI-2013) 16. Los españoles critican a los grandes partidos PP y PSOE pero confían en la democracia de partidos.
Urdánoz Ganuza, Jorge. Criaturas de partido. “El País” (27-VII-2013) 38-39. Profesor de Filosofía del Derecho, el autor critica el bipartidismo decadente y sostiene que solo el electorado acabará con él.
Navarro, Joan. ¿Ha muerto el Partido? “El País” (7-XI-2013) 29. Los partidos, en especial el PSOE, sufren una crisis de modelo y deberán cambiar.
Fernández, M. El Tribunal de Cuentas ve desfases en los balances de 17 partidos. “El País” (8-XI-2013) 13. La deuda ascendía en 2011 a 270 millones de euros. PP y PSOE no aparecen entre los que tienen dificultades.
Editorial. Un arma poderosa. “El País” (11-XI-2013) 30. Hay que obligar a los partidos a ser transparentes en sus cuentas para prevenir la corrupción.
Cué, Carlos E. El Gobierno prohíbe que los bancos puedan condonar deuda a los partidos. “El País” (14-XII-2013) 20.
Editorial. Retoques en los partidos. “El País” (15-XII-2013) 34.
Díez, Anabel. El Tribunal de Cuentas alerta de que 17 partidos están en quiebra técnica. “El País” (28-XII-2013) 16. Los más endeudados son UDC, CiU e IU.
Castedo, Antía. No confían en los partidos pero valoran la política. “El País” (15-I-2014) 26-27. Los ciudadanos se alejan de los partidos pero quieren participar.
Lizcano, Jesús. Partidos y corrupción: la hora del cambio. “El País” (7-II-2014) 31. Propuestas para luchar contra el problema.
Redacción. Test de estrés a los partidos políticos. “El País” Domingo (28-XII-2014) 6-7.
Redacción. ¿Cómo se plantean recuperar la confianza de los ciudadanos? “El País” Domingo (28-XII-2014) 2-5. Entrevistas a los principales responsables internos de los partidos españoles.
Ayuso, Javier. Participación, transparencia y regeneración. “El País” Domingo (28-XII-2014) 2-5.
Hernández, J. A. El fiscal jefe del Tribunal de Cuentas ve graves delitos en casi todos los partidos. “El País” (5-I-2015) 10-11.
Hernández, J. A. El fiscal pide más datos sobre los delitos que ve en las finanzas de los partidos. “El País” (6-I-2015) 10.
Redacción. Las formaciones políticas rechazan las acusaciones y afirman que todo está aclarado. “El País” (6-I-2015) 10.
Hernández, J. A. El Tribunal de Cuentas no ve que los partidos hayan delinquido. “El País” (10-I-2015) 18-19.
Urquizu, Ignacio. Hacia un nuevo sistema de partidos. “El País” (27-II-2015) 35.
Toharia, José Juan. Un cambio que no alarma (a la ciudadanía). “El País” (8-III-2015) 13. PP y PSOE ven cómo Podemos y Ciudadanos se aúpan a su nivel en las encuestas.
Urquizu, Ignacio. Una sociedad en busca de referentes. “El País” (8-III-2015) 14.
Simón, Pablo. Ciudadanos y Podemos ante los pactos. “El País” (26-III-2015) 41.
De Blas Guerrero, Andrés. El futuro de nuestro sistema de partidos. “El País” (30-III-2015) 27-28. Podemos y Ciudadanos pueden sustituir a los nacionalistas como aliados de PP y PSOE.
Ovejero, Félix. Nos cambiaron las preguntas. “El País” (31-III-2015) 29. Critica que los partidos no debatan los grandes problemas del país.
Ramoneda, Josep. Los ‘partidos acontecimiento’. “El País” (2-IV-2015) 18. Los nuevos partidos Ciudadanos y Podemos se caracterizan por liderazgos mediáticos fuertes, que priman la comunicación sobre las ideas.

De Cózar, Álvaro. Los jóvenes condenan a los partidos clásicos a un futuro precario. “El País” (6-IV-2015) 12.
Innerarity, D. Condenados a entenderse. “El País” Domingo (19-IV-2015) 2-3.
Juliá, Santos. En el país del trágala. “El País” Domingo (19-IV-2015) 3.
Ayuso, Javier. Poder compartido, no con partido. “El País” Domingo (19-IV-2015) 4.
Juliá, Santos. ¿Qué hay de nuevo en los nuevos partidos? “El País” (10-V-2015) 43.
Pérez Oliva, Milagros. Esos viejos dinosaurios. “El País” Cataluña (17-V-2015) 2.
Editorial. Democracia interna. “El País” (18-V-2015) 10.
Torreblanca, José Ignacio. Los partidos que no querían gobernar. “El País” (18-V-2015) 11.
Lapuente, Víctor. Elogio de la fragmentación política. “El País” (19-V-2015) 11. Los sistemas proporcionales favorecen a los partidos de izquierda mienrras que los mayoritarios dan más victorias a la derecha.
Vallespín, Fernando. Pierden los partidos. “El País” (29-V-2015) 17. Las plataformas populares ganan gracias a la fuerza integradora de sus líderes.
Toharia, José Juan. Verlas (o no) venir. “El País” (1-VI-2015) 11. El acierto de las encuestas sobre los resultados de las elecciones autonómicas y locales del 24-M de 2015.
Ayuso, Javier. Paradojas y lecciones del 24-M. “El País” (1-VI-2015) 20.
Romero, J. M. Los partidos deben 205 millones e ingresan un 50% menos en donativos. “El País” (6-VII-2015) 19.
Molinas, César. ¿Primarias? ¡Democracia interna! “El País” Ideas (19-VII-2015) 2-3.
Prieto, Joaquín. Largo ‘coitus interruptus’. “El País” Ideas (19-VII-2015) 3.
Calvo, José Manuel. ‘Made in America’. “El País” Ideas (19-VII-2015) 4. Una fórmula importada de EE UU, que se expande por Europa.
De Blas, Andrés. Las relaciones entre PP y PSOE. “El País” (24-VII-2015) 14.
García de Blas, Elsa. La entrada en el Congreso de Podemos y Ciudadanos merma las subvenciones a PP y PSOE. “El País” (4-I-2016) 19.
Simón, Pablo. La quiebra de la representación. “El País” (31-V-2016). Desde el inicio de la crisis en Europa los sistemas de partidos se han reconfigurado, con el ascenso de fuerzas ‘antiestablishment’ que canalizan la ira contra las élites gobernantes: la extrema derecha xenófoba y el populismo de izquierdas.
Urquizu, Ignacio. Muchos partidos, nuevos problemas. “El País” (7-VI-2016).
González, Juan Jesús. Democracia de audiencia. “El País” (21-VI-2016). La audiencia de las televisiones muestra las preferencias electorales: los votantes del PP se decantan por RTVE y los de Podemos por La Sexta.

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