Blogs de Antonio Boix

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martes, 31 de diciembre de 2013

Sudán del Sur: la situación actual.

            Sudán del Sur: la situación actual.



Capital: Yuba. Superficie: 619.745 km². Población (2012): 10,334 millones. Densidad de población (2012): 13,33 hab/km². Índice de desarrollo humano (IDH 2012: 0 mínimo, 1 máximo): 0,32. PIB/h (2012): 1.200 dólares.

Economía.
Sudán del Sur, el más reciente de los países africanos, alberga grandes recursos naturales en agricultura, ganadería, bosques y sobre todo petróleo y gas. Pero las continuas guerras impiden la explotación de la mayoría de este potencial, por lo que la miseria se ha extendido por doquier..

Sociedad.
La inmensa mayoría de la población sigue la religión católica y el animismo, en contraste con el norte musulmán, lo que explica en gran parte su escisión de Sudán. La  pobreza es extrema para casi toda la población salvo los militares y sus familias. El país depende sobre todo de la ayuda humanitaria internacional, con cuatro millones de personas desplazadas (dos millones fuera del país) recibiendo alimentos de la ONU y las ONG. La mayoría de los niños no acuden a las escuelas, donde son atacados, violados, asesinados o secuestrados para ser enrolados en los ejércitos.

Resultado de imagen de sudan del sur

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Campamento de refugiados. [http://www.eldiario.es/desalambre/Sudan-Sur]

Política.
El país padece las consecuencias de un largo conflicto civil en su lucha separatista, así como la inestabilidad política interior al no estar bien asentadas las libertades públicas y al perdurar la enemistad con el enemigo norteño, con combates recurrentes en la frontera, mal definida. La guerra civil finalmente ha estallado en diciembre de 2013 entre el presidente Salva Kiir y el vicepresidente Riek Machar, y entre sus respectivas etnias.

Sudán del Sur: la tragedia que no cesa (VII-2016). Deutsche Welle (en español). Tres minutos.

Iliana Mier-Lavin explica en Tercera guerra civil en Sudán del Sur [“El País” (28-XII-2013)] la violencia imperante en el país, en un tono claramente pesimista:
‹‹En Sudán del Sur no hay pueblos. Los tukuls, las chozas familiares, se levantan lo más distanciados posibles entre ellos, a menudo hay más de una hora a pie entre un vecino y otro”, comenta una funcionaria de la Unión Europea que trabaja en Yuba. “Durante la última guerra civil, vivir en comunidad significaba ser atacado una y otra vez por los grupos armados así que la gente decidió vivir lo más alejada posible para sobrevivir”. La guerra civil que asoló Sudán del Sur entre 1983 y 2005 —fue la segunda puesto que hubo una inicial de 1955 a 1972— ha marcado la vida cotidiana del país más joven de la comunidad internacional. Desde que se desató la violencia el pasado día 16, un cuarto de millón de personas han emprendido de nuevo la huída intentando evitar a las diferentes facciones que luchan entre sí.
Sudán del Sur obtuvo la independencia de Sudán en junio de 2011 entre la euforia de sus ocho millones de habitantes agotados tras 22 años de conflicto, dos millones de muertos y casi un millón de refugiados y desplazados. La nueva nación es rica en petróleo y tiene alguna de las tierras más fértiles de África pero es tan subdesarrollada que cuenta apenas con 60 kilómetros de carreteras asfaltadas y no tiene red eléctrica. Más del 70 % de sus ciudadanos tiene menos de 30 años lo que significa que solo han conocido la guerra y menos de una cuarta parte de la población sabe leer y escribir. Un caldo de cultivo peligroso para comenzar una nueva andadura que en escasamente dos años y medio se ha topado con un antiguo bache: la falta de visión conjunta de las más de 60 etnias que viven en su territorio y el recurso a la violencia como primera opción.
La guerra civil de los años ochenta y noventa, a menudo erróneamente simplificada como una lucha entre norte y sur, fue una carnicería entre los múltiples grupos étnicos de la región —dinka, nuer, murle, shilluck y las docenas de tribus de la región ecuatorial— que luchaban por obtener sus cuotas de poder político y social en el futuro estado. Las luchas internas causaron más muertos y destrucción que el conflicto contra Jartum en sí. Es más, fue únicamente la existencia del enemigo común, Sudán, lo que consiguió que temporalmente aparcaran sus diferencias y acudieran juntos a las negociaciones de paz que desembocaron en un referéndum de secesión.
Las rencillas entre tribus se barrieron debajo de la alfombra y las tentativas de reconciliación nacional nunca fructificaron. Los líderes militares durante la guerra pasaron sin transición a ser las figuras políticas del nuevo país. Hombres como Salva Kiir, Riek Machar y Lam Akol, que ya en los noventa fueron responsables de las sangrientas escisiones internas en el movimiento rebelde contra Sudán, se encontraron de nuevo en el Ejecutivo y el parlamento administrando un país. Cada decisión, desde el reparto de ministerios hasta la elección de dónde se construía un hospital rural, se percibía a través del prisma étnico intensificando sentimientos de agravio y de marginación. Si un candidato de la etnia murle no obtenía un escaño en unas elecciones, lo achacaba a una conspiración política contra su tribu y rápidamente lograba apoyos para iniciar una rebelión. Una disputa por pastos para el ganado a nivel local se convertía rápidamente en una disputa nacional. Lo que es un país con estructuras más sólidas se podría resolver por la vía judicial, en Sudán del Sur se resuelve a través de las armas.
La mayoría de las etnias han visto que los dinka, el grupo mayoritario, ha ido acaparando poco a poco todo el poder. El presidente Salva Kiir, un dinka, confirmaba estos temores dando pasos cada vez menos disimulados para eliminar cualquier futura competencia política, incluso dentro de su propio partido. La gota que colmó el vaso fue la expulsión del Gobierno en junio pasado del segundo hombre fuerte del país, el vicepresidente Riek Machar (de la etnia nuer) que había comunicado públicamente sus intenciones de ser candidato presidencial en 2015. Kiir, que llevaba meses saboteando cualquier iniciativa de Machar dentro del Ejecutivo, lo camufló como una reorganización de su Gabinete que nadie se creyó. Pocos esperaban, dados los antecedentes de Sudán del Sur, que Machar esperara dos años para reivindicarse en las urnas. Para Boutros Biel, un abogado local que trabaja en temas de derechos humanos en Yuba, “en el momento en que el sentimiento de marginación política de un grupo toque techo y tome las armas, va a provocar un efecto dominó. Todas las demás etnias se van a volver a reagrupar y preparase para lo peor", explicaba hace escasamente un mes.
La aparición televisada del presidente acusando a Machar de promover un golpe de Estado fue ese detonante. En cuestión de pocos días las mismas dinámicas de la guerra civil se activaron de nuevo y las facciones armadas —no solo los nuer, también los murle de Jonglei y los shilluk en las riberas del Nilo— volvieron a alinearse de acuerdo con su identidad étnica, dispuestas a retomar el “todos contra todos” previo a los acuerdos de paz de 2005. Los muertos superan ya el millar y crecen los rumores de matanzas étnicas. La voluntad de negociar de Kiir llega tarde y probablemente no consiga aplacar a sus rivales que ya han visto de primera mano que en época de paz, el presidente se comporta como durante la guerra: sin ceder un ápice de poder.››
El editorial Sangre en Sudán del Sur [“El País” (30-XII-2013)] resume la trágica situación: ‹‹Lo que hace unos días en Sudán del Sur era una pelea por el poder entre el presidente Salva Kiir y su exvicepresidente, Riek Machar, durante años rivales en la guerrilla y después en el partido gobernante, se convierte aceleradamente en conflicto tribal de grandes proporciones, que amenaza la existencia del Estado más nuevo de África y uno de sus principales productores de petróleo. Más de 1.000 muertos en pocos días y más de 100.000 huidos hablan de las dimensiones de la lucha que se extiende. El Consejo de Seguridad ha acordado casi duplicar hasta 12.500 sus cascos azules para intentar detener lo que se perfila como una nueva guerra civil.
A la confusa denuncia por el presidente, a mediados de diciembre, de un intento de golpe de Estado a cargo de su rival, destituido en julio del Gobierno con un grupo de leales, ha seguido el enfrentamiento entre facciones militares de una u otra etnia: dinka, la dominante, es la de Kiir; nuer, la de Machar. Después, las atrocidades. Fosas comunes en la capital, Juba, y cadáveres arrojados en masa al río Nilo. Una milicia milenarista de jóvenes nuer, sin formación y toscamente armada, marcha contra Bor, una ciudad tomada en los últimos días por el Gobierno.
La crisis de Sudán del Sur es el resultado de décadas de guerra y dirigentes sin otra ambición que mandar. La dimensión étnica del conflicto es especialmente alarmante en un país con dos grandes tribus y una constelación de subgrupos, escindido de Sudán tras 20 años de lucha y dos millones de muertos. Tanto Kiir, progresivamente dictatorial, como Machar eran figuras clave del movimiento de liberación contra Jartum. En un ciclo bien conocido, el enfrentamiento entre antiguos aliados desintegra la unidad que acompañó el nacimiento de la nación, en 2011, en volandas de un petróleo que representa el 98% de sus ingresos.
Las recientes conversaciones en Kenia entre mandatarios regionales no han dado resultados. Y, como suele ocurrir, las fuerzas de la ONU aportan más presencia testimonial que capacidad real para detener las matanzas. Washington, que jugó un papel decisivo en la independencia de Sudán del Sur, tiene una especial responsabilidad. Su presión, combinada con la de Etiopía, Uganda y Kenia, tres de los vecinos implicados, representa la mejor esperanza para forzar un armisticio antes de que la sangre y el colapso petrolífero transformen en pesadilla el sueño sursudanés.››

Fuentes.
Internet.
[http://es.wikipedia.org/wiki/Sudán_del_Sur]
[http://www.exteriores.gob.es/Documents/FichasPais/Sudandelsur_FICHA%20PAIS.pdf]
Artículos.
Ayuso, Javier (texto); Pérez, Bernardo (fotos). Sudán del Sur, un país derrotado. “El País” Semanal 2.024 (12-VII-2015) 36-43.

Economía.

Gettleman, Jeffery. El petróleo envenena la paz norte-sur en Sudán. “El País / The New York Times” (23-II-2012) 2.

Sociedad.
Black, Matta. Comida que llueve del cielo. “El País” Semanal 2.108 (19-II-2017). Reportaje fotográfico sobre la ayuda humanitaria a Sudán del Sur.

Política. 
Muchler, Benno. Periodismo precario en Sudán del Sur. “El País / The New York Times” (2-II-2012) 3. El diario “Citizen” lucha por mantenerse abierto. Los militares ejercen el control editorial.
Editorial. Guerra en Sudán. “El País” (26-IV-2012) 26.
Redacción. Jartum y Yuba logran un pacto en la disputa petrolera. “El País” (5-VIII-2012) 8.
Naranjo, José. El conflicto en Sudán del Sur se encamina hacia la guerra civil. “El País” (20-XII-2013) 9. Dos facciones étnicas del ejército, los dinka del presidente Salva Kiir, y los nuer del exvicepresidente Rick Machar, pugnan por el poder en la capital. Se cometen numerosos asesinatos, solo en atención a su origen étnico, incluidos niños y mujeres.
Mier-Lavin, Iliana. Tercera guerra civil en Sudán del Sur. “El País” (28-XII-2013) 4.
Editorial. Sangre en Sudán del Sur. “El País” (30-XII-2013) 26.
Calatayud, José Miguel. El país más joven nace hipotecado. “El País” (10-VII-2011) 9. Sudán del Sur, con capital Juba, con un territorio de 640.000 km² y una población de 8,26 de habitantes.
Pampliega, Antonio. Sudán del Sur se desangra en una guerra tribal. “El País” (22-III-2014) 9.

Agencias. Matanza étnica en Sudán del Sur. “El País” (22-IV-2014) 7.
Rojas, Alberto. ‘Nos han violado a todas’. “El Mundo” (17-IV-2016). Las mujeres son las principales víctimas de la guerra civil, atacadas por los soldados.
Laorden, Carlos. La ONU declara en Sudán del Sur la primera hambruna desde 2011. “El País” (21-II-2017). 100.000 personas están en riesgo inminente de morir de hambre, en una situación desastrosa por la violencia étnica reproducida desde julio de 2016 entre los dinka y los nuer.
Valdehíta, Carolina. Sudán del Sur, el horror superlativo. “El Mundo” (9-VII-2017). Un país asolado por una cruenta guerra civil, sin expectativas de paz. [http://www.elmundo.es/internacional/2017/07/09/5960d055ca4741560e8b4586.html]


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