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sábado, 28 de marzo de 2015

CS 1 UD 12. El Egipto antiguo.

CS 1 UD 12. EL EGIPTO ANTIGUO.
Introducción.
Egipto, el Nilo y el desierto.
La sociedad faraónica.
Dosier: La escritura egipcia.
Dosier: La educación egipcia.
La religión egipcia.
Dosier: La momificación.
El templo, residencia de los dioses.
Las tumbas egipcias.
El arte egipcio.


APÉNDICE: LA ESCRITURA EN EL ANTIGUO EGIPTO.
La lengua egipcia.
La clase social de los escribas.
La periodización de la evolución de la lengua egipcia.
Los tres tipos de escritura: jeroglífica, hierática y demótica.
La escritura jeroglífica.
Los símbolos jeroglíficos: ideogramas y fonogramas.
La disposición de las inscripciones jeroglíficas.
El desarrollo de las formas cursivas: hierática y demótica.
El descubrimiento del significado de los jeroglíficos.
FUENTES.

Introducción.
El Egipto antiguo fue una civilización que surgió al agruparse y evolucionar conjuntamente los asentamiento neolíticos situados en el valle del Nilo en el actual territorio de Egipto, durante los milenios V a I aC. Este marco espacial determinó su economía agrícola y su sociedad jerarquizada, con el rey-faraón en la cúspide. 
Desarrollaron unas instituciones, lengua, religión y cultura que perduraron en lo esencial hasta el dominio romano en el siglo I aC, pese a que Egipto fue conquistado por otros pueblos en los últimos siglos. 
Se han distinguido tres grandes periodos en su historia: Imperio Antiguo, Imperio Medio e Imperio Nuevo.









Egipto, el Nilo y el desierto.
Egipto se formó en un contexto espacial muy particular, con poblaciones agrícolas y ganaderas que durante los milenios X a V aC fueron expulsadas progresivamente del desierto por un cambio climático de especial sequedad y se instalaron en las riberas del Nilo, en su cauce medio y bajo, desde Assuan hasta el delta. 
Había que domeñar el río, habitado por animales salvajes y que experimentaba periódicas crecidas que inundaban y fertilizaban los campos pero que también podía destruir las cosechas y los poblados. 

La crecida del Nilo.

Un poblado egipcio.

La sociedad faraónica
El esfuerzo de controlar el río Nilo exigía la coordinación del trabajo de las comunidades y fue un acicate para la organización de una sociedad muy jerarquizada, en la que el faraón controlaba el poder religioso, político y militar, auxiliado por unas clases sociales subalternas, los sacerdotes, los guerreros y los escribas (funcionarios), que vivían del trabajo de los campesinos, artesanos y comerciantes, y en la parte más baja de la pirámide social, de los esclavos.



El faraón era considerado como un dios sobre la tierra. Sólo él, como mediador con los dioses y protector de los hombres y contra los enemigos, podía alejar el caos del Nilo, el desierto, los bárbaros, la muerte.


Dosier: La escritura egipcia.
Los egipcios desarrollaron hacia el 3400-3300 aC una escritura compleja, basada en imágenes figurativas (los jeroglíficos), con la función de contabilidad, sobre todo de elaborar listas de productos, así como de establecer las listas de los trabajadores y cargos públicos. Pronto evolucionó hacia la creación de textos sagrados y una literatura popular de cuentos.


El escriba sentado (c. 2500 aC). Museo del Louvre.





La piedra de Rosetta fue la clave para descifrar la escritura egipcia.

Los cartuchos con los nombres faraónicos.


Dosier: La educación egipcia.
Los niños se educaban por lo general mediante la observación del comportamiento de los mayores en el seno de la familia, para aprender sus habilidades y conocimientos, con una finalidad práctica. Los niños tomaban como referentes al padre y las niñas a la madre.
En la vida cotidiana se transmitía el saber técnico de cómo cultivar, cuidar los rebaños, preparar la comida, hacer el vestido y el calzado y otros saberes prácticos, teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de los niños realizaban también el mismo trabajo que sus padres, pues apenas existía la movilidad laboral. Heródoto y Diodoro Sículo  explican que en Egipto los oficios eran hereditarios. En los papiros siempre se sobrentiende que los hijos siguen el mismo oficio que sus padres y con sus réditos tienen la obligación de mantener a sus mayores en la vejez, y solo en raras ocasiones, en cuentos de aventuras, vemos que alguno se atreva a seguir un camino distinto, con excepciones notables al servicio del faraón, como campesinos o artesanos que se convierten en exitosos jefes militares.
Los padres y otros parientes, mediante la repetición de dichos morales y cuentos tradicionales, transmitían los principios básicos de la educación moral, como la cosmovisión, el ritual debido a los dioses o la conducta social de respeto al faraón y sus funcionarios.
Había también escuelas para los niños de posición social más elevada o adinerada, como hijos de escribas, oficiales del ejército, comerciantes, maestros artesanos… a fin de prepararles en la escritura jeroglífica, matemáticas y saberes literarios o religiosos básicos. Los principios o fundamentos doctrinales de esta educación se pueden encontrar en papiros llamados “instrucciones”, que insisten en la importancia de seguir el maat (el orden) como norma de conducta.
La educación especializada, cuyo acceso requería un permiso oficial, se hacía mediante expertos. En concreto, la formación religiosa se desarrollaba en los templos, participando en las ceremonias de adoración a los múltiples dioses. La instrucción militar para alcanzar el rango de oficial, se hacía en el mismo ejército, bajo el cuidado de oficiales veteranos.

La religión egipcia.
La regularidad de los ciclos naturales, la crecida e inundación anual del Nilo, la sucesión de las estaciones, y el curso solar que provocaba el día y la noche, fueron considerados por los egipcios como regalos de los dioses, lo que inculcó a su cultura un profundo respeto por el orden y el equilibrio. 
La religión egipcia se basaba en la regeneración diaria del cosmos, mediante el ciclo solar diario, siendo Amón-Re la encarnación del Sol. Había procesiones ceremoniales en el exterior durante algunas fiestas anuales, sacando en hombros a los dioses, cubiertos con lienzos, de manera que la multitud podía reverenciarlos. Los oráculos eran la palabra de los dioses y algunos adivinos eran muy solicitados, por sus interpretaciones de los sueños.

Dosier: La momificación.

Desde los primeros tiempos, la creencia en una vida después de la muerte dictó la norma de enterrar al muerto con sus mejores pertenencias para asegurar su tránsito hacia la eternidad.
La práctica de la momificación se inició h. 3.500 aC. La palabra momia procede del árabe “mumia”, betún o sustancia negra. El proceso era caro, lo que explica que hubiera un fraude masivo en el templo de Sakkara, que vendía momias falsas de halcones (más difíciles de encontrar que los ibis). El Serapeo, el laberinto subterráneo para el culto del buey Apis, contaba con decenas de momias de bueyes en enormes sarcófagos.


El templo, residencia de los dioses.
Los templos.eran la residencia terrenal de los dioses, que exigían periódicas ofrendas y complejos rituales para que protegieran al pueblo egipcio.
Esto explica que los mayores monumentos sean los templos, entre los que destacan los de Karnak y Luxor.

Vista axionométrica con planta del templo de Jonsu, en Karnak.

Las tumbas egipcias.
La momificación de los cuerpos se completaba con el enterramiento, que primero se hicieron directamente en las arenas del desierto y después en pequeñas cistas cerradas con losas.
Había tres tipos de tumbas: las matabas, las pirámides y los hipogeos.



Los sepulcros llamados mastabas, del árabe mastabah, “banco (o mesa) de adobe”, a menudo se agruparon en vastas necrópolis. De cubierta plana y paredes inclinadas, la mastaba parece una pirámide truncada de planta rectangular que consta de una pequeña sala denominada sirdab, donde se guardaba la estatua del difunto, considerada como un ser vivo, y la falsa puerta que comunicaba el mundo de los muertos y los vivos. Delante de ella se depositaban las ofrendas y se realizaba el culto funerario. Bajo tierra se encontraba la cámara mortuoria, a la que se accede por un pozo que se ciega una vez depositado el cadáver. De la mastaba surgieron por evolución los otros dos tipos: las pirámides y los hipogeos. 



Las pirámides de Gizeh.


Las pirámides eran tumbas monumentales para los faraones o los miembros de la familia real, de forma poliédrica, con una base poligonal sobre una cara cuadrada o rectangular, en alzado por caras triangulares, que se unen en un ápice superior. En su interior hay pasillos, cámaras de ofrendas y cámaras funerarias para el sarcófago. Las más conocidas son la de Gizeh, para los faraones Keops, Kefrén y Micerino.

Los hipogeos eran tumbas subterráneas, con un pasillo desde la superficie, una cámara de ofrendas y, finalmente, una cámara funeraria para el sarcófago. el más famoso es el hipogeo del faraón Tutankamón.

El arte egipcio.
El arte egipcio comprende los edificios, las pinturas, las esculturas y las artes aplicadas del antiguo Egipto, desde la Prehistoria hasta la conquista romana en el año 30 aC.
La naturaleza del país, determinada por el río Nilo; la relativa estabilidad del sistema económico, político, social y cultural; y la escasez de influencias culturales exteriores, produjeron un estilo artístico que apenas sufrió cambios a lo largo de tres milenios.
Las principales manifestaciones artísticas estuvieron destinadas al servicio de la religión y los rituales de la muerte, del Estado y el faraón.
El arte quería ser útil, lo que explica que los textos antiguos no menciones que las piezas eran obras bellas, sino eficaces.
El cambio y la novedad nunca fueron considerados importantes por sí mismos; así, el estilo y los convencionalismos representativos del arte egipcio establecidos desde un primer momento continuaron casi invariables durante tres milenios.
Para el espectador contemporáneo el lenguaje artístico egipcio puede parecer rígido, estático o hierático, pero es que su intención fundamental no fue crear una imagen real de las cosas tal como aparecían, sino captar para la eternidad la esencia de la persona, animal u objeto representado.

Fresco egipcio.

Escultura egipcia en relieve.

APÉNDICE: LA ESCRITURA EN EL ANTIGUO EGIPTO.
La lengua egipcia.
La clase social de los escribas.
La periodización de la evolución de la lengua egipcia.
Los tres tipos de escritura: jeroglífica, hierática y demótica.
La escritura jeroglífica.
Los símbolos jeroglíficos: ideogramas y fonogramas.
La disposición de las inscripciones jeroglíficas.
El desarrollo de las formas cursivas: hierática y demótica.
El descubrimiento del significado de los jeroglíficos.

LA ESCRITURA EN EL ANTIGUO EGIPTO.
Los egipcios desarrollaron hacia el 3400-3300 aC una escritura compleja, basada en imágenes figurativas (los jeroglíficos), con la función de contabilidad, sobre todo de elaborar listas de productos, así como de establecer las listas de los trabajadores y cargos públicos. Pronto evolucionó hacia la creación de textos sagrados y una literatura popular de cuentos.

La lengua egipcia.
La lengua egipcia es la propia de Egipto desde el IV milenio hasta el siglo XIV dC, aproximadamente. Es la única lengua de la subfamilia egipcia perteneciente a las lenguas camito-semíticas con una historia mejor documentada: supera, al menos en 5.000 años a cualquier otra.
Hay un amplio acuerdo entre los historiadores sobre su origen hacia el IV milenio, como resultado de una fusión racial y cultural-lingüística entre dos grandes grupos étnicos: uno negro de procedencia nilótica y uno blanco de procedencia semítica. De este modo se incorporaron a su vocabulario términos camitas (sobre todo sociales, agrícolas...) y semitas (especialmente comerciales, técnicos...), mientras que la sintaxis parece seguir mayoritariamente pautas semitas.
En cuanto a la escritura lo más probable es una importación cultural de Mesopotamia a partir del 3500 aC, época en la que, al parecer, se produce una activa inmigración de agricultores y comerciantes, tal vez sumerios de la cultura de Ur, o sirios influidos por esta, que llevan consigo cultivos, técnicas, dioses y otras formas culturales. Las recientes excavaciones de Dryer en Abidos demuestran que ya hay escritos jeroglíficos hacia el 3200, por lo que no cabe suponer una influencia de la cultura sumeria de Jemdet Nasr, sino bastante anterior.
La lengua escrita tenía un carácter oficial y sagrado y sus conocedores (los escribas, pero también los nobles y los sacerdotes, y muchos comerciantes) estaban investidos del aura de servidores de la divinidad, pues el conocimiento de la palabra sagrada era un puente hacia los dioses. Por esto mismo, la lengua escrita estaba fijada oficialmente de modo muy riguroso, con poca flexibilidad para aceptar las variaciones, lo que explica su continuidad a lo largo del tiempo y que los cambios se hayan producido por decisiones políticas y apenas por una evolución interna de la lengua.
La literatura religiosa del antiguo Egipto incluye himnos a los dioses, escritos mágicos y mitológicos, y una extensa colección de textos funerarios. El campo de la literatura secular incluye historias, literatura instructiva conocida como “textos de instrucción”, poemas, escritos biográficos e históricos y tratados científicos, incluyendo textos matemáticos y de medicina. Destacan también numerosos textos legales, administrativos y económicos, así como documentos privados en forma de cartas, aunque no sean literatura propiamente dicha.
Los autores de varias composiciones que datan del imperio antiguo y el medio, del 2134 al 1668 aC, fueron venerados en épocas posteriores. Proceden de la clase culta de los funcionarios del gobierno del más alto nivel, y su audiencia estaba formada, sobre todo, por gente educada como ellos. En realidad, muchas composiciones literarias del imperio medio fueron compuestas como propaganda política para enseñar a los estudiantes, que aprendían a leer y a escribir copiándolos (en tablillas y fragmentos de arcilla), a ser leales a la dinastía regente. La mayoría de estos textos de instrucción los siguieron copiando los copistas del imperio nuevo, desde el 1570 hasta el 1070 aC, 500 años más tarde, junto con otros textos de su momento, destinados a socavar el encanto de la nueva profesión militar. Algunas de estas historias incluyen elementos de la mitología y es posible que procedan de tradiciones orales.
La lengua popular egipcia era bastante diferente a la lengua culta, pudiéndose afirmar que eran dos dialectos de la misma lengua, como también ocurría en el caso de la lengua sumeria. Se han encontrado muchas inscripciones informales en tumbas, templos, columnas y estatuas que conservan el egipcio coloquial en su forma arcaica y que permiten, por lo tanto, aproximarse a la lengua viva de esa época y no sólo a través de los más comunes documentos religiosos, administrativos y comerciales. Estas inscripciones presentan el problema de frecuentes y graves errores en la sintaxis y en el vocabulario, lo que se interpreta como resultado de que los canteros que las tallaban y los escribas que los escribían o supervisaban eran poco duchos en la lengua escrita, pero también podría ser que fuesen formas populares, del mismo modo que en la Edad Media había un latín culto y otro vulgar.
La base de la lengua era un sistema (podría llamarse, impropiamente, alfabeto) de 24 símbolos, que eran sólo consonantes y semiconsonantes, por lo que no se podían expresar por escrito los sonidos vocales. Como las vocales no están representadas en la escritura (menos en el caso de la copta, que incorporó las griegas) quienes han estudiado el egipcio antiguo no pueden seguir la evolución fonética de esta lengua más que a través de sus consonantes.
Se desarrollaron muy tempranamente más de 700 (más tarde la cantidad se multiplicó) signos jeroglíficos que representaban diferentes combinaciones fonéticas. Estos signos podían utilizarse de dos formas: una independiente, con un sentido propio, aunque este era generalmente muy ambiguo; la otra, dependiente de otros signos, con los que se unía en conjuntos de una o más palabras para expresar conceptos. Muchas palabras con más de un significado eran seguidas de un signo o signos sin valor fonético, que se utilizaban como ayudas para interpretar los símbolos; por ejemplo, había determinadores para diferenciar el sexo de los dioses.
Vemos, pues, que las palabras en egipcio, como en las demás lenguas camito-semíticas, se suelen formar a partir de las raíces, que están constituidas por tres consonantes; el significado básico de la raíz se matiza gracias a los diferentes modelos vocálicos. Pero los verbos en egipcio desarrollan formas y funciones que difieren mucho de los de otras subfamilias camito-semíticas, y es que el pueblo egipcio convirtió su lengua en un elemento cultural completamente propio, singular.

La clase social de los escribas.
El escriba, el conocedor de la escritura, se situaba entre la élite privilegiada que dominaba sobre una sociedad prácticamente analfabeta como la egipcia antigua. Hay muchos textos que nos refieren el alto aprecio social que tenía la función de escriba, aunque hay que precisar que a veces parecen más bien una reivindicación de una posición amenazada. En todo caso, es indudable que los escribas tenían un papel relevante en la sociedad. El acceso al grupo de los escribas no era fácil, pues la enseñanza no era universal, sino generalmente reservada a los hijos de las clases privilegiadas, aunque en algunas épocas se abrió a los hijos más hábiles de los campesinos.
Para alcanzar el grado de escriba los aspirantes tenían que asistir a unas escuelas especiales, generalmente controladas por los templos. En estas escuelas la enseñanza era muy conservadora y consistía básicamente en la copia lo más fidedigna posible de modelos (textos clásicos, oraciones religiosas, formularios administrativos), muchos de los cuales nos han llegado, incluso con sus errores de principiante.
Una vez conseguido el grado de escriba, la sociedad egipcia resultaba bastante igualitaria, porque el mérito era a menudo suficiente para escalar los más altos puestos de la administración y del sacerdocio, siempre al servicio sagrado del faraón y de Egipto.

La periodización de la evolución de la lengua egipcia.
Partiendo de la periodización política y su engarce con los documentos literarios, el desarrollo de la lengua (y la escritura) egipcia se ha dividido en cinco periodos:
1) Egipcio Antiguo (antes del 3000 aC-2200 aC). Fue la lengua del periodo predinástico y del Imperio Antiguo (durante las Dinastías I-VI).
2) Egipcio Medio (c. 2200 aC-1600 aC). Fue la lengua literaria del egipcio clásico; se cree que refleja la lengua coloquial de su época, en torno al 2200 aC. Su momento culminante coincide con el Imperio Medio y los periodos anterior y posterior al mismo (aproximadamente entre las Dinastías VII-XVII); se mantuvo como lengua literaria muerta —como el latín en Europa— hasta al menos el año 500 aC.
3) Egipcio Nuevo (1550 aC-700 aC). Su punto culminante fue hacia el 1380 aC, durante el primer periodo del Nuevo Imperio (de la Dinastía XVIII a la XXVI) el faraón Amenofis IV renovó también la lengua e introdujo lo que se conoce por egipcio tardío que fue nueva norma de la lengua escrita. Puede que estuviera basada en el lenguaje oral de aquellas fechas; presenta cambios fonéticos y gramaticales respecto a la lengua antigua.
4) Egipcio Popular. Un poco después del 700 aC el Nuevo Imperio cedió su puesto a la hegemonía asiria y luego a la persa, y el egipcio demótico (que significa “egipcio popular”; c. 700 aC al 400 aC) se convirtió en norma para la lengua literaria, lo que le permitió mantenerse durante la conquista de Egipto por persas, griegos y romanos. Se escribió con caracteres distintos a los utilizados anteriormente (la escritura demótica) y se cree que otra vez sería la lengua coloquial hacia el 700 aC.
5) Egipcio Copto. La aparición del copto (entre el 300 aC y el 1400 dC), que es la última fase del egipcio; coincide, por un lado, con la sustitución de la forma tradicional de escritura por una adaptación del alfabeto griego, y por otro, con la aparición de la literatura cristiana. Pasado el año 700, el copto empieza a ceder terreno ante el árabe hasta que prácticamente desaparece entre los siglos XI al XIV. Se conserva hoy todavía como lengua ritual de la Iglesia copta y ha sido un eslabón decisivo para la traducción del egipcio anterior.

Los tres tipos de escritura: jeroglífica, hierática y demótica.
Los egipcios desarrollaron tres tipos de escritura: la jeroglífica (usada en las inscripciones oficiales en ca. 3000 aC-400 dC) y las dos formas de cursiva, la hierática (ca. 2500 aC-ca. 650 aC) y la demótica (ca. 650 aC-450 dC). En las tres formas, los símbolos han representado ideogramas, sílabas, una sola letra y determinadores.

La escritura jeroglífica.
Los jeroglíficos son, en puridad, los caracteres de cualquier sistema de escritura en el que los signos son figuras, esto es, representan objetos reconocibles. No obstante, el término jeroglífico suele asociarse con la escritura en la que se representó la lengua del antiguo Egipto; los griegos, por su parte, aplicaron el término (que significaba “talla sagrada”) a los caracteres decorativos esculpidos en los monumentos egipcios y de otros pueblos. En este último sentido, después se ha empleado para referirse a los sistemas de escritura con figuras de los hititas, cretenses y mayas, aunque esos sistemas no estén relacionados con el egipcio, ya que el único elemento que tienen en común es su condición de figurativo.
Los egipcios utilizaron la escritura jeroglífica desde que establecieron el sistema, en torno al 3000 aC, hasta la época del Imperio romano; las últimas inscripciones halladas están fechadas en el año 394. El número de signos, así como su forma, permaneció prácticamente constante hasta el periodo grecorromano (332 aC), cuando aumentó mucho el número de signos utilizados, debido a la influencia de la cultura grecorromana (que introdujo nuevos términos de dioses, instituciones, técnicas, conceptos espirituales...).
Incluso cuando en el primer milenio aC las formas cursivas dominaban claramente en la administración, la grafía jeroglífica, a pesar de ser mucho más elaborada que la demótica o la hierática, se siguió grabando en las inscripciones de los monumentos con fines ornamentales y testimoniales. Fue su carácter figurativo y ornamental lo que impulsó a los egipcios a considerarla como parte de la decoración de sus obras arquitectónicas.






Los símbolos jeroglíficos: ideogramas y fonogramas.
Las inscripciones jeroglíficas egipcias contienen dos clases de símbolos: los ideogramas y los fonogramas.
Los ideogramas representan, bien el objeto concreto que se graba, bien algo muy relacionado con él; por ejemplo, la figura de un sol puede significar “sol” o “día”.
Los fonogramas o símbolos fonéticos se emplean únicamente por su valor fonético y no tiene otra relación con la palabra que representa.
El principio en el que se asienta un jeroglífico consiste en que la figura de un objeto sirve para representar no sólo el objeto, sino también una palabra que contenga su nombre, aunque signifique otra cosa; así se consigue escribir nombres propios, ideas abstractas y elementos gramaticales que por sí mismos no tendrían representación gráfica. Los fonogramas debieron representar una consonante, o una combinación de dos o tres, en un orden determinado, mientras que las vocales no se representaban. Un signo podía servir de ideograma de una palabra y de fonograma de otra. Muchas palabras se escribieron gracias a una combinación de signos fonéticos e ideográficos; la figura del suelo de una casa significa “casa”, pero el mismo signo seguido de un complemento fonético y la figura de unas piernas que andan, se usaba para escribir un verbo homófono que significaba “salir”. Los ideogramas escritos al final de una palabra indicaban la categoría a la que pertenece la palabra, y se les ha llamado determinativos porque así se fijaba su significado (que no siempre se aclaraba dentro del contexto). La representación de un rollo de papiro, usada con valor determinativo, indica que se trata de un significado abstracto.

Disposición de las inscripciones jeroglíficas.
Las inscripciones podían realizarse vertical y horizontalmente y, por lo general, se escribía de derecha a izquierda. La dirección se fijaba por un signo aislado que se colocaba al comienzo. Las inscripciones se componían de nombres, verbos, preposiciones y las demás partes de la oración que seguían el orden de las reglas gramaticales. Las palabras que se escribían con signos aislados se agrupaban y se evitaban los espacios en blanco. Las que se referían al rey y a los dioses se desplazaban y se colocaban aparte. Los dos nombres que habitualmente designaban al rey se inscribían dentro de unas cartelas o anillos reales, que eran representaciones estilizadas de lazadas de cuerda doble cuyos extremos se anudaban en la parte de abajo.

Desarrollo de las formas cursivas: hierática y demótica.
Junto a la escritura jeroglífica, los egipcios, ya en los tiempos del Imperio antiguo, habían creado otra forma de escritura, la hierática, más rápida, que, dado el volumen de los escritos, sustituía la formas jeroglíficas y se hacía con una especie de lápices de punta roma que se mojaban en un tinte; se escribía sobre papiro. Los griegos la llamaron hierática (del griego, “sacerdotal”) porque en el siglo VII aC estuvo limitada a los textos sagrados.
Cuando la hierática se empleó para otros textos y bajo una forma más ligada se la llamó demótica (del griego “popular”), último estadio en cursiva de la escritura jeroglífica egipcia, que se empleó para escribir textos administrativos y literarios desde el siglo VII al V aC y que se convirtió así en la forma generalizada hasta la época helenística, en la que sufrió la creciente competencia del griego. En tiempos del fararón Ptolomeo I (330-304 aC) los caracteres griegos sustituyeron a los demóticos en la administración, subsistiendo el demótico sólo en la literatura y la religión. Prueba de ello es que la piedra de Rosetta estaba grabada en dos formas de escritura, la jeroglífica y la demótica, así como una traducción en griego. Luego llegó el influjo del latín, que aminoró desde el s. II dC. Finalmente, el griego marginó la escritura demótica y desde el 450 dC la sustituyó la escritura copta, una derivación del alfabeto griego, aunque con influencias demóticas.

El descubrimiento del significado de los jeroglíficos.
Los romanos habían creído que los jeroglíficos tenían carácter simbólico y alegórico, pero no fonético; esta teoría se transmitió durante el Renacimiento. Se empezó a sospechar otra cosa a principios del s. XIX, tras el hallazgo de la piedra de Rosetta en 1799.

La piedra de Rosetta fue la clave para descifrar la escritura egipcia.

La Piedra de Rosetta es una estela de basalto negro, al parecer parte de un pilar antiguo, en la que figura la inscripción de un edicto en honor de Ptolomeo V (grabado en 196 aC), por haber sufragado las reparaciones de los templos. Está escrito en dos idiomas, griego y egipcio, éste bajo dos formas de escritura: la jeroglífica y la demótica, por lo que fue la clave para que se descifraran los jeroglíficos egipcios y sobre la que se cimenta la moderna egiptología. La encontró en 1799 un soldado que iba en el ejército de Napoleón durante la campaña de Egipto, cuando procedía a realizar trabajos de fortificación de las tropas francesas cerca de la ciudad de Rosetta, puerto en el brazo oeste del Nilo, cerca de la ciudad de Alejandría; en la actualidad se encuentra en el Museo Británico de Londres.
El diplomático sueco Johan David Åkerblad apenas consiguió identificar algunos signos fonéticos pertenecientes a la versión en cursiva, pero ya supuso un progreso; después el médico británico, también egiptólogo, Thomas Young consiguió identificar unos cuantos nombres propios.
Pero el contenido no se descifró hasta la aparición de Champollion.
Jean François Champollion (1790-1832) fue un filólogo y egiptólogo francés, creador de la egiptología como disciplina contemporánea. A la edad de dieciséis años ya dominaba seis lenguas orientales; tres años después conseguía una plaza como profesor en el instituto de Grenoble. En el año 1821 empezó a descifrar los jeroglíficos egipcios de la piedra de Rosetta, trabajando en los caracteres jeroglíficos y hieráticos, con lo que proporcionó la clave para comprender el antiguo egipcio. En 1826 fue nombrado conservador oficial de la colección egipcia del Museo de Louvre y dos años más tarde, junto al arqueólogo italiano Hipólito Rosellini, dirigió una nueva expedición científica a Egipto. A su vuelta, hacia el 1831, el Collège de France le creó la cátedra de Arqueología egipcia y fue nombrado además miembro de la Academie Française. Su mayor hallazgo consistió en descifrar la escritura jeroglífica de la piedra de Rosetta, lo que le condujo a redactar la gramática y el diccionario del antiguo egipcio. Entre sus obras hay que destacar Manual de la escritura jeroglífica (1824), Gramática egipcia (1835-1841) y Diccionario (1842-1843). Estas dos últimas obras se publicaron después de su muerte.
Champollion culminó su trabajo de comparar las grafías jeroglífica y demótica con la grafía griega., iniciado en 1821, y descubrió que los dos tipos de escritura egipcia eran representaciones fonéticas.

Los cartuchos con los nombres faraónicos.

En un primer momento descifró los nombres de varios reyes escritos en caracteres jeroglíficos, al darse cuenta de que en los textos jeroglíficos figuraban dos cartuchos que encerraban los nombres de los soberanos, el de Cleopatra y el de Ptolomeo. Basándose en los mismos nombres escritos en caracteres demóticos y lo confirmó con los nombres enmarcados en las cartelas de la piedra de Rosetta y de otros monumentos ptolomeicos. Después de descifrar el nombre de los gobernadores grecorromanos, proporcionó el valor fonético correspondiente a cada signo, cuando lo combinó con su equivalencia en copto, última etapa de la lengua del antiguo Egipto que él conocía. Esto le permitió descifrar los nombres más antiguos. En 1822 concluyó la traducción del texto, y a partir de entonces avanzó rápidamente en la redacción de un diccionario y una gramática.
Gracias a este avance, en los decenios siguientes la egiptología se desarrolló extraordinariamente, con figuras señeras como Maspéro, Lepsius, Ermann, Rosellini o Gardiner. El demótico fue descifrado casi enteramente por Brugsch, Spiegelberg y Griffith. En la actualidad, sin embargo, hay muchos textos cuya traducción es dudosa, porque en el Antiguo Egipto muchas frases llevan sobreentendidos, que entonces eran inmediatamente comprensibles, pero que hoy se nos escapan. En este sentido es ilustrativo que como muchos textos antiguos se refieren a la esposa como la propia “hermana” esto haya sido traducido como que casarse entre hermanos era una costumbre matrimonial usual en todas las clases sociales, cuando en realidad sólo significa “hermana del corazón” o “amada”, y esa costumbre sólo se daba entre los faraones.

FUENTES.
Películas.
Sinuhé, el egipcio (1954), de Michael Curtiz, sobre la novela de Mika Waltari.
Tierra de faraones (1955), de Howard Hawks.
Los diez mandamientos (1956), de William Wyler.
Faraón (1966), de Jerzy Kawalerowicz.
José (2001). Dirección: Roger Young. Duración: 176 minutos. Excelentes actores para una recreación de la historia de José y sus hermanos en Palestina y Egipto.
Exodus (2011), de Ridley Scott.


Series de TV.

Tutankamón. Serie de seis capítulos, con Avan Jogia (faraón) y Ben Kingsley (sumo sacerdote Ay).


Conferencias.

Tebas en Egipto. La ciudad de las cien puertas. Conferencia de José Manuel Galán, Profesor de Investigación del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC (7 de enero de 2014), Fundación Juan March. 72 minutos.

Documentales.
 El antiguo Egipto. 52 minutos.
El Libro de los Muertos. 90 minutos.
El Nilo, cocodrilos y reyes. Documental. 48 minutos. El medio natural del valle del Nilo: hipopótamos, langostas...
El secreto de los jeroglíficos. 50 minutos. Serie Misterios de Egipto. Dramatización del desciframiento de la piedra Rosetta en una competición entre el francés Jean-François Champollion y el británico Thomas Young.
KV 5. Search for the lost tomb. 49 minutos. BBC. La excavación por Kent Weeks de la tumba de los hijos de Ramsés II.
KV 63. La tumba misteriosa de Egipto. 43 minutos. La excavación en 2006 por Otto Schaden de una nueva (la primera descubierta desde 1922, la KV62 de Tutankamón) cámara funeraria con sarcófagos (vacíos) y objetos. El documental oculta que el auténtico descubridor fue Nicholas Reeves en 2000.
Las reinas del Nilo. Documental de dos capítulos. 112 minutos. Las esposas de los faraones de Egipto y Meroe.
Los herederos de Champollion. 60 minutos. La egiptología francesa.
Planeta Egipto. Faraones en guerra. Documental. 47 minutos. La vida desde la infancia y las campañas de Tutmosis III en Nubia y Siria contra los cananeos y mitanni. Narra también la etapa de los hicsos y la victoria del faraón Amosis, iniciador de la Dinastía XVIII; y la etapa de Hatshepsut. Se titula a veces como un documental de tema similar, Tutmosis III, el faraón guerrero.
Planeta Egipto. Los templos del poder. 46 minutos. El faraón Akenatón en lucha contra los sacerdotes de Amón-Ra.
Tebas en Egipto. La ciudad de las cien puertas. 72 minutos.
Tesoros perdidos de la Humanidad. Egipto. 49 minutos. Desde los inicios de la civilización egipcia.
Tutmosis III, el faraón guerrero. Documental. 52 minutos. Las hazañas del faraón más belicoso, con especial atención a la tecnología militar.
Tutmosis III, la batalla de Megido. Documental. 49 minutos. Serie: Los antiguos egipcios o Egipto antiguo. El conflicto entre egipcios y sirios en Megido, con la vida paralela del campesino Ahmose.
Viaje al Valle de los Reyes. Documental. 47 minutos. La necrópolis real de Tebas.


 Exposiciones.
*<Iside. Il mito, il mistero, la magia>. Milán. Palazzo Reale (22 febrero-1 junio 1997). Cat.
*<Soudan. Royaumes sur le Nil>. París. Institut du monde arabe (4 febrero-31 agosto 1997). Cat. 68 pp. 75 ilus. en co­lor.
*<LArt égyptien au temps des pyramides>. París. Grand Palais (9 abril-12 julio 1999). Cat. 520 pp. 470 ilus.
*<Núbia. Els regnes del Nil al Sudan>. Barcelona. La Caixa (2003). Cat. 321 pp.
*<Els Faraons>. Alicante. Llotja (2004). Valencia. Museu de l’Almodí (2004). Obras del National Museum de Egipto. Cat. 283 pp.
*<Las puertas del cielo>. París. Louvre (2 abril-26 junio 2009). Más de 300 piezas sobre el pensamiento del Antiguo Egipto. Comisario: Marc Etienne.
*<Momias egipcias. El secreto de la vida eterna>. Palma de Mallorca. Fundació La Caixa (31 octubre 2013-26 enero 2014). Colección del Rijksmuseum van Oudheden de Leiden (Holanda).
*<Animales y faraones>. Barcelona. CaixaForum (abril-septiembre 2015). 430 obras de 60 especies, con 14 momias de animales. Comisaria: Hélène Guichard. Reseña de García, Ángeles. Las mascotas divinas de los faraones. “El País” (1-IV-2015) 35.

*<Animales sagrados del Antiguo Egipto>. Barcelona. Museo Egipcio (junio-septiembre 2017). Comisario: Luis Manuel Gonzálvez. Reseña de Antón, J. La grasa de hipopótamo era buena para las estrías. “El País” (2-VI-2017).

Libros.
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Aldred, Cyril; et al. El Egipto del crespúsculo. Col. Uni­ver­so de las For­mas. Agui­lar. Madrid. 1980. 337 pp.
Aldred, Cyril. Arte egipcio. Destino. Barcelona. 1993 (1980). 252 pp.
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Bailly, Jean-Christophe. La llamada muda. Ensayo sobre los retratos de El Fayum. Akal. Madrid. 2001. 174 pp. Reseña de Glòria Picazo. “L'Avenç”, 277 (II-2003) 74-75.
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Baltrusaitis, Jurgis. En busca de Isis. Introducción a la egiptomanía. Siruela. Madrid. 1996. 248 pp.
Blanco Freijeiro, Antonio. 1. El arte egipcio (I). Blanco Freijeiro, A. 2. El arte egipcio (II). Dos primeros vols. de serie de Blanco Freijeiro, Antonio (dir.). Historia del Arte 16. Cada uno con 161 pp. y 80 imágenes.
Clayton, Peter A. Redescubrimiento del Antiguo Egipto. Artistas y viajeros del siglo XIX. Del Serbal. Barcelona. 1985 (1982). 192 pp.
Cline, Eric H. 1177 a. C. El año en que la civilización se derrumbó. Trad. de Cecilia Belza. Crítica. Barcelona. 2015 (2014 inglés). 352 pp. La desaparición de varios Estados en el Mediterráneo oriental, como el reino hitita, se ha achacado a una invasión de los Pueblos del Mar hacia 1200 aC, durante el Bronce final. Cline sostiene que hubo una confluencia de varias causas: terremotos, sequías, invasiones (no solo de los Pueblos del Mar), revueltas internas, colapso del sistema comercial y finalmente crisis de las estructuras estatales.
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Antón, Jacinto. La reina dormía en el sótano. “El País” (27-VI-2007) 54. La identificación ¿segura? de la momia de la reina Hatshepsut.
Antón, Jacinto. La momia que juega al escondite. “El País”, Cataluña (9-VII-2007) 38. Exposición en el Museo de Arqueología de Barcelona sobre la tumba de Monthemhat.
Antón, Jacinto. Joan Fletcher / Egiptóloga“El País” (12-III-2008) 45.
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Antón, J. Los dioses de Tell Halaf vuelven a Berlín. “El País” (14-V-2011) 47.
Antón, Jacinto. Diez años en la eternidad. “El País” Semanal 1827 (2-X-2011) 58-65. El Proyecto Djehuty.
Goytisolo, Juan. De Atenas a Abu Simbel. “El País” (14-I-2012) 39. El escritor polemiza con Félix de Azúa, que publicó el artículo Perder lo que nunca fue nuestro en “El País” (3-I-2012), que reivindicaba las raíces helenas de Occidente a partir de un poemario de Hölderlin, Archipiélago. Goytisolo afirma que si bien es indudable la influencia griega él encuentra que las raíces más profundas del gusto occidental se hallan en la civilización egipcia, por ejemplo en los grandes monumentos y las estatuas de Abu Simbel, y nos avisa que los primeros intentos de establecer una gran cesura entre el arte egipcio y el griego se remontan a la época de Heródoto y Plutarco, ansiosos de revalorizar la importancia de lo griego y de minusvalorar lo oriental como ejemplo de lo bárbaro.
González, Ricard. Hallada en las afueras de El Cairo la tumba de un médico real de hace 4.000 años. “El País” (24-X-2013) 44. La tumba en Abu Sir del médico Sheseskaf Ang, el jefe de los médicos reales de varios faraones de la V Dinastía.
Antón, J. KV 40, el santuario de las momias. “El País” (30-IV-2014) 36-37. Deascubierta en el Valle de los Reyes de Luxor una tumba colectiva muy destruida, con medio centenar de momias, incluidos príncipes y princesas menores de la dinastía XVIII de Tutankamón.
Tubella, Patricia. Escáneres de última generación para momias del Antiguo Egipto. “El País” (21-V-2014) 42. El British Museum expone el resultado de las exploraciones.
Carrión, Francisco. Las 16 puñaladas que mataron al faraón Senebkay. “El Mundo” (26-II-2015). Fue un faraón de la dinastía local de Abidos (independiente de la de Tebas) y murió en lucha con los hicsos, c. 1650 aC.
Antón, J. Carmen Pérez Die. “El País” Semanal 2.013 (26-IV-2015) 32-37. Carmen Pérez Die (Madrid, 1953), arqueóloga en Egipto, directora de las excavaciones en Heracleópolis Magna.
Antón, Jacinto. ¿Descansa Nefertiti junto a Tutankamón? “El País” (13-VIII-2015).
Antón, Jacinto. Christian Jacq. “El País” Semanal 2.042 (15-XI-2015) 22-26. Publica una nueva novela sobre el Antiguo Egipto y explica sus opiniones sobre interesantes temas de la egiptología.
González, R. Egipto se acerca al secreto de la tumba de Tutankamón. “El País” (29-XI-2015) 36.
Antón, J. Hallazgo mayúsculo, o no. “El País” (29-XI-2015) 36. Escepticismo respecto al resultado final.
Carrión, Francisco. Egipto está 'seguro al 90%' de que hay una cámara oculta en la tumba de Tutankamón. “El Mundo” (28-XI-2015). Se especula que podría ser la tumba de Nefertiti.
González, R. Egipto inaugura la tumba de Maya, la nodriza de Tutankamón. “El País” (27-XII-2015) 30. Es posible que fuera su hermanastra Meritaten.
Antón, Jacinto. Hay algo junto a Tutankamón. “El País” (18-III-2016). Confirmada la teoría de que hay cámaras secretas tras las paredes del hipogeo del faraón.
Antón, Jacinto. Hipótesis y bofetadas en la tumba de Tutankamón.. “El País” Ideas (20-III-2016).
Carrión, Francisco. Arqueólogos españoles hallan la momia de una gran dama del Antiguo Egipto. “El Mundo” (24-V-2016). Excavaciones en la isla de Elefantina, en las tumbas de una dinastía de gobernadores h. 1900-1750 aC. La tumba pertenece a la dama Sattjeni, esposa y madre de gobernadores.
Antón, J. El material de una de las dagas de Tutankamón procede de un meteorito. “El País” (2-VI-2016). Un cuchillo de hierro extraterrestre.
Carrión, Francisco. Los papiros del faraón Keops en el puerto más antiguo. “El Mundo” (12-IV-2013). Hallan en el puerto de Wadi el Jarf papiros de la época de Keops (2589-2566 aC), los más antiguos conocidos. Los barcos se guardaban en 30 galerías excavadas en la roca a unos 5 km del mar. Actualización en Carrión, F. El papiro de los porteadores de piedra de la Gran Pirámide de Keops. “El Mundo” (14-VII-2016). Destaca el papiro del funcionario Merer, sobre la vida cotidiana de los marinos, que trabajaron también como porteadores en su pirámide.
Carrión, F. El papiro de los porteadores de piedra de la Gran Pirámide de Keops. “El Mundo” (14-VII-2016). Destaca el papiro del funcionario Merer, sobre la vida cotidiana de los marinos, que trabajaron también como porteadores en su pirámide.
Antón, J. El funcionario Amon dormía junto al templo del faraón. “El País” (15-XI-2016). La misión española en Luxor halla el ataúd de Amon Renef cerca del santuario de Tutmosis III.

AFP. Descubierta una ciudad egipcia de más de 5.000 años. “El País” (25-XI-2016). El asentamiento está cerca de Abydos, uno de los centros políticos del antiguo Egipto.
Forssmann, Alec. Descubierto un edificio decorado con 120 dibujos de embarcaciones faraónicas. “National Geographic” (4-XI-2016). El edificio corresponde a la época de Sesostris III, c. 1850 aC, y está construido con adobes formando una bóveda de cañón, lo que es inusual en el Antiguo Egipto, que prefería el sistema arquitrabado.
Carrión, Francisco. Una misión española halla la tumba intacta de un noble del sur de Egipto. “El Mundo” (22-III-2017). Hallazgo en Asuán de la tumba de Shemai, hermano del gobernador de Elefantina en 1800 aC.
Agencias. Hallada intacta una tumba faraónica con ocho momias en Egipto. “El País” (18-IV-2017). El mausoleo de un funcionario de Luxor fue reutilizado y contiene diez sarcófagos y cientos de estatuillas entre 1550 y 945 aC.

Antón, J. Un jardín repleto de vida para acompañar la casa de los muertos. “El País” (5-V-2017). El equipo español del Proyecto Djeguty halla por primera vez en Egipto un huerto funerario (c. 2000 aC), un elemento que solo se conocía por las pinturas.

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