Blogs de Antonio Boix

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lunes, 20 de abril de 2015

GE UD 09. El espacio urbano. La red urbana de España. Proceso de urbanización y jerarquía urbana.

GE UD 09. EL ESPACIO URBANO. LA RED URBANA DE ESPAÑA. PROCESO DE URBANIZACIÓN Y JERARQUÍA URBANA

LA CIUDAD.
Concepto y clasificación de ciudad.
LO URBANO.
URBANIZACIÓN.
RURURBANIZACIÓN.
EL MODO DE VIDA URBANO.
FUNCIONES URBANAS.
Político-administrativa, militar, comercial, industrial, universitaria, cultural, religiosa, de ocio.
MORFOLOGÍA URBANA.
El plano de las ciudades.
Los tipos de edificios.
Las funciones de las calles y edificios.
La organización social.
Los transportes.
ESTRUCTURA URBANA: LOS SECTORES.
El sector central.
Las zonas residenciales.
Las zonas industriales.
LOS MODELOS TEÓRICOS DE LA ESTRUCTURA URBANA.
El modelo de cír­culos concéntricos: Burgess (1929).
El modelo sectorial: Hoyt (1939).
El modelo de centros múltiples: Harris y Ullman (1945).

Los modelos de los lugares centrales: Christaller (1933), Lösch (1940).

PROCESO DE URBANIZACIÓN EN ESPAÑA.
La ciudad preindustrial.
La ciudad industrial.
La ciudad postindustrial.
Declive del mundo rural.

HISTORIA DE LA ORDENACIÓN URBANA EN EL SIGLO XX.
Primer periodo (1833-1892).
Segundo periodo (1892-1959).
Tercer periodo (1960-1972).
Cuarto periodo (1973-1983).
Quinto periodo (1983-1994).
Sexto periodo (1994-2006).
Séptimo periodo (2007-2015).

LA URBANIZACIÓN.
EL PROCESO DE URBANIZACIÓN.
LA JERARQUIA URBANA.
SISTEMA URBANO Y DESARROLLO REGIONAL.
Sistemas monocéntricos primados.
Sistemas monocéntricos jerarquizados.
Sistemas policéntricos.
DELIMITACIÓN DE LAS ÁREAS DE INFLUENCIA URBANA.
Grupo de la periferia oriental y meridional.
El subsistema catalán.
El subsistema valenciano-levantino.
El subsistema andaluz.
Grupo de la periferia septentrional-Valle del Ebro.
El subsistema gallego.
El subsistema astur-leonés.
El subsistema vasco-periferia.
El subsistema aragonés.
Los grupos del interior.
El subsistema vallisoletano.
El subsistema madrileño.
Los subsistemas insulares.
El subsistema balear.
El subsistema canario.
LAS ÁREAS DE INFLUENCIA URBANA.
Delimitación de las áreas de influencia urbana.
Las teorías de los sistemas económicos.
Las teorías de la estructura urbana.
Las teorías de los sistemas sociales.
FUENTES.

CIUDAD.
La ciudad es un núcleo de población, con asentamientos humanos diversificados en componentes, con intensas relaciones entre individuos y grupos sociales.
La ciudad se caracteriza por:
Tamaño demográfico: es una población importante, pero es un valor relativo según los países. En España el límite está en los 10.000 habitantes y en Japón en 30.000.
Densidad de población: tiene una alta densidad de población, muy variable según la morfología urbana, que puede ir de unos cientos de habitantes por km cuadrado hasta miles.
Morfología: es un conjunto de calles y edificios. Sin ello no habría una estructura urbana.
Función: ha de ser un centro organizador de un territorio y la actividad de sus habitantes. Es un rasgo hoy más ambiguo, por la urbanización funcional del espacio rural.
Cultura urbana: se refiere a un modo de vida urbano en las relaciones sociales.

LO URBANO.
Lo urbano hace referencia a todo lo relacionado con la ciudad, tanto lo físico como lo social.    El urbanismo es una ciencia con dos aspectos: sociológico y físico.
- Aspecto sociológico: Hay una relaciones sociales entre los miembros de la comunidad, una estructura inmaterial. Su estudio pertenece a la Sociología, en relación estrecha con el Urbanismo.
- Aspecto físico: accidente sobre el territorio, como conjunto de obras, adaptadas al medio geográfico (relieve, clima) en un espacio en tres dimensiones, con una cuarta di­mensión, la temporal, pues evoluciona históricamente.
Hay una expresión estética de la ciudad, por la armonía de sus partes y la belleza de sus componentes.
El Paisaje urbano: es unión de naturaleza (medio natural) y cultura (obras del hombre).
Se distinguen infraestructuras y superestructuras:
Infraestructuras: elementos de relación y servicios para favorecer el contacto entre individuos.
Superestructu­ras: conjunto de edificios (para vivienda o trabajo).

URBANIZACIÓN.
Es el crecimiento y desarrollo de las ciudades y la difu­sión de las características urbanas (morfología, función y cultura) por el espacio a lo largo del tiempo.

RURURBANIZACIÓN.
Es el proceso de urbanización del espacio rural sin que este pierda su paisaje característico. Se realiza mediante la conversión de las residencias rurales en segundas residencias o en viviendas principales de los empleados urbanos, en la adop­ción de modos de vida urbanos por los residentes rurales.

EL MODO DE VIDA URBANO.
El modo de vida urbano ha triunfado en todo el mundo desa­rrollado. La cultura, el consumo, los gustos, adoptan las pau­tas marcadas por la ciudad. La ciudad se caracteriza por las intensas relaciones sociales, culturales y económicas entre indivi­duos y gru­pos socia­les. Hay una “Cultura Urbana”, defini­da por la heterogeneidad, la movilidad, las re­la­ciones sociales más frecuentes pero superficiales, el consu­mis­mo, patologías físicas y psíquicas, etc.

FUNCIONES URBANAS.
Las ciudades se clasifican según sus funciones, aunque muchas ciudades tienen múltiples funciones.
Político-administrativa, militar, comercial, industrial, universitaria, cultural, religiosa, de ocio.
Ciudad político-administrativa. Albergan los servicios político-adminis­trativos, siendo un carácter fundamental en las ciudades más grandes, las capitales macrocéfalas: Madrid O barcelona, ... son ejemplos, pero el fenómeno es aun mayor en los países subdesarrollados.
Ciudad militar. Muchas ciudades se crearon por su función militar en alturas, puntos de paso de ríos o en zonas pobladas: Toledo, Cartagena.
Ciudad comercial. Se dedican al intercambio de productos y servicios. Todas las ciudades tienen esta función y algunas deben su origen a esta, como Medina del Campo. Las ciudades comerciales importantes extienden su influencia en su entorno rural e incluso sobre otras ciudades, en círculos que se interseccionan unos con otros.
Ciudad industrial. La actividad industrial se concentra en las ciudades con mejores condiciones de localización.
Ciudad universitaria. Tienen una función de residencia de estudiantes y enseñanza superior: Salamanca, Alcalá de Henares.
Ciudad cultural. Conservan su forma a lo largo del tiempo: Toledo.
Ciudad religiosa. Son centros religiosos, que atraen mul­titud de peregrinos y funciones religiosas: Santiago de Compostela. Muchas ciudades han permanecido en la Edad Media por albergar un obispo.
Ciudad de ocio. Se dedican a actividades de turismo, ocio, juego: Marbella. Tienen problemas de dese­quilibrio entre las estaciones turísticas y el resto del año.

MORFOLOGÍA URBANA.
La morfología o forma de las ciudades está relacionada con las funciones anteriores, el espacio geográfico, la sociedad en la que se desarrollan, etc. Destacan varios elementos:

El plano de las ciudades.
Las ciudades adoptan básicamente cuatro tipos de planos: lineal (a lo largo de una vía de comunicación), ortogonal (con calles rectilíneas con cruces en ángulos rectos), radioconcén­trico (con expansión radial a partir del centro), irregular (sin ningún orden).
Los tipos de edificios.
Los edificios pueden ser residenciales, comerciales, históricos, religiosos, etc. Su estudio nos permite conocer la historia y el carácter de la ciudad.
Las funciones de las calles y edificios.
Son las funciones antes estudiadas: político-administrati­va, comercial, industrial, religiosa, etc.
La organización social.
Su influencia es constante: los gremios medievales tenían sus propias calles, los grupos sociales actuales se concentran en sus zonas favoritas...
Los transportes.

Su importancia es creciente, al condicionar el movimiento de los ciudadanos y su actividad económica y social en el seno de la ciudad y en relación con su entorno, mediante las avenidas, las calles, las vías de entrada rápida, el transporte en taxi y autobuses, el metro sub­terráneo, los ferrocarriles, la cercanía de puertos y aeropuertos e inclu­so la amplitud de las aceras.

ESTRUCTURA URBANA: LOS SECTORES.
De acuerdo a la morfología urbana y a su evolución histórica, podemos distinguir una es­tructura urba­na típica de los países desarrollados, con tres sectores:
El sector central.
El sector central es el denominado CBD (Central Bu­si­ness Dis­trict o Distrito Central de Negocios). En las grandes ciuda­des (Londres, Nueva York son los máximos ejem­plos) de los paí­ses desarrollados se asientan el comercio mino­rista de bie­nes y servicios más selectos, las sedes centrales de las gran­des em­presas, la administración publica y los loca­les de cultu­ra y ocio. En las ciudades más antiguas persiste un uso resi­dencia de estos centros urbanos, en la mayoría de los casos ocupados por clases desfavorecidas y de avanzada edad, pero con un con­tinuo proceso de sustitución del uso residencial por las acti­vidades terciarias: el centro se desertiza (en Barcelona es un proceso preocupante) a medida que los alquileres suben y la es­peculación provoca la construcción de edificios de altura cada vez mayor (los Docklands londinenses son un ejemplo).
Las zonas residenciales.
Las vi­viendas ocupan la ma­yor parte del suelo urbano. Su distribución zonal responde a las posibi­lidades económicas de los habi­tan­tes. Las clases acomoda­das disponen de medios para decidir dón­de fijan su residencia (sea en los barrios elegantes del centro monumental o en las urbani­zacio­nes en la periferia). Las clases bajas han de habi­tar don­de el suelo es barato, en los barrios antiguos sin ser­vicios, en polígonos de viviendas en la perife­ria, con graves deficien­cias de servicios y calidad de vida.
Las zonas industriales.
Las grandes industrias, que anti­guamente están enclavadas en el centro urbano, se han tras­ladado en los últimos decenios a la periferia de las ciudades, debido a las normas dictadas para evitar la contaminación, el alto valor del precio urbano, la cercanía de las vías de comu­nicación. Por otro lado, las pequeñas industrias y las más lim­pias, muy especializadas, se distribuyen de un modo más disper­so por la ciudad.
LOS MODELOS TEÓRICOS DE LA ESTRUCTURA URBANA.
El modelo de cír­culos concéntricos: Burgess (1929).
En 1929 Burgess ela­boró la teoría de que la ciudad crece de forma concéntrica desde el CBD. La industria se asienta en una zona de transición alrededor de este. A partir de ahí apa­recen diferentes círculos de residencias de clases sociales, desde las más humildes en el interior hasta las más acomodadas en la periferia.
El modelo sectorial: Hoyt (1939).
En 1939 Hoyt formuló la teoría de que las clases altas articu­lan la ciudad al buscar las zonas mejor comunicadas y de mayor calidad medioambiental. Las empre­sas también buscan zonas bien comunicadas. Las clases bajas con pocos recursos se dis­tribuyen por toda la ciudad.
El modelo de centros múltiples: Harris y Ullman (1945).
En 1945 Harris y Ull­man formularon la teoría de que la estruc­tura urbana se produce al integrarse varios centros con diferentes funciones: indus­tria, comercio, residencia. La popu­larización del automóvil permite elegir las zonas preferidas para esas funciones.
Los modelos de los lugares centrales: Christaller (1933), Lösch (1940).
Deben explicarse finalmente las teorías explicativas de los lu­gares centrales, sobre la distribución de los asentamien­tos urbanos en el espacio.
En 1933 Christaller formuló su teo­ría sobre los lugares cen­tra­les, núcleos de población que ofre­cen bienes y servicios especializados en un área mucho más am­plia que la propia de la ciudad. Estudiando el sur de Alemania, planteó una estructura espacial regular, en un espacio isotró­pico, homogé­neo en relie­ve, recursos naturales, densidad y dis­tribución de la población y red de transportes. Las ciudades de tamaño y nivel de espe­cialización similar se distribuyen uni­formemente dominando cada una un espacio hexagonal. Existe un límite en el que la demanda de bienes y servicios de un lugar central se hace nula, pasando ese espacio a depender de otro lugar central. Así se conforman hasta siete categorías distin­tas, de mayor a menor.
La teoría de Lösch (1940) se basa en la anterior, desa­rro­llando la tesis del lugar central ideal denominado metrópoli del espa­cio económico, en el que estarían asentadas todas las activida­des centrales. Las diferencias espaciales surgen al actuar las fuerzas de concentración y especialización y se for­ma una red de áreas de mercado hexagona­les, de tamaño crecien­te, que con­figuran la trama urbana.

Las críticas a ambas teorías se refieren a que consideran espacios homo­géneos que no existen en realidad, y no tienen en cuenta los factores administrativos, culturales e históricos, el éxodo rural o las novedades técnicas en los servicios que alteran la relación entre los núcleos comerciales. Los distin­tos sistemas de ciudades: las áreas metropolitanas, las conur­ba­ciones, las megaló­po­lis, las regiones urbanas, el campo urba­no y la ciudad dis­persa, se rigen por factores no isotrópicos.

PROCESO DE URBANIZACIÓN EN ESPAÑA.
Durante los siglos XIX y XX se produjo un intenso proceso de urbanización mundial. Si a principios del siglo XIX vivían en las ciudades menos de una décima parte de la población, desde 2013 más de la mitad de los habitantes de la Tierra viven en las ciudades. Dos causas importantes han producido este cambio: demográficas y económicas. El cambio demográfico se basa en el trasvase de población a la urbe y el económico se origina porque la urbanización se vincula a la industrialización y la terciarización.

La ciudad preindustrial.
La primera revolución urbana surgió en el neolítico y apareció gracias a la revolución agrícola y ganadera. Las ciudades no surgen espontáneamente sino que se busca un terreno determinado para su situación que podría ser un terreno para la defensa o bien por la proximidad a vías naturales de comunicación, dándose en estos primeros núcleos urbanos una densidad de población muy baja. Las ciudades griegas: Seguían un esquema poco regular (plano hipodámico), articulado en torno al ágora (plaza pública), rodeado de pórticos (stoas), a cuyo alrededor se disponía los edificios públicos, albergando en la acrópolis los templos, en el período helenístico surgen dos tipologías nuevas, la ciudad portuaria (Mileto) dividida en una zona residencial y otra portuaria, la ciudad-jardín (Pérgamo) en terrenos montañosos, articulada en tres sectores (ciudadela defensiva, ciudad administrativa y de recreo y ciudad residencial). Ejemplos: Rhode, Emporion… Las ciudades romanas: Los romanos tomaron de los etruscos un esquema regular (damero-ortogonal) que hicieron universal, ciudad protegida por murallas y con cuatro puertas orientadas a los puntos cardinales resultado del cruce de dos vías, la decumana y el cardum que convergían en el foro alrededor del cual se organizaban los edificios públicos, Roma basó su civilización en el urbanismo, integrando sus ciudades en una red urbana jerarquizada. Ejemplos: Segóbriga, Artúrica Augusta, León, Emérita Augusta, Caesar Augusta… La ciudad medieval: De ella es heredera la ciudad actual en el occidente europeo, resurgió en el siglo XII con el desarrollo económico. Estructura: En el centro de la ciudad se instalan los edificios públicos, en extramuros vivía la población agrícola que abastecía a la ciudad, y un poco más lejos las residencias de verano de la élite. Características: Rodeadas de murallas, plano irregular, congestión; Espacio segregado en etnias, religiones y sectores profesionales; Ausencia de alcantarillado y pavimentación, lo que producía epidemias periódicas. Ejemplos: como ciudades cristianas Ávila, Salamanca, Soria, Sepúlveda y como ciudades musulmanas (medinas) Córdoba, Sevilla, Granada. Durante el renacimiento la ciudad se va a plantear como un núcleo abierto en su interior mediante plazas, se seguirán por un plano geométrico y fortificado de quien se tiene máximo ejemplo en la ciudad de Pamplona.
Los adelantos científicos se van a ir incorporando a los planos urbanísticos dando como por ejemplo planos geométricos que tendrán su punto culminante en el siglo XVIII. Se emplearán grandes zonas de terreno que van a rodear a los edificios, donde se va a incluir el palacio y ejemplos de ellos está el plano de Aranjuez y el de la Granja de Segovia.

La ciudad industrial.
Características: Espacio segregado entre los barrios burgueses y obreros, esto se debe a los nuevos sistemas de transporte por los cuales la clase media y alta pudo abandonar el centro histórico de la ciudad y ocupar viviendas unifamiliares en los suburbios, el centro de la ciudad es ocupado por obreros; La ausencia de cualquier tipo de planificación urbanística y la especulación provocaron que nacieran espacios urbanos sin la infraestructura más elemental ni los servicios sanitarios mínimos, no contaban ni con alumbrado, alcantarillado ni pavimentación, eran los barrios habitados por los trabajadores de la industria que llegaban del campo; Importancia de las vías de comunicación interna (calles); Importancia de las zonas verdes y las fábricas.
Esto provocó la aparición de los proyectos urbanísticos que debían cumplir tres criterios: Funcional, la ciudad tiene por objeto racionalizar la producción; Higiénico; Tecnológico, lo que supone la superación del arquitecto como sinónimo de diseñador-constructor de edificios, ahora es un planificador del espacio urbano.
Veamos estos proyectos:  Las ciudades-lineales de Arturo Soria. Se articulan en torno a un eje central de comunicaciones, situándose a un lado del eje las zonas residenciales y al otro la industria, según la orientación de los vientos, sirve de ejemplo la ciudad lineal de Madrid y las reconstrucciones soviéticas tras la Segunda Guerra Mundial.
Las grandes transformaciones urbanas. La mayoría de las ciudades occidentales simplemente modificaron su trazado al amparo de la nueva legislación urbanística que permitía hacer realidad la expropiación urbana, así nacen los ensanches en forma de damero como en Madrid (Plan Castro 1864) y Barcelona (Plan Cerdá 1857, ensanche octogonal que estaría atravesado por vías diagonales).

La ciudad postindustrial.
Se trata de la ciudad dispersa:  Áreas metropolitanas: Incluyen a una ciudad central (metrópoli) y núcleos satélites formando las denominadas ciudades-satélite. A estas áreas se dirigen los capitales y personas procedentes de territorios cercanos, es lo que se denomina concentración descentralizada, sirve de ejemplo Madrid y Barcelona que reciben los flujos de capitales de provincias próximas.  Las conurbaciones: Surgen debido al crecimiento paralelo de ciudades cercanas que llegan a fundirse formando un continuum urbano.  Las megalópolis: Paradigma de la ciudad dispersa distribuida a lo largo de cientos de kilómetros, buena parte de sus habitantes viven a más de una hora de su centro de trabajo gracias a una rápida y eficaz red de transportes.

Declive del mundo rural.
Población rural es toda aquella área poblada que tiene menos de 10000 habitantes aunque el censo clasifica como núcleo estrictamente rural al que tiene menos de 2000 habitantes. Hasta los años 60 España fue un país cuya economía se basaba estrictamente en la agricultura, lo que hacía que su sociedad fuera rural. La mecanización provocó una clara disminución de la población activa agrícola que a finales del siglo XIX constituía el 70% de la población.
En 1965 se equilibra el porcentaje entre agricultura e industria. Para llegar a la desertización en el mundo rural ha habido distintos procesos pero el que más destaca es el producido por los años 60 que fue la mayor época de éxodo rural. El monocultivo, el latifundismo y la reducción de empleo a causa de la tecnificación serán causas económicas por las cuales el campesino huirá de su tierra pero a estas también se le unirán causas de índole psicológica, como puede suceder el que el agricultor quiere encontrar una seguridad y estabilidad mínima en su vida. Todo esto causará más tarde la huida de la clase media (comerciantes, tenderos, etc.) y de la pequeña burguesía que al perder su clientela tendrá que marchar y al final quedarán en los pueblos los ancianos.


HISTORIA DE LA ORDENACIÓN URBANA EN EL SIGLO XX.
Hay siete grandes periodos en el proceso urbanizador.

Primer periodo (1833-1892).
Antes de comenzar el siglo XX, concretamente en 1833, se hace la división provincial de España y con ella la formación de las nuevas capitales de provincia con lo que empieza a desarrollarse el crecimiento urbano de dichas ciudades. A la vez que se va producir el estancamiento de otras que no han sido elegidas como capitales. A mediados de siglo XIX, se va generalizando el ordenamiento urbano gracias a los ensanches. Los primeros ensanches de Madrid y Barcelona fueron inconexos, pero su experiencia fundamentó la ley de Ensanche de 1892, que produjo la generalización de un modelo urbano con centros históricos y ensanches modernos.

Segundo periodo (1892-1959).
A principios de siglo XX se va dar una clara ampliación de las ciudades de Madrid y Barcelon, paralizada empero por la Guerra Civil de 1936-1939.
En la posguerra las pésimas condiciones políticas y económicas empujan al Gobierno a intervenir en el proceso de urbanización. Habrá un Plan Nacional de Reconstrucción con el fin de reparar totalmente o parcialmente todas casas afectadas por la guerra. Se crea el Instituto Nacional de la Vivienda y se aprueba la Ley de las Casas Baratas (1939), que promueven la construcción de las Viviendas de Protección Oficial (V.P.O.), lo que favorecerá una expansión residencial hacia las zonas periurbanas. Continúa el proceso urbanizador sobre todo en Barcelona y Madrid, con grandes zonas de barraquismo, sin servicios sociales.

Tercer periodo (1960-1972).
En 1959 llega el Plan de Estabilización, con el que se inicia un nuevo periodo de desarrollo económico, demográfico y urbano. El crecimiento de las ciudades produjo grandes conjuntos residenciales de viviendas que se situaban en la periferia o bien en antiguos núcleos rurales cercanos, así se creará ciudades dormitorio.
Hay un auge turístico y la iniciativa privada promueve urbanizaciones sobre todo en las zonas turísticas. Surge una excesiva especulación del suelo urbano.

Cuarto periodo (1973-1983).
Es una época de crisis económica, social y política. En 1975 se aprueba una nueva Ley del Suelo que originará una nueva remesa de planes generales en todas las ciudades. Estos planes tenían las siguientes características comunes: Revisar la altura de los edificios; Dotación de infraestructuras; Reestructuración del medio urbano; Preocupación medio-ambiental. Tras el cambio político surgen a partir ese momento las autonomías que tendrá la capacidad de legislar la materia urbanística.

Quinto periodo (1984-1994).
Se desarrollan los Planes Generales de Organización Urbana (PGOU). La ordenación y aprobación del territorio urbano por parte de las comunidades autónomas produjo que estas promulgaran leyes de organización del territorio.
El sector mobiliario se recupera de la crisis gracias a la oferta pública de suelo para la construcción de viviendas de protección social, la demanda social de vivienda y la mejora de los préstamos hipotecarios, sobre todo desde la entrada de España en la CEE. Acaba al llegar la breve crisis económica de 1992-1994.

Sexto periodo (1994-2006).
Es una época en la que se vive una oleada de prosperidad excepcional, con la llegada masiva de fondos europeos e inversiones extranjeras.
La reforma de la Ley del Suelo de 1997 provoca un exceso de oferta de terrenos, que en vez de rebajar el precio desata una rampante especulación urbanística, llegando a un grave exceso de producción de viviendas hacia 2002-2006, germen de la posterior crisis económica.

Séptimo periodo (2007-2015).
La especulación urbanística finalmente estalla en una gravísima crisis económica, con un endeudamiento excesivo de las familias y los promotores inmobiliarios. La construcción se paraliza en seco y la ausencia de ingresos por los impuestos de la construcción aboca a la ruina a muchos municipios, que ya no podrán desarrollar una política urbanística avanzada.

LA URBANIZACIÓN.
La primera característica del sistema urbano español es que sus ciudades forman un conjunto más interrelacionado y cohesionado internamente en relación a otras ciudades extranjeras. Por ejemplo, Badajoz y San Sebastián no se relacionan con Portugal y Francia, respectivamente. A pesar de esto, lo podemos considerar cada vez más como un sistema más abierto y más integrado en el sistema mundial de ciudades.
El sistema urbano nos señala a primera vista una jerarquía demográfica y funcional en cuya cumbre están Madrid y subsidiariamente Barcelona. Inmediatamente después de estas encontramos las metrópolis regionales: Valencia, Sevilla, Zaragoza, Bilbao, Valladolid y Málaga. A un nivel inferior encontramos un grupo de ciudades intermedias, muchas de ellas capitales de provincia, y en el escalón inferior de la jerarquía las ciudades cabeceras de comarca.
Hay que insistir en la fuerte irregularidad del proceso urbanístico español, con coexistencia de espacios urbanos característicos de la sociedad terciaria o postindustrial, otros mantienen partes de la etapa industrial, algunos están en fases preindustriales y todavía quedan áreas donde la sociedad urbana es exógena (Cáceres) y preindustrial (León, Ávila, Salamanca) o industrial (Zaragoza, Bilbao).
El origen de la estructuración del sistema urbano español lo encontramos en 1563, cuando Felipe II designa Madrid como capital del Estado. Hasta entonces, sólo Sevilla, gran metrópoli peninsular, tenía un gran peso urbano, pero no existía interrelación entre las ciudades. Otras ciudades importantes eran Toledo (con manufacturas, artesanía, cruce de caminos), Valladolid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Palma.
A principios del siglo XIX se comienza a articular el sistema actual debido a la división provincial de 1833. A partir de entonces, las capitales de provincia articulan el sistema urbano en detrimento de los pequeños núcleos comerciales y episcopales, que inician su declive (Vigo a Pontevedra, Tudela a Pamplona, Calahorra a Logroño, Sigüenza a Guadalajara, Plasencia a Cáceres, Santiago a La Coruña).
A lo largo del siglo XIX la industrialización, el comercio y la capitalidad estructuran de manera definitiva el nuevo sistema urbano. A finales del siglo XX, se puede considerar que la jerarquización ha llegado a la etapa de madurez, y la jerarquía demográfica se adecua a la regla rango-tamaño.

EL PROCESO DE URBANIZACIÓN.
El proceso de urbanización es un proceso de cambio en el que intervienen variables estructurales. Para la interpretación de la urbanización los enfoques usuales son:
1.- Demográfico. Define la urbanización como el incremento de la proporción de la población urbana considerando el cambio como elemento más significativo y no limitado a unas cantidades representativas de un momento dado, aunque sea lo que utilizamos para efectuar comparaciones.
2.- Económico. Relaciona la urbanización con los cambios sociales y económicos inherentes a las transformaciones tecnológicas y organizativas. Las ciudades son los nudos de articulación industrial, del comercio y de los servicios, y son también las concentraciones más eficaces en los procesos de producción, distribución e intercambio. De esta manera, la urbanización está ligada a la industrialización y terciarización, como motores de los restantes procesos económicos.
3.- Behaviorista. Resalta la urbanización como proceso de cambio social, basado en que las áreas urbanas, especialmente las grandes ciudades, son centros de cambio social. Vista así, la ciudad se convierte en centro de modernización o transformación del sistema social y la red urbana deja de ser una construcción analítica para tomar el papel decisivo de difusora de las innovaciones. El proceso de urbanización es, por tanto, un proceso de cambio cultural y social.
4.- Sistémico. El sistema urbano entendido como una estructura dinámica, compuesta por un conjunto de ciudades que se relacionan en el tiempo y el espacio, resaltando la idea de totalidad y unidad.
El sistema urbano es, por definición, un concepto dinámico que en el curso del tiempo experimenta un desarrollo procesual que provoca alteraciones o cambios tanto en los elementos como en sus atributos.
El proceso de urbanización es un reflejo de la organización espacial de la economía y de la sociedad en un territorio, con una característica muy importante: es más un sistema receptor de procesos que un sistema generador de estos.

LA JERARQUIA URBANA.


El sistema de ciudades está organizado de forma jerárquica. Las ciudades más grandes suelen concentrar más funciones y de rango superior. Si nos atenemos a las funciones que ejercen las diferentes ciudades y no tan sólo a su población, podemos establecer esta jerarquización del sistema español de ciudades [entre los estudios destaca Méndez Molinero: 541 y ss.]
1.- Metrópolis nacionales. El sistema es bicéfalo, con dos ciudades: Madrid y Barcelona. Las dos superan los tres millones de habitantes y tienen influencia sobre todo el territorio nacional y están muy vinculadas a otras metrópolis mundiales. Son el centro de decisiones empresariales a nivel nacional. Madrid tiene el 50% de las sedes de las 500 principales empresas instaladas en España. Barcelona tiene casi el 25% del total. Tienen una estructura funcional diversificada, con servicios muy especializados y empresas de alta tecnología. En Madrid se añade el peso específico de la función administrativa.
2.- Metrópolis regionales de primer orden. Valencia, Sevilla, Bilbao y Zaragoza. Con una población entre 500.000 y 1.500.000. Tienen flujos intensos con las metrópolis nacionales y tienen influencia en un área regional extensa, que no coincide con las regiones administrativas. Concentran servicios de alta categoría.
3.- Metrópolis regionales de segundo orden. Málaga (por encima de los 500.000), Palma de Mallorca, Murcia, Alicante, Valladolid, La Coruña... Tienen algunos servicios altamente especializados, como las universidades, pero con un área de influencia mucho más reducida. Tienen entre 200.000 y 500.000 habitantes. Mantienen flujos internos con su capital regional o se constituyen en capitales de regiones poco extensas.
4.- Ciudades medias. Segovia, Burgos, Orense, Castellón... Con una población entre 50.000 y 200.000 habitantes. La mayoría son capitales de provincia. Tienen funciones comerciales y servicios de ámbito provincial, aunque algunas tienen especialización industrial, como Avilés, o portuaria, como Algeciras.


La configuración espacial de los flujos entre las diferentes metrópolis marca las características básicas de la organización territorial. Madrid, como gran metrópoli regional, mantiene intensas relaciones con las otras metrópolis regionales, jugando un papel fundamental como elemento de integración de los diferentes subsistemas regionales. Barcelona, en cambio, tiene una influencia más débil en general, pero es especialmente intensa en el sector oriental del país: Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares y Aragón.
Es en el cuadrante noreste de la Península donde los lazos intermetropolitanos son más fuertes. Las cinco metrópolis del sector: Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao y Zaragoza, están interconectadas con flujos intensos, organizando el espacio económico de más fuerza del país. A medida que nos alejamos de este cuadrante se debilita la red de flujos.
En la periferia, el eje mediterráneo se prolonga hasta Murcia, pero después se produce una discontinuidad clara. Los flujos entre las metrópolis de levante y las andaluzas no son muy importantes. También las interrelaciones a lo largo del eje del Cantábrico se hacen más débiles a medida que nos alejamos hacia el oeste. En el interior del país, especialmente en la meseta sur, aparecen espacios escasamente articulados y que se caracterizan por una gran debilidad en la red de flujos.

SISTEMA URBANO Y DESARROLLO REGIONAL.
La ciudad es el reflejo del desarrollo regional de su propia región y espacio integrador de esta. Dentro del sistema español podemos encontrar una organización regional más o menos consolidada, ya que la estructura interna es muy diferente. Podemos encontrar diferentes tipos de organización.

Sistemas monocéntricos primados.
Una ciudad aparece como un centro dominante a gran distancia de los otros, concentrando de modo desproporcionado efectivos demográficos y actividades económicas. En estos sistemas se produce un salto en la jerarquía, ya que faltan los niveles inmediatamente inferiores a los de la ciudad primada, existiendo fuertes relaciones de dominancia-dependencia. Es lo que ocurre en el subsistema catalán.

Sistemas monocéntricos jerarquizados.
Se trata de sistemas equilibrados con presencia de los diferentes niveles jerárquicos, con una ciudad en la cumbre del sistema. En este caso las relaciones entre ciudades se producen de forma jerárquica: los centros comarcales gravitan en torno de la capital provincial y esta en torno de la capital regional. Es el caso de la Comunidad Valenciana.

Sistemas policéntricos.
En la cumbre de estos sistemas no hay una ordenación de forma piramidal, sino que diversas metrópolis compiten entre sí en la organización del sistema. Como resultado, nos encontramos con importantes flujos bidireccionales entre las diferentes metrópolis, así como con flujos de dependencia que se dirigen hacia ellas desde los niveles superiores. Es el caso de Galicia (La Coruña, Santiago, Vigo).
En general, han cristalizado los subsistemas de las regiones periféricas, mientras que en el centro de la Península aparecen espacios débilmente articulados.
Estos subsistemas definen regiones funcionales, cuyos límites no tienen porque coincidir con los límites de las CCAA. De hecho, la descentralización política crea una estructura regional y funcional del territorio, sobreimpuesta al anterior: de momento, la estructura funcional mantiene su preeminencia en la organización económica del espacio, y autonómica en la estructura político-administrativa del territorio. Es de prever, empero, que en el futuro se tienda a desarrollar flujos interiores más intensos en las CCAA.
El número y la extensión de los diferentes subsistemas son discutibles, ya que no existe un criterio único e irrefutable para delimitarlos.
Una propuesta consensuada entre los geógrafos ofrece un total de 11 subsistemas [Precedo (1988): 541].

DELIMITACIÓN DE LAS ÁREAS DE INFLUENCIA URBANA.
Grupo de la periferia oriental y meridional.
Agrupa tres subsistemas: catalán, valenciano-levantino y andaluz. Los dos primeros están muy vinculados entre sí, constituyendo el eje de crecimiento más dinámico de la economía española. Es un eje de fuerte especialización industrial (textil y metalurgia en Cataluña; mueble, calzado y agroalimentaria en la Comunidad Valenciana). En cambio, en el sistema andaluz predomina el comercio y los servicios con poca importancia de las actividades industriales, excepto las agroalimentarias.

El subsistema catalán.

Plano del Ensanche de Barcelona.

Está dominado por Barcelona. Constituye un ejemplo típico de subsistema monocéntrico primado, debido a la diferencia entre la metrópoli nacional/regional y las capitales provinciales que funcionan como centros subregionales. La conexión entre las principales ciudades se realiza mediante las autopistas del Mediterráneo y del Ebro. Las principales ciudades tienen tendencia a situarse en el litoral formando un sistema lineal con alguna penetración en el interior.

El subsistema valenciano-levantino.
Corresponde al tipo monocéntrico jerarquizado, con una ciudad rectora, Valencia, y una ordenación equilibrada en el tamaño de las ciudades. La influencia de Valencia desborda su Comunidad, llegando a Murcia y Albacete. La autopista del Mediterráneo también configura la alineación urbana que sigue el sistema lineal concentrado en la franja litoral.

El subsistema andaluz.
Es del tipo monocéntrico jerarquizado, pero más complejo que el anterior. La influencia rectora de Sevilla es clara sobre la Andalucía occidental y Badajoz, pero es bastante más débil sobre la Andalucía oriental, con dos metrópolis regionales de segundo orden: Granada y Málaga. La actual construcción de la autopista Sevilla-Baza parece que permitirá una mejor integración de este a oeste del territorio, al facilitar las relaciones entre Andalucía oriental y la capital autonómica, Sevilla. La distribución urbana se realiza a través de dos ejes: 1) El litoral, desde Huelva a Almería. 2) El del Guadalquivir.

Grupo de la periferia septentrional-Valle del Ebro.
En este grupo se incluyen cuatro subsistemas: gallego, astur-leonés, vasco-periferia y aragonés. El vasco-periferia es el más consolidado y cuenta con una mayor densidad e intensidad de la red de flujos; está muy marcado por la especialización industrial (metalurgia). El subsistema astur-leonés se vuelca a la minería y la metalurgia, pero cuenta con centros terciarios en Oviedo y León. El subsistema gallego se caracteriza por la función comercial y el aragonés por la comercial e industrial.

El subsistema gallego.
Es el ejemplo clásico de subsistema policéntrico con la capital Santiago, situada entre las dos metrópolis regionales: La Coruña y Vigo, con tres ciudades situadas en el eje atlántico que forma la autopista del Atlántico, y con unas relaciones muy débiles con los sistemas vecinos.

El subsistema astur-leonés.
Es policéntrico: hay el triángulo Oviedo, Gijón, Avilés, con el predominio comercial de Oviedo, ligado por la autopista con León, que siempre se ha encontrado más unido a Asturias que a Valladolid (la capital autonómica). Con la autopista Torrelavega-Oviedo se intensificarán las relaciones con el subsistema vasco.

El subsistema vasco-periferia.
Es monocéntrico jerarquizado. Se centra en Bilbao, que irradia influencia sobre el País Vasco, Navarra, La Rioja, Cantabria y Burgos, todos ellos muy relacionados por una densa red de infraestructuras, que permiten la intensificación de los flujos. Este subsistema está muy relacionado con el aragonés a través de Navarra y La Rioja.

El subsistema aragonés.
Es un modelo monocéntrico primado. Zaragoza desborda Aragón al influir sobre Navarra y La Rioja, del subsistema vasco, y Soria, del de Madrid. Debido a su posición estratégica está relacionado con los subsistemas más dinámicos de España: vasco, catalán y madrileño. La dificultad de comunicación con Valencia se solucionará con el nuevo eje Somport-Sagunto, que unirá Francia con Valencia, conectando las tres capitales aragonesas.

Los grupos del interior.
A diferencia de la periferia peninsular, estos subsistemas urbanos están poco consolidados con una gran metrópoli nacional, Madrid y un gran vacío poco urbanizado, sin metrópolis que actúen como factor de equilibrio. Tan sólo Valladolid tiene una cierta categoría metropolitana, pero con un área de influencia muy limitada aún. Así Madrid y Valladolid se convierten en las dos cabeceras de dos subsistemas regionales, con predominio de funciones comerciales y de servicios.

El subsistema vallisoletano.
Es monocéntrico jerarquizado, con escasa densidad de ciudades. Valladolid no cubre todo el área de influencia que le correspondería como capital de la comunidad, ni tan sólo como centro de un espacio físico, la Meseta del Duero. Así, León tiende a Asturias, Burgos hacia el País Vasco, Soria entre Zaragoza y Madrid, Segovia y Ávila hacia Madrid. Tienen la culpa la proximidad de Madrid y una red de infraestructuras de transporte que utilizan el área más como lugar de paso que de unión de la región. Los ejes de comunicación son Madrid-La Coruña, Francia-Madrid y el próximo Francia-Lisboa. No pasan por Valladolid, excepto el tercero. Carece de buenas infraestructuras en carreteras, ferrocarriles y aeropuertos.

El subsistema madrileño.
Es un subsistema monocéntrico primado. Con un salto muy brusco entre la gran metrópolis y los otros centros subregionales. Al ser la capital de una comunidad muy pequeña y el sistema radial de carreteras hace que su zona de influencia llegue muy lejos, influencia que en el interior sólo limita con Valladolid. Le corresponden todas las capitales de Castilla La Mancha -aunque Albacete va hacia Valencia-, y también atrae Segovia y Ávila, y en parte Soria.

Los subsistemas insulares.
Los subsistemas balear y canario tienen rasgos comunes: la insularidad, que dificulta la relación con la Península y entre islas, así como la necesidad de transportes no terrestres, barco y avión, y la función turística común. Por lo demás son radicalmente distintas.

El subsistema balear.
Es monocéntrico primado, pero vinculado con Barcelona. Palma de Mallorca tiene un peso demográfico y económico desproporcionado en relación a las dimensiones del archipiélago, por el turismo. Tiene el papel indiscutible de metrópolis regional.

El subsistema canario.
Es un subsistema bipolar, con dos metrópolis Las Palmas y Santa Cruz, alrededor del cual giran las islas orientales y occidentales, respectivamente. El efecto de la insularidad es más fuerte que en el caso balear y los flujos con la Península mucho más débiles, debido a la lejanía. Se relaciona directamente con Madrid, más que otras regiones. La Laguna ejerce contrapeso a Santa Cruz.

LAS ÁREAS DE INFLUENCIA URBANA.
Delimitación de las áreas de influencia urbana.
No son fáciles de delimitar los límites donde llega la influencia de una ciudad, como tampoco los límites de una región. Para hacerlo se han utilizado diferentes modelos de geografía urbana, basados en una teoría. Para tener una idea aproximada utilizaremos varias teorías: las teorías de los sistemas económicos, las teorías de la estructura urbana y las teorías de los sistemas sociales. [Bailly, Antoine S. La organización urbana. Teorías y modelos. Instituto de Estudios de Administración Local. Madrid. 1978.]

Las teorías de los sistemas económicos.
Las contabilidades territoriales son los modelos más conocidos. La técnica de las tablas input/output aplicada a las aglomeraciones es un modelo de la estructura económica. El concepto básico a tener en cuenta es el de accesibilidad ya que resulta vital para las funciones económicas. La ciudad sólo puede ser estudiada en tanto que parte integrante de la región, sobre la que ejerce una influencia y en el marco de un conjunto jerarquizado. Visto así, el crecimiento urbano depende al mismo tiempo de los bienes y servicios proporcionados y del tamaño de la región que abarca y de las redes de flujos interregionales. El crecimiento de una ciudad está en función de sus posibilidades de desarrollar actividades de mercado y, por tanto, de ser un lugar en la jerarquía de los lugares centrales, pero el sistema de lugares centrales es dinámico y una ciudad no está ligada siempre a un mismo nivel. A medida que se ha producido el progreso en las comunicaciones la distancia ha dejado de ser un obstáculo, las áreas abarcadas por los lugares centrales dejan de ser del mismo tamaño y se multiplican las superposiciones de zonas de influencia. El efecto de dominación de las ciudades aumenta especialmente en las ciudades que tienen funciones regionales o nacionales.
La ciudad moderna tiene tendencia a especializarse en relación al mundo exterior y en su estructura interna. Las economías cerradas son sustituidas por economías abiertas. La ciudad, al crecer, se identifica con su región urbana y, como consecuencia de esta extensión espacial, se llega a la creación de la ciudad-región.

Las teorías de la estructura urbana.
Las teorías se basan en la Escuela de Chicago, el sistema de actividad de Hurd y la red infraestructural de Haig. Hemos de tener presente que las ciudades nunca han tenido una estructura concéntrica perfecta. Por ejemplo, Chicago, debido al lago Michigan, estaba constituida por semicírculos encajonados. Las montañas y los ríos modifican el esquema ya que las características del suelo no son homogéneas. Estos cambios de calidad y atractivo se traducen en una modificación en la curva de la demanda. Hay que tener también en cuenta que los costos del transporte no son iguales en todas las direcciones que parten del centro. Los desplazamientos son más baratos y más cómodos en los ejes principales comunicados a través de carreteras rápidas, por transportes públicos a precios reducidos. Los industriales y comerciantes también necesitan estar bien situados en relación a las vías terrestres, férreas o navegables.
Se están creando fábricas verdes en la periferia, edificaciones de una sola planta, instaladas en amplios terrenos rurales. Pasa lo mismo en los grandes almácenes, que han de disponer de grandes superficies que no se encuentran en el centro de la ciudad y, en todo caso, en el centro son demasiado caras. Se han de situar cerca de los ejes de comunicación, lo que hace que las zonas industriales espontáneas tengan forma lineal.
Todas estas teorías se basan en la ciudad como centro y limitan los estudios de la zona de influencia a la presencia física de la ciudad y no a los flujos que se crean entre la región y la ciudad-cabecera.

Las teorías de los sistemas sociales.
Estas teorías están basadas en la geografía del comportamiento que analiza cómo las interacciones y las comunicaciones modifican la percepción y el comportamiento de las personas. Estas teorías comparan el sistema urbano al sistema ecológico que funciona a consecuencia de las interacciones que se establecen entre los diferentes elementos que lo componen y que evoluciona rápidamente. Pero los esquemas ecológicos son muy simples cuando los comparamos con la complejidad de las relaciones humanas.
La ciudad y su influencia se pueden basar en las cuatro categorías de espacio personal de E. Hall: 1) El espacio íntimo. 2) El espacio personal (hasta unos 60 cm), sólo accesible a las personas más próximas. 3) El espacio social, que es la zona de relaciones formales e informales. 4) El espacio público (la plaza, la calle, etc.).
Moles y E. Rohmer afirman que un individuo se siente parte de una ciudad si se encuentra en un radio de 40 minutos en un medio de transporte, y parte de una región si se puede desplazar en la región durante el mismo día.

De todos modos este sistema de análisis es muy delicado debido a la complejidad del organismo humano, la discontinuidad entre el comportamiento individual y el de grupo, y la multiplicidad de interacciones. Por tanto, para englobar la mayoría de las variables, se ha de recurrir a técnicas elaboradas como las ciencias probabilísticas, el análisis factorial y los métodos de las ciencias afines. Estas nuevas técnicas representan un cambio muy importante de la Geografía, ya que, si hasta entonces se contentaba con estudiar grandes conjuntos espaciales, con esta nueva tendencia analiza los procesos a nivel del individuo y del grupo. 

UD FUENTES.
Internet.

Libros.
Precedo Ledo, Andrés. La Red Urbana. España. Síntesis. Madrid. 1988. 157 pp.

Artículos. Orden cronológico.
Serra, Catalina. Desertores del ladrillo. La responsabilidad de los arquitectos en el desastre urbanístico de España. “El País” (24-XII-2006) 41-42.
Serra, Catalina. España ya es país de rascacielos. “El País” (7-III-2011) 28-29. Las urbes se alzan en vertical.
Martín Rodríguez, Manuel; García Delgado, José Luis. Territorio y ciudad para después de la crisis. “El País” Negocios 1.448 (4-VIII-2013) 15. Los autores critican el urbanismo destructor de los últimos decenios en España y plantean como alternativa la rehabilitación de viviendas y medidas de cohesión territorial y social.
Pellicer, Lluís. El Gobierno planea abrir la gestión de los barrios a entidades privadas. “El País” (24-VI-2014) 30-31.