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sábado, 18 de abril de 2015

CS 1 UD 11. Primeras Civilizaciones del Próximo Oriente. Una breve historia de la escritura.

UNA BREVE HISTORIA DE LA ESCRITURA EN EL ANTIGUO PRÓXIMO ORIENTE.

INTRODUCCIÓN.
CONSIDERACIONES GENERALES.
Una definición de escritura.
La escritura como sistema completo.
El conservadurismo de los sistemas de escritura.
Las causas político-históricas de los cambios en los sistemas de escritura.
1.- LOS ORÍGENES DE LA ESCRITURA.
Los primeros sistemas de escritura.
2.- LA ESCRITURA CUNEIFORME DE MESOPOTAMIA.
Una definición de escritura cuneiforme.
La evolución de los sumerios a los acadios y la diversificación final.
Procedimientos iniciales de las inscripciones cuneiformes.
Los primeros intentos de traducción.
Conocimiento moderno de la escritura cuneiforme.
3.- LA ESCRITURA EN EL ANTIGUO EGIPTO.
La lengua egipcia.
La clase social de los escribas.
La periodización de la evolución de la lengua egipcia.
Los tres tipos de escritura: jeroglífica, hierática y demótica.
La escritura jeroglífica.
Los símbolos jeroglíficos: ideogramas y fonogramas.
La disposición de las inscripciones jeroglíficas.
El desarrollo de las formas cursivas: hierática y demótica.
El descubrimiento del significado de los jeroglíficos.
4.- EL INICIO DE LA ESCRITURA ALFABÉTICA.
El origen del alfabeto.
Alfabeto del semítico septentrional.
La aparición de los alfabetos griego y romano.
 FUENTES.
APÉNDICE: LA ESCRITURA.
Una definición.
Sistemas incompletos.
Sistemas completos.
Sistemas ideográficos o morfemáticos.
Sistemas silábicos.
Sistemas alfabéticos.
APÉNDICE: EL ALFABETO.
Una definición.

La distinción de los alfabetos respecto a silabarios, pictogramas e ideogramas.

INTRODUCCIÓN.
Esta UD es una actividad de investigación paralela a la Unidad Didáctica de Primeras Civilizaciones del Próximo Oriente, planificada para un nivel de 1º de ESO. Pretende reunir y ordenar materiales didácticos para un reciclaje como profesor además de atender a las inquietudes de los alumnos con mayor predisposición a la investigación sobre el Mundo Antiguo, especialmente los orígenes, evolución e incidencia en el desarrollo de los pueblos en el área del Próximo Oriente, esto es en Egipto, Siria, Fenicia y Mesopotamia, con sólo breves referencias a Grecia y otras civilizaciones antiguas. Hay dos apéndices para tratar sobre la escritura desde una perspectiva lingüística general y sobre el alfabeto.

CONSIDERACIONES GENERALES.
Una definición de escritura.
La escritura es el método de intercomunicación humana que se realiza por medio de signos visuales que constituyen un sistema.

La escritura como sistema completo.
Un sistema de escritura puede ser completo o incompleto; es completo el que puede expresar sin ambigüedad todo lo que puede manifestar y decir una lengua determinada y a este sistema es al que nos referimos en esta UD.

El conservadurismo de los sistemas de escritura.
Los sistemas de escritura tienden a ser conservadores. Incluso no faltó en sus orígenes la atribución de ser un regalo de los dioses. Por ejemplo, los egipcios, los hebreos, los griegos y muchos pueblos más consideraban la palabra como un don sagrado, concesión directa de una expresión del poder de la divinidad, y la escritura era así una manifestación del poder sagrado. Todo cambio o modificación ortográfica plantea grandes dudas, e incluso hoy, en los congresos de lingüistas que se plantean la necesidad de reformar la ortografía para eliminar pequeñas incoherencias, existen grandes resistencias para llevarlo a cabo, y es difícil llegar a acuerdos y compromisos.

Las causas político-históricas de los cambios en los sistemas de escritura.
Dado este grado de conservadurismo, la sustitución o las mayores innovaciones de la escritura sólo tienen lugar cuando un pueblo se la presta a otro porque lo domina o lo coloniza. Los cambios tienen causas político-históricas.
En Mesopotamia, por ejemplo, los invasores acadios, después de dominar Sumeria, adaptaron a su propia escritura la parte silábica del sistema sumerio que era ideosilábico; no obstante mantuvieron sus propios ideogramas y los emplearon como si fueran un sistema de taquigrafía. Cuando a su vez los hititas adoptaron el sistema acadio, eliminaron los signos silábicos ambiguos, es decir, los homofonémicos o sus contrarios, polifonémicos, así como también muchos ideogramas sumerios, pero conservaron la ortografía silábica de los acadios y la adaptaron a su propio léxico indoeuropeo.

1.- LOS ORÍGENES DE LA ESCRITURA.
Los primeros sistemas de escritura.
Los primeros sistemas de escritura son de carácter pictográfico, ideográfico o una combinación de los dos; entre éstos están la escritura cuneiforme de los babilonios y los asirios, la escritura jeroglífica de los egipcios, los símbolos de la escritura china, japonesa y los pictogramas de los mayas. En todos los casos del mundo antiguo el nacimiento de la escritura se asocia al desarrollo de sociedades agrícolas, desarrolladas socialmente en una jerarquía bien definida, en la que la élite gobernante (nobles terratenientes, sacerdotes) necesita fijar la información de la riqueza, los actos políticos y los rituales sagrados, con fines políticos y contables.
El primer escrito que se conoce se atribuye a los sumerios de Mesopotamia y es anterior al 3300 aC. Como está escrito con caracteres ideográficos, su lectura se presta a la ambigüedad, pero está presente el principio de transferencia fonética y se puede rastrear su historia hasta averiguar cómo se convirtió en escritura ideosilábica.
En el caso de los egipcios se conocen escritos que proceden de unos cien años después, h. 3200 aC, y también testimonian el principio de transferencia fonética. Puede que la evolución de la escritura egipcia respondiera al estímulo de la sumeria.
Casi a la vez, en Elam se desarrolló la llamada escritura protoelamita. Todavía no ha sido descifrada y no se puede decir gran cosa sobre ella excepto que es ideosilábica y el número de signos que tenía.
Algo después, surgieron también sistemas ideosilábicos en el Egeo, Anatolia, el valle del Indo y China. Otros pueblos tomaron sus silabarios para escribir sus propias lenguas. El paso decisivo se produjo en los pueblos comerciantes situados en Siria y Palestina, que, en contacto con los sistemas de escritura egipcio y mesopotámicos, desarrollaron durante un largo proceso un sistema nuevo que desembocó en una serie de alfabetos, entre los que destaca el fenicio — origen a su vez del griego y este del romano—, mientras que el hebreo y el árabe han llegado hasta hoy.

LA ESCRITURA CUNEIFORME DE MESOPOTAMIA.
Una definición de escritura cuneiforme.
La escritura cuneiforme (del latín cuneum, “cuña”) es el sistema de escritura difundido principalmente por la Mesopotamia antigua, y caracterizado por los signos que tienen esta forma —por lo que reciben el nombre de cuneiformes—, grabados generalmente en tablillas de arcilla, aunque también se han encontrado grabados en las inscripciones hecha en metales, piedras, estelas y otros materiales.

La evolución de los sumerios a los acadios y la diversificación final.
Los textos más antiguos que se escribieron así son del 3200 aC y los más modernos proceden del siglo I dC. La escritura cuneiforme, cuyo origen procede del sur de Mesopotamia (la llamada Sumeria), se cree que fue inventada por los sumerios, recién llegados de una zona lindante con el Mar Caspio, quienes escribieron por este procedimiento la lengua sumeria.
El sumerio es la lengua escrita más antigua de las que se poseen testimonios gráficos, su alfabeto es cuneiforme. Las primeras inscripciones, que se encontraron en el sur de Mesopotamia, proceden del 3200 aC, pero sólo abundan a partir del 3000; hacia el 2000, un milenio después, había dejado de hablarse y el acadio o asirio-babilónico la reemplazó, aunque siguió siendo lengua literaria hasta que desapareció su alfabeto. Se distinguen cuatro periodos en la historia de esta lengua: El arcaico desde ca. del 3200 hasta el 2500; el antiguo o clásico que abarca desde el 2500 hasta el 2300; el nuevo, entre el 2300 y el 2000, y por último el llamado postsumerio. La existencia de esta lengua —y su cultura— permanecieron en el olvido hasta que en el siglo XIX se descifró el alfabeto cuneiforme, lo que desveló la existencia de una lengua que no se esperaba que existiera, en lugar de tratarse de una lengua conocida en un periodo arcaico.
Su origen más probable se relaciona con la contabilidad. En los milenios VII y VI los primeros agricultores contaban los productos mediante fichas (pequeños objetos de arcilla), del mismo modo que se hace hoy en el “cálculo” infantil. Hacia el 3500 aC se realizaron progresos decisivos en Mesopotamia, debido al auge de la agricultura y de la organización social, que exigía una contabilidad mucho más precisa y compleja.
Para poder componer cifras mayores, se agruparon las fichas encerrándolos en una envoltura de arcilla en forma de bola, a la que se aplicaba como garantía de veracidad un sello, lo que le confería un carácter oficial (seguramente tanto religioso como administrativo). Se ideó entonces reproducir, en la superficie de la bola, y más tarde en pequeñas tablillas de arcilla, la cantidad a que ascendían las fichas colocadas en el interior. Al principio estas indicaciones fueron únicamente numéricas (los primeros números fueron una raya para el 1, cuatro rayas para el 4, etc.), pero más tarde, probablemente antes del 3200, se precisó la naturaleza de las mercancías contabilizadas, reproduciendo un signo (pictograma) sencillo y por ello bien reconocible, como la cabeza del ganado, muebles, cestas de trigo, etc. Este avance fue tan eficaz, que el proceso se aceleró en pocas generaciones, y hacia el 3000 la escritura ya había logrado un progreso decisivo. Otro paso esencial fue el uso de signos fonéticos para representar cualquier cosa que tuviera el mismo sonido, de modo que algunos signos acabaron por expresar puros sonidos.
Más del 90 por ciento de las inscripciones son documentos administrativos, económicos y legales, incluyendo inventarios, pagarés, recibos, escrituras de ventas, contratos de matrimonio, testamentos y sentencias jurídicas. Son inscripciones que hacen referencia a centenares de nombres de personas, divinidades, lugares y productos, y constituyen la fuente de material más importante para el estudio de la sociedad sumeria y su economía. Muchos documentos fueron fechados por los escribas en relación con acontecimientos especiales, siendo por tanto inestimables como fuentes históricas. El principal dialecto del sumerio puede que fuera el emegir o “lengua principesca”. Hubo otros dialectos de menor difusión: uno lo empleaban las mujeres y otro los eunucos. Por todo ello, cabe hablar de formas lingüísticas secretas y relacionadas con castas.
Posteriormente el sumerio se adaptó para escribir el acadio, lengua de la que se derivan tanto el asirio como el babilónico. El acadio se convirtió en el II milenio aC en una lengua universal de cultura, comercio y diplomacia en el Próximo Oriente. Como lengua de intercambio entre los pueblos, se estudió en las escuelas de todos ellos, y así se difundió el empleo de la escritura cuneiforme por Asia Menor, Siria, Persia y también fue la escritura de los documentos diplomáticos del imperio egipcio. Se usó además como forma de escritura de las lenguas que se hablaban en esas zonas, y no sólo para usos internacionales, por eso se escribieron con ella otros idiomas, como el hurrita del norte de Mesopotamia, Siria y Asia Menor, el eblaita de Siria, el hitita, el luvio, el palaico y el ático, que se hablaron en Anatolia y Asia Menor, el urartio, también conocido como vánico, de Armenia, y el elamita de Persia.
Las lenguas derivadas, tanto la babilónica como la asiria, dominaron, a su vez, en diferentes periodos, de acuerdo a las vicisitudes de los estados babilónico y asirio. No obstante, sus diferencias eran lo bastante escasas como para no dificultar que hubiera una comprensión generalizada entre los distintos habitantes del Próximo Oriente.
Por otro lado, se desarrollaron nuevos sistemas de escritura, que empleaban las cuñas como formas básicas para sus caracteres, pero que diferían de las formas babilónicas tanto en las configuraciones como en el uso estricto de ellas. Tales sistemas dieron lugar en Siria a la aparición de la escritura de la lengua ugra, una lengua semítica, y en Persia a la aparición de la escritura que representó el persa arcaico desarrollado en el periodo aqueménida (del 550 al 330 aC).

Procedimientos iniciales de las inscripciones cuneiformes.
Las primeras inscripciones cuneiformes estaban formadas por pictogramas. No puede decirse que fuera más sencillo el grabar líneas rectas en la arcilla con un punzón, que trazar las líneas irregulares de los pictogramas. Se inventó un punzón afilado a propósito para realizar las inscripciones y, poco a poco los trazos de los pictogramas se fueron convirtiendo en los esquemas de los caracteres cuneiformes, que se fueron estilizando cada vez más, de forma que apenas recordaban el perfil inicial de aquellos pictogramas de donde surgieron.
En un primer momento cada signo sólo representaba una palabra. Pero como había palabras que no se podían expresar por medio de un pictograma, se representaron con los de otros objetos que los recordaban (por ejemplo, bien por medio de una estrella, estar de pie o ir por medio de un pie) y así ciertos símbolos representaban más de una palabra.
Puesto que las palabras del sumerio fueron en su mayoría monosilábicas, desde los primeros momentos los signos se emplearon como meras sílabas, sin tener en cuenta su significado original. Los símbolos que tenían más de una lectura, como palabras y como ideogramas, también adquirieron el valor de sílabas. Por eso, con tantas lecturas fueron polisémicos, o polífonos.
Junto a esto hay que tener en cuenta que el sumerio es un idioma con bastantes palabras de sonido parecido o igual, es decir, había muchos símbolos homónimos.
Una vez desarrollado completamente, el sistema cuneiforme posee más de 600 signos. Casi la mitad se emplearon como ideogramas o como sílabas, los restantes sólo fueron ideogramas. Algunos signos sirvieron como determinantes, conocidos por determinativos, que indicaban la clase a la que pertenecía la palabra (del tipo hombre, árbol, piedra). A lo largo de su existencia, el sistema era una mezcla de ideogramas y sílabas. Cuando se aplicaba a una lengua diferente, los ideogramas se podían emplear, porque se entendían al representar objetos. Con el tiempo se tendió a simplificar la escritura y a reducir el número de signos, sobre todo los polisémicos o polifónicos, para evitar la ambigüedad, con lo que se daba el primer paso para establecer el alfabeto, en el que cada signo representa un sonido, cosa que nunca había ocurrido en el sistema cuneiforme; este estadio sólo lo han conseguido las escrituras ugra y persa antigua.

Los primeros intentos de traducción.
Nadie sospechó el significado de las cuñas cuando los primeros viajeros que descubrieron unas ruinas encontraron en ellas escrituras cuneiformes, especialmente en las ruinas de la ciudad de Persépolis que estuvo en lo que hoy es Irán.
Pietro della Valle, un viajero italiano, en el año 1621 dio cuenta de la existencia de una inscripción de 413 líneas que había en la pared de una montaña en Behistun, al oeste de Persia y copió algunos signos. En 1674 un mercader francés llamado Jean Chardin publicó grupos completos de caracteres cuneiformes y se dio cuenta de que las inscripciones aparecían siempre en series de tres formas paralelas. El primer progreso real en aras a descifrar la roca de Behistun lo realizó Carsten Niebuhr, un alemán que formaba parte de una expedición científica danesa a Oriente Próximo entre 1761 y 1767. Tuvo el acierto de pensar que la triple inscripción había que transcribirla como un único texto que estuviera escrito bajo tres tipos distintos de escrituras, aunque fueran desconocidas, y en 1777 publicó la primera copia correcta de la inscripción de Behistun. Aquella gran inscripción trilingüe de Darío I rey de Persia estaba escrita en caracteres cuneiformes en tres idiomas: persa, elamita (antes llamado lengua de Susa) y babilonio. Esos sistemas de escritura fueron los que emplearon los reyes de Persia de la dinastía Aqueménida para conseguir que sus normas legales fueran conocidas por las tres naciones que dominaban.
La escritura del persa en caracteres cuneiformes fue la primera que se descifró. Los investigadores alemanes Oluf Gerhard Tychsen y Georg Friedrich Grotenfend y el filólogo danés Rasmus Christian Rask identificaron algunos signos. Casi todo el sistema fue descifrado por el orientalista francés Eugéne Burnouf; por otro lado, el británico Henry Creswicke Rawlinson, especialista en Asiria, interpretó el texto que había copiado por sí mismo de la montaña de Behistun y publicó sus resultados en 1846. Se consiguió descifrar antes la escritura cuneiforme persa por el conocimiento que se tenía de la lengua india pahlevi. El sistema persa es el más sencillo y reciente entre las escrituras cuneiformes. Consta de 36 caracteres que son prácticamente alfabéticos, aunque algunos signos se usaron con valor silábico. Además posee una palabra que sirve para dividir. Su empleo quedó restringido a los límites que fijan los años 550 al 330 aC. El texto más antiguo podría tratarse de una inscripción de Ciro el Grande en Pasargada y el más reciente el de Artajerjes en Persépolis (que reinó entre 358 al 338 aC).
La escritura del elamita en caracteres cuneiformes suele recibir el nombre de segunda forma, porque aparece en segundo lugar en las inscripciones trilingües de los reyes aqueménidas. Quien primero intentó descifrarla fue el orientalista danés Neils Ludvig Westergaard en 1844. A la hora de traducirla, fue de gran importancia el hecho de que estuviera repetida palabra a palabra en las inscripciones trilingües, porque no sirvió de ayuda ninguna lengua conocida, moderna ni muerta. Contiene 96 signos silábicos, 16 ideogramas y 5 determinativos. Los caracteres del elamita están bastante claros, aunque haya dudas en el caso de unas cuantas palabras. La versión babilónica del texto de Behistun se descifró gracias al trabajo conjunto del orientalista francés Jules Opert, el orientalista irlandés Edward Hincks, el arqueólogo francés L. Fréderick Joseph Caignart de Saulcy y Rawlinson. La lengua escrita bajo este tercer sistema cuneiforme presentó una gran similitud con los dialectos semíticos que eran ya muy conocidos, hecho decisivo a la hora de descifrarla. Las inscripciones de Behistun fueron la primera pista, pero se sabe que el babilonio empleó escritura cuneiforme 2.000 años antes de que se grabara la piedra de Behistun.
Se han encontrado muchos testimonios muy antiguos bajo escritura cuneiforme en Babilonia, Nínive y otros lugares cerca de los ríos Tigris y Éufrates. Se grababa en sellos, cilindros, piedras, obeliscos, estatuas y en las paredes de los palacios. Han aparecido muchas tablillas de cerámica, algunas de 22 cm de largo por 15 de ancho y otras son mucho más pequeñas aún de unos dos centímetros y medio. A menudo su escritura es muy pequeña. En algunas tablillas hay seis líneas en el espacio de dos cm, por lo que hay que leerlas con lupa.

Conocimiento moderno de la escritura cuneiforme.
La prueba definitiva de que los primeros signos fueron pictogramas no se tuvo hasta que se encontraron las primeras inscripciones.
El alemán Friedrich Delitzch sostuvo en 1897 un punto de vista contrario, al mantener que los pictogramas surgieron a partir de un número relativamente pequeño de signos básicos. Las combinaciones de estos signos, mantenía Delitzch, dieron lugar con el paso del tiempo a cientos de signos cuneiformes. Esta teoría ha recibido un cierto apoyo, cada vez menor.
Los investigadores se inclinaron por el origen pictográfico de los signos cuneiformes. El orientalista estadounidense George Aaron Bartonin lo demostró en 1913 en su obra Origen y desarrollo de la escritura babilónica, que presentaba una colección de 288 pictogramas pertenecientes a las inscripciones cuneiformes más tempranas y fijaba su evolución. Según Bartonin, los primeros signos se dibujaron siguiendo el cuerpo humano y sus partes; luego mamíferos, pájaros, insectos, peces, árboles, estrellas y nubes, tierra, agua, construcciones, barcos, mobiliario, utensilios domésticos, fuego, armas, ropas, objetos de culto, mallas, redes, cacharros e instrumentos musicales. Las excavaciones realizadas por los arqueólogos alemanes, que se llevaron a cabo desde 1928 hasta 1931 en Uruk (actual Warka, Irak) proporcionaron los ejemplos más antiguos que se conocen y eran unas tablillas de arcilla que tenían inscritos unos pictogramas.
La transcripción de la escritura cuneiforme ha contribuido en gran medida al conocimiento que hoy se posee sobre Asiria, Babilonia y el antiguo Oriente Próximo. El Código de Hammurabi, con sus caracteres cuneiformes, es uno de los monumentos más importantes que nos ha dejado la antigüedad precristiana. Las inscripciones que se descubrieron en 1929, gracias a las excavaciones francesas en Ras Shamra (Ugarit) al norte de Siria, han demostrado que sus caracteres cuneiformes correspondían a un alfabeto consonántico. Se cree que se usó entre el 1400 aC y el 1200 aC. La mitología escrita en este alfabeto conocido por el Ras Shamra, ha arrojado luz sobre la vida religiosa de la antigua Siria y ha obligado a reinterpretar ciertos aspectos de la Biblia.

LA ESCRITURA EN EL ANTIGUO EGIPTO.
La lengua egipcia.
La lengua egipcia es la propia de Egipto desde tiempos remotos hasta el siglo XIV dC, aproximadamente. Es la única lengua de la subfamilia egipcia perteneciente a las lenguas camito-semíticas con una historia mejor documentada: supera, al menos en 5.000 años a cualquier otra.
Hay un amplio acuerdo entre los historiadores sobre su origen hacia el IV milenio, como resultado de una fusión racial y cultural-lingüística entre dos grandes grupos étnicos: uno negro de procedencia nilótica y uno blanco de procedencia semítica. De este modo se incorporaron a su vocabulario términos camitas (sobre todo sociales, agrícolas...) y semitas (especialmente comerciales, técnicos...), mientras que la sintaxis parece seguir mayoritariamente pautas semitas.
En cuanto a la escritura lo más probable es una importación cultural de Mesopotamia a partir del 3500 aC, época en la que, al parecer, se produce una activa inmigración de agricultores y comerciantes, tal vez sumerios de la cultura de Ur, o sirios influidos por esta, que llevan consigo cultivos, técnicas, dioses y otras formas culturales. Las recientes excavaciones de Dryer en Abidos demuestran que ya hay escritos jeroglíficos hacia el 3200, por lo que no cabe suponer una influencia de la cultura sumeria de Jemdet Nasr, sino bastante anterior.
La lengua escrita tenía un carácter oficial y sagrado y sus conocedores (los escribas, pero también los nobles y los sacerdotes, y muchos comerciantes) estaban investidos del aura de servidores de la divinidad, pues el conocimiento de la palabra sagrada era un puente hacia los dioses. Por esto mismo, la lengua escrita estaba fijada oficialmente de modo muy riguroso, con poca flexibilidad para aceptar las variaciones, lo que explica su continuidad a lo largo del tiempo y que los cambios se hayan producido por decisiones políticas y apenas por una evolución interna de la lengua.
La literatura religiosa del antiguo Egipto incluye himnos a los dioses, escritos mágicos y mitológicos, y una extensa colección de textos funerarios. El campo de la literatura secular incluye historias, literatura instructiva conocida como “textos de instrucción”, poemas, escritos biográficos e históricos y tratados científicos, incluyendo textos matemáticos y de medicina. Destacan también numerosos textos legales, administrativos y económicos, así como documentos privados en forma de cartas, aunque no sean literatura propiamente dicha.
Los autores de varias composiciones que datan del imperio antiguo y el medio, del 2134 al 1668 aC, fueron venerados en épocas posteriores. Proceden de la clase culta de los funcionarios del gobierno del más alto nivel, y su audiencia estaba formada, sobre todo, por gente educada como ellos. En realidad, muchas composiciones literarias del imperio medio fueron compuestas como propaganda política para enseñar a los estudiantes, que aprendían a leer y a escribir copiándolos (en tablillas y fragmentos de arcilla), a ser leales a la dinastía regente. La mayoría de estos textos de instrucción los siguieron copiando los copistas del imperio nuevo, desde el 1570 hasta el 1070 aC, 500 años más tarde, junto con otros textos de su momento, destinados a socavar el encanto de la nueva profesión militar. Algunas de estas historias incluyen elementos de la mitología y es posible que procedan de tradiciones orales.
La lengua popular egipcia era bastante diferente a la lengua culta, pudiéndose afirmar que eran dos dialectos de la misma lengua, como también ocurría en el caso de la lengua sumeria. Se han encontrado muchas inscripciones informales en tumbas, templos, columnas y estatuas que conservan el egipcio coloquial en su forma arcaica y que permiten, por lo tanto, aproximarse a la lengua viva de esa época y no sólo a través de los más comunes documentos religiosos, administrativos y comerciales. Estas inscripciones presentan el problema de frecuentes y graves errores en la sintaxis y en el vocabulario, lo que se interpreta como resultado de que los canteros que las tallaban y los escribas que los escribían o supervisaban eran poco duchos en la lengua escrita, pero también podría ser que fuesen formas populares, del mismo modo que en la Edad Media había un latín culto y otro vulgar.
La base de la lengua era un sistema (podría llamarse, impropiamente, alfabeto) de 24 símbolos, que eran sólo consonantes y semiconsonantes, por lo que no se podían expresar por escrito los sonidos vocales. Como las vocales no están representadas en la escritura (menos en el caso de la copta, que incorporó las griegas) quienes han estudiado el egipcio antiguo no pueden seguir la evolución fonética de esta lengua más que a través de sus consonantes.
Se desarrollaron muy tempranamente más de 700 (más tarde la cantidad se multiplicó) signos jeroglíficos que representaban diferentes combinaciones fonéticas. Estos signos podían utilizarse de dos formas: una independiente, con un sentido propio, aunque este era generalmente muy ambiguo; la otra, dependiente de otros signos, con los que se unía en conjuntos de una o más palabras para expresar conceptos. Muchas palabras con más de un significado eran seguidas de un signo o signos sin valor fonético, que se utilizaban como ayudas para interpretar los símbolos; por ejemplo, había determinadores para diferenciar el sexo de los dioses.
Vemos, pues, que las palabras en egipcio, como en las demás lenguas camito-semíticas, se suelen formar a partir de las raíces, que están constituidas por tres consonantes; el significado básico de la raíz se matiza gracias a los diferentes modelos vocálicos. Pero los verbos en egipcio desarrollan formas y funciones que difieren mucho de los de otras subfamilias camito-semíticas, y es que el pueblo egipcio convirtió su lengua en un elemento cultural completamente propio, singular.

La clase social de los escribas.
El escriba, el conocedor de la escritura, se situaba entre la élite privilegiada que dominaba sobre una sociedad prácticamente analfabeta como la egipcia antigua. Hay muchos textos que nos refieren el alto aprecio social que tenía la función de escriba, aunque hay que precisar que a veces parecen más bien una reivindicación de una posición amenazada. En todo caso, es indudable que los escribas tenían un papel relevante en la sociedad. El acceso al grupo de los escribas no era fácil, pues la enseñanza no era universal, sino generalmente reservada a los hijos de las clases privilegiadas, aunque en algunas épocas se abrió a los hijos más hábiles de los campesinos.
Para alcanzar el grado de escriba los aspirantes tenían que asistir a unas escuelas especiales, generalmente controladas por los templos. En estas escuelas la enseñanza era muy conservadora y consistía básicamente en la copia lo más fidedigna posible de modelos (textos clásicos, oraciones religiosas, formularios administrativos), muchos de los cuales nos han llegado, incluso con sus errores de principiante.
Una vez conseguido el grado de escriba, la sociedad egipcia resultaba bastante igualitaria, porque el mérito era a menudo suficiente para escalar los más altos puestos de la administración y del sacerdocio, siempre al servicio sagrado del faraón y de Egipto.

La periodización de la evolución de la lengua egipcia.
Partiendo de la periodización política y su engarce con los documentos literarios, el desarrollo de la lengua (y la escritura) egipcia se ha dividido en cinco periodos:
1) Egipcio Antiguo (antes del 3000 aC-2200 aC). Fue la lengua del periodo predinástico y del Imperio Antiguo (durante las Dinastías I-VI).
2) Egipcio Medio (c. 2200 aC-1600 aC). Fue la lengua literaria del egipcio clásico; se cree que refleja la lengua coloquial de su época, en torno al 2200 aC. Su momento culminante coincide con el Imperio Medio y los periodos anterior y posterior al mismo (aproximadamente entre las Dinastías VII-XVII); se mantuvo como lengua literaria muerta —como el latín en Europa— hasta al menos el año 500 aC.
3) Egipcio Nuevo (1550 aC-700 aC). Su punto culminante fue hacia el 1380 aC, durante el primer periodo del Nuevo Imperio (de la Dinastía XVIII a la XXVI) el faraón Amenofis IV renovó también la lengua e introdujo lo que se conoce por egipcio tardío que fue nueva norma de la lengua escrita. Puede que estuviera basada en el lenguaje oral de aquellas fechas; presenta cambios fonéticos y gramaticales respecto a la lengua antigua.
4) Egipcio Popular. Un poco después del 700 aC el Nuevo Imperio cedió su puesto a la hegemonía asiria y luego a la persa, y el egipcio demótico (que significa “egipcio popular”; c. 700 aC al 400 aC) se convirtió en norma para la lengua literaria, lo que le permitió mantenerse durante la conquista de Egipto por persas, griegos y romanos. Se escribió con caracteres distintos a los utilizados anteriormente (la escritura demótica) y se cree que otra vez sería la lengua coloquial hacia el 700 aC.
5) Egipcio Copto. La aparición del copto (entre el 300 aC y el 1400 dC), que es la última fase del egipcio; coincide, por un lado, con la sustitución de la forma tradicional de escritura por una adaptación del alfabeto griego, y por otro, con la aparición de la literatura cristiana. Pasado el año 700, el copto empieza a ceder terreno ante el árabe hasta que prácticamente desaparece entre los siglos XI al XIV. Se conserva hoy todavía como lengua ritual de la Iglesia copta y ha sido un eslabón decisivo para la traducción del egipcio anterior.

Los tres tipos de escritura: jeroglífica, hierática y demótica.
Los egipcios desarrollaron tres tipos de escritura: la jeroglífica (usada en las inscripciones oficiales en ca. 3000 aC-400 dC) y las dos formas de cursiva, la hierática (ca. 2500 aC-ca. 650 aC) y la demótica (ca. 650 aC-450 dC). En las tres formas, los símbolos han representado ideogramas, sílabas, una sola letra y determinadores.

La escritura jeroglífica.








Los jeroglíficos son, en puridad, los caracteres de cualquier sistema de escritura en el que los signos son figuras, esto es, representan objetos reconocibles. No obstante, el término jeroglífico suele asociarse con la escritura en la que se representó la lengua del antiguo Egipto; los griegos, por su parte, aplicaron el término (que significaba “talla sagrada”) a los caracteres decorativos esculpidos en los monumentos egipcios y de otros pueblos. En este último sentido, después se ha empleado para referirse a los sistemas de escritura con figuras de los hititas, cretenses y mayas, aunque esos sistemas no estén relacionados con el egipcio, ya que el único elemento que tienen en común es su condición de figurativo.
Los egipcios utilizaron la escritura jeroglífica desde que establecieron el sistema, en torno al 3000 aC, hasta la época del Imperio romano; las últimas inscripciones halladas están fechadas en el año 394. El número de signos, así como su forma, permaneció prácticamente constante hasta el periodo grecorromano (332 aC), cuando aumentó mucho el número de signos utilizados, debido a la influencia de la cultura grecorromana (que introdujo nuevos términos de dioses, instituciones, técnicas, conceptos espirituales...).
Incluso cuando en el primer milenio aC las formas cursivas dominaban claramente en la administración, la grafía jeroglífica, a pesar de ser mucho más elaborada que la demótica o la hierática, se siguió grabando en las inscripciones de los monumentos con fines ornamentales y testimoniales. Fue su carácter figurativo y ornamental lo que impulsó a los egipcios a considerarla como parte de la decoración de sus obras arquitectónicas.

Los símbolos jeroglíficos: ideogramas y fonogramas.
Las inscripciones jeroglíficas egipcias contienen dos clases de símbolos: los ideogramas y los fonogramas.
Los ideogramas representan, bien el objeto concreto que se graba, bien algo muy relacionado con él; por ejemplo, la figura de un sol puede significar “sol” o “día”.
Los fonogramas o símbolos fonéticos se emplean únicamente por su valor fonético y no tiene otra relación con la palabra que representa.
El principio en el que se asienta un jeroglífico consiste en que la figura de un objeto sirve para representar no sólo el objeto, sino también una palabra que contenga su nombre, aunque signifique otra cosa; así se consigue escribir nombres propios, ideas abstractas y elementos gramaticales que por sí mismos no tendrían representación gráfica. Los fonogramas debieron representar una consonante, o una combinación de dos o tres, en un orden determinado, mientras que las vocales no se representaban. Un signo podía servir de ideograma de una palabra y de fonograma de otra. Muchas palabras se escribieron gracias a una combinación de signos fonéticos e ideográficos; la figura del suelo de una casa significa “casa”, pero el mismo signo seguido de un complemento fonético y la figura de unas piernas que andan, se usaba para escribir un verbo homófono que significaba “salir”. Los ideogramas escritos al final de una palabra indicaban la categoría a la que pertenece la palabra, y se les ha llamado determinativos porque así se fijaba su significado (que no siempre se aclaraba dentro del contexto). La representación de un rollo de papiro, usada con valor determinativo, indica que se trata de un significado abstracto.

Disposición de las inscripciones jeroglíficas.
Las inscripciones podían realizarse vertical y horizontalmente y, por lo general, se escribía de derecha a izquierda. La dirección se fijaba por un signo aislado que se colocaba al comienzo. Las inscripciones se componían de nombres, verbos, preposiciones y las demás partes de la oración que seguían el orden de las reglas gramaticales. Las palabras que se escribían con signos aislados se agrupaban y se evitaban los espacios en blanco. Las que se referían al rey y a los dioses se desplazaban y se colocaban aparte. Los dos nombres que habitualmente designaban al rey se inscribían dentro de unas cartelas o anillos reales, que eran representaciones estilizadas de lazadas de cuerda doble cuyos extremos se anudaban en la parte de abajo.

Desarrollo de las formas cursivas: hierática y demótica.
Junto a la escritura jeroglífica, los egipcios, ya en los tiempos del Imperio antiguo, habían creado otra forma de escritura, la hierática, más rápida, que, dado el volumen de los escritos, sustituía la formas jeroglíficas y se hacía con una especie de lápices de punta roma que se mojaban en un tinte; se escribía sobre papiro. Los griegos la llamaron hierática (del griego, “sacerdotal”) porque en el siglo VII aC estuvo limitada a los textos sagrados.
Cuando la hierática se empleó para otros textos y bajo una forma más ligada se la llamó demótica (del griego “popular”), último estadio en cursiva de la escritura jeroglífica egipcia, que se empleó para escribir textos administrativos y literarios desde el siglo VII al V aC y que se convirtió así en la forma generalizada hasta la época helenística, en la que sufrió la creciente competencia del griego. En tiempos del fararón Ptolomeo I (330-304 aC) los caracteres griegos sustituyeron a los demóticos en la administración, subsistiendo el demótico sólo en la literatura y la religión. Prueba de ello es que la piedra de Rosetta estaba grabada en dos formas de escritura, la jeroglífica y la demótica, así como una traducción en griego. Luego llegó el influjo del latín, que aminoró desde el s. II dC. Finalmente, el griego marginó la escritura demótica y desde el 450 dC la sustituyó la escritura copta, una derivación del alfabeto griego, aunque con influencias demóticas.

El descubrimiento del significado de los jeroglíficos.
Los romanos habían creído que los jeroglíficos tenían carácter simbólico y alegórico, pero no fonético; esta teoría se transmitió durante el Renacimiento. Se empezó a sospechar otra cosa a principios del s. XIX, tras el hallazgo de la piedra de Rosetta en 1799.


La piedra de Rosetta fue la clave para descifrar la escritura egipcia.

La Piedra de Rosetta es una estela de basalto negro, al parecer parte de un pilar antiguo, en la que figura la inscripción de un edicto en honor de Ptolomeo V (grabado en 196 aC), por haber sufragado las reparaciones de los templos. Está escrito en dos idiomas, griego y egipcio, éste bajo dos formas de escritura: la jeroglífica y la demótica, por lo que fue la clave para que se descifraran los jeroglíficos egipcios y sobre la que se cimenta la moderna egiptología. La encontró en 1799 un soldado que iba en el ejército de Napoleón durante la campaña de Egipto, cuando procedía a realizar trabajos de fortificación de las tropas francesas cerca de la ciudad de Rosetta, puerto en el brazo oeste del Nilo, cerca de la ciudad de Alejandría; en la actualidad se encuentra en el Museo Británico de Londres.
El diplomático sueco Johan David Åkerblad apenas consiguió identificar algunos signos fonéticos pertenecientes a la versión en cursiva, pero ya supuso un progreso; después el médico británico, también egiptólogo, Thomas Young consiguió identificar unos cuantos nombres propios.
Pero el contenido no se descifró hasta la aparición de Champollion.
Jean François Champollion (1790-1832) fue un filólogo y egiptólogo francés, creador de la egiptología como disciplina contemporánea. A la edad de dieciséis años ya dominaba seis lenguas orientales; tres años después conseguía una plaza como profesor en el instituto de Grenoble. En el año 1821 empezó a descifrar los jeroglíficos egipcios de la piedra de Rosetta, trabajando en los caracteres jeroglíficos y hieráticos, con lo que proporcionó la clave para comprender el antiguo egipcio. En 1826 fue nombrado conservador oficial de la colección egipcia del Museo de Louvre y dos años más tarde, junto al arqueólogo italiano Hipólito Rosellini, dirigió una nueva expedición científica a Egipto. A su vuelta, hacia el 1831, el Collège de France le creó la cátedra de Arqueología egipcia y fue nombrado además miembro de la Academie Française. Su mayor hallazgo consistió en descifrar la escritura jeroglífica de la piedra de Rosetta, lo que le condujo a redactar la gramática y el diccionario del antiguo egipcio. Entre sus obras hay que destacar Manual de la escritura jeroglífica (1824), Gramática egipcia (1835-1841) y Diccionario (1842-1843). Estas dos últimas obras se publicaron después de su muerte.
Champollion culminó su trabajo de comparar las grafías jeroglífica y demótica con la grafía griega., iniciado en 1821, y descubrió que los dos tipos de escritura egipcia eran representaciones fonéticas.

Los cartuchos con los nombres faraónicos.

En un primer momento descifró los nombres de varios reyes escritos en caracteres jeroglíficos, al darse cuenta de que en los textos jeroglíficos figuraban dos cartuchos que encerraban los nombres de los soberanos, el de Cleopatra y el de Ptolomeo. Basándose en los mismos nombres escritos en caracteres demóticos y lo confirmó con los nombres enmarcados en las cartelas de la piedra de Rosetta y de otros monumentos ptolomeicos. Después de descifrar el nombre de los gobernadores grecorromanos, proporcionó el valor fonético correspondiente a cada signo, cuando lo combinó con su equivalencia en copto, última etapa de la lengua del antiguo Egipto que él conocía. Esto le permitió descifrar los nombres más antiguos. En 1822 concluyó la traducción del texto, y a partir de entonces avanzó rápidamente en la redacción de un diccionario y una gramática.
Gracias a este avance, en los decenios siguientes la egiptología se desarrolló extraordinariamente, con figuras señeras como Maspéro, Lepsius, Ermann, Rosellini o Gardiner. El demótico fue descifrado casi enteramente por Brugsch, Spiegelberg y Griffith. En la actualidad, sin embargo, hay muchos textos cuya traducción es dudosa, porque en el Antiguo Egipto muchas frases llevan sobreentendidos, que entonces eran inmediatamente comprensibles, pero que hoy se nos escapan. En este sentido es ilustrativo que como muchos textos antiguos se refieren a la esposa como la propia “hermana” esto haya sido traducido como que casarse entre hermanos era una costumbre matrimonial usual en todas las clases sociales, cuando en realidad sólo significa “hermana del corazón” o “amada”, y esa costumbre sólo se daba entre los faraones.

4.- EL INICIO DE LA ESCRITURA ALFABÉTICA.
El origen del alfabeto.
Lo que distingue a los sistemas de escritura anteriores —de carácter pictográfico, ideográfico o más comúnmente de una combinación de ambos— de un silabario o de un alfabeto es que el signo deja de representar un objeto o una idea y pasa a representar un sonido.
Normalmente, el sonido es el sonido inicial de la palabra hablada indicada por el pictograma original. Así en el semítico temprano, un pictograma que representaba una casa, pasó a ser la escritura de la b, primera letra de la palabra beth que en este idioma es como se decía casa. El símbolo primero significó casa, luego la idea del sonido b y más tarde es la letra b, tal y como ha llegado al alfabeto español.
Este proceso se realizó de un modo que nos resulta en gran medida desconocido, a partir del 1500 aC, cuando los pueblos semíticos que vivían en Siria y Palestina tomaron el silabario egipcio bajo la forma más sencilla y reducida (esto es, los signos de consonante más cualquier vocal), y abandonaron sus ideogramas y su silabario complejo. Este nuevo silabario estaba prácticamente hecho, porque los egipcios nunca escribieron vocales.
Hasta 1999 los primeros documentos de escritura semialfabética que se habían encontrado eran las inscripciones cananeas conocidas por protosinaíticas, fechadas en torno al 1500 aC.
En 1999 se encontraron dos inscripciones en grafitos sobre muros de piedra caliza, con una escritura alfabética todavía más anterior, ca. 1900-1800 aC. Su localización es Wadi el Hol, en el desierto egipcio entre Tebas y Abydos, donde guarniciones de mercenarios cananeos habrían desarrollado un sistema de escritura y contabilidad, influido por la escritura semicursiva egipcia. Los descubridores son el matrimonio de egiptólogos norteamericanos, John y Deborah Coleman, de la universidad de Yale. [Antón, Jacinto. Descubierto en Egipto el ejemplo más antiguo de escritura alfabética. “El País” (16-XI-1999) 42.]
Otro sistema de escritura parecido data del 1300 aC, y se ha encontrado en la costa norte de la actual Siria, en Ugarit, pero en este caso los caracteres de la escritura eran unas cuñas como las de la escritura cuneiforme de Mesopotamia. En toda la zona fenicio-siria se escribía de forma parecida y fueron los griegos quienes tomaron su escritura de los fenicios.

Alfabeto del semítico septentrional.
Por lo general se admite que es el primer alfabeto que se conoce y surgió en lo que hoy es Siria y Palestina entre el 1700 aC y el 1500 aC. Se le denomina semítico septentrional y aparece como una combinación de los símbolos cuneiformes y jeroglíficos; algunos signos podrían proceder de otros sistemas emparentados con ellos como la escritura cretense e hitita. El alfabeto semítico sólo tenía 22 consonantes. Los sonidos de las vocales había que sobreentenderlos porque estaban predeterminados.
Los alfabetos hebreo, árabe y fenicio tienen este origen y en la actualidad tanto el alfabeto hebreo, que posee 22 caracteres, como el árabe, que posee 28, están basados en este modelo, por lo que carecen de representación para sus vocales, que se pueden indicar por medio de unos puntos y rayas que se colocan encima, debajo o junto a la consonante. La escritura se realiza de derecha a izquierda.
Muchos estudios llegan a la conclusión de que en torno al año 1000 aC habían aparecido cuatro ramas derivadas del alfabeto semítico septentrional: la escritura semítica meridional, la cananea, la aramea y la griega. Sin embargo, otros estudios establecen que la escritura semítica meridional y la septentrional tienen un origen común, antecedente de las dos. El semítico meridional ha sido el antecedente de los alfabetos de las lenguas ya desaparecidas que se hablaron en la península de Arabia, y de las actuales lenguas de Etiopía. La escritura cananea se escindió en dos tipos y dio lugar a la escritura más antigua del hebreo y el fenicio, mientras la escritura aramea tuvo una enorme importancia porque sirvió de base a otros alfabetos semíticos y no semíticos que utilizaron las lenguas de Asia occidental. El grupo no semítico ha servido para la aparición de los alfabetos de todas las lenguas de la India; en tanto que del alfabeto semítico procede el alfabeto hebreo de caracteres rectangulares, que sustituyó al antiguo y se convirtió en el prototipo de la escritura hebrea moderna.

La aparición de los alfabetos griego y romano
Entre los años 1000 y 900 aC los griegos adoptaron la variante fenicia del alfabeto semítico y a sus 22 consonantes añadieron dos signos (en algunos dialectos varios signos más), sin contar unos caracteres con los que representaron las vocales. Así, los griegos dieron el último paso, pues separaron vocales de consonantes y las escribieron por separado; así se llegó a la escritura alfabética en torno al 800 aC. Empero, todavía no se había alcanzado una escritura alfabética tal y como se ha descrito al definirla como un sistema completo. Este logro tardó todavía unos siglos más en desarrollarse totalmente.
Después del año 500 aC el griego ya se escribía de izquierda a derecha y había desarrollado extraordinariamente su gramática y su léxico.
Su alfabeto se difundió por todo el mundo mediterráneo y de él surgen otras escrituras como la etrusca, osca, umbra y romana. Como consecuencia de las conquistas del pueblo romano y de la difusión del latín, su alfabeto se convirtió en el básico de todas las lenguas europeas occidentales.

FUENTES.
Internet.
Enciclopedia Encarta. Microsoft. 1997. Ha sido una referencia básica, por su didactismo y relativa brevedad.

Documentales.
Egiptomanía. Planeta Agostini. 1998. 13 vs. v. 7. La época de las pirámides44”. Leclant sobre la religión; Posener sobre papiros y escritura.

Libros.
AA.VV. Unesco. Historia de la Humanidad. Planeta. Barcelona. 1977 (1963 francés). 12 vs.
AA.VV. El misterio de las grandes civilizaciones desaparecidas. Selecciones del Reader”s Digest. Madrid. 1981. 319 pp. Civilizaciones como Catal Hüyük, Mari, Petra, Pompeya... Además hay artículos generales sobre escritura, técnica....
Chadwick, John. El enigma micénico. Taurus. Madrid. 1962 (1958 inglés). 196 pp.
Cotterell, Arthur (ed.). Historia de las Civilizaciones Antiguas. Crítica. Barcelo­na. 1984 (1980 inglés). I. Egipto, Oriente Próximo. 414 pp. Culican, William. La evolución del alfabeto (370-377).
Eggebrecht, Arne (dir.). El antiguo Egipto. Plaza & Janés. Barcelona. 1984 (alemán). 479 pp.
Klíma, Josef. Sociedad y Cultura en la Antigua Mesopotamia. Akal. Madrid. 1980 (1961 checo). 318 pp.
Redman, Charles L. Los orígenes de la civilización. Desde los primeros agricultores hasta la sociedad urbana del Próximo Oriente. Crítica. Barcelona. 1990 (1978). 445 pp.
Renfrew, Colin. Arqueología y lenguaje. La cuestión de los orígenes indoeuropeos. Crítica. Barcelona. 1990 (1987 inglés). 268 pp.
Wallis Budge, E.A. Egyptian language. Dover Publ. Nueva York. 1985 (1910). 246 pp.

Artículos.
AA.VV. Dossier L”Antic Egipte. “L”Avenç”, 227 (julio-agosto 1998) 14-71. Artículos didácticos generales de historia, historia del arte, lengua jeroglífica, bibliografía, etc.
Antón, Jacinto. Descubierto en Egipto el ejemplo más antiguo de escritura alfabética. “El País” (16-XI-1999) 42.

APÉNDICE: LA ESCRITURA.
*Este apéndice es una paráfrasis casi entera de la Enciclopedia Encarta.

Una definición.
La escritura es el método de intercomunicación humana que se realiza por medio de signos visuales que constituyen un sistema. Un sistema de escritura puede ser completo o incompleto; es completo el que puede expresar sin ambigüedad todo lo que puede manifestar y decir una lengua determinada.

Sistemas incompletos.
Los sistemas incompletos se usan para anotaciones, o son mecanismos nemotécnicos que recuerdan hechos significativos o expresan significaciones generales. Estos sistemas, que también reciben el nombre de subescrituras, incluyen la escritura pictórica (o pictografía), la ideográfica y la que usa objetos marcados y no marcados, como mecanismos nemotécnicos. Estos sistemas se caracterizan por una gran ambigüedad, dado que no existe correspondencia entre los signos gráficos y la lengua que tratan de representar. La finalidad de un pictograma, un ideograma o un objeto es la de traer a la mente una imagen o una sensación que antes se ha expresado por medio del lenguaje. Éste y no otro era el procedimiento que seguía la escritura pictórica de algunos pueblos indígenas norteamericanos antes de la colonización, donde cualquiera puede leer aunque no conozca la lengua. De todas maneras, si se trata de interpretar la escritura de un sistema incompleto sin tener conocimiento previo de esa cultura, se corre el peligro de no comprender íntegramente su significado, o de realizar una interpretación errónea. Los pictogramas son los sistemas de escritura más primitivos.

Sistemas completos.
Un sistema completo es aquél que es capaz de expresar en la escritura todo cuanto formule su lengua. Se caracterizan por una correspondencia más o menos estable entre los signos gráficos y los elementos de la lengua que transcriba. Tales elementos pueden ser palabras, sílabas o fonemas (unidad mínima de una lengua que distingue una realización de otra). Así pues, estos sistemas se clasifican en ideográficos (también llamados morfemáticos), silábicos y alfabéticos. Dado que cada signo gráfico representa un elemento de la lengua, hace falta conocer esa lengua para comprender el significado de lo que escribió su autor. Ahora bien, eso no significa que un sistema de escritura esté ligado únicamente a una sola lengua; de hecho, son fácilmente transferibles de una lengua a otra. Lo único que significa es que, a diferencia del pictográfico, ningún sistema completo puede leerse si el lector no comprende la lengua que allí está representada.

Sistemas ideográficos o morfemáticos.
Los sistemas ideográficos o morfemáticos se caracterizan porque sus signos, que se llaman ideogramas, representan palabras completas. En algunas ocasiones los signos representan toda una serie de palabras derivadas, y en otras un solo signo representa varias palabras separadas y distintas. En un sistema ideográfico puro estas ambigüedades quedan sin resolver. Sin embargo, para resolverlas existen unos signos determinados que aseguran la lectura correcta. Esos signos se usan como indicadores fonéticos y semánticos, y se suelen llamar complementos fonéticos y determinativos. Los determinativos son los que indican la clase o la categoría gramatical a la que pertenece la palabra que representa el ideograma. Los determinativos son también ideogramas, pero no se leen, sino que sirven para expresar una clase semántica, como dioses, países, pájaros, peces, verbos de acción, verbos que significan proceso, objetos de madera, de piedra, y así sucesivamente.
Los complementos fonéticos tienen un uso parecido, pero muestran de forma más específica cómo se pronuncia toda o parte de la palabra que representa el ideograma. Por ejemplo, dentro de la escritura del español, el ideograma 2 se lee dos. Sin embargo, cuando se escribe el ordinal, hay que añadir el complemento fonético º y el ideograma más el complemento 2º, se lee segundo, si el complemento fonético se combina con el determinativo que expresa femenino ª, el logograma se transforma en 2ª y se lee segunda. En este ejemplo se emplean los signos con una finalidad fonética (y no ideográfica). En otras palabras, el signo º funciona no para traer a la mente una idea y la palabra con la que se asocie, sino que trae a la mente un sonido que forma parte de la palabra representada por el ideograma completo.
Los indicadores fonéticos surgen a partir de unos ideogramas que tuvieron el mismo significado que el sonido que representan. A este procedimiento se le llama transferencia fonética. Los indicadores fonéticos tampoco se leen, sólo sirven para facilitar la lectura de los ideogramas básicos.
Se ha visto hasta aquí un sistema en el que los elementos de una lengua se representan únicamente por medio de los ideogramas. Ahora bien, esta escritura resulta adecuada para muchos nombres y verbos simples y primitivos, pero no para los adjetivos y los adverbios que suelen ser palabras derivadas, ni tampoco para los pronombres o los nombres propios, y mucho menos puede representar los matices que añaden las terminaciones de caso o de la conjugación verbal. Por lo tanto, según lo que se definió anteriormente, no es un sistema de escritura completo ya que no transcribe todo lo que expresa su lengua.
En resumen, si no cumple con este requisito, un sistema ideográfico no será completo, por mucho uso que haga de los indicadores semánticos y fonéticos.

Sistemas silábicos.
Para superar las deficiencias de la escritura ideográfica, se empleaba el principio de transferencia fonética. Cuando se utilizan signos que representan sonidos, sílabas en este caso, se pueden escribir todas las palabras que no era posible hacerlo con la escritura ideográfica. Además, cuando se añaden los signos silábicos a las raíces, es posible representar morfemas, es decir las terminaciones de caso o las de la conjugación verbal. Hay que destacar que deben leerse e interpretarse porque son elementos de la lengua escrita, frente a los indicadores fonéticos.
Un sistema mixto, el ideosilábico, es el primer paso para uno completo. Una vez alcanzada la capacidad para expresarlo todo, el problema se plantea ante la disyuntiva de reducir la ambigüedad o hacer más económico el sistema de escritura (número de signos necesarios para escribir cualquier realización). El problema reside en que se requiere un elevado número de signos, porque el número de palabras que tiene una lengua es también elevado. El segundo paso consiste en reducir el número de signos imprescindibles y eso se puede conseguir si se agrupan en uno sólo todas las palabras de significado parecido, o en emplear el mismo signo para palabras distintas, pero aun así, este sistema necesita unos quinientos o seiscientos signos. Además, la ambigüedad es mucha, a menos que se empleen indicadores, lo que significa sacrificar su ventaja principal, que consiste en tener menos signos por cada realización. Por otro lado, el número de signos que precisa un sistema silábico puro pocas veces supera los doscientos. Frente a la escritura ideográfica, la silábica ofrece una ventaja adicional, no hay que interpretarla puesto que las palabras se escriben sin ambigüedad fonética. La desventaja consiste en que de promedio, el sistema necesita más signos para escribir cada realización. En su forma más sencilla, un sistema silábico está formado por signos de vocal más consonante y signos para las vocales aisladas.
El siguiente paso consiste en reducir la lista de sílabas a signos que representen sólo consonante más vocal, sin diferenciar las vocales. Así se equipara el número de signos al número de sonidos consonánticos de la lengua, pero se aumenta la ambigüedad, porque el lector debe suplir el sonido vocálico correcto. Dado que se trata de escribir sílabas, los signos necesarios para escribir cada realización son tantos como los de la escritura silábica pura, que además expresa cada una de las vocales. El sistema silábico reducido necesita muchos menos signos y cada uno puede ser más sencillo. Sin embargo, mucha gente considera que esta forma de escribir es un sistema alfabético, o más adecuadamente semialfabético, puesto que no indica cada fonema aislado.

Sistemas alfabéticos.
El último paso hacia una escritura completamente alfabética consiste en escribir por separado los sonidos vocálicos de los consonánticos, lo que precisa de unos cuantos signos más, pero elimina la ambigüedad de tener que suplir las vocales al leer. Por tanto hay más signos para escribir cada realización, aunque el sistema completo necesite menos signos y más sencillos. Puesto que cada uno representa un fonema, la palabra así escrita es su transcripción fonética y no hay que sustituir ningún sonido al leerla.
Estos sistemas trazan la teoría y los procedimientos de escritura, pero hoy por hoy no existen sistemas de escritura que sean una forma pura. Existen elementos de uno y otro tipo incorporados a alguna de las formas que conocemos; un ejemplo de ello es el número de logogramas que son necesarios en los modernos sistemas alfabéticos.

APÉNDICE: EL ALFABETO.
Una definición de alfabeto.
El alfabeto (palabra de origen griego formada a partir de alpha y beta, nombre de las dos primeras letras de su abecedario) se define como una serie de signos escritos que cada uno representa un sonido o más de uno que se combinan para formar todas las palabras posibles de una lengua dada.
El alfabeto trata de representar cada sonido por medio de un solo signo, lo que se consigue pocas veces, excepción hecha del coreano (que es el más perfecto) y, en menor grado, de los silabarios japoneses. Casi todos los alfabetos poseen entre veinte y treinta signos, aunque el rokotas, de las islas Salomón, sólo contiene once letras, mientras que el kmer, de Camboya, cuenta nada menos que con setenta y cuatro letras.

La distinción de los alfabetos respecto a silabarios, pictogramas e ideogramas.
Los alfabetos son algo distinto a los silabarios, pictogramas e ideogramas.
En un silabario un solo signo representa una sílaba (secuencia de fonemas, entre dos y cuatro, que se emiten sin pausa). Por ejemplo, el japonés posee dos silabarios completos — el hiragana y el katakana— inventados para complementar los caracteres que poseían de origen chino.
Un sistema pictográfico representa por medio de dibujos los objetos que así lo permiten, por ejemplo, el dibujo de un sol significa la palabra sol.
Un sistema ideográfico emplea la combinación de varios pictogramas para representar lo que no se puede dibujar, como las ideas y los verbos de significación abstracta. Así si se combinan los pictogramas chinos sol y árbol representan la palabra del punto cardinal Este.
Los primeros sistemas de escritura son de carácter pictográfico, ideográfico o una combinación de los dos; entre éstos están la escritura cuneiforme de los babilonios y los asirios, la escritura jeroglífica de los egipcios, los símbolos de la escritura china, japonesa y los pictogramas de los mayas. Lo que distingue a estos sistemas de un silabario o de un alfabeto es que el signo deja de representar un objeto o una idea y pasa a representar un sonido.
Normalmente, el sonido es el sonido inicial de la palabra hablada indicada por el pictograma original. Así en el semítico temprano, un pictograma que representaba una casa, pasó a ser la escritura de la b, primera letra de la palabra beth que en este idioma es como se decía casa. El símbolo primero significó casa, luego la idea del sonido b y más tarde es la letra b, tal y como ha llegado al alfabeto español.

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