OP UD 49. ESPAÑA: LA SEGUNDA REPÚBLICA
Y LA GUERRA CIVIL.
INTRODUCCIÓN.
1. LA CAÍDA DE LA MONARQUÍA
(1930-1931).
El fin de la Dictadura
de Primo de Rivera.
Los gobiernos de
transición.
Las elecciones municipales
de abril de 1931 y la crisis.
2. EL INICIO DE LA SEGUNDA
REPÚBLICA.
2.1. EL GOBIERNO PROVISIONAL.
La composición del
Gobierno.
La posición militar.
Las elecciones generales.
2.2. CONSTITUCIÓN DE
1931.
3. LOS PARTIDOS, GRUPOS
Y SECTORES POLÍTICOS (1931-1939).
3.1. LOS PRORREPUBLICANOS.
Los socialistas.
Los comunistas.
Los anarquistas.
Los republicanos.
Los radicales.
Los autonomistas.
3.2. LOS ANTIRREPUBLICANOS.
Los militares.
Los eclesiásticos.
Los monárquicos alfonsinos.
Los monárquicos carlistas
(tradicionalistas).
La CEDA.
La Falange.
4. LOS PROBLEMAS Y LAS
REFORMAS DE LA REPÚBLICA.
LA CRISIS ECONÓMICO-SOCIAL.
El impacto de la
Gran Depresión.
Los sectores económicos.
La situación social
en las ciudades.
EL PROBLEMA AGRARIO.
La situación agraria.
La ley de reforma
agraria (1932).
El fracaso de la
reforma.
La conflictividad
agraria.
El fracaso de la
reforma moderada de Giménez Fernández.
EL PROBLEMA DEL NACIONALISMO/REGIONALISM0.
Cataluña.
El País Vasco.
Galicia.
EL PROBLEMA RELIGIOSO.
EL PROBLEMA MILITAR.
EL PROBLEMA DE LA EDUCACIÓN.
5. EVOLUCIÓN POLÍTICA
DE LA REPÚBLICA.
5.1. BIENIO SOCIAL-AZAÑISTA
(1931-1933).
5.2. BIENIO RADICAL-CEDISTA
(1933-1936).
Revolución de
Octubre (1934).
La reacción conservadora.
5.3. FRENTE POPULAR
(1936).
La victoria del
Frente Popular.
El gobierno de izquierdas.
La creciente tensión
política.
6. LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA.
6.1. EL ALZAMIENTO.
La conspiración militar.
El principio de
la guerra.
Los bandos ‘nacional’
y republicano.
La represión.
6.2. EL DESARROLLO DEL
CONFLICTO.
OPERACIONES PARA LOS
ENLACES DE LA ZONA NACIONAL (1936).
La estrategia inicial.
El paso del Estrecho
(julio-agosto 1936).
La marcha a Madrid
(agosto-noviembre 1936).
BATALLAS PARA TOMAR
MADRID (1936-1937).
La batalla de Madrid
(noviembre 1936-enero 1937).
La batalla de Málaga
(enero-febrero 1937).
La batalla del Jarama
(febrero 1937).
La batalla de Guadalajara
(marzo 1937).
LA CAMPAÑA DEL NORTE
(1937).
Campaña del Norte
(marzo-octubre 1937).
LAS BATALLAS DE ARAGÓN
(1938).
La campaña de Aragón
(diciembre 1937-abril 1938).
La campaña de Levante
(abril-julio 1938).
La batalla del Ebro
(25 julio-15 noviembre 1938).
LA CAÍDA DE CATALUÑA
(1939).
La campaña de Cataluña
(diciembre 1938-enero 1939).
EL FIN DE LA GUERRA
(1939).
La caída del resto
del territorio republicano.
6.3. LA ESPAÑA NACIONAL
Y LA REPUBLICANA.
La España ‘nacional’.
La España republicana.
6.4. IMPLICACIONES
INTERNACIONALES.
Brigadas Internacionales.
EE UU, Gran Bretaña
y Francia.
URSS.
Alemania, Italia
y Portugal.
6.5. LAS CONSECUENCIAS
DE LA GUERRA.
Las pérdidas humanas.
El exilio.
Las pérdidas materiales.
APÉNDICE: TEXTO DE COMENTARIO SOBRE LA
DEPRESIÓN ECONÓMICA DURANTE LA SEGUNDA REPÚBLICA.
APÉNDICE. TEXTO DE COMENTARIO SOBRE
LAS VÍCTIMAS DE LA GUERRA.
INTRODUCCIÓN.
En esta
Unidad Didáctica (UD) se debería partir de un conocimiento suficiente del largo periodo
(1874-1931) que comprende la Restauración y la Dictadura de Primo de Rivera, para
resaltar la profunda continuidad de su problemática con respecto a la del periodo
1931-1939.
Las implicaciones políticas
de la UD suponen un factor de subjetividad en el historiador que el alumno debe
valorar. Esto afecta a muchos puntos, sobre todo a la consideración de las causas
históricas y a la legitimación de los bandos en lucha. También a los conceptos.
Por ejemplo, es problemático el término referente a las fuerzas de Franco, autodenominadas
“nacionales” mientras que los republicanos las llamaban “rebeldes”, y aunque ambos
términos son válidos si aquí usamos ‘nacional’ es por ser el más difundido en
la historiografía y no por preferencia personal.
Resumen.
La época de la II República
y la Guerra Civil, entre 1931 y 1939, es una coyuntura fundamental en la historia
contemporánea española, pues cierra un largo y conflictivo periodo básicamente
democrático a pesar de sus graves carencias, con la salvedad de la Dictadura de
Primo de Rivera, e inicia la larga dictadura del franquismo. Será uno de los grandes
procesos históricos del siglo XX, que alcanzó categoría de mito universal, porque
en la Guerra Civil comenzó realmente el gran conflicto de la Segunda Guerra Mundial
entre las fuerzas del fascismo y de la democracia.
La causa lejana del
fracaso de la República y del estallido de la Guerra Civil era la debilidad del
Estado liberal español y del proyecto nacional español, que se manifestó en la inestabilidad
de la Restauración y en especial en la dictadura de Primo de Rivera, que Raymond
Carr considera el hecho más determinante de todo el siglo XX español, porque sin
ella no se hubiera producido la República y sin esta la Guerra Civil. [Fusi,
Juan Pablo; Palafox, Jordi. España: el desafío de la modernidad. “El
País” (14-XI-1997) 15.]
El desprestigio de
la monarquía borbónica por su colaboración con la dictadura abocó a su caída cuando
las fuerzas republicanas vencieron en las elecciones municipales. El rey, perdido
el apoyo militar, se exilió mientras se proclamaba la República el 14 de abril
de 1931, que nació en medio de un gran entusiasmo popular aunque pronto se desvaneció.
Las causas más cercanas
de la inestabilidad política y social de la II República fueron: la incapacidad
de los partidos y grupos para pactar un programa asumible por una mayoría del
país, estando además divididos internamente entre moderados y extremistas (que
dominaron finalmente); la crisis económica de los años 30, que impidió la necesaria
estabilidad de la vida económica y social; la presencia como gran factor político
de un ejército soliviantado por las amenazas a su ideología nacionalista y
conservadora y por las reformas que afectaban a su estatus social.
La Guerra Civil fue una
consecuencia del fracaso de las fuerzas políticas españolas durante la República
para consensuar las reformas que el país necesitaba. Al ser impuestas o anuladas
las reformas con cada cambio electoral la solución bélica se abrió paso como la
solución definitiva al enfrentamiento político y social.
El proceso histórico
de la II República se define por tres etapas: el Bienio social-azañista
(1931-1933), con grandes reformas; el Bienio radical-cedista (1933-1936), de reacción
conservadora y que sufre la revolución de octubre de 1934; y el gobierno del Frente
Popular (primera mitad de 1936), que enlaza con la Guerra Civil.
Después del triunfo
del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 el nuevo gobierno progresista
aceleró su programa de reformas, ganándose muchos enemigos en la derecha. Se sucedieron
los enfrentamientos en la calle, con bajas y asesinatos por ambos lados, como el
asesinato del diputado conservador Calvo Sotelo, y estos desmanes fueron aprovechados
por los golpistas para legitimar el alzamiento del 18 de julio de 1936.
1. LA CAÍDA DE LA MONARQUÍA
(1930-1931).
El fin de la Dictadura
de Primo de Rivera.
La Dictadura de Primo
de Rivera había fracasado en resolver los graves problemas de la Restauración,
de orden político, militar, regionalista, religioso y social, salvo el de la guerra
de Marruecos, al tiempo que comenzaba a llegar la crisis económica de la Gran Depresión
mundial. En esta situación el dictador perdió uno tras otro sus apoyos, y la monarquía,
demasiado comprometida con él, cayó poco después.
Los gobiernos de
transición.
La caída de Primo de
Rivera en enero de 1930, al perder la confianza de los militares y del rey, fue
seguida por los cortos gobiernos del general Berenguer (enero 1930-febrero
1931) y del almirante Aznar (19 febrero-14 abril 1931). Su misión era la restauración
del sistema parlamentario, que se pensó hacer por fases, comenzando por el nivel
municipal, pero se fracasó porque el rechazo popular al régimen era ya irresistible.
La economía entraba en una crisis galopante, con una devaluación de la peseta y
un creciente paro obrero, mientras que el ejército perdía su cohesión, como demostró
la sublevación republicana de Jaca.
Las fuerzas de la oposición,
nutrida por republicanos, socialistas, catalanistas de izquierda, sindicatos, etc.,
firmaron el Pacto de San Sebastián (VIII-1930) para pedir el cambio de régimen,
porque se pensaba que la monarquía estaba deslegitimada por su apoyo a la dictadura.
El primer movimiento revolucionario (XII-1930) fracasó y los dos capitanes, Galán
y García Hernández, sublevados en Jaca fueron fusilados, mientras sus dirigentes
políticos fueron encarcelados, y constituyeron en la cárcel un auténtico “gobierno
en la sombra”. Pero la represión popularizó aun más su causa y se extendieron las
huelgas obreras y las manifestaciones de estudiantes (III-1931). Las inmediatas
elecciones municipales se convirtieron así en un involuntario plebiscito sobre
la monarquía.
Las elecciones municipales
de abril de 1931 y la crisis.
Las elecciones municipales
(12 de abril de 1931) dieron el triunfo en las ciudades a la coalición republicano-socialista,
que de inmediato proclamó la República (14 de abril) en Madrid y Barcelona, donde
Macià proclamó la República catalana, y se lanzó un ultimátum al rey para que abdicara.
Entonces, los políticos monárquicos Romanones y Marañón, y los militares, aconsejaron
a Alfonso XIII que abandonase el país para evitar un conflicto civil, y el rey
se exilió, sin abdicar, rumbo a Marsella.
La Segunda República
nacía de un modo muy distinto al de la Primera en 1874. Ahora venía sostenida por
un amplio movimiento de la opinión pública y un gran consenso de la mayoría de
los dirigentes políticos.
2. EL INICIO DE LA SEGUNDA
REPÚBLICA.
2.1. EL GOBIERNO PROVISIONAL.
La composición del
Gobierno.
El primer gobierno republicano
fue presidido por Niceto Alcalá Zamora e integraba representantes de casi todas
las tendencias: derecha, centro, izquierda republicana y socialistas. Destacaban
el republicano Manuel Azaña en el ministerio de la Guerra, el socialista Fernando
de los Ríos en Educación y el conservador Miguel Maura en Gobernación.
La República pronto
se hizo con el poder efectivo en las provincias, impuso su mando sobre el ejército
y la Guardia Civil, convocó elecciones y enfrentó los primeros problemas de orden
público e intranquilidad social: amenazas de la derecha, carta del Cardenal Segura
(7-V), quemas de conventos (10-V), huelga de la CNT en Telefónica apoyada por una
huelga general en Sevilla (4-VII). Viendo que los extremistas de derecha e izquierda
comenzaban muy pronto a actuar se promulgó la Ley de defensa de la República.
La posición militar.
El general Sanjurjo,
director de la Guardia Civil y prestigioso líder para muchos militares, se puso
de lado de la República el mismo 14 de abril. El general Franco, en cambio, publicó
una carta en el “ABC” (21-IV-1931) declarando su lealtad “a quienes hasta ayer encarnaron
la representación de la nación en el régimen monárquico”. Mola fue detenido y enjuiciado
por sus servicios a la monarquía (absuelto, fue separado del ejército hasta
1934).
Las elecciones generales.
El principal cometido
del Gobierno fue la convocatoria de elecciones para constituir un Parlamento y
preparar una Constitución. Las elecciones (28-VI y 5-VII-1931) dieron el triunfo
a una coalición de izquierdas formada por republicanos y socialistas. Los republicanos
de diversas tendencias tenían 191 diputados, los socialistas 117, los agrarios
21, la Lliga 3 y los monárquicos 1 (Romanones).
2.2. CONSTITUCIÓN DE
1931.
En la discusión parlamentaria
de la Constitución hubo desde el principio dos grandes cuestiones polémicas: las
relaciones Iglesia-Estado y la autonomía de las regiones. Triunfaron las tesis anticlericales
a pesar de la oposición de los moderados, por lo que dimitieron Alcalá-Zamora
(que pasó el 9-XII a ser Presidente de la República) y Miguel Maura. Azaña pasó
a ser jefe del gobierno provisional (14-X-1931, continuando hasta 12-IX-1933).
Retrato de Manuel Azaña.
El 9 de diciembre se
proclamaba la Constitución, que defendía una democracia progresista: “España es
una república democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen
de libertad y de justicia. Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo.
La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los
municipios y de las regiones”.
- Los derechos de los
ciudadanos eran ampliamente defendidos: expresión (“Toda persona tiene derecho
a emitir libremente sus ideas y opiniones”), reunión, asociación, petición, libre
residencia y circulación, profesión, inviolabilidad de domicilio y correspondencia.
Se suprimía la nobleza como título jurídico. Se extendió el voto a la mujer, antes
que en Francia y muchos países europeos.
- El Presidente de
la República, con poder moderador, era elegido, para un mandato de seis años, por
dos grupos iguales de compromisarios, uno elegido por las Cortes y otro por
sufragio universal.
- Las Cortes quedaban
constituidas como un único Congreso de diputados, elegidos para cuatro años por
sufragio universal.
- El gobierno era responsable
ante el Parlamento.
3. LOS PARTIDOS, GRUPOS
Y SECTORES POLÍTICOS (1931-1939).
En los partidos y grupos
sociales enfrentados a lo largo de la República y más tarde en la Guerra Civil
podemos distinguir dos grandes bloques, los prorrepublicanos y los antirrepublicanos,
que no coinciden exactamente con la izquierda y la derecha, porque varios cambiaron
de posición o fueron de centro, como los radicales.
3.1. LOS PRORREPUBLICANOS.
Los socialistas.
Los socialistas del
Partido Socialista Obrero Español (PSOE), fueron siempre la fuerza mayoritaria en
la izquierda, gracias a su buena organización y su fuerza sindical (UGT). Estaba
dividido en facciones, sobre todo los moderados y los radicales, además de integrar
a los radical-socialistas y a otros grupos más minoritarios. Su progresivo extremismo
fue uno de los factores del fracaso republicano.
Sus máximos dirigentes
fueron:
- Del sector moderado:
Indalecio Prieto y Julián Besteiro.
- Del sector marxista
radical (hegemónico desde febrero de 1936): Francisco Largo Caballero, el secretario
general de la UGT, llamado el “Lenin español”, que fue primer ministro a principios
de la Guerra Civil; y Juan Negrín, primer ministro hasta el final de la guerra.
Retrato de Juan Negrín.
Los comunistas.
Los comunistas del Partido
Comunista de España (PCE), dirigido por José Díaz y Dolores Ibarruri la “Pasionaria”,
representaban al sector obrero de ideología marxista-leninista. Fueron muy minoritarios
durante la República y al principio de la Guerra Civil, aunque aumentaron mucho
en militancia y poder durante esta, gracias a su excelente organización y el apoyo
de la URSS.
Los anarquistas.
Los anarquistas eran
el sector más radicalizado, violento y apolítico. Encuadrados en dos organizaciones,
el sindicato Central Nacional de Trabajadores (CNT) y su brazo político la Federación
Anarquista Ibérica (FAI), así como en el pequeño Partido Sindicalista de Ángel
Pestaña (1933), fueron un soporte básico de la izquierda en las elecciones de
1931 y 1936, aunque entre medias su abstención en 1933 contribuyó a la derrota
progresista. En la Guerra Civil su fuerza fue mayoritaria en Cataluña y Aragón,
donde emprendieron una revolución social y realizaron una durísima represión contra
los burgueses.
Los republicanos.
Los republicanos se organizaron
en varios partidos, grupos reducidos de notables mal organizados y a menudo simples
alianzas de personalidades unidas por fines electorales. Destacaron:
La izquierdista Acción
Republicana era el partido de los intelectuales y profesionales liberales. Fue
dirigido por Manuel Azaña, abogado e intelectual de prestigio, reformista sincero,
ministro de Defensa, primer ministro en dos ocasiones (1931-1933 y 1936) y finalmente
presidente de la República (1936-1939). Se fusionó con el partido radical-socialista
de Marcelino Domingo y la Organización Republicana Gallega Autónoma (ORGA) de Casares
Quiroga, formando el partido de Izquierda Republicana (IV-1934), dirigido por Azaña.
El Partido Progresista
era un partido republicano de centro, fundado por Niceto Alcalá-Zamora, un rico
terrateniente y abogado católico andaluz, primer presidente de la República, a
pesar de que su partido consiguió sólo 6 diputados en 1931.
El centrista Partido
Republicano Conservador estaba dirigido por otro republicano moderado, Miquel
Maura.
Otros pequeños partidos
republicanos o que al menos aceptaban sinceramente la República por entonces fueron
el Partido Agrario, formado por agricultores de Castilla y León, y el Partido Liberal-Demócrata
de Melquiades Álvarez, con representantes del sector financiero. Ambos partidos
se alinearán después con el bando ‘nacional’.
Los radicales.
El Partido Radical
lo formaban republicanos de centro-derecha y era dirigido por Alejandro Lerroux,
muy populista, anticlerical y demagogo, tres veces primer ministro en 1933-1935
con el apoyo de la CEDA de Gil Robles. Este partido minoritario representaba los
intereses del sector republicano de la pequeña burguesía. Se desmoronó entre
1934, cuando se produjo la escisión izquierdista de Martínez Barrio, y 1935, cuando
estallaron los escándalos financieros de los casos Nonbela y del estraperlo, y entonces
la mayoría de sus miembros pasaron a otros partidos, en especial de la derecha,
y después apoyaron a Franco.
Los autonomistas.
Tenemos aquí a los representantes
de los partidos políticos nacionalistas y regionalistas de la periferia, que iban
desde la derecha a la izquierda, aunque todos ellos coincidían en pedir un Estado
federal.
- En Cataluña la Lliga
Regionalista, dirigida por Cambó, era un histórico partido de centro-derecha
que acabó por unirse al bando nacional. Más pequeño era el Partido Catalanista
Republicano, y el mayoritario era la reciente Esquerra Republicana, dirigida por
los sucesivos presidentes de la Generalitat, Francesc Macià y Lluís Companys.
- En el País Vasco y
Navarra dominaba el Partido Nacionalista Vasco, que evolucionó desde la derecha
afín al carlismo hasta el pacto con la izquierda para conseguir la autonomía para
sus dos regiones.
- En Galicia surgía
la Organización Regional Gallega Autónoma (ORGA), de Casares Quiroga, que se unió
a Azaña en Izquierda Republicana.
- En Andalucía destacaba
el grupo regionalista de Blas Infante.
- En Valencia había
varios partidos regionalistas.
3.2. LOS ANTIRREPUBLICANOS.
Los militares, los partidos
más conservadores y las organizaciones de carácter fascista que aparecen en el
lustro siguiente a 1931 se movilizan en estos años contra la República en defensa
de los privilegios del Ejército, la monarquía, la unidad territorial del país,
la propiedad de la tierra, la religión católica y la familia.
Los militares.
Los militares eran un
grupo heterogéneo: aproximadamente dividido en dos mitades, una a favor de la República,
pero sin una pasión desbordante (el general Sanjurjo), otra a favor de la monarquía
(el general Franco fue el más significado al principio). A lo largo del tiempo
creció el bando antirrepublicano, pero sin unanimidad: al inicio de la Guerra Civil
muchos generales de división mantuvieron su fidelidad a la República, mientras
que la mayoría de los generales de brigada y de los jefes se sublevaron.
Los eclesiásticos.
El clero era abrumadoramente
contrario a la República, cuyo carácter laico se manifestó en las leyes de divorcio
y de la enseñanza. Fue uno de los grupos sociales más atacados por la izquierda.
Los monárquicos alfonsinos.
Los monárquicos estaban
divididos en dos bandos, alfonsinos y carlistas. Los alfonsinos estaban divididos
a su vez en dos grupos:
- Acción Española, dirigido
por Ramiro de Maeztu.
- Renovación Española,
el más importante. Creado el 3 de mayo de 1934, lo encabezó José Calvo Sotelo,
ministro de la dictadura de Primo de Rivera, conservador y antidemócrata, líder
de la coalición de derechas Bloque Nacional Monárquico en 1936, que en su programa
apelaba al ejército como “columna vertebral de España” y propugnaba que “el poder
debe ser conquistado por cualquier medio”, aunque no es seguro que conspirara para
un golpe de estado. Su asesinato (13-VII-1936) legitimó el Alzamiento ante muchos
conservadores.
La importancia social
del monarquismo se evidenciará en que la mayoría de los altos militares y de las
clases propietarias luchó en el bando nacional pensando que lo hacía para la restauración
de la monarquía. Alfonso XIII mantuvo cordiales relaciones con Franco; el príncipe
Juan incluso se presentó voluntario, aunque Franco no lo aceptó en sus filas.
Los monárquicos carlistas
(tradicionalistas).
El partido carlista
se denominaba Comunión tradicionalista. De ideología clerical y foralista, defendía
una monarquía conservadora. Tenía una amplia presencia en todo el país y era hegemónico
en Navarra, donde se formaron los batallones de requetés que tanto apoyaron a Mola
en la guerra.
La CEDA.
La CEDA (Confederación
Española de Derechas Autónomas), organizada en 1933 por José María Gil Robles,
fue la mayor fuerza política parlamentaria de las derechas, con una amplia base
agraria, clerical y militar (Franco la votó), formada a partir de la unión de Acción
Popular (el partido cristiano de Gil Robles, con un programa de política social
católica inspirado por el cardenal Herrera Oria), la Derecha Regional Valenciana
(que defendía intereses agrarios conservadores) y otros partidos conservadores
de ámbito local. Por ello, no era un partido homogéneo (su ala más moderada, de
ideología social cristiana, con Manuel Giménez Fernández y Luis Lucia, era favorable
a ciertas reformas). La estrategia de Gil Robles en el Bienio radical-cedista parece
apuntar a que procuraba el desprestigio de las instituciones republicanas y el
desgaste de sus aliados radicales para preparar un golpe de estado fascista, según
un plan muy semejante al que había utilizado Hitler. En los actos se proclamaba
“Queremos todo el poder para el jefe y una constitución que abra los cauces de un
Estado nuevo”, mientras que las Juventudes de Acción Popular (JAP), adoptaron
la organización y los lemas del fascismo y organizaron actos en lugares de
significación histórica en los que aclamaban a Gil-Robles al grito de (jefe!
Pero la CEDA no cumplió
sus propósitos y ella misma quedó desprestigiada junto a los radicales y derrotada
en las elecciones de 1936, acabó por unirse se unió al bando nacional, por orden
de Gil Robles, quien no consiguió empero que Franco le diera poder alguno. En cambio,
algunos cedistas como Serrano Suñer, cuñado de Franco, sí alcanzaron cargos importantes.
La Falange.
La Falange Española,
fundada el 29 de octubre de 1933 por José Antonio Primo de Rivera. Este publicó
su primer artículo en la revista “El Fascio”
(16-III-1932). En los años siguientes fue englobando a diferentes movimientos fascistas.
El 13-15 de febrero de 1934 se fusionó con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista
en FE de las JONS, con un triunvirato hasta septiembre formado por Primo de Rivera
(en octubre de 1934 jefe único, según el modelo fascista), Ledesma Ramos y Ruiz
de Alda. Sus “27 puntos de las FE de las JONS”, redactados por Ledesma en noviembre
de 1935 tenían un carácter izquierdista en algunos puntos y provocaron una seria
crisis interna, al alejarse los más conservadores y los financieros de derechas,
por lo que expulsado Ledesma y su grupo (16-I-1936). El partido no ganó ningún escaño
en 1936, pero de inmediato engrosó sus filas, de las que salieron cientos de miles
de voluntarios en la guerra.
4. LOS PROBLEMAS Y LAS
REFORMAS DE LA REPÚBLICA.
LA CRISIS ECONÓMICO-SOCIAL.
El impacto de la
Gran Depresión.
La crisis económica
de la Gran Depresión tardó más en llegar a España que al resto de Europa y no
tuvo la profundidad que alcanzó en las economías más industrializadas, pero también
tuvo graves efectos por la caída de los mercados exteriores. Las exportaciones
(fundamentalmente agrarias y mineras) en 1931 se redujeron al 40% de las de
1930; en 1935 sólo eran el 25%. Los precios se hundieron (el precio del hectólitro
de vino bajó de 61 a
16 pesetas).
Un niño recoge colillas de cigarros en
una calle de Madrid, 1934.
Los sectores económicos.
Las cosechas de cereales
de 1932 y 1934 fueron excedentarias y el campo soportó bastante bien la crisis,
pese a un aumento de los jornaleros desocupados y a la reducción de los precios
y de las exportaciones.
Una familia campesina durante una huelga,
1932.
La producción industrial
cayó en 1933 al 81% de la de 1929. Los sectores más afectados fueron la minería
y la industria textil y siderúrgica. La industria textil catalana incluso aumentó
su producción al principio por el aumento de la demanda rural, pero desde 1933
sufrió al estancarse ésta.
La crisis financiera
y bursátil fue abrupta desde 1930 en las plazas financieras: el índice de la Bolsa
bajó desde un nivel 100 en 1929 hasta un nivel 63 en 1935. La inversión en obras
públicas se estancó (en Cataluña se redujo a la mitad respecto a los años 20),
con lo que aumentó el desempleo en la construcción.
La situación social
en las ciudades.
Los sindicatos reforzaron
su implantación y presión, consiguiendo que los salarios subieran mientras que
los precios se mantuvieron o bajaron, lo que aumentó el poder adquisitivo de los
trabajadores, pero afectó negativamente a muchas empresas. Las reformas laborales
fueron progresistas: en los años 1931-1933 el ministro de Trabajo fue el socialista
Largo Caballero, que bajó la semana laboral de 48 a 40 horas y reguló el derecho
de huelga, la contratación laboral, los jurados mixtos, los accidentes en la agricultura.
Por contra, el paro
aumentó año tras año en las ciudades, pese al buen programa de obras públicas
que el ministro de Fomento, Prieto, hizo en 1932-1933. Creció especialmente con
la generalización de la crisis entre 1933 y 1936. El problema era particularmente
grave porque no había seguro de desempleo.
Los empresarios, por
su parte, vieron como reducían sus beneficios y muchas empresas quebraban, por
lo que se organizaron en patronales muy agresivas.
Todo ello repercutió
en una continua y grave conflictividad social, promovida sobre todo por la CNT
y en menor medida por la UGT, con huelgas, y las patronales, con lock-outs.
En la primera mitad de 1936 se agravó la situación, preparando la terrible pugna
de la segunda mitad del año, cuando miles de empresarios y dirigentes obreros
fueron ejecutados en cada bando.
EL PROBLEMA AGRARIO.
La situación agraria.
La mitad de la población
vivía del campo, donde en 1930 el problema del latifundismo era muy grave.
10.000 familias poseían la mitad de la tierra cultivable, tanta como los dos millones
de pequeños y medianos propietarios. Dos millones de braceros no tenían ninguna
propiedad y sus salarios eran un tercio del salario medio nacional.
Mapa de la propiedad
agraria en España, 1931.
Fincas de más de 250
hectáreas en España, 1931.
Desde la primavera
de 1931 comenzaron las ocupaciones de latifundios por los jornaleros, sobre todo
los anarquistas. El gobierno intentó varias vías, al principio la conciliación
y luego la represión, lo que provocó la desafección de los anarquistas al Gobierno
tras los disturbios en Castillblanco (Badajoz) (31-XII-1931 y 2-I-1932), Arnedo
(5-I) y el Alto Llobregat (enero), por cuya represión violenta se destituyó
(5-II) al general Sanjurjo como director de la Guardia Civil.
La ley de reforma
agraria (1932).
El Gobierno republicano
pretendió solucionar el problema con la Ley de Reforma Agraria (15-IX-1932),
que establecía el reparto entre los braceros de tierras que se expropiarían (pagadas
con una compensación) en los latifundios abandonados y las tierras desaprovechadas.
Se creó el Instituto de Reforma Agraria (IRA), para organizar el cambio.
El fracaso de la
reforma.
Pero faltó la financiación,
la información catastral, así como la voluntad política ante la resistencia de
los terratenientes. La aplicación de la reforma fue muy lenta: se pensaba asentar
60.000 familias campesinas cada año pero dos años después, en 1934, cuando la CEDA
paralizó la reforma, sólo estaban asentadas 12.260 familias sobre 117.000 hectáreas.
La conflictividad
agraria.
Volvió la conflictividad
desde enero. Fue la sangrienta represión del pequeño levantamiento campesino anarquista
de Casas Viejas (12-I-1933), lo que hundió al gobierno Azaña, al perder el apoyo
de la CNT en las elecciones municipales de abril de 1933 y las generales de noviembre
de 1933.
Ya en el Bienio radical-cedista,
los sindicatos UGT y CNT promovieron una huelga general (5-VI-1934) de los campesinos,
que fracasó por la dura represión del gobierno Samper, resuelta con la deportación
de campesinos y la detención de varios diputados.
El fracaso de la
reforma moderada de Giménez Fernández.
Manuel Giménez Fernández
era miembro del ala más avanzada de la CEDA y fue nombrado ministro de agricultura
(X-1934 a
V-1935) en el gobierno Lerroux. Trató de aplicar los principios sociales católicos,
con tres leyes que fomentasen la transformar de los latifundios en fincas más
pequeñas, sobre todo en Andalucía y Extremadura, y la mejora de las condiciones
de vida de los arrendatarios. Fueron la Ley de Arrendamientos Rústicos, que obligaba
a una renta justa revisable, la prohibición del subarriendo y la compensación por
las mejoras en las fincas; una ley que daba a los arrendatarios la oportunidad
de comprar las tierras arrendadas; y una ley que obligaba a los terratenientes
de Extremadura a arrendar sus tierras no cultivadas al año siguiente. Pero la misma
derecha boicoteó estas reformas y no le renovó en su cargo en el nuevo gobierno
(V-1935). Le sustituyó el conservador Nicasio Velayos, que desmontó casi todas
las reformas anteriores e hizo aprobar una verdadera ley de contrarreforma agraria
a finales de 1935.
EL PROBLEMA DEL NACIONALISMO/REGIONALISM0.
La monarquía había sido
un Estado centralista. En cambio, la República defendía en su Constitución el derecho
a la autonomía de las nacionalidades y regiones.
El surgimiento de los
nacionalismos periféricos exacerbó su contrario, el nacionalismo español unitario,
profesado por el Ejército y amplios grupos sociales de la burguesía, la Iglesia
y el campesinado.
Las únicas regiones
que institucionalizaron su autonomía fueron Cataluña, País Vasco y Galicia (esta
sin efectos prácticos), mientras que otras (Andalucía, Valencia, Aragón, Castilla
la Vieja-León y Baleares) comenzaron los estudios y discusiones.
Cataluña.
- Consiguió su estatuto
de autonomía (IX-1932), siendo Francesc Macià el presidente de la Generalitat,
del partido dominante Esquerra Republicana. Se regulaba la cooficialidad del catalán
y del castellano.
- En octubre de
1934, Lluís Companys, el sucesor de Macià, proclamó la República Catalana, pero
fue detenido y la Generalitat fue suspendida hasta marzo de 1936.
El País Vasco.
Los nacionalistas vascos
del PNV eran conservadores, pero se unieron a la izquierda para conseguir un estatuto
de autonomía, que alcanzaron (7-X-1936) durante la Guerra Civil y se puso en
práctica parcialmente durante unos pocos meses.
Galicia.
Los galleguistas, dirigidos
por la ORGA, consiguieron su estatuto de autonomía muy tarde (28-VI-1936), por
lo que no entró en vigor debido al pronto golpe de estado.
EL PROBLEMA RELIGIOSO.
Desde el principio el
anticlericalismo de los republicanos se enfrentó al monarquismo de la Iglesia.
Había una pugna insoluble entre los católicos integristas, que achacaban los problemas
del país a la masonería (o sea, la izquierda), y los republicanos laicos que culpabilizaban
a la Iglesia de los problemas históricos del país.
La lucha duró todo el
periodo. Ya desde el principio, con la oposición del cardenal Segura, que
(7-V-1931) alertaba en su carta pastoral contra la anarquía, los peligros del comunismo
y las graves conmociones a las que España se veía expuesta: “Cuando los enemigos
del reinado de Jesucristo avanzan resueltamente, ningún católico puede permanecer
inactivo”. El Gobierno reaccionó expulsándole de España (13-VI) y las masas se adelantaron
con los incendios de iglesias (10 y 11-V-1931. Desde ese momento, y hasta el final
de la Guerra Civil, los sacerdotes, sobre todo los más jóvenes, se enfrentaron
a la República.
La legislación anticlerical
fue muy intensa y fue entendida por la opinión pública conservadora no como una
separación entre la Iglesia y el Estado sino como una agresión de éste a
aquélla:
- La Constitución de
1931 declaraba la no confesionalidad del Estado.
- La disolución de
la Compañía de Jesús (23-I-1932) y la confiscación de los bienes de los jesuitas.
- Las Leyes de matrimonio
civil, divorcio (26-II-1932) y secularización de cementerios.
- La Ley de Congregaciones
Religiosas (VI-1933).
- La Ley de enseñanza
(VI-1933), que apartaba del sector educativo a las órdenes religiosas.
EL PROBLEMA MILITAR.
El ejército tenía demasiados
oficiales (20.000 para sólo 100.000 soldados), que estaban mal pagados, tenían
pocas expectativas de ascenso, cuna formación escasa y un armamento anticuado. Además,
los mandos eran en su mayoría monárquicos.
En el primer bienio,
Azaña, como ministro de la Guerra, desarrolló una política de desmilitarización:
redujo el número de oficiales con la “ley Azaña” (25-IV-1931), que establecía el
retiro con sueldo íntegro de los mandos que no prestasen juramento de fidelidad
a la República (casi la mitad de los generales y oficiales se acogió a la ley),
pero no consiguió depurar a los generales y jefes más reaccionarios.
Asimismo, mejoró la instrucción,
desmilitarizó la administración del Protectorado, reguló los ascensos, redujo el
número de las capitanías generales, reorganizó el Estado Mayor Central, suprimió
el Consejo Superior de Justicia Militar (2-VI-1931) y cerró la Academia Militar
de Zaragoza (29-VI-1931), dirigida por Franco, que criticó esta decisión pero
la acató.
El general Sanjurjo,
cesado como director de la Guardia Civil en enero de 1932 como castigo a su dura
represión de los trabajadores en Arnedo, ya intentó un fracasado levantamiento,
la “sanjurjada”, en agosto de 1932.
En el segundo bienio
radical-cedista se anularon varias de las reformas y se nombraron a generales africanistas
para cargos importantes, con lo que asentaron los fundamentos del Alzamiento. Desde
diciembre de 1934, con el nacimiento de la clandestina Unión Militar Española (UME),
monárquica y contraria a la República, se fue gestando el golpe de estado, sobre
todo a partir de febrero de 1935, encabezado por Sanjurjo y Mola, que se realizó
en julio de 1936.
EL PROBLEMA DE LA EDUCACIÓN.
En la España de 1931
era muy grave el analfabetismo (más del 30%) y la falta de escolaridad de la población
infantil (más del 40%). Para ello había que extender la escuela por todo el
país y reducir el poder de la Iglesia, que había dominado históricamente el sistema
educativo.
La reforma educativa,
definida legalmente con la Ley de Enseñanza (VI-1933), pero realizada de hecho en
1931-1933, fue promovida por el ministro republicano catalán Marcelino Domingo,
que redujo el problema pero se equivocó al suprimir la enseñanza de los centros
religiosos antes de contar con suficientes maestros y aulas para la enseñanza pública.
En general, fue uno de los grandes logros de la República: una escuela única y
laica, extendida por los pueblos y ciudades con 10.000 nuevas escuelas y las Misiones
Pedagógicas, con Institutos de Enseñanza Media para la renovación pedagógica, bibliotecas
ambulantes... Muchas mujeres comenzaron entonces su educación primaria.
Una maestra da clase a sus alumnas en una
escuela de Madrid, 1936.
5. EVOLUCIÓN POLÍTICA
DE LA REPÚBLICA.
5.1. BIENIO SOCIAL-AZAÑISTA
(1931-1933).
A partir del
15-X-1931 y con Alcalá Zamora instalado en la presidencia de la República (desde
9-XII-1931), se suceden tres gabinetes encabezados por Azaña; sus ministros son
republicanos de izquierda y socialistas (Prieto y Largo Caballero). Va superando
poco a poco los problemas de orden público en el campo y las ciudades. Resuelve
con eficacia el primer golpe de estado de la derecha, que el general Sanjurjo (apoyado
por los generales Varela y Goded) lanza en Sevilla (10-VIII-1932), y le encarcela.
Desde el verano de 1932 el Gobierno acelera las reformas: estatuto catalán y reformas
agraria (IX-1932) y de enseñanza...
Pero fracasan las fuerzas
de centro izquierda debido a la crisis económica, la diversidad de intereses de
sus partidos, la lentitud de las reformas, el desprestigio por la represión de
los campesinos anarquistas en Casas Viejas y el subsiguiente rechazo de la CNT
a colaborar en la República. El gobierno sufre el desgaste de dos pequeñas derrotas
ante la derecha en unas elecciones municipales parciales (IV-1933) y la elecciones
para el Tribunal de Garantía Constitucional (IX-1933), por lo que Azaña presenta
su dimisión (12-IX-1933), formándose dos breves gobiernos radicales de Lerroux
(septiembre-octubre) y Martínez Barrio, que prepara las elecciones por encargo
del presidente Alcalá-Zamora.
5.2. BIENIO RADICAL-CEDISTA
(1933-1936).
En las elecciones
(19-XI-1933) los partidos de derechas y centro son los más votados, sobre todo
la CEDA (115 diputados) y el Partido Radical (102), debido al sistema electoral
que premia las coaliciones, a la división de la izquierda en socialistas (bajaron
a 58) y republicanos (Azaña sólo obtuvo 5), a la abstención anarquista y al cansancio
y reacción de una mayoría “neutral” del país ante los errores de los dos años
de la “República de izquierdas”. Ahora se dará una oportunidad, que también durará
sólo dos años, a la “República de derechas”.
Candidaturas
más votadas en 1933.
El principal problema
político del nuevo periodo es la cuestión de la entrada en el gobierno de la CEDA,
el nuevo partido mayoritario. Como Alcalá Zamora no confía en la fidelidad del
cedista Gil Robles a la República, encarga la formación de gobierno al radical
Lerroux (XII-1933 a
IV-1934), quien gobernará con el apoyo parlamentario de la CEDA, que no entrará
al principio en el gobierno.
Las reformas del bienio
anterior son paralizadas de hecho en 1934, por falta de voluntad y de eficacia
política. Aunque Lerroux sigue siendo contrario a la Iglesia católica, tiene
que moderar su radicalismo porque depende parlamentariamente de la CEDA y por ello
se suspenden las leyes de Congregaciones Religiosas y Reforma Agraria.
Desde esta contrarreforma
crece la ira de la izquierda contra la CEDA, fundamentada también en sus ideas antirrepublicanas
y promonárquicas y en su política de claro desprestigio del régimen: Gil Robles
se presentaba como un enemigo “interior” de la República y parecía preparar un
golpe de estado similar al de los fascismos europeos de los años 30 (mitin de El
Escorial el 23-IV-1934, donde proclama que la CEDA se hará con el poder a su tiempo).
Además, los generales “africanistas” y los de la UME son impulsados en su carrera
militar (Franco asciende a general de división en III-1934) y los militares rebeldes
de 1932 (Sanjurjo) y los políticos de la dictadura (Calvo Sotelo) son amnistiados
(25-IV-1934).
El apoyo parlamentario
de la CEDA, la contrarreforma legislativa y la amnistía a los enemigos de la República
provocan pronto la escisión de la izquierda del partido radical, dirigida por Martínez
Barrio, que sale del gobierno (3-III-1934) y funda la Unión Republicana
(V-1934) lo que precipita una crisis de gobierno y Lerroux es sustituido por otro
radical más conciliador, Samper (IV-1934 a X-1934), con los mismos apoyos parlamentarios,
quien afronta el problema catalán de los rabassaires, convertidos en propietarios
por una ley de la Generalitat de 12-IV, declarada anticonstitucional por el Tribunal
de Garantía Constitucional el 9-VI-1934. Samper reprime la huelga general campesina
(VI-1934), pero reunidas de nuevo las Cortes (1-X) la CEDA retira el apoyo a Samper
porque cree que es demasiado moderado con la izquierda y exige que Lerroux presida
el gobierno.
Así, se forma un nuevo
gobierno Lerroux (4-X-1934) que incluye por primera vez tres ministros de la CEDA.
De inmediato, la UGT declara la huelga general, prontamente fracasada, en protesta
contra el nuevo gobierno.
Revolución de Octubre
(1934).
La huelga general se
radicaliza empero en la llamada revolución de Octubre en Asturias (6 a 19-X-1934), cuando los obreros
socialistas (UGT) y anarquistas (CNT) se alzan en armas en los valles mineros.
Al mismo tiempo, en
Cataluña el presidente Companys proclama la “República de Cataluña dentro de la
Federación Española”. El levantamiento catalanista es inmediatamente reprimido
y el Gobierno de la Generalitat encarcelado.
Franco dirige la represión
en Asturias. Las izquierdas son aplastadas: 1.335 muertos, 3.000 heridos,
13.000 detenidos. Franco se convierte en el general favorito de la derecha española,
y es recompensado por el Gobierno con el nombramiento de comandante en jefe de
Marruecos (15-II-1935).
La reacción.
El gobierno Lerroux-CEDA
aprovecha la derrota de la revolución para reiniciar la contrarreforma. Se suspende
el Estatuto de Autonomía de Cataluña (2-I-1935) y se boicotean las moderadas reformas
del ministro de agricultura, Giménez Fernández, pese a que es un cedista.
La división del gobierno
ante la represión de los revolucionarios de octubre y la suspensión de la Generalitat
provocó una nueva crisis. Lerroux quería ser flexible para evitar nuevas escisiones
en su partido y propuso la conmutación de algunas penas, y entonces los partidos
de Gil Robles y Melquiades Álvarez (Liberal-demócrata) le quitaron su apoyo. Lerroux
y Alcalá Zamora intentaron durante varios días dividir a la CEDA, conscientes
de que la radicalización de las posturas podía hundir a la República, pero al
fracasar, tuvieron que transigir.
Al fin se formó el tercer
consecutivo gobierno de Lerroux, el último (6-V a 25-IX-1935), con cinco ministros
cedistas (sin el reformista Giménez Fernández). Entre ellos estaba por primera
vez Gil Robles, como ministro de la Guerra, que reorganizó el Ejército, reabrió
la Academia Militar de Zaragoza y nombró (17-V) a Franco como Jefe del Estado Mayor
Central, donde coincidió con los generales conspiradores Goded, Mola y Fanjul.
Aumentaba la crisis económico-social pero la represión anuló la conflictividad,
a cambio de un aumento de la radicalización de las derechas y las izquierdas.
Chapaprieta, un ministro
independiente y reformista eficaz de la Hacienda en los anteriores gobiernos de
Lerroux, encabezó dos nuevos y breves gobiernos (25-IX a 29-X y 29-X a
14-XII-1935) en los que se descompone rápidamente la alianza de partidos de derechas
y del centro. La CEDA se niega implacablemente a toda reforma que asiente la República
(sea de derechas o de izquierdas) y rechaza las propuestas de Chapaprieta de impuestos
sobre la propiedad rústica para equilibrar el presupuesto. Además, Lerroux tuvo
que dimitir de su ministerio de Estado por los escándalos financieros de los casos
Nombela y del estraperlo, en los que estaban implicados varios dirigentes radicales.
Se abre una crisis exacerbada por la división de radicales y cedistas, y ante
la negativa de la CEDA a aprobar los presupuestos, Alcalá-Zamora propone a Chapaprieta
encabezar otro gobierno para disolver las Cortes y, al negarse éste, nombra finalmente
el brevísimo gobierno de Portela Valladares (14-31 XII), que ante el nuevo rechazo
de la CEDA dimite. El presidente le renueva para otro gobierno (31-XII a
19-II-1936) con el solo encargo de preparar las elecciones, que convoca
(7-I-1936) para febrero.
5.3. El FRENTE POPULAR
(1936).
La victoria del
Frente Popular.
Las derechas aspiraban
a revalidar su mayoría, pensando que la oposición estaría desunida otra vez, pero
a las elecciones (16-II-1936) acudieron las fuerzas de izquierda unidas (acuerdo
de 16-XII-1935, revalidado en enero), con el propósito de evitar una derrota como
la de 1933 y realizar un programa reformista común: amnistía para delitos político-sociales
(para que salieran sus miembros encarcelados), restablecimiento total de la Constitución,
autonomía para las regiones, revisión de la ley de orden público, reforma fiscal,
inversiones en enseñanza y la reforma agraria. Pero, por imposición de los republicanos
moderados, no había reivindicaciones revolucionarias (no nacionalización de las
tierras ni de las industrias).
Niños con un puño en alto en febrero
de 1936, una imagen expresiva de la intensa politización en la sociedad española.
La victoria del Frente
Popular fue general en todo el país, alcanzando una abrumadora mayoría parlamentaria,
magnificada por la ley electoral, resultado de un grave error de cálculo de la derecha,
que había previsto su propio triunfo y desdeñó aliarse con el centro. La izquierda,
con un 34,3% de los votos, alcanzó 278 diputados; la derecha, con un 33,2% sólo
obtuvo 124 diputados; el centro, con un 5,5% consiguió 51 diputados. Con una
diferencia de sólo un 1,1% de los votos la izquierda más que dobló a la derecha
en diputados.
Candidaturas
más votadas en 1936.
La derecha, por el desperdigamiento
de sus votos en muchas circunscripciones en las que perdió, se hundió: la CEDA
sólo consiguió 87 diputados, el Partido Radical se desmoronó hasta sólo 9, la Falange
a ninguno. El centro, formado por la Lliga Catalana, PNV y el centro republicano
de Alcalá-Zamora, se benefició de su concentración en pocos distritos electorales.
Desde entonces la derecha
consideró que sólo un golpe de estado le permitiría recuperar el poder y comenzaron
los contactos de sus dirigentes con los militares y la ultraderecha para prepararlo.
El gobierno de izquierdas.
Azaña formó gobierno
(18-II) con apoyo de los republicanos y socialistas. Azaña y Prieto eran partidarios
de un gobierno moderado, que asentase una situación de normalidad y el nuevo gobierno
de izquierdas reactivó las reformas del primer bienio. En especial, se dictó una amnistía general de
presos políticos, entonces unos 30.000; se acordó el alejamiento de los generales
más peligrosos; se devolvió la autonomía a Cataluña y se preparó la de otras regiones,
en especial País Vasco y Galicia; se impulsó la reforma educativa con un programa
de construcción de escuelas del ministro Domingo, así como la reforma agraria para
calmar al campo, donde se reinició con fuerza el reparto de tierras y se asentaron
más de 70.000 campesinos en más de 200.000 hectáreas.
Pero estas medidas,
que a los anarquistas y socialistas más extremistas les parecían insuficientes,
no podían ser aceptadas por la derecha, con lo que la radicalización de los bandos
creció y desbordó a Azaña y Prieto.
Entonces llegó la destitución
parlamentaria del presidente Alcalá-Zamora, por sus responsabilidades en la segunda
disolución de las Cortes. Azaña fue elegido (8-V) como presidente de la República,
pese a que lo hizo con vacilaciones, pues comprendía que era un error, pero finalmente
lo aceptó porque quería huir del conflictivo cargo de primer ministro. Azaña propuso
al socialista Indalecio Prieto para el cargo de primer ministro con la intención
de separar a éste del bando de Caballero, pero Prieto, sin apoyo suficiente dentro
de su partido, rechazó el cargo y entonces Azaña nombró para el gobierno a un compañero
de su propio partido, el galleguista Casares Quiroga (10-V a 18-VII-1936), que
carecía de un sólido apoyo político.
La creciente tensión
política.
Desde entonces semanas
de continuos conflictos anunciaron la Guerra Civil. Barcelona y el Norte vivieron
una paz notable pero en Madrid y el Sur del país se padecía “la primavera trágica”:
se sucedían las ocupaciones de fincas en Andalucía, las huelgas de la construcción
en las ciudades, y muchos atentados, contra Largo Caballero, Jiménez de Asúa,
Prieto y otros, realizados tanto por la derecha (Falange) como por la izquierda
(CNT). Desde las elecciones de febrero hasta julio murieron unas 200 personas por
motivos políticos.
Los republicanos y socialistas
moderados querían evitar la anunciada Guerra Civil e incluso algunos militares implicados,
como el mismo Franco, dudaban del éxito del inminente golpe de estado, pero los
extremos de ambos bandos empujaban hacia el choque. Largo Caballero, que dirigía
el sector socialista marxista, mayoritario en el PSOE y la UGT, era partidario
de la doble fusión PSOE-PCE y UGT-CNT y lanzaba discursos contra la burguesía republicana.
Parecía preparar la toma del poder por la clase obrera, previa destrucción de
la República y de sus aliados burgueses, según un plan similar al de la revolución
rusa de 1917. Verdad o apariencia, su actitud fue un grave error.
El aldabonazo tal vez
fue el asesinato de Calvo Sotelo por unos guardias de asalto el 13 de julio, en
represalia por el asesinato de un teniente de los guardias de asalto. El efecto
fue terrible en la opinión pública conservadora, que temió una inminente masacre
general en una nueva “revolución roja”.
6. LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA.
Enrique Moradiellos, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura, resume el significado del golpe de Estado [18 de julio de 1936. “El País” (17-VII-2016)]:
‹‹Durante la dictadura del general Franco, entre 1936 y 1975, el 18 de julio era “Fiesta Nacional” conmemorativa de la “Iniciación del Glorioso Alzamiento Nacional”. No en vano, ese día se extendió por toda España la sublevación militar comenzada el 17 en las guarniciones del Protectorado de Marruecos, que sólo triunfaría parcialmente en la mitad del país, abriendo la vía a la conversión del golpe militar en una guerra civil. Como resultado de esa división de España surgieron dos bandos combatientes que librarían una contienda de casi tres años de duración, hasta abril de 1939. Por un lado, una España republicana donde el acosado gobierno reformista del Frente Popular lograría aplastar inicialmente a los insurrectos con el recurso a fuerzas armadas leales y la ayuda de fuerzas milicianas revolucionarias. Por otro, una España insurgente de perfil reaccionario y contrarrevolucionario donde los militares sublevados afirmarían su poder omnímodo como paso previo al asalto del territorio enemigo.
La guerra de 1936-1939 fue una cruel contienda fratricida que constituye el hito transcendental de la historia contemporánea española y está en el origen de nuestro tiempo presente. De hecho, fue un cataclismo colectivo que abrió un cisma de extrema violencia en la convivencia de una sociedad atravesada por múltiples líneas de fractura interna (tensiones entre clases sociales, entre sentimientos nacionales, entre mentalidades culturales…) y grandes reservas de odio y miedo conjugados.
La contienda española fue así una forma de “guerra salvaje” precisamente por librarse entre vecinos y familiares conocidos, bastante iguales y siempre cercanos (no por ser todos desconocidos, diferentes y ajenos). Y por eso produjo en el país, ante todo, una cosecha brutal de sangre: sangre de amigos, de vecinos, de hombres, de mujeres, de culpables y de inocentes. Sencillamente porque en una guerra civil el frente de combate es una trágica línea imprecisa que atraviesa familias, casas, ciudades y regiones, llevando a su paso un deplorable catálogo de atrocidades homicidas, ignominias morales y a veces también de actos heroicos y conductas filantrópicas.
El triste corolario de una contienda de esta naturaleza fue apuntado por el general De Gaulle: “Todas las guerras son malas, porque simbolizan el fracaso de toda política. Pero las guerras civiles, en las que en ambas trincheras hay hermanos, son imperdonables, porque la paz no nace cuando la guerra termina”.››
6.1. EL ALZAMIENTO.
La conspiración militar.
El sector más duro del
ejército lo componían los generales Franco, Mola, Goded y Queipo de Llano, que
fueron enviados preventivamente por el gobierno a regiones apartadas, pero ello
no evitó que avanzaran los preparativos para un golpe de estado militar.
El 17 de febrero el
general Fanjul fracasó en promover un motín en el cuartel de la Montaña de Madrid
contra los resultados electorales y Franco, el 19 de febrero, llegó a pedir al
ministro Portela Valladares, que anulase las elecciones. El mismo día el nuevo
Gobierno le destinó a la Comandancia de Canarias, lo que él consideró un destierro,
mientras Mola fue destinado a Navarra y Goded lo fue a Baleares. El 8 de marzo
los generales conspiradores se reunieron en Madrid y desde abril Mola lo dirigió,
siempre a las órdenes de Sanjurjo, exiliado en Lisboa, fijando en un acuerdo en
junio con el delegado general tradicionalista Manuel Fal Conde la fecha del golpe
de estado entre el 10 y 20 de julio. El 23 de junio Franco advirtió en una carta
al primer ministro Casares Quiroga del riesgo de estallido de una rebelión provocada
por la división militar.
La trama civil la componían
los carlistas navarros con sus requetés armados, los falangistas, los monárquicos
de Calvo Sotelo y muchos conservadores.
El plan del golpe elaborado
por Mola consistía en vencer en todas las grandes ciudades en un plazo máximo
de dos semanas, usando una extrema violencia, lo que explica las inmediatas y masivas
ejecuciones de quienes se resistían, tanto militares como civiles.
Mapa de las zonas republicana y rebelde al inicio del golpe de estado.
El principio de
la guerra.
El alzamiento se inició
la tarde del 17 de julio en el Ejército de África en su cuartel general de Melilla
y en los días 18 y 19 de julio en diversas capitales del país. Franco sublevó Canarias
y tomó el 18 el mando del ejército de África. Decretaron el estado de guerra Mola
en Pamplona, Queipo de Llano en Sevilla, Saliquet en Valladolid, Goded en Baleares,
Cabanellas en Zaragoza... sometiendo en estos lugares con rapidez a los partidarios
de la República mediante ejecuciones y encarcelamientos.
Pero el golpe de estado
fracasó en su objetivo a corto plazo de tomar las grandes ciudades. Goded no pudo
tomar Barcelona, en manos de los anarquistas. Madrid permaneció en manos del Gobierno,
tras el asalto al cuartel de la Montaña (20-VII). Valencia y Bilbao corrieron igual
suerte. La muerte de Sanjurjo en un accidente de aviación el día 20, cuando salía
de Lisboa para encabezar el levantamiento redujo la extensión y la euforia del
golpe. Entre el 20 y el 25 de julio fracasaron los primeros intentos rebeldes por
tomar Madrid, en los combates de la sierra de Guadarrama. La situación estaba indecisa
y parecía que el golpe estaba a punto de fracasar.
Azaña reaccionó con el
nombramiento (18-VII) de Martínez Barrio, de Unión Republicana, presidente de las
Cortes, como nuevo primer ministro, por un solo día, pues fracasó en la conciliación,
en la que llegó a ofrecer a Mola la cartera de Guerra. Fue sustituido por Giral,
de Izquierda Republicana, en el 19º Gobierno republicano (19-VII a 4-IX-1936),
que pidió la ayuda del Frente Popular francés, encabezado por Léon Blum. Por su
parte Franco envió representantes a pedir ayuda a Hitler y Mussolini.
Al principio parecía
evidente que los republicanos ganarían la guerra: conservaban gran parte del ejército
y casi toda la flota y la aviación, tenían la capital y la posición central, las
principales costas y las zonas más pobladas e industriales.
Los nacionales ocupaban
posiciones divididas: la zona más amplia en el Norte, con Galicia, Castilla la
Vieja, Navarra, Álava, partes de Extremadura y Aragón; en el Sur Canarias y Mallorca,
el protectorado de África, y las ciudades de Sevilla, Cádiz, Algeciras, Córdoba
y Granada, empero aisladas entre sí. Era una España más rural, pobre y poco
poblada.
Pero mientras el gobierno
republicano no tomó conciencia de la gravedad de la situación y estaba dividido,
los militares sublevados se unificaron en pocas semanas con el objetivo de ganar
la guerra, bajo el mando político y militar del general Franco.
Los bandos nacional
y republicano.
El bando nacional reunió
desde el primer momento a los partidos y grupos antirrepublicanos y a algunos
que habían colaborado en la República al principio. Eran los partidos monárquicos
(borbónicos y carlistas), católicos, republicanos conservadores, la CEDA, muchos
radicales, catalanes de la Lliga Regionalista, la Falange y los pequeños partidos
fascistas. Su base social era el clero, los terratenientes, la burguesía (alta
y pequeña), los militares.
El bando republicano
reunió a los burgueses radicales, socialistas, comunistas y anarquistas. Su base
social era la burguesía mediana, los intelectuales, los funcionarios, los obreros
y los campesinos.
El ejército, como el
pueblo y el territorio, quedó dividido. Apoyó el alzamiento algo menos de la mitad
de las Fuerzas Armadas, aunque el resto era más bien pasivo, pero el ejército
de África era el más preparado e inclinó la balanza en favor de los nacionales.
La represión.
La represión mutua en
los primeros meses fue salvaje, con la intención de aniquilar físicamente al enemigo
perteneciente a las otras clases sociales.
En la zona republicana
fueron fusilados en Madrid el 1 de agosto el falangista Ledesma y el monárquico
Maeztu, y el 20 de noviembre fue fusilado en Alicante el falangista Primo de Rivera;
multitud de monjas y sacerdotes, propietarios y empresarios fueron asesinados,
lo que enajenó a la República muchas simpatías internacionales. La represión
fue particularmente violenta en las zonas dominadas por bandas anarquistas incontroladas,
como Cataluña, donde hubo 8.400 ejecutados, y Aragón. Pero ya a finales de 1936
fue muy esporádica y pronto cesó casi del todo.
En la zona nacional
la represión fue más organizada y continuada, con consejos de guerra inmediatos
y como medios de ejecución se usaron el fusilamiento y el “paseo” (así fue asesinado
García Lorca en Granada el 19 de agosto). La mayoría de los militantes y muchos
simpatizantes de los partidos y sindicatos de izquierda fueron ejecutados, incluyendo
a menudo familiares directos. Los restantes fueron encarcelados o vigilados estrechamente.
6.2. EL DESARROLLO DEL
CONFLICTO.
Podemos distinguir cinco
grandes fases en las operaciones militares: 1) operaciones para los enlaces de
la zona nacional, 2) batallas para tomar Madrid, 3) la campaña del Norte, 4) las
batallas de Aragón, 5) la caída de Cataluña.
Capítulo aparte merece
el desarrollo político de ambos bandos, aunque estuvo directamente marcado por el
decurso de las operaciones militares.
Mapas del desarrollo
de la Guerra Civil.
OPERACIONES PARA LOS
ENLACES DE LA ZONA NACIONAL (1936).
La estrategia inicial.
La estrategia inicial
de los dos bandos era simple:
Los republicanos, desprovistos
de la iniciativa, aspiraban a evitar la extensión de la sublevación, para dar tiempo
a que se impusiera su superioridad en población y economía, y crear un ejército
poderoso que decidiera la guerra después. Asimismo intentaron liquidar la resistencia
rebelde en las zonas más próximas (Baleares, Aragón, Asturias), en lo que fracasaron.
Los nacionales, en cambio,
lanzaron unas campañas “de enlaces”, con el objetivo de juntar las dos grandes
zonas rebeldes, al Norte y al sur, para marchar de inmediato contra Madrid y acabar
la guerra con la conquista de la capital, un logro que en el s. XIX había decidido
siempre los golpes de Estado. Consiguieron pronto el enlace, pero no Madrid, con
lo que la guerra se convirtió en un largo conflicto de desgaste.
Mapa de la evolución
del conflicto.
El paso del Estrecho
(julio-agosto de 1936).
Franco pasó a la Península
a principios de agosto, con 30.000 soldados de África (las fuerzas legionarias
y de regulares eran las que tenían mejor oficialidad, entrenamiento y armamento
del Ejército), con un puente aéreo y un convoy naval, gracias a los errores estratégicos
republicanos y la ayuda aérea alemana e italiana. Así pudo compensar la inicial
superioridad republicana en la Península y tomar el mando entre los generales rebeldes.
En los primeros días de agosto se consolidó el dominio del Bajo Guadalquivir, desde
Huelva a Granada, estableciéndose Franco en Sevilla.
Retrato de Francisco
Franco en la época de la Guerra Civil.
La marcha a Madrid
(agosto-noviembre de 1936).
Desde el Norte las
tropas de Mola convergieron hacia Madrid y Extremadura, sin encontrar oposición
hasta la sierra de Guadarrama.
Desde el sur, las tropas
africanas marcharon rápidamente hacia el Norte por Andalucía y Extremadura
(7-VIII en Almendralejo, 11 en Mérida, 15 en Badajoz, 26 en Cáceres), enlazando
con la zona nacional de Castilla la Vieja. En esta marcha Franco se retrasó para
tomar Badajoz (cuyos defensores fueron ejecutados tras resistir una semana) y cambiar
su dirección para poder liberar el alcázar de Toledo, un gran golpe de propaganda
(27-IX).
En el intervalo Franco
se había hecho en septiembre con el mando de Generalísimo de los Ejércitos y Jefe
de Estado, mientras Mola ostentaba el mando militar conjunto sobre los ejércitos
del sur y del Norte. Mientras tanto, Largo Caballero era en septiembre el nuevo
jefe del gobierno republicano, sustituyendo a Giral.
BATALLAS PARA TOMAR
MADRID (1936-1937).
La batalla de Madrid
(noviembre 1936-enero 1937).
Franco llegó a amenazar
Madrid a primeros de noviembre. Azaña ya se había marchado de la capital a mediados
de octubre y el Gobierno marchó a Valencia (5-XI), cuando la derrota parecía inminente,
pero entonces los republicanos reforzaron sus efectivos y la moral: “No pasarán”
fue su grito de guerra. Comprendieron que estaban a punto de perder la guerra
si no reaccionaban con eficacia. Había que formar un ejército disciplinado que
hiciera frente a los nacionales: se inició la constitución de un ejército popular,
en el que los milicianos se consideraron soldados, y se llamó a filas a los reservistas
de 1932 y 1933.
Los generales Miaja
y Rojo organizaron la defensa y las brigadas internacionales y las milicias republicanas
resistieron. Del 15 al 23 de noviembre unas sangrientas batallas (Ciudad Universitaria,
Guadarrama o Jarama), en las cercanías y en las rutas de comunicaciones, detuvieron
a los nacionales y la ciudad se salvó, anunciando una larga guerra de desgaste.
Los combates encarnizados siguieron hasta enero de 1937.
La batalla de Málaga
(enero-febrero 1937).
En el sur, en enero-febrero
una campaña de “diversión” de nacionales e italianos conquistó Málaga (8-II), donde
la represión fue muy brutal.
La batalla del Jarama
(febrero 1937).
Del 5 al 15 de febrero
la batalla del Jarama se emprendió por los nacionales, para atacar Madrid desde
el sur, atravesando el río y cortando la comunicación con Valencia para impedir
el abastecimiento de la capital. Lo primero se consiguió, pero no lo segundo, con
un terrible saldo de bajas entre los brigadistas internacionales y los legionarios
y regulares marroquíes. Al final se estabilizó el frente en el sur de Madrid.
La batalla de Guadalajara
(marzo 1937).
Del 8 al 21 de marzo
la batalla de Guadalajara fue un intento de los italianos de hacer una pinza desde
el Norte, mientras los españoles atacaban desde el Jarama. Pero fue una grave derrota
de las fuerzas italianas, arrolladas por un contraataque republicano. Fue el fin
de esta etapa de lucha por Madrid.
LA CAMPAÑA DEL NORTE
(1937).
Campaña del Norte
(marzo-octubre 1937).
Franco se concentró
después en la conquista de las zonas industriales del Norte: el País Vasco, Santander
y Asturias (menos Oviedo, en manos nacionales desde el principio), defendidos por
las milicias del PNV y las milicias de la UGT y la CNT, gravemente desunidos todos
y sin un mando único militar. La campaña nacional se inició en marzo, dirigida
por Mola hasta su muerte en junio. Los nacionales hicieron un uso masivo de artillería
y armas modernas que llevaron a la derrota republicana, con hitos como el bombardeo
aéreo cuyo horroroso primer ejemplo de guerra total fue la destrucción de Guernica
(26-IV-1937), con tal vez unos 1.000 muertos, debido al bombardeo de los
aviones de la Legión Cóndor alemana.
Luego cayó Bilbao
(19-VI) y los batallones vascos se rindieron (26-VIII) en Santoña a las tropas italianas,
pues no querían luchar fuera del País Vasco.
Los intentos republicanos
de aliviar la presión sobre el Norte mediante una ofensiva en el centro fracasaron
en el frente de Madrid en Brunete, del 6 al 26 de julio, y en el frente de Aragón
en Belchite y Quinto, del 24 de agosto al 15 de septiembre. Causa fundamental
fue la superioridad aérea nacional (gracias a la Legión Cóndor).
Cayó Santander
(26-VIII) y luego lo hizo Gijón (21-X), el último reducto republicano en el Norte.
Los republicanos no habían conseguido recuperar ni un solo territorio importante
desde el principio de la guerra.
En el otoño de 1937
hubo unos meses de tranquilidad: ambos bandos se preparaban para las ofensivas
finales, mientras fracasaban las propuestas de paz del Comité de No Intervención.
La capitalidad republicana se trasladó a Barcelona. Los nacionales concentraban
sus fuerzas en Guadalajara, con vistas a un nuevo ataque sobre Madrid desde el
Norte.
LAS BATALLAS DE ARAGÓN
(1938).
La campaña de Aragón
(diciembre 1937-abril 1938).
Los republicanos idearon
una gran ofensiva que desviase la atención de los nacionales y atacaron en Aragón
desde el 15 de diciembre. Rompieron el frente en Teruel y sitiaron la ciudad durante
varias semanas, en condiciones climáticas muy adversas, mientras los nacionales
contraatacaban. Finalmente Teruel cayó en manos republicanas, pero poco después
la perdieron (17-II-1938), y a continuación los nacionales rompieron el frente
de Aragón. Entonces Franco dirigió sus fuerzas de reserva por la brecha, para ocupar
Valencia y quebrar por la mitad el territorio republicano.
La campaña de Levante
(abril-julio 1938).
Los nacionales prosiguieron
su ofensiva tomando Lérida (5-IV) y Vinaroz (15-IV), con lo que llegaron al Mediterráneo
y separaron en dos partes el territorio republicano. Pronto tomaron Castellón y
comenzaron la ofensiva contra Valencia, que sería interrumpida por la siguiente
fase militar.
La batalla del Ebro
(julio-noviembre 1938).
Fue la más larga y sangrienta
batalla de la guerra. Los republicanos necesitaban recuperar la comunicación entre
el centro y Cataluña, además de impedir la ofensiva sobre Valencia. Además, pensaban
prolongar la guerra con un triunfo que debilitase a los nacionales hasta que la
previsible guerra europea estallase y la República pudiese entonces contar con una
mayor ayuda exterior. Pensaban que si rodeaban y destruían a las tropas nacionales
en la zona del bajo Ebro y Castellón lograrían todo esto a la vez.
El 25 de julio cruzaron
el Ebro por Mequinenza, con un fuerte ejército reunido en Cataluña y al principio
consiguieron algunos éxitos locales, pero no rompieron el frente por completo y
después se entabló una batalla de desgaste en las trincheras durante tres meses,
en la que Franco volcó su gran superioridad en material, sobre todo artillería
y aviación, con el objetivo de aniquilar al Ejército republicano de Cataluña.
Fue un nuevo “Verdún”. Al fin los nacionales rompieron el frente (30-X) y recuperaron
lo perdido: el 16 de noviembre los republicanos se retiraban a sus posiciones anteriores.
En esta campaña la información
sobre las bajas es dudosa. Para Thomas el bando nacional tuvo unas 33.000 bajas
entre muertos y heridos más unos pocos prisioneros, y el republicano más del doble,
cerca de 70.000 bajas, divididas en 30.000 muertos, 20.000 heridos y 20.000 prisioneros.
Para otros autores, cada bando tuvo unas 60.000 bajas.
Lo que es indiscutible
es que mientras el banco nacional quedaba dueño del terreno, subida la moral y
fuerte en tropas y material, el bando republicano se había replegado vencido y
veía acabadas sus reservas de hombres y material, lo que abría Cataluña de par en
par ante la siguiente ofensiva nacional.
El 22 de noviembre las
brigadas internacionales empezaban a abandonar el país, pues los políticos republicanos
sólo aspiraban ya a una paz negociada con la mediación internacional.
LA CAÍDA DE CATALUÑA
(1939).
La campaña de Cataluña
(diciembre 1938-enero 1939).
El 23 de diciembre
de 1938 el ejército nacional lanzaba su ofensiva general en Cataluña. Eran
300.000 hombres contra los 200.000 republicanos, estos mucho peor entrenados y armados.
La sucesión de conquistas fue imparable, sólo con pequeños combates: Tarragona
(15-I), Barcelona (26), Gerona (4-II) y el resto entre el 5 y el 9 de febrero.
Se produjo en éxodo de cientos de miles de republicanos a Francia.
Mapa de la campaña de Cataluña.
También caía en
manos de los nacionales la isla de Menorca (9-II), sin lucha por mediación de
Gran Bretaña, con lo que se completaba el dominio franquista sobre las islas
Baleares.
EL FIN DE LA GUERRA
(1939).
La caída del resto
del territorio republicano.
Franco no emprendió
la ofensiva final de inmediato. Sabía que la República estaba a punto de caer por
sí sola.
Todavía resistían el
Centro y el Levante: los republicanos más decididos, Negrín y los comunistas,
querían alargar la guerra para esperar la inminente guerra europea, que tal vez
hubiera variado el curso de la española.
Pero el 27 de febrero
Francia y Gran Bretaña reconocían oficialmente al Gobierno de Franco. Creyéndose
privado de legitimidad internacional, el 28 de febrero Azaña dimitió en París como
presidente de la República, asumiendo el cargo Martínez Barrio, que también se
quedó en París, sin intención de volver a España. Negrín quiso reorganizar el Estado
Mayor Central, dirigido por el coronel Casado, pero este quería acabar la guerra
y soñaba con un nuevo “abrazo de Maroto”, como el que había puesto fin a la primera
guerra carlista. Casado contaba con el apoyo de los republicanos más desmoralizados,
como el socialista Julián Besteiro, la mayoría de los anarquistas y los militares
Miaja, Menéndez y Ruiz-Fornells. Franco, mientras llegaba el final, se alineaba
con las Potencias del Eje: entraba en el Pacto Anti Komintern (27-III-1939, renovado
en 1941), y firmaba el Tratado de Amistad con Alemania (31-III).
El golpe militar de
Casado en Madrid triunfó (4-III) sobre Negrín y los comunistas, que acabaron aceptando
la situación (12-III). Casado, Miaja y Besteiro participaron en el Consejo Nacional
de Defensa, cuyo objetivo era precipitar el final de la guerra mediante conversaciones
de capitulación (iniciadas el 13-III). Ofrecieron una rendición con honor, sin
represalias y que los dirigentes republicanos pudieran abandonar el país, pero
Franco exigió negociar sólo con oficiales, sin civiles, y consiguió que Casado
y sus partidarios se rindieran sin condiciones (28-III). Las tropas nacionales entraron
el mismo día en Madrid, y se lanzaron sin resistencia para ocupar el resto del
territorio todavía republicano.
El 1 de abril, tras
tomar los últimos puertos de Valencia, Alicante y Cartagena, Franco comunicó su
victoria definitiva: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército rojo, han
alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos. La guerra ha terminado”.
Mapa de la campaña final.
6.5. LA ESPAÑA NACIONAL
Y LA REPUBLICANA.
La España nacional.
En la España nacional,
la política interior había sido de unidad de todas las fuerzas políticas y paramilitares,
lo que garantizó la máxima eficacia: estrategia de guerra lenta de desgaste (que
sirvió a Franco para consolidar su presente y futuro poder, al exterminar a sus
enemigos), mejor armamento, militarización de la sociedad y de la economía.
El jefe de la sublevación
era el general Sanjurjo, pero su muerte en accidente de aviación al venir de Lisboa
(20-VII-1936) abrió el camino a Franco, facilitado por otro accidente similar
que eliminó al general Mola en 1937. La Junta de Defensa Nacional, presidida por
el general Cabanellas, nombró a Franco como Generalísimo de los Ejércitos
(12-IX-1936), jefe de gobierno (29-IX) y Jefe de Estado (1-X), quedando disuelta
la Junta. El gobierno se estableció en Salamanca, hasta febrero de 1938, que pasó
a Burgos. El 16 de noviembre de 1936 Alemania e Italia, y luego Portugal, reconocían
oficialmente al Gobierno de Franco, cuando pensaban que su victoria en Madrid era
ya inminente.
Franco preconizó la
tesis de que la total unidad política era imprescindible para ganar una guerra
larga y el Decreto de Reunificación (19-IV-1937) unió a todas las fuerzas políticas
de la derecha en la Falange Española Tradicionalista y de las JONS, que suprimió
al resto de los partidos y organizaciones nacionales (falangistas, carlistas, cedistas
y monárquicos). Franco fue nombrado su Jefe Nacional. El líder falangista Manuel
Hedilla debía ser el jefe de la Junta Política y su negativa a aceptar le llevó
a un consejo de guerra y la cárcel (22-IV). Entretanto, el general Mola murió en
accidente de aviación (3-VI). Desde ese momento Franco tuvo un poder omnímodo,
tanto civil como militar.
Era un modelo ideológico
fascista, pero en su esencia era un régimen autoritario, que contó con el apoyo
de los empresarios, los propietarios agrarios, grandes sectores de la burguesía,
los militares, y, punto fundamental para legitimar la “Cruzada nacional”, la Iglesia
católica, que había sufrido terribles bajas (5.000 sacerdotes y 1.500 religiosos
ejecutados) en la revolución social de los primeros meses. Se publicó una carta
colectiva del episcopado en favor del bando nacional (VII-1937) y el Vaticano reconoció
pronto (X-1937) al régimen de Franco.
La política económica
y social era de inspiración falangista: el ejemplo fascista y nazi era dominante
en el régimen y la Falange era la única alternativa nacional semejante. La economía
fue militarizada mediante la intervención y la reglamentación estatal, pero no
se tocó la propiedad privada: sólo se ordenaba qué producción se debía hacer y
a qué precio.
- La primera realización
legislativa del nuevo Estado nacional fue el Fuero del Trabajo (III-1938), que establecía
el derecho y el deber de todos los españoles al trabajo, dentro de los principios
de justicia social (tomados de la filosofía social católica).
- En el aspecto religioso
fueron anuladas todas las disposiciones anticlericales del régimen republicano:
matrimonio civil, divorcio, y se restauró la Compañía de Jesús.
- En el aspecto agrario
se creó (IV-1938) el Servicio Nacional de Reforma Económica y Social de la Tierra,
que devolvió a sus antiguos propietarios las tierras expropiadas por el IRA republicano.
- Se estableció un
rígido control de censura.
La España republicana.
En contraste, la República
sufrió una constante falta de unidad y al principio una revolución social violenta:
sobre todo, la persecución religiosa dañó mucho la imagen republicana en el exterior.
Pero también miles de propietarios y empresarios fueron ejecutados y muchas tierras
y fábricas ocupadas, sobre todo por los anarquistas, con una colectivización agraria
en Aragón y la incautación de fábricas en Cataluña hasta un 70% del total. Los
partidos y sindicatos acaparaban armas y milicianos, lejos del frente, a fin de
realizar la revolución en la retaguardia. Por todo ello, la República tardó casi
un año en organizar un mínimo de cohesión en sus fuerzas militares, y además dispuso
de un armamento siempre precario, pues sufría un bloqueo exterior de armas y le
faltaba la industria pesada del Norte (perdido en 1937). Con todo, en 1937 se había
organizado un ejército regular de 500.000 hombres (similar en número al nacional),
bastante bien armado y disciplinado (aunque no tanto como el nacional) y peor mandado,
lo que le pondría en desventaja.
Giral había ocupado
la jefatura de gobierno a finales de julio de 1936 y lanzado propuestas de arreglo,
hasta que le sustituyó Largo Caballero (5-IX-1936), en un nuevo Gobierno, con participación
socialista, azañista, de Esquerra Catalana, comunista y anarquista (cuatro ministros),
que intentó detener la revolución social y el “terror rojo” para concentrarse en
ganar la Guerra Civil.
La lucha (un conflicto
civil dentro de una Guerra Civil) de mayo de 1937 entre moderados (socialistas
y comunistas) y radicales (socialistas marxistas, anarquistas y POUM en Cataluña),
fue el enfrentamiento entre quienes querían ganar primero la guerra y hacer la
revolución después, y los que querían hacer la revolución enseguida. El triunfo
de los primeros en los breves combates de mayo permitió mantener el esfuerzo bélico,
pero a costa de la división interna (bastantes radicales, como Andrés Nin, del
trotskista POUM, fueron ejecutados).
Después de la dimisión
de Largo Caballero el bando republicano tuvo un nuevo gobierno, el 21º de la República
(17-V- 1937), presidido por el socialista moderado Juan Negrín, que perduró hasta
el final de la guerra. Sus objetivos eran alargar la guerra hasta que estallase
la guerra en Europa o se firmase una paz aceptable y para ello debía mantener el
apoyo de la URSS (la única potencia que le ayudaba) y del PCE (el partido dominante
en la izquierda por su organización interna, aunque fuera minoritario), lo que
explica que Negrín fuese tildado de filocomunista sin serlo. Las colectivizaciones
anarquistas fueron suprimidas entonces. La propiedad privada se respetó, lo que
permitió mejorar la situación alimentaria en la retaguardia (aunque siempre fue
difícil). La reforma agraria (reparto de 4 millones de hectáreas) y la incautación
de la industria bélica (1938) fue, empero, poco eficaz en el suministro de bienes.
Si repasamos la evolución
de los partidos, vemos que los socialistas se dividieron entre los radicales (Largo
Caballero, apartado en mayo de 1937), y los moderados (Indalecio Prieto y sobre
todo Negrín), que triunfaron en 1937. Los comunistas (muy moderados durante la
guerra), comenzaron a influir decisivamente sobre los socialistas, gracias a la
importancia del apoyo soviético. Los republicanos, con una base burguesa, pronto
fueron apartados, como Azaña.
El gobierno republicano
se refugió en Valencia entre julio de 1936 y octubre de 1937, y luego en Barcelona,
para volver a Valencia en enero de 1939.
6.6. IMPLICACIONES INTERNACIONALES.
La Guerra Civil fue un
problema internacional, en el que se vieron envueltas todas las grandes potencias,
preparando la configuración de los bloques de la guerra mundial. Los apoyos republicanos
se lograron en los medios izquierdistas, en URSS y México. Los de los nacionales
en Alemania, Italia y Portugal.
La mayoría de los historiadores
ha considerado que el equilibrio alcanzado en los meses siguientes a julio de
1936 sólo podía ser roto por la ayuda internacional a los bandos. El apoyo exterior
fue mucho más eficaz para el bando nacional, por lo que este a largo plazo ganó
la guerra. Sin la ayuda de Hitler y Mussolini tal vez Franco no hubiera perdido,
pero tampoco hubiera ganado antes del inicio de la II Guerra Mundial, lo que hubiera
podido virar totalmente la situación en España.
Brigadas Internacionales.
Los voluntarios de
la izquierda internacional afluyeron al bando republicano, integrándose en brigadas
especiales, siendo decisivos en algunas de las batallas de resistencia (Jarama,
Guadalajara). El bando nacional lanzó el mito de un ejército rojo, mayoritariamente
ruso, pero sólo hubo un total de 40.000 hombres a lo largo del conflicto, con un
máximo de 18.000 al mismo tiempo. Se retiraron a finales de 1938.
EE UU, Gran Bretaña
y Francia.
EE UU, Gran Bretaña
y Francia mantuvieron una neutralidad cada vez más benevolente para Franco, lo
que impidió el envío de ayuda militar y financiera al gobierno republicano. Francia
y Gran Bretaña acordaron (5-VIII-1936) formar el Comité de No Intervención, al
que se adhirieron luego la URSS, Alemania e Italia, un acuerdo que en la práctica
no funcionó. Francia, en manos del Frente Popular, fue la única democracia occidental
que ayudó un poco a la República, pero la amenaza nazi y la repulsa británica a
una República revolucionaria y comunistas frenaron una ayuda que fuese suficiente.
Desde febrero de 1939 estas potencias reconocieron al gobierno de Franco, cuyo
triunfo era inminente.
URSS.
La URSS apoyó a la República
con armas, especialmente 600 aviones más tanques y cañones, por un monto de 700
millones de dólares, e instructores. Su esfuerzo resultó esencial en noviembre
de 1936 para detener el avance franquista, lo que permitió que la guerra durase
tres años. A cambio se quedó con las reservas de oro del Bando de España, evaluadas
en 578 millones de dólares. En el aspecto interno impuso la presencia en el poder
republicano del Partido comunista (PCE).
Alemania, Italia
y Portugal.
Alemania, Italia y Portugal
apoyaron a los rebeldes de un modo vital para su triunfo: desde agosto de 1936
dieron dinero, armas, apoyo logístico (esencial para el paso del Estrecho en agosto
de 1936) y soldados.
Alemania envió la Legión
Cóndor, una poderosa unidad aérea de 4.000 hombres, 800 aviones, con un total
de 30.000 hombres (el cambio era frecuente, para facilitar el objetivo de la instrucción)
y suministró mucho material (tanques, cañones) y un préstamo de 400 millones de
dólares, devuelto durante la II Guerra Mundial con alimentos y metales.
Italia contribuyó con
entre 80.000 y 120.000 soldados, y numerosos aviones y tanques, por un monto de
200 millones de dólares.
Portugal envió
20.000 voluntarios en la Legión Viriato y sobre todo sirvió de enlace seguro entre
el sur y el Norte de la zona nacional.
6.7. LAS CONSECUENCIAS
DE LA GUERRA.
Moradiellos [18 de julio de 1936. “El País” (17-VII-2016)] resume las consecuencias de la Guerra Civil:
‹‹En efecto, al término de la brutal contienda civil de 1936-1939 no habría de llegar a España la Paz sino la Victoria y una larga dictadura. Y entonces pudo comprobarse que, cualesquiera que hubieran sido los graves problemas imperantes en el verano de 1936, el recurso a las armas había sido una mala “solución” política y una pésima opción humanitaria. Simplemente porque había ocasionado sufrimientos inenarrables a la población afectada, devastaciones inmensas en todos los órdenes de la vida socio-económica, daños profundos en la fibra moral que sostiene unida toda colectividad cívica y un legado de penurias y heridas, materiales y espirituales, que tardarían generaciones en ser reparadas.
El balance de pérdidas humanas es terrorífico, puesto que registró las siguientes víctimas mortales: Entre 150.000 y 200.000 muertos en acciones de guerra (combates, operaciones bélicas, bombardeos). Alrededor de 155.000 muertos en acciones de represión en retaguardia: cien mil en zona franquista y el resto en zona republicana. En torno a 350.000 muertos por sobre-mortalidad durante el trienio bélico, derivada de enfermedades, hambrunas y privaciones.
Por si fuera poco, a esa abultada cifra de víctimas habría que añadir otras dos categorías de pérdidas cruciales para el devenir socio-económico del país: El desplome de las tasas de natalidad generado por la guerra, que provocó una reducción del número de nacimientos que se ha situado en unos 500.000 niños “no nacidos”. El incremento espectacular en el número de exiliados que abandonaron el país, ya de manera temporal (quizá hasta 734.000 personas) o ya de forma definitiva (300.000: el exilio republicano español de 1939).
(…) [Dijo] Cicerón, que padeció en primera persona las guerras civiles que acabaron con la República en Roma: “Cualquier género de paz entre los ciudadanos me parecería preferible a una guerra civil”. Con su corolario: “Nunca más la guerra civil”.››
Las pérdidas humanas.
Las pérdidas humanas
fueron inmensas, aunque no hay consenso entre los historiadores respecto a su
cuantía. Parece una exageración la leyenda del millón de muertos y lo más probable
es que fueran unos 600.000, la mitad por causas bélicas y el resto en la retaguardia,
siendo las enfermedades y el hambre la causa de unos 100.000 fallecimientos, y el
resto consecuencia de la represión de ambos bandos, en especial el nacional, durante
y poco después de la guerra, con más de 200.000 muertos.
Eran bajas que afectaron
sobre todo a los varones y que conllevaron un descenso de la nupcialidad y natalidad,
de modo que se calcula que hubo unos 600.000 no nacidos. Además, se deben sumar
cientos de miles de heridos y decenas de miles de mutilados.
En la posguerra hubo
casi 300.000 internados en prisión hacia 1941 y en 1950 aún había 30.000. Hubo
también decenas de miles de depurados en la Administración y se confiscaron (o
multaron) los bienes de mucha gente.
Además hubo un desmoronamiento
moral, psicológico y social de las gentes, pues las estructuras familiares y sociales
fueron quebrantadas de un modo trágico y duradero.
El exilio.
El exilio de los republicanos
afectó posiblemente a más de 700.000 personas a lo largo de la guerra, de los
que más de 500.000 volvieron en los años siguientes (360.000 ya en 1939). El exilio
permanente afectó a unas 165.000 personas y se concentró en Francia e Hispanoamérica,
con muchos intelectuales, artistas, profesionales y técnicos. Fue una grave pérdida
para la cultura y la ciencia españolas.
Niños repatriados llegados en el Vicente
Puchol, Barcelona, 1939. Foto, Carlos Pérez de Rozas.
Las pérdidas materiales.
Las pérdidas materiales
fueron enormes por la destrucción de gran parte de los ferrocarriles, puentes y
otras infraestructuras de transportes, multitud de viviendas y gran parte del patrimonio
artístico, el gasto del oro del Banco de España con la consiguiente depreciación
de la peseta, la pesada deuda exterior y la reconversión de la industria civil
para el fin militar.
Además, se creó y se
mantuvo después un régimen económico autárquico e ineficiente, que arruinó las
mejoras que había registrado la economía desde 1917. La recuperación fue por lo
tanto muy lenta y sólo en 1951 se recuperó el nivel económico de 1935.
BIBLIOGRAFÍA. Distingo tres grupos: Una bibliografía esencial, una de la Segunda República y otra de la Guerra Civil.
ESENCIAL.
Blogs.
Dosier: Biografías (1898-1975).*
Libros.
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1808-1975. Ariel. Barcelona. 1982. 826 pp.
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Fernández-Rúa, José Luis; et al.
Historia de la Segunda
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Parker, R. A. C. El
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Tamames, Ramón. La
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Documentales / Vídeos.
El amanecer de una nueva era. Documental de la Fox en abril de 1931 sobre la proclamación de la Segunda República. 21:30. Estrenado en la Filmoteca en 2022. Reseña de Belinchón, G. La República, restaurada en imágenes. “El País” (14-V-2022).
Libros.
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Álvarez Tardío, Manuel; Villa García, Roberto. 1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular. Espasa. Madrid. 2017. 628 pp. Sostienen que el Frente Popular, para ganar, cometió fraude electoral y usó una violencia generalizada. Reseña de Juliá, Santos. Las cuentas galanas de 1936. “El País” Babelia 1.323 (1-IV-2017). Critica que los autores incurren en un error de bulto, sumar los resultados de las candidaturas de la CEDA como si fueran un solo bloque, inexistente.
Aróstegui, Julio. Largo Caballero. Debate. Madrid. 2013. Reseña-entrevista de Constenla, Tereixa. Largo Caballero, un rescate espinoso. “El País” (15-I-2013) 40.
Bilbeny, Norbert (editor). La Segunda República española: textos fundamentales. Universitat de Barcelona. 2021. 454 pp. Una selección de 70 leyes, discursos y proclamas. Ressenya catalana de Segura, Cristian. El “problema català”, en tricolor. “El País” Quadern 1.871 (31-X-2021).
Bosch, Aurora. Miedo a la democracia. Estados Unidos ante la Segunda República y la guerra civil española. Crítica. Barcelona. 2013. Ensayo. Entrevista por Bono, Ferran. ‘Roosevelt se lamentó de no dejar que la República comprase armas’. “El País” (5-V-2013) 45.
Carr, Raymond. España 1808-1975. Ariel. Barcelona. 1982. 826 pp.
Cerdà, Paco. 14 de abril. Libros del Asteroide. 2022. El periodista explica la jornada del 14 de abril de 1931 contada por sus testigos. Reseña de Morales, Manuel. La proclamación de la Segunda República, contada al minuto. “El País” (6-XII-2022).
Comín, Francisco. La Gran Depresión y la Segunda República. “El País” Negocios 1.369 (29-I-2012) 24-25. La recesión de los años 30 del siglo XX. En Llopis, Enrique (coord.). Serie ‘Las grandes crisis de la economía española’. “El País” Negocios (2012).
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González Calleja, Eduardo; Cobo Romero, Francisco; Martínez Rus, Ana; Sánchez Pérez, Francisco. La Segunda República española. Pasado y Presente. Barcelona. 2015. 1.400 pp. Fragmento: El doloroso aprendizaje de la democracia. “El País” Domingo (3-V-2015) 9. Reseña de Constenla, T. La II República, vista sin grandes pasiones. “El País” (4-VI-2015) 25.
Jackson, G. La República Española y la Guerra Civil 1931-1939. Crítica. Barcelona. 1979 (1965). 496 pp.
Juliá, Santos. Hoy no es ayer. Ensayos sobre la España del siglo XX. RBA. Barcelona, 2011. 384 pp.
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Mees, L.; De la Granja, J. L.; De Pablo, S.; Rodríguez Ranz, J. A. La política como pasión: el lehendakari José Antonio Aguirre (1904-1960). Tecnos. Madrid. 2014. 660 pp. Reseña de Avilés, Juan. “El Cultural” (19-XII-2014) 27.
Nadal, Jordi. El fracaso de la Revolución industrial en España, 1814-1913. Ariel. Barcelona. 1984. 314 pp.
Nolte Aramburu, E. La crisis del sistema liberal y los movimientos fascistas. Península. Barcelona. 1975. 350 pp.
Parker, R.A.C. El siglo XX (1918-1945). Siglo XXI. Madrid. 1984. 440 pp.
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Serrat Bonastre, Francisco. Salamanca, 1936. Crítica. Barcelona. 2015. Memorias editadas por Ángel Viñas del diplomático español Serrat, que montó el servicio exterior de Franco en 1936 y que a finales de 1937 ya se había exiliado en Suiza para no participar en la represión y la corrupción. Reseña-entrevista a Viñas de Constenla, T. ‘Lo menos que se decía era fusilar’. “El País” (11-I-2015) 42.
Tamames, Ramón. La República. La era de Franco. en Artola, Miguel (dir.). Historia de España. v. VII. Alianza. Madrid. 1988. 373 pp.
Tortella, Gabriel. El desarrollo de la España contemporánea. Historia económica de los siglos XIX y XX. Alianza. Madrid. 1994. 429 pp.
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Viñas, Ángel. El gran error de la República. Crítica. 2021. 509 pp. Ensayo sobre los errores de los dirigentes republicanos (Azaña, Casares Quiroga) en prevenir el anunciado golpe militar. Reseña de Morales, M. Ángel Viñas retrata los fallos de Azaña previos al golpe. “El País” (10-III-2021).
Análisis y opinión. Artículos en orden alfabético.
Casanova, Julián. La Segunda República, ese sueño maravilloso. “El País” (14-IV-2021).
Casanova, J. Una Constitución democrática y laica. “El País” (9-XII-2021).
Casanova, J. Orden y conflicto en la República. “El País” (22-I-2022). La violenta represión por la Guardia Civil de los movimientos de protesta social creó a principios de 1932 un clima de tensión y hostilidad.
Casanova, J. Casas Viejas. “El País” (11-I-2023). Un resumen de la revuelta anarquista de Casas Viejas (Cádiz), en la que murieron 25 personas (19 campesinos, dos mujeres, un niño y tres guardias civiles), en enero de 1933. La oposición de derechas utilizó el escándalo de la sangrienta represión para erosionar al Gobierno republicano.
Comín, Francisco. La Gran Depresión y la Segunda República. “El País” Negocios 1.369 (29-I-2012) 24-25. La recesión de los años 30 del siglo XX. En Llopis, Enrique (coord.). Serie ‘Las grandes crisis de la economía española’. “El País” Negocios (2012).
Gómez-Bravo, Gutmaro. La Segunda República: por un cambio de secuencia. “El País” (14-IV-2023). Gómez-Bravo es profesor titular de Historia Contemporánea y director del Grupo de Investigación Complutense de la Guerra Civil y el franquismo. Opina que la II República fue para muchos de sus coetáneos un intento de solucionar conflictos de forma pactada.
Moradiellos, Enrique. José Antonio, la forja del mito y las claves del culto a la personalidad. “El País” (13-II-2017). Joan Maria Thomàs publica una biografía: José Antonio: realidad y mito.
Moreno Luzón, Javier. Usos políticos de la Segunda República. “El País” Ideas 114 (16-VII-2017).
Rojo, José Andrés. Historia, no combate. “El País” Ideas 114 (16-VII-2017). La historiografía reciente sobre la II República, la Guerra Civil y el franquismo sigue dividida en dos bandos.
FUENTES: GUERRA CIVIL.
Internet.
Museos.
Morales, M.; Koch, T. Qué hace un museo digital de la Guerra Civil en Canadá. “El País” (22-X-2022). El ‘Museo virtual de la Guerra Civil española’ [https://www.vscw.ca/es] abre un internet, desde Canadá, promovido por dlos catedráticos de Historia, Adrian Shubert (York University de Toronto) y Antonio Cazorla Sánchez (Trent University de Petersborough).
Películas.
Bloqueo (1938), de William Dieterle. Intérpretes: Henry Fonda, Madeleine Carrlol. Una confusa (y absurda) trama sobre las aventuras de un alférez franquista y una espía republicana, que podrían ser intercambiables.
Sierra de Teruel o L’Espoir (1939). Dirección: André Malraux. 88minutos.
¿Por quién doblan las campanas? (1943). Dirección: Sam Wood. 168 minutos.
¡Ay, Carmela! (1990). 102 minutos.
Tierra y libertad (1995). Dirección: Ken Loach. 109 minutos.
Soldados de Salamina (2003). 112 minutos.
La conspiración (2012), de Pedro Olea. La trama del general Mola en el golpe de Estado
de 1936.
La trinchera infinita (2019), de Jon Garaño, Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga. La vida de un ‘topo’, un hombre escondido 33 años durante el franquismo, y su esposa. Reseña de Boyero, C. Qué angustia y qué terror el de los topos. “El País” (1-XI-2019).
Documentales.
España. Ensayo de una guerra. 2016. Serie documental. Reseña de Robert, María. Una guerra como ensayo para una contienda mayor. “El País” (16-VII-2016).
España dividida. La Guerra Civil en color. 2016. Serie documental de capítulos de una hora, más un libro. Dirección de Francesc Escribano, guion de Manuel Lucas y asesoría de Antony Beevor. Reseña de Ruiz de Elvira, A. P. Los colores de la Guerra Civil. “El País” (17-XI-2016). / Gordó, Alberto. La guerra, ni blanco ni negro. “El Cultural” (16-XII-2016). Entrevistas a Antony Beevor, Enrique Moradiellos, Julián Casanova y Santos Juliá.
Historia de la Guerra Civil española (1936-1939). 55 minutos.
Conferencias.
Mientras dure la guerra. El origen de la Dictadura. Conferencia de Jesús Martínez Martín, profesor de Historia de la Universidad Complutense (28-XI-2019). Colegio Oficial Doctores y Licenciados. 44:11. [https://www.youtube.com/watch?v=nv9mXXOf9j0]
Winston Churchill y la Guerra Civil española. Conferencia de Enrique Moradiellos de ingreso en la Real Academia de la Historia (28-XI-2021). Reseña de Morales, Manuel. Winston Churchill y la “úlcera española” de la Guerra Civil. “El País” (29-XI-2021).
Exposiciones.
*<Conciencia y conflicto: los artistas británicos>. Chichester. Pallant House (2014-2015). Obras de Miró (cartel Aidez l’Espagne), Penrose y otros, sobre la Guerra Civil en el arte británico de su época. Reseña de Guimón, Pablo. “El País” (1-XII-2014) 37.
*<Frente a Frente>. Madrid. Museo Nacional de Antropología (21 junio-29 septiembre 2019). Fotos entre julio de 1936 y octubre de 1937 de dos fotógrafos, Constatino Suárez y Florencio López Floro, separados en los dos bandos, republicano y franquista respectivamente, durante la guerra en Asturias. Reseña de Junquera, N. Así bombardearon a mis vecinos. “El País” (24-VII-2019).
*<Gráfica anarquista. Fotografía y revolución social, 1936-1939>. Barcelona. Arxiu Fotogràfic (27 noviembre 2019-16 mayo 2020). Reseña de Montañés, J. Á. Imágenes de tres años de anarquía. “El País” (4-XII-2019).
Cómics.
García, Juan Pablo. La Guerra Civil española. Debate. Madrid. 2016. Cómic sobre el libro homónimo de Paul Preston. Reseña de Morales, Manuel. La Guerra Civil en cómic. “El País” (14-VI-2016).
Libros.
AA.VV. Historia agraria de la España Contemporánea. Crítica. Barcelona. 1985-1986. 3 vs. De varios editores. I (1800-1850), de A. García Sanz, 464 pp. II (1850-1900), de R. Garrabou y F. Sanz Fernández, 542 pp. III (desde 1900), de J.I. Jiménez Blanco y C. Barciela, 568 pp.
Aguilar, Paloma; Payne, Leigh A. El resurgir del pasado en España. Fosas de víctimas y confesiones de verdugos. Taurus. 2018. 200 pp.
Aisa, Joaquim. Diario de un miliciano republicano. Base. 2010.
Alegre, David. La batalla de Teruel. Guerra total en España. La Esfera de los Libros. 2018. Reseña de Prieto, Darío. La batalla de Teruel: 80 años del Stalingrado español. “El Mundo” (30-IV-2018).
Allan, Ted. Otro mundo es posible. Edición y trad. de Juan Manuel Camacho. Amarú. 2017. 288 pp. Ted Allan (Montreal, 1916-Toronto, 1995), brigadista internacional. Reseña de Constenla, Tereixa. Últimas noticias del frente español. “El País” Babelia 1.390 (14-VII-2018).
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Aupi, Vicente. Crónicas de fuego y nieve. Dobleuve Comunicación. 2018. Selección de crónicas, vivencias y fotos de los enviados especiales en la batalla de Teruel (diciembre 1937-febrero 2018). Reseña de Morales, Manuel. Hielo y fuego en el frente de Teruel. “El País” (16-II-2018).
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cruzado’. “El País” Babelia 1.704 (20-VII-2024). Reivindican que su libro, muy documentado, tiene un
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Sánchez Pérez, Francisco (coord.). Los mitos del 18 de julio. Crítica. Barcelona. 2013. 480 pp. Ensayos de Eduardo González Calleja, José Luis Ledesma, Xosé Manuel Núñez-Seixas, Fernando Puell, Hilari Raguer, Ángel Viñas… Viñas demuestra la adquisición por los monárquicos de material militar italiano. Reseña de Jorge M. Reverte. Mitos y broncas. “El País” Babelia 1.126 (22-VI-2013) 8.
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Tuytens, Sven. Las mamás belgas. El Mono Libre. 2019. Monografía sobre un grupo de 30 enfermeras extranjeras en el hospital de Onteniente en la contienda. Reseña de Ruiz Mantilla, J. Las brigadistas judías en la Guerra Civil, rumbo a la tragedia europea. “El País” (4-III-2019).
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Viñas, Á.; Hernández Sánchez, Fernando. Oro, guerra, diplomacia. La República española en tiempos de Stalin. Crítica. 2023. Desmiente el mito de una España republicana convertida al comunismo; documenta los primeros envíos de armas rusas en septiembre de 1936 y los pagos en oro. Reseña-entrevista de Rojo, J. A. La República nunca instauró los sóviets. “El País” (14-III-2023).
Wiskeman, Elizabeth. La Europa de los Dictadores. 1914-1945. Siglo XXI. Madrid. 1978. 301 pp.
Zavala, José María. Los horrores de la Guerra Civil. Plaza & Janés. Barcelona. 2003. 416 pp.
Reportajes. Artículos en orden cronológico.
Reverte, Jorge M. La estrategia de la muerte. “El País” Semanal (15-III-2009) 44-53. Resumen de la guerra, con fotos sobre su crueldad.
Noticias. Artículos en orden
cronológico.
Constenla, Tereixa. Aquella guerra que cruzó el charco. “El País” (27-III-2013) 39. La variada respuesta de los intelectuales hispanoamericanos ante la Guerra Civil española.
Manrique, Diego A. El canto de las trincheras españolas. “El País” (9-I-2015) 36. Un sello alemán publica la mayor antología de canciones del bando republicano en la Guerra Civil.
Cia, Blanca. La guerra de les ones del 36. “El País” Quadern 1.584 (2-IV-2015) 1-3. La radio como medio de propaganda en la Guerra Civil.
Fonseca, Diego. Primeros instantes del golpe. “El País” (18-VII-2016). Los fotógrafos Agustí Centelles (1909-1985) en Barcelona, y Félix Albero (1894-1964) y Francisco Segovia (1901-1975) en Madrid, captaron los inicios de la sublevación.
Ansede, M. El único corazón de la Guerra Civil. “El País” (26-VIII-2016). Una fosa común en un monte de Burgos preservo los restos de decenas de víctimas de la represión franquista, en especial 45 cerebros y un corazón.
Bonet, Pilar. La Guerra Civil abre en Moscú una disección del convulso siglo XX. “El País” (7-XI-2016). El Archivo Histórico de Rusia alberga la documentación del PCUS y abre la ingente información para unas jornadas sobre la Guerra Civil española. Le seguirán otras dos sobre la Revolución Rusa de 1917 y la I Guerra Mundial.
Fernández, Marta. La memoria maltratada. “El País” (25-II-2018). Algunos ciudadanos desarrollan museos locales y otras iniciativas para recuperar lugares de la Guerra Civil.
Ruiz Mantilla, Jesús. El ‘goya’ con el que Franco quiso conquistar a Hitler. “El País” (6-III-2018). Franco meditó regalar a Hitler el óleo ‘La marquesa de Santa Cruz’ para congraciarse con el dictador alemán.
Esculies, Joan. ‘¡El Estatuto de Cataluña ha muerto!’. “El País” Quadern 1.721 (5-IV-2018). Ochenta aniversario de la derogación por Franco de la autonomía catalana.
González, M. El Ejército rectifica y reabre sus fondos de la Guerra Civil. "El País" (13-IV-2018).
Bono, Ferran. Ferran. Las mortíferas pruebas de los ‘stukas’ de Castellón. “El País” (2-V-2018). Un documental explica por qué en 1938 los nazis bombardearon cuatro pequeños pueblos y mataron a 38 personas.
Del Molino, Sergio. Lo que Unamuno nunca le dijo a Millán Astray. “El País” (8-V-2018). El historiador salmantino Severiano Delgado refuta el relato oficial, del famoso enfrentamiento del 12 de octubre de 1936 y documenta cómo el exiliado republicano Luis Portillo construyó en 1941 el mito sobre el discurso del rector.
Del Molino, S. Unamuno vence y el mito de sus palabras sigue en pie. “El País” (9-V-2018). Especialistas reivindican su alegato antifranquista.
Morales, Manuel. ‘Los últimos días de Unamuno son una lección de dignidad’. “El País” (10-V-2018). El matrimonio de Colette y Jean-Claude Rabaté presentan su libro ‘En el torbellino. Unamuno y la Guerra Civil’ (Marcial Pons), y reafirman la importancia de su enfrentamiento con Millán Astray.
Constenla, Tereixa. Últimas noticias del frente español. “El País” Babelia 1.390 (14-VII-2018). Se recuperan libros de autores en inglés sobre la Guerra Civil.
Vilanova, Pere. Otro 1-O. “El País” (13-IX-2018). El golpe de Estado interno de Franco para tomar el poder en su bando en 1936.
Esculies, Joan. Milicians: ni idealistes ni indisciplinats. “El País” Quadern 1.737 (13-IX-2018). Nuevos estudios históricos refutan tópicos sobre los milicianos republicanos.
González, M. La apertura de los archivos de la dictadura / 1. Los papeles secretos del espionaje de Franco. “El País” (21-X-2018). Anexo: Estudiantes, curas y obreros vigilados por la dictadura.
González, M. El vergonzante acercamiento de EE UU a la dictadura. “El País” (22-X-2018).
González, M. El cierre ‘amable’ de la Verja acabó en cerrojazo. “El País” (22-X-2018). Las restricciones a Gibraltar en 1969 se le fueron de las manos al régimen franquista.
Sahuquillo, M. R. El agente doble al que Stalin ordenó matar a Franco. “El País” (17-XI-2018). El británico Kim Philby.
Olaya, V. G. Doce cuartillas antes de ser fusilado. “El País” (12-II-2019). El testamento del militar republicano Ricardo de la Puente, un primo de Franco ejecutado por resistirse a la rebelión.
Constenla, Tereixa. Cosas que no sabíamos de la Guerra Civil. “El País” (31-III-2019).
González, Miguel; Clemente, Yolanda. La herencia más explosiva de la Guerra Civil. “El País” (1-IV-2019). Los artificieros siguen neutralizando cada año más de un millar de artefactos bélicos, en los últimos 33 años unos 35.000.
Riaño, Peio H. La guerra perdida de Kati Horna. “El País” (22-VIII-2019). La fotógrafa húngara retrató la retaguardia republicana en la Guerra Civil y se ha encontrado en Ámsterdam un archivo desaparecido con más de 500 imágenes.
González, Ricard. Brigadistas internacionales, los otros árabes de la Guerra Civil. “El País” Ideas 232 (27-X-2019). Hubo entre medio millar y un millar de brigadistas árabes, la mayoría comunistas. Algunos eran judíos o cristianos.
Antón, J. Dosis d’esperança entre sang i metralla. “El País” Quadern 1.788 (14-XI-2019). Reabre musealizado el hospital militar republicano de la Batalla del Ebro que había en Molar (Priorat), para mostrar la sanidad militar durante la Guerra Civil.
De Llano, Pablo. Los papeles del FBI de un exiliado español. “El País” (18-XII-2019). La vida novelesca del republicano Gustavo Durán (Barcelona, 1906-Atenas, 1969), destacado militar en la Guerra Civil y espía después.
Constenla, T. Las dos guerras de las mujeres llegan al Reina Sofía. “El País” (7-III-2020). El museo dedica dos salas a las obras y roles femeninos en ambos bancos de la Guerra Civil española, con fotografías, documentales y carteles de propaganda.
Olaya, V. G. La cartografía republicana de la batalla de Guadalajara reaparece tras 83 años. “El País” (25-IV-2020). Los planos a mano del militar anarquista Cipriano Mera (1897-1975).
Esculies, Joan. Misèries de l’exèrcit republicà. “El País” Quadern 1.820 (16-VII-2020). La desastrosa situación del ejército republicano al final de la guerra, en las batallas del Segre y el Ebro, aparece en las memorias inéditas de 13 jóvenes combatientes, recogidas por el historiador Joaquim Aloy.
Olaya, V. G. El campamento franquista se protege. “El País” (1-IX-2020). Se protege un puesto de mando militar del ejército franquista en Madrid.
Rojo, J. A. En el fragor del combate. “El País” (26-III-2021). Reverte destacó en sus libros el papel del ejército republicano en frustrar el plan de Franco de conquistar Madrid para acabar la guerra.
Junquera, N. “La Guerra Civil fue porque el pueblo se rebeló contra la dictadura de Franco”. “El País” (25-IX-2022). Un estudio revela el desconocimiento sobre el conflicto bélico y el franquismo entre la población de 16 a 30 años.
Koch, T. El disputado frente de los cuentos infantiles. “El País”
(30-IV-2024). Los dos bandos de la Guerra Civil utilizaron la literatura.
Análisis y opinión. Artículos en orden alfabético.
Ali,
Tariq. Por qué Churchill apoyó el
franquismo. “El País” Ideas 440 (15-X-2023). Prefería el fascismo a “los
judíos y comunistas internacionales”. Extracto de: Ali, Tariq. Winston Churchill. Sus tiempos, sus crímenes.
Alianza. 2023. El escritor y director de cine Tariq Ali (Lahore. Pakistán,
1943).
Cabrera, Mercedes; Junco, José A.; et al. La dimensión coral de la Guerra Civil. “El País” (9-VI-2012) 31. Carta de apoyo a Jorge M. Reverte, periodista e historiador de la Guerra Civil, atacado por los historiadores de derechas.
Álvarez Junco, J. Jugar con fuego. “El País” (28-IV-2021). Los discursos de odio político actuales tienen un paralelismo con los de 1936 que llevaron a la guerra civil.
Bedoya,
Juan G. Un ridículo monumento al ‘fascio’.
“El País” (4-III-2024). Critica que la Junta castellano-leonesa considere Bien
de interés cultural (BIC) la Pirámide de los Italianos en el puerto del Escudo
(Burgos), un espantoso edificio en homenaje a los soldados italianos muertos en
la Guerra Civil.
Cabrera, Mercedes; Junco, José A.; et al. La dimensión coral de la Guerra Civil. “El País” (9-VI-2012) 31. Carta de apoyo a Jorge M. Reverte, periodista e historiador de la Guerra Civil, atacado por los historiadores de derechas.
Casanova, Julián. ‘Por amor a España’. “El País” (10-VIII-2012) 25. Los golpes de Estado del general Sanjurjo.
Casanova, J. La guerra civil española en el reñidero de Europa. “El País” Babelia 1.286 (16-VII-2016). Historiografía reciente.
Casanova, J. Historia, memorias y usos políticos de la Guerra Civil. “El País” (19-VII-2021). Se cumplen 85 años del inicio del conflicto.
Cercas, Javier. ¿Qué es la guerra? “El País” Semanal 2.369 (20-II-2022). Una crítica a horror de la guerra, con el ejemplo de las afines y muy críticas respuestas de los franceses George Bernanos y Simone Weil a la brutalidad de los respectivos bandos franquista y republicano en el verano de 1936.
Elorza, Antonio. El pensador antifranquista. “El País” (9-V-2018). Unamuno contra Franco.
Elorza, A. Verdades históricas. “El País” (5-IX-2018). No hace falta una Comisión de la Verdad para esclarecer las responsabilidades de la Guerra Civil.
Fusi, Juan Pablo. En el fuego del combate. “El País” (15-IV-2012) 37. El impacto de la Guerra Civil en la conciencia contemporánea a través de los artistas (Picasso) y escritores (Orwell, Malraux, Hemingway, Azaña).
Gracia, Jordi. La lente de aumento. “El País” (18-IX-2016). Gracia critica al historiador catalanista Joan B. Culla (que a su vez criticaba en otro artículo al historiador Francisco Morente), por centrar sus alegatos contra el golpe de estado franquista solo en el padecimiento de Cataluña, cuando fue una agresión contra la entera modernidad en España y Cataluña.
Gracia, Jordi. Los delitos de la dictadura. 50 años después. “El País” (22-III-2019).
Grau, Josep. Los ‘Gernikas’ de Castellón. “El País” (27-XII-2015) 24. La aviación de Hitler bombardeó cuatro pueblos del Maestrazgo para probar los stukas. Las bombas de 500 kg mataron 38 personas.
Juliá, Santos. Nuestra guerra. “El País” Ideas 201 (24-III-2019). Se comenzó a usar ‘nuestra’ guerra en los años 40 para distinguirla de la mundial.
Junquera, Natalia. La expansión
del virus del revisionismo histórico. “El País” Babelia 1.682 (17-II-2024).
Crece la influencia mediática y política de autores (seudohistoriadores,
revisionistas históricos o propagandistas franquistas como Pío Moa) que replican
tesis franquistas ante una sociedad poco educada sobre la Historia.
Moradiellos, Enrique. 18 de julio de 1936. “El País” (17-VII-2016). El catedrático de Historia Contemporánea resume el significado del golpe de Estado.
Rabaté, Colette y Jean-Claude. Enfrentamiento en el paraninfo: Unamuno, ‘fulminado’. “El País” (27-V-2018).
Rojo, José Andrés. Historia, no combate. “El País” Ideas 114 (16-VII-2017). La historiografía reciente sobre la II República, la Guerra Civil y el franquismo sigue dividida en dos bandos.
Sánchez Cervelló, Josep. Sobre santos y otras divagaciones. “El País” Cataluña (12-X-2013) 4. El catedrático de Historia Contemporánea de la URV explica, al socaire de las 522 beatificaciones de mártires de la Guerra Civil en Tarragona, que la Iglesia se presenta solo como víctima de los republicanos y oculta que también fue verdugo.
Sesma,
Nicolás. Los historiadores reescriben
otra vez la Segunda República. “El País” Babelia 1.703 (13-VII-2024). Una
selección de los libros recientes del debate sobre la legitimidad democrática
de la Segunda República, a favor o en contra.
Soto, Álvaro. Contra el olvido. “El País” (6-IX-2018). El Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Autónoma de Madrid aboga por un estudio de las consecuencias de la Guerra Civil.
Tremlett, Giles. Los dos frentes de las brigadistas internacionales. “El País” Semanal 2.306 (6-XII-2020). Las voluntarias que lucharon en las Brigadas Internacionales. 700 eran extranjeras y lucharon contra el fascismo en el otro bando y el machismo en el propio.
Viñas, Ángel. Una sublevación militar con ayuda fascista. “El País” (17-VII-2012) 29. La ayuda italiana al inicio de la sublevación.
Viñas, Á. Las astracanada del oro de Moscú. “El País” (23-VIII-2013) 27. Franco pugnó por recuperar el oro vendido por los republicanos, pese a la falta de base jurídica.
Viñas, Á. 18 de julio, cambio de curso de la historia. “El País” (18-VII-2016).
Dosier: Las víctimas de
la Guerra Civil y el franquismo. La Memoria Democrática.*
ESPAÑA: LA SEGUNDA REPÚBLICA
Y LA GUERRA CIVIL.
UBICACIÓN Y SECUENCIACIÓN.
BACHILLERATO, 2º curso.
Historia.
Bloque 5. España en el
mundo de entreguerras.
Apartados:
La Dictadura de Primo
de Rivera. El tránsito de la Monarquía a la República: bases socioculturales y
fuerzas políticas.
La Constitución de
1931. Las realizaciones y la evolución política de la Segunda República.
Sublevación y Guerra
Civil. Dimensión interna e internacional del conflicto español.
Está relacionado con
ESO. Eje 3. El mundo actual. Bloque 5. Sociedad y cambio en el tiempo. Apartado
5.3. Cambio social y revolución en la época contemporánea. Cambios y transformaciones
en la España Contemporánea.
RELACIÓN CON TEMAS
TRANSVERSALES.
Relación con los temas
de la Educación para la Paz, de Educación Moral y Cívica, y Educación para la igualdad
de oportunidades de ambos sexos, en especial el tema del voto femenino y la condición
de la mujer en la II República.
TEMPORALIZACIÓN.
Cinco sesiones de una
hora.
1ª Documental, con
diálogo para evaluación previa. Exposición del profesor. Cuestiones.
2ª Exposición del
profesor. Cuestiones.
3ª Exposición del
profesor. Cuestiones.
4ª Exposición del
profesor, de refuerzo y repaso; esquemas y comentarios de textos.
5ª Comentarios de textos;
debate y síntesis.
OBJETIVOS.
Conocer el proceso histórico
de la II República.
Conocer el proceso histórico
de la Guerra Civil.
Relacionar los problemas
políticos, económicos, sociales, culturales, religiosos con la división en dos
bandos.
Relacionar la confrontación
en España con la que hubo en el mundo de entreguerras entre el fascismo y las democracias
occidentales y los comunistas, con especial hincapié en la intervención internacional
en la Guerra Civil.
Valorar la confrontación
entre los dos bandos como consecuencia de una fractura social anterior.
Valorar la necesidad
de soluciones pactadas, de mutuo provecho, para evitar la violencia en una comunidad,
en la que todos pierden.
CONTENIDOS.
A) CONCEPTUALES.
El fin de la monarquía.
El gobierno provisional.
La Constitución de
1931.
Los problemas de la
II República.
La evolución política
de la II República.
La evolución de la
Guerra Civil.
Las implicaciones internacionales.
B) PROCEDIMENTALES.
Tratamiento de la información:
realización de esquemas, líneas temporales y mapas del tema.
Explicación multicausal
de los hechos históricos: análisis y síntesis de datos; comentario de textos.
Indagación e investigación:
recogida y análisis de datos en enciclopedias, manuales, monografías, artículos...
C) ACTITUDINALES.
Rigor crítico y curiosidad
científica sobre las ideologías e intereses materiales de los bandos en conflicto
en la II República y la Guerra Civil.
Tolerancia y solidaridad
respecto a otros grupos sociales.
Valoración crítica
de las consecuencias de la Guerra Civil y rechazo de los conflictos bélicos.
METODOLOGÍA.
Metodología expositiva
del profesor y participativa activa del alumno, con especial hincapié en que el
alumno investigue, analice y sintetice la información, comente los textos y debata
y exprese sus ideas sobre un conflicto en España.
MOTIVACIÓN.
Un documental sobre
la II República y la Guerra Civil.
ACTIVIDADES.
A) CON EL GRAN GRUPO.
Exposición por el
profesor del tema.
B) EN EQUIPOS DE TRABAJO.
Realización de una
línea de tiempo sobre los procesos de la II República y la Guerra Civil.
Realización de dos esquemas
sobre la UD.
Comentarios de textos
sobre la proclamación de la II República, la Constitución de 1931, la revolución
de octubre de 1934, el levantamiento de julio de 1936, los bombardeos de ciudades
en la Guerra Civil, las ideologías de los rebeldes y los republicanos, el exilio
republicano... Especial atención al contraste de los textos de Manuel Azaña y José
Primo de Rivera.
Realización de un mapa
de los hechos bélicos.
Debate sobre las opciones
de guerra y diálogo para resolver los conflictos.
C) INDIVIDUALES.
Realización de apuntes
esquemáticos sobre la UD.
Participación en las
actividades grupales.
Búsqueda individual
de datos en la bibliografía, en deberes fuera de clase.
Contestar cuestiones
en cuaderno de trabajo, con diálogo previo en grupo.
RECURSOS.
Presentación digital.
Libros de texto, manuales,
mapas.
Fotocopias de textos
para comentarios.
Cuadernos de apuntes,
esquemas...
Un documental histórico.
La Segona República. La Guerra Civil Espanyola.
EVALUACIÓN.
Evaluación continua.
Se hará especial hincapié en que se comprenda la relación entre los procesos de
España y el europeo en los años 30.
Examen incluido en el
de otras UD, con breves cuestiones y un comentario de texto.
RECUPERACIÓN.
Entrevista con los alumnos
con inadecuado progreso.
Realización de actividades
de refuerzo: esquemas, comentarios de textos...
Examen de recuperación
(junto a las otras UD).
APÉNDICES.
APÉNDICE: TEXTO DE COMENTARIO SOBRE LA DEPRESIÓN ECONÓMICA DURANTE LA SEGUNDA REPÚBLICA.
Comín, Francisco. La Gran Depresión y la Segunda República. “El País” Negocios 1.369 (29-I-2012) 24-25. En Llopis, Enrique (coord.). Serie ‘Las grandes crisis de la economía española’. “El País” Negocios (2012). Es un estudio excelente de un catedrático de historia económica de la Universidad de Alcalá sobre la recesión de los años 30 del siglo XX y su devastador impacto sobre la II República. Desde una perspectiva de contenidos procedimentales es además un texto muy útil para un comentario en clase sobre la relación economía-política, y como apoyo documental para un trabajo de investigación de los alumnos.
‹‹La Gran Depresión se inició en Estados Unidos en 1929. Se difundió al resto del mundo mediante la disminución del comercio y los flujos internacionales de capital y la inversión de las corrientes migratorias. España no fue una excepción y fue golpeada, aunque con menor intensidad que otras economías europeas más desarrolladas. La adversa coyuntura internacional intensificó la desaceleración de la actividad económica española, ya visible en 1928, y agravó los desequilibrios estructurales.
La crisis económica desencadenó cambios políticos e inestabilidad social. Los problemas económicos contribuyeron a la caída de la dictadura de Primo de Rivera, que arrastró consigo a la monarquía. Ello despejó el camino al establecimiento pacífico de la Segunda República. La inestabilidad política y social fue general en Europa. Ni siquiera la guerra civil española fue una excepción, pues el rearme de los fascismos en Alemania e Italia estaba ya incubando otra guerra europea. La Guerra Civil fue el preludio de la Segunda Guerra Mundial.
Sin negar la importancia de los factores internos, el contagio internacional tuvo más relevancia en la gestación de la recesión económica en España, como sucedió en el resto de Europa. La economía de la Segunda República siguió las pautas internacionales, con las particularidades propias de los países atrasados y los problemas peculiares de una democracia recién establecida.
Esta interpretación actual contrasta con la tradicional, inspirada en los escritos de los economistas contemporáneos. Estos negaron el contagio de la crisis internacional para responsabilizar de la depresión a factores internos: los errores de los políticos republicanos. Para aquellos economistas, España fue “diferente” en la década de 1930. Los estudios actuales de historia económica muestran lo contrario.
- El atraso, escudo frente al contagio internacional.
La crisis coyuntural fue breve y liviana, como señaló José María Zumalacárregui (1934). Esta moderación de la Gran Depresión en España tiene su explicación en que se trataba de un país atrasado, cuya agricultura ocupaba más del 40% de la población activa. Según Antonio Flores de Lemus (1929), la tendencia y los ciclos anuales del PIB venían marcados por la producción agraria. Ambas variables alcanzaron el máximo en 1929. La mala cosecha de 1930 arrastró al PIB. La crisis industrial y de la construcción empezó al año siguiente. El sector servicios no sufrió la recesión, pero su crecimiento se ralentizó. El PIB solamente disminuyó un 6,4% durante 1930 y 1931, según las estimaciones de Leandro Prados (2010). Sectorialmente, la agricultura y los servicios atemperaron las crisis sufridas por algunas industrias y la construcción. La recesión no afectó a las industrias de consumo (textil), cuya producción aumentó gracias al crecimiento de los salarios reales.
La salida de la crisis española fue rápida porque la excelente cosecha de 1932 elevó el PIB. Tras una recaída en 1933, su recuperación se consolidó en 1934 por otra gran producción agraria. Al año siguiente volvió a alcanzarse el nivel del PIB previo a la crisis gracias al buen comportamiento de la agricultura y a la mejoría de la industria y la construcción. Técnicamente, la crisis coyuntural había acabado en 1935.
En el sector financiero, las cotizaciones de la Bolsa de Madrid cayeron en 1929 y se desplomaron en 1931 y 1932, por influjo de la crisis industrial y de la proclamación de la República. No obstante, la Bolsa madrileña se había recuperado ya en 1935. En Europa y Estados Unidos, los pánicos bancarios de 1931 convirtieron una simple recesión en la Gran Depresión. Pues bien, el atraso bancario evitó este desastre en España, donde solo quebró un banco (el de Barcelona). La escasa internacionalización de sus operaciones y el reducido peso de sus inversiones industriales explican la resistencia de los bancos españoles al contagio de la crisis financiera internacional, según Pablo Martín Aceña (2004).
- La insuficiente protección del comercio exterior.
Olegario Fernández Baños (1934) señaló que la crisis española se desarrolló al margen e independientemente de la mundial, debido a su aislamiento, creado por los altos aranceles y el aumento del tipo de cambio de la peseta. Las cifras históricas muestran lo contrario: la crisis internacional afectó seriamente a los sectores exportadores e importadores, redujo la inversión extranjera y provocó el retorno de los emigrantes. La explicación radica en que la protección exterior (aranceles y depreciación de la divisa) existente en 1929 fue insuficiente para evitar el contagio de la crisis internacional.
Es más, la protección relativa empeoró en los años 1930, pues España no practicó las políticas de empobrecer al vecino. Estas funcionaron para Reino Unido porque otros países no las adoptaron. España se protegió menos y tardíamente, como muestra la evolución de la protección aparente (recaudación en aduanas / importaciones). La República no aumentó la protección arancelaria hasta 1933. Ni siquiera entonces recurrió con convicción a los contingentes a la importación. En 1929, el grado de apertura (porcentaje del comercio exterior en el PIB) era inferior en España que la media europea, según Antonio Tena (2005). Pero la caída de la apertura exterior fue menor en España. A pesar de lo cual, esta disminuyó a la mitad entre 1930 y 1935. Esto revela que las repercusiones de la crisis internacional sobre el comercio exterior fueron apreciables.
La crisis internacional también empeoró el saldo de la balanza comercial: tras 1931, el déficit creció hasta el 23,8% en 1935. Las importaciones cayeron menos que las exportaciones, porque España sufrió las consecuencias de las políticas de empobrecer al vecino practicadas por otros países. Además, aquel déficit comercial no pudo compensarse con los ingresos en divisas por fletes, remesas de emigrantes e importaciones de capital, que prácticamente desaparecieron debido a la crisis internacional.
España tampoco se protegió con devaluaciones competitivas. Aunque nunca entró en el patrón oro, lo intentó en dos ocasiones y sus Gobiernos actuaron como si pertenecieran al club. Desde 1928, la peseta se depreció por la presión de los mercados de divisas. Por el contrario, los Gobiernos trataron de mantener la paridad de la peseta a través del control de cambios. Sin esta intervención en el mercado de divisas, la peseta se habría depreciado más, lo que hubiese resultado más protector para la economía española.
Hasta 1931, esta política de mantener la cotización de la divisa fue la ortodoxa internacionalmente y agravó la crisis internacional. Todo cambió aquel año, cuando Reino Unido y los países del bloque de la libra abandonaron el patrón oro, lo que facilitó su recuperación económica. Otros países, como Francia, permanecieron en el patrón oro, agravando su depresión. Pues bien, los Gobiernos españoles engancharon la peseta al franco francés, actuando como si pertenecieran al patrón oro. La República descartó las devaluaciones competitivas practicadas por los países que abandonaron el patrón oro. En suma, la fortaleza de la peseta entre 1931 y 1935 perjudicó a las exportaciones españolas y favoreció las importaciones, agravando las repercusiones de la crisis internacional.
- Los factores políticos coadyuvaron a la crisis.
Para Luis Olariaga (1933), la recesión en España tuvo su origen en el descenso de la inversión privada, originado por el empeoramiento de las expectativas empresariales, tras el establecimiento de la República, por los conflictos sociales, las políticas socializantes, el acoso a la propiedad por los Gobiernos, la desconfianza en el régimen y la paralización de las obras públicas. El hundimiento de la inversión privada fue clave en la depresión coyuntural de la economía española, pero la explicación de Olariaga requiere algunas matizaciones.
Primera, el ciclo inversor se había desacelerado ya en 1928. La inestabilidad social, la incertidumbre política y el empeoramiento de las expectativas empresariales habían comenzado con la crisis de la dictadura de Primo de Rivera. Las huelgas generalizadas se iniciaron en 1930, en cuanto desapareció la represión de la dictadura. Luego, las expectativas empresariales se agravaron por la crisis internacional y la transición hacia el régimen republicano. Además, esta inestabilidad social acompañó a la depresión económica en toda Europa.
Segunda, las cifras macroeconómicas muestran que la Segunda República no causó la crisis económica, que ya venía de antes. Al contrario, la recesión económica y el colapso de la monarquía, que había apoyado la dictadura, trajeron la República.
Tercera, las políticas reformadoras del primer bienio republicano no fueron socializantes, sino socialdemócratas. Aplicaron en España reformas estructurales y sociales que ya se habían implantado en Europa desde 1883 para corregir la desigual distribución de la renta. La legislación laboral de Largo Caballero contribuyó al crecimiento de los salarios reales entre 1931 y 1933, tras haberse estancado durante la dictadura de Primo de Rivera. Pero, como en Europa, el crecimiento de los salarios reales también se debió a la deflación. En el segundo bienio, los salarios reales permanecieron estables. Por otro lado, los costes salariales no aumentaron por la legislación sobre seguros sociales, porque los empresarios apenas la aplicaron. En cualquier caso, los Gobiernos republicanos fueron escrupulosos en la aplicación de la ley, como sucedió con la reforma agraria, según Ricardo Robledo (2008). Eso sí, estas reformas provocaron una reacción antirrepublicana en los empresarios más conservadores (los agrarios), cuyas acciones agudizaron los conflictos sociales y la inestabilidad política.
Cuarta, la Segunda República no paralizó las obras públicas, sino que las reactivó para compensar la caída de la inversión privada. En España, la inversión agregada alcanzó un máximo en 1929. Tras disminuir ligeramente en 1930, se desplomó en 1931 y 1932, para recuperarse desde 1933. Por el contrario, la inversión pública solo cayó en 1930, para aumentar desde 1931. Las obras públicas, paralizadas en 1930, fueron reemprendidas en 1931 y se intensificaron en 1932. La obra pública de Indalecio Prieto y los pedidos de material de transporte contribuyeron a paliar los efectos de la crisis.
- Una política fiscal moderadamente expansiva.
La política fiscal republicana no causó la recesión, sino que alivió sus secuelas. A pesar de sus declaraciones de ortodoxia presupuestaria, los ministros de Hacienda de la República realizaron una política fiscal anticíclica. La política expansiva de la dictadura fue clausurada por su ministro de Hacienda José Calvo Sotelo en 1929, cerrando el presupuesto extraordinario de 1926. Esta política restrictiva fue asumida por el ministro de Hacienda de la dictablanda, Manuel Argüelles, en 1930. Pero fue revertida por la Segunda República, cuyos ministros aplicaron una política presupuestaria expansiva.
Entre 1931 y 1934, los ministros de Hacienda incrementaron el gasto público en un 25% para combatir el desempleo e invertir en infraestructuras y educación. La presión fiscal también aumentó gracias a la reforma tributaria de Jaume Carner de 1932. Esto revela que aquellos ministros no eran keynesianos, como tampoco lo eran en el resto de Europa. Como los gastos crecieron más, del equilibrio en 1930 se llegó a un déficit presupuestario del 1,6% del PIB en 1934. Era un porcentaje respetable para los cánones de la época, lo que permite hablar de un cierto estímulo fiscal. No obstante, una parte del déficit era coyuntural, porque la recesión lastró el crecimiento de los ingresos. Solo en 1935 hubo una intención clara de reducir el déficit presupuestario por parte del ministro Joaquín Chapaprieta.
En cualquier caso, la política fiscal apenas tuvo repercusiones sobre la producción y el empleo, porque el gasto público nunca superó el 13,5% del PIB. Como en otras democracias europeas, los moderados planes de obras públicas no pusieron en peligro las finanzas del Estado. Por ello, en España no hubo una crisis de la deuda pública, cuyas cargas financieras fueron sostenibles durante la República.
- La tardía política monetaria expansiva.
Antes de 1931, la política monetaria ortodoxa fue restrictiva, para mantener la paridad con el oro. Esto difundió la crisis internacionalmente. Tras las crisis bancarias europeas de 1931, la política monetaria de los países que abandonaron el patrón oro fue expansiva, con devaluaciones y reducciones del tipo de interés, lo que favoreció su recuperación. Otros países, como Francia y España, mantuvieron más tiempo las políticas monetarias deflacionistas, agravando su depresión.
En 1931, la oferta monetaria cayó en España porque aumentó la demanda de efectivo por el público, reduciendo sus depósitos bancarios, ante la incertidumbre generada por la crisis económica y la proclamación de la Segunda República, según Pablo Martín Aceña. Desde 1932, por el contrario, la oferta monetaria creció porque los bancos recurrieron a la pignoración de deuda pública en el Banco de España y porque descendió el coeficiente de efectivo mantenido por el público. Es decir, porque aumentó el dinero intensivo en contratos (depósitos bancarios), que es un indicador de la confianza de la población en la estabilidad del sistema financiero y del régimen político.
El Banco de España solo controlaba el tipo de interés. La utilización de este instrumento fue tardía e insuficiente. Los tipos de descuento comercial se redujeron en medio punto porcentual en 1932, 1934 y 1935. Los tipos aplicados a la pignoración de la deuda se redujeron en medio punto en 1934 y 1935. Esta política monetaria expansiva del segundo bienio republicano contribuyó a la recuperación económica.
- En los años treinta, España no fue diferente; en los cuarenta, sí.
La recesión económica de la Segunda República fue menos profunda, pero fue similar a la sufrida por las democracias europeas. Desde el punto de vista coyuntural, no puede hablarse de Gran Depresión en la España de la década de 1930. Los problemas más graves de la economía española eran estructurales y seguían vigentes en 1936, de ahí la insistencia en las políticas de reformas. Los Gobiernos republicanos recurrieron a los instrumentos de política económica coyuntural convencionales de su tiempo, aunque aplicaron con retraso y escasa convicción las políticas de empobrecer al vecino, lo que agravó las repercusiones de la crisis internacional. En España, como en el resto de Europa, no se aplicaron políticas keynesianas. La política económica republicana no causó la depresión económica ni esta desencadenó la Guerra Civil, que es el corolario que sacan algunos historiadores económicos. El origen de la Guerra Civil no fue económico, sino que estuvo, según Santos Juliá (2008), en un doble fracaso militar: el golpe de Estado de los generales rebeldes no triunfó, en julio de 1936, y el Gobierno no logró aplastar la insurrección. La inclinación del ejército español a los pronunciamientos no era una novedad. Lo que había cambiado era el contexto internacional. En efecto, la ayuda financiera y militar de las potencias fascistas al general Franco y el abandono de las democracias al Gobierno de la República permitieron el triunfo de los generales sublevados, pero después de una costosa y sangrienta Guerra Civil. La supervivencia de la dictadura de Franco tras 1945 convirtió a la España de la posguerra en un régimen, político y económico, diferente del vigente en las democracias europeas. La dictadura franquista siguió aplicando las políticas económicas de guerra que habían implementado las potencias fascistas derrotadas. En aquella política autárquica está el origen de la profunda crisis económica de la posguerra. Esta fue la auténtica Gran Depresión española del siglo XX.››
APÉNDICE. TEXTO DE COMENTARIO SOBRE LAS VÍCTIMAS DE LA GUERRA CIVIL.
Se aconseja el comentario en clase y/o el trabajo de investigación a partir del artículo divulgativo de Constenla, Tereixa. España masacrada. “El País” Semanal 1800 (27-III-2011) 52-64. Noticia previa a la publicación de Preston, Paul. El holocausto español: odio y exterminio en la Guerra Civil y después. Debate. Madrid. 2011. 859 pp.
‹‹Los horrores de la Guerra Civil siguen saliendo a la luz. Lejos del frente hubo casi tantos muertos como en las batallas. Una represión salvaje contra inocentes que Paul Preston denuncia ahora en ‘el holocausto español’.
El capitán Manuel Díaz Criado no admitía peticiones de clemencia. Admitía, eso sí, la visita de mujeres jóvenes. En la aterrorizada Sevilla de agosto de 1936, tomada ya por tropas sublevadas contra el Gobierno republicano, Díaz Criado disfrutaba a sus anchas día y, sobre todo, noche. “Después de la orgía, y con un sadismo inconcebible, marcaba a voleo con la fatídica fórmula ‘X2’ los expedientes de los que, con este simplicísimo procedimiento, quedaban condenados a la inmediata ejecución”, relató un antiguo gobernador civil. Quienes pululaban a su alrededor le consideraban “un degenerado” que rentabilizó su misión represora para “saciar su sed de sangre, enriquecerse y satisfacer su apetito sexual”.
Ese mismo agosto, Pascual Fresquet Llopis, matón de la anarquista FAI, se afanaba en ser digno merecedor del nombre de su patrulla: la Brigada de la Mort. Desde Caspe (Zaragoza) comandaba operaciones de limpieza ideológica en el Bajo Aragón, Teruel y Tarragona, rastreando derechistas a los que ejecutar. La brigada se desplazaba en un autobús de 35 plazas, conocido como el ‘cotxe de la calavera’, el mismo símbolo que lucían sus ocupantes en las gorras. Donde los inocentes veían matanzas, Fresquet veía actos de “justicia” revolucionaria. Cuando la CNT decidió frenar sus crímenes, en octubre de 1936, habían asesinado a 300 personas.
Díaz Criado y Fresquet son algunos de los numerosos depravados con poder que entre 1936 y 1939 contribuyeron a que ocurriese algo salvaje: las víctimas causadas lejos del frente (200.000) casi se equipararon con las bajas del campo de batalla (300.000). La crueldad hermanó a individuos enfrentados, pero no igualó los acontecimientos. Ni por alcance, ni por duración, ni por origen. El alcance: por cada muerto en zona republicana (casi 50.000) se registraron tres en la franquista (entre 130.000 y 150.000). La duración: los crímenes rojos se concentraron en los primeros cinco meses de la guerra, hasta que el Gobierno se rehízo y recobró las riendas, mientras que el terror franquista siguió hasta el final y se adentró en la posguerra. El origen: el exterminio del enemigo o del sospechoso de serlo formaba parte del plan de los golpistas para doblegar a la población y arrancar la raíz del mal; por el contrario, las autoridades republicanas combatieron a los colectivos extremistas que ajusticiaban por su cuenta aprovechando el colapso del Estado ocurrido tras el 18 de julio. Huelga añadir que unos habían dado un golpe de estado y otros defendían un Gobierno democrático.
Al espanto de la retaguardia durante la Guerra Civil viaja el hispanista Paul Preston (Liverpool, 1946) en su nuevo libro, El holocausto español (Debate), donde se recogen las fechorías del capitán Díaz Criado y el matón Fresquet. Y, aun sin conocerlo, el ensayo de Preston también habla de la vida de Valentín Trenado Gómez (Puebla de Alcocer, Badajoz, 1917), que pagó su paso por la milicia republicana con 12 años de encierro en campos de concentración y cárceles. En 1936, el joven Valentín tenía más deseos de divertirse que de hacer la revolución. Hay acontecimientos que, sin embargo, no preguntan. Así que, tras el golpe, recibió un fusil y la orden de dirigirse al frente. “No había cogido un fusil en mi vida”, revive ahora en su piso de Sevilla. Pasó la guerra en Extremadura, le hicieron sargento y, cuando recibió la orden de rendirse, caminó igual de obediente hasta Ciudad Real, donde entregó un fusil que para entonces era un viejo conocido. Tras un consejo de guerra, en Sevilla le destinaron a la construcción de un gigantesco canal para regar latifundios de amigos de la causa franquista. Pasaba hambre y miedo, dormía en barracones. En Tetuán le hicieron picar piedra para una carretera. “No había más paga que la comida: lentejas, patatas y calabaza”, recuerda Valentín Trenado, consciente de una etiqueta que incomodaría a otros: es ya uno de los pocos supervivientes de la guerra, “el último rojo”, le dice su médico.
La biografía de Valentín demuestra que, para los vencidos, no hubo paz, ni piedad, ni perdón. El ensayo de Preston delata la fragilidad de la capa civilizada que recubre a una sociedad. Incomodará, empezando por su título (“Un holocausto es la masacre de un pueblo. Y yo diría que el sufrimiento y el dolor del pueblo español justifican ese título”, defiende) y siguiendo por su contenido: los teóricos y los ejecutores del exterminio de las izquierdas, los robespierres revolucionarios, los alimentadores de checas (centros de detención y tortura en zona republicana) y los pequeños héroes tienen nombre y apellidos. Una gran síntesis histórica sobre el drama de la retaguardia que, poco a poco, se va desvelando sin miradas parciales. La dictadura aireó los excesos republicanos y silenció los suyos. Tras la muerte de Franco, en 1975, los historiadores comenzaron a buscar otras piezas del puzle para recomponer los hechos. Con dificultades: faltan documentos y abundan fosas cerradas. Pero el puzle, empujado por investigadores y asociaciones de memoria histórica, progresa. Lo que aflora, estremece. “Dejando de lado la Guerra Civil rusa y las dos guerras mundiales, en términos relativos, la española fue una sangría sin paralelo en Europa”, subraya el historiador Ángel Viñas.
Lo averiguado hoy nada tiene que ver con la verdad oficial asentada cuando Preston era un estudiante que sobornaba a bedeles de la hemeroteca en Madrid para leer diarios de la Segunda República para su tesis. El fantasma de la represión le rondó en sus investigaciones sobre el siglo XX español hasta que en 1998, el año en que publicó Las tres Españas del 36, comenzó a recopilar material y tejió una red de contactos con los historiadores que le han mantenido al día de cada avance. Desde 2003, el libro se ha comido toda la energía del profesor de la London School of Economics. También sus emociones. En su casa de Londres, mientras toma café en una taza donde se puede leer “No pasarán”, en honor de las Brigadas Internacionales, el hispanista confiesa que lloró a menudo. “La inmensa mayoría de los que murieron, donde fuera, no tenían que haber muerto. No me había dado cuenta hasta este libro de la represión en zonas donde no hubo resistencia. Hay una crueldad tan gratuita que el coste emocional ha sido altísimo”. “Mi esperanza”, añade, “es que se pueda leer como una contribución a la reconciliación, lo que no quiere decir olvido, sino comprensión”.
Preston cree que un historiador suma varias actitudes. Una es la detectivesca, otra, la de empatizar con los demás. Sabiendo esto es fácil entender por qué su esposa, Gabrielle, le encontraba llorando con frecuencia al volver del trabajo. ¿Qué otra cosa puede hacer alguien cuando se pone en la piel del doctor Temprano o de Amparo Barayón para reconstruir el derrumbe de sus vidas?
Tras la ocupación de Mérida por los rebeldes, se dejó en manos de Manuel Gómez Cantos, un brutal guardia civil, la supervisión de la limpieza. Preston narra su retorcida triquiñuela: “A diario, durante un mes entero, Gómez Cantos recorrió el centro de la ciudad en compañía del doctor Temprano, un republicano liberal, para tomar nota de quienes lo saludaban. De esta manera identificó a sus amigos y pudo detenerlos, tras lo cual él mismo mató al doctor”.
Ramón J. Sender, escritor de éxito y de izquierdas, y su esposa, Amparo Barayón, estaban de vacaciones en Segovia con sus dos hijos en julio de 1936. El novelista regresó a Madrid. Amparo y sus hijos se refugiaron en su Zamora natal por considerarlo un lugar más seguro. El 28 de agosto, Amparo, junto a Andrea, su bebé de siete meses, fue encarcelada por el delito de protestar por la ejecución de su hermano. La maltrataron, la vejaron y, el día antes de ejecutarla, le arrancaron a su hija de los brazos para internarla en un orfanato católico.
Es probable que el historiador también hubiera llorado con el testimonio de Mercedes, el nombre falso de una anciana real que perdió a 18 familiares. En el pueblo de Toledo donde ocurrieron los hechos, hace unas semanas revivía lo ocurrido: “En el 36 yo tenía 12 años. Echaron al río Tajo a los dos primeros tíos que mataron, pero el cuerpo de mi tío médico orilló en un pueblo y el forense lo reconoció porque habían sido compañeros de estudio. Al terminar la guerra nos lo entregó. Eran forasteros los que venían a asesinar a la gente que señalaban los del pueblo. A otros tíos los mataron detrás del cementerio. A mi padre lo dejaron morir desangrado, después de tirotearlo por intentar escapar. Yo creo que Dios quiso mucho a mi abuela porque murió el 22 de enero de 1936 y no vio lo que les esperaba a sus 14 hijos”.
Las mujeres de la familia sobrevivieron con el alma en vilo, entre amenazas y humillaciones. “Nos llamaban los cuervos negros porque íbamos de luto, a veces venían milicianos a exigir que les diéramos cena y cama, y acabaron echándonos del pueblo”. Salieron adelante gracias a gestos solidarios (recibían pan gratis a hurtadillas) y a bordados a destajo de hoces y martillos para la ropa de hombres que odiaban.
Al final de la guerra volvieron al pueblo, enterraron con honores a sus muertos y acudieron a los consejos de guerra como espectadoras. A veces, Mercedes se encuentra a cómplices de los verdugos en el centro de salud o en la carnicería.
Los vencidos no pudieron enterrar a sus muertos ni pedir justicia. Ya con Franco en el poder, unos 20.000 republicanos fueron ejecutados, entre ellos Lluís Companys, a pesar de que había salvado a millares de religiosos y otros amenazados por la furia revolucionaria mientras presidió la Generalitat de Cataluña (10.000 personas salieron en barco gracias a sus pasaportes). Después de muerto, un tribunal confiscó los bienes de la familia Companys y se los adjudicó al Estado. La represión se heredaba. Una anomalía que ya habían anticipado los rebeldes durante la guerra en Burgos, donde Preston ubica el fusilamiento de varias mujeres por el “derecho de representación” de sus maridos huidos.
A las mujeres no bastó con matarlas. Falangistas y soldados usaron con saña la violencia sexual, aunque resulta imposible delimitar su impacto: la violación se borraba a menudo con el asesinato. Preston diferencia la actitud en zona republicana, donde las agresiones sexuales fueron aisladas, y en zona rebelde, donde los mandos militares alentaron los abusos. “Legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad. Y a la vez a sus mujeres. Esto es totalmente justificado porque estos comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen”, inflamaba en sus discursos radiofónicos Queipo de Llano.
“La colosal diferencia entre ambas zonas”, señala Preston, “tiene que ver con que uno de los principales fundamentos de la República era el respeto hacia las mujeres. En la zona rebelde, la violación sistemática por parte de las columnas africanas se incluye en el plan de imponer el terror”. Durante dos horas, las tropas disponían de libertad plena para dar rienda suelta a instintos salvajes en cada localidad conquistada. Las mujeres entraban en el botín. Preston describe la escena que presenció en Navalcarnero el periodista John T. Whitaker, que acompañaba a los rebeldes, junto a El Mizzian, el único oficial [general] marroquí del ejército franquista, ante el que conducen a dos jóvenes que aún no habían cumplido 20 años. Una era afiliada sindical. La otra se declaró apolítica. Tras interrogarlas, El Mizzian las llevó a una escuela donde descansaban unos 40 soldados moros, que estallaron en alaridos al verlas. Cuando Whitaker protestó, El Mizzian le respondió con una sonrisa: “No vivirán más de cuatro horas”.
El periodista John T. Whitaker escribió sobre algunos de los episodios más salvajes del avance rebelde: la matanza de 200 heridos indefensos en un hospital de Toledo o la masacre de la plaza de toros de Badajoz. Preston recupera la respuesta del general Yagüe a Whitaker, que dio la vuelta al mundo: “Claro que los fusilamos. ¿Qué se esperaba usted? ¿Cómo iba a llevarme a 4.000 rojos, cuando mi columna avanzaba contrarreloj? ¿O habría debido dejarlos en libertad para que volvieran a convertir Badajoz en una capital roja?”.
Al otro lado: Paracuellos. Las conclusiones de Paul Preston no gustarán a Santiago Carrillo. “Decir que no tiene nada que ver es tan absurdo como declararle el único responsable”, resume el hispanista en Londres. Tras un denso capítulo dedicado a las sacas de prisioneros militares para ser ejecutados mientras las tropas de Franco asediaban un Madrid rebosante de ira contra el enemigo, el historiador concluye que Carrillo estuvo “plenamente implicado” en la decisión y la organización de las ejecuciones, a pesar de sus desmentidos. En sus memorias, Carrillo asegura que se limitó a ordenar la evacuación de presos para evitar que se perdiese Madrid (los rebeldes habían llegado a la Ciudad Universitaria) y que el convoy fue asaltado. El odio a los militares hizo el resto.
Pero los grandes perseguidos en la zona republicana fueron los curas. “Vestir sotana era suficiente para acabar ante un piquete en alguna tapia o cuneta”, escribe José Luis Ledesma en Violencia roja y azul (Crítica). Casi 6.800 religiosos fueron asesinados, a los que se sumaron un sinfín de ataques contra templos y conventos, que fueron incendiados y profanados. “Las iglesias eran saqueadas en todas partes y como la cosa más natural del mundo, puesto que se daba por supuesto que la Iglesia española formaba parte del tinglado capitalista”, escribió George Orwell, tras su experiencia como combatiente en las filas del POUM. En Homenaje a Cataluña (1938) relata que durante sus seis meses de estancia en la zona de España donde también se ponía en pie una revolución solo vio dos iglesias intactas. Los clérigos sufrieron a veces torturas, amputaciones y agonías feroces. Para medir el impacto de esta persecución, el historiador Stanley G. Payne recurre a una comparación: “La fase jacobina de la Revolución Francesa acabó con la vida de 2.000 sacerdotes, menos de un tercio del número de asesinados en España”.
El anticlericalismo fue un rasgo específico del conflicto. El brote no fue espontáneo, claro. “La Iglesia católica, que agita la revolución, era vista como parte del statu quo”, señala Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea. Para entender esta persecución son esenciales los capítulos que Preston dedica a describir la placenta del golpe de 1936. La República había aprobado leyes que relegaban a la Iglesia, aliada histórica de la oligarquía y freno modernizador, al plano privado. Se les retira de los colegios y se establecen normas laicas. Amparados en ellas, algunos alcaldes imponen tasas por tocar las campanas o multan por lucir crucifijos. En respuesta a estas provocaciones, la represión del bienio negro (1934-1936) contra la izquierda es jaleada desde los púlpitos, así que los extremistas se van cargando de plomo.
Casi un millar de religiosos asesinados han sido ya beatificados por el Vaticano, que los honra como “mártires”. Es una memoria selectiva, sin embargo. La Iglesia sigue sin pedir perdón a las víctimas de los curas que empuñaron armas. Unos cuantos. Preston señala que al comienzo de la guerra en numerosas localidades de Navarra faltaban sacerdotes para decir misa porque se habían largado al frente. La violencia de falangistas y militares recibió bendiciones a tutiplén. Entre las rescatadas por el hispanista figura la del canónigo de la catedral de Salamanca, Aniceto de Castro: “Cuando se sabe cierto que al morir y al matar se hace lo que Dios quiere, ni tiembla el pulso al disparar el fusil o la pistola, ni tiembla el corazón al encontrarse cara a la muerte”.
A Unamuno, que había apoyado en las primeras horas el golpe en Salamanca, le horrorizó: “A alguno se le fusila porque dicen que es masón, que yo no sé qué es esto, ni lo saben los bestias que fusilan. Y es que nada hay peor que el maridaje de la mentalidad de cuartel con la de sacristía”.
Vencidos los ateos, anticlericales y masones, la Iglesia se afanó en salvarlos a partir de 1939. Incluso contra su voluntad. Marcos Ana (Alconada, Salamanca, 1920), que se convertiría a su pesar en el preso político más veterano del franquismo, asistió a escenas dantescas en la cárcel: “Vi a un capellán golpear con un crucifijo a un condenado a muerte porque no quería confesarse”. Ninguna superó, sin embargo, lo que vio en el puerto de Alicante el 31 de marzo de 1939, cuando 20.000 desesperados republicanos se descubrieron atrapados en una ratonera, entre las ametralladoras de la División Littorio en tierra y dos minadores en el mar: “Había gente que se tiraba al agua y otros que se saltaban la tapa de los sesos”.
Escuchando a Marcos Ana y leyendo a Preston cobra todo su sentido lo escrito por Arthur Koestler en Diálogo con la muerte (1937) mientras esperaba en una cárcel franquista una ejecución por espionaje que finalmente esquivó: “Otras guerras consisten en una sucesión de batallas, esta es una sucesión de tragedias”.››
2 comentarios:
En primer lugar debo felicitarlo por el trabajo realizado y por su generosidad al compartirlo.
A este respeto, tengo varas dudas sobre el apartado tercero del tema;
En el punto 3.1., ¿es correcto situar a comunistas y anarquistas como pro republicanos?
Si bien durante la guerra apoyaron a este bando, durante el desarrollo de la republica se manifestaron claramente contraria a ella. Incluso los anarquistas se enfrentaron a los republicanos durante el conflicto.
Serían mas bien como una especie de aliados circunstanciales.
Por otro lado, referente a este mismo punto, ¿no sería más correcto integrar a los radicales dentro del grupo de los republicanos?
Por último, pese a la actitud ambigua de la Ceda, participaron en el "juego político de la República" ¿Por qué son antirrepublicanos, cuando además era un conglomerado donde había diversas tendencias?
Un saludo y gracias
Un saludo.
Atentamente, Antonio Boix.
Gracias por su comentario, en el que no hay ningún error conceptual y sí una sana visión crítica.
Los comunistas, por la presión de la URSS, se decantaron durante la guerra por defender la República, pese a que unos años antes pensaban que era una institución burguesa a destruir. Lo mismo pensaba el líder socialista Largo Caballero, pero finalmente también se decantó por la República. En cuanto a los anarquistas cambiaron varias veces: en 1933 la mayoría era antirrepublicana, pero en 1936 apoyaron el Frente Popular, y durante la guerra hubo importantes disensiones en su seno, con grupos ferozmente antirrepublicanos, especialmente en Aragón y Cataluña, pero otros favorables, sobre todo entre los dirigentes históricos. En el caso de los radicales hay que distinguir entre Lerroux y otros miembros que fueron mayormente partidarios de la República, y un gran sector de su partido que durante la guerra se pasó al bando franquista. La CEDA, salvo algunos dirigentes, como su reformista ministro de Agricultura, Manuel Giménez, se decantó mayoritariamente por participar en la República solo para dinamitarla desde dentro. En fin, la clasificación que consta en esta UD refleja el parecer de la inmensa mayoría de la historiografía académica y de los libros de texto en Bachillerato, pero es cierto que casi todos los autores matizan, con razón, que los partidos en España no eran homogéneos ni tuvieron una cerrada continuidad ideológica. Un ejemplo baste: el PSOE estaba muy dividido, como reflejan las disensiones entre los dirigentes moderados Besteiro y Prieto, un Negrín que fluctuaba, y un Largo Caballero revolucionario.
Por lo tanto, tiene usted razón en no ver la situación de los partidos como una dicotomía entre blanco o negro. Todo fue más bien gris.
Atentamente, Antonio Boix.
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