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miércoles, 15 de febrero de 2012

Israel y Palestina: Historia del conflicto árabe-israelí hasta 2013.

Israel y Palestina: el conflicto árabe-israelí.
*Esta entrada trata el conflicto hasta el año pasado. Para el año presente véase la entrada “El conflicto Israel-Palestina en la actualidad”.


Mapas de Israel y Palestina, con su entorno.

Los orígenes del conflicto.
El conflicto palestino-israelí, el más largo de los siglos XX y XXI, hunde sus raíces a principios del siglo XX, cuando los judíos vivieron el auge del sionismo, un movimiento ideológico que propugnaba el retorno a la Tierra Prometida, en la que tendrían un Estado propio, y comenzaron a emigrar en masa al territorio del actual Israel, y en 1917 el Gobierno británico, en la Declaración Balfour, aceptó que debían tener un país en dicho territorio después de la I Guerra Mundial. En el periodo siguiente de entreguerras la promesa quedó incumplida, mientras la emigración judía proseguía.
Al finalizar la II Guerra Mundial surgió un amplio consenso en la comunidad internacional, sobre todo entre las opiniones públicas de EE UU y Europa, a favor de que los judíos tuvieran un Estado propio, para compensarles por la tragedia del Holocausto y prevenir que se repitiera en el futuro que no tuvieran un lugar adonde ir, como había ocurrido en la preguerra.

La decisión de crear dos Estados.
La solución histórica más evidente para el anhelo judío era crear su nuevo Estado en Palestina, que desde el final de la I Guerra Mundial estaba sometida a un Mandato del Reino Unido por delegación de la Sociedad de Naciones. Palestina, empero, estaba poblada por una mayoría árabe, a su vez dividida en una mayoría musulmana y una amplia minoría cristiana, por lo que un Estado judío incumplía la regla de tener el voto mayoritario de la población a favor.
La violencia creció entre los grupos paramilitares judíos y árabes, como reflejo de la dificultad de convivencia entre dichas poblaciones, y en esta tesitura el Gobierno laborista británico, incapaz de sufragar una intervención militar, decidió retirarse de Palestina y traspasó a la ONU la competencia sobre el conflicto.
El informe de la comisión Peel, un grupo internacional de expertos, recomendó un plan de división en dos Estados, y la Asamblea General de las Naciones Unidas lo aprobó el 29 de noviembre de 1947, en su resolución número 181.
El plan daba a ambos Estados una extensión similar de territorio, pero más rico el de los árabes, en consonancia con su mayor población.
El Estado árabe comprendía un 48,7%, sobre unos 11.500 km², con la mayor parte de los alrededores de Jerusalén y de las tierras de cultivo. Tenía tres cuartos de la población.
El Estado judío contaba un 53,6%, sobre unos 14.100 km², incluyendo el desierto del Néguev, que era un 45% de la superficie del país. Tenía solo un cuarto de la población.
Entre ambos habría las ciudades de Jerusalén y Belén, un 2,7% del territorio, sobre unos 700 km², que sería un corpus separatumun espacio neutral administrado por la ONU, salvo pacto de las dos partes, por ser patrimonio compartido de las grandes religiones monoteístas.
El plan fue inmediatamente rechazado por la Liga Árabe, que amenazó con la guerra si se ejecutaba.
El 14 de mayo de 1948, coincidiendo con el fin del Mandato británico, los judíos proclamaron la independencia del Estado de Israel, abriendo enseguida las fronteras a la inmigración de los judíos, que llegaron a miles, justo a tiempo para el inicio de la ofensiva árabe.
Los árabes no aceptaron la presencia de un Estado judío en medio de ellos y quisieron liquidarlo, pensando que su enorme superioridad numérica les daría la ventaja militar y que tenían un derecho histórico preferente, dada su larga ocupación del territorio desde el siglo VII, además de su derecho religioso sobre la ciudad santa de Jerusalén.
La I Guerra árabe-israelí (1948-1949) comenzó con pequeñas pero angustiosas derrotas israelies, pero a la postre acabó con una aplastante victoria de Israel sobre los países vecinos, gracias a su mejor entrenamiento y moral de combate. Israel aumentó en un 26% su territorio, incluyendo el oeste de Jerusalén, lo que conllevó un éxodo, en gran parte forzado, de cerca de 711.000 árabes palestinos, iniciándose así el gravísimo problema de los refugiados, enrarecido porque a su vez en los años siguientes casi un millón de judíos fueron expulsados o empujados a salir de los países árabes, yendo unos 600.000 a Israel y el resto a países occidentales.
Egipto, por su parte, se apoderó en la guerra de la Franja de Gaza, y Transjordania (después Jordania), a su vez, se adueñó de la Cisjordania, incluyendo el este de Jerusalén. El Estado árabe palestino quedaba por lo tanto sin efecto, y reducido en sus posibles territorios al equivalente del 22% del país originario, la mitad aproximadamente del espacio previsto para los palestinos.



En los años siguientes, el problema se enquistó, y las siguientes guerras de 1956, 1967 y 1973 no solucionaron el problema. 
La segunda guerra, en 1956, fue un conflicto en el que Israel tuvo el apoyo de Reino Unido y Francia, interesados en seguir controlando el canal de Suez, que el presidente egipcio Nasser había nacionalizado poco antes. La fácil victoria de los aliados, ocupando los europeos el canal e Israel la península del Sinaí, provocó empero la intervención diplomática de la URSS y EE UU, que impusieron una retirada total, demostrando que el mundo se dividía en dos bloques dirigidos por dos superpotencias.



La tercera guerra (1967) estalló porque los países árabes determinaron volver a atacar a Israel, pero el ataque preventivo de este a Egipto, Jordania y Siria los tomó por sorpresa 
Siria había comenzado en 1964 las obras para desviar el agua de los Altos del Golán que iba al Mar de Galilea, la gran reserva de agua de Israel, que no podía permitirlo, y además los sirios bombardeaban a menudo a Israel desde las alturas. El siguiente golpe árabe fue la orden egipcia en mayo de 1967 de que se retirasen del Sinaí las fuerzas de interposición de la ONU; a los pocos días ya no había nadie entre los egipcios y los israelíes, y el ejército egipcio se concentró en el Sinaí. Egipto, Siria y Jordania formaron un mando conjunto para la inminente guerra. Las flotas estadounidense y soviética se dirigieron a la zona. El 28 de mayo el presidente egipcio Nasser declaró que haría una guerra total contra Israel, para destruirlo completamente; esto implicaba eliminar o expulsar toda su población. Poco después ordenó el cierre del paso marítimo por los estrechos de Tirán en el golfo de Aqaba, lo que cortaba el tráfico desde el sur al puerto israelí de Eilat. Todos sabian que habría otra guerra.
El 4 de junio el Gobierno israelí aprobó el ataque preventivo para el día siguiente. El 5 de junio, a las ocho, los aviones israelíes despegaron. A mediodía ya habían liquidado a las fuerzas aéreas enemigas y su superioridad en el cielo sería decisiva en los combates terrestres en los días posteriores.
En solo cuatro días de rápida penetración el ejército israelí aplastó al egipcio y el 8, llegó al canal de Suez. Nasser aceptó el alto el fuego.
Mientras tanto, Israel volcó otras fuerzas móviles para atacar en el frente jordano, donde el primer día solo había podido defenderse, y conseguieron profundos avances, el 7 ocuparon Jerusalén y por la tarde cayó el resto de Cisjordania. El 8 el rey jordano Hussein se unió al alto el fuego egipcio.

El general Dayan, en el centro, entrando en la Ciudad Antigua de Jerusalén el 7 de junio.

Los israelíes se concentraron entonces sobre los sirios y en dos días, el 9 y el 10, se apoderaron de los Altos del Golán tras duros combates y amenazaron directamente la capital Damasco. Solo en ese momento, la ONU y las grandes potencias impusieron el alto el fuego, la noche del 10 de junio.
En solo seis días Israel había vencido a sus enemigos. Las consecuencias fueron enormes: ahora tenía un sistema defensivo muy poderoso en profundidad, pues había tomado las estratéticas posiciones de Gaza y el Sinaí a Egipto, Cisjordania a Jordania y los Altos del Golán a Siria. Además, ahora ocupaba unos territorios densamente poblados de palestinos y perdió gran parte de su apoyo internacional al negarse a poner fina a esa ocupación.
Acto seguido, la ONU votó su segunda resolución sobre el conflicto, la número 242, que pedía la retirada del ocupante israelí a las fronteras anteriores y propugnaba la existencia de los Estados en la zona dentro de fronteras seguras y reconocidas. Pero Israel no aceptó esta norma y comenzó a crear asentamientos en las zonas ocupadas, con los objetivos últimos de proteger sus fronteras y finalmente anexionarse los territorios soñados de un Gran Israel. Pero al emprender su colonización asumieron la obligación de defenderlos, con lo que perdieron su ansiada profundidad defensiva. 
La cuarta guerra (1973) comenzó con un sorpresivo y simultáneo ataque de Egipto y Siria, que al principio tuvo señalados triunfos pero el contraataque israelí fue finalmente exitoso, recuperó los territorios perdidos y amenazó las capitales enemigas de El Cairo y Damasco. La intervención internacional paró entonces la guerra y los contendientes volvieron a sus posiciones anteriores. Una grave consecuencia fue la gran crisis del petróleo, causada porque los países árabes exportadores de petróleo en la OPEP declararon un embargo a los países occidentales para que presionaran a Israel; el enorme aumento de los precios de la energía sumió al mundo en una profunda recesión.
La paz entre Israel y Egipto, firmada respectivamente por Beguin y Sadat en 1977, zanjó los conflictos entre las dos grandes potencias del área, con la retirada israelí del Sinaí, pero subsistía el problema de la ocupación israelí de Gaza, Cisjordania y los Altos del Golán.

La violencia israelí en Líbano.

Posteriormente ha habido varios conflictos localizados en Líbano, cuando Israel invadía el sur del pequeño país para castigar a las fuerzas palestinas o árabes que le hostigaban desde sus posiciones. Las invasiones, empero, solo lograban éxitos parciales, y las retiradas subsiguientes eran aprovechadas por los árabes para volver a atacar.


Los Acuerdos de Oslo en 1993 entre Israel y los palestinos, que reconocían una Autoridad Palestina, en manos de la OLP, en la mayor parte de los territorios ocupados, con la previsión a largo plazo de un acuerdo definitivo para dos Estados, abrieron un periodo de relativa paz, entreverada de conflictos menores, de tensiones, de las Intifadas (revueltas populares de los palestinos contra los ocupantes), de actos terroristas, de expansión de las colonias judías en Cisjordania…


¿Por qué los Acuerdos de Oslo no han fructificado plenamente?
En la parte israelí, un gran sector de la población, con un marcado carácter sionista, sigue soñando con conseguir un Gran Israel y teme que cualquier concesión importante a los palestinos ponga en riesgo su seguridad. Los partidos nacionalistas y sionistas han obtenido regularmente victorias electorales y los Gobiernos resultantes han promovido una extensa colonización de los territorios ocupados, especialmente en la parte árabe de la Ciudad Santa, con la pretensión de convertirla en la eterna capital unificada de Israel. Su política cortoplacista es ‘gestionar el conflicto’, alargarlo en el tiempo, apoyados en el superior poder militar israelí para ganar las confrontaciones violentas, y soñar que los palestinos se frustrarán por su miseria, abandonarán sus pretensiones nacionales y emigrarán.
En la parte palestina, otro gran sector sigue soñando con recuperar todo el territorio, destruir Israel y expulsar al mar a los judíos. La OLP se ha moderado con el tiempo, a la fuerza de las constantes derrotas militares y de la constatación de que una postura maximalista no tiene visos de ganar en un futuro previsible, y ha renunciado al terrorismo y ha aceptado la existencia de Israel, pero su relativa moderación ha promovido que los radicales se aglutinasen en otros partidos, el más mayoritario de los cuales es Hamás, creado en 1987 y que propugna en su carta fundacional la destrucción del Estado sionista. Hamás controla la franja de Gaza, cuyo gobierno ha asumido después de la retirada israelí, mientras que la Autoridad Palestina sigue gobernando Cisjordania.

Mapa de los asentamientos judíos y los puestos de control israelí en Cisjordania (2002). Desde entonces han aumentado ligeramente los primeros.



Mapa del Golán sirio ocupado por Israel.


La ocupación israelí desde 1967.
Bergman, exmilitar israelí, hoy profesor de Estudios sobre la guerra del King’s College de Londres, estima que la ocupación acabará algún día, pero que para una reconciliación auténtica se necesitarán muchas generaciones. Uno de los peores errores de Israel es que nunca ha pensado que tenga el deber de ayudar, proteger o mejorar la vida de la población bajo su control. En su libro La ocupación, Israel y los territorios ocupados, resume la evolución de la ocupación desde 1967 y la situación actual:
‹‹La crónica de la ocupación por parte de Israel de las tierras adquiridas en 1967 gracias a su asombrosa victoria en la Guerra de los Seis Días se resume, hasta el momento, del siguiente modo: en la primera década después de 1967 Israel tuvo dificultades para decidir qué hacer con las vastas extensiones de tierra que de forma inesperada había arrebatado a Egipto, Jordania y Siria. El país carecía de un plan organizado y no era capaz de resolver qué parte de los territorios ocupados conservar y qué parte devolver, pero su instinto le decía que esperara y, en general, prefirió conservar la tierra y renunciar a vivir en paz con sus vecinos. En ese período, cualquier consideración acerca de la devolución de algunos de los territorios ocupados, principalmente la península del Sinaí a Egipto y los Altos del Golán a Siria, surgió solo como un recurso táctico que le permitiera aferrarse a Cisjordania, la cuna de la historia judía, y a la Franja de Gaza, zona que Israel quería mantener por razones estratégicas. No obstante, en ausencia de presiones internacionales serias, incluso esas ideas se debilitaron. Los primeros ministros de este período no prestaron atención a las advertencias de que no había tiempo que perder y de que la oportunidad de alcanzar un acuerdo, en particular con los palestinos, podía perderse durante una generación o más si no se actuaba con prontitud. En retrospectiva, es posible decir sin temor a equivocarse que Israel perdió una oportunidad única de llegar a acuerdos de paz con sus vecinos durante la primera década de la ocupación.
En la segunda década, de 1977 a 1987, Israel decidió por fin qué quería hacer: tras el vuelco electoral que en 1977 llevó al poder al Likud, el partido de la derecha, por primera vez en la historia de Israel, el nuevo primer ministro, Menájem Beguin, emprendió un gran plan para hacer que la ocupación fuera irreversible; un aspecto central de ese plan era la construcción de asentamientos judíos en los territorios ocupados, en particular Cisjordania y la Franja de Gaza. El Gobierno encabezado por Beguin, tras la presión internacional desencadenada por el presidente Sadat, que en un gesto muy valiente planteó públicamente a Israel su voluntad de alcanzar un acuerdo, y gracias a una promesa sin precedentes de ayuda económica y militar por parte de Estados Unidos, puso fin a la ocupación del Sinaí. Sin embargo, Beguin estaba decidido a conservar para siempre los territorios palestinos ocupados (Cisjordania y la Franja de Gaza) y, al menos por el momento, los Altos del Golán, que Israel anexionó de forma oficial. Desdeñando la historia y la realidad, Israel intentó consolidar su control sobre los territorios ocupados empleando métodos colonialistas anacrónicos e ilegítimos, en particular la construcción de asentamientos contraria al derecho internacional.
A lo largo de las siguientes dos décadas de la ocupación, de 1987 a 2007, Israel por fin empezó a poner los pies en tierra, en buena parte debido al estallido en 1987 de la primera Intifada, que hizo que un número creciente de israelíes se diera cuenta de que el proyecto de la ocupación estaba condenado al fracaso. En 1991, con la Conferencia de Madrid, se puso en marcha una nueva iniciativa cuya meta era conseguir la paz a cambio de la tierra y poner fin a la ocupación. Sin embargo, ese proceso de paz no fue suficientemente riguroso y a Israel le faltó magnanimidad. Los palestinos, que al reconocer en 1988 el derecho a existir del estado de Israel renunciaron efectivamente a reclamar el 78% de la antigua Palestina, estaban resueltos a impedir que los israelíes se quedaran con el 22% restante y, por tanto, se negaron a transigir aún más durante las negociaciones de paz. Frustrados, los palestinos de los territorios combatieron a los ocupantes, como era su derecho legítimo y, quizá, el curso de acción lógico en vista de que para entonces era una lección de la historia que el estado de Israel solo cede cuando se le presiona.
Durante el proceso de pacificación, los israelíes fueron gradualmente comprendiendo que el precio de la paz sería alto: Siria insistía en una retirada total de los Altos del Golán y los palestinos querían un acuerdo equitativo. Como no estaban dispuestos a pagar este precio, los israelíes, en un proceso que alcanzaría el clímax durante el gobierno de Sharon (2001-2006), suspendieron temporalmente la búsqueda de la paz con Siria y decidieron retirarse unilateralmente de la Franja de Gaza, una espina clavada en el pie para Israel, lo que les permitía aferrarse a Cisjordania y sus recursos al tiempo que evitaban las cuestiones más problemáticas de la ocupación. No obstante, el breve idilio de Israel con el unilateralismo llegó a su fin después de que este hubiera conducido al ascenso de Hamás en la Franja de Gaza, desde donde los milicianos continuaron hostigando al país con cohetes.
La competencia y las divisiones crecientes entre Hamás en la Franja de Gaza y el régimen más secular de Cisjordania han beneficiado directamente a Israel, pues el Gobierno ha justificado su reticencia a seguir adelante con el proceso de paz argumentando que los palestinos están demasiado divididos y que Hamás no reconoce el derecho a existir del Estado de Israel. Mientras que la llamada primavera árabe y la desintegración del régimen de Bashar el Asad descartan, al menos por el momento, cualquier posibilidad de diálogo entre Israel y Siria para poner fin a la ocupación del Golán.
¿Dónde nos deja este resumen? ¿Qué nos aguarda en la quinta década de la ocupación israelí, ya bastante adelantada?
Resulta evidente que la opción de la primera década, mantener el statu quo, ya no existe, y que la alternativa de la segunda, construir asentamientos en un intento de absorber los territorios ocupados dentro de Israel, nunca fue realista. La estrategia intentada durante la cuarta década, el unilateralismo, ha perdido todo apoyo dentro de Israel, lo que nos devuelve a la opción que se probó a comienzos del decenio de 1990, a saber, el intento de poner fin a la ocupación mediante negociaciones de paz con los palestinos y los árabes. Pero para que las conversaciones de paz se reanuden de forma significativa, la comunidad internacional, y en particular Estados Unidos, tendrá que endurecer su postura ante el Estado de Israel y, cuando sea necesario, sobornarlo para que transija, pues si las cuatro décadas anteriores han demostrado algo es que los israelíes no cederán con facilidad los territorios ocupados.
No tengo la menor duda de que la ocupación llegará algún día a su fin, como ocurre con todas las guerras y conflictos. En 1967 a nadie se le hubiera ocurrido pensar que Israel, Egipto y Jordania llegarían a firmar tratados de paz completos; hoy, en cambio, es posible esperar que en algún momento se firmen acuerdos similares entre Israel y los palestinos y entre Israel y Siria y el Líbano. No obstante, dadas la profundidad del resentimiento que existe entre las partes, en particular entre los israelíes y los palestinos, y las actuales revoluciones en Oriente Próximo, que distraen del conflicto con Israel, puede suceder que se necesiten muchas generaciones antes de que una reconciliación auténtica eche raíces. Lo que resulta claro es que el intento de Israel de absorber los territorios ocupados a lo largo de las cuatro últimas décadas ha fracasado.

Creo que el veredicto de la historia interpretará las cuatro décadas de la ocupación descritas en este libro como una mancha negra en la historia de Israel y, de hecho, en la historia judía. Este fue un período en el que Israel, con la ayuda de la diáspora judía, en particular en Estados Unidos, demostró que incluso las naciones que han sufrido tragedias indescriptibles pueden actuar de forma igualmente cruel cuando tienen el poder. En 1967, el ministro de Defensa de la época, Moshe Dayan, anotó que si tuviera que escoger alguna de las naciones del mundo para vivir bajo la ocupación de sus fuerzas militares, dudaría en elegir Israel. Tenía razón: mirando lo ocurrido en estas cuatro décadas resulta claro que Israel fue, y en este momento continúa siendo, un ocupador cruel y brutal. Pues mientras otros colonialistas, como los británicos en la India, entre otros, aprendieron el valor de ganarse el aprecio de las élites locales construyendo escuelas, universidades y otros servicios públicos para los colonizados, Israel nunca ha pensado que tenga el deber de ayudar, proteger o mejorar la calidad de vida de la población bajo su control, a la que en el mejor de los casos considera un mercado cautivo o una fuente de mano de obra barata a su disposición. Sin embargo, al forzarlos a vivir en la miseria y sin esperanza, Israel ha endurecido a quienes viven sometidos a su poder, haciéndolos más decididos a poner fin a la ocupación, incluso a través de la violencia si es necesario, y vivir una vida de dignidad y libertad.››

El conflicto en 2011-2013.
El conflicto árabe-israelí evolucionó desde 2011 hacia un nuevo horizonte porque en el mundo islámico, en plena primavera política, y en un Occidente que afronta una gran crisis económica, crecen los partidarios de lograr en la zona un acuerdo definitivo sobre la base de dos Estados vecinos con mutuas garantías internacionales de seguridad y un plan de desarrollo a largo plazo para consolidar la paz. Aparecen continuamente propuestas de acercamiento y diálogo que apuntan en la buena dirección, entre las que destacan las que defienden los escritores israelíes Amos Oz y David Grossman, y las mediaciones emprendidas por los secretarios de Estado estadounidenses, Hillary Clinton y su sucesor John Kerry.
En Israel gobierna hoy la derecha nacionalista, en un Gobierno de coalición liderado por Benjamin Netanyahu, y su ala ultraderechista se resiste todavía a dar todos los pasos necesarios para ese fin pactado, aprovechando que en el otro lado también hay radicales, especialmente Hamás, opuestos a un tratado y que siguen abogando por la destrucción del Estado israelí. Con todo, la esperanza de la paz continúa después de tanta sangre derramada, porque Netanyahu, el laborista Peres y otros muchos dirigentes advierten con realismo que no puede haber un Israel democrático en un solo Estado judío hasta el río Jordán, ante la evidencia de que la parte palestina crece a un ritmo demográfico mucho mayor.


Acto terrorista palestino en Israel: una bomba en un autobús con civiles en Jerusalén.


Acto terrorista palestino en Israel: una bomba en un bar de Jerusalén. Los sacerdotes judíos deben recoger todos los restos humanos para darles sepultura.

El escritor y arabista Juan Goytisolo, en De la primavera al otoño árabe, “El País” (22-I-2012) escribe sobre las consecuencias del la 'revolución árabe' para Israel:
‹‹Si las revoluciones de la primavera árabe pillaron por sorpresa a los países miembros de la Unión Europea, principalmente a la Francia de Sarkozy y a la Italia de Berlusconi, socios comerciales y estratégicos de Ben Alí, Mubarak y Gadafi, enfrentan también a Israel a un desafío imprevisto. Sus antiguos vínculos militares con Ankara se quebraron en 2010 a raíz del asalto a la flotilla humanitaria destinada a romper el bloqueo de Gaza en el que perecieron nueve ciudadanos turcos, y la estabilidad que le procuraba Mubarak, con el cierre de la frontera con la Franja desde que Hamás se hizo con el poder legitimado por las urnas, es agua pasada. El autismo de la clase política israelí, al fundar la supervivencia y futuro del Estado judío en el uso exclusivo de la fuerza, parte de unas premisas ideológicas que lo sucedido en 2011 han puesto en tela de juicio. (…)››
Goytisolo prosigue comentando la tranquilidad que para Israel suponía el statu quo anterior:
‹‹(…) En su obra El muro de hierro, recientemente traducida y publicada por la editorial Almed, el catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad de Oxford, Avi Schlaim, un crítico despiadado de la política de su país en los Territorios Ocupados de Palestina, recuerda que durante décadas Mubarak fue el líder árabe ideal para Tel Aviv. Partiendo del supuesto de que los pueblos árabes son incapaces de gobernarse sino por dictadores, Ehud Barak no escatimaba en sus elogios al rais y la revuelta del 25 de enero le llenó de ansiedad: pidió una urgente intervención de Obama para salvarle y, cuando ella se reveló inútil, no dudó en afirmar que Mubarak y su clan, “aunque fueran rechazados por su pueblo, estaban comprometidos con la seguridad regional y era mucho más cómodo tratar con ellos que con la gente que se echa a la calle”. El general Amos Gilad, por su parte, se deshacía en elogios de los servicios de inteligencia egipcios, que, en su opinión, “merecían ser condecorados”.››
Y Goytisolo termina exhortando a Israel a cambiar su política exterior y buscar un acuerdo justo y viable con los palestinos:
‹‹Este sostén [de Israel] al dictador, “subcontratista de los intereses de Israel y Estados Unidos en el mundo árabe”, según Schlaim, es hoy un recuerdo vergonzoso para la población egipcia, aunque la Junta Militar en el poder presidida por Tantaui se haya comprometido a respetar los acuerdos de paz con Tel Aviv. No obstante este obligado pragmatismo, la apertura parcial de la frontera con la asfixiada Gaza, los atentados al oleoducto que alimenta a Israel y Jordania y el asalto a la embajada israelí tras la muerte de cinco soldados egipcios en un incidente no aclarado en el Sinaí tras el que Tel Aviv se demoró en presentar excusas son otros tantos índices de que las cosas no volverán a ser como antes. El aislamiento internacional de Israel es mayor que nunca, y las recientes exhortaciones de León Panetta a que restablezca los maltrechos lazos con Ankara y El Cairo y reanude las negociaciones con la Autoridad Nacional Palestina (negociaciones inútiles desde la construcción de nuevos bloques de viviendas en Jerusalén Este en un gesto de claro desaire a Obama) han caído en saco roto. El statu quo se ha venido abajo y Netanyahu se muestra por ahora incapaz de mover ficha. Las inquietantes ambiciones nucleares de Irán, el huracán que sacude a Siria y la persistente agitación egipcia tras la victoria de los islamistas deberían arrancarle de su esclerosis estratégica y de su funesto inmovilismo. Lo de “la paz se hace con los dictadores” o “no hay espacio para la democracia en el mundo árabe”, evocados por Evi Schlaim, muestran la urgente necesidad de un cambio de mentalidad de los líderes de un Estado que se preciaba hasta fecha reciente de ser la única democracia en Oriente Próximo y que vive hoy voluntariamente atrapado en su búnker.››
La entrada de Palestina como "Estado observador" en la ONU, aprobada por la Asamblea General el 29 de noviembre de 2012, ha abierto la esperanza de una solución aceptable, pese a la oposición de Israel y de su fiel protector, los EE UU.
En 2013, después de tres años sin negociaciones, el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, ha logrado que israelíes reanuden las negociaciones de paz, en Washington. Es una tarea titánica, que afronta uno de los conflictos más sangrientos y peligrosos de los últimos decenios.

El primer ministro israelí Netanyahu ha aceptado reanudar las negociaciones de paz con los palestinos, acuciado por el creciente aislamiento internacional de Israel y por la evidencia de que la población palestina en los territorios ocupados aumenta a un ritmo muy superior al de la población judía-israelí, lo que desequilibraría a largo plazo la estabilidad de Israel. La poderosa extrema derecha nacionalista, empero, empujará para que las negociaciones se alarguen y los palestinos no logren un Estado propio, porque su pretensión a largo plazo es un Gran Israel y la expulsión o marginación de la población palestina.


La población palestina, incluidos los niños, lucha con una pasión invencible.

Los objetivos palestinos son igualmente ambiguos, porque si bien Mahmud Abbás, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, quiere un Estado propio y respetar la existencia de Israel, está presionado por los grupos más radicales, como Hamás, dominante en Gaza, para lograr la liquidación del Estado judío, sea mediante una guerra o con un acuerdo que establezca el retorno de los refugiados palestinos al territorio de Israel, con la idea de que los musulmanes sean mayoría y así poder expulsar o exterminar a los judíos.

Miguel Ángel Moratinos, exministro español de Asuntos Exteriores y experto en Oriente Próximo como representante de la UE en el proceso de paz árabe-israelí, razona en La paz es posible en Oriente Próximo [“El País” (30-VII-2013)]:
‹‹El anuncio del secretario de Estado norteamericano, John Kerry, de la reanudación de las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos en Washington —que acaban de comenzar— no recibió el tratamiento informativo que cabría esperar de una noticia de tanta trascendencia. (…) Estas negociaciones son trascendentales, pues son la última oportunidad para alcanzar la solución de los dos Estados: Israel y Palestina viviendo en paz y seguridad.
En estas circunstancias, todos —las partes, EE UU, la Unión Europea, la Federación Rusa; los países árabes y Turquía, y un cuarteto renovado en su composición y objetivos, así como la sociedad civil— tenemos que apoyar con firmeza y generosidad los esfuerzos negociadores.
La buena noticia es que los jefes de ambas delegaciones son las personalidades mejor preparadas para alcanzar un acuerdo: Tzipi Livni, que mantuvo en la negociación su compromiso personal con la paz, incluso renunciando a ser primera ministra, y Saeb Erekat, que no abandonó nunca su voluntad negociadora y mantuvo su agenda repleta de propuestas pragmáticas y respetuosas con las legítimas aspiraciones de los palestinos. Sin lugar a dudas, son los más aptos y decididos interlocutores para encontrar soluciones aceptables para sus pueblos, y cerrar el círculo de la paz.
Aunque israelíes y palestinos son los que llevarán el peso de las negociaciones, la comunidad internacional no puede cruzarse de brazos (…). Somos muchos los que conocemos las razones y el fracaso de las anteriores negociaciones. Por ello, debemos asumir nuestra cuota de responsabilidad, porque sería un error tropezar con las mismas piedras, y estas siembran el camino de la paz en Oriente Próximo.
Hay que dejar a las partes la responsabilidad de realizar los arbitrajes finales y las concesiones históricas, mientras que la comunidad internacional debe acompañar proactivamente el proceso. Estados Unidos ha asumido el papel de tercera parte y debe evitar los errores del pasado y pensar que solos pueden garantizar su éxito. Tienen que liderar el papel de la comunidad internacional sin monopolizarlo, pues todos tenemos alguna acción que emprender: la Unión Europea debe iniciar una reflexión y puesta al día de sus actuaciones político-diplomáticas, económicas y financieras para incentivar un acuerdo definitivo. Los países árabes, liderados por Arabia Saudí con su estratégica iniciativa de paz, podrían volver a revisar sus objetivos y método. Catar y Turquía podrían utilizar su influencia con los actores árabes e islámicos más intransigentes y aglutinar el mayor apoyo posible a las negociaciones.
Finalmente, Egipto tiene que capitalizar la experiencia de sus nuevos responsables en política exterior —el vicepresidente de Asuntos Internacionales, Mohamed el Baradei, y el ministro de Exteriores, Nabil Fahmi— para recuperar el papel clave de este país en la futura ecuación de paz.
Considero oportuno extraer algunas experiencias del pasado y compartir algunas ideas. Sería de interés no fijar fechas límite, aunque sí un marco temporal razonable para que las partes presenten avances. Habrá que animar a las partes a seguir negociando en cualquier circunstancia porque es probable que cuando las conversaciones alcancen la hora de la verdad la comunidad internacional tenga que presionar para que no se interrumpan.
Tiene sentido diseñar una estrategia para contrarrestar las eventuales actuaciones de los enemigos de la paz, pues estos son numerosos y están presentes en ambos lados. Tratarán de boicotear el proceso que debería recuperar la máxima del ex primer ministro Rabin: “Negociar como si no hubiese terrorismo y combatir el terrorismo como si no hubiesen negociaciones”.
En una primera fase se deberían fijar los principios básicos aceptables por las partes para resolver las cuestiones más sensibles. Al mismo tiempo, tendrían que concentrar los esfuerzos en cerrar lo fundamental de la primera etapa: territorios, fronteras y seguridad. Lo ideal sería que al término de esta primera fase se anunciase el anhelado doble reconocimiento, tanto entre Israel y Palestina, como en toda la comunidad internacional.
La sociedad civil debe movilizarse y huir de posiciones maximalistas para animar la adopción de decisiones. Y, a partir de ahora, las negociaciones deben ocupar el centro de la diplomacia internacional, pues la paz entre palestinos e israelíes es el test definitivo para que Naciones Unidas y las instancias internacionales presenten una success story, después de haber logrado el final al apartheid en Sudáfrica. (…)››

Los puntos probables de una paz final.
La paz es posible para las futuras generaciones. El acuerdo final que desean los más moderados de los dos bandos, apoyados por EE UU y la UE, incluiría varios puntos.
- La existencia paralela de dos Estados, uno judío y otro palestino, con el respeto en cada uno de las poblaciones minoritarias de otras religiones, sean la islámica, la judía, la cristiana o cualquier otra.
- Ambos Estados deberían tener fronteras estables y seguras, con garantía internacional, incluso con fuerzas de interposición de la ONU, pues los palestinos se niegan a aceptar que los israelíes tengan puestos de control en sus fronteras con Jordania.
- Habría acuerdos de compensación territorial, de manera que una ganancia israelí en Cisjordania fuera equiparable con una palestina en el desierto del Neguev.
- Habría una doble capitalidad en Jerusalén, cada país en su lado respectivo.
- Las colonias judías en Cisjordania deberían ser desmanteladas, entregadas a los palestinos o permitidas en casos excepcionales con población judía pero bajo soberanía palestina.
- Los refugiados palestinos en el extranjero deberían ser compensados económicamente por la pérdida de sus derechos al retorno al territorio soberano de Israel y recibir la ciudadanía palestina, pudiendo optar libremente por su retorno al territorio del Estado de Palestina.
- Un masivo plan de apoyo económico y acuerdos de libertad comercial con la UE, EE UU y el mundo árabe asentarían la prosperidad durante el proceso.


Carmen Rengel, en Las claves para acabar con 65 años de conflicto. ‘Todos los temas están sobre la mesa’ [“El País” (14-VIII-2013)] resume los principales puntos de las negociaciones: la soberanía del Estado palestino, el control de la seguridad, las fronteras del nuevo Estado, los asentamientos judíos, el estatuto oficial de la ciudad de Jerusalén, los derechos de los refugiados y el reparto del agua.
‹‹Estado palestino y seguridad:
La Autoridad Nacional Palestina (ANP) reclama plena soberanía en su estado independiente, con Gaza y Cisjordania como territorio y Jerusalén Este por capital.  Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí, en su discurso de Bar Ilan de 2009, se avino a la solución de dos Estados pero exige que Palestina esté desmilitarizada –algo que no asume Abbas, que quiere armamento, “limitado” porque hay otras prioridades- y que se mantenga una presencia militar propia en el Valle del Jordán, con control del espacio aéreo y las fronteras exteriores. Israel pretende seguir teniendo bases militares en suelo palestino. La ANP se niega a aceptar ni un soldado israelí dentro. Podría acatar una fuerza extranjera (tipo OTAN o UE) que garantice la paz.
Fronteras y asentamientos:
Israel defiende mantener todo Jerusalén, incluso la parte ocupada, y los asentamientos levantados en Cisjordania, en zona invadida en 1967. Los palestinos quieren volver a las fronteras previas a 1967, avaladas por la resolución 242 de Naciones Unidas. Abbas y la Liga Árabe aceptan intercambios puntuales de suelo, “mínimos y justos”, que modifiquen ligeramente ese trazado, algo que Israel podría estudiar. Palestina quiere que se reconozca la “ilegalidad” de las colonias, con más de medio millón de israelíes. Netanyahu defenderá la anexión de la mayor parte de los asentamientos y se calcula que quedarían descolgados unos 70.000 colonos, que sí deberían ser reubicados o asimilados por el estado palestino. Israel se ha negado esta vez a una moratoria en la construcción de asentamientos, como la aprobada en 2010.
Jerusalén:
Israel ocupó dos tercios de ciudad a los jordanos en el 67 y luego expropió el 30%. Esa propiedad nunca ha sido reconocida por la comunidad internacional, como tampoco el hecho de que en 1980 una ley fundamental decretase es que la capital única e indivisible de Israel (resolución 478 del Consejo de Seguridad de ese año). La ANP exige como irrenunciable que Jerusalén Este sea su capital, con los 280.000 habitantes árabes actuales, salpicados con una quincena de colonias. En 2010, Israel barajó ceder la mitad y decretar un régimen especial sobre los santos lugares de la ciudad vieja, clave para judíos, musulmanes y cristianos. Los palestinos, siempre que sea su capital, debatirían una “ciudad abierta y compartida” con supervisión internacional sobre los recintos religiosos. El plan de partición de 1947 incluye el Corpus Separatum, que designa una supervisión de la ONU, pero no convence hoy. Hay redactadas nueve propuestas sobre el municipio y 17 sobre la ciudad vieja.
Refugiados:
760.000 palestinos fueron expulsados en la Nakba, la catástrofe de 1948, hoy convertidos en más de cinco millones de refugiados dispersos por Gaza, Cisjordania, Siria, Líbano y Jordania. Otra resolución, la 194, reconoce su derecho al retorno, aunque hasta los palestinos, más allá de las declaraciones formales, lo entienden imposible. Israel no los quiere en su estado porque pondrían en peligro su mayoría judía. Propone su vuelta a los Territorios, ya país, o una compensación económica, que asumiría la comunidad internacional. Habló de acoger a un grupo simbólico de 50.000. Israel exige, además, el reconocimiento del suyo como un estado judío, aunque ahora mismo millón y medio de árabes, en su mayoría musulmanes, viven en él.
Agua:
El agua dulce de los acuíferos cisjordanos es esencial para ambos lados. Israel la explota hoy en el Valle del Jordán hasta en un 80%, dice la ANP, cuando a los palestinos se les raciona. Por eso exige un reparto equitativo.››

Fuentes.
Internet.
[http://es.wikipedia.org/wiki/Israel]
[blogger.com Boix - conflicto Israel-Palestina actual]

Películas.
Belén (2013), del director israelí Yuval Adler, y Omar (2013), del director palestino Abu Assad. Reseñas-entrevistas de Alandete, David. El conflicto sin fin en plano secuencia. “El País” (22-X-2013) 37. Dos filmes tratan el conflicto israelí-palestino. El artículo resume el cine de Israel y Palestina sobre el conflicto.

Documentales.
Las raíces del conflicto Palestina-Israel. Documental de Discovery Channel. 46 minutos.
Los olvidados. Palestina, una historia de resistencia. Documental. 48 minutos.
Israel: el nacimiento de una nación. Documental de History Channel. 90 minutos.

Guerra del Sinaí. Breve documental en inglés sobre la segunda guerra (1956). 1,14 minutos.
Israel: La Guerra de los Seis Días. Documental sobre la tercera guerra (1967). 46 minutos.
Israel: La Guerra del Yom Kippur. Documental sobre la cuarta guerra (octubre 1973). 35 minutos.

Libros.
Bergman, Ahron. La ocupación, Israel y los territorios ocupados. Crítica. Barcelona. 2014. Fragmento Cinco décadas de ocupación. “El País” Domingo (14-IX-2014) 10.
Daniel, Jean. La prisión judía. Tusquets. Barcelona. 2007. 189 pp. Reseña de Valenzuela, Javier. Disidencia judía. “El País”, Babelia 796 (24-II-2007) 10. Sobre la deriva ideológica del Estado judío hacia el extremismo, y sobre los disidentes.

Artículos. Orden cronológico.
Sotelo, Ignacio. Urge resolver el conflicto israelí-palestino. “El País” (I-III-2011) 6.
Pappé, Ilan. Israel: idéntica cartografía, geografía variable. “El País” (3-III-2011) 27-28.  Pappé es profesor de Historia en la Universidad de Exeter.
Pappe, Ilan. Boicot académico israelí: el ‘caso Tantura’. “El País” (6-II-2012) 29-30. El historiador israelí, hoy profesor en la Universidad de Exeter, critica las represalias que la universidad israelí ejerce sobre quienes desafían el discurso sionista y pretenden investigar las violaciones de los derechos humanos de los palestinos.
Garralda, Ana. Un preso palestino, en estado crítico tras 58 días de ayuno. “El País” (14-II-2012) 2-3. Israel ha encarcelado sin juicio a Adnan.
González, Enric. Adnan gana la batalla a Israel. “El País” (22-II-2012) 5. Adnan, el preso palestino, deberá ser liberado.
Carbajosa, Ana. La Intifada del ayuno prende en las prisiones. “El País” (18-IV-2012) 5. Más de un millar de presos palestinos inician una huelga de hambre.
Carbajosa, Ana. Israel autoriza nuevos asentamientos en zona palestina por primera vez en 20 años. “El País” (25-IV-2012) 5.
Carbajosa, Ana. Miles de presos palestinos se suman a la huelga de hambre. “El País” (28-IV-2012) 7.
Pappe, Ilan. Paz, partición y paridad. “El País” (28-IV-2012) 33. Considera Israel un país colonislista y Palestina un país colonizado que se rebela.
Bassets, Lluís. A imagen y semejanza. “El País” (3-V-2012) 8. Un ejemplo mortal de la opresión israelí en Cisjordania.
Carbajosa, Ana. 1.600 prisioneros palestinos ponen fin a 28 días de ayuno. “El País” (15-V-2012) 7. Israel cede ante la protesta y mejora las condiciones carcelarias.
Cohen, Roger. Hablemos de compromiso… aunque sea imperfecto. “El País/The New York Times” (21-VI-2012) 2. El autor defiende la tesis de los dos Estados, Israel y Palestina, rechazando las ideas opuestas del ‘Gran Israel’ y el ‘Estado único’.
Carbajosa, Ana. Israel mata al jefe militar de Hamás. “El País” (15-XI-2012) 2-3.
Carbajosa, Ana. La derecha israelí amenaza con derrocar a Abbas si acude a la ONU. “El País” (15-XI-2012) 3.
Carbajosa, Ana. Un misil lanzado por radicales de Gaza alcanza el área de Tel Aviv. “El País” (16-XI-2012) 6.
Carbajosa, Ana. Hamás lanza sus cohetes contra Jerusalén. “El País” (17-XI-2012) 3.
Nair, Sami. La guerra anunciada. “El País” (17-XI-2012) 4.
Carbajosa, Ana. Israel destruye el cuartel de Hamás. “El País” (18-XI-2012) 10.
Carbajosa, Ana. Israel golpea a la población civil de Gaza. “El País” (19-XI-2012) 2-3.
Caño, Antonio. Obama pide contención a Netanyahu. “El País” (19-XI-2012) 3.
Solana, Javier. El interior de Hamás. “El País” (19-XI-2012) 4. Las pugnas en el partido Hamás han desencadenado sus recientes ataques a Israel, que ha respondido con una violencia desmedida.
Carbajosa, Ana. El conflicto visto desde Israel. Los habitantes del sur piden mano dura. “El País” (21-XI-2012) 4.
Garralda, Ana. ‘En Gaza sufrimos crímenes de guerra’. “El País” (20-XI-2012) 2-3.
Carbajosa, Ana. Egipto intenta forjar una tregua en Gaza. “El País” (21-XI-2012) 3.
Carbajosa, Ana. El conflicto visto desde Gaza. ‘Las explosiones aterran a los niños’. “El País” (21-XI-2012) 4.
Carbajosa, Ana. Egipto y EE UU arrancan una alto el fuego. “El País” (22-XI-2012) 3.
Garralda, Ana. Gaza recibe con cautela el cese de las hostilidades. “El País” (22-XI-2012) 4-5.
Bassets, Lluís. Novedades de Oriente. “El País” (22-XI-2012) 4.
Carbajosa, Ana. Un tupido entramado político. “El País” (22-XI-2012) 6.
Núñez Villaverde, Jesús A. Israel deshoja la margarita (violenta). “El País” (22-XI-2012) 6.
Basterra, Francisco G. Regresa la Historia. “El País” (24-XI-2012) 6-7.
Galarraga, Naiara. Un bloqueo que aún hace mucho daño. “El País” (25-XI-2012) 6.
González, Miguel. Palestina divide al Gobierno español. “El País” (27-XI-2012) 2-3. Palestina solicita ser reconocida como Estado observador en la ONU.
Carbajosa, Ana. El conflicto de Gaza refuerza la iniciativa de Abbas en la ONU. “El País” (27-XI-2012) 3.
González, Miguel. España reconocerá a Palestina en la ONU. “El País” (28-XI-2012) 2-3.
Carbajosa, Ana. La resolución reafirma las fronteras de 1967. “El País” (28-XI-2012) 3.
Caño, Antonio. EE UU advierte de que la votación en la ONU es un paso atrás para los palestinos. “El País” (28-XI-2012) 2-3.
Carbajosa, Ana. Palestina busca el reconocimiento global. “El País” (29-XI-2012) 3.
Abellán, L.; González, M. La resolución palestina fractura la Unión Europea en dos bloques. “El País” (29-XI-2012) 4-5.
Bassets, Lluís. Cuando Europa tenía política exterior . “El País” (29-XI-2012) 4.
Caño, Antonio. La ONU prepara un voto aplastante. “El País” (29-XI-2012) 5.
Caño, Antonio. Palestina entra en la ONU como observador. “El País” (30-XI-2012) 3.
Carbajosa, Ana. Los palestinos celebran en la calle su triunfo diplomático. “El País” (30-XI-2012) 4-5.
Cembrero, Ignacio. Una votación con muchas consecuencias. “El País” (30-XI-2012) 4.
Carbajosa, Ana. Israel construirá otras 3.000 casas en Cisjordania. “El País” (1-XII-2012) 5. Venganza contra la entrada de Palestina como Estado observador en la ONU.
Naïr, Sami. Palestina e Israel. “El País” (1-XII-2012) 6.

Carbajosa, Ana. Israel confisca fondos palestinos como castigo por el voto de la ONU. “El País” (3-XII-2012) 5. El Gobierno confisca 92 millones de euros en impuestos recaudados.
Carbajosa, Ana. Tiro de gracia al Estado palestino. “El País” (4-XII-2012) 5. La construcción de una gran asentamiento israelí en la zona E-1, cerca de Jerusalén, interrumpe la continuidad territorial de Cisjordania.
Oppenheimer, W.; González, M. Europa condena las represalias de Israel. “El País” (4-XII-2012) 4.
Bassets, Lluís. Etiquetas con precio. “El País” (6-XII-2012) 4. Israel pagará un precio por su errada política palestina.
Ben Ami, Shlomo. La ofensiva de paz que le falta a Israel. “El País” (27-XII-2012) 27-28. A favor de negociaciones con Hamás.
Carbajosa, Ana. Ladrillos para tapiar la paz. “El País” Domingo (30-XII-2012) 2-4. La vida de medio millón de judíos en los asentamientos israelíes de Cisjordania. Su fertilidad es una de las más altas del mundo: 5,1 hijos por mujer (7,7 los ultraortodoxos), en comparación con los 3,1 de los palestinos y los 3 de los judíos en Israel.
Menéndez del Valle, E. ‘Pax’ americana en Palestina. “El País” (31-XII-2012) 27.
Carbajosa, Ana. Los árabes de Israel ignoran las urnas. “El País” (2-I-2013) 6.
Carbajosa. Ana. Gaza desconfía de una paz duradera. “El País” (4-I-2013) 8-9.
Alandete, David. La ONU exige a Israel el fin de las colonias. “El País” (1-II-2013) 2. Un informe independiente de la ONU considera que los asentamientos pueden ser crímenes de guerra.
Alandete, David. Israel se cierra las puertas para la paz. “El País” (19-III-2013) 4-5. Netanyahu incluye en su Gobierno a representantes de los colonos.
Alandete, David. Obama viaja a Oriente Próximo sin esperanzas de reanudar el diálogo. “El País” (19-III-2013) 5.
Alandete, David. Obama urge a retomar el plan de paz. “El País” (22-III-2013) 4.
Alandete, David. EE UU pide a israelíes y palestinos que vuelvan a negociar. “El País” (27-V-2013) 5.
Alandete, David. Israelíes y palestinos reanudarán las negociaciones de paz tras tres años. “El País” (20-VII-2013) 4. Se reunirán a finales de julio en Washington.
Bassets, Lluís. ¿Boicot a Israel? “El País” (18-VII-2013) 6. El analista rechaza un boicot general a Israel pero aprueba las medidas de la UE que excluyen a los colonos de los territorios ocupados del acuerdo de igualdad de trato con los ciudadanos de la UE del que gozan el resto de los israelíes.
Alandete, David. Israel anuncia que excarcelará palestinos ante la negociación. “El País” (21-VII-2013) 5.
Ben Ami, Shlomo. Otra (difícil) oportunidad para la paz. “El País” (22-VII-2013) 29-30.
Bassets, Lluís. Fuerzas de flaqueza. “El País” (25-VII-2013) 8. Considera que Palestina no se convertirá en Estado por la fuerza de los palestinos sino por la creciente debilidad israelí, puesto que aquellos crecen demográficamente.
Alandete, David. Israel promete liberar a 104 presos palestinos para facilitar el diálogo. “El País” (29-VII-2013) 5.
Moratinos, Miguel Ángel. La paz es posible en Oriente Próximo. “El País” (30-VII-2013) 27.
Alandete, David. Israelíes y palestinos se dan nueve meses para intentar alcanzar la paz. “El País” (30-VII-2013) 4.
Bastenier, M. Á. La fe de John Kerry. “El País” (30-VII-2013) 4.
Rengel, Carmen. Israel autoriza más asentamientos en pleno diálogo de paz. “El País” (9-VIII-2013) 5.
Rengel, Carmen. Israel extiende las colonias a tres días de la cita con los palestinos. “El País” (12-VIII-2013) 5.
Rengel, Carmen. Israel trata de apuntalar el diálogo con la liberación de presos palestinos. “El País” (13-VIII-2013) 4.
Rengel, Carmen. Las colonias enturbian el inicio del diálogo. “El País” (14-VIII-2013) 2-3.
Rengel, Carmen. Las claves para acabar con 65 años de conflicto. ‘Todos los temas están sobre la mesa’. “El País” (14-VIII-2013) 3.
Rengel, Carmen. Palestinos e israelíes se reencuentran después de tres años. “El País” (15-VIII-2013) 6.
Moisi, Dominique. ‘Primavera árabe’: el ganador menos pensado. “El País” (30-VIII-2013) 25-26.
Grau, Anna (texto); Jerozolimski, Ariel; Abu Sada, Hanna (fotos). Seis españoles en la línea de fuego. “ABC” XL Semanal 1.325 (17-III-2013) 34-39.
Alandete, David. Palestinos e israelíes buscan la paz a través de los negocios. “El País” Negocios 1.465 (1-XII-2013) 14. Se crea una corte de arbitraje para los empresarios de ambos países. Israel exporta 3.500 millones de dólares a Palestina e importa solo 800 millones.
Alandete, David. Un trasvase del Mar Rojo para resucitar el Mar Muerto. “El País” (10-XII-2013) 36. Israel, Jordania y la Autoridad Palestina pactan un masivo trasvase de agua.