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miércoles, 15 de febrero de 2012

Israel y Palestina: Historia del conflicto árabe-israelí.

Israel y Palestina: el conflicto árabe-israelí.



Mapas de Israel y Palestina, con su entorno.

Los orígenes del conflicto.

El conflicto palestino-israelí, el más largo de los siglos XX y XXI, hunde sus raíces a principios del siglo XX, cuando los judíos vivieron el auge del sionismo, un movimiento ideológico que propugnaba el retorno a la Tierra Prometida, en la que tendrían un Estado propio, y comenzaron a emigrar en masa al territorio del actual Israel, y en 1917 el Gobierno británico, en la Declaración Balfour, aceptó que debían tener un país en dicho territorio después de la I Guerra Mundial. En el periodo siguiente de entreguerras la promesa quedó incumplida, mientras la emigración judía proseguía.
Al finalizar la II Guerra Mundial surgió un amplio consenso en la comunidad internacional, sobre todo entre las opiniones públicas de EE UU y Europa, a favor de que los judíos tuvieran un Estado propio, para compensarles por la tragedia del Holocausto y prevenir que se repitiera en el futuro que no tuvieran un lugar adonde ir, como había ocurrido en la preguerra.
La decisión de crear dos Estados.
La solución histórica más evidente para el anhelo judío era crear su nuevo Estado en Palestina, que desde el final de la I Guerra Mundial estaba sometida a un Mandato del Reino Unido por delegación de la Sociedad de Naciones. Palestina, empero, estaba poblada por una mayoría árabe, a su vez dividida en una mayoría musulmana y una amplia minoría cristiana, por lo que un Estado judío incumplía la regla de tener el voto mayoritario de la población a favor.
La violencia creció entre los grupos paramilitares judíos y árabes, como reflejo de la dificultad de convivencia entre dichas poblaciones, y en esta tesitura el Gobierno laborista británico, incapaz de sufragar una intervención militar, decidió retirarse de Palestina y traspasó a la ONU la competencia sobre el conflicto.
El informe de la comisión Peel, un grupo internacional de expertos, recomendó un plan de división en dos Estados, y la Asamblea General de las Naciones Unidas lo aprobó el 29 de noviembre de 1947, en su resolución número 181.
El plan daba a ambos Estados una extensión similar de territorio, pero más rico el de los árabes, en consonancia con su mayor población.
El Estado árabe comprendía un 48,7%, sobre unos 11.500 km², con la mayor parte de los alrededores de Jerusalén y de las tierras de cultivo. Tenía tres cuartos de la población.
El Estado judío contaba un 53,6%, sobre unos 14.100 km², incluyendo el desierto del Néguev, que era un 45% de la superficie del país. Tenía solo un cuarto de la población.
Entre ambos habría las ciudades de Jerusalén y Belén, un 2,7% del territorio, sobre unos 700 km², que sería un corpus separatumun espacio neutral administrado por la ONU, salvo pacto de las dos partes, por ser patrimonio compartido de las grandes religiones monoteístas.
El plan fue inmediatamente rechazado por la Liga Árabe, que amenazó con la guerra si se ejecutaba.
El 14 de mayo de 1948, coincidiendo con el fin del Mandato británico, los judíos proclamaron la independencia del Estado de Israel, abriendo enseguida las fronteras a la inmigración de los judíos, que llegaron a miles, justo a tiempo para el inicio de la ofensiva árabe.
Los árabes no aceptaron la presencia de un Estado judío en medio de ellos y quisieron liquidarlo, pensando que su enorme superioridad numérica les daría la ventaja militar y que tenían un derecho histórico preferente, dada su larga ocupación del territorio desde el siglo VII, además de su derecho religioso sobre la ciudad santa de Jerusalén.
La primera guerra (1948-1949) supuso pero 
La I Guerra árabe-israelí (1948-1949) comenzó con pequeñas pero angustiosas derrotas israelies, pero a la postre acabó con una aplastante victoria de Israel sobre los países vecinos, gracias a su mejor entrenamiento y moral de combate. Israel aumentó en un 26% su territorio, incluyendo el oeste de Jerusalén, lo que conllevó un éxodo, en gran parte forzado, de cerca de 711.000 árabes palestinos, iniciándose así el gravísimo problema de los refugiados, enrarecido porque a su vez en los años siguientes casi un millón de judíos fueron expulsados o empujados a salir de los países árabes, yendo unos 600.000 a Israel y el resto a países occidentales.
Egipto, por su parte, se apoderó en la guerra de la Franja de Gaza, y Transjordania (después Jordania), a su vez, se adueñó de la Cisjordania, incluyendo el este de Jerusalén. El Estado árabe palestino quedaba por lo tanto sin efecto, y reducido en sus posibles territorios al equivalente del 22% del país originario, la mitad aproximadamente del espacio previsto para los palestinos.



En los años siguientes, el problema se enquistó, y las siguientes guerras de 1956, 1967 y 1973 no solucionaron el problema. 
La segunda guerra, en 1956, fue un conflicto en el que Israel tuvo el apoyo de Reino Unido y Francia, interesados en seguir controlando el canal de Suez, que el presidente egipcio Nasser había nacionalizado poco antes. La fácil victoria de los aliados, ocupando los europeos el canal e Israel la península del Sinaí, provocó empero la intervención diplomática de la URSS y EE UU, que impusieron una retirada total, demostrando que el mundo se dividía en dos bloques dirigidos por dos superpotencias.



La tercera guerra (1967) estalló porque los países árabes determinaron volver a atacar a Israel, pero el ataque preventivo de este a Egipto, Jordania y Siria los tomó por sorpresa 
Siria había comenzado en 1964 las obras para desviar el agua de los Altos del Golán que iba al Mar de Galilea, la gran reserva de agua de Israel, que no podía permitirlo, y además los sirios bombardeaban a menudo a Israel desde las alturas. El siguiente golpe árabe fue la orden egipcia en mayo de 1967 de que se retirasen del Sinaí las fuerzas de interposición de la ONU; a los pocos días ya no había nadie entre los egipcios y los israelíes, y el ejército egipcio se concentró en el Sinaí. Egipto, Siria y Jordania formaron un mando conjunto para la inminente guerra. Las flotas estadounidense y soviética se dirigieron a la zona. El 28 de mayo el presidente egipcio Nasser declaró que haría una guerra total contra Israel, para destruirlo completamente; esto implicaba eliminar o expulsar toda su población. Poco después ordenó el cierre del paso marítimo por los estrechos de Tirán en el golfo de Aqaba, lo que cortaba el tráfico desde el sur al puerto israelí de Eilat. Todos sabian que habría otra guerra.
El 4 de junio el Gobierno israelí aprobó el ataque preventivo para el día siguiente. El 5 de junio, a las ocho, los aviones israelíes despegaron. A mediodía ya habían liquidado a las fuerzas aéreas enemigas y su superioridad en el cielo sería decisiva en los combates terrestres en los días posteriores.
En solo cuatro días de rápida penetración el ejército israelí aplastó al egipcio y el 8, llegó al canal de Suez. Nasser aceptó el alto el fuego.
Mientras tanto, Israel volcó otras fuerzas móviles para atacar en el frente jordano, donde el primer día solo había podido defenderse, y conseguieron profundos avances, el 7 ocuparon Jerusalén y por la tarde cayó el resto de Cisjordania. El 8 el rey jordano Hussein se unió al alto el fuego egipcio.

El general Dayan, en el centro, entrando en la Ciudad Antigua de Jerusalén el 7 de junio.

Los israelíes se concentraron entonces sobre los sirios y en dos días, el 9 y el 10, se apoderaron de los Altos del Golán tras duros combates y amenazaron directamente la capital Damasco. Solo en ese momento, la ONU y las grandes potencias impusieron el alto el fuego, la noche del 10 de junio.
En solo seis días Israel había vencido a sus enemigos. Las consecuencias fueron enormes: ahora tenía un sistema defensivo muy poderoso en profundidad, pues había tomado las estratéticas posiciones de Gaza y el Sinaí a Egipto, Cisjordania a Jordania y los Altos del Golán a Siria. Además, ahora ocupaba unos territorios densamente poblados de palestinos y perdió gran parte de su apoyo internacional al negarse a poner fina a esa ocupación.
Acto seguido, la ONU votó su segunda resolución sobre el conflicto, la número 242, que pedía la retirada del ocupante israelí a las fronteras anteriores y propugnaba la existencia de los Estados en la zona dentro de fronteras seguras y reconocidas. Pero Israel no aceptó esta norma y comenzó a crear asentamientos en las zonas ocupadas, con los objetivos últimos de proteger sus fronteras y finalmente anexionarse los territorios soñados de un Gran Israel. Pero al emprender su colonización asumieron la obligación de defenderlos, con lo que perdieron su ansiada profundidad defensiva. 
La cuarta guerra (1973) comenzó con un sorpresivo y simultáneo ataque de Egipto y Siria, que al principio tuvo señalados triunfos pero el contraataque israelí fue finalmente exitoso, recuperó los territorios perdidos y amenazó las capitales enemigas de El Cairo y Damasco. La intervención internacional paró entonces la guerra y los contendientes volvieron a sus posiciones anteriores. Una grave consecuencia fue la gran crisis del petróleo, causada porque los países árabes exportadores de petróleo en la OPEP declararon un embargo a los países occidentales para que presionaran a Israel; el enorme aumento de los precios de la energía sumió al mundo en una profunda recesión.
La paz entre Israel y Egipto, firmada respectivamente por Beguin y Sadat en 1977, zanjó los conflictos entre las dos grandes potencias del área, con la retirada israelí del Sinaí, pero subsistía el problema de la ocupación israelí de Gaza, Cisjordania y los Altos del Golán.


La violencia israelí en Líbano.

Posteriormente ha habido varios conflictos localizados en Líbano, cuando Israel invadía el sur del pequeño país para castigar a las fuerzas palestinas o árabes que le hostigaban desde sus posiciones. Las invasiones, empero, solo lograban éxitos parciales, y las retiradas subsiguientes eran aprovechadas por los árabes para volver a atacar.


Los Acuerdos de Oslo en 1993 entre Israel y los palestinos, que reconocían una Autoridad Palestina, en manos de la OLP, en la mayor parte de los territorios ocupados, con la previsión a largo plazo de un acuerdo definitivo para dos Estados, abrieron un periodo de relativa paz, entreverada de conflictos menores, de tensiones, de las Intifadas (revueltas populares de los palestinos contra los ocupantes), de actos terroristas, de expansión de las colonias judías en Cisjordania…


¿Por qué los Acuerdos de Oslo no han fructificado plenamente?
En la parte israelí, un gran sector de la población, con un marcado carácter sionista, sigue soñando con conseguir un Gran Israel y teme que cualquier concesión importante a los palestinos ponga en riesgo su seguridad. Los partidos nacionalistas y sionistas han obtenido regularmente victorias electorales y los Gobiernos resultantes han promovido una extensa colonización de los territorios ocupados, especialmente en la parte árabe de la Ciudad Santa, con la pretensión de convertirla en la eterna capital unificada de Israel. Su política cortoplacista es ‘gestionar el conflicto’, alargarlo en el tiempo, apoyados en el superior poder militar israelí para ganar las confrontaciones violentas, y soñar que los palestinos se frustrarán por su miseria, abandonarán sus pretensiones nacionales y emigrarán.
En la parte palestina, otro gran sector sigue soñando con recuperar todo el territorio, destruir Israel y expulsar al mar a los judíos. La OLP se ha moderado con el tiempo, a la fuerza de las constantes derrotas militares y de la constatación de que una postura maximalista no tiene visos de ganar en un futuro previsible, y ha renunciado al terrorismo y ha aceptado la existencia de Israel, pero su relativa moderación ha promovido que los radicales se aglutinasen en otros partidos, el más mayoritario de los cuales es Hamás, creado en 1987 y que propugna en su carta fundacional la destrucción del Estado sionista. Hamás controla la franja de Gaza, cuyo gobierno ha asumido después de la retirada israelí, mientras que la Autoridad Palestina sigue gobernando Cisjordania.

Mapa de los asentamientos judíos y los puestos de control israelí en Cisjordania (2002). Desde entonces han aumentado ligeramente los primeros.



Mapa del Golán sirio ocupado por Israel.
Fuentes.
Internet.
[http://es.wikipedia.org/wiki/Israel]
Otra entrada en este blog trata "El conflicto árabe-israelí en la actualidad".
Libros.
Daniel, Jean. La prisión judía. Tusquets. Barcelona. 2007. 189 pp. Reseña de Valenzuela, Javier. Disidencia judía. “El País”, Babelia 796 (24-II-2007) 10. Sobre la deriva ideológica del Estado judío hacia el extremismo, y sobre los disidentes.
Documentales.
Las raíces del conflicto Palestina-Israel. Documental de Discovery Channel. 46 minutos.
Los olvidados. Palestina, una historia de resistencia. Documental. 48 minutos.
Israel: el nacimiento de una nación. Documental de History Channel. 90 minutos.

Guerra del Sinaí. Breve documental en inglés sobre la segunda guerra (1956). 1,14 minutos.
Israel: La Guerra de los Seis Días. Documental sobre la tercera guerra (1967). 46 minutos.
Israel: La Guerra del Yom Kippur. Documental sobre la cuarta guerra (octubre 1973). 35 minutos.
Artículos.
Sotelo, Ignacio. Urge resolver el conflicto israelí-palestino. “El País” (I-III-2011) 6.
Pappé, Ilan. Israel: idéntica cartografía, geografía variable. “El País” (3-III-2011) 27-28.  Pappé es profesor de Historia en la Universidad de Exeter.