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jueves, 26 de enero de 2012

UD 71. Revolución científico-técnica en el siglo XX. Implicaciones en la sociedad.


UD 71. REVOLUCIÓN CIENTÍFICO-TÉCNICA EN EL SIGLO XX. IMPLICA­CIONES EN LA SOCIEDAD.

INTRODUCCIÓN.

1. REVOLUCIÓN CIENTÍFICO-TÉCNICA EN EL SIGLO XX.
CONCEPTOS DE CIENCIA Y TÉCNICA.
LA REVOLUCIÓN CIENTÍFICO-TÉCNICA DEL XIX Y SUS FACTO­RES.
Los descubrimientos del siglo XIX.
Los factores de la revolución científico-técnica del XIX.
CARACTERÍSTICAS DE LA REVOLUCIÓN CIENTÍFICO-TÉCNICA.
La con­tinuidad/discontinuidad de las revoluciones cientí­ficas.
La velocidad de los descubrimientos.
La relación entre ciencia y técnica.
La importancia de la comunidad científica.
Efectos en el desarrollo económico y social.

2. LAS CIENCIAS.
ASTRONOMÍA.
Las distancias y el tiempo del Universo.
La estructura del Universo.
FÍSICA.
El mapa del átomo.
La teoría cuántica.
La teoría de la relatividad.
Principio de indeterminación.
BIOLOGÍA.
Los seres vivos.
La genética.
MEDICINA.
PSICOLOGÍA.
QUÍMICA.
MATEMÁTICAS.
3. LAS TÉCNICAS. PROBLEMAS HUMANOS Y SOLUCIONES PRÁCTICAS.
LOS VIAJES ESPACIALES.
LOS ORDENADORES.        
LA SALUD.
ENERGÍA NUCLEAR Y ENERGÍA RENOVABLE.
CONTAMINACIÓN.
INFORMACIÓN.
ÓPTICA.

4. IMPLICA­CIONES EN LA SOCIEDAD.
EL DEBATE DE LA RELACIÓN CIENCIA-TECNOLOGÍA Y SOCIE­DAD.
Deterministas: tecnológi­cos, económi­cos, po­líticos e ideo­ló­gicos.
Interactivistas: mutua relación.
CONSECUENCIAS ECONÓMICO-SOCIALES.
Una revolución tecnológica.
Los ambivalentes efectos de las innovaciones.
Los cambios sociales.
PA­PEL Y SENTIDO DE LAS HUMANI­DA­DES EN LA ACTUALI­DAD.
CONCLUSIONES.
La utilización de la ciencia y la tecnología al servicio de la Humanidad.

INTRODUCCIÓN.
Esta UD trata la revolución científico-técnica del siglo XX (y XXI), distinguiendo entre ciencia y tecnología, y separan­do en varios campos significativos los avances, en una selec­ción que no puede ser exhaustiva. Además, se aborda el pro­blema de las implicaciones de esa revolución en la sociedad actual, procurando desarrollar una actitud crítica.
 
1. REVOLUCIÓN CIENTÍFICO-TÉCNICA EN EL SIGLO XX.
CONCEPTOS DE CIENCIA Y TÉCNICA.
Es casi imposible distinguir entre ciencia y técnica, pero un cierto acuerdo expositivo o didáctico restringe la ciencia a la parte teórica y la técnica a la aplicación práctica de la ciencia a resol­ver los problemas humanos. Así, serían ciencias la astronomía y la física y, en cambio, sería técnica la de los via­jes espaciales que han posibilitado el de­sa­rrollo de esas dos ciencias (entre otras, como la química de los combustibles de los cohetes y la óptica de los instrumentos de observación).
LA REVOLUCIÓN CIENTÍFICO-TÉCNICA DEL XIX Y SUS FACTO­RES.
Los descubrimientos del siglo XIX.
El siglo XIX fue un periodo de profundiza­ción teórica y prácti­ca en casi todas las ramas del saber cien­tífico. Se suce­den una serie de des­cubri­mientos: áci­dos nu­cleícos (1869), va­cuna del cólera (1881), vacuna de la rabia (1885), inmunología-glóbulos blancos (1883), ondas hertzia­nas (1888), cinematografía y rayos X (1895), radiactividad (1897). Hay in­ventos revolucio­narios: pila seca (1867), teléfo­no, motor de cuatro tiempos (1876), automóvil (1885), motor diesel (1893). La segunda revo­lución industrial, de hecho, comienza a finales del siglo XIX, gracias al uso de las dos nuevas fuentes de energía barata y masiva: la electricidad y el petróleo.
Uno de los grandes momentos fue cuando Pasteur descubrió la vacuna contra la rabia (hidrofobia) en 1884 y demostró su eficacia cuando en 1885 salvó la vida al niño alsaciano Joseph Meister, mordido por un can hidrófobo; años después, éste trabajó en el Instituto Pasteur, fundado en 1888 para atender a los enfermos de rabia.
Los factores de la revolución científico-técnica del XIX.
Los principales fac­tores del desarrollo cien­tífico fueron:
- La Revolución Indus­trial.  
- La optimista concepción filosófica e ideológica de que el pro­greso científico era ili­mitado.
- El desarrollo de instru­men­tos técni­cos.
- La inversión en investigación de las empresas y los Es­tados burgueses. Las universidades y em­presas etc., incrementan su dedicación a la investigación teórica y aplicada. El sistema económico burgués y los Estados fomen­tan esta progresión porque los inven­tos demuestran ser impor­tantes impulsos del crecimien­to económico.
- El desarrollo de la educación científica y técnica. Du­rante el siglo XIX y especialmente en su segunda mitad se desa­rro­lla en Occi­dente y otros países nue­vos un sistema edu­ca­tivo enfo­cado a las cien­cias natura­les.
LA REVOLUCIÓN CIENTÍFICO-TÉCNICA: CARACTERÍSTICAS.
La continuidad/discontinuidad de las revoluciones cientí­ficas.
El filósofo Thomas S. Kuhn señalaba al princi­pio de su carrera un paradigma sobre las revoluciones científi­cas: que no eran continuas, sino discontinuas. Por ejemplo, citaba el caso de Co­pérnico, pues sin su revolucionaria visión astro­nómica no hubiera avanzado la ciencia astronómica en muchos años, pero su aporta­ción abrió camino a los demás científicos.
En los años 1980, antes de su muerte en junio de 1996, Kuhn varió su posición y aceptó una mayor con­tinuidad en el desarro­llo científico, al observar la progre­siva aceleración de su ritmo.
La velocidad de los descubrimientos.
La revolución cien­tí­fi­co-técnica se acelera desde las úl­ti­mas décadas del si­glo XIX y enlaza sin ruptura cronológica con el siglo XX (y XXI), en el que se registra una continua aceleración de esta re­volu­ción. Las estadísticas demuestran que la veloci­dad de los nuevos des­cubrimientos se incre­menta año tras año. El desarrollo científico se ha incrementado exponencial­mente a lo largo porque los mismos fac­tores de­sa­rrollados en el siglo XIX se han incrementado en el siglo XX: más inversiones pri­vadas y esta­tales, más educación científica, más científicos y técnicos, más y mejores instrumentos técnicos... En los primeros años del siglo XXI el proceso sigue ganando velocidad pese a las crisis económicas, gracias a la masiva incorporación de millones de ingenieros y científicos educados en los países emergentes.
La relación entre ciencia y técnica.
La ligazón entre ciencia y técnica en esta aceleración es evi­dente: en todos los campos del saber gra­cias al avance cien­tí­fico sur­gen apara­tos de enorme comple­ji­dad que, a su vez, se convierten en instrumentos utili­zados para lograr nue­vos descu­brimientos de la ciencia. Es un “círcu­lo vir­tuoso” de creciente velocidad.
La importancia de la comunidad científica.
Hoy viven más científicos que a lo largo de toda la Histo­ria de la Humanidad. Las grandes empresas y los Estados invier­ten enormes presupuestos en I+D. Proliferan los congresos in­terna­cionales y nacionales de cien­tíficos, así como las revis­tas especializadas y las institucio­nes. La Orga­nización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (U­NES­CO) ha tenido un gran papel en la coordinación mundial de esa comunicación.
Efectos en el desarrollo económico y social.
El desa­rrollo económico y social se ha incrementado cons­tante­mente con estos avances, y, como consecuencia, la ciencia y la técnica han pasa­do a ser elementos básicos de la so­ciedad.

2. LAS CIENCIAS.
ASTRONOMÍA.
Las distancias y el tiempo del Universo.
El desarrollo de la astronomía ha permitido medir las in­mensas distancias del Universo, en años luz, la distancia reco­rrida en un año por un rayo de luz, que se mueve a 300.000 km/s. Se ha logrado explorar distancias de más de 10.000 millones de años luz, cuando nacía nuestro Universo.
Se descubrió en 1997 que el Universo observable es un 10% mayor de lo que se pensaba. Las estrellas más viejas tienen 11.000 millones de años, y la estimación de la edad del Univer­so se acorta así a 12.000 millones de años. También se ha comprobado recientemente que el Universo se expande sin freno gra­cias a una misteriosa fuerza antigravita­toria (relacionada tal vez con la materia oscura), por lo que no habría un final basado en una contracción o tal vez se daría un equilibrio entre ambas fuerzas. En tal caso, el universo sería infinito y eterno.
La estructura del Universo.
Se han descubierto más de 20.000 millones de galaxias y se espera más que doblar esta cantidad en los próximos años, siendo probable que haya cientos de miles de millones. Asimismo, se ha calculado que hay una media de 100.000 millones de estrellas en cada ga­laxia. La nues­tra, la Vía Láctea, tiene 200.000 millones de estrellas, comprendidas en un diáme­tro de 100.000 años luz, en el que nues­tro Sol está en un brazo margi­nal, el llamado de Orión.
Algunos científicos calculan que en nuestra galaxia podría haber unos 600 millones de mundos habitables (y multiplíquese esta cantidad por la de galaxias probables), pero pese a los recientes esfuerzos todavía no se han hallado indicios de vida en otros planetas.
FÍSICA.
El mapa del átomo.
El siglo XX (y XXI) es una auténtica edad de oro de la Física. La lista de físicos geniales y de sus descubrimientos es inacaba­ble. Las primeras investigaciones que se dirigieron al estudio del átomo partían de considerarlo la partícula básica de la materia, partícula indivisible (esto significa “atom” en griego). Pero enseguida se comprobó que el átomo no era indivisible, sino que estaba formado por otras partículas más pequeñas: electrones, protones y neutrones.
Niels Bohr dibujó un mapa del átomo que sirvió como mode­lo, con los electrones que giran alrededor de un núcleo, como si fuese un sistema solar en miniatura. Se des­cubrió que esta estructura se podía romper o desintegrar y que este proceso desprendía una enorme cantidad de energía, lo que fue el funda­mento de la energía atómica. Rutherford fue el primero en rom­per el núcleo de nitrógeno en 1919. Ya antes, el matrimonio Curie había hecho avances notables en el estudio de la radioac­tividad, seguidos por su hijo Joliot Curie, Fermi, Hahn, Hei­senberg y otros.
Todo esto daría paso a la bomba atómica, al uso pacífico de la ener­gía nuclear de fisión y en el futuro de fusión (más barata, sin límites  de recursos y menos contaminante), y al progresivo descubri­miento de nuevas partí­culas atómicas gracias a los grandes aceleradores de par­tículas, que han abierto muchas oportunidades al respecto: recientemente, en 2012, parece haberse hallado una partícula más pequeña, el bosón de Higgs.
La teoría cuántica.
Un físico alemán, Max Planck, in­ves­tigó la energía, descu­brien­do que se emite de forma discon­ti­nua­, consti­tuida por cor­púscu­los que denominó “qua­nta”. Eins­tein, más tarde, explicó la transmisión de la luz mediante las partículas llamadas “foto­nes”.
La teoría de la relatividad.
Einstein revolucionó todos los fundamentos de la Física con la “teoría de la relatividad restringida” (1905), que nació en sus estudios de la luz. Después la amplió con la “teoría de la relatividad generalizada” (1920). Consideró la velocidad de la luz (300.000 km/s) como una cons­tan­te del Universo y con­clu­yó, me­diante com­plejas fór­mulas ma­temá­ticas y después de largas ob­servaciones, que el tiempo y el espacio son relativos (depen­den del especta­dor), que el tiempo pasa con un ritmo di­ferente (y por tanto es diferente) para un hombre que está en la Tierra o para otro hombre que está en una cápsula espacial que se mue­ve a una ve­locidad más grande. La energía y la masa se trasva­san mutuamente, debido a que la masa de los cuerpos crece con la velocidad (esto implica que, hipotéticamente, se podría via­jar en el tiempo). Einstein niega la gravedad como fuerza y la transforma en propiedad del espacio, que es finito, curvo, imaginado como un cilindro tetradimensional, frente a la tridimensionalidad euclidiana. Eins­tein, por el hecho de ser judío, per­dió su cáte­dra en Ale­mania y emigró a EE UU, donde continuó sus investiga­cio­nes, colaborando en el Proyecto Manhattan que desarrolló la bomba atómica, primera y trágica consecuencia de sus descubrimientos.
Principio de indeterminación.
Heisenberg (1927), demostró la imposibilidad de determinar a un mismo tiempo la posición y la velocidad de una partícula, pues la radiación aplicada alte­ra constantemente su posición. El espectador modifica la reali­dad física al aproximarse para examinarla. Esto implica que no se puede reducir un fenómeno físico a un modelo y, por tanto, que la ciencia no maneja cer­tezas sino la probabilidad. Su teo­ría ha sido muy discutida, y ha dado paso a dos escuelas: la probabilista de Copenhague (Bohr) y la determinista de París (De Broglie).
BIOLOGÍA.
Los seres vivos.
El hombre ha conocido la mayoría de las especies vegetales y animales en los últimos decenios, pero sigue abierta la in­ves­tigación para descubrir o conocer más.
No obstante, el gran reto sigue siendo el conocimiento de la propia biología del hombre.
La genética.
La genética se ha transformado. Las teo­rías de Darwin y las leyes de Mendel han sido comprobadas en el siglo XX y enri­quecidas o modificadas con las observaciones que permiten los nuevos aparatos. El holandés De Vries estableció a principios de siglo el concepto de mutación, la alteración que puede su­frir la carga genética almacenada en los cromosomas de las cé­lulas genéticas o genes. De esta forma, la evolución no se pro­duciría por alteraciones (como habían supuesto Lamarck o Dar­win), sino por cambios internos del patrimonio hereditario. Los biólogos genetistas posteriores han aceptado la tesis de la evolución bio­lógica.
El estudio más intenso en el campo de la biología ha sido el del ADN de las células, compuestas de tipos moleculares quí­micos, con los ácidos nucleícos (situados en el núcleo) como transmisores de la heren­cia. Los ácidos nucleícos filiformes son el ácido ribonucleíco (RNA) y el desoxirribonucleíco (DNA). El DNA es el suministrador de la información genética, y está formado por una doble hélice y compuesto por una multitud de átomos. Su modelo fue propuesto por James Watson y Francis Crick (1953) y su clave fue descifrada por Crick y Sidney Brenner (1961). Este conocimiento per­mitió el de­sa­rro­llo de la bio­tec­no­logía y de la bioge­nética (o genómica), que, en estrecha relación con la me­dicina, apuntan como reme­dio de mu­chas enferme­dades congé­nitas y hereditarias, incluso el envejecimiento, me­diante el cam­bio pro­vocado del sistema inmu­ni­ta­rio. En 2000 se­ com­ple­tó el primer mapa del genoma hu­ma­no, con 38.000 genes, por el equipo de la empresa Celera Genomics, dirigido por Craig Venter, y el proyecto público internacional, Genoma Humano, dirigido por Francis Collins. Se abre así un futuro en el que se puede elucubrar sobre la inmortalidad sin padecer enfermedades para el ser humano.
MEDICINA.
Los progresos en la curación de enfermedades, en la ciru­gía, en los trasplantes, en el conocimiento del cerebro, en la higiene, etc. han mejorado notablemente la calidad de vida y aumen­tado la esperanza de vida de la población.
En los últimos años se han desarrollado, aunque aún falta mucho para su completa apli­cación, la terapia génica y el con­trol de la apop­tosis (muerte programa­da de las células) para reme­diar el cán­cer y enfermedades dege­nerati­vas.
En 1996 se ha logrado el con­trol de los me­ca­nismos de in­fec­ción celular para reme­diar el sida, con una combinación de fármacos, y desde entonces ha progresado mucho la prevención y cura del sida.
PSICOLOGÍA.
La psicología se ha transformado en ciencia propia, desa­rrollada por Freud, Adler, Jung, James, Watson, Eysenck y otros, que han estu­diado la mente humana, desde muchos puntos de vista, a ve­ces con teorías muy discutidas. Los avances farmacológicos son enormes en los últimos decenios, y la investigación del cerebro, la ‘última frontera’, progresa sobre bases cada vez más firmes.
QUÍMICA.
El desarrollo de la química ha sido extraordinario, con una ruptu­ra de las fronteras entre química orgánica e inorgáni­ca, el desarrollo de la quí­mica molecular, el acercamiento en­tre física y quími­ca. La consecuencia ha sido la apa­rición de los materiales plásticos y de las fibras sin­téti­cas, siendo uno de los últimos productos los ‘materiales inteligentes’.
MATEMÁTICAS.
La nueva física ha exigido una nueva ciencia matemática, desa­rrollada con el paralelo (mutuamente necesario) auge de la in­formática y de la lógica mate­mática. Godel, Whi­tehead y Rus­sell revolucionaron los fundamen­tos de la matemática. Godel, sobre todo, demostró que en la ciencia son siempre posibles las contradicciones, porque el lenguaje científico es el desarrollo lógico obtenido mediante determinadas reglas aplicadas a un número de conceptos que se conviene en aceptar como válidos, pero es posible sustituir estos principios básicos y levantar un nuevo edificio científico. Esto permite sustituir la geome­tría de Euclides (basada en el postulado de que por un punto no se puede trazar más de una línea paralela a una recta) y cons­truir una geometría diferente (aplicable al nuevo concepto del espacio esférico de Einstein). Se ha confirmado la necesidad universal de las matemáticas, demostrada por la cibernética y la aplicación a la lógica matemática. Han nacido nuevas y apa­sionantes teorías: la teoría de las cuerdas, la teoría de los fractales y la teoría del caos.

3. LAS TÉCNICAS. PROBLEMAS HUMANOS Y SOLUCIONES PRÁCTICAS.
LOS VIAJES ESPACIALES.
En 1957 los rusos lanza­ron un pe­queño satélite y comenzaba la carrera espacial para llegar a la Luna, directamente rela­cionada con la competen­cia militar por desarrollar misiles ba­lísticos. En 1961 lanza­ron al primer astronauta, Yuri Gagarin. Se superaron los pro­blemas de ingravidez y se prolon­garon los periodos en el espa­cio. En 1965 Leonov hizo la primera salida fuera de una nave espacial.
Pero fueron los norteamericanos los que ganaron al final la carrera espacial a la Luna, mediante el programa Apolo. El 21 de ju­lio de 1960 Armstrong y Aldrin conse­guían al­canzar la super­ficie de la Luna por pri­mera vez.
Actualmente el pro­grama espacial está relativamente estan­cado por pro­blemas económicos, pero se ha desarrollado un transbordador y el envío de satéli­tes artificiales, que son esenciales en las telecomunica­ciones y la investi­gación cientí­fica y meteorológi­ca, además de su uso mi­lita­r.
Algunas sondas espaciales sin tripulación ya han llegado a los confines de nuestro Sistema Solar y estudiado los planetas y satélites más importantes de este (la llegada a Marte fue el triunfo más re­ciente) y el mismo Sol.
Exis­ten proyectos de son­das espa­ciales más polivalen­tes y se prevé el pronto desa­rrollo de una base espa­cial perma­nente en órbita alre­dedor de la Tie­rra, que sería administrada por las potencias espaciales.

La estación espacial MIR, precedente de la base espacial internacional.

El telescopio Hubble nos ha mostrado un universo ex­traor­di­na­riamente rico en fenómenos físicos y nos aproximamos al cono­cimiento de otros planetas ya localizados en los siste­mas solares más cercanos, donde podría haber vida, lo que sería un descubrimiento revolucionario para la Humanidad, que ya no es­taría sola en el Universo.
LOS ORDENADORES.
Los ordenadores, desarrollados a partir de 1945, procesan información a una extraordinaria velocidad y precisión, sir­viendo sobre todo a los procesos científicos y estadísticos, comerciales y en muchos otros campos. Los progresos de la elec­trónica han permitido desde la década de 1970 abaratar su precio y aumentar sus prestaciones, de modo que el ordenador se está convirtiendo en un electrodoméstico más, presente en cientos de mi­llones­ de casas. La revolución de la nueva red de comunicación por orde­nador, Internet, integrando las posibilidades de la informática y las telecomunicaciones y llevándolas a las personas con aparatos móviles cada vez más miniaturizados, ha cambiado nuestro presente y promete cambiar aún más nuestro futuro. Se prevé pronto que la mayoría de objetos tendrán un chip incorporado y se integrarán en una enorme red mundial de información.
LA SALUD.
La aplicación de los rayos X permitió conocer visualmente el interior del cuerpo humano y así diagnosticar muchas enfer­me­da­des. El instrumental y las técnicas de cirugía han evolu­cionado, especialmente los trasplantes de órganos.
La aspirina es el fármaco más popular, como un eficaz analgé­sico. La penicilina (Fleming, 1929; Florey, Chain, 1941) y otros antibióticos han curado mu­chas en­fermedades infecciosas de procedencia bacteriana (curio­samente la II Guerra Mundial precipitó su desarrollo, para cu­rar a los heridos).
El trata­miento del cáncer ha aumentado muchísimo las po­sibili­dades de curación gracias a las actuaciones preventivas, el diagnóstico precoz, la quimioterapia, la radioterapia y la terapia génica.
La exten­sión de la epidemia del sida desde principios de los años 80 nos ha mostrado los límites de la medicina, pero tam­bién la necesidad de seguir desarrollando esta ciencia vital para el futuro del hombre. Se ha aumentado el tiempo de resis­tencia y la curación de las enfermedades oportunistas asociadas al sida, pero su impacto sigue aumentando año tras año, sobre todo en África.
La investigación y aplicación de la medicina plantea gran­des interrogantes éti­cos: la in­vestiga­ción gené­tica, la clonación, el aborto y el control de la natalidad, la fer­ti­lidad asistida, el con­trol de la marca genética con fines poli­ciales y médicos, la eutanasia, etc.
ENERGÍA NUCLEAR Y ENERGÍA RENOVABLE.
El previsible agota­miento del petróleo y del carbón obli­ga a buscar otras posibles fuentes de energía.
Entre las distintas posibilidades, la que ha adquirido más im­portancia económica ha sido la energía nuclear de fisión. Esta energía se obtiene me­diante la fisión de los núcleos ató­micos (su parti­ción), a par­tir de sus­tancias como el uranio, el plutonio, el torio, etc., con lo que se producen grandes canti­dades de ca­lor. Este proce­dimiento tiene el inconveniente de la contaminación (el caso de Chernóbil es el más terrible), los residuos radiactivos peli­grosos y el tam­bién posible agota­mien­to de las sustancias uti­lizadas.
La alternativa sería la fusión nuclear, mediante la reu­nión de los nú­cleos atómicos, cuyas ven­tajas sobre la fisión serían enor­mes, sobre todo porque no pro­duce residuos radiacti­vos, pero que está to­davía poco desarrollada debido a las actuales di­ficultades tecnológi­cas.
También se experimentan nuevas energías renovables, aparte de la hidráulica, pero la mayoría son aun de­masia­do caras de producción: la energía solar (sobre todo la fotovoltaica), eóli­ca, mareo­mo­triz, geotérmica, biomasa, etc., y necesitan subvenciones públicas.
CONTAMINACIÓN.
La contaminación del medio ambiente ha incitado al desa­rrollo de nuevas técnicas de reciclado de materiales: papel, vidrio, plástico, etc.; materiales y combustibles menos conta­minantes en los automóviles y medios de transporte.
Pero el desarrollo del consumo de energía y materias pri­mas no renovables si­gue aumentando la conta­mi­na­ción global del planeta, con catas­trófi­cos efectos a largo plazo. Aumen­ta la con­tami­nación de ríos, lagos y ma­res: por ejemplo los la­gos pirenaicos es­tán con­tami­nados debido a la llu­via ácida de una gran nube de gases tóxi­cos que flota sobre Europa y cae en las zonas altas.
La capa de ozono se ha ido desva­neciendo a causa de la emisión de cloro a la at­mósfera, con terribles efectos so­bre la vida ani­mal y hu­mana, aunque se prevé su estabilización a prin­cipios del siglo XXI si se respeta un plan internacional de prevención.            
INFORMACIÓN.
Una última revolución es la de las “autopistas de la in­formación”. La red de información Internet puede cambiar radi­calmen­te nuestro futuro, porque sus infraestructuras de teleco­municación son ca­pa­ces de transportar a gran velocidad el trá­fico de sonidos y men­sajes del ordenador junto al de las imáge­nes en movimiento, lo que acelera el cambio de una socie­dad industrial hacia una sociedad de la información, el gran reto inmediato de la Huma­nidad.
Al mismo tiempo el desarrollo de la televisión digital permite disponer a los espectadores de numerosos canales, con un aumento de la cantidad y variedad de información.
 No obstante, preocupa el control de la informa­ción y de los datos es­ta­dís­ti­cos que acaparan los Estados y las grandes empresas gra­cias al de­sarrollo de la informática y sus bancos de datos.
ÓPTICA.
Los progresos de la óptica se extienden desde los micros­copios (los electrónicos han llegado casi hasta las fron­teras de la realidad física), las cámaras fotográficas (las más sen­sibles, en los satélites y observatorios astronómicos, captan detalles ínfimos), las fotocopiadoras, las cámaras digitales (incorporadas hoy incluso a los teléfonos móviles)...

4. IMPLICA­CIONES EN LA SOCIEDAD.
EL DEBATE DE LA RELACIÓN CIENCIA-TECNOLOGÍA Y SOCIE­DAD.
Hay un debate sobre las relaciones causales entre el cam­bio científico-técnico y el cambio social, entre los teóricos deterministas y los interactivistas.
Deterministas: tecnológi­cos, económi­cos, po­líticos e ideo­ló­gicos.
Los teóricos deterministas se diferen­cian en varios gru­pos, según cuá­les son los factores que consi­deran determinan­tes: tecnológi­cos, económi­cos, po­líticos, ideológicos.
- Los tecnológicos con­sideran que la tec­no­logía determina la so­cie­dad.
- Los económicos opinan que la tecno­logía se adapta a las con­di­cio­nes económicas.
- Los políticos creen que la tecnología refleja los inte­re­ses de los grupos políticos domi­nantes.
- Los ideológi­cos piensan que la tecnología refleja la ideo­logía dominan­te.
Interactivistas: mutua relación.
Por el contrario, los teóricos interactivistas sostienen que el cambio tecnológico tie­ne una mutua relación con la so­ciedad, con un reflejo recípro­co. Es la tesis dominante.
CONSECUENCIAS ECONÓMICO-SOCIALES.
Una revolución tecnológica.
En suma, parece evidente en 1998 que estamos inmersos en una revo­lución tecnológica, con remotos precedentes sólo en la Revolución In­dus­trial de los siglos XVIII y XIX. Una revolución basada en la bio­tecnología, la nanotecnología, la microelectró­nica, las telecomunicaciones, la economía de la información, la utiliza­ción de nuevos materia­les, el previsible desa­rrollo de la ener­gía de fusión nuclear. Al mismo tiempo, ceden las tensiones militares y políticas a escala internacio­nal, por la desapari­ción de los grandes blo­ques que marcaron la política de la se­gunda mitad del siglo, lo que permite asignar grandes recursos financieros a otros desti­nos.  Todos estos cambios modifican radicalmente la economía y suponen un desafío social y cultural, de dimensión planetaria, con un ritmo difícil de pronosticar.
Los ambivalentes efectos de las innovaciones.
Todas estas innovaciones tienen efectos secundarios inde­seables, que afec­tan a un mundo superpoblado, con limitados re­cursos ali­menta­rios, mi­neros y energéticos.
- La “Revolución Verde” ha aumentado los rendimientos agrí­colas y ha casi eliminado el hambre pero ha aumentado la contaminación en la tierra y las zonas rurales.
- La energía nu­clear aprovisiona de energía a una sociedad cre­cientemente an­siosa de energía pero sus ries­gos son tremen­dos, como lo ha probado la catástrofe de Chernó­bil.
- El automó­vil nos da autono­mía en el transporte pero con­gestiona la circulación en las ciudades y las contamina de hu­mos y ruido, consumiendo espacio para las carreteras.
- Los elec­trodomésticos, como los aviones, satisfacen ne­ce­sidades vitales, pero destruyen la capa de ozono que nos pro­tege de la radiación solar.
- Los nuevos medios de comunicación de masas nos han acer­ca­do la cultura y el conoci­miento del mundo, pero provocan una uniformización cultural.
- La industrialización nos proporciona una gran variedad de bie­nes con menores precios y mayor calidad, pero a cambio de un gran coste ener­gético y del agotamiento de las materias pri­mas no renovables.
- La creciente urbanización, con la mitad de la po­blación mundial viviendo ya en ciudades, proporciona ser­vicios y como­didades, trabajo y cultura, pero también provoca grandes pro­blemas so­ciales, cuya resolución parece utópica.
Los cambios sociales.
Los cambios en la sociedad provocados por la ciencia tar­dan años en mostrarse en toda su complejidad. Imaginemos el efecto social que ha tenido el relativamente cercano desarrollo del teléfono, la electricidad, la radio, la televisión... y pense­mos que en el momento en que se crearon nadie previó las enor­mes consecuencias sociales que han tenido.
En el siglo XXI los progresos científicos y sus aplicaciones están presentes en todas las manifestaciones de la vida del hombre. Nos movemos en máquinas impulsadas por motores; leemos periódicos impresos por sistemas fotográficos revolucionarios; en medicina se utilizan aparatos cada vez más complicados; má­quinas sofisticadas realizan los cálculos necesarios para los viajes espaciales. La máquina está presente en todas partes.
De aquí que se conceda tanta importancia y apoyo en las naciones más avanzadas a la investigación científica. Porque el progreso de la ciencia no depende ya de los descubrimientos del genio aislado, sino del trabajo en equipo y del intercambio de información. Esto no quiere decir que la figura genial no siga influyendo decisivamente en el progreso; genios como Eins­tein, Freud y Fleming han modificado los conocimientos y la vida del hombre. Pero también hay grandes inconvenientes e in­cluso fra­casos en la aplicación de la ciencia y la técnica: no hemos logrado extender sus frutos a toda la Humanidad, y ya hemos visto como muchos de sus efectos son negativos: contaminación, ago­tamiento de los recursos naturales, dependencia del Tercer Mundo respecto al Primer Mundo, etc.
PA­PEL Y SENTIDO DE LAS HUMANI­DA­DES EN LA ACTUALI­DAD.
En esta sociedad tecnificada, sin embargo, el papel de las Humanidades y en general de las Ciencias Sociales es más nece­sario que nunca, para lograr dar un sentido humanístico a la ciencia y a su de­sarrollo. La cien­cia no es el fin sino un me­dio para lograr la felicidad y el bienestar de la Humanidad y la reflexión para ese fin es más propia de las Humanidades, que se preocupan de reflexionar sobre el ser humano y darle un sen­tido a su existencia.
CONCLUSIONES.
La utilización de la ciencia y la tecnología al servicio de la Humanidad.
Para los pensadores, sean interactivistas o determi­nistas,  hay dos modos de usar la ciencia y la tec­nolo­gía, uno positivo y otro negativo.
Los optimistas juzgan que el progreso científico resolverá todos los problemas que amenazan nuestro futuro, aunque debe regularse para conseguirlo. Algunos radicales incluso abogan por no res­tringir el desarrollo científico, a fin de que no haya trabas en la experimentación, sea cual sea el problema moral implica­do (por ejemplo clonación de seres humanos).
Entre los pesimistas, Harris (1996) considera que hay ciencias negativas, cuyo uso por el hombre no ha solucionado los problemas sociales, sino que los ha agravado. Cita en par­ticular el ur­banis­mo, la arquitectura, la bioa­gricultu­ra, los experimentos gené­ticos, la energía nuclear, etc. Considera que la sociedad no podrá controlar estas ciencias y que seguirán con autonomía su tarea de destrucción social.
La mayoría de los autores se confiesan entre el grupo de los optimistas, pero consideran que el criterio que debe seguir el hombre es que la ciencia y la tecnología han de ser medios para el bie­nestar de la humanidad y no fines en sí mis­mos. En suma, la ciencia-tec­nología y la so­ciedad deben relacionarse de modo más armo­nioso.

71. BIBLIOGRAFÍA.
Libros.
AA.VV. Autopistas de la informa­ción. “El País”, Temas nº 331 (21-VII-1994) 8 pp.
Asimov, Isaac. Enciclopedia biográfica de la ciencia y la tecnología. Alianza. Madrid. 1987. 4 vs.
Barnes, Barry. Sobre la ciencia. Labor. Barcelona. 1987. 150 pp.
Cross, Nigel; Elliot, David; Roy, Robin. Diseñando el futuro. Gustavo Gili. Barcelona. 1980. 166 pp.
Flanagan, Dennis. La ciencia ante el siglo XXI. Temas de Hoy. Madrid. 1989. 335 pp.
Kingston Derry, Thomas. Historia de la tecnología. Siglo XXI. Madrid. 1977. 394 pp.
Parés i Farras, Ramón. La revolución científica: de Tales de Mileto a Einstein. Pirámide. Madrid. 1987. 284 pp.
Rosenberg, Nathan. Tecnología y Economía. Gustavo Gili. Barcelona. 1979. 422 pp.
Winner, Langdon. Tecnología autónoma. La técnica incontrolada como objeto del pensamiento político. Gustavo Gili. Barcelona. 1979. 384 pp.

PROGRAMACIÓN.
REVOLUCIÓN CIENTÍFICO-TÉCNICA EN EL SIGLO XX. IMPLICA­CIÓNES EN LA SOCIEDAD.
UBICACIÓN Y SECUENCIACIÓN.
En ESO, 1r ciclo.
Eje temático 3. El mun­do actual.
Bloque 9. Arte, cultura y so­ciedad.
Apartado 4. Los retos del desa­rro­llo cien­tífico y tec­noló­gico. Pa­pel y sentido de las humani­da­des en la actuali­dad.
Esta UD está relacionada estrechamente con la asignatura de “Ciencia, Tecnología y Sociedad”, cuyos contenidos curricu­lares se reco­gen en cinco módulos: 1. Ciencia, Tecnología y Sociedad: pers­pectiva histórica. 2. El sistema tecnológico. 3. Repercu­siones sociales del desarrollo científico y técnico: la nueva sociedad tecnológica. 4. El control social de la activi­dad científica y tecnológica. 5. El desarrollo científico y tecno­lógico: refle­xiones filosóficas. Para desarrollar este currícu­lo tan extenso se necesitan conocimientos interdiscipli­nares: Sociolo­gía, In­formática, Robó­tica, Historia de la Cien­cia y la Tecno­logía, Ética y Filoso­fía.
RELACIÓN CON TEMAS TRANSVERSALES.
Relación con temas de Edu­ca­ción Moral y Cívica, Educación Ambiental, Educación para la Salud, Educación para la Paz.
TEMPORALIZACIÓN.
Cuatro sesiones de una hora.
1ª Documental. Diálogo. Exposición del profesor. Cuestiones.
2ª Exposición del profesor. Cuestiones.
3ª Exposición del profesor, de refuerzo y repaso; esquemas y comenta­rios de tex­tos.
4ª Comentarios de textos; debate y síntesis.
OBJETIVOS.
Definir los conceptos de ciencia y tecnología.
Sintetizar la revolución científica del siglo XX (y XXI) en las dis­tintas cien­cias y tecnologías.
Comprender las implicaciones sociales de la revolución científica.
Interesarse por los avances del progreso científico.
Dialogar y debatir críticamente sobre la ciencia.
CONTENIDOS.
A) CONCEPTUALES.
La distinción entre ciencia y tecnología.
La revolución científica del siglo XX (y XXI) en las distintas cien­cias y tecnologías.
Las implicaciones sociales de la revolución científica.
B) PROCEDIMENTALES.
Tratamiento de la información: realización de esquemas del tema.
Explicación multicau­sal de los hechos históricos: en co­mentario de textos y debate.
Indagación e investigación: recogida y análisis de da­tos en enciclopedias, manuales, monografías, artículos...
C) ACTITUDINALES.
Rigor crítico y curiosidad científica.
Tolerancia y solidaridad.
METODOLOGÍA.
Metodología expositiva y participativa activa.
MOTIVACIÓN.
Un documental, con diálogo que sirva de evaluación pre­via.
ACTIVIDADES.
A) CON EL GRAN GRUPO.
Exposición por el profesor del tema.
Debate final en clase.
B) EN EQUIPOS DE TRABAJO.
Realización de una línea de tiempo sobre el proceso.
Realización de esquemas sobre los apartados.
Dossier de prensa durante dos semanas sobre los principa­les avances científicos actuales.
Comentarios de textos sobre los problemas del desarrollo científico, las políticas de la UE y España en I+D+i...
Debatir sobre la posición del grupo ante la problemática y el futuro de la ciencia y consensuar una posición común, y luego dialogar en clase mediante un representante.
C) INDIVIDUALES.
Realización de apuntes esquemáticos sobre la UD.
Participación en las actividades grupales.
Búsqueda individual de datos en la bibliografía, en debe­res fuera de clase.
Contestar cuestiones: tras un diálogo de grupo, los alum­nos deben contestar individualmente por escrito.
RECURSOS.
Presentación digital (o transparencias y diapositivas).
Libros de texto, manuales.
Fotocopias de textos de prensa para comentarios.
Cuadernos de apuntes, esquemas...
Documental.
EVALUACIÓN.
Evaluación continua. Se hará especial hincapié en que se com­prenda la relación entre los procesos científicos y socia­les, y en la consecución de procedimientos de indagación y ac­titudes de curiosidad sobre los avances de la ciencia, más que en la memoriza­ción de avances.
Exa­men incluido en el de otras UD, con breves cues­tiones y un comentario de texto. No será esencial para la evaluación final, sino que servirá sobre todo de referencia para conocer los resultados del aprendizaje.
RECUPERACIÓN.
Entrevista con los alumnos con inadecuado progreso.
Realización de actividades de refuerzo: esquemas, comenta­rio de textos...
Examen de recuperación (junto a las otras UD).

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