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miércoles, 21 de mayo de 2014

UD 13. La revolución rusa y su evolución.

HMC UD 13. LA REVOLUCIÓN RUSA Y SU EVOLUCIÓN.

1. REVOLUCIÓN DE 1905.
ANTECEDENTES.
LA CRISIS DE 1905.
CONSECUENCIAS.
Las insuficientes reformas.
La oposición.

2. LA REVOLUCIÓN DE 1917.
EL AGRAVAMIENTO DE LA SITUACIÓN A CAUSA DE LA GUERRA.
LA REVOLUCIÓN DE FEBRERO Y LA CAÍDA DE LA MONARQUÍA.
EL GOBIERNO PROVISIONAL DE KERENSKI Y LOS SOVIETS.
LA VUELTA DE LENIN Y LAS TESIS DE ABRIL.
LA INSURRECCIÓN DE JULIO Y LA CONTRARREVOLUCIÓN.
LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE.

3. LOS COMIENZOS DE LA URSS.
ASAMBLEA CONSTITUYENTE Y PROBLEMAS DEL NUEVO ESTA­DO.
LA GUERRA CIVIL.
LA CREACIÓN DE LA III INTERNACIONAL.
DEL COMUNISMO DE GUERRA A LA PLANIFICACIÓN.

4. LA ERA ESTALINISTA.
LA LUCHA POR EL PODER.
LA PLANIFICACIÓN ECONÓMICA.
LOS PROCESOS DE LOS AÑOS 30.
LA II GUERRA MUNDIAL Y LA POSGUERRA.
5. EVOLUCIÓN DE URSS DESDE 1953 HASTA GORBACHOV.
EL DESHIELO (1953-1956).
ERA DE KRUSHEV (1956-1964).
ERA DE BREZNEV (1964-1982).
ENDURECIMIENTO Y DESCOMPOSICIÓN (1982-1985).

1. REVOLUCIÓN DE 1905 Y SUS CONSECUENCIAS.
ANTECEDENTES.
Hacia 1900 el Imperio ruso era un país enorme, 22 millones de km², poblado por 170 millones de habitantes. Pese a los grandes progresos experimentados en el siglo XIX, sobre todo, en la segunda mitad, seguía siendo un país económicamente atrasado, socialmente de­sequilibrado y políticamente anclado en el pasado.
Era una sociedad agraria, en la que el zar y los 130.000 grandes propietarios acaparaban entre el 95% y el 98% de la tierra hasta que en 1861 se abolió la servidumbre, pero el rescate que los campesinos debían pagar para acceder a la propiedad de la tierra era casi inalcanzable, de modo que la mayoría de los campesinos, cerca del 75-80% de la población total, vivían en la pobreza y de­bían optar por quedarse en el campo como jornaleros o emigrar a las ciudades. La propiedad agraria se dividía entre dos grupos principales: los grandes terratenientes de la antigua nobleza y los nuevos campesinos ricos, los kulaks, generalmente arrendatarios y hombres de confianza de los primeros que habían accedido a la propiedad después de 1861, configurando una creciente clase media de terratenientes.
Desde 1880 empezó un fuerte desarrollo industrial. Era una industrialización muy rápida, de modo que hacia 1900 Rusia ya era la quinta potencia industrial (y entre 1900 y 1914 aumentó un 56% su PIB, lo que indica que había encontrado un camino al desarrollo); territorialmente muy concentrada en Moscú, San Petersburgo, Bakú, los Urales y Ucrania; estructurada en grandes empresas de más de 500 obreros; y financieramente dependiente del extranjero, con empresas sobre todo de capital extranjero, sobre todo francés, inglés, alemán y belga. La burguesía industrial rusa era escasa, muy concentrada en pocas manos.
El proletariado urbano, con unos tres millones de obreros, vivía en condiciones miserables, trabajando sin condiciones de seguridad e higiene, con bajos salarios, sin protección social, con la sempiterna amenaza del paro durante las sucesivas crisis. Ello explica que el proletariado fuese la vanguardia de la revolución. Las huelgas y revueltas obreras abundaron ya desde 1900 y siguieron en las dos grandes revoluciones de 1905 y 1917.
Las comunicaciones eran muy malas, con una red de ferrocarriles muy escasa para tan extenso territorio.
La diversidad social y étnica era muy grande y el poder político protegía sólo los intereses de los rusos en contra de las minorías nacionales, y a los aristócratas, eclesiásticos, terratenientes y burgueses en contra del campesinado y del proletariado. Las clases medias eran muy débiles, con una reducidísima intelectualidad en medio de un país analfabeto.
El zar Nicolás II era un gobernante autocrático, reacio a delegar sus poderes e incapaz de consentir las reformas necesarias para adaptar el país a los nuevos tiempos. El poder absoluto del zar, jefe tanto político como de la religión ortodoxa, garantizaba la estabilidad de la pirámide social, que se apoyaba sobre la Iglesia ortodoxa, con un 80% de creyentes, una enorme burocracia, la creciente clase de los terratenientes, la gran burguesía, y dos grandes fuerzas represivas: el ejército, en el cual la nobleza ocupaba los puestos clave, y la policía (la ojrania).
Rusia había alcanzado durante el siglo XIX un estatus internacional de gran potencia, gracias a su enorme territorio que se extendía desde Polonia hasta el mar de la China, desde el océano Glacial Ártico hasta los desiertos de Asia Central. Encarnaba Era un imperialismo continental, que presionaba sobre muchos puntos: Constantinopla, Persia, China..., en oposición al imperialismo marítimo que representaba Gran Bretaña.


El imperio ruso en Asia Central h. 1900.

LA CRISIS DE 1905.
La guerra ruso-japonesa de 1904-1905, marcada por continuas derrotas militares, derivó en una crisis política y económica, debido a las levas de soldados, la inflación, las subidas de impuestos, las malas cosechas, el hambre y el paro. La derrota rusa final frente a una potencia asiática emergente fue el colmo del desastre y provocó un estallido del malestar popular.
El 9 de enero de 1905 una huelga en la fábrica Putilov, con más 10.000 obreros, derivó en una manifestación que fue duramente reprimida. Fue el llamado “Domingo Rojo”. Este evento desprestigió al zar ante los humildes, de los que históricamente había sido el “pa­dre” protector ante los abusos de la nobleza. Entonces se sucedieron las manifestaciones, huelgas, motines (como el famoso del acorazado Potemkin), y aparecieron los primeros so­viets (consejos obreros) en las fábricas, campos y cuarteles. La unión circunstancial de la bur­guesía y del proletariado amenazaba liquidar al zarismo.
CONSECUENCIAS.
Las insuficientes reformas.
Para detener la revolución el zar decidió hacer concesiones de tipo liberal, en concreto la elección de un Parlamento, la Duma, pero duró poco, porque en 1906 pudo disponer nue­vamente del ejército y aplastó a los soviets. Desde entonces ignoró a la Duma, disuelta en 1906, 1907 y 1912, porque esta requería reformas profundas que Nicolás II no quería o no podía otorgar.
A lo más que se llegó fue a una moderada reforma agraria, dirigida por el ministro Stolypin, que enriqueció a muchos kulaks pero no resolvió el problema campesino.
La oposición.
La oposición se estructuró en los años siguientes. Tres eran las alternativas para terminar con la autocracia zarista:
- La liberal conservadora, formada por grandes burgueses y propietarios agrícolas, que deseaban reformas pausadas, que no alterasen lo esencial del orden social y político, según un modelo alemán o austriaco.
- La liberal reformista, de los intelectuales liberales, agrupados en el partido constitucional-demócrata (KD, por ello llamado de los kadetes). Estos burgueses liberales querían una monarquía parlamentaria de tipo europeo occidental, similar al británico.
- La socialista revolucionaria, dividida entre los populistas del Partido socialista-revolucionario (PSR), y los socialdemócratas del Partido obrero social demócrata ruso (POSDR). Los socialrevolucionarios querían un Esta­do campesino en una República federal. Los socialdemócratas, a su vez, estaban divididos en mencheviques (la mayoría reformista), que esperaban la industrialización para poder aumentar el número de la masa obrera, y bolcheviques (la minoría revolucionaria), que defendían que un partido disciplinado podía tomar el poder arrastrando a los campesinos y obreros (se ahí sus símbolos revolucionarios, la hoz y el martillo), y que no se debía pactar con la burguesía.

2. LA REVOLUCIÓN DE 1917.
EL AGRAVAMIENTO DE LA SITUACIÓN A CAUSA DE LA GUERRA.
La entrada de Rusia en 1914 en la Gran Guerra para proteger a Serbia desembocó en una sucesión de fracasos militares y el empobrecimiento de la población, por lo que el zar tomó finalmente el mando militar (1916) en un vano intento de enderezar la situación, pero perdió el poco prestigio que le quedaba al continuar las derrotas, mientras los asuntos de Estado estaban en manos de la zarina Alexandra y su válido, el monje Rasputín, en medio de una abierta corrupción. La miseria y el hambre se extendieron hasta niveles terribles. Las bajas eran monstruosas entre las tropas mal alimentadas, vestidas y armadas, arrojadas al combate como carne de cañón. La desmoralización civil y militar llevó finalmente a la creación espontánea de soviets.
Los representantes de los “privilegiados” en la Duma comprendieron la gravedad de la situación y la inminencia de una revolución, por lo que intentaron imponer una reforma desde arriba, pero el zar se negó a aceptarla. Quedó claro que el cambio habría de hacerse desde abajo y sería violento.
LA REVOLUCIÓN DE FEBRERO Y LA CAÍDA DE LA MONARQUÍA.
La descomposición de la sociedad y del ejército ruso culminó en febrero de 1917, en la llamada Revolución Rusa de febrero. El 23 comenzaron las huelgas y manifestaciones, que los soldados se negaron a reprimir, tras lo cual se sublevaron contra los oficiales el 27 de febrero. El zar ya no podía contar con el apoyo eficaz del ejército ni de la policía.
La revolución tenía dos cabezas: la oficial y burguesa, representada por la Duma, con Kerenski a la cabeza; la popular y proletaria, de los soviets. Ante el peligro de que se desen­cadenara una revolución proletaria, los burgueses liberales de la Duma obligaron al zar, tres días más tarde, a abdicar en su hermano Miguel, el cual renunció a los pocos días, y formaron un Gobierno Provisional.
EL GOBIERNO PROVISIONAL DE KERENSKI Y LOS SOVIETS.
El Gobierno Provisional, dirigido por Kerenski, pretendía mantener el poder cen­tralizado, no realizar las grandes reformas sociales, como el prometido reparto de tierras, y continuar la guerra, para lo que lanzó una última ofensiva. Pero el descontento continuó y las derrotas se sucedían, así que su poder se debilitó, al desarrollar los soviets un poder paralelo y más cercano a los intereses populares.
LA VUELTA DE LENIN Y LAS TESIS DE ABRIL.
Lenin, el máximo dirigente de los bolcheviques, volvió desde Suiza en abril de 1917 y al poco publicó sus tesis sobre la toma del poder por una minoría revolucionaria disciplinada y decidida, el Partido Comunista, que se formó entonces a partir de los bolcheviques. Sus máximas eran “Todo el poder para los soviets” y “Paz y tierra”, lo que concitó un creciente apoyo popular, aunque al principio era todavía muy minoritario.
LA INSURRECCIÓN DE JULIO Y LA CONTRARREVOLUCIÓN.
Lenin lanzó en julio una primera insurrección bolchevique, que fracasó por la falta de apoyos sociales entre los soviets. Kerenski pudo dominar la insurrección con el apoyo de mi­litares zaristas (Kornilov), pero estos pasaron pronto (septiembre) a la contrarrevolución para volver a entronizar al zar. Los soviets vencieron casi sin lucha a Kornilov y así Kerenski se quedó sin apoyos para combatir a los bolcheviques, partidarios de la ansiada paz y del reparto de la tierra, y que ahora crecían en su influencia sobre los soviets.
LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE.
El 10 de octubre Lenin convenció al Comité Central del Partido para lanzar nuevamente una Revolución, que comenzó el 25 de octubre (7 de noviembre de nuestro calendario). Tras una breve resistencia los bolcheviques se apoderaron de San Petersburgo y pronto (hacia el 20 de noviembre) de gran parte del resto de Rusia, aunque se mantuvieron fuera de su control amplias zonas en la periferia, como Siberia, Ucrania y el Cáucaso.

3. LOS COMIENZOS DE LA URSS.
ASAMBLEA CONSTITUYENTE Y PROBLEMAS DEL NUEVO ESTADO.
El primer gobierno revolucionario estuvo abierto a los otros partidos revolucionarios, en especial los socialrevolucionarios y mencheviques, pero pronto fueron integrados a la fuerza en el Partido comunista fundado por los bolcheviques, quedando como Partido único durante el resto de la historia de la URSS.
Los dos primeros decretos se refirieron a la paz y a la tierra, asegurando así el apoyo de soldados y campesinos. Luego siguió el decreto de nacionalidades, por el que se daba la independencia a las nacionalidades sometidas por el zarismo, aunque la voluntad bolchevique era que se integraran libremente en la URSS.
La paz separada de Brest-Litovsk (3-III-1918) finalizó la guerra entre las Potencias Centrales y Rusia, que perdió los países bálticos, Finlandia, Polonia y Ucrania, ocupadas enseguida por el enemigo. A pesar de que los alemanes fueron derrotados ese mismo año, la paz de París (1919) no benefició a Rusia, que siguió rodeada de enemigos exteriores a la vez que debía enfrentar a los internos.
Mientras, las fábricas y los campos de los terratenientes fueron estatalizados, para su gestión por los soviets, con un reparto posterior de las tierras entre los campesinos.
LA GUERRA CIVIL.
La guerra civil contra los “blancos”, los partidarios del zar, estalló enseguida, ya en 1917. Estos tenían el apoyo de los aliados, sobre todo japoneses, norteamericanos, ingleses y franceses, que incluso desembarcaron tropas en los puertos de la periferia, pero las fuerzas contrarrevolucionarias estaban divididas mientras que los campesinos y obreros apoyaban mayoritariamente a los revolucionarios. Fue una guerra durísima que causó cinco millones de muertos entre militares y civiles. La falta de apoyo popular de los generales zaristas provocó a la larga (hacia 1920 era completa) su derrota por el disciplinado Ejército Rojo, dirigido por Trotski, que en 1918 tenía 150.000 soldados y en 1920 ya tres millones.
LA CREACIÓN DE LA III INTERNACIÓNAL.
Lenin organizó una nueva Internacional, la III, opuesta a la II Internacional socialista, considerada como aliada de los burgueses y desprestigiada por su apoyo a los respectivos ban­dos durante la I Guerra Mundial.
Los partidos comunistas se formaron como escisiones de los partidos socialistas en casi todos los países. La propaganda revolucionaria (panfletos, carteles, cine) inspiró a las masas en la URSS y el ejemplo de su revolución provocó varios movimientos populares o revoluciones en el exterior, todos fracasados: España en 1917, Alemania en 1918, Hungría en 1921.
DEL COMUNISMO DE GUERRA A LA PLANIFICACIÓN.
La economía de guerra había sido imprescindible para ganar la guerra civil. Se había promulgado el trabajo obligatorio, con salario único, congelación de precios, requisa de alimentos. Pero la economía estaba desorganizada y bajo mínimos, y el hambre era general, hasta el punto que se calcula que hubo millones de muertos.
La Nueva Política Económica (NEP), desde 1921, fue una respuesta más liberal y flexible a los problemas. Fue un retroceso en la colectivización: se permitió el mercado libre para los productos agrícolas e industriales, mientras el Estado se reservaba el dominio de la Banca y las grandes empresas. Los campesinos burgueses (kulaks), comerciantes y pequeños industriales prosperaron. Se electrificaron grandes zonas del país. El resultado fue una mejora sustancial de la economía y la desaparición del hambre, la mejora de la calidad de vida y la extensión de la educación y de la sanidad, lo que consolidó el régimen comunista y reforzó su prestigio exterior entre los grupos de izquierda.
En 1922 se organizó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que comprendieron Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Transcaucasia o Asia Central, por el convencimiento o por la fuerza. En 1924 se establecía la Constitución, al tiempo que moría Lenin y accedía Stalin al poder.

4. LA ERA ESTALINISTA.
LA LUCHA POR EL PODER.
Stalin era partidario de consolidar la revolución en la URSS, imponiendo la industrialización y una colectivización masiva e intensa. Trotski, su principal enemigo en la lucha por el poder, en cambio era partidario de exportar la revolución a otros países.
La comprobación de que la revolución sólo triunfaba en la URSS y el apoyo del Partido Comunista a Stalin, que lo controlaba férreamente, decantaron el triunfo hacia este, que impuso sus tesis y comenzó a purgar a sus rivales.
LA PLANIFICACIÓN ECONÓMICA.
Los Planes Quinquenales comenzaron en 1927, al principio con un carácter muy moderado, bajo la planificación impuesta por el gobierno central, con capital en Moscú. Se hicieron enormes inversiones industriales y mineras, se incitó la productividad obrera (el estímulo moral del stajanovismo), se socializó el trabajo agrario, se colectivizó la propiedad agraria suprimiendo a los kulaks y agrupando las tierras en koljoses (comunidades colectivas) y sovjoses (fincas del Estado con asalariados, más tecnificadas). Se mejoraron las comunica­ciones y se electrificó más el país. Como resultado, la URSS se convirtió en una gran potencia industrial y militar y superó bastante bien los años 30, críticos en buena parte del mundo debido a la Gran Depresión.
Pero el costo fue terrible: durante los primeros años 30 el hambre, las deportaciones o las ejecuciones de kulaks, causaron millones de muertos. En algunos lugares de Ucrania se llegó al canibalismo. El control del partido sobre la vida política, social y cultural fue agobiante, sobre todo desde 1932. La URSS se convirtió en un Estado totalitario, gobernado por una nueva clase dominante, la burocracia. Era un fenómeno no previsto por el marxismo.
LOS PROCESOS DE LOS AÑOS 30.
Una vez dominada la sociedad, Stalin, para controlar más totalmente el Partido Comunista, eliminó desde 1935 todas las tendencias críticas o desviacionistas, en las llamadas “purgas” o procesos de Moscú. El estalinismo aniquiló con la ejecución o la prisión a sus enemigos e incluso a los neutrales. La mayoría de los antiguos dirigentes bolcheviques perecieron. El precio humano fue terrible, pero Stalin consiguió imponerse, justo antes de que el totalitarismo comunista se enfrentara al régimen nazi, su gran enemigo exterior, en la II Guerra Mundial.
4.4. LA II GUERRA MUNDIAL Y LA POSGUERRA.
Stalin pactó en el verano de 1939 con Alemania su neutralidad ante el posterior ataque alemán a Polonia y prometió suministrarle recursos naturales. A cambio consiguió manos libres para ocupar la mitad de Polonia y todos los países bálticos (Lituania, Letonia, Estonia), atacar a Finlandia, que tuvo que ceder la Carelia, e imponer a Rumanía la cesión de la Besarabia. Fue la primera ola de expansión comunista hacia el Oeste.
Pero el 21 de junio de 1941 Alemania atacó a Rusia. El comienzo fue fulgurante, con enormes victorias alemanas, gracias a una gran Blitzkrieg que estuvo a punto de aniquilar al régimen comunista, pero la resistencia desesperada, la vastedad del territorio y la crudeza del invierno lograron evitar la caída de Moscú en diciembre de 1941. La política interior del régimen cambió desde entonces: se exaltaron los ideales nacionales, e incluso la religiosidad; y hasta los presos políticos fueron liberados y movilizados. En 1942 una nueva campaña alemana en el sur estuvo a punto de vencer, pero a finales del año la terrible batalla de Stalingrado cambió el curso de la guerra: los alemanes comenzaron un lento repliegue, salvo  un contraataque fallido en Kursk en el verano de 1943, pero progresivamente los rusos los expulsaron del todo en 1944, ocuparon toda la Europa del Este, se aproximaron a Alemania y contribuyeron decisivamente a su derrota final en 1945, con la conquista de Berlín. En agosto de 1945 la URSS declaró la guerra a Japón y ocupó grandes territorios en el norte de China, que posteriormente entregó a los comunistas chinos de Mao.
La II Guerra Mundial había supuesto graves pérdidas humanas, con unos 25 millones de muertos, y materiales, pero la victoria trajo el logro de convertirse, a la par de EE UU, en una de las dos grandes potencias mundiales y la formación del Bloque Comunista, desde el Este de Europa hasta el Lejano Oriente. En el interior se reanudó la represión contra los di­sidentes y se lanzó un masivo y exitoso plan de reconstrucción de las zonas destruidas, que hacia 1950 ya se había logrado en buena medida.
Desde 1948, con la Crisis de Berlín, comenzó la Guerra Fría entre el bloque comunis­ta y el occidental, enfrentados por la hegemonía mundial, pero atemorizados por la mutua amenaza atómica hasta el punto de darse golpes sólo indirectamente, en conflictos regionales controlados, como el bloqueo de Berlín y la guerra civil en China en 1948. La estrategia de Stalin, al parecer, era presionar en todos los lados, pero sin entrar en conflicto directo con EE UU. El Comecon (1949) como alianza económica y el Pacto de Varsovia (1955) como alian­za militar, fueron las respuestas al Plan Marshall y la OTAN en el bando aliado occidental.
Al mismo tiempo, China (1949) se convirtió en el otro gigante comunista, al principio subordinado a la URSS, y la guerra de Corea (1950-1953) fue otro enfrentamiento interpuesto con los EE UU. El apoyo a la independencia de las colonias europeas en el Tercer Mundo permitió extender desde entonces la influencia soviética a nuevos países en África y Asia en los años 50 y 60, al unirse las causas del nacionalismo y del comunismo.           

5. LA EVOLUCIÓN DE LA URSS DESDE 1953 HASTA GORBACHOV.
EL DESHIELO (1953-1956).
El deshielo comenzó inmediatamente después de la muerte de Stalin en 1953, cuando la nueva cúpula comunista, con un poder colegiado, renunció a una política de agresión continuada y se prefirió una de pequeños pasos. Así se consiguió firmar el armisticio de Corea (1953) y comenzaba una etapa de no confrontación.
LA ERA DE KRUSHEV (1956-1964).
Krushev impuso sus tesis reformistas en 1956 e inició en 1956 la desestalinización, con una moderada liberalización del régimen que redujo el número de presos políticos e hizo hincapié en una mejora del nivel de vida de la población. Se pretendía ganar al bloque capitalista occidental mediante la economía y no la guerra. Pero no se renunciaba al control del Bloque del Este, como demostró la dura represión del levantamiento de Hungría (1956). No obstante, no evitó la desafección de China (1960), lo que rompió en dos el bloque comunista.
La crisis internacional de Cuba (1962) entre EE UU y la URSS fue la mayor amenaza de conflicto nuclear de la posguerra y debilitó la posición de Krushev, que al poco tiempo, en 1964, fue sustituido por Breznev.
LA ERA DE BREZNEV (1964-1982).
Breznev (1964-1982) limitó la liberalización del régimen, hasta configurar una especie de autoritarismo blando. Pero la economía se estancó gravemente, demostrando grandes desequilibrios entre el sector militar que consumía los mejores recursos y grandes inversiones y el civil. EE UU estaba ganando económicamente la Guerra Fría, empujando a la URSS a una escalada armamentista que esta no podía mantener indefinidamente.
En 1980 la URSS invadió Afganistán para evitar la extensión del islamismo al Asia Central soviética; pero este país se convirtió en el “Vietnam ruso”, sufriendo los soviéticos con graves pérdidas humanas y económicas.
ENDURECIMIENTO Y DESCOMPOSICIÓN (1982-1985).
Tras la muerte de Breznev, los breves gobiernos de Andropov (1982-1984) y Chernenko (1985-1985) supusieron un breve periodo de endurecimiento de la represión, pero también de total estancamiento económico, debido al colapso de los sectores productivos ante el desvío de los recursos al sector militar. La competencia con la política de rearme masivo del presidente estadounidense Reagan no podía ser soportada por más tiempo y la mayoría de los dirigentes comunistas lo comprendía.
  
UD Fuentes.
Internet.
[http://es.wikipedia.org/wiki/Unión_Soviéica]

[http://es.wikipedia.org/wiki/Aleksandr_Kolchak] El almirante Aleksandr Kolchak (1874-1920) dirigió la contrarrevolución en Siberia entre 1918 y principios de 1920.

Películas.

El almirante (2008). Duración: 103 minutos. Dirección: Andrey Kravchuk. La vida del almirante Aleksandr Kolchak (1874-1920), jefe contrarrevolucionario.

Documentales.
Causas y antecedentes de la Revolución Rusa. 72 minutos.


La revolución rusa en color (1). 46 minutos.


La revolución rusa en color (2). 46 minutos.

Libros.
AA.VV. El libro negro del comunismo. Crímenes, terror, represión. Planeta/Espasa-Calpe. Barcelona/Madrid. 1998. 865 pp. Reseña de Rossanda, Rossana. El libro negro del comunismo. “Claves de razón práctica”, 84 (julio-agosto 1998) 46-49.
Anweiler, Oskar. Los soviets en Rusia, 1905-1917. Zero. Madrid. 1975. 333 pp.
Bettelheim, Ch. La lucha de clases en la URSS (1917-1930). Siglo XXI. Madrid. 1978 (1977). 2 vols. 522 y 573 pp.
Blackburn, Robin (ed.). Después de la caída. El fracaso del comunismo y el futuro del socialismo. Crítica. Barcelona. 1993 (1991). 348 pp.
Carr, E. H. Historia de la Rusia soviética. Alianza. Madrid. 1985 (1953). 3 vs. 470, 429, 618 pp.
Carr, E. H. La revolución rusa. De Lenin a Stalin (1917-1929). Alianza. Madrid. 1985. 240 pp. Resumen de la obra anterior.
Carrère d=Encaussse, Hélène. Lenin. Fayard. París. 1998. 684 pp. Un libro desmitificador sobre Lenin, responsable de atrocidades.
Claudín, Fernando. La oposición en el socialismo real. Siglo XXI. Madrid. 1981. 390 pp.
Díez del Corral, Francisco. La revolución rusa. Anaya. Madrid. 1988. 96 pp.
Dobb, Maurice. El desarrollo económico soviético desde 1917. Tecnos. Madrid. 1975. 235 pp.
Droz, Jacques. Historia del socialismo. Laia. Barcelona. 1973. 366 pp.
Duroselle, Jean-Baptiste. Europa, de 1815 a nuestros días. Vida política y relaciones internacionales. Col. Nueva Clío, nº 38. Labor. Barcelona. 1975. 438 pp.
Ferro, Marc. La Revolución de 1917. Laia. Barcelona. 1977. 522 pp.
Ferro, M. La revolución rusa. Cuadernos Historia 16, nº 15. 31 pp.
Figes, Orlando. The Whisperers. Private Life in Stalin’s Russia2007.
Figes, Orlando. La Revolución Rusa. Edhasa. Barcelona. 2000. 1002 pp. El historiador británico, sostiene que fue una tragedia: una minoría violentó al pueblo durante el siglo XX.Orlando Figes (Londres, 1959) estudia a “los que susurran” bajo la presión estalinista. Reseña de Tubella, Patricia. Viaje al imperio de los susurros. Un millar de delatores y víctimas de estalinismo reconstruyen su terror en un libro. “El País” (9-II-2008) 47.
Gelatelly, Robert. La maldición de Stalin. Pasado & Presente. Barcelona. 2014. 604 pp. El historiador estadounidense revisa la influencia de Stalin entre 1939 y 1953, con numerosos datos de fuentes primarias.
Hill, Christopher. La Revolución Rusa. Ariel. Barcelona. 1971. 215 pp.
Hutchings, R. El desarrollo económico soviético. Istmo. Madrid. 1971. 2 vs. 254 y 279 pp.
Nove, Alec. Historia económica de la Unión Soviética. Alianza. Madrid. 1973. 425 pp.
Reed, John. Diez días que estremecieron el mundo. Akal. Madrid. 1983. 410 pp.
Reiman, Michael. El nacimiento del estalinismo. Crítica. Barcelona. 1982. 292 pp.
Schlögel, Karl. Terror y utopía. Moscú en 1937. Trad. de José Aníbal Campos, Acantilado. Barcelona. 2014 (alemán Terror und Traum, "Terror y sueño"). 998 pp. Reseña de Elorza, Antonio. Moscú, año 37. “El País” Babelia 1.207 (10-I-2015) 12.
Skocpol, Theda. Los Estados y las revoluciones sociales. Un análisis comparativo de Francia, Rusia y ChinaFCE. México. 1984 (1979 inglés). 500 pp.
Sorlin, Pierre. La sociedad soviética, 1917-1964. Vicens Vives. Barcelona. 1967. 359 pp.
Trotski, L. Historia de la Revolución Rusa. Zero. Madrid. 1973. 2 vols. 445 y 571 pp.
Tzouladis, Tim. Los olvidados. Una tragedia americana en la Rusia de Stalin. Trad. de Joan M. Ibeas. Debate. Madrid. 2010. 521 pp. Reseña de Avilés, Juan. “El Cultural” (5-II-2010) 21. La tragedia de los miles de comunistas estadounidenses que emigraron por sus ideales a la URSS en los años 30, y sufrieron la represión estalinista desde 1936.
Volkogónov, Dmitri. El verdadero Lenin. Anaya & Mario Muchnik. Madrid. 1996. 451 pp. Con documentos novedosos, demuestra que el estalinismo no fue una desviación del leninismo.