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jueves, 5 de enero de 2012

UD 22. La evolución humana. El proceso de hominización y la cultura material. La aportación de la Antropología Histórica.

UD 22. LA EVOLUCIÓN HUMANA. EL PROCESO DE HOMINIZACIÓN Y LA CULTURA MATERIAL. LA APORTACIÓN DE LA ANTROPOLOGÍA HISTÓRICA.
* La UD se presenta en CS de 1 de ESO, UD 10. La Prehistoria. 10.1. Los primeros seres humanos), en varias entradas, debido a su gran tamaño, incluyendo una con la bibliografía y otra con una selección de artículos para el debate en clase.

INTRODUCCIÓN.

1. LAS PRINCIPALES TEO­RÍAS DE LA ANTROPOLOGÍA HISTÓRICA SOBRE EL ORIGEN DEL HOMBRE.    
Teorías desde la Antigüedad hasta la Edad contem­porá­nea.
La teoría evolucionista de Darwin.
Las teorías del siglo XX.

2. EL PROCESO DE HOMINIZACIÓN.
FACTORES DE LA HOMINIZACIÓN Y DE LA EXTINCIÓN DE LOS AN­TRO­POI­DES FÓSILES.
Las factores de la hominización: el caminar erguido y la organización social.
El orden de los primates y sus familias homi­noideas.
La comparación con los póngidos.
Los factores de la diferenciación de los hominoideos.
Los factores de extinción.
UNA PERIODIZACIÓN.

2.1. LOS PRIMEROS HOMINOIDEOS. ÁFRICA.
LOS PRIMEROS HOMI­NOIDEOS.
El kenyapithecus.
El Ramapithecus y el Siva­pit­hecus. Asia.
Un desconocido antepasado común.
Posibles ancestros.
LOS AUSTRALOPITECOS.
Australopithecus (o Ardipithecus) ramidus.
Australopithecus anamensis.
Australopithecus bah­relghaza­lia.
Australopithecus afarensis.
Australopithecus africanus.
Australopithecus garhi.
Australopithecus (o Paranthropus) aethiopicus.
Australopithecus (o Paranthropus) boisei.
Australopithecus (o Paranthropus) robustus.
Australopithecus Sediba.

2.2. LOS PRIMEROS HOMÍNIDOS.
HOMO HABILIS.
Homo habilis, Homo rudolfensis, Homo ergaster.
HOMO ERECTUS.
El homo erectus en África.
El homo erectus en Asia.
El homo erectus entre Asia y Europa. 
El homo erectus en la Península Ibérica: el homo ante­cessor.
El homo floresiensis: el “hombre enano”.

2.3. EL HOMO SAPIENS: LOS NEANDERTALES.

2.4. EL HOMO SAPIENS SAPIENS: EL HOMBRE ACTUAL.

BIBLIOGRAFÍA

PROGRAMACIÓN.

APÉNDICES DOCUMENTALES.

INTRODUCCIÓN.
Esta Unidad Didáctica (UD) enlaza dos disciplinas de las Ciencias Sociales, la Antropología y la Historia, en una base común, la Antropología Histórica. Se estudian dos grandes temas: las teorías antropológicas sobre la evolución humana y el registro arqueológico de los fósiles de la evolución humana, con atención a los restos de su cultura material.
Hay que reconocer que nos encontramos todavía en los inicios de nuestro conocimiento científico pues la antropología apenas lleva un siglo estudiando científicamente nuestro pasado evolutivo y constantemente se realizan grandes descubrimientos que van modificando las teorías. Por ejemplo, los trabajos de 1998 en tomografía sobre la capacidad craneal modificaron a la baja varias de las estimaciones sobre los australopitecos y a finales del siglo XX y principios del siglo XXI se han descubierto varios importantes eslabones perdidos de la Humanidad, que han cambiado nuestra visión del conjunto.
Por lo tanto, en esta UD hay que mantener el relativismo científico y evitar los dogmatismos y las afirmaciones aventuradas.

1. LAS PRINCIPALES TEO­RÍAS DE LA ANTROPOLOGÍA HISTÓRICA SOBRE EL ORIGEN DEL HOMBRE.
El objeto de la antropología es el hombre, y, la antropo­logía histórica se centra en su evolución. La cuestión del ori­gen del hombre ha sufrido las evi­dentes im­pli­caciones filo­sófi­cas y religiosas del problema, por lo que su evolución es inse­parable de la de la ciencia, la filosofía y la religión.

Teorías desde la Antigüedad hasta la Edad contem­porá­nea.
Durante dos milenios dominó una concepción idea­lista, re­ligio­sa, que exponía la tesis de una crea­ción “mila­grosa” por Dios de los primeros hombres. Esta tesis fue compartida por casi todas las religiones, y la expresaron en forma de leyendas y mitos, a través de las escrituras sagradas o de las refle­xio­nes filosóficas coinciden en dar expli­caciones milagrosas acer­ca de la creación del hombre. Por ejemplo las tres grandes religiones monoteístas, el judaísmo, el cristianismo y el islamismo, coin­ciden en que el hombre fue creado por Dios con arcilla, una idea mítica que se remonta a las primeras civilizaciones fluviales, que consideraban que la humanidad nació del barro de sus ríos, fuere el Nilo en Egipto o el  Éufrates y el Tigris en Mesopotamia.
Por contra, algunos filósofos y científicos de la Antigüedad ya intenta­ron dar soluciones científicas al problema, de acuerdo a sus propias posiciones filosóficas, aunque todavía no basadas en la experimentación sino en el mito. Ejemplos bien conocidos son:
Anaximandro, que defendió la crea­ción de los seres vivos, in­cluido el hombre, a par­tir del agua.
Aristóteles, que investigó el cuerpo humano y esta­ble­ció cien­tífica­mente sus rasgos y diferencias respecto a los anima­les, como el bipedismo y la capacidad craneal, iniciando así el estudio científico del hombre. Su sistema fue el dominante casi hasta el siglo XIX.
El médico Galeno, que estableció por primera vez la semejanza entre el hombre y el simio, aunque no estableció la consecuen­cia de una línea evolutiva entre ambos.
Lu­crecio, que preconizó que el origen de los seres vivos es la tie­rra. Su poema De la natura­leza de las cosas es un buen tra­ba­jo an­tropo­lógi­co, pues describe verosímilmente la vida primi­ti­va y la aparición del lenguaje.

La teoría evolucionista de Darwin.
A principios del siglo XIX dominaba totalmente el principio de la invariabilidad de los seres vivos. Dios había creado el mundo en “siete días” y desde entonces no habían ocurrido cam­bios significativos. La taxonomía o clasificación científica de los seres vi­vos, con auto­res como Linné, no ponía en duda este prin­cipio, y se limitaba a clasificar el mundo natu­ral existen­te.
Pero la filosofía y la ciencia avanzaban. La tesis de que el mundo cambiaba se imponía por la experimentación y la ob­servación. A mediados del siglo XIX, con la teo­ría de Darwin de la evo­lu­ción de las especies se dio una primera tesis verdade­ra­mente cien­tífi­ca, basándose en los primeros restos encontrados del homo sapiens neandertal y los estudios de fisiología.
La teoría de Dar­win, publicada en El Ori­gen de las Espe­cies (1859), afir­mó la unidad de ori­gen entre el hom­bre y los ani­males y su evolución diferenciadora. Se ha­bría dado una evo­lu­ción progre­siva desde el mono, de modo que el antepasado in­me­diato del hom­bre había sido una especie ex­tinguida de monos bípedos te­rrestres, de la Era Ter­ciaria, que habrían vivido en las re­gio­nes tropi­cales del Viejo Mundo y que habrían evolucio­nado desde el cami­nar a cua­tro patas a un cami­nar erguido que permitió la libera­ción de las manos de su fun­ción de apoyo, y a su vez esto favore­ció la fabricación de he­rramientas y el desarro­llo del cerebro. Con­segui­do esto, la evolu­ción hacia el hombre actual fue mucho más rápi­da, pues la inte­ligencia es mucho más adapta­ble y evo­lutiva que el cuer­po físi­co.
Los fac­tores prin­cipales de esta evolu­ción fueron: la se­lec­ción natu­ral mediante las va­riaciones aleatorias en los seres vivos y la supervivencia de los más aptos, el ejer­cicio de las fun­ciones útiles y su transmisión por herencia, la selec­ción se­xual y la influencia del medio.
La teoría de la evolución de las especies era mate­ria­lis­ta, antropogéni­ca y opues­ta a las te­sis idealistas y religio­sas, que quedaron obsoletas en pocos años. Pero el defecto de la teoría darwiniana era que exa­ge­raba la impor­tancia de los facto­res bioló­gicos, sin dar la debida rele­van­cia a los facto­res socia­les y al trabajo. Pero la teoría evo­lu­cionista fue la base adecuada pa­ra el desa­rrollo de la antro­pología cientí­fica, cuyos mayores lo­gros se han rea­li­zado en el siglo XX.

Las teorías del siglo XX.     
En el siglo XX han surgido múltiples teorías sobre el origen del hombre y algunas se oponen a la darwiniana. Las cuatro principales son el evolucionismo teísta, el neolamarckismo, la teoría de la mutación y la ortogénesis.
El evolucionismo teísta (Teilhard de Chardin) concilia ciencia y religión con la tesis de que la crea­ción del mundo orgánico sigue una evolución dirigida a un fin místico.
El neolamarckismo (S. J. Gould) defiende que los organismos tienen una ‘voluntad’ de adaptación al medio, que les lleva a cambiar y finalmente a mutar: los cambios de los individuos se transmiten a los fetos.
La teoría de la mutación (Hugo de Vries, William Bateson) defiende que hay constantes mutaciones pero que no hay una selección natural entre ellas.
La ortogénesis (Franz Weydenreich, H. F. Osborn) desarrolla una teoría autogenética de la evolu­ción, una tesis idealista en la que no hay cambios casuales, siendo los cambios corporales una tendencia interna a desarrollarse hacia una finalidad, que puede ser determinada por Dios o por las mismas fuerzas vitales. Osborn consideraba que los antepasados terciarios del hombre no proceden de los antropoides sino que son incluso anteriores al Terciario, mientras que Jones creía que el hombre procede directamente de un tarsi­no del Ter­ciario Inferior, y no de un mono antropo­morfo fósil.
Pero la mayoría de las teorías proponen una línea evoluti­va, por ello básicamente darwiniana, se­gún las tesis de Johanson & Whi­te, To­bias y Leakey, algo dis­tintas en­tre sí. Habría acuerdo en que comenza­ría con un Aus­tralopithe­cus del tipo afarensis o afri­canus y seguiría luego con la suce­sión Homo habilis, Homo erectus, Homo sapiens y Homo sapiens sapiens, mientras que los restan­tes tipos de Australo­pit­he­cus seguirían líneas evo­luti­vas parale­las pero condenadas a su desa­pa­ri­ción. Esta idea es la que se desa­rrolla a continuación.

2. EL PROCESO DE HOMINIZACIÓN.
El estudio de la evolución del hombre analiza las carac­terís­ticas de sistema dentario, capaci­dad craneana, estructura del cerebro, características faciales y establece analogías y dife­rencias con los fósiles que le an­teceden en la escala evo­luti­va. Es un estudio difícil por la escasez y fragmentación de los res­tos.

FACTORES DE LA HOMINIZACIÓN Y DE LA EXTINCIÓN DE LOS AN­TRO­POI­DES FÓSILES.
Los factores de la hominización: el caminar erguido y la organización social.
Una tesis en desuso, sostenida por muchos antropólogos, es que la hominización fue un fenónomeno fí­sico cere­bral: las ca­racterísti­cas humanas provienen bá­sica­men­te de la mayor dimen­sión del cerebro humano respecto a los si­mios, con una evolu­ción en ta­maño y compleji­dad que en cierto momento permi­tió de repente hablar y fa­bricar he­rramien­tas, con la po­sibili­dad de crear y transmitir normas de conduc­ta. El factor que impulsó este cambio fue el caminar erguido, que indujo otros cambios físicos.
Pero esta tesis ha sido desmentida por los antro­pólo­gos físi­cos, que han demostrado que la capacidad cultural del hom­bre evolucionó de modo gradual y no repentino. Así, el Aus­tra­lopit­hecus tenía la tercera parte del cerebro de un hom­bre hu­mano (era como el de un gorila), pero ya podía caminar erguido y gra­cias a ello fabri­car herramientas. La cultura es la dife­rencia fun­damental, más que el aprendizaje y la comunicación. Por ejemplo los primates aprenden con la experiencia y la comuni­can (con el ejemplo): los macacos japo­neses y, sobre todo, los chimpancés son muy inteligentes en este sentido. Pero )es esto un inicio de la cultura? Un crite­rio es­tricto debiera re­du­cir el concepto de cultura a lo que dife­ren­cia al hombre de los animales, como el aprendizaje, la previ­sión, el espíritu de aventura... El hom­bre se adapta al medio, no biológicamente sino culturalmen­te.
Otras teorías estiman que aun es mayor el cerebro de las ballenas o el de los elefantes, y que proporcionalmente al cuerpo también es mayor el cerebro de algunas especies de cuervos y monos, pero que el cerebro humano es más eficaz. Según el psicólogo Nicholas Mackintosh, de la Universidad de Cambridge, el cerebro humano se desarrolló hace 100.000 años y los avances tecnológicos hace sólo unos 50.000; siguiendo la teoría de Darwin, hubo un proceso de selección sexual a favor de los humanos con cabeza y cerebro más grandes porque serían más atractivos para el sexo opuesto, como el caso de la cola del pavo real. Esta selección produjo un cambio evolutivo que preparó el triunfo de la inteligencia.
En suma, las dos cau­sas principa­les de la evo­lución humana han sido un avance físi­co, el ca­minar erguido (ser bípe­do), y un avance cultural, la organización social. Estos dos factores han actuado como causa, y no como efecto, so­bre la evolución de la inteligencia.
El orden de los primates y sus familias hominoideas.
El orden de los primates se caracteriza por ser mamíferos placentarios, con extremidades pentadáctiles largas, muñeca oponible, hemisferios cerebrales bien desarrollados y ojos en posición delantera.
Dentro de los primates encontramos dos sub­categorías: los pro­simios (entre ellos los lémures) y los si­mios.
Los simios (o antropoides) se diferencian en dos subcate­go­rías: platirri­nos y catirrinos.
Entre los catirrinos hay varios grupos: los cercopitecos y el más desarrollado de los hominoideos (hominoides, an­tropo­mor­fos o seres con forma humana, del grie­go ho­mo, hom­bre, y ei­dos, for­ma), compuesto de dos fa­milias de simios antropoi­deos (los hilobáti­dos y lo póngidos) y la fami­lia de los homí­nidos (con capa­cidades de postu­ra­ er­guida, re­flexio­nar y crear ins­tru­men­tos).
Tenemos pues una sucesión de primate, simio, catirrino, hominoideo y homínido, hasta llegar al hombre.
El árbol de la evolución.

La comparación con los póngidos.
Muchos auto­res, por falta de formación taxonómica, confun­den estas fami­lias y llegan a considerar que todos los gran­des an­tro­poideos del Mio­ceno y Plio­ceno, in­clu­yen­do los australopi­tecos y los ante­pasa­dos de los homíni­dos, per­tene­cen a la fa­milia de los póngi­dos. En rea­lidad los póngidos son sólo una familia más de los primates antropo­mor­fos, en la cual hoy se ha­llan el go­rila y el chimpancé en África y el oran­gután en Asia y no tie­ne una re­lación filogenética directa con el hom­bre (que se dis­tin­gue porque tiene racioci­nio), aunque sí afi­nidad. Parece seguro que ambos, póngidos y homínidos, proce­den de un antepasado común, y además, podemos estudiar a este ante­pasado por la comparación de los rasgos comunes de póngidos y homíni­dos, pues la afi­nidad de los póngidos y los homínidos lle­va a es­tu­diar su semejanza en la estructura del crá­neo, los dien­tes y el es­que­leto postcraneal, para conocer el proceso de homini­za­ción.[1] La teoría de Richmond y Strait (1980) afirma que los humanos procedemos de un simio que andaba sobre los nudillos, como hacen hoy los chimpancés y gorilas de África.[2]

Los factores de la diferenciación de los hominoideos.
Hace unos 40 a 30 millones de años aparecieron sobre la Tierra los antropoides, que se divi­dieron en familias, de los que han sub­sistido dos de simios: los simios hilobátidos (gibo­nes de Asia) y los simios póngidos (go­rilas, chimpancés, oran­gu­ta­nes, bono­bos... casi todos diferen­ciados entre sí hace sólo 100.000 años) y una familia de homíni­dos (de los que des­cendemos los seres huma­nos actua­les, también hace unos 100.000 a 35.000 años).
Estas tres familias de dife­renciación en los hominoideos se lograron por tres vías para la adapta­ción al medio: vida arbó­rea (drio­pitecos y pro­cónsules), arbó­rea-terrestre (oreopi­te­cos) y terrestre (an­tepa­sados de los austra­lopitecos y homí­ni­dos). ¿Cómo se formó la rama terrestre? Es in­dudable que el gru­po terrestre pro­cede de uno de los otros dos grupos (el ar­bóreo o el arbóreo-te­rres­tre), pues en su estruc­tura corporal hay pruebas de su le­ja­na adap­ta­ción para trepar y pre­sionar las ramas.
El factor principal de surgimiento del fenómeno ortógrado (caminar bípedo) fue la adaptación a un medio natural diferen­te: más seco, de sabana, menos arbóreo, con nuevos enemigos carní­vo­ros y nuevas presas. Al parecer, algu­nos an­tropoides del Mioce­no Su­perior y Plioceno Infe­rior, bien adap­tados a la vida arbó­rea, se adapta­ron a la vida en el suelo cuando el clima cambió y se hizo más seco o en el límite del bosque, con una amplia­ción de la pelvis ósea que permitió la marcha bípeda. Fue un proceso complejo y varia­ble. La vida en el suelo fue un avance decisi­vo: se gasta cua­tro veces menos energía y hay me­nos acciden­tes La posición alta de la cabeza, junto a la vista bino­cu­lar y cromá­tica, favorecía la mayor seguridad de los an­tro­poi­des, y la se­lección natural mantuvo estos rasgos. La de­fensa instin­tiva con palos, huesos y piedras usados con las manos libres fue el si­guien­te paso.
Hu­bo, al mismo tiempo que se pa­saba de la vida arbórea a la te­rrestre, un cambio en los ins­tintos al pasar de una ali­menta­ción vegetal a una animal, lo que estimuló la vida grega­ria, para atacar y defenderse. Se intensificó así la organiza­ción social.
Richard Leakey[3] explica que el bipedismo empujó el crecimiento del cerebro y nos hizo humanos, a lo largo de un proceso de unos 5 millones de años. La encefalización exagerada fue un reto evolutivo de doble espectro. Primero, porque no obligó a nacer inmaduros más de un año antes de que el cerebro alcanzara su tamaño final para poder atravesar la pelvis. La crianza entonces se ralentizó, atando las madres a su prole y favoreciendo la formación de grupos. Las herramientas dejaron de ser oportunistas para adquirir diseño y convertirse en verdaderas esculturas. El segundo reto fue mantener un órgano demasiado costoso, pues el cerebro representa el 2% de nuestro peso y consume el 20% de la energía; de ahí que alternásemos la condición de carroñeros con la de cazadores y recolectores.
Meave Leakey, esposa del anterior, explica la importancia esencial del bipedismo:
‹‹(...) Pero para mí el hecho de ser bípedos es el origen de todo lo demás. Porque cuando eres bípedo dejas libres las manos. Cuando liberas las manos de la necesidad locomotriz, desarrollas destreza manual; bueno, al principio sólo las usas para recoger frutas y demás, pero después desarrollas una fineza manual notable. Y cuando tienes esa fineza manual eres capaz de hacer cosas que otros animales no pueden hacer; porque sus manos están dedicadas a subir a los árboles o a corres más deprisa. Y entonces con esa destreza puedes alimentarte mejor; y al alimentarte mejor crece tu cerebro, porque el cerebro para crecer necesita muchas proteínas. Y el ser humano sólo tiene un gran cerebro en los últimos años, desde hace apenas unos pocos cientos de miles de años. Pera mí, ser nosotros empieza definitivamente en el Homo erectus, es decir, en el bipedismo, hace 1,6 millones de años.››[4]
Evolución desde el gibón al hombre.

Los factores de extinción.
Las distintas especies de los primeros hominoideos evolu­cio­na­ron en esta direc­ción, pero sólo los aus­tralo­pi­te­cos pu­dieron sobrevi­vir a los facto­res de ex­tinción: cambios cli­máti­cos, las ham­brunas, la baja natali­dad, la pre­sión de los ani­ma­les carnívoros y la com­peti­ción de otros grupos de antropoi­des. Cuando un grupo no conseguía superar estos problemas y alcanzar un índice suficiente de fecundidad entonces entra­ba en crisis y desapa­recía a largo plazo.
De hecho, se calcula que el 95% de las especies biológicas se han extinguido: la extin­ción es la regla y la evolución es la excepción. Han per­sistido las espe­cies que, gracias a muta­cio­nes eficientes y el azar, han supe­rado múltiples proble­mas am­bientales y han podido re­produ­cirse con éxito (que los naci­mientos superen los falle­cimien­tos). En este sentido, en los grupos de hominoideos la edad máxima lindaba los 30 años y las hembras debían tener prole muy pronto para mante­ner la pobla­ción del grupo y evitar que se extinguiera. Sólo en el Paleolí­tico Supe­rior, hace unos 15.000 años, la probabilidad de super­viven­cia mejoró.
Dentro de las numerosas variantes de la evolución, la ma­yoría de las ramas desaparecieron. La cau­sa del éxi­to de super­viven­cia de algunos grupos de austra­lopite­cos fue que de­sarro­llaron la pro­ducción de herra­mientas de piedra (y segu­ramente de made­ra), en vez de su sim­ple uso.

UNA PERIODIZACIÓN.
Los últimos estudios coinciden en considerar a los Austra­lopitecos como los hominoideos más antiguos, aparecidos hace 5-3 millones de años. Les seguiría una rama de homínidos, formada a partir de uno o varios de los grupos de australopite­cos, aunque se cree que por su parte no hubo una sucesión di­rec­ta entre Homo habi­lis, Homo erectus, Homo sapiens (Neandertal) y Homo sapiens sapiens (Cromagnon), aunque estos grupos son mues­tras de una continua evolución que aún no ha sido completa­mente des­cubier­ta.
Esta propuesta de periodización es sólo aproximada y plau­sible, y está sometida a los constantes descubrimientos de la antropología, que varían las fechas. En cambio, el orden de sucesión es muy fiable.
Hace unos 40-30 millones de años: la diferenciación en antropoideos.
Hace unos 14-12 millones de años: la diferenciación en simios que descienden de los árboles.
Hace unos 6-5 millones de años: la diferenciación de los antropoi­deos en las familias de póngidos y los primeros hominoideos: Aus­tralopithecus (5-2 millones de años).
En el Paleolítico inferior:
- 2,5-1 millones de años: conviven los Australopi­the­cus con la aparición del primer homínido, el Homo habilis (2,5-1,6 millones de años), seguido por el Homo ergas­ter (2-1,5 millones de años).
- 1,8 millón de años-50.000 años: Homo erectus.
- 1,2 a 0,8 millones de años: Homo antecessor.
En el Paleolítico medio (100.000-30.000 años): Homo sapiens (Neandertal).
En el Paleolítico superior (160.000-40.000 años): Homo sapiens sapiens (Cromagnon).

2.1. LOS PRIMEROS HOMINOIDEOS. ÁFRICA.
LOS PRIMEROS HOMINOIDEOS.
En 1999 se reveló el descubrimiento en Myanmar (Birmania) de un antropoide de hace 40 millones de años, una especie llamada Bahinia pondaungensis, lo que sugiere que los antepasados del hombre pudieron aparecer en Asia y después se trasladaron a África.[5]

Procónsul.

­Los primeros ejem­plares conocidos de homi­noideos se han encon­trado en África y eran distintos de los si­mios y de los hombres. El primer hominoideo fósil es del género Procónsul (24-5 millones de años), a­dapta­do a la vida arbórea, con es­que­letos indeferenciados, sin los rasgos de adaptación que tie­nen los simios posteriores.
Hace unos 22 millones de años hubo una explosión de especies de simios. Un ejemplo de hace 15 millones de años es el Equatorius africanus —descubierto en las colinas Tugen (centro de Kenia) en 1999 por el equipo Steve Ward, de la Universidad de Ohio y otro de la Universidad de Yale—, que rastreaba tanto el suelo como los árboles en busca de comida. Fue probablemente uno de los antecesores del Kenyapiyhecus.

El kenyapithecus.
Hubo hace unos 14 millones de años una extraordinaria proliferación de simios en gran parte del mundo intertropical, desde Alemania a India y China, con numerosas especies locales, varias de las cuales descienden de los árboles, de la que se han encontrado restos en Africa y Turquía. Sustituyeron a las numerosas especies de simios anteriores, que desaparecieron, y a su vez fueron un eslabón perdido que también desapa­reció. Los simios y los hombres no habían separado todavía sus caminos evolutivos.
Su principal representante es el hominoideo Ken­ya­pithecus, muy parecido a los grandes simios actuales, en el que aparecen por primera vez, hace unos 15-12 millones de años, rasgos de adaptación en los dientes (esmalte dental grueso) y los huesos de las extremidades (nudillos para andar sobre las manos). Se distinguen el Kenyapiyhecus africanus, el más numeroso, y el Kenyapiyhecus wickeri, que según Ward es el tronco de partida de la siguiente evolución, siendo ambos un probable puente hacia los antecesores directos de los homínidos.

El Ramapithecus y el Siva­pit­hecus. Asia.
Fuera de África se conocen en Asia los Ramapithecus y los Siva­pit­hecus, con una antigüedad de 13-11 millones de años. Algunos antropólogos creían que el sistema dentario del Rama­pithecus era humano y ello habría probado que la divergencia simio/hom­bre ocurrió hace 14 millones de años.
Pero los estu­dios genéticos lo han desmentido. Asi­mismo se han encontrados prue­bas de que el Ra­mapit­hecus y el Si­va­pit­he­cus se diferen­cian sólo por el tamaño, com­parten ca­rac­te­rísti­cas del Kenya­pithecus y se relacionan en exclusiva con el oran­gután, siendo este fue el primero en separarse de la agru­pación gene­ral de los hominoideos.

Un desconocido antepasado común.
La genética histórica permite estudiar la evolución de los orga­nis­mos que han evolucionado de un antepasado co­mún, basán­dose en el principio de que son más dis­tin­tos gené­tica­mente a mayor tiempo. Se sabe que los grandes si­mios actua­les tienen una estructura genética casi idéntica a la hu­mana: el hombre y el chimpancé tienen en común el 99% de su genoma y su separa­ción ocu­rrió hace tan sólo 6-5 millones de años.
 No se ha hallado el antepa­sado que hace unos 6-5 millones de años fue común a los póngidos y los homínidos, pero se cree que vi­vió en hábitats de bosque abierto o en la sabana arbolada de las zonas tropicales africanas. Tenía un tamaño medio, en el suelo se mantenía a cuatro patas y ocasio­nalmente de pie, to­talmente recubierto de pelo pero sin cola, con cara pe­queña, ojos grandes y mirada fija, nariz aplastada y hacia arriba, mandíbulas fuertes. No es probable que se encuen­tren restos suyos porque su número fue escaso y vivió un tiempo relativa­men­te corto. Modificaciones rápidas y fundamentales en la ana­tomía de las caderas y de los pies permitieron mantenerse de pie y andar sobre los dos pies a los primeros y en relación con esto aumentó el tamaño del cerebro y la mandíbula se estilizó.
Las investigaciones progresan rápida y enormemente. En 1994 había sólo tres géneros: homo, paranthropus y australopithecus. En 2001 ya había seis géneros, al añadir: ardipithecus, orrorin, kenyatrhopus, y en 2002 se añadió el controvertido Sahelanthropus tchadensis.

Posibles ancestros.

El cráneo de Toumaï.

El cráneo del denominado “Toumaï” o Sahelanthropus tchadensis se data hacia 7-6 millones de años. Fue descubierto en Toumaï (Chad) y publicado en julio de 2002 por el paleontólogo francés Michel Brunet, de la Universidad,  que aseguró que muestra señales humanoides: “No afirmo que fuera bípedo, porque no tenemos huesos de los miembros, pero sí que, a la vista de los indicios, como la posición del reborde interior del occipital por donde sale la médula espinal no estaré sorprendido si se demuestra que lo era”. En la revista “Nature” (X-2002), un equipo de antropólogos y paleontólogos norteamericanos y franceses puso en duda que fuera humanoide y apuntaron que pertenece a un mono, ancestro común a los chimpancés, los gorilas o a ambos, y que los dientes del cráneo, por el desgaste y el tamaño, parecen de un mono hembra.[6]
En 2000 los paleontólogos Martin Pickford (Kenia) y Brigitte Senun (Francia) hallaron en Tugen Hills (región de Baringo, Kenia) un ancestro humano de 6 millones de años, el Millenium man u Orrorin Tugenensis, 1,6 millones de años anterior al ramidus.[7] Cinco individuos, del tamaño de un chimpancé, bípedos que podían colgarse de los árboles, que comparten con el hombre unos caninos que ya eran pequeños. Puede ser un eslabón importante en la evolución.
En 1998 se difundió el hallazgo en una cueva de Silberberg Sterkfontein (oeste de Johannesburgo) de un esqueleto casi entero de un homínido Australopithecus por un equipo dirigido por Ron Clarke, de la universidad sudafricana de Witwatersrand. Su cráneo había sido hallado c. 1970, fichado como simio y datado en 3 o 3,3 millones de años, pero Clarke lo encontró en una caja en 1994, y en 1998 lo reclasificó y redató, primero en 3,58 millones de años y después en 4,17 millones de años. Gran parte del esqueleto continúa aún en la roca.
Se le llama “pie pequeño” (little foot). Es un homínido que cubre un amplio agujero temporal en el árbol evolutivo y su esqueleto está casi entero (cráneo, pies). Parece una criatura de 1,21 metros de altura, que podía saltar de los árboles, en un entorno boscoso y vivía como un chimpancé. Pudo caer en la cueva desde una altura de 15 metros.

LOS AUSTRALOPITECOS.


Los arqueólogos y paleoantropólogos que investigan en África Oriental en­tre los que han sobresalido los miembros de la familia Leakey, formada por el matrimonio Louis y Mary, el hijo Richard y su esposa Maeve, y los hijos de esta pareja, Philip y Louise, han encon­trado restos de los más antiguos ancestros conocidos del hom­bre. Se han identificado cientos de asentamientos paleolíticos por toda África, aunque sólo unos pocos han sido estudiados con profundidad. Se ha utilizado el método de datación del potasio-argón en África Oriental para determinar la cronología estos restos fósiles de hominoideos y de útiles líticos hallados en la garganta de Oldu­vai (próxima al lago Victo­ria), en Tanzania, y en Hadar (Etio­pía).



En el periodo geo­lógico del Mioceno medio y reciente (en­tre 16 y 5 millones de años) se identifican numerosos grupos de gran­des primates en África Oriental y del Sur, muchos de los cuales se extinguieron sin descendencia, mientras que otros han sido considerados an­cestros de los grupos principales de los prima­tes de la actuali­dad.
En el Plioceno, hacia 5-1,9 millones de años, los gran­des pri­mates africanos desarrollaron una lenta hominización, con un grupo excepcional, el de los Australopithecus (“simio meridio­nal”), de los que se han encontrado varios tipos: ramidus, ana­mensis, bah­relghaza­lia, afaren­sis, africa­nus, boisei y robus­tus.
Fueron los Aus­tra­lopit­hecus, con mucha probabilidad, quie­nes dieron paso al pri­mer hom­bre, el Homo habilis. No hay que entender a los au­tralopite­cos como eslabo­nes de una evolución continua, pues aunque pro­cedieron de un antepasado común, pro­bablemente no tu­vieron una rela­ción filogenética di­recta entre sí. Pero si son represen­tantes de la evolu­ción hu­mana, en cons­tante adaptación al me­dio.
Hay una serie de problemas de terminología. Para algunos autores los aus­tra­lo­pitecos son homí­ni­dos, pues ca­mi­naban er­guidos; noso­tros, por contra, toda­vía les con­side­ra­mos homi­noi­deos, pues no hay to­davía pruebas de que pro­duje­ran instru­men­tos. Además, muchos autores en la actuali­dad diferencian los aus­tralo­pite­cos en géneros (ardipitecos, australopitecos, pa­rantropos y homos): habría un ar­di­pithecus ramidus, del que pro­ce­dede­rían los aus­tralopithecus anamensis, bah­relghaza­lia, afa­ren­sis y africa­nus, y los paran­thropus aethio­picus del que pro­cederían el boisei y el ro­bus­tus. Por mi parte, sigo llamando australopitecos a todos estos, mien­tras no haya un consenso definitivo en la antropología científica.
Hace unos 4 millones de años había dos especies, los aus­tra­lopit­hecus ramidus (probablemente no bípedos) y aus­tra­lopit­hecus anamensis (bípedos).
La gran diversificación en tipos se produjo hace 3-1,5 millones de años: al convertirse el aus­tra­lopit­hecus afarensis en bípedo pudo vivir y pros­perar en un nuevo medio natural, la sabana, y esa novedad siem­pre favorece en los seres vivos la diversifica­ción.
Los Leakey (Louis, Mary, Richard y Meave) consideran que en la base hubo un predecesor desco­nocido, hace 5 millones de años, que hubo un Homo todavía desco­nocido hace 3 millones de años, origi­nando el Homo habilis y el Homo erectus. La línea de los aus­tralopitecos, sería una vía sin salida, con la sucesión de aus­tralopithecus afri­canus y aus­tralopithecus robustus-boisei. Su teoría ha sido muy criticada, porque no hay pruebas de que hubiera un Homo tan antiguo, mientras que sí las hay de los australopitecos.
En cambio, Johanson y White, cuya tesis es la más acepta­da, con­side­ran que el autralopithecus ramidus está en la base de la evolu­ción, que pasó por el ti­po autralopithecus afa­rensis (el primer bípedo conocido) y desem­bocó en el Homo habilis y luego el Homo erectus. Esla­bones sin salida se­rían el autralopithecus boisei y la línea autralopithecus afri­canus-robus­tus.

Australopithecus (o ardipithecus) kadabba.


El Australopithecus kadabba.
El Australopithecus (o ardipithecus) kadabba es un descubrimiento de dos paleoantrópologos, el norteamericano Tim Whi­te, de la Universidad de Berkeley, California, y el etíope Yohannes Haile-Selassie, del Museo de Historia Natural de Cleveland, en la región de Asa Koma en Etiopía, en 2003.[8] Son seis dientes fósiles con rasgos humanos y simiescos, de homínidos de 5,8-5,2 millones de años, poco después de la separación de la línea evolutiva humana de la de los chimpancés. Los caninos son grandes y muy afilados, propios de los monos. Los dos descubridores hacen más hincapié en la dentición que en la locomoción bípeda para caracterizar a los primeros humanos.

Australopithecus (o ardipithecus) ramidus.
El Australopithecus (o ardipithecus) ramidus vivió hace 4,5 millones de años, lo que le convierte en uno de los humanoides más antiguos conocido. Fue descubierto en las excavaciones de Aramis, en el de­sierto de Afar en Etiopía, por Tim Whi­te, Suwa y Berhane Asfaw, en 1992-1993, aunque fue comunicado ya entrado el año 1994. El esqueleto más completo, el de la hembra ‘Ardi’, fue publicado en 2009.[9]
La hembra ‘Ardi’, una Ardipithecus ramidus (publicada en 2009).

Su me­dio natu­ral era el bosque más que la sa­bana y esto es una contradicción con la teoría de que los homínidos evolucionaron a partir de un entorno de sabana abierta. Los restos hallados junto al ramidus, de frutas y semillas fosilizadas, además de fauna, ponen de manifiesto un ambiente boscoso, lo que parece indicar que la evolución se inició en el bosque y que después se asentaron en la sabana o que el bosque cambió. Pero un descubrimiento, publicado en 2005, en Gona (Afar), de restos de 4,5 millones de años de nueve individuos del ramidus, prueba que la evolución se produjo desde el principio en un contexto de sabana y estuvo vinculada al bipedismo, aunque se pasaban buena parte del tiempo en los árboles, como indican sus desarrollados brazos.
Tiene un cerebro pequeño, y un tamaño de cuerpo semejante al del chimpancé pigmeo. No se sabe con seguridad si ca­minaba er­guido, aunque sí lo sugiere el orificio de la médula espinal en la base del crá­neo. Los dientes de los ca­ninos y mo­lares son pequeños y bajos; estos caninos pequeños son una característica importante de proximidad con los humanos. Los huesos del bra­zo (forma del codo) están muy evolu­cionados.
White y Johanson le llaman ardipithecus, para dife­renciar­lo de los australopithecus, de los que sería el antece­sor di­recto, con dos líneas: la del afarensis que desembocaría en el Paranthropus, y la del anamensis que lleva­ría al Homo.

Australopithecus anamensis.
El Australopithecus anamensis vivió hace 4,2 millones de años. Se des­cu­brieron 25 individuos por Meave Leakey en el lago Tur­ka­na en el norte de Kenia, siendo publicado en 1995. La tibia encon­trada, lar­ga para un andar bípedo, indica que anda­ba erguido, lo que prueba que la forma de andar a dos patas se produjo en torno a medio mi­llón de años antes de lo que se creía. Parece que la homini­za­ción no comenzó con el uso de ins­trumentos sino con la posi­ción erguida, que permitió y a la vez obligó a los indivi­duos a ob­servar más y mejor su entorno y precipitó el desarro­llo de su inteligencia.
Sería el eslabón entre el ramidus y las dos líneas del africanus (sin salida) y el Homo habilis.

Australopithecus bah­relghaza­li.
El Australopithecus bah­relghaza­li fue ha­llado por Michel Bru­net, jefe del equipo de pa­leontó­logos fran­ceses, en el de­sierto de África cen­tral, en el Chad, en 1996. Hay una mandíbula infe­rior y un canino de hace 3,5 millones de años (la mis­ma anti­güedad de ‘Lucy’), con ca­rac­te­rísticas tan dife­rentes a las ante­riores que la ha­cen una nueva especie­, aunque algunos creen que es un tipo afarensis.
No se conoce su relación con los otros australopitecos.

Australopithecus afarensis.



El Australopithecus afarensis.

El Australopithecus afarensis vivió hace 3,6 millones de años (po­si­ble­mente perduró entre los 3,6 y 2,9 millones de años). El más famoso ejem­plar es la hembra ‘Lucy’ y fue descubierto por Donald Johanson en Afar, Etiopía, en 1974 y presentado en 1976. Es un esqueleto casi completo de 3,2 millones de años. Es el primer bípedo de caminar ergui­do cono­cido, aun­que ca­mi­naba de modo diferen­te a los humanos, con una adap­tación para tre­par a los árbo­les, un es­que­leto postcraneal; su cerebro tenía el tamaño de un chimpancé, no creaba instrumentos de piedra y carecía de lenguaje; medía poco más de un 1 metro y pesaba unos 30 kilos. Los machos de la especie son mayores.
Se conservan 30 hue­llas del cami­nar (las primeras bípedas) de esta especie, descubier­tas por Mary Leakey en Laetoli (Tan­zania) en 1976 y publicadas en 1979, de dos adultos  de 1,4 millones de años, de 1,1 o 1,2 metros de altura y un peso de 27 kilos) y un niño, que pisaban las cenizas del volcán Sadimán. Como los ante­rio­res, su cerebro era de 300-400 cm;.
Según Johanson y White es proba­ble que se originase en el ardi­pithecus ramidus y que sea el ancestro de las espe­cies pos­te­rio­res. En cambio, según Berger y McHenry, sería una rama sin salida, un “hermano” de otra especie que sí sería ascendiente nuestro.[10]

Mapa de la evolución a partir del Australopithecus afarensis.

Australopithecus africanus.
El Australopithecus africanus, hace 3,5 millones de años, perdu­ran­do hasta los 2. En Olduwai parece estar asociado a una in­dus­tria lítica de guijarros o cantos toscamente trabajados (2,6 millones de años), pero algu­nos investigadores la atribuyen al Homo habi­lis. Tiene una cara robusta, inclinada hacia delante (frente retraída, boca sobresaliente) con dien­tes molares más gran­des. Cerebro de 400-500 cm; (el cerebro del hombre actual es dos veces más grande respecto al cuerpo que el de este antepasado). Cuenta con una altura de 1 metro, brazos de sólo 1/4 parte del hombre ac­tual, siendo la rapidez del alargamiento de los brazos fue la característica más importante en la evolución inmediatamente posterior.
Se cree que desciende del anamensis.
Uno de sus principales restos es el cráneo del ‘niño de Taung’, de 2-2,5 millones de años, hallado por Raymond Dart en Sudáfrica en 1925 y considerado entonces el primer “hombre-mono” y el inicio de la paleontología moderna. Tenía unos 3 o 4 años de edad cuando murió, un cerebro del tamaño de un chimpancé y era bípedo de acuerdo a la forma de la base del cráneo y el ángulo en que encajaría en la columna vertebral.

Australopithecus garhi.
El Australopithecus garhi fue descubierto por White y Asfaw en Awash (Etiopía). Vivió hace 2,5 millones de años y tenía un cerebro unas tres veces más pequeño que el actual. Su estatura era de 1,20 metros y caminaba erguido en ocasiones. Se cree que usaba instrumentos de piedra para despiezar animales, porque junto a él se han hallado huesos con señales de piedras, y a unos 70 km hay un yacimiento, de la misma época, con 3.000 herramientas de piedra de 2,6 millones de años, sin ningún homínido asociado al lugar. El uso de estos instrumentos le permitió obtener un recurso energético de gran valor, en forma de carne y médula ósea, que le habría ayudado a expander su cerebro.

Australopithecus (o Paranthropus) aethiopicus.
La línea de los Paranthropus se ha descubierto hace poco. Todavía se consideran por la mayoría de los autores como dentro del grupo de los australopitecos, pero gana fuerza la tesis de que son una línea distinta e independiente, originada a partir del Aus­tralopithecus afarensis. Comienza con el Paranthropus aethiopicus, que vivió cerca del lago Turkana (Kenia), hace 2,5 millones de años. Desarrolla un impresionante aparato masticador, con grandes muelas para procesar alimentos vegetales muy energéti­cos, pero al mismo tiempo duros. La mandíbula y los huesos de la cara son muy fuertes y grandes.
Dará origen a dos especies todavía más especializadas, el Australopithecus boi­sei y el Australopithecus robustus.

Australopithecus (o Paranthropus) boisei.


El Australopithecus boisei. [http://www.metafilosofia.net/paleo/html/boisei.htm]

El Australopithecus boisei vivió hace 2,1-1,2 millones de años, en el Áfri­ca Oriental, emparentado con el “robustus”. El paranthropus boi­sei (o­rigi­nalmente llamado zi­jnanthro­pus boi­sei, luego Australopithecus y ahora también Paranthropus), tenía un rela­tivo gran tama­ño, bipe­dismo, mandí­bulas enormes apropia­das para masti­car vegeta­les duros, pero con ce­re­bro más pequeño (500 cm;) que el robustus.
El primer resto descubierto, llamado ‘Cascanueces’ y datado en 1,5-2 millones de años, fue descubierto por Mary Leakey en Olduvai y presentado por Louis Leakey en 1959 como zi­jnanthro­pus, dándole este apodo por su poderosa mandíbula.
Una novedad desta­cable es la posibilidad (Wood, 1997) de que los primeros útiles cono­ci­dos, hace 2,6 millones de años, per­te­nezcan a este hominoideo aunque sería un pri­mo lejano del hom­bre, una de las ex­tintas ramas colaterales. Son unas rocas vol­cánicas talladas para con­seguir filos, muy pare­cidas a los ins­trumentos Oldowan, la más antigua industria lí­tica (2,6-1,6 millones de años), an­terior a la ache­lense aso­ciada al homo erectus.

Australopithecus robustus.


El Australopithecus robustus.

El Australopithecus (o Paranthropus) robustus vivió hace 2,1-1,2 millones de años, en Suráfrica. Destaca por su perfil cóncavo, mandíbulas fuer­tes, arru­gas en la frente, cres­ta ósea en el cráneo, músculos fuertes y el ce­rebro más grande del gru­po de los australopite­cos (más de 500 cm;). Los descubrimientos más importantes se hicieron en Drimolen (Suráfrica), en 1992-2000, con restos de unos 80 individuos.[11] Sus restos se hallan en cuevas que servían de madrigueras para las fieras que los devoraban.


El Australopithecus sediba es un descubrimiento en 2008 del equipo de Lee R. Berger, en Malapa, a 40 km de Johannesburgo (Sudáfrica). Comenzó con dos esqueletos parciales con restos de masa encefálica en descomposición momificada y se han ampliado los hallazgos a más individuos. Se le relaciona con el género Homo temprano y se le data en c. 2 millones de años de antigüedad, así que podría ser una transición entre el Australopithecus africanus y el Homo habilisMedía 1,27 metros de altura, la hembra pesaba unos 33 kilos, su cerebro era muy pequeño, tenía brazos muy largos, propios de los australopitecos como ‘Lucy’, pero con una cara muy avanzada, con una nariz y dientes pequeños, una pelvis que le permitía caminar erguido y piernas largas.

2.2. LOS PRIMEROS HOMÍNIDOS.
Llamamos homínidos a los eslabones posteriores a los au­tralopitecos que se caracterizan por dos grandes avances: la posi­ción erecta y la fabricación de instru­mentos. Algunos auto­res consideran que comienza con el Homo habilis (Johanson) y otros con el Homo erectus, y en 2013 incluso se ha propuesto que el Homo habilis es en realidad un Homo erectus. No sabemos con certeza si hubo una relación fi­logenética en­tre ellos.
La ordenación en categorías de Linné identi­fica una espe­cie cuando no hay transmisión genética con otra espe­cie, pero ese criterio no se puede aplicar inmediatamente a los fó­siles, pues desconocemos si cabía el intercambio genético entre el Homo habilis y otros. Esto implica un gran deba­te. Una escuela diferencia sólo dos es­pecies: Homo habilis y Homo sa­piens, mien­tras que otra escuela diferencia hasta ocho espe­cies, desde el Homo habilis hasta el Homo sapiens sapiens­.
           
HOMO HABILIS.
Homo habilis, Homo rudolfensis, Homo ergaster.
El Homo habilis vivió hace entre 2,5 y 1,6 millones de años. Louis y Mary Leaky en­contraron la mandíbula de ‘Dear Boy’ en Olduvai (1964), asociado a las primeras herramientas y considerándolo el primer miembro del género Homo. Para algunos el Homo proce­de del Australopithecus y para otros pro­cede de un antepa­sado común. El Homo habilis vivió sólo en África y no se han encontra­do restos de una especie de características si­mila­res en otros continentes.



Es el primer Homo cono­ci­do. Las adquisiciones fundamen­ta­les son la posi­ción erecta y la fabricación de ins­tru­mentos. Los primeros instrumentos líticos conocidos tienen 2,6 a 2,5 millones de años, pero es probable que los de madera fueran muy ante­riores.
Es dis­tin­to de los australopi­tecos por sus cráneos, ca­de­ras y pier­nas. Tenía algo más de 1,5 millones de altura, un peso inferior a 45 kg, un ce­rebro más grande (650-800 cm;), crá­neo re­dondo y cara per­fec­tamen­te hu­mana, con pelvis y cadera ya simi­lares a las humanas. Los aus­tralopit­he­cus tenían el fémur más largo y el peso se re­partía de un modo dis­tinto y más efi­caz, pero la for­ma del Homo habilis le per­mitía parir niños con ce­rebro más grande.
Al parecer se produjo una radiación de especies coetáneas al Homo habilis: Homo rudolfensis, Homo ergaster, ambos tal vez inde­pendientes o, al contrario, tal vez derivadas de aquél. Pero estas especies han sido descubiertas hace muy poco, en los años 1990, y falta un estudio más completo y definitivo.


El Homo rudolfensis.

El Homo rudolfensis, de 1,8 millones de años, fue descubierto por Richard Leaky en 1973, apenas un cráneo bautizado como ‘1470’.


El Homo ergaster.

El Homo ergaster (‘hombre trabajador’) parece un eslabón importante entre el Homo habilis y el Homo erectus. Vi­vió en África (Kenia, Suráfrica) hace 2-1,5 millones de años, con una forma corpo­ral mo­derna, una estatura de 1,80 m, con cerebro más grande que el del Homo habilis y dominando la fa­bricación de instrumentos muy elaborados. Probablemente fue el primer homínido que salió de África, pero falta una confirma­ción científica. Según algunos autores sólo sería una forma de Homo erectus africano, para distinguirlo del Homo erectus asiá­tico, que tal vez sería anterior.
El reciente descubrimiento en 1998 en Etio­pía, por el equipo de Ernesto Abbate, de la Universidad de Floren­cia, de un Homo mezcla de Homo erectus y Homo sapiens, datado hace 1 millón de años, puede ayudar a cubrir la laguna antropogenética.
Nuevos descubrimientos en 2003 de Robert Blumenschine, de la Universidad Rutgers de New Brunswick (Nueva Jersey) y su equipo, apoyan la teoría de que el Homo habilis es un eslabón fundamental en la genealogía humana.[12] Se basan en un hueso maxilar superior de 1,8 millones de años, hallado en Olduvai (Tanzania), que presenta rasgos intermedios entre el Homo habilis y el Homo rudolfensis, por lo que sugieren que este es sólo una variedad de Homo habilis y no una especie diferente.

HOMO ERECTUS.
El Homo erectus, descendiente del Homo habilis o del Homo ergaster, se data hacia 1,8 millones de años y es origina­rio de África. Fue el primer ho­mínido que indudablemente se extendió desde África a Asia y Europa. Se creía que había desa­parecido hacia 100.000 años, en compe­tencia con los coetáneos Homo sapiens y el más tardío Homo sa­piens sapiens, pero parece que logró sub­sistir en Asia hasta hace 53.000-27.000 años, coincidiendo con los Homo sapiens sa­piens, pero sin cruzarse con él.





Fémur de Homo erectus, con posición totalmente erguida.

El Homo erectus en África.
Entre los descubrimientos recientes más notables destaca el de un Homo erectus joven, el ‘niño de Turkana’ (de una edad cercana a los 12 años), de 1,6 millones de años, hallado por Richard Leakey en Turka­na (Kenia) en 1984 y comunicado en 1985. Su cerebro es de 880-1.250 cm;, muy pequeño para su gran tamaño y edad.
Hace 1,6 a 1,5 millones de años la selección cultural interviene junto a la natural para determinar la supervivencia de los gru­pos de Homo erectus: los que no son capaces de competir cultu­ralmente desapare­cen, aunque la salida de África de los grupos menos competitivos es la solución para estos. En realidad ha habido muchas emi­graciones, las más importantes hacia 1,5 millón, 1 millón y 500.000 años.
Desarrolla una técnica lítica avanzada, la Achelense tipo II, caracterizada por tres tipos de piezas bifaces: hachas en forma de lágrima, hendedores y picos.

El Homo erectus en Asia.
El Homo erectus en Asia vivió entre 1,7 y 0,4 millones de años. Apare­cie­ron sus restos en China y Asia sudoriental, pero se cree que procedía de África, desde donde se expansionó por Oriente Me­dio, Asia y Europa, hasta llegar al Lejano Oriente.
Se ha descubierto en 2000 en China que las más antiguas hachas de piedra datan de 800.000 años aC y corresponden a una técnica avanzada, similar pero diferente a la Achelense tipo II (en China todavía no se han hallado hachas en forma de lágrima). En África había este tipo en 1,4 millones de años y en Europa hace 0,5 millones de años, pero en Asia no se habían hallado restos de hachas, por lo que se pensaba que el Homo erectus asiático era menos hábil que el africano o que usaba materiales no fosilizables como madera o bambú. Este descubrimiento demuestra que había formas propias, lo que sugiere que hubo un desarrollo diferente, sin que hubiera una relación directa África-Asia.[13]
Los restos del Homo erectus descubiertos por el médico holandés Eugene Dubois en Sangiran (Java) en 1891, los dató hacia 1 millón de años, pero fue rechazado por la comunidad científica y la religiosa. Su datación actual es de 1,7 millones de años.



Los restos del Homo erectus hallados en Yuangmou y Zhoukou­dian (Chi­na) y Sangiran (Java) muestran utensilios de piedra y posiblemente de carbón vege­tal así que dominaría ya el uso del fuego, aunque recientes inves­tigaciones en 1998 ponen en duda este hecho. Los sencillos hogares en este lugar repre­sentan el tes­timonio más antiguo del uso del fuego por seres humanos, al margen de esca­sos y contro­vertidos casos en África (Kenia hacia 1,5 millones de años; Gran Bretaña y China hacia 400.000 años). El fue­go fue uno de los inventos más importantes de la Prehis­toria, pero según Car­bonell se descu­brió y se perdió en varias ocasio­nes, desde su primera aparición hace 1,5 millones de años en Kenia hasta 50.000 aC, en que ya no hay dudas sobre su existencia continuada como acto cultural a escala global. Antes los homí­nidos africanos debían descansar en los árboles pero el dominio del fue­go per­mitió al hom­bre “ni­dificar” en el suelo y de­fenderse mejor de los predadores, que en su mayoría son nocturnos.
El homo erectus pekinensis o sinantropo, popularmente lla­mado ‘Hombre de Pe­kín’, fue descubierto en 1921, en la cue­va de Zhou­kou­dian (50 metros de espe­sor), por el padre Teil­hard de Char­din.[14] Tie­ne una antigüe­dad de 460.000-230.000 aC. Las últimas data­cio­nes (1996) lo datan en 400.000 aC. Eran los primeros fósiles de homíni­dos des­cubiertos en Asia y se creía que habían coexistido con los hu­manos moder­nos, pero la nueva datación sugiere que la especie pudo desapa­recer antes de que surgiera el Homo sapiens sapiens (el hombre actual). Los restos están asociados a huesos de ani­males, úti­les líticos usados para cor­tar, raer, penetrar y hue­llas de ho­gares. La mayor parte de los huesos encontrados en la cueva fueron posi­blemente lle­vados allí por animales carní­vo­ros, se­guramente hienas. Pobla­ciones de este homí­nido quizá persistie­ran hasta unos 250.000 años en China, mucho más que en ninguna otra par­te. Se exten­dió por toda Asia: Tailan­dia, Viet­nam, Co­rea, etc., salvo Ja­pón. Vivía de la caza y re­colección.
Un descubrimiento en la datación de antiguos fósiles (Swisher y Curtis, 1996) ha permitido datar cro­no­lógicamente al Homo erec­tus de Java mucho más cerca de nosotros, entre el 53.000 y el 27.000, lo que significa que convivió durante un largo periodo con la especie humana actual, una sucesora direc­ta. De este modo, se desmiente la tesis de que el homo erecto fuese el antepasado de los actuales asiáticos. No hay una línea única que conduce a un camino de perfección, sino un arbusto ramificado lleno de varas secas.

El Homo erectus entre Asia y Europa.
Los fósiles humanos de Dmanisi, en Georgia, justo en la frontera del Cáucaso entre Asia y Europa, tienen 1,8 millones de años, según se publica en “Science” (X-2013). El cráneo 5 (se descubrió su mandíbula en 2000 y su cráneo en 2005) es el más interesante: un individuo de baja estatura (1,46 a 1,66 m), escaso peso (47 a 50 kilos) y un cerebro pequeño (450 cm³), rostro con prognatismo y muelas grandes, pero con proporciones modernas en sus brazos cortos y piernas largas para un andar claramente bípedo. Probablemente fueron cazados por depredadores (tigres de dientes de sable y guepardos gigantes) que arrastraron sus cuerpos a sus guaridas. Los científicos, dirigidos por David Lordkipanidze (director del Museo Nacional de Georgia), los bautizaron originariamente como Homo Georgicus pero ahora proponen que es el ya conocido Homo erectus y que esta especie engloba a varios especímenes que se suponían especies diferentes, como el Homo habilis y el Homo rudolfensis, por lo que habría un único linaje evolutivo del género Homo y nos varios como se pensaba. A lo más, habría variantes en la misma especie, siendo los homínidos de Dmanisi similares a la variante de Homo ergaster, lo que hace suponer que el Homo erectus africano, un australopiteco evolucionado, se expandió pronto fuera de África, en el Pleistoceno temprano. Los contrarios a esta polémica tesis aducen, como apunta Arsuaga, que ni siquiera hay seguridad que los cinco individuos de Dmanisi correspondan a una misma especie.


El Homo erectus en la Península Ibérica: el Homo ante­cessor.
El Homo erectus europeo aparece hacia 1,5 a 0,5 millones de años, con pruebas como el cuchillo de sílex descubierto en Atapuerca de hace 1,5 millones de años, o las hachas líticas del tipo Achelense II de hace 0,5 millones de años.
Para el estudio del Homo erectus en Europa nos cen­tramos en España, donde se han hecho los principales des­cubri­mien­tos. El Paleolítico Inferior (con sus res­tos culturales y huma­nos asociados) está bien representado en los yacimientos del Acula­dero (Puerto de Santa María, Cádiz), Orce (Granada) y es­pecial­mente en el de Atapuerca (Burgos), donde los continuos ha­llazgos desde los años 1980 anuncian una auténtica revolu­ción de los conocimientos existen­tes sobre la Prehisto­ria. Los arqueó­logos del CSIC Emiliano Aguirre (direc­tor del yaci­miento de Atapuerca en­tre 1976 y 1990), José María Bermúdez de Castro, Juan Luis Arsuaga, y Eudald Carbonell, en las cuevas de Elefante (utensilios de sílex de 1,5 a 1,25 millones de años, con un Homo antecessor de 1,2 millones de años descubierto en 2008), Gran Dolina (Homo antecessor de 800.000 años), Sima de los Hue­sos (pre-neandertales de 400.000 años) y Trin­chera-Ga­lería (300.000 años) para los más antiguos, mientras que Portalón y Mirador son del Neolítico y la edad del Bronce. Estos hallazgos lle­van la anti­güedad del hombre en Eu­ro­pa has­ta 1,5 millones de años (utensilios), y físicamente a los 0,8 millones de años (tres dientes y un frag­mento de man­dí­bu­la en TD6, en 1994), gracias a la com­proba­ción paleo­magné­tica de que los res­tos tie­nen más de 780.000 años, cuando cam­bió la orien­tación magnética de la Tie­rra por última vez. Ata­puerca, con 1.000 pie­zas, ha suministra­do el 80% de los fó­siles huma­nos en el mundo del Pleistoceno Medio (730.000 a 120.000 años), de pre-neandertales con crá­neos media­nos, con ele­vada capaci­dad craneal, con un cuer­po muy robusto (hasta 100 kilos, como demuestra la gran pelvis ‘Elvis’, de 300.000 años, publicada en mayo de 1999), de estatu­ra me­dia (1,75 metros), con una tipolo­gía medite­rránea grácil. Podían vivir unos 50 o más años. Seguramente desaparecieron debido a la superioridad social de los Homo sapiens sapiens. Según Arsuaga los neandertales y los sapiens eran especies distintas, no emparejables; en cambio, para María Amor Beguiristain eran una especie única, la Homo, aunque había diferentes morfoespecies, con apariencias físicas bastante distintas, pero que podrían tener descendencia común.


Una simulación de las principales rutas de expansión desde África. [http://paleoantropologiahoy.blogspot.com.es/2013/02/llegada-europa-del-homo-sapiens.html]

¿Por dónde pasaron los homínidos, sea el Homo erec­tus o el Homo ergaster, a Europa hace 1,5-1 millones de años? ¿Por Asia Me­nor o por Gibral­tar? Carbonell cree que por la pri­mera, por­que el estre­cho era dema­siado difícil, y es seguro que el Homo erectus estaba en el Cáucaso hace 1 millón de años, por lo que las nuevas poblaciones vendrían des­de el Este de Euro­pa a tra­vés del largo arco del Mediterrá­neo orien­tal. En cambio, To­bias cree que lle­garon tam­bién por Gi­bral­tar, en base a los res­tos de Orce des­cubier­tos por Gi­bert y que el hombre po­día supe­rar esa dis­tan­cia, pe­ro es la tesis más improbable.
En todo caso, aparece lo que se cree (pues hay pocos restos para estar segu­ros) era un tipo de Homo erectus en Eu­ropa hace 1 millón de años, en el Paleolítico Inferior, siendo el primer homí­nido europeo co­nocido. Hay sólo pruebas líticas antes de 1 millón de años, pero des­pués abundan en España los restos humanos entre 800.000-400.000 años. Los ins­trumentos de pie­dra son primiti­vos, de cantos rodados, pun­tas y rascadores, y sobre todo las primeras hachas de mano en Europa. Faltan pruebas de fuego, que se espe­ran encontrar. En­tre 400.000-120.000 años se introduce el méto­do de tallar la pie­dra de “lascas pre­paradas”, que posi­bilitaba tener uten­si­lios espe­cializados.
Discutibles y no plenamente confirmados por la ciencia son los descubrimientos de Josep Gibert en Orce (Grana­da), con una asociación de fragmentos de huesos e industria lítica que llega hasta la extraordinaria fecha de los 1,6 millones de años. Plan­tea la existencia del ‘Homínido de Orce’, un Homo erectus llegado del Este de África. Lumley cree que es un mamífero équido, pero el último Congreso de Granada (1996) parece confirmar las re­volu­ciona­rias te­sis de Gibert.


El Homo ante­ces­sor.

En 1997 el equi­po de Atapuerca formado por Bermúdez de Castro, Arsuaga y Carbonell presen­tó la especie del Homo ante­ces­sor[15], un esla­bón perdido de la evolución humana, entre el Homo erectus y el Homo sapiens. Su ros­tro tiene similitudes con el neandertal y el hombre actual, por lo que podría ser un an­tecesor de ambos a la vez. Su ce­rebro tenía unos 1.000 cm;. Sus res­tos, seis indi­viduos (86 huesos), se descu­brieron en Ata­puerca, en años anterio­res.[16] Su anti­güe­dad, 800.000 años, les convierte en antece­sores del hom­bre de Nean­dertal. Proce­dían de África, tal vez de antes de 1 millón de años. Eran al­tos, fuertes, vivían en grupos, se dedica­ban a la caza o al carroñeo y pra­ctica­ban el cani­balis­mo alimenticio de acuerdo a las huellas de descarnamiento de los hue­sos, aunque todavía se discute si eran miembros del mismo grupo, de otros grupos de Homo antecessor o incluso de otra especie contemporánea. En todo caso, se des­miente la teo­ría de que el hom­bre llegó rela­ti­va­mente tarde a Europa, aunque unos pocos historiadores siguen afirmando que el hombre llegó a Europa hace 500.000 años.


Práctica de canibalismo en Atapuerca. [http://www.muyinteresante.es/ciencia/articulo/el-homo-antecessor-de-atapuerca-comia-ninos]

En Europa la evolución fue relativamente rápida: el Homo antecessor de Ata­puerca hace 800.000 años practicaba el caniba­lismo, con­sumía carne humana (los cortes en los huesos son ine­quívo­cos), pero hace 400.000 a 300.000 años en Atapuerca ya había enterra­mien­tos, fuego, trabajo de piel para ves­tido, trans­por­te.
Hace 400.000 años parece que hay un boom demográfico en los tres continentes y las poblaciones de Homo erectus evolu­cionados se ex­pan­den, ocupando amplios espacios. En Pales­tina, en esta época ya hay protoarte, con una escultu­ra en huesos. En Ata­puerca también pa­recen estar en la línea evolutiva que lleva a los prenean­dertales (que no están en la línea evolutiva del hombre actual), como surge de una recons­trucción facial y socia­l del hom­bre de Atapuerca.[17] Eran muy com­plejos so­cial­mente, como demuestran los úl­ti­mos ha­llaz­gos (pu­bli­ca­dos en 1996), de que en Atapuer­ca hace 300.000 años ha­bía ya unas ac­tivi­da­des de trabajo de la madera, el cur­tido de pie­les, el descuar­ti­za­mien­to de piezas de caza y, en defini­tiva, una es­tructura social compleja, con enterramien­tos colec­tivos, con lo que se retro­trae estas formas sociales mucho más lejos de lo que creían la mayoría de los antropólo­gos, que las si­tuaban sobre el 50.000 aC. En 2003 se ha publicado el hallazgo en 1998 de un hacha bifaz tallada en cuarcita roja, llamada ‘Excalibur’, asociada a restos humanos de modo que se cree que formaba parte de un rito funerario.

El Homo floresiensis: el “hombre enano” de la isla de Flores.

El Homo floresiensis, en una recreación plausible



El Homo floresiensis fue descubierto en la cueva de Liang-Bua de la isla de Flores en 2003 (aunque fue publicado en octubre de 2004) por un equipo australiano e indonesio dirigido por los australianos Peter Brown, Michael Morwood y Bert Roberts.[18]


En 2004 se había desenterrado un esqueleto bastante completo (una mujer adulta) y hasta seis individuos más, datados en 16.000 aC. Vivió en la isla indonesia de Flores hacia 10.000 aC, cuando desapareció debido a una erupción volcánica. Tenía un metro de altura y una capacidad craneal de sólo 360-380 c³. Probablemente fue una adaptación enana de la especie Homo erectus otros autores consideran que derivó del Australopithecus o del Homo ergaster que llegó a la isla cuando estaba unida a Bali y Java durante una glaciación, y se quedó aislado, evolucionando hacia un tamaño menor para ahorrar energía y porque no tenía depredadores competitivos. Usaba herramientas líticas y el fuego, y cazaba elefantes enanos (el Stegodon), desmintiendo la idea de que es necesaria una gran capacidad craneal, sino que bastaría que el cerebro fuera complejo, con muchas interconexiones internas. Este descubrimiento apunta a que la diversidad humana fue mucho mayor de lo que se suponía y probablemente a que existieron más especies aisladas en otras islas indonesias; asimismo, leyendas locales informan de la existencia de seres enanos en la selva hasta hace relativamente poco tiempo.

2.3. EL HOMO SAPIENS: LOS NEANDERTALES.

El Homo sapiens o Neandertal.

Los estudios de ADN realizados en 1987 de Cann, Stoneking y Wilson sitúan el origen genético de la Humanidad en África hace 200.000 a 100.000 años.
Parece que hubo un tipo arcaico o pre-Sa­piens, cuyos res­tos se han encontrado en Heidelberg, Swascombe y otros lugares de Europa. El arqueólogo Mellars considera que este preneander­tal apareció en Europa hace unos 300.000 años y que se originó en las poblaciones de Homo erectus europeas.
Pero el Homo sapiens realmente apareció hacia 150-120.000 años y perduró hasta hace 30.000. Hay va­rias especies conoci­das de Sapiens, aunque la más abundante y me­jor estudiada es la de los Nean­derta­les, que vi­vie­ron en Eu­ra­sia occiden­tal.
Los neandertales te­nían un esqueleto pesa­do y fuer­te, eran muy mus­culosos, con cara promi­nente de nariz y dientes grandes. Sobre­sale su arco ciliar promi­nente, la au­sen­cia de mentón, una man­díbula fuerte para resis­tir pode­rosos músculos de mastica­ción. Su vo­luminoso cerebro era simi­lar al del hombre moderno (1.500 cm;).[19]



El Homo sapiens o Neandertal. Foto tomada de un documental de la BBC.

Vi­vían de la caza, practi­cada en gru­pos pequeños (10-20 individuos) y vivían en cue­vas en las épo­cas de frío. Fabri­ca­ban los utensi­lios de pie­dra de la cultura Muste­rien­se (ras­padores y pun­tas), he­chos con lascas. Son los pri­meros humanos que entierran a sus muer­tos y practi­can ritos, con ele­vada or­gani­zación so­cial. Por ejemplo en Sha­nidar (Irán), un hombre fue en­terrado con flo­res y había sido cuidado hasta su anciani­dad (medio cie­go, cojo y manco). Pero no tenían símbolos, por lo que hay dudas de que tuvieran un lenguaje articulado como el del hombre moderno. Practicaban ocasionalmente la antropofagia.[20]
La mayoría de los autores han creído que los neandertales desapa­re­cieron des­pués de influir con cru­ces en la po­blación mo­derna, pues los Cro-Magnon de origen africano llegaron a toda Europa hacia 40.000 a.C., coincidiendo con los neandertales duran­te 6.000 años al menos (puede que 10.000 y según algunos autores hasta 40.000). En cambio, sólo algunos au­tores (Hu­blin, 1996) consideraban que se extin­guió sin dejar hue­lla. Los estudios genéticos más actuales demues­tran la validez parcial de la tesis mayo­ritaria pues los neandertales se mezclaron solo tangencialmente con los Homo sapiens sapiens moder­nos, segu­ramente por una importante incompatibilidad genética (tal vez solo nos legaron un 4% o incluso menos de nuestros genes), aunque sí in­tercam­bia­ron produc­tos y téc­ni­cas.[21]


Comparación entre Neandertal y Cromagnon.

Finalmente se extinguieron­, sus­ti­tui­dos por la nueva pobla­ción, en un proceso que más que una lucha de extermi­nio (no hay pruebas de un enfrentamiento), de­bió ser una gradual marginación: se arrin­co­naron en zonas margina­les, en grupos fragmentados y aisla­dos, tan pequeños que no serían viables genéticamente y así desaparecei­ron. Otra teoría, publicada por un equipo de la Universidad de Cambridge en “New Scientific” (2004) supone que desapareció por un acusado descenso de las temperaturas h. 30.000 aC, al que no supieron adaptarse.
El Homo sapiens llegó a Asia relativamente pronto. En Java hacia el 120.000 y en China se han encontrado sus restos en Zhoukoudian, con una cul­tura de tumbas y elemen­tos ornamen­ta­les, con una avanzada organización so­cial.

2.4. EL HOMO SAPIENS SAPIENS: EL HOMBRE ACTUAL.

Comparación entre un Homo erectus y un Homo sapiens sapiens.

El Homo sa­piens sapiens es el primer humano anatómica­men­te moderno y su línea evolutiva ha llegado hasta el pre­sente, en un proceso que ocupa la mayor parte del Paleo­lí­tico Medio (120.000-35.000 años).
Aparece un Homo sapiens sapiens arcaico en África hace unos 300.000 años, según el descubrimiento del doctor Brauer en Turkana, Etiopía, en 1997. Tenía rasgos modernos y arcaicos.
El Homo sa­piens sapiens moderno apa­rece mucho más tarde. Un hallazgo de 2003 en Herto, en la región del Hawash Medio de Etiopía, lo data hace 160.000 o 154.000 años; son dos cráneos fosilizados de dos adultos y un niño, con rasgos arcaicos (toro supraorbitario, gran distancia entre los ojos, detalles de la dentición) y modernos (forma del cráneo cerebral, cara aplanada) que apunta que los Homo sapiens y los Homo sapiens sapiens convivieron en esa región durante largo tiempo pero no tuvieron allí una relación genética. Uno de los cráneos tiene unos cortes en la cabeza que sugieren ritos funerarios.[22]
Se pensaba antes que apareció en el Sur de Áfri­ca ha­ce 100.000 años, pero es seguro que llega a Oriente Medio poco después. El hallazgo de sus restos en Cro-Magnon (Francia) hizo que se de­nominase así a esta espe­cie, aunque parece que hubo distintos grupos compati­bles entre sí.
En el Paleo­lí­tico Supe­rior, aprovechando un cambio climá­tico hace 40.000 años, salen de África y aparecen en Euro­pa (36.000-32.000 en los Cárpatos)[23], Asia y Oceanía (Japón y Australia hacia 50.000 aC, gracias al des­censo del nivel del mar que crea puentes entre Corea y Japón, y a lo largo de la Insulindia), donde los Homo sa­piens sa­piens irán susti­tu­yen­do a los nean­der­tales, en un lento pro­ceso que ocurrió hace unos 40.000-30.000 años. Los cambios cli­máti­cos bajaron el nivel del mar y eso permitió su­perar el es­trecho de Bering, como un “puente” entre Asia y Amé­ri­ca, de modo que los humanos lle­garon a Amé­rica en varias fa­ses hacia 45.000, 30.000 y 20.000 años. Desde en­ton­ces, en todos los con­ti­nen­tes todos los habi­tan­tes son ya idénti­cos a noso­tros.
El hombre de Cromagnon hizo avances im­portantes en la téc­nica de fabrica­ción de utensi­lios de pie­dra, con el moldeado de la pie­dra me­diante la obten­ción de las­cas prelimi­nares (téc­nica de “núcleo prepa­ra­do”), consi­guiendo pun­tas triangulares y ho­jas de caras para­lelas, lo que permi­tía que encajaran en ma­nos de hueso o madera y fueran más efi­caces. Con ellos, la caza y la reco­lección fue más eficaz.
Se organizan en poblados, con una organización social re­lativamente avanzada.
Comienzan a ela­borar un pen­sa­miento abs­tracto y se ini­cia el ar­te. Ya tenían símbolos, expresados con el uso del ocre para la orna­men­ta­ción cor­po­ral y en la pintura rupes­tre y un lengua­je arti­cu­lado como el del hombre mo­derno. Unas cuentas halladas en Suráfrica son los adornos humanos más antiguos, con 75.000 años de antigüedad. Realizadas con conchitas (N. kraussianus) perforadas y tal vez coloreadas con ocre, fueron halladas por el equipo de Christopher Henshilwood (Universidad de Bergen, Noruega) en la cueva de Blombos.[24] Con el lenguaje se facilitó la difusión de la cultura en el seno del grupo y entre los grupos, lo que aseguró el definitivo éxito de este grupo, el nuestro.
La caza extensiva fue incrementándose con el aumento de la población, desencadenándose un acelerado proceso de extinción de especies: mamut de Siberia, caballo en América (al parecer en sólo 1.000 años desde la llegada del hombre), etc. Era nece­sario un nuevo salto cualitativo de la Humanidad. Sería la revolución agrícola del Neolítico.

[1] La homini­zación es un con­cepto dudo­so, que para unos es el proceso de acumulación de rasgos análo­gos de los grandes antro­poides del Terciario y para otros (más especí­fico) será el pro­ceso de an­tropogénesis a par­tir de los arcán­tropos a los neoán­tropos.
   [2] La teoría de Brian G. Richmond y David S. Strait, de la Universidad George Washington. [Redacción. El hombre procede un simio que andaba sobre los nudillos. “Diario de Mallorca” (23-III-2000) 80.]
   [3] Leakey, Richard. El origen de la Humanidad. 2000.
   [4] Rivera, Alicia. Entrevista. Meave Leakey. En busca de nuestros orígenes. “El País” Semanal 1.341 (9-VI-2002) 12-19. cit.16.
   [5] El equipo de Jean-Jacques Jaeger y sus colaboradores de la Universidad de Montpellier II, publican el descubrimiento en “Science” (X-1999) [Agencias (EFE). El antepasado de todos los simios vivió en Asia. “ABC” (15-X-1999) 42 y “El Mundo” (15-X-1999) 50]. El Bahinia pondaungensis, de la familia de los társidos, era un animal muy pequeño, de unos 400 gramos, que vivía en los árboles y se alimentaba de insectos diminutos. Se emparenta por su dentadura con otra especie, el primate Eosimias, de hace 55 millones de años.
  [6] Antón, Jacinto. Entrevista. Michel Brunet: ‘Toumaï’ puede tocar con el dedo nuestro más remoto origen. “El País” (8-X-2002) 31. / Redacción. Un grupo de expertos duda de la humanidad de ‘Toumaï’. “El País” (10-X-2002) 33. La posición crítica contra la tesis de Brunet la publicaron Brigitte Senut, Milford Wolpoff y Martin Pickford  en la revista “Nature” (X-2002). / Redacción. Los humanos llevan ocho millones de años de evolución, según un nuevo modelo estadístico. “El País” (5-XI-2010). El nuevo modelo, diseñado por Robert Martin, del Field Museum de Chicago, sitúa al cráneo de Toumaï más tarde de la diferenciación entre el primate y el hombre.
[7] Rivera, Alicia. Hallado en Kenia un ancestro humano de hace seis millones de años. “El País” (5-XII-2000) 34. Los fósiles del ‘Milleniun Man’.
[8] Redacción. Hallados seis dientes fósiles en Etiopía de los primeros homínidos. “El País” (5-III-2004) 39.
[9] Redacción. Hallan fósil clave en la evolución humana. “BBC” Ciencia (1-X-2009). [www.bbc.co.uk/mundo/ciencia_tecnologia/2009/10/091001_fosil_evolucion_men.shtml]
   [10] Berger, Lee. Los albores de la Humanidad. )Rehacemos nuestro árbol genealógico? “Na­tional Geographic”, v. 3, nº 2 (VIII-1998) 98-107. Excelentes imágenes.
   [11] Keyser, André W. Los albores de la Humanidad. Nuevos descubrimientos en Suráfrica. “National Geographic”, v. 7, nº 1 (VII-2000) 90-97. Siguen otros artículos de prehistoria.
   [12] Blumenschine. Robert. “Science” 21 (II-2003). cit. Roach, John. 1.8 Million-Year-Old Hominid Jaw Found. “National Geographic News” (20-II-2003).
[13] Rivera, Alicia. El hallazgo de hachas de 800.000 años cuestiona la teoría del aislamiento prehistórico de China Las herramientas, las más antiguas de Asia, afianzan la idea de una pauta cultural general. “El País” (3-III-2000) 46.
   [14] La mayor parte de los restos fueron enviados en 1941 a EEUU, pero los japoneses se apoderaron de ellos y se perdieron, aunque subsistieron los moldes.
   [15] Se han publicado los resultados del equipo en dos números de la revista “Jour­nal of Human Evolution”, en 1997 y 1999.
   [16] En 1999 se habían encontrado un centenar de restos, sólo en 6 m5 del estrato TD6 de la cueva de Gran Dolina.
   [17] AA.VV. Especial Atapuerca. “El País” Semanal 1.067 (9-III-1997) 44-52.
   [18] Ruiz de Elvira, Malén. Una especie humana de un metro de altura vivió hace 18.000 años en una isla de Indonesia. “El País” (28-X-2004) 36. Extracto de artículo de Peter Brown et al, en “Nature” en p. 37.
   [19] Los primeros restos de Neandertal fueron descubiertos en Neanderthal (c. Dusseldorf, Alemania) en 1856. Parte de un cráneo y otros huesos. En 2000 fueron presentados 50 fragmentos perdidos del mismo hallazgo, comprendiendo parte de la órbita ocular izquierda. [Redacción. Neandertales. “Diario de Mallorca” (4-IX-2000) 80. Avance del artículo de Redacción. Germans unearth hoard of Neanderthal remains, en “Nature” 407 (7-IX-2000) 9.]
   [20] Se han descubierto pruebas de canibalismo en los neandertales del sur de Francia. En la cueva de Mou-la-Guercy, hace 100.000 años, se hizo un banquete caníbal, en el que se comieron seis personas (dos adultos, dos adolescentes de 15-16 años y dos niños de seis o siete años). Les rebanaron los músculos faciales, algunos tendones de piernas y brazos y a uno le arrancaron la lengua. Huesos largos fueron partidos para comerse la médula. Parece que comieron la carne cruda, junto a la de otros animales (ciervos...) con las mismas marcas y cortes. Estudio de Alban Defleur. “Science” (IX-1999).
   [21] Es muy reciente la confirmación de que el Neandertal y el Cromagnon son grupos no compatibles genéticamente. Un estudio, publicado en “Nature” (III-2000), realizado por un equipo de la Universidad de Glasgow dirigido por William Godwin, ha demostrado que había una relación muy estrecha entre los Neandertales en lugares distintos, pero una gran diferencia respecto a los humanos más modernos. Se estudió el ADN de un niño de 29.000 años, enterrado en una cueva de Rusia, y se comparó con el del esqueleto de Feldhofer (Alemania), encontrado en 1856 y analizado en 1997. Godwin concluye: “Si ellos hubieran sido muy diferentes respecto al nivel de ADN podrían haberse relacionado con los hombres modernos. El hecho de que los dos neandertales están estrechamente ligados entre sí y no con los hombres modernos implica que no tenían la diversidad necesaria para encuadrarse con una gama de humanos modernos”. Ello demostraría que los neandertales se extinguieron sin descendencia. [“El Mundo” (30-III-2000) 43].
Otra prueba coincidente es el descubrimiento en IV-2004 por Fernando V. Ramírez Rossi (CNRS francés) y José María Bermúdez Castro (CSIC español) de que los neandertales alcanzaban la madurez de su desarrollo a los 15 años, antes que los cromagnon (18 años). Se basan en un estudio de las capas de los dientes de 25 individuos de Atapuerca. [Rivera, Alicia. Dientes de Atapuerca. “El País” (29-IV-2004) 37.]
[22] Los investigadores de Herto, desde 1997, son el famoso Tim White de la Universidad de Berkeley (California) y del Natural History Museum de Londres, junto a sus colaboradores etíopes. [Rivera, Alicia. Hallados en Etiopía los fósiles más antiguos de la especie humana actual. “El País” (12-VI-2003) 34. / Arsuaga, Juan Luis. Cuatro preguntas. “El País” (12-IX-2003). / Rivera, Alicia. Cortes en la cabeza y ritos funerarios. “El País” (12-IX-2003).]
[23] Agencias. Descubren en Rumanía unos fósiles de los primeros seres humanos modernos de Europa. “El País” (23-IX-2003). Los hallazgos de Erik Trinkaus, de la Universidad Washington de Saint Louis (Missouri), se publicaron en “Proceedings of the National Academy of Sciences” y señalan una convivencia con los neandertales.
[24] Agencias (EFE). Un collar africano de 75.000 años. “El País” (15-IV-2004) 80.


BIBLIOGRAFÍA.
Documentales y vídeos.
AA.VV. Documental nº 1. Prehistoria y primeros habitantes. TVE. Serie documental Historia de España.  23 programas. Duración: 50-55 minutos.
AA.VV. Documental nº 1. De los orígenes del hombre a la revolución agríco­la. Atlas Culturales del Mundo (Times Atlas), Ediciones del Prado. Vídeo VHS. Serie documental Historia visual de las civilizaciones. 13 programas. Duración: 50 minutos (la evolución humana en primeros 20 minutos).
AA.VV. La evolución del hombre. Caminando con cavernícolas. BBC (2003). Duración: 95 minutos.
AA.VV. El origen del hombre. National Geographic. Documental. Duración: 46 minutos.
Johanson, Donald. Lucy’s legacy: The Quest for Human Origins. Conferencia del Dr. Johanson en la Universidad de las Américas, Puebla (México). Vídeo conectado con la entrada de Wikipedia: ‘Donald Johanson’.
Leakey, Louise. Louise Leakey investiga el origen de la humanidad (II-2008). [www.ted.com/talks/lang/es/louise_leakey_digs_for_humanity_s_origins.html]. Una conferencia divulgativa de 15 minutos en inglés con subtítulos en español, de una prestigiosa paleontropóloga, hija del matrimonio de Richard y Maeve Leakey.
Malaterre, Jacques; Salanova, Javier G. (directores). La odisea de la especie (2003). Documental de televisión. Duración: 270 mimutos.
Trueba, Javier (director). Atapuerca. El Misterio de la Evolución HumanaMadrid Scientific Films (1996). Documental. Duración: 53 minutos. Asesores: Juan Luis Arsuaga, Ignacio Martínez, Ana Gracia y José Miguel Carretero.

Películas.
En busca del fuego (1981). Francia / Canadá / EE UU. Duración: 96 minutos. Director: Jean-Jacques Annaud. Intérpretes: Everett McGill, Ron Perlman, Nameer El-Kadi, Rae Dawn Chong. Guión: Gérard Brach, basado en una novela de J. H. Rosny. Fotografía: Claude Agostini. Música: Philippe Sarde.
La cueva de los sueños olvidados (2010). Documental. EE UU y Francia. Dirección: Werner Herzog. Duración: 90 minutos. Belinchón, Gregorio. El regreso del viejo cazador de imágenes. “El País” (18-VI-2012) 45. / Costa, Jordi. 32.000 años de películas. “El País” (22-VI-2012) 50. / De Pedro, Gonzalo. Herzog, ironía y documental en tres dimensiones. “El Cultural” (22-VI-2012) 45-46. Documental sobre las pinturas rupestres de la cueva francesa de Chauvet.

Exposiciones:
*<Atapuerca y la evolución humana>. Exposición itinerante por 32 ciudades, con 900.000 visitantes, desde 2001 hasta 2010. Pasó entre otras por Valencia, Palma de Mallorca, Sevilla, Pamplona, Tarragona, Málaga, Murcia, Zaragoza, Mérida. Madrid (Museo Arqueológico Nacional de Madrid, otoño 2005), Santander, A Coruña y finalizó en Toledo (15 junio-25 julio 2010). Catálogo. Ed. Fundació Caixa Catalunya. Textos de Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez, y fotos de Javier Trueba. 453 pp. 200 fotos. Reseña de “F. S”. Arsuaga ilustra Atapuerca con un libro y una muestra itinerante. “El País” (24-III-2004).
*<Mujeres en la Prehistoria>. Valencia. Museo de Prehistoria de Valencia (2006). Comisaria: Begoña Soler. Guía didáctica de exposición. Textos de Juan Antonio Alcántara, Clara Marcilla y Begoña Soler. [www.museuprehistoriavalencia.es/resources/files/ Didactica/Guia_Dones_Castellano. pdf] Reseña de Bono, Ferran. La prehistoria fue más igualitaria. Una muestra y un libro reivindican el papel de la mujer en el Paleolítico. “El País” (29-VI-2006) 104.

Libros:
Almagro Basch, Martín. Prehistoria. 1981. 916 pp. Vol. 1., de AA.VV. Manual de Historia Universal. Espasa-Calpe. Madrid. 5 vols.
Arsuaga, Juan Luis; Martínez, Ignacio. La especie elegida. La larga marcha de la evolución humana. Temas de Hoy. Madrid. 1998. 357 pp. Ilustraciones de Mauricio Antón. Obra divulgativa de miembros del equipo de Atapuerca.
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Artículos: Orden cronológico.
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Leakey, Meave. Entrevista. Meave Leakey. En busca de nuestros orígenes. “El País Semanal”, 1.341 (9-VI-2002) 12-19.
Rivera, Alicia. Entrevista. Meave Leakey. En busca de nuestros orígenes. “El País” Semanal 1.341 (9-VI-2002) 12-19.
Antón, Jacinto. Hallado en Georgia el cráneo humano más arcaico descubierto fuera de África. “El País” (9-VII-2002).
Antón, Jacinto. Entrevista. Michel Brunet: ‘Toumaï’ puede tocar con el dedo nuestro más remoto origen. “El País” (8-X-2002) 31.
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Rivera, Alicia. Hallados en Etiopía los fósiles más antiguos de la especie humana actual. “El País” (12-VI-2003) 34.
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Agencias. Hallados en Atapuerca dos nuevos restos del Homo antecesor. “El País” (21-VII-2003).
Rivera, Alicia. Halladas en Atapuerca herramientas de hace casi millón y medio de años. “El País” (22-VII-2003).
Agencias. Hallados en Murcia restos humanos y utensilios de la época Neandertal. “El País” (8-VIII-2003).
Arsuaga, Juan Luis. Cuatro preguntas. “El País” (12-IX-2003). En conexión con los descubrimientos de White en Herto, Etiopía, relatados en Rivera, Alicia. Cortes en la cabeza y ritos funerarios. “El País” (12-IX-2003).
Rivera, Alicia. Cortes en la cabeza y ritos funerarios. “El País” (12-IX-2003). En los cráneos hallados en Herto, Etiopía. Agencias. Descubren en Rumanía unos fósiles de los primeros seres humanos modernos de Europa. “El País” (23-IX-2003).
Wade, Nicholas. Por qué los humanos perdieron su pelaje“El País / New York Times” (17-IX-2003). Unas investigaciones de Mark Pagel, de la Universidad de Reading (Reino Unido), y Walter Bodmer, del Hospital John Radcliffe de Oxford, sugieren que el hombre estuvo desnudo un millón de años antes de vestirse.
Sampedro, Javier. Un gen clave en la evolución de la mente. “El País” (28-I-2004). El cerebro creció explosivamente en el linaje de los homínidos gracias a la selección darwiniana, según Bruce Lahn, del departamento de Genética Humana de la Universidad de Chicago.
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“El País” (18-VIII-2004). 40 científicos trabajan en el yacimiento arqueo-paleontológico de Pinilla del Valle para rellenar las lagunas de la evolución humana.
Agencias. Unas obras en Atapuerca sacan a la luz un yacimiento de la época de los neandertales. “El País” (16-IX-2004).
Agencias. Evolucionar a base de regañinas. “El País” (23-IX-2004). Dos expertos españoles, Laureano Castro y Miguel Angel Toro, afirman que la aprobación de la conducta de los hijos contribuyó al desarrollo de los homínidos.
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Ruiz de Elvira, Malén. Especial ‘El hombre de Flores’. “El País” (28-X-2004).  Hallada una especie humana de un metro de altura que vivió hace 18.000 años en Indonesia. Sobre el descubrimiento del ‘hombre de Flores’. Ruiz de Elvira, M. Los enigmas de la insularidad. Sobre la extraña evolución de las especies en las islas. Redacción de revista “Nature”. Entrevista a los investigadores australianos Peter Brown y Michael Morwood, de la Universidad de New England en Armidale, y Bert Roberts, de la Universidad de Wollongong. ‘Las leyendas locales hablan de pequeños seres que vivieron casi hasta tiempos históricos’.
Sampedro, Javier. El misterio de los hombres diminutos. “El País” (14-XI-2004). El ‘hombre de Flores’.
Antón, Jacinto. Hallado en Barcelona el possible ancestro común del hombre y los grandes monos. “El País” (19-XI-2004). Un primate, Pieropapithecus catalaunicus, bautizado como Pau, de 13 millones de años. 
Catalán Deus, Gustavo. Un equipo español descifra por primera vez el ADN de los neandertales ibéricos. “El Mundo” (15-II-2005) 38. Un análisis de un diente de la cueva de El Sidrón concluye que no se mezcló con el Homo sapiens sapiens.
Sampedro, Javier. Un grupo español consigue ADN neandertal en una cueva asturiana. “El País” (15-II-2005).
Agencias. El ‘Homo Sapiens’ es 35.000 años más viejo. “El País” (16-II-2005). Datos geológicos revelan que los primeros miembros de esta especie de homínido vivieron hace 195.000 años y no hace 160.000 como se pensaba.
Agencias. El ‘homo floresiensis’ era un ser inteligente pese a su reducido cerebro. “El País” (3-III-2005).
Wong, Kate. El hombre de Flores. “Investigación y Ciencia” 342 (IV-2005) 22-31.
Agencias. El misterio del cráneo sin dientes. “El País” (9-IV-2005). Hallado en Dmanisi, en Georgia, un cráneo desdentado del Homo georgicus de 1,77 millones de años.
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Morris, Desmond. Una foto que afecta a los hombres. “El Mundo” (9-X-2005) 10. Una gorila utiliza una rama para atravesar un río, lo que demuestra que conocen el concepto de herramienta.
Sampedro, Javier. La evolución humana. Humanos y chimpancés, un largo divorcio. “El País” (18-V-2006) 51.
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Pardo, Pablo. La historia del Universo según los creacionistas. “El Mundo” Magazine 335 (30-VII-2006) 16-20. El Museo de la Creación de Cincinnati expone las ideas creacionistas (antidarwinistas, creen que todos los animales eran herbívoros y el mundo nació hace 6.010 años).
Rivera, Alicia. Hallado en Etiopía el esqueleto de una niña de hace 3,3 millones de años. La 'Niña de Dikika' andaba como los humanos, pero también se colgaba de los árboles. “El País” (21-IX-2006) 39.
Tristán, Rosa M. El ‘romance’ entre neandertales y humanos modernos“Mundo” (31-X-2006). La hibridación en Rumanía hace 30.000 años.
Sampedro, Javier. El gen clave que nos pasó un neandertal. “El País” (8-XI-2006) 42. La genética aporta evidencias de un cruce con el “homo sapiens” hace 40.000 años.
Sampedro, Javier. ¿Tenemos sus genes? “El País”, Domingo (10-XII-2006) 1-3. Sobre un relación genética entre el hombre de Neandertal y el homo sapiens sapiens.
Sampedro, Javier. Un europeo un poco neandertal. Un cráneo de ‘Homo Sapiens’ de hace 40.000 años revela el cruce de especies. “El País” (16-I-2007) 72.
Basco, S. Cuando el abuelo era chimpancé. “ABC” (26-II-2007). El hombre y el chimpancé se separaron hace 4 millones de años.
Rivera, Alicia. Los antepasados del hombre iban ya erguidos en los árboles. “El País” (1-VI-2007) 48.
 Rivera, Alicia. Un diente de 1,2 millones de años hallado en Atapuerca replantea la prehistoria europea. El fósil, muy primitivo, es el resto humano más antiguo conocido en el continente. “El País” (30-VI-2007) 40.
Ruiz de Elvira, Malén. Nuevo revolcón en la historia de la evolución humana. “El País” (9-VIII-2007) 33. El Homo habilis y el Homo erectus coexistieron hace 1,5 millones de años en el lago Turkana (Kenia), según hallazgos de Fred Spoor, y Meave y Louise Leakey, madre e hija. Esto implica que es poco probable que el erectus evolucionara desde el habilis y supone que ambas especies debieron tener un antepasado común hace 2-3 millones de años.
Rivera, Alicia. Los neandertales podían hablar como los humanos actuales. “El País” (13-IX-2007) 45.
 “M. R. B.” Los europeos más antiguos podían trepar a los árboles. “El País” (20-IX-2007) 43. El homo georgicus hace 1,77 millones de años.
Redacción. Se buscan genes de neandertal. “ABC” (24-IX-2007). Hallazgo en la cueva de El Sidrón (Asturias).
Tristán, Rosa M. Los neandertales viajaron hasta Siberia“Mundo” (2-X-2007). Hallados restos en los montes Altai.
Tristán, Rosa M. El ‘romance’ entre neandertales y humanos modernos“Mundo” (26-III-2008).
Tristán, Rosa M. Hallan en Atapuerca la mandíbula del homínido europeo más antiguo“Mundo” (27-III-2008). Un homínido, el Homo antecessor, de 1,2 millones de años (400.000 años más antiguo que el anterior resto), en la Sima del Elefante. Los homínidos que salieron de África evolucionaron hacia el Homo erectus en Asia y el Homo antecessor en Europa.
Rivera, Alicia. La lucha feroz por Atapuerca. “El País” (24-VII-2008) 30.
Salomone, Mónica. El Neandertal no era más tonto. “El País” (27-VIII-2008) 31.
Sampedro, Javier. Dos enormes ríos permitieron a los humanos sortear el Sáhara. “El País” (19-X-2008) 36.
Sampedro, Javier. La innovación cultural llevó al gran éxodo de la humanidad desde África. “El País” (31-X-2008) 38.
Rivera, Alicia. Pisadas casi humanas de hace 1,5 millones de años. “El País” (27-II-2009) 33.
Rodríguez, Víctor (texto); Sisson, Robert (fotos). Los Leakey / Una dinastía de antropólogos. “El Mundo” Magazine 496 (19-III-2009). [www.elmundo.es/ suplementos/magazine/2009/496/1238090386.html]
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Redacción. Hallan fósil clave en la evolución humana. “BBC” Ciencia (1-X-2009). Hallazgo por White de ‘Ardi’, una hembra de la especie Ardipithecus ramidus [www.bbc.co.uk/mundo/ciencia_tecnologia/2009/10/091001_fosil_evolucion_men.shtml]
Ruiz de Elvira, Malén. El antepasado más antiguo del hombre era distinto del mono. “El País” (2-X-2009) 34. El ardipitecus ramidusArdi.
Sampedro, Javier. El pequeño gran hombre de Flores. “El País” (25-X-2009) 34-35.
Tristán, Rosa M. Los neandertales comían ‘de tapas’ en la cama. “El Mundo” (19-II-2010). Los neandertales que habitaron en el yacimiento de Abric Romaní, en Barcelona, guardaban los restos de comida para comerlos en el lugar donde dormían.
Agencias (EFE). Los homínidos vivieron en Flores antes de lo que se pensaba. “El País” La Comunidad/Portalciencia (17-III-2010). Se publica en “Nature” que los primeros homínidos llegaron hace un millón de años.
Agencias (EFE). Encuentran en Siberia un homínido desconocido de hace 40.000 años. “El País” La Comunidad/Portalciencia (25-III-2010). La secuenciación genética del hueso de un dedo encontrado en una cueva de Denisova (Siberia) ha permitido a los científicos identificar un tipo de homínido hasta ahora desconocido, que no era Neandertal ni moderno, que vivió en las montañas de Asia Central hace entre 48.000 y 30.000 años.
Ruiz de Elvira, Malén. La Mujer X, un nuevo linaje humano. “El País (25-III-2010) 30. Una nueva especie humana, que convivió hace 40.000 años con los Neandertal y Cromagnon.
Rivera, Alicia. Un nuevo homínido da pistas sobre el origen del hombre. “El País” (9-IV-2010) 39. El Australopithecus sediba, que vivió en África hace dos millones de años, fue hallado por Lee Berger, de la Universidad de Witwatersrand, y datado por Paul Dirks, de la Universidad James Cook, de Australia.
Domínguez, Nuño. Hallado un nuevo primate fósil en un vertedero. “Público” (21-IV-2010). Un primate, el Pliopithecus canmatensis, de 11,7 millones de años, hallado en Can Mata (Barcelona).
Domínguez, Nuño. Los neandertales pudieron tener hijos con los sapiens. “Público” (22-IV-2010).
Rivera, Alicia. Descubierto un homínido de 3,6 millones de años. “El País” (23-VI-2010) 32.  El Hombre Grande es un Australopithecus afarensis de casi 2 m de altura.
Ruiz, Rafael (texto); Sarrá, Jordi (fotos). 1.300.000 años dentro de un museo. “El País” Semanal 1.762 (4-VII-2010) 50-58. El 13 de julio abre en Burgos el Museo de la Evolución Humana. Reportaje gráfico con resumen de los descubrimientos de Atapuerca.
Redacción. Los humanos llevan ocho millones de años de evolución, según un nuevo modelo estadístico. “El País” (5-XI-2010).
Rivera, Alicia. Extrañas en una familia neandertal. “El País” (21-XII-2010) 38.
Rivera, Alicia. El primo del  neandertal. “El País” (23-XII-2010) 40-41.
Rivera, Alicia. La australopiteca Lucy ya andaba como nosotros. “El País” (10-II-2011).
Ariza, Luis Miguel. Nuestros primos neandertales. “El País” Semanal 1794 (13-II-2011) 62-68. Un resumen actualizado sobre los neandertales.
León, Pablo. Almuerzo con… Rodrigo de Balbín: ‘Las preocupaciones de un cromañón eran semejantes a las nuestras. “El País” (28-II-2011) 64.
Sampedro, Javier. Adán y Eva se entendían a besos. “El País” (13-III-2011) 36-37. El origen de la Humanidad está en los khoisán africanos.
Rivera, Alicia. Datados los fósiles más antiguos de humano moderno en Europa. “El País” (3-XI-2011) 43. Un maxilar en Gran Bretaña de 44.000 años y dos dientes infantiles en Italia de 45.000-42.000 años.
Martín-Loeches, Manuel. ¿Qué pintaban los neandertales? "El Cultural" (20-I-2012) 48-49. Analiza la posibilidad de que dejarán rastros de expresiones artísticas, con referencia a los hallazgos de pinturas de focas en la cueva de Nerja.
Redacción. Descubierta en Málaga la que podría ser la primera obra de arte de la humanidad. “La Vanguardia” (7-II-2012). Seis pinturas rupestres de la Cueva de Nerja, que representan a varias focas, pueden tener al menos 42.000 años. Podrían ser obra de los neandertales.
Pérez, F. J. Conjetura sin fin en torno a las pinturas de Nerja. “El País” (10-II-2012) 38.
Rivera, Alicia. Los neandertales casi se extinguieron hace 50.000 años. “El País” (25-II-2012) 33. Según Arsuaga y su equipo de Atapuerca, no se adaptaron al cambio climático y casi desaparecieron hacia el 50.000 aC, se recuperaron brevemente y finalmente desaparecieron.
Jáuregui, Pablo. Entrevista. Franz de Waal / Primatólogo. ‘El hombre es una mezcla del violento chimpancé y el pacífico bonobo’. “El Mundo” (16-III-2012) 72-73.
Guerrero, Teresa. La ‘barbacoa’ más antigua. “El Mundo” (3-IV-2012) 57. Restos de huesos quemados en una cueva de Sudáfrica, de un millón de años.
Arsuaga, Juan Luis. Obituario. Phillip V. Tobias, rastreador de las raíces humanas. “El País” (12-VI-2012) 52. El antropológo sudafricano investigó los homínidos y el desarrollo de la conciencia.
Rivera, Alicia. La mano del neandertal asoma tras las pinturas más antiguas. “El País” (15-VI-2012) 38. Nuevas dataciones del arte rupestre de Asturias y Cantabria revelan que es más antiguo (por ejemplo 40.800 aC en el Panel de las Manos de El Castillo) de lo estimado y abren la duda de qué especie humana lo creó, porque entonces convivían todavía los neandertales y los cromañón.
Noble Wilford, John. Pistas sobre los albores de la música“El País/The New York Times” (21-VI-2012) 6. La nueva datación de los primeros instrumentos musicales, las flautas halladas en el sur de Alemania, en la cuenca alta del Danubio, alcanza al 40.000-41.000 aC.
Bermúdez de Castro, José María. Miguelón cumple… 20 años. “El Cultural” (7-VII-2012) 48-49. ‘Miguelón’, el Cráneo 5 de Atapuerca, fue hallado en la Sima de los Huesos, y es el mejor cráneo homínido conservado, de unos 400.000 años.
De Benito, Emilio. Manzanilla para neandertales. “El País” (19-VII-2012) 40. Los neandertales de la cueva de El Sidrón (Asturias), tomaban hierbas medicinales como manzanilla y aquilea, halladas en sus cálculos dentales.
Sampedro, Javier. Los san lo iniciaron todo. “El País” (31-VII-2012) 31. Hallados en Border Cave (Sudáfrica) los primeros artefactos de la cultura humana moderna, que los bosquimanos san propagaron hace 44.000 años.
Rivera, Alicia. Nuestros tatarabuelos eran tres. “El País” (9-VIII-2012) 28-29. Fósiles descubiertos en Kenia por Maeve Leakey y Fred Spoor demuestran que hubo dos especies coetáneas del Homo erectus hace dos millones de años, el Homo habilis y el Homo rudolfensis, por lo que no es seguro que originaran al primero.
Rivera, Alicia. Dieta variada de los homínidos primitivos. “El País” (9-VIII-2012) 29. Un estudio dirigido por Vicent Bailer, del CNRS francés, estudia la dieta del Paranthropus robustus, exclusivamente vegetariana, del género Homo, carnívora, y de los Australopythecus africanus, más variada.
De Benito, Emilio. El ‘abuelo’ de Asia yacía en Laos. “El País” (21-VIII-2012) 29. Hallazgo de un cráneo de homo sapiens sapiens de 60.000 años, que adelanta 20.000 años la llegada del hombre moderno al sudeste asiático.
Rivera, Alicia. La misteriosa prima del neandertal. “El País” (31-VIII-2012) 30-31. El equipo de Svante Paabo secuencia el ADN de un homínido de Denisova, en  el sur de Siberia, emparentado con los neandertal.
Martínez Mendizábal, Ignacio. Una humanidad perdida. “El País” (31-VIII-2012) 30. Los denisovanos se mezclaron con los neandertales y hace 60.000 años también con los sapiens sapiens, pasando su mezcla de genes a los australianos y melanesios.
Rivera, Alicia. Luz sobre el origen de la humanidad. “El País” (21-IX-2012) 32. El estudio del genoma de 220 personas confirma que los bosquimanos descienden directamente de los primeros humanos modernos. Los lenguajes clic de los khoisan dieron la pista.
Redacción. Mutación genética para la expansión del ‘Homo sapiens’. “El País” (26-IX-2012) 36. Una mutación genética hace 85.000 años permitió a la especie expandirse por África. Afecta al aprovechamiento de ácidos grasos vegetales para aumentar el tamaño del cerebro.
Rivera, Alicia. Lanzas con puntas de piedra de hace medio millón de años. “El País” (15-XI-2012). Descubrimiento en Kathu Pan 1 (Sudáfrica), por el equipo de Jayne Wilkins, de la Universidad de Toronto, de que unas puntas halladas por Peter Beaumont en 1979-1982 se remontan a 500.000 años, según datación de Michael Chazan. Las anteriores puntas tenían 300.000 años.
Rivera, Alicia. Armas de la edad de piedra. “El País” (21-XI-2012) 35. Más información sobre las lanzas de medio millón de años.
Sampedro, Javier. Neander Park. “El País” (23-I-2013) 30-31. La posibilidad de resucitar a los neandertales.
Bethge, Philip; Grolle, Johann. George Church / Experto en Biología Sintética de la Universidad de Harvard. ‘El modo de pensar del neandertal podría resultarnos beneficioso’. “El País” (23-I-2013) 31.
Rivera, Alicia. No era el último neandertal. “El País” (4-II-2013). Los restos de neandertal de Gibraltar tienen 46.000 años, más de 10.000 años antes de lo que se creía, por lo que ya no se considera el último de su especie. En el norte de España hay restos de 42.000 aC.
Rivera, Alicia. El ‘Antecessor’ de Atapuerca medía 173 centímetros. “El País” (27-II-2013) 40.
Rivera, Alicia. Un extraño homínido que aspira a cambiar la historia evolutiva. “El País” (9-IV-2013). El Australopithecus sediba.
Rivera, Alicia. Homínidos africanos algo duros de oído. “El País” (22-V-2013) 36. El desarrollo inicial del oído.
De Benito, Emilio. Encontrada la herramienta más antigua de Europa en Atapuerca. “El País” (25-VII-2013) 31. Un cuchillo de sílex de 3 cm, fechado en 1,4 millones de años, prueba que había homínidos en el sur de Europa en esa época. También se ha hallado la escápula (en el omoplato) de un niño de hace 800.000 años, un hallazgo rarísimo.
Rivera, Alicia. Un nuevo cráneo agita el debate de la evolución. “El País” (18-X-2013) 38. Noticia en “Science” sobre los fósiles humanos de Dmanisi, en Georgia.

PROGRAMACIÓN.
PROCESO DE HUMANIZACIÓN Y CULTURA MATERIAL. LA APOR­TA­CIÓN DEL LA ANTROPOLOGÍA HISTÓRICA.
UBICACIÓN Y SECUENCIACIÓN.
ESO, 2º ciclo.
Eje 2. Sociedades históricas y cambio en el tiempo.
Bloque 4. Sociedades his­tóricas.
Núcleo 2. Socie­dades prehistóri­cas, primeras civilizacio­nes y Anti­güedad clá­sica. En el apartado: - Las sociedades prehistó­ricas cazadoras y reco­lectoras.
RELACIÓN CON TEMAS TRANSVERSALES.
Con temas de Educación Cívica y Moral y Educación Ambien­tal.
TEMPORALIZACIÓN.
Cuatro clases.
1ª Documental. Diálogo con cuestiones para evaluación previa. Exposición del profesor.
2ª Exposición del profe­sor. Cuestiones.
3ª Exposición del profe­sor con repaso y refuerzo. Esquemas y comentarios.
4ª Exposición del profe­sor con repaso y refuerzo. Esquemas, comentarios, actividades de debate y síntesis.
La mayor parte de las actividades de grupo e individuales se harán en horario fuera de clase y se entregarán en la si­guiente sesión, para su evaluación por el profesor.
OBJETIVOS.
Plantear una visión general del concepto de hominización.
Resumir el ori­gen y la evolu­ción del hombre.
Re­sumir y clasi­fi­car los mitos y las teorías cien­tífi­cas al res­pecto.
Explicar los principales datos pa­leoantro­poló­gicos so­bre el te­ma.
CONTENIDOS.
A) CONCEPTUALES.
Principales teorías sobre el origen del hombre:
- Las nocio­nes antropogénicas en la antigüedad.
- La evolu­ción del rei­no ani­mal y la genealogía humana según Dar­win.
- Las hipó­tesis recien­tes acerca del origen del hombre.
El proceso de hominización:
- Los factores de la hominización y de la extinción de los an­tro­poi­des fósiles.
La evolución de hombre: desde los primeros hominoideos de África a los primeros homínidos, los neandertales y los prime­ros humanos modernos.
B) PROCEDIMENTALES.
Comprensión de conceptos de tiempo largo y lento, y de cau­salidad múltiple.
Análisis, interpretación y síntesis de información para formar conceptos abstractos.
Clasificación y registro con fichas y esquemas.
C) ACTITUDINALES.
Rigor crítico y curiosidad científica.
Desarrollar el interés por la comprensión de las etapas de la evolución humana y de sus cam­bios fisiológicos.
METODOLOGÍA.
Expositiva y participativa.
En el diálogo de la primera sesión se hará una encuesta previa entre los alumnos sobre lo que es ho­miniza­ción, para conocer sus ideas y errores, para aclararlos en cla­se.
MOTIVACIÓN.
Un documental, con diálogo que sirva de evaluación previa.         
ACTIVIDADES.
A) CON EL GRAN GRUPO.
Documental, con diálogo que sirva como encuesta previa sobre los conocimientos de los alum­nos.
Exposición didáctica del tema por el profesor, apoyado en materia­les atractivos.
Lectura y coloquio sobre un libro o artículo.
Comentario sobre la película En busca del fuego, de Jean-Jacques Annaud.
B) EN EQUIPOS DE TRABAJO.
Hacer una línea de tiempo de la evolución humana.
Realizar esquemas sobre las características de la evo­lu­ción humana y sus formas culturales.
Un mural sobre la evolución humana, con imágenes de los distintos tipos humanos.
Comentarios de textos y artículos sobre las principales teorías.
Debate sobre las diversas tesis científicas.
C) INDIVIDUALES.
Realización de apuntes esquemáticos sobre la UD.
Participación en las actividades grupales.
Búsqueda individual de datos en la bibliografía, en debe­res fuera de clase.
Contestar cuestiones en cuaderno de trabajo, con diálogo previo en grupo.
RECURSOS.
Presentación digital (o transparencias y diapositivas), mapas.
Libros de texto, manuales.
Fotocopias de textos para comentarios.
Cuadernos de apuntes, esquemas...
Documental y película.
EVALUACIÓN.
Debe ser continua, tanto de los equipos como de los indi­viduos, valorando los contenidos.
Una prueba escrita, junto a otras UD, que valore conoci­mientos, capacidad de sín­tesis y relación, mediante unas pre­guntas de tipo test, un comentario de Dar­win u otro autor, y una pregunta larga: Por ejemplo factores de la hominización.
RECUPERACIÓN.
Entrevista con los alumnos con inadecuado progreso.
Realización de actividades de refuerzo: esquemas, comenta­rio de textos...
Examen de recuperación (junto a las otras UD).


APÉNDICES DOCUMENTALES.
Los alumnos pueden hacer como actividad inicial de motivación, así como actividad  transversal sobre la igualdad de la mujer, comentarios sobre textos, de los que se reproducen algunos particularmente interesantes por su sencillez de comprensión y porque ayudan a motivar a los alumnos.

Rivera, Alicia. Entrevista. Meave Leakey / Paleontropóloga. ‘El primer homínido seguro tiene 4,1 millones de años’. “El País” (24-V-2000). La entrevistadora,  Rivera, ha obtenido galardones por su extraordinaria labor periodística en la divulgación de la ciencia.
‹‹Meave Leakey, británica, lleva más de 30 años en Kenya, alternando su trabajo científico y su residencia entre Nairobi y las expediciones en busca de fósiles. Las duras condiciones del trabajo de campo han dejado huella en el rostro curtido de esta mujer delgada, que ronda los 60 años, y que sorprende por su porte distinguido, su amabilidad y su modestia al hablar de sus descubrimientos sensacionales de homínidos de hace más de cuatro millones de años. Muchísimo más recientes, de hace unos 15.000 años, son las pinturas de Altamira, y Leakey se quedó fascinada al verlas —“¡Estos hombres eran artistas!”, comentó en la cueva— en su primera visita a España, la semana pasada, invitada por la Fundación Botín para dar una conferencia en Santander. Ella es una de las grandes figuras de la paleoantropología internacional y pertenece a una familia en la que los hombres —Louis Leakey y su hijo Richard— son los famosos, los intrépidos, los organizadores y los más controvertidos de la saga, y las mujeres -Mary, esposa de Louis, y Meave, esposa de Richard- son las buenas científicas. “Tal vez porque las mujeres somos más pacientes”, dice Meave. Ahora, su hija primogénita, Louise, como paleontóloga, está preparada para seguir con la ciencia de la familia.
Louis Leakey murió en 1972, Mary en 1996, su hijo Richard se ocupa de responsabilidades políticas en Kenya desde hace unos años y es su esposa, Meave, quien dirige el departamento de Paleontología del Museo Nacional de Kenya y las expediciones en busca de fósiles.
Pregunta. Ahora es usted la líder científica de la saga Leakey.
Respuesta. Me fascina la paleontología humana.
P. ¿Por qué?
R. Las personas son curiosas, se hacen preguntas y buscan respuestas, quieren saber... Al buscar y estudiar fósiles podemos encontrar respuestas, y si no es exactamente lo que buscas, puedes dar con algo imprevisto interesante.
P. ¿Pero por qué precisamente la evolución humana? Desde el punto de vista científico, son igualmente interesantes los fósiles de monos o de otros animales.
R. Porque se trata de nosotros mismos. Los dinosaurios pueden ser sexy, pero los ancestros del hombre... somos nosotros.
P. ¿Por esto decidió dedicarse a la paleoantropología?
R. No fue una decisión premeditada. Estudié zoología marina, pero en aquella época, siendo mujer, era difícil encontrar trabajo. Resulta que el padre de Richard, Louis, puso un anuncio en un periódico londinense para un trabajo en Kenia con monos. Lo solicité, me contestó que sí y me fui a Kenia.
P. ¿El hecho de pertenecer a la familia Leakey hace las cosas más fáciles o más difíciles en paleontología?
R. No lo sé. Hay algo de magia en la familia Leakey, que ha hecho tantos descubrimientos clave. Por un lado, se espera mucho de ti y tienes que trabajar muy duro. Por otro, pertenecer a una familia realmente interesada en la paleontología te ayuda porque aprendes mucho de tus mayores. Creo que en general te pone las cosas algo más fácil.
P. Usted ha encontrado el homínido más antiguo que se conoce, el Australopithecus anamensis.
R. Sí, es el homínido seguro más antiguo. El primer fósil lo encontramos en 1994, en el yacimiento de Kanapoi, en el suroeste del lago Turkana [Kenya], y luego hemos encontrado más. Tienen 4,1 millones de años y digo que es el homínido más antiguo seguro porque Tim White ha encontrado fósiles en Etiopía que él afirma que son de homínido, de hace 4,4 millones de años, Ardiphitecus ramidus, pero no está claro que sea bípedo, que en general se considera la clave para ser homínido.
P. ¿Anamensis está con seguridad en la línea evolutiva humana?
R. Sí. Tenemos una tibia, y es con seguridad de un bípedo, porque es un hueso muy robusto, de una pierna capaz de soportar el peso del cuerpo, mientras que la tibia de un chimpancé no es tan fuerte.
P. ¿Tiene muchos fósiles de esta especie?
R. Unos cuarenta. La mayoría son fragmentos de cráneo y dientes, trocitos de mandíbula, además de la tibia y un hueso de la muñeca y otro de un dedo.
P. ¿Son suficientes para hacerse una idea de cómo sería el animal, el anamensis?
R. Sería muy parecido a un mono en cuanto a su cabeza, con cerebro pequeño y morro alargado. Pero era un animal erguido, y en este sentido se parecería a un humano moderno. Su cuerpo, con las caderas anchas en lugar de tener un torso en forma de barril, también sería simiesco, con los brazos largos en relación a las piernas.
P. ¿Se parecería a Lucy, el famoso esqueleto casi completo algo más moderno que anamensis?
R. Sí. Pero las manos, por ejemplo, no son exactamente iguales, tendría menos destreza manual que Lucy, que tiene 3,5 millones de años. Pero éste es un rasgo importante porque la destreza manual es una característica clave de los humanos.
P. Pero el hecho de caminar sobre dos piernas es lo que caracteriza a nuestros antepasados.
R. Sí. Creo que es la primera característica definitiva. Es lo que nos permite ser nosotros porque el bipedismo libera las manos y éstas ganan destreza. Si tienes que utilizar las manos para agarrarte a los árboles, tendrás dedos muy fuertes. En resumen, en una secuencia en que primero aparece el bipedismo que libera las manos y éstas se hacen más diestras, después se agranda el cerebro, que es lo que nos hace realmente humanos. Pero esta evolución del cerebro es tardía.
P. Cree usted que ramidus está en la línea humana?
R. No he visto todos los fósiles; sólo vi los del primer año, cuando habían encontrado fragmentos de cráneo y basándose en ellos pensaban que podía ser bípedo, pero no es seguro. Ahora tienen muchos más, un esqueleto casi completo, huesos de piernas y brazos. Tim los publicará este año o el que viene y podremos hacer comparaciones y análisis, ya veremos si es un homínido o no.
P. Parece que últimamente hay menos peleas entre los paleoantropólogos que hace años. ¿Se dedican ahora los científicos más a la ciencia?
R. Sí. En los primeros tiempos había más grandes figuras. Louis Leakey era un personaje carismático que realmente representaba entonces la paleontología. Ahora, el trabajo en Turkana implica a equipos enormes de personas dedicadas a la geología, a diversos aspectos de la fauna, etcétera, y el protagonismo no está en una persona, sino en equipos multidisciplinares. El tiempo de las individualidades ha pasado; hoy, un solo nombre no significa nada.
P. ¿Qué tal se lleva usted con Tim White?
R. Tim y yo discutimos las cosas muy bien, sin esos problemas del pasado. Siempre hay debates, porque uno quiere demostrar lo que afirma o encontrar algo mejor que lo que hay, o algo diferente, o algo que pruebe una idea, y esto es bueno para la ciencia.
P. ¿La situación política en África es una amenaza para el progreso de la paleontología allí?
R. Etiopía está en una situación crítica. En Kenya, Turkana está cerca de la frontera con Etiopía y ahora empieza a haber muchas armas por allí. En África hay tanta pobreza que la gente tiene la tentación, si tiene armas, de usarlas para robar y crear problemas. En este sentido, las cosas se han complicado.
P. ¿Le interesa la evolución humana más reciente, el hombre de Atapuerca y los neandertales, o están demasiado lejos de los homínidos remotos que usted investiga?
R. Son realmente interesantes, porque hay muchas preguntas difíciles de contestar, como ¿cuándo se hicieron realmente humanos nuestros antepasados?, o ¿cuándo empezó el lenguaje? En África no hay muchos datos de ese periodo de la evolución.
El mito, la familia y los fósiles africanos.
Louis Leakey, su segunda esposa, Mary, su hijo Richard y su también segunda esposa, Meave, han escrito gran parte de la historia de la paleoantropología. Louis, el mítico fundador de la saga, lleno de pasión por los orígenes del hombre en África, con olfato para encontrar sus vestigios y habilidad indiscutida para popularizar sus hallazgos, fue la gran figura de la época más aventurera de la búsqueda de fósiles en el África. Sus descubrimientos, junto con su esposa (como el primer cráneo de homínido hallado en este de África y el hallazgo del Homo habilis), se alternaron con interpretaciones muy discutidas de la evolución humana. Mary fue más rigurosa como científica y en su haber está, por ejemplo, la exploración de la garganta de Olduvai (Tanzania), donde encontró miles de instrumentos de piedra de hace dos millones de años, y el hallazgo de las huellas de homínidos de Laetoli (Tanzania), las más antiguas que se conocen (3,5 millones de años).
En las fotos de la familia aparece a menudo su hijo Richard, de niño, escarbando fósiles que habrían dejado sin habla a muchos científicos. Él heredó el tesón de sus progenitores y se buscó un lugar propio en la paleontología explorando y abriendo yacimientos cerca del lago Turkana (Kenya). Allí encontró el esqueleto de un Homo erectus de 1,6 millones de años. Los Leakey, sobre todo Richard, han mantenido las broncas más agrias de la paleoantropología, especialmente con el estadounidense Donald Johanson, que encontró el esqueleto Lucy en Etiopía.››

Redacción. Entrevista. Meave Leakey. “Muy Interesante” (24-IV-2009). [www.muyinteresante.es/meave-leakey]

Meave Leakey y ella con su equipo en una excavación de campo en Kenia.

‹‹La familia Leakey es la saga más famosa de paleoantropólogos del mundo, autores de numerosos hallazgos claves para el estudio de la evolución humana en África oriental. Meave Leakey, descubridora en 1999 junto a su hija Louise de una nueva especie de homínido, el Kenyanthropus platyops, ha venido a España para recoger un premio de la Sociedad Geográfica.
P. ¿Qué supone el Kenyanthropus en el estudio de la evolución humana?
R. Antes del hallazgo de Kenyanthropus platyops, sólo se conocía una especie de homínidos que vivieran hace 2,5 millones de años o antes. Se trataba de Australopithecus afarensis, especie a la que pertenece Lucy, el esqueleto encontrado en Hadar (Etiopía). Debido a la falta de evidencias fósiles, la creencia general era que no existía diversidad en el linaje humano en fechas anteriores a 2,5 millones de años, lo cual implicaba que Lucy debía ser el ancestro común de todos los homínidos posteriores. Pero esta teoría no parecía correcta, pues habría significado que la evolución humana era una excepción entre los mamíferos, donde la diversidad es la norma, con ramas de linajes distintos que han conducido a la fauna actual. La explicación más plausible es que en aquellos tiempos ya existían otras especies de homínidos de los cuales hasta ahora no habíamos encontrado restos.
Sabemos que la línea evolutiva humana se separó de la de los simios hace entre 5 y 7 millones de años. Pero antes del hallazgo de Kenyanthropus, apenas sabíamos nada acerca del largo intervalo de tiempo desde que se produjo esa escisión hasta la aparición de Lucy, hace 3,5 millones de años. Por eso se creía que nuestros ancestros evolucionaron sin ramificaciones durante unos 3 millones de años. Ahora este vacío temporal empieza a ser completado con descubrimientos como el de Kenyanthropus platyops, datado hace 3,5 millones de años, que muestra que entonces pasaban cosas y existía diversidad entre los homínidos en tiempos de Lucy. El hallazgo de Kenyanthropus, también implica que aunque Australopithecus afarensis, pudiera ser el ancestro común de todos los homínidos posteriores, también podría ser el ancestro únicamente de algunos de ellos o incluso de ninguno. Y lo mismo cabe decir de Kenyanthropus platyops, que también sería un antecesor potencial de todos o de algunos homínidos posteriores, o bien podría haberse extinguido sin descendencia.
P. ¿En qué rama del árbol de los homínidos se sitúa?
Kenyanthropus platyops tiene un característico rostro aplanado –de ahí el apellido platyops– que le distingue claramente de Australopithecus afarensis, cuyo morro alargado es más simiesco, y de casi todos los demás homínidos conocidos. El único con una cara similar es Homo rudolfensis, un cráneo procedente de sedimentos más jóvenes del lago Turkana, en Kenia, datado en 1,8 millones de años. Lamentablemente, sólo tenemos el cráneo deteriorado y parte de la mandíbula superior de Kenyanthropus; hacen falta más pruebas para poder clasificarlo con precisión.
P. ¿Qué tienen de especial Olduvai y Turkana para la paleontología?
R. La garganta de Olduvai, situada en las llanuras del Serengeti, en Tanzania, fue descubierta a inicios del siglo XX y desde el principio mostró una inususal riqueza en fósiles y yacimientos arqueológicos. Sin embargo, en la época de su descubrimiento se creía que los orígenes humanos estaban en Eurasia; no se consideraba que África fuera un lugar para buscar pruebas de nuestros ancestros. De hecho los australopitecus hallados en Sudáfrica en los años 20 y 30 fueron considerados simios. Pero mi suegro Louis Leakey, que había nacido en Kenia y pasado su infancia recopilando herramientas de piedra, siempre creyó que África era la cuna del hombre. Por eso visitó la garganta de Olduvai en 1931 con su mujer Mary y siguió haciéndolo durante años para excavar yacimientos donde encontró cientos de fósiles de animales antiguos mientras confiaba en hallar restos de ancestros humanos. En 1959 su tenacidad se vio recompensada y Mary descubrió un cráneo casi completo de Paranthropus boisei, lo que animó a la National Geographic Society a financiar sus investigaciones. Así pudieron concentrarse en el trabajo en Olduvai, que fructificó en importantes descubrimientos de varias especies de homínidos, entre ellas Homo habilis, en 1960, y después Homo erectus. Olduvai es, pues, especial por los restos de ancestros humanos y su excepcional riqueza prehistórica, con vestigios de hace 2 millones de años hasta el presente que han aportado datos claves sobre nuestra evolución y comportamiento. Además, puso a África oriental en el mapa y condujo a la aceptación general de que ese continente era la cuna de la humanidad.
El lago Turkana y su cuenca constituyen un espacio mucho más extenso, de 200 km de longitud, repleto de yacimientos fósiles y sedimentos que abarcan desde el Cretácico –hace 100 millones de años– hasta los milenios más recientes, pero que destaca especialmente por los abundantes registros de los últimos 6 millones de años, cuando los homínidos evolucionaron desde simios hasta Homo sapiens. Las excavaciones realizadas en los últimos 40 años han fructificado en un número sin precedentes de cráneos y esqueletos magníficamente conservados de nuestros ancestros desde hace 5 millones hasta el presente, sin parangón en ningún otro sitio. Turkana seguirá aportando excitantes hallazgos en el futuro.
P. ¿Qué le gustaría encontrar en próximas excavaciones?
R. Aún quedan muchas lagunas en el conocimiento de nuestro pasado. ¡Cuanto más descubrimos más preguntas aparecen! Yo estoy particularmente intrigada por el origen y aparición del género Homo. Se han catalogado varias especies posteriores al fósil más antiguo de Homo, datado en 2,3 millones de años: Homo habilisHomo erectusHomo rudolfensis. Sabemos bastante sobre Homo erectus porque se encontró un esqueleto joven al oeste del lago Turkana en 1984 que nos ha dado bastantes pistas sobre el tamaño de su cerebro, locomoción, modo de vida y desarrollo. Además fue el primer ancestro humano que salió de África y se expandió, por lo cual se han hallado cráneos de la especie también en Eurasia. En cambio sabemos muy poco de Homo habilis y Homo rudolfensis, si se trata de especies distintas y cuántas hubo realmente, y no podremos entender sus relaciones y comportamiento hasta que no hallemos esqueletos unidos a cráneos: ¡eso es lo que más me gustaría encontrar!
P. ¿Cuáles son sus retos como investigadora?
R. Lo que más me preocupa es encontrar financiación y la interacción con la población de Kenia. Vivo en un país pobre cuyas prioridades van a educación, salud e infraestructuras; el gobierno no tiene fondos para invertir en investigación y hay que buscarlos fuera, lo cual no es fácil. Además trabajo en un área remota cuyos habitantes suelen quedar al margen de la mayoría de los proyectos de desarrollo que tienen lugar en el país. Por eso hemos creado el Turkana Basin Institute, con dos centros de investigación al este y oeste del lago y participación de la población local. Ya hay bastantes proyectos en marcha cuyos responsables reciben apoyo logístico del Instituto, que a la vez da empleo, seguridad y otros beneficios a los locales. También estamos recaudando dinero para escuelas, hospitales y becas, y en asociación con la Stony Brook University de Nueva York y la United States International University de Kenia, el Turkana Basin Institute ofrece ayudas para la investigación, posdoctorado y otras ventajas.
P. ¿Qué hay del hallazgo de un hueso de Homo habilis posterior a los del Homo erectus, un paso evolutivo supuestamente posterior. Homo habilis-Homo erectus: ¿quién llegó primero? ¿Pudieron coexistir?
R. En 2007 publicamos un artículo en “Nature”, que describía nuevos restos encontrados en la orilla Este de Turkana: un cráneo de Homo erectus datado en 1,56 millones de años y un maxilar de Homo habilis datado en 1,44 millones de años. El primer Homo habilis conocido procede de Olduvai y su edad es de unos 1,8 millones de años, la misma que algunos de los fósiles más primitivos de Homo erectus. de Turkana. La juventud de este nuevo maxilar de Homo habilis demuestra que Homo habilis y Homo erectus coexistieron durante alrededor de medio millón de años, haciendo improbable que una de las dos especies hubiera dado origen a la otra. Probablemente coexistieron como tantas especies cercanas de diferentes linajes de mamíferos hicieron en el pasado y siguen haciendo hoy.
P. ¿Qué opina de Atapuerca?
R. Creo que es uno de los yacimientos más importantes del mundo y uno de los más insólitos y fascinantes. ¡Sueño con poder visitarlo algún día!››

*<Mujeres en la Prehistoria>. Valencia. Museo de Prehistoria de Valencia (2006). Comisaria: Begoña Soler. Reseña de Bono, Ferran. La prehistoria fue más igualitaria. Una muestra y un libro reivindican el papel de la mujer en el Paleolítico. “El País” (29-VI-2006) 104. El texto tiene además una lectura transversal, sobre la igualdad del hombre y la mujer.
‹‹Ellas no sólo se ocupaban de los niños; también se dedicaban a la caza menor o a la pesca. La sociedad prehistórica era más igualitaria que la sociedad moderna. Al menos, por lo que respecta al reparto de tareas entre los hombres y las mujeres. Puede parecer sorprendente, pero no lo es. Las sociedades que giran en torno a la naturaleza y viven en contacto directo con ella actúan de manera más igualitaria. Y no hace falta remontarse en el tiempo para comprobarlo. Las comunidades amazónicas que subsisten aún, inmersas en la naturaleza, atestiguan estas pautas de comportamiento.
La exposición *<Mujeres en la Prehistoria>. Valencia. Museo de Prehistoria de Valencia (2006), evidencia el papel activo que desempeñó la mujer en todos los ámbitos de la vida y no sólo en el doméstico. La idea de que el hombre se dedicaba a la caza mayor y la mujer a cuidar de la prole es tan falsa como la tendencia a asociar el uso de una punta o de un anzuelo a sólo al hombre y no a la mujer, por ejemplo.
El registro prehistórico documenta que también las mujeres se dedicaban a la caza menor, a pescar, a cultivar el campo, a recolectar, a atender a los niños y a lo que hiciera falta. No en vano, la muestra refleja ‹‹cómo hombres y mujeres de nuestro pasado más lejano formaron grupos de personas que se unieron para obtener mejor calidad de vida, que compartieron esfuerzos y recursos para sobrevivir. Mujeres, hombres, jóvenes, mayores, niños y niñas dejaron el testimonio de su existencia en el suelo en que vivieron››.
Begoña Soler, comisaria de la exposición, explica: ‹‹Desde el siglo XIX, la investigación desarrollada en Europa sobre la prehistoria ha proporcionado un conocimiento exhaustivo de los modos de vida de las sociedades del pasado. Sin embargo, es fácil comprobar cómo la presencia de la mujer en la mayor parte de los textos y de las imágenes de exposiciones divulgativas es casi nula, apareciendo siempre el hombre prehistórico, el neutro masculino››.
La arqueología del género es una disciplina surgida al calor de los movimientos feministas de los años sesenta del pasado siglo. Bonet explica: ‹‹La arqueología del género sigue ligada al movimiento de reivindicación y persigue resaltar, a través de nuevas lecturas de la cultura material y del registro arqueológico, la importancia que tuvo la mujer tanto en la vida privada como en la vida pública››. La Venus de Willendorf (Austria) o la Venus de la capucha (Francia), representaciones paleolíticas de mujeres: ‹‹Son réplicas de las mal llamadas venus, que es un concepto clásico. Esas piezas no siempre representan a diosas o mujeres idealizadas. A veces son simples representaciones de una mujer de su tiempo››.››

Rodríguez, Víctor (texto); Sisson, Robert (fotos). Los Leakey / Una dinastía de antropólogos. La familia que excava unida permanece unida. “El Mundo” Magazine 496 (2009). [www.elmundo.es/suplementos/magazine/2009/496/1238090386.html]
‹‹La familia que excava unida permanece unida.
Durante 90 años y tres generaciones, la familia Leakey ha protagonizado, entre adulterios, peleas y extravagancias, algunos de los mayores descubrimientos antropológicos de la Historia. Ellos fijaron la cuna de la Humanidad en África. «Ser un Leakey es un reto», dice la actual matriarca.
Tenía 13 años y hacía lo que hacen los niños de 13 años: cazar con miembros de la tribu kikuyu, aprender su lengua, montar su propio museo de historia natural... Aspiraba a ser misionero, como sus padres, un matrimonio anglicano que se había establecido en Nairobi (Kenia). Pero ese día Louis Leakey encontró lo que parecía una herramienta de hacía miles de años. Se la llevó a un amigo de la familia, Arthur Loveridge, conservador del Museo de Historia Natural de Nairobi, quien le confirmó que era un resto prehistórico. No era un hallazgo trascendental, pero el efecto que tuvo en el chaval fue tan deslumbrante que cambió para siempre la historia de la antropología. Desde aquel día de 1916, el nombre de algún Leakey ha estado detrás de algunos de los hallazgos más importantes para entender la evolución humana.
Durante 90 años y tres generaciones, y a pesar de enredos amorosos, desencuentros y sonadas peleas públicas, los Leakey han excavado unidos la garganta de Olduvai (Tanzania) y las inmediaciones del lago Turkana (Kenia). Ahora, la Sociedad Geográfica Española (SGE) ha querido reconocer la labor de toda la familia concediéndoles su premio anual.
«Ser un Leakey es un desafío», asegura Meave Leakey, 66 años, nuera de Louis, descubridora de especies como el Australopithecus anamensis y el Kenyanthropus platyops, y la mujer que pasado mañana recogerá el premio de la SGE en nombre de la saga. «Recién terminada la universidad, solicité plaza en un centro de investigación con primates impulsado por Louis Leakey. Me entrevisté con él y me pareció un hombre especial: su energía, su entusiasmo, la cantidad de cosas que le interesaban...».
Tiempo después, en Kenia, Meave tendría la ocasión de conocer a los demás Leakey y quedar igualmente impresionada, particularmente por Richard, hijo de Louis con quien terminaría casándose en 1970. Pero no adelantemos acontecimientos...
La descripción que Meave Leakey hace de su suegro no falta a la verdad, aunque en la figura del patriarca también hay alguna sombra. Si consideramos que su «energía» y su «entusiasmo» pudieron llevarle a anunciar ciertos hallazgos precipitadamente, y que entre «la cantidad de cosas que le interesaban», junto a fósiles, primates y la teoría de la evolución, figuraban también las jovencitas de buen ver, el retrato resultaría bastante más completo.
Nada de eso, sin embargo, empaña un hecho incontrovertible. Louis Leakey ha sido el paleontólogo que más ha hecho por situar África como cuna de la Humanidad. Hoy es una verdad incuestionablemente asumida, pero cuando en los años 20 del siglo pasado Leakey empezó a remover la tierra africana, la creencia más difundida era que el hombre venía de Asia.
Ya desde que llegó a Cambridge desde Kenia, con apenas 20 años, el joven Leakey empezó a difundir su hipótesis. Se licenció en Antropología y Arqueología en 1925, participó en expediciones, publicó sus primeros libros, impartió sus primeras conferencias... Su estrella era irresistiblemente ascendente. Hasta el incidente Boswell.
En 1932 Leakey había encontrado varios cráneos y una mandíbula en las zonas de Kanam y Kanjera, en Kenia. Las dataciones le permitieron asegurar que eran los restos del antecesor del hombre más antiguo encontrado hasta la fecha. Para acreditarlo, invitó al geólogo Percy Boswell a que estudiase el yacimiento. Pero, cuando llegaron, las marcas de hierro con que había señalizado el lugar habían desaparecido. Cuenta la leyenda que se las habían llevado los nativos para fabricar flechas.
Durante un mes, Leakey y Boswell estuvieron buscando restos sin ningún resultado. A su regreso a Inglaterra, Boswell escribió un demoledor artículo sobre la falta de rigor de los métodos de Leakey que le perseguiría hasta el final de sus días.
Su reputación quedó también lastrada por otro episodio, éste extracientífico. En 1933, Leakey abandonó a su esposa, Frida, por la mujer, 10 años más joven, que había ilustrado uno de sus libros. Con Frida había tenido una hija y esperaba otro. Y aunque en el mundo académico de entreguerras tener una querida era aceptable, dejar a la propia con una hija y embarazada del segundo, no lo era tanto.
A pesar del ostracismo que le acarreó, la decisión se acabó revelando un fenomenal golpe de suerte. Mary Nicol –desde 1936, cuando Louis obtuvo el divorcio de Frida, Mary Leakey– compartía la pasión por la arqueología. No había ido a la universidad –de hecho, se vanagloriaba de no haber aprobado ni una asignatura en el bachillerato–, pero era rigurosamente escrupulosa en sus procedimientos. El complemento perfecto para el arrebatado Louis.
«Una de las razones de que el trabajo de los Leakey haya sido tan estudiado, además de su valor, es que Mary llevaba un registro de las excavaciones muy exacto, algo poco habitual», explica Manuel Domínguez-Rodrigo, profesor de Prehistoria de la Universidad Complutense que ha trabajado en Olduvai y tratado a miembros de la saga.
El cráneo del ‘Cascanueces’.
En los años 40 y 50, el matrimonio fue realizando notables descubrimientos en Olduvai según nacían sus hijos Jonathan (1940), Deborah (1942, fallecida a los tres meses), Richard (1944) y Philip (1949). Hasta que un día de 1959, Mary encontró un robusto cráneo con enormes dientes. «Lo bautizaron Zijnanthropus boisei en honor del mecenas suizo que financiaba su trabajo [Zijn] y de una tribu keniata [boisei], pero entre ellos lo llamaban Cascanueces por la fuerza de sus mandíbulas», cuenta Jordi Serrallonga, profesor de la Universidad de Barcelona y miembro de la SGE. Se estimó que tenía 1,75 millones de años. E inicialmente pensaron que había sido el autor de las herramientas que habían hallado en las inmediaciones.
Era un descubrimiento extraordinario. Posteriormente, Mary y su hijo Jonathan dieron con restos de otro homínido más cercano en el tiempo, el Homo habilis, que más plausiblemente habría sido el autor de esas herramientas. Pero, en 1959, el hallazgo del Zijnanthropus atrajo la atención del mundo antropológico y de los mecenas. Hasta ese momento, los Leakey habían trabajado con presupuestos exiguos, pero desde ese año la National Geographic Society, editora de la prestigiosa revista, financió casi todas sus investigaciones.
Louis y Mary empezaron a distanciarse a partir de entonces. Mientras ella profundizaba en su misantropía y disfrutaba cada vez más de la soledad del trabajo de campo, apenas acompañada de sus cinco dálmatas y los puros que fumaba uno tras otro, él viajaba por el mundo conferenciando, recaudando fondos y reclutando jóvenes colaboradoras. Murió en 1972, cuatro años antes del considerado mayor descubrimiento de Mary Leakey: las huellas de Laetoli, unos rastros fosilizados que prueban que hace tres millones de años nuestros ancestros ya caminaban sobre dos piernas.
Mary falleció en 1996, pero desde mucho antes los Leakey ya tenían sucesor. Su hijo mayor, Jonathan, ya había asumido responsabilidades en las excavaciones familiares antes de cumplir 20 años, pero el llamado a continuar el reinado era el segundo, Richard. Y eso que trató de escapar a su destino organizando safaris. Fue inútil: a los 18 años estaba hasta el cuello en la paleontología.
Tras discutir en público con su padre por la gestión de los museos nacionales de Kenia, Richard tuvo su gran momento en 1967. Viajaba en avión de Etiopía a Kenia cuando el piloto informó de que se iban a desviar para esquivar una tormenta. El avión pasó así muy cerca del lago Turkana. Desde el aire, Richard creyó identificar una interesante zona fosilífera.
Cuando, tiempo después, organizó una expedición allí, dio con Koobi Fora, una zona keniata espectacularmente rica en fósiles. De allí, el equipo de Richard Leakey ha extraído, entre otros restos valiosísimos, el esqueleto del niño de Turkana, un Homo erectus –Homo ergaster para otros– de 1,6 millones de años.
Fue un extraordinario golpe de lo que algunos llaman «la suerte de los Leakey» (en inglés, Leakey’s luck). No era la primera vez ni sería la última. Las huellas de Laetoli, por ejemplo, se hallaron por accidente cuando miembros del equipo jugaban a tirarse excrementos secos de elefante. La expresión se ha utilizado peyorativamente. «La suerte de los Leakey es una persistencia dogmática en seguir buscando cuando parece imposible que vaya a aparecer nada», se defiende Meave Leakey. «Hay que elegir el lugar correcto, pero también hace falta paciencia y un equipo que no ceje en la búsqueda pese al calor, el polvo o el viento. Y algo de suerte, claro».
Richard Leakey no tardaría en convertirse en una eminencia, a pesar de que, como su madre, no había ido a la universidad. Apasionado y temperamental, igual que su padre, mantuvo un encarnizado enfrentamiento con el norteamericano Donald Johanson. La suya fue la primera gran pelea científica retransmitida por televisión.
Abandonados los yacimientos, algo que aún no ha hecho su esposa, Meave, Richard se convirtió en adalid del conservacionismo. Hoy es su hija Louise, nacida en el mismo 1972 en que murió Louis Leaky, la que defiende el honor de la dinastía en tierras africanas junto a Maeve. Madre e hija descubrieron en 1999 el Kenyanthropus platyops, un homínido de 3,5 millones de años. La heredera de los Leakey puede presumir, además, de ser la arqueóloga más joven del mundo en hallar un fósil de homínido. Tenía 6 años cuando encontró el diente de un primate.
Aunque tal vez su hija Seiya le quite el récord. Con 4 años, ya sabe lo que es un campamento arqueológico. Su padre, el primatólogo belga Emmanuel de Merode, no lleva el apellido, pero es un más que digno Leakey: hace unos años, Louise y él volaron de Francia a Kenia en una avioneta construida con el motor de un coche.
Aterrizaron sanos y salvos. La suerte de los Leakey, ya se sabe.››

1 comentario:

Anónimo dijo...

Magnífica entrada, buscaba información sobre el tema y no esperaba encontrarme con tanta cantidad y calidad.