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martes, 14 de abril de 2015

HMC UD 01. La Europa del siglo XVIII y el Antiguo Régimen.

HMC UD 01. LA EUROPA DEL SIGLO XVIII Y EL ANTIGUO REGIMEN.

INTRODUCCIÓN.

1. LA EUROPA DEL SIGLO XVIII:
El problema de la datación.
1.1. LA POBLACIÓN.
El incremento de la población.
Las diferencias entre la Europa Oriental y la Occidental.
1.2. LA ECONOMÍA.
Un siglo de prosperidad.
EL MODELO INGLÉS: LA ECONOMÍA INDUSTRIAL.
La agricultura.
La industria.
El comercio.
EL MODELO FRANCÉS: LA ECONOMÍA TRADICIONAL.
La agricultura.
La industria.
El comercio.
1.3. LA SOCIEDAD.
La sociedad estamental.
Consecuencias sociales del auge económico.
Las dificultades de la nobleza.
El ascenso de la burguesía.
Las clases populares.
1.4. LA MENTALIDAD SOCIAL.
El individualismo burgués.

La libertad política.
1.5. LA POLÍTICA.
La monarquía absoluta.
La limitación del poder del rey en Reino Unido.
El Despotismo Ilustrado.

INTRODUCCIÓN.
La UD aborda la sociedad, la economía y la ideología de la Ilustración en la Europa del siglo XVIII, antes de la Revolución de 1789.

Un resumen.
La sociedad era estamental, con dos estamentos privilegiados: nobleza y clero, exentos de impuestos, con el dominio de la tierra y de los principales cargos públicos, con derechos feudales sobre los campesinos. Se distinguía entre la alta nobleza y la pequeña nobleza. La burguesía es la fuerza más importante del Tercer Estado, muy heterogéneo, compuesto por la burguesía comercial, profesionales, funcionarios, artesanos, tenderos, campesinos propietarios y el proletariado agrícola. La mayor parte eran campesinos, un 80% de la población, con una situación miserable.
La sociedad del Antiguo Régimen se basaba en una economía tradicional.
La demografía era estacionaria hasta el siglo XVIII, con una natalidad elevada, pero con una mortalidad también alta por las guerras, malas cosechas, hambres y epidemias.
Había un equilibrio entre economía y población, y los excedentes eran apropiados por los privilegiados.
La agricultura era la base de la economía, con el cultivo principal de los cereales porque el alimento básico era el pan. La mayoría de la población era campesina, pero la propiedad pertenecía a la nobleza y la Iglesia.
La industria estaba muy poco desarrollada, con una artesanía gremial de escaso rendimiento. La industria textil y la metalúrgica eran las principales. Las manufacturas reales (Francia, España, Prusia) eran propiedad del Estado, para la producción de objetos de lujo.
Los conflictos internacionales entre los bloques liderados por Francia y Gran Bretaña dominaron todo el siglo XVIII. El triunfo final fue de Gran Bretaña gracias a su economía más moderna, al ser la cuna de la Revolución Industrial.
Como en todos los periodos históricos, las manifestaciones de la cultura estarán estrechamente relacionadas con la cultura del periodo anterior, con el marco histórico y con las novedades de la época.
Hay que distinguir dos ideologías políticas, ambas reformistas, pero muy distantes en el trasfondo político: el Despotismo Ilustrado (defensor de una monarquía reformista pero absolutista) fue dominante en el continente, mientras que el Parlamentarismo (defensor de la doctrina de la separación de poderes) era la alternativa británica, más pactista y conveniente para adaptarse a las reformas a largo plazo.
El Despotismo Ilustrado (que ponía un límite a las reformas en cuanto tocaban el absolutismo) estaba en contradicción con los principios profundos (la libertad individual y el triunfo de la razón) de la misma Ilustración, que era la ideología de la burguesía y la aristocracia cultivadas, y de la mayoría de los monarcas, por lo que las ideas políticas evolucionaron hasta legitimar la rebelión contra las monarquías del Antiguo Régimen, que sufrieron las consecuencias de la Revolución Francesa de 1789.
La reforma agraria fue el principal problema político, social y económico del siglo XVIII e incluso de la Edad Contemporánea en España, un país predominantemente rural hasta por lo menos 1960, por lo que exige un tratamiento específico.

1. LA EUROPA DEL SIGLO XVIII:


Mapa de Europa durante el siglo XVIII.

El problema de la datación.
Hay un evidente problema de datación para el siglo XVIII.
Desde un punto de vista cronológico se dataría entre 1700 y 1799, pero, desde un punto de vista histórico, gran parte de la historiografía data el siglo XVIII como el periodo comprendido entre dos grandes acontecimientos políticos, entre la Revolución inglesa de 1688, que lleva al poder a Guillermo III y establece la primera monarquía constitucional (parlamentaria) en la Gran Bretaña, y la Revolución francesa de 1789, que abre el camino para las revoluciones burguesas del siglo XIX. Muchos historiadores españoles lo inician en 1700 (muerte de Carlos II de España) y lo finalizan en 1808 (inicio de la Guerra de Independencia). Muchos historiadores franceses lo inician en 1715 (muerte de Luis XIV) y lo finalizan en su revolución de 1789. Algunos historiadores norteamericanos lo finalizan en 1783, año de la independencia de los Estados Unidos de América.
Desde el punto de vista literario, el Siglo de las Luces, de la Razón o del movimiento de la Ilustración se sitúa incluso en unos márgenes más estrechos, entre 1720 y 1770, una vez finalizada la edición de la Enciclopedia de Diderot, donde este, Voltaire, Rousseau y otros ilustrados dejan su impronta de búsqueda de la verdad y la libertad.

1.1.-LA POBLACIÓN.
La demografía del Antiguo Régimen era estacionaria, con una natalidad elevada, pero con una mortalidad también alta por las guerras, malas cosechas, hambres y epidemias.

El incremento de la población.
Este equilibrio se rompe en el siglo XVIII, cuando hay una primera aunque moderada explosión demográfica: la población pasa de 120 millones en 1700 a 187 millones en 1789 y unos 200 millones en 1800.
No fue un aumento lineal. En la primera mitad del siglo el crecimiento fue lento, para aumentar desde 1750 y ser mayor incluso desde 1780, al mismo tiempo que la prosperidad económica.
Es una población predominantemente rural. La población urbana no llegaba al 50% no siquiera en los Países Bajos e Gran Bretaña. Pocas ciudades tenían más de 100.000 habitantes.

Las diferencias entre la Europa Oriental y la Occidental.
El mayor crecimiento se dio en la Europa Oriental y del Norte: Rusia pasó de 14 millones de habitantes a 36, hasta convertirse en el Estado más poblado, Suecia de 1,4 a 2,3, Noruega de 0,3 a 0,8. Pero las densidades eran todavía mucho menores que en la Occidental.
En la Occidental hubo notables diferencias: Alemania de 12 a 23, Austria-Hungría de 7,3 a 28, Gran Bretaña de 9,4 a 16, Francia pasó de 19 a 27, Italia de 13 a 18, España de 7 a 11, Portugal de 1,7 a 2,8, Bélgica de 1,7 a 3. Algunos países se estancaron relativamente: Polonia de 3 a 4, Holanda de 1,9 a 2,1, Dinamarca de 0,7 a 0,9.
Las causas de este crecimiento general en Europa son:
- En Europa Occidental el crecimiento vegetativo por el descenso de la tasa de mortalidad mientras que la tasa de natalidad se mantiene elevada. Habían desaparecido las grandes hambres y epidemias, junto a la disminución de las guerras totales, los progresos de la medicina, la mejora climática, el aumento de la producción agrícola, la mejora del transporte.
- En Europa Oriental el crecimiento vegetativo y migratorio porque si la tasa de mortalidad permanece elevada (30 a 40%.) la tasa de natalidad es aun más elevada (40 a 50%.), y se reciben inmigrantes de Europa Central y Occidental.

1.2. LA ECONOMÍA.
Un siglo de prosperidad.
El siglo XVIII fue de prosperidad, aunque, como en la población, no hubo un aumento lineal. En la primera mitad del siglo el crecimiento fue lento, para aumentar desde 1750 y ser mayor incluso desde 1780, especialmente en Gran Bretaña. Un incentivo esencial de este cambio de tendencia parece ser un aumento persistente de los precios desde el periodo 1730-1740, coincidiendo con un aumento de la producción de metales preciosos (oro del Brasil, plata de México).
Hubo una convivencia entre dos modelos económicos, la economía tradicional del Antiguo Régimen y la economía industrial naciente, que se irá difundiendo a través de Europa hasta imperar en el siglo XIX en la mayor parte de Europa Occidental y Central. Podemos ejemplificar ambos modelos en Francia (que representaría al resto de Europa) e Gran Bretaña:

EL MODELO INGLÉS: LA ECONOMÍA INDUSTRIAL.
Gran Bretaña vivía el inicio de la Revolución Industrial, gracias a sus capitales adquiridos con el comercio colonial e invertidos en todas las actividades (en especial la industria); la revolución agrícola; el aumento demográfico; el continuo progreso técnico de las fábricas; la extensión del mercado interno, europeo y colonial.

La agricultura.
En Gran Bretaña comienza la revolución agrícola del siglo XVIII, basada en dos puntos:
- Las nuevas relaciones de producción: expulsión de los pequeños campesinos y su reducción a jornaleros, y las enclosures o cerramientos de los campos (antes comunales) que impiden la entrada del ganado en los cultivos. Se crean grandes explotaciones agrarias, controladas por el señor o un arrendatario, con un uso intensivo del capital y una especialización para la comercialización de toda la producción.
- Los nuevos métodos y técnicas de cultivo: rotación de cultivos (más productiva que el barbecho), nuevas plantas, selección de semillas, estabulación y selección de ganado, maquinaria agrícola (arados de vertedera que aran más profundamente, segadoras), abonos (naturales y químicos), mejor almacenamiento y transporte, etc.
El rendimiento pasó de 7/1 en el siglo XVII a 10/1 en el siglo XVIII. El aumento de la producción de alimentos con precios más baratos y menor necesidad de mano de obra, libera cada año una gran cantidad de campesinos que acuden a las ciudades a encontrar empleo.

La industria.
Mapa de la Revolución Industrial británica hacia 1800.

En Gran Bretaña se inicia la Revolución Industrial desde c. 1750. El aumento de la demanda de la creciente población, las nuevas materias primas (algodón, hierro) y las nuevas fuentes de energía estimulan las industrias textil y siderúrgica. Hacia 1800 Gran Bretaña era el único país en que la producción industrial superaba a la agrícola.
La máquina de vapor de Watt (1769) permite transformar tanto la fabricación en serie como el transporte, desde su aplicación en 1776.
La industria textil, con la fabricación de tejidos de algodón (baratos, resistentes y bonitos) da el primer impulso. La demanda de tejidos de algodón importados de la India era tan grande que se planteó la posibilidad de fabricarlos en Gran Bretaña a precios competitivos, lo que se consiguió con las máquinas y la fuerza motriz del vapor. Las hiladoras mecánicas se desarrollaron: Hargreaves (1764), Arkwright (1769), con lo que se necesitó menos mano de obra y se produjo mucho más hilo y más barato. El telar mecánico de Cartwright (1785) multiplicó la producción de tejidos.
La siderurgia inglesa se benefició de la existencia de una demanda de hierro forjado de calidad para la maquinaria textil, las máquinas de vapor, el utillaje agrícola, etc. Las minas de carbón proveían de una fuente de energía barata y accesible, mediante un derivado refinado, el coke, que era utilizado en los altos hornos. Con la técnica del pudelaje de Cort (1784), en la que el coke no estaba en contacto con el hierro (lo que eliminaba el azufre y el carbón del hierro final), la siderurgia inglesa se puso en cabeza de Europa.
Otras industrias inglesas en expansión eran la mecánica, destilerías de alcohol, de armas, la construcción naval, la óptica.
Las relaciones de producción se basaban en tres sistemas:
- El viejo taller artesano, pero ya no sometido a la reglamentación gremial, y que estaba en rápida decadencia.
- El sistema doméstico (putting out): campesinos o proletarios urbanos que trabajaban en sus casas entregando su producción a los comerciantes, que a su vez les entregaban la materia prima, les pagaban el trabajo y comercializaban el producto. Había sido el sistema más eficiente en los siglos anteriores y se había asentado en gran parte de Europa.
- La empresa industrial capitalista moderna: basada en el predominio del capital, la abolición de la reglamentación gremial, los avances técnicos del maquinismo, la concentración en un solo lugar de las máquinas y de los trabajadores, la comercialización en el mercado interno y/o internacional. Por su mayor productividad y bajos precios pronto dominó la industria textil y siderúrgica. Los beneficios de este sistema eran muy superiores y permitía una constante reinversión, con una inmensa acumulación de capital en manos de la burguesía industrial.

El comercio.

Mapa del comercio colonial en el mundo del siglo XVIII.

El comercio más próspero fue el triangular entre Europa, África y América.

Gran Bretaña se erige en primera potencia comercial del mundo, exportadora de manufacturas e importadora de alimentos y materias primas. En 1750 exportaba a Europa más del triple que al resto del mundo, pero en 1798 ya exportaba a los otros continentes el doble que a Europa. En 1780 2/3 de las exportaciones eran de productos industriales.
El comercio colonial se expande vertiginosamente al abrirse nuevas rutas al Extremo Oriente, Australia... creando un gran mercado mundial. La más rentable era la ruta triangular, común con otros países europeos: Europa vende a África manufacturas (telas, armas) a cambio de esclavos, vendidos en América a cambio de productos coloniales (azúcar, algodón, metales...) que son vendidos en Europa.
El mercado interno aumenta gracias a la mejora del nivel de vida; los mejores transportes de las carreteras y canales (antes de la revolución del ferrocarril), los puertos marítimos; la producción agrícola e industrial orientada a la comercialización; la especialización y división social del trabajo (la gente debe comprar casi todo lo que necesita).
El desarrollo de la banca (la más poderosa del mundo), las compañías comerciales, los seguros marítimos y el papel moneda ayudaron al progreso comercial y financiero.

EL MODELO FRANCÉS: LA ECONOMÍA TRADICIONAL.
Francia, en cambio, pese a sus innegables avances económicos, continuaba anclada en la economía del Antiguo Régimen, que se precipitaba a finales del siglo XVIII a su crisis definitiva. Asimismo los otros países europeos: Holanda, España, Prusia, Toscana, Austria, etc., desarrollan su economía siguiendo la doctrina del liberalismo económico y del despotismo ilustrado y su agricultura, industria y comercio avanzan significativamente, aunque con manifiesto retraso respecto a Gran Bretaña. No es, pues, un problema de no-desarrollo, sino de menor desarrollo comparativo ante la potencia británica, más dinámica.




La agricultura.
La agricultura sigue siendo la actividad fundamental para la inmensa mayoría de la población. Se cultivan nuevas tierras, se introducen nuevos cultivos y técnicas, con ganado estabulado y abonos, roturaciones, regadíos..., mejoras impulsadas por las Sociedades Reales de Agricultura.

El sistema trienal de cultivo y barbecho.

Pero las relaciones de producción se mantienen invariables: domina una antieconómica servidumbre, que dificulta la aportación de mano de obra a la industria y un mayor avance técnico. Los nobles, ante el aumento de los precios agrícolas, presionan para que los campesinos les aumenten las rentas y ocupan tierras comunales y tierras incultas, pero invierten pocos capitales en las tierras. Los campesinos, por su parte, sufren esta presión señorial mientras que las tierras disponibles disminuyen por el aumento de la población.
Esta tensión social estalló en la Revolución Francesa, que convirtió al campesino en dueño único de sus tierras, no sujeto al pago de derechos al señor. Así apareció un nuevo modelo de propiedad agraria, muy distinto al inglés: pequeñas explotaciones de campesinos que se autoabastecen y destinan una pequeña parte de la cosecha a la comercialización.

La industria.
Las industrias textil y de lujo son muy importantes, pero la industrialización se atrasa respecto a Gran Bretaña.
Sobrevive en Francia el viejo taller artesano medieval, sometido a la reglamentación gremial, junto a las manufacturas reales fábricas de propiedad o protección estatal dedicadas a las industrias de lujo y especializadas en porcelana, seda, tapices y armas.

Producto de la Manufactura Real francesa de Sèvres.


Manufactura privada de cartas de juego, del siglo XVIII.

El comercio.
El comercio francés se beneficia de la gran dimensión de su mercado interno, con más de 25 millones de consumidores, de las exportaciones de lujo a Europa y del comercio colonial con las colonias del Caribe. Los puertos se expanden y enriquecen con el tráfico colonial y las compañías de comercio aumentan de número y tamaño, con lo que se produce una masiva acumulación de capitales en manos de la burguesía.

1.3. LA SOCIEDAD.


Pirámide social.

Gabriel Lemonnier. El salón de Madame Geoffrin (1812). Col. Louvre, París. Entre los personajes destacan Montesquieu, Diderot, D'Alembert, Voltaire y Rousseau.

La sociedad estamental.
La sociedad era estamental, con dos estamentos privilegiados: nobleza y clero, y un estamento no privilegiado, el Tercer Estado o Estado Llano.
Los estamentos privilegiados tenían derechos legales superiores: estaban exentos de impuestos, monopolizaban los principales cargos públicos y contaban con el dominio predominante de la tierra y derechos feudales sobre los campesinos. Se distinguía entre la alta nobleza y la pequeña nobleza, así como el alto y el bajo clero.
El Tercer Estado era muy heterogéneo, compuesto de modo distinto en la ciudad o en el campo, de acuerdo con una división por la riqueza que derivaría en las clases sociales del siglo XIX (que liquidarían la división estamental):     
- En la ciudad lo integraban la burguesía industrial/comercial (el grupo dominante dentro del estamento), profesionales liberales, funcionarios, artesanos (maestros, oficiales), tenderos, obreros (el proletariado urbano) y gentes sin oficio.
- En el campo lo componían los campesinos propietarios (grandes o pequeños), arrendatarios/aparceros y los jornaleros (el proletariado agrícola).

Consecuencias sociales del auge económico.
Se mantenía la estructura de la sociedad del Antiguo Régimen, pero el desarrollo económico agrietó el dominio de la nobleza y la Iglesia, gracias a: la expansión agraria, industrial, comercial y colonial; el proceso de urbanización y el aumento de la población; el ascenso de la burguesía; la redistribución de la riqueza entre nuevos grupos sociales; el desarrollo de la mentalidad capitalista.

Las dificultades de la nobleza.
Entra en decadencia, en todos los sentidos (político, económico, social) y perderá su hegemonía mediante el reformismo inglés y la Revolución Francesa. En la segunda mitad del siglo XVIII la debilitada nobleza optó por una actitud de defensa agresiva para salvar su tradicional posición de dominio con lo que se hizo inevitable el enfrentamiento con la burguesía y el campesinado, que eran quienes financiaban con sus impuestos y transferencias de renta al Estado y a las clases privilegiadas. Las revoluciones de finales del XVIII y primera mitad del XIX liquidarán el Antiguo Régimen y darán paso a la hegemonía de la burguesía.

El ascenso de la burguesía.
El Tercer Estado accede crecientemente al poder económico y político, sobre todo en Gran Bretaña. Será la nueva clase dominante, que accederá al poder político en Francia con la Revolución Francesa de 1789 y en Europa con las guerras napoleónicas. Aspira a la libertad (política y económica) y a la igualdad con los estamentos privilegiados, como señala Anes en El Antiguo Régimen: los Borbones‹‹El siglo XVIII, en su conjunto, fue para Europa y para las economías con ella interdependientes, un siglo revolucionario. Las posibilidades creadoras del siglo supusieron en todas partes un paso decisivo para la superación del viejo orden estamental y para la organización de lo que podríamos llamar la sociedad burguesa (...).
Los cambios económicos que tuvieron lugar en Francia durante el siglo XVIII permitieron la consolidación de una burguesía emprendedora que dirigió la actividad económica, el mercado de trabajo y la producción. La burguesía francesa creció en riqueza, en poder económico, en número y en civilización mientras la aristocracia acumulaba una riqueza y gastaba unas rentas que percibía pasivamente, en base a la persistencia de unos privilegios heredados del pasado. La burguesía francesa proliferó físicamente, en cuanto aumentó mucho el número de burgueses, pero, sobre todo, ganó terreno económicamente, en las ciudades en plena expansión, durante el siglo XVIII. Su toma de conciencia política y su gestión económica le permitieron ejercer sobre la sociedad en su conjunto la atracción de clase ascendente y victoriosa, con lo cual pudo unir a su causa a elementos tradicionales del Antiguo Régimen y, sobre todo, dirigir la acción del artesanado urbano y del campesinado para derrocar el antiguo régimen político, de forma revolucionaria, en 1789.››

Las clases populares.
El campesinado no propietario y el proletariado urbano vivían en la miseria, que en este siglo no sólo se mantiene sino que se acrecienta, por la revolución de los precios agrícolas, que aumenta el precio de los alimentos. La mayor parte, un 80% de media, de la población europea la componían los campesinos.

1.4. LA MENTALIDAD SOCIAL.
El individualismo burgués.
En esta sociedad crecientemente burguesa, volcada hacia la búsqueda del beneficio económico y la verdad científica, el concepto moderno de hombre individual predomina sobre los conceptos tradicionales de familia, comunidad, estamento y nación, que pierden importancia relativa. Pero no debemos exagerar la importancia de este cambio: en el siglo XVIII también se asientan los nacionalismos actuales, aunque sea como reacción (irracional y mítica) a los ideales racionales.

La libertad política.
Se abre paso la idea de que la verdadera naturaleza del hombre es la libertad, y por ello las ideas políticas de la Ilustración, con la limitación de la monarquía absoluta, abren una era de libertad. Rousseau escribe: ‹‹Un pueblo libre obedece, pero no sirve; tiene jefes, pero no amos; obedece a las leyes, pero no obedece más que a sus leyes; y es por la fuerza de las leyes, no de los hombres. (...) Instituyamos unos reglamentos de justicia y de paz, a lo cuales tengan todos la obligación de conformarse, que no eximan a nadie. Contrato social, deber y garantía de la nueva sociedad, fundamentalmente libre e igual.››
1.5. LA POLÍTICA. 
La monarquía absoluta.
En el Antiguo Régimen el rey tenía un poder absoluto o casi, en algunos países sin límites legales (el caso de Rusia), pero en otros con limitaciones como respetar los derechos y costumbres históricos, o no aplicar impuestos no reconocidos por las antiguas instituciones representativas, como eran los Estados Generales en Francia y las Cortes en España.

 
El rey francés Luis XIV, prototipo de rey absoluto.

Palacio de Versalles
Palacio de Versalles, símbolo del poder absoluto de Luis XIV.

La monarquía era hereditaria y de derecho divino, porque se pensaba que su poder provenía directamente de Dios, de modo que rebelarse contra él era un pecado.
El rey controlaba todas las instituciones del Estado, como la administración, la justicia o el ejército, y dirigía la política interior y exterior.
Tenía a su servicio a los funcionarios de los consejos, los secretarios, y muchos pequeños burócratas para aplicar la sus órdenes.


La limitación del poder del rey en Reino Unido.
El Parlamento inglés había restablecido en 1661 la monarquía en el hermano del rey anterior, Carlos II, que aceptó la limitación de su poder, y en 1679 firmó el habeas corpus, que garantizaba las libertades individuales e impedía las detenciones arbitrarias.
Su sucesor, el católico Jacobo II, intentó restablecer el absolutismo y el 1689 estalló una segunda revolución que acabó con la dinastía Stuart, y dio la corona al príncipe protestante holandés Guillermo III de Orange (casado con María, la hermana de los dos reyes anteriores), que juró la Declaración de Derechos (Bill of Rights), donde se limitaba aún más el poder del rey.


Durante el siglo XVIII, el Reino Unido de Inglaterra y Escocia, con la dinastía de los Hannover, se convirtió en el gran modelo para Europa de una Monarquía Parlamentaria, donde el rey tenía un poder limitado, con los poderes ejecutivo y legislativo separados, y la justicia era independiente del rey, mientras los ciudadanos tenían garantizadas las libertades individuales.


El Despotismo Ilustrado.

Pese al ejemplo de los parlamentarismos inglés y holandés, la mayoría de los monarcas europeos del siglo XVIII mantenían un poder absoluto, pero las ideas de la Ilustración y la competencia para obtener más riqueza y población también influyeron en los monarcas, que desarrollaron entre 1760 y 1789 el llamado absolutismo o despotismo ilustrado, un sistema político que buscaba el bien del pueblo, pero sin su participaciones: Todo para el pueblo, pero sin el pueblo.
El rey Federico II de Prusia, prototipo de rey ilustrado y un famoso general.

Entre las reformas estaban la racionalización de la administración, la reforma y extensión de la educación, una mayor libertad de empresa, la modernización de la agricultura, el desarrollo de las manufacturas y el comercio, la construcción de comunicaciones, la mejora de la higiene en las ciudades, etc.
Pero al final no era posible transformar la economía del Antiguo Régimen sin cambiar las estructuras sociales (la sociedad estamental) y políticas (el absolutismo monárquico), y los reyes reformistas volvieron cola, sobre todo al surgir las grandes revoluciones liberales, la primera en Francia en 1789.

FUENTES.
Libros.
AA.VV. Historia del Mundo Moderno Cambridge. Sopena. Barcelona. 1980. 14 vols.
AA.VV. (Braudel, F.; Coornaert, E. L. J.; Hall, A. R.; Helleiner, K. F.; Masefield, G. B.; Parry, J. M.; Rich, E. E.; Wilson, C. H.). Historia Económica de Europa. University of Cambridge. 1967. vol. IV. La economía de expansión en Europa en los siglos XVI y XVII. EDERSA. Madrid. 1977. 938 pp.
Braudel, Fernand. Civilización material, economía y capitalismo. Siglos XV-XVIII. Alianza. Madrid. 1984 (1979 francés). 3 vols. I. Las estructuras de lo cotidiano. 547 pp. II. Los juegos del intercambio. 592 pp. III. El tiempo del mundo. 597 pp.
Braudel, F. La dinámica del capitalismo. Alianza. Madrid. 1985. 135 pp. Tres conferencias.
Davis, Ralph. La Europa Atlántica. Desde los descubrimientos hasta la industrialización. Siglo XXI. Madrid. 1976 (1973 inglés). 381 pp.
Ogg, David. Historia de Europa. La Europa del Antiguo Régimen, 1715-1783. Siglo XXI. Madrid. 1974 (1965 inglés). 393 pp.
Rudé, George. Europa en el siglo XVIII. La aristocracia y el desafío burgués. Alianza. Madrid. 1978 (1972 inglés). 344 pp.
Wallerstein, Immanuel. El moderno sistema mundial. Siglo XXI. Madrid. 2 vols. Vol. II. El mercantilismo y la consolidación del la economía-mundo europea, 1600-1750. 1984 (1980 inglés). 524 pp.