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domingo, 11 de noviembre de 2012

La industrialización europea y la Segunda Revolución Industrial.

HMC UD 05. LA INDUSTRIALIZACIÓN EUROPEA Y LA SEGUNDA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL.

LA EXPANSIÓN DE LA INDUSTRIALIZACIÓN POR EUROPA.
EL PROCESO INDUSTRIALIZADOR.

El proceso de la Industrialización.
Las causas determinantes de la Industrialización.

LAS INDUSTRIAS.

LOS CAMBIOS.
EL CAMBIO POLÍTICO.
EL CAMBIO AGRÍCOLA.
EL CAMBIO DEMOGRÁFICO.
EL CAMBIO DE LOS TRANSPORTES.
EL CAMBIO DE LAS FUENTES DE ENERGÍA.
EL CAMBIO DE LA TECNOLOGÍA.


EL PROCESO INDUSTRIALIZADOR.
El proceso de la Industrialización.

El proceso industrializador llegó a EE UU y varios países de Europa a partir de 1830 aproximadamente, trazando varios círculos de expansión, primero en Bélgica, norte de Francia, Alemania, Suiza; más tarde, hacia 1850-1870, en el norte de Italia, Holanda, Suecia, zonas de Rusia (San Petersburgo, Moscú, los Urales), España (Cataluña, País Vasco), etc. En EE UU apareció ya en Nueva Inglaterra hacia 1800, se consolidó rápidamente en los años 1830-1860 y se aceleró desde 1870. En Japón comenzó tras la revolución Meiji de 1868, que abrió el país a la influencia occidental.
El proceso industrializador sufrió empero un largo periodo de crisis económica (1873-1893), marcado por una gran deflación (descenso de los precios), en el que el crecimiento fue desigual, bastante lento en Gran Bretaña, Francia y gran parte de Europa. Pero no se interrumpió y, además, asumiendo la experiencia de Gran Bretaña, otros países (en especial EE UU y Alemania, y en menor grado Japón), dieron un salto mucho más rápido, de modo que cuando comenzó el siguiente periodo de gran crecimiento (1893-1914) ya habían alcanzado (y pronto superaron) a Gran Bretaña, demasiado atada a las viejas industrias del textil y la siderurgia del primer periodo.
Pero hay que destacar que en estos países la importancia relativa de la industrialización fue menor que en Gran Bretaña. La industrialización era un fenómeno regional, no nacional como el británico, y grandes regiones seguían siendo agrarias.
Las causas determinantes de la Industrialización.
El proceso de industrialización tuvo varios factores (algunos de los cuales se ampliarán en el apartado de los cambios). Podemos afirmar que básicamente fueron:
- El apoyo del Estado para superar la amenaza británica y de los otros países en industrialización. Esto implicó una legislación proteccionista con altas tasas aduaneras, que se generalizó en Europa desde 1868.
- Los mercados nacionales más amplios, gracias al progreso de los transportes (el ferrocarril y la navegación a vapor) y las comunicaciones (el correo y el telégrafo, que cruzó el Atlántico en 1866).
- El buen nivel educativo en Europa, EE UU y Japón. Por ejemplo, en Suecia el 90% de la población sabía leer en 1850.
- La expansión del ferrocarril y de la industria textil, que tiraron con su demanda de las industrias siderúrgica, química y de maquinaria entre otras.
- Los recursos naturales (enormes y variados en EE UU, el hierro en Francia y Suecia) y de energía (el carbón en Alemania, Bélgica...). En general, donde se unieron a la vez carbón y hierro la Revolución Industrial fue más temprana y rápida, como demuestran los casos de Inglaterra, Alemania, Bélgica y el norte de Francia.
- La creciente población, que daba a la vez mano de obra y un mercado de alto nivel adquisitivo.
- La imitación del modelo británico y el impacto de la competencia de este país, que forzó a muchos empresarios a adoptar las nuevas tecnologías y sistemas de producción.
- La aplicación inmediata de las nuevas tecnologías: mientras en Gran Bretaña muchas máquinas obsoletas seguían siendo utilizadas, en los otros países, en cambio, se introducían los últimos modelos, más competitivos. Este fue un factor esencial para que varios países alcanzaran a Gran Bretaña hacia 1900, como evidencia el caso alemán.
- La desaparición de los gremios del Antiguo Régimen, que impedían la libre competencia y protegían a grandes grupos de artesanos. Este fue un fenómeno político-social: sólo cuando logró el poder político la burguesía consiguió prohibir los gremios. Pero estos ya estaban en decadencia a finales del siglo XVIII, por las medidas de los gobiernos ilustrados y la competencia de la industria capitalista en sus dos formas, la doméstica y la fabril.

2.2. LAS INDUSTRIAS.
La industrialización fue masiva en los nuevos países industriales.

Las economías de escala desarrollaron las zonas industriales europeas en Gran Bretaña, la cuenca del Rin, el norte de Francia, Bélgica, el Piamonte, Cataluña, País Vasco, Bohemia. En EE UU destacó Nueva Inglaterra (en el Este), con las activas zonas de Nueva York, Boston y Pittsburg.
La producción se desarrolló sobre todo en 1850-1870 y después de 1890, con tasas anuales espectaculares. De entrada aumentó la industria textil: de 500.000 tm de tejidos de algodón en 1850 en el mundo, se pasó en 1900 a 5,5 millones de tm, once veces más. Pero l industria se diversificó mucho más que en la primera mitad del siglo XIX, con ramas de producción nuevas, de mayor valor añadido y más beneficios que la textil, cuyos beneficios estaban en descenso por la mayor competencia. Así, no fue la textil la única industria importante del nuevo periodo, pues compartía el podio con la siderurgia y la industria química, la construcción naval y de maquinaria, las industrias de bienes de consumo y de equipos eléctricos, óptica, etc.
2.3. LOS CAMBIOS.
EL CAMBIO POLÍTICO.
En Europa las condiciones políticas favorables aparecen progresivamente durante el proceso de las Revoluciones y de la destrucción del Antiguo Régimen iniciado en 1789 y del que son hitos las revoluciones de 1830 y 1848. Al fin, con la su­presión de las barreras jurídicas y sociales a la libre empresa, los burgueses pudieron desarrollar libremente la industria sin el freno de las normas gremiales, y participaron al fin en el poder político.
EL CAMBIO AGRÍCOLA.
En el continente europeo los factores agrícolas que permitieron en Gran Bretaña la primera Revolución Industrial llegaron más tarde (excepto en la temprana Holanda). Pero desde 1789 en Francia, y desde las guerras napoleónicas y las revoluciones de 1830 y 1848 en el resto de Europa, se introdujeron cambios importantes, que aumentaron la productividad agraria y extendieron al campo las relaciones capitalistas. Además de los cambios que se han indicado arriba en Gran Bretaña, aunque sin su intensidad, se añadieron dos más:
- La desamortización de los bienes eclesiásticos, un proceso que en Gran Bretaña ya había ocurrido en el siglo XVI.
- La transferencia de la propiedad de muchas fincas agrarias desde la nobleza y los municipios a la burguesía.
Pero había grandes diferencias.
En Francia la Revolución Francesa repartió la tierra entre una clase media de campesinos acomodados, que mantuvieron una estructura agraria tradicional, con pocas inversiones, relativamente ineficiente.
En Alemania y Austria-Hungría el efecto fue aún menor, pues los grandes pro­pietarios (los junkers) acapararon las mejores tierras.
En Rusia, el resto de la Europa del Este y en la Europa del Sur no hubo una re­volución agrícola, pues los grandes propietarios mantuvieron casi invariable el sistema tradicional de dominio de la tierra.

EL CAMBIO DEMOGRÁFICO.
Los progresos en la alimentación, higiene y medicina explican que en el con­tinente europeo aumentase la población rápidamente a partir de 1750 y su crecimiento aun fue mayor en el siglo XIX. Destacaron en la medicina las nuevas vacunas (viruela, más tarde la rabia), la anestesia contra el dolor en las operaciones, las medidas antisépticas...
Los números son elocuentes. En 1700 había 110 millones de europeos, que crecieron continuamente: 136 (1750), 200 (1800), 265 (1850), 401 (1900), pese a la elevada emigración a otros continentes (en especial América) de 40 millones (17 de ellos británicos).
Crecimiento comparado de la población de Europa y China entre 1650 y 1995. Las cifras varían de acuerdo a las distintas fuentes.

Gran Bretaña triplicó su población entre 1750 y 1860, y la dobló entre 1860 y 1900. Rusia pasó de 40 millones en 1800 a 100 millones en 1900, España de 11 a 18,6, Francia (más estancada) de 26 a 38, Italia de 18 a 32,5. En consecuencia, había un mayor mercado para los productos y más mano de obra barata.
El éxodo rural llenó las ciudades de trabajadores. Si en 1800 había 23 ciudades de más de 100.000 habitantes, con un total de 5,5 millones, en 1900 eran 135 y vivían en ellas 46 millones. Londres pasó de un millón en 1800 a 2,3 millones en 1850 y 6,7 en 1900.
EL CAMBIO DE LOS TRANSPORTES.
La revolución en los transportes fue fundamental, con los ferrocarriles y los bar­cos de vapor.

El triunfo del ferrocarril (algunos autores consideran que hubo una “revolución del ferrocarril”) está simbolizada por la locomotora de Stephenson (1830), que se difundió por una red que cubrió Europa al cabo de pocos decenios, ocasionando un transporte más rápido, barato, cómodo y seguro. Esto permitió concentrar la producción, abaratar los costes y crear mercados más amplios y más integrados a nivel mundial. Las líneas férreas explican gran parte de los cambios económicos y sociales: por ellos los hombres y las mercancías circulan, los alimentos acaban con las hambres en las regiones con malas cosechas. El ferrocarril conquistó los nuevos territorios en ultramar (EE UU, Canadá, India, Australia, Siberia, etc.), permitiendo la explotación de enormes espacios antes cerrados al comercio, la minería, la agricultura y la ganadería.
Unos datos selectos sobre la red ferroviaria europea explican y nos dan un precioso indicador sobre el desarrollo relativo de los países industrializados: entre 1850 y 1910 Alemania pasó de 6.000 km a 61.000, Francia de 3.000 a 49.500, la pequeña Bélgi­ca de 900 a 8.500, mientras que la más atrasada Italia pasó de 400 a 17.000, y la ya muy avanzada Gran Bretaña subió de 10.500 a 38.000 (aunque casi cuadruplica, vemos que desde su posición hegemónica de partida desciende a una digna tercera posición).

Los barcos de vapor sustituyeron paulatinamente a los veleros, rompen la dependencia comercial de los vientos con lo que regularizan el comercio marítimo, revalorizaron los grandes ríos europeos y de otros continentes (en el Mississippi había 1.000 barcos a vapor en 1860) y las rutas oceánicas antiguas y nuevas, así como la necesidad de contar con puntos estratégicos de suministro de carbón. Las novelas de Jules Verne muestran a una sociedad fascinada por la velocidad y sus consecuencias para conocer el mundo. La apertura del canal de Suez en 1869 fue un hito histórico, que revalorizó el Mediterráneo y redujo las distancias entre Europa y Asia.
EL CAMBIO DE LAS FUENTES DE ENERGÍA.
El carbón continuó siendo la fuente de energía fundamental hasta finales del siglo XIX, abriéndose grandes explotaciones en EE UU, Alemania, norte de Francia y Rusia. En cambio, en España hay escasez de este recurso, salvo en los yacimientos de Asturias.
Se añadieron a partir de 1890 el petróleo y la electricidad, que posibilitaron la segunda revolución industrial.


Primer pozo de petróleo en 1859, en Pennsilvania, EE UU.

Pozos de petróleo a finales del siglo XIX en EE UU.
El petróleo se empleó primero como alumbrado doméstico y luego como combustible para el transporte, gracias al motor de explosión de Otto, Daimler y Benz (desde 1890) y el motor de aceites pesados de Diesel (1892), que movía camiones, barcos, centrales eléctricas y motores. A lo largo del siglo XX el petróleo se convirtió en la principal fuente de energía, hasta hoy.
La electricidad, al principio de origen hidráulico, luego también proveniente de plantas térmicas que se nutren de carbón y productos petrolíferos, se aplicó a la industria gracias a los inventos de la dinamo y los transformadores, y se transportó a largas distancias. Se aplicó al alumbrado de las ciudades y de las casas con la bombilla eléctrica de Edison (1879) y más tarde se aplicó al transporte.
EL CAMBIO DE LA TECNOLOGÍA.
Los avances tecnológicos en la fabricación del acero, con hitos como el convertidor Bessemer (1855) y el procedimiento Martin-Siemens (1865) para la eliminación de las impurezas, permitieron cubrir la nueva demanda de acero para la construcción naval y ferroviaria, la construcción de viviendas, maquinaria... También fue fulgurante el desarrollo de inventos como el automóvil, la bicicleta y el avión, los nuevos productos químicos, aparatos de electricidad, etc., que permitieron la diversificación industrial. La industria química se desarrolló para producir cemento y suministrar productos como ácido sulfúrico y clorhídrico a las otras industrias, abonos al campo o fármacos a la población.

Un autómovil Porsche de 1900.
Bicicleta hacia 1890.
Primer vuelo de un avión, por los hermanos Wright, en 1903.

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