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miércoles, 14 de noviembre de 2012

UD 8. El espacio y la actividad industrial. Materias primas y fuentes de energía.


UD 8. EL ESPACIO Y LA ACTIVIDAD INDUSTRIAL. MATERIAS PRIMAS Y FUENTES DE ENERGÍA.

INTRODUCCIÓN.

1. ESPACIO INDUSTRIAL.

2. LA ACTIVIDAD INDUSTRIAL.
2.1. CONCEPTO Y ELEMENTOS DE LA INDUSTRIA.
2.2. CLASIFICACIÓN DE LA INDUSTRIA:
PESADA.
LIGERA.
2.3. TENDENCIAS ACTUALES DE LA INDUSTRIA.
INCORPORACIÓN DE MAQUINARIA Y TECNOLOGÍA.
MODIFICACIÓN DE LOS SISTEMAS DE TRABAJO Y GESTIÓN.
PLANIFICACIÓN DE LOS MÉTODOS COMERCIALES.
DINÁMICA DE LAS EMPRESAS.
La concentración y diversificación.

3. FACTORES DE LOCALIZACIÓN INDUSTRIAL.
TEORÍAS.
La teoría de Weber: coste del transporte.
La teoría de Isaard y Green-Hut: coste de transferencia.
3.1. FACTORES FÍSICOS.
Topografía y clima.
Materias primas.
Las fuentes de energía.
Conservación del medio ambiente.
3.2. FACTORES ECONÓMICOS.
Capital.
Transporte.
Información e investigación.
Mercado de consumo.
El Estado.
Suelo.
Factor de aglomeración.
Nuevos factores de aglomeración.
3.3. FACTORES HUMANOS.
Trabajo y mano de obra.
Psicológicos.

4. DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE LA INDUSTRIA A NIVEL MUNDIAL.
EUROPA.
ANTIGUA URSS.
EE UU.
JAPÓN.
NUEVOS PAÍSES INDUSTRIALES DEL PACÍFICO.
PAÍSES SUBDESARROLLADOS.
Iberoamérica.
Asia y Oceanía.
África.

5. MATERIAS PRIMAS Y FUENTES DE ENERGÍA.
5.1. RECURSOS Y RESERVAS.
5.2. MATERIAS PRIMAS
CLASIFICACIÓN.
Materias primas minerales.
Materias primas orgánicas.
DISTRIBUCIÓN.
5.3. FUENTES DE ENERGÍA.
CLASIFICACIÓN.
DISTRIBUCIÓN.
Carbón.
Petróleo.
Gas natural.
Energía nuclear.
Energía hidroeléctrica.
Energías alternativas.
APÉNDICES.

INTRODUCCIÓN.
La Geografía industrial aborda problemas como la localización industrial, la actividad industrial, y, por extensión, las materias primas y las fuentes de energía que necesita para su funcionamiento.

1. ESPACIO INDUSTRIAL.
El espacio industrial es el espacio cuyos componentes están organizados en función de las necesidades de la industria. Sus características son:
- La industria crea un espacio delimitado, donde se localizan las unidades de producción.
- El espacio industrial es una realidad compleja, derivada de influencias históricas sucesivas, actividades diversas...
- Varía en función del comportamiento geográfico de las diferentes unidades productivas: materias primas, fuentes de energía, capital, tecnología...
- Es un espacio de dirección multidireccional.
- Está sometido a reglamentación y criterios de planificación, como los polígonos industriales...

2. LA ACTIVIDAD INDUSTRIAL.
2.1. CONCEPTO Y ELEMENTOS DE LA INDUSTRIA.
Manero define la industria como: ‹‹Proceso de transformación de materias primas naturales o semielaboradas en productos de diferente naturaleza, obtenidos en serie, en unidades espaciales de producción, para satisfacer masivamente una demanda. Requiere aporte de capital, trabajo, técnica y energía, con un aumento del valor añadido.››
La industria se distingue de la artesanía por realizarse en una fábrica, con mano de obra asalariada, maquinaria y fuertes inversiones de capital, elevado consumo de energía y fabricación en serie.
2.2. CLASIFICACIÓN DE LA INDUSTRIA.
Hay muchas clasificaciones, como la que estudia su expansión reciente:
a) Expansivas, son las de reciente aparición: electrónica, informática, biogenética...
b) Regresivas, son las maduras y tradicionales: siderúrgica, automóviles, textil, construcción naval... Estas están destruyendo empleo.
Pero he­ elegido la más aceptada en los estudios de Geografía industrial, por el tipo de materias primas y su lugar en el proceso productivo, en pesada y ligera.
PESADA.
Se distinguen dos tipos:
- La básica, que produce productos consumidos por otras industrias (minas, acero, petróleo...): siderurgia, metalurgia, cemento, química de base, petroquímica. La producción de acero ha subido desde 975 millones de tm en el año 2000 hasta 2.000 millones en 2012. La de aluminio ha crecido desde 24,7 millones de tm en 2000 hasta 45,7 millones en 2012.
- La de equipamiento o bienes de equipo, para favorecer la producción de nuevos bienes: máquinas-herramienta, maquinaria agrícola, mecánica, material ferroviario, vehículos industriales, aeronáutica, aeroespacial, construcción naval, construcción de obras y edificios...
LIGERA.
Fabrica productos finales para el consumo: automovilística, electrónica de consumo (radios, televisores, teléfonos, ordenadores, relojes...), informática, química de consumo (gasolina, plásticos, fertilizantes), alimentaria, textil, moda, papelera, mueble...
En todos estos productos de la industria pesada y ligera el mundo desarrollado (EE UU, Japón, Europa, más la antigua URSS y los nuevos países industriales) ocupa una posición enormemente dominante, por lo que no es preciso un estudio de la distribución espacial por sectores. Más adelante se abordará la localización de regiones industriales, lo que es mucho más útil.
2.3. TENDENCIAS ACTUALES DE LA INDUSTRIA.
En los últimos decenios se han intensificado los elementos característicos de la industria:
INCORPORACIÓN DE MAQUINARIA Y TECNOLOGÍA.
Se desarrolla el maquinismo y la robotización para sustituir la mano de obra y aumentar la productividad. Se potencian la investigación y desarrollo, informática y telecomunicaciones como actividades de creciente importancia dentro de las empresas.
MODIFICACIÓN DE LOS SISTEMAS DE TRABAJO Y GESTIÓN.
Hay una estandarización y fragmentación del trabajo en fases para aumentar la especialización de la mano de obra, directa (propiamente industrial) e indirecta (servicios auxiliares); se busca la excelencia en calidad (equipos laborales de calidad) y la reducción de los stocks de materias primas y componentes.
PLANIFICACIÓN DE LOS MÉTODOS COMERCIALES.
Se desarrollan los departamentos de marketing (estudio del mercado y publicidad) y los comerciales de venta y previsión de demanda. Se multiplican los centros industriales cercanos a los centros de demanda y los servicios de post-venta para asegurarse un buen servicio y la fidelidad del consumidor.
DINÁMICA DE LAS EMPRESAS.
La empresa industrial es la forma administrativa y financiera de organización. La fábrica es la unidad de fabricación: el centro de trabajo y producción.
La concentración y diversificación.
Hay diferentes grados y niveles de integración entre las distintas unidades del proceso productivo, hasta llegar a los grandes complejos industriales. En la actualidad hay un proceso de concentración en grandes empresas:
Horizontal: en el mismo sector y actividad, tendiendo a las formas del monopolio u oligopolio.
Vertical: en todas las actividades relacionadas, desde la producción de las materias primas a la comercialización, tendiendo a la forma del holding financiero.
Heterogé­nea: diversificándose a sectores muy diversos, para reducir los riesgos y aumentar el poder financiero, tendiendo a la forma del conglomerado.
Los trusts son integraciones de empresas y los carteles son asociaciones de empresas, que en ambos casos buscan una posición de dominio en el mercado.
Las multinacionales son el escalón superior de las grandes empresas, buscando la deslocalización de la fabricación según criterios de máximo beneficio y la dominación de todos los mercados posibles. Su importancia es creciente en un mercado global como el que se está desarrollando.
La interdependencia de las empresas es creciente: aumentan las relaciones de complementariedad y las relaciones jerárquicas, con las empresas filiales en todo o en parte, las alianzas estratégicas, las subcontrataciones, los suministros a empresas dominantes, etc.

3. FACTORES DE LOCALIZACIÓN INDUSTRIAL.
3.1. TEORÍAS.
Destacan la teoría clásica de Weber y la teoría neoclásica de Isaard y Green-Hut.
La teoría de Weber: coste del transporte.
Alfred Weber desarrolla la ‹‹primera teoría clásica››, con estas tesis:
- La lógica empresarial actúa según una estricta racionalidad económica (búsqueda del máximo beneficio).
- Los ingresos permanecen constantes en el espacio, al contrario de unos costes variables (coste aumenta con distancia y peso).
- Los costes de producción son similares en cualquier punto.
La teoría la formula así:
Cf = Cp + Ctr.
Coste final = coste de producción (invariable) + coste de transporte (variable con distancia y peso).
Se han hecho críticas posteriores a las tesis de Weber, aunque este ha mantenido cierta vigencia por su relevancia del coste de transporte en la localización industrial.
La teoría de Isaard y Green-Hut: coste de transferencia.
La teoría neoclásica de Isaard y Green-Hut sustituye la teoría del coste de transporte por el coste de transferencia (seguros, movimiento de mercancías, almacén...).

3.2. FACTORES FÍSICOS.
Son los factores de topografía y clima, materias primas y fuentes de energía, conservación del medio ambiente.
Topografía y clima.
La topografía y el clima han perdido importancia en la industria moderna pero influyeron en la mayor localización en el pasado en áreas templadas y en relieves planos.
Materias primas.
Las materias primas han perdido importancia relativa, aunque se mantiene en industrias como la agroalimentaria.
Las fuentes de energía.
La cercanía, abundancia y baratura de las fuentes de energía influyó en la localización de las grandes áreas industriales (carbón sobre todo), pero han perdido importancia debido al desarrollo de la electricidad y de los medios de transporte a larga distancia de los combustibles, y a la mayor participación de otros factores en el precio final.
Conservación del medio ambiente.
La conservación del medio ambiente ha aumentado su importancia porque ha surgido una conciencia cívica y una legislación que favorecen el ecodesarrollo y la defensa del medio ambiente, siendo un obstáculo para las empresas más contaminantes (la industria pesada).
3.3. FACTORES ECONÓMICOS.
Son los factores de capital, transporte, información e investigación, mercado de consumo, Estado y el suelo.
Capital.
El capital es un factor de creciente importancia:
- Largos periodos históricos de concentración espacial de capital han provocado una inmovilización de recursos que ha favorecido el desarrollo acumulativo.
- El capital puede desarrollar nuevos espacios (hoy destaca la inversión en los NPI de Asia y el Pacífico).
- La concentración en grandes corporaciones genera la concentración espacial-financiera: Nueva York, Londres, Frankfurt, Tokio...
Transporte.
El transporte sigue siendo un importante factor de localización, aunque haya disminuido. Se rige por una fórmula:
Ct = Tm*d + Xm
Coste de transferencia = Tarifa de transporte por km multiplicada por distancia + costes adicionales (carga y descarga, seguros, aranceles...).
Hoover demostró que los costes de transporte son decrecientes con la distancia. Esto favorece la localización industrial en los grandes nudos de transporte: Rotterdam, Amberes, Londres, Barcelona, Chicago...
Información e investigación.
La información e investigación son de creciente importancia para la localización industrial, pues las universidades y las grandes ciudades cuentan con mano de obra especializada en investigación y tecnología...
Mercado de consumo.
La demanda de los grandes centros urbanos atrae la producción orientada al consumo final con fuerte valor añadido.
El Estado.
El Estado interviene mediante la planificación o la política de fomento de regiones subdesarrolladas, que puede variar la localización con: impuestos menores, inversiones en redes de transporte y telecomunicaciones, polígonos industriales...
Suelo.
El coste del suelo es primordial para la localización de pequeñas y medianas empresas. La selección del suelo es un criterio determinante a escala local o regional.
Factor de aglomeración.
Las aglomeraciones industriales (‹‹industria atrae industria››) producen economías externas:
Economías externas de escala. Aumento de la demanda de un bien por otras industrias.
Economías de transferencia. Concentración de actividades complementarias.
Economías de localización. Densidad de infraestructuras y equipamientos, de finanzas y demanda...
Nuevos factores de aglomeración.
El transporte no es ya una limitación determinante, debido al aumento de la capacidad de carga y al perfeccionamiento de las redes de suministro de energía.
Hay una centralización creciente de innovaciones tecnológicas y del poder financiero.
Aparece una dispersión espacial del aparato productivo, sobre todo de producciones con poco valor añadido.
3.4. FACTORES HUMANOS.
Son los factores de trabajo y mano de obra, psicológicos.
Trabajo y mano de obra.
El trabajo y la mano de obra es un factor esencial por su diversa localización en cantidad, preparación, nivel salarial, productividad, capacidad reivindicativa...
Las industrias con mayor necesidad de mano de obra y menor valor añadido tenderán a buscar los costes más bajos de este factor (factor de interrelación mundial). Los costes de la mano de obra se reducen con el capital invertido en maquinaria.
Psicológicos.
Los empresarios (sobre todo los pequeños y los nuevos), tienden a crear empresas cerca de sus residencias y centros de estudios universitarios. Otros factores son la imitación de otros empresarios de éxito, la presencia de otras industrias.

4. DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE LA INDUSTRIA A NIVEL MUNDIAL.
EUROPA.
Eje del centro de Europa, desde el sur de Gran Bretaña al norte de Italia, pasando por el Benelux, norte de Francia, la zona alemana del Rin. Es el corazón industrial de Europa, beneficiado por el enorme mercado, las buenas comunicaciones, la minería del carbón, con una amplia diversificación industrial: siderurgia, petroquímica, química de base, cemento, construcción, automóvil, maquinaria, material de transporte... Hay cuatro núcleos principales:
Norte: Benelux, norte de Francia, centro de Alemania, con numerosos centros en Rotterdam, Ámsterdam, Lille, Bruselas, Colonia, Dortmund, Dusseldorf.
Central: con numerosos centros desde Estrasburgo a Viena, pasando por Frankfurt, Mannheim, Stuttgart, Nuremberg, Munich.
Norte de Italia, con centros en Milán y Turín.
Sur de Inglaterra, con centros en Londres, Bristol, Cardiff, Liverpool, Birmingham, Sheffield, Leeds, Manchester, New­castle.
Áreas menores, dispersas en los países, sobre todo en las capitales estatales y los grandes centros de comunicación: Madrid, Barcelona, Lisboa, Roma... Hay una cierta disposición espacial en arco periférico alrededor del eje central europeo, evidente en los centros de Hamburgo, Bremen, Hannover, Leipzig, Praga, París, Lyon, Le Havre, Génova, Marsella, Glasgow...

ANTIGUA URSS.
La situación industrial es muy grave tras la caída del sistema comunista, pero aún conserva una posición relativa importante en el sector de la industria pesada, tradicionalmente el más fomentado por el régimen soviético. La industria ligera está muy poco desarrollada. Se ha emprendido la privatización y la reconversión. Las grandes zonas industriales son:
Moscú y San Petersburgo. Las capitales cuentan con abundante demanda y mano de obra. Industria de consumo y ligera.
Donbass-Ucrania (en Ucrania) Es un ‹‹paisaje negro››, contaminado, con abundante energía eléctrica y carbón. Siderurgia y mecánica.
Urales y Volga. Cuenta con hierro, carbón, petróleo y electricidad. Industria pesada.
Kuzbass. Carbón. Industria pesada.
Bakú (en Azerbaiján) Petróleo, Industria petroquímica y textil.

EE UU.
EE UU es la primera potencia industrial, gracias a varias causas: abundancia de materias primas y fuentes de energía, elevada teconología, excelentes comunicaciones, gran mercado interior, alto nivel de inversión de capital y de organización.
- Se concentra la industria en la región del Noreste, llamada ‹‹Industrial Belt››, a lo largo de los 1.000 km entre Nueva Inglaterra y los Grandes Lagos. Los mayores centros son Nueva York, Boston, Chicago, Filadelfia, Detroit (automóviles), Pittsburg (acero)... Se está diversificando a casi todos los sectores. Es la mayor concentración demográfica e industrial de Occidente, con enormes recursos en materias primas, fuentes de energía, mano de obra especializada, demanda, comunicaciones. Está perdiendo peso relativo a favor de las nuevas regiones.
Sudeste: ‹‹Sun Belt››, con centros en Atlanta y Columbus. Es de reciente desarrollo, con nuevas industrias expansivas: informática, biogenética, química.
Golfo de México. En la costa de Texas, con centros en Houston, Dallas. Se basa en la petroquímica, acero, aeronáutica y telecomunicaciones.
Costa Oeste. Hay una gran expansión en los estados de California (Los Ángeles, San Francisco, San Diego, el Silicon Valley) y Washington (Seattle). Cuenta con abundantes materias primas y fuentes de energía. Destaca por la aeronáutica, petroquímica, la informática, el cine, telecomunicaciones... Se beneficia del dinamismo económico en el área del Pacífico.

JAPÓN.
El Japón es la primera potencia industrial de Asia y ha sido la segunda mundial hasta el ascenso chino. Muy pobre en materias primas y fuentes de energía, su desarrollo se basa en la abundante y preparada mano de obra, el alto nivel tecnológico, el poder financiero, la concentración en grandes empresas, la organización del trabajo, las buenas comunicaciones marítimas, el amplio mercado interior y la agresividad comercial exterior.
Hay una estrecha relación entre las áreas industriales y metropolitanas, con una amplia distribución industrial, pero se concentra sobre todo en la región costera de la isla de Honshu, la mayor; la industria ligera se concentra en Tokio, Nagoya, Yokohama y Osaka; la industria pesada en Yawata, Kobe y Kawasaki. Hay otro gran núcleo secundario en la isla de Kyushu: Kitakyushu y Nagasaki.

NUEVOS PAÍSES INDUSTRIALES DEL PACÍFICO.
Los nuevos países industriales (NPI) del área del Pacífico en su origen eran sólo los “Cuatro Dragones”: Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong, Singapur, que se han beneficiado del modelo japonés, con sus mismos rasgos, pero desde una posición atrasada en el tiempo, más las inversiones extranjeras y la más elevada y moderna tecnología. Su modelo se está imitando con notable éxito en el resto del Este de Asia: Malasia, Tailandia, Indonesia, Fil­ipinas, Vietnam…, siendo esta zona el mayor núcleo expansivo de la industria mundial, reuniendo grandes inversiones occidentales, una elevada productividad y un rápido desarrollo en industria pesada y de consumo.
Australia y Nueva Zelanda son excepciones de tipo occidental en Oceanía, con pujantes industrias especializadas, que aprovechan las abundantes materias primas y una mano de obra muy bien formada.

PAÍSES SUBDESARROLLADOS.
Se caracterizan por:
- Gran dependencia del mundo desarrollado.
- Desvertebración espacial.
Iberoamérica.
Eje Río de Janeiro-Sao Paulo. Es un centro integrado que se caracteriza por la producción de minerales y café, los puertos marítimos, la gran demanda urbana, la importancia de la siderurgia y química.
México. Hay varios núcleos dispersos en el país, destacando la ciudad de México, Monterrey y las ciudades fronterizas con EE UU.
Buenos Aires. La industria de consumo se basa en la gran demanda urbana.
Asia y Oceanía.
India, de gran tradición industrial, sobre todo en el textil, está resurgiendo velozmente en los últimos decenios gracias a su pujante desarrollo tecnológico.
China es la mayor potencia industrial del mundo en 2012, superando incluso a EEUU como el ‘taller mundial’. Tiene una alta concentración industrial en la costa Este (Pekín-Tianjín, Shangai, Cantón). Goza de grandes producciones absolutas en industria pesada, creciente productividad, acelerado crecimiento desde 1979 (sobre todo en industria de consumo), inversiones occidentales.
La mayoría de los países islámicos están muy atrasados en la industrialización y se mantienen sólo como productores de materias primas y energía, aprovechando estas facilidades en la industria petroquímica.
África.
Se caracteriza por:
Estructuras industriales de tipo colonial.
Estructuras industriales parcialmente diversificadas.
Sudáfrica. Es el mayor centro industrial con diferencia: industria siderúrgica y metalúrgica, bienes de equipo, etc.

5. MATERIAS PRIMAS Y FUENTES DE ENERGÍA.
5.1. RECURSOS Y RESERVAS.
La actividad industrial necesita materias primas susceptibles de ser transformadas en objetos de consumo y fuentes de energía para su elaboración. Son los recursos que el hombre utiliza para satisfacer una necesidad, que se distinguen pues en materias primas y fuentes de energía. Se distinguen dos tipos de recursos por su velocidad de renovación:
- Recursos no renovables: aquellos cuya velocidad de consumo son mucho mayores que la de formación.
- Recursos renovables: aquellos cuya velocidad de consumo es semejante a la de formación.
Las reservas son el volumen de materia que, conocido y valorado, es explotable en la actualidad con la tecnología y los costes de explotación actuales.
5.2. MATERIAS PRIMAS.
CLASIFICACIÓN.
Hay diferentes tipos: minerales, animales y vegetales.
Materias primas minerales.
Combustibles minerales: el carbón y el petróleo (que tienen una doble naturaleza como recursos). El hierro (para siderurgia) y los minerales no férricos (aluminio, cobre, plomo, estaño, zinc, manganeso, mercurio), para la metalurgia). Los minerales estratégicos (cromo, níquel, oro, plata, platino, vanadio, amianto...), de menor volumen, para las industrias punta. Los minerales no metálicos: azufre, fosfatos, nitratos y potasa, para su uso como fertilizantes o la química.
Materias primas orgánicas.
Se distinguen las animales y las vegetales. La variedad de ambos grupos es infinita. Las animales son fibras textiles: lana, seda; pescado, carne, leche, huevos, huesos, manteca, pieles y cueros... Las vegetales son fibras textiles: algodón, cáñamo, yute, lino; alimentos humanos y de ganado: trigo, maíz, arroz, remolacha azucarera; grasas vegetales: de oliva, soja, girasol, colza, palma; madera, caucho...
DISTRIBUCIÓN.
La distribución de materias primas es muy desigual, con una fuerte concentración espacial del consumo en los países desarrollados, mientras que la producción está mucho más repartida y es mayor en los países subdesarrollados, dominados económicamente por los anteriores, que explotan sus recursos, a menudo más allá de sus posibilidades de renovación y dejando pocos beneficios económicos en sus lugares de origen.
La distribución de algunas de las más importantes materias primas ilustra esta desigual distribución:
Materias vegetales: la madera tiene las principales reservas en las zonas tropicales, aunque su explotación más intensiva se dé en el Hemisferio Norte; el caucho se concentra en el Asia Meridional; el algodón, la fibra textil más importante, en las zonas tropicales.
Los minerales metálicos: el hierro en Rusia, China, Brasil, Australia y EE UU; el cobre en Chile, EE UU, Canadá, Zambia y Rusia; la bauxita en Australia, Jamaica y Brasil. Otros minerales son plomo, zinc, cromo, manganeso, oro, plata, platino, diamantes, molibdeno, mercurio, cobalto, antimonio, cadmio, magnesio, estaño, tungsteno, titanio, níquel, uranio...
Los minerales no metálicos: fosfatos en Marruecos, EE UU y Rusia; nitratos en Chile.


La minería de minerales y metales raros es esencial para mantener el sistema productivo mundial, destacando antimonio, germanio, cobalto, niobio, litio, tántalo, wolframio, molibdeno, iridio, galio, selenio, teluro, níquel, paladio o platino…, usados en automóviles, pantallas planas, paneles solares, catalizadores... Muchos de estos metales se han usado y arrojado a vertederos o al medio ambiente en pequeñas cantidades que no se pueden recuperar. Estos recursos están poco distribuidos en el planeta: China tiene el 75% del germanio y el wolframio, Brasil el 90% del niobio, Sudáfrica el 77% del platino…
Un grupo de países emergen como los grandes ganadores del ‘boom’ de los recursos naturales. Son los CARBS: Canadá, Australia, Rusia, Brasil y Sudáfrica, que acumulan entre el 25% y el 50% de los principales recursos naturales. Como explica Alicia González (2012), basándose en informes del Citigroup:
‹‹El boom de las materias primas ha dejado de ser un fenómeno exclusivamente ligado al ciclo económico. La economía mundial ha experimentado cambios estructurales de inmenso calado con la irrupción de los consumidores de las economías emergentes. Y esa transformación también ha cambiado el planteamiento de los productores de materias primas. Algunos países han cambiado su apuesta por la producción industrial para pasar a explotar de forma intensiva sus recursos naturales, como es el caso de Canadá, miembro del club de los países más ricos, el G-7.
(…) existe un grupo de países productores que destaca por el creciente peso que los recursos naturales tienen en sus economías y por haber aprovechado especialmente bien este boom de las materias primas. Son mercados, además, con gran liquidez, con una enorme disponibilidad de distintos recursos y que han utilizado los jugosos ingresos procedentes de esta actividad para transformar sus economías y la renta de sus habitantes, aunque tampoco estén exentas de riesgos. Son los Carbs, acrónimo de Canadá, Australia, Rusia, Brasil y Sudáfrica. Carbs es, además, la abreviatura, en inglés, de la palabra carbohidratos y, jugando con ese doble significado, el departamento de estrategia global de Citigroup presentaba un reciente informe bajo el título “los Carbs te hacen más fuerte”. La apuesta, compartida por otros expertos, de que el futuro de las materias primas pasa por un creciente protagonismo de estos productores.
Entre esos cinco países controlan activos vinculados con las materias primas por un valor próximo a los 60 billones de dólares, en una extensión de tierra equivalente al 29% del total y copan, de media, entre el 25% y el 50% de la producción mundial de los más importantes metales y minerales, con apenas el 6% de la población mundial. “Creemos que representan, sin duda, una clase distinta de productores”, subraya Robert Buckland, de Citigroup.
Desde 2003, sus economías y sus mercados se han transformado. El consumo de media en estos países se ha triplicado, sus divisas se han apreciado un 83% frente al dólar en términos reales, los mercados de valores han multiplicado su tamaño por cuatro y la actividad diaria de los mismos es 20 veces mayor que hace nueve años.
“Según declina la preeminencia de las economías occidentales y el crecimiento en Asia avanza hacia el consumo, la cuestión es cómo estos países productores de materias primas van a adaptarse a ese nuevo mundo”, señala Buckland.
En términos generales, los Gobiernos de esos países han utilizado “sabiamente” sus recursos y han aprovechado el auge de las materias primas para reducir su deuda pública en unos 10 puntos porcentuales, para acumular reservas en moneda extranjera hasta superar el billón de dólares e invertir en infraestructuras que les permitan aumentar sus exportaciones de recursos naturales en el futuro “en un 44%”, calculan los expertos del Citigroup.›› [González, Alicia. Los reyes de las materias primas. “El País” Negocios 1.367 (15-I-2012) 4-6.]

5.3. FUENTES DE ENERGÍA.
Las fuentes de energía son los recursos naturales que producen trabajo. La Revolución Industrial ha provocado la necesidad de los países de procurar su autoabastecimiento y evitar la dependencia de unos pocos productores en oligopolio (como ocurre con el petróleo). La situación actual es de un uso masivo y creciente de energía. Desde 1900 el consumo se ha multiplicado por 10, siendo su nivel de consumo un índice del desarrollo económico. Hay una fuerte concentración de la demanda en los países desarrollados, con una demanda muy rígida, mientras que los países subdesarrollados producen casi toda la energía que se pone en el mercado mundial, intentando conseguir unos precios convenientes, generalmente sin conseguirlo (la OPEP es un ejemplo), pese a las constantes tensiones internacionales (las crisis de 1973 y 1979). La crisis energética, la amenaza de agotamiento del petróleo y la contaminación están promoviendo el desarrollo de las energías alternativas.

En 2012 el 81% del consumo primario mundial fue provisto por combustibles fósiles y un 5,9% por uranio, y se espera que la demanda de energía se duplique para 2050, al aumentar la población de 7.000 a 9.000 millones de habitantes y aumentar el consumo de estos. Se estimaba que el petróleo, el gas natural y el uranio se agotarían hacia 2050, salvo pequeños remanentes, pero el carbón duraría cientos de años y el torio podría usarse como sustituto durante siglos en la energía nuclear. Pero en realidad las reservas de petróleo han subido desde 1,2 millones de barriles de 2000 hasta 1,6 billones en 2012, y el fracking está empujando la producción de hidrocarburos en EE UU y otros países.


CLASIFICACIÓN.
Tablas mundiales de reservas de petróleo, gas natural y carbón en 2005.


Se distinguen varias tipologías: renovables (la hidroeléctrica y las alternativas) y no renovables (minerales fósiles); tradicionales (carbón primero, luego el petróleo), nuevas (atómica) y alternativas (solar y otras); duras (no renovables y muy contaminantes, como el carbón) y blandas (renovables y no contaminantes, como la hidráulica). La energía eléctrica se clasifica a su vez en termoeléctrica (centrales alimentadas con carbón, petróleo o gas natural), atómica e hidroeléctrica.
DISTRIBUCIÓN.

La producción de energía crece continuamente. El consumo mundial de energía en 2011 se basa en el petróleo (30%), carbón (25-30%), gas natural (15%) y otras fuentes de energía eléctrica como la atómica, hidráulica y otras renovables (25-30%).
Carbón.
El 25-30% de la energía consumida. Fue la energía determinante de la Revolución Industrial, pero durante el siglo XX y sobre todo desde 1950 ha sido sustituida progresivamente por otras fuentes, lo que ha conllevado el cierre de muchas explotaciones y la reconversión o paro laboral de los mineros. Hay varios tipos de carbón, según su capacidad energética: antracita, hulla, lignito, turba. Los mayores productores y consumidores son China, EE UU, India, Rusia y Australia y los grandes exportadores son Australia y Canadá. La crisis petrolera de 1973 revitalizó su producción, beneficiada por las enormes reservas, muy superiores en tiempo previsto a las del petróleo. Se está ensayando la gasificación directa en la mina del carbón, sin extraerlo.
Petróleo.
 
Mapa de la producción mundial de petróleo. Fuente: BBC.

Mapa de las reservas mundiales de petróleo.

El 30% de la energía consumida. Tiene un poder calorífico muy superior al del carbón, al que ha desplazado, tanto como productor de energía (térmica, combustibles de transporte) como por sus múltiples usos en la química orgánica. Los grandes productores son Arabia Saudí, EE UU, Rusia y países del norte de África y el Golfo Pérsico, Noruega, México, Venezuela, etc. El mercado mundial está dominado por la OPEP y las grandes compañías petrolíferas occidentales.
Gas natural.
Es el 15% de la energía consumida y tiene un gran futuro: desde 1977 el consumo relativo de gas ha aumentado un 50%, mientras que el de petróleo ha disminuido. Las grandes inversiones de futuro son las centrales termoeléctricas de ciclo combinado de gas, porque se calcula que en el 2050 el gas representará entre el 20 y el 30% del consumo mundial. Los grandes productores son Rusia, EE UU y Canadá. Los grandes consumidores son EE UU, Europa y Rusia. Las mayores reservas se concentran en Rusia, el norte de África, el Golfo Pérsico y EE UU.
Energía nuclear.
Las centrales nucleares del mundo y Europa en 2005.

Supera el 10% de la energía consumida y se concentra en EE UU, Europa (Francia y Alemania sobre todo), Rusia y Japón. El combustible es el uranio, que se extrae en EE UU, Canadá, Rusia, China, Australia y Sudáfrica. Sus altos riesgos de contaminación radiactiva han provocado grandes polémicas, pero ha continuado su desarrollo, potenciado por mejoras tecnológicas: los reactores regeneradores aprovechan el uranio 60 veces más.
Energía hidroeléctrica.
Cerca del 10% de la energía consumida. Su distribución está muy repartida, en las grandes cuencas fluviales donde se pueden construir las grandes presas, que ocupan mucho espacio y son de lenta y costosa construcción, pero aseguran una energía barata y limpia por muchos decenios. Los mayores recursos se concentran en las zonas tropicales de África, Asia y América, pero se explotan poco porque están muy lejos de las zonas consumidoras. Algunos países dependen de ella casi por completo: Canadá, Brasil, Suecia y Noruega.
Energías alternativas.
Son entre el 5% y el 10% de la energía consumida, debido a su menor competitividad en precio, aunque son las fuentes más limpias y renovables. Se distinguen la eólica, solar, mareomotriz, fluvial, geotérmica, gasificación del carbón y el biogás. Su desarrollo se limita actualmente a los países desarrollados, que tienen la alta tecnología necesaria.

BIBLIOGRAFÍA.
Libros.
Castells, Manuel. Sociología del espacio industrial. Ayuso. Madrid. 1975. 235 pp.
Dickson, David. Tecnología alternativa. Blume. Madrid. 1978. 200 pp.
Estall, R.C.; Buchanan, R.O. Actividad industrial y geografía económica. Labor. Barcelona. 1970. 245 pp.
Frutos, Luisa María. La era industrial. Cincel. Madrid. 1983. 136 pp.
George, Pierre. Geografía económica. Ariel. Barcelona. 1982 (1970 1ª español). 424 pp.
Manero, F. La actividad industrial, 197-258 en Bielza. Geografía General. v. II. Taurus. Madrid. 1989. 395 pp.
Méndez, R. Los espacios industriales. pp. 587-701, en Puyol, Rafael; Estébanez, José; Méndez, Ricardo. Geografía Humana. Cátedra. Madrid. 1992. 727 pp.
Tamames, R. Estructura económica internacional. Alianza. Madrid. 1991. 451 pp.

PROGRAMACIÓN.
UD 8. EL ESPACIO Y LA ACTIVIDAD INDUSTRIAL. MATERIAS PRIMAS Y FUENTES DE ENERGÍA.
UBICACIÓN Y SECUENCIACIÓN.
ESO, 2º ciclo.
Eje 1. Sociedad y territorio. Bloque 3. La actividad humana y el espacio geográfico. Núcleo 3. Actividades y espacios industriales.
RELACIÓN CON TEMAS TRANSVERSALES.
Relación con los temas de la Educación Ambiental y de Educación Moral y Cívica.
TEMPORALIZACIÓN.
Cuatro sesiones de una hora.
1ª Documental. Diálogo, con evaluación previa. Exposición del profesor. Cuestiones.
2ª Exposición del profesor. Cuestiones.
3ª Exposición del profesor, de refuerzo y repaso; esquemas y comentarios de textos.
4ª Comentarios de textos; debate y síntesis.
OBJETIVOS.
Conocer el concepto de espacio industrial.
Analizar los elementos de la actividad industrial.
Conocer los factores de localización industrial.
Relacionar los factores de localización industrial con la distribución de la industria en el mundo.
Conocer los conceptos de materias primas y fuentes de energía y cuáles son las más importantes.
CONTENIDOS.
A) CONCEPTUALES.
El espacio industrial.
Los factores de localización industrial.
La distribución de la industria en el mundo.
La actividad industrial.
Las materias primas y las fuentes de energía.
B) PROCEDIMENTALES.
Tratamiento de la información: realización de esquemas del tema, mapas y gráficos.
Explicación multicausal de los hechos geográficos: en comentario de textos, en juego de simulación.
Indagación e investigación: recogida y análisis de datos en enciclopedias, manuales, monografías, artículos...
C) ACTITUDINALES.
Rigor crítico y curiosidad científica.
Tolerancia y solidaridad.
METODOLOGÍA.
Metodología expositiva y participativa activa.
MOTIVACIÓN.
Documental sobre el tema, con un diálogo que sirva como evaluación previa.
ACTIVIDADES.
A) CON EL GRAN GRUPO.
Exposición por el profesor del tema.
B) EN EQUIPOS DE TRABAJO.
Realización de esquemas sobre los apartados del tema.
Comentarios de textos sobre la industria del automóvil, la informática, la crisis industrial de los años 70...
Un juego de simulación: los alumnos del grupo deben hacer un pequeño ejercicio consistente en un estudio de localización de una fábrica en la zona del centro (basta la ciudad). Cada grupo escogerá su fábrica. Deben estudiar los factores de localización, la zona más adecuada, las ventajas de transporte, los mejores productos, la estructura de organización de la empresa, etc., pero no debe pasar de una aplicación de los conceptos de la UD y no se necesitan los costos reales (basta indicar los conceptos de los costos).
C) INDIVIDUALES.
Realización de apuntes esquemáticos sobre la UD.
Participación en las actividades grupales.
Búsqueda individual de datos en la bibliografía, en deberes fuera de clase.
Contestar cuestiones en cuaderno de trabajo, con diálogo previo en grupo.
RECURSOS.
Transparencias, diapositivas, mapas.
Libros de texto, manuales.
Fotocopias de textos para comentarios.
Cuadernos de apuntes, esquemas...
Documental.
EVALUACIÓN.
Evaluación continua. Se hará especial hincapié en que se comprenda la relación entre
Examen incluido en el de otras UD, con breves cuestiones y un comentario de texto.
RECUPERACIÓN.
Entrevista con los alumnos con inadecuado progreso.
Realización de actividades de refuerzo: esquemas, comentario de textos...
Examen de recuperación (junto a las otras UD).

APÉNDICES:
INDUSTRIA.
Concepto.
Se denomina actividad industrial a los procesos técnicos que permiten transformar en productos que responden a las necesidades humanas aquellas materias obtenidas de la explotación directa de la naturaleza. En el proceso productivo son esenciales el capital, la mano de obra y los recursos energéticos, junto con la utilización de maquinaria especializada y la división racional del trabajo.
La actividad industrial se plantea a gran escala como un proceso de producción continuada que se destina al abastecimiento de los mercados y a la obtención de beneficios.
Evolución.
Esta actividad es la que mejor caracteriza a las sociedades desarrolladas contemporáneas, la que más influye en su progreso material y también la que más amenaza su futuro, por su fuerte influencia en la degradación del medio. En su evolución histórica, la actividad industrial ha ido adaptando los sistemas de trabajo tradicionales a las necesidades de cada momento concreto. El trabajo y la gestión se rigen hoy por métodos científicos, entre los que destaca el grado máximo de división del trabajo entre una mano de obra directa, especializada en funciones muy concretas y adaptada al ritmo general del trabajo en cadena, que elabora el producto, y una mano de obra indirecta, formada por especialistas que trabajan en los proyectos de investigación, en las oficinas técnicas o en los departamentos de personal.
El proceso industrial se completa con la planificación de los métodos comerciales realizada por los departamentos de márketing. Ellos se encargan de los estudios de mercado, de la publicidad de los productos o de la red de distribución.
El desarrollo de la industria moderna, que comienza en Inglaterra a finales del siglo XVIII con la aparición de la máquina de vapor, la fábrica, la producción en serie, el proletariado como clase social y la expansión del capitalismo, ha originado uno de los procesos más espectaculares de transformación del espacio y de modificación del paisaje, con consecuencias de tipo económico, social y político que alcanzan a todos los rincones del planeta.
La actividad industrial supone la producción masiva y en serie de bienes elaborados mediante máquinas en fábricas y la inversión de enormes capitales por empresarios. Su objetivo es la producción del mayor número de bienes posibles al menor coste para controlar mercados y obtener los máximos beneficios.
Probablemente la revolución industrial es el acontecimiento que más ha afectado al hombre desde la invención de la agricultura. A través del tiempo, la industria ha introducido cambios sin precedentes en la estructura y reparto de la población, ha impulsado el desarrollo del capitalismo, ha movido intereses económicos y políticos que primero se plasmaron en imperios coloniales y luego en formas más o menos sutiles de influencia y dependencia que provocan tensiones y a menudo estallan en conflictos.
Hoy, ningún punto del planeta escapa a los efectos de la actividad industrial, de forma directa o indirecta, pero la tendencia de la industria a agruparse espacialmente crea paisajes que se caracterizan por una importante concentración de empresas, por un aprovechamiento intensivo del suelo que resulta de la competencia con otros usos menos productivos, y por densidades importantes de población. Así, en un espacio globalmente discontinuo, donde el territorio tiende a estructurarse alrededor de las ciudades y metrópolis (Veltz, 1990), la industria desenvuelve un importante papel vertebrador del territorio.
La diversidad de la actividad industrial.
Desde que nace la industria moderna, a finales del siglo XVIII, hasta nuestros días, la industria se ha ido transformando en función de las necesidades del mercado. Sus formas y actividades son muy variadas: industrias de base, de bienes de equipo y de bienes de consumo.
Las industrias de base, como la siderurgia, la química pesada o del cemento, son las que fabrican productos que utilizan otras industrias. Las industrias de bienes de equipo son las que fabrican máquinas y material de transporte, bienes para otras industrias o para el sector servicios. Por último las industrias de bienes de consumo son las que elaboran productos para el consumo directo, por ejemplo las industrias de alimentación de electrodomésticos o del automóvil.
Las industrias textil y siderúrgica fueron los motores de la primera Revolución Industrial.
La invención de máquinas para la industria textil y la aplicación de la máquina de vapor de Watt hicieron posible la producción masiva de telas de algodón para vestir a una población que crece espectacularmente desde finales del XVIII. A la vez, la aplicación de la máquina de vapor a los transportes facilitó las importaciones y exportaciones.
Por su parte, la aparición de altos hornos que utilizaban el carbón mineral como fuente de energía y el mineral de hierro, para la fundición y fabricación de acero, permitieron construir máquinas, barcos y ferrocarriles. A 1o largo del siglo XX se suceden adelantos que posibilitaron el desarrollo de la siderurgia. El fuelle caliente de Nelson (1829) permitió utilizar el carbón tal como se extraía de las minas, el convertidor Bessemer (1856) abarató la producción del hierro, y el convertidor Thomas y Gilchrit (1878) facilitó la utilización de hierros con alto contenido en fósforo.
Las industrias del automóvil y relacionadas con la electricidad originaron una segunda Revolución Industrial.
El petróleo y la electricidad, como fuentes de energía, y los motores de explosión y eléctrico, como máquinas, desencadenaron a finales del XIX una segunda revolución. Ahora la fabricación de bienes de equipo y de consumo son las actividades más características. El consumo es el motor de la economía; se efectúan estudios de mercado para adaptar la producción a la demanda y se intenta influir en el consumidor con la propaganda.
La industria del automóvil es símbolo de una actividad caracterizada por la competencia, la integración de empresas y la especialización. Las fábricas Ford aplicaron ya a principios del XX la producción en cadena y la especialización de los trabajadores en las tareas.
La electricidad hace posible la electrometalurgia y la electroquímica, la mejora de los transportes y la invención del teléfono, el telégrafo, la radio...
Las industrias de la información y de la ingeniería genética representan la actividad industrial reciente.
Después de la Segunda Guerra Mundial se entra en una tercera revolución industrial a la que se califica de revolución de la inteligencia. Se caracteriza por la rapidez de los avances científicos y técnicos, por la importancia de la investigación y la primacía de la creatividad.
La revolución tecnológica trae consigo nuevos materiales y productos, el nacimiento de la microelectrónica, la informática, la biotecnología y la modificación de las formas de producción. La gran fábrica es sustituida por unidades pequeñas y dispersas. Los obreros que realizaban labores repetitivas son reemplazados por robots y ahora se exige una mano de obra poco numerosa pero muy especializada y cualificada.
La revolución tecnológica provoca paro, pero también mejora las condiciones de vida y de trabajo, permite reducir la jornada laboral y disponer de tiempo libre que la sociedad habrá de saber ocupar.
La localización de la actividad industrial.
La industria se localiza donde encuentra mayores facilidades de aprovisionamiento de materias primas, donde existe energía abundante y barata, lo más cerca posible del mercado de consumo y donde hay mano de obra abundante.
El deseo de aprovechar una mano de obra numerosa, barata y poco conflictiva, la apertura de mercados y la existencia de una legislación medioambiental poco restrictiva favorecen nuevas localizaciones industriales en países del Tercer Mundo.
El paisaje industrial.
La actividad industrial genera unos paisajes característicos. El espacio industrial tiene una intensa utilización tanto en superficie como en altura: concentra una alta densidad de edificaciones y de instalaciones diversas (carreteras, vías férreas, líneas eléctricas...).
Al mismo tiempo son, en general, espacios ambientales muy degradados que se ven directamente afectados por las consecuencias contaminantes de la propia actividad y por el problema de la acumulación de residuos.
Factores generales de localización.
La industria tiende a localizarse en los lugares donde los costes de aprovisionamiento, producción y distribución son menores.
Los factores físicos condicionaban la localización de las industrias. Había que garantizar el abastecimiento de materias primas, contar con el aprovisionamiento de energía necesaria, disponer de mano de obra abundante y barata y encontrar un mercado consumidor relativamente próximo y accesible.
Actualmente los factores de localización se han modificado porque se ha superado esa dependencia.
- Las mejoras en los transportes y en las comunicaciones han eliminado el factor distancia.
- La movilidad de la población laboral ha desvinculado a las industrias de la inevitable proximidad a los centros de población. La automatización, al disminuir las necesidades de mano de obra, ha contribuido también a alejar las industrias de dichos centros.
- El perfeccionamiento de las redes de distribución ha permitido elegir los lugares de producción.
- La acción del Estado, con la voluntad política de industrializar determinados lugares, ha llevado a prescindir, en algunos casos, de cualquier otro factor condicionante.
- La perspectiva ecológica, en defensa de los equilibrios naturales, se ha incorporado en los últimos años a las consideraciones de tipo económico.
Concentración y dispersión.
La búsqueda de los factores de localización más adecuados determinó un fenómeno de concentración geográfica de los asentamientos industriales: unas veces por la buena disponibilidad en la zona de materias primas, energía, mano de obra y centros de consumo; otras, por razones de complementariedad entre las materias y los procesos de fabricación de unas y otras industrias. Además, el deseo de aprovechar la infraestructura general ya existente atrae nuevas instalaciones fabriles.
Sin embargo, todas estas ventajas que provocan la atracción industrial se mantienen hasta un grado concreto de concentración, determinado por la propia capacidad de la infraestructura, de la mano de obra o de los servicios en general. Superado dicho nivel, las ventajas dejan de serlo y se convierten en inconvenientes, ya que la infraestructura puede quedar desbordada y los servicios congestionados.
Si a esto sumamos las reivindicaciones crecientes de la mano de obra y el incremento de la competencia, podemos entender fácilmente que una concentración excesiva acabe derivando hacia un proceso de dispersión industrial.
a) Factores de localización industrial.
La industria se localiza donde encuentra mayores facilidades para su desarrollo en función de factores que cambian con el tiempo según el modelo tecnológico dominante, las exigencias concretas de cada tipo de industria y las características generales de los modos de producción. Así, entre los factores de localización industrial destacan:
Existencia de materias primas y fuentes de energía. El elevado volumen y peso de las materias primas y la necesidad de energía hicieron que las industrias siderúrgicas y de bienes de equipo se localizaron cerca de las minas, de los recursos energéticos y de los puertos por donde llegaban las materias primas. En esos entornos surgieron importantes aglomeraciones y complejos industriales como los del Rhur, el Lancashire o la ría del Nervión.
Importancia del mercado. Las industrias de bienes de consumo, como las de alimentación, confección, imprenta, automóvil..., siempre han preferido localizarse cerca de las ciudades, puesto que para ellas lo más importante es la proximidad al mercado. Además, las aglomeraciones urbanas proporcionan mano de obra, capitales y servicios.
Facilidades de transporte. El deseo de reducir los gastos de transporte ha favorecido también la localización industrial cerca de carreteras, ferrocarriles, puertos y aeropuertos, en ambientes urbanos.
Mano de obra. Hoy, desaparecido el efecto de fricción de la distancia, la mayoría de las industrias anteponen sus necesidades de mano de obra abundante y poco conflictiva a cualquier otro criterio de localización. El deseo de aprovechar una mano de obra numerosa, barata y poco conflictiva, favorece el traslado de fábricas desde los países antes industrializados hacia el Tercer Mundo y la creación de industrias nuevas en su interior.
Voluntad de un empresario. Muchas empresas industriales deben su localización concreta a la voluntad de una persona o de una familia. Este es el caso de la fábrica de automóviles Ford en Detroit. EI empresario decide la localización de la industria en uno u otro lugar por razones económicas, afectivas o de percepción mental (P.E. Lloyd y P. Dicken, 1990).
b) Teorías de localización industrial.
Para explicar la localización industrial a escala regional y mundial se han elaborado diferentes teorías que se suceden en el tiempo en función de las innovaciones tecnológicas, las exigencias de los modos de producción y las corrientes de pensamiento dominantes.
Teoría del coste del transporte y de las economías de aglomeración. Alfred Weber (1909) vincula la localización industrial al coste de los transportes de las materias primas y a las denominadas economías de aglomeración a partir del principio de que la industria atrae a la industria. Las fábricas que se localizan en unos mismos emplazamientos por el menor coste del transporte, se benefician de infraestructuras comunes, de costes más bajos de energía, de facilidades de abastecimiento de agua y de relaciones de complementariedad entre empresas.
Teoría de las etapas de desarrollo. W. Rostow (1963) explica la localización industrial a escala internacional. Según él, todos los países han de pasar sucesivamente por tres etapas de desarrollo: preindustrial, industrial y postindustrial. Las diferencias de industrialización dependen de la etapa en que se hallan cada uno de los países y regiones del planeta, teniendo en cuenta que llegará un momento en que todos los espacios se encontrarán en la etapa postindustrial.
Teoría de la dependencia y del intercambio desigual. Desde planteamientos marxistas se considera al capital y al intercambio desigual como factores determinantes de la localización industrial. Las industrias se localizan en los países desarrollados y su prosperidad se basa en la acumulación de beneficios que se obtienen de un comercio desigual con los países pobres. Los países ricos exportan productos fabricados y los países pobres materias primas.
Teoría de la división internacional del trabajo. A partir de tesis neoliberales e interpretaciones radicales se hace depender la localización industrial de las innovaciones técnicas y de las ventajas económicas de los espacios industriales nuevos: bajo coste de la mano de obra, escasa conflictividad laboral, ventajas fiscales, legislación medioambiental menos restrictiva.
Esta teoría da respuesta a un hecho no contemplado por la teoría de la dependencia: la industrialización de muchos países del Tercer Mundo. Las tareas de diseño, investigación y fabricación que exigen mano de obra muy especializada y cualificada, permanecen en los países antes industrializados: las tareas repetitivas: que requieren mano de obra abundante y barata, se trasladan a zonas del Tercer Mundo.
Teoría de la flexibilidad del mercado de trabajo. La rapidez de los cambios tecnológicos y la evolución del mercado a partir de los años 80 hacen que las industrias prefieran aquellas localizaciones donde exista una mano de obra más flexible, en mejor disposición para adaptarse a las tareas impuestas por las recientes tecnologías y a condiciones laborales caracterizadas por la precariedad y movilidad en el empleo. Estas localizaciones corresponden en todas partes a las grandes ciudades, donde los trabajadores tienen más facilidad para reciclarse, para aceptar trabajo con menores garantías en el plano social, y donde las empresas son capaces de reaccionar con más rapidez a las exigencias del mercado.

TIPOLOGÍA DE LA INDUSTRIA.
Tipos de industrias.
Atendiendo al lugar que ocupan dentro del proceso productivo y al tipo de materias primas que utilizan, las industrias pueden clasificarse en dos grandes grupos: pesadas y ligeras.
La industria pesada.
La industria pesada transforma, en una primera fase, las materias primas y energéticas en otros productos de mayor valor. Su nombre se debe al gran peso de los elementos que trata. Por ello, esta industria se localiza cerca de los centros extractivos o mineros. Puede ser de dos tipos:
a) Las industrias básicas realizan la primera elaboración de las materias primas a partir de su estado natural. Como base de todas ellas se sitúan las industrias extractivas, dedicadas a la actividad minera. Aprovechando los productos que se obtienen de esta actividad surge otra serie de industrias básicas.
La siderúrgica proporciona hierro y acero a partir del mineral de hierro. Precisa de abundante carbón; por eso se sitúa cerca de los centros de producción de estos minerales de costoso transporte. Las metalúrgicas transforman los minerales metálicos en metales o aleaciones. La química de base utiliza el carbón, la sal y sobre todo el petróleo para obtener ácidos, plásticos o fibras artificiales. El empleo de alta tecnología eleva sus costes. Por último, la industria del cemento y otros elementos de construcción emplea materias primas de escaso valor (calizas, arcillas) y las transforma en materiales para la industria de la construcción.
b) Las industrias de bienes de equipo elaboran los productos obtenidos por la industria de base y los transforman en máquinas, herramientas y otros útiles necesarios para las demás industrias. En este grupo se encuentran las industrias mecánicas y las industrias de construcción.
La industria ligera.
Proporciona bienes para el consumo directo, a partir de los productos agrarios o de los productos elaborados por las industrias de base. Se localiza, por tanto, cerca de los centros de consumo.
Las industrias alimentarias elaboran productos obtenidos de la agricultura, la ganadería y la pesca. Su localización es dispersa, pues depende de los centros de abastecimiento y consumo.
Las industrias de transformados metálicos elaboran diferentes productos a partir de los metales. Se localizan cerca de las ciudades, que constituyen su principal mercado. Las industrias textiles agrupan a las que emplean las fibras naturales tradicionales, como el algodón o la lana, y las modernas fibras artificiales facilitadas por la industria química.
Existen otras industrias ligeras, como la papelera, las químicas especializadas o las del mueble, de muy variada localización.

LOS PAISAJES DE LA INDUSTRIA.
Los paisajes industriales.
La industria transforma el medio natural y modifica el paisaje urbano. Minas, puertos y nudos ferroviarios atrajeron industrias de base y crearon paisajes industriales negros, la hidroelectricidad determinó paisajes industriales de montaña, y las ciudades, paisajes industriales urbanos.
Hoy, la reorganización del sistema productivo y las nuevas tecnologías originan paisajes industriales que se caracterizan por un mayor respeto a la naturaleza y por su calidad de diseño urbanístico.
Paisajes industriales negros o de primera generación.
La industria modifica la naturaleza originando paisajes industriales. Los más antiguos son los paisajes negros. Corresponden a las industrias de primera generación, a las industrias del carbón y el hierro que en el siglo pasado dieron lugar a las principales concentraciones industriales en cuencas mineras y localizaciones portuarias. Las minas de carbón y hierro hicieron posible la instalación de altos homos y estos a su vez atrajeron industrias mecánicas, químicas y de equipamiento básico en general. Además, la abundancia de energía barata y de mujeres propició la instalación de industrias textiles en estos mismos emplazamientos.
Durante generaciones, los paisajes negros se caracterizaron también por su elevada conciencia social. El duro trabajo en la mina y en la fábrica, especialmente en los primeros tiempos de la revolución industrial, fomentó el asociacionismo de los trabajadores y el nacimiento de un movimiento obrero dirigido a la conquista de mejoras laborales y de calidad de vida.
En nuestros días muchas minas están agotadas, los altos hornos cerrados y las industrias mecánicas y químicas en vías de reestructuración. Los paisajes negros constituyen espacios en crisis, las tasas de paro alcanzan cifras más altas que en otros lugares, el desempleo y la marginación afecta a sectores importantes de su población.
El peso y volumen del carbón y el hierro determinaron la concentración de altos hornos, industrias metalúrgicas, mecánicas y químicas cerca de minas y puertos. Las cuencas carboníferas se convirtieron en los espacios más industrializados.
Las duras condiciones de trabajo, con jornadas de más de 12 horas, leyes que prohibían las asociaciones y hacinamiento en infraviviendas impulsaron el movimiento obrero. Desde entonces los paisajes negros se caracterizan por su fuerte conciencia social y elevada solidaridad de clase.
Hoy el petróleo ha provocado el cierre de minas. Muchas siderúrgicas son desmanteladas por su inadaptación a las nuevas exigencias del mercado y por la competencia industrial del Tercer Mundo. Así, gran parte de los viejos paisajes negros se convierten en verdadera arqueología industrial.
Paisajes industriales urbanos y de montaña.
Las ventajas de la ciudad para la actividad industrial dieron lugar a la formación de importantes paisajes industriales urbanos. Las industrias, sobre todo las de fabricación de bienes de consumo se instalaron en las ciudades para beneficiarse del volumen del mercado urbano, de la abundancia de mano de obra, de la concentración de capitales, de las posibilidades de complementariedad empresarial, de las ventajas que se desprenden de la proximidad a los centros de decisión e información y de las facilidades de acceso a los mercados exteriores a través de las redes de comunicación.
La concentración de industrias en la ciudad permite a las empresas aprovecharse de la utilización de unas mismas infraestructuras y servicios, como transportes, aprovisionamiento de agua y utilización de energía, lo que permite un abaratamiento de los costes de producción. Además, la proximidad sobre un espacio reducido de empresas dedicadas a actividades similares o vecinas favorece la especialización empresarial, el establecimiento de relaciones de complementariedad entre ellas y procesos de concentración vertical (trusts) y horizontal (carteles). Se imponen así ventajas de economías de aglomeración que se traducen en el principio de que “la industria atrae a las industrias”.
Las necesidades de aprovisionamiento de petróleo a partir de la segunda revolución industrial favorecieron también la creación de paisajes industriales en bordes urbanos y en puertos. En las zonas portuarias se crearon refinerías y a su alrededor surgieron petroquímicas, electrometalúrgicas, fábricas de cemento y cerámica.
Dentro de las ciudades las primeras concentraciones industriales surgieron de forma espontánea al borde del agua, junto a los ríos, canales, lagos y mares. El agua era el medio de transporte más rápido, seguro y barato, y su fuerza era utilizada como fuente de energía. En la actualidad, siguen asentadas en los puertos, aparte de las industrias de reparación y construcción naval, aquellas que necesitan dar salida por mar a sus productos terminados y las que requieren grandes espacios por la elevada cantidad de materias primas utilizadas.
Otras industrias se localizaron de forma espontánea junto a estaciones e instalaciones ferroviarias y junto a carreteras de acceso a las ciudades para beneficiarse de las ventajas de transporte, accesibilidad y existencia de abundantes terrenos para sus instalaciones.
Los primeros asentamientos industriales planificados surgieron a finales del siglo XIX y principios del XX (Manchester, 1896; Chicago, 1899, y Nápoles, 1904), pero la mayoría de las zonas industriales planificadas han sido construidas después de la Segunda Guerra Mundial, coincidiendo con el triunfo del modelo de ciudad funcional, de funciones segregadas espacialmente, que se inspira en las ideas de Gropius y Le Corbusier, y que difundió la Carta de Atenas por el mundo entero desde su publicación en 1943.
El fuerte crecimiento económico de Europa durante los años cincuenta y sesenta, y el impulso de políticas de desarrollo y de corrección de desequilibrios territoriales inspiradas en la filosofía de la planificación indicativa favorecieron la creación de polígonos industriales.
En España, los primeros polígonos surgen a partir de los años cincuenta (Vitoria es uno de los tempranos ejemplos). Se conciben como espacios urbanizados y dotados de toda suerte de infraestructuras para facilitar la instalación de nuevas industrias o el traslado de industrias desde el interior de la ciudad; también dentro del modelo de ciudad funcional que por esos años se impone en España a través del planeamiento inicial y la Ley del Suelo de 1956.
En unos casos, los polígonos industriales son urbanizados y promovidos por iniciativa oficial, en otros, por iniciativa privada, pero siempre todos cuentan con ventajas de tipo fiscal o facilidades económicas para atraer industrias generadoras de actividad y empleo.
Por su parte, la hidroelectricidad atrajo a la montaña industrias que utilizan materias primas de poco peso, fabrican productos de alto valor, requieren poca mano de obra y consumen mucha electricidad, como la electrometalurgia, electroquímica e industrias de la madera y el papel. Las centrales hidroeléctricas proporcionan energía abundante y barata.
Los bosques también favorecieron el desarrollo de las industrias de la madera y la fabricación de pasta de papel. Además, la presencia de mano de obra numerosa y a menudo especializada en la producción artesanal impulsó la moderna actividad industrial y en consecuencia el nacimiento de paisajes industriales de montaña.
Las recientes transformaciones del sistema productivo, las posibilidades de transporte de energía eléctrica a gran distancia y la existencia de otras formas de obtención de electricidad, incluso más baratas, han hecho perder el atractivo que la montaña tuvo para la industria en el pasado. Hoy, los paisajes industriales de montaña son espacios en crisis, en vías de desaparición o de sustitución por usos de ocio y turismo.
Paisajes industriales nuevos.
Las más recientes formas de demanda industrial, vinculadas a la revolución tecnológica, fuerzan a las empresas y a los organismos públicos a impulsar programas de investigación y desarrollo que favorecen 1a concentración industrial en las aglomeraciones urbanas, debido a las ventajas que proporcionan sus economías de escala y de urbanización.
Sólo las ciudades proporcionan ambientes culturales, facilidades de comunicación y relación, posibilidades de formación y promoción capaces de atraer a los investigadores y en general a los profesionales más cualificados. Además, la voluntad de control y exigencias de seguridad potencian la concentración de laboratorios y centros de investigación en las ciudades.
No obstante, estas industrias se instalan en la periferia de las ciudades o en sus franjas periurbanas, en parques industriales o empresariales y en polos tecnológicos. Todos ellos son espacios urbanizados y dotados de equipamientos y servicios para acoger industrias y servicios. En general atraen instalaciones de última generación y morfológicamente se caracterizan por conceder importancia al diseño arquitectónico y urbanístico. Casi siempre se apoyan en la proximidad a medios de comunicación (ferrocarriles, autopistas y aeropuertos) y a universidades que aportan investigación e innovación. Los parques industriales de Las Monjas y de San Femando de Henares, dentro de la aglomeración madrileña, son ejemplos significativos.
La única diferencia de los denominados polos tecnológicos o tecno-polos respecto a los parques industriales es que los primeros concentran una mayor proporción de actividades de alta tecnología y de servicios. Además se vinculan a centros de investigación, universidades, organismos financieros y de servicios que facilitan las relaciones de complementariedad entre empresas y los contactos personales. Esta concentración de actividades engendra una sinergia generadora de ideas, innovaciones y empresas.
Entre los ejemplos más representativos de polos tecnológicos, espacios extensos especializados en tecnologías avanzadas, figuran el Silicon Valley en San Francisco, la Carretera 128 en Boston, o Grenoble en Francia).
En España, Tres Cantos (Madrid), Paterna (Valencia), Zamudio (Bilbao), El Vallés (Barcelona), Silvota (Málaga), son algunos ejemplos de tecno-polos. Todos ellos se sitúan en periferias metropolitanas, en espacios de calidad ambiental, con buenas redes de comunicaciones, próximos a aeropuertos internacionales y a mercados de trabajo, cualificados y flexibles. Sin embargo, sus posibilidades de desarrollo se ven limitadas por la insuficiente colaboración universidad‑empresa y por la fuerte dependencia tecnológica y de innovación del exterior. Su consolidación dependerá de la mayor o menor capacidad para atraer a las multinacionales de la electrónica, la informática y las telecomunicaciones.
Por otro lado, las dificultades para el desenvolvimiento de la industria dentro de la ciudad, los beneficios obtenidos por la transformación de suelo industrial en suelo residencial o comercial y la congestión de las vías de acceso provocaron ya desde los años sesenta el traslado masivo de fábricas que habían quedado en posiciones centrales a zonas suburbanas. Muchas factorías se instalaron de forma espontánea junto a las vías de comunicación, originando auténticos corredores industriales, otras se localizaron de forma planificada en polígonos industriales o en parques industriales.
La reciente transformación del sistema productivo con su corolario de reestructuración del sector industrial también ha favorecido la proliferación en parques industriales planificados o en asentamientos espontáneos de industrias relacionadas con las nuevas tecnologías, que fabrican productos de alto valor añadido, y empresas pequeñas relacionadas con fenómenos de descentralización productiva, subcontratación y economía sumergida.
También desde la década de los años sesenta aparecen en zonas rurales industrias procedentes de la ciudad que buscan ventajas de espacio, de mano de obra barata y de tipo fiscal. e industrias asociadas al aprovechamiento de recursos agrícolas locales y a cierta tradición artesanal. Muchas de las industrias que se instalan en zonas rurales son empresas pequeñas que emplean campesinos a tiempo parcial.
Para facilitar la instalación de nuevas industrias, sobre todo extranjeras, los poderes públicos han favorecido la creación de zonas francas en grandes puertos o junto a aquellas metrópolis que cuentan con las condiciones más favorables para el transporte de mercancías y disponen de abundante mano de obra. Son enclaves estratégicos que se conciben como espacios delimitados y segregados respecto al resto del territorio nacional para atraer empresas extranjeras. Los poderes públicos conceden beneficios fiscales y exenciones aduaneras a las industrias que se instalan en estas zonas, y acondicionan las infraestructuras necesarias. Sin embargo, la posibilidad de repatriar beneficios y capitales invertidos y el privilegio de extraterritorialidad hacen que sus beneficios resulten limitados para el conjunto del país donde se encuentran.
La mayor parte de las zonas francas se localizan en el Tercer Mundo, forman una especie de corona alrededor de los países desarrollados, aunque también las hay dentro de estos mismos países. Las mayores concentraciones corresponden a México, América Central, Sudeste Asiático y Medio Oriente.

LAS GRANDES REGIONES INDUSTRIALES.
Los principales espacios industriales del planeta.
Desde Inglaterra se inició en el siglo XIX un proceso de difusión de la industria. Primero se extendió por Europa Occidental, y luego, por Estados Unidos y Japón.
Hoy, la actividad industrial disminuye en los viejos países industriales y aumenta en el Tercer Mundo. No obstante, capitales, técnica y creatividad siguen concentrados en el Norte.
Europa ha sido el primer espacio industrial.
Inglaterra es la primera potencia industrial del mundo hasta finales del siglo XIX y durante mucho tiempo la única. Sólo a partir de 1830 la industrialización empezó a extenderse por el resto de Europa.
El apoyo de los bancos, la tradición artesanal y comercial, la riqueza en hulla y su posición marítima permitieron la temprana industrialización de Bélgica. En los años treinta del siglo pasado, este país contaba con una industria textil desarrollada y unas industrias siderúrgica y química en expansión.
En Francia, la industria no alcanzó importancia hasta finales del XIX, debido a la escasez de capitales y al lento avance de su siderurgia.
La industrialización de Alemania fue impulsada tras la guerra franco‑prusiana y su unificación en 1871 por la anexión de Alsacia y Lorena, zonas ya industrializadas, por las indemnizaciones de guerra de Francia y por la política proteccionista del Estado. Por aquellos mismos años la banca alemana se reorganizó hasta convertirse en una de las más poderosas y en vísperas de la Primera Guerra Mundial, las industrias química y siderúrgica de Alemania eran las más importantes del planeta.
Fuera de Europa, sólo EE UU y Japón se incorporaron al proceso de industrialización en la segunda mitad del siglo XIX y pronto pugnaron por el dominio industrial del mundo.
A fìnales del XIX, EE UU y Japón se incorporaron a la industrialización masiva.
El desarrollo industrial de EE UU fue favorecido a partir de los años 1860 por la inmigración, las inversiones extranjeras, el nacimiento de grandes fortunas, el descubrimiento de oro en California y Colorado, la marcha hacia el Oeste y la movilización de sus recursos naturales. Todo ello se realizó en un clima de libertad que permitió una temprana formación de trusts. Las industrias se concentraron entre la costa, los Apalaches y los grandes lagos, donde yacimientos de carbón y hierro originaron tempranos paisajes negros. En 1910, su producción de acero era la primera del mundo.
La industrialización del Japón empezó en 1868, con la revolución Meiji. Sus motores fueron el interés por la ciencia y técnica de Occidente, la existencia de una población numerosa y disciplinada, la capacidad de organización del gobierno y el afán de superar al extranjero. La pobreza de carbón y hierro hizo que el desarrollo siderúrgico fuera posterior al textil, obligó a importar materias primas y justificó una política expansionista por el sureste asiático. La escasez de capitales fue suplida por los impuestos y los préstamos extranjeros.
Los países industrializados de Europa, EE UU y Japón generaron un modelo industrial de dependencia centro‑periferia.
La concentración de la actividad industrial en pocos países de la zona templada del hemisferio norte sentó las bases de un nuevo modelo de dependencia dentro del dualismo centro‑periferia. Si antes las relaciones de dependencia de las colonias respecto a las metrópolis europeas se basaban en los principios del capitalismo comercial ahora lo harán sobre los principios del capitalismo industrial y financiero, que divide el mundo en países de economía industrial y países de economía agraria.
Los países antes industrializados establecen las bases de un nuevo orden internacional en el que ellos actúan a escala mundial como centros de dominio político y económico. Este poder se ejerce a través de ciudades y regiones concretas que se comportan como centros de decisión y de intercambio (Gottman, 1971). En ese contexto, las multinacionales, las bolsas y los Bancos son los principales instrumentos de control y dominio económico.
Las necesidades de alimentos y materias primas a bajo precio, la búsqueda de mercados para los excedentes industriales y el paso del liberalismo económico a una economía proteccionista a partir de la segunda mitad del siglo XIX, lanzaron a los países industrializados a una carrera llena de conflictos para forjarse imperios coloniales. Fue un intento de unificar el planeta bajo su autoridad en provecho propio y un empeño favorecido por los nuevos modos de transporte.
El reparto del mundo entre los países europeos industrializados hasta 1914 fue expresión política del intercambio desigual que se justifica desde el colonialismo por razonamientos variados: de tipo económico (obtención de materias primas y mercados en un contexto proteccionista), de tipo social (facilitar la movilidad social y proporcionar salida a los excedentes demográficos), de tipo político y militar (control estratégico de rutas marítimas y comerciales y afán de prestigio del propio país) y de tipo ideológico (nacionalismoy misión civilizadora de Occidente).
La Primera Guerra Mundial, consecuencia y revelación de las contradicciones del capitalismo europeo, puso fin al sueño y proyecto de orden mundial europeo. En su lugar, EE UU y la URSS emergerían como las dos grandes potencias económicas, con sistemas políticos, económicos y sociales contrapuestos.
Sin embargo, el modelo de dependencia centro‑periferia llega hasta nuestros días, adaptándose a las transformaciones del sistema productivo y a los cambios del capitalismo. El centro de decisión económica y política continúa en manos de los países antes industrializados y la periferia sigue en los países escasa o tardíamente industrializados.
La periferia se define por contraposición al centro. El nivel de actividad económica es bajo, la capacidad adquisitiva de la población es escasa y la productividad es reducida. La producción poco diversificada, los beneficios son escasos y en buena parte son drenados por el centro desde donde llegan capitales, ideas e innovaciones. Todo ello favorece la emigración y la pobreza. El poder de decisión es escaso y disminuye en beneficio del centro. Por eso se habla de centro dominante y periferia dominada, aunque también es cierto que las relaciones de dominio‑dependencia entre el centro y la periferia son variadas, van de la dominación pura a la integración, de la periferia integrada y explotada a la periferia integrada, anexionada y asociada.
Por el contrario, el centro se define como espacio de crecimiento. Según diferentes escalas espaciales, el centro puede ser calificado como polo de desarrollo, región motriz, core área, CBD o polo de crecimiento. En todo caso, el centro supone una concentración importante de población, una capacidad fuerte de producción, un nivel de vida elevado que asegura e1 mantenimiento de la demanda. y una capacidad importante de innovación (espíritu de empresa. creatividad científica y cultural, laboratorios, centros de investigación). Por eso el centro atrae la actividad económica, favorece los flujos inmigratorios y polariza el desarrollo (Perroux, 1961).
Hoy, la industrialización se extiende por el Tercer Mundo.
La descentralización de la producción y la fragmentación de las tareas, propias de la revolución tecnológica y de las estrategias de obtención del máximo beneficio del moderno capitalismo flexible, impulsan procesos de deslocalización y dispersión industrial que benefician a determinadas zonas y países del Tercer Mundo.
La creciente libertad de circulación de los bienes económicos a nivel mundial y el deseo de obtener las máximas plusvalías de las inversiones productivas favorecen los traslados de las fábricas desde las viejas regiones industriales. Las empresas justifican el desplazamiento de sus fábricas por la necesidad de fragmentar producciones y reducir costes en un mercado sin fronteras. Además, se benefician de ventajas fiscales y de mano de obra barata y poco conflictiva. Por su parte, los gobiernos y sindicatos facilitan, sobre todo en determinados países y a diferencia del pasado, la desregularización del mercado laboral y financiero para impedir la huida de inversiones o atraer las inversiones o atraer las inversiones de las grandes multinacionales.
Hoy, multinacionales y empresas de los países centrales trasladan a países del Tercer Mundo producciones y procesos que requieren tecnologías sencillas y una mano de obra barata, poco conflictiva y muy productiva. Estas industrias se benefician de facilidades fiscales y financieras concedidas por los gobiernos de esos países que desean crear empleos y buscar independencia económica. A ello hay que añadir la iniciativa de empresarios locales que aprovechan coyunturas económicas favorables, localizaciones estratégicas en ejes de circulación y la proximidad a los grandes centros económicos del mundo, como son los casos de África del Norte respecto a Europa, de México respecto a EE UU y del Sudeste asiático respecto a Japón.
También se incluyen dentro de los nuevos países industriales: China, la India, Indonesia…, con importantes masas de población, y países latinoamericanos como Brasil, México, Chile… , el primero con un vasto territorio y unas industrias variadas para cubrir la demanda de su mercado, y el segundo con una situación estratégica privilegiada por su situación fronteriza con EE UU y una coyuntura favorable por la aplicación de los acuerdos de Asociación de Libre Comercio de América del Norte (ALENA) desde 1994.
Dentro de todos estos países, gran parte de las nuevas industrias se localizan en zonas francas y en zonas de predominio agrícola que han conservado una población densa y joven, preferentemente en espacios próximos a los países desarrollados, como México respecto a EE UU, o situados en rutas estratégicos respecto a Europa, o situados en rutas estratégicas, como los países del Sudeste asiático.
La dispersión industrial se asocia además a la proliferación de pequeñas y medianas empresas favorecidas por las formas nuevas de producción, entre ellas, la descentralización de las tareas, la utilización de fórmulas de subcontratación y de entrega “justo a tiempo” (just in time) para evitar los problemas de acumulación de bienes producidos, el recurso a la economía sumergida, al trabajo negro y a las solidaridades familiares y locales para disminuir costes de producción.
El resultado es un nuevo modelo de localización industrial capaz de servir de punto de partida para el desarrollo global, donde el espacio polarizado y la organización vertical de las primeras etapas de la revolución industrial tienden a ser sustituidas por la lógica horizontal del territorio y la producción flexible.
En contraposición a los espacios anteriores, las zonas industriales de primera y segunda generación se hallan en crisis. Las exigencias del capitalismo flexible, del reciente sistema productivo y de la demanda se acomodan mal a las estructuras heredadas del pasado: instalaciones obsoletas, aparatos administrativos sobredimensionados, rigidez del mercado laboral y de la propia legislación: fuerte presión sindical, conflictividad laboral. Por eso la industria moderna rehúye esos emplazamientos a pesar de que contar a menudo con una dotación excepcional en sedes sociales, universidades y centros de investigación. Sólo la iniciativa pública es capaz de acometer la reconversión de estos espacios mediante su declaración como Zonas de Urgente Reindustrialización (ZUR), la implantación de parques tecnológicos y la concesión de ayudas de tipo financiero, fiscal y laboral que facilitan la reestructuración del aparato productivo y del empleo, el cierre de instalaciones, la fusión empresarial y la recolocación de los excedentes laborales.
Los recientes cambios del sistema productivo, el impacto de las nuevas tecnologías, las nuevas formas de demanda, la naturaleza cambiante de la producción industrial. Las estrategias del capitalismo flexible producen la transformación general de la industria tal como ha venido funcionando hasta ahora, provocan la crisis de los viejos espacios industriales, originan nuevos modelos de localización industrial y obligan a políticas de reconversión.
Entre los nuevos países industriales destacan los países del Sudeste asiático, sobre todo los denominados “Cuatro Dragones” (Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiwán), donde se alcanzan tasas de crecimiento industrial superiores al 10% y aparecen sectores modernos y extraordinariamente dinámicos, capaces de innovar y crear nuevos productos. Junto a pequeñas empresas, individuales o familiares, que fabrican mediante métodos casi artesanales objetos usuales para una masa de población de escaso poder adquisitivo, hay también formas de piratería industrial dedicada a la falsificación de productos de marcas. El resto es una industria moderna, compuesta por empresas capitalistas privadas, empresas estatales y, sobre todo, filiales de multinacionales.
En la actualidad los Estados Unidos y China constituyen las dos primeras potencias industriales del mundo.
EE UU se mantiene en la cima desde principios del siglo XX gracias a varias causas combinadas: abundancia de materias primas, elevada tecnología y alto nivel de inversión y de organización.
La región del noreste cuenta con el carbón de los Apalaches y el hierro del Lago Superior, con focos industriales escalonados entre Boston y Baltimore. El centro neurológico de esta región es Nueva York, que cuenta con industrias de todo tipo. Su puerto es el más activo del mundo y Manhattan es el pulmón financiero de esta rica región. En la región de los Grandes Lagos se encuentra el núcleo originario de la siderurgia de los Estados Unidos: Pittsburgh, y la capital del acero. Otros centros son Detroit, con importante industria del automóvil, y Chicago, con siderurgia, química y transformados metálicos.
La región del golfo de México es rica en petróleo. Destacan sus industrias metalúrgicas y petroquímicas. Houston es el centro más importante. También la costa del Pacífico, en torno a California, posee abundante petróleo. Los Ángeles y San Francisco disponen de una fuerte industria siderúrgica, naval, aeronáutica y electrónica.
Japón.
Es la segunda potencia industrial de Asia y la tercera del mundo. Muy pobre en materias primas y energéticas (importa petróleo, carbón, mineral de hierro, bauxita), su extraordinario desarrollo se basa en la abundante mano de obra, el alto nivel científico y tecnológico y en un comercio muy competitivo.
La región costera de la isla de Honshu constituye la mayor concentración industrial de Asia y una de las primeras del mundo. Las industrias ligeras se localizan en torno a Tokio, Nagoya y Osaka; la siderurgia predomina en Yawata, Kobe y Kawasaki. En esta región se encuentran también los grandes centros financieros del país. El norte de la isla tiene importantes complejos petroquímicos en Niigata y Nagaoka. En la isla de Kyushu destaca el gran eje industrial Kitakyushu‑Nagasaki.
El sureste de Asia.
Se ha convertido recientemente en un importante espacio industrial que sigue los modelos japoneses. Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur muestran un crecimiento espectacular, orientado casi exclusivamente hacia el comercio exterior. Este desarrollo industrial se basa en la inversión de capital extranjero y en la elevada tecnología aportada por empresas multinacionales. Éstas se benefician del bajo costo de la mano de obra y de las ventajas facilitadas por los gobiernos de esos países: exención de tasas, créditos preferenciales, etc.
Europa Occidental y Oriental.
El eje Rotterdam-Milán es el centro del área más industrializada de Europa. Antiguos yacimientos de hierro, grandes cuencas carboníferas y facilidades de comunicación, con importantes canales y vías fluviales (Escalda, Mosa, Rhin), han contribuido a su desarrollo. Destacan tres subregiones:
- La subregión norte, que comprende el norte de Francia, Bélgica, el sur de Holanda y el centro de Alemania. Ciudades como las francesas Lille y Dunkerque, las belgas Bruselas, Amberes y Lieja, la holandesa Ámsterdam, y las alemanas Colonia y las de la cuenca del Ruhr son los principales núcleos industriales de la región.
- La subregión central, con las concentraciones industriales de los ríos Rhin y Mosela‑Sarre. Destacan Francfort, Mannheim y Stuttgart en Alemania, Estrasburgo en Francia y Basilea y Zurich en Suiza.
- La subregión sur comprende el norte de Italia y tiene su centro en Milán, con una industria muy variada en la que destacan las construcciones mecánicas y eléctricas, y los automóviles (Turín).
La región británica comprende un área central, en torno a Liverpool, con los centros de Birmingham, Sheffield, Leeds, Manchester y Newcastle, donde destacan la siderurgia, metalurgia, textil, naval y construcciones mecánicas y eléctricas. Glasgow cuenta con una industria variada y Londres dispone de química pesada y ligera, aeronáutica y automóviles. En el sur de Gales, la siderurgia es la actividad predominante.
Hay otras regiones industriales. Al oeste destacan la región de París y el bajo Sena, en Francia, y las de Cataluña, Madrid y el País Vasco, en España. Al este destaca la región entre los ríos Weser y Elba. Sus centros principales son: Hamburgo, Hannover, Magdeburgo, Leipzig y Dresde (Alemania) y Praga (República Checa). Al sur de esta región destacan los núcleos de Nuremberg y Munich (Alemania). La zona de Berlín, con la de Katowice‑Cracovia (Polonia), y la del medio Danubio (con núcleos en Viena y Budapest) completan el conjunto.
Rusia y la CEI.
La situación industrial de los Estados que componían la antigua URSS es todavía tributaria de la vieja política de planificación estatal que potenció la producción de los bienes de equipo y ha ignorado problemas medioambientales. Actualmente se ven obligados a realizar planes de reconversión para adaptarse al sistema de libre mercado.
Las grandes zonas industriales siguen siendo las mismas: la zona norte del Mar Negro (de Odessa a Volgogrado), el espacio entre este mar y el Caspio (Tbilisi, Baku) y la zona de los Urales (Perm y Ufa) con industrias siderúrgica y química; las regiones de Moscú y San Petersburgo, con industria metalúrgica, textil, aeronáutica, eléctrica y automovilística. En las repúblicas asiáticas destacan zonas como el Kurdistán o la cuenca delAmur.

ESPACIOS EN CRISIS Y POLÍTICAS INDUSTRIALES.
Las industrias de primera y segunda generación son arqueología.
Las viejas regiones industriales que simbolizaron el poder económico de los países en el pasado, se hallan hoy en declive. Su paisaje constituye arqueología industrial. La población disminuye y las movilizaciones sociales tienen como fin mantener el empleo. La infraestructura industrial y el dispositivo de transporte han quedado obsoletos; estructuras y mentalidades repelen las inversiones del capital, que se dirige hacia otras localizaciones en busca de mercados, materias primas, recursos energéticos y mano de obra barata y poco conflictiva. La decadencia de estas regiones se debe a su inadaptación a nuevas condiciones de producción, a la competencia de nuevos emplazamientos, a la aparición de nuevas ramas industriales.
Los paisajes negros son los primeros y más afectados. La competencia del petróleo ha provocado el cierre de minas. Muchas siderúrgicas han sido clausuradas o desplazadas. Las industrias de bienes de equipo pesado, instaladas a fines del siglo XIX y principios del XX para un mercado mundial, empezaron a sufrir dificultades después de la Primera Guerra Mundial. La industria textil no ha podido siempre adaptarse a la fabricación de fibras sintéticas. El crecimiento urbano ha envuelto las instalaciones, dejándolas en localizaciones inapropiadas.
Hoy, estos espacios industriales de primera generación son de difícil reconversión. La gravedad de la crisis se manifiesta por las pérdidas económicas de las empresas, que obligan a su cierre, y por las elevadas tasas de paro, hasta el 50% en el West Midlands (Gran Bretaña) y el 38% en Asturias y el País Vasco. No obstante, los obstáculos a la reconversión son grandes: dificultades financieras, escasa diversificación industrial, rígida estructura productiva y de transportes, deterioro del medio natural y tensiones sociales.
Los trabajadores son quienes se oponen más a la reconversión por temor a perder su empleo o a ser desplazados de su ciudad o región, por la desaparición de ventajas sociales y materiales, sobre todo en el caso de los mineros, y por problemas de readaptación profesional.
Las condiciones de reconversión varían según la coyuntura económica en que se efectúa, la política seguida y las características concretas de la región. Así, la reconversión de las viejas industrias de Gran Bretaña, iniciada en los difíciles años treinta y proseguida después de la guerra, resultó mucho más dura que la del Rhur, en los años cincuenta y sesenta, en un momento favorable, de ascenso de la producción y de desarrollo económico.
Políticas de reconversión.
La fuerza de los obstáculos, la inercia industrial y la necesidad de restringir la producción obligan a los poderes públicos a planificar y encauzar la reconversión. Se acomete entonces la reestructuración del aparato productivo y del empleo mediante el cierre de instalaciones poco competitivas, el apoyo a procesos de fusión empresarial, el reacondicionamiento de la capacidad industrial y la recolocación de los excedentes laborales. Para ello se adoptan medidas de tipo financiero, fiscal y laboral.
En 1934, se aprueban las primeras leyes especiales para zonas de reconversión en Gran Bretaña (costa noroeste, oeste de Cumberland, País de Gales y Clydeside). En las décadas de los cincuenta y sesenta, el Estado dirige la reconversión de las regiones mineras de Francia y Alemania, y la generalización de la crisis industrial a partir de los años setenta amplía en todas partes el intervencionismo estatal.
En la actualidad, se intenta la reactivación de las antiguas regiones industriales mediante la promoción empresarial, su declaración como zonas de instalación preferente de industrias y la implantación de parques científicos en su interior, centros de investigación y producción de alta tecnología, como el proyecto Urba 2000 en la región Norte‑Paso de Calais (Francia) o el tecno-polo de Zamudio (Bilbao).
La actividad industrial en España, un proceso tardío.
La industrialización de España como fenómeno generalizable a toda la sociedad es un acontecimiento tardío. La escasez de recursos humanos, naturales y tecnológicos, la inestabilidad política, la pérdida de las colonias, la falta de capitales, 1o reducido del mercado y el bajo poder adquisitivo explican la tardía generalización de las innovaciones de la revolución industrial y el carácter incompleto de este proceso hasta los años sesenta de nuestro siglo.
Tras una etapa previa de promoción y modernización industrial en el siglo XVIII, estimulada por la misma Corona, la incorporación de España al proceso de revolución industrial que se propagaba desde el Reino Unido al continente europeo, no comenzó hasta mediados del siglo XIX con una fase de lento crecimiento que se prolonga con diferencias de ritmo y grandes altibajos hasta 1959, motivados sobre todo por la guerra civil y sus consecuencias.
Durante mucho tiempo dominó un modelo de distribución industrial polarizado en torno a Cataluña, País Vasco y Asturias, aprovechando factores favorables como existencia de capitales, abundancia de materias primas, buenas comunicaciones por mar y conexión con los mercados ultramarinos. A principios del XX, y sobre todo coincidiendo con los efectos positivos para nuestra economía de la Primera Guerra Mundial, Madrid se fue incorporando a este panorama industrial.
Sólo a partir de los años sesenta se produjo la consolidación de la industria española con la incorporación de nuestra economía al sistema mundial, el aumento de la calidad y cantidad de 1a producción, el incremento y diversificación de la demanda interior y la introducción de los productos nacionales en los círculos internacionales. Se inició entonces la difusión espontánea de la industria desde los focos anteriores hacia las provincias limítrofes, aprovechando la favorable coyuntura económica de la época y una descentralización planificada a través de la política de creación de polos de promoción industrial y zonas de preferente localización industrial, dentro de los planes de desarrollo económico de aquellos años.
Aunque no llegaron a desaparecer los contrastes territoriales, pronto se pasó de un modelo de localización industrial polarizado en tres focos a un modelo más flexible y descentralizado, con desplazamiento desde las provincias septentrionales a un triángulo industrial basculado hacia el Mediterráneo y con ejes básicos y secundarios en correspondencia con la organización del sistema urbano.
En España, la gravedad de la crisis de readaptación de la industria y las necesidades de reconversión industrial se empezaron a sentir con dureza a partir de 1975. La industria española se ha visto inmersa en la crisis provocada por la transformación del sistema productivo y la reestructuración general de la industria mundial, con la particularidad de las consecuencias derivadas de la regionalización del Estado y de nuestra entrada en La Unión Europea. Todo ello ha forzado un proceso de reconversión y reindustrialización que ha sido especialmente difícil y duro en los sectores navales y siderúrgicos por la inadecuación de sus estructuras productivas, su falta de competitividad, el sobreequipamiento y los excedentes laborales y de producción. La crisis elevó las tasas de desempleo del 1,1% de la población activa en 1970 a más del 20% en 1985, la mayor de los países de la Unión Europea, y provocó el descenso de la aportación de la industria al Producto Interior Bruto. La crisis afectó más a las industrias tradicionales, pero se extendió a otras en función de la naturaleza de sus producciones, de su renovación tecnológica y de las características del mercado.
Especialmente grave ha sido la crisis en los sectores siderúrgico y naval. Los astilleros son uno de los sectores más sensibles a fenómenos de superproducción provocados por las variaciones de la demanda. La industria naval española, tras un crecimiento espectacular en los años sesenta que la situó en el tercer puesto mundial, por delante de Gran Bretaña, se halla hoy en agudo declive. Los excedentes laborales y el sobreequipamiento de las instalaciones forzaron una reconversión especialmente dura por sus consecuencias económicas y sociales en los núcleos monoespecializados en esta actividad de El Ferrol, Vigo (ver la película Los lunes al sol) y la bahía de Cádiz.
Las políticas españolas de reconversión industrial y reindustrialización son análogas a las seguidas en otros países. Dentro de estas políticas ha tenido especial importancia la creación de Zonas de Urgente Reindustrialización (ZUK) en 1983, para evitar la destrucción brusca de empleo en municipios afectados por el ajuste industrial. Sus objetivos eran: facilitar inversiones para reactivar industrias, proporcionar puestos alternativos de trabajo, favorecer la diversificación industrial en las áreas de excesiva monoespecialización e impulsar la renovación tecnológica. Se concedían beneficios fiscales y financieros y ayudas para la adquisición de suelo a las empresas existentes o nuevas.
En 1985, se aprobaron las ZUR de Asturias, Galicia (El Ferrol y Vigo), bahía de Cádiz, Gran Bilbao, Madrid y Barcelona. Los resultados fueron desiguales: las inversiones superan las previsiones, pero la creación de empleo fue inferior a la prevista. Las empresas grandes y medianas, entre ellas multinacionales de nuevas tecnologías, fueron las más favorecidas.
El mayor dinamismo correspondió a las zonas de Madrid y Barcelona por sus beneficios de centralidad, buenas comunicaciones, abundancia de capital e importancia de su tejido industrial, entre otras razones, y el menor, a la cuenca central asturiana, bahía de Cádiz y El Ferrol, por la escasa tradición empresarial local, la monoespecialización productiva y la excesiva dependencia de la iniciativa y gestión estatal.
La creación de parques tecnológicos ha sido otro de los soportes básicos de la reindustrialización por el valor estratégico de las industrias neotecnológicas, al igual que en el resto de los países desarrollados. Los primeros parques tecnológicos que se crearon fueron los de Tres Cantos (Madrid), Paterna (Valencia), Zamudio (Bilbao) y El Vallés (Barcelona), contando con el apoyo de sus respectivas Comunidades Autónomas y del Estado. Todos ellos se sitúan en periferias metropolitanas, en espacios de calidad ambiental, con buenas redes de comunicación, próximos a centros de investigación y universidades, a un aeropuerto internacional y a un mercado de trabajo cualificado y flexible. Su éxito se vincula a su capacidad para atraer multinacionales de la electrónica, informática y telecomunicaciones, y al desarrollo de acuerdos empresa‑universidad capaces de favorecer la innovación tecnológica.

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