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martes, 7 de abril de 2015

HE UD 14. La consolidación del Estado liberal en España (1875-1898).

HE UD 14. LA CONSOLIDACIÓN DEL ESTADO LIBERAL EN ESPAÑA (1875-1898).

Resumen.
1. LA RESTAURACIÓN DE LA MONARQUÍA.
Cánovas: el artífice.
El golpe de Sagunto.
2. EL SISTEMA POLÍTICO DE LA RESTAURACIÓN.
Instituciones históricas.
La Constitución de 1876.
Dos partidos: conservador y liberal.

Resumen.
En 1875 un golpe militar acabó con la República y restauró la monarquía en la persona de Alfonso XII, el hijo de Isabel II.
El régimen de la Restauración, ideado por Cánovas, con una soberanía compartida por el rey y las Cortes, y un bipartidismo conservador-liberal, logró asentar la monarquía y un largo periodo de estabilidad constitucional y desarrollo económico, pero no solventó algunos problemas fundamentales: la pérdida de las últimas colonias en 1898 que desencadenó una gran crisis nacional, la miseria del campesinado sin tierras y de los obreros industriales, la falta de un empresariado capitalista competitivo. Estos problemas pesarán sobre el siglo XX.

1. LA RESTAURACIÓN DE LA MONARQUÍA.
Cánovas: el artífice.


El protagonista de la Restauración fue Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897), un unionista moderado que había destacado junto a O’Donnell y que al exiliarse Isabel II se convirtió en el jefe de los monárquicos. Conocía bien la historia española (era un historiador especializado en la decadencia del siglo XVII) y no estaba dispuesto a repetir los errores del pasado. Su primera preocupación fue conseguir que Isabel II abdicara en su hijo, el príncipe Alfonso, pues era necesario dejar atrás el espíritu de revancha y que Alfonso apareciera como el símbolo de unión y concordia de todos los españoles. Preparó el Manifiesto de Sandhurst (28-XI-1874, publicado en la prensa el 27-XII), en el que Alfonso prometía un gobierno constitucional y la ausencia de represalias. Cánovas deseaba que el regreso fuera mediante una petición masiva de la opinión pública y unas Cortes extraordinarias.

El golpe de Sagunto.
Pero fue mediante un golpe de fuerza. Contrariando la meticulosa preparación de Cánovas, el general Martínez Campos se manifestó en Sagunto (29-XII-1874) al frente de un reducido grupo de tropas, y pronto encontró respaldo en otras unidades. Cánovas tuvo que aceptar los hechos consumados: Alfonso XII era proclamado rey por otro pronunciamiento (y ello afectaría a largo plazo a la estabilidad del régimen). El 14 de enero de 1875 el rey entraba triunfalmente en Madrid.


La restauración alfonsina debilitó las bases sociales del carlismo y tras unos pequeños combates terminó la guerra carlista en febrero de 1876, quedando el carlismo como un partido de oposición a la Restauración hasta el siglo XX. Poco después se puso fin a la guerra de Cuba, en el Convenio de Zanjón (13-II-1878).

2. EL SISTEMA POLÍTICO DE LA RESTAURACIÓN.
En contraste con la vida política anterior, el último cuarto del siglo XIX fue un periodo de bastante estabilidad, debido al sistema ideado por Cánovas, basado en el acuerdo constitucional de compartir la soberanía entre el rey y las Cortes, el bipartidismo conservador-liberal, la modernización del Estado, la pacificación militar (guerra carlista, guerra de Cuba), el sosiego de los oponente civiles (carlismo, republicanismo, socialismo...), la protección de las clases sociales más necesitadas, la protección arancelaria de la agricultura y la industria... La Restauración no fue un retorno al régimen anterior 1868 sino la continuación de la labor reformista moderada unionista y de lo mejor del sexenio, lo que aseguró su éxito.

Instituciones históricas.
Era imprescindible que algunas instituciones fueran respetadas por todos los españoles, por causas históricas. Para Cánovas eran el rey y las Cortes. España debía ser una monarquía constitucional, en la que el poder es compartido por el monarca y el Parlamento, que representa al pueblo.

La Constitución de 1876.
Un gran problema del liberalismo español había sido la escasa duración de las Constituciones, porque los partidos al acceder al poder redactaban un texto que recogiera sus ideas. Era necesario elaborar una Constitución flexible. La de 1876 fue llamada “un cheque en blanco”. El monarca conservaba muchas atribuciones, y los derechos de los ciudadanos se garantizaban de manera menos entusiasta que en otros textos constitucionales. Pero, por otra parte, se garantizaba la libertad religiosa, aunque el Estado apoyaba a la Iglesia católica. Y se dejaba abierta la posibilidad de implantar el sufragio universal, el derecho de voto de todos los ciudadanos (en contraste con el anterior voto censitario), lo que se hizo efectivo en 1891. Incluso se pudo adaptar para dar autonomía a Cataluña en 1914 mediante la Mancomunitat.


Dos partidos: conservador y liberal.
Uno de los problemas más graves de la vida política era la existencia de un número creciente de partidos políticos, lo cual dificultaba la tarea de los gabinetes, porque ningún partido era suficientemente fuerte. Cánovas tenía como ideal el sistema británico, en el que se confrontaban dos partidos, conservador y liberal, uno en el poder y otro en la oposición.
Cánovas formó el partido conservador (moderados) y consiguió con extraordinaria habilidad que en torno a Sagasta, uno de los revolucionarios de 1868, se agrupasen las fuerzas de oposición en el partido liberal (progresistas y demócratas), incluso coincidiendo sus nombres con los partidos británicos. Fue el mismo Cánovas quien pidió al rey que nombrase a Sagasta para presidir el gobierno en 1881, a fin de disipar los temores a que gobernase un solo partido.

La reina viuda María Cristina de Habsburgo-Lorena jura la Constitucuón de 1876 ante Cánovas y Sagasta.

Cuando Alfonso XII murió muy joven (1885), Cánovas y Sagasta se comprometieron en el Pacto del Pardo a continuar su apoyo combinado a la monarquía. El primero, tras un periodo de tiempo, dejó paso al segundo. A esta alternancia se le llamó “turno”, el cual no dejó de causar tensiones, pues aunque había en ambos partidos una similar base social y económica, había diferencias personales (incrementadas por el caciquismo, que pervertía la democracia, a sabiendas de ambos líderes, pero estos admitían que el sistema no estaba aún preparado para más). Este sistema político enfrentará, sin resolverlos completamente jamás, los graves problemas de toda índole que sufría la España de finales del siglo XIX, pero asentó una larga etapa de concordia interior.

BIBLIOGRAFÍA.
Documentales.
Serie Memoria de España. RTVE. [www.rtve.es/alacarta/videos/memoria-de-espana/]: El regreso de los Borbones. La Restauración borbónica.

Exposiciones.
Libros.

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Carr, Raymond. España 1808-1975. Ariel. Barcelona. 1982. 826 pp.

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Cuenca Toribio, José Manuel. El caciquismo en España. Cuadernos Historia 16. 1985. nº 188. 33 pp.

Moreno Fraginals, Manuel. Cuba/España. España/Cuba. Una historia común. Crítica. Madrid. 1996. La Guerra de Cuba y la independencia.
Ringrose, David. España. 1700-1990: el mito del fracaso. Alianza. Madrid. 1996. 561 pp.
Sánchez Agesta, Luis. Historia del Constitucionalismo Español. Instituto de Estudios Políticos. Madrid. 1974. 532 pp.
Solé-Tura, J.; Aja, E. Constituciones y periodos constituyentes en España (1808-1936). Siglo XXI. Madrid. 1977.
Tortella Casares, Gabriel; Martí, Casimiro; Jover Zamora, José Mª; García Delgado, José Luis; Ruiz, David. Revolución burguesa. Oligarquía y constitucionalismo (1834-1923). 1981. 574 pp. Tortella Casares, Gabriel. La economía española, 1830-1900 (9-167). Martí, Casimiro. Afianzamiento y despliegue del sistema liberal (169-268). Jover Zamora, José Mª. La época de la Restauración: panorama político-social, 1875-1902 (271-320). García Delgado, José Luis. La economía española entre 1900 y 1923 (409-460). Ruiz, David. España 1902-1923: vida política, social y cultural (461-527). v. VIII. en Tuñón de Lara, Manuel (dir.). Historia de España Labor. Labor. Barcelona. 1980.

Artículos. Orden cronológico.

AA.VV. Les guerres carlines. “Sapiens”, Barcelona, nº 110 (XI-2011) 26-47. Andreu Carranza, Arnau Cònsul, Silvia Marimón, Jordi Mata, Robert Vellverdú.