Blogs de Antonio Boix

Mis blogs son Altamira (Historia del Arte, Cine, Televisión, Fotografía y Cómic), Heródoto (Ciencias Sociales y Pensamiento) y Mirador (Joan Miró, Arte y Cultura Contemporáneos).

martes, 14 de enero de 2014

La política conservadora británica Margaret Thatcher (1925-2013).

Margaret Thatcher (1925-2013), la política conservadora  y nacionalista que arrasó el Estado de bienestar.


Cuando muere un personaje importante y ella lo fue en extremo, es sabido que se multiplican los panegíricos, cargados de loanzas de sus mejores virtudes y de puntuales anotaciones de sus errores, y esta no será una excepción.

Reagan y Thatcher en los años 80.

Ciertamente tuvo sus virtudes: fue una trabajadora compulsiva, entregada en cuerpo y alma a su misión de salvar el Reino Unido de lo que ella entendía como pernicioso, amó la democracia entendida como gobierno de los ciudadanos en libertad y no fue amiga de caer en corruptelas personales. Todo esto ya bastaría para ganarle el respeto de todos los demócratas.

Thatcher en visita a las tropas británicas en las Malvinas en 1982.

Y tuvo sus momentos de gloria, sobre todo su enfrentamiento a la dictadura argentina  de Galtieri para rescatar las Malvinas de una ocupación militar que si hubiera triunfado habría tenido como colofón la continuidad del último dictador quién sabe cuantos años más. Aunque fue una victoria manchada por la sangre de cientos de soldados y marinos, la mayoría reclutas abocados al sacrificio.
Pero dicho esto en razonable y positivo homenaje suyo, no se pueden obviar sus tremendos errores, de proporciones catastróficas a la postre para el Reino Unido y de rebote para Occidente.
Lo peor es probablemente la ejecución en su país de la doctrina económica del neoconservadurismo desregulador e hiperegoísta de Milton Friedman y Friedrich von Hayeck, que sembró la cizaña especulativa que he desembocado en la actual recesión europea. Y además consolidó institucionalmente toda una casta de economistas y politólogos abanderados de dicha ideología, y de una multitud de financieros y especuladores que tomaban su legitimidad de dichas teorías para encubrir una avaricia sin freno ni gobierno.
Fue en su época, y en gran parte debido a sus políticas, cuando se pudrieron  hasta la raíz los cimientos de la economía productiva británica, y quienes siguieron su modelo en Europa para su desgracia, como ocurrió en la España de Aznar, también abocaron a sus países a la catástrofe. ¿Cómo podríamos olvidar que la actual crisis inmobiliaria española o las crisis financieras de Islandia, Irlanda o Chipre han surgido como excrecencias monstruosas  del thatcherismo? 
Menos conocido, pero tan doloroso a la larga, fue su sistemático ataque al Estado del bienestar construido durante los tres decenios siguientes a la posguerra. Su política económico-social se basó en el desmontaje implacable de la educación, la sanidad y los transportes públicos, el corte brutal y sin miramientos a las pensiones y las ayudas sociales, al tiempo que aplicaba una sustancial reducción de impuestos a los grupos sociales más ricos, a los que se les abrió un sinfín de campos: la especulación urbanística, la especulación financiera, la especulación con los servicios públicos...


La City londinense.

En suma, no incentivó una economía productiva, sino un sistema especulativo fundamentado en la inflación de activos con trucos contables, a condición de que tuviera su sede en la City londinense y se apoyara en sus paraísos financieros como las islas inglesas del Canal o las colonias británicas del Caribe.

How can housing associations tackle unemployment?
Cola de parados en el Reino Unido.

Su idea esencial era que a los pobres no había que ayudarlos porque eso sólo incentivaba que continuaran siendo miserables, sino que la solución era castigarlos por sus pecados, hacerles la vida todavía más difícil y dolorosa para que no se reprodujeran demasiado y así incentivarlos a estudiar, trabajar y ahorrar para al fin prosperar. Y claro, a los ricos había que incentivarlos descargándolos de impuestos, para que todos ansiaran ser también ricos.
Su soñada utopía era un mundo ideal en el que los ricos no pagaran impuestos y los pobres lo pagaran casi todo, incluso los servicios públicos que utilizasen los ricos. ¿A qué les suena eso? Pues sí, ese es el modelo teórico-teocrático del que se nutre la seudopolítica económica actual que padecemos.
La fría realidad de los datos demuestra que consiguió gran parte de sus objetivos: cuando llegó al poder en 1979 el índice de pobreza del Reino Unido era del 14% y cuando lo abandonó en 1990 era del 34%, mientras la clase media (casi dos tercios de la población) había aumentado su patrimonio inmobiliario pero reducido su poder adquisitivo o renta disponible (se calcula que entre el 5% y el 10%) y, por el contrario, el 1% más rico de la población había triplicado su riqueza e ingresos. En solo 11 años había empujado a la gran mayoría de los británicos a una situación económica y social notoriamente peor y había enriquecido a la minoría dirigente que Thatcher representaba con tanta eficacia.
Otros puntos negativos de su política fueron su euroescepticismo (aunque acertó en desconfiar del nacionalismo alemán y y alertar de su futuro dominio de la UE), su falta de habilidad para afrontar el conflicto irlandés  (aunque con su pragmatismo al menos abrió la fructífera senda de las negociaciones con Irlanda) o su escaso compromiso con la causa de los derechos humanos en África y Latinoamérica (todavía es recordado su apoyo a Pinochet).
Cierto es que el legado de Thatcher no es completamente negativo, pero todavía estremece ver cuánto daño hizo. Su impronta es pavorosa en muchos aspectos y todavía perdura. Veámosla pues, no como un modelo a seguir, sino como una advertencia de a qué abismos puede conducir una política basada en las excelencias del egoísmo nacional y el individualismo exacerbado.

Fuentes.
Oppenheimer, Walter. La Dama de Hierro pasa a la historia. “El País” (9-IV-2013) 2-3.
Tubella, Patricia. La pionera del ‘tijeretazo’ al gasto. “El País” (9-IV-2013) 4.
Oppenheimer, Walter. Bruselas, cuando más lejos mejor. “El País” (9-IV-2013) 5.
Tubella, Patricia. Salvada por la guerra de las Malvinas. “El País” (9-IV-2013) 6.
Peregil, F. Argentina no perdona ni olvida. “El País” (9-IV-2013) 6.
Caño, Antonio. La alianza que selló el siglo XX. “El País” (9-IV-2013) 7. La alianza de Thatcher y Reagan dinamitó al comunismo.
Álvarez, José Luis. La ‘tory’ y la crisis de la izquierda. “El País” (9-IV-2013) 7.
Gallego-Díaz, Soledad. La mujer que fascinó a los británicos. “El País” (9-IV-2013) 8-9.
Cruz, Juan. La energía como método. “El País” (9-IV-2013) 8-9.
Oppenheimer, Walter. Thatcher divide después de muerta. “El País” (10-IV-2013) 4. Su muerte desata opiniones enfrentadas, entre admiradores y detractores.
Torreblanca, José Ignacio. Thatcher y las convicciones. “El País” (12-IV-2013) 4.
Basterra, Francisco G. La huella de Thatcher. “El País” (13-IV-2013) 4.
McEwan, Ian. Margaret Thatcher: nos encantaba odiarla. “El País” (14-IV-2013) 37.
Oppenheimer, Walter. La muerte de Thatcher aviva las protestas sociales. “El País” (14-IV-2013) 7.
Campbell, Ian. Lecciones amargas. “El País” Negocios 1.432 (14-IV-2013) 26. Las reformas económicas de Thatcher presentan un balance ambiguo.
Bastenier, M, Á. La Thatcher de Dickens. “El País” (17-IV-2013) 8. Una dura crítica a sus excesos nacionalistas.
Oppenheimer, Walter. Los británicos entierran el siglo XX junto con las cenizas de Thatcher. “El País” (18-IV-2013) 6.
Vargas Llosa, Mario. La partida de la Dama. “El País” (21-IV-2013) 33. Expresa su admiración por Thatcher.
González, Alicia. Controvertido thatcherismo. “El País” Negocios 1.436 (5-V-2013) 23. Varios economistas aportan sus ideas sobre la política económica y los logros de Thatcher, con grandes claroscuros.

No hay comentarios: