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martes, 21 de enero de 2014

HMC UD 14. Las democracias occidentales en el periodo de entreguerras.

HMC UD 14. LAS DEMOCRACIAS OCCIDENTALES EN EL PERIODO DE ENTREGUERRAS.

INTRODUCCIÓN.
1. LA POLITICA DE ENTREGUERRAS EN LOS AÑOS 20.

2. LA CRISIS DE 1929.
2.1. CONSECUENCIAS ECONÓMICAS DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL.
2.2. DE LA GUERRA A LA CRISIS (1919-29).
2.3. EL CRACK DEL 29.
2.4. DIFUSIÓN DE LA CRISIS.
2.5. RESPUESTAS A LA CRISIS.
La política económica de Keynes.
El New Deal de Roosevelt.
Otras respuestas.
2.6. CONSECUENCIAS DE LA CRISIS.
La crisis social.
La crisis del sistema liberal.
Los frentes populares.

3. HACIA LA II GUERRA MUNDIAL.
Las causas remotas.
Las causas próximas.

INTRODUCCIÓN.
La Europa del periodo de entreguerras sufría las consecuencias de la Gran Guerra y se escindió en extremos irreconciliables en la ideología política, social y económica. Los extremismos se acentuaron durante la Gran Depresión de los años 30. La oposición entre el totalitarismo fascista y nazi por un lado y el totalitarismo comunista por otro arrinconó a las democracias occidentales, que nunca como entonces parecieron abocadas a desaparecer.  El escritor austriaco Joseph Roth escribía en una carta a otro gran escritor,  Stefan Zweig: ‹‹El comunismo de ninguna manera ha cambiado el mundo. (…) Ha engendrado el fascismo, el nacionalsocialismo y el odio contra la libertad de pensamiento. Quien apruebe Rusia ha aprobado también, con eso, el Tercer Reich.››
En cambio, los Estados Unidos de América alcanzaron al principio del periodo un estadio aparentemente de plenitud, los "felices años 20", pero también cayeron en la Gran Depresión y solo la política intervencionista del New Deal y finalmente el impulso de la nueva guerra mundial sacaron al país del marasmo.

1. LA POLITICA DE ENTREGUERRAS EN LOS AÑOS 20.
Dos países, Alemania e Italia, quedaron muy defraudados y se encontraron años después luchando en el mismo bando.
En Alemania espolearon el revanchismo la idea de que los militares no habían sido derrotados sino traicionados por los políticos que habían firmado la paz, la ocupación de Renania y las enormes indemnizaciones. La República de Weimar, tras una calamitosa crisis económica a principios de los años 20, sufriendo una meteórica inflación, logró estabilizar económicamente el país entre 1925 y 1929, pero la situación política interna era muy inestable, por la falta de un consenso entre las izquierdas y las derechas, y por el ascenso del nazismo.
Italia consideró que no había conseguido un premio suficiente para compensar las graves pérdidas humanas y materiales sufridas.
Rusia (posteriormente llamada URSS) permaneció aislada tras la guerra civil, hasta que firmó un acuerdo con Alemania en Rapallo (1921).
Turquía consiguió asegurarse, bajo el mando del general y dictador Kemal Ataturk, la independencia e integridad territorial en lucha contra los griegos en 1923.
Japón consiguió la hegemonía en el Pacífico Occidental.
EE UU accedió al rango de gran potencia y en los años siguientes adoptó una política de neutralidad, aunque vigilando que no surgieran grandes potencias amenazantes, de lo que es un ejemplo el Tratado de Washington por el que se mantenía el statu quo en el Pacífico y se limitaban las flotas armadas.
Gran Bretaña y Francia decayeron en el rango de grandes potencias económicas debido al empobrecimiento padecido, pero mantuvieron su poder político, militar y colonial, y hacia mediados de los años 20 también lograron rehabilitarse económicamente en cifras absolutas, aunque ya jamás relativas.
Las potencias occidentales intentaron solucionar con una serie de conferencias y tratados en los años 20 los problemas del pago de la deuda alemana, la desmilitarización de este país, los acuerdos de desarme y statu quo, los problemas de Turquía, los movimientos anticolonialistas del Tercer Mundo, el aislamiento de la URSS... Durante un decenio funcionó bien el sistema de acuerdos, favorecido por la Sociedad de Naciones, pero la crisis del 29 alteró decisivamente la situación, enconando los conflictos y abriendo la larga crisis de los años 30 que iba a desencadenar la II Guerra Mundial.

2. LA CRISIS DE 1929.
2.1. CONSECUENCIAS ECONÓMICAS DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL.
Gran Bretaña y Francia estaban tan agotadas y endeudadas que perdieron la hegemonía mundial anterior a manos de EE UU, la nueva gran potencia, aunque pronto volviera al aislacionismo, para disfrutar de los “felices años 20”. La guerra había enriquecido a EE UU, que había acumulado la mitad de las reservas de oro del mundo. Los Aliados le debían más de 10.000 millones de dólares y había invadido con sus productos los mercados mundiales antes pertenecientes a los países europeos.
2.2. DE LA GUERRA A LA CRISIS (1919-29).
La crisis económica de la posguerra en Europa fue muy dura respecto a la leve caída en EE UU por la caída de la demanda bélica, pero hacia 1925 se había superado por completo.
En general, entre 1921 y 1929, los “felices años veinte”, hubo una etapa de prosperidad económica extraordinaria, basada en el consumismo provocado por la renovada confianza de la población, la publicidad, el aumento de la demanda de nuevos productos (automóviles, electrodomésticos) o viviendas, y la mecanización que suplía la menor mano de obra (muerta en la guerra).
La liberación de la mujer ganada con su esfuerzo bélico en la guerra se reflejó en el derecho de voto, en la moda más libre, en su apariencia distinta (el cuerpo podía mostrarse en parte y debía ser más estilizado), en su participación en muchos empleos y en el ocio público, en el cambio de su estatus social y familiar según el ejemplo de las grandes estrellas del cine...
Se crearon grandes “trusts” empresariales, con multitud de fábricas y obreros, con nuevos sistemas de producción (taylorismo, producción en cadena), con beneficios tan grandes que sus acciones subieron como la espuma.
Los EE UU fueron gobernados por tres presidentes republicanos (1920-1932) partidarios de un retorno a los valores tradicionales, del aislamiento internacional y del proteccionismo comercial. En este clima de recelo hacia lo extranjero y de moralización de costumbres, hay que situar las medidas de restricción a la inmigración con el establecimiento en 1921 de cupos que limitaban el número de inmigrantes a 162.000 al año (antes ya se habían aplicado a chinos y japoneses). Los inmigrantes italianos, polacos o mexicanos se concentraban en barrios propios (guetos) manteniendo su identidad. Se recrudecía el racismo con el movimiento del Ku Klux Klan. Se aprobaba la Ley Seca, que prohibía la importación, destilación y comercialización de bebidas alcohólicas, lo que redujo el número de consumidores pero sentó las bases para la expansión de la Mafia en el mercado clandestino del alcohol, un ejemplo pertinente de lo que ocurrió luego con la prohibición del narcotráfico de drogas más duras.
Era una prosperidad con bases débiles. La agricultura producía demasiados alimentos y materias primas, por lo que los precios bajaron y muchos agricultores se arruinaron y perdieron sus tierras: en EE UU hasta 1,5 millones de campesinos emigraron a las ciudades en los años 20. La industria también entró en una espiral de sobreproducción de productos que se vendían en gran parte a crédito, y se reunieron inmensos stocks. Una caída de la confianza y de la liquidez podía hundir en cualquiera momento a este sistema.
Pero en vez de moderarse el crecimiento, desde el verano de 1928 la Bolsa expe­rimentó una enorme subida de las cotizaciones porque se pedían créditos para comprar acciones y los bancos los concedían sin reparos, lo que alimentaba la burbuja. Al mismo tiempo las especulaciones inmobiliarias subían de valor de día en día.
2.3. EL CRACK DEL 29.
Las crisis económicas del capitalismo habían sido aceptadas desde el siglo XIX como elementos inherentes al propio sistema, de tal manera que se consideraba normal que a una fase alcista siguiese una recesiva, hasta que el sistema alcanzaba un punto de equilibrio y reanudaba su crecimiento, pero la crisis de 1929 fue distinta. Su profundidad, universalidad y consecuencias la catalogan como la más dura que haya sufrido el capitalismo.
Se inició en octubre de 1929 cuando se advirtió finalmente por la mayoría de los agentes económicos que no se podía consumir todo lo que la industria producía y seguir manteniendo la expansión. Cuando los inversores lo comprendieron y quisieron recuperar la liquidez de sus acciones para pagar los créditos que habían pedido para la compra de esas mismas acciones, el “jueves negro” del 24 de octubre, la Bolsa de Nueva York se desplomó al salir al mercado 13 millones de acciones. Los bancos decidieron comprar inicialmente las acciones para parar el proceso, pero la caída inicial se convirtió en derrumbe e histeria vendedora el martes 29 de octubre, con un desplome que sólo se frenó en 1932. Los bancos no tuvieron liquidez para sostener la Bolsa y pagar a quienes retiraban sus fondos, y los especuladores no pagaron sus créditos al perder valor las acciones. Los precios industriales y agrícolas, de las viviendas hipotecadas, se hundieron. Nadie compraba productos que no fue­ran de primera necesidad. Cerraron multitud de fábricas, quebraron infinidad de bancos, los comerciantes se arruinaron con las tiendas llenas de productos invendibles que empero debían pagar a los fabricantes.
2.4. DIFUSIÓN DE LA CRISIS.
La crisis financiera norteamericana se extendió a Europa al volver los capitales norteamericanos a su país. Los bancos europeos entraron en dificultades, comenzando por Austria y Alemania, que dependían de EE UU para poder tener liquidez. La caída del mercado norteamericano arruinó a muchas empresas exportadoras, tanto en Europa como en el mundo.
En Alemania y Austria la crisis fue gravísima y hundió a la democracia. Sólo en Alemania había 6 millones de parados en 1932.
La crisis fue menor en Francia y Gran Bretaña gracias al colchón que representaban sus mercados coloniales, y aun menor fue en los países menos industrializados como España. En Latinoamérica los efectos fueron ambiguos: la caída del comercio internacional dismi­nuyó sus exportaciones de materias primas y llevó a partidos populistas y dictatoriales al poder, pero alentó una diversificación industrial que resultaría beneficiosa en la segunda mitad de los años 30 y en los años 40.
2.5. RESPUESTAS A LA CRISIS.
La política económica de Keynes.
El economista británico John Maynard Keynes propugnó un aumento de la demanda del Estado y de las inversiones públicas para conseguir crear empleo, confianza y que los precios subieran. Sus propuestas a favor de un sistema de economía mixta, con participación de capital privado y estatal, con políticas de carácter social y laboral asumidas por los Estados, inspiraron las más eficaces medidas para salir del marasmo.
El New Deal de Roosevelt.
El presidente de EE UU desde enero de 1933, John D. Roosevelt, aplicó su política del “New Deal” (Nuevo Trato o Reparto): el gobierno tomó en gran parte las riendas de la economía para sanearla, con apoyo a los bancos para dotarlos de liquidez, leyes proteccionistas contra las importaciones a precios bajos, inversiones en obras públicas para dar trabajo a los parados, subsidios a los agricultores para reducir las tierras cultivadas y la sobreproducción y así que aumentaran los precios, el apoyo a los sindicatos para que aumentaran los salarios, y otras medidas de fomento de la demanda y contra la deflación.
Se salió poco a poco de la recesión, pero con grandes altibajos. Roosevelt fue reelegi­do en 1936 y 1940, pero en 1938 había todavía 8 millones de parados (la mitad que en 1932). La solución llegó, finalmente, gracias a la enorme demanda bélica ocasionada por la Segunda Guerra Mundial, algo similar a lo ocurrido con la anterior confrontación.
Otras respuestas.
La Alemania nazi siguió el camino del rearme militar y de las inversiones públicas en comunicaciones, pagados mediante un elevadísimo endeudamiento. Pero era inviable a largo plazo una política semejante, y se vio obligada a comenzar la II Guerra Mundial para mantener su política de pleno empleo.
El Reino Unido dejó la solución en manos de la “lógica del sistema” y la depresión se alargó, aunque suavizada por tener grandes mercados coloniales que explotaba.
Francia reaccionó con una política moderada de obras públicas y gasto social, que le permitió sortear bastante bien la crisis, aunque el desempleo se elevó.
Japón padeció tanto por la caída de sus mercados exteriores que buscó en la guerra de conquista de China un mercado para vender sus productos, y esto conllevó un auge militarista que le llevó a participar en la Segunda Guerra Mundial.
La URSS salió bien librada de la crisis pues aumentó su producción mientras los demás la reducían, así que el intervencionismo estatal apareció ante muchos teóricos como la solución idónea y esto explica el auge del comunismo como teoría política y económica entre los grupos intelectuales de Occidente durante los años 30 y 40.
2.6. CONSECUENCIAS DE LA CRISIS.
La crisis social.
Empezaban los “terribles años 30”. En 1932, en los EE UU había 14 millones de parados y en Europa otros 16 millones de desempleados. Crecían las colas de parados y hambrientos pidiendo comida, la emigración a California u otros países en busca de trabajo, y la desesperación de las familias para alimentar a sus hijos, al tiempo que el índice de natalidad disminuyó, se interrumpió la emigración entre continentes, aumentó la conflictividad social entre empresarios y trabajadores que se organizaron más intensamente en patronales y sindicatos respectivamente, y subía exponencialmente la delincuencia. Hubo una crisis ideológico-cultural: se derrumbaron el optimismo, la fe en la razón y el progreso.
La crisis del sistema liberal.
La desconfianza en el sistema capitalista se generalizó. Las teorías económicas clásicas quedaron obsoletas. El liberalismo económico fue sustituido por un intervencionismo estatal de sistema mixto (privado-público). Los comunistas, que habían logrado vencer en Rusia y eran una amenaza evidente al sistema liberal, creían ver cumplidas las predicciones de Marx de colapso final del capitalismo y de una revolución global que llevaría al proletariado al poder.
Los fascistas italianos y los nazis alemanes, los ultranacionalistas y antidemócratas, la alta y la pequeña burguesías de ideas conservadoras se aprestaron a atacar al liberalismo del centro y al socialismo y el comunismo de las izquierdas. Las clases sociales se radicalizaron en la defensa de sus respectivas posiciones ideológicas. Nunca pareció tan amenazada la democracia como entonces. Y la paz, la paz que se pensaba ganada para siempre en 1918, se perdió nuevamente en 1939.
Los frentes populares.
La izquierda se alineó en dos grandes grupos, socialistas y comunistas, que se enfrentaron hasta 1925. Los anarquistas, en cambio, salvo en España, entraron en aguda decadencia y dejaron de ser un referente político para las clases obrera y campesina.
Lenin organizó en 1919 una nueva Internacional, la III (Komintern), opuesta a la II Internacional socialista, considerada como aliada de los burgueses y desprestigiada por su apoyo a los respectivos bandos durante la I Guerra Mundial. Los comunistas se escindieron de los partidos socialistas europeos y de otros continentes en los primeros años 20 y la pugna entre socialistas y comunistas fue una constante de los años de entreguerras, lo que explica en gran parte su debilidad y fracaso ante el auge del fascismo.
Pero fue precisamente la amenaza del fascismo en los años 30 lo que posibilitó en el VII Congreso de la III Internacional (1935) un cambio de la política comunista: había que unir a las fuerzas antifascistas, incluyendo en un Frente Popular a los comunistas, socialistas, liberales e incluso los burgueses conservadores demócratas. Francia en 1935 y España en 1936 fueron los primeros ejemplos. Su objetivo era la defensa de la paz y de las libertades, más algunas reformas sociales progresistas. Pero los ensayos fracasaron por la mala situación económica, la inestabilidad social y las discrepancias entre miembros tan diversos sobre la estrategia frente al ascenso del fascismo.

3. HACIA LA II GUERRA MUNDIAL.
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) fue el resultado de todo un conglomerado de causas remotas y próximas, que se forjaron en los años 30:
Las causas remotas.
- La ruptura del equilibrio balcánico a partir de 1919 tras la desmembración de Austria-Hungría, al integrarse en Yugoslavia varias etnias enfrentadas y ser muy artificiales las fronteras de Italia, Hungría, Rumanía y otros países.
- El fracaso de la Sociedad de Naciones (SDN), debido sobre todo a la indecisión de Francia y Gran Bretaña, que no se atrevieron a usar la fuerza en momentos necesarios: la agresión de Japón a China (1931 y 1935), el rearme de la Alemania nazi (1934), la anexión de Etiopía por Italia (1935) o la militarización alemana de Renania (1936). El fracaso de la SDN se debió, sobre todo, a la decadencia político-económica de las democracias occidentales, que no querían volver a guerrear.
- La negativa de los Estados vencidos a aceptar las cláusulas del Tratado de Versalles y sus corolarios (el artículo 231 atribuía al pueblo alemán la responsabilidad de la guerra).
- La negativa de varios de los Estados vencedores a revisar los puntos más discutidos de los tratados de 1919, como el pago de enormes compensaciones de guerra.
- La división de los Aliados, sobre todo por el aislacionismo de EE UU y Gran Bretaña (esta sospechaba que Francia quería imponer una simaquia militar en Europa).
- La aparición en Italia y Alemania de regímenes totalitarios y militaristas, que exaltaban la supremacía del Estado en detrimento de la libertad individual.
- El surgimiento de dictaduras en otros países, como España, Portugal y todos los países de los Balcanes y del Este de Europa, salvo Checoslovaquia.
Las causas próximas.
- Las reivindicaciones de algunas minorías étnicas oprimidas por las dictaduras o los Estados nacionales en que habían quedado inclusas: alemanes en Checoslovaquia y otros países, húngaros en Rumanía, italianos en Yugoslavia...
- La política imperialista del Japón, para superar sus graves dificultades económicas desde 1931.
- La política de conquistas de Alemania e Italia en busca del espacio vital (lebens­raum) a costa de sus vecinos. Alemania ocupó y se anexionó Austria (marzo de 1938) y luego la mayor parte de Checoslovaquia, en varias fases, comenzando por los Sudetes alemanes; y su ansia de territorios en el Este creció. Italia se apoderó de Etiopía y Albania, y soñó con un gran Imperio Romano en el Mediterráneo.
- La actitud pasiva y vacilante de Francia y Gran Bretaña ante las amenazas anteriores.
- La neutralidad de la URSS respecto a Alemania, decepcionada por los acuerdos de Munich (1938) que apenas habían apaciguado a Alemania a cambio de darle los Sudetes, y deseosa a su vez de expansionarse sobre Polonia y los otros países bálticos, pues temía la expansión alemana.

Todo esto alcanza su apogeo en el verano de 1939: el 1 de septiembre Alemania invadió Polonia y comenzó la II Guerra Mundial, el mayor conflicto bélico que ha padecido la Humanidad.

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